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PRÓLOGO RINASCERE

Al verlo tomó su bolso, salió corriendo, las dos mujeres trataban de detenerla, su corazón latía aceleradamente, mientras sentía su cuerpo pesado, sus piernas casi no le respondian, pero como pudo llegó al baño, pasó seguro y se sentó en la tapa del inodoro.

 

No quería que la viera allí, ni tampoco en el estado que estaba, no quería que supiera el daño que le había hecho, sus manos empezaron a temblar desequilibradamente, sintió su garganta seca. Abrió el grifo del lavamanos y con la mano comenzó a recoger agua y llevarse a la boca, pero por más que trataba de buscar el control en su humanidad, no podía encontrarlo. Enseguida sintió un desespero que la ahogaba y gruesas lágrimas empezaron  a salir de sus ojos y a rodar por sus mejillas inmensurablemente.

 

Se sentía sola, no tenía amigos, sus padres no sabían de ella porque así lo había decidido, como iba a presentárseles fracasada, cuando les prometió que se sentirían orgullosos de ella; no quería volver a ver la cara de decepción en su padre. Y sus bebés, tal vez serían más felices con su padre que con una madre que estaba rota y que jamás podría volverse a reparar, el mundo estaría mejor sin ella.

 

Todo lo malo que le pasaba lo tenía merecido, era una mala mujer, se había burlado del amor, ¡Pobre Cristiano! Ella le destruyó la vida burlándose de él frente a todos, desdeñando y despreciando su amor, sintiéndose superior y muy por encima de esos sentimientos que consideraba estúpidos, jamás se hubiese imaginado que años después su mejor amigo tomaría venganza, la había hecho enamorarse, cuando lo conoció supo que había encontrado el amor, sintió una profunda conexión emocional con él, que jamás había sentido por nadie, pensó que había sido recíproco hasta que luego de obtener lo que quiso, le contó toda la verdad de los planes que había hecho, para hacerla sentir en carne propia lo que había sufrido su amigo.

 

Lo sucedido destrozó todas sus ilusiones y vino a socavar la poca confianza que le quedaba, porque ya la angustia, la culpa y la depresión habían invadido su cuerpo, solo que él tuvo un error de cálculo, nunca se imagino que producto de esos momentos de pasión más que de amor, porque nunca la había amado, todo lo contrario solo sentía un absoluto desprecio por ella, iban a nacer  sus gemelos; sus hermosos no merecían tener a su lado una mujer como ella. Era necesario pagar todo lo que había hecho. Nadie la extrañaría, quizás llorarían sus padres un poco por ella o tal vez no, porque solo los cubría de vergüenza.

 

Decidida, sacó lápiz y papel de su cartera y empezó a escribir

 

"Nunca imaginé que esto que sentía podía acabar de esta manera, pero confieso que no puedo más, la culpa no me deja vivir, estoy abrumada y no encuentro más salida que esta, he sido un horroroso ser humano, hice daño a las personas que me querían, mientras que amé a personas que me detestaban, lamentablemente no tengo la capacidad de afrontar esta situación, todo me ha sobrepasado, siento que no tengo fuerza para seguir, tal vez lo que voy hacer sea un acto de cobardía, no lo sé, si así lo piensan entonces me declaro cobarde.

 

Mis bebés amados, espero que sus vidas estén llenas de felicidad, que su padre y abuelos lo enseñen hacer buenas personas, sepan que los malos actos tienen consecuencias y que tarde o temprano por mucho que intentes huir estos te alcanzan, perdón por no estar para ustedes, pero sé que no sufrirán, porque son almas puras e inocentes que esto no los puede afectar,  al crecer tal vez de mi ni se acordarán.

 

Mamá, papá, perdón porque sé que esto a ustedes les dolerá, pero allí estará Matteo y mis niños que serán mi legado para ustedes, hermanito cuida a nuestros padres, los amo pero no tengo nada que darles, solo soy una cáscara vacía de lo que una vez fui.

 

Y a ti amor de mi vida, espero que con esto, puedas decir que has consumado tu venganza. Nunca te sientas culpable, actuaste como te dictó tu conciencia, ¡Te perdono! Ojalá encuentres el amor en tu vida y que seas correspondido, que nunca sufras el dolor del desamor, como lo sufrí yo desde que te conocí.

 

No hay redención sin dolor, ni nuevos comienzos sin muerte.

 

Por siempre y para siempre

 

ALONDRA"

 

Abrió el frasco de pastilla mientras él golpeaba la puerta incesantemente, sacó todo el contenido y lo llevó a su boca las tragó, aunque algunas se cayeron, abrió el grifo, tomó agua y luego se recostó nuevamente en el inodoro mientras se sumía en un profundo sueño.

 

Él desesperado tocaba la puerta, al ver que no le respondía, comenzó a darle patadas a la cerradura  hasta que cedió, al abrir la puerta se dio cuenta del frasco de pastilla vacío junto a la puerta y de su carta, la recogió sin leerla, al extender la vista a su derecha, se sorprendió de ver que Alondra yacía recostada como durmiendo en la tapa del inodoro, de inmediato la angustia lo atenazó y estrujó su corazón, la cargó  y caminó con ella corriendo hacia el estacionamiento, seguida de cerca por las dos mujeres que lloraban angustiadas,  mientras él la abrazaba diciéndole desesperadamente—Por favor no, ¡no puedes dejarme! ¡Por Dios! ¡¿Por qué lo hiciste?! ¿Por qué me huyes? ¿Tan repugnante te parezco qué prefieres morir a vivir conmigo?—dijo entretanto sus lágrimas rodaban por sus mejillas.

 

Registrada en Safecreative bajo el número 1911122459012  de fecha 12 de noviembre de 2019.

 

Prohibida la reproducción total o parcial de la presente obra.