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UNA MUJER EXCEPCIONAL


CAPÍTULO 1. ENCUENTRO INESPERADO

Martina terminaba de darse sus últimos retoques en el espejo, se había colocado un vestido tipo straples, corte sirena, blanco con blonda roja, que resaltaba sus espectaculares curvas, su cabello negro recogido en una cola de caballo, zarcillos largos, zapatos rojo de tacón de aguja alto que no se observaban por cuanto el largo del vestido los cubría y maquillada con labial rojo, sus ojos bien delineados con sombras y rímel, el reflejo que le dio el espejo le agradaba en demasía, no pudo dejar de esbozar una radiante sonrisa.

Estaba muy contenta porque después de unas semanas de arduo trabajo, por fin se había decidido a tomar unos días libres y precisamente ese día, había sido invitada a celebrar la fiesta de fin de año con los Ferrari Estrada, su amiga Anabella le había ofrecido que una limusina con chofer fuese por ella, pero no aceptó, ella siempre había sido independiente, además, no quería perder oportunidad de manejar el BMW G32 color negro, que se había dado como regalo de navidad.


Tomó su cartera tipo sobre, las llaves de su auto y salió con paso firme de su espectacular apartamento, ubicado en una de las mejores zonas de Roma hacia el ascensor, estaba agradecida porque aparte de tener una carrera exitosa como profesional de la medicina, materialmente no le hacía falta nada y aunque era miembro de una familia de clase media, siempre había obtenido sus logros por sus propios esfuerzos.


Llegó al estacionamiento de su edificio situado en el sótano dos, al verla los hombres de seguridad se quedaron casi enmudecidos al ver semejante mujer, la elegancia y seguridad que emanaba le daba un aire de donaire —Señores, buenas noches—saludó Martina con una sonrisa.

—Doctora Martina, buenas noches—pronunció nervioso el oficial de seguridad mientras la seguía a su automóvil.

—Señor Ventura, no es necesario que me acompañe, puedo llegar sola sin problema alguno a mi automóvil—espetó con firmeza pero sin  suprimir la sonrisa de su rostro.


—Disculpe doctora, no se ofenda, lo hice por galantería, no porque crea que usted no sea capaz de encontrar su auto sola.


—Disculpa aceptada—enfatizó mientras abría el vehículo con el control, alzaba un poco su vestido para subir al automóvil, dejando al oficial de seguridad a un lado, encendió el auto y salió del estacionamiento.


En el camino sus pensamientos le hicieron compañía, pensaba en lo absurdo que los hombres quisieran ver a las mujeres como desvalidas, eso la molestaba sobremanera, los que las veían demasiado frágiles y lo que se creían súper hombres queriendo mantener a las mujeres al margen de conversaciones y actividades interesantes porque consideraban que no tenían capacidad, sería que esos hombres no se daban cuenta que esa época del patriarcado donde la mujer necesitaba la venía de un hombre hasta para poder respirar quedó en el pasado, no se daban cuenta que actualmente gracias a las luchas de muchas mujeres en el pasado, los hombres y mujeres gozaban de la misma igualdad de derechos, tan entretenida estaba en sus pensamientos, que no se dio cuenta que el semáforo había cambiado a rojo y aunque frenó no pudo evitar darle un pequeño toque a un Ferrari rojo que estaba delante de ella.


Ella salió del auto cuando vio que el chofer del otro auto había salido enardecido, totalmente colérico, al verla el hombre comenzó a propinar insultos en contra de ella —Tenía que ser mujer—mencionó mirándola de pies a cabeza—. Eso explica porque colisionó conmigo, seguro que venía pintándose los labios, no sé quien le dijo que una mujer está en capacidad de conducir un  auto como el que carga, no se cómo su esposo, su marido o amante le dan un regalo así.


Ella lo miró de pies a cabeza despectivamente, ese hombre le parecía conocido, sobre todo su desagradable y prepotente voz, pero no recordaba de donde, de lo que si estaba clara, es que él no estaba a su altura, no se rebajaría ni siquiera a dirigirle palabra alguna,  luego de observarlo un par de segundos más, giró sobre sus pies, se montó nuevamente en su auto, le dio reversa y arrancó, dejándolo energúmeno del enojo.


Cuando el hombre vio que la mujer se iba, lanzó un grito —¡¿Qué está haciendo?! —el enojo bullía en su interior, ¿Quién se creía ella para dejarlo con la palabra en la boca? ¡¿Cómo se atrevía?! Esa mujer no sabía con quien se estaba metiendo, le daría instrucciones a sus abogados, de que investigaran quien era porque le pagaría muy caro ese desaire. Marcó a su casa y pidió que llevaran a sus hijos al evento donde habían sido invitados, pensaba pasar a recogerlos pero prefirió hacerlo de esa manera, porque no quería retrasarse más, se montó en el auto y salió a toda velocidad con el enojo corriéndole como fuego por sus venas.


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Martina llegó a la mansión Ferrari una impresionante casa con aspecto de palacio, al llegar estaban recibiendo a los invitados su amiga Anabella y Sebastián su esposo, se veían tan hermosos, no se cansaba de admirarlos, ellos y sus amigos, eran ejemplo de estabilidad  y amor matrimonial, se alegraba por ellos, porque estaba seguro que la relación de pareja no era para ella, a la primera que le hiciera su pareja correría sangre, pensó con una sonrisa. La recibieron con cariño —Martina, que hermosa estás amiga, ¡Wow! Vas a ser la sensación de la fiesta, tengo unos cuantos hermosos caballeros que están ansiosos por conocerte.

—Amiga ¿No puedes evitar hacer de celestina? No estoy interesada en ninguna relación estable, si los hermosos y ansiosos caballeros, quieren solo pasar el rato estoy disponible, pero si quieren algo serio bien lejos de ellos—concluyó volteando sus ojos.

—Dices eso Martina porque aún no ha llegado el hombre que derrita tú corazón, cuando eso pase, te veremos arrastrando la cobija por él y allí yo me sentaré  a ver, como de una leona te conviertes en una pequeña corderita—pronunció Sebastián con burla.

Ella lo miró incrédula y con aire de suficiencia le dijo —Sebastián hay dos cosas que no verás en tú vida, a mi arrastrando la cobija por un hombre y convirtiéndome en pequeña corderita, aún no ha nacido el hombre que logré eso y no creo que exista nunca.

Sebastián se sonrió y le replicó—Ya te veré mi estimada amiga, cuando eso pase te recordaré esta conversación.

—Yo solo voy a traer a colación un dicho “Nunca digas de esta agua no beberé”. Bienvenida amiga, estás asignada a la mesa donde están los Rocco y los Sebastini, por favor anima a Valeria, pero sobretodo a Sophía, está muy triste porque no sabe nada de Alondra, es como si se la fuese tragado la tierra.

—Está bien les haré compañía, el problema es que ninguna de esas chicas quieren ser encontradas, ambas seguro le están huyendo a los hombres, ves porque les huyo como a la peste—expresó caminando con un aire de sensualidad que despertaba las miradas de todos los presentes.

—¿Verdad que es hermosa mi amiga? —interrogó orgullosa Anabella.

—Es la segunda más hermosa porque la primera siempre serás tú—respondió Sebastián acercándola a él y posando sus labios en su boca, comenzando un pequeño beso que se fue profundizando, ambos sentían que el calor de la pasión los recorría como fuego, elevando sus temperaturas, hasta que escucharon una garganta aclarándose, lo que hizo volverlos a la realidad de donde estaban.

Al separarse pudieron observar a un Angello que los miraba con aire de burla —Vaya, no tienen porque exhibirse ni cohibirse, pueden subir y seguir con esa tarea en la intimidad de la habitación.

Sebastián que nada lo intimidaba le dijo —¿Tú siempre llegas a las casas ajenas, dando instrucción a los dueños?

Angello hizo una mueca —Es la costumbre de ponerme al mando de todo.

En ese momento su hija de quince años al ver a Anabella, corrió a abrazarla sin ningún tipo de cohibimiento —Anabella, ¡Que alegría volver a verla! —expresó emocionada abrazándola, a lo cual ella correspondió con el mismo entusiasmo de la joven.

Hasta que escucharon la reprimenda del padre —¡Paula Antonella! —al escuchar la voz de su padre se pudieron dar cuenta de la tensión de la chica quien soltó de inmediato a Anabella y se volteó hacía su padre —¡Eres una mal educada! ¿Con cuál confianza osas en llamar por su nombre de pila a la señora Ferrari? ¡Atrevida!— dijo tomándola del brazo.

Sebastián y Anabella intervinieron —Tranquilo Angello, no hay problema, tu hija es amiga de nuestra hija y por eso es la confianza, no la reprendas sin necesidad.

Pero Angello era un hombre amargado, a quien en vez de tranquilizarlo las palabras de Sebastián, lo alteraban más y con una máscara de fría calma alzó una mano en señal de que todo estaba bien, se despidió y se retiró llevándose a la chica del brazo y mientras caminaba expresó —Eres una chica que no aprende ¿Quién te autorizó para que te tomaras confianza con la gente? ¡No ves que me avergüenzas! ¿Cuándo aprenderás a controlar tú salvajismo? ¡Eres igual a…! mejor olvídalo y procura comportarte —manifestó con rabia apenas contenida. Se ubicaron en la mesa que les correspondía, luego de un momento, le dio instrucciones precisas a Paula, de que no se moviera de allí sin su autorización

Paula se quedó con su hermano —Franco ¿Por qué papá me odia tanto? —.Interrogó la chica con tristeza.

Su hermano la tomó de las manos, diciéndole —No sientas que es algo en contra tuya en particular, te debe amar porque eres su hija, pero odia a todas las mujeres, algo debió haberle pasado para que se convirtiera en esa persona amargada que es. Ya no te sientas triste ¿Quieres que te busque un refresco? Con eso bebes un poco para que te calmes.

—Si por favor, pero no te vayas a tardar porque no quiero quedarme sola, si se acerca algún chico papá me matará—pronunció Paula con preocupación.

—Disculpa hermanita, iré muy rápido casi a la velocidad de la luz, a menos que me consiga una linda mujer de las que están en esta fiesta, me atrape y no quiera dejarme ir—concluyó sonriente.

—Muy gracioso hermanito, pendiente que no vayas a ligar con una mujer casada que venga el esposo y te arme una tramoya.

—No tienes de que preocuparte, soy tan astuto como una serpiente—. Manifestó guiñándole un ojo a su hermana y retirándose hasta el área de bebidas.

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Martina conversaba amenamente con sus amigas, ella era la menor de todas aun le faltaba para cumplir los treinta años, pero aparentaba mucho menos, mientras sus amigas pasaban de cuarenta, conversaban muy ameno hasta que vino un chico guapo pelo castaño como de unos veinte años y la invitó a bailar, su primer impulso fue negarse, pero luego de un par de segundos aceptó, animada por sus amigas y los esposos.

—Hola, soy Fran, estaba deseoso por bailar por la fémina más hermosa de la fiesta—comentó con galantería el joven.

—Hola Fran—habló con una sonrisa que dejaba expuesta su hermosa y bien cuida dentadura— Yo soy Mónica Martina, aunque me llaman más por Martina, veo que eres un chico bastante adulador.

—Entonces es adular admirar la belleza y reconocerla—expresó el chico mientras la tomaba en sus brazos y comenzaban a bailar.

—No tengo falsa modestia, sé que soy hermosa pero creo que estás demasiado  pequeño para mí.

—¿Cuántos años crees que tengo? Soy más grande de lo que parezco.

—Dieciocho—respondió ella para molestarlo.

El chico frunció el ceño, pero al momento sonrió —Haré de cuenta que no dices eso para molestarme.

Ella se carcajeó y no respondió, solo siguieron bailando, el chico era todo un bailarín, hacía varios pasos y acrobacia que atrajo la atención de muchos de los presentes.

Luego de un par de piezas, se despidió de ella besando cada una de sus mejillas de manera coqueta y en voz ronca comentó —¡Eres realmente hermosa!, con solo mirarte mis sentidos se enloquecen.

—¿En serio? Puedo recomendarte a un psiquiatra para que te traté—señaló con burla.


Caminó sola hacia la mesa donde estaba, con una ligera oscilación de cadera, que atraía la mirada de los presentes a su cuerpo, vistazos que pasaban desapercibidos para Martina, cuando estaba a punto de llegar, un hombre, esta vez un rubio le pidió bailar, petición a la cual ella accedió.


Bailó dos canciones más y después se fue a la zona de las bebidas, pidió un trago de margarita, en ese momento vio a sus amigos Sebastián y a Anabella, dirigirse a ella —Te andábamos buscando, queremos presentarte a un amigo—pronunció Sebastián, quien tomó a Bella de un lado y a Martina del otro y caminó hasta un grupo donde llamó la atención de un amigo.

—Casiragui  amigo, te presento a la persona que se ha convertido últimamente en la estrella de la medicina en Italia, Landaeta Fernández.

El hombre se giró con una sonrisa, pero al ver a Martina su expresión se volvió fría, la miró  de pie a cabeza y esbozó una expresión despectiva, la cual ella le devolvió —¡¿Qué haces tú aquí?! —exclamó con molestia.


“Nunca Subestimes el tacón de una mujer” Anónimo.


CAPÍTULO 2. ENFRENTADOS.


La actitud beligerante de Angello, fue apaciguada por Sebastián —Ella es la doctora Martina Landaeta, es la mejor ginecobstetra de toda Europa y recientemente se ha especializado en oncología médica, es una de las mejores profesionales en su ramo.

Martina solo miraba con burla al hombre quien de una vez no dejó de expresar su incomodidad—Pensé cuando me indicaste el nombre del médico que era un hombre, no creo que sea la mejor, lo que es cierto, es que es una mala conductora que por poco no destruye mi Ferrari, dándose a la fuga como una delincuente y por lo cual activé a mi equipo de abogados para que interpusieran una demanda.

—¡Por Dios Sebastián! De verdad que no entiendo ¿Cómo puedes ser amigo de un asqueroso machista, patán y troglodita como éste? —expresó totalmente enojada.

—¿Y yo no sé cómo Sebastián permite que una grosera, atorrante, creída sea amiga de su esposa e hija? Yo la tendría bien lejos para que no las contamine con sus malas costumbres—espetó con un gesto de menosprecio.

Martina perdió totalmente los estribos, vio todo rojo de la ira que la invadió y sin siquiera detenerse a pensar el lugar donde estaba, la compañía, levantó las palmas de sus manos alternativamente y les propinó un par de cachetadas, la rabia que invadió a Angello al sentir las dos bofetadas que dejaron su piel ardiendo, también reaccionó sin pensarlo, y la sostuvo acercándola a su cuerpo, mientras que sus respiraciones se aceleraban de manera descontrolada y ambos sentían una corriente que recorría sus cuerpos como si de su sangre se tratara, por un momento ambos perdieron la noción del tiempo, existían solo ellos dos, ambos quedaron envueltos en una bruma de hipnotismo y sensualidad, solo se miraban como hechizados, hasta que la primera en reaccionar fue Martina, quien lo empujo de ella diciéndole

—¡Eres un atrevido! Haz el favor soltarme ¿Quién te has creído tú? ¿Piensas que con esa actitud de macho alfa vas a lograr intimidarme? Déjame decirte que aún no ha nacido el hombre que me doblegue y creo que nunca nacerá—pronunció dándose la vuelta y dejando a todos con la boca abierta, mientras se alejaba con su porte regio, sin embargo, por dentro sentía bullir la furia. “¿Quién se creía semejante patán?

Salió del salón de fiesta y comenzó a caminar por el jardín mientras  respiraba profundamente para recobrar la calma, ese tipo la había sacado de sus casillas, solo otra persona con anterioridad había logrado lo mismo, enseguida recordó a Paula la amiga de Gálata y el padre que vino a interrumpir la conversación que tenían con la niña, enseguida se dio cuenta que se trataba del mismo hombre —Claro, era el mismo imbécil machista, ¿Cómo no te diste cuenta antes Martina?—se dijo sin bajar el ritmo de sus pasos.

Al llegar a un banco de jardín se sentó allí y se quitó los tacones, los puso a un lado, y se recostó cerrando los ojos, no habían pasado ni cinco minutos cuando escuchó la voz de una joven —¿Eres tú Martina? —interrogó.

Martina abrió los ojos y vio a la hermosa niña castaña de ojos grises —Hola Paula, claro que soy yo.

—¡Qué emoción resulta verla!, me encantó haber conversado con usted en la noche de chicas, la otra vez, aún recuerdo como nos divertíamos—de repente la chica se quedó callada y luego de un momento siguió—Hasta que papá llegó y nos acabó la diversión en forma grosera. Quiero disculparme por él, no debió portarse de esa manera.

—Si fue un grosero y creo que es su forma de tratar a las mujeres ¿Paula tu padre te golpea? —indagó curiosa.

Paula abrió los ojos como platos sorprendida—Claro que no, papá no sería capaz de golpearme.

—No me extrañaría con lo prehistórico que es, ¡Te compadezco! no sé cómo puedes soportarlo, es insufrible, altanero, retrechero, creído y arcaico—observó el rostro de la niña que la miraba sorprendida y se sonrió —Discúlpame se me olvidó que ese dechado de virtudes es tu padre.

—Pero papá no siempre fue así, de pequeña recuerdo que jugaba conmigo y mi hermano, patinaba, nos ayudaba a montar en bicicleta, nos cantaba porque mi padre tiene una voz muy hermosa. Pero todo cambió a partir de la muerte de mamá, se convirtió en un hombre amargado, sin sentimientos, tal vez sea la soledad que lo pone un poquito quisquilloso.

—Un poquito, tu papá es quisquilloso completo, en letras grandes, negrillas, comillas, resaltado y en cursivas, absolutamente nada justifica que le hable golpeado a las mujeres y que se quiera imponer creyéndose superior, es un imbécil, cerebro de maní, que se escapó del pasado, porque no puedo entender como un hombre en plena modernidad actué como un hombre de las cavernas, es un anticuado, retrógrado, patán—estaba enfurecida y no medía sus palabras, hasta que se giró noventa grados y vio al padre de la chica detrás de ella...

—¡Vaya Doctora Landaeta Fernández!, No pare, siga hablando de mi a mis espaldas y describiéndole a mi hija mis cualidades, no se sienta cohibida por mi presencia—expresó con seriedad, dándose la vuelta y quedando frente a ella, la recorrió con su mirada, manteniendo más tiempo su mirada en los pies, los tenía hermosos, sus uñas pintadas en color rojo, destacaban unos delicados dedos, de repente sintió el impulso de levantarle el pie y besárselo, sacudió la cabeza para desechar esa ideas.

—¿Le gusta lo que ve?—. Le preguntó Martina. Enseguida se levantó, se puso de pie y se irguió en todo su porte—Déjeme decirle que no tengo problema en enunciarle sus “cualidades” en su cara, es usted un retrógrado, defectuoso, machista, que no valora a las mujeres, le gusta maltratarlas, humillarlas y someterlas, debe ser que eres producto de un experimento, que no naciste de una. Me da lástima esa pobre criatura—indicó señalando a la niña—que no es feliz, que tiene que vivir bajo la desgracia de contar con un padre como Usted, que es como un témpano de hielo, que no le da amor y tampoco deja que los demás le den el afecto que necesita, seguro la convertirá en una amargada sin corazón como Usted, solo por tener la desgracia de tenerlo como padre.

Angello, se quedó observándola con ojos chispeantes de la rabia, sin embargo, su interior era un cúmulo de contradicciones, pues el porte, la elegancia de la mujer y sus labios entreabiertos le producían un cosquilleó que recorría su cuerpo con pequeñas descargas.

—Tú eres una mal hablada, mal educada, que te crees un regalo de los dioses para los hombres, con ínfulas de superioridad, queriéndote imponer, crees que mientras más apelativos utilices tu nivel de inteligencia se eleva, desconfió de tu capacidad como profesional, y no porque seas mujer sino porque dime de lo que te ufanas y te diré de lo que careces ¿Y adivina de qué te ufanas? De ser más inteligente que los demás.

—No se necesitan demostrar los hechos que son públicos y notorios—replicó Martina.

—Jamás te confiaría a ningún miembro de mi familia, así fueses la última ginecóloga del planeta—pronunció con suficiencia.

—Ojalá algún día no tengas que tragarte tus palabras—respondió con rabia, se inclinó para tomar sus zapatos en la mano y caminó por donde había llegado, sin mirar atrás, con su particular tongoneo de caderas.

Angello se quedó estático junto a su hija, mientras veía a Martina alejarse, iba a pronunciar unas palabras pero se quedaron atragantadas en su garganta, Paula Valentina fue quien habló—Lo siento papá, no soy quien para juzgarle, discúlpame.

Él extendió su mano—Ven, dame tu mano, Vayamos a casa—expresó Angello.

La chica tomó la mano de su padre y juntos caminaron hacia el salón de fiestas, buscaron a Franco y al encontrarlo y pedirle que los acompañaran les manifestó—Padre, me quedaré más tiempo, necesito volver a ver a la mujer de mi vida, sabes que la encontré, bailé con ella, tiene los labios más sensuales que he visto en mi vida, con ese porte de diosa, su hermoso cabello negro largo y creo que ella también quedó flechada por mí.

 

—Está bien, procura no llegar tarde a casa y cuidado con las trepadoras, porque hay mujeres que solo buscan a los hombres por su dinero y posición—señaló con firmeza, se despidió de los dueños de casa, expresándole sus disculpas por el impase que había tenido con la doctora un rato antes, y aprovecharon para informarle que en un par de meses sería el bautizo  de su ahijado, el hijo de Sebastián y Anabella. 

Salió de allí, subió a su auto con rumbo a su casa, mientras no dejaba de pensar, en el par de discusiones que había tenido con la beldad de cabellos negros,  y por más que intentaba evadir esos pensamientos, se volvieron recurrentes, por lo cual se dio por vencido y siguió pensando en ella hasta mucho después de llegar a su destino.

 

“Y de repente un día sin darte cuenta, empiezan a agrietarse  las defensas que construiste a tú alrededor para protegerte, y por más que intentas evitarlo, tarde o temprano terminas a merced de aquello a lo que juraste no entregarte”.  Jeda Clavo.

 

 Martina bailaba al ritmo de la música entre  decenas de parejas que disfrutaban la fiesta de fin de año, amenizada por un excelente grupo musical italiano, las bebidas y bandejas de comidas corrían por el amplio salón, deleitando a los presentes por la exquisitez y calidad de lo ofrecido, entre muchos, ataditos de foiegras e higos, pisto de verduras con queso de cabra, crema de foie con manzana y jamón de pato, corazones de flan gruyére, brochetas de pollo, aguacates rellenos con huevos poché y un sinfín de platos que complacían el paladar de los presentes y la respectiva “Cenone di San Silvestro”, con el cotechino, carne de cerdo molida y sazonada, la cual se cocina con lentejas y que de acuerdo a la tradición italiana trae abundancia y suerte, y por supuesto el impelable pannetone.


Faltando cinco minutos para las doce, todos los presentes se encontraban reunidos con su spumante para brindar, copas contentivas con champagne francés rodaban entre todos los invitados, realizaron el brindis a las doce horas, mientras fantásticos fuegos artificiales iluminaban el hermoso cielo romano y recibían de esta manera un feliz año, con sus corazones esperanzados de que en el año nuevo les aguardaría momentos de paz, abundancia y felicidad, los gritos, sonrisas y abrazos, no se hicieron esperar, comiendo uvas mientras pedían deseos y en fin una diversidad de costumbres, por ser los presentes una mezcla de distintas culturas.

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Angello sentado en su despacho tomaba una copa mientras escuchaba el ruido producido por los fuegos artificiales, la soledad y la amargura enquistados en su corazón no le permitían ser feliz, sin embargo, en ese momento recordó las palabras de Martina y no pudo evitar levantarse e ir a la habitación de su hija, tocó la puerta pero al no recibir respuesta entró, la joven se encontraba dormida, la observó unos segundos en silencio y se dio cuenta de los rastros de lágrimas que aún seguían en sus ojos, un atisbo de remordimiento surgió en su interior, con un dedo limpió los vestigios de las lágrimas de su hija.


Nunca nadie le había reclamado como lo hizo la doctora, porque todos le tenían miedo y no se atrevían a incordiarlo, no era justo que pusiera sobre los hombros de su hija esa carga que era solo para él, quería abrazarla, pero no podía hacerlo, sin pensarlo más, salió de la habitación de Paula, llegó a su despacho, tomó una botella con una copa, la llevó a su escritorio y se sirvió un trago, se lo tomó de una sola vez y así se sirvió tres seguidos, necesitaba que su mente se adormeciera, los recuerdos lo atormentaban y le producían un profundo dolor, jamás podría sanar esas heridas, eran sangrantes y profundas, antes de eso había sido tan feliz, pensando que el amor era el sentimiento más sincero y profundo que los seres humanos podían sentir, pero todo había sido una mentira, había sido engañado como si fuese la más ingenua de las criaturas, por eso jamás volvería a confiar, las mujeres eran personas rastreras y quien confiaba en ellas terminaba destruido. Por su parte, tenía que seguir con esa máscara que se había puesto desde el día de la muerte de Camelia, solo así sería capaz de sobrevivir a esa absoluta traición.


—No cedas Angello, nunca nadie volverá a burlarse de ti y esa mujer no es nadie para hacerte sentir remordimiento por tus actos, tú estás tranquilo con tú conciencia, porque estás haciendo mucho más que cualquiera en tus circunstancias haría.


En ese momento escuchó el ruido de Franco al llegar, venía cantando y segundo después entró a su despacho —Padre, ¿Aun no te has dormido? —le dijo acercándose alegre mientras lo abrazaba.


—¡Déjame ya!—le dijo empujándolo para que cesara de abrazarlo— ¡Estás como una cuba! ¿Cómo permites estar en ese estado? ¿Quién te trajo?


—No estoy como una cuba. Ella me trajo, la mujer de la cual estoy enamorado, apenas la vi logró cautivar mi corazón, nunca había sentido esas sensaciones tan revoltosas al estar cerca de una mujer, es linda, su sonrisa me enloquece, su mirada me atrapa. Solo que no me permitió besarla, pero ya llegará el momento que pueda besar esos labios gruesos y rosados que aceleran mi corazón.


—¿No crees que vas muy rápido?


—En lo absoluto, ella es una mujer fuera de serie, madura pero divertida, por eso debo hacerle saber en todo momento mí interés para que no venga otro queriéndola cautivar. Esa mujer será mía y eso no admite discusión.


—De verdad que ella te dio duro, porque nunca antes te había visto así. Solo debo decirte que las mujeres no son de confianza, son manipuladoras, conspiradoras e interesadas.


—Pues no todas son así, mi madre no lo era, lo que pasa es que la amaste tanto a ella, que piensas que ninguna está a su nivel. Y me imagino que el hecho de que estés tomando, significa que la estás recordándola


—Si, efectivamente, estoy recordando a tu madre—expresó Angello en voz neutra.


—¿Tanto la amaste? —interrogó Franco.


—Con toda mi alma, tu madre era la mujer perfecta para mí, me desvivía por ella, procuraba darle todo lo que quisiera para hacerla feliz y que nunca se fuera de mi lado—respondió con sinceridad porque así había sido.


—Ella también, estoy seguro que te amaba, por eso a pesar de ser una mujer sofisticada, hermosa, que le encantaba verse bien, y aunque no era muy maternal, no le importó darte dos hijos para llenarte de felicidad. Mi mamá simplemente era tu complemento, la mujer perfecta, por eso me imagino que no habrá nadie como ella, y mucho menos quien la reemplace en tu corazón.


Angello se quedó pensativo y luego manifestó —Si era la mujer perfecta, no creo que vuelva a cruzarme con otra mujer como ella en mi vida—afirmó con un extraño tono de voz.


—Claro que no, ninguna jamás estará a la altura de mi mamá—eso espero que ninguna sea como ella.


En ese momento el teléfono de la casa sonó, los dos se miraron extrañados, sin embargo, al tercer repique Angello, tomó el teléfono.


—Aló, Angello. Necesito hablar contigo—él conocía perfectamente esa voz, tenía muchos años que no la escuchaba.


—¿Qué quieres de mi? —interrogó Angello molesto.


—He estado un poco afectado de salud, he tenido un fuerte resfriado—dijo fingiendo una tos y tratando de simular la rabia que le inspiraba el hombre que se creía su hijo.


—¿Y eso que tiene que ver conmigo? No soy médico, soy empresario.


—Te necesito. Además si no fuese por Zoe, no estuviera mejorando y haciéndote esta llamada. Quiero que vengas para presentártela, será mi futura esposa, es una mujer espectacular, que ha estado y permanecido a mi lado a pesar de estar enfermo, te encantará, es hermosa, debes venir, necesito hablar contigo temas que quedaron inconcluso, hijo—expresó mientras por dentro se le revolvían las visceras de llamarlo así..


—¡Por Dios! No me llames hijo, no sabes cuánto me irrita que lo hagas, pues nunca me has tratado como tal, Además tú jamás cambiarás, andas por la vida creyéndote merecedor de todo y que los demás debemos girar nuestra vida en torno a ti, como si fueras el centro del universo. No me interesa verte, ni tu salud, ni nada que tenga que ver contigo, ¿Tanto te cuesta entender que dejaste de interesarme?, incluso como ser humano. Así que no me fastidies, me importa un rábano lo que sea de tí—y con toda la rabia acumulada cortó el teléfono con violencia, mientras sentía como si en vez de sangre, lava corría por sus venas.


Su hijo se quedó viéndolo con curiosidad, y luego de un par de segundos le preguntó —¿Por qué desprecias tanto a mi abuelo? No entiendo ¿Por qué rechazas que ahora quiera acercarse a ti?


—Eso no es problema tuyo, eso es asunto mío, no te metas en lo que no te importa—espetó apretando los dientes.


—¿Por qué estás lleno de amargura papá? ¿Por qué odias a todo el mundo? Ninguno de nosotros tenemos la culpa de lo que le pasó a mamá, mi hermana menos que nada y no dejas de despreciarla y tratarla mal ¿Por qué te convertiste en esa persona tan desagradable?


Angello se levantó de la silla enfurecido, apretó sus puños a los lados de su cuerpo, se detuvo cerca de Franco, este lo observó y le dijo —Oír la verdad provoca incomodidad en las personas. ¿Deseas golpearme por eso? ¡Hazlo! si eso te va a ser sentir mejor—enfatizó su hijo sorprendido.


—¡Fuera de mi vista! ¡Largo! —Sin pérdida de tiempo Franco salió del despacho.


Enseguida Angello cerró la puerta con violencia y le colocó el seguro, tomó la botella que reposaba en su escritorio y empezó a tomarla directamente, se sentó en el suelo detrás de la puerta mientras continuaba tomando sin control, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, pero no eran de tristeza que brotaban, eran de impotencia, de rabia, de dolor porque lo habían convertido en ese hombre que todos detestaban, incluso él.


Enseguida los recuerdos del pasado se aglomeraron en su mente, había conocido a Camelia en una discoteca cuando tenía veinte años de edad, era una hermosa mujer rubia, de ojos azules grisáceos, un cuerpo bien proporcionado de veintidós años de edad, quedó impactado con ella apenas la observó bailando en el escenario, todas las miradas de los presentes se centraban en la espectacular chica que bailaba de manera erótica y sensual, produciendo diversas sensaciones en el sexo masculino. Y por supuesto él no era la excepción, sintió que la flecha de Cupido atravesaba su corazón  de manera irremisible, pero a él eso no le importó, estaba feliz de haber sentido esas inmensurables emociones por esa mujer y su alegría fue mayor, al ver que ella se quedó mirándolo fijamente y de manera coqueta, le lanzó un beso que él atrapó con entusiasmo.


Y así habían sellado su destino, solo le quedaba dejarle claro que eso que había surgido entre ellos era el verdadero amor y por eso no cesó en demostrárselo, hasta que fue correspondido, le demostró con cada acción lo importante que era ella para su vida y ella también enloqueció por el trigueño hermoso de ojos café, en quien descubrió un valor agregado, al enterarse que era hijo de uno de los hombres más prominentes y adinerados de toda Europa. Angello estaba dispuesto a todo por tenerla por siempre a su lado, que equivocado estaba, la vida nunca se da como la planificamos, y resulta bastante doloroso darse cuenta de cuan equivocado estabas.

“La vida está llena de sorpresas. Cuando menos lo esperas pasan las cosas que menos imaginas…” Anónimo.


CAPÍTULO 4. ¡ALÉJATE DE MI HIJO!

 

Angello, se despertó con un gran dolor de cabeza, se había tomado dos botellas y aún se sentía mareado. Sin embargo, se levantó, se tomó un par de analgésico, se colocó solo un jean porque siempre dormía en Bóxer, se dirigió a la sala de seguridad que poseía en su casa, tenía por costumbre revisar diariamente en horas de la mañana las cámaras de vigilancia, sobre todos la del exterior, aunque poseía cámara IP, que le permitía una conexión a una red informática conectada a internet a través de Wifi y verlas en su Smartphone o en su laptop, él se había acostumbrado a revisarlas en esa sala, incluso lo hacía junto con los miembros de su equipo de seguridad, porque cuando estos se equivocaban o no reportaban alguna novedad, los despedía en el mismo instante, sin contemplaciones.

Revisaba adelantando las imágenes, para evitar dedicar tantas horas a esos menesteres. Mientras miraba el video con aburrimiento, observó algo que llamó su atención, para verificar lo que había pasado regresó la acción, y la puso a rodar a un ritmo normal, allí observó con total claridad el mismo vehículo que había colisionado con él, allí frente a su casa dejando a su hijo y por supuesto su conductor era la insoportable doctorcita, la ira lo invadió y sin detener sus palabras expresó a viva voz—¡¿Qué carajo hace ella con mi hijo?!

El oficial de seguridad nervioso, encogió los hombros, no sabía que responder, e internamente se preguntaba qué culpa tenía que el hijo del señor estuviera con esa mujer, para su buena suerte el señor Casiragui, luego de expresar con molestia esas palabras, salió de la sala dejándolo solo.

Angello, inmediatamente llamó a uno de los hombres de seguridad de su empresa y le preguntó —Anoche te dije que averiguaras datos y dirección de la mujer que había colisionado con mi auto. ¿Ya tienes sus datos?

—Sí señor, justamente lo iba a llamar para avisarle que toda la información la había enviado a su correo electrónico—Apenas le respondió, cortó la llamada y  revisó el correo con la información, fue a ducharse, se vistió y salió con fines de enfrentar a esa insoportable mujer.

 

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Eran las once de la mañana, Martina abrió los ojos, miró el reloj y se levantó sorprendida, nunca había dormido tan tarde, una de sus características es que era bastante madrugadora, sobre todo por la profesión que tenía, pero es que nunca antes se había divertido tanto, Camillo, Fran, Leonardo, eran unos chicos súper divertidos, le causó risa que ella una mujer de casi treinta años, logrará divertirse como nunca con unos muchachos que eran casi adolescentes, pero es que ellos eran espontáneos, sin poses ni retaliaciones en contra del sexo opuesto, la reconocían como una igual, incluso le demostraron un alta estima.

De inmediato se recordó de Fran, era un chico demasiado persistente, no dejaba de halagarla y expresarle el profundo amor que según él había surgido apenas verla. Era un chico de buen carácter, aunque un poco creído, pero le había encantado platicar con él, aunque prefería mantenerlo lejos, porque lo peor que le podía pasar sería ilusionar a un casi adolescente.

Se levantó de un salto y se fue al baño, luego de asearse y ducharse salió y montó la cafetera, su día no funcionaba sin una cargada taza de café, debía reconocer que era adicta a esa bebida, luego de prepararla, se sentó en el comedor, aún con una bata corta y transparente, cerró los ojos y se llevó la taza de café a su boca, saboreando el exquisito sabor, estaba en ese placentero momento, cuando escuchó el timbre de su departamento sonar, abrió los ojos y un indicio de enfado surgió en su interior.

—¿A quién carajo se le ocurre venir a interrumpir mi tranquilidad? —expresó en voz alta y enseguida fue abrir la puerta, pero se le olvidó mirar por el ojo mágico.

Al abrir la puerta estaba a quien menos se imaginó tener frente a su puerta, el muy imbécil la miró primero despectivamente y luego al observarla de pies a cabeza, su semblante se transformó, sus ojos se oscurecieron al mirarla, ella se sonrojó  ante  su escrutinio, sin embargo, a los segundos reaccionó,

—¿Qué haces en mi casa? ¿Y quién carajo te crees para que me mires así? —expresó con molestia.

 

—Si no quería que te viera así, simplemente debiste vestirte antes de abrirme la puerta y no presentarte desnuda ante mí—le dijo con sarcasmo.

 

—Mira hombre, estoy pasando un agradable primero de enero en la intimidad de mi casa y si quiero desnudarme y pasearme desnuda por ella, es mi problema, tu sin embargo, no deberías estar en la puerta de mi casa, porque no te he invitado.

 

—No creas que vine porque quería gozar de tu presencia, solo vine a decirte que te alejes de mi hijo, conozco a las mujeres como tú, son unas interesada, van tras el dinero de los hombres para que las mantengan, una trepadora, eso es lo que eres, queriéndote aprovechar de un muchachito ingenuo, pero no voy a permitir que te burles de mi hijo. Y claro sales así, porque lo planificas todo, dijiste ya que seduje al hijo y ahora me toca hacerlo con el padre, pero para tu mala suerte no soy un hombre que se deja seducir por atributos superficiales.

«Aunque para que dejes a mi hijo, soy capaz de hacerte caso, para que sientas a un verdadero hombre que…

Martina no lo dejó hablar y le propinó un par de cachetadas, las cuales no se esperaba Angello y perdió el equilibrio por un momento, pero al recuperarlo se acercó enfurecido a ella, la tomó por el cuello acercándolo así y le estampó un fiero beso.

Esa acción desconcertó a Martina que por un par de segundos quiso disfrutar del beso, pero al tomar conciencia de cómo la estaba tratando el salvaje ese, con todas su fuerzas le mordió el labio, Angello la soltó de inmediato, cuando sintió el intenso dolor, mientras se llevaba su mano a su labio inferior para tratar de detener la sangre que salía a borbotones de su labio, la furia bullía en su interior como una olla de agua hirviendo y en tono de enojo le dijo—¡¿Cómo te atreves?!  ¡Eres una salvaje!

Martina que no estaba para nada calmada le respondió—¡Bestia tú! ¿Cómo te atreves a besarme a la fuerza? Para tu información, soy una zorra, me encantan los hombres y disfruto de un verdadero hombre, y sí he tenido bastantes, pero todos los elijo yo, ninguno se ha impuesto como quieres hacer tú. Además no necesito la posición y el dinero de ninguno, porque a Dios gracias, soy una mujer independiente que me complazco en todo lo que deseo, sobretodo en el sexo y como dice el dicho “Para disfrutar de unos kilos de chorizos, no necesito cargar con el cerdo” ¡Ahora largo de mi casa! —mientras ella hablaba el rostro de Angello se ponía más rojo.

—Al fin una mujer sincera, que reconoce sus cualidades—dijo con sarcasmo, mientras seguía sangrando por su labio y reteniéndoselo con la mano.

Martina lo quería fuera de su casa y de su vida, sin embargo, sus instintos de cuidar a las personas heridas y la que la llevó a tomar el camino de las ciencias médicas, inoportunamente salió a relucir, por lo cual dio media vuelta, entró a uno de los baños de su departamento, buscó el botiquín de primeros auxilios y volvió a salir a la sala, donde la esperaba Angello con un rostro de incredulidad, se quedó viéndola fijamente, mientras ella sacaba una gasa y con voz autoritaria exclamó —¡Siéntate!

Angello iba a protestar, pero cuando vio la determinación en su rostro, decidió callar y sentarse como le había ordenado, ella se le acercó y comenzó a limpiarle el labio mientras él la miraba fijamente, su cercanía produjo en él que los latidos de su corazón se aceleraran, Martina era una mujer de armas tomar, no le temía a nada y no le huía a los conflictos, no pudo evitar una pequeña sonrisa al recordar las veces que lo había enfrentado.

Martina sentía un cosquilleo en su piel, no entendía porque el contacto con ese hombre le producía un tumulto de sensaciones, lo miró de reojo y se dio cuenta que una sonrisa se había dibujado en su rostro, se veía más joven, no lo había visto sonriendo el par de veces que lo había visto, sin embargo, sintió molestia, ¿Quién se creía él? ¿Se estaría burlando de ella?

—¿Tengo monos en la cara? —preguntó irritada Martina.

—¿Es que está prohibido reírse? —respondió con otra pregunta

—¡Pues sí! cuando al parecer soy el objeto de tu reciente sonrisa. Ya estás listo, te puedes ir.

—Te darías las gracias, pero no hay más responsables de esto que tú—pronunció tocándose su labio.

—Si serás descarado—pronunció Martina enfadada—vienes aquí a insultarme, me atacas sexualmente…

Angello la interrumpió incrédulo por sus palabras—¡¿No te agredí sexualmente?! No seas exagerada.

—¡Me besaste a la fuerza! —. Exclamó Martina—todo lo que se hace a la fuerza es una agresión y en este caso sexual.

—Al principio te besé desprevenida, lo hice porque tú me agrediste abofeteándome, fue un impulso, y a ti bastante que te gustó, hasta que decidiste morderme.

—¡Eres un cara dura! no me gustaron tus besos, porque ni siquiera me gustas tú como persona, eres machista, desagradable, si no eres capaz de tratar a tu hija con amor, tu propia sangre, ¿Cómo vas a ser capaz de tratar bien a una mujer?

—No hables de lo que no conoces. Mejor me voy, pero te agradeceré algo. Te quiero lejos de mi hijo.

—¿Y qué si no quiero? Qué tal si tu hijo me gusta y quiero tener una aventura con él—articuló Martina con picardía, ese chico no le interesaba para nada, pero tenía un gusanito de maldad que le instaba a provocar a Angello.

Este molesto se le acercó, dejando su rostro cercano al de ella —No te atrevas, no permitiré que juegues con mi hijo, te quiero lejos de mi familia, Doctora—enfatizó mientras salía del departamento de Martina.

Al salir ella respiró profundo, y se quedó pensando, ¿Por qué había algo dentro de ella que lo instaba a sacarlo de sus casillas.

 

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Angello llegó a su casa, se sentó a comer, mientras le servían la comida, le preguntó a la señora Marcela, quien tenía trabajando con ellos muchos años por sus hijos —¿Dónde están mis hijos?

—El joven Franco, salió con uno amigos que lo vinieron a buscar—respondió Marcela.

—¿Y Paula? ¿Ya ha comido? —interrogó Angello.

—No, la niña no ha salido de su habitación, ni siquiera se ha levantado aún.

—¿Por qué? —volvió a preguntar.

—No lo sé señor, la niña ha cerrado con llave su habitación, y no he podido entrar.

De inmediato Angello se levantó de la mesa y comenzó a tocar la puerta—Paula Antonella, hazme el favor de abrir la puerta inmediatamente—gritó con enojo, pero a pesar de sus llamados constantes, la chica no respondía—Marcela por favor trae las llaves para abrir esta puerta.

Marcela se dirigió enseguida a buscar el manojo de llaves, al encontrarla volvió a la puerta de la habitación de la niña y se las dio a Angello, inmediatamente abrió la puerta y al entrar, la chica estaba aún en la cama, se le acercó y Paula presentaba sudoración excesiva acompañado de escalofríos. Al verla en ese estado, tocó su frente y la sintió muy caliente.

—¡Por Dios Marcela! Paula está prendida en fiebre, busca un termómetro para tomarle la temperatura, búscame agua con una toallita y un pastilla de Paracetamol—luego se sentó en la cama y puso la cabeza de su hija en la pierna, al llegar Marcela con lo que le había pedido, le tomó la temperatura la tenía en cuarenta, obligó a su hija a tomar la pastilla y comenzó a ponerles toallita, se mantuvo al lado de ella, los minutos pasaban pero la joven permanecía igual. En ese momento, sonó el celular de Paula y Angello lo atendió —Aló, Paula—dijeron al otro lado de la línea.

—Aló no es Paula, soy su padre ¿Quién habla?

—Soy su amiga Gálata, ¿Podrá ponérmela en la línea? —interrogó la niña con cautela.

—Lo siento no puedo, Paula tiene fiebre muy alta, si no le baja la llevaré de inmediato a un centro médico—indicó Angello.

—¡Oh Por Dios! Le avisaré a mis padres para ir hasta allá—comentó Gálata, para segundos después cortar la llamada.

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Gálata salió corriendo a informar a su madre —Mamá, acabo de llamar a Paula y su padre me dijo que tenía fiebre alta.

—¿Pero de qué? Ella estaba muy bien ayer—manifestó Anabella.

—Madre por favor llévame a visitarla—suplicó la niña.

—Está bien, ya vamos para allá, déjame dejarle un recado a Martina que venía para acá—en el momento que estaba marcando a su amiga, esta apareció en la puerta—Martina te llamaba para avisarte que vamos donde Paula, parece que está enferma tiene fiebre muy alta.

—Pero no puede ser, yo vi a Angello temprano y no me dijo que su hija estuviera enferma—comentó casualmente Martina.

—¿Lo viste? —preguntó Anabella, en ese instante  Martina cayó en cuenta y cerró su boca.

—Mira Mónica Martina Landaeta Fernández, tienes una conversación pendiente conmigo apenas llegue de casa de Paula.

—Si serás chismosa Anabella Estrada de Ferrari, no hay nada que contar, solo que Angello se apareció hace un par de horas en mi departamento, usando influencias con los señores de seguridad que lo dejaron subir, para pedirme que me alejara de su hijo.

—¡¿Qué?! No lo puedo creer. Debes darme detalle.

—Pero no ahora Anabella, vamos a dónde Paula, yo te acompaño—Así las tres abordaron una de las camionetas de su amiga y arrancaron con destino a la mansión de la familia Casiragui, para prestar ayuda a la jovencita que lo necesitaba.

 

“La solidaridad no es un acto de caridad, sino un ayuda mutua entre fuerzas que luchan por el mismo objetivo” Samora Machel.

 

 

CAPÍTULO 5. ¿SE COMIENZA A DERRETIR EL ICEBERG?


Cuando llegaron Anabella, Gálata y Martina a la casa de la familia Casiragui, la señora Marcela les abrió la puerta —Buenas tardes señora Marcela, venimos a visitar a Paula.

—Si, señoras pasen adelante, suban al primer piso donde está su habitación, el señor Angello está preocupado, nunca lo había visto así, aunque la niña nunca se había enfermado, siempre ha sido sana.

Subieron a la habitación y al entrar pudieron observar que Angello estaba sentado en la cama de Paula, mientras la cabeza de ella reposaba en sus piernas, su cara de preocupación era evidente, estaba desencajada y las sombras debajo de sus ojos se habían acentuado, al escucharlas levantó la vista hacia ellas, la primera en hablar fue Anabella .

—Vinimos para ver cómo estaba Paula.

—La fiebre no le baja, lo he intentado todo, pañitos de agua fría en su frente, le obligué a tomar una pastilla de Paracetamol, y no he podido hacer nada por ella..

—Ven, déjame que nosotras nos encargamos —manifestó Martina. De inmediato Anabella y ella tomaron a la chica —Espéranos afuera, por favor.

Angello se levantó sosteniendo la cabeza de Paula, se la colocó en la cama con mucho cuidado, y salió de la habitación sin pronunciar palabra.

Inmediatamente Martina, Anabella procedieron a desnudar a Paula, mientras enviaron a Gálata para que llenara la bañera con agua tibia, luego la sumergieron durante algunos minutos mientras la bañaban, luego de aproximadamente un poco más de un cuarto de hora la fiebre comenzó a disminuir, después de media hora la temperatura se había normalizado.

La sacaron de la bañera y la acostaron nuevamente en la cama, la vistieron, luego de una hora desde que llegaron Paula se encontraba bien  —Gracias —expresó y seguidamente las abrazó a los tres, pero se quedó más tiempo abrazando a Martina y luego de unos segundos comentó —Por favor no te vayas, no me vayas a dejar sola. No quiero estar con papá.

—Él estaba preocupado por ti, cuando llegamos te colocaba pañitos de agua fría en la frente, te dio una pastilla para la fiebre, pensaba llevarte al médico si tu fiebre no cedía.

—No me quiere, creo que lo haría feliz que yo muriera.

—No digas eso, tu padre te quiere, que no sea muy afectuoso es otra cosa, voy a decirle que estás mejor, no podemos impedirle que te vea, si quiere hacerlo.

—Esté bien, pero quisiera que te quedarás conmigo, me siento tan sola en esta casa, lo tiene todo pero es tan vacía, aquí no hay amor, me gusta ir donde Gálata porque allí se respira armonía.

—Veremos si tu padre quiere que me quede haciéndote compañía—la joven  la vio con unos ojos de súplica que a Martina la conmovieron profundamente, pero lamentablemente el quedarse no dependía de ella.

Respiró profundo y salió de la habitación, encontró a Angello caminando de un lado a otro, y no pudo evitar decirle—Creo que abrirás una zanja en el piso de tanto recorrerlo.

Al escucharla, volteó, alzando la vista para mirarla, su rostro era un mar de intranquilidad, se le notaba decaído y una tristeza profunda en los ojos —¿Cómo está ella? ¿Ya dimitió la fiebre?

—Si la fiebre cesó, ya está mejor, sería bueno que la señora Marcela le preparé algo de comer— el rostro de alivio que experimentó Angello fue demasiado evidente, dio la impresión que se había quitado un gran peso de encima, por eso Martina no pudo controlar su lengua y le preguntó—¿Por qué si te preocupas por ella y la quieres no se lo demuestras diariamente dándole un mejor trato?

—No se podía esperar menos de ti, la amabilidad es opuesta a tu naturaleza, ¿En qué parte de tu humanidad te cabe tanta amargura? No tengo hijos y quizás nunca logre ser madre, porque cada día me decepciono más de los de tú géneros, y los hombres bueno que conozco, son los esposos de mis amigas. Pero en mi razonamiento no me explico cómo una persona, es capaz de echar sobre sus hijos la amargura que rebosa de su corazón, para hacer hacerlos infelices prefiero no traer hijos al mundo.

El semblante de Angello cambió en segundos y se convirtió en una máscara fría de rabia, la miraba con profundo cólera, mientras apretaba los dientes, pero Martina no era mujer de retractarse de lo que decía, en sus características no estaba la de amilanarse frente a la confrontación, se le paró de frente regresándole los mismos gestos y las mismas expresiones de rabia que él le hacía, y sin titubeo comentó — ¡¿Qué?! ¿Piensas hacer algo para callarme? Pues nada impedirá que diga lo que considero correcto, no le tengo miedo a tu carácter de perro rabioso— entretanto lo miraba con ojos brillantes de la furia.

—No sabes nada de mí Martina, no eres quien para juzgarme, siempre con tus ínfulas de  perfecta, intachable, incólume. Me alegro por ti, que nunca nadie te haya hecho daño, te felicito que vivas una vida perfecta tal y como la planificaste. Pero eso no te da derecho a que te ensañes en mi contra  y hurgues en mis heridas.

Pero Martina, no estaba dispuesta a soltar su presa —¡¿Y tú si tienes derecho hacer la vida de Paula miserable?! —exclamó indignada.

—Yo no hago su vida miserable, no entiendes, ¡Solo quiero que no se convierta en una mujer como su madre!

—¡Pues no sé! ni me interesa como fue su madre, lo único que tengo claro es, desde que conocí a esa niña, hace más de un año—continuo con un tono alterado— carga con una profunda tristeza, ¡Te tiene miedo!, le da terror que entres a su habitación y la sigas maltratando.

El rostro de Angello fue de sorpresa, de incredulidad y con un tono de voz grave pronunció —Nunca en mi vida he golpeado mi hija, tampoco la he dejado sin comer, sin vestir.

—Para ser un hombre inteligente tienes un concepto impreciso de lo que es maltratar, no es solo el físico, tu maltratas emocional y psicológicamente a tú hija, que al ser menor se convierte en un maltrato infantil, por ejemplo, el día que no la dejaste seguir conversando con nosotros en la video llamada, eso es controlar su horario y sus redes sociales, y bien sabías que no estaba haciendo nada malo, solo compartía con nosotras una amena conversación entre chicas—mientras Martina enumeraba las diversas acciones que él hacía en contra de Paula, su rostro de desconcierto iba en aumento—no la dejes visitar a Gálata que es la única amiga que tiene, porque no la dejas salir a socializar con otras chicas de su edad, la críticas constantemente, le llamas la atención frente a otras personas avergonzándola.

Al oír las palabras de Martina, Angello se pasó ambas manos por su cabeza, una intensa opresión se instaló en su pecho, sintió que le faltaba oxigeno, ¿Será posible que en su dolor y despecho, estuviese cometiendo una injusticia con Paula?—¿Ella te dijo eso?—interrogó en tono de preocupación.

—Me di cuenta el mismo día que como un energúmeno entraste gritando como un salvaje a su habitación, las dos veces que te he visto con ella ha sido el mismo patrón de conducta, no sé qué tantos problemas o sufrimientos hayas tenido en tu vida, pero no los pagues con ella, Paula no tiene la culpa de lo que te haya pasado.

Angello intentaba hablar, pero las palabras se atascaron en su garganta, no pudo soportar más el escrutinio al cual lo sometió Martina y sin poder decir nada, se dio la vuelta caminó hacía la escalera, descendió de dos a dos los peldaños sin siquiera tocar la balaustrada, mientras sentía sobre si el peso de su conciencia, se encerró en su despacho, colocó ambas manos en la mesa tratando de controlar el cúmulo de emociones que amenazaban con romperlo.

Martina se quedó observándolo extrañado, le pareció que los ojos se le humedecían producto de unas lágrimas que intentaron mostrarse, ¿Sería cierto que el amargado mostraba una pizca de humanidad? O sería que su fe era tan grande que veía situaciones donde no las veías, aunque en eso radicaba el concepto no, pensó, en tener convicción que están sucediendo las cosas buenas que esperas, sin que estén  pasando o estar seguro que sucederá así no lo veas.

 

Angello, sentía que era demasiado doloroso lo que vivía, percibía como pequeñas puyas que se clavaban en su cuerpo y con cada recuerdo era como si las enroscaran profundamente un poco más, haciendo más penetrante su sufrimiento. Paula era muy parecida a su madre y por más que trataba de controlar esas sensaciones, ella le recordaba con solo verla su traición, por eso no la abrazaba, buscaba tenerla lejos, le restregaba sus errores sin importarle frente a quien lo hacía, pero también era que no  quería crear un clon de Camelia, ni de Graziella, ni Lorenza, cada una de ellas lo habían dañado, al principio cuando conoció a Camelia, sintió que sería quien daría luz a su vida y quien borraría su terrible pasado y aunque por un tiempo fue así, después no solo volvió abrir sus heridas haciéndolas más profundas, sino que le propinó otras ¿Cómo iba a creer en ninguna mujer, si todas las mujeres importantes en su vida le habían hecho daño?

Pero era cierto lo que decía Martina, Paula no tenía la culpa de su sufrimiento. ¡Oh por Dios! ¿Cómo hacía para no ver en ella la felonía de la cual fue objeto?, trataría de hacerlo, tenía que hacerlo porque no podía seguir haciéndola infeliz, de inmediato el rostro de Martina surgió en su mente, con su actitud beligerante, reclamándole con pasión lo que ella sentía era lo correcto.

—Martina, Martina, te has convertido en la voz de mi conciencia cuando ya la mía estaba cauterizada que anulaba todo sentimiento—expresó en voz alta—pareces tan distinta, tan justa, equilibrada, apasionada, sin poses, con una seguridad impresionante, no temes en defender tus ideales a mansalva, ¿Será que tú si eres una mujer excepcional? O ¿Ellas no existen? —interrogó  mientras en su mente el rostro y actitud de Martina se repetían constantemente como si de una película se tratara.

“El amor más fuerte y más puro no es el que sube desde la impresión, sino el que desciende desde la admiración”. Catalina de Siena.

 

 

CAPÍTULO 6. ESCAPE


Martina  entró a la habitación de Paula, la esperaban Gálata y Anabella mientras la chica se mantenía con los ojos cerrados. Anabella se le acercó y en un susurró le preguntó —¿Qué piensas hacer? ¿Te vas o te quedas?

—No lo sé, estoy dividida, quiero quedarme con ella pero a la vez no quiero estar cerca del odioso y amargado de Angello.

—Ella se siente sola, es una chica solitaria, me da dolor verla tan vulnerable y triste—Manifestó Anabella.

—A mi también, pero he tenido un gran enfrentamiento con su padre, no sé si cuando me vea me saca de su casa a patadas—comentó Martina con una mueca.

Anabella soltó la risa—Te digo la verdad, ¡No lo creo! Pienso que Angello ladra pero no muerde, me da la impresión que ese hombre carga con él un gran peso.

—Esperemos que sea así, porque si no se va a quedar sin dientes, porque no estoy dispuesta a tolerar tantas testosteronas—ambas expresaron una carcajada. En ese instante Paula se levantó y como las vio preparada para marcharse, se le llenaron sus ojos de lágrimas.

—Por favor Martina, no te vayas, no me dejes, te prometo me portaré bien, pero no te alejes de mí, te necesito, yo me siento protegida cuando estás junto a mí.

Aunque Martina estaba desesperada por salir de esa casa la petición de la joven le partía el corazón, ella solo tenía quince años y a esa edad con todas las situaciones que enfrentaba esa niña era demasiado vulnerable, ella no era madre, tenía varios sobrinitos a quienes amaba profundamente, pero esta adolescente despertaba sus instintos de protección de tal manera que quería abocarse hacerla feliz, a veces pensaba que era absurdo porque la había conocido hacía un año pero desde ese momento ella se metió en su corazón.

Se le acercó y la abrazó, sus ojos brillantes por las lágrimas que le había brotado, Paula era una chica frágil delgada, cabello rubio oscuro y ojos azul grisáceos, parecía más bien una niña de menor edad, no podía dejarla —Esta bien me quedaré un par de horas contigo, mientras te sientes bien, ya le dijimos a la señora Marcela que te traiga una rica sopa de pollo para que comas algo, le daré un récipe a tu padre para que te lleven hacer unos análisis mañana—Se despidieron de Anabella y Gálata que ya retornaban a su casa mientras ellas se quedaron habitación de Paula.

Martina se acostó en la cama con ella, ambas decúbito ventral pero con las piernas flexionadas levantando ambas canillas, mientras se sostenían con el antebrazo, mientras conversaban.

—Martina, no quiero que me saquen la sangre, no me agradan las agujas, les tengo miedo. Te juro que no me siento débil, ni enferma, todo lo que tengo es emocional porque desde ayer me he sentido muy triste—concluyó haciendo un puchero, Martina esbozó una sonrisa—solo quiero que nos sentemos tú y yo a conversar cosas de chicas.

—Está bien, conversaremos cosas de chicas, respecto a lo de los análisis esperaremos a ver como avanzas en el transcurso del resto del día ¿Te parece?

—Es una negociación razonable—expresó la chiquilla con una sonrisa—Martina sabes, —le dijo mientras esta mantenía toda su atención en ella— me hubiese gustado tanto tener una madre como tú, cuando tenía la mía hasta los nueve años, no tenía nunca tiempo para mí, era mi padre quien me dedicaba su tiempo, su amor, nos divertíamos, jugábamos,  él siempre risueño, justificando las ausencias y desaires de mi mamá, pero cuando ella murió, él cambio, se llenó de rabia, rencor, no quería ni hablarme, mucho menos verme—narraba Paula con tristeza, mientras de sus ojos surcaban grande lagrimones.

«Yo por mucho tiempo lo esperé despierta para que volviéramos a jugar como antes, pero cuando llegaba de la oficina me enviaba a mi habitación, por más que yo lo buscaba para que jugara conmigo como lo hacíamos antes, papá me ignoraba, decía que no tenía tiempo para mí, se excusaba en el trabajo, se dedicó solo a trabajar, aunque antes también lo hacía pero vivía pendiente de mi. Cuando murió mi madre, perdí también a mi padre

Entretanto Paula hablaba, la puerta se abrió y apareció Angello, pero no ingresó a la habitación  se quedó escuchando detrás de la puerta, cada palabra que la joven expresaba con una profunda tristeza, sin embargo, las chicas no se percataron de su presencia por estar concentradas una en la otra.

Las palabras pronunciadas por su hija produjeron un profundo desosiego en él, se preguntaba ¿Por qué tomó esa actitud? La había lastimado y hasta ese momento no había sabido cuan profundas habían sido las heridas que le había propinado, nada justificaba lo que había hecho esos seis años. Porque así hubiese estado herido, no tenía derecho a haberse comportado como lo hizo con Paula, había producido traumas en ella, tal y como se los causaron a él,  ella era totalmente inocente, no tenía la culpa de lo que pasó, sólo fue una víctima de las circunstancias ¿Cómo pudo haber tratado de esa manera a su propia sangre? Enseguida las lágrimas empezaron a surgir en sus ojos, sentía que su pecho oprimido, por más que trataba de respirar, se le hacía complicado, debió abrir su boca para poder exhalar, sin darse cuenta hizo un fuerte sonido y Martina se volteó, le pidió a Pula que la esperara un momento y salió hacia la puerta cerró la puerta de la habitación tras de sí.

—Si serás bien atrevido ¿Cómo fuiste capaz de venir a espiar lo que conversábamos  tu hija y yo? Aparte de grosero, machista, maltratador, eres un completo chismoso ¿Es qué no tienes ninguna cualidad? —Apenas sus palabras salieron de su boca se dio cuenta de su error, por primera vez el rostro de Angello no era la máscara de rabia y mal humor, estaba dolido, sus ojos tristes como nunca los había visto, se le encogió el corazón, pero mientras procesaba esa información no reaccionó a tiempo y él se volteó alejándose como si arrastrara un gran peso sobre su cuerpo.

Martina lo siguió hasta alcanzarlo, lo tomó por el brazo y lo haló —Angello, lo siento no me di cuenta…

Él interrumpió—No te preocupes Martina, soy un hombre maldito desde que nací, que no tengo ninguna virtud, solo soy un miserable, troglodita, machista, amargado, que ha hecho infeliz a su propia familia, hay gente que debieron haber sido abortados y no dejarlos nacer por lo negro de su corazón , tal vez yo sea uno de ellos.

Martina sintió su angustia, su dolor y no pudo evitar que sus lágrimas se abrieran paso entre sus ojos y él iba a marcharse y lo volvió a sostener —No digas eso, yo quiero saber ¿Qué te hizo ser ese hombre de negro corazón que dices que eres?

Angello se quedó viéndola quería desahogarse con ella contarle la verdad, pero su vida era muy dolorosa, bochornosa, nunca había contado eso a nadie.

—No creo que quieras saberlo—le respondió tratando de volver a tomar su frío control.

En ese momento Paula llamó —Martina, Martina ¿Dónde estás?

Cuando escuchó a su hija llamando a Martina le dijo—Por favor ve, Paula te está llamando, ella te necesita más que yo, ella tiene salvación, yo no. Gracias—pronunció y se alejó de ella.

Martina retuvo el impulso de ir tras él, ¡Dios! ¿Qué tantos secretos y sufrimiento guardaba esa familia? Pero quienes más sufrían era Paula y Angello, su actitud era una fachada para protegerse, tenía miedo de volver ser lastimado.

Subió y al verla Paula se alegró —No hemos hablado de chicas—expresó en tono de complicidad.

—¿Y qué es eso de chica que quieres contarme? —la interrogó Martina.

—Es un secreto, nadie debe saberlo, ni siquiera mi única amiga lo sabe, porque tal vez si lo supiera yo perdería su amistad.

Martina se quedó sorprendida por sus palabras—Entonces es algo serio, pero las amigas deben hablarse con sinceridad.

—Me gusta un chico más grande que yo, pero existe un problema. A Gálata también le gusta, cuando ella me lo confesó no pude decírselo, las palabras se atascaron en mi garganta.

—Creo que sé quién es ese chico, pero está muy grande para ustedes—expresó con paciencia Martina.

La joven se cohibió y bajó su cabeza—¡Lo siento! —exclamó.

—No mi niña, no es crítica, es una observación. Pero considero que la amistad entre ustedes debe ser mayor, y es allí donde recobra preeminencia la sinceridad, pues es la base de toda relación.

—¿Y si me deja de hablar por eso? Porque le he ocultado la verdad todo este tiempo, Gálata es lo único que tengo, me moriría si dejara de tratarme, no podría soportarlo—Y enseguida comenzó a llorar—prefiero seguir callando, nunca mi amiga debe saber esta verdad. Es más creo que he cometido un error en contarte, tú la conoces más a ella que a mí, su madre es tú amiga, la quieres más a ella, la conoces casi desde niña, mientras yo solo soy una chica extraña a quien le tienes lástima—y dicho eso salió corriendo de la habitación.

Martina comenzó a seguirla mientras la llamaba —Paula, detente por favor, las cosas no son así ¡Escúchame! —le produjo tanto dolor las palabras que emitió la chica, era impresionante como el maltrato y las cosas sufridas la hacían ser insegura. A veces los padres no sabían el daño que hacían a sus hijos al desplazarlos, al no valorarlos. Bajó a buscarla pero no la encontró, le pidió a Marcela que la ayudara a localizarla, pero luego de una hora la búsqueda había sido infructuosa, la señora se dirigió a la sala de seguridad y al entrar se dieron cuenta que el oficial de seguridad dormía, cuando las vio se sorprendió.

—Por favor, no digan que me han encontrado durmiendo—declaró el hombre.

—Me parece muy irresponsable de su parte que se dedique a dormir en vez de hacer su trabajo, no creo que su siestecita vaya a pasar desapercibida, porque resulta  que la niña Paula se ha perdido, escapado, y si usted hubiese estado atento para lo que fue contratado, esto no hubiese pasado—expresó con molestia Martina.

Enseguida salió del cuarto de seguridad y aunque la habían buscado por las cámaras de seguridad y en todo los rincones de la mansión no la encontraron, todos estaban nerviosos y le suplicaron a ella que le contara a Angello, porque todos le tenían miedo y más aún si era para darle una noticia como esa.

Lo iba a buscar en el despacho pero la señora Marcele le había dicho que se encontraba en su habitación, ella tocó un par de veces pero nadie le respondía, por eso abrió la puerta y lo encontró acostado en su gran cama King Size, al acercarse se dio cuenta que estaba dormido, no cargaba camisa por lo cual se destacaba su hermoso pechos con sus abdominales y pectorales bien marcados, una sabana le cubría de la cintura a la altura del muslo mientras el resto de sus piernas estaban descubiertas, sintió una intensa excitación en su cuerpo, sus pezones se irguieron y sentía como el espacio se hacía estrecho en su brassier.

Sacudió su cabeza,  y se dijo —¡Por Dios Martina! ¿Cómo puedes excitarte y pensar en sexo en ese momento cuando Paula está extraviada? —sin embargo, se acercó a Angello, respiró profundo porque no le agradaba la idea de molestarlo para contarle que Paula había desaparecido, puso su rostro cercano al de él, mientras colocaba una mano en su bíceps. Enseguida Angello, reaccionó sobresaltado, pero enseguida la tomó dejándola debajo de él, se quedó viéndola y sin pronunciar palabra alguna, unió su boca con la de ella.

Martina había besado y recibió besos unos cuantos hombres en su vida, de hecho el beso que le había dado en la mañana no estuvo mal, pero no se comparaba con ese, una profunda ola de calor la envolvió cuando sintió lo dulce de su boca en la suya, mientras él se abría paso introduciendo lentamente su lengua en su cavidad bucal, sintieron un cúmulo de emociones que se instaló en sus estómagos, ambos estaban extasiados por tan maravilloso encuentro. Cuando dejó su boca, comenzó a recorrer el cuello de Martina y bajar por su clavícula, mientras ella tomaba sus cabellos y los halaba para mantenerlo cercano a ella, hasta que recordó el motivo por el cual estaba allí —Angello no, ¡Suéltame! —exclamó.

Él la soltó de inmediato, sus ojos oscuro nublados por el deseo que sentía —¿Qué significa esto Martina? Entras a mi habitación provocándome, tocas mi cuerpo, me excitas, y cuando te respondo, me pides que te suelta y me dejas así—expresó tocando su masculinidad.

Martina dirigió su mirada donde él había colocado la mano y allí se dio cuenta que estaba desnudo, abrió muchos los ojos — ¿Estás desnudo? ¿Cómo te exhibes por allí?

Angello se sonrió, segunda vez que lo veía sonreírse —Estoy en mi casa, en mi habitación pasando un primero de enero relajado—imitó sus palabras de temprano—, y vienes a provocarme, me tocas y empiezas a mirarme como si fuera un apetitoso manjar—respondió con prepotencia.

A Martina le molestó esa actitud de prepotencia que exhibió y le dijo—Pues no te creas tan importante, tan deseable y tan apetitoso, no venía a verte  a ti.

—Pero para no querer verme a mí entraste a la habitación equivocada—respondió alzando sus cejas.

—Mira Angello, no quieras hacer juego de palabras conmigo, si entre a tu habitación fue para avisarte que no conseguimos a Paula, la hemos buscado por toda la mansión y parece como si la tierra se la hubiese tragado—concluyó con preocupación.

El rostro de Angello se convirtió nuevamente en una máscara fría —¿Qué carajo estás diciendo?

—Paula escapó, no sabemos dónde está—pronunció esperando nuevamente la reacción del hombre, que estaba segura que en segundos se reiniciaría en su modo salvaje.

“La vida está llena de sorpresas, cuando menos te lo esperas pasan las cosas que menos te imaginas”. Anónimo.



CAPÍTULO 7. CALZATE MIS ZAPATOS


Su cara era una máscara de frialdad, y su voz no suavizaba mucho su expresión, se acercó el closet a colocarse un bóxer, un pantalón y una camisa—Mi hija escapó y en vez de darme la noticia, vienes a mi habitación a seducirme.

Ante sus palabras el enfado envolvió a Martina, se le acercó beligerantemente y levantó su dedo medio mientras se lo mostraba—En verdad que contigo no hay que firmar tratado de paz, tú fuiste quien me besó y empezó a acariciarme y a calentarme, así que no me quieras venir a culpar de tus bajos instintos, hazme el favor y asume tu responsabilidad como un varón. Y si tanto te importa tu hija deja de pelear y te abocas a buscarla—concluyó dirigiéndose a la puerta de salida.

—No puedes irte de esta casa hasta que no aparezca Paula, pues no me explico como si estaba conversando contigo, haya salido precisamente a escaparse—expresó con un dejo de sospecha en su tono.

—¿Qué tratas de insinuar? ¡¿Qué yo la secuestré?! —respondió indignada Martina.

Angello, pasó su mano por el rostro —No pongas palabras en mi boca, solo no me explico cómo se fue de tu lado, si cuando las vi tenían una camaradería, estaban de lo más relajadas. ¿Qué pasó para que eso terminara? —preguntó mientras caminaban a la sala de seguridad.

—Estábamos hablando cosas de chicas—manifestó con seriedad Martina.

—¿Qué clases de cosas? —interrogó Angello, frunciendo el ceño.

—No tengo porque contarte de las conversaciones que tengamos Paula y yo.

—¡Es mi hija!—enfatizó él.

—No lo estoy objetando, pero si ella hubiese querido que tú supieras el contenido de nuestra conversación, en vez de decírmelo a mí, te lo hubiese contado a ti—le dijo con seriedad.

—¿Nunca te cansas de argumentar? —interrogó exasperado, mientras entraba a la sala.

—¿Tú alguna vez te cansas de ser un amargado? —solo se quedó viéndola. Esa mujer tenía la lengua más afilada de las que había conocido y una agudeza mental que casi nunca podía dejarla sin palabras. Mientras todas las mujeres huían ante su carácter, ella no tenía miedo y lo atizaba.

Sin decir el nombre del agente de seguridad, Angello le ordenó, —Coloqué los vídeos de seguridad de las cámaras exteriores de hora y media para acá—el hombre estaba nervioso, le temblaban las manos mientras buscaba el video para mostrárselo a él.

—Señor Casiragui, discúlpeme me quedé dormido, es que tuve mala noche, por eso no vi cuando la joven se escapó, discúlpeme no volverá a pasar, pero no me despida de mi trabajo.

Angello se mantenía sin decir nada, apartó a un lado al agente de seguridad, mientras se encargaba de revisar por sí mismo los videos y verificar lo que había pasado. La rabia atenazaba con desbordarse, se le podía observar apretando los dientes y tenso, hasta tal punto que las venas en sus rostros y en sus manos, se notaban prensadas. Hasta que luego de observar lo que había sucedido explotó —¡Es usted un incapaz! ¡inepto! ¿Acaso se le contrató para que viniera a dormir en mi casa? Es un desvergonzado, dígame ¿Dónde dejó su profesionalismo? —Angello estaba cabreado, se puso rojo del enojo, nada lo detenía, propinaba cualquier clase de insultos contra el hombre—Ruéguele a Dios o en quien usted crea que a mi hija no le pase nada, porque júrelo que voy a refundirlo en la cárcel, por ser tan incompetente. Me voy a encargar que más nunca trabaje en su vida—Cuando Martina vio que iba a encimársele al agente de seguridad, lo retuvo sosteniéndole del brazo. Él reaccionó al tacto de ella, la observó y puso su otra mano encima de la de ella, apretándosela.

«Haga el favor y salga de mi vista antes que haga algo de lo que después tenga que arrepentirme—espetó tratando de controlarse todo lo posible, el hombre salió corriendo, con su rostro tan blanco como un copo de nieve. Enseguida cerró los ojos y comenzó a respirar de manera profunda, hasta que logró calmarse. Ella mantenía sus dedos clavados en su antebrazo—Ya me calmé Martina, estoy bien—replicó mirándola—vamos a llamar a la policía para que empiecen una búsqueda y entretanto vamos en mi auto a recorrer los lugares donde pueda estar.

—Mejor llamemos a Gálata, tal vez ella sepa dónde está, son mejores amigas, quizás la haya llamado para pedirle ayuda—.De inmediato ella sacó su celular de la chaqueta que cargaba y marcó el número de Gálata—Hola princesa, ¿Cómo estás? —saludó Martina.

—Hola Tina, estoy bien, pero me parece extraño que me llames para saludarme, cuando nos hemos visto hace un par de horas antes. ¿Acaso llamas para que te vayamos  a buscar para recoger tu auto? 

—No, te llamo para preguntarte ¿Paula te ha llamado? —interrogó Martina, se pudo percatar que Gálata titubeaba un poco para responderle, incluso se aclaró un par de veces la garganta antes de empezar hablar.

—¿Por qué no le has preguntado a ella? ¿No está contigo?—evitó responder directamente a la pregunta que le había formulado.

—Presiento que sabes la respuesta y solo estás tratando de ganar tiempo para armarme una farsa. Por favor Gálata, respóndeme lo que te he preguntado—expresó Martina.

—Lo siento Martina, luego te hablo, papá me está llamando—manifestó la chica mientras colgaba.

Martina se quedó viendo el celular con una expresión de sorpresa, observó a Angello y este la miraba con un gesto burlesco—No puedo creer que esta niña me haya colgado la llamada—enseguida marcó el numero de sus amigos y salía ocupado.

—Yo voy a dar instrucciones para que rastreen la zona y sitios cercanos y ¿Qué te parece si vamos a conversar personalmente con la chica y sus padres? —interrogó el hombre.

—Creo es lo mejor porque llamo y no responde.

Martina subió a buscar su bolso, al bajar Angello la estaba esperando en la puerta, juntos salieron a donde estaba estacionado el auto, le abrió la puerta para que subiera y  de inmediato se dirigieron a la mansión de los Ferrari Estrada.

Al llegar, como conocían a Martina la dejaron entrar sin pérdida de tiempo—Vaya eres una asidua visitante de esta casa, que con solo verte te abren como si fueses la dueña de la casa—pronunció con un deje de amargura en su voz.

—Si tengo años siendo amiga de Anabella y Sebastián, son la pareja que más admiro. Son perfectos, es el hombre más cariñoso y tierno que conozco con sus hijos, su esposa, se complementan uno a otro, se apoyan, él la entiende perfectamente. Me encantan—pronunció en voz cantarina.

Angello, le molestó que viera tantas cualidades en Sebastián y de envidioso comenzó a mofarla—“Él es el hombre más cariñoso y tierno que conozco”, si tan perfecto te parece mándale hacer un clon para que te cases con él—concluyó molesto.

—Si serás infantil. Además, a ti en que te afecta que yo alague a mi amigo—se quedó viéndolo un momento y soltó una carcajada—No me digas que el gran  Angello Alessandro Casiragui Ricci, alias el “Amargado” está celoso de Sebastián. ¿Y tú a cuenta de que me vienes a celar?

Él la miró con cara de que estaba loca—¡Yo! ¿Por qué tendría celos? si apenas te conozco. Aunque te has metido en mi vida, restregándome mis errores como si me conocieras de años. Y a propósito ¿Cómo sabes mi nombre completo? —interrogó con una expresión misteriosa.

—No vengas a ver cosas donde no la hay, quien no va a saber el nombre del gran empresario número uno en telecomunicaciones de Europa—respondió seria como dando por terminada la conversación.

—Pero no supiste de mi cuando discutimos por video llamada y tampoco sabías de mí cuando chocaste mi auto por venir pintándote las uñas—enfatizó con ánimos de pullarla.

Pero Martina se dio cuenta de su expresión en el rostro y le dijo —Lo idiota ¿Te sale de manera natural o tienes que ponerle mucho empeño?

—Cuando vez perdida una conversación ¿Siempre la finalizas con un ataque? —la interrogó. Pero ella no le respondió, porque justamente, llegaron frente a la casa y bajó del auto apenas Angello aperturó los seguros, sin esperar que él le abriera.

—Hola señora Beatriz, ¿Se encuentra Anabella? —interrogó a la señora que le abrió la puerta y que trabajaba allí.

—Hola Doctora Camilla, pase adelante ellos están en la sala de estar que está al lado del comedor—le indicó con amabilidad.

—Gracias. El señor viene conmigo—le informó ella.

—Tranquila, no se preocupe.

Apenas Anabella la vio, sin esperar con quien venía, no se percató que llegaba con Angello—Martina debes contarme todo lo que pasó con el “Amargado”, incluso eso de que fue a visitarte en la mañana— Ella le hizo señas a su amiga para que no hablara, Pero ella no la entendió, hasta que vio a Angello, se puso roja de vergüenza, no encontraba que decir para justificarse. Mientras este se quedó mirando a Anabella con un aire de burla.

—El amargado viene con ella —replicó Angello.

—No, no me refería a ti, es a un vecino de Martina que le decimos el “amargado” ¿Verdad amiga? —comunicó en un tono un tanto nerviosa.

Sebastián se acercó a Martina y le dio un fuerte abrazo, y un par de besos en su mejilla —Hola belleza, extrañé no ver a la segunda mujer más bella del mundo esta mañana—mientras Seba abrazaba a Martina Angello sintió su cuerpo tensarse.

—Hola hermoso. Creo que dormías—el trato entre ellos era muy familiar, se apreciaban y se respetaban. Sin embargo, Sebastián no pudo evitar el rostro de desagrado de Angello.

—Casiragui—pronunció Sebas, extendiéndole la mano para saludarlo.

—Ferrari, pareces que eres la octava maravilla del mundo porque todas las mujeres que te rodean o tienen contacto contigo, opinan que eres de lo mejor, un ser incomparable, no sé qué haces para idiotizarlos—replicó molesto.

Sebastián se carcajeó—No tengo la culpa de seguir siendo irresistible a pesar de haber cumplido los cincuenta años, allá otros que están pisando apena los cuarenta y como son tan “amargados” no tienen sex appel con las féminas.

—Si ya sé que es el apodo que me llama tu familia—expresó con una mueca—Pero no vinimos a hablar de mi Sex appel—respondió con un serio semblante— necesito tu ayuda, Paula se escapó de casa y como tu hija es su mejor amiga, quería que por favor le preguntaras si ella la llamó. Ya tengo varios hombres rastreando las calles y sitios cercanos a nuestra casa.

—¿Qué le hiciste para que la niña decidiera escapar? —interrogó molesto Sebastián—Siempre te he cuestionado esa actitud tuya para con ella.

—Pues Ferrari, esta vez no tuve nada que ver, fue “tu Doctora”—hizo hincapié con molestia del apelativo dado a Martina— No sé qué le dijo que provocó que mi hija se escapara.

Martina se indignó por lo que había dicho —Si vamos a buscar responsables, busca un espejo y lo miras allí, porque todo esto surgió porque le dio una fiebre emotiva debido al trato que tú le das, no se siente querida. Por eso considero que no hay más culpable que tú, que estás acostumbrado a siempre hacer tu santa voluntad, a ignorar a la gente o hay que tenga que bailar al son que toques. Seguro que de niño eras un presumido pedante, que tus padres tenían que hacer lo que decías para que no les armaras un berrinche.

Angello hizo una mueca simulando una sonrisa —Y tú eres una eminencia para descubrir el pasado de las personas. Mejor no hables Martina, porque no tienes ni la más remota puta idea de lo que ha sido mi vida—soltó con furia, respiró profundo buscando su control—Sebastián por favor, habla con Gálata, para que la interrogues sobre mi hija.

—Señora Beatriz—llamó Sebastián, enseguida la señora apareció—Por favor, dígale a Gálata que la estamos esperando en esta sala.

Se quedaron en silencio, Angello se separó del grupo, tomando distancia de ellos, mientras estaba sumido en sus pensamientos “Niño mimado él, por Dios, lo que era hablar sin saber”. En ese momento sentía que sus emociones iban a desbordarse “Debes controlarte Angello, concéntrate en encontrar a Paula, no te desborones en este momento, y menos delante de toda esta gente”, comenzó hacer las respiraciones que siempre hacía cuando necesitaba tomar el control, pero los intentos eran infructuosos, de inmediato vinieron a su mente las imágenes de él encerrado en el clóset, cuando apenas era un niño de seis años, sintió un ahogo, “Por favor ahora no”, rogó mientras salía hacia el jardín sin decir nada.

Martina observó cuando Angello se alejó, le pareció extraño porque lo vio angustiado y de inmediato pensó que se debía a que estaba preocupado por Paula, sin embargo, pidió permiso a sus amigos y salió a buscarlo.

Al salir al jardín, lo encontró sentado en la hierba, con las manos en su cabeza, y sus codos reposando en sus rodillas que estaban flexionadas, Angello lloraba como un niño, mientras repetía como un mantra—Por favor no, ¡No quiero! ¡No! ¡Por favor no!

Martina se quedó sin palabras, jamás imaginó a Angello, un hombre aparentemente seguro de sí mismo, desmoronado, llorando como si el peso de lo que recordara lo atormentara profundamente. En ese momento recordó unas palabras que había leído en una revista que decían “Para poder comprender a otro ser humano hay que calzarse sus zapatos o intentar andar su camino para no juzgar a la ligera…” cuánta razón había en ellas.

A quien juzgue mi camino…¡Le presto mis zapatos! Anónimo.

 


 CAPÍTULO 8. ¡UN ASESINO O UNA MENTIRA!


Martina, se dio cuenta que Angello estaba como en especie de un trance, le causó mucho dolor ver a ese hombre que siempre andaba con su prepotencia desmoronado llorando, de inmediato, lo abrazó, mientras lo consolaba pasando su mano e la espalda, y comenzó hablarle al oído —Ya Angello.  No tengas miedo. ¡Ya pasó! Todo está bien. Tranquilo. Así lo fue tranquilizando poco a poco hasta que luego de unos momentos, había logrado calmarlo.

Cuando pasó el episodio, y Angello pudo reaccionar, estaba totalmente apenado y en voz queda pronunció—Lo lamento. Discúlpame.

Lo observó, se dio cuenta que le evadía la mirada, lo tomó de la mejilla y con la otra mano lo acariciaba —¿Quién te causó tanto daño Angello? —le preguntó con dulzura.

Él tomó su mano y se la besó—Tal vez algún día te lo cuente, si no decides salir corriendo lejos de mí. En un solo día pasándola conmigo, has vivido una locura, huye mientras puedas Martina, soy un cúmulo de contradicciones—manifestó con tristeza.

Ella esbozó una sonrisa—¿Sabes qué? —Angello la observó atentamente, pendiente de lo que ella iba a expresar—En este momento me encantas, me pareces adorable, porque no estás siendo el amargado, insoportable e irritante.

— Ah qué bien gracias—sorbió aire por la nariz y lo exhalo por la boca—Quiero encontrar a mi hija, te prometo ser mejor padre para ellos. Trataré de volver a encauzar mis sentimientos, mi vida, como lo había logrado antes del accidente de Camelia. Martina, por favor, no quiero que te alejes de mí—le rogó—has logrado mover las fibras más sensibles en mi ser ¿Sabías que eres una mujer excepcional?

Martina a pesar de ser una mujer morena, se pudo observar que sus mejillas se tiñeron de un pequeño sonrojo—Soy una mujer normal, como la mayoría de la mujeres del mundo.

—No, claro que no, no eres una mujer común, en menos de veinticuatro horas te has enfrentado a mí, y hasta has sacado mi lado vulnerable, sabía que nunca antes nadie había logrado eso.

—¿Ni siquiera Camelia? —indagó ella con seriedad.

—Ni siquiera Camelia—afirmó Angello, sin dejar de observarla.

En ese momento se acercaron Sebastián y Anabella, Angello se giró un poco para que no observaran sus ojos, al llegar al sitio donde estaban ellos, les dijo—En principio no queríamos interrumpirlos, pero era necesario informarles que hablamos con Gálata, ella dice que Paula la llamó llorando, le dijo que sentía no haber sido sincera y una buena amiga con ella, que tenía algo que contarle que resultaba para ella muy vergonzoso, pero justo en ese momento se cortó la llamada y no pudieron seguir conversando.

—No entiendo ¿Qué puede ser eso tan vergonzoso? —cuestionó Angello mirando a Martina, como esperando una respuesta de parte de ella.

—Angello Alessandro, no sigas por ese camino porque no vas a conseguir que de mi boca salga una sola palabra—respondió beligerante.

—¿Y si eso puede ser la diferencia para conocer el paradero de Paula? No estarías dispuesta a romper ese silencio.

—Yo averiguaré respecto a lo que ella me comentó, pero estoy segura que de allí no sabremos el paradero de Paula. ¿La llamaste al celular? Para ver si responde.

—Fue lo primero que hice después de ver las imágenes y también mandé a rastrear el teléfono—se pasó la mano por la cabeza, creyendo que así diluiría los pensamientos sobre el peligro que podría correr su hija—les juro que no sé qué hacer, por donde buscar, lamento reconocerlo pero no conozco a mi hija, por eso no tengo ni la más remota idea en donde encontrarla, donde se metió. Si le llega a pasar algo, les juro que no podría vivir con los remordimientos—concluyó con angustia.

—Angello tranquilo, ella debe estar bien porque pudo comunicarse con Gálata no te angusties, vamos a  encontrarla, yo avisé a los hombres de mi seguridad para que se unieran a la búsqueda—le informó Sebastián para tranquilizarlo.

—Muchas gracias Sebastián. Yo iré a la casa, estaba recordando que hace un par de semanas le puse un rastreador avanzado a cada uno de los celulares de mis hijos, no para tenerlos controlados—expresó mirando a Martina—si no por razones de seguridad, así que accederé desde allá.

—En el caso de Paula, pudiera aceptarlo, pero ¿Por qué espías a Franco? —lo interrogó Martina entornando los ojos.

—No lo espío, solo puse ese rastreador y me olvidé de que los tenían, siempre me ha preocupado que  alguien les haga daño, estoy en mi derecho de proteger a mis hijos.

—¿Sebastián, tú rastreas los celulares de tus hijos? —lo interrogó para demostrarle a Angello que tal acción no era aceptable.

—Sinceramente no lo hago, hacérselo a los gemelos sería como una violación a su privacidad porque son un par de adultos. Pero no estaría mal poder hacerlo con Gálata y Sebas.

Ella lo miró extrañado pero antes de que replicara, su amiga Anabella le respondió—Ahorita opinas en defensa de los derechos de los muchachos porque no eres madre, pero cuando lo seas buscarás hacer todo lo posible para tenerlos protegido. Y es solo para usar en caso de una estricta emergencia.

La chica dio un profundo suspiro y comentó—Son tres contra una, definitivamente no puedo debatir, aunque la buena noticia, es que a través de eso podremos localizar a Paula.

—Si es cierto, ¿Vienes conmigo? —la interrogó Angello.

Ella lo dudó un momento, por un lado sentía que debía huirle a Angello y a su familia, pero por otro, no quería dejarlo solo, el incidente previo la había conmovido y despertado curiosidad en ella, quería saber de su pasado, lo qué le habían hecho, se había dado cuenta que era un hombre que había sufrido  mucho, y además estaba esa excitación constante que se acentuaba al tenerlo cerca. Sin embargo, no le respondió como esperaba sino que le regresó la pregunta—¿Quieres que te acompañe? —se quedó expectante esperando su repuesta.

Angello se le acercó, estiró su mano, para que ella se la tomara y sin cohibirse que estaba delante de Sebastián y Anabella, le respondió —Nada me complacería más, no quiero separarme ni un instante de ti—ante sus palabras el golpeteo del corazón de Martina, daba la impresión de que saldría de su pecho. La tomó de la mano y juntos caminaron al estacionamiento

Sebastián  intercambió miradas con su esposa, se acercó a su oído y en un murmullo le dijo—¿Viste que soy un excelente Cupido? Entre estos dos, no dudes que hay corazón, y de paso el universo conspira para que estén juntos, porque estoy seguro que Paula debe estar escondida en alguna parte, para obligarlos a estar juntos, tal vez hasta estará haciendo también de Cupido.

*******************************************

—¡¿Qué haces aquí?! —interrogó el hombre.

—¡Visitándote! ¡¿No puedo?! —preguntó la joven.

—Claro que si, las veces que quieras, está es tu casa. Pero estoy seguro que Angello, no sabe que estás aquí, ni menos a esta hora de la noche—le debatió.

—¿Y eso en qué te afecta? —lo interrogó.

—En nada, si te soy sincero me contenta que lo retes.

—En realidad no lo estoy retando, en un principio solo quería alejarme por un rato, porque tenía miedo que mi amiga Martina me viera con malos ojos, o le contara a mi mejor amiga Gálata, un secreto que le confesé. Pero luego pensé, que tal vez si huía la obligaba a que ella y mi padre estuvieran juntos para encontrarme y quizás el pasar momentos juntos, provoque que se enamoren. Aunque todos sus encuentros han sido, digamos no muy cordiales, ella casi le saca los ojos y le ha dicho desde amargado y machista, te imaginarás como se puso de energúmeno él, pero Martina es una chica de armas tomar, no le teme, y él no estaba acostumbrado a que nadie se le enfrente y menos una mujer, eso creo que lo tiene contrariado y emocionado en partes iguales.

—¿Y cómo sabes todo eso? —cuestionó el hombre.

—Es mi padre lo conozco—señaló con seguridad.

Al hombre le molestó la defensa que Paula hizo de Angello—Es un amargado que siempre te ha tratado mal, no te quiere porque le recuerdas a tu madre ¿Y sabes porque odia a tu mamá? —la interrogó con maldad.

A Paula, se le empañaron los ojos, productos de las lágrimas al oírlo—Mi padre si me ama, se preocupó mucho porque estaba enferma, me cuidó, Martina dijo que me puso pañitos de agua fría en la frente y estaba turbado cuando llegó, porque la fiebre no me bajaba—debatió con vehemencia.

El hombre la miró pensativo, sería oportuno contarle toda la verdad a la mocosa, o mejor esperaba, además decían que por el becerro se amarraba la vaca, tal vez funcionaba a la inversa, debía lograr que Angello se acercara buscándola, podría llamarlo para contarle que estaba allí, así se ganaría su confianza, pero mejor esperaría unos días para que sufriera, después de todo él amaba a la muchachita.

Sabía que no debía sentir ese odio que sentía por él, pero no podía evitarlo, nunca le perdonaría que se acostara con las dos mujeres que amaba y no una sino dos veces, y que por su culpa la última hubiese muerto. Lo sentía mucho pero lo único que sentía era odio por él, no le inspiraba más nada, por eso buscaría la forma de cobrárselas, tal vez esa Martina sería la clave.

—Paula ¿Quién es Martina? Es una chica de tu edad—le preguntó  a la joven.

—No, por favor, mi papá es un hombre con principios muy sólidos, él sería incapaz de seducir a una jovencita. Martina es una mujer como de veinticinco años, aunque aparenta menos, no sé su edad realmente. Pero es doctora, ginecobstetra y oncóloga, escuchándome decir eso, creo que debe tener más de veinticinco años, lo que si estoy segura, es que se trata de una mujer hermosa, de carácter, trigueña, con penetrantes ojos negros. Ellos se gustan, eso es evidente, aunque ambos traten de disimularlo tratándose como perros y gatos, me parece que hacen muy linda pareja. Veo y te la muestro—Sacó su celular del bolsillo, lo encendió, y comenzó a buscar una foto de Martina, al encontrarla extendió el móvil para que él la viera— ¿Ves que bella es?

Se quedó viendo la foto, se la pasó a su celular y llamó a uno de sus hombres de seguridad —Es realmente hermosa, me gusta. Matías, llévate este celular de esta casa y tíralo a un río—dijo con énfasis.

—Como usted ordene señor—respondió el hombre.

—¿Pero por qué? —interrogó Paula angustiada.

—Para decir que conoces a tu padre, cometes muchos errores, él tiene una empresa de telecomunicaciones, la más grande de Europa, no tarda en rastrearte para ver dónde estás, si no es que ya lo hizo, a él no se le escapa nada, es como un lince, siempre al acecho de su presa.

La chica lo miró sorprendida—No creo, papá no es capaz de ponerle rastreador a mi celular, eso sería una gran irrespeto a mí privacidad.

—¿Estás segura? ¿Nunca ha entrado a tu habitación a revisarte las cosas y a interrogarte sobre lo que haces?

—Siempre toca la puerta antes de entrar y a veces me pregunta y revisa algunas de mis cosas, pero hasta ahora nunca me ha instalado ningún dispositivo para ver donde estoy, porque para la única parte donde salgo es en casa de Gálata, de hecho el primer lugar que pensé en ir a esconderme fue la casa de mi amiga, pero me di cuenta que sería el primer sitio donde acudirían. No, papá jamás me pondría un rastreador.

El hombre lanzó una sonora carcajada—No lo conoces, lo haría por tu seguridad, pero también para tenerte controlada, ¿Tú crees que él es perfecto?, pues no, es un amargado, resentido, que se cree superior al resto, de hecho piensa que su inteligencia está por encima de los demás, porque ha logrado éxito en la empresa sin ayuda de nadie, todos esos defectos se le pudieran pasar, pero lo más grave que ha hecho, y que es imperdonable, fue que asesinó a tu propia madre.

—¡Claro que no!—replicó la niña entre sorprendida y molesta, mientras sentía un miedo recorrer su cuerpo—mi padre no asesinó a mi madre. Tú lo odias por eso dices eso, ¡No voy a oírte! ¡No quiero oírte! ¡Eres malo!, eres un hombre malvado ¡¿Cómo puedes ser tan cruel con él?!—gritó alejándose.

—No soy malo, el maquiavélico es él —gritaba fuerte—mató a Camelia, porque supo que no lo amaba y porque ella le confesó que lo iba a dejar. Se puso como un energúmeno, no quiso aceptar que ella no lo amaba, sus manos estaban en su cuello—gritaba el hombre—¡Ese maldito la asesinó!—Paula había corrido escalera arriba llorando—y él no es tu padre. Ese desgraciado no tenía razones para haber actuado así, es un hombre débil e inmaduro—dijo el hombre en un murmullo apenas audible.


 “Gente que te apuñala por la espalda y luego pregunta por qué sangras”. Anónimo.

 

CAPÍTULO 9. CONFESIONES TORMENTOSAS.

 

Angello y Martina llegaron a la mansión Casiragui, entró a su despacho acompañado por ella, enseguida le empezó a explicar cómo lo rastreaba, mientras ella lo escuchaba atentamente.

—Mira ya lo localicé—pronunció feliz—está en la zona de Testaccio, a orillas del Río Tiber —marcó un celular y dio las instrucciones para que fueran saliendo hacía allá. Ven Martina vamos por ella— le dijo con una sonrisa, tomándola de la mano, pero le provocó tanto besarla, que sin dudarlo, la acercó a su cuerpo y unió sus labios.

 

Enseguida el deseo inundó sus sentidos, se entregaron a ese beso sin reservas, cada segundo que transcurría lo fue haciendo más exigente, mientras se abría paso en la boca de Martina,  unieron sus lenguas, y comenzaron a danzar al ritmo que la pasión les marcaba, ella le sabía a dulce, a gloria. Sintieron su cuerpos sumirse en una profunda pasión, dejó su boca y comenzó a recorrer su cuello, mientras gemidos salían de ambos labios.

 

Martina extendió su mano y comenzó a sacar del pantalón de Angello su camisa, y así subió sus manos por la espalda, sentían que el calor los atizaba cual si fueran carbones encendidos, los sentidos totalmente sumidos en el goce de su tacto, sus sabores, su olor, la fragante excitación de sus cuerpos, hizo que en ella su centro palpitara sin control, pidiendo la liberación  y él sentía como llamas de fuego recorrer su cuerpo, estaba a punto de hacer auto combustión, su miembro erecto ansioso por desahogarse, ella bajó una mano y comenzó a acariciarlo por encima del pantalón, provocando que su tamaño se hiciera más grande, enloqueciéndolo del deseo, lo tenía totalmente rendido ante ella.

 

Angello le quitó la mano, se las levantó y la aprisionó contra la pared mientras la besaba desaforadamente, acercó su pelvis a la de ella y comenzó a rozar su erguido pene en la delicada femineidad de Martina, el roce produjo corrientes de pasión y un deseo inmenso de  apagar ese incendio que los consumía, los gemidos cada vez se hacían más grandes, pero ella no cedía el control, se liberó y lo recostó de la pared, le abrió el broche y el cierre del pantalón y liberó su miembro rígido tan suave como el terciopelo, al verlo intentar controlar el deseo, se inclinó y lo tomó con su boca, comenzó a succionarlo, lo movía adentro y afuera, sosteniéndolo con sus manos; mientras él estaba a segundos de llegar el orgasmo, ella lo soltó, observó su rostro con la mirada nublada del deseo y esbozó una pequeña sonrisa.

Angello se alejó de ella, caminó hacia su escritorio, tomó un preservativo y se lo puso, mientras Martina lo miraba abriendo su blusa y liberando sus senos del brassier, tomó cada uno de sus pechos ofreciéndoselos en un gesto provocador, la mirada del hombre  se oscureció más, se le acercó, le tomó un seno e introdujo su aureola en la boca, mientras al otro le daba suaves y firmes masajes, enloqueciendo a Martina, repitió el mismo procedimiento con su otro seno.

 

Angello volteó a Martina, dejándola de espaldas a él, le levantó el cabello mientras besaba su nuca, fue bajando por su espalda, hasta que Martina le dijo con un extracto de molestia y con voz firme—Angello Alessandro, te quiero dentro de mí y te quiero ¡Ya!

 

Él soltó una risa, pero obedeció en un instante, le pidió que se inclinara hacia adelante, le bajó el pantalón y su ropa interior, con sumo cuidado se introdujo en ella desde atrás adelante y comenzó a moverse frenéticamente, adentro y afuera, sentía que Martina apretaba su miembro con las paredes vaginales, lo cual lo enloquecía, sus movimientos certeros, en un vaivén de excitación, el sonido que hacía el derrier de Martina al chocar con su pelvis, los enfebrecía más, los iba sumiendo a un nivel exorbitante de locura, los sonidos iban creciendo, el sudor de sus cuerpos era inevitable por el esfuerzo que estaban haciendo, sonoros jadeos surgían de sus bocas llenando el ambiente, de un seductor olor a sexo, a hormonas, la lujuria estaba a flor de piel, hasta que juntos, al unísono como si hubiesen sido hechos uno para el otro llegaron a un arrebatador orgasmo, que les hizo experimentar las más sublimes emociones, Angello se vació en ella, mientras ella sentía que su universo se partía en millones de partículas, produciéndole una liberación y una reconfortante  sensación placentera, que dejó su cuerpo temblando. 

 

Por su parte, él sintió que cada una de sus terminaciones nerviosas se contraían, catapultándolo a la cima más alta del placer, cayendo después en una profunda relajación, que les produjo una sensación de gran serenidad.

 

—Eres fantástica mi caraotica—expresó en un tono tierno.

—¿Cómo me dijiste? — Interrogó ella volteándose, mientras veía que él se retiraba el preservativo.

—Mi caraotica—repitió él, viéndola con dulzura.

 

—¿Por qué me dices caraotica? —interrogó ella frunciendo el ceño.

 

—Porque me encanta ese plato, es de los más ricos que hay—le dijo pícaramente.

 

Ella se le acercó tongoneando su cuerpo— ¿Y tú que eres para mí?

 

—No lo sé, ¿Dime tú cuál es tu plato preferido?

 

—Es que me gustan todos, pero te puedo decir, malvavisco, porque son mis golosinas preferidas, me encantan con chocolate, dulce de leche, mermeladas, porque son esponjocitas, sabrosas, cómo tú—se le acercó a darle pequeños besos, mientras él le respondía sonriente—y aunque ellos son dulces y tú un amargadito, te enseñaré a ser todo un caballero meloso y tierno aunque no tanto para que no me empalagues—expresó con una mueca.

 

Enseguida tocaron la puerta,  comenzaron a reírse mientras se acomodaban la ropa —Espere un momento—sacó un ambientador de un cajón del escritorio y lo echó en el ambiente.

 

—¿Y eso? —preguntó con curiosidad Martina, frunciendo el ceño.

 

—Para que no huela a sexo—respondió guiñándole el ojo.

 

Cuando estuvieron listos, invitaron a pasar a quien tocaba la puerta, el rostro del hombre no se veía bien, parecía preocupado, aunque más bien temeroso —¿Qué pasa Federico? ¿Fuiste donde te indiqué?

 

Los nervios de Federico eran evidente —Lo siento señor Casiragui, pero fuimos donde nos indicó y no la encontramos, solo estaba el celular de la niña Paula—Federico cerró un momento los ojos esperando la explosión de su jefe, pero su sorpresa fue mayúscula cuando pasaron los segundos y ni una palabra había emitido.

Cuando abrió los ojos, pudo observarlo tomándose la cabeza con sus manos.

—Lo siento señor, le aseguro que nuestra intención era traerle a la niña Paula pero no fue posible—pronunció Federico compadecido de la preocupación que reflejaba Angello.

 

—Tranquilo, por favor no detengan la búsqueda por los alrededores—expresó en tono de derrota.

 

Al irse Federico, Martina le dijo —Angello ya son las tres de la mañana, porque no descansas, aunque sea un par de horas y así puedes pensar mejor.

 

—Martina, ¿Crees que puedo descansar mientras no sé dónde está mi hija? Mejor ve a descansar tú, ven te llevo a mi habitación.

 

La tomó de la manó y la guió a su habitación —¿Y quién te dijo que quería descansar en tu habitación? —cuestionó Martina.

—Es la única que te ofrezco—pronunció observándola con una intensa mirada—porque es la única disponible.

—Solo si te quedas conmigo hasta que me quede dormida—contestó.

 

—Está bien. Si quieres darte una ducha, puedes colocarte una de mis camisas o cualquier prenda de mi vestuario, o también podemos acostarnos por un momento.

 

—Me gusta esa última opción—por ello enseguida, se acostaron en la cama, mientras ella reposaba su cabeza en el pecho.

 

—¿Por qué habrá huido? Yo sé que estos últimos años no he sido el mejor padre, he cometido equivocaciones, pague con ella mi dolor, mis frustraciones, pero igual yo la amo, ha sido mi niña desde que la sentí en el vientre de su madre, cuando nació ver sus hermosos ojos, fue la sensación más majestuosa que he sentido—confesó Angello emocionado.

—¿Por qué cambiaste si la veías así?—interrogó ella—¿Por qué desde la muerte de tu esposa comenzaste a actuar diferente?

—¿Cómo sabes eso? Ella te lo contó —afirmó—¿Qué te dijo?

—No puedo traicionar su confianza—aseveró Martina.

—¿Siempre defiendes como una fiera los secretos que te guardan? —preguntó Angello.

 

—Claro, mal podría ir por allí contando secretos que no son míos.

 

—Tienes razón, si hicieras eso no serías digna de confianza. 

 

—¿Quieres jugar conmigo?—interrogó ella.

 

—¿Qué clases de juego? —devolvió la pregunta.

 

—El juego de la verdad, cada pregunta que me respondas, puedes hacerme una a mí.

—Acepto—afirmó Angello.

—¿Por qué después de la muerte de Camelia  cambiaste con tus hijos?

 

—Quedé profundamente herido. Al principio cuando la conocí, pensé que era el oxigeno que necesitaba en mi vida. Siempre había vivido atormentado por mi pasado, cuando la vi a ella, me encantó, para que engañarte, lo primero que me atrajo fue su físico, era una mujer rubia,  ojos azules, no tan alta, parecía una muñeca con facciones finas y trato dulce, cariñosa,  cuando comencé a hablarle terminó de cautivarme, caía rendido ante ella totalmente enamorado, nunca me contrariaba, le gustaba complacerme, era un par de años mayor que yo.

 

«Me costó mucho convencerla de que yo le convenía, hasta que un par de meses después de conocernos empezamos a salir, no fue hasta dos meses posteriores cuando pudimos intimidar, pero aún se mantenía reacia a aceptarme, hasta que sorpresivamente lo hizo, al momento pensé que era un milagro, pero después supe que había descubierto que era hijo de Defranco Casiragui—sonrió burlándose de sí mismo.

 

»Yo pensando que se había dado cuenta de mi amor por mí, aunque eso lo supe dieciséis años después ¡Qué estúpido fui! nos casamos cuando cumplí veinte, yo sentía que por fin la vida me sonreía, y me emocioné más cuando luego de más de un años después de habernos casado, me dio la noticia de su embarazo, allí conocí la felicidad plena, estaba a punto de la euforia cuando conocí a mi hijo, esa emoción fue solo comparable al momento que vi a Paula.

 

»Ella realmente vivía en lo suyo, casi no le dedicaba tiempo a Franco, en cambio yo, luego de trabajar siempre me gustaba llegar a casa para dedicarle a mi hijo, mientras Camelia siempre me daba excusas por su accionar, yo la justificaba porque la amaba, me daba terror perderla, sabes andaba como en puntillas para evitar que ella se molestara, le permití todo, me volví un mequetrefe. Cuando salió embarazada de Paula, me dijo que tal vez las cosas cambiarían.

 

Martina levantó la mirada hacia él, y sus ojos se encontraron—¿Cambiaron? —interrogó ella.

 

—Sí, pero para peor, viajaba mucho, diciendo que era por razones de trabajo, ella era actriz y bailarina, y siempre corría porque le ofrecían papeles en películas y obra de teatro, o era lo que yo pensaba, porque sus ausencias eran más seguidas, pero todo siempre fue una mentira.

 

«Dejé de presionarla, la justificaba diciendo que debía darle su espacio, que no debía ser un pesado, que no podía cortar sus alas—se levantó de la cama y quedó de pie recostándose en la peinadora, se pasó la mano por sus cabellos, mientras seguía contando

»¡Por Dios! cedí tanto por ella. Cuando escapé de mi casa a los quince años, me volví duro me di cuenta que en esta vida o te fabricas una piel de cocodrilo para que nada te dañe o simplemente te condenas a vivir en el sufrimiento, yo no quería seguir sufriendo en la vida. Mientras la tuve nadie me dañó, hasta que me enamoré de ella y por amor me despojé de toda esa coraza que había creado alrededor de mí, como protección.

 

»Pensé que el amor no me dañaría, que me haría más fuerte. No sabes cuantas veces anhele e incluso soñé con el. Dos años antes de ella morirse, descubrí que Camelia, tenía un amante, pero seguí justificándola que yo era el culpable, porque le reclamaba sus ausencias, ese día decidí no seguir en esa situación, hablé con ella, le ofrecí el divorcio, a cambio de quedarme con la custodia de los niños y darle la mitad de mis bienes, ella no aceptó me dijo que cambiaría, porque me amaba y no quería perder a su familia.

 

»¡Le creí! necesitaba tanto creerle, estaba tan ansioso por ser amado que no me importaba ceder, mendigarle amor, duramos como seis meses felices, en ese tiempo las cosas cambiaron para bien, pensé que así permanecería, hasta que un día la escuché citándose con un amante, no sabía si era el mismo u otro, porque nunca quise indagar en quien era la primera vez, pues pensaba que si le ponía un rostro, sería más difícil superarlo.

»Ese día no le reclamé nada, de hecho nunca lo hice, acepté resignado a compartirla con ese extraño, prefería eso a no tenerle—la voz de Angello se quebró—Seguro, ¿Estás decepcionada? —la interrogó en tono de amargura, sin dejarla de observar, con una mueca que hacía amago de sonrisa.

Martina tenía una expresión de sorpresa —No soy quien para juzgarte, no puedo saber que te llevó a permitir eso, porque no he vivido lo que tú.

 

Angello, se le acercó le pasó la mano por el rostro —¿Eres real? Nunca había conocido a nadie como tú, porque no apareciste antes en mi vida, todo lo que hemos vivido ha sido tan intenso.

 

«Y así viví Martina, perdí mi dignidad, hasta que ese día llegué a la casa más temprano que de costumbre, entré a mi habitación, sin esperar que ella estuviese porque siempre andaba de viaje, mi sorpresa fue mayúscula, cuando la encontré haciendo el amor en mi cama con un hombre que conocía muy bien, él estaba montado encima de ella, mientras que ella jadeaba como una perra en celo, la rabia me cegó totalmente, agarré al hombre y lo levanté de encima de ella y lo tiré a la pared, mientras me sentía doblemente traicionado, lo golpee, sin detenerme a pensar, enceguecido del odio, le propinaba puños sin contemplaciones, sé que no debía hacerlo pero mi dolor era demasiado, sentí que mi corazón se quebraba, nunca me esperé esa verdad que se exhibía frente a mis ojos. Ella intentó detenerme, yo la empujé y no me retiré del desgraciado.

 

»Hasta que ella para detenerme, me reveló una verdad, que derrumbó mi mundo en un instante y me convirtió en ese hombre que conociste, con un odio profundo hacia las mujeres, decidí que todas eran iguales. Me dijo que nunca me quiso, cada palabra que me decía la sentía como un puñal directo al corazón, en ese momento me manifestó que ese hombre había sido siempre su amante y que mis hijos, no eran míos, que el verdadero padre de ellos, era él, la rabia me consumió y le brinqué encima, la comencé ahorcar —contó mientras las lágrimas empezaron a correr por su rostro —me detuve a tiempo, la solté mientras me alejaba asqueado de mi mismo, por lo que había intentado hacer, me di cuenta que estuve a punto de convertirme en un asesino, por un par de perros que no valían la pena, ella me gritaba, que se iba con él porque lo amaba, que siempre lo había amado, que no quería volverme a ver y que se llevarían a sus hijos con ellos.

 

»Salí de esa habitación y me encerré en el despacho a tomar como nunca antes lo había hecho, mientras me juraba a mí mismo que nunca nadie me volvería hacer daño, que sería yo quien jugara con las mujeres, que no volvería a enamorarme, que jamás confiaría en nadie, la amargura fue creciendo cada día más, abandoné a mis hijos, el solo verlos me recordaba la traición y hasta me causaban repulsión, sé que no era correcto, pero esa sensación era más fuerte que yo.

 

»Quise en un principio entregarlos a su padre, pero no fui capaz, porque a pesar de todos los amaba y sabía la clase de persona que era ese hombre, no podía repudiarlos.

 

»Mientras yo ingresaba a mi despacho para sumergirme en el alcohol, ellos se fueron juntos de mi casa, intentaron llevarse a los niños pero Franco no quiso irse con ellos y se opuso a que se llevaran a su hermana, y agradezco todos los días por eso, porque ese día ellos tuvieron un accidente donde ella murió y él solo sufrió una fractura de pierna.

 

—¿Quién era ese hombre?—preguntó con curiosidad Martina, mientras sentía una profunda tristeza por todo lo que le había contado.

 

—¿Quién fue? Mi sangre mi propia sangre, fue doble la traición que recibí ese día—dijo sentándose nuevamente en la cama y soltando nuevamente el dolor que le oprimía como si una fuerza extraña lo avasallara, tal vez jamás sanaría esas heridas y las otras que tenía, no podía entender porque nunca nadie lo había amado, ni siquiera pudo despertar ese sentimiento en su madre, en su propia sangre, mucho menos en alguien del cual nunca sería parte de él —lo siento Martina debo encontrar a mi hija —volteó a verla y ella se mantenía en silencio, entretanto sus lágrimas corrían por sus mejillas y se abrazaba a sí misma. Pero no quiso acercársele, se levantó y se dirigió a la puerta alejándose de ella.

 

“Todos tenemos un secreto escondido bajo llave en el ático del ama”.  “Marina”. Carlos Ruiz Zafon.


CAPÍTULO 10. INFLUENCIADA


Angello salió de la habitación y se dirigió a su despacho, a pesar de que esa parte de su vida le hacía daño recordarla, se sentía aliviado, nunca antes había podido contarle a nadie esa verdad que le oprimía el pecho y lo hacía tan infeliz, hasta ese momento que se lo había confesado a Martina.

 

No entendía como ella había logrado meterse en su vida en tan pocos días, haciéndose tan confiable que hasta uno de sus más vergonzosos secretos le había contado.

 

Se sentó en la computadora, abrió uno de sus programas de computador y comenzó a revisar la ruta del celular de su hija, se detenía a ver diferentes lugares, revisó la aplicación de rastreo, estaba en esos menesteres, cuando escuchó que tocaban la puerta.

—¡Adelante! —exclamó. Cuando se abrió la puerta, allí estaba Martina, tenía el cabello húmedo y se había puesto una de sus camisas. Se veía tan hermosa, que no pudo detener la sensación de excitación que recorrió su cuerpo.

—Espero no te molestes que te haya tomado la palabra, me bañé y me coloqué una de tus camisas blancas, tenías varias y tomé la primera que estaba guindada—expresó encogiéndose de hombros.

—Me encanta que lo hayas hecho, te queda perfecta, te ves mucho más hermosa de lo que eres. ¡Ven acércate a mí!—habló extendiendo su mano para que ella se la tomara y así lo hizo. Él se levantó de la silla, y bajó un poco su rostro para besarla, ella le respondió tomándolo del cuello para acercarlo más, y le respondió con una ferviente pasión, primero devoraron sus labios y luego juguetearon son sus lenguas, mientras se entregaban al maravilloso placer que habían descubierto estando juntos.

 

Al separarse, se quedaron viendo por unos segundos y ella con una sonrisa comentó—Mi intención no era distraerte  de lo que estabas haciendo, si no ayudarte en lo que necesites para encontrar a Paula.

 

—Ven acerca esa silla y te sientas a mi lado—manifestó Angello, dándole espacio para que se sentara junto a él—Estaba revisando la ruta recorrida por Paula, antes de que él rastreador dejara de moverse en el lugar donde lo encontraron, fíjate me llama la atención en estos puntos donde se detiene, y hubo un momento que estuvo por esta zona—expresó indicándole en la pantalla un sector.

—¿Pero eso te indica el sitio exacto donde se encontraba o es una aproximación?

—Este sistema, te permite detectar y recoger las direcciones de la torre celular y los envía al programa, de allí y de esta manera nos permite realizar una triangulación de la localización del dispositivo móvil ¿Ves? Esto indica que debió estar ubicado en estos sectores que se marcan aquí.

—Ya entendí. ¿Y esos lugares significan algo para ti? ¿Tienes alguna persona conocida en esta área?

Angello se quedó un momento pensativo y enseguida reaccionó —¡Claro que sí! Conozco perfectamente a alguien quien vive dentro de esa triangulación, pero jamás me imaginé que ella decidiera ir con él y mucho menos pensé volver a visitarlo, siempre ha sido él quien ha visitado esta casa. Pero debo ir, si quiero encontrar a Paula.

—¡Voy contigo! Espérame que vaya a colocarme el jean que cargaba, pues no puedo ir con esta apariencia—expresó Martina, mirándose la ropa, mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta.

 

 

—¡No Martina! No es necesario que me acompañes, por favor, me sentiría más tranquilo si te quedas aquí, mientras busco a Paula—le indicó en voz firme.

 

Martina se alzó en todo lo que le permitía su estatura y levantando el dedo índice y moviéndolo negativamente expresó —No me vas a sacar de esto Angello Alessandro, voy a ir contigo quieras o no, y si no me dejas ir a colocarme el pantalón, entonces me voy solo con tu camisa puesta, y si no me quieres llevar junto contigo, entonces salgo y tomo un taxi. La decisión está en tus manos—manifestó retándolo con la mirada.

 

—Doctora Landaeta Fernández ¿Es usted siempre tan testaruda? ¿Es que siempre se sale con la suya? —la interrogó Angello fingiendo molestia.

 

—Cuando veo que me quieren excluir señor Casiragui, puedo ser una espina en el derrier—afirmó Martina alzando su mentón.

 

—Está bien, por ahora usted gana, tiene dos minutos para que se cambie, ni un segundo más ni uno menos—ella sonrió ante su aceptación.

Le brincó en los brazos, besó sus labios y le dio un profundo beso, se separó dejándolo extasiado, entretanto le manifestó—Que sean tres minutos a partir de este momento—afirmó guiñándole el ojo y segundos después subió corriendo a cambiarse.

 

Angello sonrió, viéndola ascender por las escaleras—Creo que acabo de ser manipulado irremediablemente por esa mujer.

 

Antes de cumplirse los tres minutos estaba frente de él, con el cabello recogido en una coleta, su jean y la camisa de él, con su bolso terciado en su lado izquierdo.

 

—Vayamos—afirmó mientras caminaban al auto.

 

Se sentaron, él arrancó el auto con mucha velocidad, vio hacia ella y se dio cuenta que ya tenía su cinturón de seguridad colocado. Luego de menos de cuarenta y cinco minutos se encontraban al frente de una gran verja, al bajar los vidrios del auto, los hombres lo saludaron y le dejaron entrar inmediatamente.

 

Angello frunció el ceño de manera interrogante, pero sin emitir palabra alguna, y el hombre respondió a su pregunta no expresada—Hay órdenes de cuando usted llegue, dejarlo entrar sin anunciar, hace días que el señor dio esas instrucciones a su equipo de seguridad.

—Muchas gracias—respondió Angello, sin embargo, no pudo dejar de pensar en las palabras del hombre.

—Te has quedado pensativo ¿Pasa algo? —Interrogó Martina, pero enseguida vio que las manos del hombre le temblaban—¿Por qué tiemblas Angello? ¿Qué hay allí que te produce tamaña sensación?

—Aquí está un pasado que no quiero, que por más que intentó desterrar de mí y correr lejos, siempre termina persiguiéndome y haciéndome daño—respiró profundo—pero creo ha llegado el momento de enfrentarlo, ¡Espérame aquí!

—¡No!, voy acompañarte, no estás solo para enfrentar lo que sea que está allí dentro, voy a estar a tú lado—respondió con firmeza mientras lo miraba fijamente.

Angello, sintió rendirse frente a ella, le tomó la mano y se la besó—Gracias, aun me cuesta creer que tú me estés pasando a mí—pronunció con una mirada de nostalgia, sin embargo, fue apenas uno segundos, porque enseguida bajó del auto, le abrió la puerta, la tomó del brazo y juntos caminaron a ese lugar que despertaba en Angello los recuerdos más tormentosos.

Al llegar a la entrada de la mansión le abrieron la puerta—Señor Angello—pronunció el mayordomo—pase adelante, lo están esperando en la sala de estar.

Caminaron aún tomados de la mano hasta la sala, al llegar estaba el hombre que más daño le había causado en la vida y a quien más odiaba, no pudo evitar que su cuerpo se tensara y que la rabia empezara a bullir en su interior, como si se tratara de lava que pugnaba por liberarse del interior de un volcán, buscaba la manera de mantener a raya esos impulsos, lográndolo solo cuando sintió a Martina, acariciarle el brazo.

 

El hombre que estaba sentado se levantó al verlos con una sonrisa maléfica, tenía un gran porte y su parecido con Angello era evidente —Al fin te dignas a venir, pese a las veces que se te ha llamado para que vinieras. ¡Qué cosas no! Ahora vienes sin que nadie te esté llamando. ¿Viniste a hacerme una visita de cortesía o estás en búsqueda de algo? ¿Acaso tienes algo que se te haya extraviado por aquí?

—Bien sabes  que no vine por ninguna visita de cortesía, eres la persona que menos me interesa en el mundo—respondió en tono molesto—pero mi hija está aquí y vine por ella.

El hombre se carcajeó y después dirigió su mirada a Martina recorriéndola de pies a cabeza con descaro—La foto no te hacen justicia Martina, eres más hermosa en persona.

—Y usted es más desagradable de lo que me imaginé—respondió altanera Martina.

 

Él esbozó una sonrisa que trataba de ser seductora pero que a Martina le irritó sobremanera—Me encantan las mujeres con carácter, que me reten, sobretodo porque después las tengo ronroneando debajo de mi, en  mi cama como una gatita.

 

El descaro del hombre la dejó sorprendida, sin embargo, no pudo responderle por que quién reaccionó fue Angello, lo tomó del cuello de la camisa y lo levantó con una fuerza descomunal, luego lo tiró en la mesita del centro de la sala, haciéndose que esta se rompiera en la caída, mientras le decía—Eres un maldito irrespetuoso, no sé como tú y yo podemos compartir sangre, eres realmente un ser repugnante, asqueroso.

—Para tu desgracia compartimos sangre, y te pareces tanto a mí Angellito. Claro solo que tú, no sé si eres del todo un hombre porque como de jovencito tenías gusto por los de tu género—le dijo mientras se burlaba—por lo que tuve que enseñarte el gusto por las mujeres, y después de adulto seguí en tu ayuda, hasta tal punto que tuve que hacerme amante de tu esposa para complacerla, porque tú no la satisfacías en nada, a tal punto  que hasta los hijos tuve que darte, así que como verás, aquí no hay ninguna hija tuya.

 

Esta vez Angello si se cegó totalmente, le cayó encima y perdió totalmente el control, comenzó a golpearlo sin detenerse, por más que lo llamaban, no escuchaba razones, golpeaba una y otra vez, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas diciéndole —Yo era un niño, no merecía todo lo que me  hicieron ¿Por qué no me protegieron? ¡Maldita sea! Era tú sangre ¿Cómo pudiste dejar que me dañaran y mantenerte impasible? ¡Eres un miserable! Nunca te voy a perdonar maldito infeliz, eres el ser viviente más repugnante que he tenido la desgracia de conocer.

 

—Poco me importa que no me perdones, me da igual porque nunca me importaste, no me interesabas, has sido el peor error que he cometido en mi vida.

Con esas palabras se detuvo, porque cada una de ellas lo hirieron en lo profundo de su alma, sintió que está se rompía en ciento de pedazos.

El hombre vio que lo había logrado afectar y siguió metiendo el dedo en la herida, mientras se burlaba —¡Vete de aquí! Si he hecho contacto contigo no es porque quisiera realmente que vinieras a visitarme, sino porque necesito acercarme a ti, para tener acceso a mis hijos, si porque Paula y Franco, son mis hijos y creo que es hora de reclamar la paternidad sobre ellos y decirle toda la verdad.

 

Lo que no contaba era que esas palabras hicieron resurgir la rabia en Angello y emprendió nuevamente un asalto en contra del hombre, golpeándolo, pero justo en ese instante llegó Paula, quien se quedó totalmente sorprendida ante la escena que se desarrollaba frente a sus ojos y con un grito hizo reaccionar a su padre—¡Padre! ¿Qué estás haciendo? ¿Qué es todo esto?

 

Angello, se detuvo, se levantó totalmente apenado, miraba de su hija, a Martina, quien se había mantenido sin inmutarse, aunque al principio había tratado de detener al Angello, pidiéndole que parara, cuando escuchó lo que se decían, se frenó, pensando que lo mejor era que allí sucediera lo que era necesario que ocurriera, tal vez de esa manera pudieran sanarse las heridas de Angello.

 

A Angello, le corroía la vergüenza al sentir los ojos de su hija cuestionándolo, la chica lo miró con lágrimas en los ojos—¿Por qué lo haces? ¿Por qué estás tratándolo de esa manera? Puedo entender que no te lleves bien con él, pero porque tanto ensañamiento. Es verdad lo que él me dijo, eres un monstruo, si te comportas de esa manera tan primitiva, no eres el hombre que finges ser, eras malvado, capaz de todo.

 

Angello se sentía sofocado, las palabras de su hija lo lastimaban, debía justificarse frente a ella, se le acercó, pero Paula lo detuvo mirándolo con temor, mientras tenía sus ojos humedecido por las gruesas lágrimas que salían de sus ojos como si de fuentes de agua se trataran —¡No te me acerques! Sé que desde la muerte de mamá te convertiste en un ser amargado, pero jamás me imaginé que te habías transformado en el monstruo que acabo de ver, capaz de toda maldad, si eres capaz de hacerle todo eso a él, que no serías capaz de hacerle a los demás. Ya no dudo de su palabra ¡Tú mataste a mamá! Por eso no quiero volver a verte, me quedo aquí y quiero que salgas de mi vida para siempre ¡Largo!


“El problema no es dejare influenciar. El problema es que no distingas las buenas de las malas influencias”. Anónimo.

 

CAPÍTULO 11. PASADO DOLOROSO

 

Angello miraba a Paula con dolor —¿Quién te dijo eso? Te juro que eso no es verdad, no puedes creerle a él.

—¿Él lo llamas? Lo golpeas sin compasión ¿Cómo eres capaz de tratar así a tu propio padre? ¿Cómo no puedes tener respeto por el hombre que te ha dado la vida?—interrogó sin esperar respuesta y se dio la vuelta.

Cuando lo hizo Martina la detuvo tomándola del brazo —¡Paula no!, no te precipites, ¿Cómo vas a llegar a conclusiones sin oírlo? No estás siendo justa tampoco con él. Lo acusas que no está tratando con respeto a su padre y te pregunto ¿Tú lo estás haciendo?

 

La chica se detuvo, observó a Angello, que permanecía en silencio con los hombros bajos, como si sobre él descansara un gran peso, la observó con sus ojos rojos, luego volvió su mirada a Martina —Tal vez tengas razón, pero ahora no me siento preparada para oírlo, no quiero ir con él. Necesito pensar y lo voy hacer aquí. Quiero quedarme con mi abuelo—concluyó saliendo de la sala sin pronunciar más palabras.

Martina observó a Angello quien en ese momento se veía destruido, por primera vez ella no sabía qué hacer, no quería que pensara que le tenía lástima, pero tenía una grandiosa necesidad de abrazarlo de decirle que estaba con él, que nunca lo dejaría, Angello le había calado profundamente en su alma.

 

Él empezó a caminar hacia la puerta hasta que la voz de Defranco lo detuvo —La sangre llama, aunque ella no sabe que soy su padre, desea estar junto a mí y ellos si son hijos que amo, fueron deseados, debidamente planificados, no como tú, que surgiste por revolcarme como una golfa como tu madre.

—¿Pretendes ofenderme con eso? A la golfa de mi madre te la conseguiste tú, así como yo me conseguí a la golfa de Camelia—pronunció saliendo de la sala.

 

De inmediato Martina lo siguió hasta que Defranco la detuvo —No te olvides que soy más hombre que Angello, cuando quieras aquí estoy—pronunció con una sonrisa de suficiencia.

 

Martina lo miró con todo el desprecio que podía expresar—Sería capaz de tirarme primero por un puente y morir, que tener algo que ver con un ser tan ruin como usted—espetó con odio mientras salía de la sala, siguiendo a Angello.

 

Llegaron al auto, al subirse Angello se quedó observándola, se pasó sus manos por el cabello y las bajó por su rostro, quería hablar, contarle todo, saber que pensaba Martina, pero tenía tanto miedo de su reacción, nunca se había sentido tan cercano a un ser humano y con tanto temor de perderla, pero seguramente ella tenía esas interrogantes en su cabeza y no era justo dejarla en ese mar de dudas.

 

Manejó hasta su casa en completo silencio, bajó del auto y subió a su habitación, haciéndole señas a Martina para que lo siguiera, ella lo hizo pero sin pronunciar palabra. Al entrar él se sentó en su cama y le dijo —¿Qué preguntas quieres hacerme?

 

—Ninguna Angello, cuéntame solo si es tú deseo, pero no te sientas obligado a hacerlo, solo por alimentar mi curiosidad—respondió con sinceridad Martina.

—¡Quiero hacerlo Martina!, no sabes cuánto necesito contar a alguien, sacar todo esa podredumbre de dentro de mí, que me escuché lo que pasó, que me diga que yo no fui culpable, que no merecía lo que me hicieron. Pero, creo que ahorita no es el momento, necesito pensar un poco, interiorizar lo que ha pasado con Paula—pronunció apesadumbrado.

 

—Por mí no hay problema, cuando quieras conversar, estoy presta a oírte. Si quieres quedarte solo, puedo llamar a Bella para que venga a buscarme—propuso Martina.

 

—No, no quiero que te vayas, por favor quédate a dormir conmigo, solo quiero abrazarte, cerrar los ojos y tratar de olvidar lo que pasó. Volver a construir las barreras que había construido para mi protección.

 

Ambos se desvistieron, él se quedó en bóxer y ella se quedó solo con la camisa de Angello puesta, ambos se acostaron porque no habían descansado durante toda la noche preocupados por Paula.

 

Angello la abrazó, mientras olía la fragancia de su cabello, una dulce aroma de coco con pequeños toques de almendra dulce. Martina por su parte se sentía tan cómoda entre sus brazos que inmediatamente una sensación de paz la inundó, y en apenas un par de minutos ambos se dejaron vencer por el sueño.

 

Martina se despertó sobresaltada, al escuchar un grito como si alguien estuviese herido, con esfuerzo abrió sus ojos y por un segundo estuvo un poco desorientada, hasta que recordó que estaba en la habitación de Angello, se giró hacia él y allí lo pudo observar, agitado como si en sus sueños huyera de algo, extendía los brazos, y lloraba, grandes lágrimas corrían por sus ojos mientras gritaba

—¡No por favor! No me haga esto. ¡No quiero! ¡Suélteme! —hasta que extendió sus ojos y vio a su padre sin inmutarse, sin hablarle, sin defenderlo y se dio cuenta que estaba perdido.

 

Sus lamentos eran profundos, al verlo de esa manera Martina no pudo evitar abrazarlo, pero no se calmaba —Angello mi amor, por favor cálmate,  todo está bien, estoy contigo, esto es solo es una pesadilla.

Angello se calmó, abrió los ojos y vio la cara de preocupación de Martina, le acarició la mejilla, mientras la observaba y ambos se miraban con ternura —Siento mucho haberte asustado y despertado de esa manera. Quiero contarte todo lo que pasó ¿Estás dispuesta a escucharme?

—Te dije que siempre estaré para cuando quieras hablarme—fue su respuesta.

 

Angello respiró profundo y comenzó a contarle lo sucedido—Martina yo soy un hijo no deseado, fui solo un peón en el tablero de la vida de mis padres. Nunca me quisieron, ni me quieren, ni me querrán. La señora que me dio a luz, fue una mujer que conoció Defranco en un Night Club, tal igual como conocí a Camelia, cuando la miró se quedó prendado de ella, porque era una mujer muy bonita, coqueta, deseable, que despertaba admiración del sexo opuesto, los hombres revoloteaban alrededor de ella como las abejas al panal.

 

«Cuando ella se dio cuenta, que había captado la atención de un joven no solo atractivo, sino que casualmente era hijo de una de las familias más influyentes de Europa, se propuso a conquistarlo y no cesó en su empeño de convertirse en su esposa, valiéndose de cualquier clase de truco para lograr su objetivo.

»Efectivamente él era joven, le complacía ser el blanco de las atenciones de una mujer tan hermosa y solicitada, ella tenía cinco años más que él, ese deseo se convirtió hasta en una obsesión, la celaba, no la dejaba socializar con otras personas, pero ella lo complacía porque necesitaba lograr su objetivo.

»Defranco se la llevó a vivir en un departamento, que le habían dado sus padres en un sector muy cosmopolitan de Roma, por lo que ella aprovechaba cuando no estaba para seguir sus andanzas y salir con varios hombres a la vez.

 

»Así iniciaron una relación un tanto complicada, donde las peleas, los celos, las traiciones estaban a la orden del día, pero Graciella, así se llamaba, no contaba con que Defranco se cansara y le pasara la novedad de estar con ella, comenzó a rechazarla e incluso intentó terminar la relación, pero ese mismo día, ella le confesó que estaba esperando un hijo suyo.

 

»Defranco se enojó, la acusó de querer amarrarlo con un bastardo, le dio la orden de que abortara porque él estaba demasiado joven para ser padre, le entregó dinero para que ella se sometiera al procedimiento y aunque ella le aceptó el dinero, no quiso hacerlo. Pero no creas que fue porque me amaba—mencionó esbozando una mueca de burla hacia sí mismo— si no porque Graciella, vio en ese niño la posibilidad de obtener todo lo que quería, de obtener riqueza, un apellido y prestigio.

»Por ello averiguó la dirección de mis abuelos y se dirigió a la casa de ellos, les contó lo que estaba pasando, ellos la recibieron en la mansión, con la condición de que cuando yo naciera debía permitir que me practicaran una prueba de ADN para determinar la paternidad Defranco, ella aceptó gustosamente, pero al enterarse Defranco, se molestó despotricó de Graciella, incluso en una oportunidad, la empujó por la escalera, esperando que abortara pero yo me aferré a la vida.

 

»Al pasar el tiempo y nacer, mis abuelos me mandaron a practicar la prueba y efectivamente resultó que si era hijo de Defranco, mis abuelos se pusieron felices, y obligaron a casarse con Graciella, eso lo terminó de amargar y lo llenó más de odio contra mí.

 

»Luego de casarse, dejé de importarle a mi madre, quien me ignoró totalmente, y se dedicó a la vida de fiestas y derroches al igual que DeFranco, pero no había problema porque mis abuelos me daban todo el amor que necesitaba, con ellos son los únicos momentos que recuerdo haber sido feliz, con sus cuidados, atenciones.

 

»Ambos eran cariñosos y lo más importante me amaban profundamente y yo también, era un niño muy feliz, pero lamentablemente la vida decidió que había sido mucho para mí y mis abuelos murieron en un accidente de avión, mientras viajaban de Madrid a Roma, por un viaje de negocio. Ese día la desgracia se cernió sobre mí, quedé solo cuando apenas tenía seis años de edad, allí empezó mi sufrimiento DeFranco inició el proceso de divorcio y se valió de vericuetos jurídicos para no dejarle nada a Graciella.

 

»Pero ella era una mujer testaruda, se enfrascó en una batalla legal por mi custodia y él también. Ella para exigirle una buena pensión alimentaria que le aportara beneficios y él para evitar pagar cualquier erogación—se sonrió con tristeza—me convertí en una moneda de cambio.

 

»Ella ganó mi custodia, pero él se valió de influencias, compró a gente para que no lo obligaran a pagar una alta pensión. Cuando ella se dio cuenta que se había quedado con un mocoso, sin suficiente plata para sus lujos, se volvió en contra mía, me maltrataba tanto física como psicológicamente, nunca me daba amor, se dio a la vida alegre, vivíamos en un  modesto apartamento, tipo estudio, donde ella hacía desfilar cualquier cantidad de hombres.

»Graciella me encerraba en el closet cuando ellos llegaban para que no me vieran, allí me dejaba toda la noche a veces hasta un día completo, recluido en ese reducido espacio, mientras ella retozaba con sus amantes, yo oía cuando lo hacían, sus gemidos y los sonidos que sus cuerpos generaban al juntarse, hubo noches que copulaba hasta con dos—los recuerdos se agolpaban en su mente haciéndole vivir nuevamente esos desgarradores momentos—no sabes cuánto anhelaba que alguien me salvara y me librara de todo eso y hasta muchas veces me quedaba conteniendo la respiración esperando poder así causarme la muerte, esos años fueron un tormento para mí y pensé que no podía haber nada peor que eso pero me equivoqué.

 

»Y así fueron pasando los años, y me acostumbré  a esa vida, ni estudiaba, ni jugaba, no recibía amor, comprensión. Un poco después de cumplir los diez años, mi madre había salido, creo a realizar algunas compras, dejando a su amante en el departamento, ese día me encontraba resfriado y por más que intenté no hacer ruido estornudé, uno de sus tantos amantes me descubrió, me encontró en el closet y me sacó a rastras, comenzó a interrogarme, sobre quien era yo, después empezó a verme con una mirada de maldad, me obligó..—en ese momento cerró los ojos y su voz se quebró, lágrimas empezaron a correr por sus mejillas, mientras negaba con la cabeza—a hacerle sexo oral, yo no quería, lloraba diciéndole que por favor no me hiciera hacer eso, pero él me sostuvo de la cabeza con fuerza, llevándola a sus genitales y me obligó…—Martina no pudo evitar acercársele, abrazándolo por los hombros, mientras Angello tomaba su mano y seguía narrando.

»Luego me amenazó con que si decía algo me iba a ir peor, y antes que llegara Graciella, me devolvió al closet, mientras no dejaba de llorar, sabía que era malo lo que me había hecho, viviendo con una madre como la mía, sabía todo sobre el tema. Cuando ella llegó y él se fue, no dudé en contarle, ella se enfureció, me acusó de mentiroso, que ese hombre sería incapaz de hacerme eso, porque a él le gustaban solo las mujeres y aparte la amaba a ella,  no conforme con eso, me agarró a golpe tan fuerte, que me terminó marcando todo mi cuerpo, hasta dejarme totalmente inflamado de los golpes, pero ese día supe que no podía quedarme allí, porque mi vida iba a ser peor, por eso escapé de la casa de Graciella, Servicios Sociales me encontró, al interrogarme, mencioné a mi papá pensando que con Defranco, estaría mejor—esbozó una mueca con su boca—que lejos estaba de la verdad.

 

»Cuando me buscó me emocioné, pensé que me quería, le conté lo que me había pasado, y lo que hacía Graciella, esperaba que él me protegiera, que le hiciera pagar a ese hombre lo que me había hecho, pero no, él me llamo marica, que me enseñaría a ser un hombre, al día siguiente, teniendo solo diez años contrató unas mujeres que se desnudaron frente a mí, me obligó a tocarlas con mis manos y con mi boca y hacerles otras cosas más, yo lloraba, le decía que no quería hacerlo, que solo quería ser un niño, pero no me escuchó y así pasó varios días haciendo lo mismo conmigo.

 

»En su casa todos los días eran de fiesta, mujeres, tragos, drogas, y en ese ambiente, yo me encerraba en mi habitación con seguro para evitar ser molestado, pero un día uno de sus amigos entró a mi habitación forzando la cerradura, me tomó a la fuerza y abusó de mí, fue el momento más terrorífico de mi vida, lloraba y gritaba del dolor que me produjo su intromisión en mi cuerpo, pedía auxilio para que alguien me ayudara, lo peor fue que Defranco lo vio y no me defendió, se quedó impasible no habló, solo se sonrió y no dijo nada. Supe que estaba perdido. Después de lo que pasó, corrí y me encerré en el ático de la casa adolorido, sin nadie que me viera, me curara, no tenía a nadie, ese día comprendí que estaba totalmente solo en la vida y que solo yo podía protegerme—Angello lloraba privado de lo doloroso de los recuerdos—Pero después de ese día, cada vez que había fiesta me iba corriendo por el jardín, y me escondía al ático o en cualquier parte, para evitar que me encontraran y me hicieran daño.

 

»Durante un par de meses fue así, vivía angustiado que no dieran conmigo y me volvieran hacer daño, hasta que él conoció a Lorenza, se enamoró de ella y aparentemente ella de él, se acabaron las fiestas, las mujeres y la depravación en la mansión, ella llegó a poner orden en esa casa, y sobre todo comenzó a darme amor, me protegía, me cuidaba, me puso a estudiar, me llevaba al colegio, evitaba que Defranco me golpeara, me llevaba a parques, al cine, a comer helados, ella fue como una pequeña luz que surgió en medio de mi oscuridad, pero eso lo ponía celoso, porque incluso de noche cuando me despertaba gritando por las pesadillas que me atormentaban, ella me llevaba con ellos a la cama o se iba ella a dormir conmigo, me consolaba, eso lo enfurecía a tal punto que siempre terminaban discutiendo.

»Defranco me maldecía, despotricaba de mí, me acusaba de fingir esas pesadillas para dormir con ella, así pasaron casi cuatro años, en lo que volví a conocer la felicidad, recién había cumplido los catorce, era un adolescente bien parecido y con más cuerpo de lo que representaba mi edad.

 

»A Lorenza la adoraba, le hacía caso en todo, no me gustaba causarle disgusto, porque no quería defraudar a la única persona que me quería, sentía que sin ella mi vida estaría vacía.

 

»Un día estaba durmiendo en mi habitación, y entró una mujer semidesnuda, era Lorenza, estaba un poco tomada, se me fue encima y comenzó a besarme, yo le decía que no, porque para mí ella era alguien especial, no la veía de esa manera, pero ella se molestó, me llamó malagradecido y me obligó a tener sexo con ella, yo me sentí tan mal, tan sucio, estaba convencido que eso no era lo correcto, pero por otra parte, quería complacer a la única persona que me quería. De allí que, ese patrón se repitió día tras día a diferentes horas, siempre que no estuviese Defranco, por un par de semanas, hasta que un día él llegó y nos encontró en su propia cama.

 

»Ella lloró desconsolada al verlo, le brincó encima fingiendo, le hizo creer que yo la había forzado a tener sexo, él se volvió un energúmeno, y  me agarró a golpe, me dio con toda la fuerza de la furia que lo consumía, me bajó de la habitación hasta la sala sin dejarme de golpear y patear, tomó un palo de madera y me lo partió en la espalda, se ensañó en mi contra con verdadera maldad. Mientras ella miraba sin hacer nada, solo se mantenía sin expresión, observando como él desataba toda su furia sobre mí.

 

»Ese día me juré, más nunca volver a confiar en nadie y hacer una coraza alrededor de mí para que nunca más nadie me hiciera daño, salí de esa casa para no volver hasta el día de hoy que fui a buscar a Paula, comencé a trabajar en un buque comerciante, como limpiador y allí fui escalando, ahorraba hasta el último euro que ganaba, hasta que tres años después me pude comprar un pequeño barco, saqué papeles poniéndome más edad de la mía legal y así empecé a transportar mercancías por vía marítima de un puerto europeo a otro.

 

»Cuando tenía diecinueve años, me contactó un abogado de mis abuelos y me informó que ellos habían dejado un fideicomiso para mí, con ese dinero incursioné en las telecomunicaciones y adquirí un par de barcos para ampliar mi flota y así fui creciendo empresarialmente poco a poco, hasta lograr convertirme en el exitoso empresario que hoy día soy.

»Cuando cumplí esa edad, también conocí a Camelia, bajé la guardia y volví a ser lastimado, cada vez que bajo la guardia me sucede lo mismo. Por eso me hice más duro e insensible. Y ahora Dime Martina ¿Será que está vez estoy volviéndome a equivocar, en volver a confiar en otra mujer—preguntó con voz esperanzada.

 

“Estamos tan acostumbrados a todo lo que es malo, que cuando sucede algo bueno dudamos si es real” Anónimo.

 

  

CAPÍTULO 12. SACRIFICIO DE AMOR


Al escucharlo pronunciar esas palabras, Martina se arrodilló encima de la cama, lo tomó del rostro y lo giró hacia ella —No sé si llegue a ser la mujer de tu vida, porque no sé lo que nos pueda deparar el futuro, me gustas mucho, me encantó estar contigo, compartir pensamientos, unir nuestros cuerpos fue una de las sensaciones más maravillosas que he sentido en mis casi veintinueve años.

«Pero desconozco si lo que siento es permanente o es pasajero, pero lo que sí puedo prometerte, es que pase lo que pase estaré para escucharte y tenderte una mano amiga, no soy de las que van a traicionar tu confianza, o van a darte puñaladas cuando voltees, lo que deba decirte te lo diré de frente, porque soy una persona de una sola cara, esta que ves frente a ti. Jamás andaré por allí contando tus secretos y menos aún me aprovecharé de tu debilidad—concluyó con sinceridad.

—Gracias por escucharme, por ser mi soporte en estos días, es algo que agradezco profundamente, pero ¿Qué pasa si yo quiero hacer de esto algo permanente? —interrogó con picardía.

Ella sonrió ante la expresión de Angello —Tendrías que convencerme que bien vale la pena—le dijo observándolo seductoramente, mientras mordía su labio inferior.

—Ven y te lo demostraré—Angello se había arrodillado también en la cama y así caminó hasta ella, la tomó por la cerviz acercándola a él y comenzó a besarla, al principio se dieron pequeños besos, sus bocas suaves, húmedas producían excelsas emociones en ellos, segundos después fueron profundizándolo, unieron sus lenguas interactuando gozosos, una especie de corriente eléctrica fluía por sus venas, provocando  en Martina la erección de sus pezones que se levantaron provocativamente y se divisaban a través de la camisa.

Angelló sintió en su humanidad la reacción del cuerpo de ella, provocándole que su hombría se erigiera firme entre sus piernas, dirigió su boca a su oreja y comenzó a darle pequeños mordiscos, que produjo en Martina una deliciosa sensación, bajó por el cuello mientras ella arqueaba su espalda para darle mejor acceso a Angello, pequeños gimoteos salían de los labios de ella, producto del placer que le producía tener sus labios húmedos sobre su piel.

Angello fue bajando lentamente por su cuello, deteniendo sus labios en la clavícula, donde no solo posó su lengua, sino que tomó su dedo índice y empezó a delinearle su cuerpo, se detuvo un momento en el latido que resaltaba al final del cuello, después bajo hasta sus senos que delineó a través de la tela, mientras Martina sentía que su femineidad latía descontroladamente, humedeciéndose  sin reparo y con un deseo inmenso de lograr su liberación.

Angello, volvió a acercar su boca y succionó sus senos a través de la tela de la camisa, provocando en ella una ola de calor, que ardía en su interior de manera descontrolada, enloqueciéndola de excitación,  enseguida Martina posó su mano en su erección y comenzó a acariciarlo por encima del bóxer, pero al ver lo empeñada que estaba en hacerlo disfrutar de un orgasmo, le detuvo la mano y la recostó en la cama, se subió encima de ella abriendo sus piernas, dejando  una a cada lado de su cuerpo,  le fue abriendo los botones de la camisa, mientras no se perdía ni un momento de su reacción.

Al liberarla de la prenda, tomó sus senos con cada una de sus manos, primero le dio suaves masajes, después empezó a acariciar la aréola  con su dedo pulgar e índice, produciendo que este se pusiera totalmente erecto, lo que provocó una sonrisa en él, complacido por la reacción del cuerpo de Martina.

Luego sustituyó los dedos de su pezón del seno izquierdo por su boca y comenzó a succionarlo primero  suavemente pero luego fue ejerciendo mayor presión, apretó su pedúnculo entre sus labios, pasando su lengua por él, como si de un helado se tratara, produciendo en ella un cúmulo de sensaciones que le hicieron perder la noción del tiempo por un momento, repitió la misma caricia en su otro pecho que celoso esperaba pro su atención, de allí fue bajando por su costado, intensificando sus caricias y su deseo en el proceso, arrastró su lengua sobre la piel, fue bajando hasta su cadera donde siguió lamiendo, besando y chupando  por su cintura, luego bajó por su vientre, omitiendo su femineidad, lo que la tenía ansiosa porque Martina deseaba que se concentrará en el centro de su placer, pero Angello dirigió su interés en sus muslos internos, paso los dedos por su entrepierna, y duró unos cuantos segundos acariciándolos, mientras la observaba retorcerse del deseo.

Minutos después cuando se dio cuenta que Martina estaba a punto de explotar, sustituyó sus dedos por su boca, llegó a su vulva y sopló entre sus pliegues, llevó uno a uno sus dedos al punto exacto donde la enloquecía más, los introdujo y comenzó a darle suaves masajes mientras ella jadeaba totalmente excitada, llevó su boca a sitio donde confluía su deseo y comenzó a besar sus labios exteriores con su lengua, luego los separó con su lengua y jugó con su clítoris mientras Martina le sostenía la cabeza para evitar que dejara de deleitarla con sus caricias.

Angello disfrutaba cada caricia que le daba, la invitó a levantar las piernas y se situó con más comodidad entre ellas, siguió estimulándole el clítoris mientras introducía uno a uno un par de dedos, luego alterno la succión de su sexo, la tocaba, besaba, lamía, haciéndola sentir el máximo placer que había experimentado en su vida, mientras él sentía en su paladar los jugos que brotaban del interior de Martina, hasta que momentos después la hizo explotar en un maravilloso orgasmo.

Aún Martina no había terminado de recuperarse de tan poderosa sensación, cuando él se quitó el bóxer para liberar su masculinidad, tomó un preservativo de la mesa de noche se lo colocó, e inmediatamente la penetró con una sola estocada, logrando que ella emitiera un grito al sentirse llena de su sexo, Angello sintió tan angosto su sexo, que no pudo evitar que una expresión surgiera de su boca, siguieron uniendo sus cuerpos y juntos comenzaron una danza al unísono, sus cuerpos encajaban perfectamente, Angello se introducía completamente en ella y salía, así las estocadas se fueron haciendo más seguidas y potentes, él bombeaba sin descanso hasta que sintió que Martina explotaba nuevamente en un sensacional orgasmo, cuando sintió que ella alcanzó esa cúspide apresuró el ritmo para alcanzar su propio éxtasis, el cual logró segundos después con grandes convulsiones que recorrieron su cuerpo, experimentando un cosquilleo en toda su humanidad hasta verter su esencia en ella, mientras ambos se miraban con devoción.

 

Angello se hizo a un lado mientras la subía encima de sí y le daba varios besos en la frente hasta que minutos después se quedó dormida, mientras él no dejaba de observarla con ternura —¡Estás frito! —exclamó para sí mismo—te has enamorado de Martina ¿Y ahora?—. Preguntó para sí mismo y luego de unos segundos se respondió—Pues ahora debes buscar la manera de que ella se enamore locamente de ti y quiera hacer de esto que tienen y que empezó sin planificarlo algo permanente.

Se quedó dormido mucho tiempo después, porque no podía conciliar el sueño debido a la euforia y la emoción que sentía, parecía mentira pero nunca se había sentido tan completo, nunca ninguna mujer lo había hecho sentir la necesidad de ser también su amigo y de abrirse enteramente como lo había hecho Martina, y con esos pensamientos se quedó dormido con una sonrisa en sus labios.

Horas después se volvieron a encontrar en una explosiva pasión, pero esta vez fue ella quién lo elevó a las cúspides más alta de placer, no dejó un solo lugar del cuerpo de Angello que no lo recorriera con  su lengua, lamiendo y mordisqueando cada centímetro de él, bajó su lengua desde su obligo hasta la raíz de su miembro tomando con ambas mano su base, comenzó a masajear sus testículos suavemente mientras sonoros jadeos surgían de la boca de Angello, hizo amago de detenerla pero ella lo evitó.

Siguió dándole placer jugueteando con su lengua y la masculinidad de Angello, pasó su lengua en forma circular sobre la punta de su pene, mientras no paraba de acariciar su otra parte con sus manos, hasta tal punto que sintió lo salado de su esencia, introdujo su falo en su boca hasta donde el tamaño se lo permitió, lo masajeó en círculos con su lengua mientras ambas manos lo sostenían en su base,  alternándolo con succiones.

 

Angello le sostuvo por la nuca, mientras constantes gemidos de placer y palabras ininteligibles surgían de su boca, pero ella no se detenía, siguió lamiendo insistentemente hasta que lo hizo explotar de placer, sintió un chorro de su esperma golpear su garganta y correr por ella, mientras veía el rostro de placer y satisfacción que exhibía el hombre de quien no había podido separarse.

—¿Quieres hacerme morir del placer con lo que me haces? —la interrogó con una sonrisa, levantándola y acomodándola encima de él para posar sus labios en los de ella, profundizó el beso, haciéndolo más exigente y apasionado, probando su propia esencia de la boca de ella. Siguieron así hasta que fue inevitable que nuevamente se entregaran a las deliciosas sensaciones que le producía esa devorante pasión que los consumía inexorablemente.

 

Así amanecieron, se hicieron las ocho de la mañana y Angello nuevamente la buscó, se envainó dentro de ella y juntos sus cuerpos comenzaron a experimentar un nuevo ritmo y un son que solo ellos percibían, disfrutaron cada estocada, cada roce, con cada embiste ella sentía que la llenaba, él colocó una almohada un poco más debajo de su cintura para facilitar la penetración, cada golpeteó producía que sus temperaturas fueran en aumento, él comenzó a moverse con celeridad, introduciéndose más profundamente en ella, pudo sentir nuevamente la estrechez de sus paredes vaginales que apretaban con pequeños movimiento su falo, que quedaba envuelto en su estrecha vulva, produciéndole un delicioso deleite.

 

Martina colocó sus manos en sus senos acariciándoselos mientras cerraba sus ojos, verla de esa manera excitaba aún más a Angello, que aumentó la velocidad de sus estocadas, siguió entrando y saliendo mientras ella recibía cada golpeteó con pequeños ruiditos que hacía con su boca, se entregó completamente a esas placenteras sensaciones, sus pechos se movieron al ritmo de las arremetidas de Angello, quién salió de ella la colocó de espalda y la volvió a penetrar desde atrás, produciendo un ruido por el roce de sus cuerpos que los acercó irremediablemente nuevamente a un poderoso orgasmo, se entregaron sin reservas, sin poses, sin artilugio, solo eran ellos dos y esas fascinantes sensaciones que los sumergía en un profundo mar de excitación llevándolos hasta la más alta marea del placer, haciéndolos vivir la más satisfactoria culminación del éxtasis, estaban en los últimos espasmos que le había producido el orgasmo, cuando sintieron que la puerta de la habitación de Angello de abrió de repente.

—Papá—se escuchó la voz de Franco. Quien se quedó sorprendido ante la escena que se desarrollaba frente a sus ojos—¡¿Qué demonios es esto?! ¡Martina!—exclamó enojado.

Angello reaccionó de inmediato cubriendo el cuerpo de Martina, se levantó de la cama para enfrentar a Franco —Hijo, ¡Tranquilízate! Vamos hablar, te juro que esto no fue planificado yo...

Pero Franco no oía de razones —¡Cállate! ¡Eres un maldito! Tiene razón Paula, eres un ruin, egoísta que solo te importas tú mismo. Te lo dije desde el primer momento, te confesé que estaba enamorado de ella, y no puedes decirme que no lo sabías, porque si miraste tu maldito videos como lo haces todos los días, tuviste que saber que fue Martina quien me trajo y que ella es la mujer de quien me enamoré en la fiesta de los Ferrari Estrada.

«Te la tiraste porque eres así para demostrar que tú puedes, para alejarla de mí, porque como eres un mandito amargado quieren que todos incluso tus hijos sean infelices como tú.

—¡Estás equivocado! ¡Eso no fue así! —exclamó Martina.

—Claro que es así—y mirando con odio a Martina le dijo—¡Y tú no eres más que una puta!

Sin siquiera pensar lo que hacía, Angello le propinó un fuerte puño a Franco en su mejilla, producto del  impacto perdió el equilibrio, al verlo en el suelo reaccionó e intentó ayudarlo a levantarse pero este lo rechazó, —¡No me toques!, hoy mismo me voy con Paula a casa del abuelo. A partir de hoy Angello Alessandro, estás muerto para mí—pronunció saliendo y tirando la puerta con fuerza, la cual se volvió a abrirse producto del impacto.

Angello dirigió su mirada triste a Martina quien lo miraba sin saber cómo actuar, quedaron en silencio por un momento hasta que el primero en reaccionar fue Angello —Tanto criticar al maldito de DeFranco y hoy le hice a mi hijo lo mismo que él me hizo a mí.

Esas palabras, hicieron reaccionar con enojo a Martina—¡Claro que no! No hagas esas absurdas comparaciones. Yo no tuve ninguna relación con tu hijo, jamás ha existido el mínimo contacto entre él y yo. Es puro encaprichamiento de su parte, nunca le he dado ningún aliento para que creyera que hay algo entre nosotros, y ni por asomo actúo como la zorra de tu ex mujer —debatió furiosa.

—Pero yo si me siento culpable, no quiero perder a mis hijos, a pesar de todo lo que ha pasado ellos son parte de mí, los amo, he vivido momentos maravillosos con ellos, aprendí a ser padre y a tragarme muchas veces mis tristezas y mi traumas por ellos, son lo más importante y lo que más quiero en la vida y no estoy dispuesto a perderlos. Martina, lo siento, pero no pudo escogerte a ti por encima de Franco. Esta relación que había entre nosotros ha terminado. ¡Adiós!, espero que te vaya bien.

 

Martina se sentía profundamente herida, nunca se había sentido tan feliz con un hombre, lo vivido con Angello habían sido las sensaciones más hermosas que había sentido y en ese momento se dio cuenta de una verdad que se reflejó en su mente como un rayo, se había enamorado por primera vez en su vida, y precisamente de ese hombre que acaba de demostrarle con esa acción que no la amaba y que no era importante para él, por ello no evitó en decirle.

—¿Relación? No Angello, esto no es una relación, no te confundas esto fue solo un muy buen sexo, como te dije, yo no me enamoro, no ha existido ni habrá ningún hombre que se merezca semejante acto de mí—espetó mientras se colocaba la ropa que se había quitado, no le importó volver a tomar su camisa, no quería esperar a pedir su blusa a la señora—¡No te confundas! —exclamó mientras se dirigía a la puerta, pero Angello la detuvo.

—Martina hace un rato no usé protección—pronunció en un tono de voz triste.

—No te preocupes Angello, no hay nada que la pastilla del día después no pueda hacer—respondió abriendo la puerta y saliendo de su vista, mientras él sentía que su recién reparado corazón volvía a romperse.

—Te amo Martina, no me explico cómo sucedió, pero esto que siento por ti es profundo, pero lamentablemente no puedo dejar a mis hijos con Defranco, les haría daño y eso no puedo permitirlo.

 

 

Ser profundamente amado te da fuerzas, mientras que amar profundamente a alguien te da coraje” Lao Tse.


CAPÍTULO 13. BUSCANDO PROTECCIÓN


Martina salió de la mansión de Angello sin mirar atrás, no se había dado cuenta que desde la ventana de su habitación Angello la observaba desolado, tuvo que regresarse a recoger su bolso, pero al hacerlo él no estaba en la habitación. Sacó su celular, mientras caminaba hacía la verja y marcó a su amiga Anabella, la tristeza que invadió su cuerpo era profunda, la sentía hasta en los tuétanos, a la segunda timbrada ella le respondió—Bella, por favor ven a buscarme en casa de Angello—pidió casi sin aliento.

—¡Voy para allá! ¿Qué pasó? —interrogó su amiga.

—Cuando llegues te cuento—fue su respuesta.

Entretanto esperaba, llegó un vehículo con chofer quien bajo el vidrio de la ventanilla y le dijo —Buen día señorita, el señor Casiragui, me pidió que viniera a buscarla y la llevara donde usted quisiera.

—Dígale al señor Casiragui, que muchas gracias, que yo resolví—expresó con un aire de suficiencia, tratando de aparentar una serenidad que no sentía.

Unos veinte minutos después apareció Anabella, abrió la puerta y se subió al auto—¡Por Dios mujer! Venías en exceso de velocidad que peligro Anabella, no debes correr así.

—¡Ah no! No me estés riñendo, te oí tan mal que me preocupé e incluso me salté varios semáforos en rojo, seguro que llegan las multas a la casa y entonces Sebas me va a guindar. Cuéntame ¿Qué pasó? ¿Por qué de esa voz tan triste?

—Me acosté con Angello—confesó Martina.

Anabella se echó a reír—Amiga, disculpa mi burla, pero cuéntame algo que no sepa.

Ella la miró extrañada—¿Y cómo lo sabes? —interrogó Martina.

—Por Dios Martina, un hombre y una mujer varios días solos, un hombre tan…—hizo una pequeña pausa y continuó con picardía—tan varonil, con ese porte, no podía haber otro resultado.

—Anabella, ¿Te buceaste a Angello? —le preguntó con las cejas levantadas y un tono de molestia Martina.

Anabella se carcajeó—Bueno te estoy dando un poquito de tu propia medicina, porque tú te has cansado desde que somos amigas, de bucearte al guapo de mí marido—Martina iba a protestar, pero de inmediato Anabella la interrumpió—no intentes excusarte, está bien, los ojos son para ver, además se que serías incapaz de sonsacar a Sebas, así como tampoco yo jamás cambiaría a mi esposo, por tu Angello.

—No es mi Angello—dijo con una expresión de derrota.

—¿Cómo que no? Si acabas de decir que se acostaron.

—Si pasamos desde el día de ayer, placenteros momentos, pero resulta que hoy estábamos terminando de pasar un momento juntos y Franco se apareció en la habitación sin tocar, haciéndose el ofendido, hizo creer como si su papá le había quitado la novia, y de inmediato Angello, me dijo que lo que teníamos terminaba allí.

— ¿Y por qué eso te afecta? ¿Por qué por primera vez no eres tú la que da calabaza? —Martina se quedó observando intensamente a su amiga y al mirarla a los ojos Bella lo supo, se detuvo inmediatamente a la orilla de la carretera y le dijo—¡Te enamoraste de Angello! ¡Oh por Dios mi Tina! No sabes cuánto esperé este momento, pero te juro que no me imaginaba que no ibas a ser correspondida—Martina comenzó a llorar, sin pronunciar palabra y  su amiga se le rompió el corazón de verla así, porque nunca la había visto llorar—de inmediato la abrazó mientras la consolaba.

«¡No llores nena!, ese estúpido te rompió el corazón, es un imbécil, no llores por ese demonio, mal parido—espetó con enojo.

 

Martina se sonrió por la defensa de su amiga —Él no es imbécil, es un hombre sensible, tierno, que sufrió mucho en el pasado, es un buen padre y un gran amante. Y a propósito debo pasar por una farmacia para comprar una pastilla del día después.

Anabella abrió los ojos sorprendidas—¿Tuviste sexo sin protección? ¿Tú? Creo que estoy en un universo paralelo, mi amiga no sería capaz de tener sexo con un hombre sin condón. ¿Mi amiga la gineco obstetra?

—¡Ya cállate! Estás pasada de payasa Anabella, no estoy para burla—replicó molesta Martina.

—Perdóname, te juro que no es burla, solo quería quitar espinas al momento y hacerte reír o enfadar para que no estuvieras triste. ¡Vayamos por esas pastillas!—se bajaron compraron la pastilla y una botellita de agua mineral.

Al subir al auto Anabella le preguntó —¿No vas a tomarte la pastilla?

—Si, ya lo hago—abrió el agua mineral, tomó la pastilla entre sus manos, por unos segundos, la apretó entre sus puños, abrió la ventanilla del auto y en vez de tomársela, la botó.

Anabella la observó y le dijo—¿Vas a arriesgarte?

—Sí, voy a dejar que el destino tenga la última palabra. Tal vez está sea la única oportunidad de ser madre.

—Está la fertilización in vitro —afirmó Anabella.

—Pero allí no puedo escoger el padre, y ahora si estoy embarazada nada me complacería más que tener un bebé de Angello.

—Ay amiga, creo que eso no es correcto, debes consultarle a él.

—No lo voy a ver más, además le dije que me tomaría la pastilla del día después, así que no sabrá de estar embarazada que ese hijo será de él. Además no lo necesitaré yo gano lo suficiente para mantenerlo.

—¿Y para cuidarlo? ¿Tu trabajo? —cuestionó Anabella.

—Al nacer pediré una licencia, tengo dinero ahorrado, además si llego a estar embarazada, al comprobarlo debo irme de esta ciudad para que él no lo sepa.

—Aunque no estoy de acuerdo que no le digas la verdad, sabes que tienes mi apoyo, y si allí hay un bebé yo seré la madrina.

Llegaron a la casa Sebastián las esperaba, a ver el semblante de Martina de una vez se encrespó —¿Qué te hizo Angello?

—Tranquilo no me hizo nada, no despedimos en buen término—manifestó Martina.

—Tu rostro no dice lo mismo, y tú nunca andas en ese estado, pero si se atrevió a causarte daño, le reventaré su hermoso rostro de un derechazo que le daré.

—Deja en paz a Martina amor, solo está estresada y cansada por la búsqueda de Paula—justificó Anabella.

—¿Ya apareció? —interrogó Sebastián.

—Si está en casa de Defranco Casiragui. Chicos me voy a descansar a la casa—enseguida Sebastián le entregó las llaves de su BMW.

Martina se despidió y llegó a su apartamento, al principio pensó en acostarse, pero estaba segura que no podría dormir con los recuerdos, por eso se puso a lavar los baños y a limpiar el departamento, ella tenía una persona que la ayudaba a limpiar semanalmente, pero en ese momento buscaba distraerse, terminó un poco después del mediodía cuando sonó el timbre.

Miró por la ventanilla y se sorprendió con la persona que esperaba frente a su departamento, molesta abrió la puerta peleando—¿Cómo te atreves a venir a mi casa después de lo que me dijiste?

—¡Perdón! Estaba dolido—dijo con su lengua enredada producto de la borrachera que cargaba—déjame pasar un momento, te prometo no incordiarte.

Luego de pensarlo un momento lo dejó pasar—Di lo que vayas a decir y ¡te largas!—pero mientras pasaba, se desploma, por lo cual ella debió sostenerlo para evitar la caída.

—Siento m-mucho lo que hice M-martina, es que te vi con él y la f-furia me invadió—expresó ebrio—dejé de p-pensar en ese m-momento, se que tú no me has dado n-ninguna esperanza, y que solo me v-viste como una amistad y yo mal interpreté. Te p-prometo hablar con mi p-papá para decirle que no hay p-problema, que ustedes dos p-pueden estar con tranquilidad.

—Pues demasiado tarde niño caprichoso, porque por tu culpa, el idiota de tu papá me dijo que no le importaba, y que hasta allí llegaba nuestra relación—pronunció con una mezcla de rabia, tristeza y melancolía.

—¡Vaya! ¡Te enamoraste de papá! —exclamó con su lengua enredada—y se que también Angello anda colgado de ti. Serás mi madrastra. Voy a decirle a papá lo que te dije—al voltearse se llevó una mesa.

—¡Por Dios Fran! ¿Cómo pudiste llegar a ese estado?

—Es que d-después que d-discutí con papá m-me fui a t-tomar, y me volví así, estoy arrepentido de t-todo lo que le d-dije, llamé a la c-casa y Marcela me atendió, me c-contó que cuando te f-fuiste bajo de su habitación y se encerró en su d-despacho, lo más p-probable es que este tan ebrio como yo. Bueno ya me v-voy.

—¿Con quién andas? —preguntó ella.

—Soo-lo en mi auto—respondió

—No te dejaré ir así, ¡Ven! —le dijo, lo pasó hasta una de las habitaciones de huésped y lo llevó a la ducha, la abrió y lo dejó allí—te vas a quedar bañándote hasta que te pase esa borrachera, no puedo dejar que te vayas manejando en ese estado, si te pase algo, tu papá se moriría de la pena—le expresó—cuando salgas de bañarte, te esperaré con una taza de café en la cocina.

—Si mamá—expresó con burla, riéndose a carcajada.

—¡Si serás idiota! —replicó Martina, mientras se dirigía a la cocina.

Mientras preparaba el café, recibió una llamada, un colega del centro médico, necesitaba con urgencia de su ayuda, porque estaba operando y había tenido una complicación, sabían que tenía un mes de vacaciones, pero era de vida o muerte su intervención. Apenas estuvo el café. Se vistió sin bañarse y salió con premura, cuando llegó a la cocina estaba Franco tomando el café.

—Te quedarás aquí pasando tu borrachera hasta que yo llegue ¿Entendido?

—Si mamá—respondió otra vez con burla y la lengua enredada.

—Borracho impertinente—lo dejó en su departamento.

Subió a su auto y salió hasta la clínica en menos de quince minutos estaba allí, luego de esterilizarse y tomar todas las medidas sanitarias necesarias,  ingresó a quirófano donde le practicaban una cirugía a una paciente, una mujer joven no más de treinta años.

—Martina qué bueno que llegaste. Mira esto—le dijo el doctor

—¡Oh por Dios! —se sorprendió—¿Cómo no te diste cuenta?

—Martina, ninguno de los exámenes y pruebas realizadas a la paciente arrojaron ni remotamente ningún indicio de lo que estamos viendo.

—¿Qué tipo de exámenes ordenaste? —interrogó Martina.

—Los de rigor, los ecos, análisis de sangre, estaba tratando un embarazo, la paciente nunca manifestó haber tenido ningún dolor o síntoma que me hiciera sospechar esto.

—Hay que hablar con sus familiares y contarle esto, que el esposo autorice este procedimiento.

—Pero por favor, háblale tú, ese hombre es un amargado insoportable—. Declaró el doctor Miguel Marchetti.

—Le tienes miedo a tú género, ¡Por Dios doctor! —Sin embargo, Martina fue hablar con el hombre, que no perdió oportunidad de insultar a Martina, quien de inmediato le dio su parado, dejándole claro que le agradeciera que estaba de vacaciones y se había incorporado para atender a su esposa, pero que si no la respetaba, se iba a ir, y dejaría a la paciente con los otros doctores.

El hombre al verla tan decidida se disculpó y le pidió que hiciera lo posible por ayudar a su esposa. Martina caminó nuevamente a quirófano previamente tomando las previsiones y con la autorización de los familiares comenzó a operar el gran tumor que presentaba la paciente.

Fueron pasando las horas, habían transcurrido cuatro horas desde que Martina se había ido, Franco se había quedado dormido, pero se sentía muy acalorado y se metió a duchar nuevamente, tomó una toalla grande, y se la sostuvo en su cintura, en ese momento tocaron insistentemente el timbre.

Se dirigió a la puerta, pero no observó por la mirilla  al abrir la puerta estaba frente a sí, su papá, que lo miraba de pies a cabeza, con un expresión de dolor —¡Vaya! Ella es muy rápida. Veo que esto responde la pregunta que le vine hacer.

—Papá, no es lo que…—comenzó a decir Franco, pero fue interrumpido por Angello.

—Tranquilo, no tienes que explicarme nada, todo me ha quedado claro, Martina como yo la rechacé, corrió a tus brazos, en verdad que soy totalmente un experto para escoger malas mujeres—expresó dándose la vuelta, mientras sentía la rabia corroerle por dentro.

************************************

Martina salió de la operación después de cinco horas, eran casi las siete de la noche, de repente sintió un gran deseo de ver a sus padres, llamó a su madre y conversó un rato con ella, pero en vez de calmar esa nostalgia hablando con ella, sus deseos de verlos se intensificó.

Inmediatamente llamó al aeropuerto y reservó un boleto para Milán, salía a las diez de la noche. Se fue a su departamento para preparar su maleta, al llegar Franco la esperaba con cara de preocupación.

—Martina lo siento, papá vino y mal interpretó mi presencia en tu casa—manifestó angustiado.              —¿Y? tu padre y yo no tenemos nada, me tiene sin cuidado lo que piense o deje de pensar, me importa muy poco su opinión—espetó con firmeza.

—Mujer tú eres dura, ¿No te interesa arreglar tu situación con mi papá? —preguntó Franco.

—Para nada, el tomó sus decisiones, yo no soy un objeto con el cual puede jugar, y decir en un momento que no quiere estar conmigo y en un rato cambiar de opinión—afirmó Martina.

—Mi papá aunque no me lo ha contado, se que hay algo que lo ha hecho sufrir, si quiere estar contigo debes darle una oportunidad.

—No me interesa esa oportunidad. Y ahora si ya te sientes bien, no estás borracho, por favor vístete y sal de mi casa—pronunció con seriedad.

Franco se vistió y salió del departamento de Martina, pero decidido a lograr que su padre entendiera que entre esa mujer y él no había pasado absolutamente nada,  tenía que lograr que volviera a sonreír, eso se lo había contado Marcela, que ese par de días a pesar que estuvo buscando a Paula, su padre había sido otro, sonriente, paciente y eso solo lo había logrado gracias a Martina.


“La vida es muy simple pero nos empeñamos en hacerla difícil” Confucio


CAPÍTULO 14. ACLARANDO VERDADES

 

Martina preparó su maleta, se bañó, se vistió, llamó un uber, se dirigió al aeropuerto y exactamente a las diez y veinte minutos abordaba un vuelo con destino a Milán. A las once y media ya se encontraba en la ciudad, justo a las doce y media estaba en la puerta de la casa de sus padres abriendo la puerta.

Al entrar su madre venía bajando la escalera y pegó un grito al verla —¡Martino! llegó nuestra niña—expresó mientras corría a abrazarla, segundos después se unió su padre y después su hermano de veintiséis años Gianluca, quien la cargó dándole la vuelta.

—Manito ¡Bájame! me vas a marear y agradece que no he comido porque si no te echaba lo que comí encima—le pidió riéndose.

Gianluca la soltó, su hermano era trigueño, cabello liso negro, nariz perfilada y ojos miel como los de su madre, medía un metro ochenta y siete de estatura, y tenía su cuerpo definido producto largas horas en el gimnasio, pues era entrenador deportivo y era el más celoso y duro de sus hermanos, era a quien más quería, pero con quien más peleaba porque tendía hacer un tanto imponente, característica aprendida quien sabe dónde porque su padre era el más amoroso y comprensivo hombre que conocía.

De inmediato se dirigieron todos a la cocina y su padre comenzó a prepararle un bistec con ensalada de vegetales, mientras su madre le preparaba un jugo natural. Conversaban animadamente.

—Hija nos has dado una muy agradable sorpresa con tú llegada—expresó con un rostro de Felicidad la señora—no nos avisaste que vendrías. ¿Estás bien?

Martina se quedó viendo con mucha ternura a su madre, tratando de simular el pequeño dolor que se había instalado en su corazón desde que Angello la había rechazado.

—Por supuesto que estoy bien mami, vine porque los extrañaba y quería estar con ustedes—manifestó, sin embargo, no pudo evitar que su voz se quebrara un poco y una lágrima se escapara de sus ojos y rodara por sus mejillas, la limpió con rapidez e intentó voltearse pero sus padres y su hermano se dieron cuenta.

—¿Qué pasó Martina? ¿Por qué estás así? —interrogó su hermano—eres una mujer fuerte que no te conmueves por cualquier cosa. Ahora mismo vas a contarnos lo que te sucede.

Martina sentía que se ahogaba, ella siempre procuraba controlar sus emociones, pero por primera vez la sobrepasaban, nunca se había sentido rechazada y menos cuando le habían hurtado su corazón, sin siquiera haberse dado cuenta.

—Me enamoré de un hombre sin darme cuenta—confesó—de hecho es todo lo opuesto a lo que buscaba en un hombre, al conocerlo era un amargado, creído, no lo soportaba, pero pasaron ciertos eventos que me fueron mostrando su verdadero rostro y me fue ganando en un abrir y cerrar de ojos.

—Pero eso es maravilloso hija, solo tienes que invitar a ese caballero a la casa para conocerlo y preguntarle cuales son las intenciones con mi niña—expuso su padre.

—No tiene ninguna intención conmigo, más de lo que sucedió entre nosotros—afirmó mientras mordía su labio inferior.

—¿Te rechazó? ¿Ese hombre se atrevió a rechazarte? —comentó molesto su hermano.

—No se trata de que se haya atrevido a rechazarme, las cosas no se obligan, tal vez no me encuentra lo suficientemente buena para amarme e ir conmigo más allá de una mera relación sexual—pronunció encogiéndose de hombro.

—¡Está loco! —. Respondió indignado su hermano—tú eres una mujer excepcional, si no se da cuenta de eso, es que ese hombre es un idiota.

—Allí coincido con tu hermano, mi niña es la mujer más maravillosa del mundo después de mi esposa, y si ese caballero no se da cuenta, él se lo pierde y se lo merece por idiota—avaló su padre abrazándola y besando su frente.

Ella sonrió, —Creo que ustedes no son muy objetivos que digamos—Le sirvieron la comida, la cual consumió gustosa, mientras continuaba la conversación con su familia.

***************************************

Angello llegó y se encerró en su despacho, tomó una botella y empezó a consumirla, trataba de no pensar, esa imagen de su hijo en toalla en la puerta del apartamento de Martina, la tenía grabada en fuego en su mente.

Cerraba los ojos tratando de evadirlas, pero eran más nítidos cuando lo hacía, incluso su mente lo martirizaba colocando imágenes de ellos teniendo intimidad. Estaba arrepentido de haber vuelto a confiar en una mujer, y con Martina hacía sido peor, apenas tenían menos de una semana de conocerse y él se había abierto como nunca, incluso le había contado partes de su vida que nunca se las había dicho a nadie, y las había tenido guardadas para si, había sido un tonto, no aprendería nunca que cada que bajaba la guardia le iba peor.

Escuchó unos golpes en la puerta, los cual ignoró, pero a los segundos se escuchó la voz de su hijo—Por favor padre, necesito conversar contigo, debemos aclarar las cosas entre nosotros.

—No tengo nada que hablar contigo, respondió molesto, a mi me ha quedado todo claro. Ahora ¡Largo! No quiero que hables de ella en esta casa, vive tu idilio lejos de aquí, de mi vista.

—Pero papá, estás malinterpretando todo, las cosas no son como crees—pronunció Franco exasperado en voz alta para hacerse oír a través de la puerta.

—¡Ya Franco! No entiendes que no quiero oír sobre el tema, y es mi última palabra—espetó con enojo, mientras se acercaba a encender el televisor en un canal de música a todo volumen para no escuchar a su hijo.

Siguió tomando y maldiciendo su suerte, no entendía porque cuando intentaba levantarse, la estocada que le propinaban era peor que la anterior, se sentía sin fuerzas, sin ánimos, su vida cada día que pasaba se iba convirtiendo en un caos, en lo único que había obtenido éxito era en los negocios, pero eso era nada cuando en las facetas importantes de su vida era un completo fracaso, como padre, como esposo, como hombre. Siguió tomando, porque deseaba tanto dejar de sentir, adormecerse, hasta la posibilidad de despertarse producía angustia en él.

Así fueron pasando los días, Angello seguía igual, iba a la oficina en la mañana y al mediodía, regresaba a su casa, se encerraba en el despacho y siempre terminaba tomando, había transcurrido una semana de lo sucedido, no obstante, ese día se le olvidó pasar seguro a la puerta y en ese mismo instante entró Franco.

—Ya está bueno padre, y que bueno que estamos coincidiendo, porque quiero dejarte algo en claro—espetó con seriedad.

—No quiero oírte Franco, accedí de manera tranquila que te enamoraste de Martina y que ella te  prefirió a ti, ¿Qué más quieres de mi? —interrogó con un tono doloroso.

—Solo quiero que me oigas, llevo una semana tratando de explicarte lo que pasó, lo que estás diciendo no es verdad, nunca me he acostado con Martina, y mucho menos ella me ha dado la remota posibilidad de que pudiera haber algo entre nosotros.

Cada palabra que pronunciaba Franco, iba creando esperanzas en él, siguió escuchándolo —Papá, estaba en su casa porque llegué a pedirle disculpas, por lo que le había dicho cuando la encontré contigo, llegué borracho a su casa, no me dejo irme así, me metió al baño de una de las habitaciones de huésped y me dejó bajo la ducha mientras me preparaba un café, luego se fue porque la llamaron del hospital y me dejó allí pase como cuatro horas durmiendo, al levantarme me volví a bañar y fue cuando llegaste tú.

—¿En serio no pasó nada entre ustedes? —preguntó esperanzado Angello.

—Por favor papá, hasta la duda ofende, Martina es una mujer excepcional, ella no es como las otras chicas, ella es especial, te dice las cosas de frente, no tiene medias tinta, nunca le he gustado, ni me ha animado para tener algo conmigo, yo no le intereso de esa forma, pero por lo que vi ese día tú sí.

Angello se levantó del asiento de su escritorio, agarró a su hijo con ambas manos de la cabeza y le dio un beso en la frente, mientras su semblante se relajaba feliz—Debo buscarla para conversar con ella.

—Yo fui a visitarla, pude subir hasta su departamento pero toqué la puerta y nadie me abrió—manifestó el chico.

—Iré a buscarla, te avisaré cuando la encuentre—le dijo mientras esbozaba en su rostro la sonrisa más grande que Franco le había visto en su vida.

Angello fue a su departamento, ese día no la encontró, se dirigió al hospital donde trabajaba, preguntó por ella y le dijeron que estaba de vacaciones, le preguntó a los agentes de seguridad del edificio y le informaron que ella no estaba, no la habían visto de hacía unos días.

 

Así pasaron dos semanas más, en que estuvo abocado a buscarla, pero no pudo encontrarla, ya estaba desesperado, se moría por verla y confesarle todo lo que sentía, por ello decidido se dirigió a la mansión Ferrari Estrada, para preguntarle a Sebastián por su paradero, luego de anunciarlo pasó al despacho donde lo estaba esperando.

—Hola Sebastián ¿Cómo has estado? —saludó Angello con un poco de nerviosismo.

—Hola Angello—respondió Sebastián, extendiendo su mano para saludarlo—¿Hay algún problema en la naviera? —interrogó porque Sebastián había invertido en los últimos dos años con él.

—No, eso marcha sobre ruedas. Vengo a hablar contigo algo personal—confesó Angello

Sebastián tenía la leve sospecha de porque estaba allí, pero no se la pondría tan fácil—¿Tiene que ver con Franco?

—No, Franco está bien—respondió Angello.

—No me digas que el par de chipilinas de Paula y Gálata ¿Se han metido en problemas? —interrogó nuevamente.

—No, tampoco. Esas niñas se saben comportar—expresó Angello.

—¿Entonces? No tengo relación con ningún asunto personal del cual quieras tratar.

—Necesito por favor, me des la dirección de Martina—pronunció con un suspiro.

—¿Por qué quieres hablarle? No entiendo—afirmó Sebastián.

—Tengo que hablarle, tuvimos un pequeño desacuerdo y quiero explicarle.

—¿Qué desacuerdo?

—Yo amo a Martina, me encanta todo ella,  tiene una fachada dura, pero es una mujer tierna, preocupada, que tiene un alto sentido de la lealtad.

—No te estoy entendiendo—replicó Sebastián.

—Eres como un pit bull, no vas a soltar tu presa con facilidad. Está bien, tú ganas. Estuvimos juntos, fueron los mejores momentos de mi vida, pero tuve un problema, Franco le gustó Martina y nos encontró, tuvimos una fuerte discusión, y para evitar disputas en mi familia le dije a ella que terminábamos esa especie de relación que había empezado.

—Ah ya entiendo, por eso ese día que llegó de tu casa, estaba llorosa y simuló que no le pasaba nada. ¿Y por qué la buscas ahora? ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

—Qué Franco, se dio cuenta que ella no era para él y hablamos, he estado por dos semanas pendiente de que llegara, pero aún no lo ha hecho, no puedo esperar más, necesito verla, confesarle lo que siento, preguntarle si me acepta estar junto a ella, que la amo, y que cada día que paso la pienso más, se ha metido muy adentro de mi alma.

—Te voy a decir algo Angello, te daré el beneficio de la duda, pero si le haces daño a Martina, tú y yo nos veremos la cara, esa chica es como una hermana para mi esposa, por eso no voy a permitir que le causes ningún daño.

Angello, sonrió—Tiene un buen defensor, pero te juro no lo necesitara, porque yo solo la estoy buscando para hacerla feliz.

—Está bien—respondió Sebastián, tomó un papel y le dio la dirección de los padres de Martina—Ella está en Milán con su familia. Si vas a ir allá, debes prepararte porque tiene cuatro hermanos más su padre, muy celosos y sobre protectores con ella.

—No me importa a quien tenga que enfrentar con tal de volverla a tener junto a mí, ojalá me acepte, porque Martina tiene un carácter que no sé como pueda reaccionar.

—Me alegra que estés claro de lo que puedes encontrarte, de todas maneras te deseo suerte compañero. Si todo es positivo, yo seré tu padrino de boda.

Angello expresó una espontánea sonrisa—Cuenta con eso Sebastián, mientras vaya en la vía, iré pensando en las palabras adecuadas para convencerla de que le convengo. —Se despidió y con una gran sonrisa caminó hacia su auto, tomó su celular y ordenó preparar su Jet, no tenía tiempo que perder, debía buscar a la mujer que amaba y demostrarles la sinceridad de sus sentimientos.

 

 

“Y es que el amor no necesita ser entendido, simplemente necesita ser demostrado” Paulo Coelho.

 

 CAPÍTULO 15. TRAS DE TÍ

 

Martina se había levantado con dolor de cabeza, ya tenía tres semanas en casa de sus padres, estaba abrumada con tanta sobreprotección de ellos, estaban preocupados porque la habían visto triste y a decir verdad los últimos días había estado sensible, ya solo le quedaba una semana de vacaciones, debía volver al trabajo, pero se sentía que no estaba preparada para regresar a Roma.

 

No dejaba de pensar en Angello, en lo que estaría haciendo, en si Paula había regresado con él, si Franco hablaría con él respecto a que no tenía ninguna objeción para su relación. Inmediatamente se abofeteó mentalmente —No vayas por esos derroteros Martina, ese hombre te dijo bien claro que lo más querido e importante para él, eran sus hijos y tú no estabas en esa ecuación—se reprendió.

 

Estaba recostada cuando sintió de repente unas náuseas y salió corriendo al baño, duro un par de minutos vomitando hasta la bilis, en ese momento pensó que con tanta comida algo le había caído mal, pero de repente la verdad le fue revelada como un rayo—¡No puede ser! —exclamó emocionada, se levantó del lado del inodoro donde se había sentado a vomitar y caminó a revisar su bolso, sacó su agenda y se dio cuenta que tenía seis días de retraso cuando su ciclo menstrual era como un reloj. Llevó su mano a su vientre y pegó un grito de la emoción y empezó a repetir como un mantra —¡Estoy embarazada! ¡Voy a tener un bebé! ¡Oh por Dios! ¡Estoy embarazada! ¡Embarazada! —en ese momento su madre abrió la puerta con una expresión de susto y tras ella se encontraba su padre.

—Martina hija, oímos tus gritos, ¿Qué te ha pasado? —preguntó su madre preocupada.

—Que bueno están los dos, tengo una maravillosa noticia que darles—manifestó mordiéndose su labio inferior—¡Van a ser abuelos! Tengo seis días de retraso y acabo de vomitar hasta la bilis—concluyó con un gritito.

 

El rostro de sus padres estaba totalmente blanco, no podían articular palabras, por lo que ella de inmediato les aclaró —Espero que no vengan conmigo, con reproches moralistas, soy una mujer profesional, preparada, que no necesita de ningún hombre para cuidar a mi bebé.

—No hija, como crees es solo la sorpresa inicial—comentó su padre— eres una mujer hecha y derecha que está clara en lo que haces. No tenemos nada que objetar.

 

—Estoy de acuerdo con tu padre, ¿Ese bebé es hijo del hombre del que te enamoraste?—la interrogó su madre, a lo cual ella respondió, solo moviendo afirmativamente la cabeza—.Debes decírselo—manifestó su madre—ese hombre tiene todo el derecho a saber que va hacer padre.

 

—No puedo decírselo—respondió Martina.

 

—¿Por qué no puedes o será que no quieres? —cuestionó su madre.

 

—Porque hice trampa—respondió avergonzada mientras sus mejillas se tornaban carmesí.

 

—¿Cómo es eso que hiciste trampa? —preguntó su padre.

 

—¡Ay por Dios! Son un par de curiosos y este tema es difícil hablarlo con ustedes son mis padres, aunque les tengo confianza, me avergüenzo de lo que hice pero no me arrepiento—resopló respirando por la boca y continuó hablando un poco apenada—no usamos protección, lo que es evidente porque estoy embarazada, pero le prometí que tomaría la pastilla del día después y no lo hice, sabía que estaba en mis días fértiles y aposté porque el resultado fuera satisfactorio.

 

—Martina no es leal lo que hiciste—reprochó su madre.

 

—Es cierto, pero es que desde que tuve a Sebastián Junior en mis brazos, sentí una imperiosa necesidad de ser madre, se que podía acudir a una fertilización in vitro, pero me di cuenta que amaba a Angello y que si no iba a poder ser feliz con él, por lo menos conservaría una parte nuestra. Este bebé es la mejor noticia que he recibido en mi vida, al principio decía que no sería madre nunca, pero luego supe, que esa era la sensación más grande que iba a sentir en mi vida y por eso aquí estoy, feliz de estar esperando esta hermosura.

 

—Mi niña, no está bien lo que hiciste, pero te confieso que me alegro que me vayas a ser abuelo. Solo pido a Dios que me dé una hermosa nieta, porque ya estoy cansado de tanta testosterona en esta familia, seis nietos y ninguna nieta no es posible—mencionó sonriendo, dándole un abrazo, al cual segundos después se le sumo su madre.

 

Enseguida bajaron a la sala de estar, pero Martina observó que su madre estaba como preocupada, nerviosa y trataba de evadirle la mirada, ella sin aguantarse más la emplazó.

 

—María Martha Fernández, ¿Qué has hecho? Que andas preocupada con la culpa a flor de piel, ¿En qué lío te metiste ahora?—preguntó enojada.

 

—¡Ay hija! Aún lo preguntas—expresó su padre con una sonrisa—¿Todavía no conoces a tu madre? Ella está empeñada en buscarte un esposo, ¿Y aún no adivinas lo que hizo?

 

—Madre sabes muy bien que no necesito  esposo, me basto por mi sola, ¡¿Qué hiciste?! —la interrogó irritada, mientras su padre estaba privado de la risa al ver la molestia de Martina y los nervios de su esposa.

 

—¡Por Dios! me hacen falta las palomitas, pero las sustituiré por una galletitas, mientras observo en vivo y directo este episodio que promete más que las novelas que ve Martha.

 

—Amor no te pases, tu relajado mientras observas que tu hija me quiere matar, sin siquiera saber lo que hice, ¡Debes apoyarme!

 

—¡Ah no! A mí no me metan en sus líos, yo te dije que eso que pensabas hacer no era buena idea y no quisiste oírme—se defendió Martín

 

Martina trataba de calmarse no le gustaba discutir con su madre, pero es que le molestaba que quisiera las veces que iba a la casa familiar, hacer el papel de celestina empeñada en buscarle marido, resopló de manera ruidosa—¿Qué hiciste mamá?

 

—No hice nada hija, solo invité a un par de amigos de tus hermanos a una comida para hoy a la una de la tarde—respondió con inocencia.

 

Martina se quedó viéndola como incrédula—¿Solo un par de amigos?

 

Antes que su madre respondiera su padre contestó —Si solo un par de amigos por cada hermano y un par de familiares de tus cuñadas, tus cuatro hermanos mas tus tres cuñadas son siete multiplícalos por dos, son catorce hombres que invitó tu madre al almuerzo, haciéndote propaganda como si tu fueses un producto a la venta, y si no me crees asómate por la ventana, para que veas los preparativos, parece que habrá una fiesta—concluyó su padre con fingida inocencia.

 

—María Martha ¿Dime que no es cierto? —interrogó Martina.

 

—Lo siento hija, es que te vi tan triste por ese hombre que te rechazó, que tenía que demostrarte que hay decenas de chicos queriendo tener una relación contigo, eres inteligente, hermosa, profesional, independiente, leal, amorosa, tierna, eres una mujer excepcional mi vida, que nunca te das por vencida, que siempre vas por lo que deseas sin esperar que nadie te lo esté dando.

 

«Estoy tan orgullosa de ti. Además no sabía que estabas embarazada, si no, te juro no te hago pasar por esto. Pero quien sabe a lo mejor te guste y les gustes a un chico de estos, son de bien parecido, eso sí puedo asegurártelo, son hombres jóvenes que no pasan de treinta y cinco años y tu hijo va a necesitar un padre.

 

Martina estaba indignada de escuchar las cosas que salían de la boca de su madre, pero no quería discutir, respiró profundo y comenzó hacer unos movimientos de yoga tratando de relajarse mientras su padre la miraba divertido. Después Martina dirigiéndose a su padre le dijo molesta.

 

 —¡Controla a tu loca!

 

Él siguió riéndose a carcajadas —¡Por Dios hija! No te puedo controlar a ti que eres mi hija y voy a poder hacerlo con tu madre, amo demasiado mi humanidad para buscar problemas con esa señora. ¿A quién crees que heredaste tú ese carácter?

 

—¿Por qué ambos hablan como si fuese invisible? —interrogó la señora con  molestia.

—Porque tú me crees invisible para hacer planes a mis espaldas, voy a dejarte en ridículo con tus invitados, para que nunca más se te ocurra volverme hacer esto—manifestó Martina.

 

—Eres una malagradecida, solo busco que encuentres el amor, como lo hice con tus hermanos, ellos son felices con sus esposas, unas chicas espectaculares, de repente ahorita te sientes bien porque aún eres joven pero te imaginas llegar a avanzada edad sol, sin nadie con quien compartir, disfrutar de las cosas hermosas de la vida, yo no me imagino la vida sin mí Martín, el me hace reír, rabiar, cantar, me hace feliz, no puedes entender que quiero eso para ti.

 

—¿Y no puedes entender que encontré ese hombre con quien quiero vivir eso que dices, pero él no sintió lo mismo por mí? —concluyó llorando mientras salía de la sala y subía corriendo las escaleras.

 

—Martín, creo que he metido la pata, ella se ha enojado.

—La conoces y sigues haciéndole lo mismo cada vez que viene, por eso después tarda tiempo sin volver a casa, debes dejarla quieta que ella haga las cosas a su propio ritmo, si quiere tener un marido que lo tenga, sino que no lo haga, deja que viva su vida como quiera, ella es una mujer muy capaz, se que quieres protegerla, yo también quiero hacerlo, pero no le coartes el derecho de tomar sus propias decisiones de caer, sacudirse y levantarse, allí radica la verdadera esencia de la vida.

 

—Ahora ¿Qué hago? Creo que esas rabietas le hará daño a mi nieta—expresó con preocupación la señora—Ve hablar con ella, hazla reír, siempre lo logras, por favor.

 

—¿Quieres que me enfrente a la fiera de tu hija? —interrogó con una expresión fingiendo terror.

 

—No seas malo, habla con ella, dile que no fue mi intención molestarla, que si quiere cancelo ese almuerzo.

 

—¿Lo cancelarías? —preguntó dubitativo Martín.

 

—Pues no, pero dile eso para que baje la guardia—respondió con seguridad la señora.

—¿Me mandas a engañar a mi hija?

 

—Claro que no, te mando como mi emisario para que resuelvas este pequeño conflicto, por favor—le rogó dándole un beso que terminó de convencerlo.

 

—Eres una manipuladora, pero hermosa, no puedo resistirme a ti, me tienes embrujado desde hace más de treinta y cinco años—concluyó abrazándola y dándole un beso.

 

Enseguida subió a la habitación de su hija y tocó, pero Martina no le abría, preocupado dijo a través de la puerta—Voy a entrar Martina.

 

Enseguida entró y vio a su hija llorando acostada boca abajo —¿Qué pasó mi pequeña? No te me pongas así, que el corazón se me encoge de solo verte.

 

—¿Por qué ella es así? Quiere dirigir mi vida y no se lo voy a permitir—manifestó llorando.

 

—No lo hace para mal hija, tu madre quiere lo mejor para ti, ella se preocupa, y ahora más porque no quiere que te quedes sola cuidando un bebé.

 

—Pero yo puedo hacerlo, no necesito un hombre para mantener y criar a mi hijo—replicó.

 

—En eso estamos claro Martina, eres una mujer capaz, puede que tú no necesites un hombre para cuidar y darle todo a tu hijo, pero ella o él necesitara a su padre. Te pregunto ¿Qué papel he jugado en tu vida? ¿Si no me hubieses tenido serías más feliz?

 

—¡Claro que no! Has sido un padre extraordinario, me has ayudado a forjar mi carácter, a hacerme respetar, a que no me ponga límites, que no hay nada que no pueda lograr. Tú papá has sido un soporte irremplazable en mi vida.

 

—¿Lo ves? No eres tú quién necesita un hombre, es tu bebé que necesitara un padre para darle seguridad, ambos padres constituyen el equilibrio para criar hijos sanos, felices, sin raíces de amarguras.

—Tienes un poco de razón, pero no siempre es así, hay padres que viven en una constante batalla haciéndole daños a sus hijos y hay otros que no merecen ser padres, porque sus almas están llenas de veneno, podridas, la maldad es la que rige sus vidas ¿Qué piensas de eso?

 

—No te quito razón, hay personas que el papel de padres les queda grande, pero si tú quisiste tener un niño con ese hombre, es porque alguna cualidad debe tener ¿O estoy equivocado? —interrogó su padre.

 

—Si las tiene, pero nunca voy a decirle la verdad, me moriría de vergüenza si supiera que actué premeditadamente y con alevosía.

 

—Tarde o temprano lo sabrá, la mentira tiene patas corta y por más que corra la verdad siempre la alcanza. Ahora deja de llorar, ponte hermosa y acude al almuerzo que está haciendo tu madre en tu honor, además nadie puede obligarte hacer lo que no quieres, así que así te presente todo un contingente de hombres, si no te gusta ninguno, nadie puede obligarte a escoger alguno. ¿Capisci mia bambina?

 

—Perfettamente—abrazó a su padre y se despidió mientras se arreglaba para asistir al almuerzo preparada por su madre.

 

*********************************

 

Angello estaba nervioso, pensando que tal vez ella lo rechazaría, le dijo que entre ellos no hubo ninguna relación si no sexo, tal vez no sería correspondido. Pero no importaba se conformaba con tener solo eso de ella. Se quedó pensando y luego llegó a la conclusión que no era cierto, que lo quería todo con ella, no le servían las medias tintas.

 

Después de una hora de vuelo, llegaron a Milán, él tenía una sucursal de su empresa de telecomunicaciones en  esa ciudad, así que tenía un vehículo esperando con chofer, al subirse le dio la dirección, el hombre la marcó y programó en el GPS. Luego de cuarenta minutos entraron a los terrenos de una casa estilo campestre, cuya verja se encontraba abierta, con grandes y hermosos jardines florales y de un hermoso verdor, bien cuidados, se dio cuenta de una cantidad de carros estacionados y al mirar más al fondo observó una gran mesa. Al parecer se estaba celebrando una fiesta.

Se despidió del chofer, diciéndole que lo llamaría cuando lo necesitara, bajó del auto con un pequeño morral que había llevado consigo, camino lentamente y la vio, se veía radiante con un pantalón marrón ancho sujeto a su cintura y un body de animal print, su cabello negro suelto caía como una cascada sobre sus hombros, sus labios pintado de un suave color rojo, fue inevitable que su cuerpo reaccionará de inmediato a ella.

 

Se fue acercando sigilosamente, nadie reparaba en él, todos tenían la mirada puesta en esa beldad, le llamó la atención que sólo había cinco mujeres los demás eran diecinueve hombres, al estar más cerca la pudo oír claramente.

 

—Voy a dejarles algo bien claro, no ando buscado marido, soy un total desastre, de broma puedo atenderme yo, cuando no estoy trabajando estoy durmiendo, soy una perezosa de primera, odio los oficios de la casa, siempre mando a limpiar mi apartamento, solo lo hago yo cuando estoy estresada lo que rara vez sucede porque soy una mujer centrada, soy una pésima cocinera se me queman hasta las pastas.

 

«Detesto lavar porque de paso soy alérgica y se me abren las manos con los detergentes, ronco cuando duermo y no tolero hablar en la noche cuando me voy a dormir; durante el día no me quedo callada nunca, cuando algo no me gusta lo debato y hasta que no me dan la razón no me quedo tranquila, así que no crean que soy la octava maravilla o alguien excepcional, mamá habla bien de mi porque su apreciación es subjetiva. Así que como se darán cuenta no soy un buen partido para ninguno.

 

Él la escuchó con una sonrisa, definitivamente ella era única, y la amaba cada segundo mucho más, al terminar ella de hablar Angello le respondió

 

—Yo velaré tus sueños cuando duermas. Haré los oficios de la casa  o contrato a alguien para que lo haga por nosotros. Además cocino muy bien, las pastas son mi especialidad, buscaremos quien nos lave, no me molesta que ronques cuando duermas, te prometo abrazarte en silencio, escucharte en el día hasta que te canses, darte la razón cuando la tengas. Porque para mí si eres perfecta, eres una mujer excepcional, eres lo mejor que ha podido sucederme. Te amo mi caraotica, me di cuenta que no puedo vivir sin ti, te me quedaste labrada en mi alma, y ahora no se cómo seguir sin ti, por eso vengo a pedirte que te cases conmigo, para que juntos escribamos nuestra historia de amor.

 

 

“Donde te quieran tal y como eres, ahí es donde perteneces”. Anónimo.


 CAPÍTULO 16.  ¿QUÉ QUIERE EL CORAZÓN?

 

Martina se quedo escuchándolo paralizada, se clavó las uñas en las palmas de las manos para comprobar que no era un sueño, sus piernas le temblaban, Pero  era él, Angello, regio, imponente, hermoso, se veía desenfadado vestido de manera informal, más joven, sus ojos brillantes, le aceleraban su corazón, que latía desbocado sin control, mientras un sudor frío recorría su cuerpo, sus palabras habían sido como un suave bálsamo para su corazón. Pero enseguida los recuerdos de su rechazo le martillaron inclementemente y decidieron su acción. Lo miró despectivamente, y sin decir palabra, salió corriendo hacia el interior de la casa, dejándolo solo frente a ese puñado de desconocidos, mientras tenía la impresión de que su corazón crujía como si se tratara de un cristal rompiéndose.

 Angello sintió que un rubor cubría su rostro, estaba un poco avergonzado, pero sabía que con Martina las cosas no serían fáciles, ella actuaba de manera inesperada, eso debía comprenderlo, además  estaba herida por lo que le dijo, se encontraba en esas cavilaciones cuando un señor como de cincuenta y cinco años se le acercó y le habló.

—Mucho gusto, soy Martín Landaeta el padre de Martina—expresó el hombre estirando su mano para saludarlo—¿Y usted es?

—Yo soy Angello Alessandro Pagliuca Bianchi, el gusto es mío—dijo extendiendo su mano para responderle el saludo.

—¿De dónde conoce a mi hija? —siguió interrogando el hombre.

—De Roma, la primera vez que la vi fue por un contratiempo, luego la vi otra vez en la casa de la familia Ferrari Estrada.

—Claro, Anabella es la mejor amiga de mi hija ¿Y por qué vino a pedirle matrimonio?

—Porque la amo, no he dejado de pensar en ella, desde que se vino.

—¿Pero no fue usted quien la rechazó? —preguntó Martín.

Pero antes de que pudiera responder llegó Gianluca enardecido, lo tomó por el cuello, aunque Angello era unos centímetros más alto —Eres el maldito que se atrevió a despreciar a mi hermana y la está haciendo sufrir.

Angello le tomó las manos con fuerza, se las sostuvo y lo alejó de él—Sin agresiones compañerito. Y no, no soy un maldito, tampoco he despreciado a tu hermana, de haberlo hecho no estuviera aquí buscándola—expresó con seriedad.

—¡Ya basta Gianluca! Hazme el favor de calmarte, si no puedes controlar tu carácter, entonces retírate, ve que te pegue el aire fresco en el rostro o échate agua—pronunció con un tono de molestia su padre, entretanto Gianluca miraba con profunda rabia a Angello y procedía a retirarse.

—Disculpe la impulsividad de mi hijo, lo que sucede es que protege demasiado a Martina, y cuando piensa que le hacen daño, salta como una fiera. Venga, vamos a la sala de la casa para conversar—manifestó el señor Martín, indicándole el camino que debía seguir.

Angello durante toda su vida, jamás había tenido que enfrentarse al padre de ninguna enamorada, aunado a que Martina no era cualquier chica, era la mujer que amaba como estaba seguro no haber amado nunca a nadie, por ello lo nervios hacían estrago en su interior produciéndole un revoloteo que no recordaba haber experimentado con anterioridad, se obligó a calmarse, parecía un adolescente, se recriminó internamente.

 “Por favor Angello eres un hombre de cuarenta años, con dos hijos, te has enfrentado a inversionistas de todo el mundo, nunca te has sentido intimidado por ellos, todo lo contrario, eres tú quien controla y lleva la dirección  de las juntas y de repente estás en ese estado porque debes enfrentar en una conversación al padre de la mujer amada”, se dijo.

El señor Martín tomó una botella de Whisky, un par de copas del pequeño bar ubicado en el lateral derecho de la sala, le agregó hielo y le sirvió sin preguntarle como lo quería, se lo entregó y segundos después le preguntó.

—Necesito señor Angello que usted me explique ¿Qué sucedió entre Martina y usted?

Se sentaron en el juego de sofá, Angello puso el trago en la mesa de centro, mientras se pasaba las manos por las piernas del pantalón para secarse el sudor que de repente había empezado a correrle por las manos —¿Qué le ha contado Martina? —le devolvió la pregunta.

—Solo mencionó que había conocido a alguien pero ese hombre la había rechazado, no hizo mayor referencia—mencionó el señor Martín.

—La conocí cuando chocó mi Ferrari, me bajé furioso, despotricando, ella solo me observó despectivamente y me dejó allí molesto hablando solo.

—Así es mi Martina, ella nunca ha tolerado que le hablen fuerte, desde que era una bebé, para decirle que no debía hacer algo porque estaba mal hecho,  tenía que hablársele con ternura, porque si le llamabas la atención hablándole duro, te ignoraba, hacía como si no estuviesen hablando con ella—contaba su padre con una sonrisa y una mirada radiante—y sus hermanos desde que era una niña de ocho e incluso de adolescente, pretendían controlarla, alegando que ellos eran hombres y mayores, pero eso no tenía importancia para Martina, nunca se dejaba intimidar con nadie, se peleaba a puños con ellos, claro está mis hijos nunca se atrevieron a regresárselos, porque de hacerlo se metían en problemas conmigo, siempre les enseñé que las chicas eran intocables.

«Mi pequeña ha sido un vendaval, una contradicción, porque ella es dura pero sensible, fuerte, pero frágil, de carácter pero tierna, voluntariosa y amorosa. Es mi princesa, y no voy a permitir que nadie la dañe ni provoque tristezas en su corazón.

Angello se quedó observando al señor Martín y sintió un nudo en su garganta, lo complació que Martina tuviera un padre tan amoroso y protector, cuanto le hubiese gustado haber tenido en su niñez alguien que lo hubiese protegido con esa vehemencia, una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Quiero dejarle claro que amo a su hija,  ella se coló en mi duro corazón de piedra y lo volvió sensible, nunca mi intención fue rechazarla, solo tuvimos una pequeña desavenencia, tengo dos hijos una niña de quince años y un joven de veinte, y digamos que se presentaron unos malentendidos, que tenían que ser resueltos, no podía iniciar una relación con Martina sin antes resolver esos asuntos—declaró Angello.

—¿Es casado, divorciado? —interrogó el señor.

—Soy viudo, pero el problema era relacionado con mi hijo mayor que se oponía a una relación con Martina, y yo simplemente no podía romper relaciones con mi hijo. Sin embargo, todo está resuelto. Vine porque quiero estar junto a ella, se que ella tiene un fuerte carácter, cuando algo le molesta no duda en dejarlo claro y defiende como una fiera a la gente que aprecia, le confieso que eso fue lo que atrajo—pronunció con una sonrisa pero abstraído al imaginarse la actitud de ella, cada enfrentamiento, discusión.

—Espero que en realidad este seguro de sus sentimientos y que sus hijos no intervengan en su felicidad, porque creo que no es bueno para mi hija estar en esa zozobra, como le dije no quiero verla sufrir, mi niña siempre ha sido una mujer feliz, segura de sí misma y no quiero que eso cambie. Soy un hombre completamente razonable, pacifista hasta que tocan los míos, allí me puedo transformar en una bestia para defenderlos. ¿Capisci?

—Completamente claro señor Martín.

—¿Almorzó?

—Aún no—contestó Angello.

—Voy a pedir que le sirvan el almuerzo, luego de ello le permitiré subir a la habitación de Martina para ver si quiere hablar con usted. Debe tenerle paciencia, porque ella es un poco orgullosa, aunque es razonable. Deberá ganarse su perdón, y por el bien de todos, espero que sea pronto.

Minutos después la señora María Martha, la madre de Martina, le sirvió la comida, una parrillada italiana, constituida por pollo, ruedas de osobuco, chorizos morrones rellenos y asado. La señora ni siquiera se sonrió con él, aunque fue atenta no derrochó amabilidad, conoció a sus hermanos mayores, Martino, Marcos, Genaro y Gianluca, este último con quien no tuvo muy buen comienzo y aún se mantenía a la defensiva, parecía una fiera esperando brincar sobre su presa.

Los hermanos mayores, le hicieron un par de preguntas, se sentía como un espécimen siendo examinado, lo interrogaron sobre a qué se dedicaba, hablaron un poco de barcos y telecomunicaciones, la intervención de ellos trataba de apaciguar el tenso ambiente provocado por la madre y el hermano menor de Martina, se sentía como en un banquillo de acusados.

Una vez que terminó de comer y la señora le quitó el plato le dijo en voz amenazante —Si se te ocurre hacer sufrir a mi hija, vas a conocer de primera mano, como es arder el hacha.

Angello no pudo evitar que una sonrisa acudiera a sus labios, porque la señora hizo un gesto que le recordó a Martina, pero ella mal interpretó su expresión creyendo que se estaba burlando.

—¿Te atreves a burlarte de mí? —expresó en un acento chileno.

—Por supuesto que no, sería incapaz de hacerle burla, discúlpeme, fue solo que su expresión me recordó a un gesto que hace Martina—miró al señor Martín como pidiéndole auxilio, pero este estaba disfrutando del impase que se había suscitado entre la señora y él.

—No te preocupes Angello, mi esposa a los extraños le ladra pero no muerde—expresó riéndose con una carcajada, su esposa que se había colocado a su lado, le dio un codazo por las costillas a lo que él, pegó un pequeño grito.

—¡¿Qué pasó mujer?! No me agredas—dijo sin dejarse de reír.

—¡Martín te burlas de mí!—afirmó enojada.

—Claro que no amor, solo trato de quitarle intensidad al momento, no ves que estás intimidando a Angello. Y no te entiendo hace un momento estabas ansiosa porque tu hija consiguiera un esposo, y hasta invitaste más de una docena de hombres, y ahora que este apuesto caballero le ha pedido matrimonio, te pones como una canina cuidando a su cachorra ¿Quién te entiende?

Mientras pronunciaba esas palabras Angello arqueaba sus cejas sorprendido por el descubrimiento que había hecho del motivo de celebración, con razón Martina estaba desencantándolos cuando llegó, con eso se dio cuenta que la señora María Martha era una mujer de armas tomar, ya sabía de quien su amada había heredado ese carácter, en esa familia el más tranquilo era el padre y ya le había dicho que se convertía en una bestia para defender lo suyo, para su buena suerte él jamás le haría daño a la mujer que amaba, él la defendería el doble.

—Lamentablemente este señor Casiragui no me convence y no voy a darle a mi hija a cualquier extraño—espetó molesta.

—Pues amada mía, aceptar o no Angello, no te corresponde a ti, es una decisión exclusiva de tu hija, así que déjala, ella es lo suficiente madura para decidir lo que va hacer—expresó con voz calmada pero firme, mientras todos permanecían en silencio. Allí se dio cuenta que aunque era un bromista, su palabra era respetada en esa casa—Angello sube al primer piso a la derecha de la escalera la tercera puerta, allí está Martina. Haz lo propio para conseguir el perdón de mi hija, si ella se fijó en ti debes tener unas cualidades que ella observó y que provocó esos sentimientos en ella, porque si de algo estoy segura, es que mi niña no se deja llevar por lo superficial.

Sin pensarlo ni un minutos más y sintiéndose aliviado subió a la habitación que le había indicado, como no le respondió,  abrió la puerta que estaba sin seguro y entró. Martina estaba en la cama acostada en posición fetal con una almohada entre sus piernas vestida con una bata de dormir corta, al estar más cerca se dio cuenta que se había quedado dormida. Se veía tan bella, tan etérea, tan relajada.

Se quitó la chaqueta que cargaba y se recostó en la cama con ella, la abrazó por la espalda, posando su mano en el estómago, mientras olía su cabello, con su característica fragancia de coco con pequeños toques de almendra dulce, pero ahora percibía un sustrato de vainilla. Sonrió al captar el rico olor de Martina, había descubierto que olfatearla lo relajaba y le inspiraba una profunda paz, sin darse cuenta se quedó dormido.

Ella soñaba que dormía plácidamente abrazada de Angello, sin embargo, sentía que estaban muy lejos, se acercó buscando un mayor contacto, sintió que  las manos de él recorrían sus senos, arqueó su espalda para darle mayor acceso a ellos, era tan exquisitas esas sensaciones que no pudo evitar que un par de gimoteos surgieran de su boca, se sentía entre dormida y despierta, todo era tan real y tan maravilloso, que se obligó otra vez a sumergirse en la bruma de sus sueños, lo desnudó poco a poco mientras su cuerpo seguía aumentando la temperatura.

Así continuó recibiendo cada caricia de sus manos y también dándole placer, cada segundo que corría iba encendiéndose, hasta volverse una gigantesca hoguera que la devoraba irremediablemente, sintió la fricción de sus pieles en el proceso ardientes, deseosas, necesitaba que él sofocara esas llamaradas calientes que amenazaban con consumirla, sintió que él le abría las piernas y posaba su bálano en la entrada de su cavidad vaginal, hasta que se introdujo completamente con cuidado, comenzó a moverse a un ritmo lento pero potente, mientras la tomaba de la cintura, amenazando con arrojarla a la locura, se movía adentro y afuera, a un suave ritmo que la atormentaba, hasta que de su boca salió —¡Por favor! Muévete más fuerte!

Angello de inmediato cumplió su deseo y aumento sus acometidas, la penetró más profundo y con fuerza, acelerando sus movimiento como un poseso, la hizo estallar en un maravilloso orgasmo, siguió moviéndose hasta alcanzar el mismo su propia satisfacción,  Martina percibió como salía un gran chorro de su semilla bañando su interior y en ese mismo momento se dio cuenta que no era un sueño como había pensado, si no que acababa de yacer con el hombre que la había rechazado.

Apretó los ojos con fuerzas, respiró profundo tratando de controlar su inflamable carácter que amenazaba con explotar, y sin más pérdida de tiempo expresó —Angello Alessandro, ¿Quiero que me expliques que haces en mi cama? ¡¿Cómo entraste?! ¿Y por qué me has follado sin mi autorización y si estar consciente de lo que hacía? —concluyó con su rostro sonrojado, mirándolo con una profunda rabia, mientras él la miraba intranquilo por su reacción.


“Los sueños son tan solo un reflejo de lo que el corazón quiere” Anónimo.


CAPÍTULO 17. ¡PAULA ME NECESITA!


Angello la observó intranquilo, pero de inmediato pensó que esa era su oportunidad de ser perdonado —Bueno, aunque me acosté a tu lado con la intención de solo estar cerca de ti, me quedé dormido y tú empezaste a tocarme, por lo que resulta obvio que hago en tú cama y aunque no estabas despierta estabas plenamente consciente de lo que hacías.

Ella iba a responderle con una palabrota, pero Angello se le adelantó y la besó en la boca impidiéndole hablar, al principio se resistió pero luego fue cediendo y respondiendo de manera apasionada al beso, se separaron para poder respirar sin dificultad.

—Si serás aprovechado, pretendes…—otra vez fue interrumpida por un beso de Angello. Y así cada vez como en cinco oportunidades que pretendía pelear, él la besaba para obligarla a callar.

—Cada vez que vayas a pelear conmigo tendrás la misma respuesta. Escúchame, si estoy aquí es porque te amo, nunca había estado tan seguro de algo en mi vida, quiero amanecer contigo en mis brazos cada día, abrir los ojos en la mañana y la primera mirada que cruce mi rostro sea la tuya. Entiéndeme, tenía miedo de arriesgarme y perder a mi hijo, Paula ni siquiera ha respondido las llamadas, incluso he tenido que ceder llamando a DeFranco, quien no pierde oportunidad de amenazarme y chantajearme, por favor amor, no me hagas todo más complicado de lo que ya está.

«Sé que fui un tonto al desconfiar de ti, pero Martina, debes entenderme que es nuevo para mí saber que puedo confiar en alguien, ya sabes que toda mi vida me han defraudado, no he tenido motivo para esperar cosas buena de la gente, hasta ahora  que sé eres digna de mi confianza.

«Mi amor, tú crees que si no fueses importante para mí, ¿Iba a correr a buscarte? ¿Me arriesgaría a confesarte mi amor delante de tus enamorados y tú familia? Iba a insistir después que me dejaste botado haciendo el ridículo en el jardín de tu casa y aguantarme a la fiera que es tu mamá y al celoso de tu hermano. Más bien tengo suerte de estar entero —expuso sin dejar de mirarle el cuerpo desnudo de ella que permanecía frente a sí, igual al de él.

Al escucharlo Martina no pudo dejar de carcajearse —Ellos no son mis enamorados, no me gusta ninguno—le dijo mirándolo intensamente.

—¿Y yo te gusto un poquito? —la interrogó dibujando una expresión compungida en su rostro.

—Creo que  me gustas como una nano partícula—expresó seria.

—Bueno mi macro amor alcanza para los dos—expresó acercándose a ella. Pero cuando la iba a besar ella puso las manos en su boca y evitó su avance.

—Te amo Angello—cuando la escuchó él no pudo evitar que su corazón saltara de emoción y hasta sus ojos se humedecieron porque no pudo evitar que unas traicioneras lágrimas se escaparan de sus ojos, pero en ese momento se levantó de la cama y disimuladamente se secó el rostro.

Martina se levantó también se le paró al frente y lo tomó del cuello para besarlo —No sé cómo ni cuándo sucedió, pero es una realidad, no tienes idea como te extrañé estas tres semanas, te volviste una pieza esencial en el tablero de mi vida.

Angello la alzó del suelo, le dio la vuelta y cayeron juntos en la cama —Mi Martina, mi peleona, mi caraotica, te amo inmensamente, nunca quiero separarme de ti, eres la luz que ha venido a resplandecer en mi vida, el sol que ha salido después de la tormenta más oscura que había sido mi vida.

—Mi amargadito, ahora te bautizo como mi dulcito de leche—le dijo abrazándolo, y así fueron tocándose, acariciándose hasta encender nuevamente sus cuerpos, pero esta vez se entregaron lentamente con ternura, como si tuviesen todo el tiempo del mundo para amarse.

****************************

Paula estaba en la mesa, había evitado comer con su abuelo a la hora del almuerzo, pues él no perdía oportunidad de hablar mal de su padre, se expresaba con tanto odio que en su mente no entendía como un progenitor podía expresarse de esa manera de su hijo. Y aunque a ella no la trataba mal, le molestaba las agresiones constantes a su padre y siempre había una actitud de Defranco como de conspiración, de hecho en varias ocasiones se le había erizado la piel como si hubiese estado expuesta a la maldad pura.

Había llamado a su padre en varias oportunidades para notificarle que regresaría con él, pero siempre cuando marcaba registraba número ocupado y aunque había intentado irse por sus propios medios, su abuelo había dado instrucciones precisas a los hombres de seguridad que no podía salir de la casa sin que él lo autorizara previamente.

 

Estaba preocupada, tal vez su padre se había enojado con ella por lo duramente que se comportó con él, pero es que cuando lo vio tan enfurecido, creyó en las palabras de su abuelo, solo que luego de haber pasado esas tres semanas en su casa, pudo comprobar que no era un hombre de fiar, estaba demasiado lleno de enojo en contra de su padre, y lo más sorprendente de todo y que no podía explicarse era ¿Por qué su abuelo hablaba con tanto amor de su madre, tratando de convencerla que debía sentir más amor por ella? mientras que hacía lo contrario con su propio hijo, eso no lo entendía y la tenía realmente pensativa.

Se encontraba procesando esos pensamientos, cuando apareció él, acompañado de Zoe, su novia una mujer mucho más joven que él, tal vez no pasaba de los veinticinco años, pero que tenía un aire familiar, no lograba comprender de donde la había visto, era una muy atractiva, pero se había dado cuenta que lo miraba con rabia cuando pensaba que nadie la estaba viendo, sin embargo, a ella la había tratado con una excesiva amabilidad.

—¿Me estás rehuyendo Paula? — interrogó Defranco.

—Por supuesto que no abuelo,  solo que quería estar sola, meditar en muchas cosas. Por ejemplo, que quiero irme a casa con mi padre, no quiero estar más tiempo lejos de él.

—¡No te irás! ¡No lo permitiré! —exclamó molesto— ¿Cómo pretendes que te deje ir a vivir con Angello, después de lo que te he contado de él? No te olvides que es el asesino de tu madre.

—¡Mi papá no es un asesino! él sería incapaz de causarle daño a alguien, y si fuese como tú dices no hubiese sufrido tanto tiempo por haberla perdido, así que no permitiré, continúes expresándote así de él, como puedes despotricar de tu propio hijo—dijo furiosa—¿Dime abuelo que pasó para que no exista entre ustedes un amor filial? —interrogó con firmeza.

—Es un maldito que nunca debió nacer, la puta de su madre tenía que haberlo expulsado como se desechan las cosas malas, maldigo cada momento en que la zorra esa me atrapó, endosándome al miserable ese—dijo enrojecido por el odio que lo enceguecía.

Las palabras pronunciadas por su abuelo hirieron profundamente a Paula, por ello no pudo evitar recriminarlo con lágrimas en sus ojos —Eres un desnaturalizado, ¿Cómo se te ocurre despotricar en contra de mi padre, de tú propio hijo?

—Él siempre me quitó a las mujeres que amaba, a Lorenza, a  tu madre—expresó sin pensar.

—¡¿Qué estás diciendo?! Mi madre era su esposa, ¡La mujer que amaba! —exclamó la niña angustiada mientras observaba que Zoe se mantenía impasible, observando la discusión con rostro sorpresivo.

—Creo que es hora que sepas la verdad, no eres ninguna niña que no puedas entender las cosas, la primera mujer que amé con toda mi alma, se llamaba Lorenza y tu padre la violó, luego de eso ella no logró ser feliz y se apartó de mi lado, la perdí  por culpa de él, y no conforme con eso, se enredó con tú madre, cuando ella era mi mujer, se le metió por los ojos y la encandiló hasta que juntaron y terminó casándose con ella, cuando era notorio para todos que Camelia me amaba a mí. ¡Ahora dime tú! ¡¿Cómo puedo amar al causante de mis desgracias?! —concluyó encolerizado.

—¡Eres un mentiroso! ¡Eso que dices no puede verdad!—gritó Paula, mientras sentía como una fuerza que acababa con todo su interior, incluso con todo lo que había creído hasta ese momento, lloraba angustiada, diciendo—¡No es verdad! Mamá y papá se amaban ¡Estás mintiendo! —exclamaba en alta voz.

—Por favor ¡Basta! No hagas eso—le decía Zoe a Defranco, pero este no se detenía.

—Nada de basta Zoe, es hora que ella conozca la verdad, que grite todo lo que quiera, pero estoy siendo sincero con esta niña, Camelia no soportaba a Angello, solo lo usó para castigarme, y si estaba aún  con él, era porque queríamos apoderarnos de la naviera, ella no lo amaba, me amaba a mí, se sentía mujer solo conmigo, yo era el hombre de su vida. El día del accidente, Angello nos encontró haciendo el amor en su casa y ella le contó toda la verdad, él nos echó de allí y por culpa de su intervenir tuvimos el accidente.

Paula estaba desecha llorando, buscaba dejar de oírlo, tapándose los oídos, quería huir de allí, no podía creer eso, su abuelo era un hombre malo, solo decía eso para lastimarla.

—¡Cállate! ¡Cierra la boca!, todo lo que sale de ella es falsedad, eres un mentiroso,  eres mil y un millón de veces patrañero—decía Paula dejándose caer de rodillas en el suelo y las lágrimas bañaban su rostro marcado por la profunda desesperación.

—Claro que es cierto y eso no es todo, tú y tu hermano son…—pero al empezar hablar, algo impulso a Zoe a intervenir, tenía su sospecha de lo que iba a decir pero no podía permitir que ese hombre siguiera causándole daño a esa niña.

—Por favor Defranco, mejor calla, mira como la pequeña está en ese estado, si en algo aprecias su vida, deja que me haga cargo, sube para que te calmes y déjame a mí con ella, ¡Por favor!—le rogó.

El hombre se quedó observando a las dos mujeres y cedió, entretanto la jovencita lloraba tirada en el piso, con los ojos rojos, tomándose los cabellos mientras sus sollozos se oían por toda la casa—Está bien me iré, pero esa es toda la verdad afirmó.

Zoe se dirigió a la pequeña y la abrazó —Ya criatura no llores, te puede hacer daño, debes calmarte, respirar profundo y pensar lo que vamos hacer.

—Quiero ir con mi padre, por favor, ayúdame a salir, no quiero estar más con ese hombre malo, como puedes soportar un ser tan mezquino y malvado como ese—expresó sin dejar de llorar.

—Paula—comentó en un susurro y en ese mismo tono sin alzar la voz le dijo—nunca las cosas son lo que parecen. Algún día, ese hombre va a pagar todas las maldades que ha hecho. Eso te lo juro por la memoria de mi madre—manifestó la mujer con melancolía.

—¿Quién eres zoe? —interrogó la niña con curiosidad.

—Yo soy, algo así como la ayudante de la Iustitia—confesó—que tarde o temprano alcanza la maldad y le da a cada uno lo que le corresponde, así que no te preocupes, porque Defranco Casiragui, tarde o temprano tendrá la recompensa que se merece. Y ahora mira, vayamos a mi habitación para que llames a tu padre, las llamadas desde el celular que te compró tu abuelo no te caen porque tiene un bloqueador de señal, nunca confíes en él—le dijo mientras la llevaba tomada de la mano para que hiciera la llamada, sin que Defranco se diera cuenta.

***********************************

Angello y Martina ya se habían vestidos, luego de bañarse, él le pidió que se pusiera la misma ropa que cargaba cuando llegó y la encontró dando un desmotivarte discurso para sus enamorados.

—Angello ¿Por qué no te mojaste el cabello? —lo interrogó Martina.

—Imagínate, tú con tu melena mojada y yo saliendo igual, tu familia va a pensar que estuvimos haciendo el amor y que nos duchamos juntos—confesó Angello preocupado.

—Pero fue eso lo que hicimos, dos veces en la cama y una en la ducha—lo debatió ella.

—Es cierto mi caraotica, pero una cosa es que presuman que fue así y otra que haya más indicios de que fue verdad.

Martina entró en el baño y de repente pegó un gritito —¡Ay! —cuando Angello la escuchó, salió corriendo para ver que le había pasado, cuando llegó Martina había tomado agua con las dos manos y le mojó los cabellos.

—¡Po Dios mujer! ¿Qué has hecho? —la interrogó.

—Terminando de preparar los indicios, y que todos crean lo que es, así no tengo que dar muchas explicaciones ¿Tienes algún problema?

—Ahorita no, pero cuando baje allí, voy hacer carnada para los peces que tienen en ese hermoso lago adyacente a la propiedad—le mencionó.

—¿Les tienes miedo a mis hermanos? Todos son más bajo de estaturas que tú.

—Tus hermanos no me preocupan, a la que le tengo miedo es a tu mamá—expresó arqueando las cejas.

En ese momento Martina no pudo dejar de reírse  —Tranquilo estaré a tu lado para protegerte de las fieras que nos esperan abajo.

Juntos bajaron tomados de la mano y apenas verlos, todos se quedaron viéndolos fijamente, pero quien no pudo resistirse a buscar problemas fue GianLuca, apretó los puños y se paró frente a Angello en señal belicosa.

—Eres un descarado, ni siquiera respetaste la casa de mis padres y entraste a la habitación de mi hermana a …—pero Martina no lo dejó terminar, se paró delante de Angello para protegerlo de su hermano y expresó.

—Párame el carro Gianluca, numero uno soy una mujer adulta no una niña, dos respeta a Angello y respétame a mí, no soy una mujer indefensa a quien van a obligar a actuar de una manera sin quererlo. No me subestimes ¿Qué sabes tú, si fui yo quien llevó a Angello a actuar de esa manera haciéndole creer lo que no es? —interrogó perspicaz.

Angello, se quedó pensativo por unos segundos, la tomó de los brazos y la giró hacia sí —Martina estás insinuando lo que creo que estás haciendo.

—Si Angello definitivamente es eso, estaba entre dormida y despierta cuando entraste y te recostaste a mi lado y me abrazaste, te empecé a acariciar, pero luego de unos minutos estaba en todas mis facultades mentales, por eso estaba muy despabilada cuando hice el amor contigo, pero como soy una orgullosa que no da su brazo a torcer, hice que repitieras esas hermosas palabras de que me amas—concluyó con un puchero.

—Creo que acabo de ser manipulado por mi futura esposa—afirmó Angello.

—Mi vida no es manipulación, es simplemente una lección que te estoy dando, nunca subestimes la destreza, la capacidad y la inteligencia de nosotras las mujeres, las cosas que pasan entre un hombre y una fémina ocurren porque nosotras así lo permitimos—concluyó tomándolo del cuello  para acercarlo a sus labios y darle un profundo beso, que los hizo olvidar el lugar donde estaban.

De repente escucharon que el padre de Martina se esclarecía la garganta y preguntaba—¿Va haber o no boda?

—Va haber boda—respondieron los dos al unísono.

—¿Cuándo? —interrogó la madre.

—Dentro de un mes madre ¿Estás de acuerdo novio? —preguntó Martina.

—Por mí me casaría contigo mañana mismo—respondió él.

—No me tientes amor, porque puedo tomarte la palabra.

El padre de Martina, estaba sirviendo las copas para brindar, cuando sonó el celular de Angello.

De inmediato lo atendió, al responder era su niña Paula, quien le hablaba en un tono lloroso—Por favor papá, ven a buscarme, no quiero estar más aquí, perdóname por haber dudado de ti, pero no me dejes en esta casa. Corre a buscarme por favor—espetó con angustia.

—¡¿Qué pasó Paula! —exclamó en voz alta con tono de pre

ocupación Angello.

—Ven por mi papá, pronto por favor—manifestó la niña.

—No te preocupes mi amor allí estaré—la joven cortó y de inmediato la inquietud se reflejó en el rostro de Angello—mi caraotica, por favor perdóname pero Paula me necesita y debo ir por ella—le informó mientras Martina lo miraba circunspectamente.

 

“Si lo piensas, la vida te golpea, pero cuando menos te lo esperas llega tu recompensa. Así que ten paciencia”. Nach.


CAPÍTULO 18. IRREMISIBLE VERDAD

 

Martina se quedó mirándolo pensativa, mientras Angello la observaba con preocupación hasta que intervino Gianluca  —¿Pretendes dejar a mi hermana embarcada cuando estabas estableciendo un compromiso con ella, por ir tras seguramente una muchachita malcriada y maleducada? Tú eres un descarado—interrogó con enojo.

Angello respiró profundo, no soportaba la actitud del hermano menor de Martina, de hecho era más insoportable que una patada en su parte intima, pero debía controlarse, era impresionante lo que se hacía por amor, pensó, pero antes de que él hablara Martina intervino.

—Manito, sabes que eres mi adoración, ¡Por Dios! eres el niño de mis ojos, pero hay algo que no voy a permitirte, ni a ti ni a nadie—expresó observando también a su madre, a quien vio con la intención de intervenir—los problemas o situaciones entre Angello y yo, lo arreglamos entre nosotros, a menos que un momento dado les pida a alguno de ustedes su opinión sobre un tema en particular. En este caso en particular, Angello no me está dejando embarcada, ante todo comprendo que él es padre y Paula es una adolescente que tiene por ahora un problema y está llamando a su papá para que la auxilie.

«Para información de todo ella no es una niña malcriada, caprichosa, exagerada ni mucho menos problemática y si le está diciendo que está en problema es porque verdaderamente es así. Por eso familia, los amo pero no voy a permitir que queriéndome sobreproteger sean injustos. Les repito, cuando los necesite, tengan la plena seguridad que les pediré ayuda—. En ese mismo instante tomó a Angello de la mano y salió al jardín externo,

Angello no dejaba de sorprenderse por lo directa que era Martina, simplemente no tenía dobleces y eso le encantaba —Nos salió una defensora a Paula y a mi—afirmó.

—No es defensa es justicia, aparte de que esta situación nos compete solo a los dos ¿Qué pasó? —lo interrogó.

 —Amor, lamentablemente no me dijo nada, solo lloraba desconsoladamente, tengo miedo porque sé que DeFanco es capaz de hacer cualquier cosa, aunque como me dijo él mismo, la diferencia está en que a ella y a Franco los ama porque fueron sus hijos deseados mientras yo no.

Martina lo abrazó para reconfortarlo —Ni falta que te hace que ese repugnante ser te ame. ¿Cuándo nos vamos?

Angello se quedó viéndola, mientras con una mano la sostenía por la cintura apretándola a su cuerpo y con la otra le tomaba el rostro, —Me voy solo, no irás conmigo Martina—expresó con seriedad.

—Voy a ir contigo, no voy a dejar que te enfrentes solo con ese miserable—respondió con la misma expresión.

—Mi caraotica, ¡No vas a ir! —espetó con firmeza, pero al ver su rostro enojado, flexibilizó su expresión— por favor amor, no quiero que estés cerca de ese hombre, me daría terror si intentara hacerte algún mal a ti para hacerme daño a mí, si nos vuelve a ver  juntos no le quedará duda de lo importante que eres para mí—concluyó acariciándole el rostro con el dorso de la mano.

Martina subió su mano y atrapó la de él —No me pidas que te deje ir solo porque no lo haré, se el daño que te hizo, y como pierdes el control al estar cerca de él, voy a ser tu esposa, tenemos un compromiso, ¿No entiendes que así como te empeñas en mantenerme a salvo, también lo quiero hacer yo contigo?

—Si te entiendo, pero si te llega a pasar algo, no lo soportaría, no volvería a levantarme—le enfatizó con preocupación.

—Angello si te vas solo la angustia no me dejará estar tranquila, los nervios me consumirán, incluso puedo terminar enferma por el estrés, ¿Quieres eso para mí? —lo interrogó haciendo un puchero que desarmó a Angello.

—Mujer ¿Qué voy hacer contigo? —le preguntó, exhalando un gran suspiro.

—Llévame contigo ¿sí?—lo abrazó fuertemente, entretanto le besaba el cuello, hasta chuparlo y dejarle un pequeño rosetón.

Inmediatamente la abrazó, la levantó un poco del suelo y la besó profundamente, por un par de minutos se entregaron a las caricias, a los roces, hasta que necesitaron separarse para pode insuflar aire en sus pulmones —Te amo Angello.

—También te amo mi amor, no sé si después me arrepentiré de esta decisión, pero sé que no te quedarás tranquila hasta que ceda. Prepárate para que viajemos. Déjame llamar al piloto para que prepare el jet.

—Gracias amor, déjame arreglar mi equipaje y avisarle a mi familia—le dijo besándole  y después salió corriendo hacia el interior de la casa mientras él se quedaba afuera coordinando lo del viaje.

Al entrar a la casa, estaban sentados todos en la sala, se quedaron viéndola como preguntando con sus miradas lo que no se atrevían hacer con su boca.

—Madre, padre, me voy a Roma con Angello, vamos a buscar a su hija Paula que lo ha llamado con urgencia.

Su padre movió su cabeza en señal de aceptación pero su madre se quedó observándola y segundos después le preguntó —¿Le dijiste que estabas esperando un hijo?

Sus hermanos se quedaron estupefactos, sus expresiones eran tan sorpresivas que le resultaron hasta cómicas, cuando uno de ellos iba hablar, Martina lo interrumpió diciéndole —Agradezco que no me cuestionen, alégrense más bien que en unos meses van a ser tíos. Y no aún no le he dado la noticia, esperaré el momento oportuno, en estos momentos Angello tiene tantas cosas en mente que creo que no sería recomendable hacerlo.

—Pero no esperes tanto Martina, debo reconocer que eres especial para Angello, porque de no ser así, no se iba a presentar sorpresivamente con semejante confesión de amor.

—Es cierto, cuando dijo todas esas palabras casi me le lanzó encima pero el miedo en mi fue muchísimo mayor. Los amo a todos pero ya debo prepararme para partir—subió a su habitación y preparó su maleta. Cuando estaba a punto de bajar Angello llegó a la habitación y la ayudó a bajar su maleta, se despidieron de la familia, ante las lágrimas de la señora María Martha que lo miraba molesto.

—Angello, cuídame a Martina porque si no tendrás que vértela conmigo—le dijo la señora mientras se despedía.

—No se preocupe, la cuidaré con mi propia vida si es necesario.

Al despedirse, un vehículo los esperaba frente a la casa, se subieron y partieron rumbo al aeropuerto donde lo estaba esperando para despegar con destino a Roma.

Una hora y diez minutos  después habían llegado a Roma, los esperaba el auto de Angello, se dirigieron a la mansión de Defranco. Al llegar, a  Angello le llamó la atención que estuviese estacionado el auto de su hijo allí.

Descendieron del auto y tomados de la mano caminaron hacia la entrada, les abrieron la puerta y los encaminaron al comedor, eran aproximadamente las ocho de la noche, apenas los vio Defranco en tono de burla expresó —Llegó el hijo mayor, aunque no por eso el más querido. ¿Qué haces en mi casa?

—Vine a buscar a mi hija y veo que mi hijo está también aquí.

—No se porque te encanta engañarte a ti mismo. Pero  en el fondo me contenta que estés aquí para que conozcas a mi futura esposa Zoe, este es Angello.

Zoe se puso nerviosa al verlo, su corazón comenzó a latir por fuerza, era hermoso, perfecto, aunque tenían un aire de dureza en el rostro y hasta de un poco de tristeza, también divisó un rastro de esperanza, se emocionó sobremanera, no pudo evitar sonreírse con él, y que la felicidad de verlo en persona por primera vez se reflejara en su rostro, extendió su mano y Angello se la estrechó, el frunció el ceño al sentir una conexión con la chica y ese reconocimiento fue recíproco.

Martina los observó y sintió un sudor frío recorrer su cuerpo, estaba segura que algo había sucedido cuando se habían estrechado la mano, se regañó a sí misma  por su ¿Desconfianza, celos? Reamente no sabía identificar las razones.

—Así que usted es Zoe, tengo la impresión de haberla visto en alguna otra parte.

Zoe se puso nerviosa, no podía permitir que el atara cabos y terminara reconociéndola, y aunque se moría por abrazarlo y besarlo, no podía hacerlo porque dañaría sus planes.

—No creo que no conozcamos, primera vez que lo veo en mi vida.

Defranco se quedó viendo el intercambio entre los dos, y esbozó una sonrisa de maldad, si estaba con esa Zoe, realmente no era porque la amara, le gustaba sí, pero no era quien le quitaba el sueño, eso lo estaba haciendo últimamente la hermosa mujer de carácter que estaba parada al lado de Angello.

Sin perder tiempo, y al observar el interés con el cual se evaluaban Zoe y Angello, le dijo —Si tanto te ha impresionado mi mujer, puedo cambiártela por la hermosa Martina.

Angello apretó los puños, tenía unas ganas de reventar al golpe al desgraciado, pero sintió la suave mano de su caraotica en su bíceps y logró calmarse—definitivamente eres un miserable, irrespetuoso sobretodo con ellas como mujeres, porque no son objetos, propiedad de alguien para intercambiarlas, eres tan asqueroso. Y óyeme bien—le dijo amenazante— jamás permitiré que te le acerques a Martina, ella será mi esposa.

—Pues “querido hijo” —expresó sarcástico— el mundo da mucha vuelta, ¿Aún no te enteras?

Enseguida Zoe se giró hacia Martina y le extendió su mano para saludarla, ella era la causante de esa esperanza que veía en él, eso la emocionó, pero se dio cuenta que a Martina algo no le agradó y que su sonrisa fue simulada.

Martina no pudo dejar de ver a Angello que no le quitaba la vista de encima a Zoe y lo mismo le sucedía a ella, la rabia, iba acumulándose poco a poco en su interior y amenazaba con desbordarse.

—Quiero que busquen a Paula, porque nos vamos, el ambiente en esta casa es bastante tóxico—comentó con firmeza.

—Por favor Angello, Martina, tomen asiento por un momento, mientras Paula baja en unos minutos—anunció Zoe.

Ellos se observaron, ninguno quería estar más de lo debido en esa casa, sin embargo, no pudieron rechazar la amabilidad de la mujer, y se sentaron, pero apenas había pasado un par de minutos, cuando bajaron Paula y Franco, la joven con los ojos  rojos producto del llanto, al verlo salió corriendo y abrazó a su papá llorando—Gracias por venir a buscarme, te amo y te he extrañado tanto. Zoe me ayudó para llamarte.

Martina observó la sonrisa de Zoe, daba la sensación de sentirse orgullosa por lo que veía, ella regularmente no era celosa, pero la actitud de la mujer era demasiado extraña y no terminaba de agradarla, sin embargo, se obligó a calmarse.

Luego de saludar a su padre, la chica se dirigió a Martina y la abrazó profundamente emocionada

—No sabes lo feliz que me hace que estés aquí con papá, me alegra tanto que estés haciéndolo feliz y que vayas a ser mi madre—replicó Paula.

En ese momento Zoe se sintió un poco incómoda y expresó—Martina no puede ser tu madre porque es muy joven para eso, será tu madrastra.

Pero antes de que Martina respondiera la niña expresó —Las madrastras de los cuentos son malvadas, pero Martina no, desde que la vi por primera vez, supe que sería alguien importante en mi vida y no me equivoqué.

—Yo también mi niña, desde que te vi, sentí una imperiosa necesidad de protegerte, como una fiera a su cachorro—dijo sonriente.

—Eso es bueno que hayan sentido esa conexión, uno siempre la percibe con personas que fueron o serán importante en nuestras vidas—confesó sin dejar de mirar a Angello.

Todos se dieron cuenta de su mirada hacia él, pero ninguno dijo nada todos se miraron como extrañados hasta que Angello decidido se levantó de la mesa, tomó a Martina de la mano y les dijo a sus hijos —Es hora de irnos—y se despidió de los demás con un —hasta luego.

Cuando todos se levantaron que iban camino a la salida, Defranco los detuvo en un tono seco—No des un paso más Angello Casiragui.

Angello se volteó—¿Quién me lo va a impedir?

—¿Estás seguro de estar dispuesto a correr las consecuencias de tu retirada? —preguntó el hombre con maldad.

—Eso es lo que ellos te importan, ¿Serías capaz de de causarles daños, aún queriéndolos como dices hacerlo? ¿Tu odio por mí es más grande que el amor que les tienes a ellos?

—Quiero recuperarlos, y esa es la única manera de hacerlos—dijo el hombre.

—No puedes recuperar lo que nunca ha sido tuyo—respondió con firmeza Angello.

—Siempre fueron míos Angello—continuó con una carcajada.

—¿Dé que están hablando padre? —preguntó Franco.

—Qué mi madre fue una mala mujer, le fue infiel a mi papá, y no con cualquiera sino con su propio padre, era una maldita zorra—dijo la niña con rabia.

—¡Cállate! No te permito que te expreses así de tu madre—respondió el hombre con odio—nunca amó a Angello, yo fui el amor de su vida.

Franco, estaba que no entendía lo que decían o su mente se negaba a aceptar lo que escuchaba, pero el abuelo siguió —¿Por qué crees que llevas ese nombre? Porque tu madre me amaba a mí—y enseguida contó su relación con ella y al finalizar cuando iba a decir la verdad que destruiría a esa pequeña familia Angello intervino, suplicante.

—Por favor, por quien más quieras. No digas más nada.

—Ellos son lo que más quiero y por supuesto que se los diré. Mis queridos muchachos,  ¡Angello no es su auténtico padre!, extiendan su mirada—expresó— ante ustedes, vean aquí —dijo señalándose— a su verdadero padre—expresó mientras Zoe y el par de jóvenes miraban sorprendidos, entretanto el rostro de Angello y Martina era de absoluto suplicio.

“Cuando estés en un callejón sin salida, sal por donde entraste” Jorge Bucay.

 


CAPÍTULO 19. ¿PERDIENDO EL TESORO MÁS PRECIADO?

Martina estaba demasiado consternada no podía creer que ese hombre se haya atrevido a soltar esa verdad sin importarle la reacción que podían tener los jovencitos, tanto era su odio por su hijo mayor que prefería dañar a los que decía que amaba con tal de hacer sufrir a Angello. Extendió su rostro hacia él y pudo ver sus facciones endurecidas, tenía la boca apretada tratando de controlar su genio.

—¡Eres un insensato! ¿No te cansas de hacer daño?¿Cómo puedes dormir tranquilo con tu conciencia? —lo cuestionó Angello.

—¿Papá que está diciendo mi abuelo? —preguntó Franco turbado.

—Franco no te tengo por un joven carente de inteligencia, lo que he dicho está claro, yo era el amante de tu Camelia antes que tu papá la conociera y la sonsacara para casarse con ella, y después que se casaron seguimos juntos, salió embarazada de ti, nuestro primer hijo.

Franco se sentía que eso le estaba pasando a otra persona, todo le parecía tan irreal, se sentía como pausado, por eso buscando entender y de esa manera interiorizar lo acontecido le debatió —¿Cómo estás tan seguro que mi hermana y yo somos hijos tuyos y no de mi padre?

—Porque Camelia o usaba protección con él o tenía relaciones con Angello cuando no había riesgo de quedarse embarazada, la mayoría de las veces, ella utilizaba excusas para no yacer con él,  y rara vez cuando coincidían sus relaciones con sus días fértiles, entonces tomaba la pastilla del día después, se hacía lavado vaginales.

«El único hijo que fue de la relación con Angello fue su primer embarazo, que lo perdió, por cierto no fue un aborto espontáneo si no provocado, como te habrás podido dar cuenta—explicó sonriendo—mi Camelia no quería ser madre de tus bastados—continuó el hombre con maldad.

Angello solo escuchaba, pero sabía que cada palabra pronunciada por ese maldito, era cierto, cada rechazó de Camelia, cada excusa para no estar con él, las veces que aún estando casados le pidió que utilizara protección, alegando que ella prefería no usar ningún método de contracepción porque le hacían daño, “por Dios que mujer tan falsa había resultado,  mucho peor de lo que se imaginó”, pensó, miro a sus hijos, si porque para él, eso eran Paula y Defranco, y los vio llorando con sufrimiento, en silencio tratando de controlar sus emociones.

—Eso explica tu odio hacia nosotros sobre todo a mí, demasiado hiciste en no echarnos de tu casa, con cuando solo mirarnos te recordábamos la doble traición que ellos te hicieron, debes odiarnos con toda tu alma—decía la jovencita con tristeza.

—No mi amor, eso no es así, yo los amo, para mí así no los haya engendrado son mis hijos, mis pequeños desde que supe que estaban en el vientre de su madre los amé. El amor no es como un grifo que cierras cuando ya no te convenga o cuando piensas que has sido engañado eso no funciona así.

«Reconozco que estos últimos seis años no fui el mejor padre, hubo veces en las cuales los traté mal después de eso, sobretodo a mi Paula, pero estaba herido, lleno de amargura, hasta que Martina me hizo entender que nada de lo que pasaba era nuestra culpa. Tal vez en el fondo ya lo sabía pero  a veces uno necesita que alguien te muestre la verdad aún cuando esta sea tan evidente.

Defranco al ver que no estaba logrando su objetivo de que los muchachos se pusieran en contra de Angello, continuó destilando su veneno —Angello fue quien se interpuso entre nosotros, su madre y yo éramos una pareja, pero él la embaucó y la encandiló ofreciéndole ser su esposa. Además él no es un verdadero hombre, ¡Es una marica! —exclamó con desprecio, carcajeándose. 

Lo que no se percató Defranco y ninguno de los presentes, fue que Martina se había acercado a él sigilosamente y comenzó a abofetearlo mientras le decía —¡Maldito! ¡Maldito! ¿Cómo te atreves a expresarte de esa manera, cuando no lo protegiste, lo entregaste para que le hicieran daño, tú y su madre, son unos malditos que les quedó grande ser padres, ¿Cómo pudieron hacerle eso? Estaba descontrolada.

Cuando Angello se dio cuenta de que Martina se había acercado al hombre y lo estaba golpeando corrió hacia ella, para quitársela de encima, le aterraba la idea que Defranco le causara daño, ese era su temor más grande, pero cuando reaccionó que le faltaba poco para llegar a su lado, el hombre se la había quitado de encima dándole un violento empujón que la hizo rodar por el suelo y golpear su espalda con la pared.

Angello sintió que su corazón se congelaba del miedo atenazador que lo envolvió cuando vio rodar a Martin por el suelo, se acercó a ella mientras los otros también lo hacían, pero ella se encontraba privada en el suelo tratando de sobreponerse, se llevó la mano a su vientre, tratando de regular su respiración y calmarse, el terror la envolvía como en una especie de capullo, “Que no le haya pasado nada a mí bebé” rogó.

—Estás bien mi amor, ¿Te lastimaste en alguna parte? ¿Te duele algo? —la interrogaba Angello con preocupación.

—Estoy un poco adolorida, pero déjame un momento y me repongo, por favor—replicó conteniendo el dolor Martina, mientras se mantenía en el mismo sitio donde había caído.

Enseguida Angello se volteó y enfrentó a Defranco, ambos se ensalzaron en una pelea, el más joven le propinó un par de derechazos en el rostro del hombre, cuando este iba a reaccionar, Zoe lo retuvo, mientras Franco sostenía a Angello, mientras Paula permanecía al lado de Martina.

—No creas que vas a seguir en la vida indemne, haciendo maldades a diestra y a siniestra, tarde o temprano vas a tener que pagar todas y cada una de las cosas que has hecho, y no me refiero solamente a las que me has causado a mi sino a toda la gente que le has hecho daño y ese día te vas a arrepentir buscarás perdón pero será demasiado tarde Defranco Casiragui—señaló con firmeza Angello.

—Espera sentado que eso ocurra—dijo con burla—ella se volvió histérica, mi reacción fue en defensa de su ataque, tenía que quitármela de encima.

—¡Miserable! —exclamó, luego dirigiéndose a sus hijos les dijo —Vámonos a casa.

—La casa de ellos es esta, así que no irán contigo a ningún lado—expreso de manera soberbia Defranco.

—Pues no, no te creas que porque resultaste ser quien aportaste los genes para nuestra concepción, eso te hace nuestro padre—indicó Fran—al único padre que reconozco es Angello, quien ha cuidado de nosotros desde que éramos unos bebés no me importa lo que tú digas o pienses, no tengo más padre que él.

El hombre miraba con odio a Franco—piensa bien lo que estás diciendo y lo que harás, porque una vez salgas por esa puerta quito todas las ofertas de mi mesa, mi dinero, mis bienes todo serán tuya y de Paula, siempre que se queden en esta casa.

—Miré Defranco, puedes tomar tu dinero, tus bienes e introducírtelos por donde no te de la luz del sol, no quiero saber nada de tú existencia, con razón mi padre no se acercaba a ti ni te visitaba, eres como una enfermedad contagiosa, de la cual debe huirse, de haber sabido la verdad nunca le hubiese pedido que nos enviara a pasar tiempo contigo, eres un ser humano tan despreciable—concluyó el chico.

—Paula hija ¿Qué decisión tomarás? —interrogó Defranco.

—Estoy totalmente de acuerdo con Fran, yo no conozco a ningún otro padre más que a Angello y con él voy a permanecer, jamás le daría la espalda a quien me ha cuidado como su hija.  Lamento tanto haber confiado en ti y puesto en duda sus palabras. No necesito otro padre porque tengo el mejor—indicó con seguridad Paula, sin siquiera un atisbo de duda en su voz.

—Juro se van a arrepentir, dejaré todos mis bienes a Zoe, y ustedes no tocarán ni un centavo de lo mío, ¡Malagradecidos!—Gritó con furia.

Los chicos lo ignoraron, Angello se dirigió nuevamente donde estaba Martina —¿Puedes caminar?

Martina solo movió la cabeza afirmativamente, se levantó y caminó mientras Angello la tomaba de la mano y ella daba pequeños pasos, estaba asustada, tenía miedo de perder a su bebé.

—Martina creo que es mejor que te lleve cargada—y sin esperar respuesta la levantó y la cargó en sus brazos.

Martina no protestó solo escondió su rostro en el cuello de Angello, sentía pequeñas punzadas en su vientre, pero sabía que reposando, podía reponerse, apretó duro los ojos e hizo una oración mentalmente “Diosito por favor, no permitas que pierda a mi bebito, no me vayas a negar la posibilidad de ser madre, te lo imploro” y “tú mi pequeña, debes agarrarte fuertemente de esa matriz, no dejes que nada te expulse de allí, hasta que llegues a feliz término”.

Angello la subió al auto, y Paula subió con ellos mientras Franco se montaba en su auto, hicieron el trayecto en silencio, al llegar a la mansión, Angello cargó a Martina y la llevó a su habitación donde la recostó en la cama, mientras el bajaba a conversar con sus hijos, ellos lo estaban esperando, el primero en hablar fue Franco.

—Papá necesitamos que nos cuentes la versión tuya de lo que pasó—solicitó el joven.

—Si es cierto, creo que es lo correcto—indicó—primero que todo quiero que sepan que cuando conocí a su madre y me sentí flechado por ella, no sabía que era la amante de mi padre, eso lo supe el día que los conseguí en nuestra cama en esta mansión, esa habitación ha permanecido cerrada no es porque idolatre sus recuerdos, sino todo lo contrario, me enfermaba recordar que allí recibí la traición de la mujer que creí que amaba y de Defranco, aunque en el fondo me esperaba cosas peores de ese hombre, fui abusado de niño y él lo supo de primera mano y no hizo nada, jamás me defendió porque nunca me quiso

«Ese día supe que ustedes no eran mis hijos sanguíneos, me lo dijo ella cuando estaba en el suelo golpeando a Defranco—Así fue contándole a sus hijos todo lo que pasó, ellos le hacían pregunta y él iba respondiéndoselas. Al final los abrazó, le dijo que siempre los amaría, así hubiesen resultados ser sus hermanos, para él seguirían siendo sus hijos, lloraron se abrazaron y hasta se echaron a reír cuando Paula le dijo —Y cuando tengas tus hijos con Martina ¿Nos seguirás amando?

—Siempre, ustedes son mis hijos mayores y si Martina y yo tenemos bebés, ustedes serán sus hermanos mayores, como debe ser, aunque no creo que eso suceda por ahora—expresó. Hablaron un momento más y luego de aproximadamente cuarenta minutos se despidieron y cada uno se fue a su propia habitación.

 

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Defranco tomó unos documentos que le había pedido a su bufete de abogados que le prepararan, en caso de que sus hijos  menores se negaran a reconocerlo como padre, en esos momentos los estaba firmando y en ellos cedía su fortuna a Zoe, en caso de incapacidad o muerte de él.

Zoe lo miraba con una sonrisa de satisfacción mientras dentro de sí decía “Firma maldito, es hora que empieces a pagar todo el daño que hiciste y sigues haciendo sin remordimiento, por tu causa mi madre no pudo ser feliz nunca, porque la culpa la corroía por dentro y todo lo que le hiciste a Angello, eres un miserable que merece un cruel destino, y te juro que no descansaré hasta que lo haya logrado, por eso he soportado tus rabietas, tus asquerosas caricias y tus besos en mi cuerpo, por eso me entregaré a ti siendo virgen para que no dudes de mi supuesto amor por ti, pero ya mis sacrificios han comenzado a rendir  sus frutos”.

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Había amanecido el sol radiante se colaba a través de las cortinas que lucían los grandes ventanales, Martina se levantó con sumo cuidado, al hacerlo sintió nauseas y comenzó a vomitar, pero al mismo tiempo sintió que algo le bajaba se bajó el blúmer y vio un rastro de sangre y comenzó a llorar, tratando de ahogar sus sollozos.

Angello, escuchó las arcadas de Martina, frunció el ceño y se levantó de la cama, estaba dudando entre averiguar lo que pasaba o no, pero justo en ese momento, la escuchó llorando, abrió la puerta y la observó sentada en el inodoro, con grandes lágrimas en sus ojos, y observando como si se tratara de un objeto o animal venenoso su ropa interior, donde se observaba una mancha de sangre.

Él se agachó, tomó la prenda con una de sus manos mientras con la otra la tomaba del mentón y le alzaba el rostro  —¿Qué pasa mi amor? ¿Por qué estás llorando viendo esta prenda? ¿Por qué has vomitado? No entiendo ¿Por qué estás así?

Fueron numerosas las preguntas que le formuló, su corazón se encogió cuando la vio que más lágrimas corrían descontroladamente sobre su rostro, lo vio con dolor y luego de unos segundos le contestó—Creo que estoy perdiendo a nuestro bebé, es un castigo por haberte engañado diciéndote que tomaría la pastilla del día después, no lo hice porque quería estar embarazada de tu hijo y ahora lo estoy perdiendo y no puedo hacer nada para evitarlo—concluyó mientras Angello la miraba con una máscara inexpresiva, que no dejaba entrever si estaba molesto, triste, sorprendido, mientras lo veía Martina pensaba, “No solo estoy a punto de perder a mi hijo sino también al hombre que amo”, con esos pensamientos sentía que su corazón, su alma, toda su ser se quebraba en millones de pedazos.

 

 “Deja que tu fe, sea más grande que tu miedo”Anónimo.

 

 


CAPÍTULO 20. ¿ZOE TRAE PROBLEMAS?


Angello salió del baño, al verlo retirarse Martina comenzó a llorar con un profundo sentimiento, él la había despreciado y ni siquiera había pronunciado palabra respecto al embarazo, se entristeció, se levantó del inodoro, sintió alivió al no observar sangre, tomó un toalla, se cubrió, debía bañarse para ir al médico por su cuenta, pero cuando iba a entrar en la ducha entró él trayendo en sus manos una ropa de ella para que se vistiera.

Al verlo de vuelta comenzó a llorar con más fuerza, él se le acercó más y con una voz tierna le dijo — No llores Martina, vamos al médico, no tengas miedo todo saldrá bien.

—Yo, yo pensé que te habías ido, y que no querías saber nada de…—comenzó a decir pero Angello la interrumpió.

—Luego hablamos, no tienes nada de qué inquietarte, solo preocúpate que ambos estén bien ¿Si?

Martina respondió afirmativamente su cabeza, al estar lista él la levantó y la llevó en brazos, mientras caminaba por el pasillo comenzó a gritar —¡Franco! ¡Franco!

De inmediato salió de su habitación no solo Franco sino también Paula, —¡¿Qué pasó papá?!

—Necesito que manejes uno de los autos para llevar  a Martina a un Centro Médico—respondió Angello sin dejar de caminar hacia el estacionamiento.

—¿Qué tiene Martina?—interrogó el chico.

—Hijo ¡Apúrate! Te explico en el auto—expresó Angello.

—Papá, yo voy con ustedes—manifestó Paula en Pijamada y vestida en pantuflas.

Franco y Paula se sentaron en la parte delantera mientras que Angello, tomó asiento atrás con Martina, colocó su cabeza sobre sus piernas entretanto le hablaba.

—¿Te duele? —le preguntó él, con preocupación.

—Siento como pequeñas punzadas en el vientre, tengo mucho miedo—habló con un hilo de voz.

—Tranquila, todo va a salir bien, te lo prometo.

—No quieres a este bebé ¿Verdad? Ya no quieres ser papá—afirmó Martina.

—Tranquilízate no pienses en esas cosas porque no son ciertas, solo debemos de buscar llegar a tiempo y que los médicos, te ayuden a superar esta situación ¿Si? —pronunció besándole la frente.

Cuando llegaron al mismo hospital donde trabajaba Martina, de inmediato se la quitaron de los brazos y la colocaron en una camilla, mientras le preguntaban a Angello que había pasado, respondiéndoles de inmediato, la vio que la ingresaron a emergencia mientras él se quedaba intranquilo por horas en la sala de espera.

—Padre, ¿Ahora si nos vas a decir qué le ha pasado a Martina? —interrogó con curiosidad Franco.

—Martina está embarazada y con el empujón que le dio el desgraciado de Defranco, tuvo sangramiento, ella piensa que está perdiendo al bebé.

—¡Oh por Dios! Eso no puede ser. ¿Cómo pasó lo del bebé? —preguntó Franco de manera espontánea.

Angello se quedó viéndolo alzando su ceja izquierda, diciéndole con la mirada en vez de con palabras “¿En serio me estás preguntando eso?”.

Franco al parecer entendió lo que su padre le quería significar y su rostro se tiñó de carmesí.

—Lo siento padre, no tienes que responderme esa pregunta, se perfectamente cómo se conciben los bebés—concluyó apenado.

Así fue pasando el tiempo, hasta que vieron aparecer a un médico, de inmediato Angello se le acercó para preguntarle el estado del embarazo de Martina, el doctor le interrogó sobre el vínculo por la paciente —¿Es usted familiar de la doctora Martina? —interrogó el médico.

—Soy su prometido, Angello Casiragui—respondió con firmeza y extendiéndole la mano—por favor dígame ¿Cómo está ella y el bebé?

—Durante las primeras veinte semanas de embarazo, es probable que una mujer experimente un sangrado vaginal, con pequeños cólicos abdominales, esta afección se denomina amenaza de aborto, puede producirse por estrés o pequeñas caídas.

«Le realizamos un ultrasonido vaginal, para verificar el desarrollo del bebé y sus latidos cardíacos, así como la cantidad de sangrado, se revisó su cuello uterino a través de un examen pélvico y le ordenamos unas pruebas de sangre, un conteo sanguíneo completo para verificar si hay indicios de anemia y conteo de glóbulos blanco con fórmulas leucocitas, la cual nos servirá para descartar una infección, también en los próximos días durante un par de semanas, realizaremos un examen beta,  para comprobar la continuidad del embarazo.

»Vamos a tenerla en observación por un par de días, si ella lo permite y hay ciertas indicaciones que debe seguir, no tener relaciones sexuales hasta que la amenaza de aborto haya desaparecido, la prohibición de ingesta de alcohol y cigarrillos, cafeína, entre otros. Por ahora se ha quedado dormida, si quiere puede pasar a verla.

 

Angello se sintió aliviado con las palabras dichas por el médico, tenía tanto miedo de que perdiera a ese bebé, cuando ella le dijo que estaba embarazada, se emocionó pero a la vez sintió miedo al saber que su embarazo estaba en riesgo, por eso no pudo expresar su emoción. Tampoco quería hacerse ilusiones, le parecía que todo lo que estaba sucediendo en la vida era tan bueno, que sentía que en cualquier momento todo iba a dar al traste.

 

Pero era necesario tener confianza, aferrarse a ese atisbo de esperanza que la vida le estaba dando de tener una hermosa familia, una mujer excepcional que cada momento le demostraba lo maravillosa que era, debía confesar que cuando se dio cuenta que no había usado preservativo se contentó y cuando ella le dijo que no había nada que la pastilla del día después no pudiera resolver, sintió rotas sus ilusiones, porque quería que ella fuese la madre uno de sus hijos.

 

Si porque esa criatura sería su tercer hijo, nunca desplazaría de su corazón a Paula y a Franco, porque después de todo, padres no son quienes engendran sino quienes crían y viven momentos inolvidables de amor y ternura con sus hijos, su par de muchachitos, le habían enseñado cosas maravillosas, a poner en primer lugar otro ser humano que no fuese él mismo, eso era incomparable, no se explicaba como sus padres nunca sintieron amor por él, pero en ese momento no debía traer a su memoria esos recuerdos dolorosos, debería concentrarse en vivir en el ahora, en vano no había sido que en su oportunidad tuvo que tomar terapia, sin embargo, nada lo hizo hablar y contar las cosas que solo a Martina pudo confesar.

 

Pero ahora, la vida le obsequiba una nueva oportunidad, su nuevo bebé lo tenía emocionado, la alegría no cabía en su corazón, aunque empezaría de cero con más de cuarenta años, bien valdría la pena, no veía la hora que el tiempo pasara y lo premiara con el regalo de ese bebé “Dios mío por favor, no permitas que Martina pierda a nuestro bebé, no me quites la felicidad que estoy empezando a experimentar, ¡Te lo suplico!”, imploró con fervor Angello.

 

Transcurrió el día, solo entró una vez a su habitación y la vio dormida, prefirió dejarla sola para que descansara y se sentó en la sala de espera. Se había quedado con el celular de Martina, justo en ese momento entró una llamada, cuando vio que era la madre de ella, no dudó en atenderle —Señora María Martha, buenas noches le habla Angello.

—Hola. ¿Dónde está Martina? Le he enviado mensajes y no me los ha respondido. ¿Por qué no me atendió? —preguntó preocupada.

—Señora María Martha, no quiero que vaya alterarse, pues de hecho ya todo está bien—Angello respiró profundo, aunque solo la había visto el día anterior, conocía por el temperamento que reflejaba, como actuaría la señora—Martina tuvo un conato de aborto.

—¡¿Qué?! ¿Cómo así? ¿Por qué pasó eso? ¿Discutieron? ¡Por Dios! ¿Cómo está mi niña? —expresó con angustia.

—Nosotros no discutimos, pero si tuvimos un difícil momento con una persona no deseable, que fue quien provocó todo lo que está pasando.

—¡¿Dónde estabas tú que no la protegiste?! —interrogó enojada.

Angello se pasó la mano por la cabeza y luego respondió—Cuando la vi en peligro, salí en su rescate pero lamentablemente llegué tarde.

—Voy al aeropuerto para conseguir un vuelo que me lleve lo más pronto posible a Roma—expresó decidida María Martha.

—Los enviaré a buscar en mi jet—respondió Angello.

—No, creo es más rápido si conseguimos un vuelo comercial, hay uno que sale a la once de la noche y a las doce y diez está en Roma—dicho eso se despidió.

 

Angello llamó a un chofer y le pidió que a las once y cuarenta minutos estuviera en el aeropuerto a buscar a la familia de Martina. Seguidamente se dirigió a sus hijos —Franco, Paula, si quieren pueden irse a la casa a descansar, cualquier cosa los llamo—sabía que sus hijos debían estar cansados, tenían más de dicisiete horas sin descansar.

 

—No papá, no vamos a dejarte solo— replicó Franco con firmeza, decisión que secundo Paula.

 

Angello ubicó una habitación para que Paula descansara, pero ella se opuso a dejarlo, quería permanecer junto a él. Transcurrida dos horas, llegaron los familiares de Martina, sus padres y hermanos.

 

—Dime ¿Cómo carajo hiciste para hacer tambalear la salud de mi hermana que estaba totalmente sana el dia de ayer? ¿Cómo pasaste en menos de veinticuatro horas a que estuviera punto de perder a su bebé? ¿Para eso apareciste en su vida? —lo cuestionó Gianluca.

Antes de que pudiera responder Paula, se levantó molesta en defensa de su padre y alzando su mano, apuntándolo con el dedo le reclamó —¡No le permito que venga a reñirle a mi padre! Por muy hermano que sea de Martina, no puede venir a acusarlo de causarle daño, ¿Cómo se atreve a señalarlo sin conocer la verdad de lo hechos? Eso lo hace un loco irresponsable—concluyó con fiereza.

Todos se quedaron sorprendidos con la actitud de la jovencita, Franco y Angello nunca la habían visto así, más bien ella era tímida, poco habladora, de inmediato el padre de Martina tomó la palabra.

—Lo siento, disculpen a mi hijo, es la impresión de lo que está pasando que hace que actué así—lo justificó el señor Martín.

—Pues que controle sus emociones y su lengua si no quiere conseguirse  con problemas—manifestó con enojo la chica.

La intervención de la joven había dejado cortado a GianLucca, que no pudo dejar de observarla con rastros de molestia, pero a la vez ella se había ganado su admiración por su forma de actuar, así que fue una extraña sensación que percibió.

Angello abrazó a su hija  y en voz suave le dijo—cálmate mi amor, entiende que son los nervios que hablen por él.

—Pues que se controle, porque no estoy dispuesta a tolerar ningún insulto en tu contra—A Angello lo emocionó el gesto de solidaridad que había tenido su hija.

—Gracias hija—afirmó con sinceridad Angello.

—No hay de que padre.

Luego del cruce de palabra con su hija, los padres de Martina lo emplazaron para que les contara lo que había sucedido,  Y así lo hizo. La preocupación de todos era evidente.

Habían transcurrido dos horas desde la llegada de la familia de Martina, Angello no había querido entrar a la habitación que le habían asignado a ella por temor a despertarla, por lo que se encontraba caminando de un lado a otro de la sala cuando apareció Zoe, los chicos y Angello se sorprendieron al verla, sin embargo, él se detuvo y caminó hacia la entrada para recibirla, al tenerlo cerca, ella se le fue encima y lo abrazó, no pudo controlar la emoción de tenerlo tan cerca, que comenzó a llorar, al darse cuenta de las lágrimas de Zoe, él la separó un poco de sí y la miró  extrañado no entendía el porqué de la actitud de ella, sin embargo, no pudo evitar que su corazón saltara de inmediato, su propia reacción le preocupó, y la soltó.

 —¿Qué haces aquí? —la interrogó él—¿Cómo supiste donde estábamos?

—Me quedé preocupada por todos ustedes cuando salieron de la casa de Defranco, llamé varias veces a tu casa, pero siempre me decían que no se encontraban, hasta que esta noche, le supliqué a una de tus señoras de servicio, que por favor me dijera lo que estaba pasando, la convencí y me informó lo que le había pasado a Martina, siento mucho que estén pasando por esta situación, me imagino que no sabías del embarazo—le dijo acariciándole el rostro, el roce de su mano en su mejilla le dio una tranquilidad, que por un momento cerró los ojos, tratando de identificar esas emociones que Zoe generaba en él, pero justo en ese momento la mamá de Martina se acercó y los interrumpió.

—Angello, ¿Puedes presentarme a la señorita y decirme el vínculo que tienes con ella? —interrogó con un tono de molestia.

Ellos se separaron, y Angello dirigió su mirada a la señora María Martha —Es la futura esposa de Defranco, mi padre.

—¿Y a cuenta de que te abraza y te acaricia de esa manera? Así llevan ustedes los vínculos—expuso molesta.

De inmediato Angello se sorprendió y le reclamó—¿Acaso insinúa que ella y yo tenemos alguna otra relación?

—A decir verdad yo sacó conclusiones por lo que veo, no por suposiciones, pero voy a advertirte algo de una sola vez, no permitiré que juegues con mi hija y vengas hacerle daño ¿Cómo puedes estar flirteando con la mujer de tu padre, mientras mi hija está allí en esa habitación, luchando por la vida de su bebé? —replicó furiosa, mientras en ese instante todos los demás se acercaron a oír la discusión.

—Discúlpeme señora María Martha, pero las cosas no son así, Zoe solo me está dando consuelo, no existe ningún interés en nosotros.

—Un gesto habla más que mil palabras, no te equivoques Angello—replicó la señora.

En ese momento, una de las enfermeras les informó que Martina se había despertado, pero que estaba llamando a Angello, que por favor acudiera a hablar con ella.

Pero antes de que llegara a la puerta de la habitación, la madre de Martina lo siguió y le sostuvo por el brazo —No me hagas confirmar que GianLuca tiene razón y que eres un hombre no confiable.

—Usted decide si confiar o no, pero yo amo a su hija y sería incapaz de hacerle daño.

—¿Y qué significa ella para ti? —dijo señalando a Zoe.

Angello no pudo encontrar la respuesta pero decidió ser lo más sincero posible—Con Zoe, ninguna sin embargo, siento que tengo una conexión con ella que en este momento estoy tratando de dilucidar.

—Eres el colmo del descaro, no sé como mi hija pudo caer en manos de un hombre como tú—replicó con furia la madre de Martina, mientras le apretaba con más fuerza el brazo.

 

“Cuando un hombre no tiene sus ideas en orden, cuantas más tenga, mayor será su confusión” Dale Carnegie.

 

 

 

CAPÍTULO 21.  MALA INTERPRETACIÓN DE LOS HECHOS.


Angello sintió la mano de la madre de Martina, en su antebrazo y enseguida reaccionó —Señora María Martha, está haciendo juicio de valores sin conocer la verdad.

—¿Te atreves a decirme que me imaginé que el futuro esposo de mi hija, estaba siendo acariciado por la amante de su padre?

—No imaginó en que ella me acariara el rostro para consolarme, en lo que se equivoca es que exista una relación entre nosotros, está viendo situaciones donde no las hay—pronunció con firmeza Angello.

—Por el bien de mi hija eso espero, porque jamás toleraré que te burles de ella—dijo soltándolo y alejándose de él.

Angelló se pasó ambas manos por la cabeza, luego apretó el puente de su nariz, mientras daba un leve suspiro. Entró a la habitación donde yacía Martina, al verlo sus ojos se iluminaron, y él esbozó una retraída sonrisa, se le acercó y besó sus labios.

—Hola mi amor, buen día, ¿Cómo te sientes? —la interrogó, tomándole la mano, pero sin poder simular el semblante de preocupación.

—Estoy bien—manifestó, mientras lo observaba  intensamente tratando de adivinar el porqué de su expresión—¿Te pasa algo? ¿Te ha dicho algo el médico que te tenga preocupado?

—¡No! todo está bien—pronunció emocionado— solo hay ciertas recomendaciones que debemos cumplir para que nuestro bebé nazca sano—profirió Angello sin dejar de observarla.

—No te preocupes amor, tengo súper claro cuales son esas recomendaciones que tenemos que llevar a cabo para que nuestra niña nazca sana, se las he dado unas cuantas veces a más de un par de pacientes, aunque en este momento te puedo asegurar que hay una indicación que no me agrada, pero igual seré obediente en su cumplimiento—expresó gesticulando un puchero.

—Aunque hay otras formas que podemos usar para complacernos—pronunció Angello con picardía acariciando su mejilla.

—Señor Casiragui, es usted un sonsacador—pronunció Martina con una sonrisa acercando su boca a la de  Angello para besarlo, respondiendo él de inmediato a ese gesto tomándole el mentón y dándole suaves besos, hasta que ella lo sostuvo fuerte de la nuca, atrayéndolo hacia sí y profundizando el beso.

Estaban entregados a disfrutar de esas deliciosas sensaciones, cuando fueron interrumpidos por el sonido de una puerta al abrirse, al extender la vista se trataba de la señora María Martha.

Al verla Matina se emocionó, se separaró de Angello y extendió sus brazos para saludar a su madre —¡Mamá! ¿Cuándo te viniste? Si al final de la tarde de antes de ayer, nos despedidos en Milán.

—Apenas me enteré que habías tenido un conato de aborto, salimos de Milán, tu padre, tus hermanos y yo, no podíamos dejarte sola en este momento—respondió la señora, acercándose a su hija, pero en el proceso empujó a un lado a Angello, dándole la espalda e ignorándolo totalmente.

Este se dio cuenta, se sintió incómodo y decidido le expresó—Martina, te dejo para que hables con tu madre.

—Si creo que me sentiría mejor hablando a solas con mi hija, aunque me imagino que la dejas sola, para correr tras esa mujer, ella jamás se podrá comparar con Martina, porque…—Angello interrumpió a la señora.

—No perdió oportunidad de venir a encajar su ponzoña, cuidado que se envena con su propia toxina—dijo sin meditar sus palabras, la rabia que sintió cuando escuchó hablar a la madre de Martina, sin siquiera tener la certeza de lo que decía, corrió no solo por su sistema sino también fue inevitable recordar cada golpe de su padre, su desprecio, su crueldad cuando era niño.

Apretó los puños con furia al lado de su cuerpo, mientras salía de la habitación y Martina lo llamaba —¡Angello! ¡Angello! ¡Angello! —sin embargo, él ignoró su llamado.

—¡Déjalo que se vaya! Creo que has cometido un error al comprometerte con él, si apenas tienes  como un mes conociéndolo, ese no es hombre para ti, no estoy segura de su sinceridad, Gianlucca ya me lo había dicho, tú mereces a alguien…—su hija no la dejó terminar y de inmediato expuso.

—Ya hemos hablado claro del tema madre, ¿Por qué te empeñas en meterte en mi vida y querer sabotear mi relación? ¿Por qué no toleras a Angello? No es justo que generes una concepción de él sin conocerlo, no puedes ir creyendo todo lo que te digan sin comprobar los hechos, eso es de personas manipulables, no pensantes, que sólo corren como borregos porque alguien los incite, o porque ven a los demás actuar de una manera.

—Tienes razón en lo que dices, no debo meterme en tu vida, también se que no puedo dejarme manipular, ni dejar incitarme en sentir molestia por alguien, sin antes comprobar los hechos, pero lamentablemente vi a la tal Zoe, acariciándole su mejilla, mientras él respondía a la caricia de ella acercando su rostro para darle mejor acceso. Te pregunto ¿Es normal que una mujer trate de esa manera al hijo del hombre con quien se va a casar? ¿Tú permitirías que el hijo de Angello te tocara de esa forma? —interrogó su madre visiblemente alterada.

—¡Por supuesto que no!—respondió Martina, mientras un atisbo de un sentimiento que nunca había sentido con anterioridad, se instalaba en su interior, lo identificó como inseguridad, pero inmediatamente lo desechó, debía defender a Angello, tenía que confiar en él—pero alguna explicación debe existir para eso, Angello no es mentiroso, ni traicionero, él está claro de cuanto duele una traición y no sería capaz de hacerme eso—expuso con un tono de seguridad mucho mayor al que realmente sentía.

—¿Qué explicación crees que exista? —indagó su madre.

—No lo sé, pero lo averiguaré—contestó con decisión, justo en ese momento estaba ingresando el cuerpo médico que la estaba atendiendo, vio en ellos la oportunidad para irse lo más pronto de allí, no tenía madera de paciente.

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Zoe aún no se había retirado, al ver a Angello y lo atormentado que estaba, salió a su encuentro, él se quedó mirándola y con esa actitud de irritabilidad que siempre lo caracterizaba le dijo —¿Qué haces aquí? ¿Por qué no te has ido aún? ¿Te envió Defranco a causarme problemas? ¿A separarme de la mujer que amo? La única que ha empezado a sanar mi corazón y las heridas profundas que unos padres degenerados dejaron en mí.

—Claro que no, sería incapaz de destruir tu felicidad, mis intenciones jamás serían causarte daño, todo lo contrario, por ti sería capaz de enfrentarme e involucrarme con el mismísimo diablo para defenderte,  y si tengo que hablar con Martina para dejarle claro que no hay nada de amor eros entre nosotros, no tengo ningún inconveniente en hacerlo,

—¿Por qué supuestamente quieres defenderme? Tú una extraña que no tiene ningún vínculo conmigo, ¿Por qué habría de creerte cuando ni siquiera la desnaturalizada de mi madre fue capaz de protegerme? —expresó con un tono amargura Angello.

—¡Eso no es así! —defendió con impetú Zoe, lo que sorprendió a Angello, quien la miraba frunciendo el ceño—ella se arrepintió toda su vida de no haberte creí…—inmediatamente se dio cuenta de lo que estaba diciendo y se interrumpió—¡Ya debo irme!—indicó Zoe nerviosa.

—¿Qué ibas a decir Zoe? ¿Cómo sabes que Graziella se arrepintió? —interrogó ansioso Angello—¿Qué sabes de ella?

Zoe se dio cuenta del error que había cometido, pero en ese momento no se le ocurría decir nada para salir de la situación en la cual estaba metida, por lo que decidió huir.

Angello enseguida la siguió y la detuvo sosteniéndola del brazo —¡No te vayas! —le suplicó—no después de lo que me has dicho ¿Quién eres? ¿Qué sabes de mí madre? ¿Qué vínculo tienes con ella?.

Las preguntas salían a borbotones de su boca, mientras su respiración iba aumentando al igual que su ritmo cardíaco, una emoción indescriptible, comenzó a posicionarse de él, pues durante mucho tiempo preguntó por ella, incluso hubo un tiempo que había intentado contratar a un detective, pero había terminado dimitiendo, pero ahora aparecía esta mujer con esa noticia, que hacían surgir unos indicios de esperanza en su interior, por más que trataba de desestimar.

Ella lo miró y comenzó a llorar, mientras él la miraba ansioso, y se volteaba para sostenerla por los dos brazos, pero justo en ese momento salían la señora María Martha y Martina, mientras el resto de la familia, no perdía detalles de lo que estaba sucediendo.

El rostro de Martina fue de decepción, se había levantado de la cama porque había convencido a sus colegas que la dieran de alta, que ella se sometería a los cuidados correspondientes desde su casa, y ahora se encontraba con esa escena tan perturbadora, se volteó sin decir nada, caminó hacia donde estaba su familia, Franco y Paula se dieron cuenta y se acercaron a Martina.

—No es lo que estás pensando—afirmó el hijo mayor.

—No te preocupes Franco, es tan evidente que hay una relación más que de madrastra e hijastro entre ese par.

—No es así, papá salió de tu habitación alterado y ella fue a consolarlo.

—No tengo nada que decir, me voy a mi apartamento con mi familia, por favor que se abstenga de buscarme—pronunció Martina con firmeza, mientras salía con su familia.

Entretanto Angello no se había dado cuenta y seguía tratando de sacar una respuesta de Zoe —¡Por favor! Necesito me digas lo que sabes… —suplicó— comenzaste a hablar, no puedes detenerte ahora—le reprochó.

—¡Discúlpame! Hablé sin pensar Angello, olvídate de lo que he dicho—pronunció la chica mientras se retiraba casi corriendo, dejando a Angello sumergido en sus pensamiento.

No creyó su argumento, de que había hablado sin pensar, ella sabía algo y no había querido decirle, pero tenía que averiguar de que se trataba, no podía quedarse con tantas incógnitas.

En ese momento se acercó Paula, su rostro estaba bastante pálido, producto de los nervios que la invadían en ese momento —Papá a Martina la dieron de alta y se ha ido, salió a buscarte y te vio con Zoe, la actitud en la cual los vio, le hizo pensar mal, dijo que te abstuvieras de buscarla.

—¡¿Qué estás diciendo Paula?! —interrogó incrédulo Angello.

—Exactamente lo que has escuchado, no hace ni tres minutos que se fue, si corres, tal vez aún puedas alcanzarla y darle una explicación, deben haber llamado a un par de tais y estar esperándolo.

Apenas la escuchó, Angello corrió al frente del centro médico, donde estaba seguro de encontrarlos esperando que los recogieran, justo cuando llegó estaban abordando los vehículos. Por lo cual tomó el celular y llamó a su hijo para que lo recogiera donde estaba, menos de un minuto después Franco y Paula, lo estaban recogiendo.

—Viniste pronto a recogerme—mencionó Angello.

—Cuando llamaste, ya estábamos en el auto—le dijo su hijo.

—Vamos a la casa de Martina, es necesario aclarar las cosas con ella—afirmó Angello

—¿Qué pasó con Zoe? ¿Por qué la tenías tomando de los brazos? —interrogó su hijo mientras recorría los kilómetros que lo separaban del apartamento de Martina.

—Zoe sabe algo sobre mi madre, pero cuando iba a hablar se interrumpió, huyó y no quiso seguir contándome.

Cuando llegaron al edificio donde se encontraba el apartamento de Martina, ellos estaban bajándose del auto, Angello descendió del automóvil y caminó a su encuentro, al verlo los hermanos se pararon frente a él, evitando que hiciera contacto con ella.

 —Hagan el favor de apartarse—enfatizó—necesito hablar con Martina y explicarle lo que pasó.

—Ella no quiere oirte—respondió Martín—no vamos a permitir que agobies a nuestra hermana.

—Mi intención no es abrumarla, es explicarle lo que pasó. Martina hasta el más cruento criminal tiene derecho a ser escuchado antes de ser condenado. ¿No me vas a dar oportunidad de defenderme?—cuestionó Angello.

—Para mí está claro lo que vi, tu actitud y la de ella,  no es la primera vez que la he visto, ya había notado las miradas y expresiones entre ustedes cuando estuvimos en casa de Defranco. No hay necesidad de que sigas conmigo, entiendo que ella haya llamado tu atención—respondió con altivez.

—Eso no ha sucedido como lo estás pensando, dejame hablar contigo, dame solo diez minutos, si luego de nuestra conversación no quieres volver a verme ni hablar conmigo, te prometo alejarme de tu vida y no volver acercarme a ti. Nuestro único contacto se va a lilimitará solo a lo relacionado con nuestro hijo, eso podemos hacerlo a través de tu madre. ¿Entiendes? —expuso casi en tono suplicante.

Martina se quedó pensativa, sabía que era cierto, debía darle el beneficio de la duda, tal vez no estaba actuando correctamente y estaba siendo impulsiva en su accionar.

—Está bien, te escucharé, tienes diez minutos para que me expongas tu versión, ni un minuto más—se dirigió a sus hermanos—Por favor pueden ir subiendo y esperarme arriba.

—Pero no puedes subir sola, luego de que termines de hablar con él—mencionó Marco.

—No se preocupen, cuando terminemos de hablar, subiré con ella—expuso con seguridad Angello.

—Eso está por verse—expresó en tono de molestia Martina, miró el reloj y dijo—Ya han transcurrido tres minutos desde que te dije que te daría diez, así que solo te quedan siete, por lo que recomiendo empieces a hablar, ¡Ahora!—pronunció con firmeza mientras su familia entraba al edificio, y ella y Angello se quedaban parados en la entrada y sus hijos permanecían esperando en el auto.

Los nervios de Angello eran notorios, porque no sabía como explicar su vínculo con Zoe, porque ni siquiera él la conocía, pero consideraba que lo mejor era explicar lo que había pasado y lo que estaba sospechando, era hora de que Martina estuviera al tanto de sus sospechas.

 

“Quien siembra verdad cosecha confianza” Anónimo.

 

 CAPÍTULO 22.  VÍNCULO DESCUBIERTO


Martina lo observaba intensamente sin siquiera parpadear, su mirada era acusadora, eso molestó a Angello, ¿Por qué la mujer que amaba tenía que desconfiar siempre de él? Por un momento sintió ganas de no darle explicación y que pensara lo que le diera la gana. Respiró profundo, para calmarse, mientras ella seguía soberbia, esperando su explicación.

 —Sabes que Martina, te juro que estoy cansando de tener que justificarme cuando no he hecho nada, de tener que dar explicaciones cuando no estoy ocultando nada, de que siempre salgas huyendo y molesta, sin darme el beneficio de la duda.

«Das por sentado cualquier cosa mala de la que se me acuse, pareciera que estás esperando que haga algo que no te agrade para justificar dejarme, es como si estuvieras esperando ansiosa que me equivoque ¿Por qué? ¿En verdad eso es amor? ¿Qué sientes realmente por mí?—expuso en tono cansado.

—Eso fue lo mismo que hiciste conmigo, o no recuerdas cuando fuiste a mi casa y viste que tu hijo abrió la puerta de mi apartamento, pensaste lo peor de mí, que me había revolcado con él, ¿Eso si es amor? —le dijo furiosa, sus ojos daban la impresión de estar incandescentes producto del enojo.

—Allí apenas te acababa de conocer, no sabía mucho de ti, pero en tu caso, he desnudado mi alma frente a ti, no hay ni un solo detalle de lo que haya vivido en el pasado que no lo sepas, cosas que no le conté nunca a nadie, que más quieres de mí.

—No sé si tal vez tengas razón, pero solo te voy a pedir, que por un momento te pongas en mi lugar,  ¿Qué harías o pensarías si hubiese sido al contrario? Sales y estoy cercana a un chico que está alterado llorando, mientras lo tomo por los brazos y discuto, Dime Angello ¿Cómo hubieses actuado?, aparte de que está el hecho de que mi mamá vio que ella te acariciaba y tu respondías gustosamente.

Angello se quedó meditando, sentía un nudo en la garganta que le impedía incluso tragar la saliva, pensó en su bebé que venía en camino y en lo que ella le acababa de decir, tal vez los hechos exhibían algo que podría ser mal interpretado y decidió bajar la guardia.

—Te amo Martina, eres la mujer de mi vida, contigo me siento completo, eres lo que siempre busqué y había perdido la esperanza de encontrar, en cuanto a Zoe no se que vínculo tenga con ella, pero puedo jurarte por la vida de mis hijos que son lo que más quiero en la vida, que no es deseo, ni amor eros lo que siento por ella.

«Me sorprendió mucho su abrazó y cuando acarició mi rostro sentí como un sosiego, como si ella fuese muy importante para mi. Cuando nos viste discutiendo, yo me había expresado mal de Graciella y ella la defendió como si la conociera, cuando la interrogué sobre porque la defendía a mansalva, no quiso decírmelo y salió corriendo, tengo la leve sospecha que conoce a mi madre, y eso lo necesito averiguar.

»No existe absolutamente nada entre nosotros, tú mamá observó esa escena y se molestó muchísimo me dijo que era un descarado, que no permitiría que me burlara de tí—Así siguió contándole todo lo que había pasado. Al concluir de su explicación, Martina permanecía impasible, ya no podía hacer nada, si no lo creía no tenía nada que hacer, se dio la vuelta para irse, de hecho dio algunos pasos, cuando inmediatamente ella lo llamó.

—¡Angello! —exclamó, él se giró hacia ella, frunciendo el ceño como en forma interrogativa—le dijiste a mis hermanos que me llevarías al apartamento una  vez que terminaramos de hablar.

—Dijiste que eso estaba por verse—indicó Angello.

—Veamoslo, por favor llévame—se acercó a ella y le extendió el brazo para acompañarla, pero inmediatamente le expresó—cárgame no debo hacer mucho esfuerzo físico.

Angello se le acercó y la tomó en brazos, tratando de rozarla lo penos posible, mientras ella pegaba su rostro a su pecho, y sus manos las cruzaba a la altura de su cuello, Martina empezó a acariciarlo suavemente, lo que provocó  un hormigueó en su piel, por lo que fue inevitable que una parte importante de su anatomía se erguiera firme como un mástil en el centro de su humanidad.

Trató de ignorar las sensaciones, pero ella se volvió más provocativa, colocó sus labios en su cuello y comenzó primero a rozarlos y luego a lamerlos, con esa intensidad de emociones entraron al ascensor donde Angello con voz entrecortada le dijo —¿Qué tratas de hacer? ¿Acaso es una provocación? —ella no le contestó, sino que paró el ascensor, llevo una mano a su seno y comenzó a acariciárselo por encima de la tela de su vestido, dándole suave movimientos circulares.

—Martina no seas perversa ¡No hagas eso!, sabes que no podemos hacer nada.

—Pero tú me dijiste que podías complacerme  de otra manera —pronunció con picardía.

 

Angello la miró por un momento sin reaccionar, por lo cual Martina lo tomó del cuello y bajó la cabeza para tener acceso a los labios, enseguida comenzaron a besarse, a tocarse, él la bajó de sus brazos y la colocó en el piso, dejándola frente a sí, le abrió el vestido, le desabrochó el brasier dejando sus senos expuestos, comenzó a besarlos, mordisquearlos y succionarlos, mientras ella sentía como un fuego que devoraba sus sentidos, se sentía caliente.

—Esto no está bien, podríamos hacerle daño a nuestro bebé—afirmó Angello con preocupación.

—No le haremos daño, ella lo besó atrayéndolo hacia él y Angello respondió con pasión, se fue inclinando poco a poco, bajando de sus pechos a su vientre, recorrió su cuerpo con pequeños besos, subió su vestido y acarició sus caderas su vientre, su entrepierna, apartó su ropa interior y posó su boca en  el centro de su femineidad, la tocó con suavidad, separó sus labios vaginales y jugueteó con su clitorías pasándole la lengua, entretanto grandes jadeos casi sollozos, salían de los labios de Martina, así fue dándole placer, sumiéndola en un cúmulos de sensaciones que la hicieron estallar en millones de pedazos, los cuales percibió coloridos mientras la catapultaba a la cúspide más alta del placer, cayendo laxa entre sus brazos.

Enseguida Angello la vistió, la tomó nuevamente en brazos y puso nuevamente en movimiento el ascensor, mientras trataba de tapar su erección con el cuerpo de Martina, y ella se sumía en un profundo sueño.

Cuando llegó al apartamento, tocó el timbre, le abrió la puerta el señor Martín, quien luego de saludarlo, lo invitó de inmediato a pasar, Angello se sintió aliviado de verlo, pues no quería ver a la señora, no estaba en condiciones de lidiar por ahora con ella.

Se trasladó a la habitación de Martina pero en el pasillo, apareció la madre, con el ceño fruncido y bien molesta —¡¿Qué haces aquí?! —interrogó molesta.

—Yo lo invité a pasar, madre, entre Angello y yo está todo aclarado—respondió.

Entraron a la habitación y él la recostó en la cama, inmediatamente ella se hizo a un lado y le pidió que se acostara junto a ella—¡No te vayas! Quédate conmigo—le pidió Martina.

—Tu casa esta full, además mis hijos me están esperando allá abajo—indicó Angello.

—Acá siempre hay un lugar para ti, y puedes llamar a Franco y decirle que vaya a casa que te quedarás conmigo, si por favor—le dijo con un gesto tan tierno que no pudo negarse a su petición.

Por eso llamó a Franco —Hijo, pueden irse voy a quedarme con Martina.

Enseguida Franco comenzó  a reírse —¡Vaya! Eso es un indicador de que te han perdonado, me alegra que hayan aclarado sus cosas, lástima que no puedes celebrar de otra forma—expresó riéndose.

—Si serás idiota Franco, ¡¿No respetas?! Vayan directamente a la casa y descansen.

—Como crees, luego de veinticuatro hora sin dormir, nos iremos a divertirnos, solo debemos buscar donde hay fiesta—pronunció con sarcasmo, pero al escuchar el silencio de su padre dijo—Está bien papá, cuidate que te quedas en la cueva de las fieras, te compadezco—indicó riéndose, mientras cortaba la llamada.

—¡Idiota! —exclamó Angello ya acostado al lado de Martina.

—¿Por qué le dices de esa manera a Franco?

—Me dijo que me cuidara porque estaba en la cueva de las fieras—pronunció riéndose Angello.

—Es cierto, pero no dejaré que te ataquen—le dijo abrazándose a él. Se quedaron abrazados en silencio, luego de aproximadamente cinco minutos ella extendió su mirada hacia Angello y se había quedado dormido.

Comenzó a acariciarlo, delineándole el rostro, estaba tan profundamente dormido, no pudo evitar besar su rostro, hasta osarse por unos segundos en sus labios, luego se quedó escuchando los latidos pausados de su corazón, segundos después oyó un par de ronquidos saliendo de su boca y soltó una risita —Mira pues, tú también roncas y luego me acusas que solo yo lo hago. Pobrecito así estarás de cansado—dijo con dulzura. Justo en ese momento tocaron la puerta de la habitación, Martina se levantó y al abrirla se trataba de su madre.

—Martina ¿Por qué te levantas? Debes descansar ¿Por qué no se levantó Angello a abrir la puerta? —interrogó su madre.

—Mamá baja la voz, Angello estaba muy cansado y se ha quedado dormido—respondió Martina.

—¿Vas a dejar a Angello durmiendo aquí? —preguntó María Martha.

—Si madre, ya está dormido, y ahora vamos a salir a conversar afuera porque no quiero molestarlo.

Salieron juntas al pasillo, llegaron a la sala donde estaban sus hermanos y su padre esperándolas, Martina molesta expresó—¡Wow! Acaso mi vida privada debo discutirla con todos, porque son tan metiches, yo no me he metido en la vida privada ni de Marco, ni de Genaro y menos en la de Martín que se fue al fin del mundo cuando su antigua novia lo engañó y se enamoró por allá y vino…

Martín la interrumpió—Ha quedado claro Martina lo que quieres expresar. Pero debes entender, que eres nuestra única hermana y que no toleraremos que nadie te venga a hacer daño, queriéndose burlar de ti.

—¡Por Dios! Les he dicho que Angello es un buen hombre, él ha recibido tantas traiciones que no sería capaz de comportarse de esa manera.

—¿Y entonces quien es esa chica con la que discutía? —preguntó Genaro.

—Es Zoe, es la mujer con quien se va a casar su padre, y  cuando discutían es porque ella al parecer le confesó algo sobre su madre, Angello tenía mucho tiempo que no sabía  de ella, desde que escapó de su lado cuando tenía diez años, desde ese momento más nunca supo de su madre—les contó Martina.

—¿Y que vínculo tiene Zoe con la madre de Angello para que sepa cosas sobre su ella?—la interrogó Marco.

—No lo sé, es eso lo que Angello quiere investigar—respondió Martina.

—Angello y Zoe tienen muchas características en comunes, su color de ojos, de cabellos, el mentón, la nariz—expresó su padre.

—¡Oh por Dios! —exclamó Martina—¡Es cierto!, ellos son muy parecidos.

—Eso significa que son familiares—afirmó Gianluca.

—Claro ahora que lo dicen, creo tienen razón, y para parecerse tanto deben ser de un vínculo cercano—opinó la señora María Martha.

—Zoe tiene como veinticinco años o un poco más, Angello no ve a su madre desde que tenía diez, han pasado casi treinta años desde la última vez que la vio, eso significa que ella pudiera ser ¡Oh por Dios! Ella es…—Martina fue interrumpida por Angello que se había despertado, levantando y encontrado con esa conversación.

—Hay junta relacionada con mi vida y no me han invitado—declaró con un rastro de molestia—Yo soy el más interesado en esta conversación que están sosteniendo a mi espalda—pronunció observándolos a todos—Dime Martina ¿A qué conclusión llegaron? ¿Qué vínculo piensan que tenemos Zoe y yo? Para que tu familia me crea merecedor de tu perdón —interrogó Angello sin dejar de mirarlos, mientras a los familiares de Martina se les ruborizaba el rostro producto de la vergüenza que sintieron al ver que Angello, los había encontrado infraganti hablando de su vida.

 

“Antes de suponer o asumir prueba este loco método que es preguntar”. Anónimo.

 

 CAPITULO 23. LA VERDAD SIEMPRE SE DEVELA

 

Angello los observaba en espera de una respuesta, Martina no estaba segura hasta donde había escuchado él, pero necesitaba antes de decirle sobre sus sospechas conversar con Zoe, sabía que estaba enojado, pero debía buscar la forma de hacer que se le disipara el enojo.

 

—En ningún momento mi familia está poniendo en dudas que tú seas digno de mi perdón, solo me preguntaron lo relacionado con Zoe y tú, yo les estoy explicando, en ningún momento estoy señalando algún vínculo entre ustedes—se arriesgó confiando en que él no hubiese escuchado toda la conversación—Sé que mi familia te parecerá abrumadora porque tú no has tenido esto, pero así somos, nos protegemos entre todos, nos preocupamos cuando uno está pasándola mal y acudimos para ayudarlo, salimos todos a protegernos cuando pensamos que alguien quiere dañar a alguno de nosotros, nos gusta saberlo todo de cada uno de los cinco y de las respectivas familias que formaron o que piensan formar.

«Siento mucho que no te agrade el estilo de mi familia, tal vez a veces sean un poco intensos, pero para mí son lo más importante que hay, jamás sería capaz de desecharlos, ellos son el soporte que necesito, cada uno con su carácter, sus cualidades y defectos son el vitalizador, la fuente de energía que necesito cuando encuentro que mis fuerzas merman, ellos son mi mundo, como también lo eres tú y lo serán tus hijos.

»Tal vez sea necesario, que les ponga algunas reglas claras para que no sigan sucediendo ciertas cosas que reconozco son excesos, aunque sé que no lo hacen por mal, pero Angello esto es todo lo que soy, ellos —dijo señalando a su familia—son parte de mi mundo ¿Me aceptas con ellos? La oferta incluye que ellos a su vez te aceptan a ti.

 

Angello se quedó mirándola, sus palabras le habían conmovido, una familia que te protegiera ese había sido siempre su sueño. Desde niño diariamente creaba historias en su mente para soportar el dolor, un niño con sus padres amorosos, unos maravillosos hermanos, que jugaban, paseaban, se demostraban el amor, se cuidaban y se protegían, solo así pudo subsistir a los crueles momentos que le tocó vivir.

Al traer a su mente esos recuerdos, no pudo impedir sentir un poco de turbación, cuando los presentes se dieron cuenta de su semblante, pidieron permiso y se retiraron, quedando solo con Martina, se sentó en uno de los sofás y fue irremediable que las lágrimas comenzaran a rodar por sus mejillas, por más que lo intentó, no pudo evitar dar rienda a su dolor.

 

Cuando lo vio, ella se sentó a su lado, lo abrazó mientras él le hablaba —Siento mucho haber sido un antipático con tu familia, no estoy acostumbrado a que alguien haga preguntas sobre lo que me sucede, y cuando hablaste no pude evitar mi recuerdos de infancia, cuando añoraba padres, hermanos, es inevitable sentir dolor, tristeza, hacerme tantas preguntas, ¿Por qué no pude tener una familia que me amara, para quien yo hubiese sido todo para ellos? Te juro que trato de ser fuerte, de caminar con este dolor a cuesta, pero hay momentos en lo que todo me sobrepasa, Martina ¿Estás segura que quieres a tu lado un hombre como yo? Lleno de conflictos, de contradicciones, hasta voluble, tú eres una gran mujer y mereces un hombre extraordinario en tu vida, que no tenga tantas heridas, que no se quiebre en el momento menos indicado.

 

Ella lo tomó por ambas mejillas y lo sostuvo frente su mirada —Ya tengo ese hombre extraordinario en mi vida, ¿Sabes cuantas personas han vivido lo que tú viviste?, pero no se han podido levantar, no han luchado contra las circunstancias, se han dejado vencer, cayendo en las drogas, incluso en el circulo vicioso de hacer a otros daños, tú a pesar de todo lo que viviste, nunca has perdido la fe de que esas heridas sanarían y de aquí en adelante solo importa el futuro no el pasado, y este resulta muy prometedor para nosotros—le dijo llevando su mano a su vientre.

«Si tus padres no te amaron, fue pérdida para ellos, mientras que tus hijos y yo somos ganadores porque podemos contar con un hombre como tú, tierno, fuerte, que no se deja vencer por las vicisitudes de la vida, perseverante porque cada vez que te ha tocado caer te levantas y sigues tu camino, siempre confiando en que vendrán mejores tiempo, eso es digno de admirar, un padre o una madre no definen tu calidad de persona.

»Angello, no dudes nunca que te amo desde el momento en que me di cuenta que no eras ese amargado, antipático, desde que te vi sosteniendo a Paula entre tus brazos desesperado porque no mejoraba, me percaté que ella te dolía, fue allí cuando me di cuenta que algo te hacía ocultar bajo una máscara, vi tu lado vulnerable, pude comprobar que no eres el ogro que aparentabas ser y cada día que pasa me convences más de tu verdadera esencia, fui descubriéndote, cada parte de ti se fue develando hasta mirar el verdadero Angello que me ha enamorado y me trae arrastrando la cobija por él. Sabes que nunca nadie había logrado eso, cuando lo sepan Sebastián y Anabella, no quiero imaginar las burlas que iniciarán en mi contra, creo no me dejarán en paz.

—No dejaré que se burlen de ti, estaré a tu lado y pondré mi peor cara de amargado para intimidarlos—dijo sonriendo, tomándole el rostro—te amo tanto Martina, soy feliz cuando estás a mi lado, cuando me besas, me acaricias, hasta cuando te enojas y te salta tu parpado izquierdo.

—Mentiroso eso no es cierto, a mi no me salta nada—pronunció dubitativa.

—La próxima vez te grabaré para que veas que no miento—afirmó Angello.

—Podemos ir a dormir, me ha dado mucho sueño—comentó Martina dejando salir un bostezo.

—Debes descansar, soy un desconsiderado te tengo en una montaña de emociones ¡Ven! —la levantó del suelo y la llevó cargada a la habitación. Se volvieron acostar pero esta vez Angello se quitó la ropa y la dejó a ella en ropa interior, la abrazó por detrás posando sus manos en el vientre.

—¿Cómo está mi bebé? ¿Y su madre se siente bien? —interrogó Angello.

—Sabes que hay una noticia que no te he dado—le dijo Martina—y le había pedido al médico que no te informara—expresó mordiendo su labio inferior. Enseguida Angello la volteó de frente a él y la miró con preocupación.

—¿Qué pasó Martina? ¿Qué me estás ocultando? ¿Pasa algo con el bebé? —preguntó asustado.

—Me hicieron un análisis de las hormonas beta y el elevado nivel de esta hormona indica que... —hizo una pausa y de inmediato Angello la instó a continuar hablando.

—Amor pero termina de contarme, me tienes en angustia—espetó con preocupación.

—Pues, todo indica que puede tratarse de un embarazo múltiple—se quedó observando a Angello y el permanecía totalmente congelado, en shock, al verlo pensó que su actitud se debía a que no quería a los bebés,  como tenía la sensibilidad a flor de piel, no pudo controlar un par de lágrimas de tristeza comenzaron a rodar por su rostro y con semblante compungido pronunció—lo siento Angello, no sabía que sería más de un bebé, tal vez no los quieras, por Dios, pueden ser hasta tres.

—¡Estás loca! Claro que no los quiero—la mirada de ella se ensombreció, él la tomó por el rostro —no los quiero, los amo, esa es la mejor noticia que me has dado ¡Por Dios! Tendré dos bebés o tres, espero no sean más de eso porque no quiero que sufras para tenerlos y cuidarlos, aunque yo también los cuidaré.

«Mis bebés, mis pequeños. Estoy emocionado, es el mejor regalo que podría recibir. ¡Gracias! Mil Gracias Martina. Me estás haciendo el hombre más feliz del mundo—la acercó más a él abrazándola, no cabía de la emoción, su corazón lo sentía que saltaba de la alegría.  

 

Tendrían unos gemelos  o tal vez más bebés. Con esos pensamientos se quedó dormido.

 

Cuando Martina vio que quedó rendido, se colocó una bata, tomó su celular y salió a la sala con mucho cuidado de no hacer ruido para no despertar a los ocupantes del apartamento, le marcó a Paula, quien le atendió al tercer repique —Aló—respondió somnolienta.

—Paula discúlpame, todo está bien, no vayas a preocupar, pero necesito que por favor me facilites el número de celular de Zoe.

—Martina, no que le habías creído a mi padre, ¿Por qué insistes en hablar con ella?

—Por supuesto que le creí, no es con ánimo de polemizar, quiero conversar con ella sobre la madre de tu padre, por favor envíame su número—le pidió Martina.

—Está bien—expresó la chica, dándole el número telefónico.

 

Una vez que lo consiguió, la llamó  cuando la atendió de una vez le explicó—Zoe, es Martina. Ya conozco toda la verdad.

—Martina estás equivocada Angello y yo no tenemos ninguna relación, él te ama a ti—comentó Zoe a justificarlo, no quería que por su culpa la desconfianza recayera en Angello y afectara su relación.

—¿Vas a negarme que es tu hermano? —se escuchó un silencio sepulcral al otro lado de la línea, que Martina se vio obligada a responder—¿Has cortado?

—No, estoy aquí. ¿Cómo te diste cuenta? —interrogó Zoe.

—El parecido entre ustedes es evidente y él me contó que habías defendido a su madre, allí até cabos y supe que no podía haber más vínculo que ese.

—Es cierto soy su hermana, pero no quiero que él lo sepa por los momentos, porque de enterarse no va a dejar que se lleve a cabo el matrimonio entre Defranco y yo—respondió Zoe.

—¡¿Por qué vas a casarte con ese infeliz?! —replicó Martina.

—Porque ese maldito debe pagar lo que le hizo a mis hermanos, a mí  madre, a mi padre. Luego que mamá golpeó a Franco, se arrepintió de haberlo hecho, y de inmediato corrió a confrontar al miserable que era su marido en ese momento, le dijo que lo denunciaría, pero cuando salió a denunciarlo, el hombre la golpeó de tal manera que la dejó casi sin moverse, por poco la mata, ella se dio cuenta que su hijo había escapado producto de como lo había tratado, pero en su condición no pudo salir a buscarlo. El remordimiento y el dolor por haberlo golpeado hizo mellas en ella.

«Al sentirse mejor, salió a buscarlo, llamó a Defranco y este se negó a dárselo, dijo que no le daría a ese maldito porque le haría pagar durante el resto de su vida, que sus padres lo hayan obligado a casarse para darle un apellido y no conforme con eso, el desgraciado la mandó a golpear sin piedad, dejándola tirada en un callejón creyéndola muerta.

»Horas después del ataque mi padre la encontró, la atendió, la auxilió, y la llevó a un centro hospitalario. Producto del ataque ella perdió la memoria, sin embargo, nunca lo logró olvidar del todo, vivía triste angustiada, porque a pesar de lo sucedido, en el fondo sabía que había perdido algo importante.

»Pasaron los años y mi padre se enamoró de ella, no la dejó más, ella también se enamoró, se casaron, tuvieron a mi hermano y luego a mí, después a mi hermana que actualmente tiene veinte años, cuando mi hermana menor cumplió cinco años mamá recuperó la memoria, pues estaban tumbado una piñata y accidentalmente le dieron con el palo, cayó inconsciente, la llevaron al médico, al despertar había recobrado la memoria.

»Allí empezó nuevamente la búsqueda de Angello, fue a buscarlo en compañía de mi padre, pero Defranco los amenazó con hacernos daño si insistían en buscarlo, pero ella no se detuvo, continuó buscando la manera de encontrarlo, aunque en ese entonces ya era un hombre, ella quería que supiera que si lo había amado.

»Insistió en verlo, hasta fue a la casa donde él vivía con su esposa, pero ella los corrió, los amenazó  y le avisó a Defranco, este cumplió con su amenaza. Mi padre y mi hermano iban en un vehículo y perdieron el control muriendo en el acto, las investigaciones determinaron que los frenos habían fallado, pensamos al principio que era accidental, hasta que llegó una carta de Defranco, aunque no estaba firmada por él, donde decía que eso había sido solo una advertencia, que sabía que tenía dos hijas y que si no cesaba en su empeño de conversar con  Angello, podrían correr el mismo destino de su esposo e hijo.

»Eso la destruyó totalmente, a tal punto que se enfermó de cáncer de útero, la culpa y la tristeza acabaron con ella, aunque fue sometida a tratamientos médicos, quimioterapias, radioterapia, luego de tres años de lucha contra la enfermedad, finalmente perdió la batalla.

»Mi hermanita de nueve y yo de catorce años, quedamos huérfanas, nos fuimos a vivir con mi tía, una hermana de mi padre, ella nos crió y nos trató bien, como sus hijas, hasta que falleció hace más de un año. Pero nunca olvidé lo que había pasado, todos los días de mi vida el odio fue creciendo dentro de mí, incluso le juré a mamá en su tumba, que algún día vengaría a mi padre, a mis hermanos y a ella de la desgracia que el maldito de Defranco cernió sobre ellos y por ello voy a casarme con él, para hacerlo pagar por toda la maldad que ha hecho y cumplir mi promesa.

—No puedes casarte con ese hombre, es un malvado, te va a destruir—comentó con preocupación Martina.

—Nunca podrá dañarme, le llevo ventaja, se quién es él, mientras Defranco no tiene idea de quién soy yo. Además el muy idiota puso todos sus bienes a nombre mío para hacerle daño a sus hijos, no sabe que le entregó su alma al diablo—manifestó con burla.

—Voy a contarle la verdad a Angello, no puedo mentirle—enfatizó Martina.

—Te pido que por favor no le cuentes la verdad, si él se entera no dejara que me case con Defranco, entonces mi plan y todo por lo cual he luchado sería en vano.

—¿No entiendo? Si ya te dejó su dinero, ¿Qué más quieres hacerle?

—Puso como condición que todo pasaría a mi nombre al momento de casarnos y de consumar el matrimonio. No voy a echarme atrás, debe pagar con creces todo lo que hizo, quiero hacerlo pasar por loco para que pare en un sanatorio, ese hombre debe sufrir por todo el daño que ha hecho en su vida—pronunció la chica con odio.

—No te prometí nada Zoe, además no puedo engañarlo, jamás sería capaz de traicionar la confianza de Angello, mi lealtad está para con mi futuro esposo.

—Haz lo que creas conveniente, yo igual me voy a casar en otro sitio, para evitar que Angello impida la boda.

 

Luego de que se despidieran y cortara la llamada, Martina se volteó y allí estaba Angello, quien la observaba con el ceño fruncido en forma de interrogación pero sin decir nada.

Ese hombre tenía la capacidad de detectar situaciones comprometedoras, se movía como un gato de manera silenciosa, por eso era difícil escucharlo. Al darse cuenta que Martina no respondería, la instó a hablar —Esta es la segunda vez en menos de tres horas que te consigo hablando de mi. ¿Me dirás esta vez a que conclusión has llegado? ¿Puedes decirme también con quien hablabas? —interrogó Angello.

—Hablaba con Zoe—afirmó ella, rogando en silencio que no se molestara.

—Asumo que me creíste al hablar, y que esta conversación  ha surgido como consecuencia de las conclusiones a la cual llegaste con tu familia, ¿Estoy en lo cierto?

—Si es correcta esa conclusión—pronunció Martina, pensando que Angello había escuchado más de lo que había creído.

—¿Me vas a decir por qué hablaste con Zoe? ¿Y cuál relación tengo con ella?

—Te lo diré, llamé a Zoe porque quería llegar a algunas conclusiones sobre tú pasado, ella me contó toda la verdad sobre tu madre Angello. Zoe es tu hermana, es hija de Grazielle—dejó escapar de repente, mientras Angello lo miraba totalmente sorprendido.

 

 

 

“La verdad es incontrovertible. La malicia puede atacarla. La ignorancia puede burlarse de ella, pero al final, la verdad está ahí”. Winston Churchil.

 

 

 CAPÍTULO 24. NUEVA FAMILIA


Angello se quedó observándola incrédulo, no podía procesar lo que le estaba diciendo Martina, sentía como una nube cubría su mente impidiéndole analizar sus palabras.

—¡No entiendo! ¿Qué estás diciendo? —interrogó Angello, con mirada contrariada.

 

—Anoche cuando te levantaste que estaba con mi familia, entre todos nos dimos cuenta del parecido entre Zoe y tú, por lo cual dedujimos que podían ser hermanos, está mañana la llamé y me lo confirmó, es hija de tu madre con otro hombre y tienes también una hermana de veinte años.

 

Angello no daba crédito a lo que estaba escuchando, tenía dos hermanas, su madre estaba viva, no como creyó todos estos años que estaba muerta, tuvo dos hijas más y nunca lo intentó buscar, eso lo hería profundamente porque se daba cuenta que jamás pensó en él, que simplemente no lo quiso. Caminó hacia la salida del departamento pero Martina lo detuvo con su voz.

—¡No te vayas! Debo contarte—exclamó con firmeza Martina.

—No quiero oír como mi madre rehízo su vida, sin siquiera acordarse de mí—respondió conmovido.

—Hace un par de horas me acusaste de sacar conclusiones precipitadas y reconozco que fue verdad, ahora lo estás haciendo tú. Deja que te cuente todo lo que me dijo Zoe, si después de eso sigues enojado con tu madre, será tu decisión, en ti está la llave de llenar tu corazón de odio o resentimiento o de dejar ir y curar tus heridas.

 

Por un momento se quedó pensando en las palabras de Martina y supo que tenía razón, dio un suspiro y comentó—Está bien, dime todo lo que  te ha contado Zoe.

 

Enseguida Martina le contó desde que su madre había intentado recuperarlo, cuando se arrepintió de haberlo golpeado y se enfrentó a aquel hombre causante de sus sufrimientos quien casi la mató de una golpiza, le explicó con detalles tal y como se lo había explicado Zoe, y así fue narrándole que al recuperarse volvió a intentar buscarlo y el desgraciado de Defranco, la mandó a golpear dejándola al borde de la muerte y el daño fue tanto que hasta la memoria había perdido. Le habló del hombre que la rescató y que se había casado con ella años después, con el cual tuvo tres hijos, entre ellos Zoe. Pero el desgraciado de su padre, tras recuperar la memoria su madre e intentar buscarlo, la chantajeó e incluso llevó a cabo sus amenazas en contra del hijo y su nuevo esposo mandándolos a asesinar. Luego le habló de la enfermedad de Graziella, no le ocultó nada, le contó cada detalle, mientras lo hacía el rostro de Angello pasó por numerosas expresiones, desde alegría, esperanza, tristeza, fue inevitable que las lágrimas surgieran al momento de contarle que su madre había muerto de cáncer.

 

Se mantuvo en silencio por un par de minutos interiorizando cada palabra, y en su interior surgieron dos cosas, un odio más abismal contra el desgraciado de Defranco por lo que le había hecho a su madre, a su hermano y a su vez una alegría de que su madre si lo hubiese amado.

 

—¡Ella me amó!, ¡Si le importé! —.Decía emocionado con lágrimas en los ojos— Graziella luchó por mi hasta el final, ¿Sabes lo que significa eso Martina? —interrogó Angello—qué tengo dos hermanas, que si puedo ser parte de una familia, que mi mamá se sacrificó por mí, que pude haber sido feliz con mi familia, que si no estuvo a mi lado, no era porque no quiso sino porque el maldito de Defranco la anuló. Eso significa mucho para mí, eso es un aliciente para las heridas de mi corazón—enfatizó conmovido.

 

—Si mi amor ¡Lo sé!—comentó Martina mientras acariciaba su rostro—tú madre si te amaba y ahora tienes un par de hermanas que estarán cerca de ti.

 

En ese momento Angello comenzó a pensar en Zoe y en la conexión que sintió cuando la conoció, todo había sido aclarado, es su hermana, por eso decían que la sangre llamaba, eso le había pasado a él. Enseguida señaló con un toque de angustia en su voz—Martina mi hermana corre peligro, está cerca de ese maldito, ese hombre es capaz de hacerle daño, no puedo permitirlo, debo buscarla y ponerla a salvo. Claro ya entiendo lo que está tratando de hacer Zoe, está buscando vengarse de todas las injusticias y crimines que ha cometido Defranco, pero hasta aquí llegó él, no descansaré hasta que pague con cárcel todo sus crimines, pero no permitiré que ella se sacrifique uniéndose a ese viejo baboso.

 —Angello, Zoe dijo que iba a huir con Defranco, porque nadie impediría su boda—afirmó Martina.

—Pues, yo voy a impedir que se case con ese mequetrefe, voy inmediatamente a buscarla—.

 

Mientras él se despedía con un beso, Martina lo retuvo con la mano diciéndole—¡Voy contigo!

—¡No irás! —Exclamó Angello.

—Si voy a ir Angello, no permitiré que te enfrentes solo a ese desgraciado—argumentó con decisión Martina.

 

En ese momento ante el tono fuerte de sus voces, salieron los padres y hermanos de Martina, quienes se quedaron en silencio apenas asomados en el pasillo, para que no se dieran cuenta de su presencia, viendo a ver quien resultaría vencedor en esa disputa, porque sabían de lo cabezota que era su hermana y que siempre terminaba saliéndose con la suya, —Si Angello se deja convencer en este momento, será un hombre domesticado—le cuchicheaba Marcos a Martín.

 

—Es cierto, esta será su oportunidad—expresó Martín atento.

 

Sin embargo, la señora María Martha los escuchó y como cosa extraña terminó poniéndose de parte de su yerno —No tienen nada que decir de Angello, porque ustedes son también un par de domesticados, y eso que sus esposas no tienen ni la mitad del carácter de mi princesa—expresó con orgullo mientras sus hijos la miraban incrédulos, si claro ella piensa así porque no es quien se las aguanta,  pensaron ambos.

 

Continuaron escuchando a la pareja. Angello exasperado, pasaba su mano por los cabellos alborotándolos en el proceso, tratando de buscar una manera de convencer a la testaruda de Martina de que no era recomendable que fuera con él.

—Amor—dijo respirando profundo—¿Amas a nuestros bebés? —interrogó él esperanzado.

—Mi amargadito ¿Cómo me vas a preguntar eso? Por supuesto que los amo, no sabes lo feliz que estoy de que sean más de un bebé—pronunció emocionada.

 

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Mientras ellos tenían esa conversación en el pasillo todos los oídos estaban atentos escuchándolos, —¿Cómo que más de un bebé? —interrogó Gianluca.

—Ustedes si son chismosos no dejan hablar esa gente en paz—dijo el señor Martín más alejados de todos los demás como queriendo formar parte de los curiosos pero a la vez no.

—Es que acaban de decir que son más de un bebé—afirmó Marco.

—¡¿Quééé?!—Exclamó emocionado el orgulloso abuelo—mi princesa está embarazada de más de un nieto, eso es una excelente noticia. Apártense déjenme escuchar—decía ansioso el padre de Martina.

 

—Viste que de alguna parte heredamos esa vena tan chismosa y metiche, no es solo de la vieja, tú también aportaste una buena cantidad de genes—pronunció Martín burlándose de su padre.

 

—¡Ya basta! ¡Cállense! Dejen escuchar, nos va a descubrir Martina y se va a enojar con nosotros, permanezcamos silenciosos para que no tenga ni la leve sospecha de que los espiamos—expresó la señora María Martha con complicidad.

 

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—Mi caraotica, debes descansar por favor, cuidar a nuestros niños, sabes que la última vez ese desgraciado casi te hace perderlos, y si eso volviera a suceder me convertiré en un homicida, porque te juro por la vida de mis hijos, que si eso llegase a pasar, no dejaría viviendo a Defranco, ese hombre ha causado mucho daño a la gente que amo y otra más no se lo toleraría. Iré solo, prometo no descontrolarme, solo rescataré a Zoe e impediré ese absurdo matrimonio con ese demonio. Apenas salga de allí vengo por ti ¿Te quedarás tranquilamente esperándome como una buena y hermosa chica que cuida a sus retoñitos? —le preguntó Angello, mientras la tomaba por el rostro y la besaba suavemente.

—Creo que me estás manipulando, pero por ahora estaré de acuerdo con tu propuesta, solo que no quiero que vayas solo a enfrentarte a ese hombre. Por eso vamos hacer algo. Martín, Marco, Gianluca, Genaro, Papá, mamá, salgan de su escondite cuerdas de chismosos, creían que no los había visto—los cuestionó Martina simulando un enojo que no sentía porque en realidad, en el fondo le encantaba que ellos estuvieran pendiente, pero ni loca se los diría, mientras todos salían avergonzados.

—¡No te creo! ¿Están allí? ¡Por Dios! ¿Cómo logras soportar lo metiches que son? —interrogó Angello sorprendido por la intensidad de la familia de su futura esposa.

—Ignorándolos la mayoría del tiempo, solo así he logrado sobrevivir y poniendo kilómetros de distancia entre ellos y yo, solo viajo dos veces al año a verlos y allí me preparo psicológicamente para todo lo que puede ocurrírseles a ellos—expresó despreocupada Martina.

—Gracias a Dios que tu padre, es un hombre serio y no está en esos planes, pero tus hermanos, de verdad que se pasan—manifestó Angello, mientras veía entrar a los hermanos y a la madre de Martina.

—Si seguro, sigue creyendo eso, lo que pasa que Don Martín quiere que pensemos que él no se presta para eso, pero en el fondo es el incitador. Papá sal de donde te escondes por favor, se que también estás allí.

 

Enseguida un Don Martín salió apenado de donde se encontraba escondido, rojo de la vergüenza, ante la mirada sorprendida de Angello, quien le dijo —Suegro y yo defendiéndolo, me ha dejado anonadado, pensé que usted no tenía ese perfil.

—Hijo es que en verdad no lo tengo, pero cuando escuché que mi princesa tendría dos bebés eso me ganó y terminé participando para conocer la verdad.

—Pues creo que son más de dos Don Martín, son posiblemente trillizos—afirmó orgulloso Angello ante la mirada sorprendida de todos, cuando terminaron de procesar, se emocionaron y abrazaron a Martina y le dieron felicitaciones a él.

 

Luego de aproximadamente diez minutos Martina llamó al orden —Genaro y Marco, necesito que acompañen a Angello a buscar a su hermana, es que no confió en su padre, ese es un ser malo, oscuro y tengo miedo que quiera causarle daño, si va solo es más probable que lo dañe, pero si van otras personas no lo haría, porque ese hombre es un cobarde, que le gusta atacar a traición, porque solo así pueden ganar los seres rastreros como él.

Inmediatamente sus hermanos aceptaron, incluso Martín terminó yendo también, Martina le dio la llave de su auto a Angello, pues este no cargaba vehículo, él la besó apasionadamente, la abrazó, acarició su vientre diciéndole —Ya verás que todo estará bien mi amor, todo se habrá resuelto con Defranco, porque tengo la intención, después de rescatar a mi hermana de ejercer acciones legales contra él, se refundirá en la cárcel por todo lo que nos hizo, eso no lo dudes, él ya no será motivo para la infelicidad de mi familia, eso te lo juro mi caraotica—concluyó despidiéndose mientras salían del apartamento camino al auto y de allí rumbo a la mansión de Defranco Casiragui.

 

Llegaron a la mansión poco más de treinta minutos después, cuando lo vieron los hombres de seguridad le manifestaron —Discúlpenos señor Casiragui, pero por ordenes de su padre no puede pasar.

—¡Ese maldito no es mi padre! ¿Por qué creen que lo sea? ¿Por qué aportó veintitrés cromosomas para mi fecundación? Eso no es ser padre. No vengo por aquí por él, estoy porque busco a la señorita Zoe, puede llamarla.

—Lo siento joven pero la señorita Zoe, salió con el señor hace una hora—respondió el oficial de seguridad.

—¿Hacia dónde se dirigían? —interrogó Angello.

—No estamos autorizados para dar esa información, lo siento.

 

Luego de la conversación con los hombre de seguridad, los cuatro hombres subieron al carro y se retiraron, en ese momento Genaro preguntó —¿Ahora qué vamos a hacer?

 

—Vamos a mi casa, voy a chequear con unos sistemas que tengo, la línea telefónica de Zoe, eso me permitirá poder verificar, la posible ubicación de acuerdo a las antenas cercanas a su móvil.

 

Así lo hicieron, Angello llamó primero a Martina para tranquilizarla diciéndole que estaba bien, y después le marcó a Zoe —¿Dónde estás?

—No te lo voy a decir, ya me he casado con tu padre, él me otorgó todos sus bienes, pero dejando establecida una clausula que debía casarme con él y consumar nuestra noche de bodas, para tomar posesión de los bienes.

—No te acuestes con ese desgraciado Zoe, no necesitas hacer eso para vengarte, te juro que yo buscaré como acabarlo, pero por favor, sal de allí ahora mismo, dime ¿Dónde estás para buscarte?—inmediatamente las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas—Ahora que te tengo no quiero perderte, tú y tu hermana son el único vínculo que tengo con mi madre, quiero oír de ustedes lo que ella me extrañó, por lo que más quieras no te pongas en riesgo.

 

—Karen, tus hijos y tú, son lo que más quiero y este desgraciado les ha hecho daño. Te prometo que estaré a salvo, ya estoy a punto de lograr mi objetivo, por favor confía en mí—expresó Zoe conmovida, porque entendía el miedo de Angello.

 

—Confío en ti pero no en él, por favor Zoe, dime ¿Dónde estás para ir por ti?—anunció con angustia.

 

—Cuando  termine aquí te llamo y te mostraré la carta que escribió mamá para ti, allí sabrás cuanto te amaba, ella nos enseñó a amarte y a tenerte siempre presente, desde que ella recordó me contó todo sobre ti, guardaba artículos que escribía la prensa, cada paso y éxito que dabas nosotras lo guardábamos y aunque nunca te había visto hasta el día en que fuiste a la mansión, mi corazón te conocía y me emocioné tanto de tenerte frente a mí, hermanito, te amo y sé lo que has sufrido y todo por culpa de ese desgraciado, te juro voy a vengarte así sea lo último que haga, me consumiré gustosamente por proteger a los míos.

—No Zoe, ¡Escúchame! Ya no importa lo que sufrí en el pasado, interesa el presente, el ahora y es que quiero tener a mis hermanas, a mi esposa, a mis hijos, si te pasa algo me hundiría nuevamente en el dolor—le suplicaba Angello angustiado de no poderla hacer entrar en razón.

 

—Te amo Angello—afirmó cortando luego la llamada.

 

Cuando Zoe se volteó, pudo observar a un Defranco que la observaba iracundo y con un tono de voz fuerte como si se tratara de un latigazo le dijo —¡Eres una maldita zorra! Eres la amante de ese bastardo, ¿Pretendes vengarte de lo que le hice? A ese infeliz siempre lo he odiado, porque todo el tiempo termina quitándome lo que más amo, pero te juro que esta vez voy a mandar a acabar con él, no es la primera vez que le cobro con la vida a alguien que se convierte en una piedra en mi zapato. Pero mientras eso pasa Zoe Casiragui, es hora de que cumplas con tus deberes conyugales—afirmó con una sonrisa de suficiencia acercándose a ella, mientras Zoe lo miraba angustiada.

 

“Jamás uses algo como la venganza, solo siéntate y espera. Aquellos que te hieren, suelen destruirse por sí solos”. Anónimo.

 


CAPÍTULO 25. NO SUFRAS POR LO QUE NO PUEDES CAMBIAR


Zoe al principio estaba decidida a entregarse a ese hombre, pero ahora la duda la invadía, si los abrazos y besos que le había dado hasta ahora, provocaban repulsión en ella, mucho más tener intimidad con él, de solo pensarlo sintió una arcadas, que trató de contener.


Defranco se le acercó y se paró frente a ella diciéndole con voz firme—¡Desnúdate! —le ordenó mientras él se desvestía frente a ella sin siquiera desviar la mirada.


Aunque era un hombre de sesenta años, se mantenía en forma a fuerza de ejercicios, pues era un vanidoso que le encantaba aparentar menos edad de la que tenía, sin embargo, su repulsión radicaba no en su aspecto externo, sino en lo oscuro y lo feo de su alma, ella no podía permitir que la hiciera suya, debía pensar en algo que impidiera que ese matrimonio se consumara, estaba arrepentida de haberse portado impulsivamente.


El hombre al verla estática sin reaccionar le volvió a repetir —¡¿Estás sorda?! No has escuchado que te dije que te desnudaras, durante todo este tiempo te negaste, alegando que no te acostarías conmigo hasta que no te casaras ¿Ahora qué excusas vas a poner?


—Yo quiero prepararme antes de acostarme contigo, todo esto es nuevo para mí, yo nunca antes he estado…—pero no pudo continuar porque Defranco la interrumpió.


—O te desnudas tú o lo hago yo—pronunció enfurecido y como ella no contestó, le fue arrancando la ropa una a una.


******************************************************

Angello había logrado identificar la ubicación y de inmediato supo donde se encontraba su hermana, minutos antes había mandado a preparar un helicóptero y sin pérdida de tiempo y con la compañía de sus cuñados, piloteó la aeronave con destino al sitio donde se encontraba su hermana, sin detenerse a pensar aterrizó en un helipuerto que se encontraba en la propiedad de Defranco y de allí salió corriendo seguido de sus cuñados para ubicar a Zoe, pero el impulso, la adrenalina y las ganas de rescatar a su hermana eran tal, que corrió como nunca, aunque los hombres que lo acompañaban eran más jóvenes, no pudieron alcanzarlo ni remotamente.


Angello entró a la casa y comenzó a llamar a su hermana —Zoe, por favor ¿Dónde estás? Respóndeme—decía con angustia.


En su recorrido se encontró con un par de guardaespaldas, con quien fue necesario pelear para que lo dejaran avanzar, los dejó inhabilitados con una par de golpes que les propinó. Luego de ello, subió las escaleras de dos en dos, revisó varias salas y habitaciones hasta que los encontró en la tercera, situada en el ala derecha, pateó la puerta con toda su fuerza y de inmediato se abrió, el maldito de Defranco se estaba colocando el pantalón, mientras que Zoe, permanecía desnuda con una sabana en su cuerpo, acostada en la cama hecha un ovillo, llorando.


Al ver a Zoe así, la rabia lo invadió, a su mente llegaron todo lo que Defranco le hizo sufrir, lo que le hizo a su madre, a su hermano y a su padre y simplemente explotó, le brincó encima y comenzó a apretarle el cuello, mientras la fuerza que ejercía le presionaba las venas de su rostro, Angello estaba enceguecido, mientras Zoe se encontraba como en trance, hasta que luego de unos segundos pudo reaccionar y vio a Angello acabando con la vida del desgraciado de Defranco y aunque eso era lo que más anhelaba su corazón, no podía permitir que su hermano fuese a la cárcel, empezó a llorar—Angello ¡Por Favor para! Hermanito no lo hagas, no vale la pena, ese desgraciado merece vivir para que pague lo que ha hecho—suplicaba Zoe para que su hermano se detuviera, pero Angello no escuchaba y mantenía su presión contra el hombre, quien se estaba poniendo rojo por la falta de oxigeno.


Zoe comenzó a gritar desesperada, pidiendo ayuda cuando llegaron tres hombres e intentaron quitar a Angello de encima, mientras le pedían que parara. Martín estaba preocupado, no podía permitir que su cuñado asesinara al hombre, porque terminaría en la cárcel, pensó en su hermana, en los trillizos que estaba esperando y comenzó  a gritar —¡No lo hagas! Piensa en Martina, en los trillizos, irás a la cárcel, no los verás y ellos sufrirán—cuestionaba rogando que sus palabras lograran hacerlo desistir de matar a Defranco.


Esas palabras penetraron en la bruma de la mente de Angello y lo soltó, mientras volteaba a ver a su hermana que lloraba desconsoladamente, se dirigió a ella y la abrazó fuertemente los dos se fundieron en un gran abrazo, mientras las lágrimas hacían estragos en su rostro.


—Muchas veces desee tenerte cerca para abrazarte y consolarte, siempre estuviste presente en nuestras vida, te amé desde el primer momento que supe que eras mi hermano—pronunciaba Zoe llorando sin dejar de abrazarlo.


—Yo sentí una profunda conexión contigo, sabía que eras especial en mi vida. Siento haber llegado tarde hermanita. —pronunció sintiéndose culpable.


—No tienes nada de que lamentarte hermanito, no pasó nada—pronunció Zoe, no podía dejar que su hermano se recriminara y eso lo hiciera infeliz, prefería llevar la procesión por dentro.


—¿En serio Zoe? Dime la verdad, por favor no me mientas—le suplicaba Angello.


—Te estoy diciendo la verdad hermanito. No tienes nada de qué preocuparte—expresó sin querer dejar de abrazarlo y sus lágrimas corrían como una cascada por su rostro.


Angello volvió su atención a DeFranco, pero mientras los hermanos de Martina se habían concentrado en el encuentro entre su cuñado y su hermana, descuidaron la vigilancia del hombre quien había logrado recuperarse, cuando se dieron cuenta el tipo estaba saliendo por la puerta, corría con velocidad para evitar ser atrapado, cuando estaba bajando el tercer peldaño de las escaleras, no lo vio bien, pisó donde no era y rodó por más de cuarenta escalones, cayendo inconscientemente al final de las escaleras.


Angello fue el primero en bajar, le revisó los signos vitales y aún respiraba, tomó su celular, marcó al 112, número de emergencia en Italia. Mientras lo observaba, se dio cuenta que nunca había odiado tanto a  nadie en su vida como lo hacía con aquel hombre, luchó con las ganas inmensas que tenía de trancarle la respiración,pero sabía que no podía hacer eso, porque si no se convertiría en un ser tan repugnante como él.


Cinco minutos después estaba la ambulancia en el lugar, Zoe había bajado ya vestida, subieron a Defranco pero nadie quiso acompañarlo, les preguntaron si eran familiares y no le quedó más alternativa que responder afirmativamente, pidió el número de la clínica donde lo iban a trasladar y después salieron en el helicóptero con rumbo a la casa de Angello, al llegar pensaba tomar el vehículo para ir de inmediato al departamento de Martina, pero al entrar a la sala de la casa, ella se encontraba allí hecha un mar de preocupación, en compañía de GianLuca y sus padres.


Al verlo los ojos de Martina se le iluminaron y a él también —Usted señora es la personita más terca que conozco, ¿Por qué se movió de su casa, si debe mantenerse de reposo? —la reprendió Angello.


—Es que estaba muy preocupada, no podía descansar por la angustia y los nervios que atenazaban mi cuerpo, por eso preferí esperarte aquí. Por favor no te enojes conmigo—pronunció con un puchero. Ante ese gesto no pudo resistirse la abrazó y la beso apasionadamente, hasta que los presentes, comenzaron a aclararse la garganta y ellos se apartaron.


Al separarse Martina se acercó a Zoe, le extendió la mano, pero esta de inmediato estiró ambos brazos y la abrazó —Somos cuñadas—le dijo Zoe—ves que no tenías nada que temer de mi—pronunció la chica —y tienes otra que se llama Karen, pero ella está estudiando en la Universidad de Palermo, viene este próximo fin de semana a conocer en persona a nuestro hermano.


Angello se acercó a ambas y se colocó en medio de las dos extendiendo un brazo de cada lado para abrazarlas por la cintura—Saben que soy feliz porque las tengo a ustedes. Vayamos al comedor, que mientras venía ordené que nos sirvieran una comida—invitó a todos, mientras Franco y Paula bajaban las escaleras, yendo directamente a abrazar a Zoe.


—¡Eres mi tía!—dijo Paula emocionada, pero luego de breves segundo su expresión cambió—Aunque seguro no vas a quererme porque soy hija biológica del desgraciado de Defranco—pronunció la chica con una mezcla de tristeza y enojo.


Inmediatamente  Zoe le preguntó —¿Quién sientes que es tu verdadero padre?


—Angello Casiragui—respondió Paula sin dudarlo, frente a todos los presentes que miraban con curiosidad.


—Entonces yo soy tu tía de verdad, y estoy feliz de tener una muy hermosa sobrina —dijo abrazándola.


—¿Y a tú sobrino no lo abrazarás? —preguntó con un poco de timidez Franco.


—Claro que si sobrino—respondió ella dándole un fuerte abrazo.


En ese momento luego de sentarse la madre de Martina comenzó a hablar —Yo quiero decir unas palabras, y es que lamento mucho haber juzgado mal a Angello y a Zoe, es que yo soy un poco impulsiva y súper protectora con mis hijos, me dejé llevar por las apariencias, me molestaba que se quisieran burlar de mi niña, por eso quiero pedirles que me perdonen por ello—pronunció levantándose y yendo a abrazar a cada uno de los implicados, quienes sin rencores aceptaron sus disculpas.


Comieron entre risas, cuentos y anécdotas pero en el semblante de Zoe, se reflejaba una profunda tristeza Gianluca que estaba a su lado le preguntó —¿Te pasa algo?


Ella dio un respingo, pues aunque su cuerpo se encontraba en ese lugar, su mente había estado divagando pensando en su madre, su padre, su hermano, cuanto le hubiese gustado que hubiesen disfrutado de ese momento. Tanto que su madre había añorado su reencuentro con Angello—No me pasa nada—respondió Zoe, sintiendo nublado sus ojos producto de las lágrimas que pugnaban por liberarse y correr libremente por su rostro—Ya todo ha pasado, aun cuando no me encuentre bien—Gianluca hizo intento de tomar su mano para darle consuelo, pero ella la apartó de inmediato con temor.


—Lo siento—respondió el chico—mi intención no fue incomodarte, solo vi tus lágrimas a punto de salir y quería hacerte saber que si necesitas un hombro donde llorar, aquí está el mío.


—Muchas gracias, pero si necesito un hombro de un hombre para llorar cuento con el de mi hermano y mi sobrino. Así que tranquilo, no tienes porque preocuparte—expresó, mientras pedía permiso y se levantaba de la mesa con destino al jardín.


Cuando Angello la vio retirarse, tomó la mano de Martina y le manifestó —Amor, voy a conversar con mi hermana, hay algo que la inquieta y quiero descubrir lo que es.


—Anda y conversa. Si me necesitas ya sabes dónde estoy—pronunció Martina tocando su mejilla.


—A propósito apenas termines de comer, por favor ve a descansar, has tenido un par de días ajetreados y eso no le hace bien a los bebés—expresó besando su boca y colocando una de sus manos en el vientre de Martina.

Al soltarla ella esbozó una mueca ante la propuesta de Angello, pero de inmediato él posó su vista en ella reprochándole, pero sin pronunciar palabra alguna, iniciaron una lucha de miradas, pero segundos después Martina se dio por vencida, pues se dio cuenta que él tenía razón y cedió— Está bien termino de comer y me voy a acostar, te esperaré en la habitación para que me hagas compañía.


—¡Así me gusta juiciosita! —exclamó Angello. A lo que ella respondió con un gesto de molestia.


—No te acostumbres de mandón, porque luego, cuando ya tenga a mis bebés ni siquiera me voy a voltear a verte—señaló molesta.


Angello soltó una carcajada en tono seductor que la hizo erizar la piel y aproximando su rostro al de ella, casi rozándole con los labios pronunció —Eso no te lo crees ni tú misma, estás loquita por mí, con ese aspecto de chica intocable e intratable, no pudiste resistirte a mis encantos—enfatizó bromeando y posó sus labios en los de Martina para besarla, pero la chica estaba tan enojada que le capturó el labio inferior y comenzó a mordérselo.


Angello empezó a reírse, pero a medida que lo hacía ella iba aumentando su presión —Eres malvada mujer, me estás causando daño—pudo apenas pronunciar.


—¡Retráctate! —exclamó Martina.


—¡No lo haré! —espetó con seriedad Angello—porque es cierto, tú te mueres por mí—dijo orgulloso.


Ella lo comenzó a besar con pequeños mordiscos, se sumergieron uno en el otro, olvidándose del resto, él la tomó con sus manos por ambas mejillas—¿Te digo algo? Yo también estoy loco por ti, no me imagino ahora mi vida si no estás a mi lado, te amo demasiado, me traes de cabeza por ti mi caraotica, tú definitivamente eres la horma que le hacía falta a mi zapato. Espérame en la habitación, hablo con Zoe y voy a tu encuentro, para descansar juntos.


Angello salió en búsqueda de su hermana, caminó por el pasillo hasta observarla de lejos, sentada en una banca en el jardín, se fue acercando a ella, se pudo dar cuenta que estaba llorando, pero al verlo se limpió disimuladamente el rostro y esbozó una sonrisa.


—Zoe, Dime ¿Qué tienes? ¿Por qué de repente te has puesto melancólica? ¿Qué te hizo Defranco? —interrogaba con preocupación.


—Estoy bien, solo que cuando estábamos en la mesa no pude evitar recordar al resto de mi familia, a mis padres, a mi hermano, todos deseaban con ansias recuperarte y nunca pudo ser.


—No debemos sufrir por lo que pudo ser y no fue, Zoe, si algo he aprendido con todo lo que he vivido es a no vivir en el pasado, allí no hay nada que pueda cambiar, solo nos queda el futuro, pensar en el tiempo que se fue solo nos causa daño, amargura, no quiero volver a recluirme en ese mundo de angustia y tormenta, quiero vivir cada día con las cosas buenas que me está ofreciendo la vida, una mujer maravillosa que me ha hecho cambiar la forma de ver la vida, ella vino a inyectar vitalidad en mi mundo, unos hijos que son míos y que procuraré cada día hacerlos feliz, probablemente tres más en camino, te juro que eso me tiene en la cúspide más elevada de la felicidad, paso el día imaginándome como serán y dos hermanas que no me esperaba, y que son como tener un pedazo de mi madre conmigo, pues eso te juro que  si me hería profundamente. La ausencia de amor por parte de Defranco, ya no me afecta.

«Hermanita, enumera tú también tus motivos para ser feliz, te queda toda una vida por delante, visualiza que quieres y trabajemos en base a eso, siempre estaré aquí para ti.


—Sabes que legalmente, soy la dueña absoluta de los bienes de Defranco, pero eso moralmente te pertenece a ti, mandaré hacer los documentos pertinentes para que pasen a tu propiedad…—Angello la interrumpió.


—No Zoe, no quiero absolutamente nada de ese dinero, quédate con él, es tuyo—afirmó Angello.


—Yo lo recuperé para ti, nunca mi intención fue quedarme con eso—enfatizó Zoe.


—Entonces destínalo a obras de beneficencia, vamos a crear una mega fundación que concentre otras fundaciones, para ayudas sociales, atención a la infancia abandonada y maltratada, apoyo a madres solteras.


Los ojos de Zoe se iluminaron —mujeres maltratadas, centro de capacitación, lucha contra el cáncer ¿Será que si podemos hacer todo eso?


—Claro que sí, la fortuna de Defranco es cuantiosa, además puedo ayudarte a manejar las inversiones de sus empresas para mejorar los ingresos y eso también lo destinamos a la fundación y si llegase hacer falta, puedo hacer donaciones y tengo amistades que poseen cuantiosas fortunas, que no les hará mella si donan unos cuantos millones de euros  para una buena causa, puedes decirle a Martina, a su madre, sus cuñadas, a Anabella, Sophía, Valeria que son amigas de ella que te presten ayuda, crea un gran equipo de trabajo, la ayuda te sobrará—le decía emocionado.


—Es verdad nunca más volveremos a estar solos, nos tenemos unos a los otros, debo levantarme y seguir—por un momento se quedó pensativa y luego de un par de minutos en que se mantuvieron en silencio, sacó una carta de unos de los bolsillos de su ropa y le dijo—Angello, esta es la carta que te dejó nuestra madre—dijo extendiéndola hacia él—¿Estás preparado para leerla?


Angello tomó la carta y una profunda emoción inundó su cuerpo, sintió la boca seca, su corazón comenzó a bombear con mayor rapidez, eso que estaba en sus manos era una conexión con su madre, sus pensamientos, sus creencias, su amor, fue inevitable que un tumulto de sentimientos contradictorios se dieran paso en su interior, sintió miedo, dolor, tristeza, alegría, expectativa, felicidad, esperanza, era difícil de explicar, porque era increíble que un ser humano pudiera sentir todo y nada al mismo tiempo.


—Estoy preparado para leerla—pronunció conmovido Angello, mientras rasgaba el sobre donde se encontraba la carta.


“Para enfrentar los problemas de la vida y salir victorioso, hay que permitirse ver las cosas desde otra perspectiva” Anónimo.



CAPITULO 26. CARTA REVELADORA


Angello abrió la carta, lo primero que captó su atención fue el olor, ese aroma dulce, una mezcla de romero, lavanda, jazmín y miel, que en el pasado a veces olió, las pocas veces que ella se dignaba a brindarle cariño, dio un respiro profundo, debía controlar sus emociones, debía leer, perdonar y dejar ir.

Enseguida comenzó  a leer la carta:

 

“Angello hijo,

Tal vez no tengo derecho a llamarte así, he sido egoísta, manipuladora, cobarde, me valí de ti para entrar a un mundo que no era el mío, de hecho debo confesarte que te concebí cuando ya Defranco había terminado su relación conmigo, ese día lo emborraché, lo llevé a mi habitación y lo acosté junto a mí, tomé los condones y con una aguja le abrí ciento de agujeros, a la mañana siguiente lo seduje, y me aproveché de él, cuando salió de mi departamento ese día, se despidió pensando que era la últimas vez que nos veríamos, no contó con que yo interviniera en el destino y me quedara embarazada.

 

Cuando le confesé la verdad, no creyó que eras su hijo, se opuso de una y mil maneras a que nacieras, incluso me pagó para que te abortara, se que sabes esta parte de la historia, lo que no sabes es que cuando vi que mi plan no tendría el resultado que esperaba, tomé el dinero y me dirigí a una clínica donde me practicarían el aborto, con poco menos de doce semanas que era uno de los requisitos indispensables para hacerlo, sin embargo, no contaba con una evaluación previa, la doctora que me atendió conversó conmigo diciéndome, que la vida era injusta, porque ella tenía cinco años de casada y no había podido tener hijos, ella me hizo un eco y cuando te vi, tan diminuto, con tu corazón lleno de vida latiendo, ese sonido erizó mi piel y no pude hacerlo.

 

Le di las gracias a la doctora y me regresé al departamento que me había puesto Defranco, estaba dispuesta a tenerte, ese mismo día él fue a preguntar si había realizado el procedimiento y cuando le respondí que me había arrepentido, me cayó encima enfurecido golpeándome, con mi buena suerte que en ese momento llegó una amiga con su novio, ellos me lo quitaron de encima y evitaron  que me malograra, pero ese día él me amenazó con matarnos, que me encontraría a mí y a mi bastardo y acabaría con nosotros

 

Tuve miedo y me fui a hablar con sus padres, mi intención era que ellos lograran convencerlo para que me dejara en paz, te juro no había más nada, pero ellos se emocionaron, me obligaron a quedarme bajo su protección, Defranco se enteró y les dijo que ese niño no era suyo, de allí ellos decidieron hacer una prueba cuando nacieras para comprobar que si eras un Casiragui, sin embargo, eso molestó a ese hombre quien aprovechó cuando estaba subiendo las escaleras y comenzó a discutir conmigo, me tiró de las escaleras, pero para su mala suerte te sostuviste fuerte y no pasó nada.

 

Al nacer tú, te practicaron la prueba y lo obligaron a casarse, eso aumentó su odio, no podía verme porque me golpeaba, me humillaba, me anuló totalmente como mujer, bajó mi autoestima, yo me di a las fiestas y a la bebida, sabía que estabas bien cuidado con tus abuelos, y mi cercanía a ti podía hacer que Defranco te odiara más, en el fondo tenía la esperanza, que en algún momento él te llegara amar, pero me acusó de comprar con favores sexuales a los encargados de hacer las pruebas, nunca creyó ni ha creído que seas su hijo.

 

Cuando murieron tus abuelos, allí comenzó la desgracia, él estaba empeñado en quedarse contigo y yo no lo podía permitir, gasté hasta el último centavo para lograr que te quedaras a mi lado, pensé que si tenía tu custodia, Defranco podía darte una buena pensión para que viviéramos los dos tranquilos, pero falsificó unas pruebas ó mejor dicho alguien para congraciarse con él, pagó a los médicos para que las pruebas salieran negativas y así determinaron que no eras su hijo, por eso no me otorgaron ninguna pensión, de hecho quería quitarte su apellido, pero sus padres lo conocían bien, y lo habían hecho firmar un acuerdo que si tú perdías el apellido Casiragui, él no recibiría ni un céntimo de la fortuna, por eso, no pudo quitártelo.

 

Allí empezó mi calvario, antes de enamorarme de Defranco, yo era una prostituta, no sabía hacer más nada, escapé de mi casa siendo muy joven para huir del dominio de mi padre, un hombre demasiado estricto y maltratador, Así que cuando me vi sola contigo, fue a lo que me dediqué, tenía que mantenerte, por eso te encerraba en el closet, mientras atendía a mis clientes, no quería que te vieran, tampoco tenía donde llevarte, lo que ganaba apenas alcanzaba para pagar la renta y comida, sé que no te di cariño, no sabes cuánto me he arrepentido de eso, y cuando pasó aquello otro, pensé que ese hombre me amaba y que con él podríamos vivir una buena y nueva vida, me sentí tan impotente cuando supe lo que te había hecho, que no pensé, descargué en ti la rabia y frustración que sentía dentro de mí, por haberme vuelto a equivocar y ponerte en peligro…”

 

A medida que Angello iba leyendo cada línea de la carta, no pudo evitar que una sensación de nervios, zozobra, recorriera su cuerpo, decenas de preguntas se arremolinaban en su mente, que iban siendo respondida con cada lectura, se imaginaba lo que había vivido su madre, su sufrimiento y se dio cuenta que lamentablemente su madre, él y sus hermanas habían tenido una vida dura, a veces tendemos a juzgar inclementemente sin ponernos en el zapato de los otros, pero siempre es bueno oir ambas versiones, hasta ese día él solo había contado con la versión de Defranco y como pudo comprobar, no era un hombre de fiar. Siguió leyendo la carta.

 

“…Me he arrepentido de eso todos los días de mi vida, cuando enfrente al desgraciado de Roberto, me golpeó salvajemente, me fracturó las costillas y desfiguró mi rostro de los golpes, me dejó como un monstruo de lo hinchado y morado, una vecina dio la alerta, llamó a la policía pero él ya se había ido. Me llevaron al médico, estaba preocupada por tú paradero, allí supe que te habías escapado, mi Angelito, pero lo más que me mortificó fue saber que estabas con Defranco, eso me aterrorizó,  sé que no he sido una buena madre, no supe, cuidarte, protegerte, pero igual te amo hijo, perdóname por favor, no sabes cuánto dolor siento en saber que fuiste infeliz.

 

El desgraciado de Defranco me contó, cuando volví a buscarte después de mi recuperación, todo lo que te hizo y mi tormento era grande, me narraba con crueldad cada humillación que te hacían, mientras sus matones me golpeaban, me dio por muerta, hasta que Giuliano me encontró me cuidó, pero perdí la memoria y no pude buscarte, me casé con ese hombre, un ser bueno, el padre que me hubiese gustado darte, y a pesar que me dio una buena vida, y tres maravillosos hijos mi Zoe, Karen y Georgio, siempre me acompañaba una profunda tristeza, soñaba con un niño trigueño ojos marrones que me pedía ayuda y no sabía identificar quien era, hasta quince años después en un fiesta de cumpleaños que recibí un palazo en la cabeza.

 

Ese día recordé todo y comencé a buscarte, para ese entonces nos habíamos ido a vivir lejos de Roma a Sicilia, comencé a averiguar todo de ti, como eras, cada fotografía, cada logro, en tú habitación deben estar los álbumes, mis hijos desde allí crecieron amándote, si porque tiene una habitación en esta casa, donde colocábamos, fotos y recortes de periódicos tuyos, te habías convertido en un hombre mi niño, pero igual te quería ver, fuimos donde Defranco y nos corrió como perros amenazándonos, pero no nos dimos por vencidos y averiguamos donde vivías y allí fuimos a parar, nos recibió tu esposa Camelia, cuando la vi mi preocupación por ti aumentó, esa mujer destilaba maldad y lo peor estaba congraciada con el malvado de Defranco, ella nos echó y le informó a él.

 

Un mes después de esa visita perdí a mi esposo y a mi hijo, el dolor me consumió, me bloqueó, me anuló, me inundó de temor, de perder también a mis hijas, dejé de buscarte aunque nunca de seguirte, un año después me diagnosticaron cáncer, pero no hice nada para sanarme, se que suena egoísta, pero quería morirme, sentía que lo merecía, hasta que Zoe me convenció que me hiciera el tratamiento de quimio y radioterapias, pero lamentablemente decidí muy tarde y la enfermedad ya había hecho metástasis en mi cuerpo.

 

El dolor de nunca volver abrazarte y decirte que te amo, me taladra día a día en lo más profundo de mi alma, en estos momentos pesan las malas decisiones, las equivocaciones, el remordimiento se abre paso en mi interior de manera voraz, devorando como fuego mi tranquilidad, contigo no supe ser buena madre y a decir verdad después que recuperé la memoria, deje de serlo también con mis tres hijos, porque me centré en buscar lo que había perdido, a ti mi niño amado…”

 

Angello no pudo controlar las lágrimas que desde hacía un momento habían pugnado por brotar, las manos le temblaban incontrolablemente, no pudo contener las diversas emociones  que convergieron como cuando el mar golpea una roca, arrasadoras, dolorosas, peligrosas. 

 

Continuó sumiéndose en las líneas escritas por su madre, esa mujer que pensó lo había rechazado y resultó que había vivido treinta años de engaño, era tan difícil sanar tan cruentas heridas, pensó limpiando su rostro con el dorso de la mano, mientras su hermana permanecía a su lado, pendiente de que concluyera la carta y le hablara de su contenido.

 

“Mi amado hijo, tal vez cuando leas esto yo ya no esté en este mundo, pero quisiera que me recordaras no con odio, ni rencor, ni siquiera con tristeza, sino con un poco de cariño y que en alguna parte de tu interior te imagines que nunca me fui, que siempre estuve a tu lado, que te amé, te cuidé y te di amor, que fuimos felices en una pequeña casa con un hermoso jardín lleno de flores y un gran y viejo perro San Bernardo llamado Tritón, corriendo detrás de ti, quizás estoy loca por pedirte eso, pero es lo que siempre me imaginaba para soportar el dolor de haberte tenido y perdido.

 

Perdóname mi Angelito, por no haber sido la madre que te merecías, por no haber sabido y tenido la entereza de protegerte como debe hacerlo una madre, ¡Qué desperdicio soy! Si hasta las crías defienden con su vida a sus cachorros, allí he sido peor que un animal. Resulta increíble que la raza que se ufana de ser superior, termine destruyendo a su propio producto, a su propia especie, no creas que con esto pretendo justificarme, más bien es una explicación que pienso que te mereces, porque no sé si aún pueda curar tus heridas pero tal vez pueda mitigarlas, que me entiendas que soy un ser humano y como tal soy de naturaleza imperfecta.

 

Te dejo a tus dos hermanas Zoe y Karen, cuídalas, protegerlas como no supe hacerlo contigo, con ellas te dejo un pedacito de mi y de mi amor. Sé que el día que Defranco se arrepienta llegara,  dicen por allí que el tiempo es el mejor juez, porque tarde o temprano termina dándole la razón a quien la tiene y sé que así pasará, en algún momento el velo de la verdad caerá y sabrá que eres su verdadero hijo, y cuando eso pase no quisiera estar en su pellejo, pues el peor castigo de un culpable es que nunca su conciencia lo absolverá de sus culpas, ese es el juez más cruel. Cuando eso pase abre tú corazón y perdona, solo así sanará tu alma, ya yo lo he perdonado por todo el daño que me hizo y estoy, tranquila esperando sosegadamente mi final.

 

Tal vez algún día más allá del firmamento nos volveremos a ver, me voy con la ilusión de que sea cierto, para darte los besos y abrazos que tenía para ti, se feliz hijo mío, ama, vive inmensamente, camina erguido y con orgullo, porque tú nunca has sido culpable de nada, tú corazón es puro, inocente, haya los demás que se han contaminado, pero tú mi niño mantente incólume, con la frente en alto, mirando hacia el frente, volando en alto y sobretodo llena tu corazón de amor, nunca dejes de amar porque el amor todo lo puede, todo lo soporta, el amor es la fuerza que nos mueve y que puede hacer de este mundo un lugar agradable. Te amo Angello, te pido uno y un millón de veces perdón”

Por siempre y para Siempre,

Tú madre, quien te ama Graziella Rossetto.

 

Al terminar de leer la carta, sus lágrimas desbordaban sin control y él había desistido de simularlas, apretó las hojas la llevo a su pecho, dio un gran suspiro y expresó —Te perdono Graziella—retuvo el aire un momento— te perdono mamá.

 

En ese momento Zoe lo escuchó y lo abrazó, se fundieron en un emotivo abrazo mientras ambos lloraban y Angello dejaba que el perdón como brisa fresca liberará su alma del rencor.

 

—Zoe, sabes que ahora estaré siempre para ti—le dijo acariciando su cabello.

 

—Y yo para ti, jamás te desharás de mí, sabes que soy una hermana fastidiosa y sobre protectora—manifestó Zoe.

 

—Bueno, soy peor que tú, vas a querer huir de mí. ¿Cuándo viene Karen? Quiero conocerla—expresó Angello.

 

—En un par de semanas, pero podemos llamarla, quiero que vayamos juntos a la casa donde vivíamos cuando mamá vivía, se ha mantenido cerrada desde ese momento, allí verás la habitación que guardaba para ti—comentó Zoe.

 

—Quiero ir a verla con ustedes y Martina, pero de debo esperar que ella este fuera de peligro.

 

—Ella es una mujer fuerte, decidida, que no se echa a morir por nada, tiene un temple que admiro—confesó Zoe.

 

—Martina es excepcional, es canción, melodía, es fuerza, fe, esperanza, amor, ternura, mi caraotica es la criatura más hermosa de todas, sus sonrisa ilumina mi vida, cuando la veo olvido mis angustias, mi pasado, ella tiene la capacidad de sanar mis heridas más profundas, ella es simplemente sensacional—pronunció con sus ojos brillantes de amor y emoción.

 

Zoe se sonrió—Ya veo que la amas y que te trae totalmente loquito ¿Cómo la conociste?

 

Angello soltó una carcajada—Fue odio a primera vista, me chocaba ese donaire de gran dama, creída de inalcanzable, me chocó a mi bebé, mi Ferrari rojo recién comprado—y allí comenzó a contarle todo a su hermana, mientras ella también le contaba de su vida, incluso llamaron a Karen y conversaron—Zoe luego seguimos hablando voy a ver si la porfiadita de mi mujer está descansado o seguro debe estar haciendo algo, esa chica es demasiado hiperactiva, me la imagino de bebé y compadezco a mi suegra—expresó bromeando mientras ambos se reían.

 

Llegó a su habitación, al entrar vio a su caraotica, hermosa con su cabello extendido en la almohada, con solo ese contacto sintió su cuerpo excitado, pero contuvo a su amiguito “Quédate quieto que estamos a dieta, debemos cuidarla, para que nuestros bebés nazcan fuertes y hermosos, es increíble que vayamos a ser padre de tres bebés en un solo momento”, se acercó a ella y beso tiernamente su frente, ella abrió los ojos y lo recibió con una gran sonrisa.

 

—Pensé te habías olvidado de mi—le dijo con un puchero.

 

—Jamás, eres la persona más importante en mi vida—se sacó la carta que le había escrito su madre y se la dio—quiero que leas lo que me ha dejado escrito mi madre en esta carta.

 

—Pero eso es tuyo amor, no tienes porque compartirla conmigo si no quieres—respondió Martina.

 

—Amor, quiero compartir absolutamente todo contigo, quiero que conozcas cada aspecto de mi, no quiero que nunca exista secretos entre nosotros, tú y yo juntos formamos un conjunto fuerte e indivisible, te amo Martina.

 

—Yo te amo más—pronunció ella mientras se besaban y se acariciaban dándose placer de otras maneras para no poner en riesgo su embarazo.

 

Había pasado una hora y estaban recostados en la cama conversando, cuando el celular de Angello repicó, tenía pereza de responderlo, pero Martina le dijo que podía ser importante, por lo cual instado por ella lo atendió.

 

—Buenas tardes, ¿Con el señor Angello Casiragui? —interrogó la persona.

 

—Si soy yo, a la orden ¿En qué puedo ayudarle? —expresó Angello.

 

—Le hablo de la clínica Mater Dei, debe venir de inmediato, es necesario cumplir ciertos protocolos por el estado de salud de su padre y necesitamos su aprobación.

 

—¿Cómo está el? —preguntó Angello.

 

—El señor sufrió múltiples fracturas, pero lo más grave es una hemorragia que tiene al nivel del tórax, es necesario realizar una cirugía, en principio se trato de detenerla por otros medios pero no pudo lograrse, necesitamos autorización para operar y requerimos donantes, pero el tipo de sangre del señor es Grupo AB–, ese tipo de sangre no es común, el dijo que tenía dos hijos, pero una era un menor y el otro si era mayor, que probablemente ellos tenían su mismo tipo de sangre. Necesitamos que vengan urgente.

 

 "Con el tiempo todo se descubre; las mentiras más ocultas, las razones más ciertas y las personas más falsas". Anónimo.


CAPÍTULO 27. LA VERDAD CAMINA LENTO PERO ASIMISMO ALCANZA A LA MENTIRA

 

Angello se quedó pensativo por lo que le dijo la persona al otro lado de la línea, Defranco había pedido a Paula y a Franco, pensando que ellos podían ayudarlo porque tenían el mismo tipo de sangre y factor RH que él, claro allí estaba revelada la verdad, nunca creyó que era su hijo, por eso le había hecho tanto daño, un atisbo de rabia empezó a florecer en su interior cuando recordó las palabras de su madre “abre tú corazón y perdona, solo así sanará tu alma”, con esas palabras desechó la rabia que pretendía emerger.

 

—Voy para allá—respondió—pero no, ellos no son factor RH–, ellos son positivo, yo si soy AB negativo—dijo mientras cortaba la llamada.

 

—¿Qué pasó Angello? —preguntó Martina.

 

—Que Defranco va a morir si no consigue donante RH—respondió Angello.

 

—¿Y ahora? —interrogó ella.

 

—Soy AB–, pero no estoy seguro de querer darle mi sangre a ese miserable para que se salve—respondió con rabia, pero a la vez dolido, apretando los dientes.

 

—Se que te ha hecho mucho daño, es fácil decir que no le guardes rencor, pero solo tú sabes cómo está tu corazón y hasta dónde eres capaz de llegar, busca la respuesta en ti, aquí cariño—le dijo colocando una mano en su pecho y dándole un beso—Te amo mi dulce de leche y cualquier decisión que tomes te apoyo—de repente Martina se levantó corriendo, se fue al baño  y comenzó a vomitar.

 

Angello la siguió preocupado—¿Qué pasa porque estás vomitando otra vez? —le preguntó.

 

—No he dejado de hacerlo—solo que me he escondido porque me da vergüenza que me veas—comentó con un poco de rubor en su rostro.

—Martina, nunca debes esconderte de mí, no me importa verte, limpiarte, eres mi mujer y pronto serás mi esposa, en un mes serás la señora Casiragui.

—Debo llamar a Anabella, la he tenido abandonada con tantos problemas, tengo que contarle lo que ha pasado y pedirle me ayude a preparar la boda.

—¿Por qué no contratas una agencia que haga los preparativos? No estás para andar corriendo mi vida, tienes que cuidarte ¿Si? —ella comenzó hacer un puchero, pero Angello le tocó sus labios— Por favor, ¿Dime que me vas a tomar en consideración lo que te estoy diciendo? Mi caraotica amada—pronunció con dulzura, mientras la besaba.

—Cómo te niego algo, si siempre me hablas con ese tono de ternura que me derrite—respondió con pasión su beso.

—Voy a la clínica, si quieres para que te entretengas mientras estoy fuera, puedes llamar a Anabella para que se pongan al día con los chismes. Yo te llamaré al tener noticias de aquel demonio—se despidió la besó y salió.

 

Al bajar se encontró a sus hijos y a Zoe, esta última le preguntó—¿Dónde vas?

 

Angello suspiró y le respondió —Me llamaron de la clínica dónde está Defranco, está mal, tiene heridas internas, necesita donantes de sangre AB–, no se consiguen y tengo esa sangre, no sé qué hacer, Martina me dice que busqué la respuesta en mi corazón, pero mi mente no me deja—se desarmó producto del dolor

«Saben porque, porque siempre he vivido con máscaras para aparentar un hombre que no soy, Martina ha descubierto cada capa que me cubre, en el fondo de mí, siempre he añorado aceptación de él, que me busqué y me diga que me ama, que está arrepentido de haberme hecho tanto daño y me pida perdón, soy un imbécil por esperar tanto, ¿Pero como hago? si siempre he querido tener a un padre que me amara, que me protegiera, que un día se dirigiera a mí y me dijera que estaba orgulloso de mi, a quien pudiera exhibir en la escuela con amigos, que en cada logro me aplaudiera y dijera con orgullo “Ese es mi hijo” ¿Díganme soy un masoquista por haber querido eso?

 

»Pero no, solo he recibido desprecio, humillación, traición y cada vez que me acercaba a él, el daño que me producía era mayor y yo tenía que volver a recomponer los pedazos de mi corazón, se que Defranco es un maldito, que merece morir miserablemente, pero en el fondo pienso que si en mis manos está salvarlo debería hacerlo y tal vez por fin consiga…—se interrumpió—no me presten atención, mi caraotica espera los bebés y yo soy quien se pone sensible—concluyó con una sonrisa nerviosa.

—Hermanito te comprendo, no estás loco, ni eres masoquista por querer eso, y aunque yo estoy rogando que ese desgraciado muera por el daño que nos hizo a todos, te acompañaré porque quiero estar contigo, no estás solo, aquí tienes a tú hermana.

—Y tienes a tus hijos papá, porque nosotros también iremos contigo, ¿Verdad Paula? —señaló Franco.

—Por supuesto que sí—indicó Paula.

 

Subieron todos al auto mientras Angello conducía, al llegar a la clínica les informaron del estado de Defranco, les preguntaron quien sería el donante, Angello manifestó que sería él, el médico les hizo varias preguntas relacionadas con su madre, Zoe respondió las que correspondía a Graziella. Luego les dijeron que su padre los estaba esperando, que estaba consciente y quería ver a sus hijos, Zoe se quedó afuera mientras entraban en compañía del médico.

 

Cuando Defranco lo vio, con todo y que estaba convaleciente le dijo con profunda rabia—¡¿Qué haces tú aquí?!

 

Antes de que ellos pudieran contestar el médico respondió—Usted pidió ver a sus hijos, por eso los he dejado pasar.

Defranco dibujó una mueca de maldad—Este hombre no es mi hijo, la prostituta de su madre, se quedó preñada quien sabe de qué asqueroso por allí, y me lo metió como si fuese mío, pero es hora que sepas Angello Casiragui, que no eres mi hijo, tú madre compró al personal que hizo la prueba de ADN, para hacerte pasar por mi hijo, por eso siempre te he odiado con todas las fuerzas de mi corazón y he deseado decirte una y un millón de veces que no eres nada mío, ¡No eres nada!—le dijo sonriente—Mis únicos hijos son Franco y Paula, tu sólo eres un bastardo, que ni siquiera se sabe de que miserable eres hijo—concluyó triunfante.

 

Angello lo miró intensamente sin pronunciar palabra alguna y salió de la habitación, otra vez le había pasado, “¿Ves como eres un idiota? ” le decía su conciencia “Nunca te amará, no esperes nada de un árbol seco, sólo leña, por eso no es bueno esperar tanto de las personas para que no te decepcionen ¿Cuándo vas a aprender?”. Cuando Zoe lo vio, se dio cuenta de lo perturbado que estaba.

—Ese maldito te lo volvió hacer, ni estando muriéndose se vuelve más humano, voy a ir a matar ese desgraciado—espetó furiosa mientras caminaba hacia la habitación, pero Angello la retuvo.

—No vale la pena hermanita, tengo a Martina a mis hijos, a Karen y a ti ¿Tú si me amas? —le preguntó con ojos esperanzados.

—Con toda mi alma hermanito, porque crees que te busqué y me hice hasta esposa de ese diablo, por ti mi Angelito, así te decía mamá siempre que hablaba de ti—le dijo abrazándolo.

 

Al ver que Defranco corría a su padre, los chicos enfrentaron al hombre —Eres un miserable, seguro que no debe ser tu hijo, porque ese hombre que acabas de echar es demasiado ser humano para provenir de una rata inmunda como tú—le espetó Franco, mientras tomaba a Paula de la mano y dejaba al hombre con el médico.

—No sé, en que se basa usted para decir que el otro muchacho no es su hijo, pero por ahora es la única posibilidad que usted tiene de conseguir sangre y salvarse.

—No creo, mis verdaderos hijos están allí, son ellos los que me podrán donar sangre—expresó soberbio.

—Lo que le puedo decir es que su tipo de sangre es raro, sólo el 0,6% de la población mundial es AB—señaló el médico.

—Pero Paula y Franco deben ser factor RH negativo y los AB podemos recibir sangre de todos los tipos de sangre negativos—indicó con seguridad Defranco.

—Pues no, ambos jóvenes son Factor RH positivo, el que es AB–es el hombre a quien usted echó—expresó el médico.

—Eso no puede ser posible, mi Camelia era O negativo. Y Angello no puede ser AB–negativo porque no es mi hijo, cuando pelee la custodia con su madre, al ella ganar pedí al tribunal que le hicieran la prueba de ADN y resultó no ser mi hijo—explicaba con semblante contrariado.

 

—No le puedo explicar o que pasaría allí, no podría decirle si es o no su hijo, pero científicamente si le puedo explicar que es imposible que dos personas con RH–, tengan un hijo con factor RH+ eso genéticamente es imposible. De allí que sin hacer prueba de ADN, puedo decirle con total seguridad que los dos chicos si su madre era factor negativo y usted negativo, no pueden ser hijos suyos, mientras que Angello tiene más posibilidades de ser su hijo porque tiene el mismo Factor RH—explicó el médico.

—Eso no es posible, tal vez la madre de Angello es Factor RH negativo—afirmó Defranco.

—No creo, porque la chica que anda con él, que es su hermana nos dijo que su madre era O+, de allí se deduce que ese factor RH Angello debió heredarlo de su padre—respondió el médico.

 

De inmediato el rostro de Defranco se desencajó, sintió por primera vez en su vida, miedo “¿Y si hubiese estado equivocado casi cuarenta años”, pensó, eso no podía estar pasando—¡No! Me niego a que eso sea cierto. Necesito que me ayude, por favor, háganos una prueba de AND, a los tres y a mi para determinar mi paternidad.

—No puedo hacer eso sin autorización de ellos—respondió el médico—pueden hasta echarme de la clínica, eso es anti ético.

—Por favor, ayúdeme, dígale a ellos, mientras tanto rogaré, que lo que usted me diga no es cierto, porque si no, no tengo perdón—expresó derrotado desde la cama donde se encontraba inmovilizando.

 

Angello donó la sangre, el médico le tomó unas muestras, que ni siquiera puso atención y lo mismo hicieron con los chicos, pero nadie objetó de lo concentrado que estaban en lo que había pasado. Luego se retiraron y no volvieron a acercarse más a la habitación de Defranco, así pasó una semana.

 

Le informaron de su mejoría, pero que había sufrido fuertes fracturas en la médula espinal que le provocaron discapacidad permanente, tenía parálisis y pérdida de la sensibilidad solo le funcionaban los nervios ubicados por arriba del nivel de la lesión.

 

En cuanto a él, ya había entendido que el amor no se obligaba, quien te quiere bien y quien no, ni que hagas lo imposible se podrá cambiar. Trató de olvidar ese momento, había iniciado terapias con una psicóloga amiga de Martina, se llamaba Isabel Susana Echávez y esta vez estaba hablando con la verdad, era necesario sanarse por sus hijos, por Martina, por sus hermanas, últimamente tenía la sensibilidad a flor de piel, su caraotica le decía que era normal, porque estaban dándole los síntomas del embarazo,

 

Por otra parte, había arreglado una clínica de cuidado para personas con discapacidad, donde trasladarían a Defranco, una vez que fuese dado de alta, ya con eso había cumplido, que era mucho más que lo que había recibido de él. En ese momento había salido de la ducha y estaba observando a su mujer sentada en la cama acariciando su vientre, que para sorpresa de todos, se veía una leve prominencia, ella lo vio, se sonrió  y él de inmediato fue en su búsqueda, esa sonrisa lo enloquecía.

 

Se dirigió a ella abrazándola y besando, su familia se había ido y Martina se había mudado con él, aunque le costó un tanto convencerla, pero la clave que le había dado su suegro, había sido lo mejor, mientras a Martina se tratara con amor, cariño, consintiéndola, ella era la más dulce y tolerante de las criaturas, se podía conseguir todo con ella, pero si se pretendía imponérsele por la fuerza se convertía en una fiera difícil de controlar, cuando él se enojaba que eran contadas e intentaba imponérsele, se las veía feo. La abrazó y olió su aroma, que le inspiró sosiego, era la sensación más hermosa que se podía imaginar.

 

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Defranco se encontraba postrado en la cama, no tenía a nadie quien lo viera y atendiera, la soledad le estaba pesando, nunca se imaginó estar en esa situación, los amigos lo habían abandonado, se enteró que Zoe le había quitado todo el dinero, no sabía dónde iba a parar cuando saliera de allí, al parecer los gastos médicos de la clínica los había pagado Angello.

 

Angello pensó, su corazón se encogió, rogaba para que las sospechas del médico no fueran ciertas, eso lo había tenido intranquilo, se negaba a estar equivocado, pues él nunca en su vida lo había hecho, en ese momento sintió que abrían la puerta de la habitación, extendió la mirada y vio al médico que traía tres sobres en su mano. Con desesperación preguntó—Dígame la verdad.

 

—No—dijo el médico extendiendo los exámenes a él—descúbrala por sí mismo.

Defranco abrió primero el sobre de Paula, y el resultado era negativo, enseguida preguntó —¿Ella puede ser hija de Angello?

 

El médico movió negativamente la cabeza —No, Angello no puede ser el padre, por la misma razón que usted tampoco puede serlo, la niña es factor RH + y ustedes son RH negativo—indicó el médico,

 

Luego abrió el sobre de Franco y el resultado era también negativo, solo le quedaba  un sobre el correspondiente a Angello, pero su mano empezó a temblar, no podía controlarla por más que intentara, se obligó a calmarse mientras las lágrimas empezaron a cubrir su rostro de manera incontrolable, como pudo rasgó el sobre y leyó el resultado, el hombre pegó un grito desgarrador que ensordeció al médico, era como el alarido de un animal herido, espeluznante, lleno de dolor y desesperación, al médico se le heló la sangre y el hombre comenzó a gritar —¡Nooo! ¡Nooo! ¡¿Qué hice?! Dañé a mi propia sangre—comenzó a mecer la parte superior de su cuerpo, mientras daba alaridos de dolor, hasta que su mirada se perdió.

 

El médico movió negativamente la cabeza, llamó a una enfermera para que le colocaran un tranquilizante, pensó en llamar al hijo, pero luego desistió, tal vez al hombre ya no le importara.

 

Ese mismo día fue trasladado Defranco a la clínica donde lo cuidarían, su mente era un flujo de recuerdos dolorosos, cuando dejó que le hicieran daño, cuando contrató a las mujeres para que lo enseñaran a ser hombre, cuando lo corrió a patadas de la casa porque supuestamente había violado  a Lorenza, el dolor era insoportable, lo veía desde niño sufriendo, sus desprecios, su corazón no aguantaba tanto dolor, deseaba la muerte con locura, pero esta huía despavorida de él —Mi Angello, perdóname, mi único hijo ¡Dios! ¿Por qué? ¿Por qué no pude verlo? Graziella siempre me dijo la verdad y Camelia, quien pensaba me amaba me traicionó con otro, no solo lo hizo con Angello sino que también conmigo. Angello—llamaba. Así pasaba todo el día llamándolo. Los días fueron pasando y poco a poco Defranco iba perdiendo la razón, solo se oía como una letanía donde solo se entendía —Angello, Angello.

 

 

Pasaron tres semanas desde su traslado allí, pero había desmejorado considerablemente. Había dejado de comer, las enfermeras que lo cuidaban, lo veían bastante mal,  llamaron a Angello —Señor, debe venir, su padre, no come, no habla, solo lo llama a usted—pronunció la enfermera.

 

—No creo que sea cierto, ese hombre me odia profundamente, tal vez sea a otra persona que llama. Además estoy preparándome para mí boda—respondió Angello que en ese momento se encontraba vistiéndose para asistir a su boda con Martina, estaba en ese momento en compañía de Sebastián su padrino de bodas, aunque faltaban más de tres horas para la ceremonia que se celebraría en la pequeña iglesia de Santa María del Riposo en Bracciano, un pequeño pueblo cercano a Roma.

—No, es a usted  a quien llama, por favor, venga tal vez, no pase de estos días, está totalmente acabado—expresó la enfermera.

Le contó a Sebastián y este le dijo—¿Quieres ir a verlo? Yo puedo acompañarte.

—Tengo miedo de ir, porque siempre me trata mal, piensa que no soy su hijo, hoy no quisiera pasar por ningún dolor, estoy feliz porque me caso con una mujer excepcional—comentó feliz.

—Si te casas con la segunda mujer excepcional, porque la primera es mi Anabella, es tan bella mi esposa, sabes que cada día me enamoro más de ella—le confesó Sebastián con una mirada y sonrisa de felicidad.

—Te entiendo porque me pasa lo mismo con mi caraotica, me enamoro cada día más de ella, es la mujer perfecta para mí, no tengo palabras para describir la alegría que siento, la vida me dio durísimo, unas veces a matar, pero desde que la conocí a ella mi suerte cambio, gracias por haber pensado en mi para hacer feliz a su amiga.

—Es que mi mujer y yo, tenemos un ojo para ver cada oveja con su pareja, por cierto ¿Zoe tiene novio?, porque tengo un buen amigo, de los Russo que pudiéramos emparentarlos ó tal vez Gianluca el hermano de Martina.

—¡Por Dios no! Es mi cuñado pero no me la llevo muy bien con él, es demasiado insoportable, creído, no quiero tener un cuñado así.

—¿Y un yerno? —expresó bromeando Sebastián.

 

Angello apretó las manos para evitar borrarle la sonrisa a Sebastián de un puño—Mira Ferrari, si tu intención era hacer un chiste con eso, estas equivocado, mi hija solo tiene quince años y yo no le ando buscando novio, te gustaría que le buscara novio a Gálata, podemos emparejarla con el hijo de Nick o tal vez con el hijo de Liuggi—el rostro de Sebastián se transformó por el enojo, al verlo Angello le dijo —Viste que no es nada agradable armar parejas con nuestras niñas, así que metete esto en la cabeza, nuestras princesitas son intocables y el que se atreva aunque sea a ver a mi Paula, soy capaz de caparlo, y no estoy jugando—espetó con decisión.

—Tienes razón, debemos estar pendientes y cuidarlas, no podemos permitir que venga cualquier idiota a calentarles las orejas, vamos hacer un pacto Angello, los dos evitaremos que cualquier hombre se acerque a nuestras hijas—dijo Sebastián extendiendo la mano.

—Trato hecho hermano, los dos protegeremos a cada una de ellas, de esos infelices, como si fuese nuestra propia hija—se dieron la mano y cerraron el pacto.

—¿Irás a visitar al viejo? —interrogó Sebastián.

—¡Si vamos!.

 

Llegaron a la clínica lo pasaron a la habitación, su amigo se quedó afuera mientras él se enfrentaba al demonio, cuando entró no podía creer lo que veía, un hombre que antes de caer por las escaleras había parecido como de cincuenta años, en un mes parecía un hombre de setenta, estaba sentado en una silla de rueda, estático, sin mostrar ningún movimiento, la piel casi pegada de los huesos, le causó pesar verlo así, se sentó a su lado y comenzó a conversar.

—Vine porque las enfermeras me llamaron, según que decías mi nombre, me imagino que maldiciéndome, se que nunca me amaste, siempre pensaste que no era tu hijo, pero mamá me dijo que lo era, no sabes cuánto esperé tu amor, que digo esperar lo mendingué, ¡Pero ya no más Papá! Si porque aunque nunca me reconocieras como hijo, eso soy para ti, así como para mi eres mi padre, ya no sufriré por ti, ni por lo que quise que fuera y nunca fue, como me dijo Martina, tú fuiste el derrotado, porque te perdiste de estar conmigo, del amor que también tenía para darte. 

 

«Hoy me caso con una mujer maravillosa y tendré tres hijos más, ella está embarazada de trillizos—Angello sonrió—ellos serán mi alegría, los amaré profundamente como tú nunca me amaste, tendrán tíos, tías, hermanos y abuelos maravillosos. A partir de hoy la familia de Martina será la mía, su padre y su madre serán mis padres, la vida tarde o temprano se encarga de poner cada cosa en su lugar, tardó la felicidad pero ha llegado y estoy dispuesto a disfrutarla hasta que Dios así lo permita. Adiós Defranco, esta será la última vez que me verás y me oirás decirte, Adiós papá—se levantó de la silla junto a Defranco y empezó a caminar hacia la puerta, pero se detuvo al escuchar su voz.

—Mi hijo, Angello, mi hijo. Perdóname—decía mientras de sus ojos salían grandes lágrimas como torrentes de agua.

 

Angello se volteó y su corazón saltó, se acercó y se volvió a sentar, mientras a Defranco, le llegaba un poco de lucidez, le pasaba la mano temblorosa por el rostro mientras le decía—Mi niño, mi hijo, mi único hijo, mi Angello. Perdóname, aunque no lo merezca ¡Perdóname! Yo lo supe una semana después de la operación, nunca lo creí, Paula y Franco no son mis hijos ni tuyos, sólo tú lo eres, un doctor lo confirmó, el peso de mi conciencia no me deja, ¡Fui tan cruel!—pronunció llorando como un niño, estirando su mano hacia su hijo—te destruí, te hice infeliz, pude haber sido un buen padre pero escogí el odio y el rencor hacia ti y no sabes cuánto pesa en mí. Al final resultó que la prostituta nunca me engañó—expresó fingiendo una sonrisa de burla contra sí mismo—no tengo perdón, el daño ya está hecho—comentó con una profunda tristeza.

 

Angello no pudo evitar las lágrimas que empezaron a correr por sus mejillas, cerró los ojos mientras sentía el tacto de su padre en el rostro por primera vez—Papá, ya te perdoné porque necesitaba curar mi alma de la rabia y del dolor, porque necesitaba ser libre, para amar sin condiciones sin reserva a mis hijos y a la familia que formaré hoy. Contigo aprendí lo que no debo hacer como padre y esa lección me quedó muy bien aprendida.

 

El hombre movió afirmativamente la cabeza—¡Abrázame! —exclamó.

 

Angello titubeó, pero al final lo abrazó le devolvió el abrazo con fuerza, después de unos momentos Defranco volvió a caer en un profundo letargo, lejos de todo, solo su cuerpo permanecía allí mientras su mente divagaba, quien sabe dónde, mientras él se sentía renovado, ni siquiera el mínimo dolor sentía en su alma.

 

Así es la vida siempre se encarga de darte la lección, si no lo aprendes por las buenas tarde o temprano la aprenderás por las malas, pero llevándote por un camino doloroso, procura que te instruya de buena manera para que mantengas protegido tu corazón, tu alma y sobre todo tu esencia de humanidad.


“Cuando puedas contar tu historia sin derramar lágrimas, sabrás que por dentro te curaste”. Anónimo.



 CAPÍTULO 28. CAPÍTULO FINAL. EL PRINCIPIO DE UNA NUEVA VIDA

 

Angello salió de la habitación de Defranco, se sentía mejor, se había quedado impactado con lo que había sucedido hacía un momento, después de tanto desearlo durante toda su vida había sucedido, él lo había reconocido como su hijo, le causó lástima verlo derrotado, vacío, ya no tenía ese porte y ese garbo de importancia que lo caracterizaba, ahora era un hombre que el peso de su conciencia no lo dejaba ni siquiera mantenerse lúcido.

Llegó al lado de Sebastián quien le preguntó —¿Todo bien?

—No podía estar mejor, dentro de poco tendré una maravillosa esposa, mis cinco hijos, dos hermanas, una familia por afinidad, amigos ¿Qué más puedo pedir? La vida se encarga de poner cada cosa en su lugar y de premiarte dándote tarde o temprano lo que mereces, nunca se sufre para siempre amigo—dijo con una sonrisa palmeándole la espalda en señal de amistad.

—Que te lo diré yo, que pasé nueve años de mi vida conquistando a mi pitufina, pero desde ese día no hay ni un solo momento en que no haya sido feliz, tenemos nuestros altos y bajos, pero los buenos momentos siempre compensan los pocos malos, pero lo mejor de todo es la reconciliación.

—Eso dicen, pero no quiero molestarme nunca con mi caraotica, me encanta verla feliz, no me gusta en plan de peleona, esa mujer es muy fiera, cuando está así hay que huirle. Además solo quiero que sea feliz, estoy loco  por ella Sebastián, la adoro, ella es ¡Wow! Excepcional. Ahora apúrate y llévame para hacerla mi esposa.

Luego de una hora de recorrido, aún con poco más de treinta minutos antes de la hora pautada llegaron al magnífico pueblito italiano de Bracciano, un pequeño municipio ubicado a poco más de cuarenta kilómetros de Roma, lugar caracterizado por estar situado al lado de un hermoso lago que lleva el mismo nombre de la ciudad.

Llegaron a la iglesia que aunque pequeña tenía un aire imponente, donde destacaban hermosas flores blancas, rosadas, azules y fucsias, decorando el exterior, dando un encantador aspecto visual, el suave aroma de las especies inundaba los sentidos de los presentes, el clima estaba maravillosamente agradable, un sol radiante brillaba en lo alto del firmamento, mientras una suave brisa mecía con parsimonia los árboles que se encontraban alrededor y como si hubiesen sido enviado especialmente para eso, una bandada de patos blancos volaban en el cielo mostrando un majestuoso espectáculo, los presentes maravillados apreciaban semejante obra maestra de la naturaleza, pensando que había sido un momento planificado para semejante ocasión.

Aunque aún faltaban varios minutos para la ceremonia, Angello ya se encontraba en la puerta de la iglesia conversando con su hermana, cuando apareció un vistoso e impresionante carruaje blanco con dorado, siendo impulsada por dos hermosos caballos del mismo color, adornados con hermosas flores de colores y donde se visualizaba con todo su esplendor, regia e impactante Martina, con su sonrisa radiante, su hermoso cabello negro suelto siendo batido por la suave brisa, sujeto con una pequeña corona formada por pequeños cristales y piedras preciosas, maquillada en colores suaves, dándole un aire de elegancia, al bajar se pudo observar el hermoso vestido blanco,  con un corte que caía en sus hombros, ajustado a nivel de los senos y suelto a partir de allí, creado completamente en encaje y con cristales de Swarovsky, lucía soberbia, el vestido tenía cuatro metros de cola, que sostenían un parejita de niños.

Al verla Angello, salió en su búsqueda con una penetrante mirada, en la cual reflejaba el profundo amor y la admiración que sentía por quien iba a ser su esposa, una resplandeciente sonrisa que iluminaba todo su rostro, pero antes de que llegara a donde estaba Martina, Zoe lo detuvo sosteniéndolo del brazo —Hermanito—lo reprendió—aquí no te entregan a la chica, debes entrar a la iglesia, esperarla en el altar para que su padre te la entregue.

—¿Quién dice que eso es así? ¿Por qué no puedo recibirla aquí y caminar con ella hacia el altar? —cuestionó Angello.

—Hermano ¿Acaso no te has casado antes, que no sabes cómo funcionan las reglas? —debatió su hermana.

—Claro que lo hice, pero no fue por la iglesia y tampoco por amor, me he dado cuenta que aquello no se compara con las profundas sensaciones que me hace sentir esa mujer, es algo tan grande que las palabras resultan insuficiente para explicar estas maravillosas emociones, no solo despierta mi cuerpo sino también mi alma, cuando estoy con Martina estoy completo, me siento que tengo todo cuanto quisiera aspirar—suspiró tan fuerte que todos lo que estaban esperando lo escucharon y soltaron la risa.

—¿Será que algún día alguien me amará así y yo sentiré iguales emociones por él? —preguntó la chica en voz suave.

—Claro que si, tienes mucho tiempo para lograrlo, fíjate yo, el mes que viene cumplo cuarenta y ahora es que vengo a sentirlo y aquí estoy, ando peor que un adolescente enamorado.

—Entonces tengo esperanza, vayamos adentro—pidió a su hermano.

—No, te dije que voy a buscar a mi novia, no me gusta atenerme a lo que hacen los demás, así sean situaciones comunes que pueden ocurrirle a cualquiera, yo tengo mi estilo personal que me hace único, irresistible e irrepetible—y sin decir nada más salió al encuentro de Martina ante la mirada sorprendida de todos. Se le acercó al padre y le dijo—¿Me entrega a mi novia?

—¿No debo hacerlo dentro de la iglesia? —interrogó el señor Martín.

—Pues, decidí que lo hiciéramos con un estilo diferente—al padre de Martina no le quedó más remedio que entregarle a Martina en la entrada de la iglesia ante los aplausos y sonrisas de todos lo que esperaban a la novia afuera. Así caminaron hacia el altar, la iglesia estaba adornada en tul, con flores blancas y azules, el ambiente era agradable y de felicidad, los asistentes reían emocionados, porque la pareja reflejaba amor, el novio le susurraba a la novia al oído, mientras ella esbozaba una gran sonrisa—estás realmente hermosa mi caraotica, no hay ninguna rosa en este jardín que se compare a la elegancia, sencillez, hermosura y bondad que emana de ti, te amo, con todas las fuerzas que un ser humano puede experimentar—concluyó rozándole con su boca el lóbulo de la oreja y dándole un pequeño mordisco que hizo estremecer su cuerpo.

Llegaron al altar, y el clérigo comenzó la ceremonia “El matrimonio debe ser un trabajo diario, mutuo, dónde cada uno debe dar lo mejor de sí, dejar de pensar individualmente en ustedes para pensar en función de la pareja, deben desprenderse del egocentrismo, aprender a hacer solidarios, ya las decisiones son mutuas, concertadas, allí es fundamental la comunicación, como base fundamental de toda relación, deben ser uno junto al otro, por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne, así que no son ya más dos, si no uno, por tanto lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” 

“Ahora bien, amados hermanos, estamos aquí reunidos para bendecir ante Dios todopoderoso, la unión conyugal entre Angello Alessandro Casiragui Ricci,y Mónica Martina Landaeta Fernández, implorando a nuestro señor todopoderoso que os de fuerza para respetar el sagrado pacto que hoy hacen ante nosotros, para que se guarden mutua y eterna fidelidad y cumpláis con todas las obligaciones que conlleva el matrimonio, es por ello que les pregunto: ¿Vienen a contraer matrimonio, libre y voluntariamente sin ningún apremio? 

 

—Sí, venimos voluntaria y libremente a contraer matrimonio—respondieron al unísono.

 

—¿Están dispuestos a amarse, respetarse, cuidarse mutuamente, durante el resto de sus vidas?

—¿Están dispuestos a poner a Dios en primer lugar en sus vidas, para guiar y criar a sus hijos bajo los principios cristianos? 

 

—Si estamos dispuestos—comentaron los dos. 

 

—Siendo así, por cuanto acuden a esta ceremonia libre de todo apremio y coacción, además de haber manifestado, su deseo de unirse en sagrado matrimonio, junten sus manos y declaren ante Dios y los hermanos presentes su consentimiento.

 

Unieron sus manos y Angello le dijo sus votos a Martina: —Yo, Angello Alessandro Casiragui Ricci, te tomo a ti Mónica Martina Landaeta Fernández, como mi amada y excepcional esposa, me entrego a ti en cuerpo, alma y espíritu, prometo serte fiel, en la salud, en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, en los infortunios y en los buenos momentos, en las tristezas y en las alegrías, prometo amarte, respetarte, protegerte y cuidarte todos los días de mi vida y hasta mi último el último día de mi vida y más allá si existe la eternidad. 

 

—Yo, Mónica Martina Landaeta Fernández, te quiero a ti Angello Alessandro Casiragui Ricci, como mi esposo, compañero y amante, me entrego a ti, en cuerpo, alma y espíritu, prometo serte fiel, en la salud, en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, en los infortunios y en los buenos momentos, en las tristezas y en las alegrías, prometo amarte, respetarte, protegerte y cuidarte todos los días de mi vida y hasta mi último el último día de mi vida y también más allá si existe la eternidad. 

 

—Qué nuestro padre Dios, confirme este consentimiento que habéis manifestado y les otorgue grandes bendiciones, por ello en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, los declaro marido y mujer. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre Puedes besar a la novia—apenas el clérigo dijo estás palabras, Angello levantó el velo de su rostro, la tomó por sus mejillas, y le dio un profundo beso que ella respondió con pasión, mientras los invitados vitoreaban contentos.

 

—Ahora eres mía para siempre mi caraotica, amaneceré cada día contigo, viendo la luz del sol entrando por mi ventana y bañando tu cuerpo, quiero disfrutar cada momento a tu lado, ver crecer tu vientre—pronunció mientras le tocaba el vientre—No deseo más que ver la transformación que produzca tu cuerpo como consecuencia de la materialización de nuestro amor en esos maravillosos bebés que se están formando dentro de ti. Te amo esposa, nunca dejaré de amarte.

—Yo también te amo, quiero que tu rostro sea lo primero que vea al despertarme, que tus besos me bañen como el rico rocío de la mañana, como la luz del sol envuelve a la tierra, quiero que siempre estemos juntos, que nuestro amor cada día crezca más. Te prometo hacerte feliz, a ti, a mi niña Paula, a mis pequeños que están creciendo, y bueno a Franco como un hermanito, porque está muy grande para ser mi hijo—dijo sonriendo.

Se sonrió—Amor eso es una forma subliminal de decirme que ¿Estoy muy viejo para ti? —interrogó frunciendo el ceño.

—Para nada mi vida, tú eres perfecto para mí, has sido hecho a mi medida.

—Es cierto amor, en el fondo de mí corazón siempre supe, que allí afuera había Una mujer excepcional para mí, hasta que la encontré el día que chocaste mi hermoso Ferrari. ¿Qué pensabas ese día?

Martina se sonrió—Pensaba en los súper hombres, que no entendían que la época del patriarcado había pasado y que las mujeres no necesitamos de los hombres para poder vivir.

Él se quedó viéndola alzando la ceja —¡Vaya! ¿No soy necesario en tu vida?

—Bueno, realmente era feliz antes de conocerte—pronunció con picardía, mientras veía el rostro triste de su esposo—pero ahora lo soy más—en ese momento fueron interrumpidos por Anabella y Sebastián.

—Lamento molestarlos de su amena conversación pero queríamos felicitarlos—expresó Sebastián.

—Gracias a ustedes por presentarme a mi maravillosa esposa—pronunció Angello.

—Y a mi ex amargado esposo, ahora mi “dulcito de leche “—indicó Martina besando a Angello.

—¿Te recuerdas que en una oportunidad te dije que el día que encontraras al hombre que te complementara, aun cuando tuvieras libertad y él te diera su espacio lo querrías compartir todo con él,  sería como tu otra mitad? —le interrogó Anabella.

—Sí recuerdo perfectamente, tenías razón, ya no quiero separarme nunca de mi Angellito. Te amo amargadito.

—Yo te amo mis caraotica ¿Nos vamos? —le dijo saliendo abrazados de la iglesia, mientras los presentes les lanzaban arroz y Angello procuraba protegerla con su cuerpo. Se despidieron, se montaron en el carruaje y emprendieron su camino rumbo a la felicidad.

 

 

“…Y verás como la vida da a cada quien lo que se merece…”

 

FIN

 

“El tiempo es un juez tan sabio, que no sentencia de inmediato, pero al final da la razón a quien la tiene”. Anónimo. 


EPÍLOGO

SEIS MESES DESPÚES

 

Martina trataba de dormir, pero el tamaño de su prominente vientre y el movimiento continuo de los bebés la desvelaban, se daba la vuelta tratando de hacer el mínimo ruido, no quería despertar a Angello, pues era demasiado sobre protector con ella, y cuando la veía que algo la incomodaba se preocupaba en extremo, terminaba estresado, trasnochado, pues le aterraba la idea que ella sufriera, y con todo  eso se iba a la oficina, trabajaba demasiado sin descuidarla a ella, a sus hijos, a sus hermanas e incluso visitaba a Defranco dos veces por semana, aunque no lo mereciera, pero él era así, era un hombre con alto sentido de responsabilidad y sensibilidad, cuando lo conoció parecía que no tenía sentimientos, pero había resultado ser todo lo contrario.

 

En ese momento sintió una pequeña punzada al final de la espalda, se levantó de la cama sigilosamente y fue al baño, se sentó en el inodoro tratando de buscar alivio, se levantó, porque sentía que su malestar aumentaba, se acercó al botiquín de primeros auxilios y se midió la temperatura, estaba normal, se asomó en la puerta del baño tratando de visualizar la hora, cuando iba a salir, allí enfrente de ella se encontró a su esposo levantado viéndola con el ceño fruncido, la sorpresa de encontrarse a alguien en la puerta en esa oscuridad hizo que pegara un gritito del susto, a lo cual Angello respondió soltando una carcajada.

 

—Mi caraotica, ¿Soy tan feo que te he asustado? —interrogó en forma juguetona Angello.

 

—No es tú cara, es la sorpresa de no haberme esperado a nadie y encontrarte allí—en ese momento ella sintió nuevamente el leve fastidio y trató de simular el dolor, pero ese hombre la conocía demasiado y se daba mínima cuenta de todo y allí estaba frunciendo su frente en un gesto molesto y ella comenzó a contar para el reclamo que se avecinaba, tres, dos, uno, cero dijo en su mente y en ese mismo instante de terminar de contar Angello habló.

—Mónica Martina Casiragui, ¿Estás tratando de ocultarme algo? —pronunció con una voz tan suave que tuvo que hacer un esfuerzo para escucharlo, mientras la tomaba por el mentón para observarla. Martina se sintió apenada, en realidad nunca le mentía ni le ocultaba nada, pero es que se preocupaba demasiado, pero ella sabía cuando había hecho mal y en ese caso en particular, reconocía que era culpable, por eso le confesó también en tono suave—Lo siento mi amor, no quería despertarte—le respondió sin dejar de mirarlo.

 

—¿Qué tienes? —la interrogó sin dejar de mirarla.

 

—Tengo un dolor en la espalda y mucho malestar, y unas ganas inmensas de orinar a cada momento, que no se me quitan—Al ver la cara de preocupación de Angello, expresó de inmediato—no te preocupes estoy bien.

 

—Martina, siempre te digo que debes avisarme cuando te sientas mal, nuestros bebés aunque estén creciendo en ti, son responsabilidad de los dos—le dijo acariciando su nuca.

 

—Creo que son contracciones—señaló con un pequeño gesto de dolor en el rostro.

 

Al escucharla Angello abrió los ojos desorbitados y dijo 

 

—¡Vamos a la clínica!

 

—No amor, no te angusties esperemos un momento, las contracciones no son regulares—pronunció con tranquilidad Martina.

 

—Creo que no es buena idea esperar ¿Qué tal si los bebés  deciden nacer en este momento? Son tres, puede ser riesgoso, por favor mi caraotica, vayamos a la clínica, me moriría de angustia verte sufrir—exclamó acariciándole el rostro y dándole un profundo beso—te amo preciosa Martina.

 

—Te amo mi amor, confía en mí, ahorita las contracciones no están muy seguidas, para dar a luz deben ser más continuas, te prometo que estaré avisándote cada avance que siento—afirmó su esposa con tranquilidad.

Así fueron pasando un par de horas mientras Angello se movía de un lado a otro sin dejar de recorrer la habitación, Martina vio su cara de angustia, estaba pálido, ni un ápice de color se observaba en el rostro, se preocupó de que pudiera pasarle algo. Se había sentado por un momento, se levantó porque quería calmarlo, cuando sintió como si un tapón se hubiese soltado, y sus contracciones comenzaron a ser más frecuentes, en ese momento estaba padeciendo una, al verla Angello se puso de inmediato a su lado y comenzó a masajearle la parte baja de la espalda.

 

—Vámonos a la clínica Martina, tal vez puedan ponerte algo para el dolor, no voy a quedarme con los brazos cruzados mientras sufres—pronunció con firmeza.

—Angello pareces un padre primerizo, ¿Te portaste así cuando iban a nacer Franco y Paula? —preguntó ella un poco exasperada, las contracciones la última vez tenían una periocidad de veinte minutos, las cuales fueron haciéndose más continuas. 

—No, porque ellos fueron cesárea, además contigo me invade el terror de perderte—expresó con suavidad.

 

Al oírlo decir eso, Martina bajó la guardia —Lo siento, no sabía que te sintieras así, a mí también me da terror que pueda pasarte algo—en ese momento surgió otra contracción—vamos al centro médico, estoy rompiendo fuente—comentó mientras un hilillo de agua corría por sus piernas y allí los nervios comenzaron a inundarla, pues se dio cuenta que una cosa era que manejara  la teoría y otra muy distinta era la práctica.

 

Su esposo la levantó cargándola, mientras llamaba a Franco, los acompañó también Paula y Zoe que vivía con ellos en la mansión, quienes buscaron los bolsos y maletas necesarias para llevar a la clínica. 

 

Franco tomó el volante mientras Angello permanecía atrás, en ese momento le dijo a su esposo—quítame la ropa interior, estos bebés no quieren esperar, ¡Ya vienen!—dijo apretando su boca conteniendo un grito.

 

Martina comenzó a inhalar y exhalar por la boca, tratando de acompasar su respiración, no pudo evitar pujar, tomando fuertemente a Angello de la mano, mientras este no dejaba de instar a Franco para que se diera prisa —Franco, ¡Acelera! ¡Corre! si no lo haces Martina dará a luz en este auto—expresó angustiado.

 —¡Allí viene uno! —gritó Martina—agáchate frente mío para recibirlo ¡Oh Dios! —exclamó Martina, mientras se concentraba en pujar y si no fuese por el dolor se hubiese carcajeado en ver la cara de susto de su esposo, quien hizo lo que ella le pidió,  se puso frente a ella mientras abría las piernas y quedó impresionado al ver la cabeza del bebé saliendo por el canal vaginal, por un momento sintió que iba a desmayarse, pero no podía hacer eso, su mujer y sus hijos lo necesitaban, respiró profundo hasta calmarse, aunque no pudo evitar tener sentimientos encontrados, miedo, alegría, no pudo evitar llorar al recibir su primer bebé.

 

Paula tomó una toalla que le pasó Zoe y se la dio a su padre, quien había quedado hipnotizado observando a su hijo, con una profunda emoción, esa experiencia de recibirlo era tan extraordinaria, que simplemente era imposible poner en palabras lo que sentía.

 

Inmediatamente Zoe lo llamó a salir de esa burbuja —Angello no te quedes allí, pásale el niño a Paula, hay que ver los otros bebés. Justo en ese momento llegaron a la clínica, Zoe se bajó rápido y llamó a los médicos quienes llegaron de inmediato, subieron a Martina en una camilla y pusieron al bebé en su pecho, mientras Angello corría a su lado, no dio tiempo de llegar a sala de partos, pasando por el pasillo de emergencia dio a luz al otro bebé, también un varón y minutos después una hermosa niña. Angello logró besarlos en la frente, mientras la risa y el llanto se abrían paso al mismo tiempo en su rostro.

 

Atendieron a los niños, el peso del mayor fue de dos kilos trescientos gramos y cuarenta y siete centímetros, el del medio un kilo novecientos gramos y cuarenta y cinco centímetros y la niña un kilo cuatrocientos cincuenta gramos y cuarenta y tres centímetros, los dos pequeños fueron llevados a una incubadora y el mayor lo llevarían a la habitación con la madre.

 

Angello se quedó con su esposa viendo como era atendida, mientras, sostenía su rostro y colocaba su frente con la de ella —¿Estás bien mi caraotica? —ella respondió afirmativamente la cabeza con una tenue sonrisa—eres mi campeona, por eso no dejo de decirte lo excepcional que eres, me has dado esos tres hermosos regalos, y te has portado valientemente, ustedes las mujeres son la obra más perfecta de la naturaleza. Me admira pensar que esos tres niños, estaban aquí dentro de ti—expresó tocándole el vientre—crecieron allí, se alimentaron, es un maravilloso milagro. Gracias, mil gracias por cambiar mi vida y hacerme el hombre más feliz del mundo. Cada día me enamoro más de ti, no creía que eso fuese posible, pero tú siempre rompes mis límites.

 

—Gracias a ti, por haberlos engendrados en mi,  desde que estuvimos juntos te elegí para que fueses el padre de mis hijos. Aunque pensé que vendrían de uno en uno—se sonrió—jamás me imaginé que serían tres de una sola vez. Aunque mis hermanos Marco y Genaro son gemelos, no pensé que yo pudiera tener un embarazo múltiple. Mil gracias por permitirme vivir esta experiencia tan hermosa, desde que recibí a Sebastián Junior en mis brazos, me pregunte si este momento llegaría y llegó, esto no puede compararse con nada, simplemente es una emoción indescriptible.

 

DOS MESES DESPUÉS

 

Angello se encontraba en la habitación de los bebés, se había tomado un permiso postnatal en su empresa para ayudar a cuidar a sus hijos, el mayor de ello se llamaba Georgio Alessandro, el primer nombre en deferencia a su hermano que no conoció, el segundo se llamaba Martín Alessandro, en honor a su abuelo y a su tío materno y la niña se llamaba Chiara  Alessandra, está demás decir que los trillizos tenían el segundo nombre en honor a Angello porque Martina así lo quiso.

 

Se había acostado en la cama con ellos, no dejaba de observarlos, cuidarlos, consentirlos, sus abuelos y tíos estaban enloquecidos con ellos incluso sus hijos mayores estaban totalmente enamorados de ese trío, escuchó un ruido, al voltear su vista a la puerta, era su esposa, bella, radiante como siempre y la gran sonrisa que le caracterizaba, se le acercó besó a los niños y luego al padre.

 

—Ya quede relevado a tercero o a cuarto lugar, porque estos enanos han robado tu corazón, creo que me pondré celoso—fingió molestia haciendo un puchero.

 

—Tú igual ves a través de los ojos de esa pequeña y eso sin contar a Paula, yo vengo siendo como tu tercera o quinta chica—dijo Martina torciéndole los ojos.

 

—Claro que no, jamás eres la primera en mi vida, tú eres así como la basílica mayor y las otras mujeres de mi vida son las catedrales—comentó sonriente Angello.

 

—¿A qué otras mujeres de tu vida te refieres? —preguntó Martina con curiosidad.

 

El sonrió carcajeándose mientras Martina lo pellizcaba en el estómago—¡Mujer ya! No seas celosa, las otras mujeres de mi vida son mis hijas y mis hermanas, no hay más nadie mi basílica.

 

—Más te vale porque te saco los ojos Angello Alessandro—repicó molesta.

 

—Mi caraotica ¿Crees que soy capaz de mirar a otra mujer? —le dijo con seriedad mirándola fijamente a los ojos.

 

Ella vio sinceridad en sus ojos—No, pero ellas si a ti, es que me imagino que así como te veo irresistible, ellas pueden darse cuenta de lo extraordinario que eres—comentó sin dejar de observarlo.

 

—No tengo que ver a los lados si me he casado con Una mujer Excepcional—dijo acercando sus labios a los de ella y besándola profundamente, mientras ella respondía apasionadamente.

 

Estaban entregados unos a otros y sintiendo esas sensaciones tan extraordinarias, cuando escucharon una discusión entre Paula con…no puede ser pensó Angello mientras los oía —No eres nadie para que me estés dando órdenes a mí, ¿Quién te crees que eres? No me lo prohíbe mi padre y vas a venir hacerlo tú—decía su hija encolerizada.

 

—Pues no vas a ir a ninguna parte, una chica de tu edad no tiene nada que hacer en la calle y menos en fiestas, no eres una mujer, solo eres una mocosa caprichosa, que le gusta salirse con la suya.

—Y tú eres un metiche, que le gusta meter sus narices donde no lo llaman, no sé qué haces en mi casa, no tienes vida propia que tienes que estar metiéndote en la mía, ¿Sabes que no te soporto? —dijo la joven molesta.

 

—Poco me importa, necesitas disciplina y si tu padre no te la inculca lo haré yo—decía el hombre.

 

—¿Cómo te atreves? ¡Bájame! Papá, papá—gritaba Paula.

 

Angello soltó a su esposa y se molestó no solo por la interrupción sino por lo que había escuchado —Él es un atrevido y no lo voy a tolerar, que abusador ¿A cuenta de que va a estar disciplinando a mi hija? porque para eso estoy yo  no me importa de quien sea familia—se levantó molesto.

 

—¡Detente! —exclamó Martina—¡¿Puedes calmarte?! Yo me encargo de poner orden, porque estás enojado y así no serás objetivo en tu reclamo—pronunció mientras movía sus caderas de un lado a otro, dejando a su esposo excitado por lo provocativo de sus movimientos, haciéndolo olvidar incluso las razones de su enojo porque esos pensamientos fueron sustituidos por las caderas y derrier de su mujer, a quien amaba profundamente y tenía la capacidad de pasar su carácter en segundos desde la más terrible tormenta hasta la más inmensa calma.

 

 

“A estas alturas de mi vida no necesito más tormentas, más bien calma. Porque guerra me da cualquiera, pero paz casi nadie”.  Anónimo.