Popular Lo más nuevo
Anuncios

NOVELA RINASCERE

CAPÍTULO 1. MI NUEVO COMIENZO


Alondra había salido furiosa con sus padres del departamento que habían alquilado en Ciudad de México, todo por culpa del chismoso de Camillo, la había acusado de lo que le había hecho a él y a la estúpida de Camilla, sus padres en represalia le habían quitado tarjetas, carro, privilegios y todo; cuando Camillo salió de conversar con ellos, intentó convencerlos de que desistieran del castigo haciéndoles creer que estaba arrepentida, todo para que se retractaran del castigo, pero ambos se pusieron firmes como un todo haciendo un frente en común para corregirla, en un principio pensó que podría manipular a su padre, pero no pudo hacerlo, nunca había visto tanta decepción en sus ojos, él quien siempre la había mirado con adoración hasta ese día, sintió miedo, dolor y un sinfín de sensaciones que no sabría explicar en ese momento.


Se sentó en la entrada del edificio con una maleta donde había metido la mayoría de las cosas que había llevado a Ciudad de México y comenzó a reflexionar, regresaría a Roma y les demostraría que no necesitaba de ellos para obtener sus cosas, ella podía trabajar y estudiar, aunque nunca lo había decidido hacerlo hasta ese momento, aunque había concluido el liceo y obtenido una especialización en arte, orientada a crear una base que le permitiera acceder a la educación superior, pensando en ingresar a una escuela para estudiar licenciatura de arte, pero luego le pareció ilógico seguir los estudios, sus padres tenían dinero, ella no necesitaba ni estudiar ni trabajar, tampoco le había interesado demostrar independencia como lo hacía la estúpida de Camilla que a pesar de tener un padre millonario, había trabajado y estudiado, todos la admiraban y no era por su belleza, sino por lo decidida y emprendedora que era, aunque  le molestara admitirlo ella en el fondo sentía admiración por ella, porque con su sencillez y sin ningún artificio había logrado el amor de Taddeo, había pensado separarlos pero en el rostro de él solo había tristeza no desengaño, ella nunca había logrado que algún hombre la mirara como él lo hacía con Camilla, ni siquiera Camillo que de pequeño era un niño dulce y tierno, quien la trataba como si ella fuese lo más importante del mundo. 


Bueno si solo uno vez alguien la había mirado con amor y ella se lo había arrojado en el rostro, empezó a sentirse mal, cada minuto que recordaba, la hacían hundirse en una depresión y por más que trató de evitarlo, las lágrimas acudieron a sus ojos “¿Qué te está pasando estúpida?”, se dijo, en ese momento cayó en cuenta que estaba sola, sus amigos verdaderos habían sido los gemelos y después de lo que había hecho no creía que lo siguiesen siendo, amigas mujeres no tenía, ellas siempre la veían como una amenaza, porque sus novios terminaban declarándosele y aunque eso no era culpa de ella, porque su coqueteo era natural y sus intenciones nunca eran insinuársele a los novios de sus amigas, de hecho jamás lo hizo, lamentablemente varias confusiones generaron ese alejamiento y no siguió buscándolas, por lo cual solo se rodeó de hombres, de los cuales con un par se involucró más que sentimental sexualmente, pero esas relaciones habían terminado pésimas, porque querían coartar su libertad y eso no se lo permitía Alondra Sophía Sebastini, era una mujer libre, independiente y ningún hombre la sometería, era ellos quienes debían bailar al ritmo que ella tocara no viceversa, los había tratado muy mal después de haberlos utilizado para su satisfacción, sin embargo con quien realmente se pasó había sido con Cristiano, su primera relación.

 

Cerró los ojos y no pudo evitar que los recuerdos del pasado se abrieran paso irremediablemente en su memoria, siempre le había gustado que los chicos la admiraran y revolotearan alrededor de ella, eso la hacía sentir hermosa y deseable, era de naturaleza coqueta, le gustaba jugar con ellos, los enamoraba y cuando veía que habían cedido ante sus encantos lo rechazaba cruelmente.


Exactamente eso había pasado con Cristiano, un chico que conoció en una de las visitas que hizo a Barcelona durante sus vacaciones, lo había conocido cuando fue a una discoteca con su hermano Matteo, su tío Mauro y su esposa. Ellos se habían retirado temprano, mientras que ella se había quedado con su hermano y sus amigos; luego de tomarse un par de copas que lograron achisparla mucho más de lo que acostumbraba, se fue a bailar  con un par de amigos, se movía seductoramente en la pista, tongoneaba sus caderas arriba y abajo, deslizando sus manos a lo largo de su cuerpo, sus labios entreabiertos esbozaban una picara sonrisa, comenzó a mover su humanidad en forma de ocho, llevando sus manos hasta sus senos en un gesto provocador, luego a los costado de su cuerpo, manteniendo una mirada coqueta, los tenía a todos hipnotizados mientras la mayoría de las vista se posaban en ella, los presentes se apartaron, para dejarla exhibir un torrencial de sensualidad en la pista que parecía no tener fin, mientras ella se deleitaba con el baile sin ningún atisbo de vergüenza, ni cohibimiento, estaba derrapada. 


Estaba extasiada bailando, cuando se le acercó un chico de buen parecer, unos hermosos ojos cafés, trigueño, de cabello negro profundo como el azabache y comenzó a bailar con ella, bailaron un par de horas, incluso se besaron varias veces en la pista, si Alondra era atrevida, no se detenía ante nada, y se había sentido atraída por el guapo español, que rato después supo se llamaba Cristiano. 


Sin embargo, ese día no pasó a mayor, se limitaron a besarse, a abrazarse y a acariciarse, se despidieron y quedaron en verse al día siguiente, a partir de ese día empezaron a salir, no era  que el chico le encantaba, pero no estaba mal, solo quería experimentar con él, no había sentimientos de por medio en lo que hacía, porque en su mente la presencia y mirada de los gemelos era latente, ellos le habían robado el corazón desde la primera vez que los vio, pero no se decidía a quien escoger. 


Un par de días después luego de una cena, se fue con Cristiano a un hotel, comenzaron a besarse y a acariciarse hasta que sus cuerpos deseosos exigieron dar un paso más, él se colocó el preservativo y la poseyó, esa fue la primera vez que se entregó a un chico, tenía dieciocho años cuando pasó, no mentiría diciendo que fue la sensación más extraordinaria que había sentido, porque la verdad había sido una experiencia absolutamente dolorosa, no había detectado ni fuegos artificiales, ni mariposas, había sido un momento desagradable que había soportado con estoicismo, sin embargo, después de esa vez, las veces siguientes Cristian se había resarcido y le había gustado pasarla con él, de hecho iniciaron una relación que duro casi todo el verano, pero era demasiado absorbente, quería estar todo el tiempo con ella tocándola y besándola, eso la fastidiaba, sin embargo, fingía que le agradaba, no obstante, un par de semana antes de regresar a Roma, terminó su relación con él, estaban en la piscina de la casa que tenían en Barcelona con su hermano y sus amigos, y Cristiano hizo amago de besarla y ella se soltó diciéndole— ¡No me beses!, ¡Ni me toques! creo que es hora de terminar esta relación, todo lo que haces me desagrada—.Pronunció sin ningún tipo de delicadeza, ni siquiera la cohibió el hecho que estaba  frente a todos los presentes.


—No entiendo, ¿Por qué me dices eso? —interrogó el chico con gesto de confusión.


—¿Qué parte no entiendes? Te lo repito por si es que tienes alguna sintomatología que impide que proceses mis palabras. No quiero que me beses, ni me toques, te estoy terminando, porque no te soporto—le dijo con crueldad, expresando una mirada de desprecio.


—Alondra—dijo el chico con tono suplicante—no puedes hacerme eso por favor, sabes que te amo, eres la mujer más importante en mi vida.


—¡¿En serio?! —le respondió con altanería y en tono de burla, frente a todos—yo por ti no siento absolutamente nada, ni te amo y si te soy sincera, ya ni siquiera me gustas. 

—No puedes estar hablando en serio, yo fui tu primer amor, Alondra me enamoré de ti desde el mismo momento en que te vi bailando en esa pista, no puede ser cierto lo que estás diciendo—seguía debatiendo el muchacho con un deje de angustia en su semblante.


—De verdad lo siento mucho por ti guapo, pero para mí no fue nada, contigo no sentí mariposas, ni flechazos, ni amor a primera vista, yo solo quería experimentar y tú estabas disponible en el momento, nada más.


El rostro de Cristiano estaba totalmente desencajado —¿Me estás diciendo que todo fue una burla, qué me usaste?

—Solo te estoy diciendo que no hubo nada especial—. Le dijo con firmeza y un aire de suficiencia.


—¡Wow! Te felicito Alondra has sido muy buena actriz, haciéndome creer al principio que lo que teníamos era algo especial—pronunció dolido.


—Lamento que lo hayas mal interpretado. Ahora por favor, ¡sal de mi casa! —lo corrió.


—Está bien, no te rogaré, espero que seas muy feliz, y que nunca nadie te destroce el corazón como hoy lo estás haciendo conmigo, ojalá nunca te arrepientas de lo que hoy me estás haciendo.


—Jamás me pasará, siempre obtengo lo que quiero, todos me admiran, las mujeres me envidian y los hombres me desean. Además mi corazón ya tiene dueño—expresó con soberbia.


Cristiano se había ido como si en sus hombros llevara todo el peso del mundo, pero Alondra, no sintió remordimiento, siguió tomando, bailando y divirtiéndose en la fiesta con sus amigos.


Al tener esos recuerdos, sintió remordimientos, ¿Qué sería de la vida de Cristiano? Supo que se había dado a la bebida por un tiempo y aunque muchos le habían dicho que lo visitara como amigo para ayudarlo, había sido indiferente ante las peticiones, su corazón había sido inconmovible frente al sufrimiento del chico, no supo el porqué pero ese día eso le estaba pesando en gran manera, sentía que su alma se estrujaba, y tenía la sensación como si le hubiesen posado en ella un fierro caliente, empezó a sentir ahogo, el pánico la invadió, el aire le faltaba, se desesperó, tomó una bolsa de plástico que tenía en su maleta, la colocó cubriendo su boca y nariz, comenzó a respirar en su interior, de esta forma la concentración del dióxido de carbono de la bolsa es mayor que la del aire del exterior, como consecuencia del expulsado por Alondra, de tal manera que con cada inspiración, iba incorporando el dióxido de  carbono nuevamente, haciendo que el PH de su sangre se eleve paulatinamente, lo que le permitió tranquilizarse antes de que su malestar empeorara.


De inmediato las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, sintió como si frente a sí se estuviese desvelando la clase de persona que era y no pudo evitar exclamar en voz baja “¡Qué cruel había sido!”, intentó  evadir esos recuerdos que sentía la cortaban en su interior como un arma de doble filo, pero su mente estaba empecinada en recordarle cada uno de sus errores; de inmediato volvieron esos momentos,  ella siguió en fiestas, discotecas, divirtiéndose como nunca y siendo la odiosa que solía ser,  luego de dos semanas de haber concluido su relación con Cristiano, retornó a Roma, donde volvió a ver a sus chicos preferidos, y comenzó un juego con ello, aunque siempre lo había hecho, esta vez lo hizo con más intensidad, alentaba a Camillo para que no dejara de desearla y mantuviera la esperanza de que ella tendría algo serio con él, sobre todo lo hacía cuando lo veía que andaba interesado en una chica, cuando estaban solos lo besaba en el cuello, detrás de las oreja, lo aproximaba a ella para seducirlo acariciando su rostro, lo besaba en la boca y acariciaba su cuerpo, cuando veía que Camillo se iba a poner más exigente le huía, siempre jugaba ese juego con él, le encantaba provocarlo, a veces se imaginaba que era Taddeo, pues era a quien realmente amaba, sin embargo, esas provocaciones no funcionaban con él, a pesar que ella sabía que le gustaba, pero era un chico de decisiones firmes, lo había intentado con él, seducirlo de mil maneras, hasta una vez en la piscina mientras se bañaban hizo creer que la parte superior de su traje de baño se había caído, Taddeo solo lo encontró se lo dio y le dijo sin inmutarse —Espero que para la próxima te lo ates muy bien.


Esa no había sido la única vez, fueran decena de veces que lo provoco de una y diversas formas lo hizo, pero Taddeo siempre la rechazaba, eso la enojaba enormemente, le molestaba su firmeza, su pose de chico correcto, con esas estúpidas convicciones que a ella le parecían ridículas, de que no se acostaría nunca con una chica hasta no saber que era a quien amaba. La única vez que la había besado, fue el día que lo encontró discutiendo y peleando con Camillo, cuando producto de la rabia la besó con pasión, allí supo que él era el chico a quien debía conquistar.


Esa era la razón porque había fraguado un plan cuando viajaron a México, vio que el mundo de Taddeo giraba en torno a Camilla, vio las fotografías de la prensa cuando le entregó a ella las flores al ganar el tercer lugar en el Gran Premio de Australia, supo al observar la forma de como se miraban, que estaban enamorados y no se habían dado cuenta, eso fue llenándola de envidia, de odio y de todo sentimiento oscuro, porque la insignificante mecánica había logrado conquistar de manera absoluta al chico que siempre la admiró a ella, y a quien realmente amaba, pero que desairaba  para que suplicara su atención, pero desafortunadamente para ella Taddeo no era hombre de arrodillarse ante nadie,  o mejor dicho ella no era la chica que su corazón había elegido para ser capaz de hacer todo por ella.

.

Recordó cuando los vio besándose en el ascensor, la pasión era evidente, se devoraban como dos sedientos,  la rabia la consumió  y comenzó a pensar en un plan para alejarla de él, por eso cuando estaba conversando con Taddeo para unas supuestas entradas a la carrera para sus padres, cuando vio venir a Camilla, se le tiró encima a Taddeo besándolo, ella los vio y pensó que ello tenían algo, esa había sido su intención desde el principio, pero Taddeo se dio cuenta de porque lo había hecho y la apartó de si, cuestionándola, allí fue cuando vio la decepción dibujada en el rostro de él, fue allí cuando decidió hacer algo que lograra separarlos, la mejor forma que se le ocurrió fue hacerle creer a Taddeo que su amada Camilla se había acostado con su gemelo, eso sería algo que a su parecer ningún hombre jamás perdonaría. 


Por eso, para cumplir su cometido, se recordó de un chico que había conocido al llegar a México habían salido un par de días, le pidió ayuda, él encantado aceptó, ella le había pagado bien, fue él quien se encargó de contratar al mesonero de la discoteca y a los otros hombres, aunque le dejó claro que no quería que la violaran ni le hicieran daño, solo drogarla y acostarla junto con Camillo, le dio las indicaciones y le dijo que se trataba de una pequeña broma para sus amigos.


Y así lo habían hecho, los drogaron y los desnudaron acostándolos juntos en la cama del apartamento que había arrendado Camilla, y luego de un par de horas, los padres de ella y de Taddeo los habían encontrado, pero no vio decepción ni odio en sus ojos, solo dolor, y la había defendido, llamando a todos a la calma y enfrentando a su gemelo, allí quedó demostrado que ese hombre amaba verdaderamente esa chica y estaba dispuesto a hacer todo por protegerla, su plan macabro había dado al traste, le había salido lo que decían el tiro por la culata, y con el rechazo de Camillo hacia la chica, estaba segura que Taddeo no iba a dejarla sola, por otra parte, había decepcionado a Camillo, él único hombre que aparte de Taddeo le importaba sin contar a sus padre. 


Se levantó de la acera donde se había sentado a meditar, tomó su maleta, su bolso y comenzó a caminar, “Ya es hora que hagas algo con tu vida Alondra Sophía”, se dijo, tomó un taxi, con camino al aeropuerto,  mientras pensaba que era hora de corregir muchas cosas en su vida, era hora de cambiar, haría que sus padres, sobre todo su papá se sintiera orgullosa de ella, su mirada de tristeza y decepción la perseguía, le había destrozado el corazón y eso era algo que no podía soportar, el odio de su padre, para ella él era el centro de su universo, su más grande amor, su cómplice, su amigo, su todo, nunca en sus veintiún años, la había reprendido de la forma que lo hizo, eso realmente la había herido profundamente, solo en pensar, como había sido la herida que ella le había provocado, por eso haría algo de lo que se sintiera realmente orgulloso, volvería hacer la niña de sus ojos y hasta que no lo lograra no regresaría nuevamente al lado de ellos.



“Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar desde ahora y hacer un nuevo final”

Anónimo




CAPÍTULO 2. PRIMERA IMPRESIÓN



Alondra llegó al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, esperó un par de horas y tomó un vuelo  a la ciudad de Roma, con conexión en tres aerolíneas haciendo escala en Cancún y Bruselas, en la primera ciudad su escala fue de tres horas y en Bruselas de un poco más de dos. El importe del boleto, lo pagó en efectivo, equivalente a mil setecientos dólares. Inició su viaje con mucha incomodidad, pues nunca había viajado en clase económica, de hecho en su vida siempre había viajado en los jets de su padre, en solo dos oportunidades anteriores había volado en una línea comercial y había sido en la comodidad de primera clase, con las beneficios que brindaba, tales como no cargar su equipaje porque los mismos eran trasladados en carritos especiales, el acceso a la sala premier, la preeminencia de hacer el check in y registrar el equipaje en primer lugar, la inclinación de los asientos, la calidad de la comida y la prioridad que tienen para descender. 


En esta oportunidad, no contaba con nada de eso, ella se encargó de su maleta, hizo la fila para el Check in y registro de equipaje, pasó cuatro horas esperando en la sala de espera en un asiento bastante incomodo comparado con los otros, pero tenía que aprender, sus padres no le brindarían ninguna oportunidad mientras el velo de la decepción descansara sobre ella. Durante el viaje su asiento apenas reclinaba y le tocó sentarse en el centro de los asientos de tres, por lo cual cada vez que iba ir al baño, tenía que pedir permiso y pasaba muy cerca del pasajero que ocupaba el pasillo, la comida para los pasajeros ubicados en su clase no fue de su agrado sándwich, pasta refrescos y unas papás.


Estaba deseosa por llegar a su destino, trataba de pensar en otras cosas, pero era imposible que la preocupación se filtrara en sus pensamientos haciéndole sentir miedo del futuro, pero no podía volver derrotada, nunca la tomarían en serio, tenía que cambiar esa imagen que ella misma se había formado de ser una chica malcriada y superficial, “Debes y tienes que hacer las cosas diferentes Alondra, debes ser más humilde, humana”, en eso tenía que aprender de sus padres, ellos eran sencillos, y se adaptaban a las circunstancias.


Otro notorio ejemplo, eran los gemelos Ferrari, no eran unos chicos creídos a pesar de que su familia había gozado siempre de absoluta riqueza, que  habían pasado por numerosas generaciones de Ferrari,  y cada uno de ellos se había encargado de multiplicar con creces el capital, en cambio su familia, no habían gozado de una fortuna antigua, de cientos de años; por parte de su madre habían tenido una empresa constructora que había empezado apenas tres generaciones atrás, pero no era un gran emporio y por parte de su padre tampoco habían nadado en dinero, de hecho su abuelo en una oportunidad había perdido su dinero y había sido su padre quien había levantado el imperio Sebastini, y gracias a él y al producto de su trabajo, su familia tenía todo de lo que gozaba hoy día. 


Luego de realizada la escala en Cancún, cerró los ojos pensando en lo que haría, sin embargo el sueño la venció y se despertó cuando aterrizaron en Bruselas, le dolía el cuello producto de la posición de su cabeza al descansar, desembarcaron y en hora y medio volvieron a subir al avión, llegó a Roma luego de veinte horas de vuelo. 


Estaba agotada, quería bañarse, cambiarse de ropa y descansar, llamó a su hermano, para pedirle que por ese día la dejara quedarse en su apartamento, pero al digitar su número aparecía apagado, debió tomar un taxi y buscar un modesto hotel, en una zona cercana al Coliseo a seiscientos cincuenta metros del centro, en el Rione Monti, se hospedó en una habitación contentiva solo de una cama matrimonial con aire acondicionado, suelo de baldosa, un diminuto closet y un baño, todo le daba la impresión de estar a pequeña escala, se bañó y tenía demasiada hambre pero el cansancio era tanto, que agradeció haber guardado los Sándwich que le dieron en el avión, y se los comió sin escatimar, luego de hacerlo se quedó dormida, se acostó a las ocho de la noche hora romana y se levantó a las once del mediodía, había dormido quince horas, tomó el teléfono y vio las llamadas perdida de sus padres, si estaban en México eran las cuatro de la mañana, por eso espero para llamarlos más tarde.


Se levantó, se bañó, se vistió con un jean y una camisa manga larga y unos botines, le costó mucho hacerlo, porque su ropa era toda de marca y reflejaba  elegancia y dinero, y como iba a conseguir trabajo, no le convenía aparentar lo que había sido, decidida luego de comer, entró a un almacén de ropa donde compró ropa sencilla, jeans, blusas. Luego, salió a recorrer el centro de Roma y a pesar que pudo observar varios anuncios no consiguió empleo, así pasó tres días, la desesperanza la estaba invadiendo, debía conseguir trabajo antes que su dinero se agotara, en ese tiempo no había respondido ni las llamadas ni los mensajes de sus padres, quienes le escribían preocupados, quería notificarles que ya tenía empleo antes de hacerlo.


Al cuarto día, salió temprano, entró a una red de almacenes y supermercados, donde luego de esperar aproximadamente  una hora para que la entrevistara el jefe de recursos humanos, el señor Gino Rizzo, quien al verla entrar en su oficina, se quedó mirándola de una manera lasciva, lo que la irritó bastante, detestaba a los hombres que pensaban que con esa actitud podían convencer a una mujer, le provocaba derramarle el vaso de agua que posaba en el escritorio

—Buenos días señor, vengo por la entrevista de trabajo—manifestó con seriedad.


—Buen día señorita, ¿Con quién tengo el gusto de conversar? Es usted una dama muy atractiva, con solo verla logró acelerar mis pulsaciones—expresó tomándole la mano y besándosela. Alondra apartó su mano con asco y no pudo evitar limpiársela en su pantalón.


—Soy Alondra Peralta—. Respondió ella—vengo por el trabajo de dependienta.

—Con esa imagen que tiene usted, la contrataría hasta de reina de mi casa—Manifestó el hombre dándosela de encantador.


El hombre le desagradaba en gran manera, estaba a punto de mandarlo a freír espárragos, pero recordó que necesitaba el trabajo,  se controló respondiéndole, todo lo amable que pudo— Señor Rizzo, solo que no estoy interesada en ser la reina de su casa—dijo con una sonrisa, entregando el currículo vitae que había sacado— por ahora solo me interesa ser una más de las dependientas de este lugar.


—Está bien princesa, ¿Has trabajado con anterioridad en un almacén ó supermercado? —interrogó el hombre mientras abría su hoja de vida.


—Para ser sincera, nunca había trabajado, pero si nadie me da la oportunidad de iniciar nunca voy a tener experiencia—expresó con seriedad.


—Está bien estarás de prueba por un mes, luego de ese tiempo si lo haces bien, te quedas si no te vas.


—Muchas gracias —manifestó emocionada—¿Cuándo empiezo?


—Ahora mismo. Anda y habla con mi asistente para que te entregue las camisas del uniforme de la tienda.


Así lo hizo, se puso la prenda, y fue asignada para que uno de los chicos de la tienda, le diera las indicaciones de lo que iba hacer.


De esta manera comenzó su primer día de trabajo, le enseñaron como debía desocupar y limpiar los estantes, la forma correcta de organizar la mercadería, como limpiar la zona asignada, lavar por turnos los sanitarios de damas. Ese día llegó cansada al hotel de trabajar, incluso sus manos se habían agrietado por el esfuerzo que realizó durante la jornada, se acostó a dormir.


“Caminaba todo lo deprisa que sus piernas le permitían pues apenas llegaba al metro sesenta de estatura, el sudor corría por su cuerpo a chorros, sentía su blusa totalmente mojada, el miedo la envolvía como en una especie de cápsula de terror, sentía los pasos detrás de ella, muy cercas, eran tres hombres que la perseguían había tenido oportunidad de visualizar sus siluetas a penas doblar la esquina, a pesar de la oscura y tenebrosa noche, que era cubierta por un manto de densa bruma, que deba un aspecto más siniestro, veía a los lados buscando un escape o un sitio donde esconderse, pero no veía ningún lugar a donde pudiera ocultarse o huir, sus piernas temblorosas apenas la sostenían, quería gritar pidiendo auxilio pero su voz no respondía, solo salían suaves murmullos ininteligibles de su boca, los sintió más cerca y empezó a correr, estaba totalmente aterrada, corría con todo lo que sus piernas le permitían corría poniendo todo su corazón, pero fue en vano la habían atrapado, la halaron del cabello y la tiraron al suelo, las lágrimas brotaban de sus ojos y ellos le gritaban  “…Debimos drogarla porque lo pediste, pero es a ti a quien queremos”…, ella se defendía, lanzaba patada y mordisco, pero eran infructuosos sus esfuerzos, su corazón latía presuroso, cuando de pronto el rostro de uno de ellos se convirtió en Cristiano y le decía “…Eres una arpía. Solo tú eres la culpable de mi desgracia, te burlaste de mí, me alcoholice por culpa de tu abandono y de tus burlas, no tuviste piedad, no pude soportarlo, eres una mala mujer, vas a pagar con creces por lo que me hiciste”.


Alondra pegó un gritó y despertó acalorada llorando, había sido todo tan real, que aún conservaba  indicios de lo que había pasado en su cuerpo, se levantó tomó un vaso de plástico de la mesita de noche, lo llevó al grifo, lo llenó y se lo tomó, luego humedeció su rostro, su cuello, tratando de tranquilizarse, pero el miedo ya había inoculado su alma, por más que intentó volver a dormir no pudo lograrlo.


Al amanecer se levantó, después de bañarse decidió llamar a su familia, marcó al número de su madre y habló con ella, porque en verdad le daba mucha vergüenza hacerlo con su padre, aún no superaba la expresión de decepción que había visualizado en su rostro, la conversación que sostuvo fue rápida, 


—Hola m-mamá. S-soy Alondra—saludó dudosa.


—Ya sé que eres tú—expresó con un suspiro— ¿Para dónde te fuiste? Creo que es hora de que dejes tu rabieta a un lado, porque por más drama que armes, ni tú padre, ni yo cederemos ante tus caprichos. En esta casa solo se te dará lo estrictamente necesario Alondra, un techo y comida. Por otra parte, ni intentes embaucar a Matteo para que te ayude, porque tiene las instrucciones de no hacerlo, so pena de padecer  las mismas consecuencias. Es necesario que aprendas tu lección, no sé en qué momento pasaste de ser solo una chica egoísta y caprichosa, a convertirte en una mujer malvada y cruel, una criminal, porque lo que le hiciste a Camilla y a Camillo no fue más que un acto que solo realizan los delincuentes—concluyó Sophía en tono de molestia.


Alondra sintió tristeza por lo que dijo su madre, pero era verdad, había meditado en eso  y se dio cuenta  que había llegado al extremo, le respondió tratando de contener la tristeza que sentía—No te preocupes mamá, estoy bien, conseguí un trabajo,  así que no pienso pedirle dinero a Matteo ni a nadie para mantenerme.


—¡¿Dé qué estás trabajando?!  No sabes hacer nada, siempre has sido una niña mimada, escudándote tras de tu padre para actuar de esa manera. Espero no estés haciendo ningún trabajo indecoroso.


—No te preocupes, no me he prostituido si es lo que piensas que estoy haciendo. ¿Por qué nunca apuestas a que haga algo bueno?


—No es eso, no sabes lo que daría para que tú hicieras las cosas bien, eres mi hija y te amo, quiero que seas una mujer luchadora, trabajadora con conciencia, quiero sentirme orgullosa de ti.


—Te prometo que lo haré mamá.


—¿En dónde estás viviendo?


—En Roma, estoy  trabajando en una red de almacenes y supermercados.

Estaré bien, dile a papá para que no se preocupe.


—Lo haré. ¿Cuándo me vuelves a llamar?


—Te llamaré una vez por semana. Adiós mamá. Cuida a mi padre, dile que lo amo, a ti también te amo.


—Cuídate hija.  Yo también te amo—respondió Sophía.



Alondra, después de cortar se fue a trabajar, cumplió su segundo día de trabajo sin novedad, el primer día libre que tuvo se mudó a una pensión donde pagaba trescientos euros mensuales, la cual compartía con otra chica que casi nunca iba a dormir.


 Así pasó una semana y media de trabajo donde se fue acostumbrando a los quehaceres, se hizo amiga de varios chicos, el problema, ellos revoloteaban alrededor de ella como las moscas a la miel, de hecho dos de sus compañeros se le habían declarado, a pesar de que ella trataba de pasar desapercibida, los muchachos eran insistentes, la buscaban y a veces se armaban algarabías en el sentido de que se ponían a conversar y a chistear para hacerla reír, situación que había provocado molestia en el jefe de Recursos Humanos, que le dijo que se abstuviera de provocar al personal masculino, porque de esa manera no vería futuro dentro de esa empresa. 


Ella los rechazaba con mucho tacto, no quería herir susceptibilidades, no quería ofenderlos como lo había hecho en el pasado, aparte de que estaba trabajando ese aspecto de su personalidad. Sin embargo, la última semana no había podido remover la profunda tristeza que la embargaba cuando llegaba a su habitación, a pesar de estar rodeada de tanta gente se sentía muy sola, y para oscurecer más su gris panorama, desde el cuarto día  que empezó a trabajar, las pesadillas se hicieron recurrente, casi no dormía y siempre era la misma pesadilla, siempre eran las mismas escenas soñaba que los hombres con los que había mandado a drogar a Camilla, la intentaban abusar sexualmente y luego uno de sus rostros se convertía en su primer novio y la acusaba de haberle causado daño, despertaba sudorosa, aterrada, con esas escenas tan reales.


Eso la hacía preguntarse, qué habría pasado con Cristiano, se decía que todo había pasado hacía más de tres años, su conciencia la incordiaba incesantemente, hasta tal punto que tuvo que realizar un par de llamadas a conocidos comunes, quienes se comportaron groseramente con ella y no quisieron darle información sobre él.


Ese día se levantó muy temprano como todos los días, no había motivo para quedarse despierta dando vueltas en la cama si no lograba conciliar el sueño, se arregló y se fue al trabajo, cuando llegó aún no había entrado el personal correspondiente a su turno, por lo cual se quedó frente de la entrada, del lado de  afuera conversando con sus compañeros, cuando uno de ellos le dijo —Te tenemos novedad, ayer fue tu día libre, y se ha armado una, se llevaron detenido al señor Gino.


—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! —interrogó admirada.


—Pues le estaba haciendo seguimiento la Dirección de Investigación Antimafia de la policía Italiana, no solo acosaba a las chicas de los almacenes y supermercados, al parecer también pertenecía a una red de prostitución  y estaba metido en asuntos de tráfico de drogas.


—¡Por Dios! —expresó sorprendida—¿Pero que hacía? ¿Quién lo descubrió?


—Solo sabemos que fue detenido el día de ayer, cuando salió de aquí  y esos rumores que te comente se empezaron a escuchar, pero nada oficial y bueno precisamente ayer entró un hombre que supuestamente iba hacer una revisión, que según lo enviaron de otra sucursal, pero es un chico con muy mal carácter, parece que no soporta la camaradería entre las personas.

—Me pierdo por un día y sucede un espectáculo digno del mejor drama y comedia televisiva o del teatro—había visto que sus amigos hacían gestos extraños con las caras pero pensó que era ellos bromeando por lo cual siguió hablando—imagínate el señor Gino yo sabía que era un acosador porque varias veces debí quitármelo de encima pero también dedicado al negocio de la droga, es increíble, no será que los dueños de este negocio están involucrados en esos negocios turbios digo porque…—por fin se dio cuenta de lo que trataban de decirle sus amigos, se quedó callada y se volteó.


Allí detrás de ella estaba un hombre muy apuesto de ojos entre azules, con mirada penetrante, alto como de  aproximadamente un metro ochenta y cinco de estatura, cabellos marrón oscuro, mandíbula cuadrada,  y hermosos labios provocativos, se dio una sacudida mental por esos pensamientos, mientras que el chico en cuestión, la observaba con cara de pocos amigos, antes que ella pudiera pronunciar palabra el hombre la observó de pies a cabeza diciéndole

—Señorita Peralta, siga hablando, no se detenga por mí, hágase de cuenta que no estoy aquí, porque realmente estoy interesado en saber el buen concepto que tiene de sus empleadores—espetó haciendo una mueca despectiva con su boca, mientras ella rogaba que la tierra se abriera en ese momento y la tragara, era evidente que el hombre había oído todo lo que había dicho, ella y su bocaza se reprendió, ahora “¿Cómo vas a salir de esto Alondra?” se preguntó mientras que su corazón latía desaforado.


“Lo que no ves con tus ojos, no lo inventes con tu boca”

Anónimo



CAPÍTULO 3. PIR ROLDÁN


Él vio que ella se puso blanca de la impresión y sus ojos hermosos ojos se abrieron como platos, dejándolo cautivado en el acto,  pero a pesar de ello no quiso darle tregua alguna, era una chismosa de primera, tenía toda la intención de hacerla sentir incómoda hasta más no poder, solo con verla se había dado cuenta que era una mujer superficial más pendiente de su aspecto que de su trabajo, y que pensaba que con el físico podía todo conseguir, lo bueno es que estaba advertido sobre ella, por cuanto algunas de sus compañeras de trabajo, le habían indicado la clase de persona que era, e incluso le mencionaron que se había convertido en la amante de Gino, quien la habría ingresado sin experiencia, ni recomendaciones a cambio de favores sexuales.


—Vamos señorita responda, o le comieron la lengua los ratones—dijo en tono de burla.


—Y-yo…Yo no…—estaba nerviosa y las palabras no surgían de su boca.


—Eres una chismosa y cobarde, que le gusta hablar a espaldas de los demás porque no pueden defenderse, pero cuando uno te pregunta o pide alguna explicación, enmudece, tartamudeas, o tal vez sea que sufres algún problema de comprensión? —manifestó frunciendo sus labios.


Su actitud prepotente la hizo enojar, y luego de darse unas manotadas mentalmente, le respondió aunque prefirió mentirle a repetir lo que había dicho —No sé de qué está hablando, quizás estés padeciendo de algún problema auditivo, y eso justifica que no hayas escuchado bien lo que yo estaba diciendo, porque en realidad, no tengo absolutamente nada negativo que decir en contra de mis empleadores porque ni siquiera los conozco, por eso no puedo opinar. Además ¿Quién eres tú, para yo tener que darte explicaciones? —expresó con mirada de prepotencia, si él sabía darse aires de superioridad estaba hablando con la madre de esa actitud, pensó sonriendo para sus adentro.

Él la observó tratándola de intimidar, pero ella le sostuvo la mirada retadoramente  —Por ahora soy el supervisor de esta sucursal, lo que me haría algo así como tu jefe, por lo cual estás siendo muy altanera dado que eres mi subalterna—indicó esbozando una falsa sonrisa que no llegó a sus ojos.


—No creo, estamos fuera de las instalaciones de los almacenes, por lo cual aquí en este sitio, tú y yo  tenemos igualdad de condiciones ¿Señor?


—Para ti  Pir Roldán —dijo mirando su reloj —Y ya, es hora de que inicies la faena de trabajo, subordinada.


Alondra lo miró con rabia, pero prefirió no replicarle, sabía cuando llevaba las de perder. Por ello, sin pérdida de tiempo, inició su jornada de trabajo, y posteriormente Pir, como nuevo supervisor fue entrevistando a cada uno de los empleados, cuando le tocó el turno a ella, estaba un poco nerviosa, no quería estar sola con ese hombre. Se sentía intimidada por su presencia, de hecho le parecía conocido pero no lograba recordar de donde.


*****************************************************************


Pir Roldán como se había identificado, estaba esperando la entrada de la chica Peralta, ella le parecía conocida, sobre todo sus ojos, tenía la impresión que la había visto con anterioridad. Justo en ese momento recibió una llamada a uno de sus móviles, el número no se mercaba en la pantalla, hizo una mueca, al contestarlo escuchó una voz al otro lado que ni siquiera lo saludo, sino que fue directo al grano, la conoció de inmediato —Dime Pir, ¿Cómo es eso que sacaron de circulación a uno de nuestros mejores hombres?



—Había que sacrificar a alguien, estaban encima, como comprenderás no podía ser yo—expresó con toda la calma que le fue posible.


—Por supuesto que no, pero los jefes están pidiendo tu presencia. Necesitan de tu ayuda, además están preocupados por ti.

—La tendrán, sabe que eso no se pregunta mio Fratello.


—¡Así es! Debes cuidarte tal vez anden tras de ti.


—No tienen nada que temer, se cuidarme solo.


—Te espero en la noche, donde siempre.


—Allí estaré —manifestó cortando el teléfono, justo a tiempo porque había aparecido la señorita Peralta, creidita la niña, con unas ínfulas de superioridad que lo incordiaba bastante, le molestaba la gente como ella, pero no entendía el porqué de su actitud cuando era una humilde dependienta que dependía de él para poder seguir trabajando allí.


—¿Por qué te contrataron? —le preguntó sin miramiento.


—Porque había un puesto vacante y necesitaba el trabajo.


—¿Te acostaste con Gino para que te contratara? ¿Eras su amante? —preguntó con insolencia.



Alondra no se detuvo a pensar, la furia la invadió y le propinó una sonora cachetada, pero apenas ella se la dio Pir le sostuvo la mano y con su mirada llena de odio, apretó sus dientes y conteniendo apenas la rabia, le apretó la mano, aunque no fuerte diciéndole —¡Eres una atrevida! ¿Qué tal si yo tomo tu hermosa mano y te la doblo hasta partírtela? sería mi reacción natural a un acto de violencia tuyo —sin embargo, no pudo evitar el corrientazo que sintió de su mano hacia su brazo apenas tocarla, la iba a soltar asustado, pero prefirió ignorar esa sensación, no podía demostrarle que su contacto le había afectado.


Ella lo miró sorprendida, por varias razones, ni siquiera pensó cuando lo abofeteó, tampoco esperó la reacción de él, aunque le sostenía la mano con fuerza no estaba ejerciendo presión y por último el chispazo que sintió en su brazo apenas la tocó, eso jamás le había sucedido.


—Mi reacción fue un acto natural a tus insultos, yo soy una mujer y no debes hablarme de esa manera —expresó con tranquilidad.


—Solo repito lo que están manifestando tus compañeras de trabajo.


—Son chismes y no debes prestarles atención, no soy santo de devoción de las chicas —le dijo mirándolo a los ojos, mientras él seguía sosteniéndole las manos.


—¿Y si te guardan devoción los chicos? —interrogó a la expectativa.


—No tengo la culpa que lo hagan, además que mujer no le gusta que la admiren —manifestó con prepotencia.


—¿Quién eres? —preguntó con curiosidad.


—Soy Alondra Peralta, una trabajadora de este lugar, que vive en una habitación arrendada.


—No creo que seas quien dices ser —espetó con seguridad.


—Lamento mucho que no me creas —expresó en tono parco.


—No soy hombre fácil de engañar Alondra Peralta, si me ocultas algo lo sabré. Puedes retirarte.


—Con permiso—manifestó dejándolo solo, mientras pensaba en las palabras que le había dicho, no podía dejar que descubriera quien era ella.


Entretanto al salir ella Pir comentó—Alondra sabré quien eres realmente y porque te ocultas —De inmediato levantó el teléfono, dio los datos y descripción de la chica y la mandó a investigar.


Días después


Pasaron varios días, no había llamado aún para conocer los resultados de la investigación que le había mandado a hacer a Alondra, sin embargo, no había dejado de observarla, analizarla, estudiar sus actitudes, posturas, nunca estaba sola en el trabajo, siempre estaba rodeada de hombres, quienes no la dejaban alzar peso ni hacer ningún tipo de trabajo rudo, incluso muchas de las actividades asignadas a ella la hacían sus compañeros de trabajo, eso irritaba grandemente a Pir, primero porque no quería que nadie se fijara en ella, lo que no le parecía una actitud coherente, pero no quiso pensar en eso y segundo  le molestaba que ella se aprovechara de sus atributos para tener dominados a esa cuerdas de imbéciles, él conocía bien el tipo de mujer que era Alondra, era la misma clase de arpía que había engañado y hecho daño a su mejor amigo, y a quien se la había jurado.


Salió a buscarla quería reclamarle, pero en el fondo sabía que desde que la había conocido no podía apartar su vista de ella, la buscaba, siempre quería saber donde estaba, qué hacía, lo que tomaba, lo que comía, se había dado cuenta que tenían un deje de tristeza y a veces se abstraía pensando, tenía algo que la perturbaba pero no se atrevía a preguntarle, tenía miedo de caer en sus redes, la encontraba muy deseable, era como una muñequita frágil pero a la vez con carácter, y eso cada día le gustaba más, de hecho lo asustaba.


De inmediato su conciencia debatió esos pensamientos y lo incordió diciéndole “No te vayas a enamorar, el noviazgo, matrimonio, hijos, no son para ti, debes entender que en tu mundo nada de eso tiene cabida, escogiste tu destino, que lamentablemente para ti, excluye todo lo demás, no te hagas ilusiones si no quieres sufrir” —¿Sabes qué? —se respondió —no opines donde no se te ha pedido  tu opinión —espetó molesto.


Continuo buscándola hasta encontrarla en el depósito, tenía su mano colocada en el pecho de Stefano, mientras él iba acercándosele, la rabia de inmediato lo dominó, no sabía porque ella tenía esa capacidad de sacar su lado impulsivo y celoso, cuando siempre mantenía esas características suya bajo control, de su familia era quien menos poseía esos defectos, y ahora resulta que la mujercita esa, sacaba lo peor de él , respiró profundo diciendo con voz clara y fuerte—¡Sal de aquí Stefano!, ya conversaré contigo —espero que el hombre saliera y siguió con ella —¿Crees que este lugar es para que tú te escondas con tus amantes? —preguntó con rabia, mirándola a los ojos, ella no apartó su mirada de él, sino que la mantuvo firme.


—Stefano no es mi amante, no es lo que crees, yo tenía la mano en su pecho para alejarlo, lo estaba persuadiendo para que no me besara, no quería que lo hiciera.


Pir se quedó observándola y se dio cuenta de su sinceridad, si algo había aprendido a detectar dentro de los círculos en que se movía, era cuando lo engañaban y en ese momento ella no lo hacía—Te creo. Pero se que eres una seductora andante. Provocas las pasiones entre los hombres, esos ojos hipnotizan y atraen como el fuego a las polillas, esos labios —le dijo tocándoselos —son tan tentadores como la fruta tropical más jugosa.


El corazón de Alondra comenzó a latir con más fuerza, sintió que al rozar sus labios con la mano, un fuego fue iniciándose en su interior, y eso nunca lo había sentido, tenía miedo de caer ante él, no había conocido nunca un hombre que tuviera la capacidad de hacerla sentir vulnerable, Pir se le acercó y posó sus labios en la boca y comenzaron un suave beso que fue ganando intensidad hasta que sus lenguas se encontraron, él le recorría la boca por dentro, sus dientes , succionaba su lengua, mientras sentían que estaban siendo devorados por la llama de la pasión, la tomó por el trasero y la levantó para que sintiera lo potente de su excitación, hasta que Alondra reaccionó y se preguntó “¿Qué estás haciendo? te acaba de decir que te encerrabas con tus amantes allí y vas a caer en ese juego”.


Ella lo empujó  diciéndole  —Esto no está bien, no es correcto, estamos en el trabajo, tú eres el supervisor.


—Me gustas mucho Alondra y sé que yo te gusto a ti. Vamos a conocernos, por favor, solo quiero saber más de ti, tus gustos, tus anhelos, de dónde vienes, tus lugares favoritos, que te agrada, lo que no, porque vives sola, quiero saberlo todo de ti. Te invito a cenar, conozco un sencillo y acogedor lugar que te va a encantar, te prometo que no va a pasar nada si tú no quieres —manifestó esperanzado.


—Realmente ese es el problema, tengo miedo de mí, no de ti—respondió con sinceridad.


Pir se le volvió acercar la atrajo hacia él, tomándola por la nuca y volvió a besarla con pasión, la recostó en uno de los estantes, entretanto sus manos recorrían su cuerpo con una imperiosa necesidad, mientras sus respiraciones se agitaban producto de la fogosidad que experimentaban, Pir comenzó a desabrocharle la blusa que cargaba, dejando expuesto su brasier, mientras besaba su cuello e iba bajando hasta posar su boca encima del sostén y comenzar a succionar su seno, Alondra estaba enloquecida del deseo, pero un atisbo de cordura se coló en su mente  y  enseguida le sostuvo la cabeza con las dos manos apartándolo de si —No por favor, no quiero—pronunció en tono un tanto de angustia.


—Lo siento, te prometí que no pasaría nada si no querías—posó su frente en la de ella y con su mano izquierda comenzó a acariciarle el cabello con suavidad, hasta que sus respiraciones dejaron de estar agitadas—¿Aceptarás salir conmigo?


“Cuando te das cuenta que deseas pasar el resto de tu vida con una persona, quieres que el resto de tu vida empiece lo antes posible”

Anónimo

CAPÍTULO 4 ¿COINCIDENCIAS?

 

Alondra dudó, sus instintos le decían que no debía aceptar, de hecho tuvo una lucha interna entre su conciencia y su cuerpo, Pir le tomó las mejillas y comenzó acariciarla suavemente —¿Aceptas? —volvió a preguntar.

 

Ella lo observó un momento, posó la mano en su barbilla, luego la subió rozando con sus dedos su labio inferior, él le tomó los dedos y los besó uno a uno, Alondra sintió que su cuerpo ardía como brasa, sabía que era un peligroso aceptar esa invitación, pero desoyó  a su conciencia y ganó su cuerpo—. Aceptó ir contigo.

 

*********************************************************

 

Así transcurrió el resto del día, Pir no dejaba de pensar en la cita que iba a tener con Alondra esa noche, distracción que no era recomendable pues necesitaba tener sus cinco sentidos y sus instintos concentrados en lo que debía hacer. Tomó uno de los móviles desechables que tenía, marcó de una vez el número para confirmar la entrega que tenían prevista para ese  día.

 

—Giuseppe. Ya está todo listo, a la hora acordada se enviarán los hombres con el cargamento.

 

—Espero que no haya problema con esta entrega Pir, los jefes no están contentos últimamente.

 

—¿Crees que yo sí? Pues si así lo piensas, te equivocas  Giuseppe, porque yo tampoco lo estoy—expresó cortando la llamada.

 

No veía el día en que pudiera acabar… sus pensamientos fueron interrumpidos por una llamada al atender era Giuseppe —Quieren que tú personalmente te encargues de la entrega de esta noche.

 

 

—Hoy no puedo. Tengo compromisos previos que no puedo eludir.

 

—¿Qué compromisos pueden ser más importante que el trabajo? —interrogó el hombre.

 

—Ese es un asunto que solo me concierne a mí, no estoy obligado a darle explicaciones en ese aspecto a nadie—espetó con molestia.

 

—Te crees indispensable, ya te veré caer Pir, y cuando eso pase te estaré esperando.

 

—Entonces en ese momento nos veremos las caras Giuseppe, porque yo también te cargo entre ceja y ceja—cortó la llamada y estrechó el celular en la pared con rabia, mientras exclamaba—¡Maldito mafioso!

 

Se obligó a tranquilizarse, últimamente desde que había entrado a todo estos artilugios se alteraba con mucha facilidad, pues en ese mundo o te hacías duro y fuerte o simplemente no sobrevivías, tenía tiempo sin ver a su familia,  se moría por estar con ellos, pero no podía ponerlos en peligro, por más que había tomado previsiones para proteger su identidad, sabían que estaban tras sus pasos, era difícil llevar esa vida que había decidido hace algún tiempo llevar, pero nunca le había pesado tanto como ahora. Tomó otro de sus celulares y marcó a Manolo, su hombre de absoluta confianza, su amigo, quien sabía todo de él. Le atendió al primer repique —Manolo, esta semana no iremos con la familia, ellos me están siguiendo los pasos, no puedo arriesgarlos.

 

—Está bien señor Ro…—Pir lo interrumpió.

 

—Olvídate de eso Manolo soy Pir Roldán—le dijo con firmeza.

 

—Lo siento, pensé que como solo estábamos usted y yo—expresó el hombre con preocupación.

 

 —Nunca sabes quién puede estar vigilando. Otra cosa, busca a los muchachos, lleva dos camionetas con gente de seguridad para que nos brinden protección.

 

—¿A quiénes? —interrogó su guardaespaldas y amigo—Otra vez en tus andanzas con las chicas.

 

—No, esta me gusta bastante— señaló con sinceridad—por eso quiero que destines siempre gente que la vigile para que la cuide, por favor. Más tarde te doy los datos de ella—concluyó la llamada.

 

**********************************************************

 

Se hizo la hora de salir del trabajo, ella se fue a la habitación que tenía arrendada, se bañó y luego comenzó a buscar ropa para vestirse, estaba indecisa sobre que colocarse, porque no quería ponerse ropa de marca, tal vez Pir supiera de eso y se daría cuenta que provenía de una de las familias más ricas de Europa, pero también pensaba que no podía ir con los mismos jeans que usaba para ir a trabajar, así que decidió ponerse una braga negra descubierta en los hombros con unas sandalias tacón medio color carne, de solo imaginarse a Pir, se le erizaba la piel y sus pezones se erguían, nunca antes se había sentido tan descocada por un hombre, él la tenía realmente mal, se ponía a pensar que tenía de diferente a los otros, incluso a Taddeo porque jamás sintió por él ese volcán que bullía en su interior, pero no encontraba respuesta.

 

Se miró al espejo y se recogió el cabello en una cola atrás, se maquilló, solo uso polvo en su rostro y resaltó principalmente sus ojos, se echó rímel para rizar más sus pestañas,  y lápiz de ojos, se aplicó sombras en negro y beige, y se colocó un labial rosado. Tomó su bolso y salió nerviosa a esperarlo fuera de la casa donde vivía, llegó en una camioneta blindada, seguida de dos vehículos más. Nunca lo había visto fuera de las instalaciones del trabajo pero ese despliegue de seguridad, le dio una mala percepción, ¿Cómo alguien que solo era supervisor en una red de almacenes y supermercado, iba a contar con semejante protección? en ese momento llegó a su mente, que el padre de…sacudió la cabeza, no era tiempo de pensar en estupideces, si eso fuera así sería demasiada coincidencia, además él hombre que tenía frente así se llamaba Pir Roldán, ni remotamente, tenía los nombres de esa familia. Desechó la idea, en ese mismo momento él la tomó del brazo, le dio varias vueltas y le dijo —Estás demasiado hermosa, pareces más que una princesa toda una reina.

 

Ella no pudo evitar la radiante sonrisa que se dibujo en su boca, lo observó y Pir también estaba guapo, lo recorrió de pies a cabezas, cargaba un pantalón verde, una camisa negra y un abrigo negro de botones, con unas botas—Tú también estás muy guapo—expresó, él la tomó por ambas mejillas y la acercó a él, dándole un profundo beso.

 

—Sabes al más rico néctar, quisiera quedarme besándote para siempre—le mencionó con una sonrisa.

 

—Serás exagerado, creo no es posible hacer eso—manifestó sonriente.

 

—No estés tan segura, es mejor irnos a cenar, antes que pierda los estribos besándote y después tendrás que  abrir esa puerta para comer otro tipos de postre que se me ocurren—espetó con picardía.

 

Pir le abrió la puerta del auto y la ayudó a subir, luego de un par de minutos que se dio cuenta que los autos aún los seguían no pudo evitar preguntarle por lo que la inquietaba —Pir, ¿Por qué nos siguen esos autos?

 

Pir quería evadir la pregunta, sin embargo se convenció que no era lo más sensato —Son mis guardaespaldas—indicó en tono neutro.

 

—¿Por qué necesita un supervisor de tiendas, guardaespaldas?

 

 —Porque he recibido amenazas—respondió con sinceridad.

 

—¡¿Quiénes te amenazaron?! —exclamó preocupada.

 

—Alondra creo es mejor que no hablemos de ese tema, por favor, quiero disfrutar la velada contigo ¿Si? —le dijo mientras le tomaba la mano y se la besaba para luego colocarla en su regazo.

 

—Discúlpame, no fue mi intención importunarte—expresó con preocupación.

 

—No por favor, no me estás importunarte, te prometo que después te cuento, pero ahora solo quiero conocer de ti.

 

—¿Por qué tendría que contarte mi vida si tú no quieres contarme parte de la tuya? —interrogó Alondra.

 

—Porque mi vida es demasiado complicada—pronunció—nunca pensé que ciertas decisiones que tomé en el pasado, tuvieran consecuencias tan fuertes hoy día.

 

—Tengo la leve impresión que no estamos hablando de tu trabajo de supervisor—afirmó con curiosidad.

 

—Quizás no, pero todo a su debido tiempo.

 

Llegaron al estacionamiento del Restaurant Settimo Roman Cousine & Terrace, vía Lombardia, aparcaron el vehículo, él le abrió la puerta y caminaron tomados de las manos, la llevó a la zona de la terraza donde se divisaba una espectacular vista, de inmediato el maître los ubicó en una mesa y les entregó el menú de la comida y los vinos. Momento después ellos pidieron una crujiente accola con vegetales crudos,  ombrina de limone con tomillo, espinacas, perejil, viterbese en aceite de Marfuga y tomates seco y un Spaguetti de Coco a la carbonara y una botella de vino tinto de Cabernet Sauvignon.

 

Les sirvieron las copas mientras esperaban la comida, ella empezó a contarle de su vida, de lo antipática que era de niña, de sus viajes a La Toscana y la playa que amaba el mediterráneo, él por su parte no le contó mucho de su vida, le omitió muchas cosas, aunque si le habló de los diferentes géneros musicales que le encantaban, de literatura, de arte, ella le habló con pasión de la pintura de reconocidos artistas, nombrándole a su madre sin decir que era ella.

 

—A propósito, yo conozco a Sophía Madrid y a Anna Ferrestra—Al darse cuenta del error que iba a cometer le dijo—bueno la vi cuando estaba pequeño, no tendría más de nueve años que mis padres me llevaron a una exposición—corrigió con rapidez.

 

La comida les fue servida y siguieron comiendo con gusto con mientras conversaban, lo hicieron por horas, hasta que él le propuso —Déjame llevarte a Ostia, mañana te toca el día libre, amaneceremos en la playa, yo despido a los guardaespaldas para que estemos solos, ¿Si? Por favor—le pidió con esos hermosos ojos azules tan cautivadores y ella debatiéndose entre aceptarlo o no.

 

Y otra vez no pudo negarse, ese hombre la hacía hacer cosas que regularmente no haría. Así que se fueron a la playa, hizo como había dicho despidió a sus guardaespaldas, llegaron al décimo municipio de la comuna de Roma a Lido de Ostia, ubicado cerca del otrora puerto de Roma, que hoy día se había convertido en un importante sitio arqueológico, denominado la Ostia Ártica, ubicada en las costas del Mar Tirreno que forma parte del Mar mediterráneo frente a las costas occidentales del país, ubicado solo a treinta minutos de Roma.

 

Al llegar, se estacionó  en una zona ubicada a minutos de la playa y luego caminaron tomados de la mano, al llegar a la playa, el sitio estaba solitario, se quitaron los zapatos y comenzaron a caminar por la orilla del mar, mientras ambos sentían en sus pies las agradables partículas de la arena y luego las olas al regresar bañaba la parte inferior de sus cuerpos dándoles una sensación de bienestar, iban conversando, ella le hablaba de que pequeña iba con sus padres y su hermano, le contaba que ella corría a la orilla de la playa porque no le gustaba bañarse por lo salado, su padre la perseguía y luego se introducía con ella, jugaba en sus hombros, mientras ella se reía encantada, le contó que esos eran los momentos más divertidos.

 

—Ósea que eres la niña consentida de papá—le dijo riéndose.

 

—Era la niña consentida de papá—mencionó un poco triste, pero en ese momento una gran ola los bañó y ella comenzó a reír a carcajada.

 

Él la observaba y miraba su esplendorosa sonrisa, y aunque era de noche, estaba iluminada por una hermosa luna que en plenilunio le permitía observar lo brillante de sus ojos, así supo del profundo amor que ella sentía por su padre, Pir la observaba embobado tratando de grabar en su memoria cada gesto y expresión de su rostro, dejó se caminar, y la atrajo hacía sí, besándola, en un principio fueron pequeños besos, hasta que luego de unos minutos se fue haciendo más exigente, comenzó a devorarla con mucha pasión, sus sentidos se embriagaron al contacto uno de otro, despertando sublimes sensaciones que les hacía solo estar consciente uno del otro, concentrados en dar y recibir.

 

Pir momento después la levantó de la arena y sin dejar de besarla caminó con ella a un lugar más oculto, la acostó en la arena y comenzó a recorrer cada parte de su cuerpo, recorrió su cuerpo con sus manos, tomó la de ella y la llevó a su masculinidad para que sintiera la excitación que le estaba produciendo, mientras le decía —Te deseo Alondra, como te juro que nunca he deseado  a nadie en mi vida.

 

Sus palabras penetraron en su conciencia, y aunque se dio cuenta que ella tampoco había sentido antes esa intensidad de emociones, tuvo temor, no podía seguir siendo la misma chica caprichosa e irresponsable que se dejaba llevar por lo que quería —Lo siento Pir, yo aún no estoy preparada para dar este paso, por lo menos no en este momento.

 

—¿Eres virgen? —interrogó dubitativo.

 

Ella soltó una gran carcajada y movió negativamente su cabeza, regresándole la pregunta —¿Lo eres tú acaso?

 

Pir se sonrió —Es diferente, soy hombre.

 

—¿Y quien dice que una mujer si debe conservarse virgen, mientras que el hombre puede dar rienda suelta a sus deseos? —interrogó ella, ahora con un rastro de molestia.

 

—No quise decir eso, es solo que muchas veces se espera que las mujeres tengan menos experiencia que los hombres.

 

—Me parece que eso es un pensamiento machista, tanto el hombre como la mujer estamos hechos casi iguales, nos diferencia son nuestros órganos reproductores y sexuales, pero desde el punto de vista de las emociones y sensaciones, sentimos lo mismo, odio, enojo, amor, tristeza, deseo, placer. Entonces considero que si un hombre no se limita a la hora de estar con una mujer, ¿Por qué debemos hacerlo nosotras?

 

—¿Eres una feminista? —preguntó  mientras la miraba intensamente.

 

—Si te refieres a que soy partidaria de la igualdad entre hombres y mujeres desde el punto de vista social, sexual y económico. Y que no venga un hombre a querer dominarnos simplemente por ser mujeres, entonces si lo soy—concluyó seria.

 

Él le tocó sus labios y luego la besó—Te juro que no soy machista, estoy totalmente de acuerdo contigo, solo quise conocer tu opinión, además opino como Arjona, no es dama la que se abstiene sino la que se detiene cuando encuentra el amor. Y entiendo perfectamente tu opinión incluso la comparto, aunque me críe más con mis abuelos, pase muchos momentos junto a mi mamá y a mi hermana, y a pesar de que ellas son dos, terminaban dominando en la casa más que mi padre y yo, incluso papá evitaba que mi madre se enojara porque esa andina caribeña cuando se enoja hay que montarse o encaramarse, como dicen en su tierra.

 

—¿De dónde es tu madre? —preguntó ella con curiosidad.

 

—Es venezolana.

 

—Yo tengo unos conocidos que la esposa es venezolana y su esposo creo argentino.

 

—¿En serio? Qué casualidad, mi padre también es de allí, pero se vino con mamá hace mucho tiempo para Italia.

 

—¿Ósea que tú eres más italiano?

 

—He vivido en muchos lugares en Argentina, de hecho cuando se mudaron mis padres para acá duré solo un año y me fui a Argentina, luego regresé pero no me adapté a los amigos y costumbres de aquí, me fui a España, mis abuelos se fueron conmigo, yo soy su consentido, veníamos a Italia de vacaciones, durábamos todo el verano porque mis abuelos les encantaba disfrutarnos a mi hermana y a mí. Y Barcelona es mi lugar preferido, hice muchos amigos, sobre todo uno,  mi hermano del alma, no me lo dieron mis padres sino la vida, incluso cuando salía de vacaciones se venía conmigo, siempre fuimos inseparables, pero esa vez decidió quedarse y la desgracia se ciñó sobre él.

 

—¿Qué le pasó? —interrogó ella con curiosidad.

 

—Una maldita, mal nacida se burló de él y mi amigo atentó contra sí mismo…—dijo con apenas un odio contenido. Pir trató de controlar el cúmulo de emociones que empezaron a salir de su interior, no podía pensar en eso ahora, no debía quebrarse, respiró profundo, hasta lograr calmarse—lo siento Alondra, no quiero seguir hablando de eso, aunque han pasado años me sigue doliendo como el primer día— expresó mientras sus ojos se humedecían.

Alondra dio un respingo, porque en ese momento se acordó de Cristiano, quería seguirle haciendo preguntas pero había quedado totalmente muda, las palabras no salían de su boca, y aparte de eso, era notorio que Pir no quería seguir hablando del tema, luego pensó, “eso no puede ser, sería una desgraciada coincidencia, que ella quisiera escapar del pasado y este la persiguiera, y si eso fuera así, nunca se perdonaría que ese haya sido el final de quien fuese su primera relación”. Pensó con angustia a punto de llorar.

 

 

“ A veces es necesario sufrir las consecuencias de nuestros actos para poder aprender de nuestros errores”

Anónimo


 CAPÍTULO 5. DIVIRTIÉNDOSE COMO NIÑOS

 

En ese momento uno de los teléfono de Pir  sonó, él lo atendió de inmediato pero antes de alejarse. Alondra se levantó de donde estaba sentada, y en sus bruscos movimiento empujó a Pir, quien se quedó desconcertado por su actitud y más aún cuando sin razón aparente comenzó a correr como loca por la playa; Alondra sentía que las lágrimas corrían por sus mejillas, mientras repetía como una mantra en voz alta —No puede ser él, no puede ser, la vida no puede ser tan cruel. Dios mío por favor que ese chico no haya sido Cristiano.

 

Luego de un momento Pir la alcanzó, la volteó hacía él, abrazándola—¿Qué paso cielo? ¿Por qué saliste así?

 

—Lo siento—espetó llorando—lo que me contaste me hizo recordar a alguien.

 

—Si ¿A quién? —preguntó con curiosidad.

 

—No te preocupes, creo que ando más sensible que de costumbre, tal vez sean mis hormonas, no sé —luego se tapó la boca avergonzada—¡Que loca soy! —.Expresó apenada—olvídate de todo lo que has escuchado.

 

—Solo con una condición—respondió Pir.

 

—¿Cuál? —preguntó ella.

 

—Amanezcamos—pronunció Pir—Vamos amanecer durmiendo en la playa, quiero estar muy cerca de ti, ver el alba reflejado en tus ojos y tu cabello, como la más hermosa de las criaturas.

 

—Lo siento mucho Pir, pero hoy me siento indispuesta, me ha dado un dolor de cabeza, por favor llévame a mi casa—manifestó con el rostro desencajado.

 

—Está bien bonita, nunca haremos nada si tú no quieres. Si es tú deseo ir a casa, para allá iremos—expresó mientras la tomaba de las manos y caminaban a donde estaba el vehículo.

 

Por el camino Alondra iba preocupada, se sentía muy triste por lo que Pir le había comentado, si su amigo era el mismo Cristiano, sería una gran desgracia.

 

Pir volteó la mirada hacia ella y la vio mortificada, su expresión transformaba su hermoso rostro, no le gustaba verla así tan triste. Decidido aparcó a la orilla de la carretera, ella lo miró sorprendida, cuando el rodó su asiento hacía atrás y el de ella, la tomó de la mano y la sentó en su regazo —¿Qué te sucede bonita? ¿Hice algo que no te gustó? Si es así discúlpame, nunca ha sido mi intención incomodarte.

 

Alondra colocó sus manos en cada una de sus mejillas, mientras pronunciaba —Claro que no Pir, no has hecho nada, es simplemente que no me siento bien, entonces por ahora no soy buena compañía, mi dolor de cabeza es demasiado intenso.

 

Pir  le giró el rostro y llevó sus manos a la cabeza de Alondra, comenzó a darle un masaje craneal, colocó las yemas de sus dedos en el cuero cabelludo,  y le dio masajes con suaves movimientos, luego ejerció pequeñas presiones sobre la cara y en las zonas temporales de la cabeza. Alondra sentía una agradable sensación, de su boca salieron pequeños gemidos de satisfacción, este hombre tenía unas manos maravillosas, con cada fricción de sus manos en su rostro, cráneo, la sensación de bienestar iba en aumento, por varios minutos se dedicó con mucha concentración  a reducir su tensión, luego bajó por su cuello, hasta sus hombros, pero enseguida la excitación se apoderó de ella y de Pir, Alondra sintió en sus glúteos el roce del producto de la excitación de él, su miembro erguido buscaba liberarse de su prisión, ella lo miró su rostro y pudo ver sus ojos velados por el deseo.

 

 Deseaba con todo su cuerpo entregarse a esas sensaciones, pero la mesura la obligaba a comportarse y no seguir haciendo las cosas mal, si  estaba decidida a cambiar debía trabajar para hacer las cosas bien, estaba en esos pensamientos, cuando él dirigió sus manos a sus senos y comenzó a masajearlos colocando sus dedos pulgares a la altura de sus pezones y luego empezó a hacer pequeños círculos, estaba tan excitada que sentía que todas sus terminaciones nerviosas se encontraban activadas, sintió henchirse su vulva y sonoros jadeos empezaron a salir de su boca.

 

Pir asaltó su boca y comenzó a succionarla con desbordante pasión, ella se sentía que estaba en el punto de no retorno, con el último resquicio de cordura expresó con voz ronca —Por favor Pir—su mente tenía una cruenta lucha, por una parte su cuerpo quería entregarse completamente, a esa maravillosas sensaciones que la tenían a poco de llevarla al punto más álgido del éxtasis, pero su conciencia le gritaba que se detuviera, que nunca se respetaría así misma si caía con Pir ante la primera cita —buenmozo ¡para! no creo sea el momento, para por favor—concluyó con angustia.

 

Él de inmediato paró, ella pensó que se molestaría, pero al observarlo solo vio su rostro mirándola con intensidad y un poco acalorado producto de la excitación —. Lo siento Pir. Pero es que necesito tiempo.

 

—Bonita, te doy todo el tiempo que necesites. No quiero presionarte, solo puedo decirte que esto que está surgiendo entre nosotros es importante para mí ¿Me aceptarías una invitación para pasar el día de mañana? Sé que es tu día libre, yo también lo tomaré ¿Qué te parece?

 

—¿Dónde iremos? —dijo dubitativa.

 

—Pues mañana volverás a ser una niña, te encantará lo que haremos. Será una sorpresa.

 

—Está bien, iré contigo.

 

La sentó en su asiento y retomaron el camino a la casa de Alondra, bajó de la camioneta, le abrió la puerta para que ella saliera, le dio un profundo beso en su boca.

 

—Descansa, mañana vengo por ti temprano.

 

—Tú también. Hasta mañana—Ella caminó hasta su habitación con una sonrisa, llegó y se arrojó a la cama, sentía su corazón latiendo apresuradamente, sus manos sudaban y de solo pensar en él se emocionaba.

 

—Estoy enamorada. Todo esto es el verdadero el amor. Es tan bonito, quisiera estar todo el día con Pir, que me bese, me abrace, me acaricie—se levantó, se desnudó y se fue al baño, se imaginó que la recorría con la mirada, que la tocaba, comenzó a sentir los primeros indicios de su excitación, para calmar su deseo por él, comenzó a tocar sus senos de la misma forma que él lo había hecho, bajó una de sus manos y la llevó al centro de su feminidad, donde fue introduciendo cada uno de sus dedos en su interior, cerró sus ojos y tocó sus pliegues imaginándose que eran sus manos la que la recorrían y así se fue dando placer hasta explotar en un maravilloso orgasmo pronunciando el nombre de él, en el proceso—Oh Pir ¡Por Dios! —se miró al espejo y le devolvió como reflejo una chica acalorada con indicios del placer que se había suscitado. Pero su satisfacción no duro por mucho tiempo, no dejaba de pensar en él, necesitaba estar con Pir, porque su ser ocupaba totalmente sus pensamientos.

 

***************************************

 

Pir  luego de dejar a Alondra, se montó en su vehículo y arrancó con camino a su departamento, dónde sus pensamientos giraban solo entorno a esa chica ojos ambarinos  verdosos —Me he enamorado, ¡No es posible! —exclamó incrédulo. Al llegar a su casa se desnudó y se acostó, no quería bañarse porque no quería perder el sabor ni el olor de su chica, pero no podía dormir pensando en ella, aparte de su gran erección que lo tenía inquieto, se levantó se fue al baño y en su honor se dio el más dulce placer.

Al salir, no pudo evitar tomar el teléfono y marcarle, al primer repique Alondra le respondió —Hola.

 

—Bonita, no dejo de pensar en ti.

 

—Yo tampoco—respondió ella con timidez.

 

—Nunca me había vuelto idiota por ninguna chica, solo contigo.

 

—Ni yo tampoco por ningún chico.

 

Así siguieron conversando, riéndose, compartiendo sueños y pensamientos por lago rato, cuando se percataron habían trascurrido casi tres horas, ya el reloj marcaba más de las dos de la mañana. Se sorprendieron de que el tiempo hubiese pasado sin que ninguno de los dos se hubiese dado cuenta, enseguida se despidieron, se acostaron y esta vez el sueño si llegó, solo que antes de hacerse la cinco de la mañana Alondra se despertó con la misma pesadilla que la perseguía todas las noches, causándole tan mal sabor de boca.

 

Después de la pesadilla se levantó se bañó, se vistió y aunque Pir pasaría a recogerla a las nueve de la mañana, a las seis y media estaba lista. Salió de su habitación, decidió caminar hasta llegar a un pequeño restaurante, mientras estaba esperando que le sirvieran el pedido, sonó su celular y era Pir.

 

—Hola bonita, ¿Pudiste descansar?

 

—Hola buenmozo, dormí un par de horas, luego me desperté con una pesadilla.

 

—¿Dé que trataba? —interrogó curioso.

 

—Siempre sueño que tres hombres me atacan sexualmente—respondió sin pensarlo, porque en verdad la reiterada escena que vivía todas las noches la inquietaba demasiado, sentía que cada día esa situación la volvía más vulnerable, necesitaba por lo menos decirle a alguien de lo que pasaba aunque creía que no era el indicado.

 

—Debe haber algo que las provoque, cuando una pesadilla es repetitiva, puede haber trastorno de ansiedad o depresión o trastornos de sueños, es bueno investigar las causas.

 

—No sé en verdad porque se generan pero me causan demasiada angustia.

 

—¿Dónde estás? —inquirió Pir.

 

—Estoy desayunando un par de emparedados en un pequeño sitio en el sector Colonna.

 

—¿Puedo acompañarte? —interrogó esperanzado.

 

—Estaba loca porque me preguntaras eso. Si ven, te espero. Te pediré lo mismo que ordené yo, para que al llegar puedas comer.

 

—Te confieso que estoy a escasos kilómetros de allí, yo estaba cerca de donde vives. No podía esperar más tiempo para verte. Me da miedo que huyas despavorida de mi y pienses que soy un acosador, pero es que no puedo dejar de pensarte, estás siempre en mi mente bonita, te introdujiste en ellos y no hay forma de sacarte de allí.

 

Con cada palabra que Pir pronunciaba sentía una euforia y su sonrisa se iba ensanchando, él estaba tan colado de ella, como lo estaba por él, y eso le emocionaba sobre manera, alguien a quien le gustaba sin poses, con su nuevo yo natural, eso la hacía sentir muy feliz, lo había enamorado siendo ella misma auténtica, sin ninguna artimaña. Aunque estaba pendiente la mentira de su nombre y la posición de su familia, pensaba decírselo a su momento, de todas maneras consideraba eso no era relevante porque ella por sí mima, carecía de medios de fortuna, y allí no estaba mintiendo, una cosa eran las riquezas de sus padres y otras distinta su condición económica.

Un par de minutos después seguían conversando por teléfono, hasta que al extender la vista él estaba frente a su mesa con una cautivadora sonrisa, cortó la llamada, se le acercó y la besó exigentemente, mientras sentía que la excitación recorría su cuerpo como una maravillosa energía, él la tomó por su cuello acercándola más a él, mientras  sus lenguas danzaban acopladas una a otra, se liberaron cuando se dieron cuenta que su control estaba a punto de irse al garete, se liberaron, sus respiraciones agitadas, hacía que sus diafragmas se movieran, mientras que ambos luchaban por llevar oxigeno a sus pulmones. Pir se sentó, para tranquilizarse, ambos se miraban con un desbordante deseo.

 

El primero en hablar fue Pir —Bonita, no sé cuánto tiempo pueda aguantar sin poder hacerte el amor, eres como el aire que respiro, como la luz al amanecer, la lámpara que alumbra mi anochecer. No puedo dejar de pensarte. Quiero estar contigo siempre y nunca alejarme de ti, me cautivaste y me siento perdido si no estás junto a mí.

 

—Yo también Pir, te has convertido en una obsesión, tengo miedo de todo lo que está pasando, varias veces  al día me pellizco para comprobar si todo esto es real, es todo tan hermoso, tan nuevo, no puedo aguantar más, necesito estar contigo, fundirnos como uno solo, no dejo de pensar en ti.

 

Se tomaron de las manos, mientras desnudaban sus sentimientos frente al otro, así permanecieron hasta que les sirvieron la comida. Comenzaron a comer pero querían mantener sus manos unidas, lo que les dificultaba hacerlo, para simplificar el trabajo, él la alimentaba a ella y viceversa; lo bueno es que su mesa estaba ubicada al fondo, lo que los protegía de las miradas curiosas.

 

Se alimentaban, se besaban, se acariciaban, luego de una hora se levantaron, caminaron hasta el sitio donde estaba ubicado el auto de Pir, de allí emprendieron el camino hacia el lugar donde la iba a llevar.

 

Después de un recorrido de aproximadamente un poco menos de treinta minutos llegaron al Parque de atracciones Baby Luna Park, el cual tiene una extensión de doscientos metros cuadrados de se encuentran diferentes atracciones para niños, adolescentes y adultos. Alondra quería subirse a una de las camas elásticas, Pir se sonreía —Estás loca bonita como vamos a subirnos allí, es solo para niños y adolescentes—ella  hizo un gesto de tristeza en sus ojos que a él lo conmovió, pensando en que estaba perdido con esa mirada, no habría nada que esa hermosa mujer no pudiera conseguir.

 

Convencido caminó a conversar con el encargado del área para que le permitiera subir con Alondra, el chico accedió de buena gana  y al notificarle a ella se puso feliz. Así caminaron hacia la cama elástica, él la ayudó a subir, ella empezó a saltar mientras se carcajeaba, se veía tan desenfadada no pudo evitar fotografiarla, mientras ella hacía gestos cómicos en su rostro, se veía feliz, le pidió que se subiera y no pudo negarse, y ambos comenzaron a divertirse parecían un par de niños, se abrazaron y comenzaron a saltar juntos, cómodamente, se divirtieron muchísimo, empezaron hacer figuras de letras en el aire, hicieron V y L, giraron sus cuerpo en varias direcciones, sus semblantes relajados, se olvidaron de las preocupaciones y el afán que trae consigo cada día, se divirtieron como nunca, pensando solo en ellos dos y los felices que eran de estar uno junto al otro, se entretuvieron hasta que el cansancio  les pegó, dejaron de brincar hasta que la cama se estabilizó y saltaron fuera, el primero en hacerlo fue Pir cayendo de pie, luego lo hizo ella y él la atrapó, quedaron tan juntos uno de otro, que no resistieron la tentación de darse un tierno beso, sin embargo, el sentido común acudió a su rescate y se separaron.

 

Al salir de la cama elástica, se fueron a comprar algo de tomar, conversaron un momento y luego salieron rumbo a la sala de juegos, allí se pararon en el juego de puntería, consistía en derribar un set de diez botellas, con una pistola que usaba de municiones balines de plástico, si derribaban todas, el vencedor tenía la posibilidad de ganarse un premio. Alondra se colocó las gafas protectoras y comenzó a disparar, con cada intentó se sentía frustrada, había realizado ocho intentos de diez tiros cada uno y solo le había dado a una sola botella. Su cara ceñuda, demostraba que estaba molesta —Amor quita ese ceño fruncido, te saldrá una línea de expresión, es sólo un juego. Te compro el peluche o el premio que quieras, te regalaré uno de tu tamaño, para que duermas con él.

 

—No quiero, quiero es ese peluche aguamarina que está allí—manifestó con molestia.

 

—El peluche que te he ofrecido es muy grande, ese es pequeño.

 

—Pero yo quiero es ese—señaló terca

 

—Pareces una niña caprichosa empeñada en ese—dijo con una sonrisa—ven y yo los derribo para que te ganes tu peluche.

 

—No es capricho, tampoco tiene sentido que lo hagas tú sabes, quería saber que es lograr ganar algo por ti misma, sin que otros lo hagan por ti—explicó entristecida.

 

—Ven vamos hacer algo. Hagámoslo entre los dos—propuso Pir.

 

—¿Y tú sabes algo de tiro al blanco? —expresó dubitativa.

 

—No sé, tal vez pueda hacerlo mejor que tú—expuso, rodeándola con sus brazos y sosteniendo junto con ella el arma, mientras le daba indicaciones—mientras realizas el disparo debes retener la respiración por unos segundos, eso hace la diferencia entre un disparo certero o errar el tiro, sobre todo si es a mediana o larga distancia. Porque si respiras, cuando inhalas el diafragma se contrae y se mueve hacia abajo, trayendo como consecuencia que la cavidad torácica se expanda hacia abajo y se levante con los hombros y cuando exhalas se relaja y empuja hasta dejar salir el aire de los pulmones, haciendo que el pecho y los hombros caigan ligeramente, por ello debes agregar unos segundos a la pausa respiratoria natural.

 

Alondra siguió las instrucciones de Pir y efectivamente realizaron los diez tiros certeros para ganarse el premio, ella abrió la boca gratamente sorprendida mientras le decía —¿Cómo que tal vez sabías algo? Eres un campeón de tiro ¿Cómo sabes? ¿Quién te enseñó?—interrogaba curiosa, mientras los presentes veían con admiración a Pir.

 

—Se algo, no mucho. Después te cuento.

 

Procedieron a retirar el premio y ella contenta tomó  su peluche aguamarina, lo abrazó, apretándola contra su pecho, con una radiante y hermosa sonrisa, que reflejaba la felicidad que la invadía declaró —Muchas gracias por ganar este premio para mí—luego se acercó a él, lo tomó del cuello y le estampó un beso que lo excitó sobremanera, hasta tal punto que la asió de la cintura y la acercó a él.

 

—Eres maravillosa Alondra, ha sido una bendición haberte conocido—bajó por su cuello y probó su sabor, esa acción de inmediato se reflejó en su intimidad que pulsaba deseosa de ser tocada, besada y penetrada por él—Vámonos de aquí bonita—expresó con un tono de voz ronca y los ojos nublados por el deseo.

 

Al verlo Alondra tomó una decisión, no esperaría más para ser suya, no le importaba el poco tiempo que había transcurrido desde que empezaron a salir, había muchas diferencias entre el antes y el ahora, porque en su pasado, antes había estado con un hombre por mero capricho, pero esta vez estaría haciendo lo correcto porque estaría con Pir, porque sabía que era especial,  su cuerpo, su alma, su corazón le reclamaban formar uno solo con él  y no quería seguir negándose a ello, concluyó con determinación.

 

 

 

 

“El primer amor no siempre llega en orden”

Anónimo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 6. LA TRAMPA

 

Luego de salir del parque se fueron a cenar, pero justo cuando habían pedido la comida, Pir recibió una llamada —Aló, Roldán, debes presentarte para la entrega de esta noche.

 

—Pero ustedes no me habían avisado—respondió molesto, mientras veía que Alondra, se mantenía lo más neutra posible, sin emitir ningún gesto, le daba un poco de temor que ella descubriera algo que la hiciera alejarse de él. Pero es que esa parte de su vida no la hablaba con nadie, ni siquiera con su padre con quien tenía una absoluta confianza, solo se lo había enunciado a su abuelo y a muy groso modo, por supuesto que no le había agradado nada, diciéndole que prefería mantenerse en la ignorancia.

 

—Acaso no sabes que debes estar como los boy scout—expresó su interlocutor con burla—“Siempre listos”, “Siempre alertas”, no te descuides Roldán, porque te tengo en la mira y lograré ir por ti así sea lo último que haga.

 

—Por favor Giuseppe, el que va a actuar no amenaza, no te tengo el mínimo miedo, puedes venir tú y quienes quieran.

 

—¿Qué tal si voy detrás de esa linda criaturita que tienes? ¡Se ve apetecible! Con esos hermosos ojos ámbar verde y esas ricas caderas para acogerme, es que me la imaginó gimiendo debajo de mi, ¡Oh por Dios! con solo de imaginarlo  una parte de mi cuerpo se pone muy dura y lista para introducirme en ella—concluyó con una carcajada.

 

Pir se levantó de la mesa con violencia, se paró con su rostro enrojecido de la furia que tenía y que hervía en su sangre a punto de explotar, camino hacia afuera y espetó —¡Maldito desgraciado! Ni se te ocurra acercártele porque hasta ese día vives, porque te destrozaré con mis propias manos y no es amenaza, es una predicción ¡Maldito malparido!  ¡Hijo de puta!

 

 

El hombre se carcajeó placenteramente— ¡Vaya que sorpresa! Así que la chiquilla esa es tu talón de Aquiles, resultó muy interesante esta conversación, muchísimo más de lo que me imaginaba—pronunció mientras le cortaba la llamada, no sin antes expresar una sonora carcajada.

 

De inmediato Pir marcó a Manolo—Debes enviar hombres leales, totalmente de confianza para que cuiden y protejan a Alondra, perdí los estribos con el mal parido de Giussepe, me provocó y caí. Revelé muchísimo  y la he puesto en peligro. Encárgate de ese desgraciado como mejor te parezca, no lo quiero ni un día más jodiéndome la vida.

 

—Veo que te alteró más de lo que imaginaba, porque sólo de esa manera entendería que mandes a encargarnos de él, al mejor estilo de la mafia, sabes que si haces eso, todos se darían cuenta de quién fue el responsable de todo.

 

«En la organización conocen de tus piques con él ¿Por qué crees que Giuseppe no ha mandado a desaparecerte? Porque está claro, que si te pasa algo, será el principal sospechoso; esa es la razón por la cual no debe pasarle nada a ninguno de los dos, porque de sucederle algo a alguno de los dos, automáticamente sabrán que fue el otro quien accionó. Él está jugando a sacarte del quicio, para que cometas un error y ya descubrió del pie que cojeas.

 

Pir se pasó la mano por su cabeza, Manolo tenía razón, debía pensar con cabeza fría, capaz lo había seguido y había descubierto su relación con Alondra o alguien de su círculo cercano le había pasado información, por eso debía andar con pie de plomo y proteger a Alondra —Está bien, tienes toda la razón. Pero por favor, designa a un par de hombres para que la cuiden.

 

—Pierde cuidado, me encargaré personalmente de su protección—señaló con firmeza Manolo.

 

—Vente al Restaurante   La Matricianella, en la vía Dell Leone, te espero aquí—manifestó con firmeza, despidiéndose de su interlocutor.

Pir Caminó hacía la mesa donde se encontraba Alondra, al llegar ella ya estaba comiendo, lo recibió con una gran sonrisa, que lo derritió totalmente e hizo que todo su enojo se disipara —Bonita has empezado sin mí, que cruel eres.

 

—Buenmozo, lo siento pero es que estaba famélica, desayunamos en la mañana y durante el día solo nos hidratamos, perdóname por no esperarte—concluyó torciendo su boca ligeramente hacia arriba en un gesto encantador y seguidamente llevaba a su boca unos bucattini all´amatriciana

 

—Tranquila Bonita, discúlpame tú por haberte dejado sola, es que debí atender esa llamada. Terminamos de cenar y te llevo a tú casa, es que necesito hacer algo que no puedo eludir.

 

Al oís sus palabras, hizo un gesto de tristeza en su rostro que a Pir no le pasó desapercibido —Entonces ¿Nos despediremos en un momento?

 

—Sí, pero te prometo nos veremos mañana en el trabajo—afirmó acercándosele y besando sus labios —Sabes a un exquisito Champagne—la tomó de la mano y comenzó  a hacerle pequeños círculos en la palma con movimientos leve, lo que provocó en ella una excitación instantánea, necesitaba estar con ese hombre, porque si no se consumiría por auto combustión.

 

—Saliste un tanto turbado o molesto ¿Pasa algo? —preguntó.

 

—No, fue una pequeña disputa laboral nada que no pueda resolver. Alondra no vayas a abrirle la puerta de dónde vives a ningún extraño, tampoco hables con personas que no conozcas.

 

Alondra soltó una carcajada —Pir, ¿Qué son esas indicaciones que parecen dadas a un niño?

 

—Bonita, por favor no te lo tomes a broma, estoy preocupado, no me preguntes porqué. En un momento llegará un amigo que quiero que conozcas, si no me localizas en algún momento puedes dejarme recado con él, si necesitas algo ó te encuentras en alguna situación de peligro, guardarás su número y lo contactaras a él, a Manolo le confiaría mi propia vida—expresó vehementemente.

 

—Pir, no sé qué pasa pero esa actitud me parece un tanto preocupante ¿Hay alguna razón por la que crees que debo tomar previsiones?

 

—No princesa, es sólo previsiones por las amenazas que te dije que había recibido hace un par de días, por eso estoy extendiendo a ti mi protección, porque eres muy importante para mí, creo enloquecería si algo llegase a pasarte. Te prometo que voy a contarte todo y entenderás—sus palabras fueron pronunciadas con tanta sinceridad, que lograron conmoverla en gran manera, al percatarse que le interesaba a Pir, al extremo de enviarle protección porque no quería que nada le pasara.

 

—Está bien, haré como me estás diciendo—aceptó resignada. Minutos después llegó Manolo, se lo presentó, conversaron un momento, hasta que Pir manifestó que tenía que irse, pero que su amigo la llevaría a su casa y pagaría la cuenta, Manolo hizo un gesto de inconformidad que causó risa a Alondra. El chico se despidió con un beso, la abrazó y quedó en verla temprano al día siguiente, salió del restaurante con paso firme sin mirar atrás, dejándola al cuidado de Manolo. Minutos después, luego de pagar, la llevó a su casa  y le envió un mensaje desde varios móviles para que guardara sus números telefónicos.

 

Al llegar a su residencia, Alondra se bañó, se puso su pijama y tomó el peluchito que se habías ganado ese día, abrazó al pequeñín, encendió el televisor para ver un programa, sin embargo,  inmediatamente producto del cansancio se quedó dormida.

*****************************************************

 

Pir había llegado al sitio acordado, prefirió pasar primero por donde el “Jefe”, se anunció y a los pocos minutos lo hicieron pasar, estaba sentado en su despacho, un hombre alto, aunque no más que él de un metro ochenta de estatura, moreno, ojos negros de aproximadamente un poco más de sesenta años, pero aparentaba menos—¿Qué haces aquí? ¿Acaso Giuseppe no te informó que serías el encargado de la entrega en el puerto, porque él se encargaría  de la otra ruta?

 

—Carozzo, recibí las instrucciones, solo que me extrañó que no me las hiciera llegar usted mismo ó mediante Basciano, por eso vine a verificar la información.

 

—¿Pir estás cuestionando mi forma de actuar? —interrogó el hombre con molestia.

 

—Para nada Carozzo, sabe que sus deseos son órdenes para mí, es que simplemente no confío para nada en Giuseppe.

 

Al oírlo el hombre se levantó con violencia de la silla y se le paró enfrente enojado, decían que no podían hacer enojar al “Jefe” porque era muy impetuoso y cuando le llevaban la contraria no tenía que ver y se ensañaba en contra de quien se atreviera hacerlo, pero Pir no era cualquiera, a pesar de la rabia que demostraba el hombre, el chico se mantuvo inamovible, observándolo fijamente —¡Maldita seas tú, mocoso! —espetó con enojo—despiertas mi cólera y aún así te mantienes erguido y mirándome desafiante, todos mis hombres tiemblan frente a mi actitud, por menos que eso he llevado a unos a sus tumbas, si no fuera porque me gusta esa actitud de suficiencia hace tiempo hubiese acabado contigo o dejado que Giuseppe lo hiciera.

 

—¿Ve? Allí está la razón por la cual no confío en ese hombre, tú mismo te has dado la respuesta.

 

—Giuseppe y tú van a acabar con mi vida, él no pierde oportunidad de mal ponerte frente a mí, dice que ha sacrificado sus mejores hombres por tu culpa, porque casualmente, diferentes miembros de las distintas secciones han caído, menos los hombres tuyos. Dice que escondes algo y lo va averiguar. Le respondí que si comprueba que tiene razón, le entregaré yo mismo tú cabeza—concluyó el hombre mirándolo con intensidad, como buscando un indicio de su deslealtad.

 

Pir no bajó su cara, mantuvo mirándolo a sus ojos sin ningún reparo y con su misma actitud —No tengo la culpa  que sea más listo que ellos, si eso es esconder algo, entonces soy culpable—manifestó con un gesto de suficiencia.

 

—Por eso, si yo llegase a faltar, serás mi reemplazo, más nadie me enfrenta como tú lo haces, eres mi muchacho, el hijo que nunca tuve—dijo el hombre con orgullo, esbozando una sonrisa y abrazándolo.

 

Pir dentro de sí decía, “Ni lo quiera Dios, gracias tengo un padre honrado, integro, de una calidad humana extraordinaria, ni por todo el oro del mundo lo cambiaría por un delincuente mafioso como tú”. El chico se despidió del hombre y salió con rumbo a Civitavecchia, una ciudad ubicada a ochenta kilómetros del noroeste de Roma.

 

Antes de llegar hizo una llamada importante, debía avisar que se encargaría él de la entrega y que activaran el plan b. Así lo hizo, realizó la entrega mientras maldecía al desgraciado de Giuseppe, “¡Ese maldito! hijo la gran puta, se las pagaría. Los hombres lo miraban con desconfianza —¡¿Qué quieren?! Revisen ustedes mismo que todo éste a su completo agrado—declaró con una mueca.

 

—Siempre tan creído Roldán, tiene razón Giuseppe eres una pécora—manifestó el hombre.

 

—¡Y tú un imbécil! Pareces una mujercita de lo chismoso— el tipo se enojó y sacó su arma para apuntarle a Pir, pero este fue más rápido y le colocó la suya en la frente, mientras con los labios simulaba un —¡Pum! —y soltaba la carcajada mientras veía el miedo reflejado en el rostro del individuo y los hombres de cada bando se apuntaban unos a otros —Son unos cobardes—les indicó a sus acompañantes que bajaran las armas, tomó los maletines con el dinero, se dio media vuelta y salió dándole la espalda a la otra banda. Sin sospechar de la trampa que le acechaba, hasta que todo se manifestó, no le quedó más alternativa que repeler el ataque, sin embargo, sintió que un par de balas lo alcanzaban mientras se desplomaba en el suelo por el impacto, de inmediato uno de los hombres que lo acompañaba, lo arrastraba para ponerlo a cubierto.  

 

*******************************************************

 

Al día siguiente Alondra, se levantó temprano, se bañó, vistió y cuando iba a salir al trabajo Manolo la estaba esperando en una camioneta, le abrió la puerta para que subiera y le entregó el desayuno que le había comprado, ella le dio las gracias y así fueron conversando. Llegó al trabajo, inició su jornada, pero pasó la primera parte de la Jornada y no vio a Pir, y aunque quería llamarlo resistió las ganas de hacerlo, no podía convertirse en una mujer intensa de esas que perseguían y acosaban a los novios y maridos. Ya la llamaría él.

 

Salió a almorzar con dos compañeros, mientras conversaba animadamente, cuando ya faltaban diez minutos para regresar recibió una llamada de un número no identificado, atendió al segundo repique —Hola bonita, ¿No me has extrañado? Creo que no los has hecho porque como te encuentras acompañada de un par de apuestos caballeros, a quien le ríes muy entusiasmadamente —comentó celoso.

 

Alondra soltó una fascinante carcajada, y él sintió entrarle por su oído y recorrer su cuerpo como un corrientazo, que le erizó la piel y causó una excitación en su cuerpo, que se reflejó en el centro de su anatomía, haciéndole un gran bulto en el pantalón, se movió para evitar su prominente erección, esa mujer lo volvería loco.

 

—¿Estás celoso buenmozo? Pues déjame decirte que no tienes razones para estarlo—pronunció ella mientras se levantaba del asiento— te he extrañado mucho.

—No más que yo, no he dejado a pensar en ti desde anoche que te dejé en ese restaurante, pero no pude desocuparme antes de ahora, tuve unas complicaciones, pero ya está todo bajo control —“No pudo evitar recordar cuando los hombres de la otra organización le dispararon por la espalda, pero para su buena suerte era un hombre previsivo y antes de llegar al sitio de encuentro, se había colocado un chaleco antibalas pesado, nivel tres elaborado en un compuesto durísimo metal balístico, tres que protege contra armamento de calibre treinta y municiones que viajan a 2,850 metros por segundos.

 

El impacto lo tiró al suelo pero no le causó daño y repelió el ataque, lo que originó muchas bajas del bando contrario. Después de salir de allí debió enfrentarse al jefe Carozzo, quien no podía creer que los Gotti se hayan atrevido atacar a su gente. Al llegar a la base de los Camarros, estaban todos reunidos y Pir fue directo a Giuseppe, lo tomó por el cuello y empezó a caerle a puñetazos en el rostro, otros de los hombres iban a intervenir y el jefe los retuvo — ¡Maldito desgraciado! Me preparaste una emboscada para que los Gotti me mataran, lo que no sabes es que soy mil y un millón de veces más inteligente que tú—le espetó furioso.

 

—¡Yo no fui! ¿Cómo crees que pondría en peligro una operación de esa magnitud y arriesgar los intereses de Carozzo?

 

—Porque eres un maldito malagradecido infeliz, que quieres acabar conmigo a como dé lugar, lo que no creo que logres nunca porque tienes el cerebro del tamaño de un maní—expresó enfurecido—Y espero que con esto usted sepa Jefe que a este infeliz, le he declarado la guerra, y no descansaré hasta verlo tres metros bajo tierra, ya sea con su venia o sin ella—concluyó saliendo enfurecido de la sala.”

 

—Tierra llamando a Pir Roldán—expresó ella con una dulce voz.

 

—Lo siento Bonita. Estoy ansioso por verte, ¿Puedo recogerte a las siete de la noche por tu casa?

 

—Por supuesto, esperaré anhelante tu llegada—expresó mientras se despedían.

 

 

 “La envidia se esconde en el corazón humano como una víbora en su agujero” Honoré de Balzac

 

 

 

CAPÍTULO 7. VERDAD DESCUBIERTA

 

Alondra estaba nerviosa, se vistió con mucho cuidado, procurando lucir sexy y deseable se dijo “Este chico me trae coladita por los huesos”, y soltó la risa, se miró al espejo y se veía hermosa se vistió con un braga blanca y se dejó suelto su cabello que la caía como una cascada por debajo de sus hombros, se lo cepilló seguidamente hasta sacarle brillo, solo se pintó los labios en un labial del leve color de su carne, se colocó unas sandalias bajas de color negro, pues aunque quería estar bella y elegante, también deseaba la comodidad, últimamente la moda ya no era todo para ella, se dio cuenta que había cosas más importantes que bien valían la pena. Justo al terminar de arreglarse, sonó su celular, al atenderlo era el hombre por quien su corazón latía acelerado. —Bonita ya estoy en la puerta de la casa.

 —Listo Pir. Voy saliendo.

 

Al verla él se bajó del carro, acercó su cuerpo a él y la pegó a su cuerpo abrazándola mientras con suave voz le hablaba al oído. —Estás hermosa, no he podido dejar de pensarte, a cada instante estás presente en mis pensamientos, le mordisqueó el lóbulo de la oreja y fue recorriendo su cuello, su respiraciones era entrecortadas producto del inmenso deseo que los consumía, hasta que fueron interrumpidos por una bocina de un auto y un grito de alguien diciéndoles —¡Llévatela a un hotel!

 

Los dos soltaron las carcajadas, él le abrió la puerta del auto y la ayudó a subirlo.

—¿Dónde quieres ir? —la interrogó Pir.

— Quiero cenar y luego irme a la playa contigo otra vez.

—Entonces eso será lo que haremos—. Manifestó acariciándole suavemente su mejilla—. Te llevaré a un Restaurante de comida venezolana ¿La has comido?

. —Una vez en unas vacaciones pero ya casi no me recuerdo, viajamos con unos amigos que a su vez tenían una amiga que su  mamá es de esa nacionalidad. Solo que yo no soportaba a esa chica de niña y bueno tampoco de grande, pero a estas alturas, ya no me causa enojo, porque cesaron las razones que me hacían odiarla.

. —¿Puede saberse porque esa chica te causaba odio? Esa es una palabra bastante fuerte.

. —Porque a ella le gustaba el chico del cual yo estaba enamorada, o tal vez viceversa, realmente ya no estoy segura, lo cierto es que primero le gustaba yo, pero fui una creída esperando que me suplicara mi atención, y en ese ínterin ella logró ganar su corazón, él se enamoró de ella y se dio cuenta que lo que sentía por mí no era real, yo me llené de enojo y le hice una jugarreta a la chica para separarlos, de lo cual hoy me arrepiento, lo que no sabía es que cuando el amor  es verdadero siempre sale vencedor y ellos dos se amaban profundamente, pero en ese momento en mi ignorancia sobre el tema no lo sabía.

 

Pir hizo un gesto de desagrado—¿Y aún amas a ese hombre?—preguntó serio.

 

Ella esbozó una gran sonrisa. —Me di cuenta que no lo amaba, era solo capricho. Ahora se la dif…. —Pir la interrumpió.

 

 —¿Cuánto hace de eso? —interrogó.

 

—Unos días antes de empezar a trabajar en los almacenes, un par de días menos de un mes.

 

Él hizo un gesto de molestia  —Fue poco tiempo para darte cuento o tal vez se deba a que eres una caprichosa.

 

Ella se quedó viéndola con un rastro de tristeza — Veo que a veces no es bueno ser sincero. Tal vez es mejor que me regreses a mi casa.

 

Pir vio la cara de decepción que se dibujó en su rostro —Lo siento Bonita, me puse celoso de que otro chico despertara en ti esos sentimientos ¿Cómo sabrás que soy especial para ti si antes te has confundido?

.—Simplemente porque sus besos, apenas un par que le di no tienen punto de comparación con los tuyos, cuando me besas y me acaricias, tengo la impresión de que un incendio se produce dentro de mí consumiéndome, todas mis terminaciones nerviosas se activan, mi cerebro deja de pensar, solo puedo sentir esas emociones que nunca antes había experimentado, es una sensación de euforia, no sé cómo explicarte.

 

 —Lo sé Bonita, porque es lo mismo que experimento contigo y te juro que eso nunca antes me había pasado con ninguna mujer.

 

Así siguieron hasta un pequeño Restaurant llamado El Maíz, ubicado en la vía Tolemaide. Se situaron  en una de las mesas del fondo, cuando llegó el momento de pedir ella expresó—Tú eres quien tienes ascendientes venezolanos así que escoge tú, porque en verdad no tengo idea de que pedir.

—Bueno pediremos unos patacones mixtos—pronunció con seguridad.

—¿Eso qué es? —interrogó Alondra elevando sus cejas, entretanto Pir mostraba una hermosa sonrisa, que le provocaba un cosquilleo en el estómago.

—Bueno son originarios de un estado ubicado al occidente de Venezuela, llamado Zulia, es un plato que se hace con plátanos pintones, se cortan a la mitad, luego se rebanan al medio y se sofríen hasta que esté un poco dorado, luego se saca y se aplasta, después se ponen a freír nuevamente hasta que estén tostados,  a la par o un poco antes preparas la carne o el pollo mechado, la cuales aderezas bien, picas lechuga, tomates pintones en rueditas y cebolla, cilantro ó perejil al gusto,  tomas dos ruedas de los tostones que freíste y lo haces como especie de sándwich agregando todo lo que te indiqué y para finalizar les colocas la salsa de tomate, de maíz, de ajo, mayonesa y  mostaza.

—Se escucha delicioso—afirmó ella con la boca agua de lo apetecible que se escuchaba el plato.  Minutos después le sirvieron el plato con una Coca Cola. Alondra empezó a comer y le encantó, mientras comía se llenó de salsa la comisura de la boca y él se le acercó y la retiró con su lengua, ella estaba extasiada comiendo,  a tal punto que hasta cerraba los ojos. Escuchó a Pir pedir dos patacones más y abrió los ojos y con vergüenza dijo —Me ha encantado demasiado ¿Puedes pedirme otro?

—Ja ja ja—se carcajeó Pir —¿Y tú dieta? —interrogó para fastidiarla.

—Yo soy de naturaleza delgada, puedo comerme lo que sea y no me engordo.

—Mi pobre hermana te envidiaría porque a ella le encanta comer, pero si no presta a tención a lo que consume, engorda con rapidez, aunque a ella no le hace falta porque es tan encantadora como su hermano, ósea yo.

—¿Y es tan creída como tú? —bromeó ella.

—No, Milla es un encanto, algún día cuando la conozcas se harán muy buenas amigas.

—Eso espero, que sea como una hermana para mí, solo tengo un hermano y con él no puedo hablar cosas de chicas y no tengo amigas, todas mis amistades son hombres.

—Serán admiradores, que andan babeando por ti—expresó en broma.

—No tengo la culpa de ser tan irresistible—enunció soltando una carcajada.

 

Así terminaron de cenar entre bromas y pullas que ambos se daban para provocar al otro, ella se comió dos patacones y Pir se comió cuatro, ella se sorprendió y le dijo—¿Cómo haces para no engordar?

—Me entreno dos horas diarias de las cuatro a seis de la mañana, y a veces también dos horas en la noche de siete a nueve.

—Eres un obseso de tu cuerpo—pronunció Alondra.

—Es justo y necesario—comentó.

 

Pir pagó la cuenta se despidieron y caminaron tomados de la mano hasta el carro, como era su costumbre le abrió la puerta y la ayudó a subir. Salieron con destino a Gaeta, un puerto marítimo de la costa occidente de Italia, ubicado a dos horas y diez minutos de Roma, a orillas del Golfo de Gaeta, perteneciente a la Provincia Latina en la región del Lazio, una hermosa ciudad ubicada  en un acantilado rocoso sobre el Mar Tirreno. La zona antigua de la ciudad está conformada por calles estrechas y torcidas y edificios antiguos, aparcaron el vehículo. De allí caminaron hasta la Playa de Fontania, ubicada al noroeste de la playa Serapo, es una piscina que comunica con el mar. Llegaron y se sentaron en su orilla, a ella no le importó su ropa blanca, continuaron hablando era la una de la mañana, se abrazaban, acariciaban y disfrutaban de las fresca brisa marina que corría en la playa. Luego se levantaron y caminaron hasta una gran roca, él se recostó de una piedra, mientras habría sus piernas y le permitía a ella colocarse dentro de ellas. Siguieron conversando el sueño había huido, solo querían disfrutar de estar uno al lado del otro, él se levantó, activó el flash y comenzó a tomarle fotografías, ella realizaba diferentes poses y rostros sonrientes, en algunas salía con los ojos cerrados producto de la luz que emitía el flash y la enceguecía.

 

La sonrisa  de su chica lo deslumbraba, no sabía lo que pasaba, pero no dejaba de pensar  en Alondra ni un solo momento, siempre la tenía presente, eso lo estaba volviendo loco, nunca había sentido semejante deseo por ninguna mujer, ella hacía que lo demás no le importara, ella era lo importante, su boca, su mirada, ese hermosa melena que caía como cascada en su rostro, ella simplemente era genial.

 

Estaba totalmente cautivado por ella, con solo mirarla le producía una multitud de sensaciones, de inmediato su erección se comenzó manifestar, trataba de ocultársela pero no podía parecía que en medio de su pantalón tenía una carpa, la abrazó a  ella y la puso de espalda para que no viera lo que le estaba pasando, sin embargo, segundos después ella dio un respingo cuando sintió en su derrier, el producto de la excitación de Pir.

 

—No quería que me vieras así—sin embargo la volteó y comenzó a besarla, bajó por su cuello, besó sus hombros y bajo el cierre trasero de su braga, solo cargaba un sostén tipo strapless, se  lo bajó y comenzó a besar sus senos los succionó hambriento, mientras ella se arqueaba hacía atrás para darle mejor acceso a sus pechos.

 

Pir jugó con sus pezones, necesitaba hacerla suya, porque sino explotaría, —Quiero estar dentro de ti bonita por favor, te juro que no te vas arrepentir—el deseo tenía a Alondra la mente totalmente nublada, apenas alcanzó a mover afirmativamente su cabeza, él la levantó, la cubrió y caminó con ella detrás de de las roca, la recostó en el suelo y la fue desnudando poco a poco, comenzó a transitar todo su cuerpo, no hubo espacio de Alondra que no recorriera, ella lo enloquecía, su olor, su sabor era deliciosa, sus gemidos eran como música a sus oídos.

 

Alondra acariciaba sus bíceps, quería besarlo, lamerlo pero él estaba sumergido en darle las más deliciosas sensaciones sentía como cada lamida, cada caricia que le daba causaba un descomunal incendio en su interior, le daba miedo que pereciera por combustión espontánea, sintió que se alejaba, pero era para desabrocharse el pantalón liberando su hermosa masculinidad, sacó un preservativo y se lo colocó con rapidez, le abrió las piernas y se introdujo en su húmeda feminidad, nada la había preparado para esa deliciosa sensación, se movió un poco para permitirle el acceso con más comodidad, su hombría la sentía en lo más hondo de si, los músculos de su vagina se contraían de manera involuntaria, provocando gemidos en él.

 

De esta manera comenzaron una danza al unísono, ella levantaba sus caderas, cada vez que él salía y entraba de su interior con fuertes embestidas, ella iba a su encuentro, lo que iba provocando un hormigueo en el cuerpo de Alondra, jamás se imaginó que la unión entre un hombre y una mujer pudiera provocar tan sublime sensación, nunca en sus relaciones anteriores lo había vivido, fuertes jadeos salieron de su boca, mientras sentía su cuerpo convulsionar con un intenso orgasmo y segundos después Pir la acompañó tras su propio clímax.

 

Él levantó su cabeza y se quedó mirándola con una tierna mirada, la luz de la luna llena alumbraba claramente el hermoso cuerpo de su amada, deseable, palpitante producto de la intensidad del momento que habían vivido, ella lo observó y sus pómulos se ruborizaron. Pir se sonrió —Te ves más hermosa con ese rubor en tú rostro—pronunció acariciando sus mejillas con sus nudillos—Nada debe avergonzarte, eres maravillosa.

 

—Tú eres espectacular, no sabía que se podía tocar el cielo con las manos.

 

—Solo puedes ir conmigo—le expresó con un tono presuntuoso.

 

—Lo sé, aunque esto alimente más tu ego, jamás me sentí tan compenetrada, completa, ha sido la experiencia más fantástica que he vivido.

 

—Yo también, no quisiera apartarme jamás de tu lado, quiero ver el amanecer contigo, el se quitó el preservativo y lo puso a un lado, se colocó el pantalón, y le dijo a ella que lo esperara allí, tomó su camisa y la mojó en el agua del mar, y se regresó para limpiarla, luego la ayudó a vestirse, tomó el preservativo y camino a la orilla hasta encontrar un bote de basura donde lo desechó. Se quedaron sentados en la orilla hasta que vieron el alba, tomaron nuevamente fotografías, dejando reseñado en cada una de ellas, los hermosos momentos vividos.

 

Después de presenciar la aurora, con su hermosa refracción de luz, caminaron tomados de las manos hasta el vehículo y emprendieron su camino a Roma, Pir, no soltó su mano mientras  manejaba y cada cierto tiempo la besaba.

 

Al llegar a la casa donde tenía Alondra la habitación arrendada le dijo—No quiero apartarme de ti, ¿Puedo pasar contigo el resto del día? —interrogó develando sus blancos y perfectos dientes, visibles a través de una hermosa sonrisa, que de inmediato aceleró los latidos de su corazón y le provocaron un cosquilleo en su estómago.

—Debo trabajar—afirmó ella.

—Yo soy tu jefe, te doy el día libre.

—Eso no es posible, la gente hablara, me ha costado mucho ganarme el respeto de todos.

—Nadie se los dirá, por favor bonita, quiero volver hacerte el amor—le suplicó con la mirada y la sonrisa más encantadora que ella había visto en su vida.

 

—Eres un manipulador, con esa sonrisa sabes que puedes conseguir todo—Pir la tomó por la mejilla y la besó, le encantaba tocarla, besarla, su sabor lo embriagaba como el más delicioso de los vinos, dulce como uvas rojas. Ella se estaba convirtiendo en él mejor antídoto para dejar de pensar en lo demás, aunque eso no era conveniente, debía tener siempre su cabeza bien puesta, pero Alondra, era su mayor distracción desde el día que la conoció.

Entraron a su habitación, ella buscó una ropa en el closet e iba a entrar al baño, pero Pir la detuvo —¿Dónde vas mi bonita?

—Voy a bañarme, me visto y vengo hacerte compañía—le  manifestó con una sonrisa.

 

—No es necesario, puedo acompañarte y te ayudo a enjabonarte—pronunció con picardía.

 

Alondra se mordió el labio inferior, mientras pensaba, la proposición era muy tentadora, pues quería volver a fundirse con él, sentir sus manos juguetear con sus senos y sus pliegues, de inmediato sintió como su vagina se humedecía con solo evocar los dulces recuerdos.

 

Ella tiró las cosas en la cama y se acercó a él, quien la fue desnudando y besaba mientras juntos caminaban al baño, abrieron la ducha mientras Pir la tomaba la puso de espaldas a él, la inclinó un poco hacia adelante, se introdujo en ella desde atrás, Alondra se sintió llena, era tan deliciosa esa sensación que sintió su cuerpo debilitado, él le colocó las manos en sus caderas, penetrándola con fuerte embestidas, las cuales con cada estocada se hacían más violenta, mientras ambos jadeaban enloquecidos, el sonido que se producía el golpeteó de su trasero con la pelvis de Pir, la llevaba más allá de los límites de la excitación —¡Oh Pir!  Es genial, no te detengas, por favor ¡Eso es genial! Así siguieron hasta que ella sintió la vorágine que le produjo el más potente orgasmo que había sentido en su vida, minutos después él la acompañó pero se había salido de ella y había vaciado su semilla en su redondeado trasero, pues no había llevado preservativos al baño.

 

Ambos quedaron sin aliento, se terminaron de bañar y  luego se fueron hasta la cama donde continuaron dando rienda a su pasión, se entregaron sin reservas, Alondra a pesar de que había tenido en su vida sexual un par de relaciones con anterioridad, nunca ninguno y nada la había preparado para los placenteros orgasmos que experimentó, jamás se había sentido tan completa como hasta ahora, de hecho debía admitir que en el pasado había fingido mucho más de un par de veces su clímax. Pero con Pir no había desperdicio,  ese hombre era genial, podía hacerse adicta a él, porque sabía dónde y cómo tocarla, para hacerla llegar, él se abocaba a brindarle el mayor placer, cuando la veía a ella retorciéndose y gimiendo como una posesa, y solo después de estar seguro que ella había alcanzado la cúspide del placer, era cuando se decidía a seguirla para la liberación de su propio éxtasis.

 

Pasada las dos de la tarde, ambos hambrientos, pidieron pizza a domicilio, en Pizza Turbo, pidieron una de queso y pepperoni y la otra napolitana, comieron estando aún ambos en la cama, sentados, desnudos, hablaban y en cada mordisco que le daban a un trozo de pizza, terminaban besándose. Comieron hasta saciarse, sin embargo, uno de los celulares de Pir, los sacó de su romántico momento.

 

Él se levantó de la cama y caminó hacia el baño, dejando expuesto su hermoso cuerpo, el cuál Alondra no pudo dejar de observarlo, le llamaba la atención lo misterioso que se volvía cada vez que lo llamaban, eso le causaba suspicacia, “¿Sería soltero ese hombre? ¿Por qué era tan misterioso? ¿Ocultaría algo?”, pensó que su instinto de supervivencia le había pedido que huyera de él, sin embargo, había hecho todo lo contrario, allí estaba enredada y había pasado desde la noche anterior revolcándose con él.

 

 “Por Dios Alondra, ¿Será que un día aprendes?”, pero no tenía la culpa, ese hombre era la tentación personificaba y nunca ninguno la había hecho sentir completa, tenía una imaginación desbordante, se vio haciendo posiciones que ni remotamente se le hubiesen ocurrido, y menos a los desabridos con quien estuvo, en ese momento pensó en Cristiano y la preocupación la invadió y si resultaba que ese chico era su mejor amigo, ¿Qué le habría pasado? Debía averiguarlo, no podía arriesgarse a que Pir lo supiera por otra vía, y si ella lo descubría, ¿Sería capaz de contarle la verdad?

 

Siguió en esas cavilaciones mientras decenas de preguntas se acumulaban en su cerebro ¿Cómo uno podía justificar lo que no tenía ningún tipo de justificación? ¿Por qué se portó así con Cristiano? Lo hizo porque le provocó, simplemente era por eso, no podía inventarse que no sabía lo que hacía que estaba confundida, la verdad lo hizo por placer, por sentir que dominaba la situación por despertar admiración entre los presentes, que supieran que ella no estaba con sensiblerías estúpidas,  y si le gustaba un chico, se acostaba con él y ya, cuando le dejaba de gustar no le importaba y pasaba la página y punto. Aunque realmente esto último, no había sido del todo así, tampoco era una promiscua, con Cristiano tuvo una relación de más de dos meses y medio, fue su relación más larga, y con los otros dos chicos, apenas un par de semanas.

 

Pero el sexo con Pir había sido apoteósico, y con solo imaginárselo todas sus terminaciones  nerviosas se contraían, un cosquilleo en todo el cuerpo la recorría, sería feliz con que él estuviera poseyéndola a cualquier hora del día, ese pensamiento la asustó, no era bueno darle poder a otro sobre uno, porque eso te hacía más débil, frágil y para completar, últimamente se sentía que no estaba en todas sus facultades, en las últimas semanas las pesadillas eran persistentes, provocándole demasiada angustia, por más que intentaba alejarlas, siempre estaban presentes, eso la tenía vulnerable, aterrada, incluso evitaba lo máximo posible dormir, para evitar encontrarse con sus demonios, aunque no entendía porque los tres hombres la atacaban sexualmente, será que eso era premonitorio, pensó mortificada, mientras cerraba los ojos.

 

*****************************************************

 

Pir no podía creer lo que estaba escuchando, definitivamente a la vida le encantaba jugar sucio, no podía creer lo irónico de la situación, tanto tiempo detrás de la desgraciada que destruyó a su amigo y ahora resulta que era la misma mujer con quien se había enredado y había pasado desde la noche teniendo el sexo más caliente de toda su vida, ella era simplemente una afrodita, una diosa de la belleza, del amor y el sexo, era  complaciente, abierta a la hora de hacer el amor, no se cohibía, por Dios que era la lujuria personificada. Eso explicaba porque puso de cabeza a Cristiano, pero él no era un jovencito inexperimentado como su amigo, ella no podía jugar con él, porque sencillamente él sabía cómo jugar sucio, se las sabía todas, disfrutaría un tiempo más de su cuerpo, apenas lo había probado no podía quitarse el dulce de la boca sin haberse empalagado.

 

El mentado Pir Roldán, haría que Alondra Sophía Sebastini Madrid, se volviera loca por él, que se hiciera tan indispensable en su vida, que cuando la dejara, quedaría tan destruida como había quedado Cristiano,  al que hierro mata a hierro muere. Colocó el teléfono en la repisa del baño y comenzó a echarse agua en el rostro, tratando de calmarse, ella no debía sospechar que había descubierto que aparte de ser una niña mimada millonaria, se había burlado de Cristiano y por culpa de ella este había atentado contra su vida acabando… no pensaría en eso —Calma Pir, todo el control del mundo, la venganza es un plato que se come frío—se dijo en voz alta. Quien iba a pensar que la niña de hermosos ojos entre ámbar y verdes, que había visto muchos años atrás, que lo había cautivado a su corta edad, por eso se le hacían conocido, se convertiría en una mujer fatal; sin embargo, pensándolo bien, aunque era bella, era una prepotente de lengua viperina.

 

—Qué empiece la función bonita, te vas arrepentir toda tú vida de haberle hecho la existencia miserable a mi hermano, hasta tal punto que perdió las ganas de vivir, nadie evitará que vaya por ti, ojo por ojo y diente por diente. Lástima por lo que pudo ser y ya no será—expresó mientras decidía salir a la  habitación, no obstante no se sentía bien, un halo de remordimiento comenzó a instalarse en su interior, atenazándolo de tal manera que sintió que le faltaba el aire y no podía respirar.

 

 

“La ira es un veneno que uno toma esperando que muera el otro”

William Shakespeare.

 

 

  CAPÍTULO 8. ¿VENGARME? SI ESTOY DESCUBRIENDO QUE TE AMO


Pir no podía respirar, eso nunca le había pasado, la vio acostada desnuda en la cama con los ojos cerrados, mientras él trataba por todo los medios insuflar aire a sus pulmones, Alondra, lo vio rojo y se levantó corriendo asustada —¡Oh por Dios! ¿Qué te pasa Pir? ¿Qué tienes? —ella lo tomó por el brazo y lo sentó en la cama, comenzó a revisarle las vías respiratorias para ver si había alguna obstrucción, le tomó el pulso y comenzó a darle pequeños golpes y masajes en la espalda y pecho, incluso hasta estaba pensando suministrarle oxigeno a sus pulmones con un boca a boca.

 

 

Luego de un momento, Pir comenzó a respirar sin dificultad, mientras la observaba, no podía hacerle daño, de solo pensar en apartarla de él de la forma que pensaba hacerlo le daba angustia, se levantó de la cama, empezó a buscar su ropa, ella lo seguía diciéndole —Pir, no puedes irte así, no estás bien, hace un momento no podías respirar. No entiendo ¿Por qué de repente te pusiste  de esa manera?—mientras intentaba detenerlo.

 

 

Él solo negaba con la cabeza—Por favor Alondra, deja que me vista, debo irme, gracias por auxiliarme, ya me siento bien, no te inquietes.

 

  —¿Por qué no llamas a uno de los guardaespaldas para que venga a recogerte? No te vayas manejando, puede ser peligroso luego de lo que pasó hace un momento—señaló con preocupación.

 

 Pir la miró por un momento, pasó los nudillos de su mano derecha acariciando su mejilla y con voz ronca manifestó —Se bien porque me sentí con falta de aire. Ya tengo todo controlado, no tienes nada de qué preocuparte.

—Está bien, creeré en ti, no quiero que te pase nada—le dijo abrazándolo, mientras él la apretaba fuerte contra su cuerpo y cerraba los ojos, tenía sentimientos encontrados por una parte quería quedarse con ella, abrazarla y volverla hacer suya y nunca separarse y por la otra estaba la promesa que le había hecho a su amigo, debía hacerle pagar por el daño que le hizo, ella había sido cruel con Cristiano, fue inclemente, no tuvo piedad, actuó con maldad. Un dolor de cabeza se instaló en su sien, impidiéndole pensar con claridad.

 

Pir la separó de su cuerpo, tomó una sabana le cubrió el cuerpo y le hizo un nudo a la altura de sus senos  la tomó por los hombros y le dijo y con un tono de dureza, que intentó simular pero con todo y eso le salió rudo— Alondra, debes alejarte de mí, no soy bueno para ti, huye de mi lado, no te quedes cerca, ¡Por favor aléjate!, además muchos peligros me acechan, si te quedas conmigo te pueden hacer daño no solo los demás sino te lo hago yo mismo. Corre de junto a mi porque entonces  ¡Voy a destruirte! —concluyó diciéndole mientras tomaba los zapatos y salía de la habitación dejando a Alondra sumida en un mar de confusión.

 

 Alondra se quedó parada en el mismo sitio, sin reaccionar, no entendía lo que había pasado, como un día maravilloso se había convertido en ese desastre, y todo después de que Pir recibió esa llamada ¿Quién lo llamaría? ¿Qué le habrán dicho? ¿A qué se refería con que los demás le harían daño o que si no lo haría él? ¿Qué peligros lo acechaban? ¿Cuál era el fin de las camionetas blindadas que lo escoltaban? ¿De qué lo cuidaban? ¿Cómo un hombre que supuestamente era supervisor en una red de supermercados y tiendas, tuviera tan lujosos carros y despliegues de seguridad? ¿Quién era Pir Roldán? ¿Dijo que su madre era venezolana y su padre argentino? ¿Podían existir tantas coincidencias, respecto a una persona? Habló que se había creado en España, ella nunca tuvo casi contacto con la familia de Camilla a excepción cuando viajaron a visitar a la familia de Valeria en Venezuela, fueron a unas vacaciones por dos semanas. Se dio un pequeño golpe en la frente, las interrogantes eran muchas, pero necesitaba darles respuesta.

 

Piensa Alondra ¿A quién puedes preguntarle si el hermano de Camilla vivió en España? Los gemelos no querían ni verla en pintura, no creía conveniente hacerlo, a sus padres no podía preguntarle eso, porque crearían sospechas, y como estaban tan empeñados en encontrarla, les daría una pista muy clara. Debía vestirse e ir a un local donde le alquilaran una PC con internet para investigar o llamar a su hermano Matteo, aunque este no se llevara bien con Felipe, aunque desconocía el porqué, pero su hermano también había vivido en España y ¿si se conocieron allí?

 

 

Tomó su celular y marcó el número de su hermano pero saltó la contestadora indicándole “el número que marcó no puede ser localizado”. Matteo siempre se echaba sus pérdidas y aparecía en días. Tendría que quedarse con las dudas, hasta la próxima semana que libraba. Se dió por vencida y tomó un libro que había comprado hacía unos días atrás, aunque no era asidua lectora, se había propuesto a cambiar su percepción y forma de comportarse en la vida, quería ser otra, la ilusionaba tanto la idea que sus padres la vieran con orgullo, estaba decidida a lograrlo, tenía que hacerlo y la lectura le permitía analizar, inferir, predecir y en fin despertaba las habilidades mentales en los lectores, eso lo había visto en alguna parte o tal vez fue Taddeo quien se lo dijo en una oportunidad.

 

 

Al recordarse de su amigo le dio un poco de nostalgia, ya no era ese enamoramiento que había sentido por él, era algo más fraterno, de camaradería, en esos momentos quien ocupaba los pensamientos subidos de tono, era el chico peli marrón, de ojos azules, se colocó el libro en el pecho, cerró  los ojos y de inmediato los recuerdos de los momentos con Pir inundaron sus pensamientos, el olor de su cuerpo había impregnado las sábanas, suspiró profundo para deleitarse con su exquisita fragancia, a hombre, a elegancia, sensualidad, inundó sus sentidos un olor a lavanda, piña y madera, de inmediato sintió la excitación en su cuerpo.

 

 

—No puede ser—pronunció en voz alta—me he enamorado de Pir, debo estar loca en reconocer lo que siento después de todo lo que me dijo—¿Cómo sucedió? ¿Por eso no podía sacarlo de su frente? ¿Pero cómo podía llegar a esa conclusión? Por tener un poco menos de veinte horas con sexo. No, estaba segura que no era eso, ella sabía muy bien la diferencia —¿En qué te has metido mujer? —se dijo.

 

***************************************************

 

Entretanto Pir había llegado a su departamento, ubicado en una de las mejores zonas de Roma, y desde que había salido no había podido dejar de pensar en Alondra, en su cuerpo, su fragancia, no había querido ni quitarse la ropa para no perder el olor de ella, su fragancia era una mezcla de jazmín, almizcle, rosa y miel, era hechizante, su sabor era único, no podía recordar ni siquiera imaginarse un sabor como el que ella emanaba, su centro sabía mejor que la más delicioso exquisitez. Se había sentado en el sillón del despacho y recostado su cabeza, pero las imágenes de ella, llegaban como torrentes de agua, sin ningún tipo de control, tomó una botella y se sirvió un trago de Whisky.

 

Decidido, tomó una agenda donde tenía el teléfono de las chicas que a veces frecuentaba y le marcó a una, Gardenia se llamaba, la chica la atendió al primer repique pareciera como si estuviese esperando su llamada —Hola—la saludó—necesito verte con urgencia.

 

—Por supuesto Pir como lo desees, ¿Cómo quieres que me presente?

 

—Con el atuendo más sexy que tengas y encima colócate un sobretodo—le dijo cortando la llamada.

 

Necesitaba olvidar a Alondra, y lo lograría así tuviera que llamar a las mujeres más sensuales de Roma, pero debía sacarla de su mente, se negaba a reconocer que lo que había pasado con ella era más que sexo, él no podía estar enamorado de la mujer que causó la desgracia en su amigo.

 

Pasado veinte minutos, llegó Gardenia, a penas la vio la tomó del cuello y la acercó para besarla, le abrió el sobre todo, pero por más que intentaba que le gustara pasaron dos cosas, su amiguito ni se inmutó y segundo sintió arcadas, por lo que debió salir corriendo al baño y vomitar, la pizza y el Whisky que había consumido. La chica se le acercó acariciando su cabeza, pero su tacto le desagradaba y le producía una desagradable sensación en la piel y sin pensarlo más le espetó —¡No me toques Gardenia! —Se levantó—¡Lo siento! Te enviaré a tu casa—Asi lo hizo la mandó a llevar con Manolo, luego llamó a otra chica y la mandó a buscar y así con dos más, obteniendo los mismos resultados.

 

 

Después de un par de horas, se había dado cuenta que Alondra Sebastini lo había malogrado para cualquier mujer, solo pensar en ella le producía una gran erección que tuvo que bajar masturbándose en honor a ella. Estaba perdido se había enamorado irremediablemente de la hermosa ojos ámbar con verde, de su bonita, pero a la vez tenía que hacerla pagar por lo que le hizo a Cristiano, ¿Cómo podía hacer eso sin destruirse el mismo en el proceso? Se preguntó. Él se lo había advertido, deseaba que ella se alejara y huyera, no quería hacerle daño —Huye bonita, por favor no dejes que mi venganza te toque—.Expresó en voz alta.

 

En ese momento tocaron a su puerta era Manolo, quien lo miró con una sonrisa de suficiencia —¿Qué pasó Manolo quieres amanecer mañana con un mosquero?

 

—Para Nada Pir, solo quería comprobar por mi mismo que ya habías reconocido que donde el amor propone, no hay más nada que disponer. ¿Te diste cuenta que la amas?

 

—¿Qué sabes tú de amor? —interrogó con desconfianza Pir

 

— Mucho más de lo que te imaginas, por amor a la mujer que amaba, renuncié a ella, no podía sacrificarla en esta vida que escogí.

 

Pir se quedó un momento pensando y después expresó—Yo, creo que estoy enamorado de Alondra, pero esa relación fracasó antes de nacer, porque ella es la misma chica que se burló de Cristiano y  prometí que la haría pagar. Le pedí que se alejara de mí, si mañana se presenta al trabajo no habrá nadie que me detenga.

 

—Es cierto, cada quien es libre de elegir de acuerdo a su conciencia y convicciones, pero procura que en el mañana puedas cargar con las consecuencias de tus decisiones. La lealtad es uno de los valores más importantes del ser humano, la cual se inicia con la lealtad a uno mismo—indicó Manolo, dejándolo en la sala solo con sus pensamientos. Y en ese instante decidió ir a hablar con Alondra, iba a confesarle la verdad, tal vez su amigo tenía razón, iba a seguir su corazón.

 

********************************************************

 

Alondra estaba en sus cavilaciones cuando su celular repicó, lo atendió sin ver la pantalla, pensando que era Pir, pero al oír la voz supo que se trataba de un compañero del trabajo —Hola Alondra, ¿Cómo estuvo tú día de descanso? —interrogó el chico.

 

—No pudo haber estado mejor—manifestó la chica— ¿Y el tuyo?

 

—Muy bien, ando con un grupo de chicos del trabajo y un par de chicas y queríamos invitarte para que nos acompañaras.

 

—Ya me encontraba acostada. Quizás para otro día.

 

—Nos tomamos la atribución de venirte a buscar y estamos estacionados frente dónde vives.

 

—¡Vaya! Que rápido son ustedes. Está bien los acompañaré por un par de horas, Pero tendrán que esperar que me arregle.

 

—Eso no será mucho tiempo, porque tú eres naturalmente hermosa, no necesitas de ningún artilugio—expresó Ludovico, su compañero de trabajo.

 

Veinte minutos después completamente arreglada y maquillada estaba subiendo a uno de los carros con su amigo,  y abordó el auto directamente sin mirar a los lados por lo cual no pudo ver al hombre que la observaba y que al verla subir al auto, no pudo simular la cara de decepción y molestia que reflejó.

 

Al verla, maldijo con los dientes apretados —¿Por qué habría de confiar en una mujer que ni siquiera se ha oreado el olor y esencia de un hombre cuando sin ningún reparo sale con otros? —apretó sus puños a los lados del cuerpo, tratando de controlar la inmensa furia que lo invadía. Momentos antes había decidido no vengar a su amigo, pero con lo que estaba viendo, Alondra tenía merecido lo que iba hacerle, pues si no se lo hacía él, capaz ella terminaría burlándose como lo hizo con Cristiano. No era momento de tener piedad, esa chica de niña siempre fue una prepotente, altanera y malvada y por lo visto, nada había cambiado, eso debería tenerlo presente en todo momento para que no perdiera su objetivo, que era hacerla pagar por sus acciones. Se dio la vuelta y caminó a la motocicleta donde se subió con destino a su departamento, mañana sería otro día.

 

Entretanto Alondra llegó a la discoteca con algunos compañeros de trabajo, y comenzó a conversar con ellos, pidieron unas cervezas, ella se tomó una, la invitaron a bailar y aceptó a regañadientes, no podía concentrarse en nada, estaba allí presencialmente pero su mente estaba concentrada en rememorar los intensos momentos que había vivido con Pir, es que solo de recordarlos sus piernas se debilitaban, la boca se le secaba y su cuerpo se debilitaba.

 

Se soltó de su pareja de baile, le dijo que necesita ir al lavabo y decidida caminó hasta el sanitario, abrió la llave y se humedeció el rostro, expresando en voz alta —¿Por qué no puedo dejar de pensarte? Estás siempre en mi mente, por más que intentó eludir todo lo que se relacione contigo no puedo evitarlo ¿Qué me has hecho Pir?  

 

Enseguida recordó la petición que le hizo pidiéndole alejarse de él, ¿Sería un discurso que dio en sentido figurado o debía tomarse cada palabra literalmente? —¡Por Dios! ¿Cómo se convirtió ese hombre en tan poco tiempo en alguien tan importante para mí?—se preguntó, desde que lo vio le había gustado, pero al pasar los días fue creciendo esa extraña sensación en ella por él y desde que cenaron juntos, se había adueñado irremediablemente de sus pensamientos, ¿Será que tendrían algún futuro ellos dos? ¿Podría pensar en que tal vez había llegado el hombre de su vida? Se preguntó mirándose al espejo, que le devolvía como reflejo una chica de mirada resplandeciente.

 

—Tal vez la felicidad si es para ti—manifestó con una amplia sonrisa. Tomó una servilleta se la pasó por el rostro y salió del baño a reunirse con sus amigos, duró como treinta minutos más y luego le pidió a Ludovico que la llevara a su casa, lo cual hizo de inmediato.

 

Al llegar miró el reloj, apenas eran las doce de la noche, nunca había llegado a casa a dormir tan temprano en una noche de rumba, definitivamente el amor le estaba cambiando los hábitos, pensó mientras se acostaba en la cama oliendo la almohada, que aún mantenía el olor a él, del hombre del que se había enamorado, definitivamente eso era amor.

 

 

 

“Entonces te das cuenta, que no es quien te mueve el piso, sino quien te centra. No es quien te roba el corazón, sino quien te hace sentir que lo tienes de vuelta”

Anónimo.

 

 

  CAPÍTULO 9. PROMETIENDO LO QUE ME DUELE CUMPLIR

 

Al día siguiente Alondra se dirigió al trabajo, se entretuvo atendiendo a varios clientes y organizando algunas estanterías, lo hacía contenta mientras tarareaba una canción La Alondra, de Deixaas, una composición que fusiona el Flamenco con música árabe, pero solo recordaba algunas líneas y cantar no era su fuerte, pero estaba tan feliz que le provocó cantar, mientras sus compañeros bromeaban tapándose los oídos y burlándose de ella —¡Por Dios mujer! Cantas horrible, a tal punto que estás provocando una contaminación sónica.

—Chistosos—le espetó ella—lo que vale no es como cantes sino el ritmo y el corazón que le pones a cada estrofa—explicó segura de sí misma.

—Pero es que allí está el detalle—manifestó uno sonriendo— no encuentras el ritmo por ningún lado.

 

Ella los ignoró y siguió cantando, porque estaba feliz, y casi nunca ella sentía esa felicidad que la estaba embargando, y todo por ese chico de ojos azules que vino a colocar su mundo de cabeza, pensó con una resplandeciente sonrisa, sus compañeros desistieron de hacerla callar y la siguieron, dando un ambiente alegre mientras trabajaban.

 

********************************************************

En la parte de arriba Pir la observaba, era tan hermosa, se veía rozagante, con un aura brillante que contagiaba todo el lugar de su energía, respiró profundo, no quería dar ese paso, sentía como su corazón sangraba en solo pensar, que la alejaría de él, que nunca más volvería a tenerla, esa mujer era el amor de su vida, ¿Podría vivir con la conciencia tranquila si le causaba daño?, cargaba una taza donde había estado tomando café y la furia que lo invadía era de tal magnitud que la lanzó contra la pared volviéndola añicos.

 

La secretaria escuchó el ruido, tocó y entró preguntando —¿Qué ha pasado señor?

—No ha pasado nada, la taza se me resbaló y se quebró accidentalmente, por favor envié a alguien para que venga a recoger todo esto, pero antes dígale a la señorita Alondra que suba.

 

Cuando la vio entrar por la puerta, estaba tan hermosa, sus mejillas sonrosadas con una cautivadora sonrisa, en verdad que trató pero no pudo resistirse al verla tan deseable, se levantó de su escritorio, cerró la puerta con seguro y sin mediar palabra comenzó a besarla y a desvestirla, mientras él permanecía vestido, luego la colocó a orilla del escritorio, tomó cada uno de sus senos y los succionó con desbordante ímpetu, no sabía que le había hecho esa mujer, bastaba verla para que su cuerpo reaccionara alocado, sin control, como un sediento a quien tienen mucho tiempo que no lo hidratan, se desabrochó la correa y el botón del pantalón se abrió la cremallera, sacó su miembro totalmente erguido y se introdujo en ella de una sola estocada y comenzó a moverse con envites frenéticos, hasta que se dio cuenta que no se había puesto el preservativo, se salió de ella, tomó el preservativo del pantalón que se mantenía a nivel de los muslos, lo sacó, se lo colocó y nuevamente la tomó de una sola estocada, la volvió hacer suya con movimientos desenfrenados, mientras ella jadeaba enfebrecida, sus labios entreabiertos, no pudo resistirse a succionarlos y mordisquearlos, se introducía y salía con movimientos certeros, adentro y afuera, hasta que la vio explotar de placer y seguidamente la siguió él en uno de los más maravillosos orgasmos que habían tenido.

 

Se quedaron abrazados mientras sus respiraciones volvían a la normalidad, ella lo tomaba del rostro y lo besaba, su cuerpo le respondía gustosamente a pesar que quería negarse, ella era su adicción, era como una droga para él, que no sabía cómo arrancar de su cuerpo.

 

—¡Ve a trabajar! —le ordenó con dureza sin ninguna explicación. Ella se vistió sin pronunciar palabra, mientras Pir la observaba, a darse cuenta de su semblante de tristeza y que estaba a punto de llorar, no pudo evitar, tomarla por detrás, abrazarla y posar su rostro en sus cabellos, oliendo su rica fragancia—¡Ay mi Bonita! mi Bonita debilitas mi fuerza de voluntad, pienso algo y termino haciendo lo opuesto. ¡Vas a enloquecerme! —le susurró al oído. Ella no respondió se zafó de él y caminó hacia su puesto de trabajo. Sus primeras palabras la habían herido, se había comportado seco y desconsiderado, no sabía porque esa actitud le había dolido tanto, encogiéndole su corazón, a pesar que luego intentó remediarlo.

 

Comenzó a trabajar pero esta vez no lo hizo cantando, lo que había pasado hacía un momento, no solo la dejó pensativa sino también la entristeció, los compañeros de trabajo comenzaron a bromear a costa de ella —Alondra sigue cantando, aunque lo haces bastante desafinada, por lo menos nos entretienes y animas el ambiente.

 

Ella hizo un amago de sonrisa que nunca terminó de materializarse —Ya no quiero seguir haciendo de payasa de ustedes.

 

—Algo debió haberte pasado para que de esa actitud tan risueña y encantadora con la que te fuiste, haya retornado, esta versión tuya triste y malhumorada.

 

—Tranquilos no me ha pasado nada—pronunció con tristeza.

 

Pir observó  y escuchó el cruce de palabras entre Alondra y sus compañeros, se encontraba detrás del estante, se recostó de allí, cerró los ojos un momento, los remordimientos pesaban y mucho y eso que aún no había comenzado con su venganza, pero igual se sentía tan mal por lo que le haría a Alondra, sabía que eso firmaría la sentencia entre ellos, pues jamás tendrían futuro juntos. Acalló a su conciencia  y caminó hacia donde se encontraba ella, que en ese preciso momento estaba moviendo una caja para seguir colocando los productos en el estante.

 

—Alondra no cargues eso, es mucho peso para ti —como ella hizo caso omiso, él le quitó la caja de sus manos—necesito hablar contigo.

—Lo estamos haciendo ¿Ó esto no es hablar? —expresó seria.

—Al salir, te pasaré recogiendo por tu residencia, prepara un bolso con alguna ropas y tus enseres personales, para un par de días—manifestó.

—En primer lugar, no eres quien para que me des órdenes que deba cumplir fuera de mi jornada laboral, segundo, no voy a ir a ninguna parte contigo a pasar días porque debo trabajar—aclaró molesta.

 

Pir se quedó viéndola le parecía muy hermosa, y molesta era más cautivadora, —Disculpa no era una orden, bueno tal vez, solo quería hacerte una propuesta, lo que sucede es que tengo la manía de ir directo al grano, por razones prácticas, no me percate que estaba usando ese tono contigo. Respecto al trabajo no hay problema, te daré tres días libres.

 

—Como es una propuesta, te respondo que no. Muchas gracias—señaló tomando nuevamente la caja y caminando con firmeza.

 

La observó mientras la veía caminando con la caja con bastante dificultad, negó con la cabeza. Subió a su oficina a terminar unos pendientes, cuando recibió una llamada de su padre

—Sos un mal hijo ¿Dónde estás? —pregunto molesto.

—Hola papá. Estoy bien. Estoy trabajando.

—¿Explicáme cómo es posible que te encontrás acá en Roma y no te hayas dignado a visitar a tu familia?

—Lo siento papá he estado muy complicado.

—Te quiero hoy mismo acá—pronunció su padre con firmeza.

—Dame cuatro días y estaré allá, debo resolver un asunto personal. He esperado mucho tiempo por hacerlo, pero estoy muy cerca de lograrlo.

—¿De qué trata?

—De que he conseguido a la chica que causó la desgracia de Cristiano, y estoy a punto de cobrársela con creces.

—Eso no está bien hijo, vos no sos un desarmado sin corazón, tú madre y yo no te hemos enseñado a envenenar tu alma con odio y venganza.

—¡Es cierto! Eso lo aprendí para sobrevivir y esa mujer me las paga porque sí.

—Ojalá nunca tengas que arrepentirte de la decisión que estás tomando.

—Hay varias decisiones en mi vida de las cuales me he arrepentido, pero te aseguro que vengarme de esa mujer no es una de ellas.

—Ya te dije lo que pensaba. Espero verte en cuatro días. Hasta entonces.

—Hasta entonces padre.

Cortó la llamada, y de inmediato recibió en su móvil personal, un mensaje de la madre de Cristiano.

 

Recibido 4.45 P.m “…Hoy sigue  cómo siempre “ido”, como si no le importara el resto del mundo, jamás perdonaré a la miserable que nos causó este dolor, solo espero que tú algún día la encuentres y le hagas pagar hasta destruirle… debes prometérmelo hijo

 

Enviado 4.46p.m “¡Ya la encontré! Se lo juro mamma que ella se va a arrepentir de lo que hizo y después que acabe con ella deseará no haber nacido”

 

Dejó su celular personal a un lado, mientras decía —Lo siento Alondra, pero no hay vuelta atrás, tal vez lo que sienta por ti no es amor, es un solo mero capricho que pienso curar muy bien este par de días—se levantó del asiento tomó sus cosas y fue en su búsqueda. Al recorrer toda la tienda y almacenes, ya se había ido.

 

Tomó su celular le marcó, después de varios intentos, se dio por vencido ella no le respondió. Llamó a Manolo —Hola ¿Viste a Alondra?

—Sí, se fue hace diez minutos en una moto con uno de sus compañeros.

—Gracias—Cuando le escuchó decir eso sintió una molestia que fue creciendo en su interior. Esa mujer le gustaba incordiarlo, ¿Será que lo hacía inocentemente o para molestarlo? Siempre tenía que estar rodeada de esos babosos que no dejaban de  mirarla deseosos, luego su conciencia le respondió “¿Qué te importa lo que haga? Ella no será para ti, tu único propósito es la venganza, no debes olvidarte”. Recogió sus cosas, tomó la llave de su camioneta y salió en la búsqueda de Alondra.


Después de tres horas convenciéndola y rogándole para que lo acompañara cedió, tuvo que hacer uso de todo su encanto y cuanto artilugio se le ocurrió y allí estaban luego de hora y medio de recorrido llegaron a Orvieto, una ciudad de la provincia de Terni, en la región Umbria, localizada sobre una colina accidentada a una altura de trescientos veinticinco metros sobre el nivel del mar, llegaron a una espectacular finca de una gran extensión de terreno, donde se divisaba una hermosa casa que Pir le dijo que se llamaba Villa  Giardino, rodeada de frondosos árboles frutales y hermosas flores, sin embargó, cuando casi iba a llegar a la entrada de la Villa, giró su auto y recorrieron unos dos kilómetros aproximadamente donde se encontraba una pequeña casita rústica, la cual se veía un poco abandonada.

 

Alondra un tanto decepcionada expresó — Creo que no entiendo

 

Pir con una expresión pétrea en su rostro le interrogó —¿Qué no entiendes?

 

—Pensé que nos quedaríamos en la villa, esa  casita no está apta para habitarla.

 

—Lamento decepcionarte pero solo tengo la llave de esta cabañita, no de la casa grande —manifestó simulando decepción, sentimiento que estaba muy lejos de sentir, porque su intención era incomodar a Alondra totalmente.

 

—Allí se ve un personal de servicio —dijo en tono esperanzada.

 

—Lo siento, no estoy autorizado para usarlo —bajó del auto, sacó las cosas y caminaron a la entrada que estaba llena de polvo, había macetas destruidas desparramando tierra, la cual tuvieron que saltar para cruzarlas. Pir abrió la puerta, ella lo siguió de cerca y se sorprendió, dentro el estado era de completo abandono, telarañas, polvo, incluso el olor a moho y ha guardado, era tan desagradable, que le provocó una crisis de estornudos.

 

El rostro de Alondra era una mezcla de estupor, desasosiego, frustración, hasta que sin poder evitarlo pronunció —Lo siento mucho Pir, pero no me quedaré en este lugar, este sitio es un asco, no pienso dormir en estas condiciones.

 

Él esbozó en su rostro un gesto de decepción, preocupación mientras respondía  —Alondra, no sabía que este sitio estaba en esta condición, de haberlo sabido, no te hubiese traído a este lugar ¡Qué vergüenza! —exclamó fingiéndose preocupado y contrariado.

 

Ella lo observó y sintió pena por él, quería tener un gesto con ella, que compartieran momentos juntos, pero las cosas no le habían salido como pensaba, sin detenerse a meditar más en su decisión y para no hacerlo sentir peor, se volteó lo tomó por el rostro y con voz dulce declaró—No te preocupes amor, ¿Qué te parece si entre los dos limpiamos y dejamos esto impecable? Busquemos productos y herramientas de limpiezas y pongámonos manos a la obra.

 

Pir en el fondo se contentó que ella propusiera lo de limpiar, porque eso le decía que tal vez ella no era la chica creída y caprichosa del pasado “¿Y si su bonita había cambiado?” pensó mientras su conciencia le decía “Prometiste vengarte, no puedes incumplir lo que prometiste”, respiró profundamente, porque la conciencia de él, le encantaba llevarle la contraria, a su parecer siempre se inclinaba para el lado no precisamente bueno.

 

Así comenzaron entre los dos a limpiar, mientras el quitaba las telarañas, ella con una pequeña toalla sacudía mesa, estantes, luego recogió y limpió la cocina, quitó las sabanas de las camas en las dos habitaciones con la ayuda de Pir, ella lavó los dos baños mientras el barría, luego ella con desinfectante, cloro y un trapeador fregó el piso, incluso cambió dos veces el agua para que quedara limpio, luego de seis horas ambos se sentaron en el sofá de la sala, pero el rostro de ella era totalmente de agotamiento, el sudor corría por su rostro y su cabello se le pegaba del cuero cabelludo, ella sentía que le habían dado palazos en el cuerpo de lo doloroso que lo tenía.

 

Pir la vio y su remordimiento se instaló en su interior, “Pobrecita, ella no está acostumbrada a todo esto ¿Cómo fuiste capaz de hacer que hiciera todo ese trabajo?”, su corazón se conmovió, pero su sorpresa fue mayúscula, cuando le observó las manos y estas se le habían agrietado de tal manera que empezaron a sangrarle las palmas de la mano.

 

—¡Por Dios Alondra! ¿Por qué no me dijiste que estabas lastimada? —en ese momento su preocupación era evidente, la levantó del sofá la acostó en la cama preparó un baño en la bañera de la habitación, luego le lavó la sangre en el lavamanos, posteriormente la desnudó, repitiendo el procedimiento consigo mismo. Se metieron en la bañera donde comenzó a lavarla con sumo cuidado, la enjabonó, inmediatamente lo hizo él mismo con su cuerpo. Cuando se dio cuenta que estaban limpios, abrió la ducha y se volvieron a lavar, tomó las toallas, la cubrió a ella con una y él se colocó la otra, tomó el botiquín de primero auxilios, sacó el algodón, le desinfectó las heridas y se las cubrió con vendas, mientras ambos se mantenían en silencio.

 

Posteriormente sacó una cava con comida que había llevado y  sirvió dos platos, cenaron encima de la cama, pero el agotamiento de Alondra era de tal magnitud que se quedó dormida mientras comía.

 

Al observarla la vio tan tierna, indefensa, inocente ajena a cualquier conspiración o artimaña, “¿Sería que estaba cometiendo el peor error de su vida?, ella era la mujer que amaba, todo lo que sentía no podía ser otra cosa, no podía continuar con eso”. Recogió los platos, fue a lavarlos, regresó a la habitación apagó las luces, la acercó a su cuerpo diciéndole en un suave tono de voz, mientras ella dormía profundamente  —Perdóname bonita, te amo con toda mi fuerza, no puedo dañarte. Lo siento mucho hermano, pero no puedo hacerle daño a la mujer que amo.

 

 “No te merece quien te lastima”

Anónimo

 

 

 

 

CAPÍTULO 10. VENGANDO A MÍ AMIGO Y DESTRUYÉNDOME YO

 

Pir se mantuvo abrazando a Alondra, no quería dormirse, le encantaba tenerla cerca de él, observarla mientras dormía, hasta que de repente la vio quejarse, su rostro atormentando, comenzó a tirar golpes con sus manos y pies, parecía que luchaba con alguien, mientras gritaba  —¡Por favor no! ¡Déjenme! No me hagan daño. Yo me equivoqué, no quería causarles daño —gritaba, mientras por su angustiado rostro corrían grandes lágrimas.

 

Él comenzó a consolarla, la sostuvo por los brazos para evitar que lo siguiera golpeando —¡Tranquila Bonita! Es solo una pesadilla, no es real, no te angusties, expresaba con voz dulce y tierna, así fue calmándola, hasta que ella abrió sus ojos desorbitados, asustada, mientras su corazón golpeteaba fuertemente en su pecho. Pir la abrazó  —Shhh, ya, ¡Todo está bien! solo fue un mal sueño mi Bonita.

 

—Siempre es tan real, que temo que en algún momento se vuelva realidad —continuó sollozando. Él la acercó más a su cuerpo, limpió las lágrimas que rodaron por sus mejillas y comenzó a besarla, tomó su boca y lamió sus labios, jugó con su lengua, fue bajando con dulces besos por su cuello hasta posarse en sus senos donde se deleitó con ellos, jugueteó con sus aureolas, las besó, succionó de ella como un famélico, Alondra tenía la sensibilidad en sus senos a flor de piel, de hecho era su zona más erógena, que solo con la atención que Pir le brindó en esa parte de su anatomía, la chica tuvo un cúmulo de placer que la catapultó a la cúspide más alta del goce.

 

Él la miraba sin perderse ninguna de las reacciones de su cuerpo,  mientras con la otra mano le daba suaves masajes, fue bajando su mano hasta posarla en lo caliente de su femineidad, fue introduciendo uno a uno sus dedos moviéndolos de manera circular pero con suavidad, sin dejar de darle placer a sus senos, recorrió sus pliegues, de inmediato la esencia de su chica salió como chorros empapando su mano.

 

Pir bajó hasta su centro y empezó a probar de su delicioso néctar, mientras sonoros gemidos salían de la boca de Alondra, sentía demasiado placer, no creía posible poder tener una experiencia tan sublime como esa, sin embargó se equivocó cuando lo sintió dentro de ella moviéndose con una fuerza que la acercaba más y más a la puerta del cielo y del averno al mismo tiempo, era la sensación más apasionante que había experimentado en su vida, no tenía punto de comparación, nunca en su vida había tenido la extraordinaria dicha de disfrutar de tan fausto momento, eso era simplemente el paraíso, como lo pudiera describir se quedaba corto frente a lo que estaba viviendo.

 

Él siguió moviéndose con ímpetu, sentía que con cada estocada un sentimiento de posesión se alojaba en su pecho, ella era suya, su Alondra, la mujer de la cual se había enamorado y todo lo demás no tenía sentido, con cada impulso sentía que no solo era una conexión de sus cuerpos sino de sus espíritus, de sus sentidos, de sus almas de todos sus seres, uno era el complemento del otro lo que siempre habían deseado, lo que sus corazones anhelaban, lo que habían esperado, con ese sentimiento de pertenecerse, siguió moviéndose  adentro y afuera, ambos a un mismo ritmo, marcándola como suya con cada embestida y él sintiéndose de ella, cada vez que ella lo acogía en su interior, apretando su masculinidad con sus paredes vaginales, hasta sentir ambos fuertes espasmos que desencadenaron en un maravilloso orgasmo, él se vacío dentro de ella, dándole una sensación de plenitud, ella lo era todo, su principio y su fin, su presente y su futuro, su vida pero también su muerte.

 

Pir se colocó a un lado, sin dejar de abrazarla, tratando de regular su respiración, la cual tenía acelerada producto del momento vivido minutos antes, cuando dirigió su vista hacia ella se había quedado otra vez completamente dormida.

 

Así pasaron dos días, entre risas, besos, abrazos, Alondra se sentía cada momento que pasaba más enamorada de Pir, sentía que de ese momento en adelante no podía vivir separada de él, era tan hermoso todos esos sentimientos que su amado despertaba en él, lo que se desvivía por complacerla y hacerla feliz, le preparaba ricos alimentos, le hacía el amor sin importar la hora, ambos estaban empeñados en darse la mayor felicidad, pasearon por el pequeño pueblo de Orvieto, visitaron la catedral una hermosa pieza de arquitectura gótica, construida a finales del siglo XIII, destacando en ella una hermosa fachada con una espectacular decoración, donde predomina sus esculturas, los mosaicos y el gran rosetón central.

 

Después visitaron el Pozo de San Patricio, también conocido como el Pozo de Orvieto construido en 1527 por el Papa Clemente VII, con la finalidad de garantizar a la ciudad una reserva de agua en algún momento en que fueran invadidos, con una profundidad de sesenta y dos metros y una anchura de trece metros con cuarenta centímetros, consta de dos puertas ubicadas de lados opuestos, la cual da acceso a dos escalerillas de caracol, una para el descender y la otra para ascender, tiene un total de doscientos cuarenta y ocho escalones. Al final se encuentra un puente de madera sobre el nivel del agua, está totalmente iluminado por aproximadamente setenta ventanas. Alondra emocionada se trataba de asomar por el mayor número de ventanas, divisando así la profundidad del lugar, mientras Pir la seguía encantado porque parecía una niña corriendo de un lugar a otro.

 

—¿No habías visitado nunca este lugar? —preguntó con curiosidad Pir.

 

—Realmente no, prefería ir a otros sitios. Es la primera vez que aprecio y valoro todo esto, en el pasado estaba muy ocupada pendiente más de mi que lo que me rodeaba.

 

La tomó de la mano, salieron de allí a comer en un pequeño Restaurante, una deliciosa pasta con crema de champiñones. Después visitaron el observatorio “La Torre del Moro”, construida a finales del siglo XIII, con una altura de cuarenta y siete metros, les permitió presenciar las hermosas vistas que ofrecía La Campiña. De allí Alondra se encontraba agotada y se fueron a la casita rústica donde se entregaron nuevamente a esa pasión, pasaron esa noche y el siguiente día, dándose todo el amor que iba creciendo y envolviéndolos cada día más; pero lamentablemente todo es efímero, nada dura para siempre al siguiente día estaba Pir en el baño cuando recibió un mensaje de la madre de Cristiano.

 

Recibido 4:00 P.m. Cristiano ha empeorado, lo llevamos de emergencia al centro de salud, está en terapia intensiva, mi niño se va, no hay esperanzas ella lo destruyó, esa maldita debe pagar ojo por ojo y diente por diente lo que le hizo. Debes venir a verlo.

 

Enviado 4:01 P.m. Dame chance y estaré esta noche estaré con ustedes.

 

Dejó el celular al lado mientras se metía a bañar, salió se vistió, Alondra dormía plácidamente en la cama, como podía estar tranquila libre de remordimientos, con lo que había sido capaz de hacer, la furia lo encendió por dentro, comenzó una lucha interna una parte de él quería hundirla y la otra no quería hacerle daño. Tomó su celular, la tomó por los hombros y la sacudió para despertarla, cuando la vio abrir los ojos, dijo —Es bueno dormir sin remordimiento, ir por el mundo haciendo daño y vivir feliz, como si nunca nada hubiese pasado ¿Cómo puedes ser tan miserable? —pronunció enfurecido.

 

Ella se extrañó, frunció el ceño y se incorporó sentándose en la cama —No entiendo, ¿Por qué me dices eso? Desconozco las razones de tú ataque.

—No sé quien me cae peor, si la chica que se cree con derecho a exigir o humillar a los demás o la que se hace la inocente que se cree que nunca le ha hecho daño a nadie—concluyó saliendo de la habitación y tirando fuertemente la puerta.

 

Alondra se quedó desconcertada, inmediatamente se dirigió al baño para asearse, vestirse y enfrentarse a Pir, no sabía a qué se debía su cambio de actitud, pero de lo que estaba clara, es que debía aclarar dicha situación, conocer de que la acusaba, si querían mantener una buena relación entre los dos, pensó con preocupación.

 

********************************************************

Pir estaba echando chispa, la furia lo dominaba, salió por el patio trasero de la casita, para respirar aire puro, tomó un hacha que encontró en el cobertizo de las herramientas  y comenzó a cortar un árbol, dándole con toda la fuerza que le permitía su cuerpo para drenar todo el enojo que lo consumía, así fue pasando varios minutos hasta que uno de sus celulares repicó, quería renunciar a tomarlo, pero se dio cuenta que no podía hacer eso;  al contestarle, su enojo volvió a surgir con la fuerza de un huracán con solo oír la voz de ese maldito se enardecía —¿Qué quieres malnacido?

—Hola Roldán, se saluda previamente, veo que tu educación es nula—expresó burlesco.

—No tengo porque mostrarle educación a un miserable como tú Giuseppe—respondió enfadado.

—Bueno, se que después de esto menos tú y yo cumpliremos las normas mínimas de la cordialidad. Solo te llamé para decirte que conozco tu debilidad, aunque lo sospechaba, me lo negaste varias veces después que lo habías reconocido, pero esta vez, no tengo duda y es más bella de lo que pensaba, tengo fotos tuyas y de ella retozando en la playa, su piel parece porcelana y con esa luz de la luna parecía una diosa del sexo y de la lujuria, estoy loco por tenerla.

 

La rabia bullía en su interior, por todo lo que estaba pasando y ese desgraciado no era santo de su devoción —¿Dé quien hablas?

 

—De Alondra efectivamente, es tan bella tú mujer que despiertas los más bajos instintos en mi.

 

—Estás equivocado ella no significa nada, es solo un pasatiempo en mi vida, es ella quien está loca y babea por mí, baila al son que le toco, solo la estoy usando porque me da un buen sexo, la tipeja es la propia zorra en la cama y sabe cómo utilizar sus encantos—lanzó una sonora carcajada.—¿No me digas que pensaste que la amaba? Por favor jamás me fijaría en una sola mujer y menos en ella, ¿No has oído que en la variedad está el gusto?—espetó mientras se giraba, y allí frente a él estaba de quien hablaba, Alondra con los ojos desorbitados de la sorpresa, había oído toda la conversación y estaba a punto de derramar sus lágrimas; ¡Qué bueno! Mejor no podía salirle, mataría dos pájaros con un solo tiro, se vengaba de ella por lo que le hizo a Cristiano y le dejaba claro a Giuseppe lo insignificante que era Alondra para él.

 

«Para demostrártelo te voy a dejar en alta voz, porque en este momento conocerás al mismo tiempo que ella las razones por la cual la busqué, se lo diré a ella en la cara y de paso te enteraras tú—y así empezó a decir con mucha crueldad—Me alegra tanto Alondra que estés aquí, llegó el momento de la verdad, se quién eres, conozco tu pasado, lo que le hiciste a mi amigo Cristiano, te burlaste de él, primero haciéndole creer que lo deseabas para luego de usarlo, humillarlo y dejarlo delante de sus amigos y los tuyos, sin importarle sus sentimientos, lo destruiste totalmente, le desgraciaste la vida.

 

»Por tú culpa Cristiano cayó en el alcohol, y después de un par de semanas tomó su carro, se estrelló a propósito contra un árbol para acabar con su vida, por la tristeza que le infringiste—con cada palabra que le decía, el rostro de Alondra se iba entristeciendo y sus hombros iban cayendo un poco más, la vergüenza, el remordimiento comenzaron hacer estragos en ella.

 

—Eso es mentira, lo que dices no puede ser verdad —decía negando con su cabeza, se tapaba la boca mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos, los cuales tomaron una tonalidad más ámbar, mientras gruesa gotas descendían a raudales por su rostro.

 

—Por supuesto que es verdad, le quitaste las ganas de vivir, de respirar. Él de veras te amaba, eras la razón de su existencia, a ti no te importó jugar con él. Por eso te busqué, desde ese momento juré que te encontraría y te haría pagar, por eso cuando supe tu identidad y el tipo de mujer que eras —enfatizaba con odio—no dudé en ir tras de ti. No eres más que ¡Una maldita ramera! que usa su cuerpo para embaucar hombres y dejarlos.

 

—Ese no es cierto, yo no soy ninguna ramera, yo nunca me había enamorado, pero de ti me enamoré desde el momento que te vi por primera vez, contigo aprendí y sentí emociones que nunca había experimentado.

—¡¿En serio?! Me alegro que eso sea así—manifestó riéndose— porque así mi venganza se cumpliría perfectamente, esta vez no habrá más víctima que tú ¡¿Quieres ver tu obra?! ¡¿No tiene curiosidad por saber cómo lo dejaste?! —le gritó, tomó el celular y la sostuvo por la parte de atrás de la cabeza —Ve Alondra observa ¡He aquí tú obra! míralo así está ahorita en estado vegetal, no come por sí mismo, no camina, no habla —espetó con fuerza— todo porque a la niña caprichosa de papi le dio por jugar con él.

 

Lo sollozos de Alondra empezaron a oírse demasiados fuertes, estaba tan incontrolable que se tiró al piso llorando, colocó sus manos en puño y comenzó a golpearse las piernas —¡Yo lo siento! Por favor, no sigas —expresó llevando sus manos a cada lado de la cabeza y se templaba los cabellos —Yo no sabía que mi actitud provocaría eso, ¡Por Dios! no pensé que eso pudiera pasar, de haberlo previsto no hubiese actuado así.

 

«Por favor Pir ¡perdóname! Debes creerme, te juro que lo siento. Yo he cambiado, me  he enamorado de ti, te amo con cada partícula de mi cuerpo—decía angustiada.

 

—¿En serio me amas? —Expresó burlesco, ella afirmó con la cabeza—Pues yo a ti no, no te amo Alondra, no eras nada para mi, solo quería venganza y veo que ya la obtuve. Puedes dormir por esta noche en la cabaña y mañana te quiero fuera de mi vida y de mi cabaña —tomó su cartera y sacó un dinero, —esto es para que pagues el tren y comas hasta que llegues a Roma—pronunció extendiendo un dinero para que ella lo tomara. Alondra lo agarró pero de inmediato lo volvió añicos rompiéndolo.

 

—¡Yo no soy una ramera!— dijo con furia tirándole el dinero en el rostro—por mi puedes tomar tu maldito dinero y metértelo por donde no te des la luz del sol—concluyó enfurecida—espero que estés muy satisfecho de tu venganza, y que desde hoy todas las noches puedas dormir como un bebé, sin pesadillas—se irguió todo lo que pudo y caminó hacia la cabaña.

 

Tomó el celular en su oreja—oíste que es verdad lo que te dije, Alondra no me interesa para nada, ya sabes porque la busqué.

—Si me di cuenta, la trataste como una ramera. Pero igual esa mujer tarde o temprano será mía, aunque esta vez no será para molestarte sino porque quiero estar dentro de ella y hacerla gritar de placer—concluyó cortando.

—¡Maldito bastardo! No sabes cómo me imagino una y mil formas de acabarte—expresó con rabia.

 

De inmediato tomó el otro móvil y llamó a Manolo, tengo trabajo para ti y espero que me respondas con tu vida, si algo le llegase a pasar.

 

No hay cosa que más avive el amor que el temor a perder al ser amado”

Francisco de Quevedo

 

 

 

CAPÍTULO 11. LOS PROBLEMAS SIEMPRE VIENEN ACOMPAÑADOS

 

Alondra ingresó a la cabaña se acostó en la cama y dejó que las lágrimas rodaran sin control se sentía la mujer más miserable del mundo, había sido una ilusa pensando que alguien podía amarla.

—¡Eres una imbécil Alondra! No entiendes que no naciste para que un hombre te amé, él único que te amó y lo destruiste ¡fue Cristiano!—.De inmediato los recuerdos de él se acumularon en su mente—Pero si nunca lo amé, solo quería experimentar el sexo, acaso tenía que aceptarlo así no lo amara.

 

Inmediatamente su conciencia comenzó a incordiarla “Lo malo no fue el no aceptarlo, sino que no debiste avasallarlo delante de la gente, pudiste habérselo dicho de otra forma, pero lo hiciste porque quisiste humillarle, te sentías poderosa haciéndolo, porque has estado acostumbrada desde pequeña a manipular a las personas como lo hacías con todos, te diste cuenta que podías hacerlo y no te detuviste en hacerlo, y tú padre terminaba siempre haciendo lo que tú querías, por más que tú madre intentara enseñarte otro camino la ignorabas, y le llorabas a tú padre para que convenciera a tu mamá y ella terminara cediendo. Todos siempre se dejaron manipular por ti menos Taddeo y ahora Pir”.

 

Sentía un profundo dolor, como no pudo darse cuenta que todo era fingido, bajó la guardia y él aprovechó para subyugarla y todo en nombre del amor, se levantó de la cama y se paró frente al espejo se observó y se odio, le dio un ataque de histeria, y comenzó a golpear  enardecida el espejo del baño con sus manos, lo golpeaba cada vez con más fuerza provocando que cediera y se rompiera y aún así siguió haciéndolo sin importarle que estaba causando heridas en sus manos, lloraba, gritaba, gritó hasta que su voz dejo de salir, fue perdiendo fuerza y cayó al suelo colocándose en posición fetal mientras se abrazaba y la sangre corría por sus manos y brazos, bañando el piso, no supo cuanto tiempo pasó, tal vez dos horas o más hasta que vio al guarda espalda Manolo al lado de ella, tratando de levantarla.

 

—¡Váyase! ¡Largo de aquí! Déjeme en paz, déjeme en mi dolor.

—No niña, no la dejaré sola—la levantó y la recostó en la cama, tomó una toalla y el botiquín de primeros auxilios, la limpió y le curó las heridas, mientras ella permanecía en silencio, solo se escuchaban los pequeños sollozos que emitía. Al terminar le dio una pastilla para dormir, al ver que se quedaba dormida, salió afuera para llamar a su jefe y contarle lo que había pasado.

 

Marcó varias veces pero salía la contestadora, luego de media hora ingresó a la casita, al entrar  se dirigió a la habitación donde la había dejado, la buscó, recorrió toda la casa y no estaba, revisó la habitación, ni siquiera había alguna  ropa, indicándole que estaba allí. Salió de inmediato a buscarla, caminó varios metros no debía estar muy lejos, pero no la vio tomó el carro y comenzó a recorrer la carretera sin tener indicio de ella.

 

Alondra se había calmado, no quería quedarse en esa cabaña que le recordaba todo lo que había pasado, cuando el guardaespaldas le dio la pastilla le hizo creer que se la había tomado y al salir la echó en el inodoro, al asegurarse que se había ido, tomó su bolso recogió algunas cosas y salió corriendo con toda la rapidez que le permitían sus piernas, hasta que pasó una camioneta donde iban un hombre y una mujer que trabajaban en la finca, al verla caminando se pararon y la recogieron —¿Para dónde va señorita?

 

—A la estación del tren.

 

—¿Es usted invitada del señor Felipe? —interrogó la señora.

 

—¿Felipe? ¿Quién es él? —expresó Alondra.

 

—Mi esposa se refiere al señor Pir—corrigió al señor.

 

—Si estaba de invitada en la cabaña—dijo ella.

 

—Es raro, porque no la llevó a la casa grande—mencionó la mujer

 

—Él me dijo que tenía a su disposición solo la cabaña

—Creo que entendió mal señorita, esa finca es propiedad del señor Pir, se la regaló su abuelo—afirmó muy segura la mujer.

 

Alondra se quedó un poco sorprendida hasta que se dio cuenta “Otro engaño de Pir o Felipe, como se llame, parte de su venganza para humillarme y hacerme trabajar como su servicio. Eso la entristeció no porque la pusiera a limpiar, sino que había sido a propósito, sin importarle su esfuerzo, el cansancio, otra prueba que demostraba lo insignificante que era para él.

 

—Si tal vez entendí mal—habló en tono entristecido, que duro era cuando la venda caía de los ojos.

 

No habló más hasta que llegó a la estación del tren donde se despidió, compró el boleto rápido y en menos de diez minutos subió en el con destino a Roma, primera vez que se subía en tren viajó en segunda clase, observando todo con curiosidad después de casi dos horas llegó  a su destino, la cantidad de pasajeros de un lado a otro la abrumó un poco, le parecía como si todo estuviese en cámara rápida, salió de la estación,  y al frente tomó un bus que la llevó cercano a su casa, caminó un par de cuadras, llegó a la habitación, arrojó el bolso en un sillón, y se lanzó ella a la cama, dando rienda a su dolor hasta quedarse dormida, sin embargo, no pudo evitar la pesadilla que noche tras noche la atormentaba, esta vez la cara de dos de sus agresores se convertían en Cristiano y en Pir, dejándola en un estado de profundo terror, sentía que estaba enloqueciendo, debía controlarse, se decía, tratando de aligerar la angustia que la devoraba como ácido por dentro.

 

********************************************************

Manolo llegó a la estación y el tren hacía escasos quince minutos que había partido, de inmediato tomó camino hacia Roma, pero por la vía se le pinchó un neumático y debió cambiarlo, retardando un poco más su llegada, tenía pensado llegar a la estación del tren y recogerla. Pir lo mataría, si lo llamaba y no sabía darle razones de Alondra, aunque él dijera que la odiaba, él, sabía que la chica se había metido en su sistema y era su talón de Aquiles, lo conocía muy bien desde los dieciséis años que lo empezó a entrenar, era un chico decidido, que destacaba en todo lo que hacía, con una madurez mayor a la edad que tenía, acostumbrado a liderizar hombres.

 

Cuando iba llegando a Roma, sonó su celular, conectó el manos libres, ni siquiera saludo —¿Estás con ella? ¿Cómo está?

 

Por un momento pensó en mentirle, pues le daba temor su reacción, pero desechó esa idea —Tiene heridas sus manos.

—¿Cómo así? ¿Cómo es que está herida? ¿Se puso a limpiar algo? Ella no puede manipular cloro, ni detergentes, ni desinfectante porque se le abren las manos.

—No es eso Pir, ella ingresó a la cabaña, se puso histérica y rompió el espejo del baño con las manos, hasta que le sangraron en abundancia, la encontré en el suelo en posición fatal sangrando.

 

Al oír a Manolo la mortificación se instauró en su sistema, y un sudor frío comenzó a recorrer su cuerpo, nunca había sentido tanto miedo en su vida, él la amaba, si la había alejado fue por protegerla de Giuseppe, porque si la tenía cerca corría peligro, a Alondra no podía pasarle nada —¿Dime que  Alondra está bien? ¡Por favor! —Suplicó con angustia.

 

—La recogí del suelo, la limpié, la curé y la vendé, luego le di una pastilla para dormir y la dejé en la habitación durmiendo, salí un momento para llamarte y al regresar, no estaba, se había ido.

 

—¡Maldita sea Manolo! No pareces un hombre de tanta experiencia ¿Cómo te dejaste engañar con una muchachita? No sé qué vas hacer, pero tú la consigues y la pones a salvo, porque te juro que si algo le llega a pasar, después que acabe con el desgraciado que le haga daño, seguirás tú —espetó enfurecido.

 

—No le pasará nada. Yo la cuidaré, es una promesa.

 

—Eso espero Manolo, por tú bien que eso espero—concluyó cortando la llamada.

 

Manolo se dirigió a Roma, llegó a la estación y le habían informado que el tren había llegado pasado veinte minutos, se dirigió a la casa de Alondra, pero no quiso tocar, se imaginó que ya descansaba. Mañana sería otro día y estaría temprano para protegerla, no podía fallar en la encomienda que le había dado Pir, no era solo porque temiera por su vida, si no que quería proteger a la chica, tarde o temprano su amigo, se daría cuenta que la amaba y la buscaría, su misión era mantenerla a salvo.

 

********************************************************

 

Pir entró a terapia intensiva y vio a su amigo conectado a un monitor, con cables por todos lados, no encontraba que palabras decirle, se sentía que lo estaba traicionando, primero porque sin saber y ni darse cuenta había terminado sintiéndose atraído por la mujer que amaba su amigo y la causante de su desgracia, segundo le había prometido vengarse, destruirla y luego abandonarla, pero no podía cumplir esa parte del plan, había caído en su propia trampa y ahora estaba allí, teniendo pero sin querer decir algo.

—Cris, la he encontrado, es tal o mucho más bella de lo que me la habías descrito, se que te hice una promesa respecto a ella, de hecho intente cumplírtela, pero no pude, el cazador terminó cazado y en verdad no creo, que pueda cumplirte—se quedó con los ojos cerrados, sentado a un lado de su amigo, tomándole la mano mientras sus ojos se iban humedeciendo cada vez un poco más como consecuencia de las lágrimas que empezaron a brotar.

 

«Lo siento hermano, perdóname, te juro que no fue mi intención, cuando supe la verdad ya era tarde—Al terminar de hablar sintió le apretaban la mano y al extender su mirada hacia arriba, vio que Cristiano tenía abierto los ojos—Despertaste,  ¡Has despertado! —espetó emocionado mientras tocaba el timbre para informar a los médicos de la condición de su amigo.

 

Al entrar los médicos, Pir salió muy contento a dar la excelente noticia a la madre y a la hermana, quienes de inmediato empezaron a abrazarse, llorando de la emoción, después de examinarlo como aproximadamente una hora, le informaron oficialmente que había salido del coma, y que tenía movilidad en las manos, y se estaba expresando aunque con torpeza pero lo hacía, también les notificaron que iba a ser trasladado a una de las habitaciones donde estaría en observación por un par de días.

 

Pir esperó como una hora más y entró a la habitación asignada, estuvo un momento con él, su amigo no hablaba, solo no dejaba de mirarlo, cuando se despidió para salir, lo tomó con su mano con fuerza del brazo, diciéndole con palabras torpes —T-te enamoraste d-de l-la  m-mujer q-q-que amo.

 

No encontraba que responderle, le daba vergüenza, además no sabía que sentía por Alondra o tal vez sí, pero no pudo evitar ser sincero —No sabía que era ella cuando la conocí, si lo hubiese sabido me hubiese alejado.

—¿T-t-te c-c-cor-responde? —interrogó su amigo. Pir se quedó callado y Cristiano expresó—N-no le h-hagas d-daño. B-b-búscala.

 

Pir se despidió, ya eran altas horas de la madrugada, salió inquieto pensando en ese pequeño cruce de palabras con su amigo, muy bien podría hacerle caso, pero no era solo por eso que la había apartado, sino era simplemente porque Pir Roldán  no era un hombre bueno para ella, vivirían con la espada de Damocles prendiendo sobre ellos, eso no era vida para Alondra, no podía a condenarla a vivir en una constante zozobra, tal vez Cristiano pudiera recuperarse y hacerla feliz; pero en su interior sintió una molestia, no, Alondra no podía ser de más nadie, ella era la mujer que amaba.

********************************************************

Definitivamente fue imposible volver a dormir, debería estar acostumbrada a que eso le sucediera, solo cuando estuvo con Pir, pudo quedarse nuevamente dormida y fue precisamente después de haber  hecho el amor, los recuerdos se colaron como rayos en su mente, por lo cual fue imposible detenerlos, un quejido salió de su garganta, era tan horrible sentirse despreciado y sobre todo el no poder hacer nada para que la quisieran, debía aceptar que el amor no se imponía, no se obligaba, tampoco entendía ¿Por qué siempre se terminaba enamorando de quien de ella no se enamoraba?

 

Se sentó en la cama, tratando de recobrar su ánimo, sabía que debía sacudirse esa angustia, levantarse y comenzar de nuevo, eso hacía la gente normal, pero ella nunca lo había hecho porque nunca se había sentido sola, siempre tenía la atención de todos, de su padre, su madre, sus abuelos, sus tíos, primos, era el centro de atención nunca había sentido la soledad física, tal vez a veces en el silencio de su habitación cuando era hora de dormir, sintiera un poco el silencio, pero siempre lo llenaba oyendo música, los fines de semana en fiestas, pero en ese momento, era distinto, sentía que estaba completamente sola, aunque pudiera llamar a sus padres volver a casa, no quería regresar derrotada, aunque ellos tal vez no dijeran nada, a lo mejor lo sentirían, quería algo distinto para ella.

Sabía que había cometido errores, estaba clara en ello, lo que nunca había entendido o más bien nunca se imaginó que el karma se la cobraría, cierto día en una revista había leído que este era una energía trascendente que se genera a partir de los actos, palabras y pensamientos que comete una persona, es la ley de la causa y efecto, toda acción genera una reacción y ella tal vez debía pagar por las malas actitudes y acciones del pasado. En ese preciso instante sentía que sus energías estaban en un nivel mínimo, le provocaba quedarse en la cama y no salir jamás, no conocer nada del  mundo exterior, encerrarse en sí misma y caer en el olvido, esa idea era tan atractiva.

 

Se cubrió el rostro con las manos y comenzó nuevamente a llorar, no podía evitarlo, sentía como algo se había quebrado en su interior y no sabía cómo repararlo, esa soledad la abrumaba, desarmándola hasta hacerla sensible.  De inmediato su conciencia acudió a su ayuda “No debes decaer, levántate y enfréntate a la vida, tienes un trabajo, estas sanas, hay personas que tienen menos, puedes seguir adelante, arriba Alondra Sophía, demuestra que eres una mujer fuerte que las circunstancias jamás podrán amilanarte”, y con ese pensamiento recobró ánimo, se levantó de la cama y se dirigió al baño, se miró en el espejo, sus ojeras eran muy grandes, destacaban en su piel blanca, su mirada vacía indicándole que tal vez no le quedaba nada, sacudió su cabeza, desechando esos pensamientos, se bañó, vistió y se maquilló cubriendo sus ojeras, últimamente no le gustaba maquillarse, pero sintió que ese era el momento de demostrar que nada la afectaba y más si veía a Pir en el trabajo.

 

Llegó al trabajo temprano, saludó a sus compañeros y cuando iba camino al área donde estaba asignada, la llamaron de administración, Alondra enseguida se dirigió a dicho departamento, al llegar la secretaria la anunció, al pasar estaba la administradora con una cara de suficiencia, viéndola despectivamente, sin siquiera saludarla expresó —Ten esta es tu liquidación—extendiéndole un sobre— estás despedida.

Alondra, se quedó mirándola extrañada —No entiendo ¿Por qué estoy despedida?

—Muy sencillo, faltaste más de tres días al trabajo—comentó con seguridad la mujer.

—Pero yo tenía permiso—repicó Alondra.

—¿En serio? ¿Lo presentaste aquí? ¿Tienes copia del recibido? —interrogó inclemente la mujer.

—No, no lo tengo pero el señor Pir lo sabía—dijo ella un tanto confundida.

—¿Crees que el hecho que te acuestes con los jefes te garantiza estabilidad laboral? Lo hiciste con Gino y ahora con Pir.

—Yo no me acosté con el señor Gino—allí se dio cuenta del error que había cometido, cuando la mujer la miró triunfante.

—Ah entonces si con Pir. Lástima que haya sido el mismo quien te mandó a despedir, allí te incluyó una indemnización, me imagino que es una forma de decirte “Gracias por tus servicios” —manifestó con maldad—y le interesas tan poco que no quiso despedirte el mismo, si no que me envió a mi para hacer el trabajo sucio, fuiste una más en su lista, como han sido todas—concluyó con una sonrisa burlesca.

 

Alondra no pronunció más palabra, pasó por los casilleros, tomó su bolso, se cambió la blusa dejando el uniforme de los almacenes y salió de allí, sin despedirse de nadie, con su cuerpo erguido para no demostrar derrota, pero con un nudo en la garganta, que le impedía tragar hasta su propia saliva y el corazón más fracturado de lo que lo tenía cuando salió de su casa un poco más temprano “Ya no tienes trabajo Alondra, otro punto negativo para ti”.

 

 

“Todo final es un nuevo comienzo”

 

 

 

CAPÍTULO 12. DECISIONES QUE PESAN

Una semana después

Alondra se había mantenido encerrada en su habitación, aislada totalmente del mundo exterior, antes de internarse allí, compró pan, galletas, jugo, agua y se encerró, no quería hablar con nadie, ni siquiera la televisión encendía, su celular se descargó al segundo día y no hizo esfuerzo de cargarlo, de los siete días solo se bañó dos veces, solo se mantenía en vigilia mirando al techo, sin nada que hacer, porque hasta temor de dormir le daba por miedo a que las pesadillas volvieran, cerraba los ojos y pensaba, que bueno sería no sentir, no sufrir, nunca pensó que el amor era tan doloroso, porque su historia no pudo ser como las de sus padres, que a pesar que en un principio habían tenido problemas, el amor incondicional que sentía uno por el otro, hizo superar todos los obstáculos, su padre se dio cuenta de su error, provocado por un pasado doloroso, a él le había costado lograr la felicidad.

 

Cuando a su mente se revelaban ideas locas, ella pensaba en su padre, no podía causarle dolor, él era su talón de Aquiles, no le gustaría hacer nada que lo dañara, su padre para ella lo era todo, era la luz de su vida, pensar en él siempre le daba un motivo para sonreír, se levantó de la cama, pero lo hizo tan rápido que se mareó, sintió desvanecerse y se sostuvo de la pared, la falta de sueño, el hambre y la ausencia de movimiento, provocaron ese estado ella, cerró un momento los ojos mientras trataba de recuperar su equilibrio al hacerlo, se puso a limpiar su habitación y luego se bañó, se vistió y salió, apenas lo hizo, se le acercó el guardaespaldas de Pir —Señorita al fin sale, la he estado esperando todos estos días ¿Por qué no ha ido a trabajar más?

—Mire señor Manolo no se haga el inocente conmigo, en primer lugar, usted sabe muy bien que su jefe me mandó a despedir, así que no es necesario que finja, y en segundo lugar, deje de perseguirme ¿Quién lo ha puesto guardián de mi? No necesito la ayuda ni protección de nadie, yo me basto sola—Así que por favor aléjese de mi y dígale a su jefe que por mi puede ir con su conciencia en paz, yo lo absuelvo, le deseo un amor bonito, que le vaya bien, pero a mi déjenme en paz.

Siguió caminando, pero en una de esos dio un traspié y por poco se cae sino hubiese sido por Manolo, hubiese caído de bruces en el suelo.

—¿Está bien señorita? —interrogó él.

Alondra no pudo aguantar más y comenzó a llorar —No estoy bien, nada en mi vida está bien, todo es un asco y solo quisiera morirme—Él la abrazó  mientras la chica no dejaba de llorar, Manolo la consoló, pasando su mano por el cabello, hasta que ella se fue calmando.

—Lo siento, pensara usted que estoy loca.

—No mi niña no pensaré eso, yo también me he sentido así, sabes que una vez cuando me dejé de la mujer que amaba me deprimí mucho.

—¿Por qué se dejaron? —interrogó ella mientras caminaba.

—Mi trabajo no me permitía estar con ella, no podía ponerla en riesgo.

—¿Cómo un trabajo de guardaespaldas podía ponerla en peligro a ella?

—No todo es lo que parece tal vez, en algún otro momento le cuento. La invito a comer ¿Qué le apetece? —preguntó el hombre.

—Quiero patacones, yo los comí en el Restaurante El Maíz—a darse cuenta que iba a recordarlo—pero podemos ir a otro sitio.

—No señor comeremos esos patacones, vamos a regresarnos para irnos en la camioneta y así lo hicieron.

********************************************************

Pir se encontraba en casa de sus padres, ´luego de visitar a su amigo se había ido donde su familia, su hermana estaba pasando un duro momento amoroso, había tenido un malentendido con su novio y no conforme con eso, el hermano de él, se había introducido por el balcón y había accedido a su habitación haciéndose pasar por el novio de su hermana, aprovechándose de que eran gemelos, pero su hermana lo descubrió y comenzó a insultarlo, ellos llegaron a la habitación y él realmente había pensado que era el novio, cuando ella se lo explicó a punto estuvo de caerle a golpe, ganas no le faltaron, porque quería liberar la tensión acumulada, producto del estrés y la impotencia que tenía.

 

Manolo le había dicho que estaba almorzando con su bonita, que estaba muy triste, demacrada, que se había encerrado en su habitación y no había salido en una semana porque Angemar, la administradora la había despedido alegando que eran sus ordenes; eso lo enfureció, pero regresaría para reclamarle y hacerle pagar la tristeza y depresión de su bonita. Esa había sido una atrevida, no entendía como fue capaz de despedirla, pasando por encima de él, eso era inconcebible.

 

En ese momento se encontraba acostado al lado de su hermana, habían conversado un rato sobre ella, su novio, sobre la trampa que le puso una enamorada de su futuro esposo, ya él sabía de quien se trataba, pues lo que mencionó coincidía con algo que le había comentado Alondra sobre el tema, ella había drogado a Camilla, para mal ponerla frente a Taddeo ¿De qué clase de mujer se había enamorado? ¿Cómo una persona podía ser tan rastrera? ¿Qué le decía a él que realmente su supuesto cambio era verdadero? No, no podía aceptar a esa mujer en su vida, era fría, calculadora, no se detenía ante nada, eso era lo que sabía de ella, aunque a él le mostrara una cara distinta. Daba vueltas en la cama mientras esos pensamientos acudían insistentemente.

—¿Qué te sucede hermano? ¿Qué te preocupa? —interrogó su hermana.

 

—¿Hermana cómo sabes cuando estás enamorado?

—Fácil, esa persona ocupa la mayoría de tus pensamientos, quieres saberlo todo de ella, ¿Qué hace? ¿Qué come? ¿Dónde estás? Te sientes incompleto si no está junto a ti, tus ojos brillan de la felicidad al tenerla cerca y la vida se ilumina cuando está contigo. ¡Estás enamorado! Lo sabía desde que te vi, tu semblante era distinto y cuando te pregunté si había una chica que te moviera el piso, me saliste que tenías un terremoto por varias, que ninguna destacaba más que otra, todo lo decías de tu boca para afuera porque tu corazón ya tiene dueña ¿Dime quien es ella? ¿La conozco?

—Quizás, pero no creo que sea conveniente decirte quien es ella. ¿Camilla que pasa si me enamoro de alguien que te haya hecho mucho daño? ¿De tu peor enemiga? ¿La aceptarías en la familia? Son preguntas hipotéticas—le dijo de inmediato.

—No creo que te enamores de mi peor enemiga porque ella no tiene las cualidades para enamorarte Felipe, esa niña la encontrabas insoportable de pequeña, aunque también recuerdo que siempre te la pasabas persiguiéndola y diciéndole que cuando crecieras te casarías con ella y la Alondra te respondía “Cuando se congele el infierno”, es tan insufrible que no la soportarías ni un momento y en un caso hipotético que te enamoraras de ella o de alguien así, tendría dos alternativas, buscaría una y mil formas de que te separaras de ella  y de no lograrlo me apartaría de tu lado, no te visitaría jamás.

—¿Tendría que olvidarme que eres mi hermana? —preguntó él.

—No tanto así Felipe eres mi único hermano, pero no te creería capaz de enamorarte de una persona con tan poca calidad humana como Alondra, nuestra casa sería un campo de guerra y demás está decir que mamá no la soporta y yo estoy agradecida que haya salido de nuestras vidas. ¿No me irás a decir que la encontraste verdad?

—No para nada, tranquila, estoy hablando en términos generales, partiendo de meras suposiciones—Alondra no era la mujer que le convenía, aceptarla a ella sería causal problemas en su núcleo familia, y no valía la pena, todo estaba bien así como en ese momento.

TRES SEMANAS DESPUÉS

Faltaban dos días para la boda de Camilla y Taddeo, sus padres se habían comunicado con ella para que acudiera con ellos, ella no quería ir, tenía vergüenza de ver a la cara a los novios, pero también era cierto que necesitaba pedirles perdón por lo que había tramado en su contra, esas semanas habían sido las peores de su vida, Pir no solo la había abandonado y desechado como una insignificante basura, sino que le había dejado un recuerdo permanente se había enterado que estaba embarazada.

Sus constantes nauseas, mareos, vómitos, hicieron que acudiera al médico, donde e hicieron exámenes y le confirmaron la noticia hacía unos días,  la doctora le había dicho que contando la fecha de última menstruación tenía aproximada seis semanas de embarazo, noticia que le había ocultado a todos hasta a Manolo, con quien había nacido una gran amistad, a él menos que a nadie debía decirle porque sentía fidelidad por Pir.

 

Pir Roldán un hombre mafioso, dedicado al tráfico y contrabando, en un principio pensaba contarle la verdad, y había averiguado con Manolo, su paradero, estaba pasando un par de días en la playa donde estuvieron la primera vez, ella prefirió salir al finalizar la tarde para evitar que el guardaespaldas la siguiera, ese hombre se había convertido prácticamente en su sombra.

Se había ido con mucha ilusión, pensaba que esa era la oportunidad para estar juntos, su hijo podía unirlos, tal vez no la amara a ella, pero los hijos eran importantes en la vida y quizás por la felicidad de esa criatura, el cediera a casarse, ella lo amaba tanto que estaba dispuesta a estar con él sin que ese amor fuese reciproco, lo que ella sentía por Pir alcanzaba por los dos.

 

De esa manera y con esos pensamientos en su mente pagó un taxi que la llevó al sitio, caminó por la playa, incluso cruzó una parte a nado en donde Manolo le había indicado que estaría Pir, ella solo le preguntó por curiosidad y él jamás se imaginaría que ella tenía previsto ir en su búsqueda, lo cierto fue que se encontró con unas de las sorpresas más desagradable de su vida, aún su cuerpo temblaba del susto al recordar la escena que vio, allí en el muelle cerrando negocio con un cargamento de esa sucia sustancia a cambio de dinero con otro grupo, eso la desarmó por completo, ella se había acercado y pudo oír el intercambio, el decía que la sustancia era de la mejor calidad y que le gustaría hacer negocio con ellos.

Al escuchar eso, sintió un ataque de pánico del que le dio cuando estuvo en Ciudad de México, sin embargo, se obligó a calmarse porque si la encontraban eran capaz de matarla, se escondió en un área rocosa, y allí estuvo por varias horas hasta el amanecer, con frío, hambre, miedo, decepción, su vida iba de mal en peor, no conocía a una persona que le salieran tan bien hechas las cosas malas, quería demostrar su valía pero por el contrario cada día se hundía más y más irremediablemente, desde ese día del descubrimiento, había huido despavorida, se cambió de residencia a un extremo de la ciudad donde vivía anteriormente, tenía terror a ese hombre, él nunca podía saber que estaba esperando su hijo, protegería a ese niño que se formaba dentro de ella, hasta con su propia vida.

 

Dejó sus pensamientos, atrás, había llegado el día anterior a casa de sus padres, ellos se habían emocionado al verla; su padre entró a su habitación y comenzó a preguntarle de lo que había hecho durante esos más de tres meses de ausencia, le contó lo que podía, su padre comenzó a peinarla, desde que era niña tenía la costumbre de peinarla mientras hablaban.

—Tú siempre serás la niña de mis ojos, mi princesa, mi muñeca amada, así pasen los años, mientras viva así será, nunca dudes Alondra que aquí estaré siempre para ti, si no quieres irte y quedarte en tu casa, te apoyo, nunca te abandonaré mi pequeña le dijo abrazándola—cada palabra pronunciada  por su padre, la hacía sentir no solamente ternura, amor, sino también remordimientos, como iba a decirle que se enamoró de un mafioso y se había embarazado, no podía causarles esa decepción; su niña la que iba a demostrar su madurez y capacidad, había demostrado que era una imbécil, inmadura y con poca capacidad de discernimiento.

********************************************************

—Nick algo le pasa a Alondra, no es la misma, sus ojos no brillan, está muy delgada, esquelética, carga una profunda tristeza, intento acercarme a ella para que se abra a mí y solo finge una sonrisa diciéndome, todo está bien mamá, solo es cierta melancolía, pero mi corazón me dice que algo le sucede.

—Lo noté, le dije que siempre estaré para ella que se puede quedar con nosotros, solo se sonrió pero no dijo nada. Yo quería que cambiara, que fuese más humana, su actitud con lo que pasó con Camilla y Camillo, me decepcionó tanto, me dio miedo de mi propia hija, sentí vergüenza y repudio de ella—“Alondra caminaba hacia el despacho de su padre decidida a contarles lo que le pasaba, la puerta estaba abierta y al acercarse alcanzó a escuchar “Yo quería que cambiara, que fuese más humana, su actitud con lo que pasó con Camilla y Camillo, me decepcionó tanto, me dio miedo de mi propia hija, sentí vergüenza y repudió de ella” al escuchar eso sus lágrimas de inmediato salieron y salió corriendo a su habitación, era una vergüenza para ellos, como podía decirle lo hondo que había caído, no podía hacerlo.

 

Nick siguió hablando  «Pero esa chica que está allí, es una muerta en vida, no la quiero así, quiero a mi niña feliz—expresó con angustia—me siento impotente Sophía, nos equivocamos, yo más que tú, la consentí demasiado, la hice caprichosa y voluntariosa a pesar de lo que me decías, yo dañé a mi propia hija, pero no quería que nadie la pisoteara y ningún hombre viniera a causarle daño y ahora que tengo, mi niña tiene algo que la está siendo sufrir y no sé que es, ni cómo ayudarla porque no confía en mí—concluyó con angustia.

 

Sophía lloraba silenciosamente —Los dos somos culpables, es tan difícil ser padres, no tenemos un manual que nos diga cómo debemos actuar, tal vez no dejamos llevar solo por el corazón y es necesario equilibrar con la razón, equivocamos el camino, el padre que ama a su hijo corrige, no lo hicimos así con Alondra, Matteo es más humano, más responsable, pero te prometo que hablaré con ella, después de la boda conversaremos los tres y recuperaremos la alegría y la felicidad de nuestra chiquita, no sufras amor, no llores, lo solucionaremos, no me gusta verte culpándote de esa manera, no seas duro contigo, ya verás que nuestro solecito va a estar bien.

******************************************************

Alondra en su cama trataba de calmarse, era tan fuerte su dolor, como quisiera poder regresar el tiempo y hacer todo tan distinto, no podía quedarse en casa de sus padres, debía conseguir ayuda, pero quien la ayudaría, pensó en   Camillo y en Taddeo, tal vez su enojo hubiese mermado, solo ellos podían ayudarla, estaba sin trabajo, embarazada y sus padres estaban decepcionada de ella, no podía obligarlos a cargar con ella, con los muchachos les pediría trabajo, trataría de no ser carga de ellos. Con esperanza marcó el número de celular de Camillo, la atendió al segundo repique —Aló, habla Camillo ¿Quién al otro lado?

Ella con voz esperanzada pero un tanto nerviosa, se aclaró la garganta y dijo —Camillo soy Alondra, necesito conversar contigo.

De inmediato los insultos del otro lado no se hicieron esperar— Tú eres el colmo del descaro, te atreves a llamarme después de lo que me hiciste, eres una cara dura Alondra, no quiero tu amistad, no quiero tratarte, no me interesa saber de ti—expresó el chico enfurecido.

—Camillo, por favor no me cortes, te necesito—dijo llorando—necesito un amigo.

—Pues ve donde te buscas un amigo, porque yo no lo soy más, a mi me dejas en paz, no quiero saber nada de ti—concluyó cortando.

—Aló, Aló, Camillo por favor, no me des la espalda—dijo con apenas un hilo de voz a la línea muerta—ya no tengo a nadie, estoy sola, tengo mucho miedo—expresó mientras se acostaba en posición fetal, con el celular en su pecho.

 

“A quien Actúa con maldad hay que desearle suerte…tarde o temprano la necesitará”

 

 

CAPÍTULO 13. FINGIENDO LO QUE NO ES

Dos días después

Alondra estaba frente al espejo, su estado de ánimo había mejorado, se había peinado con medio recogido de cabello, dejando lo demás suelto, se colocó un vestido sencillo color rojo, largo que le dejaba descubierto parte de su cintura exhibiendo su ombligo, debía aprovechar antes que su vientre creciera, manga tres cuarto, hombros descotados y tacones negros, lo había comprado hacía unos días, no era de marca, le gustó y se lo compró y había decidió colocárselo para la boda, atrás quedaron esos días cuando lo más importante era impresionar, ser la mejor vestida, usar la ropa más costosa, siempre iba con la intención de opacar hasta a las organizadoras de la fiesta, ya eso le tenía sin cuidado, ahora quería pasar desapercibida que nadie la viera ni hiciera comparaciones odiosas, aunque con el color del vestido que había escogido quizás no lo lograra. Quién iba a imaginar que unos meses después de lo que pasó en México, iba a tener una percepción distinta de la vida. Había sido un proceso doloroso para ella, verse sola, haber decepcionado a tanta gente, sus ojos empañaron un poco producto de las lágrimas que intentaba retener, las secó de inmediato, justo en ese momento entró su madre.

—¿Princesa ya estás lista? —interrogó su madre observándola.

Alondra reveló una suave sonrisa —Si mamá estoy lista.

—Te ves bellísima, definitivamente lo menos es más, sin embargo, tengo curiosidad ¿Dónde compraste ese vestido?

—En un almacén de ropa de segunda—pronunció sin retirar la mirada de su madre.

—Te queda muy hermoso, sin embargo, me es extraño no verte con ropa de marca como siempre ha sido tú estilo. Sé que te habíamos dicho que no te entregaríamos los instrumentos financieros, para que tú con el producto de tu trabajo te cubrieras los gastos, pero estuvimos pensándolo y creo que en estos meses has  aprendido mucho, lo veo en tu actitud—le extendió las tarjetas, pero Alondra negó con la cabeza.

—No mamá, no voy aceptarlo, gracias, pero no me hace falta. Trabajé y tengo algo de dinero guardado y seguiré haciéndolo. No soy una niña que tenga que vivir a expensas de mis padres, deseo ganarme todo por mí misma.

—Entonces trabaja en alguno de los hoteles de tu padre.

—Mami, no lo tomes a mal, pero quiero transitar todo mi camino como hacen la mayoría de las personas en este mundo, no quiero seguir corriendo con ventaja.

Sophía al oírla la abrazó, sintió un indicio de orgullo en su interior por su hija, pero no lo transmitió, pero le dijo—Te amo Alondra, nunca te olvides que aquí siempre estaré para ti.

—Lo sé mamá, y te prometo que algún día vas a sentirte orgullosa de mi y dirás con vanidad “Ella es mi hija”—manifestó mientras se abrazaban, ella aprovechando a sentirse segura y olfateando la dulce fragancia que emanaba de su mamá, en ese instante pensó que muchas veces creyó que el valor de la vida estaba en los bienes materiales, cuando el verdadero tesoro está en las cosas intangibles.

 

Al bajar su padre se quedó viéndola, su niña se veía sencilla pero hermosa, lo sorprendía gratamente la naturalidad que emanaba de ella, sin embargo, en su mirada no podía disimular los signos de tristeza,  quiso hablar con ella  en ese instante, sin embargo, ese no era momento para hablar, debían cumplir con el compromiso, al día siguiente hablaría e investigaría lo que le estaba pasando.

 

Llegaron a la boda con buen tiempo en la Basílica de San Juan de Letrán, ubicaron sus asientos adentro, ella se sentó con la mirada pérdida, observando pero sin prestar atención, hasta que lo vio, allí en la iglesia en la boda de Taddeo estaba Pir, su corazón palpitó con fuerza, sus manos empezaron a sudar, rogaba en su interior para que no la viera, no quería involucrarse con un hombre de su calaña, así su cuerpo y su corazón le hicieran oposición a su razón, lo que no se explicaba era porque se encontraba él en esa boda, cuando pensó que pasaría inadvertida Pir se dio cuenta y le expresó una mirada amenazante, la cual le hizo tambalearse por dentro, no obstante desvió la mirada y se retiró de donde estaba.

 

Pasaban los minutos y el novio no llegaba, hasta que pasó media hora y los murmullos no cesaban, sus padres se levantaron y ella con ellos, su hermano Matías no había asistido porque se encontraba de viaje, salieron a la parte frontal de la basílica, la novia aún no había descendido del carruaje esperando el novio, se veía al señor Lucca molesto marcando el celular, ella no creía a Taddeo capaz de embarcar a Camilla, él la amaba profundamente, algo debía haberle pasado para que no llegara, estuvieron esperando un cuarto de hora, cuando Camilla y su familia comenzó a moverse, incluso volvió a ver a Pir, ¿Sería amigo de ellos o tal vez sus sospechas eran ciertas? Pero un Rocco jamás se involucraría en actividades ilícitas, esa familia era honorable, ellos se mantenían conversando incluso con los abuelos de Taddeo, mientras ellos se mantenían un poco alejado hasta que Camilla se paró en la puerta frente a todos, con un donaire y manifestó de manera fuerte y sin ningún tipo de temblor en la voz y ante la mirada atónita de todos los invitados—Señores no va haber boda, el novio se arrepintió y no llegó.

 

Los murmullos no dejaron de escucharse, ella de haber sido amiga de Camilla se le hubiese acercado y aconsejado que no hiciera eso, si de algo ella debía estar segura era del amor que le profesaba Taddeo. Pero justo en ese momento aparecieron Taddeo y Camillo, bajaron cada uno de una limusina, ella sonrió complacida, pero cuando lo hizo pudo percibir que alguien la estaba mirando fuerte, hacer un escaneo visual del lugar, pudo ver a Pir, quien la miraba con rabia, de inmediato su cuerpo se erizó, su semblante parecía de granito, y se notaba que estaba conteniendo el enojo, ella apartó la vista preocupada y la dirigió a los muchachos quienes conversaban con Camilla.

 

Debieron esperar casi una hora, del lado interno de la iglesia, mientras Taddeo y Camilla arreglaban la situación porque a principio el cardenal se negó a casarlos, alegando que había llegado tarde, hasta que le explicaron las razones y pareció entender porque accedió a casarlos en un lapso de diez minutos, pero en una ceremonia íntima porque los invitados habían salido de la basílica.

 

Habían colocado cámaras en el interior de la iglesia y una pantalla gigante en el exterior para proyectar la ceremonia religiosa a los invitados a la parte externa y Taddeo conversó e invitó a los más allegados a la ceremonia. Antes de iniciarse Lucca Rocco se acercó a donde ellos estaban y saludó a su papá  diciéndole —Nick, ¿Habías visto a mi hijo Felipe Spiro?


Alondra no podía salir de su asombro, Pir y Felipe si eran las mismas personas, como lo había pensado, “Que atino tienes Alondra, venirte a enamorar del hermano de Valeria, la chica a quien le causaste daño, no podía creerlo y de paso embarazada de su hijo, la angustia tomo el control de su cuerpo y reconoció los indicios del ataque de pánico, pidió permiso sin decir nada y entró en el baño donde logró calmarse al salir, Felipe la estaba esperando en la puerta del baño la sostuvo del brazo diciéndole —Me contenta que hayas descubierto quien soy, por eso voy advertirte, no te atrevas a dañar la boda de mi hermana, ya supe la casi de alimaña que eres, que pagaste a unos hombres para que la drogaran y hacerle creer a Taddeo que se había acostado con Camillo, esa idea solo puede  venir de una mente tan retorcida como la tuya, Más te vales no meterte por el medio, porque no sabes lo que soy capaz de hacer.

 

La rabia que sentía ante su amenaza la cegó y sin detenerse a pensar expresó —No te tengo miedo, y si me gusta Taddeo, siempre lo ha hecho, poco me importa que esté casado, en cuanto tenga oportunidad me cito y me revuelco con él, además ¿Qué sabes tú si tengo un romance con él? Tu deberías saber que las cosas prohibidas nos atraen más y cuando hablamos de amor los prohibidos son más intensos y te llevan a la gloria en un segundo, tienen un sabor diferente a los permitidos—concluyó triunfante, había destilado toda la rabia que sentía.

 

Sin embargo, su aire de triunfo lo perdió cuando vio el rostro de Pir, sus ojos arrojaban chispas del enojo, su boca apretada y el rostro rojo de la ira, la tomó un poco más fuerte el brazo y espetó como un latigazo —¡Eres una zorra!, siempre lo has sido, y yo solo soy un maldito estúpido por haber creído en tu supuesto amor.

 

—Y tú eres un falso, el mentiroso más grande que he conocido en mi vida, lo puta se me quita con un hombre que me haga el amor rico, pero lo mentiroso no se quita con nada—siguió furiosa. Al oírla decir eso, la soltó despectivamente, se tambaleó un poco pero ella logró equilibrarse.

 

—Te juro por Dios que te vas arrepentir de lo que estás haciendo.

 

—Si lo llego hacer será de rodillas ante Dios no ante ti—le respondió cortante. Caminó hacia donde estaban los demás, sus piernas le temblaban, estaba loca, como fue capaz de decir todas esas cosas y enseguida pensó, es lo mejor “que me crea una zorra porque así no me buscara y no se enterará que estoy esperando un hijo suyo, y no lo pondrá en riesgo en la vida de mafioso que lleva, en cuanto pueda huiré de todos, pediré ayuda a Taddeo, pero haciéndole prometer que no diga nada de mi”.

 

********************************************************************

 

Felipe se quedó hirviendo del enojo, cerró su puño y se lo lanzó a la pared bloqueando el dolor físico que sentía en su mano, porque el dolor que estaba sufriendo en su corazón no se comparaba, siempre había sabido que Alondra era una arpía, pero pensó que había cambiado, porque él conoció una distinta mientras estuvieron juntos, pero todo era una artimaña, ella era el engaño personificado, una rebosada actriz, pensó con rabia.

 

Caminó hacia donde estaban celebrando la boda, veía a su hermana feliz, eso le conmovió el corazón, por ninguna circunstancias iba a permitir que Alondra le hiciera daño, así tuviera que amarrarla para evitarlo, y por más que había oído de su propia boca confesando que tenía algo con Taddeo no pudo evitar observarla, se veía tan hermosa en ese sencillo pero provocativo vestido rojo.

 

En alguna parte en su interior trataba de eludir esa verdad que ella le había dicho y pensaba que eso no era posible, porque ella había estado con él y siempre se había entregado sin reservas, le había confesado que nunca un hombre la había hecho sentir lo que él le produjo. Sin embargo, sus dudas se diluyeron, cuando la vio que las lágrimas se derramaban de sus ojos y ella las limpiaba, lloraba porque Taddeo se estaba casando con su hermana.

 

********************************************************

 

Alondra no pudo evitar las lágrimas que brotaron de sus ojos en pensar que ella nunca se casaría así, porque no tenía quien la amara, jamás tendría derecho a que un hombre la mirará con todo ese amor que Taddeo miraba a Camilla, de corazón les deseaba que fuesen feliz, aunque no dejaba de sentir un tanto de envidia.

 

La ceremonia terminó y ella fue acercársele a Camilla para felicitarla cuando un brazo la retuvo, al voltearse era Pir ó Felipe, no encontraba que nombre darle —No te le acerques a mi hermana, que buenos deseos puedes tener tú, una mujer que quiere quitarle el marido, así que mantente lejos de ella, no permitiré que le hagas daño —señaló con firmeza.

 

Sintió un encogimiento en su pecho, y otra vez un rastro de envidia a Camilla llenó su corazón, la devoción como Felipe la defendía era admirable, como Taddeo la amaba, e incluso Camillo la miraba con adoración, ella nunca tendría eso, no pudo evitar un lamento que salió de sus labios, se soltó del brazo de Felipe y se alejó a donde estaban sus padres, sin embargo, sin haberlo planificado quedó de frente con Taddeo, lo abrazó y  lo felicitó, sin embargo se quedó un poco más de tiempo aferrada a él, era la oportunidad de pedirle ayuda —Necesito conversar contigo Taddeo, por favor me urge hablar con alguien—pronunció en un tono de desespero.

—Por qué no hablas con Camillo, siempre ha sido tú mejor amigo, y han estado muy unidos—le dijo Taddeo.

—Porque desde que supo que yo estaba involucrada en la broma de drogarlos, no quiere ni verme—habló con pesar.

—¡Por Dios Alondra! ¿Te pareció una broma lo que hiciste? Tienes un concepto errado sobre lo que hace reír a la gente.

—Se que estuvo mal, pero yo solo quería recuperarte—expresó con una mirada de arrepentimiento.

—No puedes recuperar lo que nunca has tenido—espetó Taddeo.

—Por favor habla conmigo, necesito desahogarme con alguien.

Taddeo se quedó viéndola con fastidio, sin embargo después cambió su semblante—Está bien, pero no hoy, ni en los próximos días. Camill y yo iremos de luna de miel por dos semanas. Al regresar hablamos.

—Gracias—pronunció emocionada, lo tomó por las mejillas y  le estampó un par de besos en cada una. 

 

Sin embargo, ese intercambio entre ellos no pasó desapercibido ni para Camilla que miraba con tristeza que su recién esposo conversaba y permitía que la mujer que le había hecho daño lo abrazara y besara y para Felipe, que sin detenerse a pensar salió a emplazar a Taddeo, no permitiría que a cuenta de famoso, le viniera amargar la vida a su hermana por andar con una mujer de cascos ligeros, que no le llegaba a Camilla ni por el dedo meñique del pie, por ello lo interceptó diciéndole —¡Taddeo Ferrari! terminamos siendo cuñados. Espero que sepas valorar y amar a mi hermana, regularmente soy el menos impulsivo de mi familia, pero si le haces daño, descubro que le eres infiel, o la haces llorar, vas a conocer una parte de mí que poco me gusta mostrar.

 

—¿Sabes que Felipe?, tus amenazas están demás, y no veo que vengan al caso, Camilla es la mujer que elegí para unirme a ella, hacer una vida juntos, ni remotamente tengo pensado serle infiel y mucho menos hacerla sufrir, no porque me estés amenazando, se defenderme muy bien, sino porque la amo y la respeto—al decir eso dio media vuelta y salió al encuentro de Camilla.

 

Al Felipe girarse pudo observar a Alondra, se le acercó —Te dije que te alejarás de mi hermana y su esposo, porque no respondo de mis actos, no eres nada para él, Taddeo la eligió a ella, tú eres el pasado.

 

—No estés tan seguro Pir Roldán, Felipe Rocco o como desees llamarte—expresó dándose la vuelta.

 

A sus padres les había dicho que se iba a la fiesta con Felipe, este la siguió preguntándole —¿Con quién te vas a la fiesta?

—No voy a ir Felipe, me iré a mi casa, es lo que me acabas de decir que me aleje de tu hermana y su esposo ¿Verdad? ¡Es lo que haré!, —caminó lentamente abrazándose a sí misma.

 

Algo en ella, tal vez su tono de voz, su expresión corporal, le causó preocupación a Felipe, quizás era la tristeza que reflejaban sus ojos, de repente le surgió la idea como un rayo, sintió su corazón comprimirse y de repente su conciencia le preguntó “¿Y si Alondra está fingiendo?”, “¿Cómo así?” respondió; “ella está buscando que la odies, no la dejes ir ¡Detenla!”, luchó por unos momentos consigo mismo, y cuando salió en su búsqueda ella no estaba, se había ido, no sabía porque pero tenía una gran opresión en el pecho que le impedía respirar.

 

 

 

“Es duro cuando alguien especial comienza a ignorarte, pero es más duro fingir que no te importa”

Anónimo.

 

 

 CAPÍTULO 14. DESGRACIA CERNIDA

 

Cuando Alondra, salió se subió de inmediato al auto, querìa alejarse lo más pronto posible de Felipe y lo que él representaba.

 

—Jefe, la chica salió de la boda en la basílica, tomó un taxi pero no se sabe si va a la fiesta o hasta su casa, de todas manera no se preocupe, la estamos siguiendo.

 

—No la pierdan de vista, debes seguirla y cuando la tengas precisada, debes avisarme, no me creo el cuento de Pir, que ella no le importa, cuando manda a su mejor hombre a seguirla, hay algo de lo que me dijo que no cuadra y si esa chica es tan importante para él como nos estamos imaginando, tenemos garantizado el éxito en nuestra operaciones.

 

—Tranquilo, no la perderemos de vista, ella es la clave para tener a Pir en sus manos.

 

—Así es, aunque eso no evita que pueda disfrutarla, me gusta desde que la vi en las fotografías, no he podido sacármela de la cabeza y no me gusta obsesionarme con una mujer y no tenerla, por eso tendré que darle solución a ese asunto —concluyó con una carcajada de maldad, cortando la llamada.

 

********************************************************

 

Felipe se había quedado inquieto, no podía dejar de pensar en Alondra, le preocupaba su seguridad, quería ir a casa de los Sebastini para buscarla, pero debía estar en la fiesta de celebración de la boda de su hermana, aunque tampoco podía estar mucho tiempo exhibiéndose, debí mantener un perfil bajo, no dejarse fotografiar por los medios y solo hacerlo en las fotos familiares.

 

No era fácil llevar no doble, sino triple vida, pues si era descubierto como uno o como otro, podían atentar no solo con su vida sino con las de sus seres queridos, y en este momento la más vulnerable de todos era Alondra. Llegó a la fiesta, bailó con su abuela, con su madre, su hermana, dos invitadas más, y en tal vez un impulso por sentirse cerca de Alondra o conocer más de ella, le pidió permiso a Nickólas Sebastini para bailar con su esposa—Señor Nick, ¿Tendrá alguna objeción que saque a bailar a su bella esposa?

 

—¿Por qué no sacas a bailar a mi hija? —interrogó curioso Nick.

 

—Porque su hija se fue a casa desde la iglesia—expresó él inocente de lo que Alondra le había dicho a sus padres.

 

—Pero cuando le dije que se viniera con nosotros, me dijo que tú te encargarías de traerla.

 

—Nos vimos a la salida de la Basílica, pero ella regresó a su casa—afirmó él. Felipe se dio cuenta del semblante de angustia de los padres de Alondra y de inmediato la preocupación que tenía por ella aumentó.

 

—¡No puede ser! —exclamó Nick, pasándose la mano por la cabeza— no quiero que esté sola, pensé que estaría contigo.

 

En el rostro de Nick cruzó una mirada de dolor—¿Qué pasa señor Nick? Dígame que lo preocupa, confié en mí, tal vez yo pueda ayudarlos.

 

Nick se debatía entre confesarle lo que pasaba a Felipe, no lo había visto desde que era niño, pero se veía un muchacho serio, además él quizás pudiera acercársele con más facilidad a Alondra y descubrir lo que le pasaba, caminaron con él por el jardín de la mansión Ferrari y se fueron a sentar en un lugar alejado los tres.

 

—Me cuesta hablar de esto, en el pasado Alondra fue una niña caprichosa, egoísta, quizás yo sea responsable porque la mime mucho, siempre la dejé imponerse porque era mi pequeña, la niña de mis ojos, fue una emoción indescriptible la primera vez que la vi, cuando la tuve en mis brazos, me enamoré por segunda vez, cuando miré esos ojos igual a los de su madre, la mujer que amo, esa pequeña criatura robó mi corazón—mientras hablaba tomaba la mano de su esposa, mientras ella se acercaba a él para mantenerse abrazada a su cuerpo.

 

«A raíz de la trampa que le puso Alondra a tu hermana, yo la castigué, le quité toda ayuda económica, ella molesta dejó México y se apartó de nosotros, con la altivez que la caracteriza, dijo que ella saldría adelante sola. Así se fue y teníamos alrededor de cuatro meses sin verla, hablamos con ella por teléfono pero no era mucho lo que nos decía, cuando apareció hace unos días. No es la misma, y no es solo que sus defectos más resaltante ya no están allí, eso no sería el problema, sino que se la pasa encerrada, no come, ni siquiera duerme, sonríe poco, mi Alondra perdió la alegría por vivir, es como una cáscara vacía, sin vida, sin ninguna ilusión y tengo miedo de lo que pueda hacer.

 

En el momento en que Felipe escuchó lo dicho por Nick, sintió un profundo miedo, ¿Será que estaba triste porque en realidad lo amaba? ¿Sería posible que su Bonita en verdad sintiera algo por él? ¿Y la actitud que tuvo con ella diciéndole que no la amaba, había provocado ese estado en ella? pero es que debía hacerlo no tenía alternativa, debía protegerla.

 

—Voy a ir a buscarla para que éste en la fiesta, no se preocupe voy a traerla—se despidió de ellos y salió con su corazón acelerado de la emoción, planificando lo que iba hacer, le pediría que se casara con él, hablaría con su hermana y sus padres, les confesaría que era la mujer que amaba, le pediría su mano a Nick, y luego buscaría protegerla, hasta que él pudiera retirarse de todo eso, por ella renunciaría a su otra pasión, porque no toleraría ponerla en riesgo, por ella haría las cosas diferentes a como las había planificado en su vida. Fue a dónde estaban su padre y su madre —Padre, voy a salir un momento, iré a buscar a la mujer que amo —expresó sonriente.

 

Su padre se sonrió —¿La conozco? —interrogó.

 

—Tal vez sí, aunque ella no sea la misma—comentó con una sonrisa, se sentía feliz después de haber tomado esa decisión.

 

—Anda ve y búscala—lo animó su padre.

 

Antes de ir a buscarla le marcó a Manolo— Hola Manolo, quiero que te adelantes a la dirección que te voy a dar—le dictó la dirección— Allí viven los padres de Alondra, espérame allí, iré a buscarla para pedirle que se case conmigo.

 

—Hasta que por fin lo reconociste, ella va a ser una esposa extraordinaria, te acordarás de mí.

 

—Si, la amo, estoy ansioso por saber su respuesta cuando se lo diga.

 

—Te va a responder que si, ese amor que le tienes es correspondido, se pondrá feliz.

 

—Gracias nos vemos allá—. Al cortar se regresó, y le pidió a su madre que le diera el collar de compromiso, con lo que los hombres Rocco pedían matrimonio, y ella lo autorizó a que lo buscara en la caja fuerte. Le dio las gracias dándole un beso y salió a su casa, buscó en la caja fuerte y ubicó el estuche, lo abrió y antes sus ojos quedó revelado un hermoso collar de diamantes de corazón, valorado en aproximadamente veinticinco millones de dólares, una reliquia familiar, con el cual los hombres de la familia Rocco, pedían matrimonio a las mujeres que amaban, y así lo haría él, ese mismo día su bonita sabría que la amaba y que quería unir su vida para siempre con ella.

 

 ********************************************************

Alondra, luego de un largo recorrido, llegó a casa de sus padres  después de haber tomado un taxi, preparó su bolso, se quitó el vestido, se puso una bermuda de tela suave beige, una blusa holgada y unos zapatos deportivos, en la vigilancia de la casa se despidió, comenzó a caminar, ese lugar no era peligroso, estaba ubicado en una de las mejores zonas de Roma, y en ese momento le provocaba caminar, iba distraída con sus pensamientos, le contentaba que Taddeo le había dado su palabra de ayudarla y ella confiaba en él.

 

Luego de caminar como treinta minutos, se sentó en la primera parada  que observó y allí espero a que pasara el transporte, el bus donde subiría no la dejaba frente de donde vivía si no aproximadamente a cinco cuadras, pero no le importaba caminar, además su calzado era bastante cómodo, solo deseaba llegar para acostarse, el embarazo le daba mucho sueño, pero sus pesadillas seguían persiguiéndola igual, descansaría esa noche y mañana pensaría que hacer, debía conseguir trabajo, mientras Taddeo llegara de su luna de miel, estaba segura que él la ayudaría, era un hombre excelente, una buena persona en todo el sentido de la palabra.

 

Justo cuando estaba sumergida en sus pensamientos esperando, vio una camioneta aparcarse del otro lado de la avenida y vio bajar a Manolo, el guarda espaldas de confianza de Pir, de inmediato pensó que no se llamaba  Pir, sino Felipe, la había engañado, aunque ella al principio tuvo una leve sospecha, después pensó que no podían existir tantas coincidencias y desechó esas ideas, ahora resulta que eran muy reales, si hubiese apostado no hubiese perdido, pensó con burla hacía ella misma.

 

Él hombre caminó hacia ella y dijo —Señorita Alondra, me alegro tanto de volver a verla.

 

—Pues yo no señor Manolo, no quiero saber nada de lo que tenga que ver con Pir, Felipe o cómo se llame, ese hombre es un completo farsante.

 

—Él la ama, usted debe esperar para hablar con él, no se vaya debe esperarlo, le tiene una sorpresa.

 

—No quiero sorpresas de él, yo lo superé y lo he sacado de mi existencia.

 

—Dice eso porque está herida por lo que ha pasado, Felipe la ama, desde el mismo momento que la vio, a tal punto que quiere hacerla su esposa.

 

—No me hagas reír Manolo—fingió una sonrisa—él me dijo claramente que no me amaba, que todo fue una venganza, así que no creo en nada que provenga de él, además es un mafioso y nunca jamás uniría mi vida a un hombre como él —espetó furiosa, mientras Manolo quedaba impactado por el hallazgo que había hecho la chica y sin darse cuenta ella se subió al autobús, cuando se percató de lo ocurrido, quiso retener el transporte para convencerla de que bajara, pero era muy tarde, esperó para cruzar la avenida para ir por el auto, buscar dar la vuelta y seguir al autobús, pero mientras hacía ese proceso el transporte se perdió de vista.

 

De inmediato llamó a Felipe y le contó lo ocurrido, él solo le respondió —Por favor encuéntrala y cuídala, no trates de justificarme y explicarme ante ella, apenas la vea, voy a decirle toda la verdad, si va hacer mi esposa no quiero mantenerla ignorante, aunque si alejada de todos. No soportaría que nadie la dañara. Yo regresaré a la fiesta, pero apenas la encuentres me informas—concluyó con firmeza.

 

********************************************************

 

Alondra bajó del autobús y comenzó a caminar sin detenerse, sin embargo, ya estaba oscuro, mientras iba caminando escuchó unos pasos, por ello aumentó la rapidez de su caminar todo lo de prisa que sus piernas le permitían, el sudor comenzó a chorrear por su cuerpo, la blusa a pesar de ser holgada se pegaba en la parte superior,  comenzó a sentir miedo y de inmediato recordó que ya había vivido lo que estaba sucediendo, de inmediato vinieron sus pesadillas a su mente, eso no podía estarle pasando, el miedo la envolvió como en un capullo de terror, y los pasos detrás de ella no cesaban, al doblar una esquina se dio cuenta que tres hombres la perseguían, la noche oscura no daba ningún indicio de luz, su corazón comenzó a palpitar con fuerza, la noche estaba cubierta por un manto de densa bruma, que daba un aspecto más siniestro, miró a los lados buscando donde resguardarse, vio un contenedor pero ellos ya estaba encima de ella, intentó gritar pero de su boca no salía ningún sonido, comenzó a correr, pero uno de ellos también corrió hasta alcanzarla, la tomó del cabello girándola, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, recorriendo sin control sus sonrosadas mejillas producto del esfuerzo que había hecho por huir—¡Qué hermosa eres! Esos ojos son hechizantes, eres una bruja que despiertas las más bajas pasiones en los hombres. No me temas, soy muy amigo de Pir, me habló maravillas de ti, que eres con quien mejor polvo había echado—el hombre tocaba su rostro, acariciándola mientras ella apretaba su boca.

 

—No me haga daño por favor—dijo en un principio nerviosa, pero al ver la cara de lascivia del hombre, su carácter combativo salió a flote, preferiría morir a que estos malditos abusaran de ella.

 

—No te haré daño, solo quiero disfrutar contigo, para saber si Pir está o no en lo cierto—dijo con una sonrisa sardónica mientras bajaba sus manos por el cuerpo de Alondra, ella le dio unos manotazos.

 

 

—¡No me toque! —dijo con firmeza y con la mirada chispeante de rabia.

 

En ese momento los hombres se empezaron a reír —¿Te atreves a exigir? Pues nena o colaboras con nosotros, permitiéndonos estar protegiditos dentro de ese hermoso cuerpito tuyo, o lo hacemos por las malas ¿La decisión es tuya? —expresó quien parecía el jefe sonriéndose con maldad.

 

—Jamás me acostaré voluntariamente con ustedes y si me quieren tomar por las fuerzas lucharé con mi vida si es necesario—manifestó Alondra, levantando su mentón con valentía. Pero de nada le sirvió, la arrojaron en el suelo, y cada uno de los otros dos, le sostenía las piernas mientras ella tiraba patadas, manotazos pero todo intento era infructuoso, el hombre que parecía el jefe, se desabrochó el pantalón, sacó una navaja y cortó la blusa y bermuda de Alondra, dejándola desnuda, por más que buscó protegerse y oponerse al ataque no pudo, el hombre la tocó con lujuria, ella lloraba desesperada, pensando en que estaba perdida, y así fue, nadie pudo evitar que el primero de los hombres la tomara con violencia jadeando enfebrecido encima de ella, mientras desesperada con sus manos lo golpeaba y gritaba con todo el dolor y las fuerzas que salían de lo profundo de sus entrañas, pensando “Me están rompiendo en mil pedazos, me están matando el alma en vida, nunca más volveré a ser la misma”.

 

 

 

Un día alguien te abrazará tan fuerte, que todas tus partes rotas se juntarán de nuevo” Anónimo.

 

 

 

CAPITULO 15. ES NECESARIO VER MÁS ALLÁ DE LAS APARIENCIAS.

 

El maldito desgraciado seguía sobre ella, pensaba Alondra, su desesperación aumentaba, no podía creer lo que le estaba pasando, sentía que era a otra persona a quien le estaba sucediendo eso, el hombre la golpeaba, cuando intentaba liberarse, ella lo mordió y él le propinó unas cachetadas, gritaba, era el momento más tormentoso que había vivido en su vida, se sentía tan impotente —¡Estate tranquila! Y deja que acabe con lo que estoy haciendo, y si quieres grita todo lo que quieras, que nadie te va a oír, primero te haré mía y luego, como no soy egoísta mis muchachos también tendrán su festín—concluyó con una carcajada. Nunca había sentido tanto odio en su vida, pudo liberar una de sus manos y le metió el dedo en el ojo y lo apretó con fuerza, pero uno de ellos le volvió a tomar la mano y el tipo empezó a golpearle el rostro.

 

En ese momento se escucharon unos pasos y enseguida unos disparos comenzaron a sonar, los tres hombres la soltaron y salieron corriendo, mientras Alondra no dejaba de llorar con sus ojos cerrados, al abrirlos vio el rostro de Manolo, y el alivio que sintió era indescriptible, él la miraba con un rostro de dolor, mientras ella continuaba llorando sin parar, se quitó el saco y la cubrió con el —¡Ay mi niña! Siento haber llegado tarde—dijo con lágrimas rodando sus mejillas.

 

—Yo también—dijo apenas con voz audible mientras grandes sollozos, salían de su boca.

 

—Debemos irnos lo más pronto, ellos volverán, lo más probable es que también andes armados— se quitó el saco y la cubrió, vio que le habían destrozado la ropa, tomó la cartera, y cargó a Alondra entre sus brazos, ella se oponía mientras Manolo le decía —Tranquila señorita está a salvo conmigo, no le haré daño— caminó, la subió al auto, se montó él y de una vez arrancó.

El teléfono sonó y Manolo iba atenderlo y ella dijo—¡Por favor no! ¡Se lo suplico! —le dijo llorando.

 

—Tenemos que ir a un hospital para que le hagan análisis y colocar la denuncia contra esos desgraciados, esto no puede quedar impune—expresó Manolo con gran enojo.

 

—No por favor, no quiero saber nada, solo quiero olvidar todo esto, y no quiero que usted se lo diga a nadie, ¿Cómo cree que voy a contar esto tan vergonzoso eso? ¡No puedo! ¡No puedo! —se puso a gritar—No me obligue hacerlo. Prométame que nunca le dirá esto a nadie.

 

—No podemos hacer eso, Pir tiene que saber lo que esos hombres le hicieron, no puede dejar eso así, ellos tienen que pagar.

 

—Él menos que nadie debe saberlo—expresó con una profunda tristeza, mientras sentía como especie de un ácido que la corroía por dentro, incluso hasta su alma— si en algo me aprecia, nunca más repita lo que sucedió allí—mencionó abrazándose a sí misma.

 

—Trataré de hacerlo como usted quiera. Iremos a mi casa, no puedo dejarla sola donde usted vive, ellos pueden buscarla.

 

Alondra se mantenía en silencio, sin hablar, trataba de controlar sus pensamientos para que no la llevaran por eso derroteros donde la querían llevar, pero estaba siendo inevitable, sus lágrimas parecían un torrente de agua de una fuente que se había quebrado. Al llegar al pequeño apartamento tipo estudio,  ella se sentó en el sofá tratando de abrazarse mientras no dejaba de llorar. De solo verla a Manolo se le partía el corazón, no entendía porque había hombres tan ruines que se complacían en hacerle daño a una mujer, es que acaso no recordaban que su vida se la debían a una.

 

Manolo arregló la habitación, y le dijo que pasara pero Alondra parecía ida, es como si solo estuviera su cuerpo y no su espíritu —Alondra ven y te recuestas, te cambias o vamos al hospital y denunciamos.

 

Al decirle así se quedó viéndolo y una pequeña chispa de rabia surgió en ella—¡Le dije que no lo haré!, solo quiero bañarme, limpiarme de todo esto—espetó mientras se miraba a sí misma con asco.

 

Manolo le indicó donde estaba el baño y la dejó sola en la habitación, las llamadas de Felipe eran insistentes pero las ignoraba, porque lo más probable es que si le atendía, le terminaría contando la verdad, y le había prometido a Alondra no hacerlo. Comenzó a preparar una comida, tal vez ella tuviera hambre.

 

Entretanto, Alondra se bañaba restregándose el cuerpo con fuerza, sentía un profundo asco, se repugnaba ella misma, las imágenes de lo que le había pasado, llegaban a su mente como una película, por más que trataba de huir de ellas, allí estaban lastimándola, abriendo más profundamente sus heridas. De repente, pensó en el bebé que crecía en su vientre y se colocó la mano allí, lo acarició diciendo, —Lo siento bebé—un indicio de preocupación se abrió camino en sus pensamientos, ¿Y si había sufrido algún daño? La angustia la invadió, pero se obligó  a calmarse, apretó duro sus ojos diciéndose —Debo calmarme y ser fuerte por ti bebé.

 

Luego de más de una hora bañándose, dejó de ducharse y se envolvió en una gran toalla, observó su rostro golpeado, buscó su bolso y los cubrió con el maquillaje que cargaba en su cartera, no quería que se le viera ningún indicio de lo sucedido, se imaginaría que nada había acontecido, así por dentro sintiera que se había roto en millones de pedazos. 

 

Se sentó en la orilla de la cama, y por más que intentaba ser fuerte, lo que había pasado la sobrepasaba, comenzó a llorar nuevamente, hipeaba, abrazándose, su dolor era grande, ¿Por qué le pasó eso a ella? De inmediato el rostro de Camilla, llegó a su mente, ella la había mandado a drogar, pero su intención jamás fue que le hicieran daño, pero la chica había sufrido con la incertidumbre de haber sido abusada, mientras que ella, había sufrido cada manoseo, cada roce, besos asquerosos y lo peor, ese hombre encima que la poseyó, la había ensuciado, contaminado con su cuerpo, ¿Cómo iba a vivir con eso?, así pasó un par de horas hasta que se quedó dormida sin darse cuenta.

 

Manolo se había duchado en el baño externo, se puso su bata y tocó la puerta de la habitación pero nadie le respondió, al entrar la vio dormida, le subió las piernas a la cama y buscó una cobija y la cubrió, vio que había llorado y le limpió las lágrimas, le daba tanto dolor la chica, no era fácil, lo que había vivido, escuchó un ruido detrás de él y al voltear, estaba Felipe quien lo miraba encolerizado.

 

—¡Maldito infeliz! ¡Eres un desgraciado! —tomó por el cuello a Manolo y usando toda su fuerza lo levantó del suelo, en ese momento Alondra se despertó sobresaltada, y comenzó a llorar, al darse cuenta lo que pasaba comenzó a negar con la cabeza.

 

—No es lo que estás pensando Felipe, por favor, déjame que te explique—afirmó Manolo.

 

—¡Déjalo! ¡Suéltalo! —exclamó la chica, pero Felipe la ignoró.

 

—Te enredaste con Alondra, aún sabiendo que te dije que me casaría con ella ¡¿Qué clase de persona eres?! Los dos son asquerosos—expresó mientras lo sujetaba fuerte por el cuello, mirándolo despectivamente. Luego lo soltó empujándolo, después se volteó hacia Alondra— y contigo definitivamente no aprendo, estoy empeñado en ver en ti, a alguien que no eres, debo de entender de una vez por todas, que sigues siendo la misma chica creída, que te gusta tener a los hombres revoloteando alrededor tuyo, y que los sigues usando a tu conveniencia, no eres más que una ra…—Manolo comenzó a hablar en su defensa y Felipe lo calló con un grito —¡Cállate! No hablo contigo, es con esta bendita mujer—expresó apretando los dientes—Definitivamente, no eres mujer para mí, no eres decente y nunca cambiarás. Desde hoy me haré de cuenta que no existes, te sacaré de mi mente y de mi corazón, te tengo que extirparte de mi vida como se sacan los tumores y cosas repugnantes del cuerpo —Ella lo miraba con una expresión de dolor, luchaba con sus lágrimas para evitar que salieran.

 

—Por favor Felipe, amigo, no hables sin saber lo que pasó fue…—empezó a decir Manolo, pero interrumpió sus palabras al ver que Alondra le suplicaba con los ojos que no dijera nada.

 

—¡¿Amigo?! —Lanzó una falsa carcajada— Tú no puedes llamarte así, los amigos no se traicionan. No intentes justificar lo injustificable, y te quedas callado porque simplemente no encuentras que inventar, pero no importa, quédate con esta, que les aproveche a ambos, par de sinvergüenzas, y si no me deshago de ti en este momento —dijo a Manolo con rabia contenida—es porque no puedo hacerlo, llegará el día en que te cobre esta deuda con creces.

 

—No Felipe, llegará el día que tengas y quieras pagar esta deuda, solo pido por tú bien que no sea demasiado tarde, porque te vas a tragar todo lo que le has dicho a Alondra—expresó molesto.

 

—¿En serio? ¡Si! pobrecita Alondra—comentó sarcástico—la encuentro desnuda en tu cama, acabada de ducharse, solo cubriéndose con una cobija y tú en bata también recién duchado y esperan que crea ¿Qué esto es inocente? Por favor, ¿Por quién me tomas?

 

—Tienes toda la razón—respondió Alondra, quien pudo reaccionar de su primer estado porque vio allí la oportunidad de separar a Felipe para siempre de su vida

 

—No hay nada inocente aquí, acabo de estar en el baño y en la cama de Manolo, mientras contigo no quiero absolutamente nada, no quiero volver a verte en toda mi vida.

 

—Lo mismo digo, procura mantenerte lejos de mi familia y de mí. No quiero saber nada de tu patética existencia ¡Me das ascos!—indicó con expresión de repugnancia.

 

Alondra se quedó observándolo con una expresión vacía y le respondió—¡Así será Felipe!

 

Felipe comenzó a salir de la habitación, pero antes de hacerlo, la llave que cargaba del departamento de Manolo, la arrojó al suelo —¡Allí están las llaves! ¡Par de...basuras! —expreso con furia mientras se alejaba.

 

Apenas salió, ella comenzó a llorar, Manolo hizo amago de agarrarla para consolarla y  ella lo detuvo —Lo siento, no lo tomes como algo personal, pero no quiero que nadie me toque—inmediatamente le dieron arcadas y se fue a vomitar al baño, sentía que su vida carecía de sentido, como puedes reconstruirte cuando todo conspira en tu contra, sería tan fácil darse por vencida, cerrar sus ojos y no volver abrirlos más, se encontraba en el baño miró las hojillas y tijeras, era tan tentador, las ideas que cruzaban por su mente, pero luego pensó en el niño que crecía en su interior ¿Sería capaz de negarle la vida a esa criatura? Qué sentido tenía vivir, si la vida era una porquería. Luego el rostro de sus padres se coló en sus pensamientos y desechó la idea, “No puedo causarle ese sufrimientos a papá y mamá, debo tratar de reconstruir todos esos microscópicos pedacitos en la cual quedó convertida mi vida”, se dijo. Luego volvió a entrar a la ducha, tenía que tratar de borrar cada una de las huellas de ese desgraciado en su cuerpo, pensó, mientras empleaba una fuerza mayor de la necesaria, causándose el enrojecimiento en su piel.

 

 

 

“No se puede encontrar la paz evitando la vida”

Virginia Woolf



CAPÍTULO 16. AYUDA DE UN AMIGO

 

Alondra se quedó en casa de Manolo por tres semanas, su tristeza se había profundizando más, intentó irse de su casa, pero él no la dejó, se volvió timorata, no quería salir, vivía con un constante miedo, el mínimo ruido producía inquietud en su cuerpo, mente y alma, incluso no llamaba a sus padres, se aisló del mundo exterior, su único contacto era Manolo.

 

Él se había dado cuenta de que vomitaba en las mañanas, de sus constantes náuseas e indisposiciones y por eso le preguntó —¿Qué tienes Alondra? ¿Acaso estás embarazada producto de lo que sucedió?

 

Ella se quedó mirándolo con preocupación, no había querido decirle nada por temor a que no le guardara el secreto. Después de unos segundos negó con la cabeza, expresando —Tengo nueve semana de embarazo, cuando ese hombre me violó, yo tenía seis semanas de embarazo, es hijo de Pir cuando iba a buscarlo para decirle que estaba esperando un hijo suyo,  descubrí a lo que se dedica, por eso preferí salir huyendo de él.

—Las cosas no son como crees, Pir no es un hombre malo, todo lo contrario…—en ese momento Alondra lo interrumpió.

—No quiero saber nunca más de su vida, para Felipe siempre es más fácil pensar las peores acciones de mi.

—Entiéndelo cualquiera hubiese pensado mal, fue una situación comprometedora.

—No hablemos de él.

—Pero Felipe tiene derecho a saber que va hacer padre.

—Jamás va a creer que es su hijo, entonces por la sana paz de mi hijo y mía, prefiero que nunca lo sepa.

Yo lo siento, pero debo contarle la verdad, ya son demasiadas cosas que he ocultado, Felipe es mi amigo, y aunque por ahora no quiere saber nada de mí, solo se limita a lo estrictamente laboral y lo peor no confía en mí—confesó Manolo.

—No puedes decirle la verdad, jamás va a creerte—afirmó la chica levantándose de la mesa—si lo haces me obligas a alejarme de aquí. Así que es mejor que lo pienses.

 

Al día siguiente, se levantó y llamó a Taddeo, le atendió al segundo repique —Aló, por aquí Taddeo.

—Hola—saludó dubitativa— soy Alondra—se escuchó como el chico dio un suspiro—¡No cortes! se que no he sido la mejor persona—hizo una pequeña pausa—se que le hice daño a tu esposa y eso es suficiente para despreciarme—respiró entrecortadamente—pero mi vida se ha convertido en un infierno, no tengo a quien acudir—sollozó— estoy embarazada, tengo nueve semanas.

—Lo lógico es que acudas al padre de tú hijo, o a tus padres no a mí—manifestó con desconfianza Taddeo.

—Cierto eso sería lo correcto, el padre de mi hijo no quiere saber nada de mí, piensa que soy una promiscua, que me acosté con un amigo de él.

—¿Y no es así? —interrogó dubitativo.

—Taddeo, he cambiado, no soy la misma mujer que salió de México, estoy arrepentida de todo lo que he hecho, pero la vida me ha tratado muy cruel, te juro que si no estuviese esperando este bebé no te molestaría, creo que incluso hubiese tomado otras medidas para mí…No quiero ir a donde mis padres y que vean que soy una fracasada, que mi único logro ha sido quedarme embarazada de un hombre que me desprecia.

—¿Quién es el padre de tu hijo? —interrogó Taddeo.

—Debes jurarme por lo que más ames que nunca vas a revelar lo que te diré, prométemelo Taddeo.

 

El chico quedó en silencio al otro lado de la línea, dudo al principio pero después aceptó —Juro por mis padres, mi esposa, mis hermanos que jamás revelaré lo que me vas a decir  a menos que tu sea quien me liberes de esta promesa.

—Está bien. El padre de mi hijo, es Felipe el hermano de Camilla.

 

Al escuchar el nombre del padre del hijo de Alondra casi se desvanece —¡¿Estás loca?!, ¡Eso no puede ser verdad! ¿Cómo sucedió?

De inmediato Alondra le contó todo, incluso lo que sospechaba que era mafioso, dándole detalles de lo que había descubierto.

—¡No!, ¡Por Dios! Cuando mi esposa se entere de eso va hacer un duro golpe, no lo puedo creer Alondra, debes haberte confundido o tal vez haya alguna información que no estás manejando—pronunció con preocupación.

—Te estoy diciendo que lo vi con mis propios ojos, nadie me lo contó, por eso hice hasta lo imposible porque se alejará, ¡No puedo poner en riesgo la vida de mi hijo! —exclamó angustiada—Este bebé que está creciendo en mi interior, es quien me sostiene, por él no me he dado por vencida, porque su existencia depende de mí—me han pasado tantas cosas, que ni te imaginas y tampoco  deseo que nadie lo sufra —cerró fuertemente sus ojos para tratar de controlar las lágrimas que se derramaban por su rostro y para aclarar el nudo que se había formado en su garganta.

—¿Qué te ha pasado? Si necesitas hablar con alguien, estoy presto a oírte—dijo en tono de preocupación.

—Por ahora, prefiero no hablar de ello, eso me causa un dolor desgarrador, me hace mucho daño—habló en tono realmente conmovido.

 

Taddeo percibió su tristeza, ella había sido su amor platónico de pequeño, se habían criado entre el amor y el odio, pero era su amiga, crecieron juntos, de cierta manera desde que tenía cinco años, ella estuvo allí, compartiendo juegos, momentos y decidido expresó —Voy ayudarte Alondra, dime ¿Qué puedo hacer por tí?

 

—No tengo trabajo, ni donde vivir, necesito ayuda, ¡Por favor! No me abandones, solo será hasta que pueda levantarme—apretó sus labios para evitar un sollozo, sin embargo, un pequeño lamentó escapó de ellos.

 

Taddeo respiró profundo, tal vez estaba tomando una mala decisión pero no podía dejarla sola—Te prestaré un departamento que no utilizo, ubicado en Roma Oeste, en Monteverde. Te enviaré la dirección en un mensaje,  te dejaré las llaves en la vigilancia del edificio, iré a visitarte, lo que no quiero es que Camilla, sepa de todo esto, porque tal vez no sea de su agrado y puede pensar lo que no es y como no quieres que sepa lo tuyo con Felipe, respetaré eso  y mantendré silencio, hasta que estés preparada para contar la verdad. Pero quiero que sepas que esto no me hace sentir bien, tener que ocultarle cosas a mi esposa, amo a Camilla, y jamás quiero hacerle daño ni perder su confianza, por favor procura solucionar eso.

—Está bien Taddeo, gracias, en verdad no tengo como agradecerte por esta ayuda que me estás prestado.

 

Hablaron por un par de minutos más, luego de despedirse, se puso a arreglar su maleta, la cual había ido a buscar Manolo al día siguiente de lo que había pasado, se sentía muy agobiada, no quería buscarle problemas a Taddeo, mucho menos que Camilla se enojara con él y deseaba de todo corazón que Felipe nunca se enterara. Debía irse de donde Manolo, porque tarde o temprano él terminaría diciéndole la verdad y no quería enfrentarse a ninguna de las dos opciones probables, una que Felipe reconociera a su hijo, la otra que lo negara y ambas alternativas provocaban un miedo en ella.

 

Cuando terminó de recoger sus cosas, tomó un lápiz y un papel y le escribió una carta a su amigo.


“Manolo, estoy profundamente agradecida porque has sido mi soporte en los momentos de angustia que me han tocado vivir, pero creo que es hora de iniciar una nueva vida, pienso que he abusado mucho de tu confianza. Gracias por haberme apoyado. Tal vez nos volvamos a ver en otro momento, en otras circunstancias. Jamás olvidaré lo que has hecho por mí. Siempre estaré en deuda contigo. Una vez más gracias. Alondra.

 

Tomó su maleta, dejó la nota en la pequeña mesa del comedor y salió con paso firme, cerró la puerta del departamento, sin embargo, al salir al exterior, perdió la confianza, se detuvo turbada, comenzaron los primeros indicios de pánico, sacó una bolsa de su cartera y empezó a respirar allí, se recostó de la pared, cerraba sus ojos con fuerzas, suplicando que pudiera controlarse, luego de unos minutos se había calmado. No sabía que ruta tomar, si un transporte público, un taxi, ¿Dónde estaría más segura? Era terrible vivir con ese terror, que la congelaba hasta los tuétanos, tenía tanto miedo de enfrentarse al mundo exterior, de no saber reconocer quién podía hacerle daño, le provocaba correr a la seguridad del departamento, pero debía avanzar, se comenzó a hablar en voz alta—Debes hacerlo Alondra, eres fuerte, no puedes darte por vencida, tienes por quien seguir adelante, ese bebé debe ser tu fortaleza—Se fue a la parada de los buses, y llegó a las residencias que le ofreció Taddeo.

 

Se acercó a los oficiales de seguridad temerosa, incluso la voz le falló cuando les indicó el motivo de su visita. Ellos después de verificar su identidad, le entregaron la llave del departamento indicándole el número y piso, al revisar tenía una nota de Taddeo “Alondra, allí te dejo la llave, el departamento está totalmente equipado. Hice un buen mercado para que alimentes a mi sobrino. Puedes quedarte todo el tiempo que desees, te preparé la habitación principal. Lo que necesites no dudes en pedírmelo. En la mesa del comedor, te dejé un dinero, no vayas a sentirte ofendida por ello, tómalo como si de un préstamo se tratara. Antes de llamarme, envíame un mensaje para verificar que Camilla no se encuentre conmigo. Cuídate. Tú amigo Taddeo Ferrari.”

 

Subió al departamento, todo estaba impoluto y efectivamente la nevera estaba llena de frutas, carnes, lácteos. En ese momento su estómago gruñó, se dio cuenta del hambre que tenía, sacó una milanesa de pollo, intentó hacerla pero se le quemó, igual así se la comió, pues la cocina no era su fuerte y en casa de Manolo, él siempre preparaba la comida. Arregló sus cosas en la habitación, y luego sin darse cuenta se quedó dormida, pero luego de aproximadamente un par de horas se despertó aterrorizada producto de una pesadilla.

 

Así fueron pasando días, semanas, había conversado telefónicamente, un par de veces con Taddeo, era el único contacto con el mundo exterior, había adquirido el celular posterior a su salida de la casa de Manolo, no quería que descubriera su paradero, le daba miedo que se lo confesara a Felipe. Taddeo cuando hablaban trataba de inyectarle optimismo, pero ella estaba  sumergida en la desesperanza, quería trabajar, necesitaba ir a un médico para chequear su embarazo y no había podido hacerlo, le daba vergüenza estar molestando a Taddeo cada momento, la soledad era agobiante, no había un día que no se quedara dormida llorando y se despertara llorando, habían sido varia las veces que algunos pensamientos suicidas cruzaban su mente, pero pensaba en sus padres, y eso la detenía, nunca pensó que terminaría sumergida en esa completa soledad, y los recuerdos de la violación la atormentaban, esperaba el día que no le hicieran más daños, que no la martirizaran que no se culpara, que pensaba que había podido hacer las cosas diferentes para que eso no sucediera. Ya ella no era la misma Alondra, esta era un espectro que respiraba y caminaba por inercia, todo era oscuridad en su vida.

 

Habían pasado tres semanas, se encontraba desesperada, le había escrito desde hacía dos días a Taddeo pero no le había respondido, lo llamó, tampoco le respondió, le envió un mensaje y allí comenzaron a intercambiarlos, él le respondió de mala manera, le dijo que estaba con su esposa, que sentía lo que estaba pasando pero que no podía asumir esa responsabilidad, ella le respondió que estaba desesperada que necesitaba conversar con alguien. Después de escribirse un par de mensajes el accedió a ir a visitarla al día siguiente, diciéndole que no se angustiara.


Efectivamente, al siguiente día, al ver a Taddeo en la puerta del departamento, no pudo aguantar las ganas de llorar, se quebró frente a él, quién la abrazó, entraron dejando la puerta abierta, Taddeo
le pasaba sus manos por el cabello, ella lloraba desesperada, él la apartó y comenzó a secarle con sus pulgares las lágrimas que le corrían por las mejillas, diciéndole —Ya estoy aquí, no te abandonaré, te ayudaré, estaré siempre contigo, no tienes nada que temer, siempre voy a estar a tu lado —justo en ese momento llegó Camilla y entró al departamento, insultando a Taddeo y diciendo otras cosas de que ¿Cómo se atrevía a estar con una mujer que tanto daño le había hecho?

 

Alondra intentaba hablar para explicar y ayudar a Taddeo a defenderse pero de su boca no salía palabra alguna, había quedado enmudecida, el temor la invadió y no pudo decir nada, Camilla escupió a Taddeo y lo insultó sin dejar de explicarle.

 

Al salir él comenzó a llorar, ella intentaba consolarlo, Taddeo le pidió que lo librara de la promesa, pero ella no podía hacer eso, le causaba terror que Felipe supiera lo de su hijo, ese hombre era un mafioso podía hacerle daño, trataba de buscar una salida, no quería ver sufrir a la única persona que lo había ayudado, pero tenía miedo, le contesto “—Lo siento, no puedo, sabes que de saberlo ella no lo va a ocultar. Deja que hable con Camilla, si le explico tal vez me crea—dijo la chica preocupada, se sentía culpable por todo lo que estaba pasando, si ella no hubiese insistido en escribirle y verle, tal vez Camilla no los hubiese descubierto.

—¿Y cómo piensas convencerla? —Interrogó con una falsa sonrisa—¿Con la verdad o con una mentira?—Ella se quedó en silencio, mirándolo sin decir nada—me lo imaginaba—bien ayuda el que no estorba, yo perdí mi matrimonio por tú culpa, por ayudarte a ti, lo que parece no conmoverte, debes estar feliz, porque ahora somos dos los desdichados—expresó con rabia alejándose de ella, pero antes de irse tomó su cartela y le dejó dinero en la mesa principal de la sala—Allí tienes después de todo me imagino que eso es lo que necesitabas—le dijo retirándose mientras ella lo llamaba.

 

Llamó a Taddeo, pero la ignoró, cerró la puerta, se recostó de ella y se rodó hasta caer sentada en el suelo, sentía que no podía más, que todo le salía mal, que siempre quienes la ayudaban terminaban mal y alejado de la gente que querían, se sentía maldita, se abrazaba así misma tratando de consolarse, pero el dolor que sentía era muy profundo ¿Cuando había empezado a vivir de la caridad? Taddeo nunca le perdonaría lo que estaba pasando, sin querer ella había provocado la ruptura con su esposa, se sentía tan angustiada, estaba pagando hasta lo que no había hecho, pero era tan doloroso y no tenía a nadie en quien pudiera confiar solo en Taddeo y ahora también la odiaba, todos la odiaban y no podía acudir a sus padres para llenarlos de vergüenza, había salido orgullosa y con ínfulas de allí, creyéndose que podía comerse el mundo, y este se la comió a ella.

 

Ahora estaba sumergida en un lío del cual no podía salir. Debió haber aceptado a Taddeo en su oportunidad y haber tenido una relación sana con él, era un hombre bueno, respetuoso, caballero, leal, sincero y un gran amigo, solo que lo que sintió por él no era amor, por eso nunca se arriesgó, y se auto saboteó con todo lo que hizo.

 

Había sido una estúpida, se vino a fijar en Felipe, ese hombre que la había usado y la había tratado como escoria, su plan era solo revolcarse con ella, la había visto como una ramera, la creía la más pérfida de las mujeres, reconocía que no era una santa, pero tampoco era una promiscua o tenían que pensar que ella era una zorra, porque no lo era, y había hecho muchas cosas malas, pero la vida se había encargado de cobrarte con creces las cosas que había hecho, ahora se sentía tan sucia, ese hombre la había violado, la había manchado, la había contaminado, nunca más sería la misma, ella era lo peor, escoria —Estás maldita Alondra, deberías desaparecerte—se dijo odiándose.

 

Tal vez si se alejaba de todo eso, Camilla se olvidaría de lo que había pasado y volvería con Taddeo ¿Pero dónde iría? Podía trabajar, tenía doce semanas de embarazo, pero su vientre ya se notaba inmenso, ¿Quién la emplearía?, no podía hablar con sus padres, solo de recordarse la cara que pusieron cuando se enteraron de lo malvada que había sido con Camilla, y la decepción que les había causado. si les decía esto que le estaba pasando podía provocarle un infarto a su padre, no podía hacerle eso.

 

Cerró bien la puerta del departamento, recogió el dinero de la mesa y se acostó en la cama del cuarto principal a seguir llorando, pasó más de una hora haciéndolo, se sentía miserable sola, el dolor y el vacío que sentía la hundían en un profundo piélago, de repente comenzó a halarse los cabellos y decir —¡Por favor ya!, no quiero seguir sufriendo, siento que me ahogo y no hay salida. Perdón, perdónenme todos, tal vez sea mejor que haga lo que estoy pensando, esto es demasiado para mí.

 

Tomó las pastillas que tenía para dormir, pero justo en ese momento en que estaba pensando hacer lo que se le había ocurrido, recibió una llamada de Taddeo — Ella se ha ido, me ha dejado. Pero discúlpame por haberte tratado mal hace un momento, estaba muy molesto, herido y dije cosas que no debía. Por favor quédate allá, no es necesario que dejes ese apartamento, nadie sabe qué estás allí y la única que me importaba, no se enterará ya lo ha hecho y se ha ido, así que no tienes porque huir.

—Yo…lo siento pero no quiero seguir, perdóname por destruirte la vida, tal vez sea lo mejor que yo no éste—expresó con tristeza, sintiendo que no había camino por seguir.

—¡Cállate! No digas eso, no has hecho nada, quien destruyó todo fue la desconfianza de Camilla, su amor era una mentira, porque el verdadero amor confía. No te muevas de allí por favor, voy acompañarte, no hagas caso a lo que te dije, no vayas a cometer una locura —dijo preocupado mientras salía al departamento donde estaba Alondra.

 

“No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y compartirlo contigo. No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro, pero cuando me necesites estaré junto a ti. No puedo evitar que tropieces. Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas”.

Jorge Luis Borges

 

 

 CAPÍTULO 17. AGOTADA, SIN FUERZAS PARA CONTINUAR

 

Dos meses después

 

Allí estaba en Palermo,  en casa de los abuelos de los gemelos Ferrari, ellos se habían portado muy bien, hasta Camillo se había abocado a ayudarla, se hizo pasar frente a Felipe por el padre de su bebé, buenos bebés, porque en el eco que se había hecho le habían indicado que eran gemelos una niña y un niño. Cerró los ojos y el recuerdo de lo pasado llegó a su mente “Taddeo llegó con una maleta a su departamento, tocó la puerta y cuando Alondra  le abrió, al verlo  se sorprendió —¿Qué haces con esa maleta aquí?

—Este departamento es mío, así que básicamente estoy en mi casa—le dijo con amargura.

—Lo siento, Taddeo si quieres me voy de tu casa, ya me has ayudado durante más de tres semanas, no tienes porque cargar conmigo, no soy tu familia, recogeré mis cosas y me iré, ya te causé muchos problemas—ella entró y comenzó a recoger las pocas cosas que tenía.

 

Taddeo la tomó por los hombros, respiró profundo —Lo siento, no quiero quedarme solo en el departamento de Camilla y mío, todo me recuerda a ella, no quiero regresar donde mis padres, y éste es el único sitio que realmente es mío ¿Me aceptas aquí?

—Esto es tuyo no puedo impedirlo, pero si ella regresa y te ve viviendo conmigo, pensará lo peor de nosotros.

—Ella es muy orgullosa, jamás me buscará, tendré que ser yo quien lo haga.

—Entonces búscala, te voy a dar los datos de mi tío Liuggi, él tiene una empresa de seguridad e investigación, la mejor de toda Europa. Él puede ayudarte.

—Dame sus datos, pero dejare que ella lo piense unos días. Me ubicaré en una habitación de huésped.

—Mejor te dejo tu habitación principal y me voy para una de huésped—manifestó ella.

—Eres necia mujer, deja eso así. Además mi ahijado sobrino tiene que estar cómodo. ¿Verdad bebé? Le dijo acariciando su vientre—mientras ambos sonreían. Justo en ese momento llegaron Lucca y Felipe, quienes entraron a la sala sin ser invitados, porque Taddeo había dejado la puerta abierta.

—¡Vaya! ¡Qué felicidad! Mi hermana no tiene ni veinticuatro horas de haberte dejado y ya estás feliz con la insignificante mujercita ésta que tienes al frente, podrá ser bonita pero jamás se compara a la dama que es mi hermana, en cambio esta es una Cacri…—Taddeo lo interrumpió de inmediato.

—¡Ya basta! No permitiré que insultes a la madre de…—Esta vez fue Lucca que interrumpió.

—A la madre de tu hijo, por ella engañaste a mi hija. Eres un hombre que no vale la pena—se le acercó y le lanzó una mano a Taddeo que esquivó.

—Señor Lucca no me obligue a usar la violencia con usted—manifestó Taddeo, pero en ese momento se metió Felipe.

—Entonces si eres tan hombrecito, úsala conmigo—expresó.

—Con mucho gusto—dijo Taddeo golpeándolo con una fuerte mano que Felipe se tambaleó, y así se propinaron golpe y golpe de lado, mientras Alondra los miraba preocupada.

Les decía—Por favor no sigan golpeándose, ¡Ya basta! —Taddeo no le ha sido infiel a Camilla, mi hijo no es de él—dijo angustiada.

—Ah ¿No es de Taddeo? ¿Entonces de quién es? —la interrogó Felipe, mientras ella permanecía callada, sin expresar palabra alguna, este se carcajeó con una sonrisa burlesca—es que eres tan promiscua que ni siquiera sabes quién es el padre de ese bastardo ¿Verdad? —ella permanecía impasible con los ojos humedecidos pero sin llorar.

 

Alondra había tenido una conversación temprano con Camillo y pese que al principio no quería atenderla, terminó oyéndola y en ese momento estaba entrando por la puerta, respondiéndole a Felipe —Claro que Alondra sabe quién es el padre de su hijo ¡soy yo! Ese bebé no es de Taddeo ¡es mío!, lo que lo haría su sobrino. Ella me llamó hoy y me dio la alegre noticia ¿No van a felicitarme? —expresó riéndose, mientras Alondra y Taddeo lo miraban sorprendidos, Felipe con odio y Lucca los miraba extrañado.

—Estás Tratando de proteger a tú hermano, para que no sepamos que fue un infiel o ¿Será que los dos se han acostado con ella? Y como son gemelos independientemente de quien sea el padre, su hijo tendrá su ADN.

—Ya déjala en paz—espetó Taddeo.

—Defiendes mucho ¿a tu cuñadita o a tu amante? —dijo con burla.

—Ya está bien Felipe. Dejá a la chica en paz—le ordenó Lucca—Taddeo, te espero para que hablemos mañana en la empresa de bienes y raíces”.

 

Las palabras de Felipe le habían dolido tanto, la había mirado con desprecio, con asco, como si fuese basura, para él, ella era peor que un insecto; jamás podía enterarse de la violación, si lo hiciera que no pensaría de ella, tal vez la culparía, y le diría que ella se lo había buscado. Nunca había visto tanto odio en una persona, definitivamente la detestaba, la vida era irónica, ella pensando que algún día un hombre la vería con el amor que Taddeo miraba a Camilla, y resultó que el hermano de ella la miraba pero con un profundo odio. Cerró los ojos, debía desechar esos pensamientos.

 

Tenía un par de semanas que había llegado allí, los chicos le habían dado esa casa en préstamo, aunque ella se había empeñado a pagarles un arriendo por una suma risible, porque había habilitado la parte de abajo como habitaciones para turistas, ese día era la apertura a los clientes, los gemelos le habían prestado un dinero y con eso ella había podido hacer posible todo eso, había contratado a una señora para que cocinara y una para la limpieza, mientras ella se encargaría de hacer la recepción de los turistas.

 

De esa manera fueron pasando las semanas, sus amigos la visitaban, y le insistían que sus padres estaban preocupados, pero ella se oponía a contactar con ellos y verlos, no tenía cara para enfrentarlos; la posada funcionaba de maravilla, eso la entretenía y le permitía cubrir los gastos, pagarle a los empleados, a los gemelos y comprar cositas para sus bebés, su vientre iba creciendo cada día más,  pensaba mucho en Felipe, no había podido sacarlo de sus pensamientos, que feo era el amor cuando no puede ser correspondido, añoraba el día en que su corazón y su alma se curarán, pero solo olvidaba por momentos, pero siempre, siempre las heridas estaban allí, sangrando cuando menos lo esperaba.

 

**************************************************

Felipe no podía creer lo que le estaba pasando, su padre frente a él pidiéndole explicaciones, se había enterado de que había estado en la red de supermercados y tiendas por departamentos, haciéndose pasar por Pir Roldán, lo descubrió por casualidad, habían salido a comer juntos y un hombre lo había saludado con ese nombre —¿Vos no pensas en darme explicaciones? pues, las estoy esperando ¿Quiero que me digas porque vos te estás haciendo pasar por Pir Roldán? Me imagino Pir por Spiro y el apellido de mi madre, pero quiero las razones.

Lo siento padre, pero no tengo nada que explicarte.

—¿Eso te parece? Que mi propio hijo se haga pasar por otra persona ¿Qué ocultas?

—No oculto nada—expresó con seriedad.

—¿Tenés dos alternativas o me explicas lo que pasa o simplemente contrato a alguien que me investigue a Pir Roldán? ¿Vos decides?

 

Felipe dio un respingo de fastidio, mientras analizaba ¿Cuál sería su mejor alternativa? Si no le contaba la verdad a su padre y lo mandaba a investigar, cuando empezaran a preguntar por él pondrían en peligro su vida y la de ellos, en ese instante pensó que había llegado el momento de sincerarse con su padre y así lo hizo.

 


Tres meses  y medio después

 

Alondra se encontraba revisando que todo estuviera en orden, para recibir a un grupo de personas que habían reservado habitaciones en la posada, cuando sintió como si un tapón se le hubiese soltado de su vientre, pero se revisó y no había botado agua,  siguió haciendo su trabajo, pero enseguida una pequeña punzada en la espalda baja que le iba y le venía. Hasta que un momento después sintió que esos dolores se estaban haciendo más agudo y seguido, por sus cálculos le estaban dando cada diez minutos, dio instrucciones a las señoras que trabajaban con ella, subió al primer piso, tomó su cartera, y la maleta que había preparado para ella y sus bebés, pidió un taxi que la llevó al hospital.

Cuando llegó le preguntaron por su pareja, manifestó que no tenía, por sus familiares y dio la misma respuesta, de repente se sintió muy triste, tendría que pasar esos momentos sola, no tenía a nadie, iba a entregar sus cosas a una de las enfermeras cuando su celular sonó, al responder era Camillo

—Hola Alondra, ¿Cómo estás? ¿Cómo están mis futuros hijos?—interrogó emocionado, desde que le había dicho a Felipe que eran suyos, actuaba como tal, llamaba seguido para preguntar el avance de su embarazo, ¿Si había comido? ¿Cómo se sentía? Le hacía decena de preguntas diarias, lo mismo Taddeo, ellos habían sido su suporte, incluso la visitaban regularmente.

—Ya vienen, ahorita estoy en el hospital, las contracciones las tenía cada diez minutos pero ahora se han acelerado e intensificado, me están dando cada seis o cinco minutos.

—¡Por Dios!  ¿Sabes lo que significa eso? No vamos a llegar a tiempo para verlos nacer, la distancia de aquí a Palermo son más de cuatro horas. Ya llamo a Taddeo para avisarle

 

Cortaron la comunicación y en seguida sus dolores se intensificaron, sentía como si sus huesos de las pelvis se estaban rompiendo, trataba de cumplir las indicaciones médicas de respiración, pero estaba muy nerviosa, estaba aterrada de lo que pudiera pasarle, le pasaban tantas cosas por la cabeza. Una enfermera se le acercó y se le colocó a un lado con un pañito y le limpiaba el sudor que cubría su rostro, mientras le hablaba con palabras dulces tranquilizándola —Tranquila mi niña, no temas, respira profundo, todo estará bien—en ese momento sintió un agua que salió de su interior bañándola desagradablemente.

—¡Me oriné! —exclamó ella sorprendida.

—No mi niña no te has orinado, has roto fuentes—le indicó la doctora con paciencia. Aunque estaba sola, las mujeres presentes se dedicaron a ella, le hablaban con cariño y la trataban especial, porque la veían vulnerable, totalmente sola, sin familia.

 

Luego de tres horas y media la doctora la revisó y al hacerlo se dio cuenta que el cuello del útero estaba lo suficientemente expandido con el diámetro necesario y le informó —Ya completaste los centímetros de dilatación, ahora viene la fase expulsiva—decía la doctora con calma—Debes empezar a pujar de acuerdo a las indicaciones que te voy a dar.

 

Alondra sentía una fuerte presión en su vagina, y enseguida comenzó a pujar, apretaba su mandíbula, y ejercía presión para expulsar al bebé, mientras la animaban a no darse por vencida, sin embargo, en un momento, sentía que no podía y así lo hizo saber  —¡Lo siento! ¡No puedo! —exclamó ella mientras sollozaba.

—Claro que puedes hacerlo—espetó la doctora—Tú puedes hacerlo Alondra ¡Vamos! Ahora puja.

 

Así lo hizo con toda su fuerza y comenzó a salir la cabeza del primer bebé, siguió pujando hasta que salió completamente, cortaron el cordón umbilical del bebé. Al salir la doctora le indicó—Es un bebé de ojos ámbar,  es hermoso—expresó contenta, mostrándoselo, luego lo entregó a una de las enfermeras y se dirigió a ella— Ven chiquilla es el turno del otro bebé, vamos hacerlo y así Alondra volvió a pujar y comenzó a salir la cabeza de una niña con ojos color azul, Alondra se quedó viendo a su bebé que tenía los ojos exactos a Felipe, pero inmediatamente comenzó a sentirse muy mal, su mirada se volvió borrosa y segundos después perdió el conocimiento.


Los doctores de inmediato empezaron hacerles estudios y una valoración a los fines de determinar la causa del desmayo, no obstante al realizarle las respectivas evaluaciones no arrojaron ningún tipo de resultados desfavorables.

 

Horas después, los gemelos Ferrari llegaron, la acompañaron y apoyaron, mientras estaban embobecidos con la pequeña, luego de un rato haciéndole carantoñas a los bebés, le preguntaron —¿Cómo se llamarán estos hermosos bebés?

 

Ella se quedó pensativa y luego de un momento le respondió —Él se llamará Taddeo Nickólas y ella Camilla Valphí.

—¿Por sus abuelos? —Interrogó Taddeo.

—Para que al crecer sepan de quien descienden—mencionó con mirada ausente y tono entristecido—tal vez algún día puedan conocerlos y amarlos.

 

Taddeo, le acarició los cabellos diciéndole—No te entristezcas, ellos serán unos bebés amados profundamente, estoy seguro que tus padres al conocerlos se van a contentar, igual Lucca y Valeria. ¿Por qué no llamas a tus padres y les avisas dónde estás? Alondra, ellos jamás serían capaz de dejarte sola, por muchos errores que cometas ellos siempre estarán para ti. Necesitas cuidado, cariño, no puedes enfrentar todo este proceso sola.

—Lo haré sola. Y no buscaré a mis padres hasta que haga algo por lo cual ellos puedan sentirse orgullosos. Entiéndeme, no me siento digna de ellos, soy una mujer fracasada, sucia, soy tan poca cosa hasta  para esos bebés—pronunció alterada—debería darlos en adopción para que tengan unos padres amorosos, decentes, normales, no una mujer cuya vida es una mierda, jamás seré feliz y así Felipe no sea el mafioso que es, y aunque resultara que me ame, cuando sepa que …—calló y comenzó a sollozar, mientras se cubría el rostro con ambas manos.

—¿Qué tienes Alondra? ¿Qué te atormenta? Soy tu amigo, por favor confía en mi—le afirmó Taddeo.

 

En ese momento, Camillo mencionó —Los dejaré solo para que puedan hablar, pero quiero que sepas que estaré para aquí. Si quieres podemos casarnos y seré un padre para tus niños y un buen esposo para ti.

 

Ella dibujó una mueca y con sus ojos aún humedecidos le respondió —Gracias por tu propuesta peor no puedo aceptarlo, porque ni te amo ni me amas y segundo no te mereces una mujer como yo.

 

—No digas eso, eres una chica extraordinaria, tal vez en el pasado cometiste algunos errores, pero todos tenemos derecho a una segunda oportunidad.

—Todos menos yo, para mí no hay nuevas oportunidades, ni veladas románticas, ni nadie que me observe con una mirada de amor y para quien yo sea lo más valioso, para mí no hay nada de eso y nunca habrá final feliz—terminó en tono de derrota—Ahora, por favor, quiero estar sola, díganle a la enfermera que se lleve a los niños, no quiero estar ni ver a nadie—ellos intentaron oponerse, no querían dejarla sola pero ella se impuso—por favor, déjenme tranquilizar un momento, les avisaré cuando este lista—Camillo y Taddeo hicieron lo que ella les pidió mientras la intranquilidad se apoderó de ellos, no querían dejarla sola, temían por el estado de Alondra, no se veía bien, pero no quisieron insistir, esperarían que se calmara y luego conversarían con ella.

 

“No renuncies solo porque las cosas se pusieron difíciles. Recuerda: Si vale la pena, no será fácil”.

Anónimo.

 

 

CAPÍTULO 18. REENCUENTRO INESPERADO

 

Al día siguiente Alondra fue dada de alta, estaba pensando en la forma en la cual se trasladaría hasta su casa, cuando tocaron la puerta e invitó a pasar a la persona, entró  Taddeo diciendo — Vine a buscar a dos hermosas damas y a un pequeño caballerito para llevarlos a casa.

—¡Taddeo! —exclamó sorprendida—no te esperaba, estaba pensando cómo me trasladaría hasta la casa.

—Por nada del mundo dejaría abandonada a mi amiga y mis sobrinos hermosos—manifestó sonriente.

 

Así Taddeo la ayudó a movilizarse hasta el carro, montaron a los niños en los portabebés y los ubicaron en la parte trasera iniciaron el recorrido en silencio mientras Alondra observaba por la ventana, hasta que ella habló —¿Sabes algo de Camilla?

 

—No, por más que la he buscado y contratado gente para que lo haga, aun no hemos dado con ella, el problema es que no quiere ser encontrada—respondió Taddeo.

 

—¿Qué dicen sus padres? —interrogó.

 

—Preocupados y deseosos por encontrarla, el señor Lucca está muy triste y preocupado por ella, pues nunca habían estado alejado por mucho tiempo, y Valeria que es más serena, también anda igual y ellos no son los únicos que están sufriendo, te cuento que tus padres también lo están, a tu padre jamás lo había visto tan desencajado.

—¿En serio? ¿Han preguntado por mí?

—Si cada vez que me ven lo hacen, me preguntan si conozco tu paradero, y yo busco evadir sus preguntas, sabes que no me gusta mentir, las pocas veces que lo he hecho ha sido para cubrirte.

—Siento mucho que hayas tenido que dejar tus principios a un lado por mi culpa, solo causo problemas ¿Verdad? —dijo en tono triste desviando su mirada por la ventanilla del auto mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

 

Cuando la vio entristecida, se arrepintió de haber pronunciado esas palabras, no lo había dicho con mala intención, pero ella últimamente se encontraba sensible y terminaba mal interpretando lo expresado.

—Alondra, ¡Mírame!—espetó Taddeo, ella al escucharlo se volteó, sus ojos humedecidos de las lágrima— ¡Lo siento!, te juro que no fue mi intención incordiarte, no estoy reclamando nada, fue más bien como expresarte que haría muchas cosas por ti, que eres mi amiga y te tengo estima.

 

Al escucharlo, ella solo movió afirmativamente su cabeza, mientras limpiaba sus lágrimas —Discúlpame tú, es que tengo la sensibilidad a flor de piel. Gracias por estar conmigo, has cumplido tu promesa no nos has abandonado.

 

—Y así seguirá siendo, así ande preguntando por ti, cierto caballero del que estás huyendo—expresó con una sonrisa.

—¿Te refieres a mi papá? —preguntó ella dubitativa.

—No, me refiero a Felipe, estuvo en el edificio de las empres Ferrari y fue a ver a Camillo, lo enfrentó y le exigió que le dijera si los bebés que esperabas eran de él.

—¡Oh por Dios! ¿No me digas que Camillo lo negó? —expresó espantada

—No, el mantuvo su palabra de que los niños eran suyos y Felipe, le lanzó un puñete a Camillo, gracias a que en ese instante llegué yo y lo agarré para evitar que siguiera arremetiendo contra mi hermano, le preguntó dónde estabas, dijo que iba a exigir que se le hiciera una prueba de ADN al bebé apenas naciera.

 

Cuando escuchó a Taddeo decir eso, su corazón comenzó a latir con prisa, estaba descontrolado de la emoción, no sabía cómo se atrevía a sentir todo eso por él a pesar de que era un delincuente y de lo que había hecho, se encontraba entre dos aguas, pensó que lo había alejado para siempre de su vida cuando pensó que estaba con Manolo y luego cuando se vieron en el apartamento de Taddeo, su expresión era de total odio.

—No le digan donde estoy por favor, no quiero que me encuentre—comentó nerviosa.

—Alondra, no creo que Felipe sea un delincuente, tal vez se dedique a algo más pero me niego a pensar que este metido en tráfico de drogas y conductas ilícitas.

—Taddeo, te he explicado numerosas veces que lo vi entregando esa porquería, y el diálogo que tuvo con esa gente, eso para mi fue tan doloroso como el día que me dijo que no me amaba.

—Eso que te dijo es mentira, porque si fuese así no tendría que ir a reclamarle a Camillo, incluso le preguntó que si era verdad que él y tú habían estado juntos que le dijera el día y la fecha,  por supuesto Camillo titubeo, se puso pálido, no encontró que decir, por suerte llegué yo y salí en su defensa, diciéndole que eso no era de caballeros.

—Pero nada justifica su conducta al margen de la ley, eso no puedo tolerarlo, jamás.

Después de esa pequeña platica se quedaron en silencio y en menos de cinco minutos habían llegado a la casa, donde todo seguía igual, en el fondo tenía la esperanza de ver a sus padres, un bonito recibimiento y en fin, pero eso nunca podría ser, debía acostumbrarse a su verdad, era necesario hacerse fuerte, para no sufrir, pero era tan absolutamente difícil, los recuerdos eran demasiado dolorosos.

 

Taddeo la ayudó con uno de los bebés mientras subían al primer piso a la habitación que ocupaba Alondra, al entrar ella se quedó gratamente sorprendida, al observar que su aposento había sido decorado con aplicaciones para niño y niña, una parte en color azul y  la otra en rosado, habían colocado hasta un par de cunas, eso la emocionó, jamás se imaginó que los hermanos Ferrari les prepararían esa hermosa sorpresa —¡Wow! Me han dejado sin palabras, no sabe lo significativo que es para mí este gesto, en verdad se los agradezco grandemente.

—Esos bebés dijimos que eran mis hijos, así los trataré, y como un buen padre que soy debo procurar el bienestar de ellos—manifestó en tono alegre.

—Gracias en verdad ustedes han sido un gran apoyo para mí.

 

Acostó al bebé en su cuna y de seguida se volteó para cargar a la pequeña Camila, pero al hacerlo estaban ambos gemelos babeando por ella haciéndole carantoña y la pequeña los miraba con curiosidad, Alondra los observó y le pareció una bonita escena, por una parte se sentía tranquila de que sus hijos hubiesen nacido bien, incluso había momentos que se sentía emocionada por tener a sus bebés, pero no podía evitar esa tristeza que tenía alojada como un quiste en su corazón, inundándola de melancolía, se sentía tan abatida, en verdad ella trataba de inyectarse ánimos, de ver el lado positivo de lo que le sucedía pero lamentablemente no encontraba nada, se recostó de la cuna y al ver que sus lágrimas iban a comenzar a brotar, se volteó, ahogándolas y secándolas con rapidez para que sus amigos no pudieran verlas.

.

 

Taddeo observó la actitud de Alondra y de inmediato le interrogó —¿Te pasa algo?

—No nada tranquilo, estoy acomodando una arruga de la sabana—expresó simulando que estaba estirando la sabana. Luego los muchachos le entregaron la niña y ella la acostó, se despidieron pues  debían regresar a Roma.

 

Al quedarse sola no pudo evitar volver a ponerse a llorar, la soledad era agobiante, la desesperanza le inoculaba el sistema, sentía un vacío en su interior que no podía llenar con nada, desde lo que había pasado no era la misma, no se sentía merecedora de cosas buenas, el insomnio era su compañero nocturno, no tenía energías para nada, su vida había dejado de tener sentido y cada día que pasaba caer en el olvido le resultaba tan atractivo, la muerte le coqueteaba y ella quería responderle a su idilio.

 

 

Dos años y medio después

 

Se encontraba pensando en todo lo vívido a lo largo de esos tres años, hacía seis meses que había decidido abandonar Palermo y la protección de los gemelos Ferrari, durante ese tiempo habían dejado de tener contacto con ellos, y los bebés siempre preguntaban por ambos, miraban sus fotografías y sabían identificarlos, pues mientras estuvieron en casa de los abuelos periódicamente Taddeo y Camillo los visitaban profesándoles mucho cariño a los niños, quienes llamaban tío al primero y papá al segundo, sin embargo, eso no evitó que ella decidiera alejarse de su protección por diversas razones, la primera era que los hermanos Ferrari insistían, en llamar a sus padres y notificarles su paradero, alegando que estaban sumamente preocupados, pero ella se oponía a dar ese paso y segundo porque Felipe cada vez estaba más cerca de encontrarla y no lo podía permitir, había visto a Manolo un par de días antes de trasladarse de ciudad, rondando cerca de la casa donde vivían, ese día casualmente Alondra había salido de compras, y se escondió para evitar ser vista, por eso había tomado esa decisión, y como consecuencia viajó desde Roma en un vuelo de una duración de cinco horas y cuarenta minutos con escala en Lisboa, con destino Madeira, una región autónoma de Portugal, un archipiélago constituido por cuatro isla frente a la costa del noroeste de África, ella se ubicó en la isla del mismo nombre localizada en el océano Atlántico, específicamente en Funchal, una ciudad rodeada de colinas, reconocida por sus puertos, jardines y bodegas de vino, durante su estadía en Palermo había logrado juntar un dinero con el cual alquiló un anexo en el Barrio de Santa María, localidad llena de hermosas y pintorescas placitas.

 

A un par de semanas de llegar, encontró trabajo en un supermercado, mientras a los niños los dejaba en una guardería, a pesar de haber transcurrido más de tres años de lo que le había pasado, no lo había superado, tampoco era feliz, si no se había dado por vencida era por sus hijos, en más de una ocasión cuando estuvo a punto de tomar acciones contra su vida, pensaba en sus hijos y desistía de la decisión, pero sentía todo cuesta arriba, la paz dejó de sentirla, sus noches eran tormentosas, los únicos momentos gratificantes era cuando soñaba con Felipe, nunca lo olvidaría y menos viéndolo en la cara de la pequeña Camilla, era una mini versión de los Rocco. A veces cerraba los ojos y se imaginaba que estaban juntos mientras cuidaban a sus bebés, en su sueño nunca había sido abusada, pero al despertar sabía que eso nunca lo lograría porque ese maldito hombre la había vejado, violado y la había vuelto indigna ¿Qué hombre iba a querer tener una relación sería con ella? Ninguno, su sentencia había sido firmada ese día y esos recuerdos la atormentaban todos los días de su vida, quitándole poco a poco el aliento de vida.

*************************************

Felipe tenía su celular en las manos, observaba las fotografías que guardaba de Alondra, la pensaba todos los días de su vida, se imaginaba que hubiese sido de ellos, si ella no lo hubiese traicionado con Manolo, en cuanto a éste su relación con él se limitaba a lo estrictamente laboral, porque no se explicaba como siendo su amigo no le importó acostarse con la mujer que él amaba, y aunque muchas veces le exigió una explicación se negaba a dársela y le evadía el asunto, por eso nunca lo perdonaría, le había destruido su vida y las ilusiones de formar una familia.

 

Y en cuanto a ella, prefirió irse con Camillo y había tenido un hijo con él, sin embargo, había algo que no le terminaba de cuadrar, y así se lo hizo saber al propio gemelo cuando lo vio, le hizo unas preguntas y no supo responderle, por eso había iniciado una búsqueda intensa, la cual hasta ahora era que tenían resultado, por fin la había encontrado e iba en su búsqueda, quería ver con sus propios ojos, a ese niño, porque en el fondo tenía la corazonada de que era su hijo,  si eso resultaba ser así, Alondra tenía que responderle por haber alejado a su hijo de él.

 

Se levantó de su escritorio y caminó hacia el vehículo que lo estaba esperando y que lo llevaría Al montarse en el vehículo los siguieron varias camionetas que le brindaban seguridad, en esos tres años le había dado duro a los carteles de drogas que operaban no solo en Italia sino en toda Europa, había desarticulado muchos de ellos, sin embargo, no había pasado lo mismo con los Camarros, quienes luego de la muerte del jefe, se habían dividido, unos con Giussepe, quien había asumido el mando del grupo más grande y el otro con Basciano, y por supuesto que su enemigo acérrimo había comenzado la persecución hacia él, de eso había pasado apenas un mes, y lo tenía pisándole los talones, debía actuar con mucha mesura porque la vida de él y la de los suyos estaría en peligro si ese hombre descubría su verdadera identidad.

 

Al llegar al aeropuerto, se chequeó, abordó el avión y despegaron con destino a la isla de Madeira específicamente a Funchal, al llegar se hospedó en el Hotel Madeira, un sencillo hotel de tres estrellas, no quiso llegar a un hotel de mejor categoría, porque quería andar bajo perfil para evitar que sus enemigos pudieran dar con él, luego de hospedarse recorrió el centro de la ciudad, se estacionó frente al supermercado donde le habían informado que trabajaba Alondra, esperó que cumpliera su turno, cuando salió vio que miraba nerviosa a los lados, como si tuviera miedo de algo, actuaba extraño, la angustia en su rostro hizo que el frunciera el ceño extrañado, la vio caminar hasta subirse a un autobús, los siguió hasta verla bajar en una parada y entrar a una  guardería, mientras él la observaba a una distancia prudencial, luego de aproximadamente diez minutos, la vio salir con un par de niños, una hembra y un varón, tenían como aproximadamente más de dos años, al verlos no pudo evitar que su corazón saltara de emoción, no pudo evitar descender del auto y seguirla, cuando ella sintió sus pasos se volteó y al verlo lo miró sorprendido, su rostro se puso pálido, mientras trataba de ocultar a los niños de su vista detrás de ella, sin embargo, su acción no pudo evitar que Felipe los viera, eran tan hermosos, se colocó en cuclillas para estar más cerca a la altura de ellos, extendió su mirada de uno al otro, la niña tenía sus mismo ojos, y en físico era idéntica a ellos, y el niño aunque tenía los mismos ojos de Alondra, en el resto de su físico era igual a él,  Alondra se mantenía en completo silencio sin poder hablar.

 

Felipe no pudo evitar las lágrimas que brotaron de sus ojos producto de la emoción que estaba sintiendo al ver a sus niños, porque estaba seguro que ese par de hermosas criaturas eran sus hijos, —Hola pequeños, soy Felipe, me encanta conocerlosellos lo miraron con curiosidad, escondiéndose detrás de su madre.

 

Él la observó por un momento, tenía tanta ganas de abrazarla y besarla, estaba muy delgada, su rostro huesudo, con grandes ojeras, su cabello opaco recogido en una coleta, le dolió tanto verla así, sin embargo, no pudo evitar las palabras que surgieron de su boca con más fuerza de lo que pensó —Me mentiste, ellos son mis hijos y tú me los has ocultado ¿Cómo fuiste capaz de hacernos esto? ¿Es que no tienes corazón? —ella se mantenía sin responder—debes acompañarme porque es necesario que hablemos.

 

Luego de un par de minuto ella reaccionó y respondió —No voy acompañarte, no tengo absolutamente nada que hablar contigo—expresó con voz un poco titubeante, tenía nervios, no podía controlar el temblor de su cuerpo, no quería que se le acercara, le repugnaba cualquier contacto con el sexo opuesto. Felipe hizo amago de tocarla y ella se alejó de él.

—¡No te atrevas a tocarme! —pronunció con asco, el rostro de Felipe fue cruzado por una expresión de dolor.

—No te preocupes, si estoy aquí es por los niños, no tengo ningún interés en ti, pues ya no eres mi tipo—manifestó herido, tratando de devolverle el golpe que sintió con su desprecio.

—Tú tampoco eres el mío, por eso te quiero lejos de mí y de mis hijos—expresó, le había dolido que él hubiese dicho que no le interesaba. Claro cómo iba a interesarle una mujer como ella, que no era la sombra de lo que fue, la vida no la había tratado bien, sobretodo en lo últimos seis meses.

—Pues lamentablemente para ti, también son mis hijos, basta con verlos para darse cuenta del vínculo que tenemos, y estoy dispuesto a cumplir el papel de padre en la vida de mis hijos, por eso tienes dos alternativas o me entregas a los niños para yo tenerlos, o te vienes conmigo para que hablemos y encontremos una solución, tú dirás, porque no existe otra alternativa.

 

Por dentro deseaba que ella cediera al chantaje, a pesar de que lo había engañado al acostarse con otro hombre, él no había dejado de amarla, diariamente soñaba con ella, pero no podía demostrarle lo desesperado que estaba por ella, debía tratarla con indiferencia, porque si no se convertiría en un juguete en sus manos, además ella no lo amaba, el desprecio que se reflejó en su rostro cuando intentó acercársele, le había revelado la verdad, pero no le importaba, igual la convertiría en su esposa.

 

—No iré a ninguna parte contigo—afirmó Alondra.

 

—Eso está por verse, se agachó y cargó a los niños tomó a cada uno en un brazo y caminó con premura hacia el auto donde ingresó con los niños.

 

Ella lo siguió pero no pudo alcanzarlo, al llegar al auto donde había subido, golpeó con fuerza el vidrio de la ventanilla trasera—¡Son mis hijos! no puedes llevártelos—espetó con enojo—van a llorar si no me ven, están acostumbrados a mí—y luego con un tono de angustia mencionó —Déjame subir, te acompañaré.

 

Felipe abrió la ventanilla del auto y le dijo —Sube al otro auto, vete con tu amante amigo Manolo, tal vez logren reconciliarse—concluyó con furia. Y ordenó al auto arrancar dejando a Alondra parada con los primeros indicios de lágrimas en sus ojos, en medio de la calle.

 

“Si los celos son señales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta”

Miguel de Cervantes.

 

 

 CAPÍTULO 19. BODA POR CHANTAJE

 

Alondra estaba llorando en medio de la calle, la preocupación se había albergado en su interior, tenía miedo de no volver a ver a sus hijos, pero un par de minutos después, llegó Manolo, posó con cuidado su mano en sus hombros  para no espantarla, entretanto le decía —Tranquila mi niña, no temas, te llevaré donde están tus hijos, no te preocupes. Él solo está celoso porque piensa que hubo algo entre nosotros, y no he podido explicárselo porque me hiciste prometer que no le contara la verdad.

—Así debe permanecer Manolo, Felipe nunca debe saber la verdad, si me desprecia sin conocer ese desgraciado episodio de mi vida, imagínate el asco que sentirá si sabe que fui violada, vejada, me culpará a mí, yo no soportaría que me desprecie por eso—concluyó llorando desconsoladamente, mientras su cuerpo convulsionaba producto del llanto, pero Manolo se mantenía alejado, sabía que ella no toleraba que la tocaran.

 

—No digas eso, si Felipe supiera la verdad, jamás te despreciaría, deberías contársela tú misma, te juro que no te arrepentirás de hacerlo, aunque va a sentirse culpable, debes contarle.

 

—No Manolo, Felipe jamás se va a enterar, tú me lo prometiste.

 

—Lo sé, solo por eso lo he callado—confesó Manolo.

 

Se montaron en el auto y siguieron la ruta que había tomado Felipe.

 

**********************************************************

Felipe estaba tratando de calmar a los niños, apenas arrancaron y dejaron de ver a su madre comenzaron a llorar, pero con cada minuto sus llantos se intensificaron, primero empezó llorando la niña y su hermano al verla comenzó también a hacerlo, por más que trataba de calmarlos, sus intentos eran infructuosos, se arrepentía no haber subido a Alondra con ellos y no era solo por sus hijos, sino que la había dejado con Manolo, había sido un gran estúpido, si quería que ella se fijara en él, como iba a dejarla con ese desgraciado para que lograra seducirla, pidió al chofer que parara de inmediato a la orilla de la calle, y colocara las luces intermitentes, mientras esperaba que el auto donde venía Alondra los alcanzara, luego de cinco minutos los divisaron, el auto se paró detrás del auto.

 

Alondra bajó con una cara desencajada, él dejó a los niños en el asiento mientras salía a su encuentro, al verlo ella comenzó al golpearle el pecho —¡Eres un maldito miserable! ¿Cómo te atreviste a apartar a mis hijos de mí. —Felipe le sostuvo las manos para evitar que siguiera golpeándolo.

 

—No tienes moral para reclamarme, apenas los separé de ti un par de minutos mientras tú me los ocultaste desde que te enteraste del embarazo y tienes más de dos años y medio que los alejaste de mi—pronunció enojado.

 

Ella se soltó de él e ignoró sus palabras, caminó hacia el carro, trató de abrir la puerta pero no pudo hacerlo, por eso comenzó a golpear la puerta del auto, sin importarle que se hiciera daño en las manos.

 

Felipe la sostuvo por detrás, y le susurró al oído, diciéndole —¡Cálmate! Están bien, solo te extrañan y lloran por ti.

—¡Suéltame! —le gritó— no soporto tu contacto—Felipe la soltó de inmediato—Ahora ábreme esa maldita puerta para poder consolarlos—espetó con furia.

 

Felipe no pronunció palabra alguna y enseguida le abrió la puerta del auto,  ella ingresó, al verla los niños se levantaron yendo a su encuentro, hipeando producto del llanto la abrazaron.

 

—¡Ya tranquilos! Todo está bien, ya mami está con ustedes, no tienen nada que temer—pronunció besándolos a ambos en su cabeza..

 

Felipe vio la reacción de sus hijos al ver a su madre y eso lo emocionó, sin embargo, no pudo dejar de sentirse dolido por como lo despreció, definitivamente ella no lo soportaba, pero eso porque le importaba no estaba dispuesto a separarse de sus hijos, los recién había encontrado y no pensaba perderlos otra vez.

—Bellorín, llévanos al hotel —indicó Felipe con seriedad.

 

—No quiero ir a ningún hotel, quiero ir a mi casa—afirmó ella.

—Lo siento pero no volverás a esa casa, ya di instrucciones para que recogieran las cosas de ustedes, sus ropas y demás cosas y lleven lo más importante al hotel, lo otro irá a una bodega hasta que lo trasladen a Roma.

—No tienes derecho a tomar decisiones sin mi consentimiento, no voy a regresar a Roma, no quiero estar allí—señaló angustiada.

—Alondra, no te consulté porque no tienes ninguna alternativa, vamos hablar del futuro de nuestra familia.

—Creo estás confundido, mi familia son mis hijos nada más.

—Estás equivocada Alondra, pero no tengo problema en explicártelo. De hoy en adelante esta familia es de cuatro miembros, no volveré bajo ningún concepto a estar lejos de mis hijos, pero si tú estás dispuesta a alejarte, no tengo problemas de que lo hagas, yo me encargaré de ellos.

—No pienso dejarlos con un hombre como tú, de moral baja, mafioso, narcotraficante.

Felipe la escuchó mientras la veía y no pudo soportar la risa que lo invadió y comenzó a reírse a carcajadas, los niños lo miraban extrañado, hasta que minutos después comenzaron a reírse con él, mientras Alondra, lo miraba  como con molestia.

—Eres muy temeraria para querer enfrentarte conmigo, sabiendo el tipo de hombre que soy, conociendo todo eso de mi, deberías andar con sumo cuidado bonita.

—Poco me importa lo que hagas con tu vida, pero te quiero lejos de nosotros—pronunció ella, sentía cierto temor que por momentos lograba invadirla, pero siempre luchaba contra el, no podía dejarse dominar por la angustia, porque si no estaría perdida.

—Lamento mucho confirmarte que eso no será posible, porque quiero fortalecer nuestros lazos, por eso vamos  a casarnos en una sencilla ceremonia dentro de un par de días—extendió la mirada a los niños y ambos se habían quedado dormidos encima de Alondra.

Él tomó al niño, y los puso en sus piernas, con una ternura que despertó profundos sentimientos en Alondra, su corazón comenzó a palpitar más de prisa, como si de un caballo galopando se tratara, cerró los ojos y controló cualquier sentimiento que quisiera surgir de su interior, ella nunca más podría ser la misma después de lo que había pasado, enseguida los recuerdos de ese momento surgieron por un pequeño resquicio de su mente, haciéndole sentir una profunda rabia, odio, tristeza, impotencia, era un cóctel de emociones que cuando se revelaba terminaba en grandes crisis, pero esta vez no permitiría que la debilitara, debía evitar que la derrotara, pensó, por eso con rabia apenas contenida expresó—No pienso casarme contigo ni con nadie, ¡Ya no te amo! —mintió y jamás me ataría a alguien como tú, allá tú que aún no has podido superarme.

 

Al escucharla decir eso, en el rostro de Felipe se dibujó una expresión de tristeza que disimuló en segundos, sin embargo, la tomó por el mentón e intentó besarla, pero Alondra tenía a cuesta muchos traumas, sin pensar lo empujó con miedo y sin detenerse a pensar comenzó a propinarle bofetadas sin control, mientras le decía —¡Déjame! ¡No me toques!—Alondra había perdido por un momento la conciencia de lo que estaba haciendo, cayó  en la histeria.

 

Felipe la detuvo, tomándole las manos —¡Basta Alondra! Desde que me has visto no dejas de golpearme —las palabras expresadas por él se colaron en la mente de la chica y reaccionó, sintió su cuerpo débil y una profunda tristeza se alojó en su pecho, tenía tantas ganas de llorar, estaba enloqueciendo sin reparos y no podía hacer nada para evitarlo, estaba atrapada en el dolor, desosiego y sobretodo en el silencio que la iba consumiendo día a día, sentía que ya no tenía fuerzas, soñaba con el momento en que todo su sufrimiento se acabara pero cada vez que pensaba en la forma que lo haría, pensaba en sus pequeños, simplemente ahora no podía.

 

Felipe no comprendía la actitud de Alondra, había actuado como una loca, como si tuviera en trance, tal vez el odio que sentía por él era profundo, ese pensamiento se enterró como un puñal en su corazón y lo hirió profundamente por eso siguió hablando sin ninguna delicadeza y atisbo de consideración —Pues para haberme dicho que me amabas me superaste pronto, eso si acaso era verdad lo que me decías—pronunció burlesco—.Pero eso ya me da igual, quiero que tengas claro que si estoy dispuesto a casarme contigo es por el bien de nuestros hijos, no creas que es porque te encuentre deseable o porque no te haya superado, hace tiempo que ni siquiera eres la caspa que me tumba el cabello—mencionó en un tono de suficiencia.

 

Felipe por dentro se resentía de que ella lo despreciara, por eso expresaba todo ese palabrerío para hacerle creer que no le interesaba, cuando era todo lo contrario, le preocupaba sobre manera ella, su delgadez extrema a tal punto que sus pómulos se marcaban exageradamente, al igual que los huesos de la clavícula, sus ojeras dos grandes sombras oscuras que destacaban debajo de su parpado inferior, incluso sus hermosos ojos ámbar verdosos, no tenían el brillo de otrora que reflejaban vida y su cabello estaba cenizoso, opaco, Alondra ya no era la chica hermosa y deseable físicamente que había conocido más de tres años atrás, sin embargo, y a pesar de su aspecto físico  le seguía produciendo ternura, sus sentidos se sensibilizaban con su mera presencia, sentía unas ganas inmensas de tomarla entre sus brazos, protegerla y decirle que no temiera porque siempre él estaría para ella, por eso tenía una lucha interna consigo mismo, porque por una parte quería ceder, rogarle que volvieran y por la otra quería que ella creyera que ya no le importaba, y esta última parte era quien dominaba a la otra, sobretodo porque temía que Alondra .volviera a burlarse de él y arrojara su amor como lo hizo anteriormente al encontrarla con Manolo, se pasó la mano por cabeza en un gesto de irritación.

 

—¿Qué pasa si no quiero hacerlo? —interrogó Alondra con un poco de preocupación.

—Tendrás que hacerlo si quieres seguir viendo a los niños, porque contigo o sin ti, voy a llevármelos y pelearé su custodia si es necesario, así que mi estimada Alondra no creo que tengas ninguna otra alternativa.

—Por ahora no tengo alternativa—dijo con voz suave— pero tal vez luego surja alguna idea. Pero mientras eso suceda quiero  dejarte claro, no voy acostarme contigo, este será solo un matrimonio de conveniencia por el bien de los niños.

—No tienes de que preocuparte, no es que con tu aspecto me inspires algún deseo—comentó sarcástico.

—¡Qué bueno que así sea! Aunque hace un momento querías arrojarte encima mío para besarme—dijo sin expresión alguna, Felipe hizo una mueca.

 

Llegaron al hotel, de una vez guardaespaldas abrieron la puerta de la camioneta donde ellos viajaban, Alondra iba a tomar en brazos a la niña y Felipe se opuso —Yo los llevo a los dos, solo espera que bajó del auto y me entregas a la niña. Qué desgracia la mía que no sepa ni siquiera los nombres de mis hijos.

Alondra sintió cierto remordimiento  y manifestó —La niña se llama Camilla Valphí—mientras le acomodaba la niña en los brazos, comenzaron a caminar con Felipe sosteniendo a sus hermosos hijos, mientras las miradas se posaban en él.

 

Felipe esbozó una sonrisa y emocionado le dijo—Le pusiste como mi hermana y mi mamá.

—Lamento quitarte la emoción pero se llama Camilla por Camillo Ferrari y el nombre Valphí, si es por tu mamá y la mía.

—Le has puesto el nombre de Camillo porque querías obligatoriamente hacer creer que eran hijos de ese imbécil.

—Te informo que ese imbécil como tú lo llamas y su hermano Taddeo, fueron los únicos que me prestaron su incondicional apoyo, por eso mis hijos tienen nombres en honor a ellos, porque mi hijo se llama Taddeo Nickólas.

—¿Y acaso es mi culpa que los ocultaras y salieras huyendo de mi?, si me hubieses contado que estabas embarazada, nunca te hubiese dado la espalda.

—¿Y me hubieses creído que eran tus hijos aun después de haberme encontrado en la cama de Manolo?—interrogó ella.

Felipe salió del ascensor y caminó más de prisa hacia la suite, le dio indicaciones a ella de que tomara la tarjeta que aperturaba la puerta, Alondra la abrió, él entró y se dirigió a una de las dos habitaciones que conformaban la suite, y con la ayuda de Alondra logró acostarlos.

— ¿Vas a responder lo que te pregunté? —insistió Alondra.

 

Felipe hizo una mueca despectiva—No te hubiese creído al principio, eso son los riesgos que corre una mujer que va de cama en cama, pero al verlos no hubiese tenido duda—él se volteó y tropezó con Alondra, la reacción de ella fue saltar y dar un respingo, ese gesto lo molestó sobremanera, y ardido espetó —¿Tanta repugnancia te provoco?

—Si, tú y todos los de tu genero—expresó con rabia mientras se alejaba de él, con las lágrimas a punto de desbordarse de sus ojos.

—¿Y ahora que le dio a ella? No entiendo, estábamos conversando bien y de repente reacciona de esta manera—Había algo que no terminaba de cuadrarle, pero por más que se devanaba los sesos pensando en ello, no lograba dilucidar lo que pasaba.

 

Días después

 

Había pasado una semana desde que Felipe la había encontrado, esos siete días no habían sido para nada fácil, la actitud cortante de él, la evitaba al verla, si estaba jugando con los niños y ella llegaba, se levantaba dejándola con ellos, esa era la misma actitud que había tenido desde el impase cuando se había tropezado con ella y  le había dicho que le repugnaban todos los de su género.

 

Sabía conscientemente que Felipe no tuvo que ver con el abuso que sufrió, él nunca sería capaz de hacer semejante barbaridad, pero no podía evitarlo, el roce con cualquier cuerpo masculino le producía repugnancia, miedo, aunado a ello las constantes pesadillas, solo dormía si tomaba pastillas para hacerlo, cuando no lo hacía pasaba las noches en velas, no le daba hambre, se veía en el espejo y no le gustaba lo que veía.

 

La relación con Felipe y sus hijos iba creciendo con los días, era un buen padre, apenas se levantaba iba por ellos, los bañaba, les preparaba desayuno, jugaba con ellos, los niños lo adoraban, incluso había momentos en que teniéndolos ella en brazo, se arrojaban encima de su padre para irse con él, se compenetraban tan bien los tres, que eran numerosas las veces que sentía que ella sobraba.

 

Dejó a un lado ese pensamiento, y extendió su vista al sencillo vestido blanco que descansaba en la cama, hoy era el día de la boda, fueron muchas las veces que soñó con un hermoso vestido blanco largo, donde ella vestida como toda una princesa resaltaba con su belleza, y un novio con porte de príncipe la esperaba mirándola con amor, nada de eso sería posible, pensó con tristeza, en ese momento tocaron la puerta, dio la voz de pase y entró Felipe, estaba muy apuesto, con un traje gris con corbata del mismo color y su camisa blanca, parecía un príncipe solo que no la miraba con amor, si no que tenía una expresión de enojo.

—¿Por qué no estás lista? —interrogó.

—Estaba pensando, en las veces que me imaginé casándome con un precioso vestido, en una espectacular basílica, con un hombre…—Felipe la interrumpió.

—Pues esto es lo que tienes, anímate pensando en que este matrimonio es una farsa que hacemos por nuestros hijos, aquí no hay amor entre nosotros ni ninguna de las cursilerías que trae consigo—al terminar de pronunciar esas palabras ambos se quedaron mirando fijamente, la tensión en el ambiente creció, podía cortarse con un cuchillo, Alondra sintió su corazón desbocarse por esas sensaciones que pensó que nunca volvería a sentir. Entretanto Felipe dio un paso hacia ella pero se detuvo nervioso, luchaba con sus deseos de acercársele y decirle que la amaba, que todo eso lo hacía no solo  por sus hijos, sino porque también quería tenerla cerca, que nunca había podido olvidarla, que le perdonaba esos devaneos que tuvo con Manolo, pero que se dieran otra oportunidad, sin embargo, sus dudas cesaron al verla retroceder y decirle

—Sal de mi habitación para alistarme para acudir a nuestra farsa de matrimonio— pronunció con un rostro marcado por el desosiego. Felipe negó con la cabeza y dio la vuelta al llegar a la puerta pronunció.

—¡Apúrate!

 

Ella se quedó sola y no pudo evitar que las lágrimas surgieran de sus ojos, —No te ama Alondra, nunca Felipe te amará, eso debes tenerlo siempre presente—expresó en voz alta. Se colocó el vestido, que había comprado el primer día que se habían reencontrado y le quedaba bailando, buscó un hilo y una aguja que se había acostumbrado estos últimos años a cargar en su bolso y lo ajustó en la cintura, luego se maquilló, intentó taparse las ojeras pero sus intentos fueron infructuosos, aunado a que Felipe, la envió a buscar con la niñera.

—Señora, el señor envió por usted, él se marchó con los niños, pero en la entrada del hotel la espera una camioneta conducida por un chofer, yo la acompañaré hasta el ayuntamiento donde se celebrara la boda civil.

 

Al escuchar las palabras de Madelaine, no pudo contener su llanto y su maquillaje se corrió, lloraba porque se ataría a un hombre que ni siquiera la consideraba el día de la boda, la había dejado sola sin importarle sus sentimientos, empezó a gimotear del llanto, aunque apenas tenía una semana conociendo a la niñera, ella se conmovió en verla así, se le acercó y la abrazó consolándola.

—No llore señora, se va a terminar de chorrear toda, no tome a mal que el señor se ha ido, a lo mejor quería cumplir la tradición de no ver a la novia antes de la ceremonia.

—No, no es eso señora Madelaine, él vino a verme momentos antes, simplemente él no soporta mi presencia, si se va a casar conmigo, es porque quiere tener a sus hijos con él, y yo soy el medio para tenerlos, más nada, no crea que existe amor entre nosotros.

—No puedo creer eso, cuando el señor Felipe piensa que nadie lo ve, no deja de mirarla y hasta se sonríe, eso solo puede hacerlo el amor.

—Él me dijo claramente que no me amaba, que todo lo hacía por los hijos.

—A los hijos se aman, pero ningún hombre tiene complejo de mártir, cuando ellos dejan de amar, ni siquiera por los hijos se atarían a una mujer, ya verá como el tiempo me da la razón.

 

La mujer tomó una toalla, le limpió las lágrimas y la arreglo, al mirarse al espejo ella, se sintió mejo,r con más seguridad en sí misma, pensando que tal vez, solo tal vez, Madelaine tuviera razón y si no era así, no importaba su felicidad dependía de ella misma.

 

“Mantén tus mejores deseos cerca de tu corazón y observa lo que sucede” Tony Deliso

 


 CAPÍTULO 20.  VERDADES AMARGAS

 

Felipe miraba por la ventanilla del auto, miles de preguntas se aglomeraban en su mente inquietándolo “¿Estaría haciendo bien? Tal vez no debería atarla a él, su corazón se resintió cuando vio el rostro de desosiego de Alondra, ella ya no lo amaba”, se pasó las manos por la cabeza con desespero, despeinándose el cabello. Manolo lo observaba con curiosidad y no pudo evitar expresar con molestia

—Te prohíbo que te metas en donde nadie te ha pedido opinión—expresó con rabia Felipe.

 

—No le hagas daño, ella ha sufrido demasiado, te pido que si realmente la amas no la hagas sufrir porque….—se interrumpió Manolo.

—Porque tú la amas ¿Verdad Manolo?

—Quiero mucho a Alondra, es una chica extraordinaria que ha superado los momentos más terribles.

Con cada palabra de Manolo, Felipe se iba encolerizando —Tú si conoces los momentos que ha sufrido, ¿Te gusta verdad? —interrogó.

—Basta Felipe deja los celos absurdos, ellos son sinónimos de inseguridad, todo lo que viste ese día en mi departamento, tiene una explicación.

—Entonces dámela Manolo para poder entender lo que pasó.

—Lo siento, pero lamentablemente no me corresponde a mí, hay secretos que no me corresponden.

—Por favor ahora resultaste filosófico, eres realmente patético—espetó con enojo.

Manolo apretó solo los labios, se sentía tan impotente en no poder hablar. Llegaron al ayuntamiento, fueron a la sala asignada donde se celebraría la ceremonia, se sentaron en la antesala para esperar a Alondra. Luego de veinte minutos ella llegó, Felipe se quedó observándola, aunque el vestido le quedaba grande estaba preciosa, sintió ganas de abrazarla, pero se contuvo, ella lo rechazaría, tenía que demostrarle indiferencia, solo así podía soportar ese matrimonio.

 

Alondra entró en la pequeña antesala, sin nada en las manos Felipe solo la ojeó, sin pronunciar palabra alguna, sin siquiera expresar ninguna palabra de halago, ella pensó que le daría unas flores para llevar como su ramo, pero su indiferencia era demasiado extrema, sin embargo, momentos después, Manolo se acercó a ella dándole un ramo para que lo tuviera durante la ceremonia, pero en ese miso instante Felipe lo observó diciéndole —¿Por qué carajo te metes en donde no te llaman? ¿Qué tienes que estar regalándole buqué a ella?

—Es un símbolo de suerte y pureza en el matrimonio—respondió Manolo.

—No te preocupes de esas estupideces tanto Alondra como yo, estamos totalmente claros de las razones por las cuales se celebra este matrimonio, y te aseguro que en ninguna está el amor que Alondra sienta por mí ó lo que yo sienta por ella ¿Verdad Alondra?

 

Las palabras dichas por Felipe, sintió que desinflaban las burbujas de tranquilidad que se habían formado cuando Madelaine le habló en el hotel antes de salir, controló la angustia y con voz suave respondió —Es cierto Manolo, este matrimonio no  está basado en el amor, Felipe ni remotamente tiene esos sentimientos hacia mí, permiso voy al baño—Y sin mirar a tras caminó por el pasillo.

 

—Eres un maldito bruto Felipe, no tengo ni idea como has logrado ser el mejor hombre de inteligencia de la fuerza, cuando eres un redoblado estúpido, ¿No te das cuenta que le haces daño cada vez que dices cosas como esa?

—¿Y el daño que ella me hace cuando intento aunque sea rozarla? ¿Cómo crees que me siento cuando ella salta como si yo fuera un violador que la va a forzar? ¿Sabes cómo me hace sentir eso?

—Felipe, al terminar esta ceremonia, debo contarte toda la verdad, voy a romper la promesa que hice, pero no puedo seguir callando lo que pasó.

—¿Me contarás lo que pasó ese día entre ustedes? —interrogó incrédulo Felipe.

—Si te contaré todo.

 

Luego de una hora, salieron del ayuntamiento Felipe y Alondra como marido y mujer, hicieron el recorrido en silencio, pero no para el hotel sino para Roma, en un Jet, durante el trayecto ella se dedicó a sus hijos, mientras Felipe sostenía reuniones con unos hombres discutiendo una estrategia, ella ignoró todo y se puso a jugar con los niños,  a quienes les dio sueño; por eso ella los fue acostar en la habitación del avión, quedándose dormida junto con ellos.

 

Rato después cuando Felipe terminó la reunión, se dio cuenta que no estaban por eso fue a su búsqueda y los encontró a los tres durmiendo en la cama, esa escena le produjo una dulce ternura, se veía tan hermosos, su esposa y sus hijos, ellos eran su familia, debía protegerlos con su vida si era necesario, ya había tomado acciones para eso, se sentó en un mueble al lado de la cama a observar su descanso, hasta que él también se quedó dormido.

 

Cuando llegaron a Roma se trasladaron a una mansión ubicada en una buena zona de la ciudad, ocupaba casi toda una manzana, Alondra observaba curiosa todo lo que la rodeaba, desde la fuerte seguridad en el exterior de hombres armados y en la entrada a la mansión, cierto miedo se instaló en su corazón, primero por el despliegue de seguridad y segundo tenía miedo al momento en que Felipe exigiera que estuvieran juntos como marido y mujer, esa sola idea la aterraba, a pesar de que con anterioridad hacer el amor entre ellos, había sido la más deliciosa experiencia.

 

Al entrar a la casa, Felipe la llevó a una habitación que tenía grandes ventanales que daban hacia el jardín —Esta será tu habitación—le indicó Felipe.

 

Ella nerviosa sin detenerse a pensar le dijo—No quiero que me hagas el amor, solo quiero que seas mi esposo de papel, no quiero tener ninguna intimidad contigo, no estoy preparada para eso.

 

—Ah pero si estabas preparada para entregarte a Manolo, así son las cosas, tener intimidad conmigo te inspira repugnancia—manifestó dolido—No te preocupes Alondra no me provocas como para convertirme en un violador por tu causa, además fuera puedo conseguir mujeres que están ansiosas por yacer conmigo, así a ti te asquee, de todas maneras no te preocupes, tú no me inspiras ni siquiera malos pensamientos—pronunció molesto, pero en ese momento la puerta estaba abierto y Manolo escuchó lo que le decía, ese fue el detonante que lo hizo decidirse definitivamente a hablar.

 

Felipe salió de la habitación de Alondra, no se dio cuenta que Manolo estaba cerca y caminó a su despacho, al entrar fue a la mesa de bebidas y se sirvió un trago de whisky y se lo tomó de un solo sorbo, se sirvió otro y cuando iba a aplicar el mismo procedimiento, apareció Manolo —Es hora de que sepas toda la verdad.

—Por fin te vas a dignar a contarme como sedujiste a la mujer que amaba.

—Nunca la seduje, yo jamás me he acostado con Alondra.

Felipe soltó una risa de burla —¡Ah no me digas!—pronunció irónico—cuando te vi la estabas consolando, ¡Qué magnánimo eres!—siguió burlesco.

—Eres un maldito estúpido Felipe, Alondra sufre porque el día que se casó tu hermana, ella recordará esa fecha porque la violaron—soltó de golpe.

 

Al oírlo Felipe se echó atrás, la copa cayó de su mano volviéndose añicos en el suelo y con un tono de voz apenas audible expresó—¿Qué estás diciendo? ¡¿Te has vuelto loco?!

—Como quisiera que todo esto fuese mentira, ese día que me enviaste por ella, la perdí por media hora, el autobús la había dejado a cinco cuadra, cuando la encontré estaba siendo abusada, dos hombres la sostenían mientras uno la violaba—Manolo cerró los ojos recordando y no pudo evitar las lágrimas que corrieron por sus mejillas—los tres tenían las misma intenciones, les disparé, se alejaron pero uno la abusó, le destruyó la ropa, la dejó ensangrentada, golpeada, la lleve a mi departamento, ella no quiso denunciar, solo le presté ayuda—siguió contándole, con cada palabra, Felipe sentía tanto dolor por el sufrimiento de su bonita, como la había tratado, un fuerte sollozo salió de su garganta, pegó un alarido de dolor al imaginársela maltratada, violada vulnerable, y él no estuvo para ella, sentía que se ahogaba, se levantó para ir a verla y abrazarla.

 

Manolo lo sostuvo del brazo —¿A dónde vas?

—Tengo que hablarle, pedirle perdón, ayudarla, ¿Por qué no me lo dijiste ese día Manolo? —le cuestionó—Alondra, ha estado sola sufriendo en silencio, por eso le repugna mi contacto, no es que sea yo—exclamaba angustiado—es que todos los hombres le producen ese efecto ¡Oh mi bonita! Que dolor tan grande, debe sentir, tiene que saber que la amo, que voy a estar con ella y que atraparé a esos malditos a quienes mataré con mis propias manos—pronunció sin aliento.

—No puedes decirle nada, porque ella me hizo prometer que no te diría, debes tenerle paciencia y esperar que ella misma te cuente, no la abrumes por favor.

—¿Pudiste ver quien fue? Quiero los nombres de esos desgraciados, porque me voy asegurar que no vuelvan a ver la luz, ni respirar más aire —espetó con apenas rabia contenida.

Manolo tenía miedo a la reacción de Felipe, pero no pudo evitar de confesarle toda la verdad—Fue Giuseppe, ayudado por Roberto y Giácomo, sus dos hombres de confianza.

 

Felipe sintió que la rabia lo consumía como las lavas de un volcán, se dirigió a unos de los cajones y sacó dos pistolas, les puso las municiones y se las puso en la cintura.

—¿A dónde vas? —interrogó Manolo.

—Voy a matar a ese maldito por haberse atrevido a tocar a mi bonita—expresó llorando—hubiese preferido mil veces que me fuese infiel contigo, a que viviera todo ese sufrimiento que la está destruyendo, eso explica muchas cosas, su delgadez, su profunda tristeza, ese desgraciado la destruyó y yo también lo he hecho—se inclinó en el escritorio y  luego se dejó caer al suelo llorando—a mi bonita la mata la tristeza. Dime Manolo ¿Qué puedo hacer, para volver hacerla sonreír? Tal vez si no me ama deba dejarla libre, le consigo un apartamento para que no le falte nada, no quiero alejarme de ella, pero tampoco quiero seguir siendo la causa de su sufrimiento.

—Dale tiempo, enamórala otra vez, que ella vea que puede confiar en ti.

—Lo siento tanto amigo, siento a verlos juzgado equivocadamente, pero es que todo era tan evidente—se pasó la mano por la cabeza—voy a verla, solo quiero observarla nada más.

—No le digas nada de lo que te he contado, por favor.

—Te lo prometo amigo, pero antes voy a buscar a la maldita rata de Giuseppe, le haré sufrir cada lágrima, cada sufrimiento de mi bonita, morirá poco a poco, arrancaré una a una sus partes, hasta que pida clemencia, pero esta nunca llegara, le trituraré cada miembro con el cual se atrevió a tocar a mi mujer, deseará con ansias que la muerte llegue a él, pero esta huirá, hasta que me pague todo lo que ha hecho en contra de Alondra—pronunció profundamente enojado, mientras intentaba levantarse, pero Manolo lo derribó en el suelo.

—No puedo dejarte hacer eso, estás ofuscado por la rabia, no puedes entrar a su terreno, no saldrías vivo de allí, no estás preparado para enfrentar solo a esos crueles asesinos, ¿Quieres causarle más sufrimiento a Alondra y a tus niños? ¿Dejarlos solos? —el negó con la cabeza—debes esperar el momento oportuno, cuando entremos a desarticular ese cartel, aprovechas y acabas con él, por ahora no es el momento, no puedes poner en riesgo tu vida.

 

Felipe, sintió rabia, impotencia, apretó los puños al lado de su cuerpo, quería matar a ese desgraciado con urgencia para hacerlo pagar por lo que le hizo a su bonita, pero tenía razón Manolo, aún no era el momento, tendría que esperar, se levantó del suelo y caminó a la habitación de Alondra, estaba dormida, al mirar a un lado de la cama vio un vaso de agua con un frasco de pastillas, al revisarlas eran para dormir. Se acercó a ella y se sentó a un lado en la cama, estaba recostada en posición fetal, la parte de la cama donde descansaba su rostro estaba húmeda, producto de las lágrimas que había derramado, segundos después se levantó de la cama se arrodilló a un lado, con sumo cuidado de no despertarla, limpió con sus dedos las gotas cristalinas que se habían acumulado en su rostro.

—Perdóname amor, ¡Lo siento! No sabes cómo sentí que mí corazón se quebró por ti, he sido un mal hombre, yo dándome más digno que tú, y eres tú quien no mereces a un hombre como yo, no supe protegerte, te dejé a merced de mis enemigos que como forma de dañarme a mí, no encontraron mejor modo de hacerlo que ultrajándote a ti. Quisiera devolver el tiempo, para no cruzarme en tu camino, he sido la desgracia personificada en tu vida, he sido la tormenta, la noche oscura, ¡Perdóname amor!—sollozaba mientras las lágrimas caían por sus mejillas, pasaba sus manos por su rostro y su cabello con absoluta ternura, no se sentía merecedor de ella, como fue capaz de señalarla y herirla, hacerla a un lado, fue un estúpido, ¿En qué estaba pensando cuando la hizo a un lado? Pensando que el miserable de Giussepe la dejaría en paz, la culpa se posaba en su pecho, señalándolo como el más cruel de los jueces.

 

«Eres demasiado para mi, eres una princesa Alondra y yo un pobre bufón, tú eras la mujer más maravillosa que podía haber encontrado, eres grande Alondra, con cada golpe que la vida te ha dado, aunque te has quebrado, te has vuelto a reconstruir sola, curando tú misma tus heridas. Perdóname cada palabra que pronuncié en mi ignorancia, hablaba por mí el dolor, creyendo que me estabas despreciando, eres una guerrera digna de admiración, porque no has dejado que la maldad te destruya, sino que te has levantado tal y como el ave Fénix, y así serás brillarás como la más valiosa de las aves, volverás a reconstruirte de las cenizas, y alzarás vuelo más alto, donde la inmundicia no pueda tocarte—Felipe seguía llorando desesperado—no tengo palabras para expresarte todo lo que vales amor, como quisiera borrar tu sufrimiento, mi vida la daría a cambio de tu felicidad, de que superes el dolor y de que tus heridas sanen, jamás me imaginé cuando te vi ese día en el trabajo, que yo sería el responsable de tus peores sufrimientos, quiero que te levantes, transformada, volando alto, con esperanzas, sin dolor, mi preciosa, tú tienes que Rinascere, como esa espectacular ave de hermoso plumaje.

 

Así pasó toda la noche junto a ella, sin dormir, velando su sueño, nunca jamás permitiría que alguien la dañara, y quienes se habían atrevido hacerlo, pagarían con creces cada ultraje, porque Pir Roldán, no tendría piedad, con quienes se habían ensañado con ella. Cuando vislumbró que los primeros rayos del sol salieron por la ventana, se levantó del suelo donde había pasado la noche, le besó la frente y le susurró —Te amo tanto princesa, pensé que era imposible amarte más, pero ahora al saber todo lo que has pasado, no solo te amo sino que te admiro, no te quiebres nunca mi bonita, ábrete a mí, por favor cuéntame lo que te pasó, no temas, no tengo razones para juzgarte, por favor no me creas miserable.

 

Salió de la habitación de Alondra, se dirigió a la suya, se desnudó y entró a ducharse, la tristeza y el remordimiento hacían estragos en él, comenzó a llorar mientras se bañaba, grandes sollozos surgían de su garganta, empezó a golpear las paredes del baño mientras lloraba, no soportaba ese dolor que lo quemaba como el ácido, mientras repetía incesantemente —Perdóname mi amor, por no protegerte. Maldito Giuseppe, acabaré contigo, no puedo esperar, para que tu momento llegue, te arrepentirás de haberle hecho daño a mi bonita—siguió llorando ruidosamente, a tal extremo que en el pasillo y en las habitaciones cercanas, se comenzó a escuchar sus lamentos.

 

Alondra se despertó, se cepilló, pero escuchó un llanto como de un animal herido, se colocó sus sandalias y salió por el pasillo, tratando de identificar el lugar de dónde salía, al poner atención se dio cuenta que provenía de la habitación de Felipe, su corazón le dio un vuelco, ¿Sería que estaba enfermo? ¿Le dolería algo?, en ese momento pensó en que cuando se levantó sintió el olor de su fragancia en su cama pero rechazó la idea, él la despreciaba de tal manera que ni siquiera se atrevería a acercársele, apartó esos pensamientos y continuó investigando el origen de los aullidos como animal, se acercó a la puerta, tocó un par de veces pero al no recibir respuesta se puso nerviosa, y abrió la puerta, al hacerlo en ese instante el salía del baño, al verla se sorprendió pero cuando ella alzó la mirada el apartó la suya bajándola avergonzado..

 

Su actitud hirió a Alondra, quien pensó que bajaba su mirada porque no quería ni siquiera verla, ella de inmediato bajó la de ella expresando —Discúlpame, no era mi intención incordiarte, pero no te preocupes, ya sé que no soportas verme—pronunció dándose la vuelta y saliendo corriendo de sus aposentos,

 

Felipe se quedó observándola en silencio, ella no entendió que si bajó la mirada, era porque se sentía avergonzado, no se sentía digno de mirarla a los ojos—Mi bonita nunca me cansaré de mirarte pero el remordimiento corroe el alma—Así se sentía en ese momento.

 

Luego de terminar de vestirse, pasó por la habitación de sus hijos, los vistió porque ya los habían bañado y jugó un rato con ellos, después los cargó y los llevó hasta el comedor, al llegar Alondra estaba sentada, pero al verlo hizo amago de levantarse, por reflejo Felipe la tomó del brazo y ella dio un salto, como siempre reaccionaba cuando alguien la tocaba, pero inmediatamente él retiró su mano como si se hubiese quemado, y ella dibujó en su rostro una expresión de tristeza—Lo lamento Alondra, por favor no te vayas—le suplicó—comamos todos en familia.

 

Ella lo observó por un momento , se dio cuenta que tenía los ojos rojos como si hubiese estado llorando, y dos sombras se observaban debajo de sus ojos, y no le mantenía la mirada, buscaba evadírsela, no se explicaba porque sentía tanto desprecio por ella, que hasta solo mirarla le producía incomodidad.

—Es mejor que me vaya para tu tranquilidad Felipe, se nota que mi mera presencia se te hace insoportable, pero hagamos algo, para que no estés obligado a tolerar mi presencia todos los días, desayuna diariamente con los niños y yo almuerzo con ellos—indicó levantándose de la mesa, él intentó retenerla pero Alondra lo ignoró totalmente.

 

La tristeza se coló en su interior como un viento frío, le llegó hasta los tuétanos, tenía tantas ganas de llorar y nunca parar, sus ojos se nublaron porque las lágrimas amenazaban con salir, Manolo lo vio, se le acercó y colocó su mano en el hombro —Debes ser fuerte Felipe, ella no puede saber que conoces toda la verdad, aguanta esos desprecios de ella, lo hace porque se siente herida, no pierdas el norte amigo, pronto ella estará bien, esto será solo un mal recuerdo.

—No Manolo, ella siempre recordará lo que vivió, siempre tendrá esa herida allí que se abrirá cuando menos lo espere, y yo soy el único culpable, debí alejarme de ella, fui un egoísta, la puse en peligro, no hice nada para protegerla.

—No digas eso Pir, sabes que no es cierto, solo cuentas con dos hombres de confianza de la fuerza conmigo, los demás no son de fiar y no te importó quedarte tú sin protección con tal de tenerla a ella a salvo, en dado caso quien fallé fui yo, lo siento, no debí dejarla subir a ese autobús, lo siento amigo, no sabes cuánto.

—Olvídalo, la culpa es mía, no debí involucrarme con ella, la destruí, la puse en peligro—expresó con tristeza, mientras observaba a los niños jugar con la comida—yo la arriesgué, ella estaba embarazada cuando la violaron, mis niños padecieron ese tormento con su madre, cuando la vi en el apartamento de Taddeo creyendo que estaba con él, la ofendí, le dije que no era digna de nada, que mi hermana era una gran señora y ella no—un profundo lamento salió de su garganta y enseguida las lágrimas comenzaron a rodar imparablemente por sus mejillas. Manolo veía su angustia y no podía evitar sentir compasión por él, se veía vulnerable, destruido, como nunca lo había visto, no había ni siquiera un indicio de ese Pir arrogante, fuerte, que se la sabía todas y que nadie lograba amilanar  —¿Dime como arrancó este dolor que me destroza por dentro como un arma afilada? ¿Cómo esa mujer va a volver amarme y confiar en mí? ¡No le he dado nada! —exclamaba con un rostro desencajado producto de la angustia que sentía —¿Qué ha recibido de mi? ofensas, peleas, cuestionamientos, amargura, yo provoqué esa violación, decir todo eso que dije de Alondra fue como un trapo rojo para ese infeliz, te juro que hubiese preferido un millón de veces ser asesinado en manos de esos bandidos que el sufrimiento que padeció mi bonita. No sabes Manolo cuánto daría porque ella volviera amar y a confiar, así no fuera a mí, no aguanto este profundo dolor que me va a enloquecer. Por favor llama a Madelaine, no puedo quedarme aquí, necesito descargar toda este dolor, furia, porque si no voy a explotar, se levantó, besó a los niños que lo miraban con curiosidad y salió del departamento.

 

“El remordimiento surge como fuego devorador, cuando estás consciente de  que debiste actuar de una manera y no lo hiciste ¿Entonces? Qué difícil es luchar con tus propios demonios cuando son ellos mismos que te atormentan”  Jeda Clavo.

 

 

CAPÍTULO 21. INTENTO INFRUCTUOSO

 

Felipe llegó al gimnasio donde regularmente entrenaban un grupo de hombres pertenecientes a diferentes células de la mafia europea, sobre todo la italiana, desde que se llegaba a las instalaciones la vigilancia y seguridad eran  extremas, sabía que allí podía encontrar a sus enemigos, pero en ese momento eso le tenía sin cuidado, la angustia que sentía en solo pensar en Alondra lo destrozaba, se imaginaba como si estuviese viendo cada agresión de la cual fue objeto, como el desgraciado ponía sus manos inmundas en su cuerpo y la tomaba con violencia, su mente se llenó de esas imágenes y por más que trataba de alejarlas, golpeteaban en su cerebro produciendo cualquier cantidad de emociones en él, descontrolándole, tenía una punzada de dolor en su cabeza, se la tomó con ambas manos, mientras trataba de lograr la serenidad, debía hacerlo, tenía que actuar analizando mentalmente casa paso, no debía reaccionar visceralmente, pero no era fácil, las ganas inmensas que tenía de acabar con esos desgraciados era tan grande que por momentos le nublaba la razón, a tal punto que salió de la casa solo, sin protección, incluso a última hora había dejado hasta las armas y su teléfono en la casa.

 

Salió del auto y caminó hacia la entrada del gimnasio, se sometió a los controles de rigor, fue a cambiarse en los vestidores y se dirigió a los cuadriláteros de entrenamiento, y su sorpresa fue mayúscula al ver quienes estaban entrenando, no podía perder esa oportunidad de destrozarle el rostro a esos desgraciados, la sangre hervía en su interior, sentía como una llamarada de fuego se manifestaba en su interior, haciéndole surgir una rabia que lo tenía totalmente enceguecido, cuando estaba llegando a uno de los cuadrilátero, se le acercó el mismísimo Giuseppe  —¡Vaya! Al fin te veo Pir, después de tanto tiempo. Aunque siempre tengo noticias tuya, no sé cómo te dejan entrar aquí sabiendo que no eres de confianza —En ese momento comenzó hablar en voz alta, tratando de llamar la atención de los otros hombres—Me sigue pareciendo demasiada casualidad que en la mayoría de las operaciones descubiertas, tú estás relacionado de una u otra manera, eso es algo que le he hecho saber a cada uno de los jefes de los carteles, sobre todo a Basciano, quien está empeñado en defenderte, pero cuando demuestre que no eres más que un infiltrado en nuestros negocios, voy a matarte con mis propias manos.

 

Felipe tenía ganas de brincarle encima al desgraciado y destrozarle la cara pero era necesario que actuara con astucia, por eso para provocarlo, profirió una sonora carcajada, lo que irritó  en gran manera a Giussepe —Tienes más de cuatro años tratando de demostrar que soy un agente policial y aún no tienes nada—dijo en el mismo tono de voz que usó Giussepe—lo que demuestra alguna de dos cosas, o eres un idiota al no poder encontrar pruebas contra mí, o eres un hombre con exceso de imaginación, lo que te hace una persona no confiable, porque ves cosas donde no las hay, eso te convierte en un hombre no muy listo—concluyó con burla.

 

—Te las crees más listo y mejor que todos, lástima que no sea así, porque de haberlo sido yo no hubiese disfrutado de tu chica, no sabes como la goce, me envainé dentro de ella y resultó tan deliciosa, me recibió apretadita, la hice gemir como loca, porque nunca había tenido un verdadero hombre como yo, la hubieses visto gritando y retorciéndose mientras yo me la follaba.

 

A medida que Felipe lo iba escuchando, la ira iba recorriendo todo su sistema hasta dejar de razonar, perdió todo control y lo tomó por el cuello, levantándolo del suelo mientras el hombre se iba poniendo rojo producto de la presión que ejercía sobre su cuello. Pir estaba fuera de sí y dispuesto a acabar con la vida de ese miserable, apretaba más fuerte, mientras el hombre iba perdiendo la conciencia.

 

Sin embargo, en ese momento los hombres de Giussepe, lo intentaron alejar, pero por más que buscaban hacerlo no podían separarlo, Pir parecía soldado al cuello del hombre, hasta que luego de un par de minutos, lo lograron, hizo falta la intervención de cinco hombres para alejarlo, cayendo desplomado Giussepe en el piso, pero Pir golpeó a los hombres que lo sostenían, estaba totalmente fuera de control, no pensaba, solo luchaba con todos procurando hacerles el mayor daño posible, a la vez que a él también lo golpeaban, hasta que llegaron los hombres de seguridad del gimnasio, y lograron controlar la algarabía, luego invitaron a los involucrados en la disputa a retirarse del lugar.

 

Pir se montó en el carro, pero su rabia seguía intacta, subió a la camioneta al mismo tiempo que los otros subían a sus autos, lo encendió y salió del lugar, no obstante, apenas había recorrido unas pocas cuadras fue interceptado por las demás camionetas, buscó un palo de artes marciales que cargaba en el auto y bajó de allí, enseguida fue rodeado por varios hombres que intentaron pegarle mientras él se defendía golpeándolos, y a pesar de que eran más, las destreza que demostraba Felipe los iba neutralizando, hasta que Giussepe al ver que el chico los estaba sometiendo a todos, descendió del auto donde había permanecido aún dolorido y asustado por estar a punto de morir ahorcado por Felipe, sacó su arma y le disparó a Pir en su hombro izquierdo, lo que le hizo soltar el palo que cargaba.

 

En ese mismo instante, los hombres tomaron ventaja, se le encimaron, lo derribaron y empezaron a golpearlo sin piedad, le fueron pateando el estómago, las costillas uno a uno, mientras Felipe apretaba los dientes para evitar que los lamentos surgieran de su boca, pero a medida que ellos veían la fortaleza del hombre fueron aumentando la intensidad de sus golpes, se ensañaron en su rostro, donde le pusieron no solo los ojos morados, sino también le rompieron la nariz y la boca mientras la sangre salía a borbotones de sus heridas, por más que Pir intentó defenderse de las agresiones, sus desventajas eran muchas, porque aparte de que ellos eran más, se encontraba herido y sangrando, sobretodo en su hombro, por lo cual fue fácil para ellos someterlos, dadas sus circunstancias.

 

—¡Eres un cobarde Giussepe! Igual a quienes te acompañan, aunque tienen un órgano masculino, les hace falta mucho para ser un verdadero hombre—las palabras dichas por Pir, desató otra vez la furia de sus agresores, quienes se volcaron nuevamente a golpearlo sin misericordia hasta que lo dejaron casi  inconsciente, pero en ese momento se le acercó Giussepe, quien puso su mano en el hombro izquierdo de Pir y le introdujo los dedos profundamente en la herida, haciéndole sangrar más y provocando un grito desgarrador en Felipe que los ensordeció, hasta caer desmayado por el intenso dolor.

 

—¿Dónde lo llevamos? —preguntó uno de los hombres de Giussepe.

 

—Déjalo allí, tal vez tenga la suerte y el desgraciado termine muerto, si Basciano pregunta, tengo testigo que él me agredió primero, déjalo tirado allí mismo para que se desangre, así tengo la justificación de que no lo maté, lo dejé vivo y murió por propia voluntad—pronunció carcajeando—y si queda vivo aprenderá a no meterse conmigo porque soy mejor que él.

 

Felipe, observó  a sus niños y Alondra, quienes corrían por un hermoso prado verde, tomados de la mano, mientras con su risa inundaban el ambiente de alegría, él corría tras ellos para alcanzarlos, ellos miraban atrás para observarlo que pronto los alcanzaría, pero en una de esas, ellos tropezaron y cayeron, Felipe corrió más de prisa para llegar a donde estaban, pero cuando llegó al sitio no pudo encontrarlos, habían desaparecido, la angustia lo invadió y comenzó a gritar como loco por ellos, comenzó a recorrer todo el lugar sin resultados. Luego llegó a la ciudad, a un callejón, no sabía cómo había llegado hasta allí, caminó con rapidez atormentado, no sabía que estaba pasando, quería encontrar a su familia, hasta que al doblar la esquina lo vio todo, dos hombres sostenían a Alondra mientras otro abusaba de ella, él se abalanzó sobre los hombres, pero no pudo hacer nada, gritaba al oírla sufrir, se retorcía de la impotencia, pero es como si ella estuviese en una dimensión distinta, la habían destruido en numerosos pedazos y él no pudo hacer nada.

 

Felipe despertó angustiado, apenas pudo medio abrir sus ojos producto de la gran golpiza que le habían propinado, su cuerpo entumecido del frío y del dolor, trataba de darles movilidad a sus articulaciones pero era en vano, intentó recordar lo que había pasado, pero un dolor de cabeza le impedía entrelazar sus pensamientos, recordó el sueño que tuvo con su familia, y enseguida las lágrimas empezaron a correr por su hinchado rostro —Amor, mi bonita, que tristeza tan profunda se ha instalado dentro de mí, te juro por el amor que siento por ti y por mis hijos, que esos hombres pagaran lo que te hicieron, se arrepentirán de todo tu dolor y sufrimiento.

 

«Y en cuanto a mí, ya estoy pagando mis dudas, mis acusaciones en contra tuyas, te juzgue mal, sin comprobar los hechos, nunca quise hacerte daño, porque aún cuando descubrí que eras la mujer que había dañado a mi amigo siempre quise protegerte, pero me equivoqué, en el momento más importante de tú vida, cuando más me necesitabas, te dejé hundida, destruida y sin esperanzas, nunca podré pagar mi deuda contigo, Manolo me lo había advertido, pero en mi soberbia no quise oírlo, ¿Y ahora? No sabes cuánto duele todo esto y desgarra mi alma—su cuerpo era un amasijo de dolor que no pudo evitar nuevamente sumergirse en la más absoluta niebla de oscuridad.

 

********************************************************

Alondra terminó de acostar a los niños quienes estaban muy llorosos e inquietos, y se dirigió a su habitación, luego de bañarse se acostó en su cama a pensar, Felipe no había aparecido en el departamento durante todo el día y esa era una hora que aún no había llegado, ella estaba atenta a escuchar pasos en el corredor pero hasta ahora no lo había oído llegar. Había salido en la mañana luego del desayuno, desde el día anterior sabía que la estaba evitando, le huía, bajaba su mirada al verla, por lo cual concluía que no soportaba su presencia, ella hacía lo posible por no hacerse sentir para no incordiarlo, aunque eso no evitaba que lo observara de lejos, solo él tenía la capacidad de despertar sensaciones en ella, pero su miedo por lo sucedido era mayor, pero a pesar de todo no dejaba de pensarlo y recodar los momentos felices que tuvieron en el pasado, y ahora hasta en sus sueños estaba, la noche anterior soñó que estaba en sus brazos y que ambos dormían plácidamente, ella apoyando su cabeza en su pecho y Felipe dándole suaves caricias en su espalda, sintió tan real ese sueño, que al amanecer sintió el olor de su fragancia  impregnado en sus sabanas, y aún en ese momento seguía percibiéndolo.

 

Le había parecido extraño que Manolo se había ausentado en la tarde sin decir nada, cuando siempre permanecía junto a ellos, lo observó desde la ventana de la habitación de los niños, salir corriendo con una cara desencajada, le preguntó a la niñera y a un par de hombres de seguridad pero ninguno supo darle ninguna explicación, sentía sus parpados pesados, hacía mucho tiempo que no dormía sin medicamentos, pero en ese momento con esa rica fragancia de olor a Felipe, se quedó dormida, sin siquiera proponérselo.

 

********************************************************

Manolo esperaba en la sala de espera de emergencia que le dieran alguna información sobre el estado de salud de Felipe, en ese momento los recuerdos de lo sucedido, llegaron a su mente, había estado preocupado al no haber recibido llamada de Felipe, pues desde que encontró a su familia, llamaba cada hora para conocer como estaban Alondra y sus hijos, debido a ello no le quedó más remedio que rastrear la camioneta que se había llevado, al conocer su paradero, le pareció extraño, que no estaba en el club donde se ubicaba el gimnasio donde acudían los miembros de diversas mafias, lo que le hizo dudar, por eso luego de un par de horas al no obtener ningún movimiento en el auto salió en su búsqueda, encontrándolo en una de las calles alternas, al  verlo su corazón casi se paraliza, Felipe estaba totalmente golpeado e hinchado y permanecía inconsciente, producto de la golpiza que le habían propinado, aparte de la herida de bala,  le habían fracturado un par de costillas y desviado el tabique de la nariz, pero era necesario hacer unas placas para comprobar el diagnóstico de los paramédicos.

 

En ese instante salió el médico que lo estaba atendiendo y preguntó —¿Los familiares del señor Pir Roldán?

 

Enseguida Manolo se dirigió al médico, no daba nunca el nombre verdadero del chico para protegerlo —Si doctor soy familiar del paciente.

—Bueno, el chico ha sido atendido de la herida de bala, la cual no comprometió ningún nervio ni órgano vital, la bala atravesó el cuerpo sin golpear órganos, vasos sanguíneos o huesos importantes, debe tomar analgésico y antibióticos para la herida, en cuanto a las fracturas en las costillas, estas van a curarse solas dentro de cinco a seis semanas aproximadamente, para esto debe limitar sus actividades, colocarse hielo con regularidad en la zona, le aplicamos una inyección de anestesia de larga duración alrededor de los nervios de las costillas, si le duele al respirar podría ser peligroso porque pudiera contraer neumonía, le di unos ejercicios de respiración que lo ayudarán a que pueda respirar de manera profunda, para evitar sufrir neumonía, puede pasar a verlo. El joven es muy terco, no quiere quedarse en el centro médico, quiere irse a su casa, si lo hace será bajo su estricta responsabilidad, en verdad no había conocido un muchacho tan cabezota como él—espetó con molestia el médico.

 

Al entrar Manolo Pir tenía los ojos abiertos pero su inflamación y moretones eras grandes —¿Qué fue lo que pasó? Casi te matan—enfatizó Manolo.

 

—Fue Giussepe, casi lo ahorqué solo que sus hombres se metieron y me lo quitaron de encima, no sabes la dicha que sentí cuando mis manos apretaron la garganta del desgraciado—expresó con rabia. Así Manolo le fue  preguntando los detalles de lo que había pasado y no le quedó más remedio que contarle todo lo sucedido.

—¡Estás loco! ¿Cómo fuiste capaz de exponerte de esa manera? —lo interrogó molesto.

—Debía hacerlo, ese hombre tiene cuentas pendientes conmigo—respondió Felipe.

—Pero no es la manera, con tu actitud pones en peligro la operación—dijo Manolo.

—¡A la mierda la operación! ¡Ya estoy harto!, me cansé en no poder actuar cuando quiero, ¿Cómo crees que me siento en no haber podido proteger a mi mujer de ese desgraciado? Y que se burlé y haga chiste de lo que le hizo, tengo sangre en las venas Manolo, y estoy cansado de esperar, quiero terminar con esto de una vez por todas, porque me voy a dedicar a mi esposa y a mis hijos, no me importa si deba de mudarme de continente, solo quiero estar feliz con ellos y ponerlos a salvo no soportaría que volvieran hacerle daño a Alondra.

—¿Cuándo decidiste todo esto? —interrogó Manolo.

—Desde que desperté, cuando llegue a este centro médico—respondió—Termino con esta operación y me retiro, mientras debo procurar proteger a mi familia, quiero redoblar la seguridad de Alondra y los niños, ella no puede salir de la casa bajo ninguna circunstancia, solo acompañada por mí, ni siquiera puede salir al jardín, solo dentro de la casa, tú me respondes por su vida Manolo y la de mis hijos, te juro que si me fallas, esta vez nadie te salvará. Cuando todo esto pase, contaré la verdad a mi madre, a Alondra, pero mientras, no puedo hacerlo, porque si descubren mi verdadera identidad pondré en peligro a toda mi familia.

—¿Pero hablarás con ella para explicarle? —preguntó Manolo.

—No, no quiero preocuparla, seguiré como hasta ahora, que ella siga creyendo que soy un mafioso y lo peor de mí, no sé que pueda pasar, trataré de sobrevivir a todo porque la amo, a ella y a nuestros hijos. Porque estoy seguro de que si le cuento la verdad ahora, se preocupará demasiado, no quiero darle más sufrimiento y preocupaciones a mi bonita.

—Está bien, pero a penas pase todo, debes contarle la verdad, por ahora estarás fuera de combate por seis semanas si realmente quieres recuperarte.

—Está bien, lo haré por mi familia—respondió—pero ahora vayamos a casa.

—Ahora si estás completamente orate, no puedes irte aún ¿Mira cómo estás? Ella te verá y te preguntara lo que te ha pasado.

—Mientras me este recuperando, me encerraré en mi habitación para  evitar que Alondra me vea.

—En verdad, no sé pero me parece una mala idea tu plan, no te cansas de complicar las cosas con ella—Pero Felipe lo miraba decidido, Manolo suspiró y dijo—No tengo otra que darle un voto de confianza a tu plan.

 

 

 

 

“Nunca le mientas a una persona para no perderla, porque terminarás perdiéndola cuando se entere de tu mentira” Anónimo.

 

 

CAPÍTULO 22. CUANDO LO QUE VEMOS NOS CUENTA UNA MENTIRA

 

Felipe llegó a la casa en horas de la madrugada, caminaba lentamente por el pasillo hasta llegar frente de la habitación de Alondra, se paró en la entrada, colocó su frente en la puerta, Manolo lo vio y le dijo —Camina a tu habitación, déjala quieta, no vayas a despertarla, si te ve así la mortificarás.

 

Felipe respiró profundo —Quiero verla, solo será un momento, por favor—Así lo hizo, entró mientras Manolo se quedó del lado de afuera, la vio dormida, su cabello caía como cascada en la almohada, su frente relajada, suspiró dormida, aún en las condiciones que estaba no le importó, se inclinó un poco con sumo cuidado y besó su frente, sentía su corazón encogido en imaginarse todo su sufrimiento y no pudo evitar las palabras que escaparon de su boca.

 

—Perdóname, me equivoqué, lo siento mucho, la vida no me alcanzará para pedir todos los días tu perdón, no sabes cuánto quisiera poder tener el poder de devolver el tiempo para empezar de nuevo, pero esta vez hacer las cosas distintas, nunca te apartaría de mi lado, te juró que en ese momento pensé que era la mejor opción, por eso lo hice, al principio solo quería convencer a Giussepe, jamás pensé que me estarías oyendo, no te imaginas el dolor que provocaron mis palabras en mí, sentía que con cada ofensa que salía de mi boca, hería profundamente doblemente a tú corazón y el mío—en ese instante ella se volteó y Felipe contuvo la respiración, rogando que no despertara.

 

Posterior a un par de minutos, ella se acomodó en su cama y él se enderezó con cuidado, conteniendo el quejido que amenazaba de surgir de su boca producto del dolor, salió  de la habitación y en el pasillo lo esperaba Manolo.

 

—¿Te duele verdad? —Felipe se mantuvo en silencio, mientras  cerraba sus ojos su respiración se hizo más lenta, cuando iba a desvanecerse Manolo lo sostuvo —Eres un necio Pir, el médico te dio indicaciones precisas y en menos de un par de horas te niegas a seguirlas, ¿Sabes que puedes complicarte? ¿y las consecuencias de que eso pase?

 

—Deja de sermonearme, estaré bien—pronunció con voz tenue.

Manolo lo llevó a su habitación, y lo atendió, luego de un rato se sentía mejor —Creo que es bueno que contrates a una enfermera para que me cuide, tú debes dedicarte a estar pendiente de todo, vigilar a los hombres, no puedes abocarte a ser mi niñero, solo te pido que la mujer que contrates no use uniforme ni nada que Alondra pueda sospechar que estoy enfermo o mejor contrata a un hombre.

—¿Y si es una mujer? ¿Qué le diré cuando vea a una mujer entrando a tu habitación? —interrogó Manolo.

—Entonces a quien contrates, procura que sea una persona de confianza y  que se abstenga de estar exhibiéndose para que la vea Alondra. Comerá a horas distintas a cuando lo haga mi esposa y procurará salir lo menos posible, por lo menos durante la primera semana, creo que a la segunda podré hacer mis cosas por mí mismo.

—Pir, son seis semanas de reposo—afirmó Manolo.

—Los médicos siempre exageran, con la mitad bastará—pronunció seguro.

 

Así lo hizo Manolo, llamó a una empresa de confianza donde le suministraban muchas veces el personal requerido para el apartamento o casas de Pir, sin embargo, no encontraron ningún hombre sino una mujer, y el día que ella llegó no estuvo contento con la elección, la mujer era joven, muy hermosa, como de aproximadamente veinticinco años con un cuerpo espectacular y sobretodo coqueta, le preocupaba enormemente que Alondra la viera e hiciera conjeturas que no eran, sin embargo la urgencia por solucionar y tener quien atendiera a Felipe lo sobrepasó y terminó dejándola.

 

Los primeros días, se comportó normal, comenzó a cuidar a Pir, estaba pendiente de suministrarle los medicamentos, ponerles las compresas de hielo, darle comida y que no se moviera, no obstante a partir del cuarto día empezó a coquetear, a realizarles insinuaciones, lo tocaba con un doble sentido y procuraba exhibirse más de la cuenta, al principio Felipe pensaba que se lo estaba imaginando, pero esa hipótesis quedó descartada cuando entró a ducharse, lo estaba haciendo con mucho cuidado porque aún le dolían sus costillas y la herida de su hombro, los morados se habían tornados de un color verduzco, cuando al girarse se encontró en la puerta a la enfermera observándolo fijamente con una mirada de deseo, mientras mordía su labio inferior y se desnudaba sin ningún reparo, Felipe no podía creer lo que estaba sucediendo, se quedó congelado sin poder emitir ninguna reacción mientras ella le decía —Pir, quiero que disfrutes todo lo que tengo para ti—las cosas no podían salir peor, justo en ese momento se escuchó la puerta abrirse de golpe y la voz de Alondra primero molesta y luego llorando—Eres el más ruin de todos los hombres, eres un completo miserable —expresaba con voz llorosa y temblorosa, no podía verla en ese momento pero si oía su voz herida—has permanecido encerrado con esta mujer, no te cansas de humillarme, de denigrarme, incluso nos ocultas de tus padres y ahora ni siquiera te atreves a darme la cara ¿Por qué te casaste conmigo si ni siquiera soportas mi presencia?

 

Felipe angustiado intentó salir de la ducha para ir a su encuentro, pero se resbaló, oportunidad que aprovechó la enfermera para sostenerlo y decir —Te tengo mi cielo, tranquilo—con una maquiavélica sonrisa, él la apartó de encima mientras empezó a llamar a Alondra —Por favor bonita, no es lo que crees, déjame explicarte.

—Tranquilo—expresó ella en voz alta—no tengo ningún derecho sobre ti, se me había olvidado que este matrimonio no es por amor, por lo menos no entre nosotros sino que lo hicimos por nuestros hijos, gracias por recordármelo—pronunció saliendo de la habitación y tirando la puerta.

 

Felipe se pasó la mano por su cabeza, sintió maluco en su cuerpo, se sintió débil y vacío, y allí mismo se preguntó “Esto es lo que sentía mi bonita cada vez que yo la juzgaba sin escucharla”, sin pérdida de tiempo le dijo a la enfermera —Catalina, quiero que salga inmediatamente de aquí y no me refiero solo a mi habitación sino también a mi casa.

 

Catalina se le acercó —No puedes hacer eso, me gustas, puedo hacerte feliz, sentir cosas maravillosas, se que estás con esa chica solo por tus hijos—expresó mientras colocaba su mano en la masculinidad de Felipe.

 

Él le apartó de un manotazo—Te equivocas no estoy con Alondra por mis hijos, al principio pensé que era así, estoy con ella porque la amo, es la mujer que escogí para pasar el resto de mi vida. Ahora, ¡Fuera de aquí! —. Pronunció con furia—haré saber a la agencia la calidad de persona que es, su paga se la haré llegar con la agencia, ¡Largo! —gritó, la mujer recogió la ropa comenzó a vestirse y salió nerviosa.

 

Felipe salió de la habitación con cuidado, justo en ese momento llegó Manolo —¿Qué pasó? La enfermera salió llorando ¿Qué le hiciste?

—Mejor pregunta que me hizo ella a mi—respondió enfadado, entró al baño mientras me duchaba, se desnudó y que para provocarme y justo en ese momento llegó Alondra—le expresó narrándole todo lo que había sucedido —Ahora necesito me ayudes a vestirme y llévame a la habitación de Alondra que debo explicarle.

 

*************************************************************

Alondra estaba en su habitación se había encerrado en ella, entretanto se había acostado en la cama en posición fetal, sintiéndose completamente miserable —Hasta cuando Felipe me va a seguir haciendo daño, tan poca estima me tiene, no me explico porque se ensaña en mi contra, en humillarme ¿Por qué me odia tanto? Sé que les hice daño a las personas en el pasado, pero yo me arrepentí, ¿Qué más puedo hacer? ya no soy la misma y creo que nunca más lo seré, estoy rota por dentro y no sé cómo hacer para juntar los pedazos y no creo que nunca lo logre, porque cada vez que intento pegarlos, sucede algo que los secciona más—se decía mientras lágrimas recorrían su rostro, vio las pastillas para dormir y el vaso de agua que reposaba en la mesa de noche junto a su cama, se tomó tres, pues no quería pensar, ni siquiera sentir, estaba cansada de caer y no poder levantarse, de sentir su alma desgarrada, de sentirse herida, de ver como sus esperanzas cada día escapaban como agua entre sus manos, de luchar y salir siempre perdedora, estaba cansada de vivir, no le importaba nada, solo quería, le urgía encontrar la paz al costo de lo que sea y con esos pensamientos se quedó dormida.

 

Felipe llegó a la habitación de Alondra, tocó la puerta pero no recibió respuesta, intentó abrirla pero tenía seguro, le pidió a Manolo enviar por las llaves para poder abrir, entró a la habitación y la encontró profundamente dormida, recorrió las dos mesas de noche y pudo observar el vaso y las pastillas, le preocupaba Alondra, no creía que estuviera bien que durmiera a expensas de medicamentos, debía coordinar con Manolo para que la convenciera a ir a un psicólogo, era necesario encontrar ayuda para Alondra, tenía miedo de lo que pudiera hacer y ese temor lo invadía provocándole los sentimientos más aterradores, no quería perderla, se moriría si algo le pasaba.

 

Se acostó a un lado de ella, puso su cabeza con cuidado en su pecho, besaba su frente, la acariciaba, incluso no pudo evitar entonarle una canción

“Hoy toca ser feliz de Mago de Oz”

Cuando un sueño se te muera

O entre en coma una ilusión

No lo entierres ni lo llores, resucítalo

 

Y jamás des por pérdida

La partida, cree en ti

Y aunque duelan, las heridas curarán

 

Hoy el día ha venido a buscarte

Y la vida huele a beso de jazmín

La mañana está recién bañada

El sol la ha traído a invitarte a vivir

 

Y verás que tú puedes volar

Y que todo lo consigues

Y verás que no existe el dolor

Hoy te toca ser feliz

 

Si las lágrimas te nublan

La vista y el corazón

Haz un trasvase de agua

Al miedo, escúpelo

 

Y si crees que en el olvido

Se anestesia un mal de amor

No hay peor remedio

Que la soledad

 

Deja entrar en tu alma una brisa

Que avente las nubes y alivie tu mal

Que la pena se muera de risa

Cuando un sueño se muere

Es porque se ha hecho real

 

Y verás que tú puedes volar

Y que todo lo consigues

Y verás que no existe el dolor

Hoy te toca ser feliz

 

Las estrellas en el cielo

Son solo migas de pan

Que nos dejan nuestros sueños

Para encontrar

El camino, y no perdernos

Hacia la tierra de oz

Donde habita la ilusión

 

Y verás que tú puedes volar

Y que tu cuerpo es el viento

Porque hoy tú vas a sonreír

Hoy te toca ser feliz.

 

Mientras le cantaba no pudo evitar las lágrimas que brotaron de sus ojos y rodaron sin control por sus mejillas, le dolía el corazón —¡Cuánto daría por hacerte feliz! Porqué no conocieras más el dolor, Te amo Alondra, aunque sé que no te lo he demostrado como mereces, tampoco he sido el hombre que necesitas, no he sabido protegerte y eso me agobia y me entristece, porque quiero ser ese hombre en tu vida, el que vele tus sueños, quien te acaricie en las mañanas, quien te despierte con una sonrisa, quiero ser lo primero que tus ojos vean al abrirse y lo último que mires al cerrarlos, no te quiero ver sufrir más, te quiero feliz, alegre, que te sientas amada, que vuelvas a confiar, que conozcas lo bonito del amor, quiero que descubras en mi mirada el profundo amor que te profeso.

 

«Ya entiendo muchas cosas de lo que ha pasado, aquel día en la boda de mi hermana, cuando lloraste, no era porque Taddeo se estaba casando, es porque creías que nunca encontrarías quien te amara como él a ella, yo te había tratado miserablemente y aunque tuve razones para actuar en ese momento así debí encontrar el momento de explicártelo, pero  es que tenía miedo y este tiene la capacidad de nublar mis razonamientos, pero yo te amo profundamente, ojalá pudieras saberlo, eso tal vez te haría feliz—Así siguió conversando mientras ella dormía hasta quedarse dormido. Y en la madrugada con cuidado salía nuevamente de su habitación.

 

Pasaron un par de semanas, ella no quiso hablarle, había intentando salir de la casa pero no la habían dejado, lo que puso de mal humor —¿Díganme es que soy una prisionera? ¿Por qué no puedo salir? —interrogaba a los hombres de seguridad enfurecida.

—Disculpe señora pero son instrucciones del señor Pir.

 

Molesta se dirigió a la habitación de Pir y comenzó a golpearla diciéndole fuera de si —Felipe, Pir, como quieras mentarte, eres un cobarde por tratarme así, te regodeas en seguirme humillando después que te vi con otra mujer, a ti que te importa lo que yo haga miserable—Felipe no respondía porque estaba dormido producto de algunos medicamentos que le provocaban somnolencia.

 

Manolo la vio alterada y la llevó hasta el despacho para hablar con ella, conversaron por un rato, trató de convencerla para que visitara un psicólogo, pero Alondra se enojó, le dijo que no necesitaba de nadie, su humor cada día se hacía más arisco, ya ni siquiera quería pasar rato con los niños, Felipe a medida que iba recuperándose los llevaba a su habitación y  a veces dormía la siesta con ellos, aunque no podía jugar porque aún no mejoraba del todo.

 

De esta manera transcurrió un mes desde que Felipe fue golpeado, pero durante todos esos días, por las noches, sin falta, él acudía a su habitación velaba sus sueños y luego se acostaba junto a ella muchas veces se quedaba dormido a su lado, otras le acariciaba su cabello, mientras besaba su frente y les susurraba palabras de amor, le cantaba, hasta que una noche estuvo a punto de ser descubierto al entrar y encontrársela despierta.

 

—¿Qué haces en mi habitación? —interrogó extrañada.

Felipe tragó saliva, trataba de inventar una excusa en su cerebro hasta que dio con una—No puedo dormir, ¿Podrías regalarme una pastilla para dormir?—expresó con titubeo.

 

Ella lo observó contrariada —¿Por qué no puedes dormir? —interrogó Alondra.

 

—¿Puedo sentarme a tu lado?

 

Ella estaba dubitativa, no sabía qué hacer, por un parte quería tenerlo a su lado, pero estaba molesta por lo sucedido hacía un par de semanas atrás con esa mujer y porque no la había dejado salir, pero también tenía miedo de tenerlo tan cerca, porque los recuerdos de esa fatídica noche venían a su encuentro, cuanto deseaba poder superar lo que le había pasado, a pesar que habían transcurrido más de tres años cuando cerraba los ojos los recuerdos volvían inexorablemente.

—Lo siento Pir, no quiero tenerte cerca—se dijo mientras se abrazaba a sí misma—te tengo miedo, se la clase de hombre que eres, trabajas con las mafias, traficas drogas, no eres digno de confianza, seguro que también has asesinado a inocentes y violado a mujeres—terminó con una expresión de pánico.

—No Alondra, yo sería incapaz de violar a una mujer, quien lo hace es un desgraciado que merece ser asesinado inclementemente y muy lentamente—expresó con odio.

—¿Has traficado con drogas? ¿Has asesinado personas? —lo interrogaba Alondra, pero él se mantenía en silencio.

—Tal vez tengas razón, soy un mal hombre, es buena idea que te deje libre para que vivas tu vida feliz con tus hijos, los veré periódicamente o quizás no, puede que no sea bueno para ninguno de ustedes.

—Claro para ti resulta fácil después de casi dos meses en las cuales los niños te adoran, abandonarlos, ¿No piensas en sus sufrimientos? ¿Tan egoísta resultaste?

—Te estás contrariando, ¿No sé qué quieres? Si no me explicas que te ha pasado, no puedo saberlo. Tus argumentos de que me resulta fácil abandonar a mis hijos no son válidos, amo a mis niños pero no puedo alejarlos de ti, te los mereces más que yo para que alegren tus días—expresó mientras subía sus manos para acariciarle la mejilla, pero ella dio un paso hacia atrás y el bajó sus manos.

—Puede que te solucione eso y no tengas que alejarte de ellos.

—¿Qué quieres decir con eso? —interrogó circunspecto Felipe.

—Pensé en voz alta, no te preocupes Felipe, yo me entiendo—expresó en tono melancólico  pero con una fugaz sonrisa que iluminó su rostro por un instante. Mientras pensaba, que tal vez era el momento de dar un paso en otra dirección, su cabeza era un tumulto de dudas e inquietudes, su corazón si estaba seguro ¿Y si Felipe no era el mafioso que pensaba que era? ¿Entonces quien era Felipe o mejor dicho quien era Pir Roldán?, con esas ideas inoculando su cerebro se quedó pensando mientras Pir salía de la habitación y ella quedaba pensativa, enfrentando su corazón con la razón.

 

Felipe llegó a su habitación se recostó y se quedó dormido al instante. Había amanecido, se fue buscar a Alondra, recorrió toda la casa y los jardines y no la encontró, caminó hacia la verja y en la acera del frente, allí la vio, no pudo protegerla, las lágrimas rodaban por sus mejillas, sentía su tristeza, su dolor, su angustia y su tormento iba en aumento, su pecho comprimido le impedía respirar, sentía que el aire no llegaba a sus pulmones, se desplomó en el suelo, intentando por todo los medios moverse para ayudar a la mujer que amaba, pero era tarde, ella yacía sin vida a un lado de la calle, él lanzó un grito de dolor, pero este se ahogó en su garganta, no salió voz alguna, el silencio se ceñía como un soberano, congelando cada célula en su interior, todo había acabado, Alondra había dejado de existir.

 

 

“La vida le preguntó a la muerte: ¿Por qué la gente me ama, pero te odia a ti? La muerte le respondió: Porque tú eres una hermosa mentira, y yo soy una dolorosa verdad”  Anónimo.

 

 

 

CAPÍTULO 23. MURIENDO UN POCO, DEJÁNDOME IR. CONSUMIÉNDOME EN LLAMAS

 

Felipe despertó sobresaltado, se levantó, se duchó y mientras lo hacía, decidió ir a conversar con su padre, necesitaba contarle todo lo que había pasado, lo de los niños, lo de Alondra. Por eso al salir del baño, tomó su celular personal y llamó a su padre — Aló, Papá, necesito conversar contigo, podemos vernos  en un Restaurant cerca del centro—pronunció con angustia.

 

—Felipe hijo, ¿Pasa algo? ¿Qué tenés? —interrogó Lucca con preocupación.

 

—Al vernos te cuento padre.

 

—Está bien, te esperaré

 

Felipe se dirigió al lugar donde se había citado con su padre, al verlo lo abrazó fuerte—Papá, necesito desahogarme, que me aconsejes cómo debo actuar.

 

—¿Qué pasa hijo? —interrogó su padre.

 

—Lo primero que debo decirte es que eres abuelo de dos hermosos gemelos, un niño llamado Taddeo Nickólas y una niña llamada Camilla Valphí, tienen dos años y medio.

 

—Y la madre es Alondra—afirmó Lucca—ella era la chica a quien le ibas a proponer matrimonio el día de la boda de tu hermana.

 

Su hijo se quedó sorprendido de que su padre supiera de todo—¿Cómo lo sabes?

 

—Las piezas del rompecabezas encajan perfectamente, ese día te vi cruzando palabras con ella, incluso discutiendo, después de verte conversar con Nick y Sophía saliste a buscarla. Tu molestia hacia Alondra cuando supiste que Camilla y Taddeo se habían separado por culpa de ella, tu empeño en saber quién era el padre de sus hijos, tu actitud beligerante al encontrarla en el departamento de Taddeo y los nombres de mis nietos que son una mezcla de los Ferrari, Sebastini y los Rocco.

 

—Ya sé de donde heredé mis cualidades para la investigación—expresó con una media sonrisa.

 

—Sí de los Rocco. ¿Dónde están ellos?

 

—Están en mi casa en el norte de Roma, con su mamá, pero hay una serie de situaciones que han propiciado una serie de confusiones—Y enseguida le contó todo, de cómo la conoció, de cómo se hicieron novios, de cómo la amaba, de que era la misma chica que se había burlado de Cristiano y que él había intentado vengarse. 

 

Le contó como la había alejado para evitar que Giussepe su peor enemigo, un mafioso tras cual andaba le hiciera daño, le contó que había creído que le había sido infiel con Manolo al encontrarla en su departamento, y le contó las razones, de que su enemigo la había violado estando embarazada, se desahogó mientras lloraba y habría su corazón frente a su padre quien se conmovió y lloró con su hijo al ver su angustia.

 

—Cuéntale a ella todo, que la amas, como te sientes, enamórala nuevamente, recupera su confianza, hazle sentir lo importante que es en tu vida, cuéntale la verdad, que no trabajas al margen de la ley sino que luchas para desarticular mafias en Europa, sácala de su error, se sentirá orgullosa al saber que trabajas del lado de la justicia, tanto como yo me siento de ti, dile que todo lo has hecho para protegerla.

 

—Lo haré padre, hablaré con mi madre y Camilla y les contaré de mi esposa y mis hijos y luego iré a hablar y a buscar Alondra, necesito que los protejan mientras participo en la última operación—estaba contento porque resolvería la situación, sin embargo, no podía apartar la angustia que se había instalado su cuerpo desde el momento que tuvo la pesadilla.

 

********************************************************

 

Alondra observaba melancólicamente por la ventana, se preguntaba ¿Cuándo había dejado de ser esa chica de carácter, que se imponía frente a todos? aunque reconocía que también había sido una soberbia pensó, siempre creyéndose superior a todos y mirando por encima del hombro a la gente y humillando a quienes no reconocían su supuesta supremacía, sonrió con una mueca de burla, había sido una pobre niña ilusa, siempre tomando y haciendo daño a los demás sin importar las consecuencias, aprovechándose del amor que le profesaba su padre, se escudaba en su protección para terminar saliéndose con la suya, pero la vida te va doblegando y mostrándote cuán equivocado has estado.

 

Y allí estaba, casada con un hombre que la despreciaba por lo que había hecho en el pasado, que la desposó para tener a sus hijos cerca, pero que a ella la ignoraba totalmente, no le importaba ni como mujer, aunque en ese sentido ella no pudiera  cumplirle, ni como ser humano. Al ser sincera, ni ella se soportaba, quería acabar con esa vida que llevaba, tal vez no sería mala idea, se sentía sola, tan vacía, tal vez sus niños estarían mejor sin ella, era una escoria, a todos hacía daño, lo que le hizo a Camilla era realmente ruin ¿Cómo pudo hacerle eso? ¿Si esos hombres se hubiesen aprovechado de ella y la hubiesen violado? en ese momento gruesas lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas sin control, el sentimiento de culpa la estaba carcomiendo lentamente, estaba arrepentida de eso y de muchas cosas más en su vida, de haberse burlado de Cristiano, de no haber oído a Manolo, de burlarse de Taddeo y Camillo.

 

Debía halar con ella, tal vez pudiera convencerla de que Taddeo nunca estuvo con ella y que no era el padre de sus hijos, dejó de observar por la ventana, tomó su bolso y avisó a la señora de servicio para salir, dejando los niños a cargo de la niñera —Señora no puede salir, el señor se molestara, el prohibió que saliera, sólo puede hacerlo con él.

 

—¿Sabe qué? Me importa un bledo lo que piense el señor, por mí que se pudra—respondió altanera.

 

Al Salir, la primera llamada que hizo fue a Cristiano, lo había encontrado en las cosas de Felipe que había revisado en el despacho, al segundo repique le atendieron, le respondió una voz de mujer —Aló, ¿Diga?

 

—Buen día señorita, sería tan amable de comunicarme con el señor Cristiano.

 

—¿De parte de quien? —preguntó la mujer.

 

—Es de una antigua amiga de la universidad—mintió Luego de un par de minutos, una voz de hombre se escuchó en el teléfono.

 

—Si diga, por acá Cristiano ¿Quién habla?

 

—Yo, soy Alondra Sebastini ¿Me recuerdas?—pronunció nerviosa—me urgía conversar contigo—el tenso silencio que reinó, le hizo creer que la comunicación se había cortado, pero segundos después, escuchó la voz de Cristiano.

 

—Alondra, nunca he podido olvidarte, siempre has ocupado un lugar especial en mi corazón a pesar de todo—expresó con voz triste.

 

—Yo—titubeó—solo te llamaba, para pedirte que me perdones por lo que te hice hace más de seis años, no tengo justificación para ello, me gustaría culpar a mi inmadurez, a que fui una caprichosa, pero no es así, lo hice intencional, con la única finalidad de hacerte daño—dijo mientras trataba de contener sus lágrimas—pero debo confesarte que me he arrepentido de lo que te hice, no puedo regresar el tiempo para remediarlo, pero si puedo pedirte perdón, para sanar tu alma y la mía. Lo siento mucho, en verdad no sabes cuánto me ha dolido todos estos años haber actuado de esa manera, aunque la vida me ha cobrado esa y otras con creces.

 

—Yo te perdono Alondra, debí ser maduro en aceptar la negativa, cuando uno no quiere a alguien lo mejor es ser sincero, no te guardo rencor, al principio me dolió mucho, me quise morir, pero ya lo he superado. Tal vez algún día nos podamos ver, Felipe me dijo que estaban juntos.

 

—Si es cierto, estamos juntos. Y si tal vez nos volvamos a ver, quizás no, pero te deseo lo mejor de todo corazón. Adiós Cristiano.

 

—Adiós Alondra.

 

Al cortar la llamada con Cristiano, marcó a casa de los Rocco, la atendieron al tercer repique

—Hola, habla Alondra, no me corte por favor, pero es necesario que hable con Camilla.

 

—Eres una descarada, te atreves a llamar a esta casa después de lo que le hiciste a mi hija.

 

—Por favor señora Valeria déjeme hablar con ella—le suplicó.

 

Se escuchó a alguien haciendo una pregunta —¿Qué pasa mamá?

 

—Es Alondra, quiere hablar contigo.

 

—Camilla tomó el teléfono—¿Dime qué quieres?

 

—Necesito hablar contigo y pedirte perdón por el daño que te hice. Pero quiero hablar en persona—enfatizó con un tono de angustia.

 

Camilla lo meditó por un momento, sin embargo la voz  de Alondra la hizo ceder—Está bien, te espero en mi casa.

 

—Muchas gracias.

 

Siguió caminando por varias cuadras, pero se fue en dirección contraria a donde estaba segura que la buscarían en primer lugar, logró tomar un transporte público en un par de minutos, luego de un recorrido de no más de quince minutos, se quedó lo más cerca posible de la casa de los Rocco, caminó un par de cuadras hasta su destino, cuando llegó a la mansión le abrieron las puertas sin vacilar, al entrar observó a Camilla y a su madre, ambas la estaban esperando, se quedaron viéndola pero no dijeron nada, no era necesario, ella sabía que estaba extremadamente delgada, su rostro no era lozano, y su ropa bailaba en su cuerpo de su amplitud.

 

—Antes que nada, el motivo de mi visita, es pedirte perdón por lo que te hice, fui una persona malvada, sin sentimientos, nada justifica esa acción. Segundo no te divorcies de Taddeo, ni él, ni su hermano son los padres de mis hijos, su padre es otro hombre.

 

—¿Quién?—dijeron al unísono.

 

—Lo siento no puedo decirles, el nombre del padre de mí hijo.

—No entiendo, ¿Y pretendes que te creamos?—señaló Valeria, Camilla detuvo a su madre para que no siguiera hablando, la chica se veía, nerviosa, su cabello lustroso y brillante de antaño había desaparecido, su rostro flaco, la hacía verse mayor. observó que mientras hablaba se tomaba las manos con nerviosismo, esa chica no estaba bien, pensó.

 

—Alondra, está bien, te creo, ¿Qué tienes? ¿Estás enferma? ¿Por qué estás así?

 

La chica no aguantó más y comenzó a llorar sin control, Valeria al verla se puso nerviosa, Camilla se levantó de su asiento y la abrazó, dándole palabras de consuelo—Ya Alondra, desahógate, sabes que llorar es bueno porque limpia las heridas del alma, te reconfortas y recobras el ánimo.

 

—Gracias. Eres muy buena.

 

—¿Por qué no vas dónde tus padres? ellos siempre estarán para ti—indicó Valeria preocupada al ver el estado de nervios en que se encontraba Alondra.

 

—Tengo vergüenza, ellos no se merecen una hija como yo a su lado—respondió ella.

 

—Los hijos jamás son una vergüenza para los padres, uno los ama con sus virtudes y defectos—pronunció Valeria.

 

—Alondra, cuéntame,  confía en nosotras—manifestó Valeria.

 

—Me siento el ser más horrible del mundo por dentro y por fuera. Me fije en alguien quien no debía. Luego de que  fragüe ese plan contra Camillo y contra ti, yo me arrepentí, no podía estar tranquila, pensando en las consecuencias de mis actos, Camillo llegó y me descubrió ante mis padres, se enojaron demasiado, sobre todo mi padre me quitaron las tarjetas y toda ayuda económica y ...

 

*******************************************************

 

En ese momento Pir entraba con su padre por la puerta de la sala de la mansión y se detuvieron al oír unos sollozos, el corazón de Felipe saltó cuando se dio cuenta que se trataba de Alondra, quien estaba con su madre y hermana, ella lloraba, se veía angustiada y sus palabras fueron como dardos que se introdujeron en su corazón, hiriéndolo más de lo que creía posible, cada palabra pronunciada por su esposa, lo llenaba de desespero, su padre también oía, y no pudo evitar que al igual que a su hijo las lágrimas brotaras por sus ojos.

 

Alondra siguió hablando—Estoy sucia, ese hombre me violó, él mientras dos hombres me sostenían, rompió mi ropa, tocaba con sus mugrientas manos mi cuerpo, me manoseaba, se introdujo violentamente en mí y me poseyó sin misericordia, no puedo dejar de recordar su aliento desagradable, sus roces, su posesión, fue repugnante, por eso estoy sucia,—decía mientras no dejaba de llorar, su confesión había dejado paralizadas a Camilla y a Valeria, quienes tampoco pudieron evitar las lágrimas —Él no solo violó mi cuerpo sino mi alma, me destruyó, no soy la misma, me dañó para el amor, porque a quien amo me desprecia y si sabe lo que pasó mucho menos me aceptará.

 

Felipe al oírla no pudo evitar entrar, estaba afectado quería tomarla entre sus brazos y darle consuelo, decirle que la amaba y que el hecho de que la hubiesen violado no la hacía una mala mujer, que eso no fue su culpa, el culpable era de esos malditos violadores, que él la ayudaría a superar todos los obstáculos que se le presentaran y que siempre la esperaría, que su amor era más que un deseo físico, que un acto carnal, su amor era la unión de dos corazones, dos almas, de dos mitades que se complementaban uno al otro, pero de su garganta solo surgió el nombre de ella 

 

—Alondra, por favor…

 

Ella sintió mucho miedo, al verlo tomó su bolso, salió corriendo, las dos mujeres trataban de detenerla, su corazón latía aceleradamente, mientras sentía su cuerpo pesado, sus piernas casi no le respondían, pero como pudo llegó al baño, pasó seguro y se sentó en la tapa del inodoro.

 

No quería que la viera allí, ni tampoco en el estado que estaba, no quería que supiera el daño que le había hecho, sus manos empezaron a temblar desequilibradamente, sintió su garganta seca. Abrió el grifo del lavamano y con la mano comenzó a recoger agua y llevarse a la boca, pero por más que trataba de buscar el control en su humanidad, no podía encontrarlo. Enseguida sintió un desespero que la ahogaba y gruesas lágrimas empezaron  a salir de sus ojos y a rodar por sus mejillas inmensurablemente.

 

Se sentía sola, no tenía amigos, sus padres no sabían de ella porque así lo había decidido, como iba a presentárseles fracasada, cuando les prometió que se sentirían orgullosos de ella; no quería volver a ver la cara de decepción en su padre. Y sus bebés, tal vez serían más felices con su padre que con una madre que estaba rota y que jamás podría volverse a reparar, el mundo estaría mejor sin ella.

 

Todo lo malo que le pasaba lo tenía merecido, era una mala mujer, se había burlado del amor, ¡Pobre Cristiano! Ella le destruyó la vida burlándose de él frente a todos, desdeñando y despreciando su amor, sintiéndose superior y muy por encima de esos sentimientos que consideraba estúpidos, jamás se hubiese imaginado que años después su mejor amigo tomaría venganza, la había hecho enamorarse, cuando lo conoció supo que había encontrado el amor, sintió una profunda conexión emocional con él, que jamás había sentido por nadie, pensó que había sido recíproco hasta que luego de obtener lo que quiso, le contó toda la verdad de los planes que había hecho, para hacerla sentir en carne propia lo que había sufrido su amigo.

 

Lo sucedido destrozó todas sus ilusiones y vino a socavar la poca confianza que le quedaba, porque ya la angustia, la culpa y la depresión habían invadido su cuerpo, solo que él tuvo un error de cálculo, nunca se imagino que producto de esos momentos de pasión más que de amor, porque nunca la había amado, todo lo contrario solo sentía un absoluto desprecio por ella, iban a nacer  sus gemelos; sus hermosos no merecían tener a su lado una mujer como ella. Era necesario pagar todo lo que había hecho. Nadie la extrañaría, quizás llorarían sus padres un poco por ella o tal vez no, porque solo los cubría de vergüenza.

 

Decidida, sacó lápiz y papel de su cartera y empezó a escribir

 

"Nunca imaginé que esto que sentía podía acabar de esta manera, pero confieso que no puedo más, la culpa no me deja vivir, estoy abrumada y no encuentro más salida que esta, he sido un horroroso ser humano, hice daño a las personas que me querían, mientras que amé a personas que me detestaban, lamentablemente no tengo la capacidad de afrontar esta situación, todo me ha sobrepasado, siento que no tengo fuerza para seguir, tal vez lo que voy hacer sea un acto de cobardía, no lo sé, si así lo piensan entonces me declaro cobarde.

 

Mis bebés amados, espero que sus vidas estén llenas de felicidad, que su padre y abuelos lo enseñen hacer buenas personas, sepan que los malos actos tienen consecuencias y que tarde o temprano por mucho que intentes huir estos te alcanzan, perdón por no estar para ustedes, pero sé que no sufrirán, porque son almas puras e inocentes que esto no los puede afectar,  al crecer tal vez de mi ni se acordarán.

 

Mamá, papá, perdón porque sé que esto a ustedes les dolerá, pero allí estará Matteo y mis niños que serán mi legado para ustedes, hermanito cuida a nuestros padres, los amo pero no tengo nada que darles, solo soy una cáscara vacía de lo que una vez fui.

 

Y a ti amor de mi vida, espero que con esto, puedas decir que has consumado tu venganza. Nunca te sientas culpable, actuaste como te dictó tu conciencia, ¡Te perdono! Ojalá encuentres el amor en tu vida y que seas correspondido, que nunca sufras el dolor del desamor, como lo sufrí yo desde que te conocí.

 

No hay redención sin dolor, ni nuevos comienzos sin muerte.

 

Por siempre y para siempre

 

ALONDRA"

 

Abrió el frasco de pastilla mientras él golpeaba la puerta incesantemente, sacó todo el contenido y lo llevó a su boca las tragó, aunque algunas se cayeron, abrió el grifo, tomó agua y luego se recostó nuevamente en el inodoro mientras los minutos pasaban y ella se sumía en un profundo sueño.

 

Él desesperado tocaba la puerta, al ver que no le respondía, comenzó a darle patadas a la cerradura hasta que cedió, al abrir la puerta se dio cuenta del frasco de pastilla vacío junto a la puerta y de su carta, la recogió sin leerla, al extender la vista a su derecha, se sorprendió de ver que Alondra yacía recostada como durmiendo en la tapa del inodoro, de inmediato la angustia lo atenazó y estrujó su corazón, la cargó  y caminó con ella corriendo hacia el estacionamiento, seguida de cerca por las dos mujeres que lloraban angustiadas,  mientras él la abrazaba diciéndole desesperadamente—Por favor no, ¡No puedes dejarme! ¡Por Dios! ¡¿Por qué lo hiciste?! ¿Por qué me huyes? ¿Tan repugnante te parezco qué prefieres morir a vivir conmigo?—dijo entretanto sus lágrimas rodaban por sus mejillas.

 

“Mientras creía que estaba aprendiendo a vivir, en realidad estaba aprendiendo a morir” Leonardo Da Vinci.

 

 

CAPÌTULO 24. CUESTIONAMIENTOS

 

Felipe la sostenía en sus brazos, la abrazaba con fuerza, mientras se montaba en la parte trasera del auto, su papá manejaba, su madre en el puesto del copiloto y su hermana a su lado, lloraba con desespero como un niño, sin esperanzas, como si no hubiese un mañana mientras le decía llorando—¡Perdóname mi amor! Te amo mi bonita con toda mi alma, no puedes irte, tus hijos te necesitan, tus padres también te necesitan y yo más que nadie, si no quieres vivir más conmigo, te dejaré libre, para que busques otro amor—expresaba llorando—me conformaré con verte, pero no te vayas Alondra por favor.

 

Al llegar al Centro Médico, se bajó corriendo con ella en brazos al verlos, fueron atendidos de inmediato, una camilla apareció de la nada, le quitaron a Alondra de los brazos, la acostaron allí y la ingresaron con prisa a la sala de emergencias, Felipe iba a entrar pero no lo dejaron. Él se tomaba la cabeza con ambas manos y sus lamentos eran desesperantes, poco le importaba que lo observaran en ese estado, su angustia le impedía pensar en otra cosa, solo sentía ese dolor lacerante destruyéndole el alma.

 

Su familia estuvo a su lado dándole fuerza se abrazó de su mamá mientras lloraba —No quiero que muera mamá, yo la amo con todas mis fuerzas, es la mujer de mi vida, además mis niños no pueden perder a su madre.

 

Su mamá la miraba extrañada, hasta que él les contó que tenían dos hijos, Taddeo Nickólas y Camilla Valphía. De inmediato Camilla se emocionó —Alondra le puso el nombre a la beba por mí.

 

Felipe sin temor a herir la sensibilidad de su hermana expresó —No te emociones que no se llama así por ti, los niños llevan ese nombre en honor a Taddeo y Camillo, que fueron los únicos que la ayudaron cuando más lo necesitaba. Tú no fuiste de mucha ayuda, saliste corriendo pensando lo peor de Taddeo y de ella, yo también lo creí y la ofendí tanto—se lamentaba—le dije que ella no era mejor que tú, la llamé hasta basura, la dejé sola. Mi bonita, tuvo que enfrentar sola al infierno que pasó con la violación, el embarazo, el parto, su depresión, han sido tantas cosas que soportar, que no aguantó más, demasiado fuerte ha sido, en seguir luchando cuando todas las condiciones le son adversas, ella no puede morir, mi bonita tiene que recuperarse y ser feliz, juro que daré mi vida por su felicidad, la ante podré  hasta a mi propia vida si es necesario, quiero verla sonreír.

 

Lucca se había apartado a llamar a Nick, estaba nervioso de comunicarle, pero ellos tenían derecho a saber que su hija había aparecido y que estaba en unas condiciones no muy buenas, al segundo repique Nick atendió

—Hola Lucca, ¿Cómo estás? —interrogó Nick, su voz estaba un poco apagada.

—Estoy en el hospital, te llamo porque debo decirte algo.

—¿Qué novedad me tienes? ¿Le pasó algo a algún miembro de tu familia?

—No. Bueno si—básicamente Alondra era su familia, pues era la esposa de su hijo, lo que la convertía en su nuera.

—Lamento mucho eso, mi pequeña princesa aún no ha aparecido, y te juro que la he buscado, pero ella no quiere aparecer, y ya no encuentro que hacer, mi angustia crece cada día más Lucca, desde que no se de ella no he vuelto a ser feliz—expresó afectado.

—Nick, de eso se trata, Alondra ha aparecido.

—¡Oh por Dios! Mi niña apareció. ¡Sophí! —se escuchó gritar emocionado— Lucca dice que nuestra pequeña ha aparecido. Lucca ¿Dime dónde está mi hija? ¿Cómo está ella?

—No te alteres Nick, pero Alondra está aquí en el hospital, son muchas cosas que debo contarte, por ahora solo puedo decirte, que fue ingresada a emergencia. Debes venir, apunta la dirección.

—¿Pero que tiene Lucca? Dime no puedes dejarme en esta zozobra.

—Están atendiéndola, estamos esperando que nos den noticia, Alondra se intoxicó con unas pastillas.

—¿Pero pastillas de qué? ¿Cómo fue? ¡Dios!

—Por favor vení y aquí te explico—manifestó Lucca.

 

Los cuatro esperaban noticias preocupados, lo único que sabían es que le estaban realizando una succión gástrica, habían pasado veinte minutos de la llamada cuando aparecieron Nick, Sophía y Matteo—¿Cómo está mi hija? ¿Qué pasó?

 

Al verlos Felipe que hasta hacía un momento se había calmado, comenzó a llorar. Cuando Nick lo vio llorando su preocupación aumentó —No entiendo, ¿Por qué lloras? ¿Qué relación tiene con Alondra para que te sientas así de afectado? ¿Por qué toda tu familia está afectada Lucca?

 

Lucca iba a responder pero Felipe evitó que lo hiciera, —Papá tú no tienes que dar explicaciones, soy yo quien debe dar la cara a la familia de Alondra. Señor Nick, yo inicié una relación con Alondra hace casi cuatro años, yo me enamoré de ella cuando empezó a trabajar en unos de los almacenes y supermercados de mi familia, yo no sabía que ella era su hija. Nos hicimos novios por un par de meses, sin embargo, descubrí que ella le había hecho daño a mi mejor amigo en Barcelona Cristiano y yo le había prometido a este vengarme, sin embargo mi amor por ella era tan grande que no lo podía hacer—Felipe siguió contándole algunas cosas, omitiéndole lo relacionado a su supuesto vínculo con la mafia, lo de la violación y los enfrentamientos con ella, le habló de los gemelos que tuvieron, de la huida de ella, de que la había conseguido hacía poco de dos meses que se habían casado y de su intento de suicidio. Con cada palabra la expresión de tristeza se acentuaba más en la familia de Alondra.

—Pero no entiendo Felipe ¿Por qué mi hija se intentó suicidar? ¿Qué la llevó a eso? Yo se que la vi muy triste la última vez en la boda de Camilla, pero no me explico porque si ya estaban juntos intentó quitarse la vida. ¿Por qué te casaste con ella? Hay cosas que no me estás diciendo y yo te exijo que me cuentes la verdad, porque lo que hasta ahora me has dicho no me parecen motivos para que Alondra hiciera eso, conozco a mi hija, es una luchadora, ella no es de renuncia donde lo demás lo harían.

 

Felipe vio el rostro de su padre y este le dijo —Debes contarle toda la verdad a Nick, es su padre y tiene todo el derecho de conocer la verdad, salgamos afuera los cuatro con Matteo.

 

Así lo hicieron, a Felipe no le quedó más remedio que contarle toda la verdad, sacó la cata y la leyó, mientras lo hacía no pudo dejar de llorar

 

"Nunca imaginé que esto que sentía podía acabar de esta manera, pero confieso que no puedo más, la culpa no me deja vivir, estoy abrumada y no encuentro más salida que esta, he sido un horroroso ser humano, hice daño a las personas que me querían, mientras que amé a personas que me detestaban, lamentablemente no tengo la capacidad de afrontar esta situación, todo me ha sobrepasado, siento que no tengo fuerza para seguir, tal vez lo que voy hacer sea un acto de cobardía, no lo sé, si así lo piensan entonces me declaro cobarde.

 

Mis bebés amados, espero que sus vidas estén llenas de felicidad, que su padre y abuelos lo enseñen hacer buenas personas, sepan que los malos actos tienen consecuencias y que tarde o temprano por mucho que intentes huir estos te alcanzan, perdón por no estar para ustedes, pero sé que no sufrirán, porque son almas puras e inocentes que esto no los puede afectar,  al crecer tal vez de mi ni se acordarán.

 

Mamá, papá, perdón porque sé que esto a ustedes les dolerá, pero allí estará Matteo y mis niños que serán mi legado para ustedes, hermanito cuida a nuestros padres, los amo pero no tengo nada que darles, solo soy una cáscara vacía de lo que una vez fui.

 

Y a ti amor de mi vida, espero que con esto, puedas decir que has consumado tu venganza. Nunca te sientas culpable, actuaste como te dictó tu conciencia, ¡Te perdono! Ojalá encuentres el amor en tu vida y que seas correspondido, que nunca sufras el dolor del desamor, como lo sufrí yo desde que te conocí.

 

No hay redención sin dolor, ni nuevos comienzos sin muerte.

 

Por siempre y para siempre

 

ALONDRA"

 

Al oír cada palabra de Felipe y el contenido de la carta el rostro de Nick se desencajó y rojo de la rabia le tomó del cuello diciéndole —¡Maldita seas una y un millón de veces! ¿Cómo te atreviste a hacerla sufrir? ¿Quién te puso de juez ante ella? ¿Cómo fuiste capaz de ponerla en riesgo ¿Qué clases de amor es el que sientes? Ya veo que tú eres el único culpable de que esté  sufriendo, ¿Por qué me la trataste así? —Lloraba Nick, Lucca y Matteo lo separaron de Felipe—Mi niña cambió, era otra, dejó de ser la caprichosa e insensible, y tú te aprovechaste de su momento más vulnerable para burlarte de ella y hacerla sufrir, por eso era su tristeza, por eso se quería morir.—Nick, las cosas no son así, mi hijo debió alejar a Alondra para evitar que le hicieran daño.

 

—Sí y resultó tan genial su plan que ese maldito la ultrajó, no sé donde se va a esconder ese desgraciado, pero acabaré con su vida—dijo enfurecido.

—Usted no acabará con él, seré yo quien lo destroce.

—Para algo debe servirte lo de ser una porquería de mafioso, ¿Cómo pudiste caer tan bajo? Pero te quiero lejos de ella, juro por Dios que si te le acercas no me importa que tan peligroso seas, porque por mi hija soy capaz de matarte con mis propias manos y quiero a mis nietos conmigo, no permitirá que estén en riesgo con un hombre como tú.

—Mi hijo no es ningún mafioso, mi hijo es un…

 

Felipe lo interrumpió —Déjalo así papá, no le expliques nada al señor Nick, pero algo si le voy a dejar claro, usted no puede alejarme de Alondra, ella es mi esposa, solo ella dirá si quiere o no volverme a ver, y a mis hijos no los voy a entregar, son míos, se que ustedes tienen derecho de conocerlos y estar con ellos, pero no pueden alejarlos de mí.

 

—Eso lo veremos, porque de no entregármelos por las buenas voy a demandarte ante un tribunal, para ver a quien favorece a un mafioso delincuente como tú o uno de los empresarios más respetables de Europa ¿Apostamos? Yo también se jugar despiadadamente Felipe y más por defender a los míos, mi hija no está sola. Y estoy seguro que no querrá verte, porque si tanto hubiese querido estar a tu lado no intenta quitarse la vida—expresó retirándose y caminando hacia las instalaciones del hospital.

 

Lucca molesto lo encaró —¿Por qué le dijiste que sos un mafioso? ¿Por qué no contaste la verdad?

—Porque no puedo poner a más nadie en riesgo, deja que piense lo que quiera.

—Lo bueno es que de él llevar a cabo su amenaza de llevarte a la corte, al no ser ningún mafioso sentenciarán a tu favor—afirmó Lucca.

—Voy a entregarle a los niños, papá—dijo Felipe con tono derrotado.

—No podes hacer eso, sos el padre, no entiendo, tenés todas las de ganar—enfatizó Lucca.

—Papá, no puedo hacer nada, no puedo poner en riesgo a mis hijos, ni a Alondra, ni a ustedes ni a ellos.

—No entiendo—dijo su padre.

—Sabes la magnitud de la publicidad que generaría un enfrentamiento en la corte entre Nickólas Sebastini y Felipe Rocco, las mafias descubrirían que no soy Pir Roldán, mi verdadera identidad los pondría en riesgo a todos ustedes, y todo lo que he trabajado en estos años lo echaría por la borda, moriría mucha gente y no podría estar en paz con mi conciencia.

—Entonces ¿Qué vas hacer hijo? —preguntó su padre.

—Nada papá, no puedo hacer nada.

 

Estoy atado de mano. Me alejaré de ellos, con todo el dolor de mi alma debo hacerlo. Sabes que cuando decidí hacerme agente policial y más encubierto, jamás pensé enamorarme y tener familia, todo surgió sin planificar, esa decisión no me dolió en ese momento porque no sabía que era tenerlos, pero ahora, no sabes el dolor que siento, estoy muerto en vida papá, nunca más podré tenerlos, volver a estar con ellos, quizás lo perdí para siempre—manifestó llorando, abrazando a su papá.

—¿Dónde irás? No quiero perderte.

—Hace tiempo decidí mi propio camino, ya tienes un par de nietos, si me llega a pasar algo, ese es mi legado. Solo quiero pedirte un favor, diariamente, sin falta lo cumplirás—le dijo tomando una caja llena con ciento de notas y entregándosela mientras juntos caminaban hacia la sala de emergencia.

 

Al día siguiente, Alondra al abrir los ojos el primer rostro que vio fue el semblante preocupado de su padre, su emoción fue indescriptible —¡Oh papi! Estás conmigo—giró la vista y vio a su madre, de inmediato ambos la abrazaron mientras lloraban—Lo siento, perdóname por haber intentado quitarme la vida, no querías hacerles sufrir. Pero es que todo lo que he vivido me hace ver que mis posibilidades son nulas, me sentí derrotada, sola, repudiada, sin salida, quería acabar con esta agonía que me comprime mi pecho.

 

—Tienes a tu madre, a tu hermano, a dos pequeños tesoros que me dijeron que me habías dado, somos muchos quienes te queremos. No quiero recriminarte por nada mi princesa, pero debiste acudir a nosotros, tú y tu hermano son nuestros tesoros más preciados, nunca jamás te daríamos la espalda—destacó  su padre.

 

—Yo lo sé papá, mamá—pronunció mirándolos a ambos con una expresión de tristeza—pero no quería decepcionarlos, yo quería que se sintieran orgullosos de mí, pensé que todo podía ser más sencillo, pero el peso de mis errores, enamorarme de un hombre sin integridad que está involucrado en negocios sucios, lo que me pasó—y allí les contó del abuso que fue objeto, lo que sintió, se abrió a ellos como la flor que espera ser bañada por gotas de rocío, Alondra sería ser bañada por gotas de amor—eso fue fulminante para mí, no dejo de recriminarme cada instante, si me hubiese quedado en casa, si hubiese aceptado ir con Manolo, son tantas opciones que pude haber tomado y seleccioné la riesgosa para mí, me puse en peligro yo…

 

Su palabrerío fue interrumpido por su padre quien en tono desgarrador expresó—¡Nooo! Claro que no Alondra, no tienes la culpa de nada—le dijo sosteniéndole la mano con ambas mejillas—tú fuiste una víctima de ese hombre inescrupuloso y sus secuaces, ellos son los únicos culpables por miserables, por desgraciados e inhumanos, no tú mi niña, no eres culpable de nada—inmediatamente los sollozos de Alondra fueron más fuertes, colocó su cabeza en el hombro de su padre y dio rienda suelta a su dolor.

 

Así duraron varios minutos hablando, contando sus penas sus desdichas, en ese momento tocaron la puerta y entró Felipe al verlo, el cuerpo de Alondra se tensó y con voz firme y clara espetó —No quiero volverte a ver en mi vida, esto ya ha acabado, lo relativo a los niños lo hablaremos a través de nuestras respectivas madres, por lo demás no hay nada que decir, quiero el divorcio y que te hagas de cuenta que morí en ese intento de suicidio.

 

Felipe la observó con una mirada extraña que le hizo sentir cosquillas en el estómago, no sabía identificar si era decepción, tristeza, pero no quiso seguir indagando en eso, necesitaba comenzar de nuevo, reinventarse, tomar nuevamente las riendas de su vida, se lo debía a sus padres a sus hijos, pero sobre todo se lo debía así misma.

 

Al escuchar sus palabras, Felipe sintió una punzada de dolor en su interior, movió su cabeza en gesto afirmativo y le dijo —Yo cometí muchos errores, he ocultado cosas que no debía, y en el proceso te he hecho daño sin darme cuenta, pero no soy el hombre que piensas, tal vez algún día lo entiendas, solo te pido que cuando descubras toda la verdad, la cual por ahora lamentablemente no puedo decirte, me perdones y en tu memoria me remedies, y me recuerdes de forma bonita, porque si te amé y te sigo amando, tal vez un día lo logré demostrar y podamos escribir una nueva historia o quizás sea muy tarde y las escribas con otro, pero quiero que tengas presente que tu siempre serás el personaje principal del libreto de mi vida. Adiós Alondra, renace como el ave Fénix y corre siempre tras tus sueños y tu felicidad.—Se llevó su mano a la boca, dio un beso y lo sopló hacia ella dándose la vuelta, mientras una profunda tristeza se apoderaba de su corazón.

 

“Nos vemos cuando el destino tenga ganas de juntarnos, mientras tanto cuídate y se feliz…” Desconocido.

 

 

CAPÍTULO 25.  EXPUESTOS AL PELIGRO

 

Felipe salió y vio reunido a sus padres, su hermana, Anabella y Sebastián, uno sentado al lado del otro y Matteo. Al verlos todos alzaron la vista, él se dirigió a su padre —Papá necesito que vengas conmigo, para que  te  traigas a mis pequeños Taddeo y a Val.

—¿Hablaste con Alondra? —interrogó.

 

Felipe negó con la cabeza —El amor que sentía por mí, murió. Debo continuar mi vida—Se despidió de todos y se fue a buscar a los niños.

 

El momento de despedirse de sus hijos fue duro, no pudo evitar llorar —Mi pequeño Tad, mi pequeña Camil, tal vez nunca puedan recordar estas palabras, pero quiero que sepan que cuando los vi por primera vez los amé con locura, desde ese mismo momento supe que se podía amar a alguien más que a uno mismo, no sé cuando volveré a verlos, a veces en la vida hay decisiones que pesan a tal magnitud que transforman tu vida para bien o para mal —ambos niños permanecían callados, solo observándolos como si supieran que la conversación que tenían con su padre era seria.

 

« Y hace tiempo tomé una, que hoy día me pesa como nunca, no olviden que los amo, aunque lejos siempre sabrán que su padre estará allí para protegerlos, por ahora no puedo estar cerca de ustedes, los pondría en peligro, ya lo hice una vez por mi egoísmo puse en peligro a su madre y a ustedes, pero ya no puedo arriesgarlos más, es mejor sufrir una pena por tomar distancia y no por no volverlos a ver, Los amo profundamente, cuiden a su madre—Los abrazó fuertemente, oliendo la fragancia bebé de cada uno e impregnando su alma y corazón de su esencia para afrontar el futuro que le esperaría.

 

»Papá ve siempre por ellos, cuídalos, dile a mamá que la amo y a ti también, y a la latosa de Camilla. Por favor papá, ve no es bueno que te vean aquí.

 

—Pero hijo, ¿No podés hacer las cosas diferentes? —interrogó Lucca.

—No papá, Manolo me ha llamado, y me ha informado que Giussepe está más cerca de descubrir la verdad, no puedo seguir arriesgándolos, hasta que no resuelva todo esto, estar cerca de ustedes es una bomba de tiempo. Cuídate viejo. Te amo.

 

Se despidió de su padre y de sus hijos, se dirigió al despacho, sacó una  copa y se sirvió un trago de whisky el cual tomó de un solo trago, se sirvió otro, cuando llegó Manolo

—Sé que es doloroso, pero es la mejor decisión que has tomado, te comprendo porque pasé por eso, tuve que elegir entre el amor y el deber, se que para ti es más difícil, porque has tenido que renunciar también a tus hijos, pero te aseguro es lo mejor, no puedes ponerlos en riesgo.

—Lo sé, estoy claro en ello, por eso no luché por su madre y por ellos, porque tengo que resolver mi vida, pero una vez que acabé con Giussepe y compañía, no seguiré trabajando para la agencia, y allí intentaré recuperar a mi familia, solo pido que cuando eso pase no sea tarde.

 

Siguieron conversando por treinta minutos más cuando escucharon unas detonaciones, inmediatamente se levantaron de sus asientos, Manolo recibió un aviso por la radio de los hombres de seguridad —Nos están atacando señor, son un contingente—informó antes de oírse otra detonación.

 

Felipe había escuchado la conversación, pero eso no evitó que Manolo le repitiera lo que había pasado, Felipe se levantó caminó a un pequeño escondite secreto que tenía en un lateral del despacho lo abrió y sacó varias armas, le entregó unas y él tomó pasa si varias, dirigiéndose a Manolo le dijo—Ha llegado la hora de la verdad, no sé si será para bien o para mal, solo quiero pedirte, que si algo llegase a sucederme, y tú sales ileso, le entregues esta carta a Alondra—expresó sacándosela del bolsillo del pantalón—Allí le explico toda la verdad.

—No seas necio, nada te pasará, has sobrevivido a enfrentamiento peores que estos, así que no te des por vencido antes de luchar—habló palmeándole el hombro.

 

Enseguida los disparos de una ametralladora empezaron a escucharse en el exterior del despacho, sin embargo, eso no impidió que Felipe dirigiera unas palabras a Manolo —Gracias por estar siempre para mí, por apoyarme y cuidar a las personas que amo, gracias por haber salvado Alondra esa noche, porque si no hubieses llegado en ese momento, tal vez ella y mis hijos no tuvieran. Perdóname por haberte juzgado mal, nunca olvides que te quiero, eres como un hermano o el padre que la vida me dio—después de decir eso, salió también disparando en la dirección de donde provenían los tiros, cuidando proteger su humanidad, mientras Manolo como siempre cubría sus pasos.

 

*******************************************************

Alondra se encontraba en su habitación dormida, soñaba que corría por un hermoso prado verde, iba tras de Felipe que llevaba a sus hijos de la mano, pero ella reía, con un la suave brisa golpeando su rostro y su melena extendida libre hacia el viento, hasta que Felipe Cayó, salió corriendo a auxiliarlo pero había caído en un profundo hoyo, los niños permanecían al margen observando el orificio por donde se había ido su padre, la angustia la atenazó en su interior y el desespero ganó la batalla, gritaba de la impotencia de no poder sacarlo, lloraba sin inhibiciones, lo hacía porque nunca jamás lo volvería a ver.

 

Isabel Susana Echávez psicóloga de profesión, con una especialización y máster en Psicoterapia Humanista Integrativa y una especialización en Psicología Clínica y de la salud, aunque no pasaba consulta en ese centro médico, había acudido, en atención al llamado realizado por su amiga Martina una ginecobstetra que a su vez era  amiga de la familia de la paciente, quién le había pedido el favor de atender a una chica de veinticuatro años que había intentando quitarse la vida.

 

Al entrar a la habitación de la joven ella se encontraba dormida, sin embargo la inquietud y los rastros de sufrimiento que reflejaba su rostro era alarmante, se quedó observándola un par de minutos, hasta que fue interrumpida por su amiga, quien la puso al tanto de lo que había acontecido con Alondra, así se llamaba la chica, justo en ese momento la joven despertó sobresaltada, lanzado un grito desesperante

—¡Felipe no!—su aliento entrecortado, daba la impresión de haber hecho un gran esfuerzo físico.

 

Al ver que Alondra despertaba, Isabel Susana le pidió a su amiga Martina que la dejara sola, aunque al principio aquella titubeó, terminó cediendo porque después de todo, para eso le había pedido ayuda, luego de que salió Martina, la psicóloga se dirigió a la chica.

Hola Alondra, es un agrado conocerte—manifestó Susana

—¿Quién es usted? ¿Qué está haciendo en esta habitación?—interrogó con un tono de preocupación en su voz.

—La pegunta aquí no es quién soy yo, la interrogante es ¿Quién eres tú?

 

Alondra la observó con curiosidad, desconocía quién era y lo que hacía en su habitación, aunque para ser sincera, poco le importaba, solo la quería fuera  de su campo de visión, no tenía intenciones de entablar conversación con nadie, su deseo era estar sola sin interrupciones, pretendía seguir lamiéndose sus heridas, aunque había hablado con sus padres y se había sentido mejor por unos momentos, eso no evitaba que se sintiera una total fracasada, y para colmo de males aparecía esta mujer a incordiarla, como si ya no tuviera bastante con sus problemas, con su dolor, con las cargas que llevaba a cuesta y que hacía más lento su caminar.

 

Isabel se quedó pensativa esperando la reacción de Alondra, ella no se refería a conocer su nombre pues este ya lo sabía, sino que quería saber quién era ella en esos momentos.  Al ver rabia, impotencia y confusión en el semblante de la chica intervino —Antes de responderme ¿Quién eres? Necesito que te grabes estas dos preguntas para que les des repuestas al final de nuestro último encuentro ¿Quién fuiste? ¿Quién eres? Por mi parte mi nombre es Isabel Susana Echávez, soy la psicóloga quien te ayudará en el aprendizaje que te permitirá superar con efectividad los problemas de tu vida y de tu salud mental.

 

Alondra se quedó meditando en sus palabras a la vez que no dejaba de observarla, hasta que fue interrumpida por Isabel Susana.

Tengo una propuesta para ti y antes que me vayas a responder negativamente, necesito que la escuches, la analices y decidas ¿Qué te parece si nuestras primeras sesiones las tenemos en un paseo, una visita a la playa o a una montaña, lo que escojas, siempre y cuando puedas estar en contacto con la naturaleza? Te repito, piénsalo y tu respuesta me la harás saber en la próxima sesión, que tendrá lugar en dos días.

 

Se despidió de Alondra mientras esta se quedó pensativa meditando en la propuesta de la psicóloga. Rato después estaba junto con su padre, observando la carrera de su amigo Taddeo quien competía por el Gran Premio de Australia en la ciudad de Melbourne, cuando quedó sorprendida por las imágenes que veía en la televisión, Taddeo había sufrido un terrible accidente cuando un monoplaza de otra escudería impactó detrás de su auto, saliendo disparado por el aire e impactando contra la defensa de seguridad, partiéndose el vehículo en dos, lo que la sumió en un estado de angustia, hasta que su padre luego de salir un momento, la calmó diciéndole que no tenía nada por lo cual preocuparse, Taddeo estaba vivo, estaba siendo atendido y pronto se recuperaría, lo que no sabía es que era una forma de su padre protegerla para evitarle más sufrimientos.

 

Pero este hecho dio lugar a varias situaciones en la vida de Alondra, aparte de angustiarse por la vida de quien era su mejor amigo y pensar en los irónico de la vida, pues mientras ella había atentando contra su vida, su amigo Taddeo, quien si quería vivir se enfrentaba a ese aparatoso accidente y el otro, haría todo lo que estaba a su alcance para superar la crisis en la cual estaba, demostraría que a pesar de todo tenía esperanzas y amaba la vida y quienes querían verla en el suelo o derrotada, que tomaran palco porque ahora es que había Alondra para rato.

 

*************************************************

Felipe y Manolo con algunos de sus hombres habían tenido un arduo enfrentamiento con los miembros del cartel Los Camarro, la célula que dirigía Giussepe, lo más grave es que se dieron cuenta demasiado tarde, que tenía varios miembros en su equipo infiltrados por Giuseppe, quienes habían sido los encargados de suministrar todos los movimientos de la mansión al enemigo, aunado a que durante el momento del enfrentamiento, pelearon del lado de aquellos, traicionando por la espalda a sus compañeros y produciéndoles a algunos la muerte instantánea, lo que produjo una baja significativa a los hombres que él tenía, de los cuales la mayoría no eran agentes sino miembros de otras mafias que habían querido unírsele a Pir Roldán en busca de beneficios económicos.

 

Se encontraba en uno de los pasillos del segundo piso, ya los ataques habían disminuido, la mansión había quedado en total destrucción, los hombres se habían ensañado con cada espacio, las paredes, techos y cada objeto que amoblaba la mansión, su objetivo era encontrarlo a él, pero a pesar que luchó hombro a hombro con sus hombres, los miembros de Los Camarros, no pudieron llegar a él, aunque lo buscaban no pudieron contra su persona y en el proceso los otros no habían salido ileso, habían tenido de igual manera una cantidad considerable de bajas.

 

En cuanto a él, no estaba del todo bien, le dolía para respirar, no era fácil estar donde estaba, aún sus costillas fracturadas no habían sanado y había recibido más de un golpe al tener que pelear cuerpo a cuerpo con algunos de los hombres de Giussepe, en ese momento estaba tan concentrado en sus pensamientos, que no se percató del hombre que se acercó sigilosamente por su espalda y con toda la fuerza de su humanidad le propinó un fuerte golpe con una pesada barra de metal por un lado, a la altura de las costillas, el efecto fue inmediato, Felipe sintió como un fuego que quemaba su piel, produciéndole un profundo ardor, sintió que la respiración le fallaba, por lo cual segundos después cayó doblado producto del profundo dolor que estaba experimentando, mientras la imagen de Alondra y sus hijos inundaba sus sentidos, y su cuerpo estaba a punto de ceder para darse por vencido.

 

“Cuando Creas que todo está perdido; no olvides que aún te queda el futuro, tu cerebro, tu voluntad y dos manos para cambiar tu destino”  Wernher Von Braun.

 

CAPÍTULO 26. ELIGIENDO COMO BAILAR

 

Al día siguiente del accidente de Taddeo, Alondra fue dada de alta, su padre fue a buscarla mientras expresaba lo contento que estaba de tenerla de vuelta

—No sabes lo contento que estoy de que hayas vuelto a nuestro lado, ya verás que juntos superaremos todos estos momentos, volverás a ser la misma chica alegre que iluminaba y daba alegría a nuestra casa—manifestó con una sonrisa ilusionada.

 

Ella le causó tanta ternura la expresión de su padre y sin siquiera pensar mucho lo que salía de su boca comentó —Perdóname por hacerte pasar por esos duros momentos, fui una desconsiderada al huir de ustedes, y he pegado tan caro esa decisión. De no haberlo hecho, ese hombre no me hubiese…

 

Nick la interrumpió—No pequeña, no te vayas por esos derroteros, no tienes la culpa de nada de lo que pasó Alondra, los únicos culpables son ellos y Felipe por no haberte protegido.

—Pero Felipe me mandó a proteger, envió a Manolo para que me cuidara y yo hui de él.

—Felipe sabía la clase de bestia que era ese hombre, nunca debió acercarse a ti, pues él sabía el tipo de mundo en la cual se movía, y que él no es más que un hombre de moral baja, mafioso, narcotraficante y contrabandista, que algún día tendrá que pagar por todos sus crímenes.

 

No sabía porque, pero no quería que su padre hablara mal de Felipe, con cada ofensa que su padre propinaba en contra de él, sentía que su corazón se estrujaba de tristeza, no pudo evitar recordar las últimas palabras que él le dijo mientras estaba en el hospital “…solo te pido que cuando descubras toda la verdad, la cual por ahora lamentablemente no puedo decirte, me perdones y en tu memoria me remedies, y me recuerdes de forma bonita, porque si te amé y te sigo amando, tal vez un día lo logré demostrar y podamos escribir una nueva historia o quizás después sea muy tarde y las escribas con otro, pero quiero que tengas presente que tu siempre serás el personaje principal del libreto de mi vida…”

 

Las lágrimas rodaron por sus mejillas y con voz entrecortada expresó —No quiero que Felipe vuelva a ser nombrado, ni para bien ni para mal, no quiero que Tad y Camil, crezcan con odio hacia él, no impediré que los vea en un terreno neutral, y que tengan contacto con sus abuelos.

 

—Lo siento Alondra, Lucca y Valeria si podrán ver a los niños, pero él no, voy a pedir una orden de alejamiento en contra de Felipe, para que no los vea ni a ti ni a los niños, no quiero a Felipe cerca de ustedes.

—Papá, él tiene derecho de ver a sus hijos, yo se los negué por mucho tiempo, estoy de acuerdo en que más nunca vuelva a acercarse a mí, de hecho quiero que me ayudes a obtener mi divorcio, pero los niños tienen derecho a conocer a su padre.

—Pues no, hasta que él no salga de esa vida de delincuente que lleva, no verá a mis nietos.

—Pero papá no puedes alegar que Felipe es un mafioso, lo pondrías en peligro, no quiero que le causen daño.

—Hablaré con el abogado para que aleguen que es de moral dudosa, sin decir su verdadero oficio, y alegando que él causa daño a tu salud mental, no quiero a ese hombre poniéndolos en riesgo nunca más.

 

Alondra, no podía explicar cómo su corazón se había encogido al escuchar a su papá hablar de esa manera de Felipe, le dolía las ofensas que le propinaban, así no fuese recíproco ese sentimiento, porque sabía que a él no le importaba, porque ni siquiera había vuelto a intentar hablar con ella, eso decía lo poco que sentía por ellos, pensó antes de recostarse completamente en el asiento y cerrar sus ojos, mientras trataba de no pensar más en él.

 

********************************************************

Felipe estaba muy mal, lo habían ingresado a un hospital especial para agentes policiales en procura de su protección, el golpe que le propinaron había ocasionado nuevamente no solo fractura en las costillas que estaban recuperándose sino en otro par más, los estudios de imagen revelaron dieciséis sitios de fractura en nueve arcos costales, con la mala suerte que estás habían perforado ambos pulmones provocándole una laceración pulmonar profunda grado IV, iniciando soporte mecánico ventilatorio.

 

Al momento del ingreso presentó taquipnea, dolor torácico y saturación de oxigeno al 80%, síndrome de derrame pleural e insuficiencia respiratoria, por lo cual dentro de poco debían realizarle una toracotomía y fue  intervenido para repararle la laceración y colocarle siete placas de titanio para repararle la arquitectura torácica, de 3.5 mm, cuatro para fracturas posteriores y tres para las anteriores.

 

En ese momento Manolo se debatía entre avisarle a los familiares de Felipe, él le había pedido que no notificara nada no quería preocupar a su familia, sin embargo, estaba evaluando hacerlo, tal vez a Alondra no era bueno informarle debido a la situación que estaba viviendo de que había intentado quitarse la vida, pero tal vez sería buena idea avisarle a Lucca, de inmediato lo llamó y le avisaron que estaba en Australia porque el esposo de Camilla había tenido un accidente, por lo cual descartó decirle, él cuidaría de su muchacho para él, era como el hijo que nunca tuvo.

 

Felipe apenas contaba con poco menos de veinticuatro años, lo había conocido de dieciséis, cuando ya él contaba con treinta y cinco años, desde esa edad lo habían entrenado, el chico había falsificado la autorización de su abuelo para ingresar a los entrenamientos, siempre había sido un chico de armas tomar, voluntarioso, decidido, impulsivo pero con un gran corazón, cuando su abuelo se enteró no le quedó más remedio que ceder, sin embargo no se imaginó que el chico a la edad de diecinueve años decidiría hacerse agente especial de la Policía Anti narcótica de la Unión Europea, infiltrándose dentro de las mafias haciéndose pasar como uno de ellos para lograr desarticular las organizaciones delictivas más grandes de Europa con excelentes resultados, era temerario, y tenía la capacidad de hacer su trabajo tan bien que nunca había resultado herido hasta ahora, cuando el joven se debatía entre la vida y la muerte.

 

Pero no podía morir, él tenía que ver crecer a sus hijos y tratar de recuperar el amor de la mujer que amaba porque si de algo estaba seguro Manolo es que Felipe amaba profundamente a Alondra, en ese momento pudo recordar cuando vio como el joven con semejante magnitud de herida, logró levantarse sacar el arma que tenía escondida en su zapato y matar al hombre que lo golpeó, y todo al darse cuenta que era Roberto, uno de los hombres de Giuseppe, que sostuvo a Alondra para que aquel la ultrajara, Felipe le dio un tiro certero en medio de su frente, accionó el arma diciéndole — Esto es por Alondra, ¡Maldito! Te esperan en el infierno—y después de eso comenzó a caer desplomándose sin embargo, se sostuvo de la pared y con la poca fuerza que le quedaba dijo con voz apenas audible —No avises a mi familia, a nadie, menos a Alondra ¿Me prometes que no les avisarás?—y sin escuchar repuesta cayó desplomado en el piso.

 

Manolo pensaba en todo eso, si eso no era amor, ¿Entonces qué sería?, lo que lo entristecía es que mientras lo trasladaban no dejaba de llamarla incesantemente, eso le partía el corazón, porque aparte de su dolor físico, sabía que Felipe también tenía herido su corazón y su alma, y sabía por experiencia propia que esas lesiones eran más difíciles de curar. Manolo hasta ese momento había estado con su cabeza inclinada, al alzar la vista la vio, la mujer que había amado, y que había tenido que renunciar a ella por el deber, estaba frente a él vestida con una bata médica, si el amor al cual había renunciado hacía veintitrés años.

 

Al verlo ella se puso pálida, pero apenas fueron segundos, alzó el mentón y le dijo —Señor Manuel, me imagino que usted es el padre del joven que está en quirófano siendo sometido a una operación.

 

Iba a responder que no, pero lo pensó mejor, si se negaba, no iban a darle información si no a los familiares y estos ni siquiera sabían el estado del joven, por lo cual debía mantener su palabra de que era su hijo —Si es mi hijo ¿Qué noticia me tiene doctora? —interrogó como si la hubiese olvidado, cuando sabía muy bien que se trataba de Ángela, su siempre recordado amor.

 

—Lamento informarle que el paciente presentó una complicación, una embolia gaseosa arterial, esto es realmente catastrófico  porque se formaron burbujas de gas en las arterias, se suspendió la operación mientras se logra estabilizarlo y tiene cien por cien de oxigeno y se le está suministrando terapia de comprensión, lo siento mucho, pida a Dios mucho por su hijo, porque su pronóstico es reservado.

 

Manolo al escuchar el estado clínico de Felipe, no pudo evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas —Por favor, sálvelo, no lo dejen morir, tiene dos hermosos niños de poco más de dos años y medio que lo necesitan, haga lo que tenga que hacer pero sálvenlo.

—Es lo que hacemos por cualquier paciente en su estado, para eso estamos formados para salvar vidas, no se preocupe, que seguiremos centrados en salvar la vida de su hijo—finalizó, dando la vuelta y dejando a Manolo sumergido en el dolor.

 

********************************************************

 Alondra, se levantó temprano, observó a sus hijos que aún dormían, habían llorado durante toda la noche y parte de la madrugada, habían logrado dormirlos con el método menos creíble, al oírlos llorar a ella le pareció que extrañaban a su padre, total durante casi dos meses fueron inseparables con su padre, él los atendía, incluso dormía siestas con ellos; en un impulso cuando estaba en la mansión de Felipe, ella había tomado una de las camisas que había usado y la había metido entre sus cosas, cuando trajeron a los niños, con todas sus maletas que empezó a deshacerlas, consiguió la camisa allí y la guardó en un cajón de su closet, no sin antes oler su aroma en la camisa, se recriminó por haber hecho eso, pero luego se justificó que no lo hacía por ella si no por los niños, por ello en la madrugada tuvo oportunidad de probar su hipótesis, acostó a los niños en la misma cuna, colocando entre los dos la prenda de Felipe y al oler su aroma ambos se tranquilizaron y se quedaron dormidos, su mamá la vio y le preguntó —¿Lo amas verdad?

 

Ella miró a los lados, como si buscara algo y respondió —No, ya he dejado de amarlo.

 

Su madre la miró dubitativa pero no dijo nada, se mantuvo en silencio hasta ver los niños totalmente dormidos, ambas se retiraron a descansar las pocas horas que faltaban para el amanecer.

 

Por eso allí estaba, había desayunado y se dirigía al consultorio de la psicóloga para tener su segunda sesión terapéutica, estaba ansiosa por asistir y ver los resultados. Al llegar ambas se saludaron y empezó la sesión, apenas iniciar Isabel Susana le preguntó —¿Decidiste si vamos a algunos de los sitios que te comente para hacer las terapias?

 

Alondra respiró profundo, lo pensó por escasos segundos y le hizo saber su decisión — Si acepto ir con usted, todo sea  por mis hijos, por mi familia, sobre todo por mí misma, es necesario recuperarme y superar todo esto, debo volver a ser la mujer fuerte que otrora fui, además mis pequeños merecen una mujer fuerte y sana a su lado y solo a través de las terapias que usted me imparta podré sanar—expresó con convicción, mientras una espontánea sonrisa surgía de sus labios, dándole una paz y esperanza que tenía tiempo que no sentía, el futuro se divisaba prometedor, pensó.

 

“No siempre podemos elegir la música que la vida nos pone, pero siempre podemos elegir como la bailamos.” Anónimo.

 

 

CAPÍTULO 27. REFORZANDO LA AUTOESTIMA

 

Alondra había preparado todo para su viaje, eran dos semanas que debía pasar lejos de sus hijos, de quienes nunca se había separado, había pasado más de una semana desde su intento de suicidio, pero durante todo ese tiempo Felipe ni siquiera había llamado, resultó tan mal padre como mal esposo, pero no pensaría más en él.

 

En ese momento veía con mucha alegría un clavel blanco que desde hacía dos días atrás aparecía en la peinadora de su habitación con una nota, la primera decía “Nunca es tarde para emprender un nuevo rumbo, vivir una nueva historia o construir un nuevo sueño”

 

La segunda expresaba: “Con cada amanecer piensa que tu vida acaba de empezar”.

 

Y la de ese día, tenía una frase que la hizo suspirar “No importa el tiempo que se deba esperar, si el amor es verdadero, siempre estará esperando por ti”


Estaba en esas cavilaciones cuando tocó en su habitación una de las señoras de servicio y le informó  —Señora, tiene una visita, un joven la espera en la sala de estar.

— Gracias Stella, ¿El señor dijo como se llamaba?

—No, no lo dijo señora.

—¿Es Felipe?

—No lo sé, pero no lo creo, porque su papá lo saludó y se quedó conversando un momento con él, si hubiese sido el señor Felipe no creo que lo tratara así.

—Es cierto, si hubiese sido Felipe, lo saca a patadas de esta casa—afirmó Alondra.

—Lo que sí puedo decirle, es que el chico que está afuera trajo un ramo de rosas blancas.

—¿Será el mismo que me trae los claveles blanco y me coloca una nota desde hace un par de días?

—No creo señorita, porque si fuese así, le hubiese traído claveles no rosas.

—Pudiera ser, déjame ver quién es el caballero misterioso—. Dijo saliendo de la habitación.

 

Al bajar, vio de espalda al hombre que la esperaba, al sentirla él volteó y sus ojos se iluminaron al darse cuenta de su presencia —Hola Alondra, me he quedado preocupada por ti, desde aquel día que me llamaste ¿Tiempo sin saber de ti?

—Hola Cristiano, ¡Qué sorpresa! No te esperaba—Expresó ella un poco cortada.

—Te trajes estas rosas, ¿Puedes colocarlas en un florero para que no se sequen?

—Si muchas gracias, ya lo hago, espérame un momento—se retiró mientras buscaba un florero, les colocaba agua y ponía las flores, luego regresó.

—¿Cómo has estado? —interrogó Cristiano.

 

—Muy bien gracias—respondió Alondra, con un poco de timidez porque no se sentía cómoda en ese espacio sola con él.

 

—Te extrañé, me contente tanto cuando me llamaste—declaró con una sonrisa—¿Y Felipe?

 

—No sé nada de él, ya no es parte de mi vida—enfatizó Alondra.

 

—En el fondo eso me contenta, porque nunca he podido olvidarte, bueno dicen que el primer amor nunca se olvida—expresó en un tono de voz roca mientras iba acercándosele.

 

Cuando Alondra lo vio que iba reduciendo la distancia que los separaba, se puso nerviosa y exclamó —¡Detente! —Cristiano siguió caminando hacia ella y los nervios terminaron por atacarla—¡Por favor no avances más! ¡Quédate dónde estás! —exclamó con preocupación.

Cristiano la miró extrañado, no entendía su reacción y aunque sus instintos le gritaban que se acercara y la calmara, prefirió hacer caso a sus súplicas —Lo siento Alondra, no pensaba hacerte daño, solo quería decirte que desde que Felipe me dijo que te había visto y me contó sobre ti, regresaron mis ganas de vivir, siempre has sido una inspiración en mi vida.

 

—Cristiano, me alegra y en verdad alienta mi alma el poder verte aquí frente a mí, recuperado, sano, completo, muy diferente a como te vi en esas fotografías que me mostró Felipe, pero por favor, no busques más nada en mí, solo puedo ofrecerte mi amistad, me han pasado muchas cosas, mi corazón está maltrecho por cosas que me sucedieron y que ahora no quiero contar, y necesito sanarme, no quiero que confundas mi amabilidad con algo más.

 

El chico bajó la vista por unos segundos entristecidos y expresó—Disculpa por incordiarte, solo quería que supieras lo que siento y lo importante que sigues siendo. ¿Puedo llamarte? Solo como amigos—afirmó Cristiano.

—Está bien, puedes hacerlo, ahora tengo un viaje al cual debo acudir sin falta. Gracias por las rosas—dijo con amabilidad.

—Si es por mí te regalaría diariamente un ramo. ¿Qué te pasó Alondra? —preguntó Cristiano.

—Entre otras cosas, quizás queriendo cambiar  aspectos de mi personalidad que no eran buenos, terminé perdiendo la esencia de lo que soy. Pero no tienes porque preocuparte, ya estoy trabajando en eso—Se despidieron sin tener ningún contacto físico.

 

Enseguida ella fue a despedirse de sus hijos, de sus padres, era el momento de avanzar, no podía detenerse en la ruta de recuperarse ella misma, debía superar todo el sufrimiento y dolor del pasado, no debía dejarse vencer, era momento de Renacer como le dijo Felipe, tal vez el proceso sería doloroso, pero seguro los resultados valdrían la pena y así con ese ánimo y actitud positiva salió de su casa.

 

Se dirigieron a la Forra, Montegonzi, un retiro ubicado en la Toscana, en el centro de la tranquila campiña, disfrutaron de caminatas diarias a los alrededores, estuvo en contacto con la naturaleza, incluso hizo ejercicios de yoga, el espectacular panorama que ofrecía con sus hermosas colinas, praderas y bosques, imponentes, la suave brisa del lugar inundaba sus sentidos, llevándole el fragante aroma de las más olorosas hierbas  y sobretodo el dulce olor de los viñedos que impregnaba el ambiente.

 

Sentía que el paisaje y la maravillosa belleza del lugar eran un deleite para sus sentidos y alimentaba su alma, sintió una paz y una tranquilidad infinita, como nunca antes había recordado sentir, porque apreciaba lo que veía, no daba todo por sentado, sino que disfrutaba el momento, pasaron dos semanas en ese paradisiaco lugar en compañía de Isabel Susana, realizaron varias sesiones, aunque no las sintió como tal, fue más bien como desahogarse con una amiga, como contarle su vida, sus ilusiones, sus proyectos, sus fracasos, le contó de su niñez, de lo sangrona que siempre fue, de su adolescencia, de muchas acciones que hizo y de las cuales en ese momento no se sentía para nada orgullosa, le habló de sus padres, de los viajes.

 

De lo único que no habló fue de la violación que había sufrido, lo más doloroso en su vida y de Felipe, tampoco quería hablar de él, aunque siempre había algo que lo hacía recordarlo, prefirió no mencionarlo. Sin embargo, no pudo evitar sentirse liberada con cada confesión que hacía, rió, lloró, pero sobretodo sintió la fortaleza en su interior.

 

El viaje concluyó y regresaron a Roma, donde establecieron las citas dos veces por semana. Al llegar a casa de sus padres y luego de saludar y abrazar a su niños, entró a su habitación y encontró trece claveles blancos con trece notas, uno por cada día de ausencia,  pero que en conjunto conformaban un poema, se sonrió contenta con cada frase que leía, y su corazón volvió a ilusionarse y a palpitar veloz, sintió como su alma se alegró y bailó feliz por la habitación, sosteniendo las notas en su pecho y volvió a leer:

Mi tesoro. ¿Sabes tú?... La mañana adoro, cuando pienso en la noche y veo un tesoro…

 

Tesoro de talla tamaño humano, que tiene todo lo que me agrada…

 

Contiene fibras de plata y oro, que flotan siempre ¡Sobre el tesoro!...

 

Fibras que tornan mi cuerpo bronce y lo revisten, de mil fulgores…

Luego, contiene dos perlas verdes (o ámbares) que, a mis pupilas dan brillo verde…

 

Y dos ornamentos, tibios cimientos, a cada lado de este alhajero,

 

Hacen de mi alma tan fina joya que, cuando ellos en mi se posan, me integro presto… de cuerpo entero!  

 

Y yo, plasmado en tal cimiento voy adhiriéndome, al cofre incierto, ¡Qué de mi sangre se ha apoderado!

 

Por eso, entonces…la noche anhelo

 

Quiero estar preso en tu cautiverio…

 

Sueño brillar con tu luz, amada, y al fin sabemos como un zafiro,

 

Cuando al brindarme tu primer beso,

 

¡Me estés amando con la mirada!”

 

Al volver a leer no pudo evitar que un suspiro saliera de sus labios y enseguida comenzó a pensar ¿Quién sería el responsable de ese clavel blanco y esas frases o poemas que le dejaban? Su primer pensamiento fue para Felipe, pero él no haría eso, para empezar ni se había aparecido, segundo no la amaba y nunca lo había hecho, quien le escribía esto desnudaba su alma y su amor frente a ella, y ese solo podía ser Cristiano, justo en ese momento como si lo invocaran sonó el teléfono que había encendido al llegar y era él, conversaron por un par de minutos, quedó en ir a visitarla y ella aceptó.

Al final de la tarde Cristiano apareció, caminaron por el jardín conversando, ella se llevó a los niños y como siempre lo hacía, volvió a llevar un ramo de rosas estas vez de color rosado, conversaron por un par de horas, mientras paseaban y jugaban con los niños, él le contó sobre su vida y lo que había pasado después de su despedida, del tiempo que estuvo en cama, y después cuando empezó a recuperarse de la terapia que había recibido, luego de eso se despidieron, quedándose en volver a ver otro día.

 

Dos semanas después

 

Alondra, sentía que necesitaba hacer algo, había comenzado a realizar bocetos de trajes y según su madre que los había visto, estaban espectaculares, había salido un par de veces con Taddeo, Camilla y los niños, había surgido una amistad entre ellas, le mostró los bocetos y le habían encantado, luego aupada por Camilla se los mostró a Anabella, a Valeria y a Martina, todas coincidieron que eran espectaculares eso alegró su corazón y la llenó de tanta ilusión, había asistido a las terapias con la psicóloga y estaba comenzando a avanzar.

 

En las sesiones después del viaje, abordaron los sucesos que la llevó a pensar en el suicidio, ella le contó sobre la violación, como se había sentido, el asco y la vergüenza por cada roce y manoseo que recibió, las lágrimas rodaban sus mejillas mientras se desahogaba y se abría a todos sus sentimientos, expresó todo su dolor, amargura, vergüenza y una profunda tristeza, le explicó como sintió su alma rota, relataba con profundo desespero  el hecho más  doloroso  que una mujer puede vivir, allí sintió como murió una parte de ella y se quebraba en miles de pedazos, la impotencia, la culpabilidad y el odio que experimento hacía sí misma y las personas que la rodeaban, hacia Pir por dejarla y no protegerla, por haberla utilizado para una maldita venganza.

 

En otra sesión, le contó como luego de la violación se había sentido sucia, sin valor, que lo único que la sostuvo en ese momento fue el estar embarazada. La tristeza, la vergüenza se habían inoculado en su interior como una enfermedad, se sintió sola, vulnerable, con miedo, no quería enfrentarse a sus padres para que no se sintieran decepcionados, y le aterraba la idea de que Felipe lo supiera por temor a su reacción, él había sido duro con ella cuando habían terminado la relación, diciéndole tantas cosas que la habían herido profundamente, así fue contándole los detalles, cada sentimiento y situación que le hicieron sentir vulnerable.

 

En otra sesión, le contó que cuando apareció Felipe y la llevó con él, en un principio albergó esperanza en su corazón y en su interior esperaba que esa propuesta de casarse, era porque la amaba, pero al darse cuenta de la realidad fue un duro golpe, saber que ese matrimonio se daba solo por los niños, a su parecer eso confirmó que ella no merecía el amor de ningún hombre ni menos después de lo que pasó, se sentía fea, sin valor y los recuerdos de la violación la martillaban aunado a los remordimientos por lo que le había hecho a Cristiano y a Camillo y allí narró, el daño que había hecho a otros y que le daba vergüenza recordar. Luego le manifestó, cómo pensó que acabando con su vida era la mejor solución, porque incluso se sintió excluida de la vida de los gemelos, cuando sintió que preferían a su padre —Vi en el suicidio la forma de acabar con el dolor que laceraba mi alma—expresó llorando—pero estuve equivocada, yo soy una mujer valiosa y existe gente que me ama y para quien soy importante, lo que pasó no merma mi valor—manifestó la chica—Aunque a veces me siento a la deriva, siento que avanzo un paso y después doy dos atrás.

—Por supuesto que eso no merma tu valor, más bien dice más de tu fortaleza. Alondra, te voy a dar unas técnicas para fomentar tu autoestima. Dime ¿Cómo te defines  y cuáles son tus proyectos de vida?

—Siento que fracaso en todo lo que emprendo

— Alondra, debe haber algo que te guste, que llame tu atención, algo en lo que seas buena y destaques.

Se quedó pensativa un momento y dijo con una sonrisa —Me encanta el diseño de modas, Mamá y Camilla, dicen que soy muy buena en diseñar.

—Entonces allí lo tienes, enfócate en eso, necesitas ocuparte y mantener nuevos retos en tu vida. Alondra, ¿Qué pasa cuando todas las mañana te miras en el espejo? ¿A quién miras reflejada?

—Solo me miro al espejo lo necesario, desde lo que pasó no me gusta hacerlo—respondió la chica.

—Alondra, levántate de tú silla y ven conmigo. Mírate en ese espejo  y dime ¿A quién ves y cómo la ves?

—Miró a una mujer triste, quebrantada, con miedo de continuar seguir viviendo.

—¿Y cómo es físicamente esa persona que estás mirando allí?

—Es hermosa, aunque está un poco delgada, tiene unos ojos cautivadores. Pero está sola, nadie la quiere—pronunció con tristeza.

—¿Estás segura que nadie la quiere? —Alondra se quedaba pensativa—¿Tú la quieres? ¿Quieres que sea feliz? ¿Qué le deseas?

—Si la quiero, quiero que supere todos los momentos tristes que ha vivido, que se perdone y que logre la felicidad que tanto merece.

—¿Y su familia estás segura que no la quieren sus hijos, sus padres, hermanos, amigos? Ellos la quieren. Y si eso no es suficiente motivo para seguir adelante y correr tras tus metas te daré una razón más ¿Sabes a quien miro yo? —interrogó la psicóloga. Ella negó con la cabeza y la profesional continuó «Miro a una mujer valiosa, guerrera, fuerte que ha sabido sobrevivir a todas las vicisitudes que ha padecido, una mujer que no se rinde, que si se cae se levanta. No te olvides Alondra, que eres como las palmeras, te pueden doblar pero no te quiebras, no importa cuántas situaciones sucedan en tu vida, tú siempre permanecerás firme y así sean miles las tormentas, tu ímpetu te sostiene y no te deja claudicar. Quiero que veas eso que miramos los otros en ti.

 

» A partir de mañana, antes de empezar  tu día, deberás mirarte al espejo y dirás las siguientes palabras “Soy  realistas tanto con  mis  virtudes como con mis defectos. No soy  perfecta, pero la intención no es serlo. El objetivo es ser feliz. Así que para lograrlo debo aceptar las cosas que no me hacen bien y aprender de ellas. Y por supuesto, no restarle importancia a las cosas que  me hacen  bien, sino valorarlas como se merecen.  ¿Por qué seguir pensando que soy un desastre? ¿A dónde me ha llevado este tipo de razonamiento?

 

»Debes pensar en positivo, cambia tus pensamientos El ”no puedo” por “voy a intentarlo”, “voy a tener éxito” “me va a ir bien”.  Debes ponerte metas realistas y confirmarlas  “Puedo cumplir, mis metas y sueños no importa lo que tenga que pasar para poder llegar a ellas, porque al final poco a poco las podré aumentar, y veré que paso a paso estoy  consiguiendo lo que me  propongo. Si fracaso aprenderé  de ello sin culparme de mis errores, ya que fallar es una manera de saber cómo hacerlo de manera distinta la siguiente vez. Atrévete a afrontar retos”

» “Debes Aceptarte y perdonarte. Cada persona es un mundo y tú eres el dueño del tuyo. Céntrate en ti. En tu vida. Envidiando e idealizando la vida del resto, lo único que conseguiremos es sentirnos desgraciados. Todos tenemos algo bueno que aportar, y de nosotros depende encontrar el camino indicado.

 

» Haz crítica constructiva acerca de ti misma. Te sugiero que escribas una carta donde describas todo aquello que no te gusta de ti, y todo aquello de lo que te sientes culpable. No te dejes nada. Léela con atención y valora lo que puedes mejorar. Despídete de esa carta y pártela en mil pedazos. A partir de ese momento empieza de cero, con todo lo que has aprendido pero dejando atrás la culpabilidad. Aún estás a tiempo de hacer borrón y cuenta nueva. Que todo lo que te digas sirva para mejorar, no para estancarse y culpabilizarte. Asimismo, aprende a encajar las críticas de forma que no te afecten.

 

»Trátate con cariño y respeto Siempre. Eres lo mejor que te ha pasado, así que demuéstratelo. Tienes derecho a ser feliz. Y a hacer feliz a los demás contagiándoles tu optimismo. Regálate tiempo. Haz actividades que te hagan feliz. Es la mejor manera de encontrarse con uno mismo y desarrollar tus habilidades sin prisa pero sin pausa.

 

»Supera tus lastres. Hay personas que viven arrastrando mochilas llenas de peso, como trabajos que no les satisfacen, relaciones que no les aportan nada, hábitos que no les gustan… Para superar todos estos lastres, es preciso tomar cierto control sobre la situación, piensa en positivo y tratar de cambiarlas.

 

»Cada noche antes de acostarte. Piensa en las cosas buenas que te ha traído el día, los retos superados, los errores que has cometido y cómo puedes mejorar. Intenta, durante treinta días, poner en práctica estos consejos. Ya verás que cuando finalice el mes te sentirás mejor y muchos de los síntomas que sentías desaparecen. Y recuerda, hay una única persona capaz de cambiar tu vida, y esa persona, ¡Eres tú! (Claves para aumentar la autoestima https://psicologiaymente.com)

 

»Alondra después que realices estás técnicas que te he dicho, durante ese lapso, me contarás como te has sentido, después de realizar  estas actividades  cada mañana. Nos veremos en la siguiente  sesión—se despidieron y mientras iba camino a su casa Alondra iba pensando en todo lo hablado.

 

******************************************************

Ya habían pasado un mes y medio, por fin Felipe iba a ser operado, pero justo al momento de ingresarlo, sufrió un colapso pulmonar, su estado no mejoraba, era como si no tuviese motivos para vivir, Manolo le hablaba, pero el chico no hacía el mínimo gesto de reaccionar, al ver que las esperanzas se escapaban, no le quedó más remedio que llamar a Lucca desde el celular que tenía Felipe especialmente para ello, lo atendió al segundo repique.

—Hijo, por fin llamás, ¿Cómo sos capaz de perderte así? Sabes que he cumplido exactamente tus instrucciones y le he llevado…

 

En ese momento fue interrumpido por una voz pero no era la de su hijo —Señor Lucca, no es Felipe, soy Manolo, debe venir tomando muchas previsiones a la dirección que le voy a dar, pero no puede mencionárselo a nadie, ni siquiera a su esposa.

 

Lucca escuchó atentamente la dirección, se excusó en su oficina y salió para donde le habían indicado, al llegar se dio cuenta que era un hospital y sintió un miedo tan inmenso, como cuando supo que Valeria era inocente del robo que se le acusaba e intento volver con ella, al llegar a la sala vio a un Manolo demacrado, ojeroso y lloroso, de una vez las alarmas en su interior se dispararon —¿Qué sucede Manolo? ¿Dónde está mi hijo?

 

—Lo siento señor Lucca, lamento tanto, tener que decirle esto, pero nuestro muchacho se está muriendo.

 

—¡No!, eso no es cierto ¿Decime que no es cierto? —pronunciaba desesperado Lucca.

 

—Cuanto quisiera decirle que es mentira, el mismo día que usted se llevó a los gemelos, atacaron la mansión y allí uno de los hombres de Giussepe le estampó una barra de metal pesado en las costillas de Felipe—y allí siguió contándole todo lo que había pasado, con cada palabra que expresaba el rostro de Lucca, se iba desencajando más, su preocupación fue en aumento y sobre todo sintió mucho miedo el cual se instauró en su sistema como un frío enemigo y no pudo evitar llorar, lloró sin control, sin esperanzas, incluso sin fuerzas, sentía como si un pedazo de sí se rompía inexorablemente en miles de pedazos, eso no podía pasar, la ley de la naturaleza, es que los hijos entierren a sus padres, no que los padres lo hagan con los hijos, eso quebrantaba toda su existencia, se negaba a vivir en ese tormento Felipe no podía morir, estaba dispuesto cientos y miles de veces a morir en su lugar, pero ese dolor de perderlo nunca podría superarlo.

 

 

“El corazón está preparado para despedir a los padres, nunca a los hijos” Anónimo.

 

 

 

CAPÍTULO 28. RINASCERE

 

DIECINUEVE MESES DESPÚES

 

Durante todo ese tiempo, era mucha el agua que había corrido debajo el puente, se había logrado divorciar de Felipe con la ayuda de su padre, no lo había vuelto a ver, aunque los niños mantenían contacto con sus abuelos paternos y su tía Camilla, quienes se los llevaba continuamente a casa de los Ferrari, incluso a veces se quedaban durmiendo allá, pero a Felipe fue como si la tierra se lo hubiese tragado.

 

Ella por su parte había realizado diversos cursos todos en el área de diseño de modas, diseño de moda de mujer y de niños, estilismo en moda e incluso moda para hombres, había empezando diseñando para las mujeres cercanas a la familia, quienes a su vez la recomendaban a otros y había montado su taller, y precisamente esa noche era la presentación de su primera colección destinada al público en general, estaba feliz, se sentía que había superado las adversidades se sentía una nueva persona, capaz de fijarse metas y cumplirlas, incluso se había mudado a un departamento cercano, hacía ocho meses y aunque al principio sus padres se opusieron, cuando se dieron cuenta que era parte de lo quería lograr y de su independencia para superar todas las adversidades, la apoyaron.

 

Había aprendido amarse a sí misma, a perdonarse, a aceptar lo que no puede cambiar, a valorarse como mujer, como madre, como profesional, y aunque ya no era la Alondra creída que había sido antaño, tampoco era la Alondra timorata, cobarde, con miedo al futuro, esta era una Alondra segura, que no necesitaba de factores externos para ser feliz, la felicidad la encontraba en ella misma, en aceptarse y correr tras sus sueños, proyectos, veía cada día como una nueva oportunidad para reescribir sus sueños, si erraba podía corregir, si se caía volvía a levantarse, allí erradicaba el sentido de la vida, cada mañana tenía la oportunidad de reescribir su propia historia.

 

Durante todo ese tiempo, seguía recibiendo sus claveles blancos y sus notas, todos los días los esperaba con ilusión, estaba segura que el autor de esos detalles era Cristiano, y eso la ilusionaba, aunque no le comentaba nada, esperaba que él lo hiciera, cada vez que leía cada nota su corazón palpitaba con fuerza y despertaba tan hermosas sensaciones en ella, que había creído olvidadas. De más está decir que él la amaba profundamente, la había apoyado incondicionalmente durante todo ese tiempo.

 

Por otra parte, hacía un par de meses, se decidió iniciar una relación con Cristiano, y aunque ya no le causaba repulsión los contactos, aun no se sentía preparada para avanzar más allá de unos besos, y como su unión era inminente le contó lo que había pasado, por lo cual era paciente con ella en ese aspecto.

 

En cuanto a los niños aunque él los adoraba, se portaban pésimo cuando estaba Cristiano y por más que les hablaba y los aconsejaba siempre terminaban haciéndole una maldad, eran un par de diablillos, tremendos e incontrolables, un día Cristiano había pedido una limonada, y mientras la señora dejó la bandeja un momento para buscar unas servilletas, el pequeño Tad la entretuvo conversando y pidiéndole que se inclinara para darle un par de besos en la mejilla, ella estaba maravillada con lo encantador del pequeño, pero lo que desconocía la señora, es que entretanto el pillín la entretenía la pequeña Camilla le echaba sal a la bebida, cuando le entregaron a Cristiano la bebida la escupió en el alto, produciendo carcajadas entre ellos.

 

Alondra se sintió avergonzada, los sentó y conversó con ellos, incluso los castigó prohibiéndole ver televisión y juegos, ellos olvidaban por un par de días las travesuras y después de eso volvían nuevamente con más ímpetu a meterse con Cristiano, él era el blanco preferido de los pequeños.

 

Lo que si le extrañaba mucho a Alondra, era que sorprendentemente y aunque al principio lo hacía, no habían hecho preguntas sobre su papá o por lo menos no se las hacían a ella.

 

Ese día, estaba muy nerviosa por el significado que tenía esa colección para ella, se llamaba Rinascere, “Nacer de nuevo”, porque para ella eso había pasado, había revivido, se había levantado de nuevo, aunque había tocado fondo allí estaba de pie, con su sonrisa al viento y con una determinación inigualable, había hecho como la legendaria ave Fénix, había tocado fondo pero había resurgido de sus cenizas.  

 

Felipe, ese era el único capítulo inconcluso en su vida, a veces venían los recuerdos de él a su mente, pero inmediatamente los alejaba, no valía la pena recordar cosas que le hacían daño y personas que no supieron valorar su amor, él se lo perdió, se perdió el estar con ella, formar a su familia y criar a sus hijos. Ellos habían resultado ganadores, porque se tenían uno a los otros y había gente que los amaba profundamente y para quienes su compañía era valiosa, se miró al espejo, estaba hermosa, se colocó una túnica de múltiples colores. Su cabello recogido en un moño alto y unos tacones medio de color negro, se miró en el espejo, y le encantó el reflejo que le dio, ahora nunca dejaba de mirarse y decirse lo valiosa e importante que era.

 

********************************************************

Mientras tanto en un apartamento en Barcelona Manolo terminaba de hacer el almuerzo, habían tenido que tomar la decisión de salir de Italia, porque Felipe estaba siendo buscado por las mafias, sobre todo Giuseppe, apenas escasos tres meses había logrado recuperarse, luego de una dura batalla por su salud, había bajado de peso, de ser un chico de setenta y ocho kilos había llegado a pesar sesenta kilos y apenas había recuperado dos kilos en los últimos meses, pero el principal problema era la tristeza que lo consumía, el remordimiento no le daba cuartel, de allí erradicaba más su sufrimiento.

 

Lucca lo visitaba y había estado con él en los momentos más críticos, cuando uno de sus pulmones colapso, lo operaron y luego de casi de dos meses, debió ser ingresado a urgencias por presentar fiebre y secreción purulenta por la herida, con una profunda infección de los tejidos y mediastinitis, le iniciaron tratamientos con antibióticos y lavados con solución salina interdiarios por veintiún días, después de dos semanas más, lo volvieron a someter a la misma operación.

 

Seguía negándose a que su madre y hermana supieran de su estado,  por lo cual las mujeres de su familia despotricaban y estaban enfurecidas con él, hablaban diciendo que era el peor hombre del mundo, que era un miserable que ni siquiera tuvo que ver con sus hijos, Lucca solo apretaba los dientes al escucharlos hablar de Felipe, más de una vez quiso mandarlos a callar y contar toda la verdad, pero lo que decía Felipe era verdad, ellas correrían a verlo y pondrían en riesgo su vida, eso lo detenía, pero cada insulto que le daban a su hijo, le encogía el corazón, siempre buscaba disimular y se encerraba en el baño a llorar, Valeria varias veces lo vio afectado, pero le atribuía su estado a lo que supuestamente había hecho su hijo y no a las verdaderas razones.

 

Por su parte, Lucca le llevaba fotografías de los niños y su hijo se alegraba de verlos, pero cuando preguntaba por Alondra, su padre evitaba responderle, eso lo hacía sufrir, todas las noches Manolo lo escuchaba sollozar, sabía que Felipe trataba de disimular su sufrimiento,  pero él sabía cuánto padecía su hijo, si porque para él ese muchacho era el hijo que nunca había tenido.

 

Felipe estaba sentado con la comida frente sí, sin hacer ningún movimiento, Manolo lo espabiló — Felipe come.

Él levantó su rostro pero su mirada era pérdida y después de un momento respondió —No tengo hambre.

—Debes recuperarte, volver a ser él de antes, ¿Qué paso con ese hombre soberbio que no se amilanaba ante nada?

—Empezó a morir, el día que se enteró lo que le habían hecho a su esposa,  y muere cada día más cuando se da cuenta, que ella me dejó de amar y siguió haciendo su vida, eso está bien, quiero que sea feliz que siempre ría, pero no puedo dejar de sufrir porque no sea conmigo.

 

—Ella tiene hoy  un evento su primer desfile se llama Rinascere —los ojos de Felipe se iluminaron—alquilemos un Jet para llegar allá, en menos de tres horas estaremos en Roma.

—Pero si me reconocen esa gente la pondría en riesgo no puedo hacer eso, ya una vez pensé egoístamente y por mi imprudencia le hicieron daño, encontraré otra vía para estar con ella, llamaré a mi papá para que me ayude en eso.

 

********************************************************

A Alondra, le tocó abrir el evento, recorrió con su mirada el teatro, observó a sus padres, a sus hijos, a los abuelos de sus hijos Lucca y Valeria, Camilla y Taddeo, Camillo, acompañado de una rubia, Matteo y su novia, Sebastián y Anabella, Gálata y Paula acompañada de sus padres y su psicóloga y ahora amiga Isabel Susana Echávez, la cara de felicidad que irradiaban cada uno era sorprendente, le extraño que Cristiano no se encontrara dentro de los presentes, pero no pensó mucho en ello, allí estaban las piezas fundamentales de su vida, su familia, sus amigos, la inspiración para seguir adelante y nunca desmayar.

 

Caminó al centro del escenario y dio sus palabras de bienvenidas —Señores y señoras, bienvenidos sean todos a mi primer desfile de moda, donde presentaré la colección Rinascere, esta palabra tiene mucho significado para mí, porque después de una época por la cual pase por unos duros momentos, donde incluso atente contra mi vida a causa de ellos, llegó el renacimiento para mi, habrá momentos en que nos sentiremos que la vida no vale la pena, que no valemos nada, en donde querremos dejarlo todo para salir corriendo, porque sentimos que tal vez no somos comprendidos o amados, habrá gente que nos dañará no porque nosotros lo merezcamos, sino porque la naturaleza de ellos es dañar y hacer mal, pero pase lo que pase nunca perdamos la esencia de lo que somos, la fe en nosotros mismos, nunca dejemos de amarnos, el impulso para seguir adelante está en ti mismo, búscalo, encuéntralo y apodérate de ella, nunca pierdas la esperanza que un mejor camino es posible, que por vas avatares que sufras, siempre te levantarás ¡No claudiques! no pierdas las energía y avanza, no es perdedor quien pelea día a día sus batallas no importa el resultado, es perdedor el que se rinde y se niega a caminar a un futuro lleno de grandes éxitos, de hermosos momentos que están esperando por ti.

 

«Hagamos como el ave fénix, una persona anónima que me regala diariamente claveles blancos, con una nota contentiva de frases, cartas y poemas, me envió la leyenda de esta hermosa y maravillosa ave, hace un tiempo justo cuando empecé mi recuperación, y cada vez que siento que las fuerzas se agotan, la busco y la leo, hoy quiero compartirla con ustedes, me permito leerles textualmente lo que me escribió “El ave Fénix,vivía en el paraíso, junto con el primer hombre y la primera mujer, a los que seguía a todas partes. Cuando Adán y Eva fueron expulsados, un ángel portador de una espada de fuego fue designado para cuidar las puertas del paraíso e impedir que la pareja pudiera volver al Edén.

 

Empujado por el amor y la lealtad, el ave Fénix intentó impedir que las puertas se cerraran definitivamente para sus amigos. Entonces, una chispa saltó de la espada del guardián y el hermoso plumaje del ave se encendió, terminando con su vida en una llamarada multicolor.

 

Quizá como un premio por haber sido la única bestia que se había negado a probar el fruto prohibido, o quizás porque era injusto que un acto de amor terminara en una muerte así, el caso es que todos los ángeles estuvieron de acuerdo en concederle al ave Fénix varios dones, como el de Sanar las heridas de otros seres vivos con sus lágrimas y el de la vida eterna...

 

Su inmortalidad se manifestaba en su eterna capacidad de volver a la vida resurgiendo de entre sus cenizas.

 

Según la leyenda, cuando le llegaba la hora de morir, el ave Fénix hacía un nido de especias y hierbas aromáticas y ponía en él un único huevo. Después de empollarlo durante algunos días, una noche, al caer el sol, el Fénix ardía espontáneamente, quemándose por completo y reduciéndose a cenizas.

 

Gracias al calor de las llamas, se terminaba de empollar el huevo y, al amanecer, el cascarón se rompía, resurgiendo de entre los restos aún humeantes el ave Fénix. No era otra ave, era el mismo Fénix, siempre único y eterno, aunque siempre más joven y fuerte que antes de morir. Siempre más sabio porque tenía, además, la virtud de recordar todo lo aprendido en su vida anterior.

 

El mito del ave Fénix existe en casi todas las culturas ancestrales; y no solamente en las más antiguas tradiciones sagradas de oriente –egipcios, hebreos, sumerios y chinos– sino también en los mitos y leyendas del Nuevo Mundo –mayas, aztecas, incas y mapuches– tienen equivalentes similares.

¡Volverlo a intentar!

 

En casi todas las latitudes es un animal de buen augurio, garantizando la vida y el eterno crecimiento de la raza. En China, es una parte muy importante de la cultura tradicional. Allí se describe clásicamente como un enorme pájaro con cabeza de serpiente,  cuerpo de tortuga, alas de dragón, pico de águila y cola de pez, representando para algunos los cinco dones más virtuosos: justicia, fiabilidad, coraje, compasión y humildad.

 

Los que amamos los cuentos sabemos que, cuando una historia está tan presente a lo largo y a lo ancho de la geografía y de la historia, no puede significar más que una necesidad universal y compartida, una enseñanza o un aprendizaje que debe pasarse de generación en generación:

 

Aprender de los fracasos, volver a intentar lo que no se consiguió, enriquecido por la experiencia, y crecer en la adversidad.

 

Un mensaje de los ancestros que hoy definiríamos como un elogio a la resiliencia y que, para los estrategas de la guerra, se resume en aquella conocida frase que anuncia que perder en la más cruel de las batallas, pero no morir en ella, solo consigue hacernos más fuertes.

 

¡Cuán maravilloso es el AVE FÉNIX! Vive, crece aprende y resiste. Luego sólo se disipa en sus cenizas de las cuales retorna a la vida, ansioso de encontrar un nuevo amanecer.

 

Después de caer hasta el fondo nos queda renacer como el Ave Fénix, renovarnos y volvernos mucho más fuerte.

 

Renace cada día cómo el Ave Fénix, sopla las cenizas e invéntate nuevos sueños, de cada caída crece y no te canses nunca de dar lo mejor de ti o porque nos han hecho daño sin merecer  así que "Hay una etapa de la vida en la que tienes que Renacer... así que levántate y emprende el vuelo."

 

«No se den por vencidos, levántense y renazcan como el ave fénix—al terminar sus palabras todos aplaudieron efusivamente, incluso se levantaron mientras ellas recibía cada aplauso como un reconocimiento, como un aliciente en su corazón, en su alma, vio a sus padres y la miraban con orgullo, estaba feliz, por fin uno de sus sueños se hacía realidad y sus padres la miraban como tantas veces lo soñó.

 

Después de eso comenzó el desfile, y la emoción impregnaba totalmente el ambiente, su evento había sido un éxito, tomó la carta y la apretó en su pecho, ese simple papel contentivo de esas hermosas letras, habían sido una pieza clave para su recuperación y para lograr todo lo que ese día estaba consiguiendo. El evento estaba a punto de terminar, cuando apareció Cristiano, y allí con toda esa gente de testigo, se arrodilló frente a ella, sacó un anillo y le dijo —Alondra ¿Quieres casarte conmigo?

 

Alondra se sintió sorprendida, no sabía que decir, no es que no se lo esperara, tal vez en el futuro sabía que eso podría pasar, pero nunca se imaginó que pasaría ese día, sus sentimientos eran un cúmulo de confusión, sabía que amaba cada letra que él le escribía, cada verso, cada clavel blanco que le obsequiaba, pero hubiese preferido hablarlo a solas con él, se quedó mirándolo y en sus ojos había tanta esperanzas, que no se atrevió a decepcionarlo, además él la haría feliz y sin más preámbulo le respondió —Si quiero casarme contigo.

 

*******************************************************

Felipe miraba la revista, leía y releía el artículo, su bonita se casaría con Cristiano, al fin sería feliz con ella, lo que él siempre quiso, lo que siempre soñó, sabía perder pero necesitaba verla por última vez y entregarle el último obsequio, la boda sería en escasas dos semanas, debía recuperarse, para estar ese día allí.

 

Dos semanas después

 

Felipe había tomado un jet de su familia con destino a Roma, al llegar se había hospedado en un sencillo hotel, no podía ir a sus propiedades por temor a que fuese encontrado. Se vistió con una chaqueta y un pantalón negro que se había comprado, pues los otros le quedaban anchos, aunque durante las últimas tres semanas había mejorado su apetito y había logrado aumentar tres kilos de peso, estaba en sesenta y seis kilos, se observó en el espejo, aun había estragos de cansancio y mortificación en sus ojos, pero se veía bien. Sentía su corazón acelerado, pues iba a intentar impedir la boda, no sabía cuál sería el resultado, pero lo que si tenía claro, es que la peor diligencia es la que no se hace.

**********************************************************

Alondra se miraba con su hermoso vestido blanco, parecía una princesa, salió de su habitación acompañada de su padre, sus hijos hermosos, esperaban como un par de angelitos, estaba tan orgullosa de ellos. Se recordó que había dejado dos cadenitas que les había comprado y dijo —Ya vengo, olvidé algo y voy a buscarlo, no se mueva ninguno de aquí, voy y regreso rápido—su padre se ofreció a ir él pero ella se negó.

 

Entró a la habitación, buscó las dos cadenitas pero al mirar hacia la cama se quedó sorprendida, yacía un clavel blanco con una nota que decía: —He encargado claveles blancos en una floristería para que diariamente durante estos más de veinte meses, te los trajeran, y escogí esa hermosa flor, porque ella representa el profundo amor que te profeso y ha sido blanca como símbolo de honestidad, suerte y pureza. Hoy como puede ser el último día que la recibas, gira a la izquierda y camina hacia el balcón

 

Así lo hizo y allí encontró otro clavel con una carta de amor que expresaba

“Desde el día en que te conocí

No pude evitar quedar prendado de ti

Es que así es el amor, surge cuando menos lo esperas, brota de los corazones más secos, y se propaga sin poder evitarlo.

 

Amo todo de ti, esa sonrisa que ilumina tu rostro,

El brillo melancólico de  tus ojos, que como un par de lumbreras dan luz a la oscuridad de mis días.

 

Te amo como eres, tus labios llenos que como cerezas provocan mi apetito de poder probarlos y beber el dulce néctar de tu boca, que como rica miel inunda mis sentidos y enchina mi piel.

 

Amo tu andar coqueto, cuan donaire de princesa, que me hechiza, cayendo rendido frente a ti, pues eres la dueña de mi mundo y yo solo un esclavo de tus deseos.

 

Amo tu voz tierna que surge como un canto de tus labios, que se introduce en mis oídos como el más dulce canto de los ángeles.

 

Amo la fuerza de tú carácter, aunque has caído siempre te levantas, eres como el ave fénix que resurge de sus cenizas con más ímpetu, has enfrentado los más duros momentos pero de ellos has surgido probada como el oro fino.

 

Eres el soplo de viento fresco que mantiene mi vida, nunca he dejado de pensarte, cada mañana el primero y el último de mis pensamientos es para ti.

 

Siempre te amaré, tan cerca y a la vez tan lejos de mí, te amo Alondra y nunca dejaré de amarte. Siempre tuyo hasta la eternidad”

 

Esas palabras la llenaron de gozo e hicieron disipar las dudas que intentaban surgir en ella, sería la esposa de Cristiano y serían muy felices, porque se había dado cuenta que lo amaba y él a ella. Así decidida bajó la escalera, le colocó la cadena a los niños y salieron, todos juntos rumbos a la iglesia donde se celebraría la ceremonia.

 

Al llegar a la iglesia su madre salió con los niños y ella se quedó con su padre, al bajar la interceptó un hombre que la tomó por el brazo, sintió un leve cosquilleo tras su contacto, al alzar la vista era Felipe, estaba más delgado, su rostro enjuto, tenía ojeras, pero era él, su padre al darse cuenta de quien era se le paró al frente diciéndole —Sabía que eras un miserable, solo que me quedó corto con la magnitud de tu miserables —Alondra pudo observar una profunda tristeza en los ojos de Felipe, por un momento pensó en consolarlo, pero enseguida se recriminó, él no valía la pena.

 

—Mi padre tiene razón, ¿Con que moral te presentas aquí después de tanto, tiempo y con qué intención?

—Solo vine a pedirte que no te cases, yo te amo profundamente y nunca he dejarlo de hacerlo—confesó él sin bajar su mirada.

—¡Lo siento Felipe! Ya es tarde para ti, me voy a casar con Cristiano, él logró enamorarme con cada palabra, con cada frase que diariamente me escribía, a ti ya te olvidé, ¿Cómo podría seguir amando a un hombre que no estuvo conmigo en mis momentos más difíciles.

—Aunque tus palabras se claven como daga en mi corazón, me alegro por ti, te mereces ser feliz, mereces un hombre que te ame, que te entienda, que te cuide y nunca te haga sufrir, no sabes cuánto lamento no haber sido ese hombre en tu vida. Adiós Alondra, mi ave de hermoso plumaje, ve levántate y emprende el vuelo, ¡Se feliz por ti y por mí!—y diciendo eso, se alejó, mientras sentía su corazón partirse en miles de pedazos y sin mirar atrás siguió su rumbo, lo había intentado todo y había perdido, solo esperaba que su bonita, siempre fuera feliz.

 

Alondra lo vio caminar y su corazón se encogió de tristeza, por lo que pudo haber sido y nunca fue, su papá la tomó del brazo y caminaron junto al altar, se la entregó a Cristiano, quien la esperaba emocionado, al llegar a su lado ella le dio las gracias —Cristiano, gracias por cada clavel, por cada palabra, por cada frase, por cada poema, la del ave Fénix, fue mi inspiración diaria para superar todas las adversidades.

—¿Ave Fénix? No entiendo ¿De qué estás hablando Alondra?

—De los claveles blancos con las notas que me has dejado durante veintiún meses—le respondió Alondra.

—Yo nunca te he escrito ningún poema, ¡No he sido yo!—al decir eso Alondra miró hacia atrás, pero desechó esa idea, no, no puede ser él, pues nunca estuvo por allí cuando los recibió, se volteó al frente, sin embargo, no pudo evitar la duda que inundó su corazón ¿Quería seguir adelante con ese matrimonio conociendo la verdad?

 

“Nunca subestimes al tiempo, todo puede cambiar en un instante” Anónimo.

 

CAPÍTULO FINAL

 

Felipe llamó a Manolo, su amigo casi como un padre lo atendió en la primera timbrada y sin dejarlo hablar le dijo —¿Dónde carajo estás? ¿Qué pasó lograste convencer a Alondra de que no se casara?

—No, no logré convencerla, a esta hora debe ser la esposa de Cristiano—expresó con tono de derrota.

 

—¿Dónde estás? —lo interrogó Manolo.

 

—Estoy en la base, me acabo de alistar para una operación que inicia esta tarde en contra de dos carteles que operan en Italia.

 

—¡Por Dios Pir!  ¡Estás loco! Eso es un suicidio, no estás en las condiciones físicas requeridas.

 

—¡Qué importa! Ya para qué. No me queda nada, ya no tengo nada, no tengo a la mujer que amo, mis hijos crecerán diciéndole padre a quien era mi mejor amigo, mi hermana y mi madre me odian, y mi padre lo superara. Tú se feliz con Ángela, búscala y explícale porque la alejaste de tu vida, ambos están jovenes, pueden rehacer su vids, construir una familia, cuídate y se feliz, esta vez no te dejaré ir conmigo. Solo me queda matar a Giácomo y a Giussepe, se las tengo jurada y se las voy a cumplir. Y ya no hay razón para que entregues esa carta que volví a rescribir luego de que me recuperé, ¡Rómpela! Si me pasa algo, déjalos que todos sigan creyendo que soy un miserable mafioso, échame a mí la culpa de todo, así no sufrirán por mi ausencia, lo prefiero así.. Adiós Manolo, fuiste un gran amigo, un hermano, un padre,  has sido todo para mí. Te deseo toda la suerte del mundo.

 

 

A pir lo llamaron, y se preparó para la emboscada a los dos principales carteles de la droga, se colocó el chaleco antibalas y decidido salió la operación, la suerte estaba echada.

Al llegar, luego de un par de horas esperando, ordenaron el ataque, se desató una gran balacera, Pir se mantuvo cubriéndose detrás de una estructura, mientras caminaba disparando y eliminando a varios mafiosos, tan concentrado estaba en su tarea, que no se dio cuenta que se había alejado del grupo, sin embargo, no intentó volver, luego de treinta minutos disparando, sintió que alguien colocaba una pistola en su nuca, el hombre le pidió soltar el arma y Felipe lo hizo, el hombre le quitó las armas, aunque para su desgracia no todas y lo llevó arrastrándolo hasta donde estaba el jefe de cartel que resultó ser Giussepe.

 

—¡Vaya! Hoy es mi día de suerte, por fin te tengo frente a mi Pir Roldán, y esta vez si podré acabar con tu vida, porque ya estoy comprobando que eres un maldito policía que te infiltraste en nuestras organizaciones—espetó lanzándole un puño cerrado en su boca, haciéndole perder el equilibrio.

 

 

«No sabes las ganas que tenía de encontrarte, te busqué pero parecía como si la tierra te hubiese tragado, quería cobrarte la muerte de mi hermano Roberto, aunque veo que a él le faltó poco para acabarte.

 

—Le faltó mucho para acabarme, lo mandé al infierno donde debe estar revolcándose y esperándolos—Y sin más se agachó sacó las dos armas que cargaba en los zapatos, le disparó  a Giácomo en toda la frente y al otro tipo que lo llevó allí.

 

 

 

Cuando iba a dispararle a Giussepe, este fue más rápido y ya había colocado un arma en su cabeza, diciéndole—¡Quieto desgraciado! ¡¿Qué crees que puedes acabar conmigo?! —Felipe soltó las armas, las cuales tomó Giussepe y sin titubeo le disparó en la pierna derecha y se alejó un poco de él—te voy a herir en cada parte y te dejaré desangrando hasta que mueras, no sabes cómo lo disfrutaré, te odio con toda mi alma y no sabes como me deleito haciéndote daño a ti y a los tuyos, si porque acabo de descubrir quién eres—expresó inclinándose con una sonrisa maquiavélica y tomando una identificación que se le había caído a Pir—Felipe Spiro Rocco Febres, ¿No me digas que eres hijo de los multimillonarios dueños de súper mercados, almacenes e inmobiliarias? ¡No puedo creer mi suerte! ¿Cuánto sería capaz de dar Rocco por el hijito de papá—Y sin pensarlo más y para proteger a su familia, Felipe se le lanzó encima y Giussepe perdió el equilibrio empezaron a luchar entre ellos, hasta que una detonación, se escuchó y todo fue oscuridad, inconsciencia y olvido.

 

********************************************************

 

Eran las diez de la mañana, Alondra, se encontraba en casa de la familia Ferrari Estrada, estaban sus padres, Valeria, Lucca, Martina y su familia, también estaban sus tíos que habían ido para la celebración del matrimonio, de repente Taddeo pegó un grito y todos corrieron a donde estaba, estaba viendo la televisión y en ese momento comenzaron a dar un extra noticioso.

 

—En noticias de última hora, fueron desarticulados dos carteles de drogas que operaban en Europa por los agentes de la policía anti narcótica que durante cuatro años se infiltraron en las mafias y acabaron con los carteles más importantes, que no solo operaban en el país sino también en toda Europa, estas operaciones estaban dirigidas por el teniente Pir Roldán, joven agente de veinticinco años que resultó abatido en la operación del día de ayer.

 

Cuando Alondra escuchó eso, sintió que su mundo se derrumbaba, intentaba gritar pero las palabras se ahogaban en su garganta, Camilla gritaba desesperada y Valeria golpeaba a Lucca que permanecía impasible, mientas las lágrimas surcaban su rostro, ella lo enfrentó—¡¿Tú lo sabías?! ¡Dímelo! No te quedes callado—gritaba desgarrada—¿Sabías que nuestro hijo era un agente policial infiltrado en las mafias? ¡Respóndeme!—exigía llorando, hipeando mientras no cesaba de golpearlo.

 

—Si lo sabía—confesó Lucca, con su rostro desencajado y un profundo dolor que desgarraba su corazón—pero él me pidió que lo hiciera de esa manera porque no quería ponerlas en riesgo.

 

—¡Maldita seas Lucca! Jamás te perdonaré por esto, ¿Cómo pudiste permitir que nuestro hijo se pusiera en peligro? Me hubiese importado un bledo, mi seguridad y mi vida a cambio de mi hijo, mi niño, mi bebé, mi príncipe, mi pequeño—Su voz ya casi ni se entendía de lo afónica que se puso por los gritos que surgían de su garganta, parecía una fiera herida, a quien le habían arrancado su cachorro— ¿Cómo permitiste que todos despotricaran de él, llamándolo mafioso y delincuente?, Todos aquí lo maldecimos, los llamamos miserable, ¡Ay no mi niño! Perdóname bebé. ¡Ay Dios que dolor tan grande—decía mientras tocaba su pecho, sentía que su alma había escapado de su cuerpo, el dolor en su pecho era incomparable, tenía la sensación que su cuerpo se había partido en cientos de pedazos. Lucca la abrazaba llorando, desesperado, sentía que era un muerto en vida—¡Suéltame!—gritó Valeria—No quiero consuelo tuyo Lucca Rocco, debiste detenerlo y mantenerlo a nuestro lado—¿Por qué mi hijo?—decía mientras se dejaba caer en el suelo.

 

Camilla lloraba desesperada—Manito, mi hermanito, ¡Ay Dios mío! Esto es un mal sueño. Mi hermano no puede estar muerto, me niego a aceptarlo—decía llorando sin control, mientras Taddeo la sujetaba para evitar que se hiciera daño—¡Lo siento tanto! Perdóname manito, mi piruja, eras mi hermanito, yo te amaba. Perdóname por todo lo que expresé de ti, ¡Ay mi amor! cuánto dolor Taddeo, perdí a mi hermano, me lo mataron esos desgraciados, mi hermanito luchaba por erradicar esa plaga y ellos le arrancaron la vida.

 

 

 

Nick, no podía con ese profundo dolor en el pecho, viendo a los Rocco llorando, y le partía el corazón ver a Alondra allí, callada, sin emitir ninguna palabra, solo permanecía en silencio, se le acercó y comenzó a expresarle —Por favor mi niña reacciona, di algo por favor no te quedes muda.

 

—Él no era ningún mafioso, mi Felipe, no era un criminal—decía Alondra, mientras se abrazaba y lágrimas silenciosas comenzaron a correr por sus mejillas—¡Nunca fue un criminal! Me equivoqué, lo juzgue tan mal o peor como él lo hizo conmigo. Y nunca podré pedirle perdón por dudar de él.

 

—Alondra, mi hijo nunca dejó de amarte, él estuvo entre la vida y la muerte, por una emboscada que le hicieron el mismo día que traje a los gemelos, él se apartó de todos para no ponerlos en peligro, pero el día que estabas en el hospital después que intentarás quitarte la vida, el me dio una caja contentiva de setecientos treinta notas con frases, poemas, que te escribió, contrató una floristería que se encargaba de entregarme las flores o cuando yo no podía le daba la carta a ellos y Stella las colocaba en la peinadora.

 

—Siempre fuiste tú, mi amor, ahora entiendo cuando me dijiste aquellas palabras en el hospital “solo te pido que cuando descubras toda la verdad, la cual por ahora lamentablemente no puedo decirte, me perdones y en tu memoria me remedies, y me recuerdes de forma bonita, porque si te amé y te sigo amando, tal vez un día lo logré demostrar y podamos escribir una nueva historia o quizás después sea muy tarde y las escribas con otro, pero quiero que siempre tengas presente que tu siempre serás el personaje principal del libreto de mi vida…” Tú también eras el personaje principal de mi historia—Alondra lloraba, por un momento iba a caer en el desespero, pero cuando estaba a punto de ceder al sufrimiento, sintió la carta del ave Fénix y se recordó del día anterior cuando lo había visto por última vez “Adiós Alondra, mi ave de hermoso plumaje, ve levántate y emprende el vuelo, se feliz por ti y por mí” —Seré feliz por los dos mi amor, no me dejaré vencer, recordaré todos los días de mi vida tus palabras y ellas me darán la fuerza y el impulso para seguir adelante, yo soy tu ave Fénix y nunca te decepcionaré, siempre estará en mi corazón y en mis pensamientos, por siempre te amaré, nunca nadie podrá borrar lo que siento por ti.

 

SEIS MESES DESPUÉS

 

Habían pasado seis meses desde la muerte de Felipe, sin embargo las autoridades nunca habían entregado el cuerpo, cuando sus padres fueron a reclamarlos le dijeron que no podían entregárselos por su seguridad, pues no podían develar la verdadera identidad del agente, para no ponerlos a ellos en peligro, pero que ellos se habían encargado del sepelio, todos aunque no estaban de acuerdo entendieron la situación.

 

Hacía dos semanas que Camilla había dado a luz a unos lindos gemelos, eso había entretenido un poco a la familia y aliviado un poco su sufrimiento,  sin embargo, Lucca se había vuelto taciturno y Valeria, le hablaba solo lo esencial, lo culpaba a él de lo que le había pasado a Felipe. Ella por su parte seguía abocada con sus diseños de moda y cada día le iba mejor,  sus niños tenían ya cuatro años con nueve meses, se había dado cuenta que su abuelo Lucca, siempre les había hablado de su padre, pero ellos simplemente no se lo comentaban, un día ella puso una foto de Felipe en la sala del departamento y la niña le dijo —Ese es mi papá, es demasiado bello.

 

—Si es muy bello, te pareces a él—expresó Alondra con una nostálgica sonrisa, mientras sentía su corazón encogerse.

 

—Tengo los ojos de mi papá, yo lo amo. ¿Tú ya no lo amas mamá? —interrogó la niña.

 

—Claro que sí y con solo verte a ti, lo recuerdo—enfatizó sonriente.

 

—¿Si lo amas por qué hacías una boda con ese otro señor? —preguntó Tad,

 

—Porque pensé que ese otro señor, era el príncipe que me escribía historias bonitas—confesó pensativa.

 

—Y el príncipe siempre ha sido mi papá. Mira esta carta me la dio el abuelo Manolo, la escribió mi papi para ti. Léemela—pidió el niño.

 

Alondra abrió la carta con manos temblorosas pero empezó a leer para ella “Mi amada bonita, aunque tengo la cualidad de escribir versos y palabras bonitas, con esta carta las palabras no me salen, tal vez sean los nervios, es que es muy difícil pedir perdón aunque sea a través de unas líneas, desde que te vi y me refiero a cuando era niño, me impresionaste con esos hermosos ojos ámbar, ese día juré que me casaría contigo y serías la madre de mis hijos, ¡Y lo logré! Fuiste mi esposa aunque por poquito tiempo y no pude disfrutarlo, que triste cuando logras lo que siempre quisiste pero no lo sabes valorar.

 

La segunda vez que te vi, fue cuando culpabas a mi familia de estar involucrado en hechos delictivos, bueno te referiste a los dueños de los almacenes, tu comentario me hizo hervir la sangre del enojo, pero cuando vi esos hermosos ojos como piedras preciosas, disipaste mi enojo. Y allí empezó mi amor por ti, enloquecí al verte, me enamoré y allí me propuse a conquistarte ¡Y lo logré! Porque caíste rendida ante mí…Bueno está bien, diré que fue al contrario para que no te enojes. ¿Te dije que te amo? Si Alondra, te amo —Alondra sonreía al leer cada palabra al mismo tiempo que sus lágrimas corrían por su rostro, sentía tristeza y a la vez alivio de conocer la verdad, los ojos se le nublaban por las lágrimas, las limpió y  continuo leyendo cada palabra, cada frase, era inevitable llorar por lo que pudo haber sido.

 

"Así empezó nuestro idilio, nos amamos, nos compenetramos, estábamos hecho el uno para el otro, hasta que me enteré que eras la misma chica que engañó a Cristiano, a él le había prometido venganza, pero contigo simplemente no podía, lo intenté pero no pude hacerlo, hasta que Giussepe me amenazó con hacerte daño, me cegué todo, realmente no sabía qué hacer e hice lo que pensé en ese momento era lo correcto, hacerle creer que no eras importante para mí, jamás imaginé que tú estuvieras detrás de mi escuchándome, mi intención es que nunca supieras de esa conversación, tu dolor y sufrimiento fue el mío, sentí tu angustia, quise abrazarte, consolarte y decirte que todo era una vil mentira. Pero en vez de actuar por mis instintos, actué y que cerebralmente pensando que era lo mejor y por eso destilé por mi boca esas babosadas, que demás está decirte que no sentía.

 

El día de la boda de Camilla y Taddeo, me dijiste ese montón de mentiras, que hicieron brotar lo peor de mí, aunque después me di cuenta que era una estrategia tuya para alejarme de ti, al darme cuenta quise buscarte, te habías ido, sin embargo fui a buscar el famoso collar con el cual según los hombres Rocco le piden matrimonio a sus futuras esposas, aquí entre nos, creo que ese collar no le ha servido a nadie, ni se te ocurra dejar que mi hijo le pida matrimonio a su futura esposa con eso, creo que está empavado como dicen en la tierra de mi mamá (escribo esta línea y me imagino riéndote, es que nunca más te quiero hacer llorar, quiero que rías, disfrutes y vivas la vida a lo grande así no esté yo allí para acompañarte) es que te cuento que papá tampoco pudo pedírselo a mi mamá porque se robaron el collar y acusaron a mi mamá de robárselo, no sé si sabías esa historia; lo cierto es que quiero que mi pequeño Tad le compré a su futura esposa un anillo o que busqué el que uso su abuelo Nick para pedirle a su abuela Sophía que se casara con él, pues ellos han sido felices, como no lo pudimos ser nosotros y no sabes cuánto lo lamento.

 

¿Ya te dije que te amaba? Si te amo con todo mí ser. Bueno, cuando encontré el dichoso collar me fui contento a casa de tus padres, pero me llamó Manolo que te habías ido, le dije que te buscara y cuando te encontró no quisiste oírlo y luego te encontró en esa situación; no dejo de martillarme, porque me siento tan culpable, te juro que daría mi vida entera para que no tuvieras ese sufrimiento a cuesta, aunque sé que tú eres un roble, fuerte y lo superarás, no he visto una mujer más digna de admiración que tú, definitivamente eres una mujer excepcional, como ninguna, y que suerte tuve yo de que hayas sido parte de mí, porque yo definitivamente, sigo siendo  tuyo. ¿Eso sonó cursi o romántico? Espero que esto último (Risas).

 

Amor, después salí a buscarte y llamaba a Manolo y no me contestaba y me desviaba las llamadas, como tenía llave de su departamento me aparecí por allá, y cuando los vi, sentí que el mundo se me cayó encima, quería matar a Manolo, y ustedes no quisieron contarme la verdad, aunque no hay más culpable que yo por sacar conclusiones precipitadas, pero es que esos genes de mí papá pintan, tanto Camilla como yo, somos celosos pero yo pensé que no lo era hasta que te conocí, así que no es mi culpa, si no de la genética (A alguien habrá que echarle la culpa) ¿Ya te dije que te amo? Si no lo hecho te lo confieso, te amo.

 

Lo demás lo sabes, armé mi berrinche y me fui dejándote cuando pasabas por tus peores momentos, de haberlo sabido te juro que nunca me hubiese alejado de ti.

 

Después te fuiste donde Taddeo y la celosa de mi hermana pensó lo peor y atrás yo también, que contigo no lo soy menos, metí los cascos (una expresión para decir metí la pata, el pie), y después sale el gracioso de Camillo diciendo que mi hijo era de él, estuve a punto de quebrarle los dientes (Me cae mal porque sé que todavía le gustas), después te fuiste, te perdí la vista, te busqué, no te encontré, te pensaba todos los días, hasta que después de dos años y medio Manolo dio contigo, pero tú que eres más escurridiza que un corre camino, te volviste a escapar, pero yo que soy tan terco como una mula te volví a encontrar,  e invente ese estúpido chantaje de que si no te casabas conmigo te quitaría los niños, lo hice porque sabía que era la única forma de que volvieras conmigo, me encantó que formáramos una familia los cuatro, pero de orgulloso no quería que supieras cuanto te amaba y aún pensaba que tenías algo con Manolo, por eso hacía que te ignoraba mientras por dentro me derretía por ti como si fuese una gelatina. ¿Ya te dije que te amo? Pues sí, te amo.

 

Luego, cuando Manolo me emplazó y me contó toda la verdad sentí mi mundo derrumbarse, quería correr a abrazarte, consolarte, pero Manolo me lo impidió, dijo que no podía porque descubrirías que había roto su promesa, (Aunque ahora yo de chismoso te lo esté contando), me sentí culpable, los remordimientos no me dejaban, por eso no quise darte la cara, estaba avergonzado de mí, de mí género, porque gente de mi sexo te había hecho daño, sentí en carne propia la miseria y la bajeza de mis congéneres, me sentí como el más bajo y asqueroso de los reptiles, no pude darte la cara y decirte frente a frente lo que sentía, ese día me fui a destilar mi rabia a otra parte, me fui a un gimnasio y encontré al desgraciado que te hizo daño, se ufano de lo que te hizo y me sentí como un volcán en erupción, lo tomé del cuello y lo estaba ahorcando y aunque no he sido un santo porque he matado a cientos de hombres, todos criminales, nunca había sentido tanto placer en mi vida, como el que experimenté al tener el cuello de ese maldito en mi mano, le encajaba con fuerza los dedos y sentía como su vida se le escapaba de su cuerpo, hasta que me lo quitaron y no pude lograr mi objetivo. ¿Ya de dije que te amo? Pues si te amo, cada día que pasa te amo más.

 

Ese día me sacaron de ese club y ellos me interceptaron, al principio los tenía controlado, hasta que ese desgraciado me disparó y seguí luchando y burlándome de ellos, pero terminaron sobre pasándome, me dejaron en estado deplorable, Manolo como siempre llegó en mi auxilio (A él le va bien el papel de ángel de la guarda, así llegue siempre tarde), me llevaron al hospital y la bala no había comprometido ningún vaso sanguíneo, ni órgano vital, me oculté para que no supieras lo que me había pasado, no quería agregar  preocupaciones en ti, me doy cuenta que erré, debí hablar contigo y decirte lo que pasó, pero deseaba tanto que fueses tú la que confiarás en mi para exponer como te sentías.

 

Esa mujer que viste fue una enfermera que contratamos para que me cuidara, pero la mina se encaprichó de mí y en ese preciso momento cuando se me estaba ofreciendo llegaste tú y pensaste lo que no era, (Sé que soy irresistible, la entiendo), cuando a mí la única mujer que me interesa eras tú, si te tuviera al frente te miraría con estos ojos de amor que siento y solo guardo para ti.

 

Cuando viste eso caíste en depresión pensando que me había burlado de ti, luego fuiste a casa de mi familia, escuché cada palabra que describía tu sufrimiento, quise abrazarte y decirte que todo estaría bien porque siempre estaría a tu lado y no pude, solo me salió tu nombre, allí corriste y tomaste esa terrible decisión, cuando te vi pensé morir, sentía que eso le pasaba a otra persona, no a mí, te llevé a la clínica, llamamos a tú papá al conocer la verdad, pero él me trató como la peor basura, creyó que era un mafioso, por cierto no lo soy, son un miembro de la policía anti narcótica de la Unión Europea, específicamente en el comando italiano, que trabaja en cubierto para luchar contra las mafias, narcotráfico, contrabando, trata de blancas, lavado de dinero, me alisté a los dieciséis años, no debes avergonzarte, ni tú, ni mis hijos, trabajo de mano con la justicia y la ley, no de espaldas ¿Ya te he dicho que te amo? Si te amo y no me  cansaré de decírtelo.

 

Ese día le entregué a mi papá una caja con setecientos treinta notas (Tiempo que estimaba podía retirarme de la agencia)  entre poemas, frases y cartas, las escribí en tus tres años de ausencia y en mi tiempo de convalecencia, cuando ya era tu esposo, contraté con una floristería para que un clavel blanco te llegara junto con la nota, me debí alejar de ti para no ponerlos en peligro, Giussepe estaba detrás de mí, incluso el mismo día que mi padre se llevó a los niños me atacó y resulte gravemente herido, casi más de la mitad de mis costillas son ahora de placas de titanios, se me infectó todo eso, y debieron someterme a otra operación y volver a reconstruirme mis paredes torácicas, casi muero, por eso ni siquiera pude llamarte y en mi dolor y culpa solo quería morirme, si no es por Manolo, no hubiese sobrevivido, de casi ochenta kilos llegué a pesar menos de sesenta, no sabes las ganas que tengo de recuperarme para continuar vengándote, a uno de ellos, el mismo que me dejó gravemente herido, le di un certero tiro en la frente, una basura menos para este mundo, de los otros ya llegará sus turnos, así sea lo último que haga.

 

Todo lo que aquí te expreso, no tiene como finalidad manipularte, ni justificarme en las cosas que hice mal, solo quería que conocieras los hechos tal y como me sucedieron, y lo que pensé que era correcto, me equivoqué si, te hice daño sin quererlo, solo me queda pedirte perdón, perdóname por no confiar, por dejarte sola, por exponerte al peligro, por ocultarte la verdad, perdóname por no ser ese príncipe que soñabas que te esperaría en el altar y tú llegando con tu hermoso vestido blanco, regia como la mujer extraordinaria que eres.

 

Solo me queda decirte que mis hijos no pudieron tener una mejor madre, eres sensacional, una mujer valiente, con ímpetu, hermosa por fuera pero aún más por dentro, que no la abaten los vientos por más duras que sean las tormentas. ¿Ya te dije que te amo? Si te amo y por siempre te amaré, nuestro amor no pudo ser, pero quizás otra vez será, en otro momento, en otras circunstancias, en otra vida, se feliz mi pajarillo. Adiós Alondra, mi ave de hermoso plumaje, ve levántate y emprende el vuelo, se feliz por ti y por mí. Siempre estaré allí para ti, junto a ti, nunca me olvides, cuando veas un clavel blanco allí estaré, con mis prosas y mis versos, solo para ti, cuidándote por la eternidad.

 

Tuyo para siempre,  Felipe Spiro Rocco Febres (Pir Roldán)”

 

 

“Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón y mis cartas te seguirán hablando”.

 

 

 

 EPÍLOGO

 

Alondra había leído la carta de Felipe, sintió una profunda tristeza en su corazón, cada letra a pesar de darle aliento fue como pequeñas espinas clavadas en su corazón,  lo había juzgado mal o mejor dicho ambos se juzgaron mal, se habían hecho mucho daño, el amor e como una planta que hay que atender y cultivar para que no se marchite, fueron tantas omisiones, se ocultaron tantas cosas.

 

Por eso con cada letra, había entendido varias cosas, lo primero que su relación había comenzado con mentiras y  definitivamente esas no eran bases sólidas para una relación, segundo, que tanto enredo en sus vidas lo hubiesen podido resolver hablando y siendo sinceros uno con el otro, aunque entendía que  debido a sus circunstancias no podía de buenas a primera decirle, “Oye Alondra, no soy mafioso soy un agente encubierto”, tercero, que Felipe la amaba y qué lástima que no pudo darse cuenta a tiempo de ello, le hubiese gustado tanto mirar el amor que se reflejaba en sus ojos, ser felices juntos, y aunque le dio nostalgia por lo que pudo ser y no fue, pese a todo sentía una profunda paz en su interior, pues ese era el último capítulo pendiente y por mucho tiempo había sentido tanto dolor de que Felipe nunca la hubiese querido y se hubiese burlado de su amor, de esa manera comprendía que su amor fue recíproco y que sus hijos no eran más que el resultado de ese sentimiento puro y sincero que ambos se profesaron y que nunca lo olvidaría, siempre estaría presente en su vida porque el amor cuando es verdadero traspasa el espacio físico, la razón y estaba segura que eso que sentía por Felipe sería eterno.

 

Dejó esos recuerdos a un lado, extendió su vista y vio a sus niños jugando a la orilla de la playa, sí, aquel lugar donde Felipe y ella se entregaron a la pasión, donde unieron sus cuerpos y sus almas, llenándose de las más excelsas emociones, sentía ese lugar como su hogar, se sentía feliz con sus pequeños, esas dos hermosas criaturas producto del amor.

—Felipe mi amor ¿Cuánto daría por tenerte a mi lado? Pensé que nunca volvería a sentir ese profundo dolor que me dejó tu ausencia,  no estuve preparada para tu partida, en mi mundo perfecto solo faltas tú— cerró sus ojos y de inmediato su mente se llenó de recuerdos, de los momentos que vivieron juntos,  minutos después se quedó dormida.

 

Escuchó pasos que se acercaban a ella, sintió que alguien se inclinaba le tomaba el rostro y unía sus labios con los de ella, al sentir su boca en la suya, entreabrió sus labios y le permitió la entrada a su boca, se empezaron a devorar con una exorbitante pasión, él bajo sus manos, recorriendo su cuerpo, le tomó un seno y encima de su traje de baño empezó a dibujar pequeños círculos alrededor de su aureola, sentía el calor de sus manos traspasando la ropa, un cosquilleo empezó a sentir en su cuerpo, él bajó una de sus manos a su centro y comenzó a acariciarla encima del traje de baño, realizaba movimientos suave en su centro, hasta que ruidosos jadeos comenzaron a salir de su boca, eran tan deliciosas las sensaciones que estaba experimentando.

 

Él se abrió paso a través de la tela del traje baño, y colocó su mano en su centro dándole suaves caricias que la encendían como si de una hoguera se tratara, posó su boca primero en uno de sus senos, luego el otro descubriéndolos previamente y comenzó a succionarlo, su lengua en esa zona tan erógena de su cuerpo, le produjo un caleidoscopio de sensaciones, no podía controlar los jadeos y suspiros que salían descontroladamente de su boca, con cada caricia, roce, beso, la catapultaba a una vorágine de deseo.

 

 

 

Con su mano acarició su vulva, fue introduciendo un dedo, luego otro, y lo fue hundiendo en su interior llenándola placenteramente, comenzó a mover su mano primero con movimientos suaves que fue intensificando a medida que los segundos transcurrieron, sintió una explosión en su interior, que la catapultó a la cúspide más alta del placer, donde se entregó sin reservas a esas sensaciones, solo él tenía la capacidad de llevarla al cielo con sus caricias, eran el más delicioso deleite, su corazón palpitaba desbocado, aún con sus ojos cerrados trataba de recuperar su respiración, allí en la misma posición en que se encontraba cuando le dio placer, sin moverse y disfrutando de las delicias que ese hombre provocaba en ella, le arregló el traje de baño, lo escuchó erguirse y alejarse de ella, dejándola satisfecha y sumida en una inmensa tranquilidad.

 

Tranquilidad que minutos después, fue interrumpida por un par de diablillos, que empezaron a cubrirla con arena mientras le decían —Mami vamos a cubrirte toda de arena—y comenzaron revoltosamente a enterrarla en la arena, ella seguía adormitada, sus ojos le pesaban, y casi no podía abrirlos, se reía de las travesuras de sus pequeños al querer cubrirla.

 

Hasta que momentos después cuando se había espabilado, se sorprendió, estaba confundida, ¿Eso fue un sueño o no? La duda la abrumaba ¿Qué era lo que le había pasado?, sentía su cuerpo demasiado relajado, y todo lo que había sentido ¡Por Dios! ¿Qué fue eso se dijo?, abrió sus ojos de repente y al hacerlo Ted y Camil, pegaron un grito y salieron corriendo, ella se levantó de la arena y comenzó a perseguirlos a la orilla de la playa, los pequeños se escondieron para que ella los encontrara, a la primera que ubicó fue a Camilla, la levantó del suelo, la cargó y comenzó a darle numerosos besos y cosquillas, haciéndola reír.

 

La pequeña le dijo—Mi papi me besa así, y me hace cosquillas cuando viene a visitarme, es muy divertido, me lee cuentos.

 

—¿Tú papi? ¿Te refieres a algunos de tus abuelos? —interrogó Alondra con curiosidad.

 

—No mami, mi papito hermoso—enfatizó la niña con inocencia, sin pensar en el cúmulo de sensaciones que sus palabras provocaban en ella.

 

—¿Te refieres a Camillo?—siguió preguntando su madre.

 

—No mami, mi papi me dijo que Camillo no es mi papá, sino mi tío—pronunció con seriedad Camil.

 

—Muñeca, explícame por favor, ¿Te refieres como tu papi a Cristiano?

 

—No, Cristiano no es mi padre, es solo tu amigo.

 

—¿Y entonces pequeña? —Preguntó asustada, sentía que su corazón iba a salírsele por la boca—¿Quién es tu padre?

 

—Sabes que eres muy graciosa mamá ¿Cómo no vas a saber quién es mi padre? —expresó la niña riéndose a carcajadas—Si tú lo escogiste para mi, y siempre dices que soy la copiecita de él.

 

—Hija…—iba hablar porque se sentía preocupada por su hija, pero fue interrumpida por el pequeño Tad.

 

—Mamá no seguiste buscándome—reclamó el niño.

 

—Es que hablaba con tu hermana, dice que tu padre la visita—dudó Alondra.

 

—Si mami, mi papi vino con nosotros, jugó un momento, nos dio estas palas con baldecitos para que jugáramos en la arena, nos dijo que no nos moviéramos mientras iba a verte.

 

—¿Se quedaron dormidos en la arena? —interrogó la chica, buscando una razón lógica.

 

—Si mami, pero era mi papi—pronunció el niño.

 

—¿Cómo sabes que era tu padre? —interrogó Alondra con un dejo de angustia en su voz.

 

—Porque era el hombre bonito, con sus ojos como los míos que está en una foto en nuestra sala.

 

—Eso no es verdad, ustedes se durmieron y soñaron todo eso—manifestaba incrédula y nerviosa.

 

—Tal vez mami—dijo Tad, sin querer discutir más—si tú lo dices es así, ¡Toma! —exclamó el niño dándole un clavel blanco.

 

—¿De dónde has sacado eso Taddeo Nickólas? —interrogó nerviosa.

 

—Ese señor con quien dices que soñé, me entregó este clavel blanco, dijo que era tú flor preferida—concluyó el niño, mientras salía corriendo por la playa y su hermana detrás de él,  dejando a su madre sumida en una completa confusión y de inmediato llegaron a su mente  las últimas palabras de su carta “Siempre estaré allí para ti, junto a ti, nunca me olvides, cuando veas un clavel blanco allí estaré, con mis prosas y mis versos, solo para ti, cuidándote por la eternidad".

 

 

 

 

 

JEDA CLAVO