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RETO DE AMOR. Belleza Indomable


Todos los derechos reservados obra registrada en Safe Creatibe bajo el número 2004073587619.


PRÓLOGO 


Karina

Tres años y unos meses antes del segundo encuentro.

 

Karina estaba emocionada, se había hecho la prueba y había dado positivo, estaba embarazada, salió del laboratorio con mucha ilusión, retrasó el momento de ir a su casa, porque sintió hambre, no había desayunado y decidió comerse un mbeju con cocido y leche con la chipa.

 

Mientras desayunaba no dejaba de pensar en el pequeño bebé que crecía en su interior, ella había sospechado que estaba embarazada por los síntomas que la agobiaban, se preguntaba si sería niño o niña, si se parecería a ella o a su novio Ricardo. Ella casi no lo veía, porque él siempre se la pasaba trabajando, era incansable, era artista urbano, desarrollaba su arte sobre todo en Ciudad del Este, se expresaba en murales, paredones, escalinatas, pisos, paseos, anfiteatros y en fin, en cada parte donde pudiera exteriorizar su talento.

 

Lo había conocido hacía cinco meses en la celebración del viernes Santo en Tañarandy, una procesión de los fieles acompañando a la dolorosa a travel del Yvaga Rapé (camino al cielo), luego de la procesión, se realizaba una presentación artística de música, danza y teatro. Allí lo vio por primera vez, se enamoró de él a primera vista,  era un chico trigueño pero con ojos de gato decía ella, tenía sus ojos verdes, y era un caballero en toda la extensión de la palabra, era atento, servicial, siempre con una sonrisa en sus labios.

 

Ansiosa por darle las buenas nuevas por su bebé lo llamó, en ese momento él se encontraba allí en La Asunción porque estaba realizado unos murales en el centro de la ciudad, y dando un curso en una academia de arte, le respondió al cuarto repique.

 

—Mi amor,  soy Karina ¿Cómo estás? —preguntó la chica en tono alegre.

 

—Estoy bien Karina, ando muy ocupado. Dime que lo que tengas que decirme, para seguir con lo mío—dijo el chico en un tono que a ella le pareció en extremo severo, pues nunca antes se había comportado así.

 

—Lo siento si estás ocupado, pero tengo una noticia que te va a emocionar mucho ¿A qué no adivinas?—expresó con ilusión.

 

—Karina no tengo tiempo de adivinanza. Habla de una vez—confesó el hombre con fastidio.

 

Ella estaba desconcertada, no entendía porque un hombre tan atento y dulce, de repente la trataba tan seco, como si le fastidiara conversar con ella, eso la preocupó, pero se dijo que tal vez estaba muy ocupado y ella lo estaba interrumpiendo.

 

Por eso sin más preámbulo le dijo —Amor estoy embarazada, estamos esperando un bebé — ella esperó su reacción, un grito, una risa, pero al otro lado de la línea solo hubo silencio—Aló Ricardo, ¿Estás allí? —ningún sonido se escuchó, le había cortado el teléfono.

 

Decidida a encontrar una explicación se fue a la Academia donde el estaba dando los cursos al llegar preguntó —Buen día, buscó al artista urbano Ricardo Genser.

 

—Señorita, la oficina de él está en el segundo pasillo, la tercera puerta, pero creo que en estos momentos está conversando con su esposa.

 

—¿Esposa? Creo que está confundido—dijo con una sonrisa—Ricardo no tiene esposa, yo soy su novia.

 

—Bueno señorita, eso no es asunto mío, si quiere espero afuera hasta que salga la mujer con quien está o toca la puerta y pasa.

 

—Muchas gracias—pronunció Karina mientras caminaba por el pasillo rumbo a la oficina que le habían indicado y que no tenía idea que Ricardo tenía en ese lugar, de hecho desde que estaba en La Asunción, ella no se había atrevido a buscarlo en el sitio de trabajo, era él quien iba por ella. Caminó nerviosa, tenía el presentimiento de que lo que conseguiría no sería de su agrado.

 

Llegó al lugar que le indicaron, la puerta estaba entreabierta, colocó la mano en el picaporte mientras escuchaba voces —¿Quién fue la persona que te llamó hace un momento? —interrogaba una mujer.

 

—No es nadie, una alumna, tú sabes que en este mundo del arte, uno se consigue mujeres fáciles, que creen que uno no tiene compromisos o que no les importa estar con un hombre casado y se le regalan a uno, pero yo ni siquiera le presto atención, solo tengo ojos para ti mi reina—luego escuchó unos besos y unos gemidos, sin pensarlo más, abrió la puerta y allí estaba Ricardo, el hombre a quien amaba con una hermosa mujer, entre sus brazos, besándola y tocándola de manera apasionada. Se sintió herida, traicionada, burlada, ella siempre lo había puesto en un pedetal, se arreglaba para complacerlo, se vestía usando ropa para agradarlo, prendas y perfumes de su preferencia. Su dolor se intensificó, cuando al detallarlos, vio a la chica vestida igual a un vestido que él le había regalado.

 

—¡¿Cómo pudiste?!  ¡¿Por qué me haces esto?! ¿Quién es ella? —lo interrogó sintiendo su corazón fraccionarse en ciento de pedazos, pero a la vez queriendo que le mintiera, para creerle, realmente era patética lo sabía. 

 

—Ella es mi esposa, la mujer que amo—le respondió sin dejar de abrazar a la chica. Pero luego de un momento, le dijo algo al oído a la mujer y esta salió del despacho.

 

—No me dijiste que eras casado, por el contrario me dijiste que yo era la mujer de tu vida ¿Por qué el engaño? —lo increpó.

 

Ricardo la miró con un gesto de burla—¿Acaso me lo preguntaste? Nunca te he amado, fue sólo que tú estabas allí tan dispuesta, deseosa que yo te hiciera el favor, regalada, sonsacándome, y soy un hombre con ncesidades y como me encontraba en ese momento solo, no pude perder esa oportunidad, pero realmente tú no me agradas—pronunció despectivamente.

 

—Eso no es cierto, tú me cortejaste. Además de nuestros momentos juntos hay consecuencias ¡Estoy embarazada! ¡Estoy esperando un hijo tuyo! —exclamó angustiada.

 

—¡Es tu problema! no mío, si crees que con un embarazo vas a atarme a tu lado, estás equivocada, si eso pretendías ya puedes ir abortándolo, no me interesa, así que ese bebé te atará a ti, no a mí.

 

—¡Eres un maldito! ¡Miserable! ¿Cómo pude haber creído en ti? Eras demasiado perfecto para ser verdad. Pero no te preocupes, mi hijo jamás necesitara de ti, yo sola le basto—expresó, cerrando la fuerza con furia mientras salía llorando del edificio.

 

Se fue a una plaza y se sentó en una banca, puso su mano en el vientre, mientras dejaba que sus lágrimas corrieran por sus mejillas.

 

—No te preocupes bebé, mi amor será suficiente para ti, no necesitaremos a más nadie, tú me darás las fuerzas que necesito para seguir adelante, y te juro que nunca más hombre alguno se burlará de mí, de ahora en adelante seré yo quien me burle, quien los humille y les haga su vida miserable, nunca más voy a sufrir por amor.

 

 

Marino

Cinco meses antes del reencuentro

 

Enseguida, los recuerdos del pasado se agolparon en su mente, por mucho tiempo le había huído a las provocaciones de esa mujer, pero sentía que en cualquier momento cedería ante sus  encantos, eso le preocupaba porque no quería dañar a su mejor amigo, no merecía una traición de su parte, estaban muy unidos y nunca se esperaría una bajeza de su parte. 

 

Cerró los ojos con fuerza, la lucha que tenía de hace varios meses lo estaba agotando, a veces pensaba que debía ceder, si tan sólo se permitiera estar una sola vez con ella, la excitación terminaría, lo tenía loco y por más que había buscado en otra parte su satisfacción, no lo había logrado, ella era hermosa, su cabello negro como la noche más oscura, su piel dorada le producía perderse en ella, su boca tan sensual, su mirada seductora, esa mujer era todo lo que siempre le había gustado en una mujer, delicada, sensual, fina, su porte de reina no pasaba desapercibida para nadie, su olor a sus deliciosos perfumes, su gracia en el andar, demostraban la mujer de mundo que era, siempre vestida como si fuese a recorrer la mejor pasarela del mundo, esa mujer no tenía comparación, pero debía evitar pensar en ella, estaba prohibida para él, mientras antes lo entendiera mejor librado estaría de todo.

 

Se levantó con un suspiro de su escritorio, buscando arreglar su pantalón porque con solo pensar en ella su miembro se elevaba incontroladamente. Se asomó por la ventana de su oficina y se quedó pensativo, preguntándose “¿Podría dañar una amistad de tantos años solo por follar con esa mujer? ¿Tan deseable es para él?”, inmediatamente en su interior se inició una disputa entre él y su conciencia, pues su conciencia  le decía que se alejara, pero sus instintos más primitivos, lo llevaban a querer estar con ella, soñaba con poseerla, hacerla suya hasta sacarla de su sistema.

 

“¡Maldita sea!”, pensó, sentía que ella lo llevaba a un nivel de deseo que nunca antes había experimentado.

Estaba en esos pensamientos cuando sintió que detrás de él se paró alguien, al girar su cabeza para mirar de quien se trataba allí estaba ella, no la escuchó abrir la puerta, se le acercó y comenzó a besarle el cuello, sacó su lengua recorriéndolo, los vellos de su piel se erizaron y sintió un corrientazo que recorrió todo su cuerpo, el cual se elevó al sentir que una de sus manos la colocó en su pecho, partándole la chaqueta y abriéndole la camisa, eatrujó sus senos en su espalda, dejándolo su aliento, jugueteó con sus pezones que inmediatamente se erizaron,  su otra mano la posó en su masculinidad por encima del pantalón, cerró los ojos de inmediato, tratando de buscar el control dentro de sí, pero sonoros gemidos comenzaron a escapar de su boca cuando sintio su mano masajeándolo, sin darse cuenta comenzó a mover su cadera contra su mano  de manera incontrolable. 

 

Pero un destello de racionalidad se coló en su nublada mente, contuvo su deseo y la gran erección que parecía iba a romper su pantalón y se apartó de ella —¡Suéltame! ¿Hasta cuándo vas a insistir en esto? No puedes entender que eres la novia de mi mejor amigo, la mujer con la cual va a casarse. ¿Cómo puedes ser tan perra? —le dijo indignado.

 

—Tú mente se niega, pero tu cuerpo ya  se rindió y sabe a quién pertenece—expresó con burla alejándose y dejándolo solo.

 

Apenas ella salió, el hombre dio un golpe contra la pared, se sentía atormentado, impotente y tenía miedo de rendirse.

 

Al día siguiente en la noche, su amigo lo invitó a una discoteca para ir a bailar, en un principio pensó que sólo iban a ir ellos dos, por eso aceptó, quería distraerse y dejar de pensar en esa mujer que lo estaba tentando en exceso, nunca se espero que una hora después de encontrarse en el sitio, llegaría ella y mientras besaba en el cuello a  su novio, se quedó mirándolo, sacando su lengua de manera provocativa, esa acción lo excitó de inmediato.

 

Después de saludar a su pareja se acercó a él, lo abrazó y le metió la lengua en la oreja, de inmediato la apartó de su lado. Su amigo vio su actitud y le reclamó —¿Por qué eres tan odioso con Antha?, te está saludando de manera grata y vienes tú y la apartas de ti de manera brusca, eres mi amigo pero no voy a permitir que trates así a mi novia.

 

—¡Lo siento! Tengo demasiado calor y eso me incomoda—justificó su actitud. En ese momento miró a la barra y vio un par de mujeres hermosas solas, caminó hacia ellas y sacó  una a bailar, una trigueña igual a la tentación viviente que era la novia de su amigo. Bailó con la chica y por más que esta acercaba su cuerpo y buscaba provocarlo, no reaccionaba, sin pensarlo, la tomó de sus mejillas y le dio un profundo beso que provocó jadeos en la chica.

 

Estaba entretenido, bailando y besando a la chica, cuando sintió que le tocaban el hombro, era ella quien se dirigió a la otra mujer con autoridad —Lo siento, pero este hombre es mío chiquilla—lo haló hacia ella y se le pegó al cuerpo comenzando a bailar.

 

Marino intentaba separarse pero la tenía adherida a su cuerpo —Por favor aléjate,  él puede vernos.

 

—No te preocupes, está atendiendo una llamada de trabajo y eso es lo que más lo excita a él, aunque a ti quien te pone cachondo soy yo—expresó tocándole su miembro. Él la tomó de las muñecas para alejarla de su cuerpo.

 

—No sigas, ¿Por qué haces esto? —la interrogó.

 

—Porque me gustas, te deseo desde el mismo momento en que te vi por primera vez, y no estoy dispuesta a descansar hasta verte jadeando encima de mí, introduciéndote en mi interior y dándome el orgasmo más salvaje que ambos habremos sentido en la vida.

 

—Primero se congela el infierno antes que tú y yo yacemos juntos

 

—Eso está por verse querido Marino—expresó alejándose y moviendo provocativamente las caderas.

 

Luego de un momento, se fue a sentar en la mesa que tenían y fue tan descarada la mujer, que levantó su pie y lo colocó en su pene acariciándolo a través del pantalón, no pudo detenerla, comenzó a acariciar su miembro por encima del pantalón poniéndolo totalmente duro, comenzó a sudar, ella aprovechó que su amigo se encontraba entretenido con su celular, por más que intentaba alejarse no pudo, se quedó allí recibiendo sus caricias hasta que se vino, mientras ella lo miraba sonriente. Después la muy descarada se subió un poco la falda, abrió sus piernas y le mostró su parte intima, no pudo aguantarse más, se levantó del sofá desesperado debía huir de allí.

 

—Debo irme, tengo cosas que hacer—se despidió de ambos, y buscó a la chica con la que estaba bailando, se la llevó a su departamento y por más que estuvieron juntos, no sintió la satisfacción que le había dado aquella mujer con solo su pie.

 

Pasaron dos semanas, recibió un mensaje de su amigo que se encontraba en el aeropuerto para que fuera a buscar unos papeles que debía llevarse, quería que los buscara a su departamento, sin pérdida de tiempo fue a cumplir con su requerimiento, al entrar a la sala encontró pétalos de rosas en la sala, frunció el ceño pensando que Martín le había dado una sorpresa a su novia, por lo cual no le hizo mucha mente a la situación.

 

Después de buscar los papeles, cuando iba caminando por el pasillo, escuchó un ruido y abrió la puerta de la habitación, allí estaba Amarantha en el centro de la cama desprovista de toda ropa, sólo un collar adornando su cuello, el cual caía tentadoramente en sus senos, Marino al verla se quedó petrificado, cuando ella lo vio dubitativo, se levantó de la cama y se le tiró encima besándolo.

 

Él intentó quitársela de encima pero ella se pegaba con fuerza besando su cuello, colocó una mano en la masculinidad del hombre y comenzó a tocarlo con provocativas caricias, le tomó una mano y se la colocó en sus senos guiándolos en su movimiento, él temblaba y luchaba entre no traicionar a su amigo o dejase llevar por esa tentación, luego de unos minutos de disputa con el mismo y de intentos de seducción por parte de ella, perdió la batala, no se pudo resistir más, la tomó por el cuello y la besó con pasión, no pudo evitar poseerla, ella lo envolvió con su artimaña, después se enteró que fue ella quen escribió el mensaje desde el teléfono de su novio, mientras estaba en el aeropuerto despidiéndose y le había montado esa trampa y lo peor vino después, le juró que eso no se repetiría, pero allí mismo le hizo saber que había grabado el encuentro y que si no cedía, poco le importaba enviárselo a Martín, que la decisión era de él, desde ese día no habían parado y ya no necesitaba que lo chantajeara porque estaba colada por ella, desde alli, no pudo evitar apartarse de ella, hasta que fueron descubiertos.

 

Trajo sus pensamientos al presente, si de algo se arrepentiría siempre sería de la traición a su amigo, pero ya eso había pasado, ahora se sentía aliviado. Martín había conseguido el amor, se casó con Dara y esperaban un hermoso bebé. Se sonrió con satisfacción, había llegado hacía un par de días, luego de un mes en Paraguay, su amigo intentó que se quedara, pero se negó a hacerlo, no soportaba la idea de estar cerca de la india pueblerina de Karina, que se creía la dueña de “La Italianera”, no entendía porque le hacían creer eso, a tal punto que la muy estúpida había tenido la osadía de sentirse muy ofendida cuando le dijo que no era su tipo, es que para nada lo era, por favor ella es la antítesis de su mujer perfecta, jamás querría una mujer como ella, mal vestida, sin maquillaje, ni prendas, rodeada de caballos, vacas, cerdos y todo tipo de animales de monte, era tan ordinaria, no sabía cómo podía soportar ese olor de las bestias, el sol, ¡Por Dios! Tendría que estar loco para fijar sus ojos en ella, ya se la imaginaba presentándoselo a la gente de sociedad, a su madre, se moriría, no pudo aguantar la risa.

 

—¡Jamás Karina me fijaré en ti! Ni en mil años luz indiecita—pronunció en voz alta.

 

Y de paso poseía una lengua viperina, llamándolo metrosexual, solo porque le gustaba vestirse, arreglarse y perfumarse, claro como era una salvaje, impertinente, grosera, no tenía nada de atractivo —¡Maldita sea! Déjame en paz, no quiero ni siquiera recordarme de que existes—espetó con furia.

 

Levantó su vista y allí frente a él, estaba la mujer que había ocupado sus pensamientos antes, venía con su pequeña hija, iba provocativamente vestida, él se quedó sentado mientras la mujer le entregó la niña, luego se le puso por detrás y comenzó a acariciarle el cuello.

 

—Deja de acariciarme, no quiero que me toques. Tu tacto solo me produce desagrado—expresó Marino.

 

—Es mentira, siempre te he provocado deliciosas sensaciones, y ahora que no tenemos ningún impedimento, es tiempo que tú y yo formalicemos nuestra relación. Tú me gustas mucho, eres un hombre rico con un padre poderoso, que al morir dejará ese emporio en tus manos, aparte de ello eres muy sexi y tenemos esta pequeña.

 

Marino, mientras sostenía con una mano a la pequeña Tara, con la otra intentó alejar a Amarantha de sí —¿Cuándo vas a madurar? ¿Por qué no terminas de crecer? Ya tienes una hija, deberías procurar ser una mejor persona y mujer por ella. Si sigues teniendo esa actitud voy a quitarte a mi hija.

 

—Pues, si no vienes tú con ella, no la quiero, si la tuve fue porque pensé que era hija de Martín, si hubiese sabido que era tuya, ni siquiera la dejaba  crecer en mi vientre—enfatizó Amarantha.

 

Marino no podía creer lo que estaba diciendo, aunque hacía mucho ella lo había decepcionado, con esto definitivamente dejaba de tener la mínima consideración.

 

—¿Cómo puedes expresarte así de tú propia hija? ¿Qué clase de corazón tienes? —la interrogó sorprendido.

 

—Prefieres que sea hipócrita, no soporto que esa niña me despierte en mis mejores horas de sueño, que tome de mis pechos y me los esté tumbado, que ande toda babeada por culpa de ella, no quiero a esa Maldi…—de inmediato la frenó.

 

—¡Cállate! Te exijo que cierres tu maldita boca, porque te juro que no he golpeado a ninguna mujer en mi vida, pero si tú maldices a mi hija, te juro por ella que voy a bofetearte como nunca nadie lo ha hecho—expresó encolerizado.

 

—No la quiero, ¡La odio! Vino a dañar mi perfecta vida—gritó histérica.

 

Marino iba a abofetearle pero en ese momento la niña se despertó llorando, él la abrazó, sus ojitos llorosos veían a su madre como si hubiese entendido cada palabra, su pequeña solo tenía siete meses, pero el dolor que reflejó su bebé le partió el corazón.

 

Con rabia apenas contenida le dijo —Quiero que desaparezcas, no te quiero cerca de mi hija nunca más, eres peor de lo que me imaginé.

 

—No te preocupes lo último que querría es estar cerca de esa mocosa, no me interesa, quédate con ella, y ni siquiera le cuentes de mi existencia, no quiero ningún papel en su vida, no sirvió a mi propósito.

 

La pequeña estiró los brazos y su cuerpito hacia Amarantha y comenzó a llamarla —Ma, ma—pero esta le bajó los brazos despectivamente y la pequeña se privó llorando.

 

—Fuera de mi vista Amarantha, no quiero verte jamás, mi niña no te necesitará porque le daré todo el amor que tú le negaste, y será feliz, juro que mi pequeña, será la princesa más feliz del mundo, nunca le fallaré y siempre estaré a su lado, pondré sus deseos por encima de los míos, nunca le faltara nada—pronunció con voz quebrada. 

 

Al salir Amarantha, abrazó a su hija con toda su fuerza, la cual seguía llorando, llamando a su madre. No pudo evitar llorar por ella, porque a tan corta edad, ya se estaba enfrentando al desprecio del ser que estaba llamada a amarla sin restricciones.

 

—No llores mi pequeña—la consoló—estás con papá, te cuidaré y nunca te desampararé, mi amor será suficiente mi Tara.

 

"Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral" José Ortega y Gasset.


 CAPÍTULO 1. PADRE SOLTERO


Marino cuando su pequeña se calmó, se limpió sus lágrimas y las de la bebé, la acercó a su pecho y besó su cabeza, salió de su despacho al de la secretaria, cuando la señora Thais lo sintió abrir la puerta, fingió estar transcribiendo un documento, pero la realidad es que estaba impresionada por todo lo que acababa de pasar, aunque en el pasado, ese hombre no fue de su agrado, pues su preferido siempre había sido Martín, y aún no le había perdonado la traición cometida, en acostarse con la novia de su mejor amigo, hoy tenía una perspectiva distinta.


Pestañó varias veces, se negaba a dejar salir las lágrimas que habían surgido como resultado de la conmovedora escena que había presenciado hacía unos minutos, sintió cuando Marino se acercó a su mesa con la chiquilla en brazos pero se mantuvo en silencio, por lo cual ella fue la primera en hablar.


 —Señor Russo, ¿Necesita algo? —interrogó Thais.


Marino se quedó dubitativo, intentando hablar pero las palabras no surgían de su boca, cerró sus ojos por un momento, más calmado le respondió —¡La necesito! yo debo comprar comida para mi niña, ropa, pañales, todo lo que pueda necesitar, no tengo idea de cómo hacerlo ¿Me puede ayudar? Por favor—expresó en un tono de voz quebrado, casi suplicante.


—Por supuesto que lo ayudaré. Vayamos primero a un supermercado a comprarle cosas de comida, pañales, toallitas húmedas y todos los productos para su aseo. Si quiere voy sola y usted me espera aquí—ofreció la señora Thais.


—No, quiero aprender, porque quiero ser yo quien la atienda y encargarme de comprar todas sus cosas. Por favor, avise en guardería de la empresa que a partir de mañana mi hija va a asistir allí mientras trabajo.


—Está bien, déjeme cumplir con esa instrucción y luego nos vamos.


Después de un momento salieron al supermercado, la señora Thais lo llevó a la sección de artículos de bebé, le preguntó—¿Qué va a llevarle?


—Todo, jabón, perfume, aceite, champú.


Recorrieron el supermercado compraron los enseres personales de la bebé, la leche de fórmula, cebada, alimentos, luego fueron a comprarle ropas, coche, cuna, juego de cuarto, silla para comer y todo lo necesario. Las compras relacionadas con los muebles las llevarían en varios días al departamento.


Después de las compras, llevó a la señora Thais hasta su casa,  la niña iba sentada en el asiento trasero en el porta bebé, cuando llegó a su departamento, la sacó junto con parte de las compras que había hecho, la acostó en la cama, mientras no dejaba de observarla y la niña balbuceaba, pero minutos después empezó a llorar. De inmediato la cargó, tratando de calmarla pero la niña no cesaba de llorar, le olió el pañal como le había indicado la secretaria y evidentemente la niña había defecado.


—¡Por Dios! ¿Cómo una cosa tan chiquita y bonita como tú, puede botar eso tan podrido? —expresó con una mueca de asco.


Levantó a la niña, buscó un paquete de pañales y las toallitas húmedas, la acostó nuevamente y le abrió el pañal, estaba toda sucia, sus eses eran blandas, su rostro era de total consternación con lo que observaba, sin embargo, esa circunstancia no lo mentalizó para el desastre mayor que ocurrió segundos después, cuando la beba empezó a orinar, la sustancia amarilla se regó en el pañal y de allí se corrió por la cama, eso lo puso nervioso, intentó volvérselo a colocar, pero sus intentos fueron infructuosos. Aparte que la niña prácticamente se bañó de su excremento, a él se le llenaron las manos, la camisa, el pantalón, tenía ganas de llorar de la impotencia que sentía, nunca nada lo había preparado para ese momento y a pesar de que anteriormente había pasado tiempo con su hija, no le había cambiado antes el pañal, porque siempre alguien había estado con él para atender esas necesidades de la pequeña.


—¡Qué desagradable! ¿Cómo hacen la mayoría de ellas para poder lidiar con esta situación? ¡Es horrible! ¿No le consigo ningún placer? —su voz se apagó, pero segundos después se convirtió en una sonrisa cuando escuchó las carcajadas de su hija, eso lo conmovió y le llegó al corazón—Retiro lo dicho mi burusa, no hay mayor placer que escucharte sonreír.  Vamos a ver como resuelvo toda esta situación.


La llevó al baño, tiró el pañal en la papelera abrió la ducha y se metió a lavarla, se le había olvidado el jabón de baño de la niña, demás está decir que su ropa quedó totalmente mojada, se quitó la camisa, el pantalón y se quedó en shores. Así, mientras goteaba el agua buscó el jabón, tomó la toalla y la terminó de bañar.


Rato después, su gran preocupación, el gran desastre del baño, de la habitación con agua por donde quiera, la ropa mojada. No encontraba donde acostar a Tara porque la cama estaba sucia, no quería dejarla en la alfombra porque temía que el polvo la enfermara. Tomó el pañal y la crema anti pañalitica  y la llevó hasta el sofá, luego de aplicarle el ungüento le colocó el pañal, la metió en el portabebé, se la llevó a la habitación y comenzó a quitar las sabanas y cambiarlas, limpiar el baño y la habitación, sacó una ropa para lavársela a mano, porque no quería colocarle ropa que no estiviese lavada, nunca en su vida había hecho nada de eso, pero igual sonrió siempre había una primera vez para todo, pensó mientras se dedicaba asearse él.


Justo al terminar estaba agotado, iba a acostarse, cuando la pequeña comenzó a llorar, empezó a calmarla, le cantaba, pero ella seguía llorando, no sabía qué hacer, no se callaba, llamó a la señora Thais pero ella no le respondió. Sin mucho entusiasmo, terminó llamando a su madre.


—Aló madre, ¿Cómo estás? —la interrogó, mientras se seguía escuchando los lloros de su niña.


—Todo muy bien, pero ¿A qué debo tu llamada? —preguntó cortante.


—Madre, Amarantha se fue y me dejó a la niña…—su madre de una vez lo interrumpió.


—Ni se te ocurra traérmela para que yo la atienda. Solamente con pensar que es nieta de la zorra que se revolcó con tu padre siendo los dos casados y sobrina de la maldita bastarda—pronunció con odio.


—Madre, también es mi hija, tu nieta, eso no te inspira ni un poco de sentimiento hacia ella—dijo revelando en su voz una profunda tristeza—está llorando  y necesito que me digas que puedo hacer, porque juro que no lo sé—expresó impotente.


—Tienes bien merecido todo lo que te pasa, por revocarte con esa mujerzuela, ¿Cómo vas a cuidar tu esa niña? Si su madre no la quiere, entrégala en adopción, lamentablemente para mi, por tener sangre de esas sinvergüenzas no me inspira ningún amor. Lo siento, pero no te ayudaré—concluyó cortándole la llamada.


Marino cortó el teléfono, se acercó al porta bebé —¿Qué tienes pequeña? ¿Sed, hambre? —y de repente frunció el ceño, claro, hambre, leyó las instrucciones y puso a calentar agua, en ese momento tocaron el timbre y era su papá, cuando lo vio no pudo contener su emoción y lo abrazó.


—Padre, ¡Qué alegría verte!


—¿Qué sucede Marino? —enseguida le contó todo, que de ahora en adelante su pequeña viviría con él y que había llamado a pedirle ayuda a su madre y esta se había negado a hacerlo..


—¡Wow! No es fácil atender un bebé, si en pareja, ayudando los dos es complicado, imagínate un hombre solo. Llamemos a Tabata, ella nos puedes ayudar.


—Ella está en Paraguay, ¿Cómo puede ayudarnos? ¿No será que quieres una excusa para hablar con ella? —lo increpó Marino.


—Claro que no, no hay absolutamente nada entre ella y yo, solo es la mamá de mi hija. Además sigo con tu madre.


—Pero el amor por ella se te ha enfriado, no sientes lo mismo—refutó Marino.


—Aunque no lo creas, aún amo a Camilla, es la mujer a la cual amo—marcó a Tabata, pero no logró comunicarse.


Marino comenzó a leer las instrucciones del reverso de la leche y del alimento y de inmediato se fue guiando por ellas. Cuando finalizó, estaba emocionado porque el alimento tenía consistencia. Lo iba a colocar en el biberón, cuando su padre lo detuvo.


—Espera lava el biberón con agua caliente—espetó su padre, de inmediato lo hizo y después agregó el alimento.


—Aquí en las instrucciones dice que debe enfriarse el alimento—afirmó Marino—¿Y cómo hago eso? ¿Lo meto en el refrigerador? —preguntó con el ceño fruncido.


—Yo creo que sí—respondió el papá.


—Y si mejor consulto en internet. Papá cárgala, para que deje de llorar mientras busco—tecleó en su teléfono ¿Cómo enfriar un biberón? —Listo, dice que la temperatura de la leche debe oscilar entre treinta y cinco a treinta y siete grado. ¿Debo meterle un termómetro para verificar eso?


—No creo que sea así Marino, creo que se prueba en el brazo. Sigue leyendo—lo insto Donatto.


—Así, dice que se pruebe en la muñeca—de inmediato lo hizo y dijo una palabrota.


—Marino no maldigas delante de Tara—lo reprendió el papá.


—Es que está caliente, dice que lo enfríe colocándolo en el grifo de agua o sumergiéndolo en un recipiente de agua fría o de hielo, Entonces voy a buscar un envase y le echo agua fría y también hielo y se enfriará más rápido—dijo con decisión. Así lo hizo, pero se enfrió mucho—Papá ahora está muy frío.


—Caliéntalo metiéndolo en agua caliente ahora, hasta que esté a una temperatura agradable y pronto, que esta princesa ya no quiere dejar de llorar—la niña estaba privada llorando, cuando revisó y estaba a temperatura normal, se la quitó a su padre, y le dio el biberón, la pequeña comió desesperada, casi atragantándose haciendo pequeños ruiditos con su legua, levantó su piecito derecho, tocándose sus pequeños dedos de los pies con sus manos.


Los dos hombres estaban hipnotizados viéndola, era enternecedora la escena, tan así que a ambos se le salieron las lágrimas.


—Ella siempre tendrá a su abuelo—dijo Donatto con lágrimas en sus ojos.


—Y a su padre también. ¿Verdad que mi bebé es adorable como su padre? —interrogó Marino a su papá.


—Es adorable como su tía Dara—dijo orgulloso Donatto.


—Claro que no, ella antes era adorable, ahora es una demonia, pregúntale a Martín—expresó Marino riendo.


—¿Ya no quieres a tu hermana? —interrogó su padre.


—La adoro, es el amor de mi vida, pero me cambió por Martín—pronunció con un dejo de molestia.


—Si mal no recuerdo, querías hacer de Cupido con ellos—afirmó su padre.


—Cierto, pero jamás imaginé que se la llevaría al otro lado del charco, muy lejos.


Justo en ese momento, Tara se había tomado todo el biberón y comenzó a llorar queriendo más.


—Ese biberón tenía ocho onzas, y ella quiere más ¡Qué bárbara mi pequeña! Es una tragona. ¿Dónde le cabe tanta comida?


Volvió a prepararle un tetero completo, pero esta vez lo hizo con mayor rapidez, porque sabía cómo tenía que hacer todo. La niña comenzó a tomárselo pero esta vez fue quedándose dormida.


—¿Por qué no te vas un tiempo con ellos para Paraguay? —interrogó su padre.


—Cuando mi hermana vaya a dar a luz, voy, mientras tengo unos proyectos en los cuales estoy trabajando.


—¿Quién iba a pensar que te volverías tan juicioso  luego de la partida de Martín? 


—Fue la única forma que encontré de apaciguar mi culpa, te juro que no quise hacerle daño, por eso quería que mi Dara y él se conocieran, te juro que si no hubiese sido así, Martín se hubiese encontrado con el hermano más celópata del mundo—fingió una sonrisa—Y ahora es mi hija quien paga por no haber tenido cuidado y tampoco haber sabido escoger  a una buena mujer.


—No es así, si  nada hubiese pasado entre Amarantha y tú, no tuvieras a esa belleza en tus brazos.


—Es verdad, es mi tesoro más preciado—pronunció besando su frente.


—¿No le vas a poner ropa? ¿La dejaras sólo en pañal? Se puede resfriar— indicó su padre.


—Le compré ropa,  pero se la lavé, no tengo que ponerle, voy a envolverla en una franela mía, para que la resguarde del frío.


—Le quedará gigante.


—Es mejor que nada—respondió Marino.


—Bueno hijo, me retiro. Cualquier cosa me llamas.


—Gracias papá por estar, en estos momentos—le dio un abrazo a su padre, se despidieron, llevó su beba a la habitación y la cubrió con su franela—Descansa mi pequeña, te prometo que lo peor ya ha pasado. Te amo—dijo besando su cabeza.


Así pasaron un par de semanas, se estaba adaptando al cuidado de su hija, había cambiado completamente su forma de vida, dejó de salir con mujeres y frecuentar sitios nocturnos, se dedicaba solo a trabajar y cuidar de Tara.  


Llegó a su departamento con su pequeña en brazos, ya estaba familiarizado con todo lo que comía su pequeña, leche, frutas, papillas, comportas, ya no se enredaba para cambiarla, ni para bañarla, aprovechaba a dormir cuando ella lo hacía.


Preparó la comida de la niña y la suya mientras ella estaba en el coche, se sentó a darle de comer, pero la pequeña no quería comer, desde que la buscó a la guardería no dejaba de llorar y estaba muy babosa.


—¿Qué te pasa pequeña? ¿Por qué no quieres comer? —se pasó la mano por la cabeza angustiado, sentía una presión en el estómago que lo atenazaba, produciéndole una desagradable sensación, tenía miedo de que su pequeña se enfermara.


La tomó en brazos y comenzó a cantarle, hasta que Tara se quedó dormida, al ver que su bebé no quiso comer, tampoco lo hizo él, la acostó en su cama, quedándose también dormido, pero un par de horas después, lo despertaron unos quejidos, se despertó, observó a su pequeña y al tocarla tenía fiebre, de inmediato se levantó y buscó un termómetro, le tomó la temperatura, su niña tenía 38,5º  de temperatura, inmediatamente buscó en internet, lo que podía hacer, la metió en agua templada en la bañera pero la temperatura no cedía, se la volvió a tomar y al ver que había aumentado, buscó una manta, una chaqueta de la bebé, y salió de su departamento, la colocó en la silla de bebé y partió con urgencia a un centro médico, era necesario, que su hija fuese atendida por un médico, saltándose varios semáforos, recorrió la distancia que los separaba del hospital mientras sentía en su pecho el miedo más grande que había percibido en su vida. Mientras rogaba que no le pasara nada a su pequeña.


"El miedo es la emoción más difícil de manejar. El dolor lloras, la rabia la gritas, pero el miedo te atrapa silenciosamente en tú corazón". David Fischman.


CAPÍTULO 2. NOTICIA DOLOROSA

 

Marino se estacionó y caminó al Centro Médico, pero mientras llegaba al área de emergencia la niña comenzó a convulsionar, cuando vio a su pequeña así, sintió el cruel abrazo del miedo, que con su desagradable aliento lo dejaba sin aire, corrió como nunca antes lo había hecho, como si la vida se le fuera en ello, entró a emergencias mientras pedía con desesperación que atendieran a Tara.

 

Una doctora lo vio, se le acercó mientras veía a la niña convulsionar y él le decía suplicante —¡Ayude a mi hija! no sé que tiene, su piel está demasiado caliente, al venir su temperatura era de 39º, pero creo que ha aumentado.

 

De inmediato la doctora tomó a la niña, la colocó en una camilla, recibiendo ayuda de una enfermera, de inmediato procedieron a examinarla y darle las atenciones requeridas para bajarle la fiebre. A Marino le hicieron llenar una ficha, donde dio todos los datos de su hija y los de él. 

 

Luego lo invitaron a  que esperara en una  sala contigua, no quiso sentarse sino que empezó a caminar de un lugar a otro, tomó su teléfono, se quedó viéndolo, entretanto pensaba a quien podía llamar para avisarle y que lo acompañara, mientras vivía ese tormento.

 

Abatido terminó sentándose y se tomó las manos entre su cabeza, no le importó el lugar y dejó que sus lágrimas brotaran, sus sollozos salieron de su boca como quejidos, tenía pavor de perder a Tara, y se sentía tan solo, no tenía  a nadie del cual recibiera consuelo, toda la vida había sido tan egoísta, tan mezquino, tan superficial, incluso utilizó mucha gente a conveniencia, comprando amores y amigos con su dinero, solo Martín había sido su amigo verdadero, y lo había traicionado ¿Y ahora de que le servía todo? Su pequeña estaba enfrentándose a esos duros momentos y no sabía qué hacer, sentía que su corazón se entumecía del profundo dolor que le quitaba el aliento.

 

Se volvió a levantar, se paró en la puerta de emergencias, apenas habían pasado como diez minutos, pero a él le parecieron horas, lo volvieron a mandar a salir, mientras caminaba, sonó su celular.

—Hijo, ¿Dónde estás? Estoy en la puerta de tu departamento, toco pero no abres —expresó su padre.

 

—Padre, estoy en el Hospital de Clínicas Pediátrico Privado de Napoli.

 

—¿Qué haces allí? ¿Qué ha pasado? —interrogó con preocupación.

 

—Tara tiene una fiebre alta y cuando la traía convulsionó. Estoy esperando, mientras la atienden  en emergencias.

 

—¡Voy para allá! —afirmó  Donatto.

 

Luego de treinta minutos su padre estaba a su lado,  justo en ese momento salió la doctora.  —Señor Russo, ya le administramos a Dara un medicamento antitérmico, le practicamos un análisis de sangre y una punción lumbar para obtener un líquido cefalorraquídeo, por ciertos síntomas que presenta como diarrea, vómito en escopetazo, pues así podremos determinar la causa de la fiebre, sin embargo, como medida de prevención iniciamos un tratamiento antibiótico intravenoso. Apenas tengamos los resultados, le daremos un diagnóstico preciso de lo que tiene la pequeña.

 

—¿Cuándo tendrán los resultados? —interrogó Marino con preocupación.

 

—En media hora más tardar, los tendremos—respondió la doctora.

 

Marino se quedó junto a su padre, estaba ansioso porque le informaran el estado de Tara, transcurrido el tiempo que le indicó la doctora, salió y le dio la noticia.

 

—Señor Russo, ya están los resultados de las pruebas practicadas a su hija,  ha sido un gran acierto de su parte que haya traído a la niña, apenas presentó los síntomas.  Tara tiene meningitis bacteriana.

El rostro de Marino era de absoluto desconcierto, no entendía lo que le estaba diciendo la galena, para él es como si le estuviesen hablando en un idioma desconocido.

—Discúlpeme, pero no entiendo ¿Qué significa eso?

 

—La meningitis es una enfermedad que consiste en la inflación de las meninges, las cuales son unas membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. En el caso que presenta Tara, esta infección es producida por una bacteria, conocida como neumococo, es una enfermedad que si no es tratada a tiempo  puede tener graves consecuencias—con cada palabra expresada por la doctora el rostro de Marino se ponía pálido y sentía que el oxigeno no llegaba a sus pulmones— pues si existieran complicaciones pudiera desencadenar en edemas cerebrales, hidrocefalia, trombosis, parálisis de los nervios craneales, crisis epilépticas, insuficiencia renal, incluso puede causar la muerte…

 

Casi sin aliento Marino interrumpió a la doctora y la interrogó en un tono de voz totalmente quebrado —¿Me está diciendo que en el mejor de los casos mi bebé va a quedar incapacitada y en el peor va a morir? —no dejó ni siquiera hablar a la doctora cuando pegó un grito de dolor e impotencia.

 

—¡Escúcheme! Señor Russo —le dijo tomándolo del brazo —¿Puede permitirme terminar de hablar y escucharme, por favor? —el movió afirmativamente la cabeza—como desconocía lo que era la enfermedad, le explique lo que era y las posibles consecuencias cuando el paciente no es atendido a tiempo y no le es administrado el tratamiento apropiado, pero como inicié comentándole, usted trajo su hija a tiempo, apenas iniciando los síntomas.

 

«Cuando ingresó comenzamos el suministro de antibiótico, todo esto juega a nuestro favor, lo que nos permite tener la esperanza que se va a recuperar satisfactoriamente sin secuelas. La alimentaremos e hidrataremos por vía intravenosa y por supuestos seguiremos con el tratamiento antibiótico.

 

—¿En cuánto tiempo sanará mi hija? —interrogó ya esperanzado.

 

—Es necesario ver cómo va respondiendo al antibiótico, pero el período puede ir de siete a veintiún días.

 

—¿Dígame? ¿Qué he hecho mal? Mejor no me responsa, creo que no he sabido cuidar a mi hija y por eso se enfermó, soy el peor padre del mundo—expresó angustiado.

 

—No, por favor, no se culpe, a veces esta infección puede desarrollarse por estar en contacto con secreciones que contienen las bacterias que provocan la meningitis, tal vez en la guardería. No se preocupe que haremos todo lo posible porque la pequeña Tara salga bien de toda esta situación. Vamos a pasarla a una habitación, para que usted pueda estar con ella.

 

Un par de horas después, Marino y su padre se encontraban en la habitación de la niña, había ido a su casa, se había bañado y buscado cosas para la bebé, ella se mantenía en la cuna mientras una aguja yacía en su bracito, a través de la cual le pasaban el tratamiento.  

 

Ellos se mantenían vigilantes, la enfermera había ido un par de veces durante la madrugada,  pero su niña se mantenía inerte, no realizaba ningún movimiento, preocupado le preguntó a la enfermera si eso era normal.

 

—Solo está dormida, no se preocupe estará bien.

 

Cuando amaneció, le dijo a su padre que se fuera a descansar, quedándose él con la niña, allí pasó todo el día sin moverse, ni siquiera había querido ir a comer, tanto los doctores y las enfermeras, le decían que fuese a comer, que descansara que ellos se encargarían de la niña, pero Marino no escuchaba razones, para él lo primordial era su niña y no estaba dispuesto a dejarla sola ni un solo momento.

 

En horas de la noche su padre llegó e intentó persuadirlo, pero Marino no quiso retirarse, por ello le llevó ropa para que se cambiara y comida para que se alimentara, pero se negó a comer, tenía la sensación que su estómago se había reducido.

—Marino, ¿Es que quieres morirte? ¿No sabes que debes alimentarte para que te mantengas sano, para que cuides a tu niña cuando se recupere?

 

En ese momento, llegó Tabata quien se había enterado del estado de su nieta y se había venido ese mismo día de Milán.

 

—¿Cómo está mi nieta?

 

—Están dándole el tratamiento, mañana en la tarde le harán otra punción lumbar para verificar que los antibióticos que le están suministrando estén actuando rápido.

 

—¿Ella no ha venido? —preguntó Tabata con tristeza refiriéndose a su hija.

 

—Tú hija cuando me la dejó, me dijo que no quería volver a verla y que no la molestara para nada que tuviera que ver con Tara—respondió Marino con enfado.

 

—Yo la he llamado, pero no he podido comunicarme con ella, tal vez si sabe que la niña está enferma, no creo que rechace a su pequeña, tal vez en ese momento tenía algún problema. Quizás…—en ese momento fui interrumpida por Marino.

 

—Se que tu instinto de madre te lleva a querer justificarla y creer en Amarantha, pero no vale la pena que la defiendas, tú hija es una desnaturalizada, insensible, que no ama a su hija, metete eso en tú cabeza.

 

En ese momento entró una llamada al celular de Marino, al atender era Dara, quien llamó desesperada.

 

—¿Qué pasó Marino? ¿Qué tiene mi niña? Mamá me dijo que estaba en el hospital de clínica infantil.

 

—Tiene meningitis bacteriana, lo bueno es que la traje a tiempo y pudieron iniciar el tratamiento de inmediato—respondió su hermano esperanzado.

 

—Voy a buscar boleto para viajar mañana para Nápoles, ustedes me necesitan, no pueden estar solos en este momento.

 

—Dara, no voy a permitir que vengas, tienes cuatro meses de embarazo, y tú tuviste una pérdida, no creo que sea conveniente que vengas, debes cuidar ese bebito que está creciendo en ti.

 

—No quiero dejarte pasando este momento solo, además yo amo a mi Tara, ella me necesita, por favor—dijo angustiada entretanto Martín la sostenía de espaldas a su pecho abrazándola, mientras las lágrimas corrían por los ojos de su esposa.

 

—No te angusties mi princesa, no quiero que sufras, te prometo mantenerte informada sobre el estado de la pequeña. Ya verás que todo estará bien.

 

Se despidieron y enseguida Marino dijo en voz alta —¿Cómo dos mujeres hijas de una misma madre, pueden ser tan distintas?

 

—Fácil—respondió su padre—Dara es mi hija y tiene un gran corazón, en cambio Amarantha tiene el corazón negro porque sacó los genes del maldito de su padre.

 

Tabata lo miró con enojo —¡Cállate! No te permito que hables mal de mi hija, ella solo está confundida.

 

—No serás que quieres defender al mal nacido de tu marido, eres una ilusa Tabata  ¿Crees que él cambiará? ¿Tienes veintidós años con él y aún piensas que va a cambiar? —le dijo con burla y enojo al mismo tiempo Donatto.

 

—Yo no vivo con él, yo estaba en Milán. Además que vas a decir tú si crees que la cruel de tu mujer con quien tienes veintiocho años de casado va a cambiar ¿Quién es el más iluso entre tú y yo? —respondió con molestia Tabata, mientras Marino los observaba como si se tratara de un juego de ping pong.

 

—¡A mi Catalina no me golpea!

 

—Pues te ha hecho cosas peores que los golpes, eso es lo único que te falta para ponerle la tapa al frasco.

 

—Y tú estás esperando que el maldito de Enrico te mate, solo por…—comenzó a decir Donatto pero Tabata lo interrumpió.

 

—No hables de lo que no sabes—expresó molesta Tabata.

 

—¿En serio? ¿Crees que no sé que te ha ido a buscar a Milán y que te has visto con él? —la interrogó furioso.

 

—¿Acaso me estás vigilando?—pero sin esperar respuesta continuo—Por lo menos yo lo hago porque necesito estar con mis hijos, ellos son adolescentes, me necesitan y una madre es capaz de hacer todo por sus hijos—respondió con fiereza.

 

—Pues eso se lo debiste enseñar a la zorra de tu hija—espetó furioso Donatto y ella lo abofeteó.

 

—¡Ya basta! No te metas con los míos. Déjate de hacerte el ofendido simulando que es por la actitud de Amarantha, cuando tu molestia, es porque me querías para amante y no te lo permití. Óyeme bien, nunca en mi vida volveré a enredarme contigo, porque si Enrico me golpea físicamente, tu lo haces psicológicamente.

 

«Lo siento Marino no puedo quedarme aquí mientras este señor permanezca en este lugar, por favor cuando se vaya me avisas.

 

Cuando volteó para salir—Donatto la tomó del brazo—quédate con tu nieta. Yo me voy para estar con mi esposa—expresó con sorna, mientras salía de la habitación.

 

Tabata tomó asiento silenciosamente en una de las sillas, porque hasta hacía un momento había estado de pie, pero su semblante era de tristeza, se estrujaba las manos una con otra posándolas en su regazo y  sus ojos húmedos, su rostro le recordó a Marino, al de su hermana Dara, la mujer despertó compasión en él.

 

—No le creas, mamá se fue de esa casa porque él la corrió, y esa señora es una insoportable, con tan poco instinto maternal como tú hija Amarantha—ella lo miró extraña pero él  continuó hablando—lo siento pero es la verdad.

 

—Tienes mal aspecto. ¿Has comido? —le preguntó Tabata cambiando el tema, él movió negativamente la cabeza—ve a hacerlo, te prometo no me moveré de su lado.

 

Marino dudó pero al final, le hizo caso y fue a comer, después de hacerlo regresó. Le dejó la cama a Tabata para que descansara pero ella se negó, le dijo que ella se quedaría en vela, mientras él descansaba, pues necesitaría energía para afrontar el día siguiente.

 

Durante ese día y el siguiente Tabata no se movió. Llegó la tarde y le practicaron la prueba nuevamente a la niña, pero les informaron que los resultados podrían demorar hasta cuarenta y ocho horas, porque esta vez era necesario detectar si había crecimiento de las bacterias.  

Después de Cuarenta y ocho horas, se encontraba Marino solo en la habitación de su pequeña, cuando llegó la doctora con los resultados, apenas la vio, él se levantó de su asiento, preguntando mientras su corazón palpitaba descontroladamente, y un sudor frío y desagradable recorría su cuerpo—¿Qué arrojaron los resultados doctora?



“A menudo en lo más oscuros cielos es donde vemos las estrellas más brillantes”. Richard Evans.

 


CAPÍTULO 3. PERDIDA INESPERADA


Marino sentía que su corazón palpitaba aceleradamente, estaba a la expectativa, ansioso de que la doctora le diera los resultados, sin embargo, ella permanecía en silencio y él no aguantaba esa terrible angustia que lo consumía.


—Doctora, Dígame—repitió—¿Qué arrojaron los resultados?, por favor—indagó angustiado, no obstante, segundos después pudo visualizar la espectacular sonrisa que se dibujo en el rostro de la doctora y las esperanzas volvieron a su cuerpo.


—El tratamiento está dando buenos resultados, las bacterias está siendo combatida, y Tara, está mejorando satisfactoriamente—pronunció la galena.


Sin siquiera pensar lo que estaba haciendo, cargó a la doctora  y le dio varias vueltas, ella se sonrío y él se sintió apenado por lo que estaba haciendo —Disculpe, es que me sentí emocionado por la noticia—expresó dejándola en el piso, pero sin poder ocultar su alegría. Se despidió de la doctora y se acercó a la cuna de su bebé ya tenía cinco días de tratamiento y se veía mejor.


Su niña abrió los ojos y por primera vez escuchó las palabras de su pequeña para él, lo cual lo hizo sentirse un poco más feliz de lo que estaba, si eso era posible —Pa…pá…pa.


—¡Oh! Dijiste papá mi pequeña Tara. Claro que aquí está papá, quien te ama profundamente y no hay nada ni nadie en el mundo  a quien ame más que a ti mi princesa.


Así fue transcurriendo el tiempo, luego de cumplirse doce días desde el ingreso de Tara, fue dada de alta, su niña estaba completamente sana y lo que lo hacía más feliz es que su princesa no quedó con ninguna secuela, fueron muchas horas de desvelos, de angustia, de tristeza, pero ya esos momentos habían sido superado, con el apoyo de su padre y de Tabata, quienen nunca los dejaron solos. 


Varias de las personas que se acercaron a la habitación de Tara, se sorprendieron, por no ver a la madre de la niña y no tuvieron cuidado en hacérselo saber, incluso algunos pensaron que era viudo y para no dar mayores explicaciones, prefirió mantenerlos en ese error.


Cuando dieron de alta a la bebé, salió emocionado con su niña en brazos, despidiéndose de los doctores, enfermeras, camareros y demás personal que la atendieron, tomó sus cosas y las llevó al auto. Salió del estacionamiento, pero cuando llevaba unos minutos de recorrido su hija comenzó a llorar, de inmediato preocupado, por lo que había pasado hacía unos días, se aparcó a la orilla de la vía y bajó hasta donde estaba su niña, al revisarla se dio cuenta que se había hecho.


—Pequeña granujita, ¿Esperaste que saliéramos para hacerme ese desagradable regalito?—le dijo sonriente—no puedo cambiarte en el auto, vamos para ese centro comercial que está allí cerca, allí entramos al baño,te limpio y te lavo. ¿Estás de acuerdo?— La pequeña le sonrió con sus dos pequeños dientes y soltó un pequeño grito, lo que le derritió el corazón, era lo más hermoso que había visto en su vida.


Sin pérdida de tiempo llegó al Centro Comercial, tomó la pañalera y caminó a los baños, observó habían dos sanitarios, el de caballeros y el de damas. Se acercó al baño de hombres pero no tenía cambiadores, por ello se dirigió al de damas y allí si había, colocó el bolso en un lado, sacó el cambiador plástico de la bebé y acostó a su niña encima. Apenas había comenzado a cambiarla, cuando llegó una señora molesta.


—¿Qué hace en el baño de damas? ¡Usted no puede estar aquí! —exclamó con enojo la mujer.


—Creo que es evidente lo que estoy haciendo, estoy cambiando a mi hija—respondió con tranquilidad.


—¡Pues no puede hacerlo aquí! —pronunció encolerizada la mujer—¡Váyase al baño masculino!


—Señora el sanitario de hombres no tiene cambiadores, por eso estoy aquí, así que deje la histeria—le respondió irritado Marino.


—Pues debería ser su esposa quien cambié a la niña, no tiene porque hacerlo usted, y más cuando eso significa entrar al baño de damas—siguió la mujer molesta, incluso lo amenazó y salió en la búsqueda de un agente de seguridad para hacerlo salir, momento después regresó rabiando.


—Debe sacarlo, no puede estar aquí—afirmó la mujer.


El agente de seguridad le pidió apenado—Señor debe salir de aquí.


—Usted no ve que estoy cambiando a mi hija, ¡Es tan difícil entender!—dijo molesto Marino—si no quieren que un hombre ingrese a los baños de damas a cambiar a su hija, pongan cambiadores en los sanitarios de los hombres.


—Es que eso no es responsabilidad de los hombres sino de las mujeres—expresó la mujer con convicción.


—¿En serio? ¿Le parece que no es responsabilidad de los hombres? Usted me da lástima señora, porque no ha contado con hombres responsables en su vida. El atender a los hijos no es un deber exclusivo de la mujer, es una tarea compartida. Me imagino que si tiene hijos varones, los está formando, egoístas, incapaces de asumir sus obligaciones—Ya había cambiado a la niña pero se paró en la puerta del baño a discutir mientras la gente se aglomeraba.


«Y así se atreven a quejarse de la discriminación de las cuales son objeto por ser mujeres, del machismo, cuando ustedes son las primeras que lo instauran y quienes son las primeras que deben dar el ejemplo, ¿Quiénes  crían a los hombres? ¿Quiénes son los responsables de formar sólidos principios en nosotros? 


»Lo que sucede es que muchas tienen doble rasero, si tienen varones los enseñan a que puede tener varias novias, a que no tienen porque ayudar en el hogar pues eso es cosa de las féminas, incluso los instruyen a ser dominantes y a que no se dejen “gobernar por sus parejas” —indicó haciendo gestos con sus manos en señal de comillas— pero si tienen mujeres, allí si no quieren que tengan dos novios, y desean que se consigan hombres que compartan las responsabilidad del hogar con ella, y que ellas puedan dominarlos, cuando han mal formado a la mayoría. Entonces después no se quejen cuando sean objeto de maltratos—estaba rabioso, por la escena que le había hecho la mujer.


»Si quieren que la sociedad cambie, empiecen por cambiar ustedes mismas de mentalidad, no se sorprendan cuando un hombre cargue o atienda a sus hijos o realice actividades en su casa, porque eso no es una hazaña, ni ninguna ayuda que prestan a su esposa, es su obligación y así deben mostrarlo—concluyó caminando hacia la salida, mientras muchos de los presentes que escucharon la discusión empezaron a aplaudirlo, pero lo que más lo llenó  de satisfacción, fue que su pequeñina también lo estaba aplaudiendo, claro imitando lo que vio hacer a los otros.


Caminó hacia su auto pensativo, se sonrió, porque tal vez si le hubiesen preguntado un mes y medio antes lo que pensaba del tema, tal vez hubiese opinado como la horrible señora que se encontró en el baño.


Porque bueno, debía reconocer que en el pasado no se había comportado muy bien con las mujeres que llegaban a su vida, a excepción de su hermana por supuesto, pero es que también había algo muy particular y es que las féminas en su vida, tampoco se daban a respetar, y eso influye en la forma de tratarlas, eso representa un alto porcentaje en la ecuación, es necesario que ellas se den su puesto y sepan el valor que tienen y aunque su padre siempre ha sido un caballero, él tuvo una dualidad de discursos, porque su madre lo incitaba a lo contrario que le enseñaba su padre, aún cuando ella tenía a su lado un hombre excepcional, fue una situación realmente contradictoria.


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TRES MESES ANTES DEL REENCUENTRO


Karina cabalgaba camino a la casa, recién había llegado de recoger un ganado junto con los otros, ella no se ponía límites, le gustaba mostrar su dureza,  desde lo que le pasó con el padre de su hija, aprendió a sacar su fuerte carácter, entendió que en esta vida había que hacerse duro e imbatible para no sufrir daño.


Había llegado a “La Italianera”, para acompañar a su hermano por un tiempo, quien había acudido para ayudar a Martín a levantar el fundo, luego de que ellos hubiesen perdido su fundo ubicado en Félix Cardozo, pero luego les gustó el lugar y su amigo les ofreció trabajo, estaban bien remunerados, y les habían suministrado hospedaje y ellos podían ayudar al resto de la familia. Además Martín, había mandado a construir una nueva casa principal, para dejárle esa a ellos.


Sin embargo, su mayor aspiración, era poder adquirir sus propias tierras, de hecho ahorraba todo el dinero que podía para poder comprar unas tierras colidantes con el fundo de Martín, ese era su deseo más anhelado, y para ello estaba tratando de convencer a su hermano para comprarlos juntos, porque tal vez sola nunca lo lograría. 


Hacía un par de días, le hizo saber a Martín y a Dara cuáles eran sus intenciones porque no le gustaba hacer cosas a espaldas de la gente que los había apoyado, pero ellos no querían que se fueran, de hecho habían ofrecido a que en sociedad compraran el fundo vecino para trabajarlo y ella  lo estaba pensando.


Se quitó el sombrero, estaba sudado producto del inclemente sol y de la dura faena que había tenido, al llegar su niña estaba sentada en el corredor con Dara, mientras esta la ponía a pintar y a hacer manualidades, su amiga ya tenía un prominente vientre, dentro de tres  meses daría a luz a su bebé y eso tenía a la pequeña Katherine emocionada, a tal punto que la pequeña decía que ese bebé sería suyo.


Se fue a la caballeriza para resguardar su hermosa Yegua, Luna Creciente se llamaba, un hermoso animal de color marrón con una mancha blanca en forma de luna en esa fase en su frente, quitó la silla de montar y luego comenzó a peinar el pelaje. Primero con un cepillo de raíces fue desenredando sus pelos, después con un cepillo de dientes anchos retiró los restos de hierba y de barro y por último con un cepillo de crin peinó su cabeza y las piernas. Revisó sus cascos y los limpió, luego lo alimentó con bloques de sal. 


Una vez atendida a la yegua, comenzó a ordenar el heno, y los recuerdos del pasado comenzaron a fluir en su mente, sacudió su cabeza tratando de escapar de ellos, pero fue inevitable, cada momento llegó como si de una película se tratara.


Cuando descubrió que Ricardo era un hombre casado y percibió no solo su rechazo a ella, sino también a su hijo, se fue a casa de su familia ubicada en Lomas de Campamento, no quiso tomar ningún transporte, prefirió caminar mientras sentía la profunda tristeza que la embargaba, pensaba ¿Cómo pudo haberse equivocado de esa manera? Jamás pensó que su novio le ocultaría algo así, ni la mínima sospecha tuvo de que su comportamiento no era sincero.


Después de una hora y media caminando mientras  meditaba en su situación, llegó a la vivienda de su familia, una casa con fachada colonial, cerca de tejido y portón de hierro, al entrar a la sala su madre la estaba esperando, al verla llorando fue a su encuentro y la abrazó.


—¡¿Qué te pasó?! —exclamó asustada mientras Karina se deshacía en lamento.


—Lo s-siento mami—hizo una pausa mientras lloraba—no pensé que esto me pasaría, lamento tanto decepcionarte—explicó con voz entrecortada.


—¿Por qué dices eso mi niña? Tú nunca me decepcionarías—pronunció con amor su madre.


—Yo no sabía que Ricardo era casado—comenzó a hablar sin dejar de llorar—y luego de ir al médico lo fui a buscar para darle la noticia de que estaba embarazada y me encontré con su esposa y me dijo que no quería a este bebé, me envió a abortarlo, ahora no sé qué hacer, tengo mucho miedo—habló con un gran lamento.


Su mamá aunque se sorprendió con la noticia, no quiso agobiarla, la acercó a ella mientras acariciaba su cabeza —¿Qué vas a hacer? Tener a mi nieto, acá estará tu familia para apoyarte, tu padre y tus hermanos siempre estaremos para ti, los Ovelar Cáceres, nunca nos abandonamos, nos amamos y por ese amor nos apoyamos y no tienes nada que temer.


Así fueron pasando los meses, ni sus padres ni sus hermanos  le cuestionaron a Karina lo que había sucedido, le dieron todo su apoyo, a tal punto que quería ponerse a trabajar pero no se lo permitieron, por lo cual solo se dedicaba a mantener impecable la casa, sembrar y cosechar en la huerta, batatas, tomate, cebollita perejil, Kuratu (cilantro) y atender unas decenas de gallinas.


Ya contaba con seis meses de embarazo, sin embargo, no dejaba de trabajar, tenía que estar siempre en constante movimiento para que el dolor no lo abrumara, aunque estaba claro que Ricardo había sido un mal hombre, en el fondo mantenía una pequeña esperanza que él se arrepintiera y regresara por lo menos a reconocer su hijo. 


Estaba recogiendo unas batatas, cuando llegó Kelia, su hermana mayor que ella por dos años, venía a buscarlos, para que todos fueran a pasar unos días en unas tierras de su familia ubicadas  en la ciudad de Félix Cardozo, en el Departamento de Villarrica.


Todos se alistaron emocionados, porque les agradaba pasar sus días en esa región, sobretodo porque desde pequeños habían  vivido más tiempo en el campo que en la ciudad, tenían cabras, cerdos, gallinas, cincuenta cabezas de ganado, cuatro caballos y se entretenían en la tranquilidad y belleza que les ofrecía, jamás imaginaron que una grave tragedia se cerniría sobre sus vidas.


Llegaron y ella siguió su rutina, recogiendo los huevos de las gallinas, ayudando en la cocina, incluso decidió junto con su mamá sembrar una porción de tierra que habían preparado en la parte posterior de la cocina, se encontraban conversando animadamente, mientras Karina de rodillas iba sembrado las semillas de diferentes rubros,  cuando de repente escuchó un golpe, se volteó y sintió su corazón detenerse, cuando vio a su madre desplomada en el suelo.


Comenzó a gritar como loca llamándola, —¡Mamá! ¡Mamá! —Gritaba angustiada, mientras se levantaba del suelo con dificultad y se acercaba a su madre—Por favor ¡Ayuda! Es mamá, ¡Auxilio! —vociferaba con voz desgarrada por el dolor, tocaba el rostro de su madre, tocando su mejilla —Mamita, ¿Qué tienes mamita? Por favor reacciona, mami abre los ojos—expresaba mientras sus ojos se llenaban de lágrimas que poco a poco iban nublando su vista.


“No debes perder nunca la esperanza por difícil que sea la situación. Las grandes tormentas nos hacen fuertes y jamás durarán para siempre”.  Roy T. Bennett./



CAPÍTULO 4. RECUERDOS Y REENCUENTRO


Karina sentía como si alguien hubiese tomado su corazón y lo hubiese estrujado hasta machacarlo con sus manos, intentó tomarle el pulso a su madre, pero no había nada, colocó su oído en su pecho, tratando de encontrar indicios de vida, pero solo había un ruidoso silencio que casi la dejaba sin sentido, su garganta la sentía cerrada y su corazón estaba a punto de paralizarse por el sufrimiento tan grande que se instaló en su ser, se negaba a aceptar esa realidad, no podía haber perdido a su mamá.


—¡Mamita! ¡Madre amada! Por favor, abre los ojos—gritaba mientras con sus dedos trataba de abrirle los ojos a su madre—¡No te duermas! abre los ojos, tienes que terminar de sembrar las semillas en el huerto mamita, ya casi estamos terminando, ya sembré los tomatitos que tú me dijiste. ¡Mamá! —gritó totalmente fuera de sí.


En ese momento llegó su hermano Osmar que había escuchado los gritos y su hermana—¿Qué pasó? —interrogaron con preocupación mientras veían a su madre desplomada en el suelo y a Karina encima de ella llorando tratando de despertarla.


—Se quedó dormida, ayúdenme a levantarla—dijo llorando nerviosa, con un gesto alterado.


Cuando Osmar tocó a su madre y revisó los signos vitales, se dio cuenta que su madre había muerto. Con su rostro desencajado se dirigió a sus hermanas, sobre todo a Karina.


—¡Lo siento! Mamá ya no respira, ella está…—pero no pudo terminar la frase porque enseguida las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, mientras los primeros sollozos empezaron a surgir de su garganta.


Karina lo escuchó y comenzó a decir totalmente desquiciada —¡No! ¡Quítate! Mamá si respira, solo está descansando porque se agotó sembrando las semillas de verduras—decía mientras daba pequeñas palmadas en el rostro de su madre para hacerla despertar, pero al ver que no reaccionaba sus sollozos fueron en creciendo y su cuerpo empezó a sacudirse productos de los espasmos que le producía el llanto.


Cuando Osmar y Kelia, la vieron en ese estado, intentaron a apartarla pero ella se negaba a retirarse de encima de su madre. Hasta que su hermano tuvo que gritarle.


—¡Ya Karina! ¡Basta! Ella no está durmiendo, ¡Está muerta! ¡Mamá está muerta!—exclamó su hermano mientras la veía a los ojos, al escucharlo Karina empezó a gritar tan fuerte que su voz enronqueció, la escena cuando entró su padre era totalmente desgarradora, sobre todo al escuchar el llanto de su hija.


—¿Por qué me dejas mamá?  ¿Qué haré sin ti? Me enseñaste todo lo que sé, pero te faltó enseñarme como hago para vivir sin ti. Dime ¿Cómo podré vivir sin tus caricias, sin tus consejos, sin tu ternura, sin tu capacidad de saber todo lo que me pasa mucho antes que yo misma me de cuente? Y sobretodo mamá ¿Cómo voy a vivir sin tu amor? —se tiró al piso al lado de su madre, colocándose en posición fetal sin apartarse de ella, lloró sintiendo que su mundo se derrumbaba con ella y que la vida nunca más tendría sentido.


Karina pasó su mano por el rostro secándose el torrente de lágrimas que habían surgido de sus ojos, vio que había transcurrido el tiempo, entretanto ella estaba sumergida en los recuerdos del pasado y no había logrado arreglar las pacas de heno, intentó colocar uno en la pila que estaba formando, pero quedó mal apilada y se cayó. 


En vez de acomodarlas, se sintió tan cansada aunque más que física, emocionalmente, que prefirió sentarse en la paca, cruzó sus piernas, tomando la posición del Loto y se tiró hacia atrás cerrando los ojos, mientras pensaba que después de la muerte de su madre nunca nada había sido igual.


Esa tragedia marcó sus vidas, su madre murió de un infarto fulminante, y ellos quedaron tan profundamente heridos, que evitaron lo más posible volver al campo, luego hubo una inundación donde perdieron a la mayoría de sus animales, las malas noticias se cernieron sobre ellos, su padre también enfermó aunque logró recuperarse con prontitud.


Meses después, ella dio a luz a su princesa Katherine, recibió el apoyo de su familia y nuevamente destellos de esperanzas surgieron en su interior, aunque no solo en ella sino también en sus hermanos e incluso en su padre, eso abrió un impulso para volver a empezar.


Su hermano siguió trabajando las tierras de su familia, pero sentía que no era lo mismo, el lugar estaba lleno de recuerdos, sin embargo, no se dio por vencido. Pero meses después, su padre volvió a enamorarse, ellos en un principio se opusieron a su relación porque consideraban que era una traición a su madre, pues aún ella no había cumplido un año de muerta y su papá la había sustituido, pero  luego él terminó convenciéndolos, que no podía quedarse sólo porque la tristeza de no tener a su madre terminaría matándolo.


Las palabras de su padre y el miedo de perderlo los hizo ceder, lo que no se esperaban, era que una vez que su madrastra logró el objetivo de casarse con su padre, hizo lo imposible por alejarlo de ellos, siempre estaba en plan de víctima, para lograr enfrentarlos a su padre, a tal punto que logró convencerlo para que vendiera las tierras, como él tenía el 62,5% de la propiedad y ellos no tenían para comprar su parte, se vieron obligados a vender y cada uno buscó encontrar una nueva vida, ella se fue a trabajar con su hermano en un fundo por un tiempo, donde aprendió muchas faenas del campo, su hermana se mudó cercano a ellos, porque no quería alejarse de Katherine, a su padre lo visitaban de vez en cuando, aunque siempre lo llamaban, pero al parecer después de la muerte de su madre, la familia no volvió a hacer lo mismo.


Su hermana se enamoró, se casó y se fue nuevamente a la capital, allí fue cuando surgió la propuesta para Osmar de venir a Boquerón para ayudar a Martín y la convidó, ella como no sabía que iba a encontrarse, dejó a su hija con su hermana Kelia, hasta que luego de estar allí Martín le propuso que trabajara con él y ella aceptó, porque ya no se sentía arraigada a ningún sitio, se sentía desamparada, sin rumbo, tenía la impresión de que hubiese perdido la brújula de su vida, y aunque solo tenía veintidós años, ya no era una niña, tenía que empezar a hacer las cosas bien porque no era sola, tenía a una pequeña a su cargo, quien confiaba plenamente en ella, por eso quería trabajar lo más que pudiera para comprar sus propias tierras y tener que ofrecerle a su hija, pero sabía que eso no era tarea fácil, aunque tampoco imposible.


Allí en “La Italianera”, se sentía bien, tanto Martín y Dara, eran buenas personas, los trataban como familia, respetaban su trabajo e incluso desde que ellos llegaron, Martín les dio a su hermano y a ella autoridad frente a los demás, el único momento donde se había sentido incómoda fue cuando vino el hermano de Dara, Marino, era un hombre tan odioso, creído, el típico hijo de papi y mami que le gustaba que todo se hiciera a su modo y que sentía placer al humillar a los demás para sentirse superior, lo detestaba con toda su alma, era todo lo que más despreciaba en un hombre, alguien que nunca se había ganado lo que se llevaba a la boca, era un imbécil, pensando en él, se puso tan furiosa que sin darse cuenta terminó de apilar los henos.


—¡Vaya! Después de todo para algo sirve pensar ese imbécil—expresó en voz alta.


Y pensar que al parecer el tal Marino, era la adoración de Dara, a tal punto que estaba deseando que llegara su momento de dar a luz para ver a su atorrante hermano. Se recordó lo triste que estaba su amiga hacía unas semanas atrás, porque el imbécil estaba enfermo o tenía a alguien enfermo, pero al decir verdad, no quiso prestarle atención al tema, porque no soportaba que le hablaran de él, la piel se le erizaba pero de la repulsión que le provocaba, el solo hecho de que se lo nombraran, se le revolvía el estómago y le daba un desagradable sensación. Ya se inventaría algo para no estar presente, durante su estadía.


Observó que todo había quedado bien ordenado, y salió a la casa para bañarse, comer y después a acostarse abrazando a su pequeña, para ella ese era el momento más placentero del día.


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Pasaron los meses, la pequeña Tara se había recuperado totalmente, él se concentró en su empresa pero en mayor grado a su niña, sus contactos sociales, se limitaban a los padres de los otros niños de la guardería y amistades que hacía cuando llevaba a la niña a parques, zoológicos, a las fiestas de cumpleaños que ofrecían los padres de los compañeros de Guardería.


Había recibido visitas periódicas de la señora Tabata quien se había regresado a Nápoles y al parecer había vuelto con el padre de sus hijos, no entendía porque ella permitía que la manipularan y controlaran de esa manera, pero aunque intentó conversar un par de veces con ella sobre el tema, siempre se terminaba cohibiendo y concluía que ese no era su problema, que cada quien decidía el camino que quería recorrer.


En cuanto a su padre había vuelto con su madre, y por eso ella se había acercado varias veces a su casa a visitarlo, aunque sinceramente él prefería que no lo hiciera, porque aunque ella trataba de disimular su animadversión en contra de su hija frente a su padre, se daba cuenta perfectamente de su fingimiento y si algo lo sacaba de sus casillas, descontrolándolo totalmente es que se metieran con su hija, para él Tara era lo más sagrado, nunca pensó que sentiría un amor tan inmenso por alguien que no fuera Dara y su padre.


En ese momento estaban en el parque Capidemonte, ubicado en la zona del mismo nombre con un área de ciento veinticuatro hectáreas, donde se encontraban celebrando el primer cumpleaño de Tara, y aunque todos le habían dicho que lo mejor para celebrar una fiesta en un parque, era vestirla con un pantalón y ropa deportiva, porque se iba a ensuciar y arrastrar por el suelo, no quiso prestarles atención, le puso un vestido largo color lila, parecía una princesa, para él ella era su reina, su vida, su impulso, su fortaleza, su alegría, y no le importaba que se arrastrara con ese vestido, para eso se lo había comprado y si embarrarlo la hacía feliz, para él estaba bien.


Contrató payasos, pinta caritas, inflables, había dulces para los niños, torta, refrescos, saladitos, salchichas, pizzas, cremas y una gran cantidad de pasapalos, junto con Tabata contrataron una empresa de decoración y una de catering, quienes se habían encargado de todo lo relacionado a la fiesta. Se sentó en una de las sillas mientras la pequeña Tara correteaba.


A los diez meses había aprendido a caminar, eso había sido otro de los momentos emocionantes de su vida, es que cada instante que vivía con su hija siempre era mejor que el anterior. Se sonrió mientras veía como se sentaba en el suelo para jugar con una de las muñecas que le habían dado de regalo. Tomó su teléfono, lo observó por un momento, rogando en silencio para que Amarantha se recordara que ese día era el cumpleaños de su pequeña, pero esa llamada nunca llegó, aunque si la llamaron Dara y Martín, compartieron una video llamada, eso de cierta manera le dio paz en su corazón, porque el amaba profundamente a ese par, aparte de familia, eran los únicos amigos que tenía y estaba ansioso de volver a verlos.


DOS MESES DESPUÉS


Ya había arreglado las maletas y demás cosas de Tara, repasó mentalmente, sus medicamentos, su manta, ropa y juguetes preferidos, sus almohadas, agua, bebidas, comida, dulces, los termos uno con agua natural y otro con hielo, porque la pequeña no tomaba agua sino era helada. 


Se colocó el canguro y metió a su pequeña mientras en un carrito de maletero subía las maletas, de él solo llevaba una pero tres eran de su hija, tenían pensado quedarse solo un mes, aunque su hermana y su cuñado querían que se quedara con ellos en “La Italianera”, el fundo ubicado aproximadamente a cincuenta kilómetros Filadelfia.


Llegó al aeropuerto, se encontró a su padre quien iba a ver el nacimiento de su segundo nieto, viajarían primero a Milán, para de allí partir con los demás, los abuelos de Dara, Tabata que había regresado allá luego de haberse vuelto a separar de Enrico, después de una trifulca pero ese era un tema para contar en otro momento, los señores Landaeta Fernández, padres de Martín y dos de sus hermanos. Estaba un poco nervioso por el recibimiento que iba recibir de esa familia, pues después de lo que había pasado con Amarantha, la señora María Martha, no le tenía el aprecio que antaño había sentido por él.


Aterrizaron en Milán, iban a quedarse en un hotel pero el señor Martino no lo permitió, los invitó a quedarse en su casa. Al día siguiente salieron a La Asunción, después de un recorrido de trece horas arribaron a su destino, la niña había estado fastidiada, lloró mucho al principio del trayecto, pero después Martina, la tomó entre sus brazos y comenzó a cantarle, hasta que se calmó.


Él las observó y con tristeza expresó —Mi mayor miedo es que yo no esté siendo suficiente para ella.


—No digas eso, ella te ama, quizás es que quiere experimentar otros brazos—dijo Martina sonriente.


Después de allí todo fue más fácil, al llegar a La Asunción, los estaba esperando Martín, quien ya había realizado las reservas del hotel, los saludó a todos emocionados, incluso a él.


—Cuñado—mencionó y después le dio un abrazo a Marino, para luego tomar a Tara—¡Wow! Hola mi casi hija ¡Estás bellísima!  como no va a estarlo, si es igualita a la mujer más bella del mundo—todos se quedaron viéndolo con una sonrisa—¿Me van a negar que mi esposa es la mujer más bella del mundo?


—Totalmente de acuerdo contigo—expresó Donatto—su belleza la heredó de mí—confesó creído.


—Y de mí—dijo Marino, mientras Tabata volteaba los ojos sin decir palabras.


Al día siguiente, salieron a las tres de la mañana para “La Italianera”, eran aproximadamente de seis a siete horas de recorrido. Cuando iban solo a menos de veinticinco kilómetros para llegar a su destino, Martín paró la vans, todos se sorprendieron, pero se dieron cuenta del jeep que se había detenido al otro lado, ellos dieron la vuelta y su cuñado bajó.


Mientras tanto, todos se quedaron en la camioneta, Marino venía conversando con Martina en el primer asiento, y la niña brincando en sus piernas,  justo en ese momento ambos se habían reído de un chiste que había contado ella, cuando apareció en la puerta Karina, si las miradas fueran proyectiles, lo más probable es que Marino en ese momento sería un cadáver.


—Buen día, Martín mandó a buscar a la mamá de Dara, porque ella va en el jeep camino a la clínica porque tiene dolores de parto—enseguida todos empezaron con una algarabía, sobre todos las señoras, Tabata decía que debía ir ella, y Greta decía que ella  iría porque Dara era su hija, hasta que al final bajaron las dos y la señora María Martha que dijo, que no iba a perderse ningún momento desde que su primer nieto o nieta vislumbrara la vida. Al final las tres se fueronal jeep.


Karina lo observó con rabia, Martina se dio cuenta y lanzó una carcajada —¿Qué le hiciste a esa mujer que te mira con tanto odio?


—Nada, es una estúpida que se cree la mandamás en la casa de nuestros hermanos—aun no acababa de hablar, cuando Karina se sentó en el asiento del chofer y con toda la intención, rodó el asiento para atrás con tal inclinación que golpeó fuertemente las rodillas de Marino  que estaba sentado al lado de la ventana, ante la mirada sorprendida de todos.


Él lanzó una exclamación de dolor —¡¿Eres torpe?! ¿No te das cuenta que mi rodilla está allí y me la estás lastimando? —preguntó furioso.


—Entonces recógelas para que no estorben o sienta a tu mujer del lado de la ventana para que no te fastidie mi asiento o es que tu cerebro no te permite procesar más de dos ideas—espetó con una molestia, que al decir verdad desconocía que la había provocado. Pero es que la mera presencia de ese hombre desencadenaba lo peor de ella.


—Aquí la única que al parecer no tiene ninguna capacidad cerebral ¡Eres tú! ¡¿Quién te crees?! —exclamó furioso, la rabia corría por su cuerpo como el agua de un río fluyendo, y no sabía porque le sucedía eso, si hacía tiempo que él tenía controlado su carácter.


“No es correcto dejar que nos domine el enfado, porque este solo sembrará  semillas de futuro sufrimiento”. Gueshe Kelsang Gyatso.


CAPÍTULO 5. RETOS


Marino estaba demasiado furioso, sentía en su interior una especie de olla de agua puesta sobre la estufa en estado de ebullición, Martina observó su rostro y colocó una pierna en su rodilla buscando una forma de hacerlo calmar pero sus esfuerzos fueron infructuosos, cuando siguió belicosamente enfrentándose a Karina.


—¡¿Cuál es tu problema?! ¿Te sacó de contexto encontrarte con personas y no con animales, donde encuentras tu hábitat natural? — le dijo en tono burlón pero a la vez con enojo contenido.


—Pues cuando encuentro personas como tú, tan pegadas de sí mismos y creyéndose la última gota de agua en el desierto, me doy cuenta de porque prefiero a los animales, por lo menos ellos no abren la boca para decir sandeces—Y aunque ya había arrancado la  Vans, volvió a tirar el siento para atrás, volviéndole a golpear las piernas y esbozando una risa del placer que le producía hacerle daño.


Al sentir el golpe en sus piernas, Marino se enojó más y exclamó una maldición —¡Maldita seas! Eres tan irracional como tus animales.


Donatto lo escuchó  e intervino —¿Qué te pasa Marino? ¿Por qué tratas a la chica así? ¡Qué vergüenza me das!  ¿Acaso no te he enseñado como debe tratar una dama?


—¡¿Dama?! —exclamó furioso— ella es todo menos una dama, ¿No se dieron cuentan cómo me ha golpeado en dos oportunidades las piernas? La primera vez pensé que fue accidentar, pero hace un momento he podido comprobar que lo ha hecho a propósito, claro, le siguen doliendo las palabras que le dije la vez pasada, que jamás me fijaré en una chica como ella —pronunció despectivamente mirando por el retrovisor del auto.


—Por favor, ni en mis peores pesadillas me gustaría que un tipo como tú fijara los ojos en mí, tengo momentos malos pero no malos gustos, compadezco a tu esposa, que seguramente es la que debe salir corriendo a salvarte cuando vez un insecto—dijo con burla.

Marino se dio cuenta que ella pensaba que Martina era su esposa, y no pensaba sacarla de su error—Para tu información la mujer que amo y yo no tenemos insectos en nuestra casa, no soporto que ningún bicho o bicha desagradable y repulsivo irrumpa en nuestro nidito de amor—expresó en una media sonrisa, mientras sentía que la rabia se disipaba al hacer referencia a su pequeña, observó a Martina guiñándole un ojo sin dejar de sonreír en señal de complicidad, mientras ella soltaba un gran carcajada—¿Verdad amor? —interrogó mirando a su pequeña quien lo miraba con el ceño fruncido. Al ver a su hija, el enojo cedió completamente.


Karina escuchó  sus palabras que estaban llenas de amor, pero lo que la descolocó fue verlo por el retrovisor, la mirada que él le dio a ella, y sintió su sangre hirviendo del enojo y para su mayor malestar, no sabía porque eso la irritaba, a ella que le importaba si el idiota ese estaba casado o no y que amara a la estúpida que lo veía sonriente embobada.  Debía que reconocer que era hermosa, vestía elegantemente, hermosamente maquillada con su largo cabello negro cayendo sobre su hombros, claro así es que le gustaban las mujeres, al jejapo ese.


Intentó ignorar al par que estaba sentado en el asiento, pero no podía quitar su mirada de ellos, la irritaba como cuchicheaban, se sonreían y se miraban, en una de esa distracción, se le atravesó un vehículo y debió frenar de repente, la mujer salió disparada hacia adelante, pero tenía tan buenos reflejos que con una mano se sostuvo con una defensa que separaba la parte delantera de la trasera y con la otra mantuvo sostenida a la niña, pero eso no fue todo, al ver la escena él con una de sus manos la sostuvo firme haciéndola caer en su regazo.


El rostro de preocupación que exhibió el hombre, le hizo envidiar la posición de esa mujer y de la niña, quien de inmediato con dulzura, aún con ella sentada en su regazo le preguntó —¿Están bien? —mientras su corazón palpitaba aceleradamente, cuando vio que Martina y Tara salieron disparadas, sus reflejos actuaron rápidamente reteniéndolas, el miedo lo atenazó en su interior. Sentó a Martina del lado de la ventana, le quitó a la niña y la cargó, tomó la mano de su amiga, quien se la estaba sobando.


—No te preocupes, estoy bien, solo fue un tirón en la mano y a esta preciosura no le pasó nada—indicó viendo a la pequeña Tara.

Marino se levantó inclinándose hacia Karina molesto — ¡Claro! Lo hiciste  a propósito. Eres una insensata que solo por fastidiar no te importó frenar de repente a ver si causabas un accidente, pero te voy a decir algo…—Karina lo interrumpió bastante fuera de sí.


—¿De verdad me crees capaz de frenar por fastidiarte? Pues déjame decirte que el universo no gira alrededor tuyo, simplemente…—Marino no permitió que siguiera.


—Ya deja de buscar justificarte, desde que me viste, tu intención ha sido irritarme, parece que eso te da placer, pero esta vez has ido demasiado lejos, ¿Dime que hubieses hecho si por tú inconsciencia, Martina no reacciona a tiempo, no sostiene a mi hija y ambas se hubiesen lastimado? ¿Te parece una buena broma? —pronunció bastante molesto.


Justo en ese momento llegaron a la clínica donde había llegado previamente Martín y Marino no la dejó responder, tomó a Tara y se bajó de la camioneta realmente molesto, todos los pasajeros venían bastante divertidos con el entretenimiento que les estaba proporcionando el par, Karina se bajó molesta a enfrentarlo, mientras Martina, se acercaba a ellos, ambos se observaban retadoramente.


—¿Les importaría dejar sus disputas para después? Están en un centro médico y creo que ahorita debemos preocuparnos por Dara y su parto y no estar perdiendo tiempo con niñerías, son un par de inmaduros—concluyó molesta mientras entraba por el mismo camino por donde se había ido Martín.


Marino se quedó observando por el camino donde se fue Martina y luego dirigió su mirada a Karina —Por ahora, vamos a dejar las cosas así, pero no estoy contento con lo que hiciste.


—A mí que me importa que estés o no contento conmigo, me tiene sin cuidado lo que pienses, para mi eres absolutamente la nada.

Después de decir eso, se alejó de él, de verdad no lo quería tener cerca, solo le provocaba confrontar con él y eso también le irritaba, no sabía porque estaba provocando esas contradicciones en ella.


Dara dio a luz entró a ver al bebé, era tan hermoso, estar cerca de él le recordó el momento cuando ella tuvo a Katherine, cuando ella salió entró Marino a ver a su hermana y a su sobrino. Ella se quedó con el señor Donatto, quien se encontraba cargando a la pequeña hija de Marino, los demás se habían ido a comer, ella no tenía hambre por eso no quiso acompañarlos. 


Estaba sentada en la pequeña sala de espera, cuando el señor Donatto le pidió un favor —Discúlpame Karina, ¿Podrías hacerme un favor? Necesito ir al baño y como mi hijo no ha salido, ¿Podrás quedarte un momento con Tara?


—Claro no hay problema—indicó mientras tomaba a la pequeña en sus brazos.


La niña se quedó observándola intensamente, sus miradas se encontraron y sintió una conexión con ella, era hermosa, sus ojitos ámbar eran atrapantes, sus labios rosaditos hacían un pequeño puchero, hasta que segundos después dio unas pequeñas carcajadas mostrando sus pequeños dientitos.


—Hola pequeña Tara, mucho gusto, yo soy Karina—pronunció con voz dulce, la niña extendió sus manitas y comenzó a tocarle el rostro.


—Ina, ina, ina—empezó a gritar la niña, ante la sonrisa de Karina.


—Si soy Karina.


Después la niña empezó a llamar al papá, comenzó a lloriquear y ella se levantó del asiento, tratando de calmarla.

—Ya chiquita no llores, ya vendrá tu abuelo, o tal vez tú mamá o tú papá, aunque es mejor que no venga ese odioso, no sé cómo puede tener una princesa tan bonita y dulce como tú, cuando es un grosero y antipático—se giró con la niña y allí detrás de ella estaba Marino.


Marino, al verla se engrinchó de una vez, —¿Qué haces cargando a  mi hija? ¿Dónde están todos?


—Todos salieron a comer, incluyendo a la madre de Tara. Y tú padre fue al baño y me la dejó mientras tanto—habló en tono de irritación.


—Martina no es la madre de Tara—confesó.


—¿Ah no? Claro, me imagino ya conozco todos lo de tu clase, dejaste a tu esposa en Italia, mientras te viniste a Paraguay con tu amante y tu hija, eres demasiado descarado, sinceramente los hombres como tú no valen la pena y seguro hacen eso para sentirse que valen la pena.


—¡Ya cállate si! Eres tan irritante. Además piensa lo que te dé la gana, no tengo porque darte ninguna explicación de mi vida, si apenas te conozco y lo que haga o deje de hacer no es tú problema.


Así fueron pasando los días, los cuales se convirtieron en semanas, y le irritaba la mera presencia de Marino, intentó irse mientras duraba su visita pero Dara no la dejó irse, se enteró que Martina era la hermana de Martín, pero no buscaba hablar mucho con ella, sin embargo, dos semanas después de haber llegado y cuando faltaba una para que ella regresara a Italia, la encontró sentada en un tronco seco.


—Hola Karina. ¿Cómo has estado?


—¡Hola! —dijo Karina a secas.

—Veo que no eres de mucho hablar, o más bien creo que es conmigo, en verdad que trato de entender tu actitud beligerante conmigo, aunque tengo mis sospechas, sin embargo, lo que no entiendo para nada es ¿Por qué te comportas tan belicosa con Marino? Cuando es  notorio que te atrae.


—¿A mi atraerme ese hombre? Creo que tienes percepción errada, no me gustan los hombres como él y menos cuando son comprometidos.


—Pues el único compromiso que tiene él es con su pequeña, del resto con más nadie—confesó Martina.


—Me imagino con la madre de su hija—expresó arqueando sus cejas.


—Veo que no conoces la historia de Marino.


—Realmente no me interesa nada que lo involucre.


—Pues no te creo, pero digamos que tienes razón, igual te la voy a contar. Martín tenía una novia con quien iba a casarse llamada Amarantha, y esta lo traicionó por mucho tiempo acostándose con su mejor amigo Marino.


—¡Ya va!—exclamó Karina—¿Me estás diciendo que Marino es el hombre que se acostó con Amarantha? —Martina respondió afirmativamente la cabeza—es decir, el traicionó a su mejor amigo acostándose con su novia. ¡Vaya joyita! Y así quieres despertar sentimientos en mí, pues creo Martina que estás logrando lo contrario y ¿No me explico por qué tú estás con él después de lo que le hizo a tu hermano?


Martina suspiró —Karina trato de decirte que no tengo absolutamente nada con Marino, es solo mi amigo y el hermano de mi cuñada y Martín lo perdonó, porque no pudo haberse encontrado una mejor mujer que Dara, ellos dos son tal para cual.

—Hay algo que no entiendo ¿Cómo Amarantha y Marino son hermanos de Dara? —preguntó con curiosidad.


—Porque por parte de Marino son hijos del mismo padre y por parte de Amarantha son hijas de la misma madre, pero lo que quiero decirte es que la pequeña Tara es hija de Amarantha y ella la abandonó no quiso tenerla más y se la dejó a Marino cuando tenía siete meses y desde ese momento es él quien ha cuidado de su hija, así que no es tan malo como parece, hay hombres peores, que le dan la espalda a sus propios hijos, pero él no lo hizo.


Karina se quedó en silencio pensando en Ricardo el padre de su hija, quien la mandó a a abortar, y aunque era admirable que Marino se hubiese hecho cargo de su hija, no se llevaba con gente traidora.


—Martina, mejor hablemos de otros asuntos, Marino no es un tema de conversación que me agrade, realmente él no me cae bien.


—Pero pensé que había chispas entre ustedes—confesó la chica desconcertada.


—Chispas de odio, realmente no lo soporto me desagrada todo lo que tenga que ver con él, la mera idea de nombrarlo me eriza la piel y te aseguro que no es de excitación si no d desagrado.


Las mujeres cambiaron de conversación y a la final en la última semana de la estadía Martina, estrecharon sus lazos de amistad.


Pasó un mes desde la llegada de los familiares de Dara y Martín, se habían ido Martina, Marcos, la señora María Martha y el señor Martino, sin embargo,  a la persona a quien no quería ver más, permanecía allí. En ese momento trataba de calmarse después del altercado que habían tenido, fue inevitable que recordara lo que había pasado.


—¡Katherine! ¡Katherine! —llamaba angustiada, hasta que vio que su niña veía en los brazos de Marino y se puso histérica.

—Eres un desgraciado, ¿Cómo te atreves a llevarte a mi hija sin decirme? ¿Sabes que puedo denunciarte por secuestro? Eres un desconsiderado, sinvergüenza, fresco, irresponsable.

—¿Irresponsable yo? la irresponsable eres tú que dejas a tu hija sin supervisión para irte a encontrar con un novio para hablar, quien sabe que más harás y tratas de atacarme a mí.

—¿Qué yo qué? ¿De verdad que se te fundió ese cerebro? Hay que ver que—y allí comenzó a hablarle en guaraní— Mbo`opio nde jejapo ejuta ejecree k`ape tavy chõ (Donde pio vos te vas a venir a creer aquí tarado) —ante la mirada sorprendido del hombre y la risa de Martín, Dara y los demás que conocían el idioma.

—¿Qué coño me estás diciendo? No me hables indio háblame en español.

—Yo no soy india, soy indígena tavy (ignorante), y orgullosamente Guaraní, a mucha honra. ¡Imbécil! Y si quieres saber lo que te dije aprende indio—le dijo con sarcasmo, arrancándole a la niña de los brazos”


—¡¿Qué se habrá creído ese imbécil?! —exclamó con enojo, pensando en cómo fue capaz de atreverse a acusarla de que había dejado a su hija para ir a hablar con un hombre—Es un loco, falto de cerebro—espetó furiosa. Su hija se removió en sus brazos.


—¡Quielo a Malino! —exclamó la niña enfadada.


—¡Ya cálmate! —expresó a la niña—Katherine, no quiero verte cerca de Marino.


—Yo lo quielo y ´Malino me quiele, es mi amigo—dijo entristecida la niña. Karina se sintió un poco mal porque  a decir verdad él le prestaba atención a Katherine y la incluía en los juegos con la pequeña Tara.


—Mejor duérmete princesa, mañana veremos que hacemos—indicó mientras la dormía.


Al día siguiente, estaba en la cocina de la antigua casa preparando el desayuno, ya Martín y Dara se habían mudado para la casa que habían construido, pero Marino aún permanecía en esa, anhelaba tanto que se fuera porque no quería seguirlo viendo, estaba preparando el desayuno cuando este apareció, ella volteó a verlo y se notaba que se acababa de bañar y por supuesto como siempre vestido punta en blanco, ¿Será que no tenía idea de la ropa adecuada que debía llevar? Siempre parecía como si iba a asistir a un evento importante.


—No sé si es que te surge solo o le pones empeño, no te cansas de andar siempre con pantalones, camisas y zapatos de vestir ¿Cuándo piensas irte de aquí? Sabes muy bien que no estás hecho para este ambiente de campo, eres un hombre de ciudad jamás te adaptarías aquí —le dijo burlándose—¡Por Dios! Ve tus manos, las tienes más suave que yo, esto te quedó grande, no te empeñes en quedarte porque esto no es tu lugar, a menos que vayas a estar ocioso, esperando que los demás hagan—enfatizó molesta.


—¿En serio? No me crees capaz de adaptarme a este lugar? —se sonrió burlesco—seguro, me imagino lo complicado que debe ser alimentar gallinas, patos, pavos, cabras y cerdos.


—Arriar ganado, ordeñar vacas, montar a caballo, sembrar y cosechar la tierra—le dijo desafiante.


—Pues te mostraré como sobrevivo aquí, en cambio estoy segura que tú jamás sobrevivirías en mi mundo—expresó Marino con seguridad.


—Para lo que me importa tu mundo y menos aún tú, para mi ninguno me resulta atractivo—respondió con altivez. Mientras ella expresaba eso, Marino se le acercó quedando muy cerca de ella, casi a punto de rozar sus labios.


—¿De verdad? Pues ninguna mujer se me resiste, y siempre terminan todas arrastrándose frente a mí—pronunció con un aire de suficiencia.


—Terminarán arrastradas de lo aburrido que eres, porque en mí no despiertas ni los mínimos impulsos de deseo—enfatizó alzando su barbilla.


—Te reto, que antes de tres meses terminaras loca por mí.


—Te reto a que no soportaras tres meses en mi mundo.


—Acepto tu reto Karina—expresó seguro de sí mismo.


—Yo acepto el tuyo, aunque estoy segura que vas a perder, no me gustan los hombres frágiles e inútiles como tú.

—Ya te mostraré lo frágil que soy, y para cerrar el trato que tal si…—calló mientras llevaba sus manos a la cintura, acercándola a su cuerpo, bajó un poco su rostro y la besó.


“Me siento atraída, como Ícaro hacia su sol. Yo ya me he quemado, y sin embargo aquí estoy otra vez”. E.L. James.



CAPÍTULO 6. INICIO DEL RETO


Marino bajó sus labios y rozó los de Karina, apenas fue un toque como el aleteo de una mariposa, pero ambos sintieron una especie de corriente recorrer sus cuerpos, dejándolos sorprendidos de esa sensación, pero cuando él quiso profundizar el beso, ella lo empujó con sus dos manos.


—Creo que fue suficiente para cerrar un trato, ni siquiera me gustas, menos que me estés besando—mintió porque en realidad sintió un cosquilleó en su estómago y en su piel, pero nunca lo reconocería, él no podía gustarle y procuraría día a día demostrárselo.


—¡Eres una mentirosa! Te gustó, nunca habías sentido los labios de un hombre—dijo con burla—sé qué soy irresistible.


—Si serás idiota—dijo molesta y siguió preparando el desayuno.


—¿Me puedes dar de lo que estás cocinando? —interrogó él.


—No, si quieres comer prepárate la comida tú mismo, no soy ni tu servicio ni tú mujer, ni nada que se le parezca.


—No por mucho tiempo—dijo entre dientes, por lo cual ella no logró entender lo que le dijo.


—¿Qué has dicho? —indagó ella.


—Fue un comentario para mí consumo—respondió y comenzó a realizar una mezcla, ella lo observaba silenciosamente, deseaba que hiciera un desastre, para tener un motivo de insultarlo.


Pero Marino, se movía con soltura, le hizo un par de preguntas para interrogarla sobre el sitio donde se encontraban algunos ingredientes y del resto se mantuvo en silencio, concentrado en su tarea, solo un par de veces se tropezó con ella y le reclamó.


—¿Es que no ves por donde caminas? —le espetó molesta— ¡Si serás torpe!


Pero el hombre le dio una leve disculpa y siguió en lo de él, ignorándola totalmente, actitud que la puso realmente cabreada.


Les llamó la atención a ambos el llanto de una niña y otra que venía consolándola, cuando se aparecieron frente a ellos, Tara y Katherine, la primera lloraba y la segunda le decía —No lloles Tala—ninguna de las dos pequeñas pronunciaba la r—vamos donde tu papi, él no te dejó. Mi papi si se fue.


—Mami me lejó—dijo la pequeña Tara.


Marino y Karina se miraron por un momento, pero sin decirse nada, él salió corriendo y cargó a su hija.


—Mi princesa Tara, no llores aquí está tu papi quien te ama con toda su alma—expresó sin dejar de besarla y abrazarla, Karina lo observaba sin perder detalle. Hasta que Marino sintió una manita en la pernera de su pantalón.


—Yo quelo, álzame y abazame—suplicó la pequeña Katherine, Karina iba a detenerla, pero en ese momento vio como él se agachaba para estar más cerca de la altura de la pequeña.


—Claro que sí princesa—le respondió acariciándole el rostro—tus deseos son órdenes para mí—le confesó alzándola también en brazos junto a Tara.


—Es mi papi—dijo Tara celosa, apartando a Katherine con un manotazo, tratando de alejarla de su padre.


—Pestamelo—pidió la niña con los ojos aguarapados casi llorosos, a Karina le dolió ver a su niña así, iba a tomarla de los brazos de Marino, cuando lo escuchó conversar.


—Tara, no pelees con Katherine, las amigas no son egoístas, yo soy tu padre, pero también puedo cargarla y darle besitos a ella y compartir las ricas panquecas que estoy preparando. Sentó a ambas niñas en el mesón buscó tres platos, y les sirvió una panqueca a cada una, les rayó queso y les derramó miel por encima, les comenzó a dar de comer a ambas, ante el gran gozo de las pequeñas que lo miraban con ternura, mientras él las veía con el mismo amor, ellas se reían a carcajada, felices.


Karina se sintió excluida, además no quería que le gustara y ese gesto en ese momento, estaba quebrando las barreras de protección que se puso para defenderse de él, y actuando de manera egoísta, de lo cual se dio cuenta más tarde.


—Dame a Katherine, el mesón no es para comer, ella debe sentarse en la mesa del comedor, después se acostumbrará a no tener disciplina y sólo porque tú eresun inconsciente—enfatizó molesta.


— Karina, estamos solo nosotros cuatro y el hecho de que ellas estén comiendo acá, no significa que son indisciplinadas, ambas son unas bebés, Katherine, tiene apenas dos años y medio, llegará el momento en que se enseñen.


—No te metas en lo que no te importa, a mi hija la educo yo, encárgate tú de la tuya—destacó molesta, mientras sentía que su enojo crecía más en su interior.


—Karina, déjala yo la estoy alimentando, las estás alterando—confesó en voz calmada para evitar que las niñas se asustaran.


—¿Qué parte no entiendes? Me das a mi hija y ya— se acercó al mesón, tomó la niña en brazos y la sentó en el comedor, ante el desconcierto de Marino y el lamento de ambas niñas por haberlas separado.


Marino tomó los platos de comida y a Tara, la sentó también en la mesa, se colocó una a cada lado y las siguió alimentando, las pequeñas se calmaron. Pero poco les duró, porque Karina la levantó de la silla y la colocó a su lado.


—Seré yo quien te alimente Katherine, y deja de hacer escenas, porque te castigaré—pronunció severamente.


—Yo quelo está con mi Malino—decía la pequeña mirando a Marino con los ojos anegados de lágrimas.


Él no pudo soportar más ver a la niña llorar, esa era su debilidad —Una cosa es que me odies y otra distinta que hagas sufrir a tu hija para hacerme daño a mí, pensé que por lo menos eras una buena madre, pero veo que me equivoqué—se levantó de la mesa, tomó a Tara en sus brazos, mientras se retiraba demasiado molesto.


Karina al verlo salir bastante irritado, se dio cuenta que había ido demasiado lejos, había actuado muy mal, pero le había molestado que Katherine lo hubiese preferido a él y a su comida que a ella,  pero definitivamente había sido una egoísta al interponer su desagrado a Marino, ante que la tranquilidad de su hija.


Extendió la vista a su Katherine, quien aún seguía llorando, la levantó de la silla sentándola en la mesa, limpió sus lágrimas, le causó tristeza el semblante de la niña —Lo siento nena, me porté muy mal, pero es que Marino multiplica las emociones en mí, haciéndome exagerar.


—¿Mi Malino? —interrogó la pequeña.


—Él no es tu Marino, es el papá de tu amiga Tara, pero no el tuyo—pronunció con tristeza,


—Yo quelo un papá como Malino—expresó sonriente la pequeña.


La confesión de la niña la sorprendió y negó con la cabeza, —No Kathe, ese señor y yo no cuadramos ni con pega—enfatizó mientras la pequeña soltaba una carcajada, tomaba de su plato un trozo de lo que estaba comiendo, se lo llevaba a su boca y después se lo ofrecía a su mamá.


—Está lica—Karina tomaba el trozo de panqueca que le ofrecía a su hija y definitivamente si le pareció rica.


—Cierto, está muy rica.


—Las hizo mi Malino—dijo la niña encantada y sonriente.


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Marino salió molesto, ¿Por qué le causaba tanta molestia a Karina? Al parecer sentía un odio no justificable contra él, pero ella no sabía lo que le esperaba, ellos habían creado un reto, pues estaba dispuesto a cumplirlo, le demostraría a la potra Guaraní, que no era ningún hombre frágil y que ese trabajo de campesino, era pan comido para él. Y sobretodo estaba dispuesto a enamorarla, iba hacer que lo deseara con tanta intensidad que estaba dispuesto a convertirla, de una tigresa a una cariñosa gatita que ronronearía bajo su cuerpo deseosa de sus caricias.


 —Marino—se dijo—llegó la hora de volver al ruedo, total más de seis meses es mucho tiempo para mantenerte célibe. Es hora de que vuelvas a probar las mieles de un cuerpo femenino —expresó con seguridad y empezaría ese mismo día, dejaría a Tara con Dara, para que ella se la cuidara, mientras aprendía todo lo relacionado con la finca, ganado, animales ¿Qué tan difícil sería eso?, pensó seguro de su éxito.


Caminó de la antigua casa principal a la casa de Dara donde se habían mudado recientemente, con Tara en brazos, eran aproximadamente cuatro kilómetros, lo que para él no era nada porque estaba acostumbrado a caminar y a hacer ejercicios, y desde que tenía a su niña consigo, la llevaba a esos paseos.


Al llegar su hermana y Martín se encontraban desayunando, al verlos ella se levantó de su asiento, luego de abrazarlo y besarlo, le quitó a Tara de los brazos.


—Hola mi princesa, ¿Cómo está la niña más linda del mundo mundial? —la niña comenzó a bailar en las piernas de su tía, mientras Dara no la dejaba de besarla y hacerle cosquillas ante las hermosas risas de la pequeña.


—Titi, titi—decía la niña emocionada colocando los brazos en el cuello de su tía.


—Dara, Martín, he decidido  aceptar su ofrecimiento sobre quedarme por un tiempo en La Italianera y aprender las labores del campo.


—Me parece una excelente idea—dijo emocionada su hermana—no quiero que estés sólo con la niña en Italia, aquí estarán bien, y con el tiempo puedes comprarte unas tierras.


—Quiero empezar hoy, me gustaría saber  ¿Puedes quedarte con Tara? —preguntó deseando que su hermana aceptara esa proposición.


—Claro hermano, estaré encantado de quedarme con mi princesa. Por ahora esta lindura y yo iremos a ver cómo está su primito—besó a su esposo y a su hermano y caminó hacia la habitación donde estaba su bebé.


—Marino, podrás engañar a Dara pero no  a mí, te conozco y creo que ahora más—comentó Martín—echa pa`fuera.


—No es nada quiero aprender, dime ¿Está malo eso? —manifestó con aire de inocencia.


—¿Me puedes decir que te traes entre mano? ¿Quién va a enseñarte?


—Karina lo hará—respondió Marino.


Martín lo observó con el ceño fruncido —Ella no te soporta ¿Cómo lograste ese compromiso?


—Hicimos un reto, una especie de apuesta—confesó con sinceridad.


—¿En qué consiste el reto? —indagó Martín.


—La reté que antes de tres meses terminara loca por mí  y ella me retó a que no soportaré tres meses aquí trabajando.


—Creo que pediste, mejor agarra tus cosas y vuelves a Italia, conociendo a Karina no crea que te enseñara nada bien, capaz que más bien sabotea tu aprendizaje.


—No creo sea capaz de hacer eso, sería jugar sucio. —respondió Marino.


—No digas que no te lo advertí. ¿Cuándo empiezas?


—Hoy mismo.


—Te deseo suerte, creo la vas a necesitar.


Marino lo miró con una sonrisa —¿En verdad crees que necesito suerte? Pues amigo, mis cualidades y mi físico me acompañan.


—Con ella tú físico no te servirá de mucho, y mientras pronto lo entiendas, mejor te irá, pero bueno, nadie aprende por cabeza ajena, a veces es necesario vivir nuestras propias experiencias para darnos cuenta de la realidad, si supieras cuantas veces mis padres me aconsejaron, tratando de que entendiera que Amarantha no era mujer para mí.


«Fui demasiado necio, tomando mis propias decisiones sin oír razones, y ya sabes que eso no tuvo un buen desenlace, aunque después que pensé que había aprendido la lección la embarré con Dara, juzgándola de acuerdo al patrón que encontré con  Amarantha. 


—No me pasará lo mismo, porque a diferencia de ti, tú te enamoraste de mi hermana, yo no estoy enamorado de Karina, ni siquiera me gusta como persona.


—Estás jugado con fuego, procura no chamuscarte—expresó Martín—otra cosa, no le vayas a hacer daño.


Marino sólo sonrió, se despidieron y salió a cumplir con su primer reto, llegó a las caballerizas, observó a  Karina alimentar a un caballo, se dio cuenta que lo acariciaba con mucha ternura mientras sonreía, la observó por unos segundos se veía distinta, como si tuviera una especial conexión con los animales, su semblante mostraba mucho carácter pero a la vez una dulzura que trataba de ocultar; sacudió su cabeza negativamente con confusión, que hacía expiándola y admirándola, acaso el calor de ese lugar lo estaba volviendo loco.


Hizo ruido para que ella se diera cuenta de su presencia, giró la cabeza al hacerlo la sonrisa que tenía se congeló en su rostro.


—Hola Karina. Estoy aquí para que me enseñes todas las tareas que hacen—le dijo Marino.


—Insistes en eso, bueno debes empezar por el principio, Alejo—llamó a un chico joven—hoy no harás tu trabajo aquí porque de eso se encargará Marino que quiere aprenderlo todo—dijo con burla, luego tomó una carretilla, un par de guantes—Bueno ya que estás tan dispuesto, debes recoger todo el estiércol de todo los caballos que se encuentran aquí y luego la que está en los establos.


—¡¿Qué?! Yo no voy a recoger excremento de animales, ¡¿Estás loca?! Eso no es trabajo para mí —espetó consternado; Karina estaba loca si creía que Marino Donatto Russo Pascualotto limpiaría boñiga de animales.


“No hay ningún trabajo que haga una persona que sea indigno; si lo hace bien.” Bill Cosby.



 

 Hola a todos los que me  Ha acompañado en esta historia, a partir de ahora pueden acceder a ella, ingresando en mi perfil en Booknet, también encontrarán completa, otras Obras de mi autoría. Aunque subiré otras historias en esta página.


Atentamente


JEDA CLAVO