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COROLAS AL VIENTO


CAPÍTULO 1. CORRIENDO POR LOS SUEÑOS

Romelia Miranda, una hermosa chica trigueña, ojos negros, de un metro sesenta de estatura, delgada, de dieciocho años, proveniente de una humilde familia de un pueblito cercano a Managua, la capital de Nicaragua, es la cuarta de diez hermanos, su casa una vivienda humilde de tres habitaciones que albergaba a doce personas, en una habitación dormían las jovencitas y en el otro los chicos. 

 

Su padre se dedicaba a realizar trabajos de albañilería que no eran muy bien remunerados mientras su madre trabajaba en los oficios del hogar y algunas veces lavaba y planchaba ajeno.

 

De los diez hermanos, Romelia era la más emprendedora y quien tenía más ganas de prosperar, estudiaba con esmero, cursaba segundo año de diversificado en ciencias, obteniendo siempre las mejores calificaciones de su liceo, lo que la hacía una candidata segura para ingresar a la universidad, su deseo era estudiar Medicina, porque pensaba que a través de esa profesión podía ayudar a muchas familias humildes, cuyos miembros terminaban falleciendo por falta de atención médica, debido a las condiciones precarias donde vivían y a los bajos recursos económicos que no les permitía adquirir las medicinas necesarias para curar sus dolencias, además de vivir lejos de los centro de atención médica gratuita que ofrecía el estado.

 

Desde pequeña Romelia había sido una niña de buenos sentimientos, con un alto sentido de la justicia, le gustaba ayudar al prójimo, aunque a veces era muy ingenua porque confiaba en las personas con mucha facilidad, su madre siempre le decía que debía tener malicia, porque no todas las personas tenían buenos sentimientos, pero lamentablemente a ella le costaba mucho aprender, bueno nadie aprende en cabeza ajena.

 

Ese día era lunes, debía llegar temprano a su liceo, se levantó temprano como todos los días, tomó una pipeta de agua y la llenó por la mitad, tomó el jabón de baño una toalla y se fue al lugar que fungía como baño, luego se asearse, su mamá la esperaba con el desayuno, un trozo de pan con café, porque lo percibido por su padre no era suficiente para mantener bien a la familia, sus hermanos mayores trabajaban pero no tenían buenas remuneraciones, a veces la gente los empleaba pero a la hora del pago, terminaban dándoles menos cantidad de dinero por lo que los habían contratado, eso en el mejor de los casos, porque otras veces ni siquiera les pagaban y lo peor es que eso lo hacían personas con dinero, pero así pasa, la gente de dinero siempre termina aprovechándose  de los más necesitados, es que incluso pareciera que sienten placer en pisotear a los menos favorecidos, es el abuso del rico contra el pobre.

Eso los obligaba a trabajar vendiendo aguas y dulces en las paradas de buses urbanas e inter urbanas para procurarse ingresos que le permitieran sustentarse.

 

Se sentó en la mesa a comerse con humildad la comida que con cariño le había servido su madre, tenía tantos deseos de superarse y darle lo mejor a su madre, quería sacar su familia adelante, que sus hermanos menores estudiaran y dejarán de vivir en carencia, vivía con ese sueño —Mamá algún día voy a poder darle todo lo que necesite, me convertiré en una gran médico y voy ayudarle. 

 

—Ay hija, quien sabe si se podrá, nosotros no tenemos dinero para pagarte los estudios, ¿Cómo vas hacer? 

—Mamita usted verá, así tenga que estudiar de día y trabajar de noche cumpliré mis sueños, además seré la mejor alumna para poder solicitar una beca—se despidió dándole un beso en cada mejilla a su madre. 

Salió caminando, el lugar donde estudiaba quedaba a cinco kilómetros de la casa, ella hacía ese trayecto de ida y de venida, todos los días, su zapatos desgastados apenas le permitían protegerse de lo caliente de la tierra y rogando que no lloviera porque sino el agua se colaba mojándole los calcetines. 

Llegó faltando cinco minutos para las siete, la primera materia era Biología le tocó exponer sobre la descripción de la acción de las hormonas en el organismo humano. Expuso con mucha soltura obteniendo por supuesto la mejor calificación del día. 

 

Así fueron pasando los meses hasta que Romelia logró el primero de sus sueños, convertirse en bachiller en ciencias, un par de meses después ingresó a estudiar Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, Facultad Regional Multidisciplinaria de Carazo, estudiaba de ocho de la mañana a las cinco de la tarde de lunes a viernes y los sábados de ocho de la mañana a doce del mediodía. 

 

Consiguió un trabajo en un restaurante de cinco y media a las once y media de la noche, con lo que percibía pagaba su residencia, compraba sus útiles personales, para sacar copias y en fin cualquier gasto necesario para sus estudios, aunque la universidad era totalmente gratis, a veces cuando recibía buenas propinas le enviaba dinero a su madre para que comprara comida para sus hermanitos. 

 

 

Así transcurrieron dos años, Romelia cursaba tercer año de medicina, seguía concentrada en sus estudios y trabajando, sin embargo, su jornada laboral se había reducido como consecuencia de las prácticas y guardia que debía hacer en el hospital.  

Cierto día que se encontraba sirviéndole a una mesa en el restaurante cuando entró un joven apuesto como de veinticinco años, alto de aproximadamente un metro ochenta y cinco, blanco, ojos verdes, cabello castaño claro, nariz aguileña, el hombre era de un atractivo extraordinario, vestía con blue jean y una camisa manga larga con botas vaqueras, se supuso que era algún trabajador de las fincas ganaderas aledañas, aunque por su porte pareciera que se trataba de alguien de dinero, llevó a un rincón de su mente esos pensamientos y siguió trabajando, no tenía tiempo para eso.

 

El hombre al verla no pudo quitar los ojos de la chica, a pesar de lo sencilla que vestía, la encontraba hermosa, deseaba que ella se acercara para poder hablarle, sin embargo, no tuvo esa suerte y fue atendido por otra persona.  

 

Así pasó un par de meses, y el joven enamorado no dejaba de admirarla, sin embargo y a pesar que no era tímido, todo lo contrario, no se había atrevido a hablarle, pues esperaba que fuese ella quien diera el primer paso, no estaba acostumbrado a ir detrás de las mujeres, eran ellas quienes acudían a él, sin embargo, la chica no daba ningún indicio de interés por él, todas en el lugar suspiraban por el apuesto hombre, que resultó no ser el obrero de finca que Romelia se imaginaba sino nada más y nada menos que el hijo del dueño de las mejores fincas del país, poseían una de las ganaderas más grandes llamada San José, que reunía más de diez fincas para un total de cuarenta mil hectáreas de tierras y más de cincuenta mil cabezas de ganado, con actividades orientadas a la reproducción y mejoramiento de las razas cebuinas de origen asiático, especialmente la Brahman, Guzerá, y razas europeas como la Romagnola  y Caracu.  

 

Álvaro Lisandro Mampella Ramírez, de veintitrés años de edad, aunque era hijo de un gran hacendado, era muy trabajador, desde la edad de catorce años se había integrado a las labores relacionada a la ganadería, era el único varón de cuatro hijos que poseía esta familia, ocupando él la posición tercera, eso lo convertía en un chico un tanto caprichoso, pues siempre todos buscaban complacerlo, aparte de ello no había mujer que se resistiera a su destacado atractivo, con una hermosa sonrisa ladeada, que dejaba expuesta una dentadura perfecta de dientes blancos y alineados. 

 

Álvaro se sentía inmensamente frustrado por la indiferencia de la chica, y por más que trataba de llamar su atención con chistes e incluso conversaciones en tono alto de temas interesantes para obligar a pronunciarse, la muchacha se mantenía inmutable o aparentemente daba esa impresión. 

 

Romelia por su parte, encontraba al muchacho que acudía periódicamente al restaurante bastante atractivo, de hecho le provocaba unas extrañas sensaciones en su cuerpo que no supo darles nombres y que prefería no echarle cabeza, debía concentrarse en sus estudios y en el trabajo, para lo demás no tenía cabida en ese momento. 

 

De allí que, cubriera esa atracción con una capa de indiferencia, por lo que evitaba acercársele, y siempre que requería de ser atendido, se entretenía con algo para evitar atenderlo, le rehuía como a la peste, sabía que si cedía a esos sentimientos, pondría en peligro su futuro, tenía una meta trazada y no dejaría que ninguna distracción la desviara del objetivo de lograrla. 

 

Álvaro cansado de esperar la atención de Romelia, decidió que esta vez debido a que la presa era muy dura, tendría que usar todo su encanto y la artillería para tratar de conquistarla, porque lamentablemente para él, ella no era como las chicas que acostumbraba a frecuentar. 

 

Esas fueron las razones porque ese día, compró una hermosa rosa blanca y mientras ella estaba limpiando una de las mesas del restaurante, la sacó y con esa sonrisa que lo caracterizaba la extendió hacia ella y con voz de barítono se la extendió diciendo  —Una flor blanca y linda para una chica muy especial, representa tu inocencia, tu encanto, tu pureza, la cual te entrego en señal de la sinceridad y lo profundo de los sentimientos que has despertado en mí, desde el primer momento en que te vi—concluyó con una impactante sonrisa, lo que provocó un leve cosquilleo en el vientre de la chica, debilitando sus piernas,  no podía dejar de mirarlo tratando de dilucidar la verdad de sus palabras, mientras sentía que su cuerpo enloquecía ante su seductora mirada.

 

"No creas todo lo que te dicen, las palabras siempre encierran una intención que no siempre es positiva" César Lozano.


CAPÍTULO 2. DESAGRADABLE ENCUENTRO


Romelia trataba de reponerse de todas esas emociones que la embargaban, nunca había sentido todo lo que le provocaba ese hombre, incluso sentía un calor que se iniciaba en su estómago y bajaba a su vientre hasta situarse en su centro, donde sintió pequeñas palpitaciones que hicieron que apretara sus piernas para intentar aplacar el fuego que comenzaba a encenderse en su interior, su corazón se aceleró y sintió su boca seca, un sudor frío recorrió su columna vertebral.


Cuando iba a responder a su halago, lo pensó mejor,  recordó su objetivo en la vida, enseguida su conciencia la recriminó  “Romelia nunca pierdas el norte que te has fijado, debes concentrarte en tu carrera, en el trabajo, no le des cabida a alguien que quizás solo te quiere para pasar un rato”.


Luego de ese razonamiento no tuvo duda de su respuesta, tomó con una de sus manos la flor blanca que le extendió el chico, la tiró al suelo y le puso el pie encima, estrujándola y volviéndola añicos en el piso Siento mucho su pérdida de tiempo, pero no me interesa ni su flor, ni usted, no estoy interesada en ninguna relación amorosa—pronunció con tirantez.


—¿Era necesario que destruyeras mi flor? ¿Tienes que comportarte tan salvajemente? ¿No te bastaba un simple no? Por supuesto que no ¿Verdad? Tu intención era simplemente humillarme delante de toda esta gente—pronunció el hombre con molestia mirando a los presentes que los miraban con curiosidad, incluso algunos con burlas, lo que hizo que su rabia se moviera en su interior.


—No lo he hecho con intención de humillarte, si no de dejarte claro que no me importa tu propuesta—espetó alzando su mentón en señal de desafío, se veía altiva y eso encolerizó a Álvaro.


—No ha nacido la mujer que me desprecie  a mí, ¿Sabes quién soy? —preguntó con soberbia.


—Me da igual tu nombre, tu apellido, tu color de piel, tu religión, tu raza. Simplemente no estoy interesada en tener amistades de tu tipo. Tengo mis metas bien establecidas y en ellas no está tener ningún tipo de relación con nadie—expresó con firmeza la chica—Ahora con permiso voy a seguir trabajando—expresó retirándose, mientras sentía sus piernas como gelatina, había tenido que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para resistirse a ese hermoso hombre de ojos verdes.


Llegó a la cocina a llevar los platos y se paró un momento al lado del fregadero mientras llevaba su mano al pecho, buscando calmarse, no podía caer en la tentación de tener algo con él, porque estaría perdida.


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Álvaro observó como la chica se retiraba, quiso ir detrás de ella pero prefirió no hacerlo por el momento, buscaría la forma de que ella cediera, y aunque nunca había cortejado a ninguna mujer, porque eran ellas quienes lo buscaban y pululaban  a su alrededor como abejas a una colmena, tal vez la experiencia de ser cazador por una vez en su vida, le resultaría satisfactoria. Y para afirmarlo más en su decisión, se apareció Julieta, una joven con quien había tenido una relación en el pasado, quien al verlo se le lanzó encima y sin pérdida de tiempo lo besó, al principio se había quedado estático, sin responderle, solo tratando de quitársela de encima, pero al ver de reojo que se acercaba Romelia, respondió a las atenciones de su ex, mientras observaba el rostro desencajado de la mujer que había logrado cautivarlo.


“Ves como solo fue una pantomima el desprecio que me propinó hace unos minutos atrás. Le importo, solo busca hacerse más interesante diciéndome que no, cuando quiere decirme que sí, pero tendré que enseñarla que a mí nadie me desprecie y que ahora tendrá que ser ella quien me busque”, pensó mientras dejaba de besar a Julieta y la mantenía cerca de si, sin soltarla, la sujetó con fuerza  por la cintura y caminó con ella hacía una de las mesas que ella atendía para obligarla a que le prestara la debida atención.


Cuando Romelia lo vio, no pudo evitar la profunda tristeza que la invadió, pasó en unos segundos de estar excitada por la declaración de él a estar rabiosa “Es un descarado, ahora debo estar agradecida de no haberle prestado atención, no ha perdido tiempo, después de mi rechazo de hace pocos minutos en lanzarse a los brazos de otra”, pero estaba decidida a no dejarse afectar, tomando su libreta fue a tomarles pedido.


—Buenas tardes. ¿Qué desean comer los señores? —preguntó con seriedad.


—Álvaro mi amor ¿Qué podemos pedir? —lo interrogó la chica con coquetería.


Él tomo a Julieta acercándola a su cuerpo, diciéndole pero sin apartar la mirada de Romelia—Pide lo que quieras mi vida, siempre estoy para complacerte—expresó con una sonrisa.


—Tráeme un Nacatamal—expresó la chica, este plato consiste en una masa de maíz molido y manteca, la cual se rellena con carne de cerdo o de gallina, adobado en trozos medianos, arroz, papa, tomate, cebolla y se envuelve en hojas de plátano y se amarra con mecate fino parecido a una almohada.


—Yo quiero un indio viejo—indicó Álvaro, sin dejar de verla, era tan hermosa, y molesta se veía más provocativa, por eso pudo comprobar que no le era indiferente, pero la enseñaría, vamos a ver que iba a ser la princesita para recuperarlo pensó con satisfacción.


—¿Qué desean tomar? —les preguntó Romelia.


—Un par de gaseosas—respondió Álvaro.


Romelia salió a buscar los pedidos, pero su rabia amenazaba con devorarla, así que sin siquiera pensarlo un segundo, cuando le entregaron el pedido y antes de llevarle el plato de Álvaro, consistente en carne de res desmenuzada fritas con verduras y masas, tomó un frasco de picante y lo vació completamente en la comida del hombre y así sin remordimiento llevó ambas comida a la mesa, mientras se retiraba a un espacio prudencial y observaba las consecuencias de su obra.


Un par de minutos después cuando Álvaro tomó su primer bocado, sintió lo picante de la comida, iba a protestar cuando miró el rostro de Romelia quien lo miraba con una sonrisa de satisfacción. Así que había sido idea de ella, le había declarado la guerra, pues que se preparara porque si eso quería, gustosamente se la daba.


Enseguida la llamó diciéndole—la comida está incomestible, no voy a comer esto, este restaurante está bajando la calidad de los productos que ofrece, hablaré con el propietario.  Haga el favor de llamarlo—Al decir así el rostro de la chica se puso pálido, sabía que si el señor Miguel, se daba cuenta de que ella había echado todo un frasco de salsa picante en la comida del cliente más importante que tenía el lugar, sería despedida de inmediato.


—¡No!—exclamó ella, mientras Álvaro la miraba sonriente, entrecerrando los ojos con aire de inocencia.


—No la estoy entendiendo, porque no quiere llamarme al propietario, estoy en todo mi derecho de reclamar—expresó en voz alta, lo que hizo que varias cabezas se giraran a observar el impase.


—Por favor no lo haga —dijo Romelia apretando los dientes—fue mi culpa y si hace eso va a hacer que me despida y necesito mucho el trabajo—concluyó en voz baja, mientras Álvaro y su acompañante no le quitaban la vista de encima.


—Está bien, accedo a complacerte con una condición ¿Aceptas? —interrogó  el hombre viendo en ese momento su oportunidad.


—¿Qué condición? No puede pretender que yo acepte algo, sin conocer sus verdaderas intenciones—expuso la chica levantando la barbilla.


—Tranquila no voy a pedirle que se acueste conmigo, si en algún momento hacemos eso, es porque Usted este complacido en hacerlo—dijo ante la mirada sorprendida de Julieta, quien de una vez le reclamó.


—¿Qué está pasando Álvaro? ¿Qué pretendes al decirle esas cosas a esta chica en mi presencia? —lo interrogó roja del enojo.


—Julieta es bueno que aclaremos algo, yo no te busqué, lo hiciste tú y a decir verdad  si te acepté junto a mi es porque estaba despechado por el desprecio de cierta señorita a quien quería darle celos, así que para dejar las cosas claras, no tengo interés en ti como mujer, si quieres ser mi amiga, entonces eres bienvenida, sino puedes retirarte porque no cambiaré de opinión.


—¡Eres un desgraciado! ¡Maldito! Que juegas con los sentimientos de las personas, ojalá esa chica que te gusta te de calabazaa—espetó furiosa mientras se levantaba de la mesa.


Romelia se quedó sorprendida por la actitud de ambos —Ella tiene razón, no debió usarla para darme celos a mi—lo reprendió la joven.


—¿Quién te dijo que tú eras la chica a quien quería darle celos? —cuestionó Álvaro con una sonrisa de suficiencia.


—Yo, pensé que era por mí, como lo rechacé—titubeó insegura Romelia.


—No, realmente no es cierto—pero al verla que se iba a retirar la sostuvo por el brazo—Aún tienes una deuda conmigo, recuerda que debes cumplirla si no quieres que hable con el dueño para que te eche.


— ¿Qué quiere? —interrogó en tono belicoso Romelia.


—Salir contigo el viernes en la noche—afirmó alzando su ceja Álvaro.


—¿Dónde iremos? No estoy acostumbrada a ir a sitios nocturnos, no sé bailar, ni tomo bebidas alcohólicas. —manifestó la chica.


—Yo te enseñaré todo lo que tengas que aprender—expresó extendiendo su mano para cerrar el trato, ella titubeó pero al final se la dio, ambos sintieron como un corrientazo que fluyó entre ellos y les hizo apartar las manos sorprendidos—te pasaré buscando en donde vives, pero necesito me des la dirección.


—No te daré la dirección de donde vivo, aceptaré salir contigo, pero me pasarás buscando por aquí—señaló la chica, para después retirarse a atender otra mesa, mientras Álvaro no dejaba de admirarla, le encantaba observarla con su soltura, su sonrisa, su amabilidad para tratar a la gente, cada día ella iba ganando un poquito más de su corazón, pero tendría que poner un poco de distancia entre ellos, pues no quería que ella ejerciera ninguna influencia en él.


Así fueron pasando los días y llegó el día de la cita, los nervios de Romelia iban en aumento, tenía temor de encontrarse a solas con Álvaro, desde hacía tres días que se habían citado, no se había vuelto a aparecer en su turno, lo que la estaba haciendo dudar de que tal vez no acudiría en su búsqueda, las interrogantes surgían como un torbellino en su cabeza ¿Por qué no apareció durante esos días? ¿Estaría bien? ¿Si había sido solo una treta para dejarla en ridículo? ¿Si acudía a la cita y no se aparecía? Estaba en esas cavilaciones cuando le llamaron la atención para que acudiera a atender una mesa de cinco personas, una pareja de edad mediana acompañada de tres jóvenes como de su edad o tal vez menor que ella, aparentemente sus hijas, todos muy bien vestidos con Blue Jeans y camisas de cuadro de marcas de ropa muy reconocidas, sin darse cuenta ella observó su atuendo, un pantalón desteñido producto del uso y una blusa sencilla que le había hecho su madre en la misma condición, se notaba que su ropa había tenido tiempo mejores, ante la elegancia de los comensales de la mesa,  se sintió vestida como una mendiga, sin embargo? eso no impidió que se expresara con toda su amabilidad.


—Buenas tardes señores, acá estoy para servirles—saludó entregándole el menú a cada uno de ellos. El señor fue muy amable, pero las mujeres la miraron despectivamente sobre todo las más jóvenes, quienes le arrebataron la carta para la sorpresa de Romelia.


El hombre se dio cuenta y las reprendió —¿Qué modales son esos? ¿Cómo se atreven a tratar de esa manera a la joven? Me hacen el favor y le piden disculpas a la señorita de inmediato por su proceder.


De inmediato la esposa salió en defensa de las chicas —Por favor mi amor, ¿Cómo se te ocurre pedirles a nuestras hijas que se disculpen con ella? Esta chica es una simple mesonera mientras que las muchachas son hijas del hacendado más prominente de este país, nada más y nada menos que de  Don Álvaro Octavio Mampella Santamaría—pronunció la mujer con altivez sin importarle que Romelia permanecía en silencio en espera del pedido, dándose cuenta en ese mismo instante sorprendida por la conversación, que esa gente era nada más y nada menos que la familia de Álvaro, lo que le produjo una gran conmoción en su interior, que provocó que sus manos temblaran incontrolablemente sobre la libreta, mientras todos asentaban su mirada sobre ella.


“Nunca te sientas inferior a alguien que se cree superior a ti, si hasta la lluvia que viene de lo más alto, termina cayendo siempre a nuestros pies”. Anónimo.


CAPÍTULO 3.  EL ENOJO.


Romelia intentaba llevar calma a su cuerpo, debía controlar esos nervios que amenazaban con desbordarse, respiró profundo y haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad expresó —No se preocupe señor no ha pasado nada, pierda cuidado.


—Claro que si tengo de que preocuparme, de estas muchachas que son unas groseras y que por creerse mejor que los demás andan humillando a la gente y de su madre que en vez de procurar que sus hijas sean mejores personas, se empeña en alentar sus malas maneras. Ahora les digo por última vez, se disculpan con la joven o se atienen a las consecuencias—expresó enfadado el hombre.


—¡Ve lo que usted ha provocado en esta familia!—enfatizó enojada la señora e iba a continuar su ataque, cuando fue interrumpida por Don Álvaro.


—¡Detente allí! Ella no ha provocado nada, son las actitudes de ustedes que han arrojado estos resultados.


En ese momento se apersonó el jefe de Romelia —¿Qué está pasando aquí Romelia?


Cuando ella iba a responder, la señora intervino —Que la atención de su empleada deja mucho que desear y por su causa ha provocado un conflicto familiar? Por eso le exijo que la despida inmediatamente, si quiere estar en buen término conmigo.


—Pues Roberto tienes un gran conflicto entre manos—expuso Don Álvaro—porque si se te ocurre despedir a esta chica, estarás en muy mal términos conmigo. Así que tú dirás a ¿Cuál de los dos quieres complacer, si a Doña Elvira o a mí?—interrogó el hombre mirando con suspicacia al jefe de Romelia, quien se puso pálido sin saber que hacer.


—Romelia ve atender otra mesa—le ordenó su jefe.


—Si señor, con permiso—manifestó la chica, pero antes de retirarse el señor Don Álvaro la detuvo.


—Señorita Romelia, aún no se vaya, mis hijas tienen unas disculpas que darle—pronunció decidido el hombre—jovencitas espero por ustedes—ordenó mientras observaba a las tres muchachas.


A las jóvenes no les quedó más remedio que disculparse con Romelia, la primera en hacerlo fue Beatriz —Discúlpame—manifestó la muchacha sin mucha convicción y con sus dientes apretados.


Sin embargo, Romelia acepto la disculpa con educación. De seguida le correspondió el turno a Lesbia quien con un gesto de molestia en el rostro  comentó —No me queda otra que disculparme por complacer a mi papá, ni siquiera creas que lo hago por ti. Así que discúlpame—concluyó despectivamente.


—Esas disculpas dejan mucho que desear, a veces me pregunto ¿Qué hice para tener unas hijas tan decepcionantes?


—No se preocupe señor, yo acepto las disculpas.


Por último se disculpó Roxana —Siento mucho si mi actitud previa te ofendió—comentó la joven con aparente sinceridad, fingiendo arrepentimiento cuando por dentro hervía de la rabia y pensaba en la forma de hacerle pagar a la mesonera semejante humillación.


Romelia se fue a otra mesa pensativa, le quedaban aún un par de horas de trabajo antes de irse a su residencia, bañarse, vestirse y regresar al restaurante para esperar a Álvaro, no pudo evitar el suspiro que salió de sus labios cuando pensó en él. Inmediatamente surgieron en su mente los recuerdos sobre el comportamiento de su madre y hermanas, fueron groseras y despectiva, no debía hacerse ilusiones con ese hombre, porque su familia no la toleraría jamás, todos a excepción de su padre, la habían tratado despectivamente 


A las cinco de la tarde terminó el turno, se dirigió a su residencia, se puso a estudiar pues al día siguiente presentaría una prueba de Inmunología humana, ya estaba concluyendo  el primer cuatrimestre de tercer año del Ciclo Biomédico, comenzó a leer sobre las células mieloides, los fagocitos, cédulas dendríticas, Eosinófilos, Basófilos y mastocitos y plaquetas, estudió por hora y media.  Cerró sus apuntes, ya eran casi la siete y Álvaro pasaría buscándola por el Restaurante a las ocho de la noche. Se bañó con rapidez, buscó en su ropa, no poseía vestidos, solo sus jenes, tomó el que se veía en mejor estado, uno de color negro y una blusa beige que se ajustaba a su tórax. Se puso unos tacones de  tamaño mediano de color negro, se aplicó polvo compacto y un labial de color borgoña, se colocó perfume detrás de las orejas y entre el nacimiento de sus senos.


Tomó su cartera y salió, caminó las cinco cuadras hasta llegar al Restaurante donde trabajaba, al llegar la estaba esperando Álvaro, la miró de pies a cabeza mientras ella mantenía su cuerpo erguido, luego se le acercó y besó su mejilla —Debiste haber dejado que te recogiera en tu residencia, así no estarías sudada y sonrojada de la caminata.


—Bueno si no quiere salir conmigo, por mí no hay problema—pronunció con altanería—total no vine voluntariamente a esta cita, me chantajeaste para que lo hiciera.


—Por supuesto que quiero salir contigo, es solo que podías evitar venirte a pie sudando, pero eres demasiado terca y prepotente, pero conmigo, porque no veo que a las demás personas las trates así. Deberías estar encantada de que el chico no solo más atractivo, sino con más dinero de toda la zona, capaz de todo el país, se esté fijando en ti.


—Pues para que veas, poco me importa si eres el más guapo y rico de toda Nicaragua, el valor de una persona no se mide por lo que tiene sino por sus sentimientos, así que creo que te estás equivocando conmigo, si no me demuestras algo más que eso, no tendrás la mínima oportunidad—pronunció alzando su barbilla con desafío.


—¡Veamos! —pronunció acercándosele, la tomó por las mejillas y la besó. Unió sus labios a los de ella con suavidad, lo hacía de esa manera para que ella lo reconociera, sin embargo, la chica se mantenía impasible, a pesar de que en su interior se estaba desarrollando un cataclismo, disfrutó solo por segundos el momento, porque enseguida salió de la especie de parálisis que le había provocado su beso, colocó las manos en su pecho y lo empujó.


—No hagas eso, tú y yo no tenemos nada, ¿Con qué permiso te atreves a besarme sin mi consentimiento? —interrogó la chica sin dejar de observarlo.


—Eso de no tener nada puede cambiar, a mi me provocó besarte y procuro hacer lo que deseo—expresó con suficiencia.


—Creo que es mejor dejar esta cita hasta aquí—señaló con decisión Romelia.


Al ver Álvaro que ella estaba a punto de desistir a la cita bajó la guardia—¡Discúlpame! Es que tus labios fueron muy provocativos, pero prometo no volverte a besar a menos que me lo pidas.


—Entonces no volverá a pasar porque no pienso pedírtelo.


—¿En serio? ¿Apostamos? Antes de que termine la noche me suplicarás por un beso—pronunció el hombre.


—No me conoces, tengo una fortaleza difícil de quebrantar, creo que al terminar la noche ansiarás que te suplique por un beso—pronunció con una media sonrisa en su rostro.


Álvaro la ayudó a montarse en su camioneta Tundra color Cavalry azul, pues el vehículo era alto y ella era de estatura media, el chico tardó un poco más en ayudarla, porque le agradaba su cercanía, ella se dio cuenta y no pudo evitar que su corazón saltara como si diese volteretas, mientras ella se decía “Tranquilo no te vuelvas loco, este chico no nos conviene, tenemos una meta por la cual caminar y él no está en ese ruta”.


Llegaron al sitio nocturno, un lugar exclusivo Terraza Club Night  de Carazo, Álvaro dejó a Romelia en la puerta, indicándole que lo esperara dentro, mientras él iba a estacionar el vehículo. Ella caminó y cuando iba a ingresar, los hombres de seguridad no le permitieron la entrada —Disculpe señorita no puede entrar—expresó con firmeza uno de ellos.


—¡¿Cómo?! —exclamó entre sorprendida e indignada.


—Lo que escuchó, no puede pasar porque no está vestida adecuadamente para el lugar—el hombre la recorrió visualmente de pies a cabeza despectivamente y negó.


Romelia estaba indignada, sabía que su ropa no era de marca, ni estaba en condiciones óptimas pero era la mejor que tenía, no veía porque la gente debía humillar a los otros por su condición o estatus social por nimiedades que no representaban ninguna importancia, no pudo contener el enojo y de inmediato respondió a las ofensas—Es usted un títere, que baila al ritmo que le tocan unos patronos que seguro abusan de ustedes sin respetarle sus derechos, a mi lo deslucido de mi ropa se me puede quitar comprando otra, pero a usted lo servil e ignorante no se le quita con nada, solo leyendo y no creo que haya tomado un solo libro en su vida—dijo indignada.


En ese momento llegó Álvaro y se encontró con el alboroto, enseguida preguntó —¿Qué está pasando aquí? —al verlo los hombres de seguridad le respondieron inmediatamente, pues lo conocían al ser uno de los integrantes de la familia más influyente de la zona.


—¡Qué está mujer! —pronunció despectivamente mirando con desprecio a Romelia—pretende entrar vestida como una pordiosera a un club cinco estrellas, no entiende que en este lugar se reserva el derecho de admisión, a gente de bien, no a personas insignificantes como ella, por eso aquí ¡Ella no entra!—concluyó con prepotencia, esperando aceptación de Álvaro.


Lo que desconocía, es que ella andaba con Álvaro y que éste estaba a punto de perder el control por las ofensas contra Romelia, y así fue, se le encimó al hombre, tomándolo del cuello y estampándolo fuertemente de la pared ante la sorpresiva mirada de todos, ella colocó su mano en uno de sus brazos para intentar contenerlo, pero fue en vano, pues un hombre de gran tamaño en modo agresivo, no era fácil de controlar.


Álvaro con los dientes apretados y aun manteniendo sus manos en el cuello del hombre, le espetó con violencia—¡Retráctate inmediatamente! Pídele disculpas a la chica o no respondo de mí.

“Un hombre es tan grande como las cosas que lo hacen enojar” Winston Churchill.



CAPÍTULO 4. PROBABILIDADES DE REENCONTRARSE

 

El hombre estaba totalmente blanco como un papel, entre lo asustado y sorprendido por la reacción de violencia que exhibía Álvaro —Señor, lo siento mi intención jamás fue molestarlo, son las políticas de la empresa, no dejar pasar a la gente que no esté vestida de manera decente para la ocasión.

 

—Me sabe a agua las ordenes que te den, ¡A ella la respetas!, no voy a permitir bajo ningún concepto que la humilles y la maltrates, ¡Ahora pídele disculpas!—le exigió enfadado soltando un poco el agarre del cuello y parándolo al frente de Romelia.

 

Él hombre los observó a ambos, pero al darse cuenta que Álvaro estaba totalmente rojo del enojo le pidió disculpas a la chica —Discúlpeme señorita—manifestó apretando los dientes.

 

Romelia se quedó viéndolo un poco perturbada, pero enseguida  respondió —Está bien, lo disculpo.

 

—No, me parece que esas disculpas no son sinceras. ¡Arrodíllate! —le espetó—y pídele disculpas sinceras—y viendo al otro hombre le dijo—y tú también hazlo, porque de lo contrario al terminar con este voy contigo.

 

Romelia intervino—Por favor Álvaro, no es necesario que se arrodillen, estoy conforme con la forma en que el señor me pidió disculpas—indicó la chica apenada por lo que estaba pasando.

 

—Pues yo no estoy conforme, por ello hagan lo que les estoy ordenando—los hombres de seguridad ante la insistencia de Álvaro, se arrodillaron y le pidieron disculpas a Romelia.

 

—Por favor, ¡Levántense! Ya están disculpados—manifestó, pero luego de ello, se dio la vuelta y salió corriendo hacia fuera.

 

Al verla salir Álvaro, soltó a los hombres y caminó con grandes zancadas hacia donde corría Romelia, mientras la llamaba —¡Romelia! ¡Romelia! —exclamaba, hasta que la alcanzó, la tomó por el brazo y la hizo girar hacia él—¿Qué te sucede? ¿Por qué saliste corriendo?

 

—Porque me has avergonzado incluso igual o más que ellos, ¿Por qué me haces esto? ¿Cómo se te ocurre hacerlos arrodillar frente a mí? Ante las miradas de todo. Si tú intención era hacerme sentir halagada, has logrado justamente lo contrario, la vergüenza que me has hecho pasar no puedo perdonártela, a mí no me gusta eso, detesto cualquier modo de  abuso y sometimiento a las personas—enfatizó volteándose.

 

 —Por favor Romelia, no te pongas así, lo siento, mi intención era lograr que ellos te respetaran, jamás te sometería a la humillación y escarnio de los demás. Me molesté muchísimo por las burlas hacia ti, no puedes culparme y sentenciarme por defenderte, no puedo permitir que la gente me irrespete o lo haga contigo y menos cuando andas en mi compañía.

 

— Me quiero ir, por favor llévame hasta mi residencia—pidió la chica.

 

—Tienes una deuda conmigo, no puedes irte sin pagarla, me prometiste que si no te acusaba con tu jefe, saldrías conmigo—expresó Álvaro.

 

—Ya lo hice, aquí estamos, pero ni por un momento pienses que entraré a ese lugar.

 

—Entonces iremos a otro—pronunció tomándola de la mano y llevándola al auto, cuando iba a abrir la puerta, no pudo evitar acercar su cuerpo a ella. De inmediato Romelia pegó un pequeño grito, al sentir su erección en su derrier. Se volteó de inmediato y vio los ojos llenos de deseo de Álvaro.

—Creo esto no es correcto—expresó Romelia con nerviosismos.

 

—Pues difiero de ti, es lo más correcto que he hecho en toda mi vida—afirmó tomándola por la cintura y acercándola a su cuerpo—siente lo que produces en mí, no aguanto más abstenerme de besar esos labios, recorrer ese cuello, tocar tu piel, te deseo más que nada en el mundo Romelia, por favor no te niegues a lo que estoy seguro que también sientes.

 

Así la pegó a su cuerpo y comenzó a recorrer su escote, le daba pequeñas lamidas por su cuello, despertando la excitación en Romelia. Él llevó una mano entre sus muslos, abriéndoselos, metió su rodilla entre ellos, de manera que Romelia quedó montada en su pierna, la recostó del auto, luego le levantó la blusa, apartó su brassier y comenzó a realizar pequeños círculos en sus senos, lo hacía con las dos manos, enloqueciéndola, mientras no dejaba de observar su reacción.

 

Álvaro movió su pierna rozando su femineidad, lo que provocó un cúmulo de éxtasis en el cuerpo de Romelia, que perdió el control de su cuerpo, empezó a moverse en su pierna como si de un jinete montando un potro se tratara, mientras él iba enloqueciendo por segundos cada vez más, tomó con su mano uno de sus senos, bajó su boca y comenzó a succionarlo con ímpetu, luego cambió al otro, chupaba como un hambriento, devorando sus pechos hasta el punto de enloquecerla, ella gritaba, tomaba su cabello y lo halaba, exigiendo con cada gesto un poco más, él llevó su mano al pantalón de ella y lo abrió, introdujo sus dedos posándola en esa delicada zona caliente, introdujo primero un dedo y luego otro,  sintió la esencia de su chica en sus manos, quien comenzó a gemir con locura, hasta explotar en un maravilloso orgasmo.

 

Él besó sus labios, le daba pequeños mordiscos que provocaron una leve hinchazón en sus labios, ella estaba entregada a lo que sentía, su mente era una nubla que no podía articular ningún pensamiento, no podía procesar ningún otra acción, solo podía sentir, esas caricias, besos, mordiscos que la volvían loca —Por favor—suplicó queriendo que la tomara de una vez.

 

Pero minutos después volvió a la realidad cuando Álvaro orgullosamente expresó—Te dije, antes que terminara esta cita me suplicarías.

 

Sus palabras fueron como un baño de agua fría, lo empujó para apartarlo de su cuerpo, le tomó la mano sacándola de su cuerpo —¡Suéltame! Gracias por devolverme a la realidad, no eres más que un creído, prepotente que cree que la gente debe girar alrededor de él, como si fueses el centro del universo.

 

Álvaro la tomó por las muñecas e intentó volver a retomar lo que estaban haciendo, cuando ella molesta le dijo —Acercas tu boca nuevamente a la mía y te arranco el labio de un mordisco.

 

—¿Por qué eres tan violenta conmigo? Te encanta ofenderme, tirarme todo a la cara—pronunció mirándola con una cara de inocencia, que si no hubiese escuchado con tanta claridad sus palabras, pensaría que no había hecho nada inapropiado.

 

—Porque te encanta provocarme, aunque hace un momento te agradezco tus palabras, porque me hizo reaccionar a tiempo, no quiero ninguna relación contigo, no quiero tener nada que ver contigo. Llévame a mi casa—ante la cara de seriedad que exhibía Álvaro le dijo—Por favor.

 

Álvaro abrió la puerta del auto y justo cuando iba ayudarla a subir, se aparecieron un grupo de chicas acompañadas de unos caballeros.

 

—Hermanito, ¡Qué feliz coincidencia! —manifestó Lesbia.

 

Él volteó dejando a Romelia Tras sí, evitando que los presentes la pudieran observar—Si que pequeña es la ciudad, con tantos lugares a donde ir, y precisamente ustedes se decantaron por este sitio—respondió con fastidio Álvaro.

 

—Hola mi Andro, ¿Cómo estás? —preguntó una de la chica brincándole encima para abrazarlo.

 

Álvaro le colocó sus manos en el hombro y la apartó de él —Todo bien Eliana. Bueno ya iba de salida—señaló el chico.

 

—¡Prix!* —saludó uno de los hombres que estaban en el grupo, acercándose para darle las manos.

 

— Mateo, ¿Qué tal? —respondió Álvaro respondiendo a su gesto.

 

—Aquí a bailar un ratito, ¡Vamos! Acompáñanos—lo invitó Mateo, mientras él saludaba al resto de los presentes.

 

—Hermanito ¿No piensas presentarnos a tu noviecita? O la estás escondiendo—preguntó con sarcasmo Lesbia.

 

—No la estoy escondiendo, tampoco es mi novia, es mi amiga, aunque no descarto que  en algún momento no muy lejano lo sea—afirmó girándose hacia Romelia, para presentarla a los presentes—Romelia ven para que conozcas a unos amigos y a la fastidiosas de mis hermanas—expresó tomándola para ponerla al frente de él, mientras ella sentía un sudor frío corriendo por su cuerpo, empezó a temblar pero esta vez no de excitación, sino del temor a enfrentarse a las mal educadas que había conocido ese día.

 

Al quedar frente a ellas, las hermanas de Álvaro se quedaron sorprendida, pero la que no pudo disimular su ira fue Roxana, que en un tono altanero, impregnado de odio espetó —¡Tú! Álvaro ¡¿Cómo puedes si quiera salir a la esquina con esta?! —ante sus palabras todos se quedaron en silencio mientras Romelia, se preguntaba “¿Por qué aceptó salir con ese hombre?, si sabía que haciéndolo, podía cruzarse nuevamente con ese tipo de personas tan desagradables.”

 

“La vida es un juego de probabilidades terribles. Si fuera una apuesta no intervendrías en ella.” Tom Stoppard.


 

 

CAPÍTULO 5. DESCONTROL.

 

Romelia respiró profundo, se sintió mal, pero no por el desprecio de las hermanas  de Álvaro, no realmente le tenía sin cuidado lo que pensaban, su estado de ánimo tenía que ver más con la molestia que sentía hacia ella misma, pues sabía la clase de personas que rodeaban  a ese chico y ella se había expuesto a esa humillación, y no porque pensara que valía menos, al contrario estaba consciente de su valor, sino que era de la idea, que si estabas seguro a donde te llevaría un camino y que su transitar sería pedregoso y accidentado, no deberías tomarlo, pero precisamente eso pasaba con ese hombre, tenía una corazonada que con él las cosas no serían color de rosa.

 

Observó a las chicas por un par de segundos, y sin pronunciar palabras comenzó a caminar para retirarse, pero no pudo llegar a ningún lado, porque cuando Álvaro se dio cuenta que iba a retirarse la retuvo del brazo.

 

—¡No irás a ningún lado! —exclamó el chico con firmeza—has venido y te vas conmigo—luego enfrentó a sus hermanas—en cuanto a ustedes son unas groseras, no tienen la mínima noción de urbanidad, Romelia es mi acompañante e incluso debo confesarles que me gusta más que ninguna otra chica y no acepto ninguna agresión ni falta de respeto a su persona. Les voy a dar un consejo gratis, si quieren tenerme de parte de ustedes, más les vale que acepten a la mujer que será mi novia ¿Me he explicado correctamente? —las interrogó dejando reflejar en su voz la molestia que había comenzado a sentir por la actitud de sus hermanas.

 

Roxana se quedó viendo con intensidad a Romelia y de allí extendió su mirada a Álvaro

 

—Nunca pensé que tuvieras tan malos gustos y te rebajaras a andar con una mujer como esta, mal vestida, mal peinada y con mal sentido de lo que es su lugar—indicó con rabia.

 

—Pues hermanita, lo mal vestida y lo mal peinada tiene remedio, la llevaré a las mejores tiendas y peluquerías para que pulan el brillante diamante que es Romelia, pero a ti lo mal educado, dime ¿Con qué te lo quitamos? —dijo burlesco Álvaro.

 

Sin embargo, Romelia se sintió molesta por sus palabras, porque con ellas reconoció que lo dicho por su hermana era cierto, se volteó hacia él y lo enfrentó—¡Suéltame! No quiero volver a hablarte en mi vida, no me interesa tener ningún tipo de amistad ni relación contigo, ni con ninguno de ustedes,  detesto la gente que se cree superior a los otros, tú sabes muy bien—le dijo señalándolo con su dedo totalmente indignada—que no quería salir contigo, pero me chantajeaste. Pero ahora ya basta, no te me vuelvas a acercar, búscate una mujer bien peinada y bien vestida, que este a la altura de tu escaso cerebro—espetó volteándose para irse.

 

—Romelia, ¡Por favor! ¡Espera!, no quise decir eso, por Dios ¡Escúchame! —exclamó Álvaro mientras la tomaba por el brazo.

 

—¡No quiero! —gritó enfurecida—¿Por qué no me dejas en paz? No entiendes que no quiero me sigas persiguiendo, estoy alta de que me busques y me acoses, ¡No me interesas! Métetelo en la cabeza.

 

—¿En serio no te interesa? ¡Eres una mentirosa señorita perfecta!, porque si ellos no nos hubiesen interrumpidos, te hubiese vuelto a tomar y en estos momentos estuvieras jadeando debajo de mi cuerpo, estaría en tu cavidad, nuestras pelvis golpeteando,  mientras bañaba tu interior con mi esencia—confesó con pasión.

 

A pesar de la furia que la envolvía, no pudo evitar la reacción de su cuerpo al escuchar sus palabras, sus pezones se irguieron, percibió que el brassier no era suficiente para retenerlos, sintió un líquido que comenzó a salir de su centro y no pudo evitar un jadeo que escapó de sus labios, él se quedó observándola de manera intensa, pendiente de cada reacción de su cuerpo, levantó su mano y la introdujo por el interior de su blusa, le acarició sus senos a través del sostén, la mirada de Romelia se oscureció, volvió a lanzar un gemido. Álvaro la tomó con el otro brazo y la acercó a su cuerpo, mientras capturaba sus labios.

 

Romelia sintió sus labios siendo succionados por la boca de él, le introdujo su lengua en su cavidad bucal y comenzó a juguetear en su interior, pero ella reaccionó, lo empujó, haciéndolo tambalear, se quitó los tacones y salió corriendo a toda la velocidad que le permitían sus piernas, Álvaro iba a correr detrás de ella pero se dio cuenta que por más que lo hiciera no la alcanzaría.

 

Muy molesto caminó hacia su camioneta, sus hermanas y amigos permanecían allí en silencio, desconocía si habian visto la escena, aunque no creia porque él la cubrió con su cuerpo. Álvaro pasó entre ellos sin decir palabra y dio la vuelta para montarse en el carro, su hermana Beatriz intentó detenerlo, pero molesto le respondió.

 

—¡Déjenme en paz! Son un trío de metiches, no sé quien les dio autoridad para meterse en mi vida, esa mujer que se acaba de ir—confesó mostrando con su mano el camino que había tomado Romelia—es la mujer que me gusta, la deseo tanto que estoy dispuesto a todo por ella, incluso a casarme si es necesario, si con eso consigo hacerla mía y ni ustedes ni nadie van a poder impedirlo. Así que procesen eso muy bien en su cabeza, para que lo internalicen y dejen de estar metiéndose con Romelia, porque no respondo—concluyó diciendo.

 

Se subió a su auto, golpeando la puerta al cerrar, dio retroceso sin siquiera tener cuidado de las personas que aun permanecían cerca de su auto, los cuales debieron retirarse con premura, mientras Álvaro salía a toda velocidad del estacionamiento picando caucho.

 

La rabia lo corroía por dentro, no toleraba los rechazos de Romelia y menos porque estaba seguro que ella lo deseaba con la misma intensidad que él lo hacía, esa chica lo tenía loco, no había un momento del día en el cual no pensara en ella, se estaba convirtiendo en una obsesión y ahora que ya había tocado sus labios, besado y probado sus senos, no podía renunciar a ella, con solo imaginársela como la tuvo entre sus brazos, su miembro se erguía orgullosamente entre sus piernas, necesitaba tenerla, tenía que idearse un plan para lograr convencerla que él era la mejor opción, debía mostrarle que  al aceptarlo, tendría más ventajas que desventajas.

 

Comenzó a recorrer las calles de Jinotepe, tratando de encontrar en donde se había metido Romelia, le daba miedo que estuviese a esas horas de la madrugada sola, deambulando por las calles, lo más probable es que no tuviera dinero para pagar un taxi. 

 

Estaba muy preocupado, por ello comenzó a recorrer lentamente las calles, estaba dándose por vencido, cuando la vio, iba caminando lentamente por la acera  en una de las calles laterales de la catedral de la ciudad, la alcanzó en el auto, pero al verlo comenzó a correr, Álvaro se estacionó en todo el medio de la calle y empezó a perseguirla corriendo, en pocos segundos la alcanzó, abrazándola por detrás.

 

—¡Te tengo! —exclamó el hombre, alzándola.

 

—¡Suéltame! ¡Auxilio! —comenzó a gritar como loca, Álvaro tapó su boca con la mano, mientras ella le pateaba por la espinilla.

 

—¡Cálmate! ¡Ya! —pero ella no cesaba y le mordió la mano. El chico, la soltó de inmediato, momento que aprovechó Romelia para salir corriendo, pero él no se dio por vencido, la siguió volviéndola a atrapar, se la montó en el hombro y camino con ella hacia su camioneta, mientras ella le golpeaba la espalda. La subió en el asiento del copiloto y le pasó seguro para evitar que se escapara. Y luego caminó a su asiento frente al volante del auto, cuando abrió la puerta, ella se le encimó molesta.

 

—¡Déjame! ¿Qué pretendes? ¿Piensas abusar de mí? —lo interrogó casi histérica.

 

Álvaro la sostuvo, para evitar que lo siguiera golpeando, la abrazó fuertemente contra su pecho, le acarició la espalda y reposó su rostro en su cabeza, buscando calmarla —Ya Romelia, no voy hacerte daño. Solo quiero que te tranquilices. No puedo dejarte vagando sola por estas calles, puede ser peligroso, alguien podría hacerte daño.

 

Al escucharlo decir sus motivos, Romelia se fue calmando y su enojo comenzó a dimitir, siendo sustituido por una gran vergüenza, no le quedó más remedio que disculparse, ella solo había querido alejarse de él porque le hacía perder el control en cualquiera de los sentidos.

 

—¡Lo siento! Sólo quería huir de ti—expresó apartándose de él.

 

Álvaro se alejó de ella, en silencio, cerró la puerta del auto y comenzó a realizar el recorrido hacía el sector de la ciudad donde vivía. Romelia se sentía incómoda, comenzó a recordar lo que había pasado y se dio cuenta que había exagerado, pero no pudo evitar asustarse por la reacción de su cuerpo frente a él, tenía miedo de ser vulnerable.

 

—Álvaro disculpa mi reacción, yo…—no siguió hablando porque él la interrumpió.

 

—No te preocupes Romelia, ha quedado claro que piensas lo peor de mí, creíste que iba a violarte, no tengo idea que te hizo llegar a esa conclusión, porque si eres sincera contigo mismo, sabrás que las dos veces que te toque tú estabas bastante excitada y deseosa porque te tomara, pero si no quieres tener nada conmigo, no te preocupes no te voy a obligar, nunca he abusado sexualmente de ninguna mujer y aunque me encantes y te hayas convertido para mí en una obsesión, no soy capaz de tenerte en contra de tú voluntad, no me gusta una mujer pateando y llorando debajo de mí, sino gimiendo y rogando por tomarla—concluyó con molestia.

 

—Yo.. —comenzó a decir Romelia, pero su voz se quedó atascada en su garganta. Ya estaban cerca de donde vivía, era necesario darle su dirección, pero la culpa por haberse comportado como una loca, actuaba como un paralizante de su cuerpo.

 

—No digas nada, indícame donde vives para dejarte allí, y nos haremos cuenta de que esta noche nunca ocurrió—ella le dio la dirección y el siguió las indicaciones, hasta pararse frente a la residencia de la chica.

 

A pesar de lo molesto que estaba, Álvaro dio la vuelta y le abrió la puerta, ella se quedó viéndolo arrepentida, no quería que se despidieran molestos, había sido una completa tonta al reaccionar de esa manera. 

 

Bajó del auto un poco triste, pero luego sin detenerse a pensar, levantó sus pies para acercarse más a la altura de Álvaro, lo tomó por el cuello inclinándolo hacia ella y con timidez posó sus labios en los de él, dejándolo tan sorprendido que no reaccionó a tiempo, lo que ella mal interpretó, alejándose, con sus mejillas sonrojadas, comenzó a caminar hacia la entrada de la residencia.

 

Al verla alejarse, el hombre caminó detrás de ella, la tomó por los hombros, la volteó, colocó sus manos en cada mejilla, la observó por unos segundos, mostrándole con sus ojos el cúmulo de emociones que ella le hacía sentir, primero la besó con suavidad y después aumentó su intensidad, mientras ambos percibían como la pasión se apoderaba de sus cuerpos.

 

“La cara es el espejo del alma, y los ojos confiesan en silencio los secretos del corazón”. San Jerónimo.

 

CONTINUARÁ...