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LA CUAIMA

SINOPSIS

María Cecilia, una chica de diecinueve años profesional,  hermosa pero extremadamente insegura, un joven militar que desde el primer momento que se tropieza con ella queda prendado, sin imaginar que esas inseguridades de la chica le harán sentir unos celos desmedidos que lo harán vivir los  momentos más vergonzosos ¿Hasta dónde podrá llegar una mujer posesiva para tener controlada a su pareja?


Todos los derechos reservados. Obra registrada en Safe Creative en fecha 01/01/2020 bajo el número  2001012782661.


CAPÍTULO 1. EL ENCUENTRO

María Cecilia consumía los diez kilómetros de pista con mucha facilidad, era una rutina diaria  para ella realizar ese recorrido, vestida con su ropa deportiva resaltaba sus voluptuosas curvas, con su metro setenta de estatura, sus largas y torneadas piernas, ojos negros, cabello castaño y nariz respingona, no pasaba desapercibida en ningún lado, las miradas masculinas eran inevitable que se posaran en ella, pero María Cecilia ni se percataba, incluso una que otra fémina la miraban con envidia y ella ni pendiente que las miradas iban y venían.

Sin embargo, no siempre todo es lo que parece, a pesar de contar con una belleza extraordinaria, ser una chica muy inteligente y profesional con solo diecinueve años, si es cierto, muy joven, pero hacía un par de meses que había obtenido el título de abogada, luego de cuatro años de carrera ininterrumpida en la mejor universidad del país, la Universidad Pontificia de Venzual, donde  se dedicó exclusivamente a su vida estudiantil, entre cursos de verano, cero salidas, ningún novio, nada de diversión, su único entretenimiento eran los estudios y una beca trabajo de recepcionista en las residencias de la universidad, que había encontrado para por su cuenta costear los gastos de manutención y no ser una carga para sus padre, aunque no lo necesitara porque ambos eran abogados, su padre era Juez de la corte penal y su madre era una de las mejores abogadas en materia civil del país, especialista en divorcios contenciosos.

Me he desviado del tema, les contaba que las cosas no son siempre lo que parecen, a pesar de todas las cualidades y oportunidades con las cuales cuenta María Cecilia, en el fondo es una chica insegura, piensa que no es suficientemente buena para que un hombre pueda mantenerse interesada en ella y esa inseguridad propiciará en ella el surgimiento de otros defectos no tan buenos, ¡¿Qué estoy diciendo?! En realidad ningún defecto es bueno, pero por lo menos hay unos que se pueden tolerar  más que otros ¿Qué tan insegura es? Bueno, ya lo descubrirán, incluso profesionalmente a veces se llena de inseguridades y se subestima en lo que es capaz de hacer, aunque deberá aprender a confiar en ella. 

Es inexplicable como esta niña puede dudar de sus capacidades, siendo que logró el mejor promedio de notas en su promoción, obteniendo una calificación de diecinueve como noventa y nueve, hubiese dicho veinte de una vez y evito expresar esos decimales; otra vez me salí del tema, prosigo, era de pocas amigas, sus amistades se podían contar con una sola mano y le sobraban dedos ¿Su pasión? Trotar y hacer ejercicios, creo que esta chica está un poco obsesionada con verse bien ¿Será producto de sus inseguridades? Realmente ni me había fijado en ese dato, pero no importa, tocará descubrirlo.

Cuando corría los últimos metros de los kilómetros que conformaban su rutina, desvió su vista por unos segundo a un lado, por lo cual no se dio cuenta del chico que venía del lado contrario; ¡María Cecilia vas a colisionar con él! ¡No puedo ver! mejor me tapo los ojos, no, no puedo hacer eso, porque luego como les cuento lo que sucederá, ya estoy desvariando, es que este encuentro me puso nerviosa.

Ambos chocaron y ella estaría tirada en el piso, si no es porque el apuesto chico la sostuvo del brazo, ¡Wow!, que hermosos ojos tiene ese hombre son como el color del chocolate derretido, esos brazos, esas piernas, esos muslos, cada músculo bien definido y proporcionado en los lugares exactos, esos pompis, ¡De locura! ¿Y esa sonrisa? ¡Me mata! ¡Dios! se elevó la temperatura unos grados en este lugar o es solo a mí que me ha dado fiebre ¿Ustedes no lo sienten? Oigamos lo que dicen.

— ¡Oh por Dios! Disculpe, no lo vi venir—se excusó ella.

Aquí entre nos, es que yo así lo hubiese visto venir, me hago la desentendida y más rápido me estampo en su humanidad ¡¿Quién no lo haría?!

—Disculpa aceptada señorita, aunque confieso que la vi venir, pero mantuve la esperanza hasta el último momento de que usted no me viera y colisionara conmigo y así poder conocernos—pronunció con voz de barítono.

¡Qué hermosa voz tiene! Y que chico tan rápido, si estuviese conduciendo un auto, ten la plena seguridad que lo retendrían por exceso de velocidad.

María Cecilia se sonrojó ¿Y quién no? Con semejante espécimen. Quedó muda, las palabras se atragantaban en su garganta, sin embargo, la timidez no era parte de las características del chico —Como te has quedado sin palabras, me presentaré, me llaman Mauricio Alejandro Martínez Fernández—manifestó el hombre extendiendo su mano hacia ella, con una sonrisa que develaron unos perfectos dientes blancos y bien alineados, la envidia de cualquier odontólogo para hacerse publicidad.

Ella  frunció el ceño, desconcertada por sus palabras—Claro, porque yo nunca me digo por mi nombre—expresó con una seguridad extraordinaria.

El rostro de la chica se puso totalmente color granate, sin embargo, estiró su mano y tomó la de Mauricio, mientras lo observaba fijamente, su nariz romana destacaba en su hermoso perfil,  luego de lo que parecieron minutos, pero en realidad solo fueron escasos segundos, ella respondió —Soy María Cecilia Villamizar Uzcátegui—pronunció con un tono de voz un tanto nerviosa, pues no era una chica que tuviera mucho contacto con el sexo opuesto, a excepción de los hombres de su familia, pero por supuesto que esos no contaban —un gusto conocerle—destacó.

—No, el placer de conocerte es absolutamente mío, y mi agrado es tanto que quisiera preguntarte ¿Puedo acompañarte a concluir tu rutina de ejercicios?

—No—respondió ella sin más, pero al ver su cara de desconcierto, le aclaró—es que justamente este era mi último tramo.

—Entonces, no podrás negarte a tomar algo de beber conmigo.

Ella se quedó viéndolo un poco confundida, porque en ese momento tenía una lucha interna por aceptar o no su invitación, los engranajes de su mente comenzaron a moverse para evaluar los pros y los contras.

Definitivamente esta niña me exaspera ¿Será que piensa perder semejante oportunidad? Si sigue evaluando todo con ese misticismo, seguro quedará para vestir santod, bueno aunque en honor a la verdad debo reconocer que es bastante joven, entonces esperemos a ver que decide

—Pero no sé quién eres, apenas te estoy conociendo—enfatizó la chica elevando sus cejas.

Él sacó su billetera y le extendió su documento de identidad —Toma, puedes tomarle una fotografía con tu móvil y enviársela a alguien de confianza, informándole que aceptarás una invitación para tomar una bebida refrescante con este apuesto caballero.

Ella sonrió ante el auto halago que él se expresó y luego de meditarlo un momento aceptó, el contacto de su mano con la suya le produjo unas pequeñas chispas en su interior, y eso casi nunca le había pasado, además el hombre era apuesto, interesante y hacía que su corazón palpitara aceleradamente y estaba segura que no era producto del ejercicio—Está bien, permíteme tomarle una foto a tu documento de identidad  y enviárselo a mi madre—Efectivamente lo hizo y después le entregó el documento a Mauricio Alejandro.

Así juntos, caminando uno al lado del otro se dirigieron a un cafetín cercano a la pista de carrera donde se ejercitaban, ambos pidieron una limonada y ocuparon asiento en unas de las mesas del interior, y allí comenzaron una amena conversación para conocerse, él por su parte le contó que era oficial de la aviación, actualmente con el rango de primer teniente, estaba asignado a la base aérea de la ciudad de Vancar.

Ella por su parte, le contó que recién se había graduado de abogada hacía un par de meses y que hasta hacía unos días trabajó con su madre, pero a partir de la semana siguiente iniciaría trabajo en una firma de abogados especialistas en materia inmobiliaria, así duraron un par de horas conversado de sus gustos, sobre sus familias, intercambiaron teléfonos, luego de un par de minutos  a Mauricio le llegó un mensaje de texto, el chico tecleó respondiendo, mientras ella lo miraba un tanto incómoda, segundos después le dijo—Permíteme unos minutos para hacer una llamada urgente —expresó, pero más por educación que porque esperará autorización de ella. María Cecilia se quedó en silencio, mientras él se levantaba y salía del cafetín.

La actitud de Mauricio Alejandro, causó malestar en María Cecilia, quien se levantó de la mesa, se dirigió a la caja, pidió la cuenta de lo que ella había pedido, pagó su consumo y salió del establecimiento sin mirar atrás, mientras sentía un leve enojo que empezaba a surgir en su interior.

Llegó al departamento que había arrendado desde hacía un mes, lanzó su celular a la cama, se desvistió y tomó una ducha, mientras trataba de apaciguar su molestia “¿Quién se había creído ese hombre? La invitaba a tomar algo, luego se ponía a contestar mensajes de textos y después tenía la osadía de dejarla sola para realizar una llamada, para hablar con quien sabe, pues no, ella no estaba acostumbrada a ser plato de segunda mesa de nadie, por eso se mantenía alejada del sexo opuesto porque ellos siempre eran muy zalameros, además si había sido regalado con ella recién conociéndola, quien le garantizaba que no sería así con otras y de paso militar, todos ellos eran cortados por el mismo patrón, de naturaleza infieles, mujeriegos, imagínate, eran nómadas, siempre siendo trasladados de un lugar a otro, ¿Quién le garantizaba que un hombre así y más con esas características permanecería fiel? No, que va, mejor no se complicaba la vida”. Concluyó mientras pasaba esos pensamientos y al hombre que los provocaba, al olvido.

 

“El día de hoy sigo sin tener muy claro si valiente es el que se queda o el que se va.” Anónimo.



CAPÍTULO 2. RECUERDOS


Al día siguiente como siempre salió a trotar, miraba a los lados como buscando algo, pero al parecer no lo encontraba. 


Si chiquilla suerte con eso del olvido, como se nota tu ingenuidad en la materia, un hombre de semejante magnitud, es imposible olvidar y más cuando la amnesia es voluntaria.


Al terminar su rutina se fue a tomar algo en el cafetín y ojeó las mesas disimuladamente, en el fondo esperaba encontrarlo, pero lamentablemente no fue posible, y así pasó durante una semana sin verlo, sin embargo, ella durante esos seis días, pues los domingo descansaba, no dejó de esperar que por una casualidad del destino se cruzara en su camino, aún cuando al principio había deseado no hacerlo.


Llegó el día lunes y debió asistir a su primer día de trabajo, se vistió elegantemente con la asesoría de  su madre, una falda gris tipo tubo, una blusa de botones manga larga de seda color vinotinto y una pequeña correa  y tacones del mismo color, se veía regia. Su madre la acercó a las instalaciones de la empresa donde iniciaría su jornada laboral, lo que más le gustaba de ese trabajo, es que había podido conseguirlo sola, sin ayuda de sus padres y para ella eso era muy significativo.


Entró a la oficina, ubicada en un solo piso, apenas entró, la asistente del jefe luego de saludarla, le asignó un cubículo, era pequeño pero acogedor, un escritorio, en donde descansaba un computador con pantalla plana, una silla ejecutiva y dos sillas adicionales para visitantes y del lado izquierdo una pequeña biblioteca donde reposaban algunos textos legales, el Código Civil, la Ley de propiedad horizontal, Ley de Arrendamiento, entre otras. Tomó asiento en la silla junto a su escritorio, mientras tamborileaba sus dedos en la pulcra superficie del escritorio, estaba nerviosa pero a la vez ansiosa por comenzar la jornada, luego de más de treinta minutos de espera, apareció una mujer quien sin siquiera identificarse le entregó varios expedientes.

—¡Ten!—expresó de manera grosera sin más.


María Cecilia, frunció el ceño y la interrogó —Disculpe ¿Para qué es esto?


La chica se quedó viéndola con burla y después comentó —Es usted abogada, debe saber que va hacer con ellos.


—Lo ha dicho bien, soy abogada, no adivina, de serlo y ser efectiva, seguro estaría en otra parte lucrándome de ese oficio—expresó con seriedad.


La mujer se quedó pensativa y luego de un momento le dijo—Bueno, son expedientes de clientes que están arrendando inmuebles, y de otros que están buscando arrendar, debes elaborar las clausulas por las cuales va a regir el contrato, la clave de acceso a tu equipo es Mackenzie%124, debes cambiar a una clave propia, eso es todo, espero que estés satisfecha con la explicación—pronunció la mujer retirándose sin voltear atrás.


Enseguida María Cecilia comenzó a revisar las condiciones de los arrendadores y los arrendatarios y en base a ellos empezó a elaborar el contrato, al principio, estaba nerviosa, y si se equivocaba, y si lo hacía mal, hasta que se aconsejó ella misma diciéndose “Ya basta María Cecilia, tú conoces todo eso, no debes dudar de tus capacidades”.


Les dije que esta niña sufría de inseguridades, pero por lo menos en este asunto logró superarlas con facilidad, Veremos cómo afronta lo demás.


Así fueron pasando los días y María Cecilia destacaba en su trabajo, era rápida para elaborar las tareas que le eran asignadas, ya las hacía con mucha facilidad, dos semanas después de empezar a trabajar, ingresó a la empresa una muy buena amiga de ella Caroline, con la cual  había visto algunas materias en la universidad, de hecho fueron inseparables y mejores amigas, pero a diferencia de ella, Caroline era más extrovertida y no se avergonzaba de nada, tenía un carácter alocado y divertido, de hecho juntas mientras almorzaban, comenzaron a recordar anécdotas de momentos vividos durante esa época, María Cecilia se dejó llevar mucho por las locuras de su amiga, llegaron a sus recuerdos una oportunidad en que viajaron a casa de la familia de Caroline quienes vivían al otro extremo de la isla;


Se me olvidaba decirles, que Venzual es una isla con ochocientos setenta y cinco mil kilómetros cuadrado de superficie, muy hermosa, con paisajes espectaculares, el paraíso terrenal como quien dice.


Recordaban que en esa oportunidad Caroline invitó a María Cecilia para su casa, sus padres le dieron dinero y no pusieron objeción en que fuese con su amiga, pero Caroline más por aventura que por cualquier otra cosa, la convenció que se fueran en cola (aventón) y así fue, las dos salieron temprano de la residencia de esta y se fueron al peaje, a pedir cola a los vehículos, el primer tramo, lo hicieron en un camión distribuidor de cervezas, les tocó ir una encima de la otra, porque no había espacio, María Cecilia estaba nerviosa y así se lo hizo saber a su amiga.


—Caroline, eso de andar así es peligroso, pudieran hacernos daño, violarnos, matarnos—le susurró angustiada, claro en ese entonces María Cecilia tenía apenas dieciséis años mientras que Caroline tenía veinte, por lo cual era más tímida para hacer ese tipo de travesuras.


Su amiga le respondió en el mismo tono—No sea tonta Ceci, no nos pasará nada, no sea cobarde y disfrute la aventura.


Así hicieron todo el trayecto de más de seiscientos kilómetros de carretera para llegar a casa de su amiga, pasando un gran susto en el camino, en el penúltimo auto que les dio el aventón, el hombre les contó que era militar, y que iba a una base ubicada en la vía para donde ellas se dirigían, sin embargo, la actitud del hombre era demasiado sospechosa, les dijo que antes de continuar al lugar donde debía dejarlas, necesitaba que lo acompañaran a realizar una visita a un conocido. 


Cuando manifestó eso, las dos chicas se miraron preocupadas, pero la cara de terror de Ceci, resultaba un tanto cómica, Caroline que iba en la parte delantera, le hizo seña para que se tranquilizara, sin embargo, los nervios de la chica eran muchos, a tal punto que se puso pálida y le dio náuseas por lo que debieron parar para que ella vomitara, su amiga le sostenía el cabello, mientras la pobre chica expulsaba, todo lo que tenía en su estómago.


—Carol, ¿Qué vamos hacer? Capaz que ese tipo nos va a llevar a un lugar donde nos asesinará—expresaba aterrada.


—Tranquila mamita, no pasará nasa nosotros somos más pilas que él.


—Tan joven yo para morir, si apenas tengo dieciséis añitos, mis papás me van a matar—decía sin sentido.


—Mamita, no se preocupe por sus papitos—manifestaba Caroline—si este hombre nos mata, sus papás no podrán volverla a matar, ¡¿Entiende?!


La chica vio aterrada a su amiga —¡En verdad Carol que usted está loca! —Exclamó mientras Carolina se carcajeaba divertida—¿Te parece divertido lo que nos está pasando? —interrogó con angustia.


—Tranquila, yo me encargo ¿Se siente mejor? —preguntó con preocupación su amiga.


—No, me sentiré mejor cuando esté sana y salva, lejos de las locuras a las cuales usted me arrastra—expresó enfadada.


—¡Ah no Ceci! No me eche todo el tierrero encima, yo no la obligué a nada, ni le puse una pistola en la cabeza para que me acompañara, además usted se opuso solo un momento y después cedió, si usted  se hubiese mantenido firme, quizás me convence y no tuviésemos ambas metidas en este berenjenal.


—¡Habrase visto Carol! Ahora resulta que la culpable soy yo por no convencerla, ¡Seguro!  Como resulta tan fácil convencerla a usted de algo—concluyó sonrojada producto del enojo.


—Ya Ceci, no sea miedosa. Hagamos algo, usted fingirá que le duele demasiado el estómago y que ya no soporta más la intensidad del dolor y luego yo me encargó de que este señor se detenga en alguna parte, no se preocupe que yo sé cuidarme y cuidarla, confié en mi mamita, nada nos va a pasar—le dijo para tranquilizarla.


¡Ay Dios! Definitivamente esta Caroline, tiene los nervios de acero, y bastante seguridad en sí misma, pero mi pobre muchacha, esa si es verdad que navega en un mar de nervios, pobrecita hay que comprenderla, con dieciséis años quien no sintió miedo, cuando las cosas se le salían de control, veremos cómo salieron este par de esta situación.


Se montaron en el carro, María Cecilia lo hizo atrás y Caroline en el puesto del copiloto, recorrieron unos cuantos kilómetros  y luego Carol miró hacia el puesto trasero, vio a su amiga acostada, aunque sonara un tanto maléfico, tenían buena suerte de que Ceci se sintiera mal porque ella era muy mala simulando, era como quién dice un libro abierto y cualquiera podía descubrir sus intenciones con solo ojear su rostro, así que de cierta manera, resultaba provechoso que se encontrará muy mal de salud, porque así no era necesario que fingiera.


Carol llamó a María Cecilia y le hizo una pequeña señal que solo fue perceptible para la chica, a través de la cual le indicaba que había llegado el momento de poner en marcha su plan, efectivamente así lo hizo Ceci —Por favor necesito, tomarme algo, no soporto el dolor en mi estómago, de hecho tengo nauseas nuevamente.


—Hay amiguita ¡Por Dios! Señor pare en ese Mini Market, que mi amiga se siente muy mal y por favor cómprele una botellita de agua mineral con una pastilla para el dolor.


—Mejor bájate tú a comprarlos, porque no tengo idea de que pastilla comprar.


—¿Cómo cree? Usted le dice a la dependiente lo que quiere y ella se lo da. Además debo quedarme cuidando a mi amiga, vaya y baje rapidito aquí lo esperamos.


El hombre la miró extrañado, un poco dubitativo y luego de pensarlo un par de minutos se bajó del auto y se dirigió al Mini Market.


Apenas bajó, Carol comenzó a revisar el auto debajo de los asientos, en la guantera y lo que vio la asustó demasiado, Ceci revisaba con ella y se puso más blanca que un papel, revisaron sus documentos que había dejado en una cartera de hombre y no había nada que lo identificara como militar.


—¡Oh por Dios! Amiga este hombre no es ningún militar, creo que más bien debe ser miembro de la insurrección que surgió al suroeste de la isla.


—Bajémonos de aquí Carol por favor, antes que venga—pidió con desespero Cecilia, pero justo en ese momento el hombre llegó con lo que le habían pedido, sin siquiera darles tiempo a reaccionar.



“Debes pensar antes de actuar, pero cuando lo hagas actúa pronto” Jeda Clavo.

 

JEDACLAVO