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IMPERIO DE MEDIANOCHE

PRÓLOGO

El dolor en su alma era muy fuerte, su corazón lo sentía arrugadito de la tristeza que la invadía con solo pensar que no la vería, pero tenía que hacerlo desprenderse del tesoro más grande de su vida, debía hacerlo por el bien de la niña y del universo, si lograban secuestrarla se la llevarían a otro mundo y la convertirían en un ser oscuro, debía protegerla, el amor de una madre era inmensurable, lo había entendido cuando tuvo a esa hermosa princesa la primera vez entre sus brazos, ella era la luz de sus ojos, por amor a su niña renunciaría a lo más preciado que tenía, incluso a su vida. Ya entendía y valoraba las preocupaciones de su madre hacia ella, muchas veces  se deben vivir las experiencias de primera mano para poder comprender.

 

Su esposo la miraba con una profunda desolación, se sentía tan impotente de no poder proteger a su familia, con gusto renunciaría al trono para ser feliz con su esposa y su hija y los que vendrían, tal vez fuese un pensamiento egoísta pero él nunca pidió ser Rey, solo había nacido para ello, nunca antes le había pesado tanto una condición, se sentía destrozado, pero tenía prohibido llorar, debía aparentar que nada pasaba así estuviese muriendo por dentro. 

 

En ese momento no comprendía para que le servía el poder leer la mente, si no podía usarlo para descubrir la intenciones de la gente a su alrededor, porque entonces sería usarlo para sus propios fines, no le parecía justo sin embargo, era una norma que había sido instaurada en un tiempo atrás, cuando muchos de los pobladores de Infinitus utilizaban sin control dicho poder, provocando un desequilibrio que originó una catástrofe en el universo, por más que la posibilidad lo tentará, para descubrir las intenciones sobre su hija, no debía hacerlo, aunque era rey estaba atado a las normas, no podía regirse por su voluntad sino por la voluntad del reino.

 

Registrada en Safecreative bajo el número 1911142481451  de fecha 14 de noviembre de 2019.

Prohibida la reproducción total o parcial de la presente obra.


CAPÍTULO 1. LA PRINCESA REBELDE

 

En un universo denominada Nubibus, se encuentran ubicados cinco mundos que lo conforman: Infinitus, Terra, Aqua, Caeli e Inferum, aunque estaban delimitados entre sí, cada uno tenía sus normas internas establecidas, su forma de vida, costumbres e identidad propia; sin embargo, los habitantes más poderosos de los mundos, son los nacidos en Infinitus, llamadas personas de luz, porque normalmente eran  caritativos, sinceros, honestos, amables, a veces un tanto confiados, tenían un aire innato de superioridad y arrogancia, que por más que trataban de controlar siempre surgían, perdían los estribos ante las injusticias o la fallas de los otros, las mentiras y la traición, eran situaciones sobre los cuales tenían poca tolerancia, por otra parte, estaban a cargo de mantener la paz del universo, impartir justicia, premiaban o castigaban el comportamiento de los habitantes de los cinco mundos, tenían poderes de sanación del alma y cuerpo, de construir, de protección, de hacer que las personas olvidaran todo a través de la hipnósis, podían leer las mentes pero éste poder lo tenían vetado, solo podían usarlo cuando un hecho comprometiera la paz de todo el universo y siempre que no obtuviesen un beneficio para sí con su uso, controlaban todos los elementos fuego, aire, agua, tierra, también podían controlar el clima.

 

A los hombres y mujeres de Infinitus, en un principio tenían limitado mezclar su raza con los habitantes deTerra, Aqua y Caeli, no se trataba de un acto de discriminación, sino que esto originaba el mestizaje de las razas y evitaba que los individuos nacidos de dichas uniones pudieran manifestar sus poderes, pues la mayoría de los habitantes de estos mundos solo tenían un solo poder y en raras excepciones sólo dos poderes, mientras que los de Infinitus nacían con mínimo tres poderes, no obstante tenían prohibido de manera expresa contraer nupcias o mezclarse con los de Inferum, quienes también nacían con varios poderes pero de carácter negativos, además de ser personas crueles, extremadamente creídos, voluntariosos y pegados de sí mismo, tenían la capacidad de enfermar a una persona con solo una mirada e incluso causarle la muerte, podían destruir con el solo movimiento de las manos, podían hipnotizar a las personas y manejarlas a su voluntad y controlaban el fuego, pero regularmente lo manejaban para destrucción.

 

Los habitantes de Inferum eran la antítesis de Infinitus, mientras a estos los amaban y respetaban, aquellos eran odiados y temidos por las barbaridades que eran capaces de hacer simplemente por placer.

 

La princesa Aurora

Aurora abrió los ojos, estiró su cuerpo y sus extremidades crujieron con el movimiento, se levantó poco a poco tratando de adaptar y preparar su cuerpo para enfrentar todas la actividades que tenía pendiente, era su último mes de vacaciones, exactamente en ese lapso debía acudir a la Academia de Talentos del Universo (ATU), la misma estaba ubicada en Infinitus, allí acudían los jóvenes con la mayor capacidad de poderes, pertenecientes a los cuatro mundos, aunque para el año en curso eran cinco, debido a que por primera vez, luego de mucho tiempo, se permitiría la participación de personas de Inferum; por siglos se había evitado que los jóvenes de allí fuesen parte de ésta academia, producto de su mala conducta, no respetaban la autoridad, habían ocasionado los peores desastres, sumado a ello, el último año que participaron aproximadamente cuarenta años atrás, cinco chicos de su mundo habían tomado a cinco doncellas de Infinitus y Caeli, las habían violado y lastimado hasta matarlas.

También temían a la profecía, ésta indicaba “Una princesa del aire, al hijo de Infinitus deslumbrará y aunque a primera vista lo ignorará y sufrimientos ella traerá, en reyes se convertirán, pero una niña nacerá con una belleza sin igual y a la masa seducirá, y como nunca suele pasar varios poderes ella tendrá, más en Infinitus no estará porque de allí arrancada será, en otras tierras vivirá pero su esencia perdurará, con porte de diosa guerrera a todos cautivará, él hijo de Inferum la encontrará y marcada por él será, el rey malo los engañará y nupcias ella contraerá, con ritual de sangre las celebrará, y su pacto no romperán, ¿Ahora que habrá de pasar? Tú hijo de Inferum débil o fuerte serás, ¡Oh hija de Infinitus buena o mala tú serás!, pero su semilla germinará y poderosa será, ¿Al universo destruirá? vida o muerte has de dar, y reino de bien o de mal impondrás, aunque todo de ti no dependerá, pues influencia recibirás, si es buena o mala determinará que Infinitus ó Inferum dominará”.

Aurora al levantarse, se paro frente al espejo y se soltó su cabello, se colocó unas sandalias y bajo sigilosamente para evitar despertar a los demás ocupantes de la vivienda, se dirigió al río, su casa estaba ubicada en una pequeña colina que daba la impresión de estar en el aire y al caminar aproximadamente tres kilómetros, se encontraba el río que cruzaba todo el territorio de su familia, majestuoso y hermoso, sus aguas humedecían la arena y con un embrujo que invitaba a adentrarse , para disfrutar de su frescura.

Aurora se desnudó, quitó sus zapatos, su hermoso cabello brillaba producto del reflejo de los primeros rayos de sol que se colaban en el amanecer, caminó poco a poco con su porte de princesa, era una chica hermosa tenía diecisiete años, medía un metro setenta, cabellos castaños, que le llegaba casi a la cintura, de grandes ojos verdes, nariz respingona, con rostro en forma de V, labios color cereza, caderas anchas, cintura delgada, largas piernas, senos voluptuosos, era realmente hermosa y ella lo sabía, y le gustaba explotar sus atributos, se decía de Aurora que le encantaba provocar a los hombres, poseía un coqueteo natural, era espontáneo, lo hacía muchas veces sin darse cuenta, los hombres la miraban con deseo y la buscaban para cortejarla, procuraban llamar  su atención, les permitía su galanteó hasta cierto punto, pero eso hacía que se obsesionaran y se volvían intensos, momentos en que ella los dejaba a un lado y los rechazaba categóricamente, a ella poco le importaba lo que opinaran de su persona, si ellos seducían a las mujeres y luego se burlaban de ellas haciéndolas a un lado, porque ella no podía hacerlo, además ella jamás llegaría lejos con ellos, sólo era un juego, le encantaba lo estúpido que eran los hombres y eso justificaba lo que hacía.

 

Apartó esos pensamientos y entró en el río se sumergió en sus aguas, sintió que sus pezones se erizaban y su piel le cosquillaba, estos eran los mejores momentos del día, cuando estaba en contacto con la naturaleza y se fundía con ella como una sola, le fascinaba la sensación que producía el agua en su piel, era como un amante acariciándola y envolviéndola, la excitaba sobremanera su frescura, se colocó de espalda y empezó a flotar, su relajación llegó hasta tal punto que se  quedó dormida, hasta que escuchó un ladrido, abrió sus  ojos y observó un hermoso canino de pelaje casi blanco, era un cachorro por su tamaño, un Golden Retriever se acercó a la orilla donde estaba, lo tomó en sus brazos y entró nuevamente con el perro al agua, empezó a acariciarlo mientras el perro le lamía el rostro jugueteando, ella emocionada y con una radiante sonrisa comenzó una conversación con el can —¡Oh hermoso!, ¿Dé dónde has salido? ¿Quién te ha traído? ¿Te has perdido chiquito hermoso?

El perro emocionado le pasaba su gran lengua por su rostro e incluso por su boca, mientras gemía.

—Hermoso, ¿No tienes dueño? ¿Te han abandonado? — El can le respondió con ladridos seguidos—. Entonces ahora yo seré tu dueña, ¡Vamos salgamos rápido!—.A penas había llegado a la orilla apareció un hombre apuesto, moreno, delgado pero musculo, no traía camisa, alto, ojos negros profundo, cabello negro, le calculaba unos veintitrés años, exhibía una sonrisa ladeada y una mirada intensa; el perro se soltó de su agarre y se ubicó detrás de él, ella quedó expuesta mientras el chico recorría su cuerpo con lujuria, al mismo tiempo que pasaba su lengua por los labios, se mordió el labio inferior y se fue acercándose a ella lentamente.


CAPÍTULO 2. HIJO DE INFERUM

Aurora, vio al hombre acercarse y empezó a retroceder, mientras su corazón latía apresurado cual si fuese ruido de tambores y sentía un sudor frío recorrer su cuerpo, no sabía distinguir si era miedo o deseo, lo recorrió con la mirada y pudo observar su excitación que quedaba en evidencia al mirar un poco más abajo de su cintura, sin embargo, ella no se amilanó y sin titubear se erguió con todo su porte cual reina y le dijo —¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿No ves que estoy bañándome? ¿Cómo te atreves a violar mi intimidad y a mirarme de esa manera?

En primer lugar, no tengo ganas de dar respuesta a tus primeras dos preguntas, respecto a la tercera y a la cuarta, poco me importa que te estés dando un baño, si querías privacidad no debiste bañarte en un lugar abierto, donde estás expuesta a cualquier mirada. Además no pareces avergonzada, allí estás parada en todo tu esplendor, exhibiendo ante mi cada una de tus curvas, provocándome más de lo debido—Pronunció mientras su mirada de deseo la devoraba.

—Estás en mis tierras y en mi mundo, nunca te había visto por aquí, se nota con solo ojearte que eres forastero, porque poco te importa violar las normas de Caeli—dijo ella con énfasis.

—Yo no cumplo con ninguna regla muñeca, estoy por encima de todas esas estupideces—le dijo con burla—yo soy libre, las reglas las hago yo, los límites los pongo yo y no hay nadie sobre éste universo que pueda detenerme de lo que quiera hacer, y eso incluye hacer contigo lo que me plazca—concluyó con una sonrisa.

Ella con sus ojos verdes, se quedó observándolo sorprendida mientras le decía—Sólo un hijo de Infinitus o Inferum es capaz de hablar con semejante tergiversación. Pero no te temo, estás en mi mundo y aquí las  reglas las pongo yo—cuando iba a recoger el vestido del suelo, él le sostuvo el brazo con una mano, mientras con la otra le tomaba un pezón y lo acariciaba con su índice y pulgar, mientras sus ojos se oscurecían por el deseo—ella dio un gemido mientras sentía una corriente eléctrica recorrer su cuerpo, por un momento la hipnotizó, sin embargo, Aurora reaccionó a tiempo propinándole un fuerte manotazo para retirar su mano de su cuerpo—¿Cómo te atreves?, soy la princesa Aurora hija de Arthur y Elena los reyes de Caeli—pronunció colocándose el vestido, pero sin subirse los tiros, por lo cual tenía los hombros al descubierto, sosteniéndoselo con las manos para evitar que cayera.

Él se acercó y le dio un fuerte manotazo en las manos, lo que provocó que sus manos bajaran y por consiguiente la caída del vestido que quedó amontonado en sus pies, quedando desnuda nuevamente frente al hombre, la observó con lujuria, mientras una de sus manos la posaba en su hombría, y  se tocaba el labio superior con la lengua.

 

El hombre con voz velada por el deseo le dijo —Me gusta lo que veo, me excita y nadie impedirá disfrutar de lo que estoy viendo—dijo con sorna.

Alzó la mano que hasta hacía un momento posaba en su bulto del pantalón y la acercó a sus senos, cuando estaba a punto de tocarla nuevamente, con una rapidez sorprendente ella liberó una de sus piernas la alzó y con fuerza le propinó una patada en la parte más sensible del cuerpo del hombre.

—¡Estás equivocado!, no has oído el dicho que dice “Se mira pero no se toca”, eso se aplica a mi hijo de Infinitus o de Inferum, de donde quiera que seas—decía mientras el hombre se retorcía del dolor—Podías observar todo lo que quisieras y disfrutar sólo con verme, pero tocar esta fuera de tu alcance. Yo soy la princesa de Caeli y tú un insignificante habitante de quien sabe dónde, que atrevimiento el tuyo de querer plasmar tu tacto en mí—declaró mientras se vestía frente al joven sin ningún tipo de cohibimiento y él seguía en el suelo adolorido, lo que no le impidió decir con odio.

— ¡Maldita mujer!, me vas a pagar lo que me acabas de hacer, eres una pobre princesa de quinta.

Ella volteó y le dijo— ¡Te equivocas! No soy una princesa de quinta soy la primera de la línea para ascender al trono de Caeli—entretanto caminaba de prisa seguida por el cachorro, con destino al palacio.

El gritaba con odio—Topacio eres un traidor.

Aurora Llegó al palacio ingresando por el Jardín, el mismo estaba hecho con tejidos de árboles y aunque era sencillo, eso no mermaba su belleza, se subió usando una liana hasta llegar al balcón de su habitación, aunque podía haber subido sin usar la liana, pues tenía el poder de levitar, esa era una de las característica de algunos habitantes de su mundo además de controlar el aire, pero raramente podían tener los dos poderes, aunque en su caso ella lo hacía.

Entró a su habitación se desvistió y se quedó desnuda frente al espejo, observando cada parte de su anatomía, a ella le encantaba mirarse, ella era voluptosa y le fascinaba tocarse mientras veía su reflejo en el espejo, sobre todo sus grandes senos que eran coronados por una aureola rosada, no tenía complejo con su cuerpo, siempre procuraba proporcionarse placer, pensaba que era necesario conocerse y disfrutar de uno mismo, ¿Por qué como los demás sabrían que le gustaba?, sin embargo, lo más impactante de ella eran sus ojos color verde jade en cuyo centro se reflejaba destellos color miel, nariz respingona, cejas abundantes, largas pestañas y labios gruesos bien delineados que eran capaces de provocar a cualquiera que los mirará, como había quedado demostrado hacía sólo unos momentos.

Aurora era hermosa y ella disfrutaba de serlo, se empezó a acariciar sus senos con sus manos suavemente, estaba deseosa de ser amada, en varias ocasiones había estado a punto de hacerlo, pero solo se había limitado a un beso y a una caricia, pero luego había rechazado cualquier profundización de la intimidad, y no es porque no tuviese curiosidad de hacerlo, ella siempre le gustaba experimentar, sino porque como miembro de la realeza, era su obligación casarse con algún príncipe de cualquier otro mundo y llegar virgen al matrimonio  para ser entregada a su familia, porque  de no ser así, su familia podría ser sometida a la vergüenza y al escarnio público, además que podían despojarlos de todos los títulos y privilegios, y desterrarlos al límite de de los mundos donde vivían los sin poderes o los nacidos con defecto físico, ese sistema instaurado era lo más inhumano que conocía, y así se hacían pasar por bondadosos los nacidos en infinitus.

Todas esas costumbres eran realmente desiguales, no se explicaba cómo se les permitía a los hombres gozar de todas las libertades, entretanto a las mujeres se les impedía disfrutar de su sexualidad, mientras que los hombres sobre todo los nobles no tenían ningún tipo de restricciones, pero lo realmente indignante, era que a los perfectos hombres  nacidos en Infinitus, se les permitiera tener hasta dos esposas, y en los casos de los reyes podían reinar con las dos, todo lo justificaban por el miedo a que la profecía se cumpliera.

 

Entretanto, en Inferum y a pesar de lo maligno que eran, por lo menos no tenían esas restricciones en cuanto a los sexos, tanto hombres o mujeres podían tener uno más parejas y podían disfrutar de su sexualidad desde que las mujeres alcanzaban su madurez sexual, sería por eso que eran el mundo más poblado de los cinco, y si alguna vez decidían revelarse, Infinitus y el resto de los mundo se lo verían muy mal, y eso sin considerar la bendita profecía.

 

Abandonó esos pensamientos y continuó en lo suyo, sus ojos estaban velados por el deseo, tomó sus manos y empezó a recorrerse el cuerpo, mientras entreabría los labios y gemidos surgían de su boca, se miraba intensamente, estaba realmente caliente necesitaba liberarse, no podía continuar así, sus mejillas sonrosadas daban fe de la excitación de la chica.

 

Empezó a recordar al habitante de Infinitus o Inferum, él era responsable de provocar esas sensaciones en ella, nunca habían sido tan intensas, cerró sus ojos y comenzó a tocarse, imaginó que eran sus manos quiens la tocaban, su mirada lasciva la había humedecido y despertado deseos desbordantes en ella, “Pero te hipnotizó Aurora, se dijo, lo que hizo no fue producto de unas emociones espontáneas, sino buscadas por él”, le dijo su conciencia.

Pero al tocarle su pezón, se sintió extraña, como embrujada a punto estuvo de dejarse hacer con ese hombre lo que quisiera, hasta que al ver su actitud creída y su sonrisa de suficiencia, pudo reaccionar y lo sometió. Por unos segundos  la hizo olvidar de sus obligaciones como princesa.

Ella continuó dándose placer, intentaba dejar de pensar en ese hombre pero igual venía a su mente, algo le había hecho pero no cedería ante él, así dejo de pensarlo cerró sus ojos y bajó su mano y tocó su centro porque sentía que ardía, rodó una banca frente al espejo y se recostó allí mientras con timidez empezó a acariciar su centro, primero lentamente, luego al sentir un fuego que la consumía aceleró sus movimientos haciéndolos más bruscos e intensos, abrió sus ojos por un momento y le gustó lo que veía, el espejo le devolvía el reflejo de una chica deseosa, sus labios entre abiertos parecían besados por un amante, se pasó la lengua por su boca pues la tenía seca, hasta sentir que su cuerpo convulsionaba con grandes espasmos que la llevaron a la más alta cúspide de placer, al levantar su vista vio al hombre que había dejado en el río, parado en la balaustrada frente a la puerta de la habitación que daba hacia el balcón, mirándola con deseo mientras posaba su mano en su entrepiernas acariciándose.

Aurora se asustó de verlo, tomó una sabana de su mano y se cubrió su cuerpo, salió hacía la puerta del balcón para encararlo pero algo en su mirada la detuvo, se observaron un momento, con las respiraciones entrecortadas, hasta que ella pudo vencer esa dominación que intentó ejercer sobre ella, se acercó más a la puerta y con violencia la cerró y corrió las cortinas, mientras su corazón latía desbocado. No sabía que le estaba pasando, estaba haciendo cosas que normalmente no haría, para calmarse se dirigió a su baño, se duchó y luego de casi una hora, cuando se sintió calmada salió, miró a través de las cortinas, ya no había nadie, se vistió y bajó al comedor.



CAPÍTULO 3. PRINCIPE JORGE


Sus padres se encontraban en la mesa comiendo con un par de invitados, una pareja conformada por un hombre y una mujer, ambos rubios, ojos de un azul profundo, nariz perfiladas y facciones finas, eran realmente apuestos, vestían impecablemente, ella con un vestido tipo camisón en rojo y dorado, adornado con piedras preciosas, desconocía si eran autenticas o una buena imitación y él con un traje de pantalón y saco combinados con los colores del traje de ella, se complementaban uno con el otro y emanaban un amor y una dulzura que con solo mirarlos inspiraban paz, se veía que eran personas buenas e importantes. Su padre al verla entrar la presentó —Su majestades, ella es mi hija mayor Aurora, primera en la línea de sucesión al reino de Caeli.

 

Dirigiéndose a ella le dijo—Hija te presento al rey Luis y a la reina Jerisha, gobernantes de Infinitus y protectores de  Nubelum.

Ella con una leve inclinación saludó a los monarcas diciendo—Sus majestades, es un placer conocerlos.

—Oh, princesa Aurora, encantada de conocerla, es usted una joven muy hermosa—le dijo la reina con una autentica sonrisa.

—Coincido con mi esposa Edward, tu hija es una auténtica belleza—afirmó el Rey Luis.

—Si no es molestia, pueden llamarme Aurora.

—Hija, no entiendo porque no quieres que te llamen princesa si lo has sido durante toda tu vida—le dijo su madre la reina Elena.

—Discúlpenme lo que voy a decirles, pero soy de las que piensa que no necesito reafirmar lo que soy, a menos que alguien intente socavar mi estatus o mi autoridad—dijo con firmeza.

—Creo que deben ser pocos lo que se atrevan—dijo su padre con una sonrisa.

Siguieron comiendo mientras tenían una charla amena, el motivo de visita de los reyes de Infinitus, se debía a visitas oficiales que estaban realizando por los diferentes mundos, como protectores del universo.

Mientras los reyes de ambos mundos conversaban animadamente, ella no dejaba de pensar en lo que le había sucedido ese día, era extraño, pero por muy coqueta que ella se comportara a veces, nunca había sido capaz de reaccionar así, por Dios, en que estaba pensando se había masturbado mientras ese hombre la observaba y sentía un extraño hechizo cuando lo tenía cerca ¿Sería eso normal? ¿Cómo se sentiría si fueran sus manos quienes le proporcionarán placer? ¿Se sentiría diferente? O por Dios se estaba acalorando sus mejillas se encendieron, su madre se percató y le dijo—¿Qué tienes hija? ¿Por qué están tan rosadas tus mejillas?

Aurora en su pensamiento le respondió “porque estoy pensando en un chico guapo y malo que conocí hoy, quien me vio desnuda y se excitó, tocó mis senos y despertó deseos en mí, aunque creo que me hipnotizó y como si fuera poco me masturbe frente a él sin darme cuenta, y ahora estoy acalorada pensando en todo eso, pero no debo porque soy una princesa que debe casarse con un noble aburrido para que sea él quien me desflore, así yo no sienta nada por él”.

 —Estoy bien madre, sólo tengo un poco de calor, no hay corriente de aire en éste lugar—no había terminado de decir eso cuando el viento sopló tan fuerte que arrojó un florero de la mesa, Aurora se sorprendió.

—Princesa, creo que eso cuestiona sus palabras—dijo el Rey Luis.

 

PRINCIPE JORGE

 

Terminando de hablar el Rey Luis, entró el hombre más bello que había visto en su vida, era una belleza sin igual, alto calculaba que medía poco más de uno noventa, cuerpo Atlético, cabellos rubios dorados, como el resplandor del sol, ojos de un intenso azul, nariz aguileña, labios grandes y gruesos, mentón cuadrado con una pequeña cicatriz en la parte superior que le daba un carácter de dureza, le calculaba un poco más de veinte años, entró saludando y mirando a todos pero ignorándola a ella.

 —Buen apetito a todos, sus majestades—pronunció inclinando un poco la cabeza.

Aurora se sintió incomoda y levantándose indignada le dijo—¿Cómo se atreve a entrar a una sala donde se encuentran comiendo los más altos jerarcas del universo sin hacerse anunciar?

El joven lentamente fijo sus ojos en ella y la recorrió con la mirada  y con una sonrisa presentó sus excusas —¡Oh! lo siento mucho señorita, disculpe mis impulsos, si es de su gusto procederé a retirarme para no ocasionar molestia alguna—espetó con un atisbo de burla en sus palabras.

—Por favor Jorge, ¿Qué estás diciendo? Si tu perfectamente…—dijo la reina pero él la interrumpió con una gran sonrisa—No se preocupe Su Majestad, Reina Jerisha, la señorita no quiere más compañía, y a mí me gusta complacer a una dama—pronunció con una sonrisa genuina, que le permitían divisar unos hermosos dientes blancos.

—Haga el favor de retirarse—le dijo molesta Aurora, aunque era muy apuesto, le detestaba y no sabía las razones, no entendía porque no le agradaba ese hombre, tal vez era esa sonrisa que exhibía, eso para ella era sinónimo de debilidad, aunque se viera fuerte. Pero eso le tenía sin cuidado porque él no le inspiraba sino rabia, en cambio el ángel oscuro que había conocido hoy, le provocaba un sinfín de malos pensamientos inimaginables y sin aguantarse más, se levantó de la mesa diciendo —discúlpenme tengo algo que hacer—manifestó retirándose, debía encontrar a ese hombre y ver porque reaccionaba así frente a él.

—No salgas del comedor hijo, ¡Siéntate!, estoy sorprendido ¡Vaya! Primera vez que lo veo, una chica que no se queda prendado de ti—.Dijo el Rey Luis—¡Oh Edward! Éste chico es mi hijo Jorge, heredero al trono de Infinitus, protector y futuro gobernante de Nubelus.

—Mucho gusto majestad, soy Jorge Andromano, es un placer conocer su mundo y su distinguida familia—manifestó el joven haciendo una pequeña reverencia.

—El placer es nuestro su alteza, príncipe Jorge, disculpe a mi hija, ella es un poco impulsiva, pero no es creída, es una buena muchacha, con excelente modales, hogareña, amante de la naturaleza.

Jorge se sonrió y le dijo—Majestad con todo respeto, creo que los padres no son objetivos a la hora de hablar de sus hijos, se enfocan solo en sus cualidades, para ellos tienes virtudes y no defectos, y creo que su hija no ha hecho mérito para darle fuerza a sus palabras.

 

El rey Edward, se sintió apenado pero de una vez la reina Elena salió en su defensa —Tiene usted razón su alteza, creo que ninguno somos objetivos, pero debo decir en defensa de mi hija que es casi una adolescente, en un par de semanas cumplirá sus dieciocho años y esa edad es un poco difícil, pero nuestra hija apenas es una adolescente, está en su desarrollo psicológico  y emocional y eso tiende a influenciar en su carácter.


—Majestad es usted una mujer muy brillante, cuando sea rey espero contar con personas como usted que justifiqué mis defectos, de tal manera  que todos queden convencidos de mi inocencia —expresó Jorge sonriente. Cualquiera podía engañarse con él, aunque su expresión siempre era risueña, tenía un fuerte carácter, no cedía fácilmente y evitaba enojarse porque cuando eso ocurría perdía el control, ante las injusticias, la crueldad, la mentira y sobre todo la traición.

 

Jorge comenzó a comer en completo silencio, solo escuchaba las conversaciones de sus padres con los reyes, cada mundo estaba gobernado por una pareja de reyes, pero los de Infinitus no solo gobernaban allí sino que dominaban todo el universo, pues eran los únicos que garantizaban mantener el equilibrio; dejó de oírlos y comenzó a pensar en la chiquilla altanera que había salido hacía un momento, sacándolo del comedor, era una belleza aunque insolente ¿Con quién lo confundiría con un sirviente?, esbozó una sonrisa, aunque no se dio cuenta que se estaba carcajeando, se percató cuando su madre le llamó la atención con preocupación—Jorge ¿Qué te pasa?


—Lo siento, discúlpenme sus majestades, pero he recordado algo que debo hacer, con permiso—se levantó e hizo una reverencia y salió al exterior del castillo.


Comenzó a caminar con ruta hacia el bosque, se había dado cuenta que el verde de los árboles era más intenso que en su mundo, los colores eran más intenso, más cálido, mientras que en Infinitum los colores y los recursos eran más de colores fríos.

 

Estaba aburrido, ese no era el lugar donde precisamente quisiera estar, por ello empezó con su mente un pequeño juego, en un espacio del bosque hizo que lloviera, colocó truenos, relámpagos e incluso rayos, y lo intercalaba con un radiante sol y un fuerte viento, y así lo estaba haciendo cuando salió un joven, mayor que él, de su estatura, moreno, ojos negros como el carbón y cabello oscuro, quien lo miraba totalmente mojado con una mirada de odio.

 

Iba a disculparse con él porque en verdad desconocía que estaba por allí cuando desató la lluvia y la cantidad de fenómenos naturales, cuando sintió que el hombre con sus manos comenzó a lanzarle fuego, el primer ataque no lo esperaba por eso le dio en el blanco, en el estómago, se sorprendió iba a protestar. Pero el hombre le expulsó otro halo de fuego, que logró esquivar a escasos centímetros de impactar en su humanidad, al darse cuenta que su juego no tenía nada de amistoso, levantó su mano e intentó extender un circulo de protección a su alrededor, pero antes de completarlo, llegó la chica totalmente mojada desde el otro extremo de donde vino el hombre, y levitando empezó a enviarle grandes estelas de aire, que destruyó su recién comenzada protección.


El hombre se le acercó levantando una gran columna de fuego —Prepárate a morir desgraciado ¿Crees que porque eres de Infinitus vas a poder con nosotros?—declaró el hombre enfurecido.

 

Jorge no pudo evitar la risa burlona que surgió de sus labios, lo que hizo que la furia del hombre aumentara haciendo más ancha la columna, allí se dio cuenta que tenía que pertenecer a Inferum,  pero sabía que no era cualquiera al ver que los ojos del hombre se pusieron rojos, supo que era el príncipe de allí, sin pérdida de tiempo desató una tormenta sobre ellos y levantó una especie de tornado y viento, pero se descuido respectó a la chica, quien lo tomó por sorpresa, se le arrojó encima, tirándole al piso, de repente ella se quedó inmóvil observándolo fijamente, el hombre intentó acercárseles pero una especie de campo de fuerza, rodeado de una fuente magnética que cuando el otro chico intentó pasarlo, lo arrojó lejos.


Aurora se asustó con lo que presenciaba que no pudo evitar decir —¿Qué es eso? ¿Por qué se formó?


—Es un campo magnético, creo que lo creamos los dos—expresó Jorge observándola.

 

Aurora se mordió el labio inferior, mientras trataba de procesar lo que estaba pasando, ese chico rubio al tocarlo le produjo una grata sensación de paz, le gustaba el tacto de sus manos en su piel, le provocaba quedarse así junto a él para siempre. Ambos se levantaron y al extender su vista pudo observar al otro chico, ya tenía claro que era de Inferum, y la había hipnotizado para dominarla, porque ahora que ese campo la protegía no sentía nada por él.

 

Ese desgraciado la había dominado mediante la hipnosis y se había metido en su mente para inducirla a que sintiera deseo por él, la furia la dominó y levitando levantó una onda de aire, la cual no esperaba el hombre quien se quedó sorprendido sin poder reaccionar, elevándolo y haciéndolo rodar por la tierra.


A Jorge le pareció tan gracioso como cayó el hombre, que empezó a reírse con grandes carcajadas, Aurora se enojó y le hizo lo mismo arrastrándolos a los dos hasta un fango que se había formado cuando Jorge hizo llover en esa zona, los arrastró hasta dejarlos a ambos llenos de barro de pies a cabeza, sin permitirles reaccionar.

—Allí se quedan en el barro, ¡arrastrados! como lo que son, un par de cerdos y agradezcan que no los hago castigar por atreverse a meterse conmigo—concluyó encolerizada, levitando hacia la zona donde estaba el palacio.

 

CAPÍTULO 4. ENFRENTADOS POR LA PRINCESA DE CAELI

 

Tanto Jorge como el otro chico quedaron enlodados, el hijo de Inferum enfadado le dijo—Eres un completo imbécil, ¿Cómo permitiste que una mocosa te dominara?

 

Jorge lo miró levantando su ceja derecha y con una sonrisa sarcástica al igual que su tono expresó—En verdad no sé, debí inspirarme en tu forma de librarte de ella, que me impresionó tanto y quedé inmutado.

—Te la das de chistoso, ¿Eres payaso o qué? —interrogó enojado.

—Payaso porque te estoy dejando en evidencia, pretendes cuestionarme a mí, cuando ni siquiera hiciste tu mejor esfuerzo para librarte de ella. Eso es ser descarado y querer actuar con doble moral, bueno no podía esperar menos del príncipe de Inferum.

—¿Cómo sabes que soy el príncipe de Inferum y no de Infinitum?

—Porque cuando peleas se ve que tus impulsos no lo mueve nada noble, eres malvado, egoísta como los de tu mundo, además no pueden haber dos príncipes en infinitum, porque los reyes solo tienen un hijo—expresó chasqueando la lengua, exhibiendo un aire de superioridad que molestó a Luciano.

—¿Te la das de que te lo sabes todo? ¿Qué tal si soy el mismísimo príncipe Jorge?—mencionó el chico con suficiencia.

 

Al oírlo Jorge no pudo evitar emitir una sonora carcajada y en ese instante, le provocó seguirle la corriente— ¡Disculpe! ¿Entonces no eres de Inferum sino de Infinitum y el propio príncipe Jorge? ¡Vaya! Qué suerte la mía, conocer al futuro heredero del universo, Su Alteza Real—hizo una reverencia burlesca.

 

Al hacerlo Luciano se le acercó y lo tomó del cuello —¿Quién te crees para que te burles de mí imbécil? —. Interrogó pero a medida que formulaba la pregunta sus ojos se pusieron todos de color negro, desapareciendo el blanco de sus ojos, y segundos después se pusieron rojos y como chispas se empezaron a formar en sus ojos.

 

—¿Piensas incinerarme? —preguntó con calma Jorge. Pero esa tranquilidad en vez de apaciguar el carácter de Luciano, lo descontrolaba, al darse cuenta Jorge de la actitud del chico, de inmediato creo alrededor suyo una barrera de protección, que arrojó a Luciano por los aires, a metros de él—. Lo siento por ti, porque no podrás hacerlo, príncipe de Inferum, Luciano es que te llamas, pues no puedes ser Jorge, porque ese soy yo, así que inclínate y ríndele honores a tu príncipe.

—¡Maldito infeliz! —. Respondió el hombre y crió una barrera alrededor de la de protección de Jorge con el fin de tratar  de debilitarlo— jamás me inclinaré frente a ningún miembro de infinitus, nosotros somos superiores y te lo demostraré.

—¿Así? ¿Cómo lo demostraras? Porque hasta ahora tu barrera de fuego no ha hecho mella en la mía—pronunció burlándose.

—Ella te gustó, pero yo la conquistaré porque a mí me encantó, te demostraré quien es el mejor cuando ella me escoja, de hecho no creo que te sirva de mucho, porque ya estuve con ella, tiene los pechos más perfectos que he visto en mi vida y que he tocado, sus pezones rosados, suaves, duros, con solo recordarla se me enchina la piel y otras partes de mi anatomía.

—Eres un bocón, quizás solo lo lograste hipnotizándola, porque cuando te vi, no estaba precisamente disfrutando de las partes de tu anatomía que se te enchinan—soltó esbozando una media sonrisa y alejándose, mientras le daba la espalda dejándolo rabioso con su actitud.


Al llegar nuevamente al palacio de los reyes de Caeli, lo primero que hizo Jorge fue ver a Aurora, cuando ella se dio cuenta de su llegada caminó hacia él y enfrentándole le dijo —¿Qué haces aquí? ¿Cómo te atreves a presentarte en este palacio después de lo que me hiciste? Tienes cinco minutos para que le des la vuelta a tu lodoso cuerpo y te alejes de aquí.

 

Jorge la observó sonriéndose, con una tranquilidad que tendría la capacidad de sacar de sus casillas al más pacífico, pero más Aurora que sin mediar palabra comenzó a atacarlo, lanzándole corrientes de aire con las manos, arrastrándolo por él suelo.

 

Jorge no quería defenderse, porque no quería causarle daño,  se dejó arrastrar pero cada vez que él intentaba incorporarse, ella lo volvía a lanzar, hasta que se dio cuenta que mientras no la detuviera, ella seguiría lanzándolo por los aires.

—Lo siento mucho princesa tú lo pediste— con el mismo aire que ella había usado en su contra, la levantó, e hizo con su mano que una nube apareciera, con su otra mano levantó la tierra y desató una tormenta  sobre ella que la tomó desprevenida, la hizo caer al suelo, mojándola y arrastrándola por el fango y no conforma con eso, levantó briznas de paja y se las lanzó encima.

La rabia que sintió Aurora no era normal, comenzó a desatar un fuerte viento, arrancando árboles en su accionar se había descontrolado.

—Juro que te mataré por esto—indicó con furia. Jorge solo quería que dejara de atacarlo, por eso fue necesario responder a su agresión, pero al ver que estaba descontrolada, se concentró y mentalmente creó una barrera de protección alrededor de ellos para evitar que el arrebato de la chica causara daño a otros.

 

Intentó acercársele, pero ella lo golpeó con fuerza arrastrándolo con fuerza hacía en interior del bosque, y así iba haciendo, cada vez que intentaba levantarse  arremetía contra él, hasta que en un descuido salió corriendo y se le puso por detrás, abrazándola mientras le susurraba palabras dulces al oído.

—¡Cálmate sí! Le harás daño a los otros. No quieres hacer eso ¿Verdad princesa?

Aurora de repente sintió que la ira abandonaba su cuerpo y una paz se instaló en su interior—No quiero dañar a nadie.

—Me parece muy bien princesa, que estés tranquila—la volteó de frente a él y sus ojos se encontraron, ambos sintieron que se perdían en la mirada del otro, un sentimiento de reconocimiento surgió en ellos, Aurora sintió arde sus mejillas y su respiración se hizo pesada, sintió su garganta secarse.

 

No, pensó, sacudiendo su cabeza no  podía caer en los brazos de ese chico, ni siquiera sabía quién era,  desconocía lo que le estaba pasando, ¿Sería que también la había hipnotizado, lo miró a los ojos pero vio su mirada nítida, transparente, no le estaba ocultando nada, regularmente cuando la gente no era sincera no se atrevía a mirarte a la cara y cuando te mentía miraba a su lado izquierdo como creando una verdad paralela. La de este chico, era nítida autentica, sin embargo, puso distancia entre ellos.

—¿Quién eres? —le preguntó intrigada.

—Un habitante de Infinitus—respondió con tranquilidad.

—¿No tienes nombre? —cuestionó Aurora.

—Sí, pero me gusta más que me llamen por el segundo nombre Abat.

—¿Me puedes decir el primero? —volvió a interrogarlo.

—No quiero—expresó con tranquilidad.

—¿Por qué eres tan insolente? —peguntó con un dejo de molestia en su voz.

—Simplemente porque puedo—manifestó acercándose a ella y atrayéndola hacia sí, para unir sus labios, el aliento fresco de Jorge, le provocó unas sensaciones extrañas en ellas que no quiso definir, y antes de sentirse arrastrada a ese mundo de múltiples emociones, le dio un fuerte empujón diciéndole—¡Atrevido! ¿Quién te has creído para que poses mis labios en mí?

 

Justo  en ese momento llegó Luciano, el hijo de Inferum, y comenzó a lanzar bolas de fuego sobre ellos. Con la primera ráfaga los alejó de estar uno junto al otro y con las otras tres, creó una distracción mientras tomaba a Aurora de un brazo y la arrastrarla con él.

—Me debes varias princesa y voy a cobrártelas, lo bueno que haré que disfrutes como nunca ante lo has hecho y  como no creo lo harás en el futuro—le dijo entretanto ella trataba de soltarse, hasta que lo miró a los ojos, vio como sus ojos se convertían en negro y cedió a su voluntad.

—Veremos si cumples con tus promesas, porque hasta ahora, he tenido que acudir a mi propia satisfacción para obtenerla.

Miro hacia atrás, levantó su mano y provocó un fuerte viento, que hizo sacar de raíz un árbol, el cual arrojó encima a Jorge—¡Aléjate de mí!, no tienes absolutamente nada que me interese—retornó su mirada a Luciano, le tomó la mano y juntos se alejaron del lugar, dejando a un Jorge absolutamente contrariado.

 

CAPÍTULO 5. AZOTADO

 

Luciano la tomó de la mano, y la llevó con él, con paso firme caminaba mirando atrás de vez en cuando para comprobar si estaba siendo seguido, jamás permitiría que ella fuese del estúpido Rey Jorge, así tuviera que controlarla por siempre, Aurora sería suya, ningún mal parido, nacido de Infinitus, podría jamás con él.

 

Aurora fue caminando con él, muy rápido, recorrieron varios kilómetros, en el trayecto de más de dos horas, se fueron introduciendo en las profundidades de la tierra, se insertaron en una especia de gruta.

A medida que iba caminando, el calor iba acrecentándose, sintió que iba a desvanecerse producto de la deshidratación, se recogió su cabello en una trenza, se quitó la camisa quedándose solo con una franelilla, mientras Luciano la observaba como si de un apetitoso filete se tratara.

—No me mires de esa manera—le dijo ella con seriedad.

—Si no quieres que te vea no te exhibas—respondió molesto.

Ella lo miró extrañada, sintió un leve dolor de cabeza, pues el efecto de la hipnosis le estaba pasando, Luciano se le acercó y mirándola con intensidad logró inducirla nuevamente, la acercó a él y comenzó a besarla, la devoraba con su lengua, luego recorrió su cuello, mientras sonoros gemidos salían de su boca, él los capturó con sus labios y llevó sus manos a uno de sus senos, pero de repente ella reaccionó, propinándole un fuerte golpe.

—No, estás haciendo esto a través de la hipnosis, ¡Aléjate de mí!— ordenó, mientras daba pasos hacia atrás, unos segundos después alzó las manos y levantó una corriente de aire, sin embargo, no fue suficiente para hacer mellas en él.

 

Pero eso no la hizo desistir de escapar, se obligó a levitar y salió huyendo de allí nerviosa, no podía permitir que la atrapara.

 

Siguió corriendo, el camino le pareció más largo, porque esta vez era ella sola recorriéndolo, varias veces estuvo a punto de caer, pero con voluntad se sostenía.

—Eres una ilusa no vas a poder ir muy lejos, esto es mi mundo, ni el levitar, ni arrancar arboles ni preparar tornados, eso funciona para controlar los imbéciles de Infinitus, pero no a nosotros. Corre que por más que lo haga te alcanzaré, solo esperaré a que te canses—expresó con malicia.

Segundos después, comenzó a ver las bolas de fuego que lanzaba Luciano, mientras se reía malignamente —O te detienes o voy a rostizarte princesa de Caeli—y grandes carcajadas salían de su boca.

—Si me haces daño desatarás una guerra entre Inferum y Caeli y obligarás a los otros mundos a tomar partido y no lo harán por ti ni los tuyos, eso te lo aseguro.

—Y tú estás desamparada y sola princesa, por más que te escondas te alcanzaré, hasta que finalmente tú y yo podamos consumir esa pasión que sientes y te niegas a aceptar, porque no todo es producto de la hipnosis Aurora, eso es algo que te has introducido en tu mente para justificar tus bajos instintos, y quieres culparme a mí de ello, me amas y te haré mía.

 

Ella siguió corriendo, un tobillo se le dobló y sintió que se había lesionado, por un momento se privó y se recostó de una piedra, para tratar de que su dolor se aliviara, pero esa fue su perdición, allí frente a ella, estaba nuevamente Luciano, quien la miraba con cara de burla.

—Te encontré princesa y no creo que así puedas escapar, y para asegurarme—le tocó la pierna e hizo que sintiera un gran dolor—Ya que no puedo con la hipnosis, veremos cómo manejas el dolor.

—Eres un ser bajo, por esos todos lo odian.

—No me digas así, porque puedo ser la diferencia entre que vivas o mueras ¿Quién cuidará tu fiebre? —expresó fingiendo una falsa inocencia.

—¡No tengo fiebre! —Señaló indignada Aurora.

Le tocó la frente y dos segundos después pronunció sonriendo —¡Ahora si tienes!.

—Has utilizado tu poder para enfermarme, eres realmente ruin.

—Sí, y no olvides que puedo usarlos hasta para matarte—manifestó con una mueca, mientras las sombras se proyectaba en la cueva, pues al lanzar llamas, había encendido unos leños que estaban aglomerados

Ella se quedó sentada, sintiendo escalofríos, la fiebre y los temblores en su cuerpo iban en aumento más el dolor de cabeza y el tobillo, no creía poder salir de allí.

—¿Qué quieres de mi? —interrogó angustiada.

Se sonrió seductoramente—Todavía lo preguntas, sabes muy bien lo que quiero de ti.

—¡Pues tómalo y déjame ir! —le dijo furiosa.

—¡Jamás! Yo soy un caballero y me gustan las chicas tranquilas y cooperando.

—Eres un imbécil. Me quiero ir, así que has lo que debas hacer, me sanas y me liberas—expresó con los dientes castañeando.

—Para ser princesa ignoras mucho, los de Inferum no sanamos, enfermamos a la gente y los matamos, lo llevamos a su perdición, lo hacemos esclavos de sus propios deseos hasta que acabamos con ellos.

—¿Entonces qué piensas hacer? —lo interrogó cansada.

—Buscaré sanarte de la forma tradicional y luego de eso nos casaremos, porque quiero que seas mi esposa. Quiero ver rabiar al hijo de Infinitus, porque se que le gustaste, y tenía planes para ti.

—¿Por qué odias tanto a ese plebeyo? —cuestionó con fastidio.

—¿Qué te dijo ese hombre?

—Se llama Abat, es un habitante de Infinitus, nada importante, así que no tienes porque dañarlo.

“!Vaya! dijo dentro de sí, y eso que los habitantes de Infinitus no pueden mentir, pero el principito lo hizo sin cohibirse, después dicen que soy yo el malvado y descarado”

 

La fiebre no cedía, iba en creciendo y sentía que cada segundo se debilitaba más. Hasta que luego de unos quince minutos, ella cayó en la inconsciencia, cuando eso pasó Luciano, se preocupó, su intención no había sido jamás, que ella cayera en un grave estado, quería asustarla y que cayera solo un poco enferma, para que no fuese posible que se movilizara, no sabía porque todo se le había ido de las manos, pero al verla así, salió a buscar agua y algunas hierbas para prepararle algunos brebajes.

 

Unos veinte minutos después estaba allí, Aurora temblaba totalmente, le puso un paño húmedo en su frente, le dio a tomar un té, espero que mejorara pero hora después seguía en el mismo estado.

 

Preocupado la tomó en brazo, como príncipe de Inferum tenía la capacidad de transportarse en casos excepcionales o cuando su vida estuviese en peligro, pero ese privilegio era solo de los nacidos en Infinitus e Inferum, sin pérdida de tiempo lo hizo y llegó al palacio de su reino.

 

Su padre estaba esperándolo con una actitud de pocos amigos, era un hombre muy joven aún no llegaba a los cuarenta años, mientras él tenía veinte aunque por su fortaleza y siempre tener una cara malhumorada aparentaba más. Al verlo cargando a la chica, ordenó se la quitaran y luego le propinó un par de golpes con el puño cerrado que lo hizo tambalear pero no caer, la sangre comenzó a correr por su boca, iba a limpiársela, pero su padre lo detuvo con voz firme.

—¡Quédate allí! Eres una vergüenza para Inferum ¿Cómo pretendes gobernar si eres un hombre carente de visión?

Como el permanecía en silencio, impasible, su padre le dio dos golpes más, pero al ver que Luciano ni siquiera se quejaba, molesto ordenó—Búscame un látigo, vamos a ver si eres tan hombre como te la das.

—Haz lo que quieras conmigo pero a ella, por favor manda por un médico para que la cure—rogó a su padre.

—Lástima que no se pueda, esa niña no sobrevivirá, ¿Acaso no sabías que si provocas en los nobles enfermedades, su efecto es el doble que una persona que no lo es. Su única salvación es que un habitante de Infinitus la salve y no cualquiera sino el más fuerte de ellos. Ahora te pregunto— le dijo tomando el látigo con la mano y alzándolo—¿Crees que los reyes de Infinitus se aparecerán por aquí o enviarán a su hijo?

—No lo sé—respondió con tristeza, él no la quería muerta, jamás fue esa su intención.

—Por supuesto que no, y eso provocara una catástrofe porque desencadenara la guerra y solo tú serás el responsable—y enseguida empezó a darle latigazos, mientras los recibía con estoicismo.

Pero la actitud de valentía de Luciano enfurecía al Rey Carlos, quien en un arrebato ordenó—Quítenle la ropa—Así lo hicieron y como estaba cansado de golpearlo ordenó a uno de sus hombres que siguiera con el castigo.

—Algún día seré rey y si me mandas a dar latigazos con él, no me respetara como su rey.

—Lo siento mucho hijo, pero tendrás que ganarte su respeto, cuando eso pase. ¡Azótalo! Que mientras él es golpeado, la Aurora muere irremediablemente.

 

CAPÍTULO 6. ¡PLEBEYO!


Luciano iba aguantando con estoicismo cada azote que le daban sin quejarse, sin embargo, la rabia en su interior parecía estar subiendo de temperatura, hasta tal extremo que terminó descontrolándolo y comenzó a arrojar chispas de fuego por sus ojos a su verdugo, quien inmediatamente cesó su ataque, asustado huyó para resguardarse y evitar que el príncipe lo dañara, mientras el rey Carlos, se encontraba totalmente encolerizado llamando al hombre cobarde.

 

Sin pérdida de tiempo, Luciano subió las escaleras, corrió por el ala derecha mientras revisaba cada una de las habitaciones desesperado, hasta que en la quinta puerta, encontró a Aurora, quien se mantenía inerte en la cama solo temblando producto de la fiebre que la aquejaba, la tomó en brazos y la sacó de donde la tenían, estaba realmente mal, totalmente inconsciente. El miedo lo invadió, temía por la vida de Aurora, caminó con ella pero el dolor en su cuerpo era demasiado profundo, las heridas le ardían y le producían escozor, estaba agotado físicamente, le daba miedo que alguien intentara detenerlo y evitara poder salvarla.

 

Aún no había salido del palacio, cuando su padre se paró enfrente diciéndole

 —Suéltala inmediatamente o no respondo de mis actos —pronunció el hombre en un tono de voz desafiante y mirada penetrante.

 

—No cuentes con eso, no voy a soltarla, haré todo lo posible por salvar su vida así tenga que presentarme en Infinitus y obligar a alguno de ellos a salvarla— respondió el chico desafiante.

 

—Te atreves a desafiarme, ¿Acaso no sabes en presencia de quien estás? Desconoces que puedo destruirte con una sola mirada—afirmó decididamente el rey.

 

—¿Serías capaz de causarle daño a tu propio hijo? Pues esa será la única forma en que puedas detenerme—expresó alzando sus cejas Luciano.

 

—Cuando es un hijo que no obedece las reglas y órdenes que le da su padre, no tiene ningún sentido tenerlo—confesó con convicción, mientras sus ojos iban oscureciéndose, signo de que en breves segundos iba a lanzar chispas de fuego por sus ojos.

 

—Entonces estamos en iguales condiciones, porque estoy dispuesto a todo por salvar a esta mujer—pronunció mientras sus ojos también se oscurecían.

 

Justo en ese instante en que ambos se miraban desafiante, apareció la reina Elena y se interpuso frente a los dos—¿Qué está pasando aquí? ¿Qué piensan hacer? ¿Acabarse uno a otro? Nunca creí posible que fuesen capaces de llegar a ese extremo.

 

—¿Qué le hiciste a tu padre para despertar su furia? —lo enfrentó su madre cuestionándolo.

 

—Porque debes tomar partido sin escuchar lo que tengo que decir, siempre das por sentado que yo lo provoco, cuando no es así, él me mandó a azotar con sus hombres hasta hacerme sangrar ¿Cómo piensa él que me respetaran mis súbditos después de eso?

 

—¿Cómo fuiste capaz de hacer eso Carlos? ¿Acaso no te das cuenta que Luciano pierde respeto con esas actitudes? —interrogó la mujer dejando entrever un tono de decepción.

 

—Pero no sabes lo que él hizo. Esa chiquilla que tiene en brazos es la princesa de Caeli, él le indujo la fiebre, utilizando sus poderes, por ello es probable que muera ¿Sabes lo que significa que eso pase para Inferum? ¡Guerra! Provocada por el inconsciente de tu hijo,

«¿Cómo pretende gobernar cuando ni siquiera tiene el mínimo sentido común? —concluyó con enojo.

 

—Yo solo quería traerla a Inferum para casarme con ella, me gustó desde el primer momento que la vi bañándose en el río y al príncipe de Infinitus le gustó, jamás permitiré que él se quede con ella—pronunció apretando los dientes.

 

—Pues, así debe suceder, no puedes intervenir en el destino, si la princesa de Caeli y el príncipe de Infinitus, están destinados a estar juntos no hay nada que puedas hacer, pues la profecía debe cumplirse, y cuando eso pase yo  buscaré la forma de hacerme con su prole, la princesa prometida—expresó con satisfacción su padre—tal vez sería bueno que se la llevarás al Rey Jorge para que la sane y la presentes como signo de buena voluntad.

 

Luciano se quedó viéndolo, nunca terminaba de sorprenderse de que su padre buscara sacar provecho de todo lo que pasaba— Voy a llevarla pero no por lo que estás diciendo, si no porque quiero salvar su vida, Aurora es importante para mí—manifestó el chico mientras caminaba cargando a la joven.

 

Había caminado un par de kilómetros, pero el desespero por el estado de Aurora, lo inquietaba, si no hacía algo pronto ella moriría y eso no se lo podría perdonar. Por ello se decidió a utilizar nuevamente la capacidad que tenían de tele transportarse en casos excepcionales, lo hizo sin más pérdida de tiempo, pero hasta la gruta por donde había ingresado para llegar a Inferum.

 

Al llegar allí, siguió caminando en la búsqueda de la entrada para llevarla hasta Caeli, no podía tele transportarse a Infinitus porque estaba bloqueada esa capacidad para los miembros de la familia real de Inferum.

 

Cuando estaba a punto de llegar a la salida, se recostó por un momento para descansar producto del agotamiento y del dolor en la cual se encontraba inmerso su cuerpo, apareció un hombre quien lo atacó elevándolo con un fuerte viento y haciéndolo golpear contra una de las paredes de la gruta, mientras él se mantenía firme sosteniendo el cuerpo de Aurora.

 

Al levantar la vista, allí estaba el siempre contento y risueño Jorge, con una máscara de odio, le quitó de encima a Aurora, la puso a un lado, después se dirigió  a Luciano y comenzó a apretarle el cuello mientras le decía —¿Qué le has hecho? ¡Eres un maldito! ¿Abusaste de ella?

 

Luciano tenía ganas de mentirle y decirle que no había sido necesario porque ella voluntariamente se había prestado, pero sabía que no era el momento y que el tiempo transcurría en contra, le sostuvo las manos para evitar la presión en si cuello mientras decía —Eres un idiota Jorge, ella te necesita, le induje una fiebre pero desconocía que cuando se usaba ese poder en alguien de la realeza sus consecuencias eran mayores que a una persona común.

 

De inmediato Jorge lo soltó, se dirigió a ella, se dio cuenta de la profunda fiebre que la agobiaba, se sentó en el piso de la gruta y se la colocó en las piernas, puso una de sus manos en la frente de Aurora, luego en sus mejillas y de inmediato comenzó el proceso de sanación. 

 

Aurora sentía una mano que le acariciaba el rostro suavemente pero firme, el fragante olor que desprendía le encantaba, se quedaría para siempre en esa misma posición con tal de sentir esa comodidad que le inspiraba una profunda paz, sin embargo se obligó a abrir sus hermosos ojos verdes, y allí frente a ella estaba ese insoportable habitante de Infinitus con rostro de preocupación, al verlo no pudo evitar cambiar su expresión y para evitar esas sensaciones que le habían agradado, se levantó molesta de las piernas de Jorge protestando.

 

—¡Si serás imbécil! ¡¿Qué haces tocándome?! ¡¿Cómo te atreves?! Por muy de Infinitus que seas, eres solo un simple plebeyo, mientras yo soy una princesa—pronunció con altivez, sin embargo, mientras hablaba no pudo evitar una leve tristeza en su interior, porque la realidad es que sentía una profunda emoción al tenerlo tan cerca, a tal punto que había provocado que sus deseos despertaran en su interior, provocándole pasar su mano por el sedoso cabello rubio, pero jamás le haría saber lo que le estaba produciendo en ese momento, prefería morir primero que confesar esa sorpresiva verdad.

 

Jorge al ver que Aurora tenía la actitud de soberbia de siempre, se sintió más tranquilo, pues era señal de que se sentía mejor, sin embargo, no pudo contener la risa que le producía que la mujer lo subestimara—Eres una mal agradecida, vengo especialmente a este infernal lugar, me enfrentó a seres despreciable como éste—pronunció sin dejar de mirar a Luciano quien se mantenía en el mismo lugar donde lo había dejado luego de golpearlo—te salvo la vida ¿Y aún te atreves a despreciarme.

 

—Bueno, no te mandé a hacerlo, además es tú deber servirle a la realeza—. Añadió Aurora con prepotencia mientras lo miraba despectivamente.

 

Al ver la actitud de Aurora hacia Jorge Luciano iba a intervenir para aclararle la situación de hecho empezó pronunciando —Aurora creo que estás equivocada, Jorge no es cualquiera, él es…—pero en ese momento fue interrumpido por el mismísimo príncipe que le hizo callar con una simple mirada.

 

Aurora se dio cuenta del intercambio de miradas entre los dos chicos y enseguida expresó—¿Por qué se miran así? ¿Luciano por qué no continuaste hablando? ¿Por qué te dejaste intimidar con la mirada de Jorge—al ver que ambos se mantenían en silencio, continúo —No piensan ninguno de los dos hablar ¿Cuál es el misterio que se traen? ¡Respóndanme!—exclamó frunciendo el ceño mientras se cruzaba de brazos en espera de una respuesta por parte del los hombres que tenía frente a sí.


CAPÍTULO 7. IDENTIDAD OCULTA 


Se miraron una vez más, y luego giraron su vista a Aurora, ambos intentaron hablar al mismo tiempo —Yo no …—se interrumpió Jorge al escuchar las mismas palabras en la voz de Luciano. 


 
—Entonces, me quedaré esperando aquí mientras los dos se ponen de acuerdo con la mentira—habló indignada—dime  Luciano ¿Qué estabas a punto de decir? ¿Quién es él? 
 
—Él es alguien importante en Infinitus. 
 
—No soy nadie importante en Infinitus—respondieron los dos al mismo tiempo. 
 
—Veo que ambos están muy sincronizados—respondió la chica alzando sus cejas y expresándose en tono sarcástico. 
 
—Lo que quiso decir Luciano es que soy el mejor amigo del príncipe heredero—manifestó Jorge. 
 
—Sí, también trabaja en el palacio, por eso tiene acceso a los miembros de la casa real, esa es la causa por la cual considero que es una persona importante—articuló Luciano encogiéndose de hombros con aparente indiferencia. 
 
—¿Crees que eso lo hace importante? ¿Qué sea un sirviente en el palacio de Infinitus? —.Pronunció mirándolo despectivamente— Él jamás puede compararse contigo y conmigo, nosotros somos herederos de tronos, mientras que éste es un pobre criado, así que te agradezco—comentó mirando con desprecio a Jorge,—¡Quiero te alejes de mí, no soporto tu presencia cerca, eres un simple plebeyo! 
 
—Así paga el diablo a quien bien le sirve—manifestó Jorge en tono de burla, acercándosele lo más posible a Aurora, quedando a solo pocos centímetros de su rostro. Ella pudo sentir una corriente recorrer como sangre por sus venas y un cosquilleo se instaló en la parte baja de su vientre, sus pezones erectos hicieron más estrecha su ropa en la parte superior, mientras sintió su boca seca, tenía la sensación que el aire había escapado de sus pulmones, abrió sus labios provocativamente, esperando que Jorge la besara. Él miró sus labios, hizo el amago de besarla, pero en el último momento él se apartó con una sonrisa y en tono de burla dijo—¿No me digas que estabas esperando un beso de este plebeyo? 
 
Ella se sorprendió con sus palabras, y luego respondió con enojo —¡Por Dios! Créeme jamás ni siquiera me imaginaría en fijarme en un plebeyo como tú—espetó mientras caminaba a la salida de la gruta. 


—¿No y que los de Infinitus no pueden mentir? Creo que lo que acabas de hacer, produce que tu alma vaya ennegreciéndose—manifestó con burla. 


—¿Cuándo mentí? No lo he hecho—enfatizó Jorge con seguridad. 


—Dijiste que eras el mejor amigo del príncipe de Infinitus ¡Y eso no es cierto! Después de todo resulta que ustedes los de Infinitus no son tan buenos como quieren aparentar, pero claro se encargan de juzgarnos y hacer que todos los de Nubibus, odien a aquellos  que nacimos en Inferum. 


—¿Quién te dijo que es mentira? No tengo la menor duda que el mejor amigo del príncipe de Infinitus y Nubibus soy yo—afirmó Jorge. 


 
—Ahora súmale que estás realmente loco—manifestó el chico. 


 
—No soy mentiroso y tampoco estoy loco, pero por si no lo sabías Luciano de Inferum, el mejor amigo de un individuo  es él mismo, por ello; no mentí. 
 

—¡Ella te gusta! No entiendo porque no le dices la verdad, esa puede ser tu ventaja para que ella se fije en ti, y puedas ganarme a mí porque ella también me interesa. 
 

—Para mí no tiene ningún mérito que ella se enamore de mí por un título, agradéceme que quito esa ventaja , lo que te da a ti con mayor ventaja, porque me imagino que ya sabe que eres un príncipe de Inferum—expresó con tranquilidad. 
 

—Sabes muy bien que ser príncipe de Inferum no es ninguna ventaja, todos nos odian así no hagamos nada, todos nos juzgan por los errores que han cometido nuestros congéneres en el pasado y eso es un lastre que llevamos a rastras. 
 

—Y menos porque usaste tus poderes para hipnotizarla, no te sientes con la capacidad de conquistar a una mujer por tu personalidad, porque debes usar artilugios, si te molestara tanto como actuaron los tuyos en el pasado, dieras indicios de actuar de manera distinta—expresó con convicción Jorge. 
 

—A veces es difícil actuar distinto a como esperan, pero independientemente de todo, me gusta Aurora, es una chica fuera de lo común. 


 
—Es cierto, es una mujer no solo hermosa, sino con un gran criterio y determinación aunque un poco snob, pero bueno, es difícil que una princesa tan joven no lo sea, requiere un poco de humildad, no te preocupes que yo se lo enseñaré, pero ella no es para ti, no inicies una lucha que no tienes ni remotamente  la posibilidad de salir vencedor—enfatizó Jorge. 


 
—¿Sabes que eso es lo que me molesta de ustedes?  Te crees mejor que yo, cuando tampoco estás siendo sincero con Aurora, ¿Cuánto quieres perder que logro conquistarla antes que tú? —expresó con molestia. 
 

Jorge lo miró con compasión— Escúchame bien Luciano, tú jamás has logrado, ni podrás quitarme nunca nada de lo que yo quiera o tenga, ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro, no eres competencia para mí y no es que sea creído en este sentido, sino que siempre lo que me propongo lo logro. 
 

Las palabras dichas por Jorge sacaron de sus casillas a Luciano quien lo tomó por el cuello y lo estrelló contra la pared sin soltarlo —¡No me retes! Juro que algún día me apoderaré de lo que más amas, entonces, suplicarás clemencia y no la tendré—espetó mientras sus ojos se oscurecían más de lo debido a punto de desatar su ira lanzando fuego a través de sus ojos. 


—Piensas incinerar a tu futuro rey—dijo con una sonrisa—discúlpame si logré herirte con mis palabras, solo quería dejarte claro que Aurora será mi princesa, luego mi reina y tú no podrás hacer nada para impedirlo. ¡Inferum ha vuelto a perder! —Expresó mientras empujaba a Luciano con un fuerte golpe haciéndolo rodar por el piso de la gruta mientras salía de allí. 
 

La rabia que sentía Luciano, hizo que llamas descontroladas salieran de sus ojos encendiendo la gruta y todo lo que encontrara a su paso mientras maldecía a Jorge —Juro que algún día pagarás esto que me haces, llegará el día que vas a llorar sin esperanzas Jorge  Andromano de Infinitus. 
 
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Aurora se encontraba recogiendo flores en el campo, había pasado un par de días desde que estuvo a punto de morir de la fiebre pero que milagrosamente se había salvado gracias al plebeyo, aunque intentó no pensar en él, había sido imposible, incluso soñó con él y con el príncipe de Inferum, no podía entender como alguien podía sentirse atraído por dos personas aparentemente tan distintos. 


Se encontraba analizando todas esas circunstancias, cuando sintió unos pasos, se giró y allí vio a Abat, como le dijo el plebeyo que se llamaba, la luz del sol daba en sus cabellos reflejando destellos dorados, tenía el aspecto de un ser sobrenatural. No entendía porque le gustaba, al mismo tiempo que le causaba molestia su presencia, al acercarse estaba como siempre: sonriente. 


—¿Qué haces en Caeli? —lo interrogó ella. 

—Esa flores son de Terra, ¿Por qué están sembradas aquí? —preguntó sin dar respuesta a su interrogante. 

—Debes responderme primero, y luego veré si quiero dar respuesta a tu pregunta—dijo con prepotencia Aurora. 

—Definitivamente tienes mucho que aprender, modales, humildad, amabilidad, hospitalidad. 

—Y tú debes aprender a no ser tan metiche—respondió la chica mientras se acercaba a Jorge, pero justamente su pie se dobló y estuvo a punto de caer de bruces al suelo, sólo que la intervención del chico lo impidió al tomarla rápidamente por la cintura, sin embargo, la reacción de Aurora al sentir sus manos en la cintura, los hizo perder el equilibrio a los dos cayendo al suelo. 

Ella quedó encima de él, se observaron por un momento, pero ella sintió una fuerte atracción al cuerpo de Abat, como si de un campo magnético se tratara, colocó sus manos en la mejilla del chico y la sensación que la invadió era tan poderosa que sintió su cuerpo arder, enseguida acercó su boca a los labios del joven y tomó la iniciativa de besarlo, se abandonó a las deliciosas sensaciones que surgían en su interior como si de una gran explosión se tratara. 
 

Se dio cuenta que no estaba preparada para semejante descubrimiento, el plebeyo causaba efectos en ella más devastadores que los que le produjo el hijo de Inferum, porque aquel la había hipnotizado para sus fines, pero este todo lo estaba haciendo con sus labios y las caricias en su espalda, apenas trataba de recuperarse de esa excitación, cuando él la giró dejándola abajo y dando rienda suelta a un torbellino de emociones que la envolvían y la arrastraban a la más intensa pasión.


CONTINUARÁ...