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COMO UN LOBO SOLITARIO


CAPÍTULO 1. EL PRINCIPIO


Martín estaba feliz, no cabía de la emoción, salió de la sala de reuniones a su despacho con una gran sonrisa y hasta con saltitos y baile incluidos, caminó al ascensor y esperó a que este llegara, mientras estaba sumido en sus pensamientos, por fin, luego de un par de meses entre reuniones, revisiones de contrato, su pequeña empresa en expansión Marketing y Publicidad M&M, había logrado firmar con una de las mejores empresas de alimentos d el país. 

La empresa de Marketing, la había iniciado en sociedad con su mejor amigo, Marino Russo, desde que ingresaron a la universidad se habían convertido en inseparables, a pesar de que ambos eran de clases sociales distintas, mientras él provenía de una familia de clase media, donde su madre era docente y su padre era contable, los padres de su amigo eran dueños de joyerías, bancos, y socios en numerosas empresas del continente, sin embargo, eso no impidió que surgiera una gran amistad, que inició el primer día de clases. 

Martín solo contaba con diecisiete años cuando eso sucedió, estudiaba primer semestre de publicidad y Mercadeo, mientras Marino tenía diecinueve años y estaba repitiendo por tercera vez consecutiva el primer semestre, él iba corriendo concentrado, porque se dirigía con retardo a clases de Comportamiento del consumidor correspondiente al primer semestre, cuando impactó en la humanidad del otro joven, por supuesto más corpulento y fuerte que él, sus libros salieron disparados y como si fuera poco, la bebida que cargaba el chico se derramó en sus cuadernos. 

El joven apenado lo ayudó a recoger los cuadernos mientras le decía —¿Estás claro que fuiste tú quien venía distraído y colisionaste conmigo? ¿Cierto? 

—Lo sé, siento mucho haberte golpeado es que voy con retardo a clases, porque el profesor llega antes de la hora y cierra la puerta del salón a la hora en punto—declaró Martín. 

—¿Estás hablando del profesor Giovanni?—preguntó el joven, a lo cual Martín movió la cabeza afirmativamente—por cierto— continuó el joven—me llamo Marino y también tengo clases de Comportamiento del consumidor. 

—¡Vaya!—respondió el jovencito—para ir a la misma clase que yo, vas en dirección contraria, además no estás muy grandecito para ir a la misma clase que yo. 

—¿Acaso crees que estás en primaria o bachillerato que es donde debes tener cierta edad para cursarla?. Expresó Marino con un deje de molestia en su voz. 

—Lo siento, no fue mi intención ofenderte. Me llamo Martín. Creo que aún tenemos un minuto para llegar a clases, si corremos—inmediatamente lo hicieron y llegaron justo cuando el profesor comenzaba a cerrar la puerta. 

Desde ese día se hicieron inseparables, Martín ayudaba a Marino en todo lo relacionado con los estudios, lo instaba a estudiar, hacían los trabajos juntos y se convirtió en una buena influencia para su amigo, de lo cual fueron testigos los propios padres que aceptaron de buena gana a Martín. 

Así fueron pasando los años, cuando estaban en el sexto semestre de la carrera, comenzaron a estudiar también ingeniería industrial. Su amistad se fue consolidando con los años, a tal punto que ambos se hicieron huéspedes seguidos en sus respectivas casas, unas veces se iban de vacaciones a casa de los Russo Pascualotto y otras veces a los Landaeta Fernández, Marino se convirtió en otros de sus hermanos, incluso su familia lo había aceptado como un hijo más. 

Al graduarse a los veintidós años en publicidad y mercadeo, Martín quería crear una empresa de Marketing, pero no tenía suficiente dinero para emprenderla, por más que recibió ayuda de sus padres, quienes pidieron un préstamo al banco, no fue suficiente para poder constituirla, cuando Marino se dio cuenta, le ofreció una sociedad, aportaría todo el dinero necesario y Martín se encargaría de dirigir la empresa. No obstante, este aportó el dinero que habían pedido prestado sus padres y así inició su sueño. 

Habían transcurrido dos años desde que comenzó con ese proyecto, durante ese lapso habían tenido como clientes pequeñas empresas como tiendas de ropa, restaurantes, talleres mecánicos, pero nunca empresas de gran envergaduras, hasta ahora que habían firmado con esa red de supermercados a nivel nacional con posibilidades de extenderse a todo el continente,  a pesar de que ellos tenían un departamento de Marketing, debido a la amplitud de trabajo que implicaba, habían decidido contratar una empresa externa para que trabajaran juntos.  

Es así como se encargarían de asesorar y apoyar a la empresa, planificando, implementando y controlando actividades de Marketing, para lo cual debían efectuar investigaciones de mercadeo en los nuevos sectores donde se aperturarían nuevas sedes, trabajo que él había adelantado porque tenia la certeza que ese contrato le sería otorgado, de hecho esa fue su ventaja frente a los demás. 

Aparte de asesorar a la empresa, debía realizar un análisis DOFA, ello con el fin de tener en cuenta y actuar conforme a las debilidades, oportunidades, fortalezas y amenazas, realizar planes y esquematizar estrategias y tácticas de marketing llevando el control y haciéndole seguimientos las actividades que se ejecuten. 

Salió del ascensor, le pareció extraño que su secretaria lo mirara con una expresión que no supo descifrar, sin embargo, la saludó con amabilidad —Señora Thais, buenas tardes, ¿Cómo ha estado el día de hoy? ¿Ha venido alguien de visita? 

—Señor Martín, en su oficina se encuentra la señorita Amarantha y el señor Marino. Me pidieron acceso a su oficina y les permití entrada. No se si hice bien—pronunció nerviosa. 

—No se preocupe señora Thais, está bien, ellos son dos de las personas en las que más confío, mi amigo, hermano y socio y mi novia, quien en un par de meses se convertirá en mi esposa—expresó con una radiante sonrisa para tranquilizar a la señora, sin embargo, ella no se sintió del todo bien, había algo en la actitud de la novia y el amigo que no le inspiraban confianza, a veces le daba lástima la ingenuidad de Marino. 

******************************** 

Amarantha se encontraba sentada a horcajadas encima de Marino se movía seductoramente, frotando su intimidad con la masculinidad de él, mientras murmullos salían de sus boca, el deseo lo consumía de tal manera que se abrió el pantalón y le rompió la tanga, se introdujo de un solo empellón en su interior, ella lo besaba con pasión mientras ambos se movían violentamente, Marino no dejaba de acariciar y besar su humanidad, no se podía divisar donde iniciaba uno y terminaba otro, entre besos y caricias incendiaban sus sentidos, las palabras sobraban entre ellos, se limitaban a sentir y experimentar hasta que ambos estallaron en un orgasmo. 

Jadeos y suspiros salían de sus bocas, Marino la apartó un poco para poder retomar aire diciendo—Esto no me hace sentir bien, debes terminar tu relación con Martín, me siento como traidor, nunca debí dejar que me sedujeras. 

—No es que te sientas traidor, es que lo eres. Pero quiero que tengas claro, jamás terminaré mi relación con Martín, es el hombre que quiero para ser mi esposo, el que será el padre de mis hijos, es tierno, cariñoso, correcto, fiel, aunque no lo creas lo amo. Tú solo eres pasión, un revolcón, solo para que pasemos un rato, pero él es para siempre, nunca querría en mi vida a un hombre que va de mujer a mujer como las abejas de flor en flor. 

Marino la levantó con molestia, apartándola de sí, se arregló la ropa y caminó hacia los ventanales—Él es un pobretón, con el vivirías alcanzada, en cambio conmigo lo tendrías todo—pronunció con aire de soberbia. 

—No todo es solo lo material, además algún día Martín conseguirá un contrato millonario que levantará esta empresa—manifestó la mujer con seguridad. 

—¿Qué tal si le digo la verdad? Que del año que han estado juntos has sido mi amante los últimos cuatro meses—la amenazó el hombre. 

—¿Serías capaz de  causarle daño a tu amigo casi hermano?—interrogó ella frunciendo el ceño con una expresión de suficiencia. 

—Creo que no estaría causándole daño, más bien lo estaría librando de la arpía que eres—afirmó con rabia. 

—Pero te encanta fornicar con esta arpía—pronunció acercándosele ya vestida, pero en ese momento, escucharon que abrían la puerta del despacho. 

Martín abrió la puerta, sin quitar la expresión risueña que lo caracterizaba, apenas entró observó a su novia y a su amigo, él se encontraba  parado mirando por la ventana mientras que ella estaba en el sofá, sin embargo, su expresión era turbada, dejó de sonreír y preguntó —¿Qué tienes amor? ¿Pasa algo? ¿Te duele algo? 


Enseguida Marino se volteó y respondió —Martín amigo querido, creo que es hora de que te diga la verdad, ya no puedo seguir callándola. 


 “No temo al enemigo que me ataca sino al falso amigo que me abraza” Anónimo.


CAPÍTULO 2. ARTIMAÑAS PARA ALEJARLO


Martín los observó, frunció el ceño y creyó entender lo que sucedía, pues Amarantha, durante varios meses atrás había insistido en que terminara la sociedad con Marino —No me digas que tú también vas a empezar con lo mismo, ambos saben que desde que me vine  a Nápoles, lejos de mi familia, ustedes son lo más importante. Nada me gustaría más que ambos se llevaran bien, ¡Por favor! Háganlo por el amor que ambos dicen sentir por mí—pronunció tomando a cada uno de un brazo e instándolos a darse la mano y abrazarse.


Simularon hacerlo a regañadientes, se dieron un profundo abrazo mientras Martín se retiraba al extremo de la habitación, Marino le susurró a la chica al oído —Voy a contarle la verdad, no se merece lo que le estamos haciendo.


Ella le respondió en un mismo tono—¡No lo harás! Porque sino dejarás de disfrutar el rico manjar que soy yo. Reconócelo eres adicto a mí—pronunció sonriente.


—No hablen en susurro que no los escucho, seguro están refunfuñando, pero bueno con algo se empieza. Además, estoy feliz ¡Porque lo hemos logrado! acabo de firmar el contrato con la red de supermercados más grande del país—pronunció emocionado, a lo que los otros exhibieron alegría, se le acercaron, lo felicitaron y continuó hablando—la mala noticia es que mañana mismo, debo salir de viaje con destino Palermo, pues allí está pautado que la empresa aperture su sucursal. Así que Marino, te pido estés pendiente de  Amarantha— dijo abrazándola, luego la volteó hacia él y le dio un profundo beso, mientras ella lo tomaba por el cuello para profundizar el contacto. 


Marino se quedó viéndolos con molestia, porque le irritaba que él la tocara, la besara, ella se le había metido en lo profundo de su ser y por más que en un principio se resistió a sus coqueteos y seducción, había caído en su tentación y allí estaba, siendo amante de la novia de su mejor amigo, tenía cuatro meses siéndolo y la conciencia no lo dejaba en paz. Con paso firme, salió del despacho y se dirigió al propio, mientras trataba de controlar, la rabia que bullía en su interior y en su mente planificaba la forma de alejarlo de ella.


Mientras tanto Amarantha le quitó el saco a Martín y comenzó a desabrocharle la camisa, mientras recorría sus pectorales con sus uñas, provocando unas deliciosas sensaciones en él. —Antha mi amor, creo que este no es el lugar para hacer esto, ¿Por qué no esperamos estar en nuestro departamento?


—Porque una noticia como la que nos has dado hace un momento merece una celebración privada entre nosotros dos, aquí —le dijo con coquetería, separándose de Martín, se quitó la ropa quedando totalmente desnuda frente a él, mirándolo provocativamente.


—Sabes que no me gusta hacer el amor en la oficina, pero tú siempre haces que quiera romper las reglas—expresó mientras se le acercaba. Los ojos de Martín brillaron con deseo, y sin poder resistirse más la atrajo y la apretó a su cuerpo, bajó por su cuello besándola y chupándola con pasión, descendió por su clavícula y se posó en sus senos, los tocaba y besaba con ternura, mientras ella recibía las caricias fingiendo timidez. Si algo complacía a Amarantha es que él la trataba como si fuese delicada y ella podía simular que era una chica inocente.


Él siguió besándola y dándole placer, ella terminó de desvestirlo, él la recostó del escritorio, la dejó allí por un momento, mientras buscaba un preservativo, se lo colocaba y volvía junto a ella, introduciéndose con delicadeza, así juntos se movieron al unísono hasta llegar al orgasmo, la primera en llegar fue ella y segundo después Martín corrió tras su propio placer. 


Martín una vez terminado, la levantó con sumo cuidado del escritorio y la llevó al baño interno de la oficina, el cual tenía todas las comodidades, la limpió con suma ternura, mientras la miraba con un profundo amor —Te amo Antha, eres la mujer de mi vida, jamás podría separarme de ti, quiero que unamos nuestras vidas, que tu mirada me acompañe todas las mañanas, quiero convertirme en padre junto a ti y envejecer a tu lado, te quiero bonito, te quiero bien mi hermosa.


—Yo también te amo mi amor, no podría desear un hombre más maravilloso que tú a mi lado—dijo abrazándolo mientras en su rostro se reflejaba una satisfecha sonrisa.


Sonó el teléfono de la oficina y Martín salió a su despacho para atenderlo, mientras lo hacía se ordenaba la ropa. 



—Aló Marketing y Publicidad M&M, despacho de presidencia—Saludó el hombre.


—Martín, soy yo, llamaron de la red de supermercados, debes estar esta tarde en Palermo y de allí debes volar a varias ciudades, Florencia, Génova, Turín, Bolonia, Roma, Milán por los próximos tres meses allí—expresó Marino.


—No entiendo, se suponía que debía salir mañana en la tarde e iba a estar por las próximas tres semanas ¿A qué se debe el cambio?—preguntó Martín.


—Desconozco las razones, solo te estoy haciendo llegar el mensaje—comentó con tranquilidad Marino, mientras pensaba que jamás Martín debía saber que había llamado a la empresa y dicho que era necesario empezar cuanto antes y gracias a su intervención, había provocado adelantar el viaje y extender su duración.


—Está bien, tendré que informarle a Amarantha, esperábamos pasar el resto del día juntos.  Nos hablamos al rato—mencionó cortando la llamada.


Mientras Martín terminaba de dar unas instrucciones a la señora Thais, pues debía dejar todo debidamente preparado para que su amigo Marino se encargara en su ausencia de la empresa, dejó a su novia en el baño terminándose de arreglar.


Esta se había vestido, se sentó en el sillón de Martín y comenzó a abrir los cajones del escritorio con fastidio, había salido luego de ducharse y no había encontrado a Martín, eso era una de las cosas que le molestabas de él, podía pasar de un momento de pasión a atender asuntos de negocios, pasando a segundo plano todo lo demás, mientras que Marino, era todo lo contrario, era un hombre muy apasionado y siempre dejaba de lado a todo lo demás para dedicarse a complacerse o complacerla. 


Se mordió los labios, entretanto venían a su mente los recuerdos del momento que habían pasado hacía poco menos de dos horas, sabía que estaba molesto porque quería pasar tiempo con ella, y estaba dispuesta a compensarlo para que se le quitaran esas ideas locas de contarle sobre su relación a Martín, apenas este se fuera, ella se mudaría con Marino a su departamento por las tres semanas de ausencia.


Se encontraba en esas cavilaciones cuando su celular repicó, al ver la pantalla no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro, ya extrañaba estar con ese hombre, no se cansaba de él, era puro fuego, dinamita en la cama, al igual que Martin, pero Marino era más emoción mientras que su novio era más cerebral.


—Aló—respondió Amarantha—me extrañas, ¿Qué quieres? Una sesión de sexo telefónico, podría hacerlo, el perfecto de tu amigo me ha dejado aquí en su oficina y se ha ido atender asuntos de negocios.


—No está mal que lo hagamos, aunque mi intención en llamarte es contarte que te tendré toda esta noche para mí—respondió en tono seductor Marino.


—No creo, a menos que quieras pasar toda la noche conectado al teléfono o a tu computador—comentó con burla.


—Hacemos una apuesta, puedo apostar pasar contigo los próximos tres meses juntos y coger como conejos—respondió en tono burlesco.


—No creo, soy toda tuya solo durante las tres semanas que vienen.


—Eso lo veremos, lo que se va haber no se porfía. En menos de una hora tendrás una noticia que a mí me encanta, veremos cómo te la tomas—mencionó Marino carcajeándose.


—Hagamos otra apuesta, si tienes razón, te llamaré para que tengas sexo telefónico conmigo mientras hago el amor con Martín ¿Te apetece? —.Pronunció burlándose— ó viceversa.


—Por más perra que seas no te creo capaz de hacer eso, si él te descubre estaremos perdidos, y a mí no me importaría, pero tú piensas que él es lo mejor que te ha pasado.


—¿Estás celoso mi amante? —interrogó la chica con picardía.



—No, pero eso es demasiado turbio incluso para ti—respondió el hombre.


—Pues pensé que me conocías, no sabes de lo que soy capaz. Espera mi llamada, además Martín ve por mí, si yo digo que el sol es la luna, él no me debatirá porque está loco por mí, si supieras que antes se negaba a hacer el amor en la oficina, ahora lo hacemos cada vez que yo lo provoco, él baila al son que le toque—concluyó soltando una carcajada. La llamada de Marino la había excitado, él siempre tenía ese efecto en ella.


Espero diez minutos más impacientemente y allí estaba Martín, al verla, como siempre expresó su hermosa sonrisa, digna de un anunció comercial de dentífrico —Amor—dijo haciendo un puchero—me has dejado mucho tiempo sola y aburrida, pensando solo en ti.


—Mi vida, discúlpame, es que Marino me informó hace rato que lo llamaron de la red de supermercados y debo estar hoy mismo allá y parece que debo viajar a varias ciudades de Italia por la cual mi tiempo de ausencia serán tres meses.


Enseguida la chica fingió molestia, pero era tan buena actriz que Martín ni siquiera sospechó que todo era una artimaña, con una evidente expresión de molestia le dijo —¡Eso no puede ser verdad! ¿Cómo que hoy mismo debes irte? Pasaríamos la noche juntos, realmente no entiendo ¡¿Y por tres meses?! —simulaba indignación, mientras Martín se sentía culpable. Se acercaba a ella para tratar de abrazarla, la volteó y la sostuvo por detrás.


—Mi hermosa novia, por favor debes entenderme, sabes que andaba detrás de esa contratación, ha sido mi sueño de tiempo atrás, he trabajado duro estos dos años para levantar esta empresa, lo sabes porque trabajaste aquí en la oficina, también te lo había contado y por fin veré mi esfuerzo recompensado, quiero tenerlo todo para complacerte, tú eres una reina y mereces lo mejor, quiero casarme contigo, que tengas la boda más hermosa de todas, que nuestros hijos no les falte nada.


—Pero no es justo que me tenga que quedar sola, sabes que no me gusta la soledad, me da temor dormir en nuestro apartamento sola, sabes que no tengo a nadie aquí, no tengo con quien contar, si me llego a enfermar, quien me auxiliará. Sabes que mi amiga vive al otro extremo de la ciudad y vive con su novio su departamento es pequeño ¿Qué voy hacer? —pronunció angustiada.

—Mi vida, pero no puedo eludir mi responsabilidad con la empresa—expresó Martín preocupado, le conmovía las súplicas de su novia, ella era tan sensible, tan tímida, él siempre era quien la guiaba, pensaba.


—No, te importo, te tiene sin cuidado lo que me pase—afirmó mientras lágrimas falsas corrían por sus mejillas. Él le tomó el rostro y comenzó a besarle todo el rostro mientras ella fingía estar desolada.


—Amor ¿Si hablo con Marino para que te quedes en su departamento o él se quede en el nuestro por mis tres meses de ausencia?—propuso él deseoso de que su novia lo aceptara.


—Definitivamente creo que no estás pensando, ¿Cómo me voy a quedar con ese hombre que me odia? Ni siquiera le gusta que tú y yo vivamos juntos. Él me detesta—fingió indignación, mientras por dentro reía de satisfacción, pues le daría una sorpresa a Marino, estarían juntos con la venia de su novio.


—No amor, mi amigo es un buen hombre, es otro hermano para mí y lo sabes. Déjame hablar con él y pedírselo, o por lo menos te visite.


—No creo sea buena idea, me sentiría incómoda—pronunció la mujer.


—Hazlo por el amor que sientes por mí,  deja que hable con él ¿Sí?—le dijo mientras ella hacía un puchero de inconformidad por lo que presuntamente estaba pasando.


De inmediato Martín, marcó el numero de celular —Marino, necesito pedirte un favor y no acepto un no por repuesta. Sabes que me iré de viaje, pero Amarantha no quiere quedarse sola en nuestro departamento, ¿Aceptarías venir acá o que ella se quede en tu departamento de vez en cuando durante los próximos tres meses? —interrogó esperanzado.


Mientas Martín le preguntaba, Marino  no salía de su asombro por la capacidad de Amarantha de salirse con la suya, sin temer ante nada.


                                                                                     

“La mentira y el engaño tienen fecha de caducidad. Al final todo se descubre” Anónimo.


CAPÍTULO 3. NO ENTREGUES TU LEALTAD A QUIEN NO LO MEREZCA


Marino se quedó pensando en lo que acababa de decirle Martín, nunca perdía la capacidad de asombro con Amarantha, ella es una manipuladora, voluntariosa, poseedora de una increíble capacidad para terminar saliéndose siempre con la suya, aún cuando se viera que habían pocas posibilidades, terminaba ganando y obteniendo lo que quería, así fue cuando comenzó a seducirlo, fue insistente, no dejaba de perseguirlo, lo acorraló hasta que irremediablemente cayó en sus garras.


No pudo evitar que los recuerdos de la primera vez que intentó ligar con él, surgieran en su mente con la rapidez de un rayo, cuando la conoció no le gustó la actitud de ella, duró más de seis meses coqueteándole, cuando solían salir juntos a discotecas, y veía que Martín no estaba observándola, se subía la falda o vestido que cargaba, entreabría sus piernas mostrándole mucho más que su ropa interior, los roces a su cuerpo, sobre todo en partes sensibles de su anatomía eran constantes, huyó de ella por mucho tiempo como a la peste hasta hacía cuatro meses en que cayó irremediablemente.


Había recibido un mensaje de texto de Martín, para que pasara a buscarle unos documentos que había dejado en su apartamento y que era necesario llevarle al aeropuerto, pues se iba de viaje y no podía regresarse.


Ese día, Martín iba a sostener una reunión en Roma con un posible cliente y se había llevado a Amarantha ó eso era lo que él había creído pues fue lo que le explicó en el mensaje, aunque después supo la verdad. Transcurrido treinta minutos de haber recibido el mensaje, llegó al departamento de su amigo, él tenía una llave del inmueble desde hacía mucho tiempo atrás, por si en algún momento surgía alguna emergencia.


Marino abrió la puerta y entró a la sala, había pétalos de rosas rojas y blancas en la sala, frunció el ceño pensando que su amigo le había dado una sorpresa a su novia por lo cual no le hizo mucha mente a la situación.


Buscó los papeles en una de las bibliotecas y no los encontró por lo que decidió ir a la habitación de su amigo, todo el pasillo seguía cubierto por rosas, abrió la puerta de la habitación y su sorpresa fue grandioda, cuando en el centro de la cama se encontraba Amarantha desprovista de toda ropa, solo un collar que posaba en su cuello y caía tentadoramente en sus senos, Marino al verla se quedó petrificado, ella al observarlo dubitativo, se levantó de la cama y se le tiró encima.


Marino intentó quitársela de encima, pero ella se pegaba con fuerza besando su cuello, colocó una mano en la masculinidad del hombre y comenzó a tocarlo con provocativos movimientos, le tomó una mano y se la colocó en sus senos guiándolo en su movimiento, él temblaba y luchaba entre no traicionar a su amigo o dejarse llevar por esas tentadoras caricias, luego de unos minutos de disputa con él mismo y de provocaciones por parte de ella, perdió la pelea. 


Finalmente no se resistió más y la tomó por el cuello, la besó con pasión, no pudo evitar poseerla, ella lo envolvió con su artimaña, pues Amarantha misma había escrito desde el teléfono de Martín mientras estaba en el aeropuerto despidiéndose y le había montado esa trampa, aunque lo peor vino después, cuando él le juró que eso no se repetiría, ella allí mismo le hizo saber que había grabado el encuentro y que si no cedía, poco le importaba enviárselo a Martín para que descubriera la clase de amigo que tenía, pero que la decisión era de él, desde ese día no habían parado y no necesitaba que lo chantajeara, porque ya estaba totalmente colado por ella.


—¡Marino! Tierra llamando a Marino—exclamó sonriente Martín—¿Qué me dices podrás quedarte aquí o ella allá o darle vuelta?—escuchó al otro lado del teléfono.


Una sensación de incomodidad por esa situación estaba acabando con él, no pudo evitar ponerlo de cierta manera en sobre aviso—Martín, no confíes en nadie, la gente tarde o temprano termina traicionando.


—Lo sé amigo, por eso te pido el favor a ti, yo te confiaría hasta mi vida si es necesario porque sé que nunca me traicionarías, nuestro vínculo es mayor a la sangre, es uñ vínculo de lealtad.


Esas palabras se encajaban como puyas en su conciencia, pero lo ayudó a tomar una decisión por encima de sus deseos, aunque había preparado ese plan para alejar a Martín, ya no estaba seguro, lo mejor sería que se fuera también de viaje, no entraría al juego de Amarantha, esa relación clandestina tenía que llegar a su fin, por ello le respondió —No puedo hacer de niñera de tu novia, voy también de viaje.


—¿Acaso este viaje te lo acabas de inventar? Me parece extraño que no me hayas dicho nada con anterioridad cuando siempre me cuentas todo, ¿No será que estás huyendo para no tener que hacerme el favor? —interrogó Martín tratando de dilucidar la negativa de Marino, su tono era brusco y hasta un atisbo de rabia se percibía en sus palabras, ¿Qué diablos pasaba allí? Tanto odiaba a Amarantha que no quería soportarla, ni siquiera para hacerle compañía si lo necesitaba.


—Créeme Marino, no soy esa misma persona que te cuenta todo, desde hace cuatro meses dejé de serlo—pronunció con tristeza, mientras en su mente decía “Soy un maldito cobarde que traicionó nuestra amistad follándote a tú mujer".


—Siento que algo te pasa, y si no es porque debo irme en un par de horas, ten por seguro que no te dejaría en paz, hasta que me dijeras porque hablas de esa manera y descubrir lo que te está pasando—pronunció con un deje de inquietud, extendió su mirada hacia su novia y allí estaba ella pálida, parecía descompensada—debo dejarte, hablaremos luego, Amaranttha me necesita—concluyó la llamada Martín despidiéndose.


Enseguida al verla descompensada Martín corrió hacia ella preocupado —¿Qué te pasa mi reina? ¿Te sientes mal?


Ella inclinó su rostro sosteniéndoselo con las piernas—No me pasa nada mi amor, es solo una leve jaqueca que me ha dado de repente.


Él le levantó el rostro y se lo acarició con ternura besando suavemente sus labios, luego se levantó se dirigió al botiquín de primeros auxilio y le extendió una pastilla para la cefalea, le sirvió un vaso de agua. Mientras ella lo tomaba pensaba que el desgraciado de Marino se había arrepentido de estar con ella, pero nadie la despreciaría, era lla quien dejaba no al contrario.


Vio a Martín con su rostro de preocupación y le produjo una mezcla de ternura y excitación, por eso ignorando su malestar, se levantó y comenzó a besarlo, lo desnudó hasta dejarlo disponible todo para ella y sin mayor preliminares ella tomó el control, dirigiendo su hombría a su interior, comenzó a moverse encima de él con fuertes embates hasta que sintió el dulce placer del orgasmo, sin embargo, se dio cuenta que él no la acompañó en su desahogo hasta que sintió que se vació en su vientre.


Amarantha pensó, que precisamente eso era lo que no le gustaba de él, siempre usaba protección con ella y solo dos veces contando esa, no lo había hecho, pero nunca acababa en su interior por más que le dijera que usaba otro método de contracepción, nunca se dejaba llevar era demasiado metódico, organizado y eso era lo que lo exasperaba sobre manera, pues a veces le daba la impresión que no tenía sangre en las venas, mientras que su amigo era un fenómeno atmosférico que arrasaba todo a su paso.


Luego de estar juntos, Martín se bañó, terminó de arreglarse ella lo llevó y despidió en el aeropuerto hasta que tomó su vuelo con destino a Palermo, de allí se fue a casa de Marino, llegó cuando justo estaba saliendo con su maleta.

—¿Piensas huir de mi?—interrogó ella molesta—¿Cuándo vas a entender que no huirás de mí y que esto se acaba cuando yo quiera? ¿Te cuesta entender eso?—interrogaba la chica sin esperar respuesta.

Amarantha tenía sus tácticas de convencimiento y al final el hombre terminó cediendo ante sus caprichos, a tal punto que ella se instaló en su casa.


Así fueron pasando los días,  transcurrieron tres semanas desde la partida de Martín, mientras él llevaba a cabo su trabajo para el proyecto que estaba trabajando, Amarantha y Marino se dedicaban a ellos a pasar tiempo juntos, sin embargo, había una situación que empañaba sus momentos, ella se había sentido mal durante esas tres últimas semanas, pensaba que había sido una comida que le había causado indigestión, sin embargo, siempre en la tarde terminaba mejorando, por lo que terminaba ignorando la situación.


Martín la llamaba diariamente para saber cómo se encontraba, era tan detallista que incluso contrató los servicios de una floristería para que le llevaran durante sus días de ausencia, un ramo de flores con deliciosas cajas de chocolate que le entregaban en su oficina , la agencia de modelo donde trabajaba.


Martín, era un hombre que no perdía oportunidad de demostrarle lo importante que era en su vida. Precisamente el día que se estaban cumpliendo sus tres semanas de ausencia, la llamó como a las siete de la noche estaba ansioso por verla, hablar con ella, hacerle el amor, a tal punto que un chico que no estaba acostumbrado a realizar llamadas subida de tonos, decidió efectuar una con ese fin, ella lo atendió al cuarto repique, su respiración era agitada.


Al escucharla en ese estado  el joven frunció el ceño —Hola mi reina ¿Qué estabas haciendo que se te nota tan alterada?


Ella un poco molesta le respondió—Haciendo el amor con mi amante—cuando se dio cuenta de lo que había dicho, soltó una carcajada—discúlpame mi amor pero es que me haces una pregunta—respondió con un gritito—acabo de llegar a nuestro departamento y como estaba s-sucio comencé a hacer ejercicio limpiándolo y eso me tiene agitada—dijo la chica mientras ahogaba un gemido, pues en ese momento, era cierto que estaba en el departamento que compartía con Martín, pero no estaba agitada producto de los quehaceres del hogar, sino que justamente,  Marino se encontraba dentro de sus piernas dándole una deliciosa sesión de sexo oral.


—Te extraño Amarantha, quisiera estar en este momento contigo, rozar las cúspides de tus senos, introducirlos en mi boca, saborearlos primero de manera suavemente y luego con intensidad—ella repetía sus palabras y Marino la miraba con el ceño fruncido, ella le guiño el ojo.


—¡¿Quieres sexo telefónico novio?! —exclamó extasiada.


—Si mi diosa, no puedo aguantar más sin ti, sin imaginarme que te tengo en mis brazos, que beso cada parte de tu cuerpo, es un tormento no estar cerca de ti—pronunciaba Martín con sinceridad, extrañándola con cada célula de su piel, pues no creía que pudiera amarla más.


La chica reía extasiada, le contaba como vestía, como se sentía, sus emociones, mientras Martín le hablaba con voz grave, diciéndole lo que quería hacerle, cada palabra o parte del cuerpo que él decía que se tocaba en su honor, la repetía en voz alta mientras que Marino la ejecutaba, para ella era su sueño hecho realidad, estar con los dos hombres que la enloquecían aunque sea de lejos, los gemidos y gorgoteos que salían de su boca eran producto del placer infinito que le provocaba Marino, mientras que Martín ingenuamente pensaba que era producto del efecto de sus palabras.


Más de media hora después, ella había acabado en un sorprendente orgasmo de la mano de Marino, mientras que Martín daba sus últimos movimientos a su mano para llegar a su propia satisfacción, se despidió de ella 

—Te amo mi reina, mi diosa, mi mujer, mi todo, no  tienes idea de cómo extraño tenerte en mis brazos.


—Yo también te amo, no sabes cuánto disfrute este momento contigo, lo anotaré como uno de los momentos más preferidos en mi vida—concluyó dibujando en su rostro una sonrisa de satisfacción.


—Yo también mi Antha, eres lo mejor que me ha pasado en la vida y jamás podría desear a una mujer distinta a ti, te has robado mi corazón y no puede estar en mejores manos que en las tuyas, así el mundo completo se oponga a nuestra relación, jamás te dejaré, eres la mujer que escogí para que fuese parte de mi vida—siguió conversando por otro par de minutos con ella y después se despidió cortando la llamada.


Entró a la ducha se bañó, se vistió y salió de su habitación porque estaba en Milán, se había quedado con su familia, al bajar se encontraban sus hermanos y sus padres. Al verlo su madre emocionada enfatizó—Mi primogénito, príncipe de madre—pronunció su madre dándole un par de besos en cada mejilla—he preparado tu plato preferido, porque seguro esa mujer con la quien vives ni siquiera debe alimentarte o atenderte, es una creída que se cree la dueña del mundo.


—María Martha—pronunció Martín molesto—no te permito que hables mal de la mujer que amo y que pronto se convertirá en mi esposa—habló con firmeza—no tengo ni idea porque ella no es de tu agrado madre, pero es la mujer que escogí para formar una familis y debes respetar mi decisión, no permitiré que quieras intervenir, Amarantha es una mujer maravillosa, que me ama y me respeta, es leal y por eso me casaré con ella.


—Ella no es de fiar, mi instinto de madre me dice que no confíe, es una mujer que nunca muestra su mirada, siempre es esquiva, cuando alguien se comporta de esa manera, es porque sus sentimientos no son puros, ella no es sincera Martín, esa chica no te conviene. En cambio mi ahijada Dara Malika, es una chica buena, la he invitado a cenar esta noche con nosotros para que la conozcas.

La expresión de Martín era de absoluta rabia por lo entrometida que era su madre —¿Cómo te has atrevido mamá? —interrogó golpeando molesto la mesa—no estoy interesado en insignificantes chicas que no son capaces de conseguirse un hombre por sí misma sino que necesitan de la madre o la madrina para que se los busque. Te voy a dejar claro algo madre, no me interesa ninguna otra mujer, quiero que eso te quede claro, amo con locura a Amarantha y será mi esposa por encima de quien sea—mirando a toda su familia les dijo—si no pueden o no quieren entenderlo, entonces lamentablemente hasta aquí llega mi relación con ustedes, porque la prefiero a ella, jamás la sacrificaría. Lo siento porque los amo, pero no me obliguen a escoger porque entonces me alejaré de ustedes.


En ese momento sonó el timbre de la puerta y su madre le dijo —Aceptaré a tu novia con la condición de que conozcas a Dara.


—Pues, no la acepto o echas a esa chica de aquí en este momento o me voy de esta casa en este momento.


—No te cuesta nada conocerla y compartir mesa con ella, no podría hacerle ese desplante.


—Entonces está decidido, en este momento tomo mi equipaje y me voy, espero que cambies de opinión madre—pronunció molesto, levantándose de la mesa sin probar bocado.


—Yo espero que nunca tengas que tragarte tus palabras hijo, pero si eso pasa, sabes que aquí estará tu familia para apoyarte—señaló mientras él se daba la vuelta y subía las escaleras molesto para alejarse de su familia.


“No se trata de quien sea bueno en tu cara, sino de quién sea leal a tus espaldas”. Anónimo.


CAPÍTULO 4. TRAIDORES


Subió a su habitación, preparó su maleta, volvió a bajar, cuando estaba abriendo la puerta de la casa, escuchó la voz de su madre —Que conste Martín Andrés, que nadie te ha echado de tu casa, eres tú mismo quien ha decidido marcharse, sin embargo, las puertas de esta casa siempre estarán abiertas para ti.


—Si aquí no es bien recibida la mujer que amo, tampoco lo soy yo—respondió con decisión—por eso no volveré a pisar tu casa.


—¿Tanto la amas para dejar a un lado a tu madre? —lo interrogó decidida María Martha.


—Ella es lo que más amo en la vida, y con quien quiero formar una familia y nadie me impedirá forjarme un futuro con ella, ¿Te queda claro madre o necesitas que te lo explique detalladamente? —pronunció de manera soberbia apretando los dientes del enojo.


No se despidió de nadie, ni siquiera de su madre que estaba junto a él, salió de la casa azotando con fuerza la puerta. Atravesó el jardín, hasta el portón de entrada, tomó su teléfono y pidió un uber. Se agachó a esperar la llegada del vehículo el cual le indicaba la aplicación que llegaría en diez minutos. Se pasaba la mano por la cabeza con preocupación, no entendía porque su madre tenía que meterse en su vida, buscándole mujer, como si él no tuviera la capacidad de encontrársela por sus propios medios.


Se sentía mal, no acostumbraba a pelear con su familia, siempre eran muy unidos, y aunque su madre la mayoría de las veces era un tanto entrometida, nunca lo hacía con mala intención, y a decir verdad, debía confesar que casi nunca se equivocaba, pocas veces lo hacía. 


No entendía porque se comportaba de manera indiferente y hasta cruel con Amarantha, ella era una chica no solo hermosa por fuera sino por dentro, era atenta, cariñosa, servicial, un poco tímida y a veces hasta un poco ingenua. La amaba profundamente, ella era la razón de su existencia, no se imaginaba la vida sin ella.


Inmediatamente llegó a su mente la sesión de sexo telefónico que habían tenido hacía un par de horas, fue él quien guió todo el procedimiento porque para ella esa situación era nueva, con solo pensarla su corazón comenzaba a palpitara aceleradamente.


Estaba en esas cavilaciones cuando se presentó el Uber, subió al auto con sus cosas, debía buscar un hotel para hospedarse, tomó su teléfono  y comenzó a ubicar uno, luego de varios recorridos, logró hospedarse en el hotel Barceló Milán ubicado en el distrito financiero, se hospedó en una habitación moderna con pisos de madera, decorada de manera elegante inspirada en el Feng Shui.


Al llegar organizó sus cosas en el closet, sacó una ropa interior y sus utensilios de higiene, se desnudó y se dirigió al baño, inmediatamente su mente fue invadida por las imágenes del cuerpo de Amarantha, sus ojos, su boca, sus labios entreabiertos sus gemidos, definitivamente esa mujer lo enloquecía, bajó su vista y pudo observar su potente y grueso miembro excitadísimo con solo pensar en ella, no le quedó más remedio que tomarlo con su mano izquierda y comenzó a masturbarse cerrando sus ojos, imaginándose a la sorprendente mujer que era su Antha, hasta que inevitablemente de solo suponérsela llegó a un potente  y maravilloso orgasmo.


Terminó de bañarse, se colocó un bóxer y encendió la televisión, tenía ganas de llamarla pero al ver la hora, supuso que estaría dormida, y generalmente cuando dormía sola en casa le costaba conciliar el sueño, no quería perturbarla.


Al día siguiente era sábado, quizás si se animaba a irse a Nápoles, pensó, total había adelantado bastante trabajo, podría verla. En ese momento comenzó a transcribir un mensaje para comentarle el deseo tan grande que sentía de estar junto a ella, y que por esa razón viajaría temprano al día siguiente, sin embargo, en el último momento se arrepintió de enviarlo y lo borró.


Se quedó con el celular en la mano pensativo, tenía un par de días que no hablaba con Marino, de inmediato marcó su número repicaba de manera insistente pero no contestaba.


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Entretranto Marino, sostenía a Amarantha por los cabellos mientras daba las últimas acometidas  en su interior, esa mujer era fabulosa, lo enloquecía hasta más no poder, lo comvertí en un ser irracional, pero es que con ella siempre el sexo era sublime, no había ternura, ni delicadeza, era rudo, fuerte, salvaje. Cuando terminó cayó encima de ella cansado, intentando recuperarse. Escuchó que su celular repicaba, cuando  lo iba a responder, ella le sostuvo la mano.


—No respondas. No es hora de estar llamando. Ni siquiera el cursi de Martín me molesta a esta hora—comentó haciendo una mueca.


—Amarantha ¿Será que tú si amas a otra persona que no seas tú? —la interrogó molesto.


—¿Qué te pasa Marino? ¿Por qué la molestia? —interrogó ella.


—Porque no entiendo como lo insultas, lo llamas cursi, te coges a su mejor amigo, ¿Por qué no lo dejas? Si no lo amas termina esa relación. —declaró en tono de reproche Marino.


—No lo dejo porque no me da la gana—respondió soberbia—Además, claro que lo amo, Martín es el hombre perfecto, es el chico que los padres quieren para sus hijas, y el que uno quiere para cuando quiere asentar cabeza, de esos que no te serían infiel ni con el pensamiento. Además sabes que soy una mujer muy caliente, sensual, —dijo subiéndosele encima—y tú eres mi segundo hombre preferido—expresó mientras le acariciaba el cuello con una mano y con la otra estimulaba su hombría, volviéndolo loco de inmediato.


Sin embargo, Marino quería darle una lección, le retiró la mano de su parte intima y tomó el celular pero sin ver quien llamaba, al escuchar la voz de Martín su cuerpo se enfrió y se incorporó, sintió unos terribles nervios que por más que intentó controlar no pudo hacerlo.


—Hola Marino, Discúlpame que no te había llamado, pero he estado full trabajo. ¿Cómo estás?


—¡Martín! —exclamó con su boca seca, de inmediato Amarantha dejó de besarlo pero comenzó a sonreírse como el gato que se toma la leche y dirigió su mano al centro de Marino y comenzó a masajearle su centro. 


Este dio un respingo y por más que intentaba detenerla no pudo hacerlo, como tampoco pudo evitar los gemidos que salieron de su boca—¡Bien! Mmm, ¡Oh por Dios!


Marino se sonrió, su amigo a parecer estaba con una chica y él lo estaba interrumpiendo—Hermano creo que estás ocupado y yo estoy siendo inoportuno, pero es que extraño tanto a mi princesa, quisiera estar en estos momentos con ella como estás tú con tu chica, por cierto ¿La conozco?


La pregunta puso nervioso a Marino e hizo que se levantara totalmente de la cama, sin embargo, la mujer se arrodilló ante él y comenzó a darle placer oral —Y-yo, este, p-pues, Si, Mmmm, no, quise decir no, por s-supuesto que no la conoces, tal vez un día de esto te la p-presento—titubeó Marino.


A Martín le pareció extraño su actitud, pero tal vez sería por lo que estaba haciendo y su amigo estaba bastante necesitado de una mujer porque los últimos meses no le había conocido ninguna, cuando era el hombre más mujeriego que conocía, que extraño había resultado eso, se despidió de él y se quedó recostado en la cama ¿Qué estaría haciendo su Antha? Dios la extrañaba demasiado, llamó a la línea aérea y de inmediato reservó, a las seis y veinte de la mañana, debía estar al aeropuerto una hora antes, preparó su equipaje, colocó el reloj despertador para levantarse muy temprano, debía viajar a estar con su novia el fin de semana.

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Marino, después de cortar la llamada con Martín, tuvo una fuerte discusión con Amarantha—¡Por Dios! ¿Por qué eres así? Pareciera que nadie te importara, todo lo haces por capricho, ¡Pero ya no más!, esto se acabó, no quiero seguir con esto, no es justo para Martín—concluyó afectado.


—Piensas que en verdad, puedes controlar lo que siento, te toco y tú explotas, estás adicto a mí, por eso no puedes terminarlo porque quien tiene el control soy yo, esto se acaba en el momento que yo lo decida. Y toma en cuenta, que esto igual sucedería, contigo o sin ti.


Marino se quedó viéndola sabía que era verdad, quería huir de esa mujer, si Martín algún día se enterara jamás lo perdonaría y perdería a la única persona que había confiado y apostado por él, pero en algo tenía razón Amarantha, ella era su droga.

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Martín se levantó temprano, en el mismo hotel tomó un taxi y se dirigió al aeropuerto de Malpesa en Milán, abordó el avión a la hora estipulada, era una hora y veinte minutos de vuelo, pensó en enviar unos mensajes para avisar a la cadena de supermercados y a Marino, pero algo lo retuvo, tampoco quiso llamar para avisarle ni a su novia ni a su amigo, desde que había tenido la conversación el día anterior con su madre, no había dejado de pensar en todo, y allí surgió una pregunta que le causó temor y se inoculó como un desagradable frío en su interior “¿Será que estaba sobrestimando a Amarantha? ¿Será que su familia percibía algo que él no hacia?, no, estás loco, no dudes de ella, es perfecta, es tú novia, tú amante y será tu esposa, la madre de tus hijos.


A las siete y cuarenta de la mañana estaba aterrizando, su vuelo en el Aeropuerto de Nápoles Capodichino, solo había llevado un equipaje de mano por lo cual no fue necesario esperar en las correas de entrega de equipaje, salió y tomó un taxi, le dio inmediatamente la dirección de su departamento, después de menos de treinta minutos, llegó a su edificio, cuando los oficiales de seguridad los vieron, se pusieron blancos y hasta uno sintió que lo había observado con lástima, frunció el ceño extrañado, pero no hizo mayor hincapié en su reacción.


Llamó al ascensor subió, abrió la puerta de su departamento y entró, había velas, aromáticas y de colores por todas partes, un ambiente afrodisiaco impregnaba el ambiente— ¡No puede ser! —se dijo, ¿Será posible que su novia intuyó de su llegada y le había preparado un recibimiento? Pensó sonriente.


Se dirigió a su habitación contento, abrió la puerta, lo que vio, lo dejó completamente congelado, su mundo se había derrumbado cual castillo de naipes, allí en su habitación, en su cama, estaba su novia, su amante, la mujer que amaba, por la que incluso había sido capaz de rechazar a su familia, copulando con su mejor amigo, su socio, su hermano, ambos gozosos sumergidos uno en brazos del otro, ajenos a lo que sucedía a su alrededor, incluyéndolo a él, que no podía dejar de observarlos, mientras sentía al mismo tiempo como su alma se desgarraba a jirones y el odio se movía de manera voraz en su interior como si una cerilla hubiese sido puesta a un tanque de combustible.



"Por muy dura que sea la verdad, siempre es más dolorosa y de peores consecuencias la mentira" Anónimo.


CAPÍTULO 5. PERDIENDO LA DIGNIDAD POR AMOR


Martín sentía que iba a explotar y por más que trataba de controlar sus emociones estas estaban desbordadas, los muy malditos no dejaban de jadear y expresarse —¡Así mi vida! Mmmm ¡Oh! ¡Por Dios! Eres genial —anunció Amarantha mientras caía encima de Marino totalmente satisfecha, sin dejar de mirarlo—Sabes cómo satisfacerme mi hermoso, ¡Wow! Siempre eres tan salvaje, tan único, por eso no he podido terminar contigo, tú eres mi chico malo, no podría vivir sin ti. Mientras Martín es demasiado bueno, suave e ingenuo, tú eres malicioso, rudo, experto—Pronunciaba sin darse cuenta que Martín los contemplaba consternado y con un profundo dolor en su corazón.

—Mujer siempre logras enloquecerme—manifestó acariciando los cabellos y manteniendo su mirada fijamente en ella—me enloqueces, continuamente tienes ese delicioso efecto en mí, eres tan caliente, tan deseable, que no puedo negarme a ti, eres mi droga, oh por Dios me has convertido en un adicto a tu cuerpo Amarantha durante estos casi cinco meses, no sé cómo pude resistirme a tu cuerpo, a tu pasión, debí haber estado contigo desde que me lo propusiste—expresaba Marino aún con los estragos del momento de pasión que habían vivido.


Martín, tomó un bate de beisbol que estaba tras su puerta, y ni siquiera el ruido percibieron en lo absortos que estaban uno con el otro, su primer impulso fue caerles a batazos a los dos, hasta dejarlos sin respiración, pero en el último momento controlando sus demonios, desvió el bate al espejo de la peinadora, impactándolo con toda su fuerza, lo que hizo saltar vidrios por toda la habitación, a lo cual ambos gritaron—¡Qué carajos!—.

Al voltearse observaron a Martín, dejándolos totalmente sorprendidos, que quedaron completamente anonadados en Shock, no podían creer que los hubiese encontrado, y que ahora se encontrara mirándolos con un rostro transformado producto de la ira que se liberaba en su interior.

Martín apretando los dientes y con una voz  grave espetó —Tienen cinco minutos para que salgan de mi casa.

Ambos con el rostro tan pálido como un papel, después de unos minutos reaccionaron—Martín, mi amor no es lo que estás pensando, por favor, déjame explicarte—pronunció suplicando Amarantha levantándose de prisa y cubriéndose el cuerpo con una sabana.

—Amigo, déjame explicarte, por favor no llegues a conclusiones precipitadas—le decía Marino tratando de justificar lo injustificable, mientras se levantaba de la cama totalmente desnudo.

Martín fingió una carcajada siniestra—Son tal para cual, un par de cínicos. Tú—dijo señalando a Amarantha—no me llames amor y tú maldito traidor no me llames amigo. Los dos ¡Largo!

Por más que intento controlas su rabia, esta finalmente lo dominó, tomó a Marino del cuello y lo estampó contra la pared, este intentó soltarse pero el enfado de Martín era tal que no le permitió escapar. Lo fue empujando y golpeándolo, sacándolo de la habitación y recorriendo todo el apartamento entretanto Amarantha trataba de controlarlo y él la esquivaba despectivamente, lo sacó del departamento desnudo y volvió a entrar, se dirigió a su habitación y comenzó a sacar la ropa de Amarantha, tirándola al suelo, después bajó un par de maletas y comenzó a colocarle las cosas, ella esperaba nerviosa, tratando de decir las palabras adecuadas para apaciguar su rabia.

—¡Por favor Martín mi amor!, ¡Escúchame! Nada es lo que parece, yo te amo—decía llorando—él me sedujo, me amenazaba que te quitaría toda ayuda económica para la empresa—decía colocándole la mano en su brazo, para que le prestara atención.

—¡Suéltame maldita zorra! ¡No me toques! —espetó violento, colocó sus puños al lado de su cuerpo, cerró sus ojos apretándolo fuertemente, si ella seguía chillando encima, no sabía de lo que sería capaz—¡Déjame! Aléjate de mí, me repugnas, eres asquerosa ¿Cuántas veces te habrás acostado con él y conmigo? Eres peor que una perra, ¡Eres una maldita!—le dijo mirándola a la cara, mientras ella lloraba incesantemente.

—Por favor, él no era importante para mí, tú sí, eres el hombre que amo con quien voy a formar una familia y pasar el resto de mi vida—pronunciaba mientras intentaba besarlo.

—Eres una farsa, escuché lo que decías—al ver acercársele espetó furioso—¡Te dije que no me tocaras!—de inmediato colocó sus manos en el hermoso cuello de Amarantha y comenzó apretárselo, el deseo inmenso de acabar con ella se abría paso en su cuerpo, iba presionando progresivamente entretanto lloraba, se sentía destruido, derrotado, traicionado.


Ella lo miraba sorprendida, nunca se imaginó que Martín pudiera reaccionar así. De los ojos de la chica comenzaron a salir lágrimas, él al ver sus hermosas órbitas verdes lagrimeando, se detuvo quitando solo una mano de su cuello, eso lo conmovió, con su otra mano limpió las lágrimas de uno de sus ojos que habían rodado por sus mejillas y llevó sus dedos a la boca, sintiendo el sabor salado en su paladar, lo cual lo excitó. Era tan hermosa, tan perfecta, sentía unas ganas inmensas de besarla, tomarla por última vez, sólo una vez más se dijo, el deseo corría a la par de la rabia por sus venas, suspiró tratando de controlarse.

¡Estaba loco! Pensó, la amaba, ¡Por Dios! aún la amaba a pesar de todo lo que le había hecho, el solo tocarla le producía las más deliciosas sensaciones, lo excitaba, ella lo llevaba al éxtasis con solo una mirada. La soltó diciéndole en una voz tan suave como una caricia—Por favor Amarantha, vete, no quiero hacerte daño, no me conviertas en un monstruo, si alguna vez sentiste algo por mí, retírate y no vuelvas más.

 —¡Perdóname! No me eches de tu vida, creo no podría vivir sin ti—confesó suplicándole con los ojos llenos de lágrimas, se acercó arrodillándose frente a él. Él la levantó del suelo, cuando lo hizo ella lo tomó por el cuello y lo besó.

Martín no pudo oponerse, comenzó a besarla con locura, el deseo bullía en su interior, y decidió complacer a su cuerpo con lo que más deseaba, tal  vez  como una despedida o porqué ella era una tentación a la cual no podía resistirse, ella lo desnudó con desesperación deseosa de fundirse con él, por primera vez él la tomó sin ternura, sin delicadeza, la puso de espaldas a él y se introdujo en ella con violencia, en una forma casi salvaje, así la poseyó, mientras ella jadeaba gozosa, llegando ambos al mayor éxtasis que sus cuerpos podían tolerar.  Amarantha estaba emocionada, porque pensaba que con esa unión, Martín no iba a echarla de su vida.


Una vez que llegó a su orgasmo, Martín salió de ella, la volteó y fingió una sonrisa, esbozando muecas en su rostro—¡Es todo! No sigas engañándome, por lo menos se lo suficientemente valiente para que me digas la verdad en mi cara, te gustaba como Marino te cogía, porque te daba duro, salvaje, eso es lo que le decías cuando entre, mientras yo te trataba tiernamente, como si fueras el tesoro más preciado, creyéndote inocente y pura, sin saber que eres las más pérfida de todas.


«Esta es la última vez que follo contigo, es una muestra de que también se darte duro, solo que te subestimé en mi ingenuidad pensé que eras una chica inocente, inexperta a quien debía enseñar, pero no eres más que una zorra—pronunciaba sin piedad, esbozando en su rostro una mueca de maldad— Pero te juro que jamás ninguna mujer volverá a burlarse de mí, eso debo agradecérselos, me han enseñado la verdadera cara del amor y la amistad, de ahora en adelante seré yo quien traicione, quien deje y quien haga sufrir. Todas las mujeres son unas falsas, que van tras dinero y placer, pues como un objeto serán tratadas.  Me enseñaste muy bien Amarantha. Ahora ¡Largo!—le dijo, sintiéndose asqueado por haber yacido con ella.


—Por favor Martín, te voy a demostrar, que eres tú a quien amo, te juro que es la primera vez que hacía esto, nunca antes lo había hecho. Tú le dijiste que me visitara y me hiciera compañía para que estuviera pendiente de mi y él vino a seducirme solo para separarnos, sabes que nunca le he caído—mintió una vez  más, porque no quería perderlo, se había dado cuenta que en realidad lo amaba, era un buen hombre y no estaba dispuesta a que la dejara, iba a ser hasta lo imposible por recuperarlo, no importa a quien tuviera que llevarse por delante, ni las mentiras que tendría que inventar, haría que Martín la volviera aceptar y la hiciera su esposa, no descansaría hasta lograrlo.

—Que apropiado, no asumir tu responsabilidad y justificar tus actos culpando a los otros, y no, no fue la primera vez, lo escuché claramente mientras te follaba—espetó con rabia—que tienen casi cinco meses, lo cual significa que de trece meses que hemos estado juntos, has vivido con los dos durante los cinco últimos meses. Ahora me preguntó, la tarde antes de irme que estábamos en la oficina, que los encontré  agitados, seguro habían hecho el amor y fuiste tan descarada que te desnudaste y retozaste también conmigo, seguro estás tres semanas la han pasado juntos, quizás por eso era la actitud lastimera de los oficiales de seguridad.

»Dime algo Amarantha ¿Te acostabas con él mientras te llamaba? —hizo una pequeña pausa, pero de inmediato comentó, moviendo negativamente su cabeza—Mejor no respondas, eso es evidente, que pregunta se me ocurre hacerte. Incluso creo que el sexo telefónico no era tal, porque lo tenías a él tocándote y follándote—nuevamente la rabia lo invadió, la tomó con violencia por los brazos batuqueándola—¡Respóndeme! ¿Te follaba mientras yo te llamaba? Cuándo lo llame anoche que estaba nervioso ¿Estaba contigo? ¿Le hacías sexo oral? ¿Lo tocabas? ¿Qué le hacías? ¡Cuéntame!, ¿Cuándo lo hacías conmigo pensabas en él? ¡Ayyyyy! ¡Maldita sean los dos! —espetó soltándola—Un millón de veces malditos tú y él. ¡Fuera!!Largo! —buscó las maletas, abrió la puerta entretanto ella gritaba.

—No puedes sacarme desnuda a la calle, soy la mujer que amas—decía Amarantha desesperada.

—Fuiste la mujer que amé, en pasado, ya no, no eres más que la puta que me engañó—sin titubeo la sacó al pasillo, le tiró las maletas, dónde aún estaba Marino, quien lo miraba con cara de arrepentimiento.

Al echarla cerró la puerta y comenzó a tirar todos los objetos con violencias, tomó las mesas de la sala y las volteo, rompió floreros, tiró los cuadros, incluso se fue a la cocina y fue quebrando vasos, platos, todo mientras lloraba y maldecía.

—¡Malditos! ¡Desgraciados! —juro por Dios que me van a pagar estar traición. Controlaba las lágrimas que querían salir, no les daría rienda, prefería manifestar la rabia y no el dolor que sentía que lo comía como una bacteria destruía un cuerpo

Luego de romper, adornos, lápras, cuadros, se fue a la habitación agarró el bate y destruyó la habitación, recogió las sabanas, las almohadas, buscó una caja de cerillos, tomó un líquido inflamable, llevó todo a la terraza de su apartamento, y comenzó a quemarlas sin importarle que pudieran multarlo y denunciarlo, alguien protestó en un apartamento vecino y Martín le gritó una palabra obscena.

El dolor que sentía era tan grande que lo dejaba sin aire, sin nada, sin siquiera las ganas de vivir, ¿Cómo pudo equivocarse con ellos dos? si eran dos de las personas  que más amaba en el mundo, la rabia lo invadía, sentía un fuego abrazador que iba hacerlo explotar, debió haber matado a esos desgraciados.

—¡¿Cuántas veces se rieron de mí, se burlaron?! Malparidos ¡Malditos! Mil veces malditos —Exclamaba con odio, mientras sus ojos se oscurecían peligrosamente—He sido el más imbécil de todos, hasta la defendí delante de mi familia, sobre todo de mi madre, ella tenía razón, yo estaba equivocado, esa maldita es una ¡Puta! Y el desgraciado  de Marino ¡Y que mi amigo! y se la cogió en mi propia cama, sin importarle siete años de amistad ¡Perro miserable!


Empezó a romper las cosas, veía rojo del enojo, tenía tantas ganas de seguir destruyendo todo que ingreso nuevamente y volvió a tomar el bate y se fue a destruir hasta las otras habitaciones del departamento ¿Con qué cara iba a mirar nuevamente a su madre?, pensó, si había escogido a Amarantha antes que a su propia familia. Se sentía debilitado, las energías habían mermado en su cuerpo, luego buscó una botella de licor y comenzó a tomar, se tiró la alfombra de la sala, mientras se lamentaba, recordando los momentos que había vivido con cada uno.

—Dime Amarantha—le dijo imaginándola frente a el—¿Cómo hago para sacarte de mi corazón? Si llevo amándote desde que te vi por primera vez ¡¿Qué hice mal?! —se lamentaba sollozando— ¿Por qué si había algo que no te gustaba no me lo dijiste? Te juro que hubiese cambiado todo por ti, eras lo más importante en mi vida ¿Cómo pudiste destruirme de esta manera? —pronunciaba llorando y tomando hasta embriagarse y quedar inconsciente.

Así transcurrió un par de días, y su patrón de conducta se repetía, no dejaba de llorarla, de pensarla, estaba inoculada en su sangre sentía que no iba a ser posible vivir sin ella, sin amanecer junto a su cuerpo, oler su rica aroma, si su sonrisa, pero todo había sido una farsa, nunca lo amó.

Fueron muchas las veces al día que tomó su móvil para llamarla, y numerosas las llamadas perdidas de Amarantha. Su cuerpo la extrañaba tanto, que decidió olvidarlo todo y decirle que volvieran, aunque eso fuese perder su dignidad, pero esa mujer había sido su vida entera, era como el aire que respiraba, como el agua para vivir, pensaba que nunca podría olvidarla y que ninguna mujer lograría borrar las huellas de sus besos y de su caricia en su cuerpo, como tampoco él podría borrar su sabor, sus besos, sus manos rozando cada parte de su humanidad, la sensación de su femineidad apretando deliciosamente su sexo. No, no creía capaz de poder olvidarla, sus sentimientos hacia ella lo sobrepasaban.


“Entre ser humilde y perder la dignidad hay una autoestima de diferencia”.  Rafael Vidac.


CAPÍTULO 6.  INTUICIÓN MATERNAL


Martín pensó que debía hacer algo, no dejaba de pensar en la hermosa chica que era Amarantha, una espectacular morena de hermosos cabellos negros y ojos color azabache, labios carnosos, sus hermosos senos que al tenerlos en la boca lo hacían llegar a la gloria, sintió de inmediato su excitación, por ello sin pensarlo un minuto más se dio por vencido y marcó su número, sintiendo su corazón latir emocionado mientras su cerebro lo cuestionaba, sin embargo, al final este ganó la disputa, tomó el celular y lo estrelló contra la pared, mientras pegaba un grito de dolor.


Buscó otra botella en su despacho, que era el único lugar que no había destruido con su furia, y siguió tomando. Pasado una hora desde que asumió esa posición de saturar su cuerpo con alcohol, tocaron el timbre, se dirigió a abrirlo y al hacerlo estaba ella, hermosa, divina como una diosa que se hubiese dignado a bajar a atender a un simple mortal, su cuerpo reaccionó excitándose quería tomarla entre sus brazos y besarla hasta que solo quedaran impregnado sus labios y besos en su piel, hasta que solo jadeara su nombre.   Se dio cuenta que unas pequeñas sombras se visualizaran bajo sus ojos, su mirada de arrepentimiento.


—Por favor Martín, te suplico que me permitas hablar contigo, no he podido dormir pensando en nosotros en nuestra situación, se que actué mal pero te amo, no puedo dejar de pensarte—pronunció la chica denotando arrepentimiento en sus palabras. Se le acercó, tomando su rostro con sus suaves manos—te necesito mi vida, por favor no me rechaces—suplicó acercando sus labios y besándolo.


Ese acercamiento de Amarantha terminó de avivar su ya excitado cuerpo, la acercó a su cuerpo tomándola por los glúteos y acercándola a su gran excitación, la besó enloquecido bebiendo de sus labios como un sediento, hasta que un poco de cordura se coló a través de su cerebro y la alejó de sí riéndose —Nunca más Amarantha, jamás volverás a burlarte de mí, mi cuerpo no volverá a poseerte. Ya pasó tu tiempo y lo perdiste, lo que tenía contigo ha acabado y no hay vuelta atrás.


—No es cierto—respondió ella con vehemencia—te excitas con solo verme, quieres besarme, recorrer mi cuerpo con tu lengua y poseer cada parte de mi, quieres entrar en lo caliente de mi cueva e introducirte en ella desesperadamente como la última vez—decía coqueta, mientras un sudor frío recorría el cuerpo de Martín, quien tenía una lucha campal entre su corazón con su cuerpo y su cerebro—quieres tocar y deleitarte en mi humanidad—enfatizó la chica mirándolo intensamente, succionando su labio inferior y desabotonando su vestido provocativamente.


Martín lo miraba sin expresión, no podía caer nuevamente con ella, por mucho que le provocaba tomarla y poseerla desesperadamente, salvajemente como la última vez, se declaraba adicto de su cuerpo, ella le anulaba la voluntad, lo hacía dependiente de su cuerpo, solo pensaba compulsivamente en follar desaforadamente con ella, Amarantha tenía un algo especial que enloquecía al sexo opuesto y anulaba su capacidad de razonamiento.


Pero juraba por su madre que aunque se le fuera la vida entera lograría rehabilitarse, la sacaría de su sistema, por ello cuando estuvo desnuda frente a él, porque así había quedado, tomó el vestido la cubrió y le entregó la ropa interior que se había quitado diciéndole —No más mujer. ¡Ya no más! Fuera de mi casa—espetó, sacándola de su casa. Quedando en su olfato el olor a su perfume que lo atormentaba, haciéndole saber lo que había rechazado.


Martín siguió tomando, era la única forma de mantener alejado sus pensamientos de ella, consumió licor hasta dejar de sentir, y así siguieron pasando los días, no volvió abrirle la puerta a nadie, sin embargo, había olvidado que ella tenía las llaves y entró a su departamento, se apareció en el despacho volviéndole a suplicar, lo besó y provocó una vez más pero Martín la alejó sin titubear, le quitó las llaves para que no volviera a entrar y la sacó nuevamente de su apartamento.


Así trascurrieron dos semanas sumido entre el alcohol y los recuerdos, le daba la impresión que al transcurrir los días la rabia dimitía y el dolor aumentaba. Escuchó durante ese tiempo numerosas veces el timbre de la puerta, el repique del teléfono y del celular, pero ignoró todo, tampoco regresó a las actividades de la empresa, se dedicó a sufrir su despecho, a lamentarse el haber confiado en un par de personas que no valían la pena, la evocó en su mente hasta el punto de volver hacer el amor con ella en sus recuerdos, tal era su desesperación que la inconsciencia era su única aliada porque le hacía olvidar lo sucedido  y le permitía dormir después de pasar todo el día recordándola.


Luego de vivir los momentos más desesperantes, de haberla despreciado más de un par de veces, de intentar al principio ir en su búsqueda y convertirse en un cabrón, de destruir su casa y vivir como un animal, sentía que no le quedaba nada, la barba le había crecido, ni siquiera se había aseado, se sumió en un absoluto letargo, así lo encontró su hermano Marcos, quien luego de conversar con Amarantha, había intentado comunicarse en diversas ocasiones con Martín, pero en vista de que los intentos habían sido infructuosos, decidió visitarlo y usar las llaves que le había dado en caso de emergencia.


Al abrir la puerta, se encontró con un cuadro desolador, el apartamento parecía como si hubiese pasado un huracán, no había un solo objeto que se hubiese salvado de la destrucción, recorrió las diferentes habitaciones del apartamento buscándolo, hasta que lo encontró en el despacho, lo que observó le produjo una profunda intranquilidad, ver a su hermano tirado en el piso del despacho, con botellas a su alrededor, sintió el miedo que corría como frío por su cuerpo, elevando su angustia a la más alta expresión, pues su hermano no era hombre de dedicarse a la bebida y de vivir en ese completo abandono.


Marcos se acercó a donde estaba Martín, cuando intentó voltearlo, pudo escuchar las protestas de su hermano —¡Déjame en paz! —gritó sin percatarse quien osaba a incordiarlo, solo quería que lo dejaran en paz sumergido en esa atractiva bruma que le daba una tranquilidad momentánea, pues siempre al despertar era testigo de la cruda realidad que lo ceñía.


—No voy a dejarte en paz ¡Levántate!—respondió con firmeza.


Tanto insistir a Martín no le quedó más remedio que despertarse, al hacerlo sintió un fuerte dolor de cabeza, se mareó y le dio nauseas por eso salió al baño y vomitó solo la bilis porque ni siquiera recordaba la última vez que se había alimentado con una comida decente, después al salir del baño su hermano lo estaba esperando en el pasillo, molesto le preguntó—¿Qué haces aquí? ¿Quién te ha llamado para que me fastidies?


—Me llamó Amarantha preocupada por tu estado, me dijo habían discutido y  no habías querido atenderla—infirió Marcos.


—Mira hermano te voy agradecer que no me hables de esa zorra, no quiero volver a saber de ella nunca más—expresó con molestia.


—¿Qué te hizo? —interrogó con curiosidad Marcos.


—Es una zorra, que no tuvo reparos en traicionarme con mi mejor amigo en mi propia cama, los conseguí teniendo sexo y hablando lo maravilloso que era cogerse mutuamente—manifestó con rabia.


—¡Por Dios! Eso no puede ser posible, ¿Cómo han sido capaces de semejante bajeza? —habló extrañado.

—Son unos malditos, jamás podré perdonarlos, no quiero verlos nunca más, me han herido en lo más profundo de mi alma, siento tamaña decepción que no cabe en mi pecho—expresaba tratando de controlar sus emociones— el dolor va socavando día a día dentro de mí—siguió golpeándose el pecho— destruyéndome mis defensas  como si de un virus maligno se tratara. Incluso había pensado en volverla aceptar, sin importarme que me hubiese estado engañando por cinco meses con el supuesto hermano que la vida me había dado.

—¿Cómo Marino pudo hacer eso? ¡No es posible! Alguna explicación tendrá—habló Marcos sorprendido tratando de justificar al mejor amigo de su hermano, no podía creer que pudiera haberle hecho eso.

—Simplemente lo hizo porque quiso cogérsela y ella a él, ambos les gustó hacerlo, no hay más explicación. ¿Sabes lo que significa aceptarla nuevamente? que me convertiría en un cabrón, ella insiste en llamarme, me envía mensajes, correos, vídeos pidiéndome perdón, y mi fuerza de voluntad flaquea, estoy a punto de volver a ella, quisiera tenerla aunque solo sea una vez más, por eso necesito alejarme, escapar de todo esto, tratar de olvidarla, porque te juro hermano que no quiero sucumbir frente a esa mujer, por más hermosa y deseable que sea, por más que extrañe estar dentro de ella, sentir lo caliente y estrecho de su cuerpo ¡Oh por Dios! —. Exclamó angustiado—debo poner distancia con ella, pero no quiero ir a casa, no quiero que nadie me pregunte que me está pasando y tampoco que vean mi sufrimiento.


—¿Por qué no te tomas un tiempo para pensar, para curar tus heridas? Puedes irte a una de las cabañas que tiene la comadre de mi madre, en la región Valle de Aosta, en Courmayeur. Sabes que siempre nos la han prestado para vacacional. Déjame y llamo a mi madre para pedirle que te la consiga.


—No le digas que es para mí, no tengo cara para enfrentarme a mi madre después que fui tan soberbio y orgulloso, escogiendo a Amarantha por encima de ella y de todos ustedes—pronunció apenado, pasando ambas manos por su cabeza.


—La familia no se guarda rencor y menos la nuestra, allí estamos todos para apoyarnos mutuamente, mamá no sería capaz de recriminarte en un momento donde todo es tan doloroso para ti. ¿Qué vas a hacer con la empresa?


—No quiero saber nada de esa empresa—dijo con la decepción reflejada en su voz.


—No es justo que tires a la basura lo que tanto te ha costado levantar, voy a encargarme de todo durante tu ausencia, no te preocupes me enfrentaré a Marino, no puedes renunciar a tus sueños, cuando esto pase volverás a ser el mismo y querrás retomar tu vida y si dejas las cosas abandonadas no tendrás nada que recuperar, entonces te arrepentirás pero será demasiado tarde.


—Haz lo que te de la gana, no me interesa lo que pase con esa empresa—habló con amargura.

—Voy a llamar a alguien para que limpie este desastre, dejaré las llaves a los guardias de seguridad y te vienes conmigo a Milán, vamos a casa de mi madre…—de inmediato Martín lo interrumpió.

—No voy a casa de mi madre, iré al hotel donde me había hospedado un día antes de encontrarme con este desastre—pronunció pasando sus manos por el rostro.


Diez minutos después se fueron al aeropuerto, compraron el pasaje a Milán, treinta minutos después, abordaron su avión. Luego de menos de hora y media ya estaban en su destino. Martín se fue al hotel Barceló Milán, mientras que Marcos fue a casa de su madre a buscar las llaves de la cabaña.


Al llegar, luego de saludar a sus hermanos y a sus padres, le pidió a su madre que hablara con su amiga para prestarle la cabaña—Mamá, necesito pensar y tomar algunas decisiones, por ello quería irme por unas semanas al norte de Italia, serías por favor tan amable de hablar con tu comadre para que me preste la cabaña.


Su madre se quedó observándolo fijamente como si quisiera buscar una verdad en su rostro, movió afirmativamente la cabeza, tomó el teléfono, luego de conversar un rato con su amiga, le pidió prestada la cabaña y quedó en pasar buscando las llaves.


—Puedes pasar por casa de Azelia a buscar las llaves para que se las lleves a Martín—afirmó con seriedad la señora María Martha. De inmediato Marcos se quedó observado sorpresivamente a su madre “¿Cómo lo supo?" se preguntó "Si ni siquiera lo había nombrado".


—No entiendo madre, te lo he pedido para mí, no para Martín—expresó Marcos, simulando una seguridad que no tenía—además ni siquiera he visto a mi hermano.


Ella se sonrió con una expresión de saberlo todo—Hijo, no olviden que soy su madre, los conozco,  ustedes no pueden engañarme, no te veo ningún atisbo de preocupación, en cambio tu hermano, lo he llamado no me atiende, contacté en su oficina y su asistente me ha dicho que aunque estaba de viaje, llamaba dos y tres veces para darles instrucciones y no lo ha hecho más, incluso la cadena de mercados se comunicó con la empresa para indicar que Martín no había asistido a cumplir con el propósito para la cual fue contratada Marketing y Publicidad M&M.


«Después llamó Amarantha, muy nerviosa, indagándome para ver si sabía algo de Martín, hasta que al final, me confesó que habían discutido por un mal entendido y para finalizar también llamó Marino para preguntar por él y se veía bastante afectado. Si no quieren contarme lo que pasó, no hay problema voy a respetar por ahora su silencio, pero no traten de engañarme, porque cuando ustedes van mis niños yo he  vuelto hasta más de tres veces—pronunció con firmeza—ahora ve, toma el rubicon  y pasas buscando la llave para que se la lleves a tu hermano y le dejes el auto.


Ante la explosión de su madre Marcos no le quedó más remedio que callar y seguir las instrucciones dadas, salió de la casa pensando que definitivamente nunca había podido comprender esa capacidad que tenía su madre de enterarse de todo lo que giraba en torno a ellos, parecía como si tuviera un detector que le permitía verificar en tiempo real lo que les pasaba a sus hijos.


                       “La intuición  es el susurro del alma”. Krishnamurti.


CAPÍTULO 7. ESTRATEGIA PARA REIVINDICARSE


Martín tomó el jeep Rubicon que le había llevado su hermano y las llaves, tenía su equipaje preparado, pasó comprando varios abrigos en un centro comercial, se despidió de Marco y se dirigió a Courmayeur, hizo una parada para tanquear gasolina, se comió un sándwich con un café, pues tenía demasiada hambre, no había comido decentemente desde hacía más de una semana… cuando los recuerdos de Amarantha, se iban a materializar en su mente, inmediatamente los desechó cuestionándose “No pienses en ella, no des cabida a que te haga la vida más miserable”.


Después de veinte minutos de parada continuó su camino, tardó tres horas y media en llegar por la parada que había hecho. Llegó al pueblo de Courmayeur, caracterizado por un pintoresco y reconfortante paisajes montañoso, una ciudad con un alto atractivo turístico, considerado uno de los destinos con más atractivos naturales y de relajación, por lo cual era elegido con bastante frecuencia para practicar al alpinismo.


Sin embargo, su destino no era precisamente el pueblo, sino un área cercana, para lo cual debía subir aproximadamente quince kilómetros montaña adentro, a pesar de que había tomando las previsiones correspondientes, sintió que el frío se caló en su interior, aún cuando la temperatura apenas era de siete grados, pero eso era bueno, porque así se concentraba en darse calor, haciéndolo insensible a cualquier emoción o a casi todas, porque lamentablemente hasta ahora no había podido evitar pensar en Amarantha.


Luego de un recorrido de veinticinco minutos adicionales, por una carretera estrecha y con muchas curvas, llegó a una verja de madera y alambre, en la cual se divisaba un camino de grava en forma de ye, bajó de la camioneta, abrió la cerca se volvió a introducir para cruzar la entrada y bajó nuevamente para cerrar, en vez de continuar el camino recto se desvió a la izquierda, recorrió tres kilómetros y pudo divisar la pequeña cabaña de madera y piedra de dos niveles, donde resaltaba el hermoso paisaje de árboles y montañas destacando las hermosas vistas al Mont Blanc.


Bajó del auto con su maleta, se dio cuenta que la casa estaba rodeada  de corredores, que tenían sembrados a los bordes flores de colores y pequeños arbustos, entró a la cabaña en la cual destacaba una entrada que daba una sala de estar con una antigua chimenea, pisos parquet y vigas de madera a la vista, con un sofá cama y una mesa de centro de madera, a la derecha de la habitación se encontraba la cocina equipada con todos los aparatos necesarios para su funcionamiento manteniendo el mismo estilo de la sala.


En un lado se encontraba un lavadero,  giró su vista a la izquierda y encontró un estrecho pasillo que llevaba a unas escaleras de madera que daban acceso al piso superior, con techos de madera y algunas piedras de madera, al subir encontró tres puertas, abrió la primera se trataba de una habitación con una cama matrimonial de madera, todo decorado en colores blanco y azul turquesa, una peinadora y dos mesitas de noche con lámparas a cada lado de la cama, grandes ventanales de donde se podía visualizar las espectaculares vistas del Mont Blanc, un closet de madera, que tenía al lado una puerta que daba paso a un amplio baño con el mismo estilo del resto de la casa, donde destacaba una puerta que al abrirla le dio acceso a otra habitación, en donde encontró muebles y enseres viejos.


Regresó a su habitación, ordenó la ropa en el closet, luego bajó revisó la dispensa, la cual encontró bien surtida, se preparó un par de sándwichs y comió de prisa, salió a buscar leña para encender la chimenea, pero al no encontrar cortada, buscó un hacha y se puso a cortarla por casi un par de horas y después la llevó dentro de la casa para encender la chimenea.


Así fueron transcurriendo los días y continuaba haciendo la misma rutina, se levantaba en la mañana para trotar y hacer casi tres horas de ejercicio, desayunaba, a veces se iba a pescar, regresaba a cortar leña, se hacía el almuerzo, se bañaba y se sentaba a leer algún libro, el cual dejaba a un lado cuando los recuerdos de Amarantha lo atormentaban, así era su vida, solitaria, aburrida como un lobo sin manada, donde los recuerdos lo martillaban constantemente.


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Marino no había podido perdonarse por haber traicionado a su mejor amigo, había ido a la oficina a conversar con Marcos, quien se hizo a cargo de la empresa, quería que firmara un documento en donde vendía sus acciones, pero no quería hacerlo, sabía que si firmaba sería el final definitivo a su amistad con Martín, aunque cualquiera pensaría que el fin había llegado. No dejaba de cuestionarse por lo que había hecho, y aunque por supuesto tenía responsabilidad en lo que había pasado, debía decir a su favor que ella lo acosó hasta que terminó venciendo sus reservas.


En ese momento se encontraba en su oficina, en un momento se reuniría con Marcos, pasaba las manos por su cabello preocupado, había llamado a Martín y pero sus intentos habían sido infructuosos y aunque le preguntó a su hermano por su paradero, este se negó a darle información.


Por otra parte, se había mantenido alejado de Amarantha, ella lo había llamado un par de veces, dejándole mensajes de voz y de texto para que se vieran pero se oponía a hacerlo, no quería tener ningún vínculo con ella, pues por culpa de esa relación enfermiza había perdido el mejor amigo que había tenido.


Aparte de ello, tenía grandes problemas en su casa, su madre se había enterado que su padre tenía una hija producto de una relación con una mujer mucho más joven que él, y estaba realmente destrozada, aunque en honor a la verdad ese desliz lo había tenido su padre mientras se encontraba separado de su madre, sin embargo, su padre había reconocido a la chica como su hija, valiéndose de un decreto dictado por la autoridad italiana y que equiparaba los derechos de los hijos nacidos fuera del matrimonio con los nacidos dentro y eliminaba el adjetivo de “ilegítimo. 


Marino conocía desde hace mucho de la existencia de su hermana, porque la había conocido cuando ella cumplió sus diez años y él tenía dieciocho, sin embargo, desde allí su padre siempre la buscaba donde sus abuelos maternos quienes la había criado, y los sacaba a salir juntos, por lo cual tenía buena relación con ella, incluso la había llamado para contarle lo que había pasado con su amigo y su novia y lo había cuestionado, las palabras de ella resonaron en su mente “Si así eres como amigo es preferible tenerte como enemigo porque así la gente sabe a qué atenerse, no estés dando tu amistad si no vas hacer honor a ella”


Al recordarla se sonrió, esa pequeñina con solo dieciocho años se expresaba de esa manera, era muy madura para su edad, tal vez porque se había criado con sus abuelos y se había visto obligada a crecer con rapidez, tenía entendido que su madre la había dejado con sus abuelos cuando apenas era una bebé de seis meses, porque su esposo de quien se había separado cuando tuvo el desliz con su padre, le había perdonado con la condición de no ver el producto de su traición, de allí la señora se había desentendido de ella, era como si nunca la hubiese tenido, aparte de que tenía hijos con su esposo, eso se lo había escuchado a su padre en una de las visitas a la casa de los abuelos de su hermana, por ello había sido una chica solitaria, dedicada a sus estudios, en principio cuando se comenzaba a tratar con ella era un poco tímida, pero al tomar confianza se convertía en un torbellino, habladora y audaz.


En ese momento sonó el teléfono de su despacho, al atenderlo era la asistente de Martín, bueno ahora la de Marcos —Señor Russo, por favor que se apersone en la oficina del señor Landaeta.


Marino suspiró en otras circunstancias hubiese mandado al diablo a Marcos, pero sabía que había actuado mal y ahora debía calarse en su empresa a un hombre que no tenía ninguna inherencia en ella, por eso sin debatir la petición expresó —Voy para allá.


Cinco minutos después estaba entrando a la oficina principal de la empresa, Marcos lo invitó a sentarse e inmediatamente le dijo —Acá tengo los documentos de transferencia de las acciones, una parte a mi nombre y las otras a nombre de Martín, te vamos a cancelar un monto ahorita y la otra parte en dos cuotas con una periodicidad de cuatro meses entre cada una.


—Mis acciones no están en venta y menos a crédito, ¿Cuál es tu empeño de sacarme del medio? —interrogó molesto.


—De verdad que eres más cínico de lo que había imaginado, después de lo que hiciste ¿Te atreves a preguntar por qué quiero sacarte de esta empresa? Destruiste la vida de mi hermano, está destrozado producto de la traición de su mejor amigo a quien quería como su hermano porque se revolcó con la mujer que se iba a casar. Se fue y se interno en una montaña en Mont Blanc, lejos de la civilización porque no quiere tener contacto con ningún ser humano de lo profundamente herido que ustedes lo dejaron. Y yo que amo profundamente a mi hermano, simplemente lo estoy protegiendo, garantizando que cuando esté listo para regresar no se encuentre con un traidor como tú—expresó con rabia apenas contenida.


—Deberían agradecerme porque esa mujer si no lo hubiese traicionado conmigo lo hubiese hecho con otro, lo salve de que se casara con una zorra como Amarantha—espetó Marino levantándose y empuñando sus manos al lado de su cuerpo—ella es una mujer que no vale la pena, no debería sufrir por ella, por allí hay bastante mujeres que bien valen la pena y jamás serían capaz de traicionarlo.


—Seguramente como habrá buenos hombres que saben el verdadero significado de la amistad y tampoco son capaces de traicionar. Allí está el problema que fueron muchos traidores juntos—pronunció Marcos con una sonrisa ladeada.


—¿No pueden entender que ella me llevó a traicionarlo? —interrogó con irritación.


—Pobrecito tú, Amarantha te puso una pistola en la cabeza y te obligó a copular, sería por eso que mi hermano te encontró angustiado, intentando liberarte de sus garras, ¡Qué lástima das! Pobre hombre—expresó con sarcasmo.


—Te juro que voy a reivindicarme con Martín, juzgas porque no estabas en mi piel para saber las veces que la rechacé, hasta que caí y se convirtió en una droga para mí y por más que intenté alejarme de ella no pude hacerlo y ahora estoy intentando mantener la distancia pero me cuesta, no sabes cuánto lucho contra mí mismo para no volver a caer, ella te hechiza, te envuelve y hace lo que quiere contigo. Martín no se merece a una mujer como ella, es demasiado bueno e inocente para una arpía como ella.


—Lástima que esa inocencia y bondad que tenía mi hermano, ustedes la destruyeron, me da compasión la pobre ingenua que se cruce en su camino, porque mi hermano no es el mismo y jamás tendrá clemencia con ella—manifestó Marcos.


—Si consigue una buena mujer que sane sus heridas, la amará y volverá a ser el de siempre—respondió Marino mientras una idea se formaba en su cabeza.


—Espera sentado a que eso suceda. Ahora firma ese maldito documento—lo increpó Marcos.


—No lo firmaré, te permitiré que manejes la empresa en la ausencia de Martín, no me opondré pero no renunciaré a mis acciones, lo siento pero no voy a complacerte—indicó con firmeza.


—Insistiré hasta que cambies de opinión—afirmó Marcos.


—¡No lo haré!—expresó Marino saliendo de la oficina para poner en práctica la idea que se le había ocurrido.


Cuando llegó a su oficina tomó su celular y marcó el número de su hermana, escuchó su dulce voz al otro lado de la línea —Aló, ¿Cómo está el traidor de mi hermano mayor?


—¡No me llames así! —espetó molesto—¿Eres mi hermana o mi enemiga?


—Soy objetiva, aún pienso en lo que hiciste y no puedo entenderlo ¿Qué te llevó a hacerlo? Me imagino a la chica como una especie de Mata Hari sensual, deseable e irresistible para que pudieras caer en sus redes, y no lo entiendo porque soy una chica corriente, normal sin ningún atributo físico destacable—expresó con amargura.


—No digas eso, eres una chica hermosa por dentro y por fuera. Cualquier hombre estaría orgulloso de tener a una jovencita como tú a su lado—respondió Marino.


—¿En serio? ¿Dónde están? Porque realmente no lo veo, dices eso porque soy tu hermana y tal vez me profeses un poco de cariño—señaló la chica.


—Claro que te quiero y mucho y por ese amor que te tengo, intentaré unirte con un hombre de una calidad humana extraordinaria, se que te hará feliz, te consentirá, se enamorará de lo hermosa que eres—pronunció su hermano con seguridad.


—¿Qué locuras dices? Lamento decirte que a mis hombres me los busco yo, jamás permitiría que mi hermano me busque pareja—indicó sorprendida.


—Puede ser una oportunidad para ti y para Martín, es un buen hombre y tú necesitas a alguien que te quiera y te valore. Por favor acepta encontrarte con él, está en un pueblo limítrofe con la frontera francesa, busca la manera de conocerlo, haz lo posible para que se enamore de ti y hazlo olvidar a Antha,  que salga de esa profunda depresión que lo tiene derrotado. Sé que pueden enamorarse, ambos son almas dulces, buenas, ingenuas, por favor ayuda a mi amigo—terminó rogando.


—Definitivamente  tú no eres normal, debiste habértele caído a tú mamá chiquito de la cama y te golpeaste tanto la cabeza que te privó de tus facultades mentales, porque en verdad no te veo ninguna—expresó exasperada su hermana—óyeme bien Marino Russo, ni siquiera te imagines que entraré en tu juego para acallar la sucia conciencia que te remuerde. No me interesa ningún hombre sea bueno, amable, bondadoso, eso me da igual, en mi vida existen otras prioridades y te aseguro que en ninguna parte está un despechado, cuernudo como tu amigo, así que si sabes contar no cuentes conmigo.


—Por favor, te cedo lo que quieras, mi carro, mi casa en la playa, mi apartamento en Roma, mi casa en Milán—trataba de convencerla Marino.


—Reconozco que tu oferta es muy tentativa, pero por ahora no tengo pensado venderme o mejor dicho aún no llegas a mi precio, hermanito. Cuando tengas una mejor oferta que ofrecerme hablamos y tal vez me decida a aceptarla—dijo cortando la llamada.


Marino se dio cuenta que su hermana había cortado la llamada, suspiró exasperado, necesitaba ayudar a Martín a salir de la depresión que le había provocado, —¿Qué más puedo ofrecerle a la enana de mi hermana para que ceda?—pronunció en voz alta pensando en algo que ella quisiera y por lo cual sería capaz de ayudarlo para obtenerlo. Sin embargo, no se dio cuenta que tras la puerta alguien lo había escuchado conversando con su hermana y sus últimas palabras y tenía toda la intención de usar lo que sabía en el momento oportuno y estaba segura de obtener un provecho de ello.

                                                                                                                                                                                  

“Con las mentiras se puede llegar muy lejos…pero lo que no se puede es volver” Anónimo.


CAPÍTULO 8. TARDE O TEMPRANO EL DESTINO TE LLEVA A DONDE TIENES QUE ESTAR


Martín se encontraba pescando en un pequeño riachuelo cercano a la cabaña, había cortado leña como todos los días, sus perros esperaban a su lado que terminara su tarea. Ya habían transcurrido tres meses desde que había decidido enclaustrase en ese cabaña, solo había salido a comprar comida dos veces, se mantenía a base de pescado y verduras que habían en un pequeño huerto en un cobertizo que funcionaba como vivero, el ejercicio físico había tonificado su cuerpo, ahora tenía marcado sus bíceps, tríceps pectorales por lo que se encontraba en mejores condiciones física. 


En cuanto a otros contactos externos, se había comunicado con su madre un par de veces y con Marcos, quien cada vez intentaba darle información sobre la empresa, pero a decir verdad poco le importaba, de Marino había sabido que estaba trabajando organizadamente con su hermano prestándole el apoyo, no quiso preguntar si aún mantenía alguna relación con Amarantha, no quería saber de ella, aunque su corazón se había negado a olvidarla y continuamente ponía a su mente en apuros, sin embargo, esta terminaba dominando y seguidamente buscaba convencerlo de que esa mujer era pasado y no valía la pena recordarla.


No obstante, el par de veces que había ido a la ciudad, cuando encendía su teléfono móvil le aparecían cientos de llamadas y mensajes de Amarantha pidiéndole perdón, en los últimos le indicaba que era de vida o muerte comunicarse con él, que por favor la llamara que tenían algo importante que tratar, pero él no estaba dispuesto a seguirle la corriente a esa mujer, no merecía ni siquiera que leyera sus mensajes, por esa razón terminó bloqueando su número para mensajes, llamadas, en las redes sociales, mientras menos posibilidades tenía de poder contactar, mayor probabilidades había que no se diera por vencido y terminara cediendo.


En un par de días sería navidad, recordaba que esa había sido su fecha preferida del año, pero por primera vez, la idea de celebrarla no le resultaba atractiva, era sorprendente como la vida te cambia en un segundo, jamás imaginó hace un año que estaría allí en un lugar inhóspito, lejos de su familia, sin la mujer que amaba y con casi nada que hacer, pero si algo había aprendido durante todo ese tiempo, es que la felicidad es efímera, era necesario aprovechar cada momento en lo que sentías que no te faltaba nada, porque lamentablemente esos solo son pocos momentos que debes atesorarlos, para cuando lleguen los días no tan bueno.



Se encontraba en esas cavilaciones mientras limpiaba los pescados que congelaría para comer en los próximos días, porque de acuerdo a la información que escuchó en la radio único medio de comunicación que se permitía, estaban pronosticando una gran nevada, lo cual significaría que podía quedar aislado por un par de días, si era muy fuerte hasta una semana. Cómo si eso le importase ya mucho, no hablaba con nadie, y a decir verdad la soledad era su mejor compañera porque de esta manera nadie lo traicionaría. “¡Malditos traidores!” pensó mientras le aplicaba más fuerzas a un pescado que cortaba volviéndolo añicos, imaginándose que eran el par de desgraciados.


—Juro que algún día les haré pagar por lo que me hicieron, sobre todo a ti Marino, que eras como un hermano para mi, que ciego fui, pero de ahora en adelante todos serán culpables hasta que demuestren su inocencia—pronunció aviva voz. Luego continuo pensando “Amarantha se hizo pasar por ingenua, tímida, ¡Por Dios! Si hasta había creído que nunca había estado con ningún hombre, porque eso le había hecho creer, pero ahora al analizar retrospectivamente la situación, se daba cuenta que siempre había sido una falsa y como nunca había estado con una mujer, solo con ella, no tenía forma de comparar, había sido un completo tonto”


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Dara Malika, se encontraba en su residencia preparando su equipaje para partir a visitar a sus padres, en un principio pensó que los visitaría a Milán pero a última hora le habían informado que habían decidido pasar las navidades en una de las cabañas que tenían en el norte de Italia, por eso estaba allí armando su equipaje, suficiente ropa, comida navideñas, bebidas, regalos para sus padres y otros por si tal vez …interrumpió esos pensamientos recriminándose—¡Ay Dara! —se dijo—nunca te cansas de esperar un milagro de navidad, olvida eso de una vez por todas, tienes años esperando lo mismo y nunca se da, dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pero si no quieres seguir sufriendo, no esperes nada de nadie para que no vivas decepcionada, se aconsejó.


Bajó del tercer piso donde estaba la habitación y la pequeña cocina que compartía con un chico español llamado Augusto Leonel, un chaval bastante encantador y su mejor amigo, protector en gran medida, era la persona en quien descargaba su tristeza, frustraciones, alegrías, conocía sus estados de ánimo como nadie y siempre procuraba cambiarlo si no le era favorable, llevaba su maleta la cual pesaba demasiado, lamentablemente no sabía cómo era viajar ligera de equipaje, aunque no era una mujer vanidosa, pero llevaba libros, chaquetas, abrigos porque era friolenta en exceso, más los regalos que llevaba.

Mientras bajaba poco a poco cada uno de los peldaños con bastante esfuerzo, apareció su amigo —Dara ¿Qué haces? ¿Y esa maleta tan grande?


Ella lo vio esbozando una fresca sonrisa —¡Hola Augusto! Es que voy de viaje al norte de Italia a visitar a mis padres por un par de semanas.


—Dara tus padres viven en Milán y por el tamaño de tu maleta dirías que te vas a vivir para allá—pronunció el chico, sin dejar de mirarla quitándole la maleta de la mano—mujer si eres más chica que el equipaje, con ese metro cincuenta de estatura—expresó sonriendo, la había visto melancólica y quería distraerla de esos pensamientos que le provocaban esa actitud.


Efectivamente a Dara le molestó sobremanera que hiciera chistes sobre su estatura y se ofendió con su comentario, de inmediato le repicó muy enojada—Mi tamaño no debe ser objeto de burla para ti, además no mido un metro cincuenta—manifestó mientras se erguía en su metro cincuenta y cinco—además mis padres estarán pasando unos días a donde voy y para tu información los mejores perfumes vienen en envases pequeños— indicó con orgullo.


—Y los venenos también—pronunció su amigo soltando una carcajada mientras bajaba con la maleta a pasos rápidos dejando a una joven muy enojada.


—¡Pasado! Claro como pareces una vara de tumbar cocos—iba diciéndole mientras corría para darle alcance a Augusto. Cuando llegó abajo su amigo ya estaba recostado de la puerta de su auto un Fiat Punto de color blanco.


—Mali—pronunció el chico, así le decía cuando había algo respecto a ella que le preocupaba—Llevas muchas cosas, porque no te vas en avión, son seiscientos cincuenta kilómetros de recorrido terrestre, una chica sola, recorriendo de un extremo al otro del país, te acompañaría pero debo ir de visita donde mi familia, pero me preocupas, te sale más económico pagar un boleto aéreo que irte en automóvil.


—No Augusto, tranquilo, conduzco muy bien, tengo preestablecidas paradas, además en avión no podría llevar todo lo que tengo pensado, llevo pavo, carne de cerdo, dulces, ni con tres maletas en avión podría trasladarme, además tú sabes que le tengo terror a los aviones— expresó la chica de ojos cafés y cabello castaño, mientras miraba con inocencia y un puchero a Augusto, quien no perdía detalle de sus gestos.

Era una chica ingenua, trabajadora, acostumbrada a obtener todo a través de su trabajo, aunque quería estudiar ingeniería industrial, no lo hacía porque no podía costearse una carrera universitaria, porque ella misma se pagaba los cursos académicos y en sus horas libres trabajaba, preparaba comida y las repartías a domicilio porque era una buena cocinera, a pesar de que sus padres tenían la capacidad económica para hacerlo, ella prefería no pedirles nada, lo único que había aceptado era una ayuda económica para comprar el vehículo de segunda mano.


Augusto la tomó por el rostro, mientras observaba su mirada de confianza quería tanto besar esos labios, pero se contuvo no podía hacerlo, porque estaba seguro que si lo hacía ella se alejaría asustada de su lado y prefería vivir a su lado viéndola sin tener nada que besarla y perderla.


—¿Por qué me estás mirando de esa manera tan extraña? —preguntó la joven, aceptando la caricia de su amigo.


—No pasa nada criatura, abre el auto para subir la maleta y buscar las otras cosas—ella obedeció.


—Sabes gigante, me contenta tanto que hayas llegado a tiempo para ayudarme, porque si no iba a terminar totalmente cansada de tantos viajes que iba a hacer para traer las cosas, gracias por tu ayuda—pronunció abrazándolo mientras el chico respondía contento a su gesto, percibiendo su especial aroma.


Terminaron de cargar el auto, y al terminar pidieron una pizza para comer mientras ambos conversaban animadamente, como a las nueve de la noche, Dara se acostó a dormir, a las cuatro y media de la mañana se levantó, se bañó y vistió, se preparó unos sándwiches en la diminuta cocina. Cuando iba a salir Augusto se levantó, la abrazó y se despidió besándole la frente.


—Cuídate criatura, no confíes en nadie, no todo el mundo es bueno, hay gente mala, cruel, mantén protegido tu corazón, porque no quiero que sufras.


—Tonto a caso crees que voy a estar consiguiendo un montón de chicos por allí, para empezar no soy una mujer deslumbrante capaz de provocar bajas pasiones en los hombres—pronunció con voz cantarina.

—Eres mucho mejor que esas chicas frívolas y falsas de negro corazón, porque el tuyo es de oro, tu inocencia  espontaneidad, son tus atributos más deseables—manifestó con seguridad.


—Dices eso porque hablas el lenguaje del corazón, soy tu amiga y me quieres y allí pierdes objetividad—pronunció dándole un gran abrazo.


Se despidieron ella se montó en el auto, al salir eran casi las seis de la mañana, empezó su recorrido, encendió la radio y comenzó a escuchar música romántica de diversos artistas italianos, Nicola Di Bari, Umberto Tozzi, Sandro Giacobe, Salvatore Adame, Gianluca Grignani, mientas cantaba por todo el camino, hizo su primera parada en Bolonia cuando habían transcurrido tres horas y treinta y ocho minutos, tanqueó el auto de combustible, comió pizza nuevamente pues era su plato preferido y le parecía lo más práctico, después de media hora siguió su camino.


A las dos y media de la tarde estaba llegando a la población de Courmayeur, se sentía cansada, nunca había manejado tantas horas, en ese momento había comenzado una gran nevada que estaba empezando a cubrir todas las calles de la ciudad, hizo una parada allí y apenas en unos minutos se percató que se había desatado una tormenta, sin embargo, decidió llegar a la cabaña de sus padres, luego de un recorrido de más de cuarenta y cinco minutos por una carretera estrecha, el auto deslizó y se coleó producto  de la nieve que había comenzado a compactarse y cayó en una zanja.


Dara intentó sacar el vehículo pero se encajonó más, luego de intentarlo por más de media hora, minutos después se dio por vencida y decidida salió del auto pues el mismo se había apagado y no pudo encenderlo, si se quedaba allí se congelaría, se dirigió al maletero, sacó una gruesa chaqueta y emprendió el camino, estaba a cuatro kilómetros de una cabaña de sus padres y a ocho kilómetros de donde ellos se encontraban, pero pensaba llegar a la primera cabaña y resguardarse allí hasta que pasara la nevada.


Comenzó  a caminar primero con rapidez, pero a medida que fue transcurriendo el tiempo sus pasos se hicieron lento, la nieve no arreciaba en poco minutos se empapó totalmente, sus cortas piernas no eran mucha la distancia que podían recorrer en tan poco tiempo, comenzó a sentirse mal, las bajas temperaturas habían hecho mellas en ella,  llevaba media hora  y aún le falta un kilómetro para llegar, hacia un par de minutos había comenzado a tener escalofríos, los dientes le castañeaban, se sentía extraña como flotando en una nube, siguió caminando hasta que fue inevitable que se desplomara en la entrada de la cerca para la cabaña e inmediatamente cayó en la inconsciencia.   


“El destino tiene dos formas de aplastarnos: rechazando nuestros deseos o cumpliéndolos”.  Henri Frederic Amiel.



CAPÍTULO 9. ¿CONVERTIDO EN BESTIA?


¿Los fuertes vientos azotaban la cabaña ubicada en lo alto de la montaña, caía una gran nevada, el frío iba aumentando así como Martín sentía su corazón se enfriaba un poco más cada día, desde que ella lo había engañado acostándose con su mejor amigo, “Ya deja de traer a colación nuevamente esa situación”, se dijo, sin embargo, no pudo evitar que la rabia se apoderara de él como le pasaba siempre que recordaba ese episodio y que había producido un cambio considerable en su vida a tal punto de alejarlo de todo lo que alguna vez consideró lo más importante. Allí estaba, convertido en un ermitaño, frío, que no le importaba la gente y tal vez seguiría así hasta el último día de su vida, su ánimo ni siquiera levantaba un poco, ni por ser víspera de navidad, absolutamente nada lograba apaciguar el odio y la decepción que había guardado en su corazón.


Su vida diaria era monótona, terminó de preparase una comida después de haber pasado un par de horas terminando de leer una historia considerada un clásico de la novela de terror gótica, era la segunda vez que la leía, El retrato de Dorian Gray, ambientada en Londres y escrita por el irlandés  Oscar Wilde, una novela que mezcla realidad y fantasía. 


Justo en ese momento sintió que los perros comenzaron a ladrar enardecidos, eran tres perros que había adquirido una semana después de llegar, para que fueran su única compañía, no era común que armaran esos escándalos a menos que hubiese alguien merodeando o en peligro, se asomó por la ventana, los pudo observar a los lejos que se encontraban alrededor de algo o alguien, aunque eran las cuatro y media de la tarde el cielo había empezado a oscurecerse. Dio un profundo respingo en señal de molestia,  rogando que no se tratara de una persona, no tenía humor para lidiar con nadie, sin embargo, no le quedó otra que asumir lo que le esperaba, decidido se colocó un par de botas, los guantes, adicionó un abrigo al que ya poseía, una gruesa chaqueta y emprendió su camino hacia el lugar donde sus canes ladraban enloquecidos.


Al llegar pudo observar un bulto que destacaba en la nieve, cuando se acercó se dio cuenta que era una mujer muy joven, estaba totalmente empapada producto de la nieve, la movió para instarla a levantarse pero la chica se mantenía inerte, al acercársele más se dio cuenta que estaba inconsciente, tenía una nariz respingona, su piel era del color de las blancas perlas, se inclinó un poco más y comenzó a revisarla, al soltarle el gorro cayó un cabello castaño claro llegando a rubio oscuro, su piel estaba totalmente fría, chequeó su respiración y la tenía a menos de seis respiraciones por minuto, síndrome de hipotermia,  desconocía cómo había llegado allí, no le gustaba la compañía de nadie, pero no podía dejarla tirada, debía prestarle auxilio así no quisiera, de inmediato le dio respiración boca a boca, hasta que la chica recuperó el ritmo de su respiración, dejándole un dulce sabor en su paladar.


La levantó del suelo y comenzó a caminar con ella para la cabaña, aunque no le atraía la idea de tenerla cerca, sin embargo, era necesario para no poner en riesgo su salud, pero apenas estuviera bien la despacharía, no se quedaría allí más de lo necesario, pensó.


Al entrar a la cabaña la recostó en el sofá grande, mientras subía al primer piso a buscar mantas y ropa seca para poder cambiarla, después la acostó frente a la chimenea, la desvistió sin siquiera verla, quitándole las piezas húmedas y sustituyéndolas por unas secas, la ropa como eran suyas le quedaban gigantes, tomó compresas tibias, se las puso en su cuello, a medida que transcurría el tiempo se dio cuenta que la chica no reaccionaba los temblores continuaban, sus dientes castañeaban y hasta deliraba, llamando a un tal Augusto, lo que provocó una mueca de su parte, seguro se trataba de su novio o amante quien sabe, ese género era muy falso y no creía que la miniatura de gente que tenía al frente fuera una excepción.


Al ver que la chica no entraba en calor no le quedó más alternativa que desnudarse, se quedó solo con el bóxer, luego la desnudó a ella, la atrajo a su cuerpo, y se cubrió con unas gruesas mantas, aunque permanecía junto a ella piel con piel, su aroma una mezcla entre dulce más hierba hizo que su temperatura corporal aumentara y su cuerpo reaccionara en consecuencia, sin embargo, de inmediato se cuestionó por hacerlo, diciéndose “Debes utilizar tu cuerpo para lograr suministrarle calor, más nada” concluyó colocándose encima de ella y cubriéndola con su humanidad, mientras al mismo tiempo luchaba con el deseo que había comenzado a invadirlo, no sabía lo que le pasaba, nunca había sido un hombre que perdiera el control de su cuerpo, todo lo contrario siempre se ufanaba de actuar con cordura, siguió pensando y buscando la forma de hacer que esa experiencia de salvarle la vida a la chica no lo dejara con una dolorosa erección, por ello comenzó a contar ovejas, a imaginar cuentos en su cabeza, hasta que sin darse cuenta se quedó dormido, de lo apacible que le resultaba estar abrazado a una mujer, sin tener sexo.


Aproximadamente como ocho horas después, Martín escuchó un grito ensordecedor que lo despertó, y segundos después comenzó a sentir que le golpeaban fuertemente el pecho mientras oía una voz de mujer —¡Desgraciado! ¡Atrevido! ¡Violador!


Al despertarse y ver a la mujer con su cabello enmarañado, alborotado, sus mejillas sonrosadas, le tomó las manos molesto para evitar que lo golpeara —¡¿Qué hace?! ¿Se ha vuelto loca?! ¿Por qué me atacas? —espetó irritado.


—Usted abusó de mí, me desnudó, seguro me violó, cuando me desperté tenía eso duro—dijo señalando a la parte baja de Martín—pegado a mi cadera ¡¿Cómo ha sido capaz de hacerme eso?! —exclamó la chica angustiada.


—¡No seas estúpida! Y absurda —le espetó Martín molesto—no quieras venir a darte de chica ingenua conmigo, ¡Ay sí! “tenía eso duro pegado a mis caderas” —la mofó Martín— seguro eres tan inocente que no sabes que eso se llama falo, verga, pene, pito, polla, nabo, pinga, chorra—enumeró, mientras sus ojos negros solo destilaban enojo, maldad, se levantó delante de ella sin ningún pudor, entretanto Dara apartaba su rostros del cuerpo de él con sus faz totalmente enrojecida—¡Veme a la cara mientras hablo! —exclamó gritándole.


—¡No me grites! Que no estoy sorda—expresó levantándose en toda su altura que no era mucha comparada con el metro ochenta y ocho de Martín, mientras se cubría con las mantas—si se cómo se llama —comentó ella sonrojándose nuevamente—pero no ando por allí nombrando partes íntimas delante de hombres que no conozco.


—Lo que significa que lo haces delante de los conocidos, claro me imagino que deben ser bastantes, si hasta a uno nombrabas en tu delirio a un tal Augusto ¿Es tu novio, amante? ¡¿Qué es para ti?!—interrogó enojado pero a la vez curioso


—Eso no es problema tuyo, si es uno dos, tres o decenas delante de quien nombro partes íntimas, solo sé que usted es un ¡Atrevido! Qué ha asado a abusar…—pero sus palabras fueron interrumpidas por el hombre.


—¡Cállate si! Para empezar no te violé, no tienes un cuerpo apetecible para convertirme en un violador, aparte de que eres una enana, ni siquiera estás bien proporcionada, tengo malos ratos pero no malos gustos—dijo ofendiéndola, sin darse cuenta que cada palabra hacía mella en la ya afectada autoestima de Dara, quien apartó un momento la vista y limpió un par de lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos—No sabes las normas del buen hablante y del buen oyente, ¡Mírame a la cara! —pronunció rabioso. Cuando ella volteó su rostro, un par de ojos ámbar lo miraban acumulando un torrente de lágrimas en su pestaña inferior que la chica trataba de controlar.


—¡¿Complacido?! —exclamó ella mientras lo miraba desafiante apretando su mentón para evitar perder el control.


Al verla en ese estado a Martín le dio un poco de remordimiento, volteó y se puso un pantalón luego se dirigió a ella —¡Lo siento! Pero es que tus acusaciones de llamarme violador me han molestado—se acercó a ella y le tomó el rostro, limpiando el par de lágrimas que estaban por escapar—no te hice nada, más bien eres una malagradecida, porque te salvé de morir congelada allá afuera y así me pagas, acusándome sin ninguna prueba.


Al escuchar sus palabras y sentir el tacto de sus manos en el rostro, ella se calmó, su corazón comenzó a latir desbocado ante la cercanía de ese hombre, aunque se había puesto el pantalón, todo él emanaba testosterona, sus bien formados brazos y pechos, casi le habían hecho perder su capacidad de hablar, por eso solo se mantuvo en silencio mirándolo con añoranza, mientras él no apartaba sus ojos de ella.


Martín la encontraba hermosa, deseable, tal vez un clavo si sacara a otro como decía el dicho, y después de verla por un par de minutos no estaba tan mal la minia, pensó.


—Gracias—Martín la miró con curiosidad, tratando de indagar las razones por la cual le daba las gracias, su rostro era de completa extrañeza, hasta que la escuchó continuar—por salvarme la vida, había mucha nieve y mi auto cayó en una cuneta como a cuatro kilómetros de aquí, y no pude sacarlo por eso lo dejé allí, me bajé para refugiarme en esta cabaña para esperar ayuda, iba a visitar a mis padres que viven a cuatro kilómetros de aquí, quería llegar antes de noche buena para pasarla con ellos, les llevaba comida y regalos navideños, pero la tormenta se desató de repente—terminó de exponer ella nerviosa, sin decirle que esa cabaña también era de sus padres.


 —Y yo te encontré con signos de hipotermia, me tuve que desnudar y desnudarte para darte calor, no había otra intención—expresó mientras veía que ella se ruborizaba nuevamente—vives roja como un tomate ¿Es que todo hace que te sonrojes? —la interrogó.


—No todo—respondió bajando su rostro tímidamente—Por favor, necesito ponerme algo de ropa.


—Te puedo prestar unas de mi camisa, que de por si te deben quedar grandes aunque deben cumplir el propósito de cubrirte—señaló sin ninguna emoción.


En ese momento el estómago de Dara rugió y ella sonrió apenada—Y también necesito algo de comer.


—Respecto a lo de la camisa ya te la busco y en cuanto a la comida, ni creas que voy a estar preparándote comida como si fuese tu cocinero—afirmó con molestia—además es muy probable que debas quedarte aquí porque la nevada puede llevarse un par de días más y mientras se derrite el hielo.


—No te preocupes, yo me sé preparar comida y cuando termine la nevada haré lo posible por llegar a la cabaña donde están mis padres—respondió Dara.


—Si seguro sabes cocinar mucho—expresó en tono de sarcasmo—lo más probable es que sean puro mazacotes o sándwiches.


—Precisamente eso es lo que cocino—pronunció sin discutir—también necesito buscar mi maleta y demás cosas en el carro que está como a cuatro kilómetros de aquí—suplicó.


—Si eres suicida, ve y hazlo tú—replicó en un tono de molestia, era la forma que tenía para que ella no le agradara y viceversa, no quería complicaciones en su vida—ni por asomo creas que voy a salir a buscar tu maleta solo porque seguramente allí tienes los caprichos para vestirte y maquillarte, pues pierdes tu tiempo no pienso avalar tú vanidad, además no tienes a quien lucirle porque a mí me da igual que cargues un saco de vestido y siempre me vas a inspirar lo mismo, ósea absolutamente nada, no eres mi tipo—comentó mirándola despectivamente.


—Pues para tu información eres el último hombre de la tierra a quien me dedicaría a coquetearle, tampoco es mi tipo un bastardo, troglodita como tú, que seguramente respira por la herida porque ni siquiera sabe mantener feliz a una mujer—comentó sin pensar en las consecuencias.


Al oírla decir eso Martín se encolerizó más, se le acercó peligrosamente, la tomó por los hombros y la acercó violentamente a su cuerpo, mientras el bajaba su tórax,  propinándole un beso salvaje, rudo, mientras ella se mantenía sorprendida por el ataque del cual estaba siendo objeto, pero Martín seguía besándola, fue aflojando el agarre, hasta convertir un beso brutal en uno tierno, quedó atrapado con el dulce sabor de la boca de Dara, ella sabía a cerezas o uvas dulces, sintió que su cuerpo reaccionaba alegremente, quería sumergirse en ese sabor fascinante de su paladar, quería probarla toda y olvidar en su cuerpo. Pero un rato después de estar experimentando tan delicioso momento, sintió lo salado de las lágrimas de la chica en sus labios y cesó el beso, se quedó observándola mientras lágrimas de miedo surcaban el rostro de ella. Martín la soltó de golpe, con el ímpetu que usó para liberarla la chica se tambaleó y cayó en el sofá.


Martín estaba sorprendido de su respuesta frente a ella “¡Por Dios! ¿Qué estaba haciendo? la muchacha estaba angustiada, asustada, lo más seguro era que estuviera pensando en que él la forzaría, ¡Jamás haría eso!”, se quedó viéndola y la duda comenzó a hacer estragos en su interior y si estaba actuando, sin pensar lo que decía espetó —Deja de fingir que eres una pobre chica asustada, conozco a las mujeres como tú, siempre manipulando con la mirada, con las acciones, no te preocupes que de ahora en adelante buscaré controlarme, mi reacción a ti no es porque seas irresistible, sino porque tengo casi cuatro meses aquí sin tocar a ninguna mujer y cuando eso pasa hasta un palo vestido de escoba parece deseable—expuso, aunque en el fondo sabía que eso no era cierto.


—Entonces estamos de acuerdo, no vuelva a ponerme nunca más una mano encima—pronunció la chica, para seguidamente subir corriendo las escaleras del segundo piso, como si conociera de hace mucho tiempo el camino.


—Aparte de digna, confianzuda y allanadora de morada—expuso en voz alta mientras subía las escaleras en su búsqueda.


“¡Oh amor poderoso! Que a veces hace de una bestia un hombre, y otras, de un hombre una bestia.” William Shakeaspeare.



CAPÍTULO 10. CRASO ERROR


Martín subió a su habitación, la abrió pero allí no estaba, fue a la otra intentó abrirla pero estaba cerrada, trató de aperturarla pero no pudo, tocó la puerta por un rato pero la chica no quiso abrirle, insistió —¡Oye! Abre, no seas berrinchuda y susceptible, además tú empezaste, me ofendiste diciendo que no hacía feliz a ninguna mujer, aunque tal vez no andes lejos de la verdad—expresó. No la llamaba por su nombre porque no se lo había dicho, no obstante, siguió insistiendo, pero ella no abrió.


Cansado de tocar la puerta sin ningún resultado, bajó a la cocina, le preparó algo de comer, fue otra vez  a tocar, pero tampoco quiso abrirle. Nuevamente descendió al salón principal, buscó la llave de la habitación, en el llavero de la casa, las tomó y la introdujo en la cerradura que se abrió en el primer intento, al entrar al dormitorio, comenzó a buscarla con la mirada, la encontró acostada en posición fetal, dormida en una esquina de la habitación, le inspiró tanta ternura verla así, que sintió que su corazón había saltado, frunció el ceño extrañado, se le acercó, la cargó y la llevó  a su habitación, la acostó en la cama, la cubrió bien para que no sintiera frío, tomó una cobija y bajó al salón.


Convirtió el sofá en cama y se acostó, pero como su cuerpo era tan alto, sus piernas quedaron fuera del mueble, intentó dormir, pero una mirada ámbar lo perseguía, después comenzó a evocar el beso que le había dado y su miembro reaccionó “Por Dios, estoy enloqueciendo con esa pequeña, debe ser muy joven y ¿Si es menor de edad? No creía porque había llegado manejando” se dijo, una hora después se quedó dormido, pero se levantó durante toda la noche, lo primero que hacía era subir para verla, encontrándola profundamente dormida, como si ninguna preocupación pesara por su mente. Buscó en el closet, unos calcetines, una camisa y un mono deportivo, se lo colocó a un lado de la cama para que se los pusiera cuando despertara.


Salió de la habitación, le preparó el desayuno y se lo dejó sobre la encimera, a las siete de la mañana tomó las llaves del auto de ella, colocó un trineo con los tres perros y salió a buscar sus cosas en el auto, había dicho que no lo haría, pero era lo menos que podía hacer por ella después que se había portado como una bestia, la nieve caía gruesa y deprisa, pero Martín no cesó en su empeño de llegar a su destino.


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Dara abrió los ojos, se dio cuenta que estaba en la  habitación principal de la cabaña, recordó que había discutido con el hombre que la había rescatado y se había encerrado en la habitación de trastes pero no tenía idea de cómo había llegado allí, hasta donde recordaba se había quedado dormida en un rincón. 


Se levantó de la cama y vio la ropa ordenada a un lado, se supuso que era para que se vistiera, fue al baño, se duchó con premura, se colocó la ropa, la cual le quedaba realmente gigante, se miró en el espejo y se dio cuenta que parecía un espanta pájaros con ella, se la arregló como pudo y bajó.


Buscó al hombre en toda la casa y no lo consiguió, era extraño, había dormido desnuda con él, la había besado y aún no sabía su nombre, estaba loca de atar, haciendo las cosas al revés. Entró a la cocina, y vio una comida tapada con una nota.


“Hola. Espero hayas descansado, recibe este desayuno americano como una muestra de pedirte disculpas por lo patán que me comporté anoche. En verdad lo siento. Salí a buscar tus cosas en el auto para que te pongas todo lo hermosa que quieres, para mí” 


En son de paz,  Martín.


—¡Martín!—dijo en voz alta, se llama Martín, ese nombre me suena pensó, ¿Pero de dónde? Se preguntó, tratando  de recordar porque se le hacía familiar el nombre, sin embargo, nada vino a su mente, comió en silencio.


Había transcurrido más de hora y media desde que se levantó y no sabía nada de Martín, comenzó a preocuparte, miraba a cada momento por la ventana, deseando divisarlo en ese terrorífico clima, parecía que nunca dejaría de nevar, copos de nieve caían sobre el suelo que estaba cubierto por una gran capa. A medida que pasaban los minutos se preocupaba ¿Y si le había pasado algo por su culpa? Pensaba, mientras rogaba que llegara sano y salvo.


Minutos después divisó que venía un trineo con sus cosas, mientras el caminaba sosteniendo los perros, no pudo disimular la alegría que la invadió al verlo que estaba bien, salió corriendo a su encuentro sin detenerse a pensar que no portaba la ropa ni el calzado adecuado para la ocasión. 

Al verla corriendo hacia él, Martín sintió una profunda emoción en su pecho, pero también se preocupó al verla nada preparada para ese inclemente clima, al llegar ella le brincó encima abrazándolo, le respondió también emocionado, sintió su rica fragancia en su nariz que le activó todos los sentidos, pero al verla temblando la reprendió — ¿Estás loca? ¿Cómo sales en ese estado? Puedes caerte, enfermarte.


Al oír que la cuestionaba lo soltó y se molestó —Eso me pasa por estúpida, por querer ser amable con una bestia como tú —espetó furiosa mientras  se dirigía a la casa, en uno de esos pasos, se hundió demasiado en la nieve y cayó.


Martín salió corriendo para sostenerla —¿Ves lo que te digo? No creas que es por maldad, es que quiero que te cuides para que no te pase nada—le dijo levantándola del suelo y cargándola—Creo que desde que llegaste este es el lugar donde más te gusta estar.


Ella preguntó extrañada —¿Dónde?


—En mis brazos señorita Dara—respondió Martín.


—¿Cómo sabes mi nombre? —interrogó ella.


—Lo vi marcado en tu equipaje—caminó con ella a la cabaña y cuando la bajó, no pudo resistirse, se inclinó la tomó por la mejilla y comenzó a besarla. 


La besó con suavidad, con ternura, sintió como su cuerpo cosquillaba con las emociones, probó sus ricos labios, lo chupó, primero el de arriba, luego el de abajo, ella abrió su boca y le permitió la entrada, el aprovechó para introducirse en su cavidad bucal, pasar su lengua por el interior de sus mejillas, juguetear con su lengua, estaban sumergidos uno en brazos del otro.


Dara sentía como los vellos de su piel y sus senos se erizaban al percibir su contacto,  él la acercó más a su a su cuerpo, sentía que debía apaciguar ese caudal de fuego que se estremecía en su interior, él la levantó y la siguió besando —Mi pequeña, eres tan receptiva, eres fuego que me incendias—le decía sin dejar de abrazarla, y tocarla. Hasta que los ladridos de los perros los volvieron a la realidad.

Martín se separó jadeando y con los ojos nublados del deseo, sin quitar su vista de ella mientras Dara lo miraba fijamente —Creo que es mejor que entre—afirmó ella sonrojada por la vergüenza que estaba sintiendo en ese momento, como le había respondido así, si apenas tenía un poco más de doce horas conociéndolo se recriminó.


—Sí creo es lo mejor, yo iré por tu equipaje y demás cosas, por cierto trajiste todo tipo de carne, me imagino que querías poner a cocinar a tu madre para llevarte comida preparada cuando fueses de regreso—expresó caminando al trineo sin esperar respuesta de Dara.


Ella lo observó por un momento y pensó “¿Será posible que siempre Martín sea así, que saque conclusiones apresurada de todo?”, lo contrario sucedía con ella, siempre buscaba saber la verdad antes de juzgar y tenía la costumbre de  justificar a la gente, toda su vida lo había hecho, justificando la ausencia de unos…enseguida se interrumpió, “No pienses en eso Dara, que te hace daño, se feliz con lo que tienes, con lo que la vida te ha dado y lo que te da día a día. Disfruta de la oportunidad que tienes de estar con Martín”.


—Pero es que apenas lo acabo de conocer, yo no soy así—se dijo en voz alta entretanto su conciencia le respondía.


“Porque nunca alguien había provocado todas esas sensaciones en ti, aprovecha la oportunidad, entrégate y vive esa experiencia de ser querida por un hombre”, aconsejó su conciencia.


—Él dijo que no soy su tipo, que no le gustaba, que solo lo provocaba porque tenía casi cuatro meses de no estar con una mujer—habló con tristeza.


“No le creas, algo debes tener para atraerlo, aprovecha el momento, vive la vida, ¿Hasta cuándo vas a portarte como una niña modosita?, ábrete a lo que suceda”, concluyó su conciencia.


Dara se dirigió a la cocina con su decisión tomada, se sentía contenta, sintonizó la pequeña radio en una estación con música y comenzó a bailar feliz, mientras sacaba algunas cosas de la nevera para preparar una carne de las que había llevado consigo cuando Martín las trajera. 

Movía sus caderas  rítmicamente al compás de la música, Martín había descargado todo del trineo, soltado a los canes y llevaba las cosas a la cocina, cuando la vio moviéndose, tenía un swing especial, ver sus movimientos, su tongoneó de caderas y la concentración que utilizaba para su baile, produjo en él que su falo se extendiera dentro de su pantalón, totalmente erecto y ansioso de encontrar la liberación.


Sin pararse a pensar ni un solo segundo, Martín la tomó por detrás y comenzó a bailar con ella, tratando de mantener el ritmo, pero enseguida su deseo lo superó, comenzó a besarle la nuca, recorrió su cuello con sus labios, mordisqueando, saboreando su rica piel, impregnándose de la sensual aroma que emanaba del cuerpo de esa mujer, sentía como cada terminación nerviosa de su humanidad gritaba ansiosa por acariciarla y por poseerla, no sabía lo que había pasado, a que se debía, solo sabía que tenía que desahogarse de ese loco deseo que había surgido por ella como un torbellino acabando todo a su paso.


La volteó y comenzó a besarla vorazmente, la subió en la encimera, ella lo abrazó por sus caderas con las piernas, mientras Martín recorría, su cuello. Su cuerpo temblaba, nunca le había pasado estar en ese estado de ansiedad por tener sexo, si porque para él, solo significaba eso, no era nada más, se justificó diciendo que tenía mucho tiempo de abstinencia y que a eso se debía ese estado como hombre sediento en el desierto cuando ve un oasis, pensó.


Le arrancó la ropa con premura, casi con violencia, dejándola desnuda frente a sí y se quitó también la suya, dejando expuesta su impresionante erección, mientras ella permanecía observándolo con sus labios hinchados producto de los besos y sus ojos ámbar radiantes del deseo, su mirada era de curiosidad mezclada con un aire de seductora inocencia que lo enloquecía.


Martín bajó por su clavícula hasta llegar a sus senos, bebió de ellos como un poseso, los lamió, chupó, succionó, mientras masajeaba el otro, volviéndola loca, sonoros jadeos salían de la boca de Dara, que lo sentía por todos lado, su corazón palpitaba como si tratara del sonido producido por una manada de animales corriendo desenfrenados por el campo, sentía que estaba a punto de llegar a algún lado pero no sabía dónde, el repitió el mismo patrón con su otro seno enloqueciéndola completamente y llevándola a un lugar que no sabía que existía al pico más alto del placer, sin embargo, no quedó allí el bajó hasta posicionar su boca en su centro, bebía ávidamente de su vagina, jugaba con su clítoris pasaba la lengua y mordisqueaba produciéndole al mismo tiempo dolor y placer, ella sostenía su cabeza para evitar que se alejara.

—¡Oh por Dios! —exclamaba ella—¡No pares!, esto es maravilloso—Martín subió nuevamente a besar sus labios, por lo que Dara pudo sentir su propio sabor de la boca de él.


—Di mi nombre—la apremiaba Martín mientras la besaba y la hacía arder de deseo bajando nuevamente a su vulva.


Dara no entendía, tampoco podía gesticular palabra al sentirlo entre sus piernas succionando su sabor, arqueó su espalda para darle mejor acceso a su femineidad.


—¡Dara! —exclamó Martín—di mi nombre, que tengas claro quién te está poseyendo, que no es Augusto o los otros con quien has estado, jadea mi nombre—la instó.


Dara no tenía idea que tenía que ver Augusto con eso, tampoco sabía quiénes eran los otros, pero no quiso prestarle mucha atención a eso, solo quería sentir todas esas sensaciones que eran nuevas para ella pero lo complació y comenzó a susurrar su nombre —¡Martín! Por favor.


—Dime Dara, ¿Qué quieres que te haga? Dilo.


Ella no sabía que quería pero seguro, él tendría más placer que darle —Quiero todo, placer, por favor Martín hazme tuya—pronunció jadeante Dara.


Ella se corrió en la boca de Martín, quien ya sentía su pene a punto de explotar por el deseo acumulado, la levantó de la encimera y la volteó, comenzó a acariciarle sus glúteos dándole suaves masajes, luego llevó una mano al clítoris estimulándola y con la otra masajeaba ambos pechos, en la caricias de él no había ternura ni delicadeza, solo lujuria, sexo rudo salvaje, luego llevó sus manos nuevamente al trasero de Dara, e introdujo su mano por detrás para rozarle su intimidad, inclinando su cuerpo le susurraba al oído —Serás mía, solo mía, borraré de tu cuerpo la huella de otro hombre, solo seremos tú y yo y tus recuerdos sobre ese momento. Olvídate de Augusto—pronunció levantó un poco su derrier y de una sola estocada se introdujo en ella con potencia, sintiendo en el trayecto una barrera que arrasó con ella, la sintió tan estrecha que se dio cuenta de su gran error, en ese momento lo supo al mismo instante en que ella pegaba un grito de dolor, mientras sus lágrimas surcaban su rostro, gritando —No por favor, no ¡Suéltame! —exclamaba ella adolorida.

Martín sintió un profundo terror en su pecho, nunca se hubiese imaginado que pasaría eso, a pesar de estar totalmente erecto salió de ella sintiéndose miserable, mientras veía que por las piernas de Dara rodaba un hilillo de sangre, quiso abrazarla para demostrarle cuanto lo sentía, pero ella lo empujó, con lágrimas corriendo por su rostro y un profundo odio le dijo —¡Ya entiendo!, pensabas que había estado con alguien más, que Augusto era mi pareja y que lo estaba engañando contigo. Dime ¿Tan zorra me crees para pensar que soy capaz de estar con un hombre estando comprometida con otro? ¿Con qué clase de mujeres te has involucrado?—cuestionó, entretanto las lágrimas corrían a borbotones por su rostro, vio como ella recogía la ropa del suelo y corría hacia el segundo piso, sin más nada que decir.


“Existen personas que no te quieren perder, pero tampoco saben cómo cuidarte”. Destino de letras.



CAPÍTULO 11.  MIEDO A VOLVER SER TRAICIONADO


Martín nunca se había sentido tan sórdido, miserable, ni siquiera cuando vio al par de traidores juntos, sentía que una profunda tristeza, decepción de si mismo se alojaba en su pecho —¡Oh por Dios pequeña! —exclamó, se puso el pantalón y subió las escaleras, escuchó el llanto de ella en el baño, comenzó a tocar la puerta diciéndole —Por favor Dara, no fue mi intención, no sabía que era así, nunca había estado con una virgen, por favor lo siento. Ábreme te juro que no te haré daño—suplicaba entretanto pasaba sus manos por el cabello.


Al ver que ella no tenía intención de abrirle, entró por su cuarto y forzó la puerta, al abrirla ella estaba metida en la bañera, sentada, con sus piernas flexionadas en su pecho abrazándose a sí misma convertida en un ovillo, mirándolo con ojos asustados. Martín sintió tanta angustia, le dolía verla así “Oh por Dios, soy un violador, esa desgraciada de Amarantha me convirtió en un maldito” y ese semblante herido de Dara lo destrozaba.


—Dara, perdóname—le dijo arrodillándose a un lado de la bañera—no pensé que eras virgen hasta que el mal estaba hecho. Perdóname pequeña—pronunció acercándose a ella, quien no dejaba de temblar, se introdujo en la bañera la sentó en sus piernas, mientras ella trataba de huir—¡No huyas!, no te haré daño, si hubiese sabido que lo de la virginidad era así, te juro que te hubiese tratado como el más delicado tesoro—pronunció mientras ella lo miraba dubitativa.


Ella tenía miedo, todo había ido bien, hasta ese último momento que todo fue tan desagradable, su parte se había introducido dentro de ella sin ningún cuidado y sentía que la había desgarrado por dentro, se fijo en sus ojos y lo vio angustiado, pálido, tan arrepentido, tal vez sea verdad que no sabía que ella nunca había yacido con ningún hombre, cuando lo vio se alejó, quería huir de él, pero al escuchar sus palabras se relajó. 


Martín se sentó en la bañera detrás de ella y abrió el agua tibia, mientras le apartaba su cabello, acariciándole, susurrándole palabras tranquilizadoras.


—Déjame ver, si te causé algún daño, por favor—pronunció preocupado. Ella se tensó ante sus palabras—es necesario pequeña, por si es grave.


Ella lo miró angustiada, por supuesto que el dolor era insoportable, pero tenía miedo, vergüenza de dejar que la viera—¡No quiero! Eso es vergonzoso—espetó ella con decisión.


—Mi pequeña, juro que no te haré nada, solo quiero cerciorarme de que estás bien, —ella se volteó y pudo ver su cara de sinceridad.


Martín la lavó, la enjabonó y después se levantó de la bañera con su pantalón destilando agua por todas partes, la cargó, la acostó en la cama y la revisó, mientras ella se cubría el rostro avergonzada, pudo observar que estaba roja, irritada, pero no se veía tan mal, tomó una crema y se la juntó mientras permanecía con una expresión neutra en su rostro. 


Al terminar, buscó una ropa para que ella se la pusiera, consiguió otro pantalón para él y se puso a limpiar el baño y la habitación mientras ella permanecía callada en posición fetal. Martín se acostó con ella sin dejar de abrazarla —¡Perdóname Dara!, no me odies, lo siento tanto.


Ella se quedó escuchándolo y después de un momento le respondió—Ese es el problema que no te odio, también me di cuenta que no fue tu intención causarme daño, yo debí decirte que era mi primera vez.


—No me hagas sentir más miserable, no me justifiques que fui un desgraciado que no tiene perdón—indicó en tono de mortificación.


—No te preocupes ya pasó, y otro día no se me ocurrirá inventar, porque aunque lo previo fue muy placentero, la segunda parte es horrible, no quiero volver a pasar por eso—señaló con inocencia.


Las palabras de ella le hicieron sentir un leve calor en su interior—Siempre es placentero, la primera vez es dolorosa aunque lo fue más porque yo fui un bruto, por eso estás traumada, soy el único responsable, debí hacerlo con cuidado. ¡Lo siento!—expresó mientras sentía que sus lágrimas quemaban en su ojos—te juro que siento asco de mí mismo—enfatizó. Se quedó junto a ella acariciándole el cabello, hasta que ella se quedó dormida con un suspiro.


—Tú eres diferente pequeña, no te pareces a ella, jamás tendrás nada que ver con esa traidora, pero tengo miedo de abrirme a ti, eres muy peligrosa porque acabo de descubrir lo cierto de tu ingenuidad, en menos de veinticuatro horas ya has puesto el perfecto mundo que había creado para mí, patas arriba—pronunció besando su cabeza, apretándola un poco más a su cuerpo, mientras olfateaba el placentero olor que desprendía Dara, hasta también quedarse dormido.


Durmió hasta bien entrada la tarde, al abrir sus ojos se dio cuenta de sus piernas enredadas y de que ella posaba su rostro en su pecho, nunca antes había logrado dormir con Amarantha así sin que mediara ninguna escena sexual, en cambio con Dara, ya eran dos las veces que habían dormido uno en brazos de otro, cuando intentó levantarse ella abrió sus grandes ojos ámbar sin dejar de mirarlo.


—Estás despierta, debes tener hambre, voy a preparar algo de comer—afirmó Martín.


—No—replicó ella—yo haré la comida, prepararé un rico guiso de carne de res—confesó ilusionada.


—Pues no vayas a tomártelo a mal pero desde que llegué a esta cabaña no he vuelto a comer carnes rojas, puro pescado y aves y como tú eres una mala cocinera, ni creas que voy a comer tus mazacotes—expresó levantando sus cejas.


—¿Estás seguro que no querrás comer de lo que prepare? —lo interrogó Dara sin dejar de mirarlo. A Martín le daba cosa hacerle ese desaire, pero por más que quisiera complacerla no se iba a someter a la tortura de comer horrible, así que temerosamente le respondió.


—Ni en mis peores pesadillas pequeña, te sugiero que para estar ambos complacidos, yo me preparo mi comida y tú la tuya ¿Te parece?—la interrogó.


—Está bien—indicó con un aire de suficiencia que Martín no entendió—que conste que fuiste tú el de la propuesta.


Así empezaron los dos a cocinar, el licuó sus aliños y se concentró en hacer un pescado en salsa, ella por su parte comenzó a picar cebollas en láminas pequeñas, perejil en pequeños trocitos, un pimentón, luego cortó en cuadros una papa, una zanahoria. Sacó de un estuche diversas especies, orégano, ajo en polvo, una sopa instantánea de cebolla, unos guisantes, una lata de tomate y aceite de oliva.


Martín la observaba sin perder detalles de lo que ella hacía, la vio hacer un provocativo gesto con su boca sacando levemente la lengua y apretándola, mientras cortaba los ingredientes en pequeños trozos y con una pericia que lo sorprendió,  en una cacerola agregó aceite de oliva y lo calentó, vio como doró a fuego lento la carne, después de varios minutos aumentó la llama de la cocina, la vio agregarle la salsa de tomate, agua, la papa, zanahoria, cebolla, pimentón, la sopa instantánea de cebolla, los condimentos, las especies, las salsas, la sal, cuando lo vio hervir, redujo el fuego y lo dejó cocinando para agregarle al final los guisantes.


Vio como sancochaba papas, licuaba leche, le agregaba margarina y hacía un puré de papá que adorno con hojas de cilantro y una ensalada de vegetales. Martín se sentó a comer su pescado, mientras veía la delicia que ella preparaba, el olor que emanaba la comida era realmente maravilloso. 


La vio servirse y sentarse al frente de él, mientras comía apetitosamente, haciendo gestos y sonidos como si estuviera recibiendo el mayor placer del mundo, allí cayó en cuenta que había sido objeto de un engaño por parte de Dara y no pudo evitar reclamarle.


—¡Me has engañado! —exclamó un poco molesto Martín.


—¿Yo? —interrogó con inocencia la chica—no sé ¿De qué engaño me hablas?


—Me dijiste que solo cocinabas mazacotes y allí estás con un plato de comida tipo gourmet que sería la envidia de cualquier chef y me tienes aquí babeando por probarla.


—Eso no es cierto—expuso con énfasis—jamás te dije que no sabía cocinar, lo diste por sentado y aún cuando estábamos en la habitación dije que cocinaría para los dos y dijiste que no, con todo y eso te advertí que consideraras que el de la idea de cocinar separados fue tuya, así que no pretendas culparme por haberte equivocado. Ya me di cuenta que uno de tus problemas es dar por sentado todo, eres un hombre demasiado desconfiado, andas a la defensiva como si creyeras que la gente está dispuesta siempre a engañarte y por eso sacas conclusiones precipitadas sin tener la certeza. Dime algo ¿Siempre has sido así o hay alguien a que debas esa actitud?


—Es ahora cuando tengo esa actitud, pero preferiría no hablar de eso, son hechos que quisiera mantener en el pasado y nunca sacarlos a relucir.


—Está bien, si no quieres contarme, no hay problema—comentó con tranquilidad.


Dara continuó comiendo, entretanto Martín la miraba deseando que se compadeciera y le diera para probar, sin embargo, ella comió y ni un bocado le ofreció “Si es mezquina” pensó, por eso es que la perfección no existe. 


La vio levantarse y servirse otro plato y su boca se hizo agua, queriendo probar el rico plato, ella se sentó frente a él, tomó un trozo de carne, cuando iba a meterlo en su boca se lo ofreció, con una mirada de picardía.


—¿Quieres? —le preguntó ella, pero Martín se quedó observándolo pensando en la trampa que había tras de eso, pero el rico olor lo hizo ceder.


—Por favor—le suplicó. Ella llevó el cubierto a su boca y Martín pudo probar lo magro de la carne, era tan blanda que se deshizo en su boca, el sabor, la textura, era tan delicioso, que el placer de comerla solo era superado por el de hacer el amor. Ella le puso el plato al frente y aún con desconfianza le preguntó.


—¿Para mí? ¿Es toda mío? —la interrogó.


Ella expuso una hermosa sonrisa —Aun cuando me dijiste que ni en tus peores pesadillas comerías de mi comida, tenía esperanza de hacerte cambiar de opinión, y cociné para dos.


Bastó que dijera eso para que Martín devorara en pocos segundo la comida, mientras ella lo miraba complacida—De ahora en adelante nunca diré que no a la comida que prepares, es lo más delicioso que he probado, claro después de tu cuerpo— pronunció mientras las mejillas de Dara se tornaban carmesí.


Él no pudo evitarlo, se levantó y la comenzó a besar con delicadeza, con suavidad, ella respondió placenteramente, por ello Martín la fue desnudando poco a poco, mientras ella hacía lo mismo con él con movimientos torpes. 


Martín la levantó y la llevó al sofá cama donde la acostó, comenzó a besar cada parte de su piel, besaba, succionaba, acariciaba, no hubo un lugar de su cuerpo que él no anduviera con su lengua. Introdujo sus pezones en la boca y comenzó a hacer figuras en su areola con la lengua, bajó de allí por su estómago y de allí siguió su recorrido hasta detenerse en su femineidad, donde la acarició con pericia, succionó su clítoris, probó su sabor, tan dulce, tan mujer que lo enloqueció, cada lamida que daba a su vulva, lo hacía elevarse un poco más al placer.


Sabía dulce, a inocencia, a chica convirtiéndose en mujer, los sonidos guturales que emitía su boca, lo hacían experimentar un nivel más elevado de deleite, era la sensación más etérea y más sublime que había experimentado, dirigió nuevamente su boca a la suya y bajó por su quijada hasta su cuello, él se retiró para desnudarse y ella se tensó, de inmediato comenzó a hablarle al oído para calmarla —No temas mi pequeña, te juro que no habrá dolor, solo sentirás el exquisito placer de unir nuestros cuerpos, nuestras almas en un delicioso baile más antiguo de todos los tiempos.


Martín le abrió las piernas, llevó su dedo índice y pulgar a sus labios vaginales, abriéndolos un poco y jugando con su clítoris, luego con mucho cuidado tomó su pene y lo colocó en la entrada de su cavidad, poco a poco se fue abriendo camino, daba un paso y paraba, permitiéndole a ella que se acostumbrara y que su cuerpo se acoplara a su intromisión, así fue haciendo mientras no perdía atención de sus ojos, gestos y expresiones, así se hundió totalmente dentro de ella, mientras ella pegó un gritito, de inmediato Martín se congeló —Lo siento pequeña, soy un bruto…—iba a seguir insultándose cuando ella le acarició el rostro diciéndole.


—No es nada, todo está perfecto, es la sensación de poder que me produce, tenerte dentro de mí, que me llenes, es como si esto fuese más que una unión de cuerpos—expresó inocentemente Dara, mientras él permanecía callado.


Segundos después comenzó a moverse con lentitud, adentro y afuera, controlándose de no hacerle daño a Dara, pero en un momento ella comenzó a mover sus caderas de manera exigente, por lo cual Martín aceleró sus acometidas, se movieron al unísono, el sonido que producían sus cuerpos al chocar uno con otro, provocaba mayor placer en ellos, enloqueciéndolos, juntos bailaron al mismo son, sus movimientos naturales instintivos los fue llevando cada vez más cerca de ese tan ansiado orgasmo. 


Dara Jadeaba, sentía que su cuerpo temblaba con cada envite de Martín, percibía como el deseo caliente recorría su cuerpo como si de una lava de volcán se tratara, él comenzó a moverse con mayor rapidez, mientras ella sentía que no era posible que su cuerpo sintiera un poco más de placer, le parecía imposible, hasta que sintió fuertes convulsiones que sacudían su cuerpo hasta llevarla a sentir una gran explosión que le produjo fuertes espasmos, todo su cuerpo tembló llevándola a un maravilloso orgasmo, donde Martín la acompañó vaciándose en ella, quien sintió la fuerza de su esencia en su interior, para después caer uno en brazos de otro totalmente complacidos.


—Esto es lo más maravilloso que he sentido en mi vida—expresó ella admirada—podemos repetir.


Al escucharla Martín no pudo evitar reírse —Pequeña debo recomponerme hasta volverlo a intentar, dame un par de minutos y vuelvo contigo—manifestó sin dejar de ver esos maravillosos ojos ámbares que cada momento iban abriéndose paso poco a poco en su corazón, pero sentía miedo, no quería volver a sufrir por amor y sospechaba que si ella lograba apoderarse de su interior y lo traicionaba, esta vez si era seguro que nunca volvería a levantarse.


“Debes amar sin miedo a ser traicionado, Aunque sin dar prioridad a quien prioridad no te ha dado”. Canserbero.


CAPÍTULO 12. CORAZÓN ROTO


Diez minutos después, Martín la volvió a tomar, recorrió su cuerpo con sus manos embebiéndose de cada parte de ella, Dara le tomó de las manos y comenzó retraídamente a recorrer su cuerpo, lo hacía temerosa hasta que mirándolo a su rostro con un poco de duda le dijo —Enséñame a como tocarte, a darte placer, por favor.


Su mirada era tan limpia, tan auténtica, le inspiró ternura, ella era suya, solo suya, ella nunca había tocado hombre alguno y solo lo haría con él, sintió tanto orgullo de ser el primer recipiente de sus deseos, le tomó la mano y la colocó en su pecho, haciéndola mover de un lado a otro. —Tócame, pon tus labios en mi pecho y ve recorriéndome como hice contigo.


Ella comenzó a acariciarlo, pasaba timoratamente su mano sobre su pecho, luego la sustituyó por sus labios, dándole pequeños besos, después sacó su lengua y comenzó a lamerlo, sintió lo salado de su piel, fue bajando por todo su tórax, pasó por su vientre hasta posarse en su masculinidad, lo tomó con timidez, mientras Martín le guiaba en los movimientos de sus manos, ella comenzó a mover su mano arriba y abajo pero cada vez que él estaba a punto de correrse, ella dejaba de moverla, pero al ver la cara de frustración de Martín, ella lo tomó en su boca,  —Mi amor no es necesario—le suplicó, aunque por dentro ansiaba que ella no desistiera y efectivamente no lo hizo, comenzó a lamer su miembro,  primero suavemente, pero a medida que fue tomando confianza lo internó más en su boca, estiró su lengua y comenzó a hacer círculos con su lengua, subiendo poco a poco, a la vez que iba succionando, cuando vio que él jadeaba descontroladamente, se dio cuenta que tenía poder sobre él y se sintió fuerte, importante, estaba decidida a que enloqueciera con sus caricias y con todo lo que hacía, que no pensara en ninguna otra mujer, solo en ella.


Dara se centró en la raíz  de su miembro y lo lamió insistentemente mientras con una mano hacía movimientos arriba y abajo y con la otra tocaba sus testículos, succionaba insistentemente y movía su lengua , llegó al momento de máxima excitación, Martín estaba totalmente enfebrecido, le sostuvo el rostro liberándose de su agarre para evitar llegar en su boca, esparció su esencia en los senos de Dara, quien miraba admirada todo lo que había sucedido y con la ingenuidad que la caracterizaba le preguntó, preocupada —¿Lo hice bien? ¿Te gustó?




Su pecho se enchinó al escucharla, la inocencia si existía y era su pequeña —Nena, estuviste genial, nunca me había sentido tan complacido y satisfecho, y de eso puedes darte cuenta tú sola, por esto que te esparcí en el pecho—dijo tocando el semen que aún tenía en sus senos—significa que lo disfruté, que lo hiciste genial—Cuando ella lo escuchó, sonrió con satisfacción.


No pudo evitar levantarla y llevarla cargada al baño, donde la enjabonó, la enjuagó y volvió a poseerla con una desbordante pasión, no se cansaba de ella, quería pasar todo el día haciendo el amor con Dara, en todas las maneras y posiciones que se le ocurrieran, la haría completamente suya de todas las formas inimaginables. Haría el amor con ella apasionadamente, amorosamente, explosivamente y nunca sentiría otra piel y otro miembro que no fuese el suyo, pensó posesivamente, una característica de él, que desconocía que tenía.


Luego de bañarse se vistieron, ella se puso un short corto y una blusa que la hacían ver provocativamente, su miembro reacciono inmediatamente al verla —Dara ¿Acaso no quieres salir de esta habitación—comentó él.


—Claro que sí, debo preparar la comida para la cena de navidad, quiero hacer un pavo, una ensalada, un roast beef italiano, una lasagna, un cordero asado con patatas y haremos un ceviche chileno de pescado.


Al oírla decir así Martín frunció el ceño —¿Ceviche chileno de pescado? No creo que lo sepas hacer, ¿Acaso tienes algún familiar chileno?


—Bueno familiar de sangre no, pero mi madrina es chilena, siempre voy a su casa y me ha enseñado a preparar platos de su tierra, ella cocina exquisito, la última vez que fui, fue hace cuatro meses, me invitó  a cenar, y quería que conociera a su hijo mayor, que es el único que no conozco, pero nunca apareció, es un idiota, mi madrina me dijo que tenía que irse de urgencia pero yo los escuché discutir, él no quiso conocerme porque pensó que yo andaba buscando marido, cuando en realidad eso no me interesa,  yo puedo conseguirme a alguien por mí misma, seguro es un imbécil pagado de sí mismo—expuso con molesta.


Martín no daba crédito a lo que escuchaba pero atando cabos, no le quedó duda, ella era la ahijada de su madre, claro Dara, y esa cabaña era de sus padres, por eso comenzó a interrogarla.

—Dara ¿A dónde ibas cuando caíste frente a la entrada? Por favor respóndeme con sinceridad—expresó Martín.


—Yo nunca miento. Venía para acá a esperar que pasara la nevada para después seguir donde mis padres.


—¿Cuál es tú apellido? —siguió interrogando él.


Dara titubeó ella no se sentía como una…y sin pensarlo más respondió —Soy Dara Malika Bellini Santoro.


Al escucharla Martín se pasó la mano por la cabeza, mientras pensaba que la vida te da grandes sorpresas, que se iba a imaginar que cuatro meses después encontraría a la misma chica que se había negado conocer.


—Malika, tú madre Greta Azelia Bellini es la comadre de mi mamá, ella y su esposo Domenico Bellini, son los dueños de esta cabaña, por eso el primer día subiste como si la casa te fuera familiar, y has ubicado cada objeto sin preguntar una sola vez cual es su sitio ¿Sabías que soy el hijo mayor de tu madrina María Martha?


Dara abrió grandemente los ojos producto de la sorpresa al enterarse de esa verdad y después movió negativamente su cabeza—Juro que no, nunca me dijiste tú apellido, pensé que te habían alquilado la cabaña, en lo que si soy culpable es en no haberte dicho que la cabaña era propiedad de mis padres.


—¿Por qué mentiste? —la interrogó con desconfianza Martín.


—No mentí—respondió Dara con seguridad.


—¿Ah no? ¿Cómo se llama lo que hiciste? Pues según tú no es mentira —preguntó molesto.


—Soy culpable de omisión pero no de mentir, si tú me hubieses preguntado directamente y te respondo negativamente, allí si hubiese sido una mentirosa, solo omití darte una información que no me estabas preguntando y tampoco tenía porque hacerlo, pues no tengo porque sacar mi árbol genealógico para enseñártelo—pronunció también molesta.


—Tampoco pretendo eso, así que yo soy el idiota, el imbécil que no quería conocerte—señaló sin dejar de mirarla.


—Pues si, lo mantengo eso fuiste ¿Por qué no quisiste conocerme? —interrogó con curiosidad Dara.


—Porque estaba feliz con la mujer que amaba, y odiaba que mi madre quisiera hacer de celestina conmigo, me gusta buscar a mis mujeres yo mismo, no necesito que nadie me las busque.


—Pues lo mismo digo, tampoco necesito que mi madrina, padres, hermanos me busquen hombre, yo puedo hacerlo sola—expresó con firmeza.


—Pero hasta que me conociste a mí, parece que no habías tenido éxito buscando marido—expresó con burla.


Eso la irritó sobre manera —Pues no te creas tan importante, porque bastante oportunidad he tenido, no creas que eres el único que se me ha acercado, solo que he sido lo suficientemente estúpida para verte como realmente no eres y haberme entregado a un imbécil como tú—dijo alejándose echa una furia, Martín la siguió, la intentó tomar de los hombros pero ella le respondió propinándole una fuerte patada. Por lo que él la levantó se la puso en los hombros y le dio un par de nalgadas, llevándola a la cocina.


—¡Basta Dara! solo bromeaba, estoy feliz de haber sido el único hombre de  tu vida—pronunció montándola en la encimera —Eres mia pequeña y eso es lo más maravilloso que pude haber esperado. Dara ¿Cuántos años tienes?


Ella se sonrojó un poco—Tengo dieciocho años.


—Por Dios, eres casi una adolescente—afirmó Martino—y yo soy un asaltacunas.

—No soy ninguna adolescente, soy una mujer hecha y derecha, ¿Entendiste? —manifestó enojada.


—Lo certifico—pronunció Martín tomando su rostro y sumergiéndose con ella en un profundo beso, logrando con eso apaciguar el enojo de Dara, no perdió oportunidad y volvió hacerla suya, juntos llegaron a la cúspide más alta de placer, donde se entregaron sin reservas, ni condiciones, eran ellos dos y ese deseos que ardía y los consumía como el fuego al bosque, vorazmente y sin limitaciones. Martín no se cansaba de tocarla, besarla, poseerla y cada vez sentía que sus ganas por ella crecían irremediablemente y que su sabor y su tacto se marcaba a fuego en su alma, como si de un hierro incandescente se tratara.


Horas después de haber tenido los momentos más apasionantes se pusieron a cocinar, demás está decir que Martín se convirtió en su ayudante, lo puso a picar los aliños y a lavar los enseres que ensuciaba durante la preparación de los platos, él intentaba distraerla besándola pero ella no cedía, estaba demasiado concentrada en preparar la comida más exquisita.


Durante esos días su horarios se invirtieron totalmente, prácticamente dormían de día y velaban en la noche, eran las seis de la mañana de navidad, Martín estaba agotado, sentía la necesidad de descansar, pero no quería alejarse de ella, le encantaba su naturalidad, cada gesto, cada palabra, no se cansaba de observarla, Dara iba colándose poco a poco en su sistema.


—¿Por qué no descansamos un par de hora y luego continuamos? —preguntó esperanzado.


Pero Dara con determinación y sin dejarse convencer le respondió —Si estás muy cansado ve a descansar, yo continuo hasta terminar, es que no me gusta dejar mis cosas inconclusas.


Aunque estaba cansado Martín, solo quería dormir con ella, porque así su sueño se hacía más apacible, no había vuelto a pensar en el pasado, sin embargo, en ese momento mirando a Dara vio en ella un atisbo de la traidora y enseguida se cuestionó “Ya basta Martín Dara no es Amarantha, ellas son totalmente diferentes, una es en verdad ingenua la otra lo fingía, una no busca rogarte ni complacerte para congraciarte contigo sino que deja de manifiesto sus ideas, la otra aparentaba no llevarte la contraria para que la creyeras mejor, una es frágil, la otra se hacía, ¿Qué más diferencias quieres entre ellas? y por si fuera poco una te la quería presentar tu madre, a la otra quería alejarla. 



Se sonrió pensando que cuando su madre se diera cuenta con quien estaba involucrado se pondría feliz y en ese momento pensó ¿Y si su madre había planificado ese encuentro con Dara? “No, eso no puede ser posible, la encontré con hipotermia frente a la entrada de la cabaña, eso no se simula, además mi mamá no tenía forma de planificar eso. Creo que estoy paranoico sospechando de todos” se dijo.


Un par de hora después, Dara había terminado de cocinar, todo le había quedado delicioso o eso se percibía del rico olor que impregnaba el ambiente, le faltaba preparar el postre, pero decidió hacerlo más tarde, lo cual lo contentó porque juntos fueron a descansar, se acostaron y  se quedaron dormidos instantáneamente, uno en brazos del otro, con tranquilidad, sosiego incluso con una leve emoción que poco a poco iba inundando sus cuerpos.


Después de cinco horas de descanso Martín se despertó, al hacerlo su corazón se paralizó al ver esos ojitos ámbar observándolos —No descansaste nada, ya estás despierta.


—Me desperté hace un par de minutos, solo te observaba descansar o mejor dicho, babearte y roncar—expresó Dara con burla.


—Mentirosa, no babeo ni ronco—la rebatió Martín.


—Si no me quieres creer, haya tú, te estoy señalando la absoluta verdad—manifestó ella con tranquilidad.


—¿En serio? Nunca nadie me había dicho que roncaba—señaló con las cejas fruncidas.


—Bueno, no sé porque no te lo dijeron, tal vez no querían herir susceptibilidades al ser tan sinceros, o las chicas con quien has estado solo quieren decirte lo que tú quieres escuchar, los que no las hace muy sinceras que digamos—razonó ella.


—Tal vez sea eso, que me rodee de gente mentirosa, que no tienen la mínima valoración de la lealtad y la amistad—respondió con amargura.


—¿Te han hecho mucho daño? —interrogó con curiosidad Dara.


—Mucho, las personas en quien más confiaba, pero no quiero hablar de eso—respondió Martín.


—Dicen que cuando no puedes hablar sobre tus heridas sin que te duelan, es que aun no han cicatrizado. Si se trata de una novia quien te hizo daño, es que aún la amas—expresó Dara mirándolo a los ojos, pero con un leve dolor en su pecho que había comenzado a intensificarse.


—Si aún me hace daño recordar, puede ser que aún haya amor, a pesar de todo, pero es que los sentimientos no son como un interruptor que puedes apagar cuando las cosas no han salido bien—expuso Martín trayendo a su mente, el momento que había conseguido a las dos personas más importante de su vida, su novia y su amigo.


—¡Es cierto!, pero cuando algo te hace daño debes aprender a superarlo, siempre lo mejor es lo que sucede, debes aceptar con resignación lo que la vida te da, sean momentos hermosos o malos, sean lealtades o traiciones, la vida es un equilibrio cada cosa que nos sucede amolda nuestro carácter, nos ayuda a ser fuertes y a medida que pasa el tiempo lo doloroso ya no lo es tanto.


—¿Por qué hablas así? ¿Acaso has recibido traiciones? ¿De las muñecas barbie? —expresó con burla pero a la vez con amargura.


Ella no se molestó de su burla, la ignoró y sonrió —Te sorprenderías si te contara, ¿pero sabes qué? Por eso se llaman traiciones porque vienen de quienes más confías, de la gente importante para ti, de los más cercano, de los que nunca esperarías que te causen daño—se quedó pensativa por un momento—También está la posibilidad de que si amas tanto a esa persona, vuelvas con ella, tal vez logren ser muy felices—señaló mientras se levantaba de la cama, se vestía y salía de la habitación tratando de contener las lágrimas que comenzaban a surcar por sus mejillas.  


“Es difícil contener las lágrimas con un corazón roto” Anónimo.



CAPÍTULO 13. PROPUESTA INESPERADA


Dara salió de la cabaña y se sentó en una mecedora en la parte trasera del  corredor, mientras observaba lo oscuro del día, la nieve seguía incesante sin detenerse por solo un momento, tenía tantas ganas de regresar a la tranquilidad de su residencia con Augusto su amigo, con él siempre estaba segura, porque siempre la protegía, ahora entendía que desde que lo conoció cuando tenia dieciséís años había hecho una burbuja para que no sufriera. 
 
También tenían sentido las palabras que le dijo la última vez que se vieron, porque en menos de cuarenta y ocho horas había vivido con intensidad, estuvo a punto de morir, fue salvada por un hombre que le había arrebatado su virginidad y con quien había hecho el amor más de diez veces, de quien se enamoro sin proponerselo y también le rompió el corazón
 
Subió sus piernas a la silla, se las abrazó y puso su rostro en las rodillas, mientras dejaba que las lágrimas corrieran libremente por sus mejillas y limpiaban ese dolor que sentía la corroía por dentro sin misericordia.
 
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Martín se levantó de la cama, se cepilló se puso un pantalón y salió a buscar a Dara, bajó a la sala, fue a la cocina, subió a la otra habitación y no la vio el temor inundó su corazón, “¿y si se había ido?, no ella no pudo haberse ido con ese temporal” se dijo, se asomó por una ventana y no la vio, se colocó las botas, la chaqueta y salió a buscarla, sin importarle la poca ropa que cargaba, le aterraba la idea de perderla, a ella no, luego pensó en las últimas palabras que habían tenido y se dio cuenta que ella había mal interpretado lo que había dicho.
 
Caminó por el pasillo al frente, los laterales y no estaba, empezó a gritar desesperado —¡Dara! ¡Dara! ¿Dónde estás?
 
Los perros comenzaron a ladrar  y el siguió el sonido, escuchó un llanto ahogado y allí la vio por Dios, apenas estaba cubierta, estaba sentada mientras sus lágrimas corrían, se le partió el corazón de verla así “Es que no sabes hacer nada bien cuando se trata de ella” le recriminó su conciencia “Solo las has hecho llorar desde que la conociste, consigues una buena chica y eres especialista en hacerla sufrir”
 
—Tienes razón ¡Soy un completo imbécil! —expresó en voz alta mientras se le acercaba.
 
Dara al verlo se limpió las lágrimas, pero sus dientes no dejaban de castañear por el frío, cuando estuvo al lado de ella Martín se arrodilló a su lado —No llores mi pequeña, no es lo que piensas, cuando hablé no me refería al amor de mi ex novia sino de otra persona, de mi amigo, algún día te prometo que te contaré esa historia, y no es porque sea dolorosa por ella, eso ya no me importa, sino por él—le dijo tomándola del rostro y besando sus cejas, su frente, sus ojos, sus orejas, sus mejillas, su mentón, hasta su boca.
 
—Yo no lloraba por eso—afirmó ella mientras volvía un pequeño color en su rostro, producto de la mentira descarada que estaba diciendo.
 
—Creo que alguien por allí no está contando la verdad—afirmó Martín. No espero su respuesta, la levantó de la silla, la llevó en sus brazos abriendo la puerta trasera—¡Estas muy fría! ¿Hasta cuándo debo decirte que no salgas con esas ropas al exterior con esta nevada? ¿Quieres enfermarte?
 
—¡Eso no es tu problema!—mencionó belicosa.
 
—Por supuesto que sí, mira ve y te das un baño de agua tibia mientras  te preparo un rico té, te pones tu pijama, luego nos sentamos a entretenernos con los juegos de mesa que trajiste.
 
—¿Revisaste mis cosas? —interrogó Dara.
 
—No, los vi cuando fui por ellas—respondió con una expresión de tranquilidad.
 
Así lo hicieron cuando Dara bajó con los juegos de mesa, tenía servido un té de manzanilla en la mesita del centro, se lo tomó y sintió el rico calor que invadía su cuerpo.
 
Comenzaron a jugar Scrabble, Dara colocó las letras en la funda y las agitó, se las pasó a Martín, quien escogió sus siete letras y después tomó las de ella. La primera en comenzar fue Dara, tomó sus fichas y formó la palabra Pesadas, Martín se sorprendió que a la primera oportunidad pudiera formar su palabra de siete letras. Le tocó el turno a él que cruzó con la palabra de Dara y puso en la letra s la i y la n. Así continuaron por un buen rato, entre discusiones y risas por las trampas que él decía que le hacía Dara.
 
—Pequeña, eres muy tramposa, esa palabra no existe—decía Martín tratándola de persuadirla.
 
—Pues claro que existe, Augusto me enseñó…—solo escuchar el nombre de ese hombre le producía malestar a Martín, quien la interrumpió.
 
—Augusto, Augusto—la mofó—no nombres a ese idiota en mi presencia—expresó molesto.
 
Dara le respondió —No te metas con él, es mi mejor amigo, casi un hermano para mí. Además no sé porque lo ofendes si nunca lo has visto.
 
—Ni lo quiero conocer—espetó despectivamente.
 
—¿Qué mosca te picó? —le dijo ella.
 
—A mi ninguna, es solo que no dejas de nombrarlo, hasta inconsciente lo llamas —le dijo en actitud pendenciera.
 
Dara lo miraba sin comprender esa actitud, no entendía porque le desagradaba Augusto si ni siquiera lo había visto, hasta que cayó en cuenta —Martín, ¿Acaso estás celoso? ¿Me estás celando a mí? —dijo sonriente—tú dijiste que no te importaba que solo me deseabas porque tenías tiempo sin estar con nadie—expresó con curiosidad.
 
—Dara, te mentí porque si me gustas muchísimo, no quiero apartarme un solo instante de ti, pido que no deje de nevar para que no te vayas de mi lado—confesó mirándola con intensidad.
 
Sus palabras la dejaron sorprendida —¿Yo te gusto muchísimo? Pero soy una chica corriente, chicllona, que no tengo ningún atributo físico que destacar.
 
—Pequeñamente perfecta, tu ingenuidad, tú capacidad para justificar a los demás, tus hermosos ojos que hipnotizan con solo verlos, tus carnosos labios rojos tan ricos como una cereza, tu cuerpo se acopla de manera maravillosa conmigo, tus hermosos y apetitosos senos que me provocan como la más hermosa fruta madura y se ajustan a mis manos divinamente. Nunca dudes que eres una chica especial, maravillosa, por dentro y por fuera y me tienes loco por ti, solo quiero estar contigo, no me canso de tus besos, de tus caricias, de tu cuerpo—expresó.
 
Luego la tomó, la besó con desesperación, con todo el deseo que bullía en su interior, a lo que ella respondió feliz, habían sido tan lindas sus palabras que su corazón latía aceleradamente, ella lo amaba y por lo que le dijo Martín también la amaba, siguieron dándose placer, piel con piel, besos con besos, pasión con pasión, fundiéndose una vez más uno con otro, hasta sentir que tocaban el cielo con las manos, sus cuerpos encajaban perfectamente y juntos se deleitaban en el más puro goce.
 
Llegó la hora de la cena, ambos probaron los ricos platos, Martín le daba de comer mientras ella no dejaba de reírse, jugueteaban, se besaban, acariciaban, era tan grande su felicidad que sentía que nada ni nadie podía empañar esa felicidad. Lo mismo sentía él, las emociones que le producía estar con ella eran indescriptible, pero tenía miedo, todo le parecía tan perfecto, que no se cansaba de imaginar cada momento que alguna trampa había tras ello, no quería dejarla ir, quería estar solo con ella, disfrutar de su risa, de sus ocurrencias, de su enfado, era una mujer auténtica, bella por fuera pero mucho más hermosa por dentro.
 
La noche de navidad no pudo ser mejor, disfrutaron, tomaron, bailaron, ambos se divirtieron como nunca lo habían hecho, hablando, conociéndose. 
 
Así transcurrieron tres días más, en los cuales no cesaron de hacer el amor, no perdían oportunidad de unir sus cuerpos y demostrarse con hechos lo que no podían decirse con palabras, no hubo ni un solo lugar de la cabaña donde Dara y Martín no dieran rienda a su pasión, aplacando todas esas sensaciones que corrían como fuego en su interior. 
 
La nieve dejó de caer, Martín sintió miedo porque sabía que ella querría irse donde sus padres, y tal vez no volverían a estar juntos, y pasó, Dara quiso ir a la cabaña donde estaban sus padres, pero al llegar se dieron cuenta de dos cosas, una no tenía energía y dos no estaban, esto produjo una desbordante emoción en él, no quería separarse de ella y la solución había surgido como una revelación en su mente, entretanto su corazón palpitaba con furia anticipándose a lo que sucedería.
 
Fueron hasta la ciudad y ella se comunicó con sus padres, a última hora habían decidido quedarse en Milán, porque escucharon de la nevada y a pesar de que la llamaron no fue posible comunicarse con ella.
 
Hubo un momento durante su estadía en Courmayeur que Martín la dejó en un cafetín mientras él salía, la dejó sola por poco más de una hora, cuando ella le preguntó que estaba haciendo, le respondió que cosas de él, que no tenía porque hacerle saber todos sus movimientos.
 
La actitud de él, causó molestia en Dara, regresaron a la cabaña en el Rubicon de Martín completamente en silencio, al llegar ella se bajó molesta, Martín para apaciguar el ambiente, le dijo que cocinaría él y que quería que esperara en la habitación hasta que le avisara que estaba lista la comida. Dara lo encontró muy misterioso, por un momento pensó que tal vez cuando estaba en el pueblo se había comunicado con su ex, pero desechó esa idea tranquilizándose después.
 
Después de hora y media la llamó desde la escalera, eso la molestó, que fuese incapaz de siquiera de ir a buscarla a la habitación, enfurecida decidió bajar a reclamarle, cuando llegó a la sala, estaba todo con velas aromáticas encendidas y grandes floreros de rosas rojas en el centro, caminó a la cocina y la mesa estaba puesta con un par de candelabros una deliciosa comida, una botella de champagne y Martín exponiendo su gran sonrisa, esperando su reacción.
 
Al ver todo lo que había preparado se emocionó —Esto es fabuloso, no puede creerlo que hayas organizado todo esto en tan poco tiempo—mencionó sorprendida—ni siquiera fui capaz de sospecharlo.
 
—Por ti sería capaz de todo en segundos—respondió Martín acercándose a ella y Abrazándola.
 
La acompañó hacia la mesa sin soltarla, la ayudó a sentarse, la comida se encontraba en una cacerola, sirvió las dos copas de champagne y dos platos, ella probó la comida consistente en un Vitello tonnato o ternera atunada, carne de vacuno con salsa en base de atún, Martín permanecía a la expectativa esperando la opinión Dara mientras ella llevaba un bocado a su boca y cerraba los ojos, luego de un momento pronunció en tono de broma —Está deliciosa, le haces competencia a mi comida.
 
Ambos comieron con apetito, sin dejar de conversar, después de terminar de cenar, Martín le sirvió el postre, se veía nervioso con cada cucharilla que ella se llevaba a la boca, hasta que en una de esas, cuando se iba a llevar otra cucharada, lo vio, brillante, hermoso, un anillo, lo miró al rostro y lo escuchó decir —¿Aceptas casarte conmigo? —escuchó mientras sentía una gran emoción que inundaba todo su interior y sus ojos se iluminaban con la más radiante mirada.
 

“El amor es un secreto que los ojos no saben guardar”. Javier Iriondo.


CAPÍTULO 14. ENCUENTRO PLANEADO


Dara sentía que su corazón bombeaba con mayor rapidez, no podía creer que Martín estuviese pidiéndole matrimonio, ¡Por Dios! habían pasado tantas cosas en escasos seis días que le parecía increíble.


—¿No es muy rápido Martín? Apenas tenemos escaso sseis días conociéndonos, tal vez debamos esperar—intentó tratando de hacerle cambiar de opinión.


—Escúchame mi amor, no necesito tiempo para saber que es contigo con quien quiero pasar el resto de mi vida. Por favor no me rechaces, quiero vivir junto a ti y no separarme ni un solo momento, acepta casarte conmigo por favor, llamamos a nuestros padres para avisarles o lo hacemos después, aunque estoy seguro que estarán encantados, porque algo me dice que ellos tuvieron que ver con nuestro encuentro. Nos casámos en la ciudad, duramos un par de semanas aquí, luego visitamos en Milán a nuestros padres y buscamos establecernos allí.


—No puedo establecerme en Milán, debo seguir estudiando, yo vivo en Roma—expresó Dara, emocionada pero a la vez tratando de tener un poco de cordura.


—Entonces nos instalaremos en Roma, buscaré un trabajo allí, ubicaremos un tipo estudio para vivir mientras nos organizamos, tengo un dinero ahorrado, venderé las acciones de mi empresa, pero no te niegues a nuestra felicidad. Te juro que no hay mujer en el mundo con la cual quiera pasar el resto de mi vida más que contigo.


Ella oía todos sus argumentos y no pudo negarse, porque lo amaba profundamente y sabía que nunca jamás volvería amar a nadie con esa intensidad. Así que sin seguir objetando le respondió —Acepto ser tu esposa ¿Cuándo nos casamos? —interrogó ella.


—En dos días, hoy cuando tuve en el pueblo lleve los documentos míos, falta solo tu acta de nacimiento, podemos llevarlos mañana y pasado será nuestra boda, podemos ir a la ciudad para que compres tu vestido de novia, y hagas los preparativos que quieras para que luzcas como quieras el día de nuestra boda, mi amor—enfatizó besándola, se fundieron en un gran abrazo, gozosos de unir sus vidas para siempre.


—¿Cómo hiciste todo los trámites sin avisarme? ¿Tan seguro estabas de mi?—cuestionó Dara mientras se separaba de su abrazo.


—Tenía dudas, pero el amor me daba la seguridad de que todo saldría bien—respondió Martín.


Comenzaron a hacer todos los preparativos, Dara adquirió su vestido y ansiosos esperaban al día siguiente, no hicieron caso de las tradiciones que decían que era de mala suerte que los novios pasaran juntos la noche antes de la boda, ellos no dejaron de amarse, de tocarte, de impregnarse uno de otro y de fundir sus cuerpos como uno solo en un delicioso deleite.


Al día siguiente, a la hora pautada ella bajó las escaleras luciendo un hermoso vestido corto de color blanco, confeccionado en tela de encaje y tul con un escote tipo barco, mangas tres cuarto de encaje, una falda amplia de tul, por encima de la rodilla, y unos tacones blanco, el cabello le caía suelto por los hombres, con una pequeña corona de flores destacando en su cabeza, maquillada en colores nude, se veía realmente hermosa.


Al Martín verla no pudo simular la alegría que invadió su corazón y todo su cuerpo


—¡Wow! Eres la novia más bella del mundo, brillas como la más esplendorosa estrella en el cielo.


Ella lo vio elegantemente vestido con su traje negro, estaba hermoso y su sonrisa cautivaba su corazón—Tú también estás muy guapo, creo que no hay un novio más simpático que tú—pronunció dándole un pequeño y dulce beso en sus labios.


Martín le colocó la chaqueta para protegerla del inclemente frío antes de salir, la ayudó a subir al Jeep y encendió la calefacción del auto, llegaron al ayuntamiento, no esperaron mucho, y allí delante del funcionario autorizado y dos testigos, pronunciaron sus votos y unieron sus vidas en matrimonio.


De allí fueron a almorzar a un lindo Restaurante ubicado en las afuera de la ciudad,  Il Ristorante Gran Baita, comieron una rica ensalada “Berger”, con queso, tomate fresco, cebolla confitada, pan tostado y aceite de oliva, una selección de embutidos tradicionales servidos con castañas, miel y mantequilla sabor a hierbas, La Bourguignonne, bocados de carne acompañado de papas y salsas rústicas y La Reblochonade, queso cremoso derretido servido con mocetta, papas hervidas y verduras agridulces y de postre unas ricas fresas con crema.


Salieron del Restaurante hasta la cabaña, antes de entrar Martín la tomó en brazos, y cruzaron el umbral de la puerta, mientras se besaban, embelesado uno con otro, él la subió a la habitación la recostó en la cama, comenzó a desnudarla poco a poco con sumo cuidado, luego empezó a acariciarla lentamente, recorrió cada centímetros de su cuerpo pasando los dedos con delicadeza, ella sentía su cuerpo encendido, necesitaba que él, extinguiera ese profundo deseo que la carbonizaba, respondió a sus caricias jadeante y exigente, pidiéndole más con cada movimiento, sintió que su cuerpo se gobernaba solo, no hacía caso a su cerebro sino que estaba abocado a deleitarse con tan exquisitas sensaciones, él comenzó a besarla desde su cuello, pasando por su clavícula, llegó a sus senos, donde empezó a succionar sus areolas, chupaba con placer, enviando un sinfín de sensaciones a cada una de las terminaciones nerviosas de su cuerpo y la hizo gritar del  profundo gozo que la invadió, mientras le rogaba —Por favor Martín, no me tortures, penétrame no aguanto más amor.


Ella recorrió su tórax con la punta de los dedos haciendolo sumir en un profundo placer, él la levantó de las caderas, se puso en la entrada de su centro y se envainó en ella, Dara sintió su duro sexo dentro de ella, encajaban perfectamente, Martín la sentía estrecha y percibía como su sexo la acogía apretando el suyo en su interior, habían nacido uno para el otro, sus cuerpos con una leve capa de sudor comenzaron a moverse, el se introducía y salía con movimientos acompasados, pero Dara la exigió más gritándole —Más fuerte Martín, no me harás daño—le dijo.


Ante su exigencia, él comenzó a aumentar sus arremetidas, se movía fuertemente, mientras de la boca de Dara surgían sonidos guturales, él se movía y ella tocaba sus propios senos dándose masajes, sentía el calor recorrer su cuerpo encendiéndola más si eso era posible, lo que enloqueció más a Martín, quien trataba de controlarse para no llegar al orgasmo antes de que ella disfrutara del mayor placer, ella gritaba, jadeaba sin ningún cohibimiento, hasta que alcanzó la cúspide del placer al mismo tiempo que él se vaciaba en su interior, quedando ambos agotados, laxos uno en brazos del otro.


—Este ha sido el orgasmo más espectacular que he tenido en mi vida —expresó Martín mientras no dejaba de mirar esos hermosos ojos ámbar que lo habían cautivado, besó su cabeza hasta que minutos después ella cayó rendida.


Se sonrió al verla era tan linda, tan tierna, tan perfecta, le encantaban sus ojos, sus labios, su piel, su tamaño, su cuerpo lo volvía loco, pero sobretodo adoraba su dulzura, su espontaneidad, su timidez para algunas cosas pero su intrepidez para otras, era decidida, amorosa, defensora de quienes amaba a mansalva, apasionada y allí se dio cuenta —¡Por Dios! —se dijo—me he enamorado de esta chiquilla, la amo profundamente como nunca he amado ni amaré a nadie — no quería hacerlo porque tenía miedo de ser herido, pero lo que sentía por Dara Malika, era totalmente distinto a lo que sintió por Amarantha, en ese momento se levantó con cuidado de la cama, se vistió con ropa de invierno y salió fuera de la cabaña.


Comenzó a cortar leña, mientras caía en cuenta que no amó a Amarantha, solo amaba la idea de estar enamorado, ella lo había engañado haciéndole creer que era inocente y por eso había permanecido con ella, para no hacerle daño y aunque el sexo entre ellos no era malo, con Dara era distinto, sentía que al estar juntos no solo unían sus cuerpos sino también sus almas, sus espíritus, ambos conformaban un todo, ella era su complemento, su otra mitad. Y si había sufrido por Amarantha fue más por su orgullo de hombre herido, no por amor, el descubrimiento lo satisfizo.


Dara tenía la capacidad de destruir su vida en un segundo si llegase a engañarlo, pero ella nunca le mentiría, era leal, sincera, jamás lo traicionaría, pensó, era demasiado buena y noble para hacerlo, pensó mientras buscaba calmar a su desbocado corazón.


En ese momento pensó en sus padres, no les había avisado que se había casado, Dara tampoco lo hizo con los de ella, pero no importaba porque estaba seguro que el hecho de estar juntos, era un plan de sus respectivos padres y aunque habían tenido razón, les darían la sorpresa de su matrimonio. 


Así fueron pasando las semanas y cada día el amor entre ellos crecía, transcurrieron tres semanas más en la cabaña durante las cuales no dejaron de amarse ni un solo momento, su pequeña tenía buen carácter, siempre se levantaba con una sonrisa, hasta llegó a pensar en su enamoramiento que se trataba de un ángel que había llegado a su vida para quitar la soledad y llenarlo de alegría, de paz, amor y felicidad. 


Llegó el día de marcharse, dejaron estacionado el auto de Dara y se fueron en el Rubicon,  iban cantando por el camino, mientras ella bailaba en su asiento contenta, se veía radiante, observaba que una luz especial había aparecido en su semblante tal vez se trataba del profundo amor que ella le tenía, y que no dejaba de demostrárselo, con atenciones, ternura y con bromas pues no perdía oportunidad de tomarle el pelo, tenía muy buen carácter,  casi nunca callaba, solo lo hacía cuando se sentía triste, eso lo había descubierto un par de días atrás, cuando le dijo que tenía mucho miedo de regresar, porque su ex novia podía aparecerse a reclamarlo, y si él se daba cuenta que la amaba a la otra y no a ella, él se sonrió y la tranquilizó, diciéndole, “Princesa nadie va a reclamarme porque yo soy solo tuyo”, después de eso ella, dejó de estar preocupada.


Llegaron a casa de su madre en Milán, cruzaron la verja del terreno donde estaba ubicada la casa, su madre se encontraba  limpiando su jardín, al verlos su sorpresa fue grandiosa, salió corriendo a abrazarlo —¡Oh mi príncipe! ¡Eres tú mi niño! Estoy tan feliz de verte, te ves tan apuesto y feliz—Martín le respondió abrazándola.


Luego ella dirigió su mirada a Dara —¡Oh por Dios! Mi preciosa niña, mi chiquitina, mi dulce princesa—le decía besando su rostro.


—Madrina, ya no soy una niña—le cuestionó Dara.


—Óyeme bien, tú siempre serás mi niña, nunca olvidaré cuando te vi por primera vez, tenías seis meses y llorabas sin llorar, es decir, tus ojitos anegados de lágrimas pero sin abrir tu boca, solo formabas con tu boquita un pequeño puchero, fuiste la bebé más dulce que he visto en mi vida—contó ella risueña.


—Madrina me estás avergonzando—le dijo la chica, en ese momento María Martha pudo verlo su mano, con un anillo de pedida y uno de boda, extendió la mirada a la mano izquierda de su hijo y pudo  ver el anillo, sin pérdida de tiempo los emplazó.


—¿Se casaron? Y no nos avisaron, si serán tan ingratos, nos dejaron a un lado aún cuando fuimos nosotros quienes planificamos todo para que se conocieran—al darse cuenta de lo que había dicho se tapó la boca sorprendida mirando como el par de recién casados se miraban entre ellos y luego extendían la mirada hacia ella.


—¿Puedes explicarnos eso madre? ¿Cómo fue que ustedes planificaron el encuentro? —la interrogó Martín.


—Tengo que abonar unas plantas…—pero fue interrumpida por Dara.


—No madrina, no puedes soltar una bomba así e irte, nos debes una explicación a Martín y a mí, sobre lo que acabas de decir ¿Cómo es eso de que mis padres y ustedes planificaron nuestro encuentro? Explíqueme como si yo fuese una párvula, porque no la entiendo o mejor dicho, me niego a creer que hayan sido capaz de hacer eso y de jugar con nuestras vidas como si fuésemos títeres—expresó la joven con firmeza, pues si algo le molestaba era que la utilizaran como sentían lo habían hecho, aunque en el fondo sabía que actuaron por el amor que se había despertado y sentido entre ellos, sin embargo, cruzó sus brazos en su pecho mientras esperaba que María Martha hablara, quien intentó buscar apoyo de su hijo, pero este la miraba con mayor intensidad que la chica, ambos haciendo un frente común en su contra.


“Se puede dudar de lo que se dice, pero no de lo que se siente”. Anónimo.

 

CAPÍTULO 15. DISPUTA


María Martha, sintiéndose en desventaja salió corriendo hacia dentro llamando a su esposo —Martino, ¡Esposo! ¡Auxilio! —exclamaba dramáticamente, mientras Dara y Martín la seguían.


Al oír los gritos de su esposa el hombre salió corriendo —¡¿Qué pasó mi amor?!—preguntaba nervioso, hasta que pudo ver a la pareja que detrás de su esposa  caminaban con un semblante nada amigable—explotó el lío pensó— ¿Ves María Martha? Les dije que no era buena idea, que no debían intervenir en la vida de sus hijos, que eso no podía dar resultado.


—Martino, claro que si dio resultado, este par de malagradecidos se casaron y no nos invitaron—reclamó la mujer indignada.


—Es lo menos que se merecen por ser tan manipuladores, ¿Nos van a explicar como lo hicieron o tendremos que averiguarlo por nuestra cuenta?—los interrogó Martín.


—Es que desde que yo vi a Dara, cautivó mi corazón, era una niña tan preciosa, tú también la viste mientras era una bebé, tú tenías seis años y la protegías, jugabas con ella, hasta que sus padres debieron mudarse a Sicilia, volviendo cuando la niña tenía diez años, tú ya te habías ido a la universidad por eso no la volviste a ver, Darita padeció muchas situaciones, que era para que se convirtiera en una niña amargada y vengativa, sin embargo, ella era siempre dulzura, me propuse desde ese momento, que cuando creciera sería tu esposa.


«Tú eres mi niño más dulce, tierno, cariñoso y cuando te involucraste con esa mujer, que ni siquiera me gusta nombrarla, empezaste a perder tu esencia, ella no me gustaba, era mala influencia para ti, interesada, te apartaba de tu familia, era una egoísta, en cambio mi Dara es todo lo contrario, es lo que necesitas en tu vida, el día que la invite a comer estaba tan emocionada de que coincidieran, pero tú te negaste a conocerla.


»Cuando supe que habías terminado tu relación con esa mujer y que te habías internado en esa cabaña a padecer tu dolor, esperé que regresaras, pero no lo hiciste por eso llamé a los padres de Dara, a quien les propuse que le dijeran que estarían en Courmayeur, para que ella se fuese para allá, de hecho ellos contrataron a alguien para que dañaran el dispensador eléctrico de la cabaña donde supuestamente se iban a quedar, para que Dara se viera obligada a pedirte ayuda y de allí confiábamos que todo se diera solo—concluyó un poco ruborizada.


—Bueno madre, te cuento que no fue necesario que Dara llegara a la otra cabaña, su carro cayó en una zanja y debió ir a buscar ayuda en mi cabaña, pero en el trayecto la gran nevada la afectó y cayó en la puerta de entrada de la cabaña donde yo estaba, con hipotermia, la recogí, la auxilie, nos fuimos conociendo y nos enamoramos, como sabemos que fuimos creados uno para el otro nos comprometimos, nos casamos y decidimos no invitarlos por intentar manipularnos.


—Viste yo sabía que si se conocían se enamorarían, una madre nunca se equivoca, ustedes son tal para cual, hacen una linda pareja, estoy feliz de haber tenido éxito en mi primera tarea de celestina. Me faltan mis otros hijos—pronunció con tranquilidad.


—¿Pretendes montarles trampas a mis hermanos? —interrogó incrédulo Martín.


—Si, porque ustedes los hombres tiende hacer lentos para identificar el amor, creo que mi Martina no va a necesitar de mi ayuda, ella sabrá identificar a su amor apenas verlo.


—Madrina, no puedes pretender manipular a todos, no debes intervenir en el destino, debes dejar que las cosas se den de manera espontánea—afirmó Dara.


—Mi niña, ¿No has oído el dicho que dice “Ayúdate que yo te ayudaré” o el otro que dice “A Dios rogando y con el Mazó dando”? Así que usted tranquila y cooperando, ahora ambos tienen que cuidar ese amor, recuerden que deben cultivarlo cada día para que florezca, y no se olviden, la base de toda relación es la comunicación y la confianza, si eso se no sé hace, el matrimonio fracasa—expresó con convicción—ahora pasen para que se ubiquen en la habitación de Martín, mientras les preparo algo de comer—se acercó a Dara y le dio un beso en cada mejilla—Bienvenida a la familia mi amor—manifestó con ternura.


Enseguida el señor Martino siguió su ejemplo— Bienvenida a la familia Landaeta Fernández, solo te pido hagas feliz a mi chico y tu hijo debes hacer feliz a nuestra Dara, a ella la sentimos como otra de nuestros hijos.


—Gracias padrinos—respondió con una radiante sonrisa Dara, mientras les devolvía el beso.


Al escuchar la bienvenida, Martín la tomó de la mano y subió a su habitación, colocaron sus maletas al lado del closet, cuando ella iba a voltearse tenía a su esposo pegado a su cuerpo, sentía su miembro erecto detrás de ella, se inclinó y besó su cuello, dándole pequeños mordiscos —Te deseo mi pequeña esposa, no me cansó de ti, de poseerte.


Ella sintió su cuerpo erizarse, sintió que sus senos se henchían dentro de su brassier, la ropa le molestó, él introdujo su mano por su camisa, apartó el sostén y comenzó a realizar pequeños círculos mientras bajaba por su cuello. Dara comenzó a jadear —¡Por favor Martín!—suplicó.


—Tus deseos son ordenes—dicho eso le bajó el pantalón, le comenzó a acariciar sus glúteos de forma circular, primero de manera suave, luego fue intensificado sus caricias, su esposa lo enloquecía, no podía pensar en otra cosa sino en poseerla, nunca le pasó eso con su ex, se quitó el pantalón, inclinó la parte superior de Dara en la cama y se posicionó detrás de ella, penetrándola  desde atrás, arremetió con fuerza en su interior, el golpeteó de sus cuerpos hacía estremecer la cama mientras la chica jadeaba totalmente en enfebrecida —¡Oh por Dios ¡ Esposo no pares.


—¿Te gusta? ¿Dime Dara que te estás sintiendo genial? —preguntaba él desbordante de pasión mientras entraba y salía del cuerpo de su esposa con ímpetu. Dara experimentaba un delicioso estremecimiento en su cuerpo, era una mezcla de placer con dolor que la tenía al borde del orgasmo. Martín aumentó sus embistes tomándola de las caderas y golpeteando su derrier con su pelvis, ella comenzó a gritar —Cielo no grites mucho, que mis padres pueden oírnos—afirmó Martín riéndose, le encantaba la forma de reaccionar de su mujer.


Ella dejó de jadear, pero para evitar que esos sonidos salieran de su boca, se mordió con fuerza el labio sintiendo en su lengua el sabor característico de la sangre. Así continuaron, hasta que ambos lograron al mismo tiempo el mayor éxtasis que pudieron haber experimentado e  imaginado en sus vidas.


Martín se salió de ella buscó una toalla para limpiarla y luego lo hizo él. Le subió la ropa, la volteó de frente, tomo sus mejillas y besó nuevamente su boca, después dijo—¡Eres fantástica! Aprendes muy rápido, te estás convirtiendo en toda una zorra—expresó sin dejar de mirarla.


—¡¿Zorra?! —Interrogó Dara mientras sus mejillas se encendían—soy un zorra por querer complacerte ¡Vaya gracias! —espetó molesta apartándolo de encima de ella con tanta fuerza que lo hizo tambalearse pese a su tamaño y se dirigió a la puerta para retirarse de su presencia.


Al verla que se dirigía a la puerta Martín la llamó —¡Dara! —ella lo ignoró—¡Dara detente! —pero siguió su camino y abrió la puerta. De inmediato él cerró la puerta e impidió que saliera.


—¡Abre la maldita puerta! ¡Qué esta zorra quiere Salir!—espetó con tal furia que su voz fue un grito agudo.


—¡No seas grosera! te estoy llamando no puedes pretender ignorarme—respondió Martín.


—¿Tú si puedes insultarme? —interrogó ella con su rostro carmesí de lo molesta que estaba.


—Dara, no lo dije como un insulto pretendía ser un halago—expresó él como si estuviese hablando con una niña.


—¿Desde cuándo decirle zorra a una mujer es un halago? —prosiguió molesta—será en tu ambiente, porque en el mío es un insulto. No volverás a tocarme en tu vida Martín Adrián Landaeta Fernández.


—No puedes hacer eso, es injusto pequeña, déjame explicarte. Lo dije porque me haces feliz como me haces sentir, además dicen que una mujer perfecta debe ser ante todo una dama en la calle, una señora en la casa y una zorra en la cama, y tú cumples maravillosamente esos tres requisitos.


—Pareces abogado, argumentando para todo, pero claro eso es lo que hace la gente de publicidad, convertir las desventajas en ventajas, te pareciste tanto a alguien que conozco, que hasta parece estar viendo un clon de él.


—¿De quién hablas? —interrogó con curiosidad.


—De alguien que no conoces y cercano a mí—respondió la chica—ahora apártate para salir.


Martín se recostó de la puerta —¿De quién de Augusto? Pues no lo vas a ver más—pronunció con énfasis, mientras los celos lo corroían por dentro.


Allí la chica reaccionó con una seriedad, una firmeza pero con un tono de voz suave que lo dejó sorprendido— Estás equivocándote conmigo Martín Adrián, no soy una pusilánime a quien puedas manipular e imponer tus criterios. Augusto es mi amigo y lo seguirá siendo quieras o no, tienes dos alternativas ¿Lo conoces y tienes acercamiento con él para que seamos ambos amigos ó no lo conoces y yo sigo siendo sola su amiga? ¿Me he explicado? —espetó empujándolo, abriendo la puerta y saliendo de la habitación sin esperarlo y sin mirar atrás.


Martín se quedó viéndola sorprendido pero con orgullo, como su esposa salía luego de haber expresado su punto de vista, contrario a lo que él había propuesto —Creo que la he cagado y no va a servirme de nada sonsacarla con sexo—expresó en voz alta.


Cuando bajó, su madre estaba cocinando, mientras su padre leía el periódico, la buscó en la sala, en la biblioteca, salió al patio trasero dio un recorrido, luego al frente y no la vio, por ello regresó a la cocina, donde esta vez su padre estaba colocando la mesa, inmediatamente preguntó —Padres  ¿Y mi esposa?


—¿No te avisó que iba a casa de sus padres? Iba a ir en el Rubicon, pero yo preferí que se fuera en mi auto, es más cómodo para ella—expuso su madre.



—No me dijo nada, discutimos y salió muy molesta, nunca la había visto así, en estas cuatro semanas que tenemos conociéndonos, fue como el mar calmado antes de la tormenta—señaló con preocupación.


—Ahora dime Martín, ¿Qué le hiciste a Dara? Ella es la niña más dulce que conozco, solo se molesta ante las injusticias—afirmó su madre.


—Yooo…—le daba vergüenza reconocer ante sus padres que había provocado la molestia de Dara.


—Termina de hablar Martín, estamos esperando—le instó su padre.


—Le prohibí que tratara a su amigo Augusto—expresó apenado.


—¡¿Hiciste quééé?!—exclamó su madre abriendo los ojos sorprendidamente.


—¿Cómo hiciste eso? —recriminó su padre.


—Yo estaba celoso, porque ella siempre habla bien de él, le brillan sus ojos al hacerlo, y hasta cuando estaba inconsciente por la hipotermia, lo llamaba. No quiero que esté cerca de ese hombre, porque no quiero me vuelva a pasar lo que sucedió con Antha y Marino.


—Dara no es ni la sombra de esa arpía, ellas no tienen mínimo punto de comparación. Ese es tu gran problema Martín, que estás desconfiando de quien no debes y eso puede ser tu perdición—pronunció su madre molesta, saliendo de la cocina—ya no quiero comer, se me ha quitado el apetito.


—Se ha molestado, ahora no se qué vas hacer con tu esposa y tu madre molesta—debes hacer mucho mérito para que te perdonen hijo, la has embarrado y mucho—le dijo su padre mientras palmeaba su hombro.


—¿Y ahora qué hago? —preguntó preocupado Martín.


—Veré que puedo hacer por ti—indicó su padre en un tono y aire de suficiencia, que hicieron que Martín elevara las cejas sorprendido pensando que por la actitud de su  padre creería que no tiene nada de qué preocuparse, se manejaba con tanta confianza, que si no es porque estaba claro de lo que había hecho, pensaría que no había pasado nada malo ¿Será que sabía algo que él no?, pensó.


“Solo existe una fuente de conocimiento: La experiencia” Albert Einstein.



CAPÍTULO 16. ¡ASÍ NO SE SOLUCIONAN LOS PROBLEMAS!


Dara llegó a casa de sus padres, a penas la vieron se fundieron los tres en un gran abrazo —¡Oh mi niña! Ya llegaste. Estábamos preocupados por ti.


Ella los abrazó percibiendo el rico aroma de sus cuerpos, le daba tanta tranquilidad tenerlos cerca, eran su motor, su soporte, él único puente seguro en su vida, siempre había sido así.


—Papi, mami, los extrañé mucho. Quería recibir la navidad junto a ustedes abrazada como cuando era una bebita—expresó con un dejo de tristeza pero a la vez ternura.


—Mi beba, perdónanos por haberte dejado sola, pensamos que Martín…—comenzó a decir la señora pero su esposo, le dio un pequeño codazo a la altura de la cintura para que se interrumpiera, lo cual no pasó desapercibido para Dara.


—Entonces ustedes fueron parte del plan junto con mis padrinos ¿Por qué? ¿Se cansaron de mí? ¿No quieren tener nada que ver con esa niña que les entregaron a los seis meses porque nadie la quería? —interrogó con una profunda mirada de tristeza—Saben no era necesario, sólo tenían que decirme que no querían verme más y les hubiese complacido—concluyó mientras las lágrimas asomaban en sus ojos y comenzaban a escapabar por sus mejillas.


—¡Por Dios! ¿Qué estás diciendo? Te amamos desde que naciste y nunca has sido carga para nosotros, le has dado luz, esperanza y alegría a nuestras vidas, el amor que sentimos por ti es profundo—expresó con pasión su padre.


—No puedes decirnos eso, siempre te hemos amado, por eso queríamos verte con un buen chico, pero si no te agrada y no quieres estar con él, respetaremos tu decisión, eres lo más importante para nosotros mi niña—afirmó su madre besando la coronilla de su cabeza.


—Bueno a decir verdad, no está mal ese chico que escogieron, aunque es un obtuso, cabezota, que me provoca darle sartenazos para ver si logro que su cerebro se active—expuso con tanto ímpetu que sus padres no pudieron evitar reírse.


—Mi niña eres un soplo de vida para esta casa. ¿Almorzaste? Tu madre hizo una exquisita comida, tan buena como las que preparas—comentó su padre.


—Entonces vamos a comer—propuso la chica, pero mientras comía comenzó a bostezar y sus ojos empezaron a cerrarse, quedándose adormitada en la silla mientras comía.


Su madre la observó, le extrañó que Dara se quedara dormida en la mesa, cuando no era de mucho dormir, de inmediato la llamó —¡Dara! ¡Dara! Despierta hijita, te has quedado dormida sentada.


Ella se despertó sorprendida —lo siento pero tengo un sueño que no puedo controlar, pero también tengo muchísima hambre—manifestó tomando una presa de pollo que hasta hacía pocos momentos se encontraba en su plato.


—¿Por qué tienes tanto sueño? —preguntó con curiosidad su padre.


—Hija, ¿No te habrás acostado con Martín? Duraste un mes en Courmayeur ¿Qué hiciste? —la interrogó preocupada su madre, mientras su padre las miraba sorprendida.


—Bueno lo lógico que ocurriría, ¿No eran lo que esperaban? Que conociera a Martín y me enamorara, bueno eso pasó y mucho más me entregué a él y…—su padre la interrumpió y el rostro de su madre se volvió carmesí.


—Una cosa es que quisiéramos que se conocieran y otra distinta que hayan llegado tan lejos—expuso molesto su padre.


—Pues no sé qué hacían en sus tiempos, pero actualmente ¿Qué creen que van a hacer un hombre y una mujer solos, aislados por la nieve en una cabaña de una sola habitación? —expuso levantando sus cejas, lo estaba haciendo intencionadamente para escandalizarlos, porque no les había perdonado su manipulación. Justo en ese instante comenzaron a tocar el timbre de la casa y fue su padre quien acudió a abrir la puerta, entretanto su madre y ella se quedaron hablando.


—No usaste ninguna protección—más que una pregunta fue una afirmación de su madre, la chica movió su cabeza negativamente—debes hacerte una prueba de embarazo Dara, esa somnolencia no es normal en ti, solo puede ser un indicio de lo que me estoy imaginando.


Ante las palabras de su madre se quedó sorprendida y de inmediato su conciencia le incordio “¡Por Dios mijita! Hiciste el amor con Martín por todos lados de la cabaña, a todas horas y las posiciones inimaginables, parecían unos conejos, que creías que ibas a conseguir más que una visita de la cigüeña”, no pudo replicar nada porque justo llegó al comedor el culpable de sus tormentos.


—Señora Azelia, ¿Cómo está? —saludó con caballerosidad, tomando su mano y besándole el dorso, mientras la señora se sonrojaba.


—Martín, todo bien. Acá conversando con nuestra hija. Tengo entendido que pasaron un mes en la cabaña, y hubo más que una amistad entre ustedes—replicó el padre de Dara.


—¡Sí claro! no me caso con mis amigas—expuso con una sonrisa ladeada, pero con seguridad Martín.


—¡¿Cómo?! —interrogó Don Doménico.


—Dara y yo nos casamos en Courmayeur hace tres semanas, ¿Ella no se los dijo? —interrogó mientras miraba a su esposa que se sonrojó ante su mirada. Allí supo que como no les había comentado de su matrimonio, tampoco lo había hecho sobre la discusión que habían tenido.


—No me había dado tiempo de contarles—mencionó apenada—estaba justamente en eso cuando llegaste.


Martín se aprovechó de lo que estaba pasando, tomó asiento junto a Dara en un extremo de la mesa, mientras colocaba su mano en la rodilla debajo del mantel, por lo cual solo ellos podían darse cuenta de lo que pasaba, comenzó hacer movimientos circulares y fue subiendo poco a poco, le fue acariciando por las piernas hasta posarse en su femineidad, pero sin hacer ningún movimiento.


Dara lo miro con enojo en su rostro, sin embargo, estaba deseosa que moviera sus manos en su centro, sentía como una lava caliente corría por su cuerpo, sus pezones  empezaron a erguirse como coronas en su senos, estaba completamente excitada, un líquido comenzó a salir de su interior, intentó cerrar sus piernas pero la mano de Martín se lo impedía, el muy sinvergüenza se estaba aprovechando de los efectos que tenían  sus caricias en su cuerpo,  seguía hablando tan tranquilo como si no pasara nada mientras que ella solo tenía cabeza para el cúmulo de sensaciones que le  producía  esa caricia, él comenzó a mover en círculos su manos, produciendo casi una explosión en ella, pero era tan deliciosa la sensación que abrió más sus piernas para darle mayor acceso, un sonido gutural salió de su boca y Martín sonrió, esa actitud, causó molestia en ella y se obligó a tomar el control.


Decidida también a jugar al mismo juego que su esposo, posó su mano en su pelvis y sintió lo duro de su miembro, comenzó a acariciarlo por encima del pantalón, la cara de sorpresa de Martín, la hizo soltar una carcajada, trayendo la atención de sus padres que los miraron extrañados, ella se puso roja de la vergüenza, pero enseguida su esposo salió en su ayuda.


—Disculpen, necesito ir a un baño urgente—expresó Martín con voz entrecortada producto de la excitación—por favor amor acompáñame, para saber dónde queda—pidió tomándola de la mano, ella se levantó de inmediato y corrieron juntos al piso superior, llegó al baño y la llevó con él.


Apenas entraron él comenzó a besarla con desesperación, le arrancó la ropa sin delicadeza, ella colocó su mano en el pecho y extendiendo su dedo índice  frente al rostro de Martín le dijo —Ni creas que esto va a lograr manipularme, aún sigo molesta, pero quiero lo que tengas para darme—pronunció tomándolo de la nuca para acercarlo a su rostro y besarlo con una pasión voraz.


—Te prometo pequeña que seremos amigos hasta del perro de la vecina si tú quieres, por ti toleraré a ese Octavio pero si se te acerca mucho, le quiebro los dientes —manifestó levantándola por los pompis para acercarla a su miembro mientras la pasión se desataba entre ellos.


La recostó en la pared del baño, ardiendo en deseos por hacerla  suya de mil maneras y saciar esa hambre y sed de su cuerpo, de su piel y de su precioso sexo que lo volvía una bestia salvaje en busca de su alimento.


La levantó un poco más haciendo que sus hermosas piernas lo rodearan y sus sexos quedaran unidos aún por la poca ropa que le dejó, la besó con hambre, lamiendo y buscando adentrarse más y más en  su cavidad, nunca tenía suficiente de ella, lo enloquecía con su sabor, poco a poco la rozaba con su miembro aún cubierto por el molesto pantalón, ella gemía en respuesta de dicho roce que la llevaba a lugares que hasta hace un poco más de un mes desconocía.


Cada vez que la tomaba, que se entregaba, encontraba en él más pasión, más lujuria, cada instante se acercaba más a esa liberación que ansiaba su cuerpo, ese delicioso momento pre orgásmico que experimentaba en los momentos que se encontraba entre sus brazos, disfrutando de sus caricias, se sentía en  la gloria como si siempre le hubiese pertenecido.


Martín la acariciaba por todos lados y se embebía de su delicioso olor y lo suave de su piel trazando surcos con su lengua desde el cuello hasta detrás de su oreja obteniendo como recompensa ese gemido gutural que lo llevaba al cielo. Se apretó más a ella y la presionó con la pelvis para que esos mismos gemidos se convirtieran en gritos y alcanzara el orgasmo deseado, para de esa manera demostrar que su cuerpo le pertenecía por completo, desabrochó su pantalón y aún con los espasmos de su liberación la penetró sin pausa, a lo que ella respondió arqueando la espalda y profiriendo un grito de dolor y placer siendo su mantra el nombre de su amado Martín.


La embestía  casi desesperado, nunca pensó que una mujer lo llevaría al punto de desbocarse y necesitar estar dentro de ella prácticamente para vivir, Dara introdujo los dedos entre su cabello e inclinó su cabeza para poder saborear un poco más esos labios que le entregaban una vez más su dulzura y su sabor a hombre.


Estaban extasiados, ambos danzaban en un vaivén de caderas consonantes al delicioso ritmo del deseo y la pasión desbordada en sus cuerpos, más y más rápido para desenfrenadamente buscar su clímax y así gozar de las deliciosa sensaciones que les  producía, cada vez más rápido y ella lo apretaba como si de un puño se tratara hasta que ambos estallaron en un torbellino de éxtasis, entre espasmos y convulsiones, liberando todo ese deseo que poseían y esas ansias que tenían el uno del otro.


Martín se subió el pantalón, arregló un poco a Dara y ella le indicó la habitación donde él la condujo en brazos, la depositó en la cama con cuidado, besándola de nuevo y encendiendo la pasión como si fuera una mecha y sus cuerpos fueran pólvora vulnerables a una chispa.


Nuevamente la desnudó, dejándola solo con la tanga  y él con ella, recorrió toda su boca en un beso ardiente, húmedo y lleno de pasíón. Causando en ella un cosquilleo delicioso en su columna vertebral, excitándola hasta el punto de gritarle y pedirle que aceleraras sus acometidas, Martín la complació, y se movió más fuerte, salía con estocadas firmes y  certeras, dando atención especial a esos provocativos senos que lo enloquecían por su firmeza, por lo duro de los pezones que lamió y mordisqueó a su antojo, arrancó el tanga que llevaba ella puesta y a trompicones  se deshizo de su bóxer también y así sintiéndose libre se movió más fuerte haciéndola gritar de placer una vez más, alcanzando el divino orgasmo, desatando el éxtasis deseado desde que llegó a buscarla en esa casa, y con su voz ronca producto de los estragos de la pasión que aún sentía pronunció —Te amo esposa, nunca jamás te dejaré de amar, lo que siento por ti nunca lo he sentido por nadie más. Eres mi vida, mi aliento, mi mejor momento, mi alegría. Mi felicidad—concluyó sumergiéndose nuevamente en la exquisitez de sus besos y enterrándose profundamente en su calor, volviendo a experimentar el mayor éxtasis que un par de enamorados podían desear.


"El amor es lo más fuerte de las pasiones, porque ataca al mismo tiempo a la cabeza, al cuerpo y al corazón" — Voltaire—



CAPÍTULO 17.ENTRENAMIENTO DE SUEGRA


La pareja se quedó un momento adormitada, hasta que se escucharon unos toques en la puerta, Dara se sobresaltó preocupada e intentó alejase de Martín, pero este no la soltó sino que la acercó más a su cuerpo —Martín, por favor pueden ser alguno de mis padres—suplicó en voz suave.


—¿Y cuál es el problema? —preguntó Martín sin dejar de mirarla mientras ella lo observaba, con su rostro pálido de los nervios,


— Martín son mis padres, para que me vean en esta situación encerrada contigo—expresó con ingenuidad la chica.


—Amor,  es cierto son tus padres pero yo soy tu esposo, no hay nada que temer, ni tampoco nada de que avergonzarse, es un hecho natural que un par de recién casados quieran pasar tiempo a solas para dar rienda suelta a su pasión—replicó sonriente.


—¡Es verdad! Estamos casados, somos marido y mujer—pronunció tapándose la boca con su mano como si no se lo creyése, mientras esbozaba una gran sonrisa.


Luego de apenas segundos, decidida se levantó de la cama, se colocó una bata, caminó hacia la puerta de la habitación para enfrentarse con la persona que estuviera allí. Al hacerlo estaba su madre quien la escaneo de cuerpo completo—Dara, ¿Estás bien? —interrogó su madre.


—Estoy perfectamente bien madre, decidimos quedarnos en mi habitación, porque tenía mucho sueño—respondió con tranquilidad la chica.


—Dara—bajó la voz su madre para preguntarle—¿Le contaste a Martín que estás esperando un hijo?


Ella respondió también en un tono de voz apenas audible —No madre, creo que es mejor hacerme las pruebas y comprobar esa información.


—Hija, ¿Acaso te has protegido durante el tiempo que has estado con Martín? —preguntó su madre observándole con intensidad. La chica movió negativamente la cabeza—Bueno mi niña ¡Así nacen los niños! ¿O acaso creíste que te los traía la  cigüeña cuando se los pidieras? —interrogó con sarcasmo su mamá, pero sin elevar la voz.


Dara iba abrir su boca para protestar, pero de cierta manera se dio cuenta que su madre tenía razón —Lo siento, pero no pensé en eso, a decir verdad ni remotamente lo hice—su madre la miró con un semblante de tristeza en su rostro y la joven continúo hablando—he sido una mujer irresponsable—confesó.


—Nunca lo has sido, te dejaste llevar, pero un bebé es cuestión de dos, así que el hombre que está allí adentro, es el responsable mayor, porque tú eras virgen e inexperimentada en esas lides, pero él no—pronunció molesto la señora—creo que debería reclamarle su falta de cuidado—expresó.


—¡Claro que no! Ni se te ocurra, además no me desagrada la idea de ser madre—confesó sonriendo—No lo tenía previsto, pero no puedo llorar en la leche derramada, además me imagino un mini Martín corriendo por toda esta casa, ¿Tienes una idea de lo hermoso que crecería y en lo consentidora que te convertirías?


—Si me lo imaginó, sería una experiencia maravillosa, pero me preocupas porque aún eres una criatura, y aunque queríamos que se conocieran y consolidaran una relación, creo que todo ha acontecido demasiado a prisa, no lo esperábamos de esa manera.


—Pero pasó, madre debo hablar con Martín, aunque no le diré lo del posible bebé hasta que no esté comprobado—pronunció Dara con determinación.


—Está bien, es tu decisión. Te esperaremos abajo.


Se despidieron y cuando entró Martín permanecía en la misma posición que se quedó, estaba sosteniendo su rostro en su brazo flexionado—¿En dónde estábamos esposa? —interrogó con coquetería, mientras se bajaba la sabana para dejar ver su hombría totalmente erguida.


Ella lo vio, se humedeció los labios con la lengua producto de la excitación y con firmeza le respondió—¡No estábamos en ninguna parte! Ni lo intentes caballerito en manipularme, porque esta vez te prometo que no lo vas a conseguir.


—Pero mi amor ¿Por qué te has enojado? Ya todo estaba muy bien entre nosotros—expresó acercándose a ella con un puchero, que a ella le provocó besarlo hasta hacerlo enloquecer, pero se logró contener.


Le puso las manos en el pecho diciéndole —Si no recuerdas, me llamaste zorra y pretendes escoger hasta a mis amistades, habrase visto semejante barbarie—manifestó molesta.


—Pequeña, te explique que nunca quiso ser una ofensa, era más bien un halago —ella levantó sorprendidamente su ceja.


—Querido, abstente de darme esos halagos tan maravillosos—pronunció con sarcasmo.


—Juro por mi madre que es la mujer que más quiero en el mundo, que no tenía intenciones de hacerte sentir mal, todo fue tan maravilloso, es que eres perfecta mi Dara, eres una esponjita que aprendes rápido, tan buen alumna que superas al maestro, eres una delicia, me vuelves loco de tal manera que pierdo la noción de lo que hablo, de lo que pienso, y te tengo presente las veinticuatro horas al día, quiero estar cada momento contigo, te amo mi pequeña, no te enojes, prometo no volver a decirte esas cosas que te molestan, por favor mi Dara—manifestó mientras la tomaba de su mentón y le besaba el cuello, mordisqueándola con suavidad.



Dara lo apartó de cuello—Aún no he acabado contigo Martín—la abrazó, atrayéndola hacia él, mientras caían en la cama, buscó su boca y la besó con pasión, ella sintió un cosquilleo en su piel, pero inmediatamente pensó, que debía oponerse, porque sino Martín reaccionaría siempre así y no le respetaría su punto de vista.


—Te amo esposa, te necesito, por favor, no me canso de ti—pronunció con voz apasionada.


Dara lo frenó empujándolo y con voz fuerte expresó —¡No Martín! veo que así demuestras lo importante que soy para ti, te niegas a oírme y tratas de usar tu cuerpo y tus caricias para hacerme olvidar del reclamo que debo hacerte—finalizó enfadada,


Cuando Martín la vio tan enfadada, se levantó de la cama y se vistió, ella le respondió inmediatamente —Ahora te indignas, cuando fallaste tú.


Martín la observó, respiró profundo y le dijo—No estoy indignado, solo me visto para que mi cuerpo no te provoque y no te distraiga del reclamo que debes hacerme—le dijo sentándose en la silla de la peinadora—¿Puedo hacerte una petición?—La interrogó.


—¿Cuál petición Martín? —preguntó Dara con el ceño fruncido.


—Que también te vistas, para estar en iguales circunstancias, porque viéndote allí, frente a mí, casi desnuda, puedo pensar que estás usando tu cuerpo para provocarme y anular cualquier pensamiento coherente, que yo pueda tener—habló con seriedad.


—Pues, para tu información no pienso cambiarme, porque ando en bata de baño, deja de estar curioseando donde no debes—enfatizó molesta, mientras su esposo no la dejaba de mirar.


—Eso sí es desigualdad…—comenzó a hablar pero ella lo interrumpió.


—Quédate callado Martín y escúchame—se levantó de la cama y se le paró al frente poniendo sus manos en la cintura—nunca más vuelvas a pretender prohibirme que deje de hablarle a alguien, si no te gustan mis amistades, lo siento por ti, pero no espero dejarlas a un lado, ni renunciar a ellas, ni siquiera por ti, porque si fuese importante para ti, no estarías imponiéndome condiciones—afirmó realmente enfadada.


Martín se quedó viéndola intensamente, se veía tan hermosa, con sus mejillas ruborizadas producto del enfado y la fuerza que había puesto en cada una de sus palabras, inmediatamente no pudo evitar que su miembro endureciera en el interior de su pantalón, respiró profundo, “su esposa no lo dejaba concentrarse, parecía un perro detrás de una perra encelo, ¡Por Dios! que ni supiera que tenía esos pensamientos para compararla con un perro, allí si la perdería, desconocía que le pasaba con Dara, ella lo ponía lento, perdía su facultad de razonar coherentemente”, pensó.


—¿Es que no piensas responderme? —interrogó sin renunciar en un solo momento a su molestia.


“Dios, debía darle la razón rápido para que lo dejara hundirse en su interior y disfrutar de su prieta cavidad, ella tenía la capacidad de llevarlo al cielo y al infierno en un instante —Amor, eres importante para mí, por eso me da temor perderte, y hablas tan emocionada de ese Octavio que me da celos, ¡Lo siento! Nunca antes había celado a alguien. Y respecto a ser amigo de él, ya te dije que seremos amigos hasta del perro de la vecina si es tu deseo—pronunció en un tono de comprensión, tratando de simular su erección y rogando que su esposa se compadeciera de él.


Cuando lo escuchó, Dara lo abrazó por el cuello dejando sus senos a la altura de su rostro, mientras le decía emocionada —Eres el hombre más maravilloso del mundo.


Martín con voz un poco entrecortada enunció—Esposa, ten piedad de mí, soy de carne y hueso—lo miró con ojos entristecidos.


—¿Sabías que eres un manipulador? —preguntó pero no espero respuesta, se quitó la bata y quedó desnuda frente a él, pronunciando con coquetería —¿Quieres algo de mí? Ven por él.


Enseguida la alzó y la llevó a la cama, donde se entregaron nuevamente a la pasión. Rato después, salieron recién bañados y vestidos, hablaron una hora con los padres de Dara y luego se fueron a casa de los padres de Martín en el jeep que él cargaba.


Al Salir su padre lo estaba esperando molesta —¿No lograste traer a Dara? Es que no sabes cómo tratar a una chica decente, claro como andabas con esa zorra, traidora, que comía, se limpiaba y decía que no había hecho nada malo.


Martín se sorprendió al ver tan molesta a su madre que le había citado hasta la biblia —Madre ¿Estás citando el proverbios sobre la mujer adultera? —la interrogó mientras sonreía.


—Pero para que no te perdonara, estás bastante feliz es que acaso…—se interrumpió cuando vio a Dara saliendo del auto—mi niña te regresaste, a este bruto de Martín debes tenerle paciencia, últimamente su razonamiento es limitado—afirmó ante las carcajadas de Dara y la expresión de sorpresa de Martín.



—María Martha, te recuerdo que tu hijo soy yo, no Dara—señaló con molestia Martín.


—Si lo sé, pero eso no te quita lo pendejo, me imagino que lo heredaste de la familia de tu padre—no se había dado cuenta que su esposo estaba detrás.


—María Martha Fernández—pronunció molesto Don Martino, esa pronunciación completa de nombre era indicativo de ello—¿Por qué será que cuando tus hijos hacen las cosas excelentes salieron como tu familia y cuando meten la pata hasta el fondo en lo que hacen lo heredaron de la mía? —enfatizó bastante irritado.


El ambiente se tensó y Dara tomó  a su madrina del brazo, mientras Martín lo hacía con su padre.


—Madrina, se pasó, ahora mi padrino está molesto—pronunció la chica con preocupación.


—No sabía que lo tenía detrás, me sorprendió, camina como gato—comentó la señora sonriente.


—¿Y aún se ríe, sabiendo que está molesto? — cuestionó la chica.


—No te preocupes Dara, tengo mis métodos para contentarlo y que ande sonriente—respondió con picardía—También debes aprenderlo, de esa manera ellos no te niegan nada.


—¡Pero eso es manipulación! —exclamó la chica sorprendida.


—No señorita, eso no se llama manipulación es persuasión—respondió con seguridad María Martha.


—Es lo mismo madrina, manipulas usando técnicas de persuasión, para ejercer un determinado control sobre las personas, para eliminar sus capacidades críticas…—refutó Dara.


—¡Ya! ¡Ya! No seas literal querida, no le pongamos nombre, simplemente es la capacidad que tenemos las mujeres para convencer a nuestro marido, para que termine bailando al son que le toquemos, aunque le hagamos creer que quien puso la música fue él ¿Entiendes?


—¿Me está aconsejando manipular a Martín? —interrogó incrédula.


—Absolutamente sí, porque sé que eres una chica buena, honesta, que lo amas por lo que realmente es, y no serías capaz de dañarlo, no eres como la otra chica que tenía, que hasta le fue infiel en su propio departamento.


A Dara le entró un nervio al oír de hablar de la mujer que había tenido antes Martín y con quien había estado a punto de casarse e insegura preguntó —¿Era bonita?


—Una trigueña, alta, cabello largo, pero lo que tenía de hermosa lo tenía de venenosa—respondió María Martha, mientras Dara fruncía el ceño.


—Tal vez no la ha olvidado, ella es bella, alta y yo soy rechoncha, corriente—pronunció con tristeza.


—Dara, ustedes dos no tienen punto de comparación, porque tú aparte de hermosa eres de corazón noble, y nunca había visto a mi hijo tan enamorado, pero aunque estés enamorada no dejes que lleve el control, los hombres por naturaleza tienden a querer dominar, pero eso no puedes permitirlo y dejárselo claro.


Quiso cambiar de conversación y le dijo —¿Cómo hará contentar a mi padrino?


—Ve y obsérvame para que aprendas —enfatizó con seguridad su suegra.


María Martha era una mujer de cuarenta y tres años, muy hermosa, se fue con Dara a su habitación, entró al baño y salió minutos después con una traje de baño que le quedaba hermoso y se colocó un vestido transparente encima y le pidió a ella hacer lo mismo.


—Madrina ¿Dónde vamos así con este clima la temperatura está a tres grados? Nos congelaremos—respondió la chica.


—Es que nos vamos a Marsala, Sicilia, a Cala Rosa, tú sabes que la temperatura allí al mediodía es de quince o dieciséis grados, y son como dieciséis horas de viaje, podemos viajar los cuatro y a mitad de camino descansamos  una noche.


—Pero mi padrino está molesto, no creo que acepte—expresó Dara,


—Observa y aprende Dara Malika, no voy a durarte toda la vida—dijo levantándose, caminó con una seguridad y elegancia impresionante, bajando las escaleras a la sala, mientras Dara la seguía sonriente, encantada de que su suegra fuera todo un personaje.


"Nunca dejas de aprender porque la vida nunca deja de enseñar". Anónimo.


CAPÍTULO 18. REGRESO DEL PASADO


Al bajar María Martha y Dara, el señor Martino permanecía molesto y Martín trataba de calmarlo —Ya papá no es para tanto, sabes que mamá no siente eso que dice,  es más por costumbre que lo señala.


—Ella se cree perfecta, y piensa lo peor de mí, entonces ¿Por qué se casó conmigo y permanece a mi lado?  Que vaya y se busqué a uno perfecto—decía indignado el señor Martino.


Dara estaba nerviosa, realmente le preocupaba el enojo de sus padrinos y suegros, pero observaba a su suegra y estaba de lo más relajada, la vio cuando se acercó a su esposo y le colocó una mano en el brazo, mientras él trataba de alejarse —Ya Martino Gianluca Landaeta Rossi—espetó molesta María Martha—No sé ¿Por qué quieres hacer un maremoto en un vaso de agua? No es para tanto, y si me casé contigo y aún sigo a tu lado es precisamente porque no eres perfecto, los hombres perfectos son los que han pasado a mejor vida y hoy están tres metros bajo tierra, porque ya no viven y así no pueden errar, a mí me encanta que mi esposo esté vivo a mi lado, me fascinas con todo y cada uno de tus defectos y virtudes, con tus acuerdos y contradicciones, pero si la molestia que tienes conmigo, hace que yo te desagrade, mejor me voy, ¡Vámonos Dara! —Exclamó con firmeza, tomando la llave del Rubicon y dirigiéndose a la salida.


—Voy madrina—dijo la chica, caminando tras de su suegra, no entendía mucho lo que pasaba, pero le preguntaría en el auto. Su esposo las siguió y de inmediato cuestionó a su madre.


—Mamá ¿Por qué te llevas a Dara? Nosotros estamos de maravilla—alegó Martino.


—Entonces decide ¿Te vienes con nosotras o te quedas consolando a tu padre? Total tu devoción está con él—pronunció celosa.


 —¡María Martha detente! —exclamó el señor Martino, pues también había salido—De aquí sales conmigo, no pretenderás que vas a soltar todo eso y vas a huir.


—Como no me quiere, entonces me retiro de su vista señor Landaeta, como ya yo soy sólo Fernández—respondió en tono triste.


—¡Ya cállate!—pronunció él tomándola de atrás y acercándola a su cuerpo susurró—No sé porque sigo permitiendo que me manipules, ¡Pequeña bruja! —le besó el cuello y siguió bajando, mientras ambos sentían que sus cuerpos se encendían.


—Podemos ir a la habitación y después nos vamos a la playa Cala Rosa, en Marsala, Sicilia, podemos manejar los cuatro, hacemos una parada a mitad de camino y pasamos unos días por allá ¿Te parece bien la idea “mi tentación”? —lo interrogó mientras se volteaba con mirada de adoración, colocaba sus brazos al cuello de su esposo acercándose más mientras lo besaba.


Martino al verla, supo que estaba perdido, no podía negarle nada, esa mujer era la tentación personificada, tenían veinticinco años de casados, desde que ella tenía dieciochos años, y no había un solo momento de su vida en que la hubiese dejado de amar, y en que ella no lo enamorara, nunca lo aburría, siempre tenía unas ocurrencias que mantenían la llama del amor y la pasión encendida. A veces  incluso recurrían por iniciativa de ella, a los famosos juegos sexuales “role-playing”,  cumpliendo ambos las fantasías de ser otra persona con otra profesión y personalidad, todas esas representaciones producían en ellos una motivación en los actos sexuales y provocaban ardientes momentos que eran simplemente incomparables.


De solo imaginarse a su esposa en uno de esos roles, Martino la levantó y la llevó cargada al dormitorio mientras le decía sin ningún cohibimiento —Has sido una chica mala, y tendrás que pagar tu penitencia.


—Como usted lo desee señor verdugo—le respondió ella ante la mirada anonadada de Martín y Dara que no se podían creer, que el tormentoso momento de hace unos minutos, que tenía sobre todo a Dara preocupada haya terminado así.


Martín soltó la risa—Pequeña, no tienes motivos de que preocuparte, ese león se convierte en gatito cuando de mi mamá se trata, ella lo tiene totalmente controlado—expresó sin dejar de mirar a su esposa, que se veía tan hermosa con esos hermosos ojos ámbar que lo enloquecían.


—Debo aprender las técnicas de mi suegra—respondió ella con una pícara sonrisa.


—¡Ven! Si quieres te sigo enseñando como volverme loco—pronunció atrayéndola y levantándola un poco con firmeza hacia su cuerpo y pegándola a su miembro, sintiendo la chica la poderosa fuerza de su erección, a lo cual su cuerpo reaccionó de inmediato, sintió que su piel ardía producto de las sensaciones que su esposo provocaba, la levantó un poco más, la cargó y subió con ella a la habitación, donde fue inevitable que volvieran a entregarse a ese maravilloso placer que los consumía de manera voraz.


Un par de horas después, estaban bañados,  vestidos y a punto de salir de la habitación, cuando tocaron a la puerta,  Martín abrió y era su madre, quien tenía una gran sonrisa en el rostro, al verlo le expresó —¿Están listos? —interrogó. Pero él frunció el ceño sin entender lo que decía su madre.


—No te entiendo madre, ¿íbamos a alguna parte? —preguntó Martín.


—Claro, ¿Dara no te dijo nada? La invité para que fuéramos los cuatros a Marsala, Sicilia, a la playa Cala Rosa—respondió con tranquilidad a su madre.


—Teníamos cosas más importantes que hacer, le pregunto y si responde afirmativamente bajamos—dijo Martín, despidiéndose de su madre, luego de hablar con Dara, decidieron acompañarlos.


Una hora después se encontraban en el aeropuerto, esperando en la antesala para abordar un vuelo con destino a Marsala,  al final habían decidido ir por vía aérea, pero los nervios de Dara eran muchos, no acostumbraba andar en avión, pues les tenía pavor, sin embargo, sintió vergüenza de decir algo, espero abordar, muy tensa, tratando de no mostrar su semblante era de angustia.


Martín la observó y le preguntó con preocupación—¿Te pasa algo mi amor?


Aunque sentía demasiada angustia, prefirió no decir que tenía temor, se aconsejó y se dio ánimo diciéndose  que todo estaría bien, decidió tomarse una pastilla para dormir, de manera que pasara todo el vuelo durmiendo—Tranquilo amor, solo es un poco de cansancio estoy bien—después de un rato se tomó la pastilla y al subir al avión se quedó dormida.


Transcurrido menos de un par de horas, habían aterrizado a su destino, Dara se sentía un poco aturdida, sin embargo, simuló su malestar, para no preocupar a sus padrinos y al esposo. Cuando arribaron, alquilaron un vehículo, programaron el GPS, al hotel que había sido reservado por María Martha.


Llegaron a El Hotel Ali Marsala, un espacio donde se mezcla el lujo y la exclusividad, decorada con un exquisito estilo de arte local y el diseño más exclusivo a nivel internacional. Alquilaron dos suites con terrazas, donde se divisaba la majestuosa playa, destacándose las hermosas aguas en tono azulado, característico del mar mediterráneo, con jacuzzi  baño de hidromasaje y ducha con cascada emocional, decorada en estilo romántico.


Se hospedaron, pero las parejas decidieron quedarse en sus respectivas habitaciones, inclusive pidieron cada una su comida en servicio de habitaciones, sobre todo por el agotamiento que reflejaba Dara.


—¿Qué tienes mi vida?—le dijo acariciando su rostro con ternura, a Dara se le cerraban los ojos apenas podía mantenerlos un poco abierto. Mientras ambos estaban sentados en la cama.


—Estoy agotada, tengo mucho sueño, llegamos de Courmayeur, fuimos donde mis padres, regresamos, nos vinimos acá, son muchas cosas para mí—respondió la chica.


—Eso sin contar las veces que hemos hecho el amor, realmente soy un desconsiderado mi pequeña, perdóname—dijo con cara de preocupación, le besó el rostro—, descansa mi amor—la ayudó a recostarse, le quitó los zapatos y la cubrió con una cobija— cuando llegue la comida te despierto para que comas.


La dejó dormir, pidió la comida a la habitación pero por más que intento despertarla, ella solo había susurrado—déjame dormir—por lo cual no lo siguió intentando.


La observó dormir, mientras una tenue sonrisa se dibujaba en su rostro, así estuvo por varias horas, era tan hermosa, parecía un ángel, y eso había sido ella en su vida, un regalo inesperado de navidad, que le había devuelto las ganas de vivir, y lo había hecho creer nuevamente en el amor, la acercó a su cuerpo, la abrazó olfateando la hermosa esencia de su cabello y piel hasta quedarse también dormido.


Al día siguiente al despertarse, una vez que se bañaron, bajaron al Restaurante del hotel, ofrecían un desayuno tipo buffet, Martín se quedo sorprendido por la cantidad de comida que Dara se sirvió, huevos, frutas, tostadas, cereales, panes, bollería, zumo de naranja, un vaso de chocolate, era impresionante la cantidad de comida que tenía, pero lo más asombroso era que ella se lo estaba comiendo todo, sabía que ella gozaba de buen apetito, pero lo que estaba viendo era exagerado, en ese momento llegó su madre y se quedó observando también sorprendida a su nuera.


—Mi niña, ¿No estarás exagerando la cantidad de comida? Estoy sorprendida—señaló tomando asiento.


—Lo mismo pensé yo, amor si sigues comiendo de esa manera vas a engor…—se interrumpió al darse cuenta de la cara de enojo de Dara—lo siento amor, solo…—ella lo interrumpió, molesta.


—¿Sabes que? Eres un torpe, no dejas de insultarme, no te soporto—se levantó de la mesa, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas y se apresuraba hacia la salida. Martín, tiró la servilleta en la mesa y salió en su búsqueda, mientras María Martha, fruncía las cejas.


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—Ese apetito voraz de Dara, esa explosión hormonal de hace un momento, su llanto ¿Estos chicos se habrán cuidado al tener sexo? Porque todas esas características me hacen pensar ¿Será? —expresó mientras su cerebro, analizaba cada elemento presente.


—¿Acaso piensas que...? —comenzó a decir Martino, pero su esposa lo interrumpió.


—Creo que vamos a ser abuelos, aunque lo mejor es esperar—pronunció María Martha.


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—¡Dara!, ¡Dara! —la llamó Martín. Ella siguió caminando sin voltearse mientras él la seguía.


—¡No me sigas! ¡Déjame en paz! Eres un troglodita,  no estoy dispuesta a soportarte más—sabía que estaba poniéndose histérica, pero por más que trataba de controlarse no podía, su enfado era mucho, lo que la sorprendió porque ella no era chica de hacer escándalo. Sintió un leve mareo y se tuvo que detener y recostarse de la pared, inmediatamente llegó Martín y la tomó por detrás.


—¿Qué pasó mi pequeña? —la interrogó Martín.


—Me sentí un poco mareada, ¡Tengo mucha hambre! Y de paso tú me llamas gorda.


—Lo siento, solo que me sorprendió que tuvieras comiendo como un camionero—pronunció mirándola con ternura.


—Allí vas otra vez, ¿Te surge sólo o te mandan? —dijo más calmada.


—Creo que es espontáneo—le dijo mientras la acercaba a su cuerpo besándola—¿Qué  te parece si nos vamos a la habitación y pedimos comida?.


—Es la mejor idea que has tenido—pronunció contenta.


Subieron a la habitación, avisándoles previamente a sus padres, que no habían vuelto a bajar, porque Dara no se sentía muy bien. Su madre aceptó encantada, dándole recomendaciones que cuidara a su niña.


Una hora después habían terminado de comer, pero Dara comió tanto que terminó vomitando todo lo comido, mientras Martín le recogía el cabello, le pidió un té y la llevó a la habitación y con un semblante de preocupación le dijo—No sé qué te ha enfermado pequeña.


Se acostaron, mientras permanecían en silencio hasta que ambos se quedaron dormidos, Martín se encontraba en la nubla del sueño, cuando escuchó su celular repicando, lo tomó y de inmediato una voz de mujer que en un tono seductor pronunció —Al fin te consigo mi amor, he estado mucho tiempo tratando de dar contigo, hasta que logré mi sueño. ¡¿Me extrañaste?!—exclamó mientras Martín se quedaba sorprendido, al reconocer la voz que le hablaba al otro lado de la línea.


“Ten en cuenta que el pasado no se borra, ni se edita, ni se cambia. Sólo se acepta y se supera. Anónimo



CAPÍTULO 19. EQUÍVOCOS

 

Al oír esa voz al otro lado de la línea, la reconoció y de inmediato sintió un sabor amargo en su paladar. Se levantó de la cama y salió a la terraza procurando hacer el menor ruido para no despertar a Dara —¿Qué haces llamándome?  Y nada más lejos de la realidad, no te he extrañado para nada y agradecería que me dejaras en paz. 

 

—No vayas a cortarme la llamada Martín, tengo algo importante que decirte—respondió la mujer. 

 

—No tengo nada que hablar contigo, te agradecería dejarme en paz, estoy felizmente casado con la mujer más espectacular del mundo, y aunque al momento de lo que me hiciste: creí morir, hoy día te doy las gracias, porque ella es la mujer que siempre he querido y esperado para mi vida. 

 

—¡Estoy embarazada!—confesó de golpe Amarantha. 

 

—¿Y eso qué me puede importar a mí? —interrogó con tranquilidad Martín. 

 

—Porque es tu hijo—respondió la mujer con seguridad. 

 

—No lo creo querida, nosotros tenemos poco más de cinco meses que no nos vemos, y contigo siempre usé protección—manifestó Martín. 

 

—Menos la última vez que me tomaste en la sala de tu departamento, allí no te protegiste y de ese día quedó como producto este embarazo—respondió con seguridad. 

 

—Muy cierto, te follé sin protección producto de la ira que me consumía en ese momento, porque no podía explicar como la mujer que amaba había sido capaz de hacerme eso, pero ahora te pregunto ¿Cómo sabes que fue mi esperma el que te fecundó? —interrogó con burla—Porque te recuerdo que pasaste toda la noche y parte de la mañana con tu amante, así que las posibilidades de que yo sea el padre de esa criatura, son mínimas por no decir nulas. Así que busca al verdadero padre de la criatura, o ve a quien se lo vas a endosar, porque a mí no—espetó cortando la llamada y apagando su celular con furia. 

 

Cuando cortó y se dio la vuelta se encontraba detrás Dara, quien lo miraba con una cara de dolor, rabia, eran tantas las emociones que reflejaban su rostro, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Martín al verla sintió que su corazón se comprimía en el pecho, se acercó a ella para explicarle. 

 

—Mi amor, déjame y te explico. Sabes que yo…—pero de inmediato fue interrumpido por una Dara que en voz suave pero como un latigazo expresó. 

 

—¡Cállate! No quiero oírte, tampoco quiero saber más nunca de ti—pronunciaba tratando de contener las lágrimas, el enojo que bullía  en su interior y las palabras captadas por su cerebro, martillaban  constantemente “te folle sin protección…busca al verdadero padre de la criatura…a mí no” —lo que acabo de escuchar es suficiente, estuviste con una mujer sin protección y ahora ella te reclama porque está esperando un hijo y tú lo niegas, ¿Qué clase de miserable eres? 

 

Martín con cara de angustia le respondió —Pequeña, por favor ¡Escúchame!—Dara se volteó, tomó su maleta que aún estaba hecha y comenzó a caminar hacia la salida. 

 

Él la tomó por el brazo y ella iracunda espetó—Déjame en paz de una maldita vez,  no quiero tenerte cerca—expresó golpeando su pecho con rabia—te odio, ¿Cómo pudiste? 

 

—¡Escúchame! —espetó irritado, que ella no quisiera escucharlo, mientras la tomaba por los hombros con fuerza para que lo atendiera. 

 

—¡No quiero oírte! no me da la gana de escuchar tus mentiras—expresó, su cerebro no coordinaba de lo furiosa que estaba—seguro te fijaste en mí para olvidarte de ella.

 

—¿Sabes qué? Si es verdad, soy un desgraciado, mentiroso, que estoy negando a mi hijo—pronunció con molestia—y sí seguro me fijé en ti para olvidarla—concluyó con sarcasmo.

 

Enseguida sintió que un golpe cruzaba su rostro—¡Maldito! —lo insultó. 

 

Su acción y su insulto lo sorprendió, en su interior surgieron sentimientos encontrados pero a la final se impuso el enojo, la furia que sintió estaba a punto de explotar, rechinó sus dientes y apretó sus puños al lado del cuerpo, mientras con una voz déspota espetó —¡Aléjate de mí! ¡No vuelvas acercarte!

 

Dara, se quedó sorprendida de su propia actitud y de la de él, se puso la mano en la boca para contener su llanto, dejó la maleta a un lado de la puerta, tomó su bolso y salió corriendo de la habitación, caminó por el pasillo sin contener sus sollozos, un par de huéspedes la vieron y se quedaron observándola con curiosidad, subió al ascensor, les pidió que le llamaran un taxi, a los minutos estaba montada en el auto, totalmente descontrolada, no podía detener su llanto, a tal punto que comenzó a hipear, mientras el chofer la miraba por el retrovisor y después de unos minutos le preguntó 

—Señorita, ¿Le hicieron algo? ¿Quiere que la lleve a alguna parte?  

 

—Por favor lléveme al terminal de tren—respondió ella. Así lo hizo poco tiempo después la dejó en la entrada.

 

Al entrar, miró los diferentes horarios a las diversas ciudades de Italia, pero no se decidía por ninguna, aún llorando llamó a una persona que sabía nunca la abandonaría y siempre estaría a su lado cuando lo necesitara, le atendió al segundo repique, sin ella hablar supo quien era —Dara preciosa, ¿Al fin te recordaste de la persona que más te quiere en el mundo? —de sus labios salió un sollozó que preocupó a su interlocutor—¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? ¿Dónde estás? 

 

—Te necesito, me han destrozado el corazón, como nunca pensé que nadie lo haría—respondió sin dejar de llorar. 

 

—¿Quién te hizo daño princesa? —le preguntó el hombre. 

 

—No sé a dónde ir—respondió hipeando Dara. 

 

—Ven conmigo y quiero que me cuentes quien ha sido capaz de hacerte sufrir. 

 

Se despidieron e inmediatamente ella compró su boleto para reunirse con el hombre que le brindaría el consuelo que necesitaba, había sido una ilusa en pensar que Martín era un buen hombre, ya que su amor por ella era de papel, nunca jamás volvería a verlo. 

 

*********************************************** 

 

Martín estaba enfurecido, porque ella no le creyó y por la cachetada e insultos que le propinó, no iba a permitir esa actitud de Dara, estaba harto de sus arranques, y de ser siempre quien cediera, si permitía que cada vez que le diera la gana se comportara de esa manera y lo tratara agresivamente, se perderían el respeto, debió contenerse para no devolverle la bofetada , porque sería incapaz de hacerle daño, pero le molestaba esos arranques de temperamentos de Dara, no iría en su búsqueda, esperaría que ella reaccionara y viniera a disculparse por su actitud, porque él no pensaba ceder, ni dejarse manipular, ya una vez lo había permitido y se había convertido el mequetrefe de una mujer, no estaba dispuesto a volver a hacerlo, ni siquiera por la hechicera de ojos ámbar que lo volvía loco. 

 

Se pasó la mano por la cabeza y comenzó a caminar de un lado a otro, pensando ”¿Qué debía hacer? ¿Será que la buscaba? No, no debía ceder” 

 

Así dejó pasar un par de horas, y Dara no aparecía, tomó su celular y marcó su número pero lo enviaba directamente a buzón, al ver que el tiempo comenzó a transcurrir y no aparecía marcó a su madre, quien le atendió al segundo repique —Madre, ¿Dara se encuentra con ustedes? 

 

—No, ella no está con nosotros. ¿No estaba contigo? —lo interrogó a su vez su madre. 

 

Respiró profundo, sabía que le esperaba pero le respondió—Discutimos muy fuerte, hasta me abofeteó y le pedí que se alejara de mí. 

 

—¡¿Qué hiciste qué?! Definitivamente no aprendes, seguro tú provocaste la discusión. Acaso tampoco puedes entender que por las hormonas está más sensible…—pero de repente decidió callar, su hijo merecía una lección y ansiaba que Dara se la diera—Vamos a buscarla. 

 

Minutos después comenzaron a buscarla, recorrieron el hotel la zona de la playa, incluso se dividieron para buscarla y no pudieron encontrarla, la angustia empezó a invadir el corazón de Martín —Lo siento amor ¿Dónde te metiste? Por favor, aparece, te prometo explicarte todo y tenerte paciencia—expuso en voz alta, pasando sus manos por la cabeza con desesperación. 

 

Llegó la noche y fue que dieron a través de la revisión de la cámara de seguridad que se había ido en un taxi, pudieron contactar con el chofer, quien les informó que la había llevado a la estación del tren. 

 

No entendía porque se había ido sin equipaje, sin avisarle y porque en tren, al enterarse su madre que se había ido en ese medio de transporte se angustió tanto que lo insulto, que se arrepentía de haberle presentado a su niña para que la hiciera sufrir, su madre estaba afectada y defendía a Dara a capa y espada, como si ella fuese su verdadera hija y él su yerno. Se hizo muy tarde, y se fueron a sus habitaciones, Martín no pudo dormir porque la preocupación por la desaparición de su esposa se lo impedía, aunque llegaron hasta la estación no le quisieron dar información sobre el destino de Dara, y sus remordimientos no dejaban de carcomerlo. 

 

********************************************************** 

Dara llego en horas de la madrugada a su destino después de diecisiete horas en tren, con un estado físico deplorable, no pudo comer nada durante todo el camino porque los vómitos no la dejaron estar en paz, ni menos aún descansar, la buena noticia era que la estaba esperando el hombre a quien había llamado, al verla salir del tren corrió a su encuentro, la observó, se dio cuenta inmediato de su estado, la tomó entre sus brazos, elevándola un poco mientras la consentía y consolaba, porque Dara de inmediato comenzó a llorar. 

 

El hombre le tuvo paciencia, la trataba con el más tierno y puro amor, la llevó a su auto y de allí fueron a su departamento. Al llegar comenzó a prepararle comida. 

 

—¡¿Qué pasó?! —interrogó el hombre sin más preámbulo. 

 

—Lo conocí en Courmayeur cuando fui de visita a ver a mis padres, se me accidentó el auto y debí caminar hasta la cabaña donde él estaba, pero antes de llegar me dio un ataque de hipotermia, me salvó, fuimos conociéndonos, me enamoré de él, a la semana nos casamos, duramos tres semanas de luna de miel y regresamos a Milán donde su familia y la mía, luego ayer, nos fuimos a Sicilia, y allí tuvimos una fuerte discusión lo encontré hablando por teléfono a su ex, quien al parecer está embarazada y  aunque reconoció que no había usado condón, negó a su hijo, la rabia me invadió y lo abofetee, me dijo que me alejara de él y eso hice—concluyó llorando—me miraba como si me odiara, no pude soportarlo. 

 

—No llores mi reina, ese imbécil si no sabe tratarte no merece una mujer como tú, solo quiero que me digas, ¿Cómo se llama ese desgraciado? Porque juro que le destrozare la cara, por haberse atrevido a hacerte llorar—pronunció enfadado—Dame el nombre porque juro por Dios me las va a pagar. 

 

—Es el hijo de mis padrinos, se llama Martín Adrián Landaeta Fernández—confesó, mientras miraba la cara desencajada y pálida de su interlocutor. 

 

—¡¿Cómo has dicho?! —interrogó en tono de sorpresa. 

 

—Martín Adrián Landaeta Fernández—repitió ella. Entretanto miraba el rostro sorprendido del hombre.

 

“Hay personas que crean sus propias tempestades y después se ponen tristes cuando llueve”. Anónimo.

 

CAPÍTULO 20. DE PIE AUNQUE HERIDA


El rostro de sorpresa del hombre era increíble, se pasó la mano por sus cabellos con una especie de lamento, ante la mirada curiosa de Dara y pronunció —Nena, por favor cuéntame todo, lo que pasó con Martín.


Ella frunció el ceño ante la petición de Marino, pero luego de un par de segundos decidió contarle—Mi auto cayó en una zanja cuando iba a las cabañas de Courmayeur, estaba cayendo una nevada y la ropa que cargaba no era suficiente para el inclemente clima, sin embargo, me fui caminando hasta la cabaña de mis padres que me quedaba más cerca, pero me dio hipotermia y él me rescató. —siguió contándole con detalle todo lo que había sucedido, incluso la discusión que habían tenido.


—Dara, Martín no es culpable, tiene toda la razón hay pocas posibilidades de que su ex este embarazada de él—afirmó Marino.


—¿Y cómo sabes todo eso? ¿Acaso eres brujo, adivino, para saber lo que pasó con unas personas que ni siquiera conoces? ¿Me puedes explicar? porque verdaderamente no lo entiendo—expresó Dara con un sustrato de molestia en su voz.


—Dara, si hubieses hecho caso a mi petición, las cosas no habrían salido tan bien, conozco a Martín Landaeta, es mi socio y era mi mejor amigo hasta que…—sus palabras fueron interrumpidas por Dara, quien llevó su mano a la boca, recordándose de lo que le había contado su hermano y en un tono de angustia espetó.


—¡Por Dios Marino! Era tu mejor amigo hasta que lo traicionaste revolcándote con su novia, la mujer que amaba ¡No! Yo lo juzgué y traté mal sin escucharlo, me debe estar odiando, es que mi mente solo captó lo de que habían tenido sexo sin protección el día que la dejó y que él le decía que ese niño  no podía ser suyo. ¡¿Qué he hecho?!


—Ella no le convenía, es una mujer de casco ligeros, que insistió e insistió hasta que logró envolverme, no tuve la culpa que ella terminara seduciéndome.


—Pero si fuiste culpable de prolongar tu relación con ella y de no confesarle a Martín lo que había pasado ¡¿Qué clase de amigo hace eso?! —Lo refutó Dara.


—Intenté muchas veces decirle la verdad, pero no quería perder su amistad, él era importante para mí—pronunció con pasión Marino.


—Por favor, procura que yo no sea importante en tu vida, porque si destruyes y traicionas a las personas importantes en tu vida prefiero no serlo—dijo con molestia.


—No sigas aplicando sal a mi herida, sabes que estoy arrepentido de todo, a tal punto que estaba haciendo planes para que se conocieran, porque los dos son personas espectaculares, que se merecen uno al otro, por eso intenté convencerte de que te acercaras a él—afirmó Marino.


—Ya veo que todos en mi familia han tenido el empeño de querer unirnos a Martín y a mí, porque mis padrinos, mis padres y tú, fraguaron un plan para hacerlo, solo que el tuyo era macabro, porque solo tenías la intención de que Marino te perdonara.


—Si buscó su perdón, pero también me interesa su felicidad, su ex no es una mujer buena, él se merecía a alguien, puro, sin maldad, que lo amara y para quien fuera lo más importante o ¿Me vas a decir que no lo amas? —interrogó Marino.


—Si lo amo, de no haberlo hecho no me hubiese entregado a él. Pero no estoy segura que Martín me ame, antes de salir me dijo que no había podido olvidar a su ex, creo que solo fui ese consuelo que utilizó para tratar de sanar sus heridas, pero fue imposible, porque a ella la ama con locura—expresó con tristeza mientras las lágrimas comenzaba a fluir por su rostro.


Marino se le acercó y la abrazó —Ya mi niña, no llores, no me gusta verte tan triste, deseo más que nada en el mudo tu felicidad y aunque no nos hayamos criado juntos, no olvides que te amo hermanita—expresó dándole un beso en la frente—voy a buscar a Martín y le preguntaré que tan importante eres en su vida, no sé porque te dijo eso, pero lo conozco, él no va a casarse con una mujer amando a otra, además hay más posibilidades de que Amarantha esté embarazada de mí, que de Martín.


—Ya no lo conoces, no puedes saber lo que piensa y respecto a lo otro debes indagar, porque si ese niño es tu hijo debes asumir tu responsabilidad para con él —afirmó la chica en tono preocupado.


—Ven mejor vamos a desayunar, te preparé unas ricas panquecas con queso y miel, siempre te han encantado, ¿Recuerdas cuando nos íbamos de vacaciones con papá que nos preparaba muchas y hacíamos competencia de quien comía más?—le interrogó con una sonrisa.


—Sí, siempre ganabas tú porque ya eras un chico grande, mientras yo era una chiquilla de solo diez años, esa eran las únicas veces que veía al señor Donato Russo—expuso con nostalgia—solo recibí migajas de él, aunque es más de lo que me daba ella.


—Sabes que papá te ama, tú te has alejado de él, últimamente cancelas las citas y las ayudas que vienen de sus manos, se enfrentó a mamá por ti y aún amándola estuvo a punto de perderla, al reconocerte como su hija.


—Pues, yo no lo mandé a andar buscando mujer, si tenía una en casa—espetó con rabia.


—Andaba despechado porque mamá lo había dejado cuando eso pasó, ¿Por qué quieres cuestionarlo ahora? ¿Qué te pasa? —la interrogó Marino.


—Me pasa que tengo una ira por dentro que me está carcomiendo el alma, ¡¿Por qué nunca puedo lograr que nadie me ame?! Ni siquiera ella lo hizo, que puedo esperar de lo demás—concluyó estallando en llanto.


—Ya mi nena, no llores, yo te amo, aunque creo que no te refieres a  mi amor sino al de Martín, déjame hablar con él y  explicarle que te movió a salir corriendo, en verdad no creo que no sienta amor por ti—afirmó Marino.


—Marino no, él aún sigue amando a esa mujer, la que seguramente le va a dar un hijo, tal vez terminé perdonándola y volviendo con ella, no intervengas, quiero que me prometas qué no hablarás con Martín, ni le contarás nada de mi vida, prométeme  que no me defenderás ante él—pidió Dara.


—No puedo hacer eso Dara, soy tu hermano, debo defenderte y si en mis manos está contribuir a tu felicidad voy a hacerlo, además como te dije yo también tengo probabilidades de ser el padre de la criatura—respondió Martín acercándose a ella para abrazarla.


—No quiero, porque añoro que la persona que me ame confié en mí—respondió ella.


—¿Así como confiaste tú en él? —Dara abrió los ojos sorprendida ante sus palabras—Nena, fuiste tú quien falló al no confiar en Martín, no queriéndolo escuchar, si no quieres que hablé con él, entonces búscalo tú y aclara las cosas.


Dara se quedó en silencio, comenzó a comer, pero luego de tres bocados, vinieron sus nauseas y salió corriendo al baño, su hermano la siguió, le sostuvo el cabello mientras vomitaba.


Luego la ayudó a lavarse y después a llegar al comedor para seguir comiendo —Dara, ¿Estás embarazada?


La chica se sonrojó, pero enseguida le respondió—No lo sé, aún no me hago ninguna prueba.


—Entonces iremos a hacerte la prueba, báñate, arréglate, yo te llevo—expresó Marino.


—Está bien, dame una hora y estaré lista, aunque quería descansar primero, me siento agotada—afirmó la chica.


—Entonces descansa un par de horas y luego salimos—expresó besándola en la frente.


**********************************************************

Martín estaba preocupado por Dara, ya se encontraba en Milán desde hacía dos días, visitó a sus suegros pensando que ella estaba allí pero no la encontró, debió contarles lo que sucedió entre ellos, le dijeron que era muy probable, que se hubiese regresado a Roma, incluso le dieron el número telefónico de Augusto, el único amigo que le conocían.


Regresó a casa entristecido porque lo más que deseaba en su corazón, era estar con su esposa, Dara se convirtió en la persona más importante en su vida, la amaba más que a nada en el mundo y esas horas alejado de ella, producían inquietud y desosiego en él.


A bajar del auto y voltearse se encontró a Amarantha que lo interceptó mientras sonreía, hermosa como siempre, su cabello negro suelto cayéndole hasta la cintura, lo observaba con ojos de deseo mientras se paraba frente a él con su mano en la cintura—Hola amorcito. ¿Me extrañaste? Porque te juro que yo sí.


Era una mujer impresionante, que no resultaba indiferente, su corazón latió con mayor fuerza, sintió que el sudor comenzó a correr por su cuerpo, aunque pareciera imposible, lo estaba afectando, pero no quería indagar en esas sensaciones por el momento.


—¡Mi cielo! Me contenta—respondió sarcástico—pero lamentablemente no te he extrañado y creo que nunca lo haré, tú eres parte de mi pasado, y como dice el dicho lo pasado es pisado.


—¡¿En serio?! —pronunció la mujer acercándose a él—la reacción de tu cuerpo me dice lo contrario. Por eso no creo que yo forme parte de tu pasado. ¡Mira! —dijo señalando su gran vientre producto de un embarazo bastante avanzado—todo lo contrario creo que estoy en tu futuro y no podrás evitarlo—tomó la mano de Martín quien sintió un cosquilleo al sentir su contacto, y la llevó a su vientre, justo en ese momento, el bebé que crecía en su interior se movió, provocando en Martín un rostro entre sorpresa y admiración.


—¡Se ha movido! —exclamó maravillado, pero enseguida se dio cuenta que lo dicho podía ser mal interpretado—pero no es mi hijo, por lo cual estás buscando en el sitio equivocado Amarantha, busca a Marino, tal vez sea el verdadero padre.


Ella lo miró con un puchero, ese gesto que en otrora lo hizo enloquecer y darle lo que le pidiera, en ese momento le resultaba tan molesto, a tal punto que le provocó repulsión, allí se dio  cuenta que el cosquilleo al sentir su contacto era el reflejo de lo que sentía... sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Amarantha—Es tú hijo Martín, no puedes negarlo, si no me crees, estoy dispuesta a practicarle una prueba de ADN, mira—le dijo sacando una hoja y entregándosela, al revisarla se dio cuenta que se trataba de laboratorios—escoge cualquiera de esos cinco laboratorios, allí podemos hacer la prueba de paternidad prenatal, debemos ir los dos, toman una muestra del líquido amniótico y los resultados rápidos nos lo dan en una semana.


—Ese niño no puede ser mío, como te dije siempre usamos protección, menos tres veces de las cuales dos me derramé fuera de ti y una sola vez, cuando nos vimos por  última vez, fue cuando llegué dentro de ti sin protección.


—Pues querido, no hay nada que diga que no llegando dentro,  sea un método seguro de contracepción, pero para tu tranquilidad, este embarazo es producto de nuestra última vez. Escoge el laboratorio y vayamos hoy mismo a hacerlo—la mujer vio la duda en el rostro de Martín.


Era verdad en ese momento las dudas inundaban su interior, esa mujer no podía estar esperando un hijo de él, porque si eso pasaba, perdería el amor de su esposa, la mujer de su vida, a la única que amaba y por quien su alma clamaba.


—Está bien, iremos a este laboratorio—expresó seleccionando al que estaba ubicado de cuarto.


—Me parece correcto, te voy a exigir que luego de los resultados, que serán positivos, por supuesto, tendrás que casarte conmigo para que juntos criemos a nuestro hijo—afirmó la mujer.


—Te equivocas Amarantha, si ese niño resulta ser mi hijo, mi compromiso es con él, no contigo, jamás me casaré contigo, porque ya estoy casado con la mujer más maravillosa del mundo, además creo y práctico la monogamia.


—Pues cielito, si quieres ver a tú hijo deberás casarte conmigo, porque si no me iré lejos y nunca volverás a verlo, así que tendrás que escoger, ¿Te divorcias de esa maravillosa mujer con quien andabas en Marsala o no verás nunca a tú hijo?


Y con un suave tongoneo de caderas se acercó a él, pensó que iba a darse la vuelta, pero ella se acercó más a él, capturando sus labios, comenzó a besarlo con una apremiante necesidad, él se quedó estático, sin reaccionar, solo sintiendo como ella devoraba sus labios con pasión, abrió un poco su boca para hablar, lo que Amarantha aprovechó para introducir su lengua en la boca sintiéndola casi en sus amígdalas, lo que le provocó repulsión, hizo amago de separarla pero ello lo agarró con más fuerza, hasta que escucharon una exclamación de sorpresa, se separaron y allí frente a ellos estaba su esposa con sus ojos ámbar anegados, productos de las lágrimas que trataba de retener, pero con un gesto absolutamente desafiante.


“ La Valentía más grande del ser humano es mantenerse de pie aún cuando se esté cayendo a pedazos por dentro…” Mario Benedetti.

 

CAPÍTULO 21. DESGARRADORA VERDAD


Martín vio a Dara y enseguida corrió en su búsqueda emocionado pero preocupado, pues temía que ella mal interpretara lo que estaba sucediendo —Dara mi amor, no es lo que parece, por favor déjame explicarte —suplicó con dolor al ver a su esposa reteniendo las lágrimas para evitar que estas rodaran por sus mejillas.


Dara sentía que su mundo se había derrumbado al ver a Martín besándose con esa mujer, había traído en sus manos el resultado de la prueba de embarazo, incluso hasta manualidades hizo, porque había enmarcado el resultado del examen con el eco en una cartulina hilo, haciendo una especie de tarjeta decorada en pintura al frío azul, vinotinto y lila  que decía. “Solo quiero decirte… dentro de poco más de siete meses…me tendrás en tus brazos. Papá.”, pero al ver la escena que tenía ante sus ojos, la dejó caer, rodando debajo del auto, mientras experimentaba el dolor más grande  y cruento que había sentido en su vida.


Martín se le acercó pero Dara enseguida respondió—¡No me toques Martín! Por favor —exclamó con apenas un hilo de voz y lo apartó para enfrentarse a esa mujer, su rival, a quien su esposo había estado besando apenas un momento atrás.  


La miro de pies a cabeza, posando su mirada un poco más en su vientre, luego volvió al rostro mientras la mujer la miraba desafiante, al ver su cara el miedo mezclado con sorpresa la invadieron  —¡Tú! —dejo correr sus lágrimas —¡Esto no puede ser cierto! ¡No puedes ser tú! Estás embarazada de mi marido, vas a tener un hijo de él—expresó tapándose la boca, mientras sentía que su corazón se estrujaba como si de un trapo se tratara, sentía que el aire le faltaba, esto era lo peor que podía pasarle, se obligó a tomar aire, porque sentía que en cualquier momento podía desvanecerse por falta de oxigeno.


—¿Por qué hablas como si me conocieras? ¿Fue que me viste en tus pesadillas?—interrogó en tono de burla y altanero la mujer —Pues si, soy Amarantha Tabata Colombo Bellini, la mujer que Martín siempre a amado y que nunca ha podido olvidar,  me ama con locura y cuando se acuesta contigo piensa en mí, por eso he venido a reclamar lo que es mío —expresó dibujando una sonrisa.


—¡Cállate zorra!—espetó molesto Martín—¡No es cierto! Por favor Dara, mi amor, ¡Escúchame! Yo te amo solo a ti, no hay nadie en el mundo a quien ame más —le decía acercándose a ella y tomándole el rostro con angustia.


—Pero ella está esperando un hijo tuyo, será la madre de tu primogénito —afirmó Dara.


 —Exactamente y si no te deja a ti, nunca jamás dejaré que vea a su hijo —así que en tus manos está la felicidad de este niño —expresó acariciando su vientre Amarantha mientras la observaba con aire de suficiencia.


—Dara, ese niño tal vez no sea mío, puede ser de Marino, pues ellos tenían meses que se entendían, mucho tiempo antes de encontrarlos traicionándome en mi propia cama. Pero si ese niño resulta ser mi hijo, le daré mi amor y me haré cargo de él, más no de ella, Amarantha no significa nada para mí —manifestaba impotente Martín, tratando de convencer a su esposa de sus sentimientos.


Dara la observó y con todo el dolor de su alma le dijo a Martín —¡Quédate con ella!—respiró profundo y prosiguió—Te mandaré los papeles del divorcio, pediré a mi hermano que me ayude en eso, creo es mejor una anulación, haremos como si nunca este matrimonio se fuese celebrado, fue un gran error habernos casado. ¡Adiós Martín! —se despidió mientras sentía que una parte de su vida se acababa en ese momento, pero tocó su vientre y se dio fuerza, tenía a alguien por quien vivir.


Martín corrió detrás de ella, se sentía destrozado, nunca imaginó que el dolor de estar perdiendo a la mujer que amaba, lo desgarraría por dentro, no podía perderla, sin importarle que lo vieran, lo que pensaran, se arrodilló en el suelo, la abrazó por la cintura, mientras dejaba que las lágrimas de dolor bañaran su rostro—Mi pequeña por favor, ¡No me dejes! no me hagas esto, yo te amo, ¡Eres mi vida! Te necesito como el aire para vivir, eres quien le da sentido a mi vida.


«Dara, no siento nada por ella, Amarantha me destruyó pero tu sanaste mi corazón y te apropiaste de él, contigo conocí el verdadero sentido al amor. No la besé, fue ella quien lo hizo, yo solo me quedé estático sorprendido, pero te juro que ella no es la mujer por quien mi corazón palpita de amor, en un tiempo creí amarla, incluso hoy al verla sentí un cosquilleo en mi piel, pero no era de deseo sino de repulsión,  mi corazón se aceleró pero de miedo, porque presentí que causaría problemas entre nosotros. Por favor amor, ¡No te vayas! —suplicaba con angustia, llorando, mientras sus padres y hermanos habían salido a presenciar la escena, mirando sorprendidos.


María Martha tuvo intenciones de intervenir, pero su esposo la retuvo —No María Martha, déjalos que sean ellos quienes decidan qué hacer, ellos deben aprender a luchar sus propias batallas, a ganarlas o a perderlas, pero en fin vivirlas, la vida está llena de dolor, de contradicciones, de maldades, de altos y bajos,  Martín y Dara, deben aprender, eso les dará la madurez necesario por si el destino decide que deban caminar juntos.


María Martha lo miró con dolor, no quería ver a sus niños sufriendo, no pudo evitar las lágrimas que corrieron por sus ojos al ver la escena que se desarrollaba frente a sí. Su esposo la acercó a su cuerpo y la consoló, buscando la manera de calmarla.


—Lo siento Martín, no puedo, te juro que no puedo— respondió Dara llorando, mientras quitaba sus manos de la cintura, corría los metros que la separaban del auto y se montaba llorando, con el corazón tan destrozado, como nunca lo había tenido.


Arrancó el auto, pero más adelante se detuvo a la orilla de la carretera, mientras golpeaba fuertemente el volante, hasta que sintió sus manos adoloridas, sin embargo, ese dolor era nada, comparado al que sintió en su corazón. Gritó desesperada —¿Por qué? ¿Por qué tuvo que pasar esto?


Al sentirse un poco más calmada, llegó a casa de de sus padres,  o mejor dicho sus abuelos, el único puerto seguro que había tenido en su vida, los únicos que no la habían abandonado y habían estado siempre  a su lado, cuidándola, amándola y dándole el cariño que sus padres de sangre le habían negado.


Entró a su casa corriendo y llorando, su madre al verla salió a su encuentro preocupada—Mi niña ¿Qué tienes? ¿Por qué estás así? —preguntaba mientras Dara permanecía impasible abrazándose, solo mecía su cuerpo adelante y atrás, quería olvidarse de todo, no sentir ese dolor que le partía por dentro.


Enseguida llegó también su padre —¿Qué pasa con la niña? ¿Qué tiene? —preguntó preocupado.


—No sé, llegó de la calle en ese estado, pero no ha querido decir nada—manifestó su madre.


En ese momento sonó el teléfono de la casa, y aunque la señora Greta Azelia, no quería dejar sola a Dara, ante la insistencia de quien llamaba se levantó a atenderlo, mientras la dejaba con su padre.


Al atender la llamada era María Martha —¡Oh por Dios Azelia! ¿Cómo está mi Dara?


—Está mal, no deja de llorar, pero no me habla, no me cuenta que ha pasado—respondió con preocupación.


—Martín y ella discutieron, se dejaron, esa maldita de su ex se vino a meter entre ellos, besó a Martín,  Dara llegó en ese momento y los vio, su rostro de dolor me conmovió profundamente, además la zorra de esa mujer vino con una mentira de que está esperando un niño de mi hijo, Dara no pudo soportarlo—un lamento escapó de los labios de María Martha.


—Pero es que Dara también está esperando un hijo de Martín, le dije que se practicara los exámenes porque tenía varios síntomas, me di cuenta cuando vino hace cinco días a casa.


—¡Lo sabía! Yo también sospeché que estaba embarazada, pero ella no le dijo a Martín, si ella no lo hace lo haré yo, mi hijo tiene derecho a saber que está esperando un hijo que si es de él y con la mujer que ama.


—Que enredo, me arrepiento miles de veces de haber intervenido en la vida de mi niña, ella es mi vida, nunca pensé que tu hijo la hiciera sufrir tanto—confesó arrepentida.


—Mi niño no la está haciendo sufrir a propósito, Martín la ama, también está sufriendo, por más que él le explico y le suplicó que no lo abandonara, ella no se conmovió, le dijo que se quedara con la zorra de su ex, no se que la hizo actuar así, no se si  fue cuando vio a la mujer con el embarazo que se conmovió, porque se recordó de ella misma y lo que ha sufrido sin estar al lado de sus verdaderos padres.


—María Martha, perdóname, pero hablamos luego, debo estar con Dara en este momento—ambas mujeres se despidieron, la madre de Dara, se dirigió nuevamente donde había dejado a su hija y a su esposo pero no los encontró.


Escuchó ruidos y llantos arriba, con su corazón comprimido subió las escaleras corriendo, los encontró en la habitación de Dara, ella estaba sentada en el suelo sacando objetos de un baúl, mientras su padre trataba de calmarla, solo decía —¿Por qué? ¡Maldita sea! ¿Por qué tuvo que ser ella?


Ya angustiada su madre se arrodilló en el suelo y le sostuvo el rostro—Hija, me estás asustando, por favor ¡Cálmate! Eso le hace daño a tu bebé ¿Qué te tiene así Dara hija?


Como loca sacó una fotografía de su mamá biológica y de la familia que tenía, que se los había  dado su madre de crianza o mejor dicho su abuela —esto me pasa mamá, ¡Esto!—decía mostrándole la fotografía con rabia dolor—la ex de Martín es mi hermana, Amarantha la hija de mi madre la chica de estas fotografías, ¿Dime como puedo quedarme con el hombre que mi hermana ama? ¿Cómo voy hacer feliz a costa de su infelicidad?


“La bondad de corazón y la equidad de un hombre honesto vale cien veces más que la amistad de un bellaco.” Jean Jacques Rousseau.


CAPÍTULO 22. CADA LADRÓN JUZGA POR SU CONDICIÓN


Dara angustiada trataba de calmarse, pero el dolor que se había apoderado de su cuerpo se negaba a soltarla y su sufrimiento aumentaba cuando veía en la fotografía a su madre, sus hermanos y una hermana que se había enamorado del mismo hombre que ella — ¡No puedo mamá!, Es imposible que pueda ser feliz a costa de la felicidad de mi hermana—pronunciaba mientras se dejaba caer completamente en el suelo abrazando sus rodillas.


—¡Basta Dara! No tienes la culpa de haberte enamorado de Martín y que él te corresponda, y aunque esa chica también sea mi nieta, ella no lo merece. Por lo que me ha contado María Martha, ella le fue infiel con su mejor amigo, Amarantha tuvo su oportunidad y no la aprovechó, se burló de su amor y lo tiró a la basura, así que no voy a permitir que te sacrifiques por nadie.


—¿Y sabes quién es el hombre con el cual lo engañó? —preguntó la chica pero sin esperar respuesta—mi hermano Marino, cuando Martín sepa la verdad me va a despreciar, y pensará que yo también soy tan traidora como ellos, no podría soportar su desprecio.


—Dara, no tienes la culpa de lo que hayan hecho tus hermanos, la responsabilidad es individual, cada quien decide su propio camino, no te haces malo o bueno porque tu familia lo sea, tú eres tú, eres una niña extraordinaria mi amor, no podías haber salido mejor persona, estoy muy orgullosa de ti, eres una chica maravillosa, honesta, leal, cariñosa, has sido un regalo del cielo para nosotros.


—Pero para ella no, Tabata, nunca me quiso, fui un error que debía esconder como se oculta la basura y las cosas desagradables, ¿Por qué me tuvo? ¿Por qué no me abortó? —expresó con dolor.


—¡No mi niña! nunca más vuelvas a decir eso, sin ti nuestra vida no hubiese tenido sentido, eres todo para nosotros Dara, si tu madre no quiso estar contigo ella se lo perdió, sin embargo, igual a su manera te ama, llamaba diariamente para preguntar por ti, y también lo hacía en tu cumpleaños.


—Solo la he visto no más de cinco veces en mis dieciocho años, ¿Eso es amor? ¿Por qué prefirió a su esposo que a mí que era su hija? ¡No lo entiendo mamá!—gritó sintiéndose menospreciada.


—No fue así hija, no lo hizo por él, lo hizo por ellos, la amenazó con quitarle a los niños, y debió escoger, tú nos tenías a nosotros, estabas en buenas manos, pero ellos  solo tenían a su madre.


—Ella prefirió a mis hermanos que a mí, te entiendo que quieras justificarla porque es tu hija, pero lo que dices no es cierto, ¿Por qué no venía visitarme? —al no oír respuesta de su madre expresó—No tenía ningún argumento válido para no hacerlo. Yo me voy, quiero alejarme de todos, llamaré a Augusto para pedirle ayuda, también necesito hablar con un abogado para solicitar la nulidad, pues diré que ese matrimonio nunca se consumó—expresó con decisión.


—No hagas eso, no seas cruel, estás embarazada, ese muchacho te ama, también está sufriendo, tiene derecho a saber que va a tener un hijo contigo—expresó su madre.


—Si él sabe que estoy esperando un hijo suyo, no querrá estar con mi hermana—manifestó Dara con los ojos llorosos.


—Dara, nunca te he golpeado, pero juro por Dios que me provoca es abofetearte para que reacciones, te estás comportando como una idiota—enfatizó exasperada Greta.


—Llévame a la estación Central de trenes, por favor—le pidió.


—Yo te llevaré—se ofreció su padre quien se había mantenido hasta ese momento en completo silencio, contaba con convencerla de lo que debía hacer, mientras la llevara a su destino.

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Martín luego del enfrentamiento con Dara, se levantó del suelo, con dolor, pero también con rabia hacia la mujer que tenía enfrente le dijo —Vamos a realizarnos la bendita prueba, pero te advierto Amarantha, jamás me casaré contigo, tampoco pretendas chantajearme, amenazándome con alejar a ese niño de mi, si resulta ser mío, ejerceré mi papel de padre, si te opones te llevaré a tribunales, así que no pretendas usar esos absurdos chantajes conmigo—concluyó con firmeza.


Se dirigieron al auto, pero por más que intentó encender el vehículo no pudo hacerlo, le pidió a su padre el vehículo, porque su madre no se encontraba en ese momento en la sala, conociéndola como lo hacía, debía estar molesto con él por no haber retenido a Dara, pero tenía que primero saber, si el niño que esperaba Amarantha  era suyo. Y luego iría a conversar con su esposa y arreglaría todo ese embrollo que se había armado.


Subieron al auto del padre de Martín, encendió al primer intentó y comenzaron a realizar el recorrido. Amarantha viajó en silencio, mientras pensaba en una forma en que él volviera a confiar en ella,  debía ganarse nuevamente su amor, no podía perderlo, ella lo amaba, se había dado cuenta que era un hombre como pocos y estaba dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias para reconquistarlo, poco le importaba a quien tuviera que llevarse por delante.


Hicieron el recorrido en silencio, varias veces intentó rozarle las manos, tocar sus brazos pero Martín la apartaba con repulsión, y la última vez expresó —¡No me toques! Tu contacto me repugna, me enfurece, abstente de querer ir más allá de un simple trato porque no me importas, entiende de una vez que no tengo ningún interés en ti como mujer.


Amarantha no podía creer que la tratara con tanta dureza, si siempre había sido dulce con ella, ¿Cuando había dejado de amarla? Se preguntó, no pudo evitar sentir tristeza y las lágrimas aparecieron en sus ojos —Yo te amo Martín, no puedes tratarme así por favor, voy a ser la madre de tu hijo, estoy embarazada y todo desprecio que me propines a mí lo estás haciendo también en contra de él.


Martín soltó la risa—De verdad que eres la mejor, pero debo confesarte que no soy el mismo, no creo ciegamente en lo que tú me dices, tu verdadero rostro quedó develado ante mí, se qué eres manipuladora, que tratas por todos los medios de que todo te sea favorable, pero esta vez no ¿Y sabes por qué? No es porque me hayas engañado sino porque ya no te amo, y ese sentimiento es quien cubre todas las faltas y justifica todo—confesó mientras se estacionaba en el laboratorio donde se practicarían las pruebas.


—No creo que me hayas olvidado, conmigo has tenido el mejor sexo de tú vida, me devorabas y besabas cada parte de mí, te volvías loco cuando te besaba y tomaba con mi boca, con solo recordarlo me excitas. Por favor probemos hacer el amor una última vez.


—¡Estás loca! Creo que tienes problema para afrontar el presente, te cuento, fue cierto, contigo viví momentos especiales, fuiste la primera amante que tuve, me introdujiste en el arte del sexo más no en el amor, si, porque no eras ninguna chica virgen e inocente como me hiciste creer, por el contrario, eres una mujer corrida en muchas plazas, que sabías lo que hacías, no te cuestiono eso, es tu sexualidad y tienes derecho a vivirla, disfrutarla, mi objeción está en el engaño, no tenía sentido hacerte pasar por quien no eras ¿Qué me hiciste sentir, temblar? Es verdad, te mentiría si no lo reconociera, pero todo eso que viví contigo, fue nada al comprender el verdadero significado del amor.


«Dara es la vida misma, es un elemento esencial para mi vida, hacer el amor con ella no es el acto carnal que experimenté contigo, no, es algo más espiritual, porque cuando estuve  con ella, no solo mi cuerpo disfrutó, sino también mi espíritu, mi alma, contigo fue  solo sexo, con ella el acto más puro de amor que ser humano pueda percibir, fue una sublime conexión que nos unió más allá de lo físico, es tanta mi ansia por ella, que solo su contacto me enciende, me hace vibrar y pensar miles y una forma de amarla, para que nunca se aleje y siempre se quede junto a mí.


Al escucharlo hablar tan hermoso de esa mujer, sintió tristeza por lo que había tenido y había perdido —¿Martín no podemos volver a empezar? ¿No hay algo que pueda hacer para que vuelvas a amarme?—preguntó tratando de calmar su angustiado corazón.


—No, eso no era amor, fue deseo, y aunque nunca pensé decir esto, agradezco que me hayas sido infiel, porque eso dolor que sentí en ese momento, me permitió darle un nuevo rumbo a mi vida y conocer al verdadero amor, a mi Dara—respondió mientras su mente evocaba el rosto de su esposa.


Habían bajado del auto, y estaban caminando cuando Amarantha se detuvo, lo observó a los ojos diciéndole —Dame un abrazó por favor, lo necesito, te juró que no hay ninguna intención oculta.


Martín lo dudó, pero ella se le lanzó encima abrazándolo, él respondió al abrazo, ella lo hizo con fuerza como si no quisiera dejarlo escapar, se sintió incómodo, su vientre rozaba su cuerpo e involutariamente su piel se erizó pero no de excitación, si no de grima, incluso la debió soltar y correr a un lado para vomitar, se sintió un poco mareado, cerró los ojos tratando de recomponerse, minutos después ya se sentía mejor.


—¿Te sientes bien? —lo interrogó Amarantha.


—Estoy perfectamente, vayamos a practicar esa prueba—fue la respuesta de Martín.


Amarantha estaba nerviosa, tenía dudas de lo que iba a hacer, después de esa conversación, estaba clara en que Martín amaba a la tal Dara, ese nombre se le hacía conocido, aunque no sabía de dónde y no recordaba haberla visto con anterioridad, pero no quería perderlo, ella lo amaba con locura, estaba arrepentida de haberlo engañado, aún no quería darse por vencida, tal vez cuando naciera su bebé, él volvería a amarla. “¿Y si de repente la chica no era tan perfecta como le hacía creer?”, pensó y “si la mando a investigar, tal vez encuentre algo que la haga caer de su pedestal frente a  Martín, pero si no consigo nada me apartaré y lo dejaré ser feliz con ella”, concluyó con decisión.


Les practicaron la prueba, tras una duración de cinco minutos, en el cual la acostaron y a través de una punción que atravesó la pared abdominal, le tomaron una muestra del líquido amniótico, notificándoles que debían buscar el resultado en cinco días,  después de realizarle la prueba, se sintió más tranquila, estaba haciendo lo correcto, había logrado que la persona encargada de practicarle la prueba, le diera los resultados telefónicamente antes de ir al buscarlos en físico.


Aún cuando le indicaron que debía permanecer cuarenta y ocho horas de reposo, le pidió a Martín que la llevara a donde se estaba hospedando y luego la acercara a la estación del tren, había decidido ir a Nápoles y contratar a un investigador de allí, estaba decidida a desenmascarar  a la perfecta esposa de Martín.


Martín al principio se negó —Amarantha no creo que sea buena idea, debes cumplir las indicaciones médicas porque pondrías en riesgo al bebé, debes guardar reposo por cuarenta y ocho horas.


—No te preocupes estaremos bien, compraré un boleto en primera clase y allí podré viajar con comodidad, es que necesito estar en Nápoles, hay cosas que debo hacer.


—Está bien, si es lo que quieres, tú sabrás lo que haces, no eres una niña, eres una mujer madura que sabe lo que le conviene.


—¿Quieres que me quede? De la única forma que puedes lograrlo es permitiéndome que me quede contigo en la casa de la bruja de tu mamá, en tu habitación, en tu cama, contigo a mi lado, si la oferta incluye eso, me quedó en reposo junto a ti con los ojos cerrados—expresó con coquetería, acercando su busto a Martín.


Martín soltó una carcajada, le tomó el rostro con ambas manos, mientras ella sentía que su corazón se aceleraba, lo tenía muy cerca, sentía que iba a besarla—Amarantha cielito, te juro que en mi vida nunca pensé que tuvieras un problema de comprensión, no me interesas como mujer, no te deseo, no te amo, si aún mantengo un vínculo contigo, es porque ese bebé puede ser mi hijo, no busques situaciones donde no las hay, pasa la página ¿Quieres que te lo diga en otro idioma para ver si así me entiendes? —ellaretuvo las lágrimas con un gesto que a Martín le recordó a su Dara, apartó esos pensamientos, aunque no era la primera vez que le pasaba, una vez creyó ver un parecido en Dara a Amarantha, estaba loco, esas mujeres eran tan diferentes como el día y la noche.


Amarantha bajo del auto con la rabia consumiéndola “Como te odio Maldita Dara, por haberme quitado al hombre que amo, pero te juro que voy a encontrar la forma que él deje de confiar en ti”.


Minutos después no pudo contener su alegría , al ver a su rival subiendo al tren donde ella viajaría pero en segunda clase, debía averiguar su destino, era su oportunidad de saber algo más de ella. Al subir le pagó al auxiliar de cabina para que le averiguara el destino de la mujer, rato después el hombre le informó que la chica iba para Nápoles, no podía creer en su buena suerte, luego de cuatro horas y medias en las cuales no pudo dormir, solo pensando en poder vigilar a la chica, llegó a su destino, como pasajera de primera clase, le correspondió bajar entre los primeros, pero se quedó en un sitio oculta a esperar que Dara bajara.


Un par de minutos después, vio recompensada su paciencia, ella bajaba, pero al hacerlo no estaba sola, un hombre se acercó a ayudarla,  no solo fue eso, al ponerla en tierra, la cargó, mientras besaba su frente, sus mejillas, pero su sorpresa fue grande al girarse e identificar al hombre, era Marino, se repuso de la impresión y comenzó a tomar fotografías, “No eres ninguna santa Darita, eres tan zorra como yo”, expresó con una sonrisa en sus labios.


“No vemos las cosas como son. Vemos las cosas como somos nosotros” Confucio.


CAPÍTULO 23. MEDIAS VERDADES


Dara al ver a su hermano se dejó abrazar y consentir por él, su corazón estaba muy triste, se sentía afectada  no solo físicamente sino de ánimo, no dejaba de pensar en su esposo, añoraba tanto estar abrazada a él, hacer el amor, tenía tantas dudas sobre la decisión que había tomado, su padre conversó con ella durante el trayecto a la estación y le aconsejó no renunciar al amor, le hizo prometerle que si Martín la amaba, lo aceptaría nuevamente en su vida. 


Debía pedirle consejo a su hermano, aunque lo más probable es que estuviera de acuerdo con sus padres, porque Marino deseaba por todos los medios que su amigo y ella estuvieran juntos.


—Nena, mi princesa—dijo besándola—¿Cómo estuvo tu viaje?


—No muy bien, me siento un poco mareada, quiero comerme algo en ese cafetín, no aguanto el hambre.


—Vayamos entonces—la convidó Marino tomándola de la mano y llevándola a una mesa, tan entretenidos estaban, que no se percataron de la persona que los vigilaba disimuladamente en una de las mesas contiguas.


—Quiero jugo, panes, galletas, todo lo que haya—enumeró Dara.


—Mi nena está hambrienta, ¿Cómo está mi bebé? —preguntó tocándole el vientre, mientras ella hacía un gesto con la boca—Ya pido algo. Dime ¿Cómo te fue? —preguntó Marino.


—No me arreglé con él, al llegar lo vi besándose con su ex,  casi me desmayo, primero me enfurecí pero lo peor llegó cuando la reconocí.


—Dara ¡Por Dios! Capaz ella se le tiró encima, esa es la forma de actuar de Amarantha. Además Martín nunca la amó, solo estaba encaprichado, ¿Por qué crees que fragüé ese plan y te pedí que te acercaras a él y lo enamoraras? Porque confiaba en que lo lograrías, en que se volvería loco por ti, como de hecho sucedió.


En ese momento Amarantha escuchó la conversación y no podía creer que tuvo razón al pensar que la tal Dara, no era perfecta, era una zorra peor que ella, era una de las amantes de Marino, y éste la había mandado a enamorar a Martín, además estaba embarazada. Se levantó de la mesa sorprendida “Pobre Martín, en realidad ama a esa chica, pero ella debía contarle la verdad”, pensó mientras se levantaba bastante perturbada por su descubrimiento.


Dara terminó de contarle lo que había sucedido a Marino, quien estaba sorprendido del vínculo de Amarantha con su hermana —Es increíble lo pequeño que es el mundo. La mamá de Amarantha fue amante de mi papá, naciste tú y ahora es probable que la historia se repita, la hija de ella fue mi amante y está embarazada de un hijo que puede ser mío. ¡Qué increíble!


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Pasaron los días, Dara extravió su celular el día que llegó a Nápoles y no había tenido tiempo de comprar uno, porque las nauseas y los síntomas del embarazo no se lo habían permitido, pero ese día se sentía mejor, se levantó, se vistió, pasaría a comprar el celular e iría a la oficina de su hermano en su empresa, dejó su maleta a un lado de la puerta, con las pocas cosas que había comprado durante esos días, tenía previsto salir después del mediodía a Nápoles, le pediría a Marino que pasaran por el equipaje y después la llevara a la estación de tren, estaba nerviosa, porque había decidido arreglar las cosas con su esposo, se había dado cuenta que sus padres y su hermano tenían razón, Martín la amaba y ella estaba embarazada de él, ellos también se merecían la felicidad, y si ese niño resultaba ser de su esposo, ella lo aceptaría, lo ayudaría a cuidarlo y nunca impediría que cumpliera con su papel de padre, allí tenía mucha validez el dicho que rezaba “Lo que no fue en tu año no hace daño”, salió del departamento con mucho optimismo, ese día en la noche, estaría en brazos de su esposo.


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Amarantha iba junto con Martín a buscar los resultados de la prueba de paternidad, estaba feliz porque todo estaba saliendo favorable a ella, claro con un poco de ayuda, pero eso no importaba, ella ahora iba a saber apreciar la importancia de ese hombre a quien amaba profundamente, y aunque en el pasado no lo supo valorar, ahora estaba dispuesta a hacerlo feliz, y a acompañarlo en los momentos que se le avecinaban, porque estaba segura que cuando supiera la verdad sobre Dara,  caería en depresión, eso podría destruirlo, pero allí estaría ella como la madre de su hija, si porque ya sabía que era una niña, para ayudarlo a levantarse.


Martín caminó a la taquilla donde pidió los resultados, mientras Amarantha estaba parada a su lado con una sonrisa, le molestaba sobremanera su actitud egocéntrica, no comprendía en ese momento, que le había visto a esa mujer, era tan irritante, tan plástica, tan falsa, respiró profundo, apenas saliera de allí, iría a buscar a su esposa a Nápoles, donde le habían informado que estaba, con su hermano.


Recibió el resultado y las manos le temblaban, abrió el sobre, sacó la prueba, y comenzó a leer, Resultados del análisis, primero unos resultados y notas que no entendió, luego el sexo fetal analizado femenino, compatibilidad del feto con la muestra tomada del padre 99,999458% de compatibilidad. Era su hija, la niña que estaba en el vientre de Amarantha era suya, sintió un peso encima, le provocaba gritar, tirar cosas, había sido un inconsciente al tener sexo sin protección con esa mujer, sobretodo acabando de encontrarla con otro, sintió asco y debió correr al baño donde vomitó hasta la bilis, se enjuagó la boca y se lavó el rostro.


Cuando salió, ella lo esperaba —Creo que tienes los síntomas del embarazo, dicen que cuando eso pasa es que la conexión con la madre de tú hijo o hija en este caso, es muy fuerte, así lo quieras negar, a la naturaleza no la engañas. ¿Cuándo nos casamos mi vidita? —interrogó sonriente.


—Cuando el infierno se congele, óyeme bien, esta es la última vez que te lo repito, no me voy a casar contigo jamás, ¡No te amo!, además estoy casado con una mujer que si es una dama con todas las de la ley,  no una zorra como…—se quedó callado por respeto a la hija que esperaban—no sigas Amarantha sacando lo peor de mí, como te dije, velaré, le daré amor y todo lo que necesite mi hija, pero tú no entras en la ecuación, ni siquiera quiero verte, coordinaré con mi madre para que nuestro trato sea a través de ella, solo pido estar el día de su nacimiento en el hospital y que te instales en la misma ciudad donde viva—expresó caminando hacia el auto, se detuvo tomó su cartera y le dio unos billetes—llama a un taxi para que te lleve.


—Eres un necio, crees que ella es perfecta pero Dara es peor persona que yo, ella te buscó no porque quisiera, sino fue un plan que tenía con su amante—pronunció con odio.


—A diferencia de ti que fingiste serlo, Dara si era virgen cuando la tomé, no había conocido hombre alguno, le enseñé el arte del amor—expresó con seguridad.


—Pero fue una falsa, eso de que te amaba y que se consiguieron por casualidad, déjame decirte que escuché una conversación en las oficinas de M&M hace unos meses atrás, en ese momento no sabía de quien se trataba, pero luego de escuchar una conversación en un cafetín de la estación de trenes en Nápoles até cabos y descubrí la verdad.


—¿Cómo no pude darme cuenta de lo intrigante que eres? —expresó dándole la espalda y caminando hacia el carro, sin prestarle atención a lo que decía Amarantha.


—¡Eres un cobarde! Tienes miedo de oírme porque no quieres enfrentarte a la verdad de que esa imbécil no es perfecta, es una zorra peor que yo—destiló con odio.

—¡Cállate! No te permito que la nombres con tu sucia tu boca, es demasiado para ti, no me hagas decir palabras que te ofendan, porque no quiero hacerlo, ya déjame en paz, ¿Por qué te empeñas en incordiarme? tú tiempo conmigo ya fue Amarantha, ahora no hay ningún sentimiento que nos una, ni de amor ni de respeto.


«Porque te empeñas en humillarte de esa manera. Sigue con tu vida, aprende de lo que pasó y construye un nuevo camino, tal vez en el futuro te consigas a alguien que te ame y a quien tú ames, solo procura ser honesta, leal, respetuosa con la relación, por favor pasa la página, comienza a escribir un nuevo capítulo. Entiende tuviste tu oportunidad conmigo pero la desperdiciaste ¿Por qué te cuesta entenderlo? —pronunció exasperado.


Amarantha lloraba, verla así le inspiró lástima a Martín, quien se quedó viéndola impotente de que no entendiera—Esto que te voy a decir no tiene nada que ver con que tú y yo volvamos a estar juntos, si no me crees emplaza a Dara y a Marino a que te cuenten la verdad, si aún tienen un ápice de sinceridad en sus cuerpos te lo van a confirmar—mira estas fotografías le dijo entregándole el celula y él comenzó a verlas.


«Escúché a Marino hablando por teléfono, pidiéndole a Dara que te enamorara, a cambio le cedería su carro, su casa en la playa, su apartamento en Roma y su casa en Milán, le pidió que se encontrara contigo en un pueblo limítrofe con la frontera francesa, y que hiciera lo posible de que te enamoraras de ella y te olvidaras de mí, por eso ella fue a Courmayeur.


»Ese día almacené en mi memoria la información, pensando que en algún  momento me pudiera servir, pero cuando te vi tan enamorado de tu esposa, me propuse a mandarla a investigar, si ella resultaba ser tan buena como parecía, los dejaría en paz, sin embargo, por cosas de la vida, el día que me practicaron la prueba, que me llevaste a la estación, ella iba en el mismo tren a Nápoles, cuando llegué me escondí y al ella bajar la estaba esperando Marino, se abrazaron, y los escuché mientras estaban en el cafetín hablando que le decía que tú no me amabas sino que era un capricho, ¿Qué porque creía que había fraguado un plan para que se acercara a ti? y te enamorara, que había confiado en que te volverías loco por ella.


»Ellos se están burlando de ti, fue un plan, te lo juro por la vida de mi hija que lo que escuché fue verdad—dijo la mujer con determinación.


—Eso no puede ser cierto, mi pequeña no pudo haberse burlado todo este tiempo de mí, entendiste mal Amarantha, ella no sería capaz de hacerme eso—expresó con tanto dolor que Amarantha se conmovió, luego de decirle la verdad, tenía miedo de lo que le sucediera a Martín—¿Dime que todo te lo inventaste?


—Lo siento Martín, esa fotografía son ciertas y lo que te dije también—dijo ella negando.


—Debo ir a Nápoles, tengo vuelo para dentro de una hora y media—afirmó Martín en tono derrotado, mientras sentía que todas sus fuerzas se habían ido.


—Te acompañaré—se ofreció Amarantha.

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Dara se encontraba en la oficina de Marino, cuando entró un hombre muy parecido a Martín, se sorprendió pero de inmediato supo que era Marcos, lo había conocido en casa de su madrina.


—¡¿Marcos?! —exclamó ella.


—Dara preciosa, ¿Qué haces aquí, no estabas en Milán con mi hermano? ¿No se habían casado? Eso fue lo que me dijo mamá.


—Si claro, andamos un tanto disgustados, pero en la tarde mi hermano me llevará a la estación de tren para ir a Nápoles y conversar con Martín.


—¿Tú hermano? ¿Quién es? No lo conozco—expresó Marcos.


—Marino es mi hermano, somos hijos del mismo padre.


—No entiendo—dijo sorprendido—¿Cómo es eso posible? si eres hija única de tus padres y su apellido es Bellini y el de Martín es Russo. Eso no puede ser posible—enfatizó marcó pasándose las manos por el cabello con preocupación, un gesto que a ella se le pareció a Martín.


—Pues es posible, mis padres los que conoces son realmente mis abuelos, mi madre  sanguínea es hija de ellos y tuvo una relación con  Donatto Russo, el padre de Marino y mi padre—confesó ella sonrojada.


—Dara, debes contarle esa verdad a mi hermano, lo más pronto posible, por favor—le suplicó Marcos nervioso.


—No entiendo ¿Por qué te pones así? —lo interrogó ella.


—Porque si mi hermano se entera de esa verdad por boca de otros, pensará que todo fue un plan, el detesta a Marino desde lo que pasó, si no te adelantas, puedes perderlo —enfatizó ante la mirada sorprendida de Dara.


“Juzgar a una persona no define quien es ella…Define quien eres tú”. Anónimo.



CAPÍTULO 24. ¡NUNCA MÁS SEÑOR LANDAETA!


Dara no coincidía con el punto de vista planteado por Marcos y así se lo hizo saber —Difiero de lo que dices, no tengo absolutamente nada que ver con lo que mis hermanos le hayan hecho a Martín, yo soy una persona distinta a ellos.


—¿Hermanos? —interrogó Marcos frunciendo el ceño.


—Si porque Amarantha es hija de mi madre biológica, lo que convierte a los dos traidores en mis hermanos—expresó fingiendo una sonrisa—¿También me juzgará por eso? —preguntó con tristeza.


—Me dejas sin palabras, ¿Desde cuándo sabes esto?


—Me enteré hace cinco días, que mi hermano fue el amigo de mi esposo, que lo traicionó acostándose con su ex novia y ese mismo día, horas antes, me enteré que Amarantha mi hermana y la ex de Martín son la misma persona, por eso en ese momento decidí que se quedará con ella, pero mis padres, los que me criaron y Marino me dijeron que no era justo, porque nosotros nos  amábamos, en cambio él ya no la amaba a ella.


—Definitivamente tu vida parece  un culebrón de esas historias románticas—expresó con un poco de burla Marcos.


—Y eso que no te la he contado toda cuñadito, algún día nos sentaremos a hablar.


—No te olvides de contarle la verdad a mi hermano—enfatizó Marcos.


—Te prometo hacerlo cuando lo vea—respondió Dara para tranquilizarlo.


Se despidieron, minutos después llegó Marino —¿Cómo está la nena más linda de todo el mundo? —la interrogó acercándosele con ternura, besando su frente, pero segundos después comenzó a hacerle cosquillas.


—¡No Marino! ¡Por favor ya! —Gritaba Dara, casi sin aire, producto de la risa que le producía las cosquillas que le daba su hermano.


—Debes rogarme para yo dejar de hacerte lo que te estoy haciendo—respondía Marino entre risas.


—¡Jamás! Soy yo quien manda y tú debes obedecerme—decía la chica, pero su hermano no dejaba de hacerle cosquillas.


—¡Ruégame! ¿Quién es el hombre de tú vida? —la interrogaba sin darle cuartel.


—¡Por Dios! No, ¡Tú no eres!—exclama Dara a carcajadas.


—Tienes que decir: Tú Marino, eres el hombre de mi vida a quien más amo—expresaba feliz de jugar con su hermana como cuando ella era una niña.


—¡Está bien! —exclamó entre risas—Marino tú eres el hombre de mi vida… a quien más amo—pronunció casi sin aliento.


En ese momento Martín había escuchado cada suspiro, risa y palabras que se decían, sintió su mundo derrumbarse como si de un castillo de naipes se tratara, nunca se imaginó, que eso podía sucederle con la mujer que amaba, con su Dara, otra vez Marino se interponía en su vida, pero esta vez, juraba por Dios que mataría ese desgraciado, miró a su lado a Amarantha quien lo miraba con lástima, y la sangre le hirvió.


Abrió la puerta de golpe y ella se estaba arreglando la ropa, cuando los dos miraron sorprendidos, con culpabilidad. Martín se le acercó corriendo, la tomó por el rostro flexionándola un poco y obligándola a mantener su mirada en él, espetó—¡Zorra! ¡Traidora! —mientras Dara se mantenía en silencio y las lágrimas empezaron a brotar por su rostro.


Marino cuando vio que había tomado a su hermana se le acercó, lo agarró por detrás, preocupado de que fuera capaz de hacerle daño, pero este se volteó y le lanzó un derechazo que lo tiró al suelo, luego se le subió encima y comenzó a golpearlo, Marino intentaba detenerlo pero no podía, porque Martín estaba totalmente enceguecido de la rabia.


Dara se paró en la puerta y comenzó a gritar por ayuda, a su vez le suplicaba a Martín que lo soltara —¡Por favor! ¡Suéltalo! Lo vas a matar no le hagas daño.


—¿Te duele? ¡Dime! ¿Te duele que lo tome por el cuello y acabe con su vida? —la interrogaba mientras apretaba el cuello de Marino y éste le sostenía las manos para evitar que ejerciera mayor presión y lo ahorcara.


—¡Si me duele! Por favor Martín ¡Suéltalo ya! —le suplicó, la vio llorado y soltó a Marino pero luego se le acercó a ella.


—¡¿Amas a tu amante verdad?! —la interrogó volviendo a tomar su rostro, pero esta vez con suavidad—Dime ¡¿Lo amas?! —le gritó mientras ella saltaba de los nervios.


—Lo amo, pero no es mi amante, ¡Él es mi hermano!—respondió Dara en un hilo de voz.


Al escucharla Martín la soltó como si quemara —¡Estás mintiendo! Los escuchó teniendo sexo y al entrar te arreglabas la ropa.


—Jugabamos, me hacías cosquillas. Es mi hermano. No estoy mintiendo, su padre Donatello Russo es mi padre de Sangre, el tuvo una relación con mi madre sanguínea Tabata Bellini, la hija de mis padres de crianza—mientras ella hablaba no solo Martín se sorprendía sino también Amarantha.


—Eso es mentira, mi mamá Tabata no tiene otra hija más que yo, soy su única niña, ¡Eres una mentirosa!—espetó brincándole encima a Dara, quien por más que trataba de quitársela de arriba no podía.


Fue Martín quien la apartó de su cuerpo, y sintió su corazón brincar en su pecho cuando vio a Dara sangrando por la nariz —¡No es mentira! Marino no es mi amante, es mi hermano, si no me quieren creer no tengo más nada que agregar.


—Dime, vamos a ver hasta dónde llega tú sinceridad—la retó Martín—no es tú amante, te creo pero ahora respóndeme ¿Qué te ofreció Marino para que me enamoraras?


Dara bajó la cabeza por un momento y luego la alzó desafiante—Me dijo que quería unirnos a ti y a mí porque les parecíamos las personas más maravillosas del mundo—pronunció mientras no podía evitar las lágrimas, que la hacían oírse con un tono de voz afectado—después me ofreció su casa de la playa, su carro, su casa en Milán, su apartamento en Roma para que fuera a la frontera de Francia a buscarte.


—¿Así que todo tu amor fue una mentira? ¿Fue un plan de tu hermano para ganarse mi perdón? —preguntó con rabia contenida, mientras tenía la esperanza que ella le respondiera que no.


Dara se sentía profundamente herida, no quería volver a ver a Martín, había sido una ilusa pensando que la amaba, pero no le demostraría lo destrozada que la había dejado por su desconfianza y actitud.


—Es cierto, todo fue un plan, y resultó mucho mejor de lo que pensamos, te volviste loco por mí, olvidaste a tu ex, hasta te casaste conmigo y ahora tengo todas esas propiedades de mi hermano a mi nombre—vio detrás de él a Marino y a Marcos negando con la cabeza, haciéndole señas de que callara, pero siguió hablando su dolor, su deseo de que sufriera lo que ella estaba padeciendo en ese momento no la dejó parar—Nunca te amé, todo fue una mentira, caíste como un estúpido, iluso—le decía con burla.


—Te felicito, porque de esto que me has hecho no voy a volver a levantarme ¡Bravo! ¡Bravo! — decía aplaudiendo—Resultaste una mejor Actriz que tu hermana, es que lo traidor les viene de familia. Quiero el divorcio para casarme con la madre de mi hija, no quiero volver a verte en mi vida, a partir de este momento estás muerta para mi Dara Malika, te saco de mi vida y de mi corazón, para siempre.


—Como diga usted señor Martín Landaeta, nunca más volverá a verme en su vida, ¡Eso se lo juro!— afirmó  se volteó tomó la llave del auto de Marino, salió de la oficina con su frente en alto, pero con su corazón tan fraccionado que no creía nunca más volverlo a reparar.


—Eres un maldito imbécil Martín, no reconociste la pureza, la ingenuidad, la bondad, ni siquiera teniéndola en frente. ¿Y sabes que es lo peor? que no vales la pena. Realiza los documentos de traspaso, la empresa es tuya—manifestó Marino volteándose para salir de la oficina.


Justo cuando estaba saliendo entró María Martha y Martino, se sorprendieron al ver su rostro pero no hicieron referencia alguna a sus golpes—Díganme por favor, que Dara y Martín, arreglaron todo, mi nieto merece unos padres felices—expresó con alegría, exhibiendo una especie de tarjeta en sus manos que todos se quedaron viendo.


—¿Qué es eso? —preguntó Martín.


—Es la tarjeta que te hizo Dara, el día que iba a informarte de tu paternidad, la encontré debajo del auto, ¡Mira lo hermosa que es!—decía su madre emocionada.


Al abrirla, sus piernas temblaron se debió sentar en uno de los sofás para no desplomarse, era lo más hermoso que había visto, era una especie de tarjeta como un pequeño librito hecho con cartulina hilo y pintada con colores al frío, donde le decía de la manera más ingeniosa que en unos meses sería padre y terminaba escribiendo en la parte de atrás “TE AMO MARTÍN, ERES EL AMOR DE MI VIDA”, la tristeza que sintió por lo que había pasado y lo que veía allí lo destrozó y comenzó a llorar.


—Ella si me ama, me mintió diciéndome que no. Marino solo confírmame, ella no te aceptó nada de lo que dijo.


—Ni siquiera aceptó la propuesta, fue casualidad del destino que ustedes se encontraran en Courmayeur. Aunque ahora si me quitó la llave de mi auto, para irse—respondió con sinceridad Marino.


—Debo encontrarla, tengo que pedirle que me perdone, Marcos, dame la llave de tu auto—declaró levantándose del sofá, mientras su hermano le extendía la llave.


—Toma mi celular, mi auto tiene GPS y están conectados —Le entregó Marino el celular, cuyo rostro estaba hinchado y sangrando de los golpes que le había dado Martín.


—Gracias, voy por ella —dijo saliendo desesperado mientras se sentía miserable, como pudo creer que ella sería capaz de serle infiel y engañarlo.


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Dara iba por la carretera sin rumbo fijo, las lágrimas caían por su rostro nublándole la vista, se sentía derrotada, sin fuerzas, sin esperanzas, siempre lo perdía todo, nunca la escogían a ella, estaba cansada de sufrir desprecios, Martín no la amó, nunca lo había hecho, porque el amor confía, cree, aunque ella en un principio desconfió de él, pero lo amaba. 


¡Que horrible era crecer! pensó, Cuánto daría por volver hacer esa niña que sus padres habían criado y consentido, hasta que a la edad de ocho años se enteró que no eran sus verdaderos padres sino sus abuelos, que dolor era saberse despreciada por tu propia madre, que no haya titubeado ni un solo momento para dejarte atrás, como se dejaban las cosas insignificantes, de repente sintió un cosquilleo en todo su cuerpo, eran como especies de hormiguitas que la recorrían, no pudo evitar reírse, llevó una de sus manos a su vientre, quiso estacionarse, pero la inconsciencia llegó primero y luego la oscuridad.


Martín vio el auto de Marino, que transitaba como si no tuviera ningún chófer, segundos después sintió temblar su alma, cuando vio un camión impactarse contra el auto, y pasarle por encima, no pudo contener el grito que salió desde lo más profundo de su interior, de su miedo y de su dolor —¡No! ¡Dara no!



No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria”. Dante.


CAPÍTULO 25. REVELACIONES


Salió corriendo del auto, hasta donde estaba su esposa, comenzó a buscar la manera de abrir la puerta sin importarle los vidrios que se enterraban en sus manos, mientras no dejaba de llorar, el conductor del camión llamaba a emergencias y le gritaba que no podía hacer eso que debía esperar a los paramédicos, pero no oía, solo veía a su esposa inconsciente inclinada hacia un lado del copiloto, como pudo abrió la puerta y la sacó, se la sentó en su regazó, mientras trataba de reanimarla


—Dara mi amor, mi pequeña reacciona, ¡No me dejes! —comenzó  a gritar, lloraba, sollozaba —¡Maldita sea! No puedes morirte Dara mi amor, quédate conmigo ¡No me dejes! ¡No! ¡Por favor mi vida! Te prohíbo que te vayas ¡Amor! ¡Perdóname! ¡No Dios mío! ¡¿Por qué?! —exclamaba desgarradoramente. La abrazaba fuertemente contra su pecho, besaba sus labios.


Llegó la ambulancia y los médicos le quitaron a Dara, mientras gritaba totalmente enloquecido, perdió el sentido de la coherencia, debieron agarrarlo entre dos hombres mientras uno de los paramédicos le inyectaba un tranquilizante y lo atendían a la par de que lo hacían con Dara, uno de los que se habían parado a presenciar el accidente, estacionó el auto de Martín a un lado de la carretera, que había dejado atravesado. En ese momento llamaron a teléfono del vehículo y el hombre respondió la llamada, dando la noticia de lo que había sucedido.


Dara fue trasladada a la clínica donde comenzaron a atenderla de inmediato, también sacaron a Martín a quien habían sedado y lo trasladaron a una habitación. Minutos después llegaron María Martha, Martino, Marco, Marino, Amarantha. Les informaron que el estado de la chica era muy grave, que su pronóstico era reservado y que necesitaban donantes de sangre 0– de los presentes solo Amarantha tenía ese tipo de sangre, pero no podía donar porque estaba embarazada.


Decidida llamó a su madre, no sabía si era cierto lo que había dicho Dara, pero le pareció demasiada coincidencia que ambas tuvieran el mismo tipo de sangre, su madre le atendió al tercer repique —Tabata, ¿Tienes un hija de dieciocho años que criaron tus padres? —hubo un silencio sepulcral al otro lado de la línea que le dio la confirmación que esperaba—No digas nada, tu silencio es muy elocuente, estoy en la clínica la Roma, esa hija que tienes, tuvo un accidente y se está muriendo.


Al escuchar lo que dijo su hija Tabata pegó un grito —¡No! ¡Mi Dara no! ¡Mi niña no! — exclamaba mientras las lágrimas aparecían descontrolada por su rostro.


Cortó la llamada tomó su cartera y salió con prisa, cuando estaba saliendo su marido la retuvo—¿Dónde crees que vas?


—Voy a la clínica La Roma, mi hija me necesita—respondió temerosa la mujer.


—¿Qué hija? ¿Amarantha? —interrogó el hombre con curiosidad mientras se mantenía frente de ella desafiante.


—No, mi hija Dara—respondió con un pequeño hilo de voz.


—¡Maldita sea! Te dije que esa niña no existe, que si querías seguir en mi vida y en las de tus hijos, debías olvidarte de su existencia. Ella no es más que la prueba de tu traición, cuando te revolcaste con ese desgraciado, agradece que te acepté y perdoné lo zorra que fuiste—expresó con odio—Si sales por esa puerta donde esa bastarda, te juro que no volverás a ver más a los gemelos—le dijo parándose frente a ella iracundo.


—No puedes negarme el ir a ver a mi hija, todos estos años te he obedecido, te he hecho caso en todo lo que me has pedido, dejé de ver a mis padres, a mi niña, pero esta vez no puedo complacerte, mi Dara tuvo un accidente y debo estar con ella, ¡Me necesita!—exclamó decidida—esta vez no dejaré que te impongas ¡Ya basta! ¡No eres mi dueño!—espetó molesta.


La rabia del hombre no se hizo esperar, le dio una bofetada a la mujer con tanta fuerza que cayó al suelo, rompiéndole en el acto la boca, Tabata sintió  el sabor de la sangre en su boca, pero también la ira bullendo en su interior, esta vez no iba a huir despavorida, lo enfrentaría, su Dara la necesitaba, tal vez nunca tendría otra oportunidad de verla, y sacando de su interior la fuerza que solo de una madre puede surgir, se levantó del suelo y dio la vuelta camino al auto, cuando Enrico la vio, comenzó a seguirla, ella tomó una madera que estaba a la entrada de la casa y lo enfrentó.


—Te juro que si te me atraviesas no me va a importar estamparte esto por la cabeza, te dije que voy a ver a mi hija y ni tú ni nadie me lo va a impedir—lo enfrentó decidida—No te interpongas en el camino de una madre, hace muchos años cometí el error de dejarme chantajear, pero esta vez no, ¡Se acabó! Y voy a denunciarte no me impedirás que vea a mis gemelos, ni a mi Dara.


Volteó y salió corriendo, se subió al auto llorando, manejó saltándose varios límites de velocidad para llegar al lugar donde estaba su hija. Cuando llegó la primera persona en verla fue Amarantha, está al ver a su madre iba decidida a enfrentarla, pero al ver el golpe en su rostro se frenó—¡¿Qué te pasó?!


—Tú padre no quería dejarme venir y me golpeó para evitarlo—manifestó con lágrimas en los ojos.


—¿Por qué nunca me dijiste que tenía una hermana? —interrogó Amarantha molesta.


—Tu padre me lo prohibió, me obligó a dejarla con mis padres cuando solo tenía nueve meses de nacida, porque fue producto de mi traición, el siempre me maltrataba, pero esa vez estaba de viaje por un par de meses debido a su trabajo en la capital, te dejé a ti y a tu hermano en casa con la niñera y me decidí a salir, tenía tanta rabia que quería vengarme de él hacerle pagar, sus humillaciones, traiciones.


«Llegué a un bar y conocí a Donatto, comenzamos a hablar y sucedió lo inevitable, él se había separado de su esposa, nos contamos nuestras penas y vivimos una relación por un mes, salí embarazada aún usando protección y cuando llegó tu padre ya tenía seis semanas de embarazo, le dije la verdad, quería que abortara pero me negué, ese día me golpeó salvajemente por primera vez, intentó asestarme los golpes en mi vientre, pero yo lo protegí para que no malograra a mi bebé. Ese día decidí irme a casa de mis padres dejarlo, pero cuando subí por ustedes no me dejó llevarlos, me fui sola.


»Le suplicaba día y noche porque me permitiera verlos, pasaron los meses, y tuve a Dara, ella me hacía feliz, pero vivía angustiada por ustedes, sobre todo porque la señora que las cuidaba, me contó que tu padre los encerraba y los golpeaba, no podía permitir eso, con el  dolor de mi alma dejé a mi Dara, con mis padres cuando tenía nueves meses de edad, sabía que ellos la harían feliz y fui a suplicarle perdón a tu padre, eso lo hizo crecerse, regodearse, entretanto a mi la tristeza por haber abandonado a Dara me consumía, dejé de luchar, me convertí en mucho más sumisa de lo que era, y el abusaba de mí, se lo permití, me prohibió visitar a mis padres solo podía hablar por teléfono con ellos, no hubo un día que no los llamara, pude escaparme como cinco veces para poder verla, pero de regreso siempre tenía que enfrentarme a su ira.


»Luego nacieron los gemelos, cinco años después de haber tenido a Dara, me obligó a embarazarme, y hasta el día de hoy no pude encontrar la fortaleza en mi para escapar ¿Vas a juzgarme? —preguntó la mujer.


—Jamás lo haría, todo lo hiciste para protegernos —se llevó una mano a su vientre su madre no perdió detalle de su gesto—Dara es la esposa de Martín.


—¿El padre de tu hijo es el esposo de tu hermana? —interrogó con preocupación.


—Eso dice la prueba, mi encuentro con ella no fue amigable por lo menos de mi parte, le hice daño a ella, la golpee cuando dijo que era tu hija, envenene a Martín en contra suya, porque los celos me hicieron sospechar que ella no era tan buena como parecía, por mi culpa ella está allí, ¡Yo maté a mi propia hermana!—comenzó a llorar, su madre la abrazó—Yo provoqué la discusión entre ellos, ella salió herida, dolida, hice que le rompieran el corazón y ese camión la chocó porque ella estaba sufriendo por el amor de Martín, maté a mi hermana mamá, maté a mi hermana sin saberlo.


—Ya Antha, ¡Cálmate! Eso le hará daño al bebé. —le decía su madre.


Tabata se ofreció como donante de su hija, cuando estaban en el proceso de donación a Amarantha le dieron dolores de parto, todos sus familiares pensaban que era un parto prematuro  por tener menos de siete meses, pero ella sabía que no era así, decidió que al nacer la niña debía dar muchas explicaciones, pero ya estaría preparada para ello.


Mientras Dara se encontraba pasando su primeras veinticuatro horas en terapia intensiva, con traumatismo craneoencefálico, Amarantha se encontraba dando a luz.


Cuando la niña nación se la llevaron a Martín, quien ya estaba recuperado, no pudo dejar de mirar a la pequeña, parecía una copia exacta en miniatura de su Dara, su color de ojos, el mismo tono de cabello, la nariz, la acercó a él y le dio un beso en la frente, sintiendo amor por esa criatura, que le recordaba a la mujer amada, Marino se le acercó y se paró a su lado, se quedó viendo a la niña, sintió su corazón brincar de la emoción y pensó “Esa niña no es de Martín, es mía”


—Es  mi hija—afirmó Marino sin dejar de mirarla.


—No, la prueba de paternidad arrojaron que soy su padre, y esta pequeña se parece a su tía, recuerda que Dara es también hermana de Amarantha.


—¡Es cierto! Es exacta a mi hermana, solo que ella no se parece a su madre, sino a mi padre tiene  su  mismo color de cabello y sus ojos, Dara los heredó de mi papá, lo cual significa que para poder tener esas características, yo debo ser el padre—Para confirmar lo que decía apareció Donatto, quien se quedó viendo a la beba.


También entró Tabata—Es igual a mi pequeña Dara, pero mi niña se parece es a su padre—expresó sorprendida, tapándose la boca y mirando a Martín—¡Ella no es tu hija! es de Marino—afirmó la mujer.


Martín se quedó observando a la pequeña, sentía una conexión tan grande con ella, no era su hija pero igual la quería, como no hacerlo si era una miniatura de la mujer que amaba. Sin embargo, se la entregó a Marino su padre, quien quedó totalmente embelesado sin dejar de mirar a la niña.


Al salir Amarantha de sala de partos y llevarla a la habitación, ambos hombres se quedaron observándola pidiéndole una explicación —Pensaba decirles la verdad cuando saliera del parto—respondió con tranquilidad—pero veo que esta pequeñita me ha acusado con su sola presencia, ¡Es muy hermosa! Es igualita a ella, a mi hermanita, ¿Saben? Siempre quise tener una hermana, jugar con ella, contarnos secretos, ahora la tengo, pero tal vez pueda perderla.


—Dara no va a morir, ella va a luchar por nuestro bebé que crece en su vientre y porque la necesito, si ella muere lo hago con ella—expresó Martín con voz quebrada, respiró profundo para tranquilizarse y luego le preguntó—¿Cómo manipulaste la prueba de laboratorio?


—Convencí al chico del laboratorio, que sustituyera tus muestras con unas hebras del cabello de Marino que tomé de su oficina, por eso los resultados fueron positivos. Yo te amo Martín, me arrepentí de haber hecho lo que hice, quería otra oportunidad de ser feliz contigo, eres el hombre más tierno, cariñoso y caballeroso que he conocido, pero ya entendí que te perdí, que ya nuestro tiempo pasó y que la amas a ella, a Dara, mi hermana, solo espero que se recupere y le demuestres lo especial que eres.


«Aunque creo que te va a costar, porque por lo que vi esa niña es terca y orgullosa. Creo que ya tengo el nombre para mi hija, se llamará Tara, es la unión de mi segundo nombre con el de mi hermana, ¡Tengo una hermana! Pero si al despertar no me quiere, por todo lo que causé, si ella realmente me odia.


Martín sonrió al verla preocupada —Ella ya te amaba, cuando te vio, decidió renunciar a mí para hacerte feliz a ti.


—Si yo la convencí de que no lo hiciera, porque tú la amabas, íbamos a salir la tarde de hoy a buscarte en Nápoles, ella estaba tan feliz.


Escucharon ruidos por el pasillo, Martín Salió,  siguió a los médicos, vio como entraban con una máquina a la habitación de terapia intensiva donde estaba Dara mientras una enfermera gritaba —¡Doctor la paciente se nos va! El médico entró, todos corrían por los pasillos, sintió que sus piernas fallaban pero así camino hacia la habitación, vio como le aplicaban shock eléctrico desfibrilatorio, para reanimarla, pero su esposa no respondía, la existencia se le escapaba y con ella la suya, no podía hacer nada para detener la cruenta sentencia del destino, no quería ser como un lobo solitario, quería estar siempre a su lado, vivir caminar y morir con ella, ya no pedía nada de la vida solo eso, que sus caminos nunca divergieran, no detuvo las lágrimas que copiosamente salieron de sus ojos, lloró como un niño, como nunca, con terror de perder la mujer que amaba, su Dara, esa pequeña que encontró a metros de la cabaña, la que poco a poco fue robando su corazón e introduciéndose en su sistema y ya no creía poder vivir sin ella.


“No hay cosa que más avive el amor, que el temor de perder al ser amado”. Francisco de Quevedo.


CAPÍTULO 26. CONSECUENCIAS


Martín se había alejado de todos, se sentó pensativo, demasiado agobiado como para soportar a los demás, el dolor que sentía en su alma era como un cuchillo filoso, que lo cortaba y lo volvía jirones por dentro, tenía la sensación de tener una herida sangrante que no podía ser suturada, pero que sin embargo, constantemente era sometida a baños de alcohol. Se pasaba la mano por su rostro tratando de apaciguar la culpa que lo golpeaba persistentemente como el agua de mar a la roca. Se sentía impotente, añoraba tener el poder de regresar el tiempo para hacer todo distinto con Dara, permanecer a su lado y nunca dejarla ir, su esposa con su sonrisa radiante, su inocencia, ¿Por qué había dudado? ¿Por qué permitió que destruyeran el regalo más esplendido que la vida le había dado? Su amor.


Los recuerdos se agolpaban en su mente, las veces que juzgó sus actos sin conocerla, siempre se equivocó, desde la primera vez que la hizo suya y la lastimó —Perdóname mi amor, he sido una desgracia en tu vida, daría mi vida, incluso no me importaría que sobrevivieras y nunca volvieras aceptarme en tu vida, porque así sabría que existes y eres feliz aunque no sea conmigo—hablaba en voz alta con voz entrecortada hipeando, rogando que el tiempo pasara y le diera la dicha de que Dara se recuperara.



Se levantó del asiento, se recostó de la pared, mientras dejaba fluir el torrente de lágrimas de arrepentimiento, dolor, súplica, hasta de esperanza, así pasó más de media hora enfrentado consigo mismo y con esas sensaciones que prácticamente iban apagando su vida. Se quedó inerte, tratando de conciliarse con su interior, justo en ese momento escuchó hablando a uno de los médicos que atendía a Dara, abrió sus ojos.


—¿Familiares de Dara? ¿Su esposo dónde está? —interrogó el doctor.

—Soy yo—indicó Martín levantándose de su asiento, con voz apenas audible, sentía como si todo el peso del mundo descansaran sobre sus hombros, entretanto los demás familiares también se acercaron.


—Siento informarle que su esposa perdió el bebé que estaba esperando—el médico al ver el rostro desencajado de Martín agregó—quisiera no ser portador de malas noticias pero el estado de Dara es bastante crítico, se mantiene en coma, lamentablemente por ahora no responde a ningún estímulo, seguimos vigilándola, todo dependerá del tiempo que la paciente permanezca en coma, las consecuencia de este tipo de afección suelen ser, la pérdida de conciencia, esperemos pueda despertar en las próximas horas o tal vez días, mientras más pronto lo haga es más favorable, es probable que al hacerlo sufra de algún período de amnesia post-traumática, alteraciones físicas o motoras, tal vez sensoriales, los días siguientes son cruciales para ella y su recuperación. Detuvimos el Hematoma epidural, un sangrado de origen arterial cuyo crecimiento era bastante rápido, a través de la neurocirugía que como saben le hicimos a las pocas horas de su llegada. Hace un momento tuvimos que aplicarle  las maniobras de resucitación mediante un shock eléctrico, y pudimos recuperarla, pero esperamos  que esa situación no vuelva a repetirse, porque de pasar no podemos garantizar que responda.


El médico se fue, mientras Martín se sentó a llorar, su hijo, su bebé había muerto, tomó la tarjeta que ella había preparado, la cual había guardado en el interior de la chaqueta del traje que cargaba y comenzó a revisarla nuevamente, acariciando con las yemas de sus dedos el eco, donde se divisaba una pequeña mancha del tamaño de una frambuesa, resaltando una gran cabeza, jamás lo sentiría en el vientre de su esposa, nunca lo vería, no sabría cómo sería su rostro, no oiría su llanto, no lo tendría en sus brazos, tampoco nunca lo besaría. Mientras lloraba Mariano se le acercó —Lo siento Martín, aunque no lo creas, lo siento mucho.



—¿Por qué todo me ha salido mal? ¿Por qué no internalice que ella era diferente? Cuando despierte, no va a poder soportar el dolor. Ve esto—expresó—mira como plasmó en esta tarjeta toda su creatividad, su amor, su ilusión, para anunciarme que íbamos a ser padres, ¿Qué hice yo? Ser un miserable, desconfiado, creí que era tu amante, que cuando llegue estaban haciendo el amor, por las palabras y gestos que escuché.


—Yo desde que la conocí la acepté, la amé como mi hermana, ella me aceptó también de una vez, siempre nos hemos querido y hecho cosas juntas como todos los hermanos, frecuentemente nos hacíamos  cosquillas, era como una especie de ritual, un juego entre nosotros para divertirnos, me encantaba escuchar sus carcajadas, ella es un soplo de vida, de aire en nuestra existencia.


—¿Por qué desde que nos conocimos nunca me hablaste de ella? —lo interrogó Martín.


—Tal vez porque a mi madre no le gustaba que la nombraran, cada vez que el tema de Dara salía a colación, ella se enervaba, entonces me acostumbré a no hablar ese tema con nadie, aunque siempre la llamaba y cuando papá iba a verla y yo tenía la posibilidad de acompañarlo, no desperdiciaba la oportunidad de hacerlo. Desde que la conocí, ha sido mi nena, mi princesa, mi hermanita.


—Pero ahora tienes una nueva princesa en tu vida, Tara, ya Dara no será tu nena, tú tienes una hija que nunca imaginaste, tal vez ni siquiera estaba en sus planes ser padres, mientras Dara y yo perdimos a nuestro hijo, ella que lo esperaba con ilusión, la vida es injusta, y no sé porque se empeña en hacernos daño y destruirnos, parece que a quien actúa mal le va bien, y quien hace el bien, le va mal—expresó con resentimiento.

—Yo no soy el culpable que tu hijo muriera Martín, daría mi vida porque mi nena no sufra ese dolor que se sentirá cuando lo sepa. Si porque para mí Dara siempre será mi princesa, mi hermanita, por otra parte, es cierto, no pedí ser padre, tal vez nunca me lo imaginé, ni siquiera lo ansié, pero la vida me ha dado la oportunidad y no solo eso, sino que mi pequeña resultó ser igual físicamente a mi hermana, eso para mí es una inmensa alegría. Sé que actué mal contigo, que no te he traicionado una sino dos veces al querer enviar a Dara a conquistarte, y tengo claro  que la vida se encargará de cobrarme todo lo que hice, cuando eso pase no me quedará más que asumir la responsabilidad de mis actos.


«Pero quiero que sepas que cuando cedí a las provocaciones de Amarantha, no quería hacerlo, luché por mucho tiempo para no caer en esa tentación, pero su insistencia fue demasiado, hasta que terminé cediendo. Sé que debí contarte lo que pasó desde un primer momento, pero tuve miedo de perder tu amistad y después me hice adicto a ella, amaba el peligro de ser descubierto, eso le daba un toque de excitación a todo, sin embargo, al percatarme al final de cómo manejó todo, de su comportamiento, me di cuenta que no debía continuar mi relación con ella, porque no era una buena mujer.



»De todo esto lo que más lamento, es que mi hija tenga una madre como ella, Amarantha solo se importa ella misma,  sin embargo, por consideración a que es la hermana de Dara, le daré el beneficio de la duda, veré su comportamiento con la bebé por un tiempo, si veo que no es una buena madre pediré la custodia de mi hija.


»Por otra parte,  lamento haberte traicionado, te pido perdón por engañarte, más no por haberme involucrado con Amarantha, porque así te libré de ella, hubieses vivido engañado con una vida miserable, agradéceme eso y el hecho de que intenté aunque el destino lo hizo mejor que yo, que conocieras una chica maravillosa, inteligente, con buen sentido del humor, honesta, leal, decidida, un poco terca pero gentil, entregada, cariñosa, no es porque sea mi hermana, pero Dara Malika es la mejor mujer del mundo y agradece ese hecho porque si no nunca la dejaría ir.


—Lo sé, ella es como una brisa fresca en un día caliente, como el paragua en un día lluvioso, como el café que nos estimula en la mañana y despierta los sentidos. Dara es perfecta y es mía, mi esposa, mi amada, mi compañera, mi amiga, ella es mi todo, hace un momento pensaba renunciar a ella si se salvaba, pero no, ella va a salir de esto, y yo buscaré una y mil formas de lograr que me perdone y me acepte, seremos felices y después tendremos nuestros bebés, esto será solo un mal sueño.


UNA SEMANA DESPUÉS


Uno de los galenos que estaba atendiendo a Dara, salió a conversar con ellos esbozando una sonrisa, —Nuestra chica ha salido del coma, hasta ahora está un poco desorientada, le estamos practicando una pruebas, para determinar con exactitud la parte de su cerebro que ha sido afectado,  conoce su nombre, su edad, no sabía qué día era, tampoco recuerda el accidente ni las razones, estamos evaluando y realizando nuevos estudios por imágenes neurológicas, recuerden que el traumatimo sufrido por Dara, produjo lesiones físicas en su tejido cerebral que alteraron de forma temporal su función cerebral, que reaccionara es una buena noticia, los médicos  actuamos con rapidez y efectuamos  la intervención con celeridad y eso ha dado mayor esperanzas a la chica.


—¿Cuándo podremos verla? —interrogó la madre de crianza de Dara.


—Aun no es recomendable, tal vez le daremos acceso luego de concluir la evaluación poco a poco, uno por uno, solo a los familiares directos a los padres y a su esposo, veamos como evoluciona si lo hace bien quizás puedan entrar todos.

El médico se despidió y quedaron ellos conversando —Madre—llamó Tabata la atención de Greta—cuando dejen entrar a verla, permíteme hacerlo, por favor, se que tú la has criado, que has estado siempre a su lado, pero si no he estado con ella, no es porque no lo haya querido, existen circunstancias que me lo han impedido, pero ahora quiero estar a su lado.


—No creo que sea favorable para ella que la veas en este momento, no te ha visto en muchos años, tal vez si te ve, provoque alguna alteración. Vamos a conocer primero la opinión del médico y en base a ello actuaremos. Prometo no impedir que estés con ella, pero primero debemos procurar hacer lo correcto, no quiero hacer nada que la ponga en riesgo.


—Entiendo, tampoco quiero alterararla ni de ninguna manera causarle daño, solo quiero abrazarla y aprovechar la segunda oportunidad que la vida me está dando.  Mamá me vi obligada a alejarme para estar con mis otros hijos, Enrico por muchos años me hizo daño, me impidió acercarme—y comenzó a contarle a sus padres lo que había pasado, sin importarle la presencia de Martín, Marino y Donatto, mientras no podía evitar sus sollozos.


—¡Es un maldito cobarde! ¡Debiste denunciarlo!—la increpó Donatello indignado.


—No podía hacerlo, quien me escucharía, no sabes que los tipos poderosos como él nunca pagan sus crímenes porque tienen la justicia de su lado y la manejan a su antojo, ¿Quién va a atreverse siquiera a tomar la denuncia en contra del magistrado presidente de la máxima corte del país? —concluyó llorando.


—¿Cuándo nos conocimos te golpeaba? —interrogó el hombre.


—Me gritaba, me impedía salir a la calle, controlaba con quien me veía, llevaba a sus amantes a nuestra propia casa, nunca pasó de un bofetón, hasta el día que le conté que estaba embarazada, supo por supuesto que no era de él, me golpeó con la intención de que perdiera al bebé, pero lo protegí, me fui de su lado, como todos saben pero volví para poder estar con mis hijos.


—¿Por qué no acudiste a mi? ¿Por qué no me avisaste en ese momento que te habías quedado embarazada? —la interrogó Donatello, mientras Marino, Martín y sus padres se alejaban de ellos para dejarles privacidad, ya habían oído demasiado.


—Lo intenté, fui a buscarte en primer término a tu casa, averigüé donde vivías, pero cuando llegué allí, estabas con tu esposa abrazados, estaban en la puerta de la verja, se veían tan felices, sabía lo que habías sufrido por ella, no podía causarte problemas, por eso decidí huir de allí sin contarte la verdad e irme con mis padres a Milán, hasta que di a luz a Dara.


«Semanas después regresé a Nápoles con ella, conseguí trabajo y en mi tiempo libre intentaba acercarme a mis otros hijos, pero él me dijo que no los vería hasta que no me deshiciera de la bebé, intenté por todos los medios de convencerlo para poder quedarme también con Dara, pero estaba cerrado a ello, yo acostumbraba a llamar diariamente a la señora de servicio para preguntarle por ellos, hasta que un día me llamo diciendo que él los estaba maltratando, eso me convenció y llevé a Dara dejándola con mis padres y regresé con él, hasta el día del accidente de ella, que lo reté porque no quería dejarme venir a verla—concluyó sin dejar de llorar.


—Debiste pedir ayuda, te hubiese ayudado, independientemente de la molestia que provocara en mi esposa, ninguna mujer debe soportar maltratos de ningún hombre, por muy poderoso que crean que es, tarde o temprano la justicia se impone. Voy a ayudarte a desenmascarar ese desgraciado. ¿Dónde te estás quedando?

—En en departamento de Martín con la bebé, Amarantha me la dejó porque no sabe atenderla, ella se está  recuperando en su propio departamento.


—Ella te la deja porque es una irresponsable, que nunca cambiará, como la niña no le sirvió a los fines de retener a Martín, no le sirve.


—No digas eso, ella no se queda con nosotras para no incordiar a Martín y yo no me quedo con ella porque ese departamento es propiedad de su padre, si me consigue puede obligarme a regresar con él.


—Tabata, voy a prestarte un lugar para que te quedes, no quiero que Amarantha tenga excusa para visitar el departamento de Martín, no confío en ella. — expresó con firmeza Donatello.


—Ella sabe que Dara es su hermana, no haría nada para dañarla, mi hija no es una mujer mala—respondió defendiendo a Amarantha.


—Ella no es mala, solo es una malcriada, insensible, caprichosa que jugó a su antojo con dos amigos destruyendo esa amistad y no justifico a Marino, se que también es responsable, pero ella insistió hasta hacerlo caer, no quiero que ni siquiera tenga oportunidad con el esposo de mi hija—pronunció mientras Tabata bajaba la cabeza afectada por sus palabras.


******************************************

Un par de días después le fueron permitidas las visitas a Dara, la recuperación en esos días había sido bastante asombrosa, la pasaron a una habitación, entraron Marino y Martín, este último se acercó a su cama, le tomó la mano y se sentó a un lado besando su frente, se sentía tan feliz de volverla a tener cerca de él, su corazón se emocionó y una radiante sonrisa se dibujo en su rostro.


Momentos después entraron también los padres de crianza de Dara y los de Martín, todos estaban felices de la milagrosa recuperación de la joven, se encontraba dormida, hasta momentos después que abrió los ojos.


Vio al hombre junto a ella sin dejar de besarla, retiró su mano como si quemara y abrió grandemente los ojos diciéndole—¡¿Q-quién… eres tú?! ¿P-por qué … me besas? N-nunca te… he visto … en mi vida?


“Yo no te olvido, habitas un lugar donde nadie puede tocarte, donde nadie sabe que existes, donde nadie puede herirte, ni yo con mi olvido, ni tú con tu ausencia.” -Vogard P.


CAPÍTULO 27. RECONQUISTA

 

Martín se quedó observándola fijamente, esperando que ella sonriera, que le dijera que era una broma, pero al percatarse de su seriedad se dio cuenta que era verdad, su Dara no lo recordaba. Cuando iba a responderle, apareció el médico —Ya vieron a Dara, me contenta que se esté recuperando, deben tenerle paciencia, ella presenta una amnesia retrógrada, olvidó los acontecimientos ocurridos en su vida unos meses antes del accidente. Pero consideramos que su amnesia es temporal, porque las pruebas no arrojaron ningún daño irreversible, por lo cual va a recordar paulatinamente. 

 

«La forma en la cual el cerebro logra recordar es dinámica, cuando hablamos de una amnesia retrógrada y temporal, la persona va recordando los acontecimientos, reconstruyéndolos tomando trocitos de diferentes parte del cerebro, no existe recuerdos que se congelen por siempre y sean inmunes a ser reconstruidos al transcurrir el tiempo. El sistema límbico, es quien se encarga de controlar la experiencia y la expresión de las emociones, y el hipocampo que forma parte de este sistema, ayuda a conectar los recuerdos con las emociones, la memoria comprende funciones cerebrales que van entrelazadas entre sí. 

 

»Dara debe ser sometida a una rehabilitación que combine la fisioterapia, terapia cognitiva, de lenguaje y logoterapia porque  presenta una afasia de Broca, por ello  le cuesta hablar frases u oraciones completas, por eso hace pequeñas pausas al hablar, también necesita asesoramiento para que mejores sus requerimientos emocionales y sociales, les agradezco no le den información, si no recuerda algunas cosas, no la presionen”. 

 

El médico se despidió dejando la habitación en completo silencio, Martín se apartó de ella, dolido ante su rechazo, su esposa lo detestaba a tal magnitud que solo había borrado los últimos meses de su vida, para desaparecerlo totalmente de ella, sintió un nudo en la garganta, iba a salir pero Marino lo tomó del brazo. 

 

—Hermanita, nos has hecho pasar un susto, pero me alegro estés bien, quiero que te mejores pronto para seguir jugando a las cosquillas—ella esbozó una media sonrisa y extendió su mirada al hombre que había estado sosteniendo su mano y miró interrogativamente a su hermano, este se dio cuenta y le dijo—Este es un amigo mío, se llama Martín, desde que te vio en una foto está babeado por ti, por eso te tomaba  de la mano, es de lo más confianzudo. 

 

Dara sonrió, viendo la expresión extraña que hacía el amigo de su hermano, le pareció bonito, no pudo evitar ruborizarse—S-soy…Daara—pronunció con dificultad mirando a Martín. 

 

—Eres Dara—dijo Marino—y él es Martín Landaeta, mi socio y amigo, pero su lengua ha sido comida por los ratones. 

 

Ella frunció el ceño y dirigió su vista a su madrina—M-ma-drina… él es tú…hijo—más que una pregunta fue una afirmación. 

 

María Martha se le acercó y besó su frente—Si mi princesa es mi hijo mayor, ¿Verdad que es hermoso? —preguntó con ternura—¿Recuerdas que te lo quería presentar? 

 

—Si…pero…nunca coincidimos—extendió la vista a su mamá Greta—mamá, papá—ambos se acercaron a abrazarla. 

 

—Hija, tienes dos personas que quieren venir a verte, tú padre y tú madre, quieren estar junto a ti ¿Quieres verlos? —interrogó la señora. 

 

—M-mi papá…mamá—sus ojos se iluminaron de emoción, pero luego se opacaron —¿Q-qué se … los…impide?—hizo una pausa, pero no esperó respuesta—quiero ¿Y… Augusto? —interrogó. 

 

—Hace un momento me avisó que venía en camino, le dije en que habitación te encontrabas para que pasara a verte—respondió Greta. 

 

—Quiero… verlo— Ante sus palabras Martín sintió un dolor que se alojó en su pecho, y para hacerle más miserable el momento,  entró el mencionado, con una gran sonrisa, acercándose a Dara para abrazarla, ella le respondió el gesto con una gran sonrisa. 

 

—Mi enana preferida, me contenta tenerte de vuelta—enfatizó feliz. 

 

—Te… extrañé—confesó ella. Al oírla Martín apretó sus manos y caminó hacia la puerta conteniendo el enojo, dolor, Marino lo tomó del brazo pero él se liberó. Salió afuera y dejó fluir sus sentimientos. 

 

—Espera Martín ¿Por qué te vas? —lo interrogó Marino. 

 

—La perdí Marino, mientras a mi me olvidó le dice a él que lo extraña, no puedo luchar contra eso. Debo asumir que tuve mi oportunidad y la desaproveché—afirmó Martín. 

 

—No te conocía esa faceta de pesimista, enamórala, ven yo sé que les gustas, te ama, esos sentimientos están allí en algún lado escondidos, ¿Sabes que ama a los perros y siempre ha querido que le regalen uno gigante de peluche? Vamos a ir a comprárselo, yo cargo una camioneta de cabina, lo metemos allí y se lo das. Te toca conquistar a tu esposa, creo que es lo mejor, la primera vez la enamoraste muy rápido. Por cierto ¿Cómo lo hiciste? —dijo en tono de burla. 

 

Las palabras de Marino lo pusieron de mejor humor, hicieron que un poco de esperanza comenzara a renacer en interior—¡Cállate! Chismoso, no te contaré nada—respondió sonriente. 

 

—Bueno a decir verdad, no quiero saber lo que hacías en esa cabaña con mi hermana—confesó Marino riéndose. 

 

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Todos salieron y dejaron a Augusto con Dara —Yo te he extrañado más—confesó el hombre—desde que te fuiste Courmayeur, me dejaste varado…—fue interrumpido por Dara. 

—No entiendo, ¿Dónde… estoy? —manifestó Dara. 

 

—Estamos en Nápoles, te accidentaste aquí—dijo el chico mientras se sentaba a su lado sin dejar de tomarle la mano. 

 

—¿Qué… hago aquí? —volvió a interrogar. 

 

—Estabas con tu hermano, visitándolo, eso es lo que sé. 

 

—Estoy… confundida.

 

—No te agobies, ya estoy contigo—respondió dándole un beso en la frente. 

 

Augusto acarició su rostro con delicadeza, ella se quedó sorprendida, cuando vio que se acercó a su boca y la besó, estaba desconcertada, no se esperaba ese beso, no estuvo mal, pero tenía la impresión de que estaba haciendo algo indebido, por un momento no supo qué hacer, pero segundos después lo empujó apartándolo de sí —¡No! ¿Qué es… estás haciendo? —lo interrogó estrujándose la boca para limpiarse. 

 

—Dara, lo siento mucho, pero al enterarme de lo que te había pasado, me impulso a luchar por ti, a confesarte que te amo profundamente, estos meses que pasé sin verte han sido los más tormentosos de mi vida, me he sentido vacío, tú llenas mi mundo mi hermosa—iba a volver a besarla pero Dara puso su mano en su boca. 

 

—No…por favor…eres…mi amigo…no puedes…enamorarte de mí—le respondió ella. 

 

Augusto la tomó por los hombros—ya no puedo, es tarde, porque ya estoy totalmente enloquecido por ti, por favor acéptame en tu vida—rogó el chico con su rostro lleno de esperanzas. 

 

—No puedo…no sé qué…pasó los…últimos meses…tengo…que recordar—respondió con tristeza, con un poco de miedo porque no quería perder a Augusto. 

 

—Te entiendo y pienso esperarte todo el tiempo que haga falta. 

 

En ese momento llegó la enfermera — Señor debe salir, Dara necesita descanso y mientras tenga visitas no podrá hacerlo, así que por favor tenga la bondad de retirarse—expresó la enfermera y Augusto le dio un rápido besos en los labios y se retiró. 

 

Dara se quedó tocando sus labios, y comenzó a pensar no solo en el beso de Augusto, sino en el amigo de Marino que le tenía tomada la mano al despertar, ese gesto produjo más en ella que el beso de Augusto ¿Por qué será pensó? Y con esos pensamientos luego de comer se quedó dormida. 

 

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Un Par de horas después, Martín estaba pagando en la tienda del Centro Comercial el gran peluche de Color marrón claro que le había comprado a Dara, caminó por todo el lugar cargándolo, ante las miradas de curiosidad, sonrisas y comentarios de los transeúntes, al llegar al estacionamiento lo ubicaron detrás de la camioneta e hicieron el recorrido a la clínica, cuando llegaron Martín lo bajó y lo llevó al interior del lugar, al ingresar se encontró al tal Augusto, quien se acercó a él en una postura amenazante. 

 

—Por culpa tuya ella está allí, ya lo supe todo, déjame decirte que tuviste tu oportunidad con Dara y la desperdiciaste, no creo que a fuerza de peluches logres cautivarla, te advierto que yo voy a pelear por el amor de ella, no habrá fuerza humana que me detenga, siempre la he amado desde que la conocí a los dieciséis años, pero como era muy joven estaba esperando su mayoría de edad. Así que te pido que si la amas, te alejes de ella. 

 

Martín lo escuchó conteniendo todo el enojo que se estaba produciendo en su interior —¡Si serás descarado! Por si no te has enterado, te lo cuento y si lo has oído te lo confirmo, no tengo porque pelear contigo por el amor de Dara, ella es mi esposa, mi mujer ¿Sabes por qué lo es? Porque me ama, al igual que la amo yo, ¿Tuvimos problemas? Cierto, pero eso solo nos concierne a nosotros. 

 

—¿Crees que ella seguirá enamorada de ti después de lo que pasó? Cuando hasta prefirió borrar su memoria, para ni siquiera acordarse de ti, tú eres su pasado, yo soy su futuro, mientras más rápido lo entiendas menos sufres—dijo el hombre con una sonrisa de burla—Ah por cierto, la acabo de besar y me ha respondido de manera espectacular. 

 

Al escuchar eso, Martín  tiró el peluche y le brincó encima tomándolo del cuello, pero Marino lo apartó con fuerza —¡Cálmate! Te está provocando para sacarte de tus casillas, no caigas en su juego. Y como hermano de Dara te pido—expresó dirigiéndose a Augusto—que te retires, no eres nadie para ella. 

 

—Para que me retire de aquí, tendrán que sacarme por la fuerza ¿Quién lo hará? —los retó Augusto. 

 

—Tus deseos son órdenes, —manifestó Marino quien le había molestado la actitud del chico y con apenas rabia contenida, le metió una mano que hizo perder el equilibrio al chico—Tu tranquilo Martín, ve a la habitación de mi hermana mientras yo me encargo de éste. 

 

Martín tomó el peluche, pero cuando iba a entrar, las enfermeras lo retuvieron informándole que el médico, había dado instrucciones de no permitir más visitas por ese día, que además la paciente se encontraba dormida y no podía ser molestada. Al ver la tristeza reflejada en el rostro de Martín y el hermoso peluche que traía, una de ellas cedió, dejándolo pasar a la habitación —¡Entre! Tiene diez minutos para hablar con ella. 

 

—Muchas gracias son ustedes un par de ángeles—afirmó agradecido. 

 

Dara se encontraba muy exaltada, no quería dormir, no dejaba de pensar en esos ojos negros y esa hermosa sonrisa, sintió su corazón latir más de prisa y se regañó mentalmente “Por Dios, deja de pensar en ese chico, su madrina le había dicho que tenía novia”, ese pensamiento hizo que dibujara una mueca en su rostro. 

 

Escuchó el ruido de la puerta al abrirse y vio un gran peluche más grande que ella, era de color marrón claro y su corazón saltó de alegría, al ver al hombre objeto de sus pensamientos, soltó una risa emocionada y esperó ansiosa que llegara a su lado. 

 

—Hola, ¿Espero no te moleste que te haya traído este detalle? ¿Te gusta? 

 

—Si… no—respondió confundida, pero vio que Martín había puesto su semblante triste y  corrigió de inmediato—me gusta—hizo una pausa—no me molesta—él sonrió de inmediato, se sentó junto a ella y su cuerpo se erizó, y comenzó a sentir cosquillas en el estómago. 

 

—Es con todo mi cariño para ti—le dijo y el muy atrevido le acarició el rostro suavemente con el dorso de la mano mientras ella sentía que su corazón se paraba de la emoción. 

 

—Gracias—se quedaron viendo con intensidad, Martín abrió la palma de su mano rozando sus mejillas, sus labios, mientras ella se acercaba más al contacto de sus manos con sus ojos cerrados, como pidiéndole más. Sin pensarlo ni siquiera un momento, él acercó su boca a la de ella, al ella sentir el tacto de sus labios en los de ella, tuvo la sensación de que muchas mariposas le revoloteaban en su estómago, él sabía rico, pensó, su sabor era embriagador, abrió su boca para darle mejor acceso. 

 

Martín la besaba con ternura, introdujo su lengua dentro de su boca y jugueteaba con la suya, la emoción que sentía en su interior era indescriptible, su Dara, su amada, su esposa, la mujer de su vida, se besaron por un par de minutos, luego se separaron para insuflar aire en sus pulmones. Se quedaron viéndose, él la miraba como si del tesoro más valioso se tratara. 

 

—Dara, yo, discúlpame, lo siento—ella se quedó viéndolo con un semblante de tristeza—mentira no lo siento, no tienes idea de todo el tiempo que he esperado para volver a besarte—y dicho eso, levantó su mentón y la volvió a besar, ella cerró los ojos, percibiendo con sus sentidos ese cúmulo de emociones que ese  hombre despertaba en ella, es como si supiera lo que la iba a sentir, eso la inquietó un poco, porque nunca antes lo había visto ¿Por qué se sentía tan cómoda y segura junto a él?, se preguntaba, tratando de darle una explicación a todo lo que apreciaba, no entendía porque le decía que había esperado mucho tiempo para besarla, su mente era un remolino de confusiones, sintió una punzada en su cabeza, que la hizo apartarse de él, se la tomó con ambas manos mientras las lágrimas empezaron a salir de sus ojos. 

 

Martín se inquietó —¿Qué tienes pequeña? —ella permanecía en silencio—llamaré al médico, tranquila, tocó el timbre y en segundos tuvieron allí  un par de enfermeras. 

 

—Buenas tardes, ¿Cuál es la novedad? —preguntó la mayor de ellas.

—Creo que le duele la cabeza, por favor haga algo—pidió angustiado. 

 

—Tranquilo señor por favor, salga—solicitó la enfermera. 

 

—Soy su esposo debo estar con ella, no quiero apartarme de su lado—manifestó angustiado. 

 

Dara entre la niebla del dolor escuchó que él decía que era su esposo ¿De qué hablaba ese hombre? ¡Estaba loco! iba a protestar pero su dolor de cabeza y el zumbido de sus oídos, era persistente sintió un pinchazo en su brazo y después oscuridad.

 

“Algunos piensan que se puede ocultar la verdad, pero a medida que el tiempo pasa, la verdad se revela y la mentira se desvanece”. Ismail Haniyeh.

 

 CAPÍTULO 28. DESCUBRIENDO EMOCIONES


Martín veía mientras inyectaban a Dara, sin hacer ningún movimiento, el miedo lo atenazaba, el rostro desencajado de su esposa producía sufrimiento en él, respiró de manera profunda, y luego dejó salir el aire a través de un fuerte suspiro.

Al terminar de atenderla, la enfermera se dirigió a él —Señor por favor salgase.

—No me quiero salir, se lo suplico—pidió uniendo sus manos en forma de oración debajo de su rostro—quiero estar junto a ella, prometo no incordiarla, solo acompañarla mientras duerme.

—Entienda que son instrucciones del médico, no podemos hacer nada.

—¿Usted está enamorada? —preguntó Martín esperanzado, la enfermera se quedó sorprendida.

—Si tengo mi esposo—respondió con un dejo de curiosidad en su semblante.

—Si estuviese su esposo pasando por una situación a similar, ¿Le gustaría estar fuera o a su lado? —interrogó.

—A su lado por supuesto—después de responder la mujer se dio cuenta que había caído en la trampa y sonrió—es usted persistente, lo dejaré con Dara, pero el doctor de Guardia hace ronda cada seis horas, procure no estar cuando venga, porque me va a meter en problemas.

—Se lo prometo—dijo Martín levantando su mano derecha en señal de juramento y con una sonrisa tan cautivadora que la enfermera quedó hipnotizada por segundos, hasta que decidió retirarse.

Martín se sentó junto a ella mientras dormía, vio el gran oso, que estaba colocado a sus pies y después miró el rostro de su esposa era tan bella, tan frágil tan tierna, que lo tenía totalmente cautivado, jamás se cansaría de contemplar su hermosura. Con esos pensamientos, se quedó dormido sin percatarse, colocando su cabeza a un lado del hombro de su esposa.

Dara se despertó, no sabía cuántas horas había dormido, lo último que recordaba era que Martín, el amigo de su hermano la estaba besando y después sintió un dolor de cabeza, un zumbido, unas palabras, pero todo era un cúmulo de confusión en su cerebro, se sintió irritada, no entendía porque le pasaba eso, además que tenía dos meses de su vida borrada, surgían muchas preguntas ¿Qué había vivido en ese tiempo? ¿Por qué solo había suprimido los recuerdos de esos dos meses?, se giró a su izquierda y lo vio allí, Martín se llamaba, su espeso y oscuro cabello negro, contrastaba con el blanco de las sábanas.


Sus facciones se veían relajadas, aunque una sombra negra profunda se divisaba bajo sus ojos, como si tuviera tiempo sin poder descansar, frunció el ceño al percatarse que era raro, que alguien a quien no conocía y que según su hermano solo la conocía por foto, se entregara a cuidar una extraña por más que le gustara, había algo que no lograba entender y por más que trataba de buscar una explicación lógica no daba con ella, esa situación desencadenaba siempre en un insoportable dolor de cabeza, respiró profundo y exhalo por la boca, tratando de calmarse, para tratar de controlar ese dolor de cabeza que iba aumentando paulatinamente su intensidad, se supuso que eso era consecuencia del accidente del cual hasta ahora desconocía como había ocurrido, lo único que sabía era que había sido conduciendo, porque eso le informaron, pero del resto no tenía detalle alguna.


Siguió observando al hombre que descansaba la cabeza a su lado, era tan hermoso, esas facciones, esos labios que la habían besado con una desbordante pasión, no pudo evitar la sensación que percibió en su estómago como un leve aleteo de mariposas que envió como un corrientazo a todo su cuerpo excitó su piel, sus pezones se endurecieron, ella quedó admirada por su reacción, tratando de explicar lo que le estaba sucediendo ¿Qué le pasaba? Ella no era una chica que se volviera loca por un hombre, ¿Qué tenía este de especial? No pudo evitar llevar su mano abierta a su cabello y comenzó a acariciarlo, era suave al tacto, bajó por su rostro recorriendo sus facciones con el dedo índice, sintió que su centro palpitaba “¡Por Dios! ¿Qué esto?!” se dijo, no podía percibir todo eso, ella nunca había estado con ningún hombre.


Su respiración comenzó acelerarse, daba la impresión que estaba corriendo un maratón, le entró pánico, sentía que no podía caer al encanto de ese hombre, sentía en su interior dos fuerzas luchando, una que decía que estaba bien que se rindiera a todo lo que estaba sintiendo y otra parte de ella que le decía que era peligroso, que no cediera a esos impulsos carnales que trataban de controlarla, retiró su mano con brusquedad, lo que provocó que el hombre se despertara, abriendo unos hermosos ojos que la hipnotizaron, sintió que se perdía en ellos, él se fue acercando para besarla y su mente reaccionó.

—¡No! —gritó. Él se frenó en seco exhibiendo una expresión de tristeza—¡Vete! No…quiero verte. Fuera—tocó el timbre que estaba a su lado y de inmediato una enfermera entró.

Cuando la vio despierta la interrogó—¿Está bien señorita?

—No. ¡Sáquelo! —hizo una pausa—no lo…dejé entrar…No quie… ro verlo—concluyó ella desesperada, debía alejarlo, porque ese hombre era peligroso para su paz mental.

—Dara yo…—comenzó a decir Martín con rostro de dolor, pero la enfermera lo detuvo.

—Salga de inmediato, por favor—pidió la  enfermera, al ver el titubeo de Martín prosiguió—también puedo llamar al personal de seguridad para que lo eche—él  solo se quedó viendo a Dara con ojos tan tristes que ella, percibió como brillaron en sus largas pestañas dos lágrimas, sintió el impulso de retenerlo, pero lo controló, lo miró desafiante. Martín se volteó y salió, mientras ella respiraba aliviada.

Cuando salió Marino lo estaba esperando —¿Qué pasa? ¿Por qué estás triste? ¿Le pasó algo a mi hermana?

—Ella está bien, solo que le pidió a la enfermera que me sacara y me dijo que no quería volverme a ver, no puedo luchar en contra de sus deseos, creo que es mejor apártame, te juro que esto me tiene destrozado, todo esto es diez veces peor que lo que pasó con Amarantha, siento que no tengo fuerzas, no quiero seguir luchando.

—Tú nunca has sido cobarde, ni te rindes fácilmente. Cuéntame todo lo que pasó—pidió.

Martín le contó lo que había pasado —¿Y teniendo todo ese camino andado te vas a retirar? Ella está sintiendo algo por ti y tiene miedo, cree que alejándote va a estar a salvo, tal vez sea un mecanismo inconsciente, no te alejes. Ve y descansa, relájate y regresa mañana. Aquí se va a quedar su abuela y su abuelo con ella, mañana vendrá mi padre y creo que también tu suegra. Tienes que hacerme caso, te juro que haré lo imposible, para que logres tu felicidad con mi hermana.


«En el fondo siempre te quise de cuñado y como tú hermana Martina es tan dura y atorrante, no pudo ser por esa vía, me pregunto ¿Quién será el hombre que logrará dominar a esa fiera? Ese va a tener mi respeto, mi estima y mi completa admiración, esa mujer es el demonio encarnado.


A Martín no le gustó lo que estaba diciendo de su hermana—Marino, te recuerdo que estás hablando de mi hermanita y no me gusta para nada lo que dices de ella—espetó con furia apenas contenida.


Marino alzó las manos en señal de rendición—Perdón, lo siento, no era mi intención ofenderte. No quiero pelearme contigo—estiró su mano hacia Martín y este la observo con desconfianza—juro no volver a traicionarte—enfatizó.


Martín le extendió la mano pero con voz firme expresó —No sé si pueda volver a confiar en ti, me doy cuenta que lo que más  dolió no fue la traición de Amarantha sinó la de mi amigo, confiaba ciegamente en ti, hubiese dado mi vida por ti si hubiese sido necesario. Ahora no estoy seguro, no sé que sería capaz de hacer por ti.

—Yo si daría mi vida por ti, te juro que voy a demostrarte que nunca más te traicionaré.


****************************************************

Dara había pasado parte de la noche en vela, no podía dejar de pensar en Martín, había hablado con su hermano y este tenía un empeño de promocionárselo como si fuese que estuviese promocionando un producto ¿Qué le pasaba a Marino? ¿Por qué ese empeño en crear un vínculo entre ese hombre y ella?, pero mientras más empeño ponía él en vendérselo, más su mente le instaba a no comprarlo, debía dejar de pensar en él, por ello pidió un teléfono a su mamá Creta y llamó Augusto, iba a aceptar una relación con él, lo había estado pensando y él le producía tranquilidad no esa explosión de pasión y locura que despertaba Martín en ella, lo que le extrañó muchísimo fue la actitud de su madre cuando se lo contó, abrió los ojos de manera exorbitante y se opuso a que hiciera lo que había decidido, pero no le importaba, ya era mayor de edad y podía hacer lo que quisiera.


La iban a dar de alta en un par de días y solo debía seguir sometida a las terapias que habían empezado ese día para recobrar su movilidad en su pie derecho, la terapia de lenguaje para lograr hablar con fluidez y las de logoterapia,  no sabía a dónde iba a ir, no quería ir donde Marino, porque estaba empeñado en meterle por los ojos a su amigo, y se oponía a rendirse ante ese hombre, tal vez era hora de acepta ayuda de Donatello, su padre.


Estaba sumergida en ese pensamiento cuando lo vio entrar, sintió que su corazón dejó de latir, la emoción no cabía en su pecho, abrió los brazos de par en par mientras él corría hasta ella, la abrazaba fuertemente, besaba su cabello, luego su frente, se sentía tan cómoda en sus brazos, le daba esa sensación que mientras permaneciera entre ellos nada la dañaría —¡T-te amo! —le dijo.

—No más que yo, no sabes el miedo que me invadió cuando supe de tu accidente, pensé que te iba a perder, me vine de una vez para estar contigo, si no estuve cuando despertaste, es porque tuve que viajar por  negocios, pero apenas los concluí me vine, para estar con mi hermosa bebé.

—Estás…muy hermoso—dijo acariciando su mejilla—¿C-cuántas…señoras andan …babeando por … el hombre más …guapo del mundo?

—La realidad, ni siquiera Catalina, no sé que le sucede, pelea demasiado, estoy al borde de la locura, si no es porque la amo tanto, hace tiempo me hubiese ido. Pero ya no quiero preocuparte por mis problemas existenciales, el médico me dijo que sales en un par de días, pienso llevarte a mi casa, allí mande a hacer una rampa, para que bajes con comodidad desde el primer piso y a equipar un gimnasio para tu fisioterapia, es el mejor lugar para que estés. Y te confieso eso me tiene emocionado, voy a estar por fin viviendo con mi niña.

—Papá p-pero …me acabas…de decir q-que t-ienes p-problemas con Cata-lina, no es bueno…que en este…momento, estuviera …en tu casa.  Puedo …empeorar las …cosas entre …ustedes.

—No Dara, ya basta que yo viva para evitar que Catalina se enoje, estoy arto de vivir en puntillas para evitar su enojo, tú no eres producto de ninguna infidelidad, ella y yo estábamos separados, nunca le he sido infiel, ella no quiere entender eso, estaba despechado porque ella me dejó, y encontré en Tabata un apoyo, una mujer que me escuchaba, me comprendía.

—¡Oh! Gracias…soy producto…de tu…despecho—expresó ofendida.

—No importa el producto de lo que hayas sido, eres mi amor, mi cielo, mi niña bonita, mi princesa, mi muñeca, mi corazón, mi todo, eres la mujer de mi vida, la más importante, y no voy a poner a ninguna otra nunca más por encima de ti.


—Pero papá…—Donatello la interrumpió.


—No hay pero que valga, Catalina debe entender si quiere seguir teniendo futuro conmigo.


En ese momento abrieron la puerta, ella extendió su mirada hacía allí, y la vio, sintió tantas emociones contradictorias, tenía años que no la veía, la última vez, tenía diez años, y ahora se presentaba con su cara tan lavada. La mujer se acercó timorata, con lágrimas en sus ojos, iba acercársele, cuando la voz de Dara se escuchó como un látigo


—¡No! —apretó fuertemente su boca, rechinando sus dientes con rabia—¿Al…Al  fin …señora…se acordó…que tenía…otra hija? La que…abandonó.


“Hay palabras, silencio, indiferencias, ausencias y desprecios que duelen infinitamente más que los golpes” Anónimo.


CAPÍTULO 29. RECUERDOS


Tabata se quedó viéndola con ojos de dolor, su boca empezó a temblar y caminó lentamente hacia ella, pero se paró al escuchar a Dara —No te me…acerques…¿Por qué…nunca me…quisiste? ¿Por qué…preferiste a un…hombre y …a tus …otros hijos…antes que a mí? —interrogó mientras lloraba. Su padre la abrazó, atravesado por el dolor que sentía estaba padeciendo Dara.


—Mi amor no, por favor, ¡Escúchala! ella ha sufrido no la juzgues sin saber cuánto dolor carga encima—la reprochó su padre.


—No papá…ella no…tiene excusa…yo era una…bebita…¿Cómo fue…capaz de …abandonarme? Y no…decirte…que tenías una…hija…Tabata es mala…una mujer sin …corazón…peor que ...un animal…ellos no…abandonan a sus…crías como…lo hizo ella—concluyó llorando.


Cada palabra de Dara se encajaba en el corazón de Tabata, como una daga, se descontroló y empezó a llorar desesperada, se arrodilló en todo el centro de la habitación sin dejar de llorar —¡Perdóname! por favor mi niña—suplicaba— perdóname, te amo yo…


—¡No finjas!...no te importo…nunca lo he… hecho, se te…despertó de …repente tu…instinto maternal…ante—su padre la paró.


—¡Basta Dara! Tú no eres cruel, ¿No ves que está suplicando tu perdón? No digas cosas que después te van a pesar. Controla tu ira y resentimiento—expresó su padre con un poco disgustado.


—No puedo…soñaba con verla…que fuera a…buscarme…no sabes…cuantos cumpleaños…esperé con ilusión…su llegada…en navidad…esperaba que…mi regalo de…navidad fuera…mi madre…no quería...nada material... solo a ella...pero nunca llegó…en mi colegio…en las …presentaciones…deseaba con…toda mi…fuerza tenerla…a mi…lado…ya no papá…no la necesito…quiero que se vaya…por favor—lloró abrazando su papá, pero sentía que se hundía en un mar de sufrimiento, su padre la consolaba pasando su mano por la espalda. Pero dirigió su mirada a Tabata y en ese momento la vio cayendo. Soltó a su hija y fue corriendo a levantarla, en su caída se rompió la frente.


—¡Oh por Dios! —Expresó levantándola del suelo y cargándola, se acercó a una silla y se la colocó en las piernas, mientras Dara observaba la escena con los ojos anegados de lágrimas, colocando su mano en la boca, totalmente sorprendida, en ese momento llegó Marino y al ver la escena, se acercó a su hermana, tocó el timbre, y vino una enfermera, quien pidió a Donatello llevarla a una camilla en emergencia para atenderla, con la mala suerte que al ir caminando, apareció Catalina, su esposa.


—¡Eres un miserable! Eso es lo querías andar con esa zorra, usando como excusa a la bastarda de tu hija—espetó enfurecida.


Donatello, la observó pero prefirió callar hasta colocar a Tabata en la camilla, sin embargo, no se percató de que su esposa fue tras él y comenzó a insultarlo, incluso le propinó un par de golpes en la espalda,  al voltearse le sostuvo las manos y caminó con ella hacia afuera, mientras seguí totalmente enloquecida.


—¡Ya basta Cata! ¡Por Dios! ¡Contrólate! Deja la inmadurez, compórtate como una dama que eres—expresó molesto.


—Para eso querías venir donde tu hija, para aprovechar para enredarte con esa sinvergüenza—dijo despectivamente.


—No me estoy enredando con nadie, se desmayó en la habitación donde estaba Dara, y la cargué, y la traje a emergencia porque así me lo pidió la enfermera. No tengo ningún tipo de relación amorosa con ella, nuestro único vínculo es Dara.


—Sí, esa maldita bastarda que reconociste a mi espalda—expresó con furia.


Donatto la tomó del brazo—¡Basta! Te prohíbo que blasfemes en contra de mi hija. ¿Cuándo vas a entender que ella no es culpable de lo que pasó? Es otra víctima de esas circunstancias. Además en el momento que la engendre tú y yo estábamos separados, ¿Por qué no puedes entender? Catalina eres la mujer que amo, pero últimamente estás orillándome a tomar decisiones que aunque mi corazón se niega a hacerlas, mi mente le dice que es lo correcto.


—Me estás amenazando, solo usa excusas, porque te sigue gustando esa mujer, claro como ella es más joven que yo, por eso quieres buscar cualquier pretexto para dejarme y justificarte, quieres exhibir de tu brazo una mujer florero.


—Ya Cata, mi amor por favor—suplicó, acercándose a ella—no me interesa Tabata no en la forma que crees, no quiero que sigamos discutiendo. Acompáñame a la habitación de Dara, déjame estar un momento más con ella y luego iremos a la casa ¿Si? —le dijo besándole la frente.


—No Donatto, y tampoco irás tú, debes venirte conmigo, porque si te quedas aquí será para mi indicio que quieres mantener el contacto con la zorra de la madre de tu hija, porque eso es lo que es ella,  porque una mujer que estando casada se revuelca con otro hombre que no es su marido no tiene otro calificativo.


Donatto respiró profundo, para segundos después dejar salir el aire de sus pulmones en ráfaga con fuerza, evidenciando su inconformidad —No pienso dejarme chantajear contigo, es más, cree lo que te venga en gana, voy a quedarme con mi hija lo quieras o no, si quieres me acompañas o te vas, pero no lograrás imponerte a mí, ya te he tenido demasiado paciencia y mi límite de tolerancia está llegando a su nivel—mencionó dándose la vuelta, ante la histeria y gritos  que le propinaba Catalina, los cuales ignoró completamente como si no fuese con él.


Entró a la habitación de Dara y ella se encontraba aún llorando en los brazos de su hermano, lo miró con los ojos un poco inflamados  y con semblante tembloroso —¿Cómo…está?...Yo no q-quería…que pasara…eso—pronunció angustiada.


—¡Cálmate! Fue solo un desmayo, estará bien. Pero debes conversar con ella, Dara debes curar esas cicatrices de resentimiento en contra de tu madre. ¡Escúchala! si la explicación que te da no te parece válida, entonces cortas todo lazo con ella, pero si sucede lo contrario, temo que vas a arrepentirte de tu actitud de hoy —La chica movió afirmativamente su cabeza, luego abrazó a Marino y cerró los ojos quedándose dormida.


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Tabata luego de que le suturaran unos tres puntos se levantó de la camilla, iba a entrar a la habitación de Dara, pero prefirió no hacerlo, se sentía dolida por las palabras de su hija, aunque la entendía, pudo sentir su sufrimiento cuando contaba como esperaba con ansias su llegada, nunca se imagino que le hubiese hecho tanto daño, pero no tuvo alternativa ¿Qué otra cosa podía hacer?, ella estuvo en buenas manos, con unos abuelos cariñosos que la amaban, mientras que sus otros hijos, solo la tenía a ella, si no hubiese estado con ellos, habrían sufrido la furia de un hombre cruel.


Se retiró de la puerta, y sintiéndose profundamente triste, salió de la clínica había dejado a su pequeña nieta con Martín y sus padres, mientras Amarantha iba por ella.


Al llegar al departamento, vio a María Martha sentada en la sala con su nieta.


—Siento haberme tardado, tuve un percance en la clínica dijo señalando su herida en la cabeza.


—¿Qué te pasó? —preguntó María Martha.


—Me desvanecí y me rompí al caer. ¿Amarantha no ha llegado?


—Vino, pero se fue. Tú hija tuvo una discusión como Martín.


—¿Por qué? No entiendo—expresó Tabata.


—Ella se atrevió a decirle que si Dara no volvía con él, y no lo recordaba, que no se le olvidara que ella lo amaba, y que no le importaba que sus sentimientos por ella no fueran los mismos, porque lo que sentía por él bastaba por los dos para hacerlo feliz. Dijo que durante todos estos días había intentado olvidarlo pero que era imposible, que él se le había inoculado en la sangre y que si su esposa no lo quería, ella  si estaba loca por él. 

"Te imaginarás la reacción de mi hijo, no solo la sacó del apartamento, porque se sentía acosado por ella, sino que ante la negativa de Dara de llevarse a Tara, la echó del departamento y llamó a Marino para que se hiciera cargo de su hija.


—¡Oh por Dios! ¿Qué le pasa a Amarantha? ¿Por qué hizo eso? Te juro que yo intente que no fuese caprichosa, pero su padre la complacía en todo lo que ella quería. Qué vergüenza con Martín, capaz me echa a mi también, no tengo dónde ir—exclamó llorando—no quiero regresar con Enrico, sería capaz de matarme—comenzó a expresarse con mucha preocupación.


—Tabata, mi hijo no te echará, si llamó a Marino es porque es el padre de la niña, pero si ninguno de los dos se hace cargo de la bebe, él es capaz de adoptarla.


—Pero yo soy su abuela, yo tengo derecho, si sus padres no quieren tenerla, me quedaré con mi nieta—manifestó con alegría.


—¿Tendrías para alimentarla? —la interrogó María Martha, rompiendo de una vez la burbuja de alegría que había hecho Tabata


—Es verdad, no tengo ni siquiera para alimentarme ni yo, es cierto lo que dice Enrico, soy una inútil, que no sobreviviría sola—pronunció en tono de derrota.


—No te lo dije con mala intención, si no que una bebé requiere de cuidado. Pero ¿Eso es lo que ese hombre te hizo creer? ¿Qué eras una inútil?  ¡Pues no! Dijiste que una vez trabajaste y mantuviste a la pequeña Dara, y hubieses tomado el control de tu vida, si no es porque él te chantajeó amenazándote con no entregarte a tus hijos. No te límites, ni creas toda la basura que él sembró en ti para hacerte sentir insignificante y dominarte,  eres una mujer joven, bonita, muy capaz, no creas nada de lo que dijo, eso lo inventó para mantenerte controlada, no permitas que te siga haciendo daño y gobernando tu vida,  lucha por ser la dueña de tu propio destino.


Tabata se quedó observándola, fascinada por las palabras de María Martha, ella se veía tan feliz, tan segura de sí misma, su esposo se veía que miraba a través de los ojos de ella, Enrico nunca fue así, bueno no después del primer mes de casados. Respiró profundo, pensando que era hora de tomar las riendas de su destino.


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Dos días después fue dada de alta Dara, tenía dos días que no veía a Martín y estaba ansiosa por volverlo a ver, estaba preocupada, pensaba que tal vez su cerebro tuviera una falla adicional a las que le habían indicado, porque lo había corrido pidiendo que no se le acercara  y ahora era lo que más deseaba.


Al salir de la habitación de la mano de su hermano y de su padre, allí estaba Martín con su hermoso porte, su espectacular sonrisa y un hermoso ramo de girasoles sus preferidos, y las mariposas revolotearon en su estómago, llevó una de sus manos a su vientre pensando que así las apaciguaría, pero al acercársele, las pobres se descontrolaron, no pudo evitar una sonrisa. Su hermano y su padre se alejaron mientras Martín se le acercó diciéndole —Me dijiste que no querías volver a verme, pero soy un hombre muy persistente.


Bajó su cabeza le tomó el mentón y le besó ambas mejillas, a penas percibió el tacto de su boca, sintió que sus piernas temblaban, se convirtieron en un cuerpo gelatinoso, estuvo a punto de desvanecerse, pero se sostuvo de Martín, colocando ambas manos en su pecho. Al hacerlo pudo percibir el latido acelerado de su corazón, sintió la boca seca y entreabrió sus labios, sin pensarlo un minuto más, él se inclinó a la altura del rostro de ella y la besó, la pasión recorrió su cuerpo como fuego devorando su interior, el cosquilleo de las mariposas se intensificó, su sangre fluyó  con ímpetu por su cuerpo, un murmullo ronco salió de sus labios.


Él la levantó un poco con la mano que tenía libre, para acercarla más a su humanidad, ella estaba sorprendida de cómo reaccionaba su cuerpo a la cercanía de ese hombre, necesitaba más de él, que aplacara ese calor que la envolvía como si estuviese en una burbuja, sus senos se alzaron bajo la ropa, se besaron compartiendo ambos la excitación y el deseo que surgía de lo más profundo de su ser como si de un Géiser se tratara “!Por Dios Dara, contrólate” Se recriminaba, cuando escucharon que alguien se aclaraba la garganta cerca de ellos, separándose ambos de inmediato con las respiraciones totalmente descontroladas.


—Pueden buscarse un hotel para que hagan lo que tienen en mente—expresó Marino con burla, mientras observaba el rostro sonrojado de su hermana y se carcajeaba, hasta que sintió un pellizcon de un lado, era su padre que lo observaba con cara de pocos amigos—lo siento yo solo decía—dijo sin contener aún su risa.


—Señor Donatto, disculpe—comenzó a decir apenado Martín— yo…—pero el padre de Dara lo interrumpió.


—No tienes que darme ninguna explicación, entiendo perfectamente, acompáñanos a mi casa, preparé todo para que Dara se quede conmigo y haga sus terapias allí.


—Claro voy con ustedes—en ese momento llegó Augusto y Dara se sonrió al verlo.


—Viniste… a verme, …pero voy… de salida—hizo una larga pausa—Me iré… a casa de …mi papá… mientras me… recupero.


—¿Puedo ir a visitarte? —inquirió Augusto.


—¡NO! —dijeron al unísono los tres hombres. Dara abrió los ojos desorbitados.


—¿Q-qué …les pasa? ¿Por …qué esa…actitud? —indagó Dara.


—No, es solo que necesitas descansar, y recibir visita pueden ser muy agotadores —respondió Marino.


—Pero cuando estés más recuperada, puede visitarte hija no tengo problema—respondió el padre.


Dara miró  a Martín y vio que apretaba su mandíbula con fuerza, eso la hizo reír “Estaba celoso, Martín la estaba celando de su amigo, bueno vería su reacción”, el grillito de la maldad se movió en ella —Augusto… estaremos en… contacto por …teléfono, te aviso…para que …vayas a…visitarme—le tomó por el brazo y besó su mejilla, mientras escuchaba el resoplido de Martín. Pero eso no fue todo, empujó el cuerpo de Augusto con la cadera para apartarlo y  la alzó en brazos, ante la sorpresa de ella.


—¡Ya basta! No puedes caminar mucho. Adiós Augusto—expresó mientras caminaba con Dara hacia el auto de Marino, quien al verlo caminando corrió detrás de él y abrió los seguros, montando en el asiento trasero a Dara.


Al hacerlo, percibió la molestia de la chica —¿Qué te…estás creyendo?...No puedes…hacer esto…no eres…nadie para mí—habló muy molesta.


—Si soy importante para ti, te lo demuestro —dijo acercándose a ella, la tomó de la mejilla y la besó.


De inmediato Dara sintió las mariposas en su vientre, pero no iba a dejarse que Martín la dominara, le tomó el labio inferior y se lo mordió, ante la sorpresa de Martín.


—No…me beses—dijo mientras sentía su corazón sacudiéndose frenéticamente contra su pecho—¡Suéltame!


—Eres una mentirosa—dijo en voz gutural en su oido para que solo ellos dos eacucharan—te mueres porque te bese, desde la punta de tu cabeza a tus pies, te imaginas, que saboreó cada parte de tu piel, mordisqueando tus senos y tu centro, hasta hacerte enloquecer totalmente—mientras él hablaba, ella sintió que su centro palpitaba y se humedecía, su respiración se entrecortó, no pudo escapar de esa mirada que la enloquecía.


—No…por favor—le suplicó, deseando que no insistiera en su cometido, porque su excitación la estaba enloqueciendo, se sentía como una hembra en celo, eso la preocupaba, porque ella nunca había estado con un hombre. De repente comenzó a pensar, que Martín se sentía con mucho derecho sobre ella, acaso en los meses de su vida que no recordaba, ellos habían tenido algo.


Enseguida recordó cuando le dio el fuerte dolor de cabeza que habían estado besándose, él dijo algo, “¿Qué había sido?, recuerda Dara, por favor”, se dijo  “¡Oh por Dios! dijo que ella era su esposa” de inmediato volteó a verlo, mientras Martín no quitaba su vista de ella “Eso no podía ser, era su esposo”, sintió que el aire le faltaba, intentó oxigenar sus pulmones, mientras asimilaba esa noticia.


"Los mejores recuerdos no están en las fotos, ni en nuestra memoria, están en nuestro corazón". Anónimo. 


CAPÍTULO 30. VERDADES 

 

Martín se quedó observando y vio el rostro pálido de Dara, preocupado la interrogó —¿Qué te pasa Dara? 

 

—Dime…¿Tú eres…mi esposo? —inquirió mientras sentía que le faltaba aire y todos dirigieron la vista hacia ella preocupados, ante el silencio de los presentes volvió a preguntar—¡Son sordos!...Respóndanme… 

 

—Dara yo…—comenzó a decir a Martín, pero ella lo interrumpió. 

 

—Responde…con si…o un no…¡¿Soy tu …esposa?! —exclamó con rabia. 

 

Los tres contestaron al mismo tiempo, pero respuestas distintas, Marino y su padre respondieron si y Martín respondió no, preocupándose mientras Dara se encolerizaba. 

 

—¿Por qué…mientes?...No puedes…ser sincero…te escuché…cuando dijiste…que eras…mi esposo…a la…enfermera. 

 

—Mi amor, no te molestes, puede hacerte daño, no quería decírtelo, porque pensé que podía ser contraproducente, no fue con intención de mentirte, tenía miedo de tu reacción. 

 

—Quiero… que me … cuentes todo… ¡Ahora mismo! —exigió Dara. 

 

—No creo sea buena idea contarte todo, recuerda lo que dijo el médico—respondió Martín. 

 

—¡Cuéntame ya! —exclamó la chica. 

 

Martín se quedó viéndola, dio un suspiro y enseguida comenzó a hablar —Se hará como deseas, nos conocimos hace un poco más de dos meses y nos casamos enseguida, de hecho la próxima semana cumplimos dos meses de casados, nos conocimos en Courmayeur. 

 

Ante las palabras de Martín quedó consternada, es su esposo, estaban recién casados, por eso producía esas sensaciones en su cuerpo, claro ahora lo entendía, por eso inconscientemente pensó que estaba haciendo mal, cuando se dejó besar por Augusto. 

 

—No te…q-quiero cerca…para mí…eres un…extraño…no te conozco—expresó, para mantenerle alejado porque tenía miedo, de todo lo que provocaba en ella ¿También surgían muchas preguntas en su mente? ¿Cómo fue el accidente? ¿Por qué andaba sola? Numerosas interrogantes se agolpaban en su mente, por eso sintió nuevamente un dolor de cabeza. Inmediatamente al verla, Martín, comenzó a darle pequeños masajes en su cuero cabelludo, su padre, sacó un medicamento agua mineral y se lo extendió. Lo tomó Martín y se lo dio. 

 

Dara se sintió tan mal, aunque le había pedido que no se le acercara, no le quedó más remedio que colocar su cabeza en el pecho de Martín, pero lo que en la bruma de su dolor no pudo evitar reconocer, fue ese sentimiento de seguridad que la invadía al estar entre sus brazos, su olor era un aliciente para su cuerpo y alma, se quedó allí sin decir nada totalmente relajada, hasta que se quedó dormida. 

—Estás en una situación difícil con mi hermana Martín, Dara es una niña dulce pero de cuidado cuando se enoja, estás prácticamente contra la espada y la pared, si no le cuentas se enojará por no hacerlo y si le cuentas también lo hará cuando sepa que desconfiaste de ella. No quiero estar en este momento en tu pellejo. 

 

—Pues debo darle las gracias a un par de personas que fueron importantes en mi vida y causaron esas inseguridades —dijo con  molestia. 

 

—Pues si no fuese por ese par de personas importantes en tu vida, no tendrías a mi hermana entre tus brazos, te hubieses casado con Amarantha—respondió Marino con tranquilidad. 

 

—Veo que así consuelas a tu conciencia—respondió Martín. Sin dejar de observar dulcemente a su amada Dara, la puso en su regazo, y besó su frente. Ella es lo mejor que le había pasado en su vida, pensó. 

 

Minutos después habían llegado a la casa de Donatto, los hombres se seguridad abrieron los portones, apenas visualizaron el auto, entraron por un camino de grava rodeado de arbustos engalanados con flores rojas, rosadas y blancas, que era un espectáculo a la vista, luego entraron a un camino de piedras, después divisó una gran fuente en el patio central, la cual bordearon en el auto y se estacionaron frente  a la casa, mientras uno de los trabajadores se acercaba para estacionar el auto en otro lado. 

 

Se bajaron, Martín cargando en sus brazos a Dara que aún permanecía dormida, siguió a Marino y a su padre, cuando entró, venía bajando las escaleras la señora Catalina. Al verlo se sonrió e iba a saludarlo cuando vio que llevaba en sus brazos a alguien —¿Quién es ella? —interrogó frunciendo el ceño. 

—Es mi hija Dara—respondió el esposo. 

 

A penas lo escuchó, la señora se puso energúmena —¡¿Cómo te atreves Donatto?! Eres el peor de los descarados. Te dije claramente que no la quiero aquí. Así que ¡Largo! Sácala de esta casa—expresó llena de odio. 

 

Martín no encontraba que hacer, hizo atino de salir de la sala con Dara, pero Donatto lo detuvo —Marino lleva a Martín a la habitación que le preparé a mi hija. 

 

—Es que no escuchaste, ¡Quiero a tu maldita bastarda fuera de mi casa!—espetó acercándose con fines de golpear a Donatto. 

 

Este al verla tan alterada, le tomó las manos con fuerzas para evitar que lo golpeara y la sostuvo, mientras ella totalmente descontrolada trataba de liberarse —¡Suéltame! Maldita sea Donatto, no voy a permitir que tu hija se quede en mi casa. 

 

—¡Ya Catalina! ¡Detente! Pareces una cría, deja tu inmadurez, por favor compórtate como la gran señora que eres—expresó mientras la soltaba— Mi hija está enferma, me necesita, no puedo dejarla desamparada, te lo dije claramente que iba a traerla porque no tenía donde ir y porque quiero atenderla, estar con ella para compensarla por el tiempo que no supe de su existencia y después porque estaba lejos de mi. 

 

—Y te dije que no la quería, llévala a cualquiera de tus otras propiedades, no la traigas a mi casa, no te das cuenta que ella es el producto de tu traición. 

 

—Hasta cuando vas a seguir diciendo eso, sabes que no es cierto, tú y yo estábamos separados, no entiendo porque te empeñas en crear una realidad paralela a la que corresponde. Si mi hija sale de esta casa, salgo con ella Catalina. 

 

—Pues no, es a ella a quien no quiero aquí, así como ha llevado su vida alejada de ti, que lo siga haciendo. Mantenla escondida, que nadie sepa quién es ella, ocúltala como uno esconde las cosas feas. 

 

—De verdad te desconozco, ¿Dónde está la mujer de la que enamoré? ¿La empática, conciliadora, cariñosa? Que le gustaba ayudar a los demás, ¿Fue algo que hice lo que provocó tu cambio? 

 

—Si he cambiado, es por tu culpa, tu también lo has hecho o solo te das cuenta de mis cambios, pero no de los tuyos. Quiero esa bastarda fuera y no estoy dispuesta a ceder. 

 

—Deja de llamar bastarda a mí hija, es tan hija mía como lo es Marino, y si no la quieres aquí, las puertas de esta casa están abiertas y ubícate en otras de mis propiedades para vivir—expresó exasperado. 

 

—De aquí no me voy, esta es mi casa—respondió la mujer con decisión. 

 

—Catalina te recuerdo, que esta casa es una herencia de mis padres y que ha pertenecido a mi familia por ciento de años, no es parte de la sociedad conyugal, es un bien que dejaré en mano de mis dos hijos, Marino y Dara, así que no quieras imponerte, porque realmente no tienes derecho alguno sobre ella, no te metas con mi hija, si no quieres que saque lo peor de mí—manifestó encolerizado, mientras se retiraba, porque sentía su sangre hirviendo y no quería hacer cosas que pudiera lamentar, sin embargo, Catalina siguió insultándolo. 

 

—No me dejes hablando sola, ¡Imbécil! Eres tan bastardo como tu hija. Le haré la vida imposible, deseará no haber entrado a esta casa—gritaba mientras tiraba objetos por el mismo camino que había tomado Donatto. 

 

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Martín acostó a Dara en la habitación que su padre había acondicionado para ella, debía ir a buscar su ropa para quedarse allí, pero no quería dejarla sola, tenía miedo de la reacción de la señora Catalina, nunca la había visto con ese semblante de odio, lo bueno es que Dara no había escuchado la discusión porque estaba profundamente dormida. 

 

Se acostó a su lado, observándola, se veía tan delicada, tan frágil, tenía miedo del futuro, no quería perderla. Con esos pensamientos, se quedó dormido. Sin embargo momentos después, sintió que besaban su boca y su pecho, se despertó y allí estaba su esposa, recorriendo su tórax, mientras su cuerpo reaccionaba de inmediato a sus caricias. Sin titubear, se volteó dejándola a ella debajo. 

 

—Amor—Martín le dijo con voz dulce— aún no te has recuperado, apenas tienes menos de quince días que te operaron, aún estás delicada, creo esto no es conveniente. 

 

—Pero yo quiero…te deseo…estoy constantemente…excitada cuando…estás a mi…lado—se sonrojó al decirlo. Martín se sonrió y le acarició con suavidad el rostro—¿No me deseas? —indagó con un poco de tristeza reflejada en su rostro. 

 

Martín no le respondió al momento, solo tomó su mano y la posó en su hombría, sin dejar de mirarla, ella abrió los ojos desorbitados —¿Esto responde tus dudas? —indicó Martín. 

 

Luego comenzó a besarla lentamente, besó su cuello, dándole pequeños mordiscos que provocaban unas pequeñas descargas en su interior, lamió su sabor, luego fue bajando lentamente, abrió su pijama, y dejó al descubierto sus senos, los acarició con suavidad, tomándolos con sus dedos pulgar y medio, mientras acariciaba la cúspide con el índice, se sonrió ante la reacción del cuerpo de su esposa, sobre todo al ver como sus pezones se erguían orgullosos como coronas, parecían dos frutas maduras y jugosas, su boca se volvió agua con solo imaginarse su delicioso sabor, sustituyó los dedos por su boca mientras seguía tocando y masajeando el otro, entretanto sentía que su masculinidad palpitaba deseando también ser liberada. 

 

Martín jugueteó con ellos, lamiéndolos, mordiéndolos, mientras ella sentía su excitación recorrer su cuerpo, el deseo por su esposo era abismal, estaba totalmente descontrolada, suaves jadeos salían de su boca, e inconscientemente movió sus caderas, deseando sentir con urgencia su liberación, él bajó por su vientre, tomándose su tiempo para saborear la esencia de la mujer amada, se posó en su centro, donde suavemente abrió con sus dedos sus labios y comenzó a juguetear con su clítoris, mientras introducía un dedo en su cavidad, moviéndolo primero lentamente y después con mayor rapidez,  siguió en su interior, agregando luego otro más, ella se movió frenéticamente, pidiéndole que avanzara, Martín sustituyó sus dedos por la lengua y y su cuerpo se estremeció,  percibió una explosión en su interior que la llevó a la cúspide más alta de placer, sintió como un incendio ardía en ella y la consumía vorazmente pero sin quemarla, luego su cuerpo laxo, quedó debilitado, tratando de recuperarse de ese maravilloso orgasmo, pero no estaba conforme, lo quería dentro de ella. 

 

—Por favor…quiero tenerte…en mi interior—le pidió. 

 

Martín contrariado, no pudo negarse a la tentación y se introdujo con suavidad, empezó a embestirla con suavidad pero Dara quería sentir todo con mayor intensidad y empezó a instarlo a que se moviera con mayor ímpetu, elevó sus caderas y empezó a  menearlas, para ella marcar el ritmo, luego se dio la vuelta quedando encima de Martín, sus caderas se agitaron al mismo compás, con cada embestida el roce de sus cuerpos producía un golpeteo que intensificaba su excitación. Así, a un mismo son, alcanzaron juntos el máximo goce de sus cuerpos, estallando en  olas de inimaginable placer en su interior, llevándolos irremediablemente a una excelsa liberación, cayendo ambos rendidos en brazo del otro. 

 

Solo en ese momento Martín cayó en cuenta que no se había protegido, ¡Por Dios! No se explicaba como un hombre que otrora había usado protección, con su esposa perdía no solo el control, sino su capacidad de raciocinio. 

 

—Dara, lo siento, no usé protección—le dijo con preocupación. 

 

—¿Qué… importancia …tiene? Soy tu esposa…y si…tenemos un…bebé—expresó con ojos iluminados de la ilusión que tenía de tener un bebé. Sentía algo extraño, como si hubiese estado embarazada. No eso no podía ser posible, se dijo tocando el vientre, los doctores nunca le dijeron nada, se levantó de la cama para recoger su ropa, pero al levantar las prendas del suelo, tocó el saco de Martín, lo alzó y palpó donde se divisaba como una especie de sobre. 

 

—Esposo…¿Qué es…esto? —y sin esperar respuesta, sacó lo que había llamado su atención y vio una tarjeta, que decía “Solo quiero decirte… dentro de poco más de siete meses…me tendrás en tus brazos. Papá.” Debajo de un eco donde se veía una manchita como una frambuesa y en la última página “TE AMO MARTÍN, ERES EL AMOR DE MI VIDA”, Era su letra, sintió que su corazón se oprimía en su interior y el miedo la invadió—Esposo…explícame esto…por favor—pidió con los ojos humedecidos producto de las lágrimas que empezaron a brotar.

 

 

"Hay tres cosas que no se pueden ocultar por mucho tiempo el sol, la luna y la verdad" Buddha.



 CAPÍTULO 31. HECHOS INFUNDADOS 


Martín vio la tarjeta en manos de su esposa y la angustia inundó su humanidad, se la quitó, la revisó nuevamente y con voz quebrada dijo —Amor, lo siento mucho. Esta tarjeta la hiciste para informarme que estábamos esperando un bebé, después te viniste a Nápoles, tuviste el accidente, no lo perdiste en ese momento, sino luego que padecieras un paro, fue necesario reanimarte con un shock eléctrico y allí lamentablemente fue cuando perdiste a nuestro hijo—concluyó con ojos llorosos. 


Dara sentía como su corazón se comprimía en su pecho, la invadió una inmensa tristeza, sobre todo porque no podía recordar nada, colocó la mano en su vientre, tratando de recordarse esos momentos, pero no había nada, para ella es como si eso que le contara Martín, le hubiese sucedido a otra persona. 



—¿Por qué no… puedo…recordar nada? ¿Por qué… mi mente… se niega en …mostrarme esos… momentos?... Me siento…impotente, se … que ese …bebé … me hacía …feliz… con solo… ver…esta tarjeta… ¿Por qué… en su …exterior… está llena… de tierra?... Da la …impresión q-que …estuvo en… el suelo—expresó Dara. 

—Esposa hay cosas que en su momento lo sabrás, otras tendré que explicartelas  cuando recuerdes, pero por instrucciones médicas no puedo contarte hasta que tu memoria las traiga, lo siento, no puedo abrumarte con todo—la tomó por ambas mejillas con dulzura y siguió hablando— Solo quiero que tengas en cuenta que te amo, eres la mujer de mi vida, quien me cautivó desde el primer momento con su sencillez, ternura, originalidad, nunca olvides que te amo, y aunque sé que en algún momento cometí errores, no quiero que los tomes en cuenta, sino que sepas que eres lo más importante en mi vida y no quisiera perderte jamás, porque sin ti estaría perdido, sería un muerto en vida, tu complementas mi mundo—expresó besándola con todo el amor que tenía guardado y crecía cada día más por ella. 



—Estoy ansiosa…por recordar…aunque también…tengo miedo…percibir lo…que sentí…por mí… bebé…que perdí…pero quiero…saberlo…estoy cansada…de que todo…me parezca… extraño—mencionó con un tono de nostalgia en su voz. 

—A su tiempo pequeña, todo en el justo momento. Debo ir a mi departamento a buscar ropa, me quedaré contigo. En diez minutos viene tu terapeuta físico, mientras estés en tu sesión, yo iré a buscar mis cosas. 


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Pasaron cinco meses desde que Dara había llegado a la casa de su padre, hacía todas sus terapias, había mejorado su movilidad en la pierna, se sentía mejor de ánimo y hasta su lenguaje había mejorado, no había recordado aún nada de esos meses que había borrado de su memoria, a veces se sentía frustrada porque no podía entender las razones por las cuales su cerebro se negaba a traer a su mente esos momentos. 


Por su parte, su esposo era maravilloso, no la había abandonado en su recuperación, incluso estaba trabajando desde la casa en la empresa de Marketing que tenía con su hermano Marino. Este último la visitaba periódicamente de hecho, le había llevado a su beba, era una niña parecida a ella que la llenaba de mucha ternura, esa pequeña había despertado en ella sus instintos maternales, deseaba tanto tener un bebé. 


En este sentido Martín, se oponía a tener un hijo, hasta que ella no estuviese totalmente restablecida, de hecho el médico le había recomendado pastillas anticonceptivas, pero ella se sintió tentada a dejar de tomarlas, al principio las tomaba a destiempo, pero hacía más de un mes había dejado de hacerlo y la intimidad entre ellos había continuado más intensa que la primera vez que estuvieron juntos luego de su alta,  vivían cada momento con intensidad, cuando se trataba de estar juntos eran insaciables. Aunque no le parecía correcto lo que estaba haciendo, sus deseos de ser madre la superaban. 


En cuanto a la relación con la esposa de su padre no estaba nada bien, la mujer no perdía oportunidad de insultarla, sobre todo cuando se quedaba sola, se iba hasta su habitación y comenzaba a ofenderla, pero en esta oportunidad se había desquiciado totalmente.


—Eres una bastarda, no sé cómo te atreves si quiera a estar en mi casa, eres tan insignificante como tu madre y tan zorra como ella—pronunció Catalina con maldad. 


Dara se quedó viéndola y volteó su rostro para no seguir viéndola, pero la mujer se le fue encima y la tomó por los cabellos halándola con tanta fuerza, que sentía su cuero cabelludo desprendiéndose y no pudo evitar las lágrimas que surgieron de sus ojos. 



—¡Suélteme! Por favor…¿Acaso ha enloquecido?—increpó la chica. 



—Te quiero ¡Fuera de mi casa!, desde que llegaste estaba esperando la oportunidad para hablarte y exigirte que te fueras—manifestó molesta—.Por tu culpa mi relación con Donatto está mal. Viniste a intrigar y destruir nuestras vidas. 


—No es cierto señora…si usted tiene…problemas es por…su culpa…no quiera achacarme…su responsabilidad a…mí. Mi madre…nada tiene que…ver con mi…padre. Deje de…juzgarla sin saber—al decir eso la mujer la atacó con mayor vehemencia. Empezó a golpearla, mientras ella trataba de protegerse, justo en ese momento llegó Donatto. 



—¡Qué diablo haces! ¡Suéltala! —la rabia lo encegueció al ver a Catalina atacando su hija, la levantó sin cuidado alguna, la tomó por el brazo halándola para quitársela a Dara de encima—¿Cómo te atreves? ¡Estás loca! Ella está en recuperación y te atreves a atacarla. Esto ya es la gota que ha derramado el vaso. Quiero que te vayas de mi casa ¡Ahora! O voy a denunciarte por agresión—espetó totalmente enfurecido. 


Catalina al ver la firmeza de Donatto, se dio cuenta que había ido muy lejos e intentó calmarlo suavizando la situación —¡Perdón! Lo siento, no sé que hacía, no quería hacerle daño. 


—Te quiero fuera, ¡Y es ya!—ante la insistencia de Donatto, no le quedó más remedio que salir de la habitación de Dara, deseando que al pasar el rato la ira de su esposo dimitiera. 


Al salir Catalina, Donatto se acercó a su hija, la abrazó y la tranquilizó, porque se había alterado mucho —Siento causarte molestias—lamentó la chica. 


—No eres culpable, ha sido ella quien está fuera de control, desde antes, solo que usa como excusa el de haberse enterado que eres mi hija. Realmente quien lo siente soy yo, porque has tenido que soportar sus agresiones e insultos. Pero se acabó, cerraré ese capítulo de mi vida con Catalina. Me he cansado, no puedo vivir con una mujer que está fuera de sí, con la cual no puede negociarse. Es frustrante porque aún la amo, pero sé que esto no es sano. No es vida esta situación, eso no es felicidad. 


—Papá, me duele…que sufras…quisiera que tu… relación mejorará…en verdad lo lamento. —pronunció abrazándolo. 


Su padre se quedó con ella hasta que se tranquilizó e incluso se quedó dormida, al verla descansar, él se levantó, la cubrió con una cobija y salió de su habitación. Cuando Martín llegó un poco más tarde la encontró dormida, besó su frente, se fue a bañar y se acostó a su lado, también estaba un poco cansado.. 


Dara, lo vio, sintió un punzante dolor cuando él se introdujo en su interior, el miedo y el dolor la atenazó, se despertó sobresaltada con un grito y allí llegaron parte de esos recuerdos, donde Martín la tomaba con violencia, lanzó un grito de terror y se cubrió la boca. Martín estaba a su lado y se despertó acercándose a ella —Mi amor, ¿Qué te pasa? —indagó con preocupación. 



—¡Aléjate de mí! —espetó con odio. 


Martín, se sorprendió por la actitud de Dara, —Dara, me asustas, no entiendo tu actitud ¿Por qué estás así? —pronunció acercándose. 


—¡Aléjate! Eres un maldito…¡Ya recordé! —exclamó la chica. 



—Lo siento, por favor perdóname, yo no quería causarte daño, me dejé llevar.  Yo te amo Dara, es lo único que debe importarte—confesó Martín. 


—¡Me violaste! —exclamó ella con dolor y totalmente fuera de sí. 


Martín no podía creer las acusaciones de su esposa, al oírla abrió los ojos desorbitados—¡No! ¡Por Dios! ¡Estás loca! Eso no es cierto—señaló no solo angustiado sino totalmente horrorizado. 



—Los recuerdos sobre lo… que pasó vinieron a mí… tú estabas…detrás de mí —manifestó con tono de dolor—me tomaste con violencia…yo—Martín la interrumpió. 


—¡No! Estás recordando mal Dara, yo sería incapaz de hacerte daño con intención—expresó acercándose a ella. 



Pero al tenerlo cerca comenzó a gritar —¡Aléjate! —salió corriendo hacia la puerta de la habitación sin detenerse —¡Papá! ¡Auxilio! 



Martín intentó detenerla pero se puso más histérica —¡Papá! —inmediatamente llegó Donatto, al ver a Dara tan alterada la abrazó. 



—¿Qué pasa hija? —la interrogó con preocupación. 


—Quiero que Martín, se vaya de aquí, no quiero verlo más, él me hizo daño, recordé que abusó de mí—confesó a su padre. 


—Eso no puede ser verdad, ¡Por Dios!—manifestó Donatto, mientras en su interior surgía un mar de confusiones, conocía al chico desde adolescente no lo creía capaz de hacer daño, pero uno nunca terminaba de conocer a las personas, además su hija lo estaba afirmando y decidió creer en ella. 


Encolerizado, tomó a Martín por el cuello y lo estampó contra la pared, comenzó a golpearlo, mientras el chico se mantenía sin defenderse con el rostro lleno de dolor, en ese instante llegó Marino. 


—¡¿Qué haces padre?! —exclamó apartando a su padre de su amigo, estaba herido, la  sangre salía a borbotones por su nariz. 


—Este maldito abusó de Dara, ella lo ha recordado—dijo Donatto enfurecido. 


Marino se dirigió a Dara—No estás recordando como es, Martín no es ningún violador, él sería incapaz de dañar a alguien, ni siquiera a nosotros  fue capaz de hacernos algo cuando nos encontró juntos. Estás errada Dara, rectifica, dale el beneficio de la duda hasta que recuerdes bien. 



—Lo quiero lejos de mí, recordé esa parte, me abusó, es un cobarde miserable—abrió el closet y sacó las cosas de Martín arrojándoselas a la cara, mientras él se mantenía impasible, después tomó su maleta y guardó las cosas. Marino trató de defenderlo pero, ni su padre ni su hermana, escucharon razones, le dio tanto dolor con Martín, lo ayudó a cargar sus cosas al exterior de la casa. 


—Lo siento Martín, no se que recordó mi hermana que está confundiendo. Yo confío en ti. Se quien eres. Dime ¿Qué puedo hacer por ti? —vio que unas lágrimas salieron de los ojos de Martín, las retiró con rapidez, intentando que  él no las viera. 


—Cómprame las acciones de la empresa—pronunció con un tono de derrota—no tengo nada que hacer aquí. Se ha acabado. 



—No, debes esperar que ella recuerde lo que verdaderamente pasó. Mientras tanto vuelve a tu departamento. 


—Ya no. No hay vuelta atrás, cómprame las acciones y encárgate de vender mi departamento. Ni siquiera que recuerde volveré con Dara, si ella es capaz de pensar lo peor de mí, no vale la pena rescatar ese tipo de relación. La confianza es la base y si esta se ha perdido, no hay nada que hacer—expresó. 


—Tú también pensaste que yo era su amante—defendió Marino a su hermana. 


—Los elementos estaban en su contra—increpó Martín. 


—Lo tuyos en este momento también—señaló Marino. 


—Es cierto, pero no voy a luchar más, voy a mandar a realizar el traspaso, transfiéreme el dinero a mi cuenta. Adiós Marino, fue un placer conocerte—subió la maleta en su auto y arrancó sin mirar atrás mientras sentía su corazón fraccionarse  en miles de pedazos.



"No abuses  de la paciencia de las personas buenas. Son personas  que pueden perdonarte ciento de veces, pero también son aquellas que cuando deciden irse no vuelven nunca hacia atrás". Anónimo.


 

CAPÍTULO 32. DESCUBRIMIENTOS

 

Martín condujo hasta la oficina de su abogado e hizo tres cosas, preparó la transferencia de las acciones a su amigo, le dio poder para la venta de su auto y su departamento y mandó a preparar los documentos de divorcio, los esperó, firmó y los envió a la dirección de Dara. Sentía que sus sueños habían quedado destrozados, había quedado peor que cuando Amarantha lo había engañado. Pero juraba por su propia vida que nunca más volvería abrir su corazón, no quería volver a sufrir ese dolor que le quitaba el aliento y lo convertía en una especie de zombi.

 

Llegó al aeropuerto, tomó un vuelo con destino a Milán, visitó a su familia, apenas lo vio su mamá le preguntó que había pasado, le contó con lágrimas en sus ojos todo lo que había sucedido, su madre lo abrazó conmovida, le dolía inmensamente ver a su hijo afectado, no entendía porque a Martín le había tocado tanto sufrimiento en la vida.

 

—Siento mucho tu dolor—le dijo con el corazón fracturado de la profunda tristeza que la inundaba—te juro que jamás pensé que Dara, no sería la mujer para ti, nunca imaginé que me equivocaría y te causaría tanto dolor.

 

—No tienes la culpa de nada mamá. Solo actuaste como una madre, pensando que era lo mejor para ti, no tengo nada que cuestionarte, estoy orgulloso de ti, eres la madre más maravillosa que pudo haberme tocado.

 

—Gracias mi amor, yo estoy orgullosa de un hijo como tú mi vida—dijo abrazándolo.

 

—Mamá, me voy, no volveré a Italia, me iré a Suramérica, pero no quiero que nadie sepa de mi paradero, ¿Me prometes que no lo dirás?—pidió Martín a su madre.

 

—Hijo, pero no puedes hacerme prometer eso, dime ¿A dónde irás? ¿Te vas a Chile?

 

—No, pero como no quieres hacerme promesas, no te lo diré, te enviaré correos, y nunca perderé contacto contigo. Te amo mi mujer maravilla—pronunció besando su frente.

 

Pasó ese día y al siguiente tomó un avión con destino a Paraguay, hizo escala en Sao Paulo luego de trece horas de vuelo. Y luego de dos horas llegó a La Asunción. Cuando estuvo en la universidad, tuvo un compañero de trabajo oriundo de ese país, llamado Osmar Ovelar, le hablaba siempre de la tranquilidad y hermosura de su país, él se sentaba a escucharlo, hasta que un día le hizo una promesa “un día visitaré a tu país y te buscaré, por allá, para que me muestres su belleza”

 

Tomó un autobús con destino a El Chaco paraguayo, región occidental de Paraguay, en el departamento de Boquerón, al llegar se hospedó en un sencillo hotel, luego de investigar en un par de días adquirió una finca de 30.000 has, ubicada en una ruta asfaltada, con energía eléctrica, ochenta potreros, siete mil cabezas de ganado, una casa de campo de cinco habitaciones, sala, comedor, un master suite con vestidor, comedor, sala, chimenea, corredores, cinco casas pequeñas para el personal, una pista para avionetas.


No sabía nada del trabajo del campo pero le tocaría aprender, tenía vaqueros que conocían bien el trabajo de la finca y con ellos se apoyaría, además haría lo posible por contactar con su amigo para que lo acompaña en ese nuevo proyecto. Así empezó una nueva vida. Se levantava a las cuatro de la mañana y terminaba sus labores a las siete de la noche, buscando la manera de agotarse totalmente para caer inconsciente y no pensar en la mujer que amaba más que a su vida, pero que lo creía capaz de las peores bajezas, debía sacarla de su corazón para siempre.

 

******************************************************

Había pasado una semana desde que había corrido a Martín de la casa, sin embargo, no se sentía bien, una profunda tristeza la invadía, sobretodo porque al día siguiente de irse, llegó la solicitud de divorcio por parte del abogado de Martín, pero aunque pareciera una locura se negaba a firmar, no había día que no la leyera, pero no se animaba a acabar con eso, tal vez era una masoquista pensó.

 

Dara perdió el apetito, su estado de ánimo había menguado y la duda la corroía, “Si estás equivocada, Martín no podía ser ningún violador”,  su cuerpo reaccionaba a sus caricias, si hubiese sido eso, no reaccionaría así. También había leído y releído la tarjeta, si él hubiese abusado de ella, como iba a decirle en una tarjeta que lo amaba. Llamó a Marino, pero se negaba a hablar con ella.

 

Ese día se arregló, pidió a su padre que la llevara a las oficinas de su hermano, al llegar su corazón comenzó a latir fuertemente, subió a la oficina de su hermano y entró a su despacho, se sentó en su escritorio, sintió un leve dolor de cabeza, pero al mirar a un lado, los recuerdos llegaron como si de una llave de agua se tratara, fluyeron recordando todo lo que había pasado, desde que conoció a Martín, su rescate, cuidado y atenciones, como se compenetraron, su ternura, cariño, amor, el momento que ella había pensado que la había abusado, con cada recuerdo sus lágrimas corrían por sus mejillas, pero también la discusión que tuvieron cuando él pensó que era amante de su hermano, eso la hirió, pero ella no podía perdonarse haberlo acusado de violador y haberlo hecho golpear con su padre.

 

—¡Oh Dios mío! Me equivoqué—en ese momento entró su hermano. Dara se levantó de su asiento y le suplicó —¿Dónde está la oficina de Martín? ¡Quiero verlo!

 

—Dara él no tiene oficina aquí—respondió su hermano sin dejar de mirarla.

 

—No entiendo—replicó ella.

 

—Martín me vendió sus acciones, me dejó un poder para vender su auto y su casa y se fue de Nápoles. No tengo idea de donde esté.

 

Al escucharlo ella se pasó las manos por su rostro con preocupación —Recuperé la memoria—dijo en tono compungido—nunca me violó—pronunció mirando a su hermano con tristeza.

 

—Lo sé, sabía que estabas recordando mal, nunca dudé de él. Martín tiene principios muy sólidos, nunca sería capaz de hacer eso—expresó con firmeza su hermano.

 

Estaban en esa conversación cuando entró Amarantha con la pequeña Tara. Al verla le preguntó —¿Y eso que haces por aquí? ¿Ya estás totalmente bien?

 

—Si he mejorado mucho todos estos meses… vine a visitar a mi hermano—respondió sin decir más nada.

—Dara, se lo que pasó con Martín, no puedo creer que hayas sido tan estúpida para acusar a Martín de violador, de verdad ¡Estás loca!, ese hombre es incapaz de hacer daño a los insectos, mucho menos a un ser humano. Sabías que intenté acercarme, ya que tú no querías nada con él, se puso furioso conmigo. Lamento tanto haberlo perdido. Ese es un hombre maravilloso que cualquier mujer estaría encantada de tenerlo a su lado, yo lo perdí y tú lograste cautivarlo, ahora tú también lo has perdido, ya se conseguirá una mujer que lo valore, lo aprecie. Lamentablemente Martín no era para ninguna de nosotras dos—afirmó con seguridad.

 

—No, ¡Estás loca!  no he perdido a Martín… yo lo amo y sé que también me ama.

 

—Entonces ¡Búscalo!, porque si tardas será demasiado tarde, un hombre de ese calibre, no dura mucho tiempo sin que una mujer quiera conquistarlo—enfatizó Amarantha.

 

— Voy a buscarlo. Iré a Milán, no me importa si tengo que montarme en un avión…así me de pavor, lo haré…por Martín enfrentaré mis miedos—expresó con rastro de temor en sus ojos.

 

—Dara no creo que lo consigas, Martín cerró el capítulo de su vida contigo, déjalo en paz, les has hecho mucho daño—afirmó Marino molesto, mientras tenía en sus brazos a su pequeña que le había quitado de los brazos a la madre y con su otra mano jugaba con un lapicero dándole golpecito contra su escritorio.

 

Ella lo miró desesperada—No Marino, no me digas eso, yo lo amo… no tengo la culpa de que mi mente me engañara… y terminara tergiversando la verdad, eres mi hermano… no me des la espalda.

 

—Él se fue destrozado, su dolor lo consumía, no quiero que lo dañes, ha soportado mucho por amor y no se merece todo ese sufrimiento, es un hombre íntegro—enfatizó Marino.

—Lo sé, es un hombre maravilloso y quiero recuperarlo…por favor ¡Ayúdame!, si después que hablé con él me doy cuenta… que no quiere nada conmigo, te juro que más nunca vuelvo a molestarlo… te juro que lo dejo en paz. Yo lo amo Marino. Si no lo tengo a mi lado… seré infeliz toda mi vida—le suplicó.

 

—Búscalo en Milán, si no lo encuentras allí, te ayudaré a localizarlo.

 

—Gracias hermano—le dijo acercándose para besarlo a él y a la niña—prometo que si lo recupero no volveré a perderlo.

 

—Eso espero Dara—se despidió, mientras dejaba a  Amarantha y a Martín conversando.

 

Ese mismo día Dara se trasladó en avión a Milán,  el miedo la atenazaba cuando estaba subiendo al avión, pero tratando de controlarse se ubicó con sus piernas temblorosas en su asiento, se giró, y allí la vio a su madre  a Tabata, que la miraba con dulzura.

 

—Tabata—pronunció su nombre.

 

—Dara—expresó su madre al mismo tiempo, sin dejar de observarla—estás pálida ¿Te sientes mal?

 

Ella respiró profundo y respondió —Le tengo mucho miedo a volar—Tabata le tomó la mano y comenzó a acariciársela.

 

—No temas hija, estoy aquí contigo—pudo ver su mirada de amor, y su actitud la conmovió.

 

—Yo siento haberte corrido de mi habitación y no escucharte—confesó con un suspiro.

 

—Hablaremos al llegar a casa de mis padres, por ahora trata de tranquilizarte, puedes poner tu cabeza en mi hombro o en mis piernas—le indicó colocando una almohada en sus piernas.

 

—Gracias—respondió mientras sentía un nudo en la garganta.

 

Al despegar el avión ella cerró sus ojos con fuerza, Tabata le tomó ambas manos, al despegar, colocó su cabeza en sus hombros, mientras con una mano la acariciaba, hasta que Dara se quedó dormida, totalmente relajada.

 

Cuando llegaron a Milán, se fueron juntas hasta a la casa de sus padres, al llegar estaba un señor esperando que Dara no sabía quién era, pero la miró con tanto odio que logró intimidarla, vio el rostro de su madre totalmente pálido y desencajado.

 

—¿Qué haces aquí? —interrogó asustada.

 

—Te vine a buscar—espetó tomándola del brazo con fuerza—eres mi esposa y no permitiré que huyas de mi. Ya vi que tu bastarda está bien, así que es hora de que regreses a casa con tu marido. Ella trataba de zafarse pero el hombre la apretó más duro hundiendo sus dedos en la sensible piel de Tabata.

 

—Por favor Enrico, me estás haciendo daño—suplicó ella nerviosa.

 

—Y más daño voy hacerte a ti y a los tuyos, si no te vienes conmigo—la halo y al ver que intentaba soltarse la agarró por los cabellos y la arrastro al auto, mientras Tabata, gemía del dolor. En un principio Dara, se quedó pasmada de la impresión, no lograba reaccionar, hasta que vio al hombre arrastrar a su madre, buscó una rama de un árbol que descansaba en el suelo la tomó y comenzó a golpearlo.

 

Enrico dirigió su ataque a Dara le logró quitar la rama, y la tomó por el cuello, cuando Tabata vio que si no actuaba le haría daño a su hijo, tomo un gran peñón y se lo metió por la cabeza, enseguida comenzó a sangrar, tomó a Dara y corrió con ella, hacia la puerta de la casa, entraron corriendo, su madre y su padre, se sorprendieron al verlas tan asustadas y desarregladas. Enseguida se oyeron golpes y ruidos en la puerta, asustada como estaban lograron decir que era Enrico, el señor Domenico tomó una escopeta, mientras le decía a su esposa que llamara a emergencia y abrió la puerta.

 

Cuando Enrico lo vio con el arma retrocedió —No quiero problemas, solo he venido a buscar a mi esposa—manifestó el hombre.

 

—Pero ella no quiere irse contigo, así que o te vas y la dejas en paz o te juro que vacío esta arma en tu humanidad—expresó enfadado, ante la mirada de sorpresa de Enrico.

 

Enrico al ver la contundencia en el hombre retrocedió no sin antes amenazarlos —Te juro Tabata que te vas a arrepentir, te daré en donde más te duele, que es esa chica, por culpa de ella, iniciaron nuestros problemas, te pedí que la abortaras y te negaste. Pero va a llegar la hora en que yo corrija el error que debiste arreglar tú.

 

Al escucharlo decir eso Tabata, perdió el control y lo enfrentó, te juro que si te metes con mi hija soy capaz de matarte desgraciado, te juro que si te atreves a tocar un solo cabello de mi niña acabo contigo, miserable—expresó con vehemencia entretanto golpeaba su pecho—a mi puedes hacerme lo que quieras pero mis hijos son sagrados, no permitiré jamás que los dañes.

—¡Largo! —exclamó Domenico apuntándolo. Enrico los vio por un momento y se retiró.

 

Cuando lo vio retirar Tabata cayó al suelo llorando desconsoladamente y abrazándose sus piernas, Dara se le acercó y la abrazó para consolarla, en ese momento el miedo de haberse equivocado también con ella la invadió y con un tono de voz pasible pronunció —Dime la verdad de lo que… pasó hace poco más de diecisiete años.

 

—Te dejé aquí no porque no te amara, sino que ese hombre estaba maltratando a tus hermanos, no me dejó llevarte conmigo, te dejé porque sabía que estarías bien, nunca deje de pensar en ti, tu recuerdo me perseguía todos los días de mi vida, llamaba a mi mamá para que me hablara de ti. Desde ese día que te dejé no he sido feliz, la conciencia día a día me incordiaba por lo que había hecho, mi dolor por ti nunca me ha permitido ser feliz, tuve que dejarte por amor y soportar una vida de sufrimiento por amor, tú y tus hermanos son lo más importante en mi vida.

 

Así siguió hablando desnudando su vida, sus sentimientos frente a Dara, mientras esta permanecía en silencio digiriendo cada palabra de Tabata, su madre, la vio llorar desgarradoramente y su alma tembló, no solo se había equivocado con su madre sino también con Martín, llevó su mano a su vientre, rememorando el momento cuando supo que su bebé estaba en su vientre, como se ilusionó pensando en él y como lo amaba, que hubiese sido capaz de cualquier sacrificio por él, lloró por haber sido injusta, por no haberla dejado hablar, por su hijo no nacido, por haber acusado injustamente a Martín, no podía calmarse, no conseguía solaz en su corazón, hipeaba y lloraba con gemidos indecibles.

 

Al verla tan descontrolada Tabata la abrazó—No llores mi princesa, no quiero que sufras, perdóname por no haber estado contigo, por no haber sido una buena madre, por no haber estado a tu lado, pero quiero que sepas que mi amor por ti es infinito, tantas veces soñé con tenerte en mis brazos como estoy ahora, mi niña hermosa, mi princesa—ambas se fundían en un abrazo, aun permaneciendo en el suelo duraron un par de horas así. Dara conmovida y arrepentida por el desprecio que le hizo a su madre, terminó arrodillada a su lado, acunándose una a la otra, pidiéndole perdón por su mal proceder… Luego de un momento Tabata, se dio cuenta que su chiquilla se había quedado dormida.

 

 “No juzgues mis decisiones sin conocer mis razones” Anónimo.


CAPITULO 33. CREYENDO LO QUE NO ES

Al día siguiente en la mañana Dara, se levantó temprano, se arregló para ir a casa de los padres de Martín. Al verla lista Tabata, preguntó —¿Puedo acompañarte? Con eso veo a María Martha.


—Está bien, puedes ir conmigo.


Las dos salieron a la casa de los Landaeta Fernández, al llegar les abrió la puerta María Martha, aunque las saludó, Dara se dio cuenta de inmediato que su semblante no era el mismo, ella siempre la había recibido con un beso y un abrazo, pero esta vez su trato fue seco, eso la puso un poco nerviosa.


—Madrina, se que tiene razones para estar molesta conmigo, pero en mi defensa…debo decir que eso fue lo que recordé, le juro que no  fue algo que hice de manera consciente… No me trate con esa actitud fría, nunca lo había hecho desde que la conozco…no lastime más mi corazón, ni alimente mis remordimientos—expresó con sinceridad, con una mirada de preocupación.


María Martha, solo se apartó de la puerta y las invitó a entrar y sentarse en la sala, vio la expresión de tristeza de Dara, pero necesitaba ser dura con ella, porque no podía permitir que siguiera haciéndole daño a Martín, aunque si era justa ambos habían actuado a la ligera, pero sólo recordar la cara de su muchacho se le partía el corazón, aunque su muñequita tampoco se veía bien, pero debía mostrarse dura.


—Yo quiero verlo, decirle que me equivoqué y que me perdone por haberlo creído un miserable…mi mente me jugó una mala pasada—expresó la chica con sus ojos nublados por las lágrimas, que comenzaron a acumularse en sus pestañas.


Cuando iba a responder Dara, se levantó sin avisar y corrió al baño más cercano donde comenzó a vomitar, tanto María Martha como Tabata la siguieron, y entre ambas, le recogieron el cabello, mientras ella se sentó en el suelo y puso su cabeza cercano al retrete, donde expulsó hasta la bilis.


—Te buscaré un té—informó María Martha mientras salía del baño, se sonrió porque sabía que significaba eso. Iba a tener un nieto. Debía cuidar a Dara, no quería que volviera a perder a su bebé. Preparó el té con rapidez y le hizo una tostada.


Al regresar a la sala, su madre la tenía acostada en el sofá mientras su cabeza reposaba en el regazo de su madre, con los ojos cerrados y la mano en su estómago. Al ver a su madrina, se levantó de inmediato, pero al hacer el movimiento rápido se mareo, ambas corrieron a atenderla.


—No hagas esos movimientos bruscos. Estás embarazada—afirmó María Martha mientras por dentro bailaba de emoción.


—Probablemente—respondió Dara—¿Dónde está Martín?


—No está aquí, se ha ido, desde hace una semana, solo me ha enviado un par de  emails, ni siquiera me llama porque no quiere que conozca su paradero—respondió María Martha.


—¡Noo! Eso no puede ser posible, como lo encontraré—empezó a llorar—yo sé que me equivoqué, pero todos merecemos una nueva oportunidad…Dime por favor, ¿Qué hago para encontrarlo? Tal vez esté en Cormayeur…debo ir hasta allá.


—Quédate quieta Dara, no debes alterarte, te hace daño. Tómate el té y la tostada por favor.


Ella asió la taza y comenzó a tomarlo, también comió de la tostada, mientras se encontraba inquieta y sus lágrimas seguían rodando por sus mejillas.


—Martín se fue a Suramérica, pero no se en que parte, no quiso decírmelo para que no lo comentara con nadie—indicó María Martha.


—¡Suramérica!—exclamó en voz baja—¡Por Dios! Para llegar allí son muchas horas en avión, y a mí me aterran—pronunció angustiada.


—Entonces no irás a buscarlo—cuestionó Tabata—no vas a poder enfrentarte, tantas horas a ese tormento.


—Claro que iré, tomaré algún medicamento que me permita dormir las horas de vuelo—respondió la chica esperanzada.


—No puedes usar pastillas para dormir, porque si estás embarazada, eso puede afectar al bebé—expresó María Martha.


—No tomaré pastillas, pero una vez averigüe donde está… allí estaré.


Se despidió de su madrina y fue a casa de sus padres, llamó a Marino para que lo ayudara averiguar en qué parte de surámerica estaba, su hermano al escucharla angustiada aceptó. 


Mientras tanto ella, con una cuenta de Facebook que se creo, ingresó a su perfil y le pidió ser su amiga. Así transcurrieron un par de semanas, ella le escribía por Messenger, esperando que él le respondiera, pero no le respondía.


Estaba desesperada, se había hecho el análisis de sangre y le confirmaron su embarazo, pero  le preocupaba no saber el paradero de Martín, hasta que una semana después Marino la llamó.


—Hola pequeñuela, ¿Cómo está mi sobrinito? — interrogó su hermano.


—Bien, las náuseas, vómitos y mareos son demasiado intensos…también he bajado tres kilos de peso durante estas tres semanas —respondió la chica.


—¿Las terapias como van? —preguntó Marino.


—Van bien. Ya mi pierna está muy bien. Sigo con las terapias de lenguaje. He mejorado muchísimo…Marino dime, ¿Qué has sabido de Martín?


—Contraté a una empresa de investigación, Lombardi Security Solution,  cuyo propietario es Liuggi Lombardi y me informó que Martin viajó a  Suramérica, su vuelo hizo escala en Sao Paulo y de allí llegó a su destino, la Asunción, Paraguay. También me dijeron que adquirió unas tierras en el occidente de ese país, específicamente en el Departamento  de Boquerón, donde está viviendo.


—Me iré a Paraguay mañana. Compraré el boleto aéreo, ahora mismo—afirmó Dara emocionada.


—No irás sola—afirmó su hermano.


—No voy sola. Mi mamá Tabata Irá conmigo.


—No permitiré que dos mujeres viajen solas. Yo iré con ustedes, me encargo de los boletos. Iré a Milán hoy por la tarde. ¿Puedo llegar a casa de tus padres? —indagó su hermano.


—Claro, dónde esté yo, puedes estar tú. Gracias hermanito por apoyarme—dijo con un suspiro.


—Espero que cumplas tu promesa, y cuando vuelvas con mi amigo no me lo hagas sufrir—expresó Marino.


—Cuando lo vea, lo agarraré a beso y le demostraré que es el hombre de mi vida… Nunca más me separaré de él, eso te lo juro—confesó emocionada.

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Había pasado un mes desde que llegó a Paraguay, y poco más de tres semanas que adquirió el fundo, había ido un par de veces a la población más cercana, Filadelfia, la capital del departamento, para enviar mensajes a su mamá y revisar los correos, le llamaba la atención una chica que le había enviado mensajes, incluso hasta poemas, frunció el ceño, pero lo que le pareció más extraño es que no tenía fotografías en su perfil. Debía tener cuidado porque había cada loco y aprovechado.


Esas semanas habían sido de adaptación, primero al clima, las temperaturas en la zona llegaba a más de treinta y cuatro grados, pero lo que más lo afectaba era la humedad entre 92 a 98%. Lo bueno, había recibido el apoyo de su amigo Osmar Ovelar, que llegó a "La Italianea", como llamó a su fundo, junto con su hermana Karina, unos días después que se instaló en Boquerón y el apoyo de ambos, había sido fundamental tanto para mejorar su estado de ánimo, como también para enrumbarse en ese nuevo camino que inició.


Se levantaban de madrugada para ordeñar, atender el ganado, aprendió a hacer queso, incluso destinaron unas cuanta hectáreas para prepararlas para la siembra y estaba instalando un sistema de riego. Debía mantenerse ocupado para no pensar en la demonia de ojos ámbar, que se metía todas las noches en sus sueños, teniendo las sesiones de sexos más ardientes y extraordinarias, se levantaba sudando y excitado, aún cuando toda la casa contaba con un sistema integral de aire acondicionado que había mandado a instalar.


Por otra parte, se estaba adaptando a la comida, era obligatorio para soportar las altas temperaturas el Tereré, La Chipa, un alimento a base de masa de almidón, huevo, grasa de cerdo, leche con el famoso queso paraguayo, realizado con el intestino de la vaca. 

En los almuerzos le servían sopa paraguaya, la cual era utilizada como pan y tallarín de pollo cacero, aunque él le llamaba spaguetti con pollo, y todos le rebatían.


También tomó El cocido, para el cual se quemaba la yerba mate con el carbón y un poco de azúcar y luego se le agregaba agua, también comió Mbeju con cocido, comió Caldo de Ava, una especie de sopa con verduras, con mucha calabaza, la cual denominaban en la zona zapallo.


La gente era amable, tenía un par de señoras que cocinaban y se encargaban de limpiar la casa, pero no vivían allí sino en una de las cinco casas que tenían los trabajadores, en la casa principal vivían su amigo, su hermana y él, pues los vaqueros solteros, vivían en una especie de galpones con literas, que él había acondicionado con ventiladores de techo, aunque esperaba mejorar las condiciones instalando un sistema de aire acondicionado.


Esa noche no podía dormir, se levantó y se bañó, se paro frente al espejo y observó el par de sombras que tenía en sus ojos, a pesar de haberse alimentado con la comida típica del país, había bajado de peso, no dejaba de pensar en ella, para completar le daban constante nauseas y vómitos, estaba preocupado por esa situación, nunca había sido hombre de estar vomitando, a excepción cuando Amarantha estaba embarazada de Tara, claro que realmente la pequeña no era su hija. Frunció el ceño. Quien estaba embarazada también en ese momento y no lo sabía era la demonia de ojos ámbar, arrugó la nariz, estaba harto de sí mismo por recordarla tanto, evitaba decir su nombre, desde que había llegado a ese país la llamaba la demonia de ojos ámbar, menos mal que nunca se enteraría, porque era capaz de darle su merecido si lo llegaba a saber, pensó con una sonrisa.


—¡Mi pequeña! — porqué tuvo que pensar que la violó, fue cierto que la había tomado con brusquedad porque nunca se imaginó que fuese virgen, además aún sentía los estragos de lo que le hizo Amarantha, pero luego la recompensó, se acostó pensando en ella, a tal punto que su miembro parecía a punto de explotar, se debió levantar nuevamente e ir al baño, se dio placer pensando en su hermoso cuerpo, sus lindos senos, su pequeña cintura, sus voluptuosas caderas y bien formadas piernas.


—¡Maldita sea Dara! me has dañado para siempre, no puedo dejar de pensarte, como quisiera borrar tus huellas de mi cuerpo y sacarte de mi corazón — pronunció en voz alta.


Luego pensó ¿Si buscaba a alguien para olvidarla? Había un par de mujeres jóvenes y bonitas, que lo miraban con buenos ojos, si aceptaba a una de ellas, tal vez lograría olvidar a Dara, tal vez se enamoraría y podría rehacer su vida, pero no, no quería exponer su corazón, además nunca amaría a nadie como lo hacía con la demonia. 


Debía llamar a su abogado para ver si su divorcio se había materializado. Trató de imaginarse con otra mujer, cerró sus ojos para visualizarla, pero su mente se negaba a cooperar,  porque por más que tratara imaginarse  a otra siempre las facciones se cambiaban al rostro y cuerpo de Dara, sin embargo, con esos pensamientos, se quedó dormido.


Al día siguiente, se levantó como todos los días, muy temprano, Osmar y Karina también lo hicieron, comenzaron a trabajar, se hicieron las diez de la mañana, el calor era insoportable, veía a todos serenos y fresco, mientras él luchaba con la inclemencia del tiempo. Hasta la hermana de su amigo se mantenía fresca, admiraba bastante a esa chica, pues es una mujer de armas tomar, enlazaba el ganado de manera sorprendente, era una gran amazonas, ordeñaba vacas, guiaba el ganado. Y  aparte de todo ello,  siempre lo sorprendía distraído y melancólico, ese día le dijo.

—¡Qué pena contigo! Pero esa tristeza que cargas encima no veo que se mitigue, sino que se intensifica, siempre te carga distraído.


Martín sonrió aunque su sonrisa no llegó a sus ojos —No estoy triste, todo lo contrario estoy muy contento de estar aquí, me encanta el paisaje y la calidez de tu país.


— Si seguro, te creo, no estás triste y tampoco sufres una pena de amor—expresó Karina sonriendo.


—¿Cómo sabes que tengo una pena de…—dejó de hablar, al darse cuenta que la chica le había tendido una trampa—ya veo que eres muy lista—expresó esbozando una sonrisa.


—Pues eso es una característica de mi género, ¿Qué tal si hablamos luego de echar una carrera de aquí a la casa? Y luego me cuentas tus penas acompañado con un Tereré.


—Está bien hecho. ¿Y tú hermano? —preguntó.


—Dejémoslo aquí para que se encargue de supervisar en tu ausencia—respondió la chica.


—¡Está bien!   ¡Osmar!  ¡Osmar! —al tener la atención de su amigo, expresó—Voy a la casa con Karina, venimos en un momento—gritó.


Al decir eso, se montó en el caballo y ambos salieron cabalgando, a pesar de que Karina le dio ventaja, terminó pasándolo, mientras ambos se reían, tenía mucho tiempo que no lo hacía, pero cuando estaban llegando a la casa, se estacionó una camioneta, cuando se acercaron, vieron bajar a un hombre, cuando observó bien se dio cuenta que era Marino, apenas lo vio un susto inundó su cuerpo y sin siquiera saludarlo indagó con temor —¿Qué le pasó a Dara?


—Hola Martín saludos, veo que estás en muy buena compañía—enfatizó haciendo referencia a Karina—pero traigo a Dara que se empeñó en venir a verte.


Terminó de hablar Marino y salió Dara del auto mirándolo con un semblante de sorpresa, recorriendo con su mirada de él, a la mujer que lo acompañaba, mientras en su rostro se dibujaba una expresión triste, apretaba su mentón en forma desafiante y sus ojos comenzaban a humedecerse.


"No confíes en lo que ves, incluso la sal se ve como azúcar y viceversa". Anónimo.


CAPÍTULO 34. LA VERDAD


Dara sentía que su corazón se agrietaba, al verlo acompañado de la chica, quien la observaba con una  amigable sonrisa, para su tormento era una mujer bonita y amable, quería llorar y gritar, pero inmediatamente pensó que no se rebajaría, Amarantha se lo había dicho, los hombres como Martín eran un tesoro y cualquier mujer se daría cuenta de lo maravilloso que era.  Unas lágrimas intentaron escapar de sus ojos pero se los limpió con rapidez, las piernas le temblaban estaba a punto de desvanecerse cuando vio a su mamá Tabata parada a su lado sosteniéndola.


—Hola Martín, ¿Cómo has estado? —interrogó Tabata.


—Muy bien señora—saludó con amabilidad pero luego dirigió su interés a Dara, su corazón quería salir disparado de su pecho y que su cuerpo saliera corriendo a abrazarla y besarla pero su cerebro se resistía y en vez de eso, expresó en un tono más severo de lo que pretendía —¡¿Qué haces aquí Dara?!


—Venía a conversar contigo—manifestó, tomando fuerzas  y mirándolo con firmeza.


—Pues, yo no tengo nada que hablar contigo, y tampoco tú deberías tener nada que hablar conmigo, porque dejaste muy claro lo que pensabas aquel día en casa de tu padre, allí era donde quería hablar y explicarte, pero no quisiste oírme. Ya es muy tarde. A propósito te presento a Karina, la paraguaya que manda en esta casa—tuvo que simular una carcajada con una tos, al ver la cara de sorpresa de su amiga, de hecho pensaba debatirlo cuando él le hizo seña que se callara y ella le obedeció pero mirándolo con rostro de malos amigos.


Después dirigió su rostro a Dara, estaba totalmente desencajado, pálido y con tono suave enfatizó —Y yo soy tu esposa.


—No querida, ya no eres mi esposa, debiste recibir los papeles de divorcio al día siguiente de que me acusaras de violador, así que eso ya debe haber sido ejecutado—pronunció con seguridad Martín.


—¡Yo no los firmé!—respondió ella. Mientras Martín sentía una gran emoción en su interior, pero no se lo haría saber, le daba temor, que le hiciera daño nuevamente y en vez de expresarle su conformidad con lo que había hecho, terminó haciéndole creer lo contrario.


—Pues es lamentable, debiste hacerlo, porque mi capítulo contigo, lo di por concluido—espetó mientras veía a Dara, colocarse más pálida, al verla así bajo rápido del caballo, lo cual hizo justo a tiempo porque  en ese momento ella se desvaneció.


Al verla desmayada, su corazón comenzó a palpitar con fuerza, la sostuvo en sus brazos, mientas con la otra mano, la instaba a despertarse.


—Es el intenso calor que la ha hecho desvanecerse, llevémosla al interior—señaló la chica. Mientras Martín entraba con ella seguido de Tabata y Martín, quien solo contemplaba la escena conmovido por su hermana, pues cuando Martín le informó lo que había dicho, pudo percibir la tristeza de ella. Pero conocía a Martín, sabía que amaba a Dara, y todo lo que había dicho, era porque se sentía dolido, pero no le diría nada a ella, dejaría que Martín la hiciera sufrir un poquito por haberlo creído un violador, pero estaba seguro que ese hombretón terminaría rendido a los pies de la miniatura de su hermana. Aunque la chica con quien había llegado era muy bonita, estaba seguro que no significaba nada para Martín, sin embargo, no la perdería de vista, no dejaría que nadie se interpusiera entre su hermana y el amor de su vida.


Martín iba a llevarla a su habitación, pero lo pensó mejor, tenía que sostener su mentira, y la llevó a una de las habitaciones, desocupadas, la acostó en la cama. Le llevaron alcohol y él la puso a olerlo, haciéndola reaccionar.


Al despertar sus primeras palabras fueron —¿Por qué me dejaste de amar? ¿Por qué me sustituiste tan pronto?


Martín quería responderle que nunca la dejaría de amar y que jamás nadie lograría sustituirla porque se le había inoculado en su sangre, pero en vez de eso  le respondió —¿Aún me preguntas? ¿Cómo podría seguir amando a una mujer que me llamó violador? Y en cuanto a lo otro, como dice el dicho “Al rey muerto, rey puesto”.


Las palabras de Martín se clavaron en el corazón de Dara como un arma punzante —Yo lo siento, mis recuerdos de ese momento me confundieron y me jugaron una mala pasada, pero una semana después que te viniste, pude recordar todo—ella se sentó en la cama y tomó su mano, mientras él sentía como su cuerpo no le obedecía porque se excitó con ese pequeño contacto.


—Lamentablemente para ti pequeña Dara, el tiempo ha pasado, si tu intención de venir aquí es que volviera contigo, no lo voy hacer, nuestra historia es un periódico de ayer, puedes quedarte un par de días aquí, pero luego quiero que te vayas, regreses a Italia, firmes el divorcio, para quedar libre y rehacer mi vida en este país, lejos de ti—aunque le dolía profundamente sus palabras, no cedería, no quería volver a sufrir cuando ella decidiera dejarlo.


Ella lo observó con sus ojos muy abiertos por la sorpresa y sus labios entreabiertos, a Martín esos labios le tentaban como la fruta más exquisita, apretó los puños al lado de su cuerpo, buscando controlarse para no caer en la tentación.


—Si eso es lo que quieres, no tengo que esperar unos días…ahora mismo me voy de tu vida, para siempre—cuando se levantó de inmediato se mareo y si no es porque él la sostuvo con rapidez hubiese caído al suelo, aunque no pudo evitar que ambos cayeran en la cama, ella debajo de él.


La miró a los ojos y esos labios lograron su objetivo, tentarlo, sin poner su cerebro a pensar por un solo segundo, dejó que su cuerpo actuara, se acercó a su rostro y fundió su boca con ella, sus lenguas juguetearon, la pasión se desbordaba en él, se deleitó con su sabor, era más rica que el más dulce manjar, soltó su boca y recorrió su cuello con pequeños besos, la lamió hasta llegar a su clavícula, rompió los botones de la blusa, dejando a la vista su brassier, se lo subió liberando sus senos que estaban totalmente erguidos y llenos, demasiado provocativos, tomó uno en su boca mientras se deleitaba con su consistencia sabor, Dara lo tomaba por la cabeza acercándolo a ella, mientras Martín jugueteaba con ellos, hasta que un ruido en la puerta los sacó de su ensoñación, volviéndolo a la realidad.


Martín le bajó el sostén para colocarlo en su sitio y se levantó con rapidez, mientras ella observaba la potente erección que se divisaba en su pantalón.


—Me deseas Martín, aún me amas, es mentira que lograste olvidarme en un mes… es falso que no quieres saber nada de mí… Lo siento por esa chica que se está engañando, creyendo que sientes algo por ella… Pues tú me amas es a mí…pero me quedaré un par de semanas aquí, tratándote de reconquistarte…si no lo hago en ese tiempo, juro que me voy y no me vuelves a ver más.


—Pues Dara, creo que perderás tu tiempo—pronunció nervioso, porque sabía que ella tenía razón, si se quedaba allí varios días y se lo proponía, estaba perdido. Debía hacer uso de toda su fuerza voluntad para no caer en la tentación de los besos y cuerpo de Dara, que eran para él una especie de adicción.


—Pues no, creo que lo lograré en menos de una semana señor Landaeta. No podrás jamás resistirte a mí—expresó sentándose y acariciando sus senos a través del brassier, mientras él no dejaba de observarla, con los ojos nublados por el deseo.


Volvieron a tocar la puerta y apareció Karina, abriendo la puerta para dejar pasar a la señora que le traía un Tereré, mientras los observaba a ambos con curiosidad.


—Disculpen la interrupción, pero pensé que era una buena idea traerle a Dara un Tereré para que se refresque. En cuanto al tuyo querido, te esperaré en la cocina para tomárnoslo juntos—pronunció con sarcasmo, no estaba de acuerdo que la usara para poner celosa a esa chica, se veía tan frágil, parecía una niña, se veía tan dulce. Extendió su mirada a ella y pudo observar su semblante triste y eso la conmovió. Martín se estaba pasando en hacerla sufrir de esa manera. Se retiró dejándolos solo.


—Ahora con tu permiso, iré a ver que quiere la patrona de esta casa—expresó sin mirar atrás porque si veía su rostro una vez más estaba perdido.


Dara se quedó pensativa, debía hacer algo, había algo en todo eso que no le cuadraba, enseguida entró su mamá con el equipaje y se quedó viéndola —Dara estás en sostén, ¡Por Dios! ya oíste que Martín tiene una relación con esa muchacha, Karina se llama.


—¡No es cierto! Él está mintiendo, lo conozco y voy hacer que confiese.


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Martín llegó a donde lo estaba esperando Karina, con cara de pocos amigos, —¡Te has pasado! ¿Cómo me usas para enojar a esa pobre chica? Estaba pálida, hasta se desmayó por tus mentiras.


—¿Eres mi amiga? —la interrogó él.


—Ah no Martín, no intentes manipularme. Claro que soy tu amiga. Pero quiero que le digas la verdad a Dara, no me gusta ver su expresión de tristeza, es una niña tan dulce.


—No es dulce nada, es una demonia, que engaña a uno y luego al tenerlo a uno babeando por ella? lo acusa de violador, no te dejes engañar por ese rostro angelical.


—¿Qué fue lo que pasó Martín? —lo interrogó la chica.


—Te lo contaré—enseguida le contó todo, desde su relación con Amarantha, la traición, como conoció a Dara, su matrimonio, el intento de engaño de Amaranta, el accidente. Le contó todo, la falsa acusación de Dara porque recordó una parte del inicio de la relación que no se había dado bien. Pero se abrió a ella.


—Pero ella no recordaba del todo bien, su mente le jugó una mala pasada, no deberías alejarte de ella si realmente la amas, si ella está aquí es porque se dio cuenta de su error, deja de jugar al hombre duro, y perdona a tu chica y sean felices.


—Viste que es una demonia de ojos ámbar, a todo el mundo termina hechizando y convenciendo, ya lo hizo contigo y solo la has visto un momento—expresó con seriedad, mientras Karina se reía de sus locuras.


—En verdad el amor te corrió una teja—le dijo Karina mientras reía a carcajadas.


Justo en ese momento llegó Dara —Disculpen ¿Interrumpo?


—Si—respondió Martín.


—No—dijo Karina al mismo tiempo, mientras miraba como Dara fruncía el ceño.


—Deberían ponerse de acuerdo—enfatizó Dara, mientras los observaba.


Martín nervioso se levantó de la silla—Pues creo que es mejor que me vaya ayudar a la gente. ¿Vienes Karina?


—No, me quedo a hacerles compañías a tus invitados.


Martín besó ambas mejillas de la joven y se fue. Quedando las dos mujeres solas, Karina vio como la chica se tomaba una mano con la otra estrujándola, cuando iba a tranquilizarla, Dara dijo —Lo siento mucho Karina, en verdad te vi y me pareces una mujer muy linda, de hecho me molesto que me cayeras bien, pues todo sería más fácil si me cayeras mal y fueses una bruja, arpía, pero bueno ni modo. Soy la esposa de Martín y estoy aquí para recuperar a mi esposo. Y no tengo nada en tu contra, pero ese hombre es el amor de mi vida y estoy dispuesta a lucha por él


Karina aplaudió, lo cual sorprendió a Dara —¡Bravo! Me parece muy bien que luches por el hombre que amas, y aunque solo tengo un poco más de dos semanas conociendo a tu esposo, es terco como una mula, deberás esforzarte mucho para recuperarlo.


—No entiendo, ¿Me estás diciendo que conquiste al hombre del cual eres novia? —indagó Dara.


—Eres la esposa no, eso mata novia—pronunció con una carcajada, mientras Dara la observaba desconcertada.


—Si claro, pero eso te afecta, a menos qué ¡No tienes nada con él! —exclamó cubriéndose la boca feliz.


—¡Aleluya! Sabía que eres inteligente—expresó la chica.


—Él lo está fingiendo para alejarme de su lado. Si será sinvergüenza. Pues yo lo voy a provocar hasta que caiga en la tentación y le daré un poquito de su propia medicina—habló Dara con decisión.


—¿Lo pondrás celoso? —Preguntó la chica.


—Si también ¿Tienes en mente a alguien con quien pueda hacer rabiar a Martín?


Karina estaba gozando de lo lindo con las locuras de ese par eran realmente divertidos —Pues será con mi hermano, te lo presento cuando venga.


—Esto será emocionante—pronunció Dara, aplaudiendo feliz porque había descubierto la farsa de Martín. Se quedó observando a Karina quien no dejaba de reírse a carcajada y le preguntó —¿Qué te sucede?


—Qué ustedes son únicos, esa tierra de donde vienen es muy buena, porque se dan los locos sin abono.


Soltó una carcajada, mientras Dara se unía a sus risas, pero de repente sintió náuseas y salió al patio trasero de la puerta del fondo de la cocina, donde comenzó a vomitar.


—Dara—dijo su nombre asustada—¿Algo te cayó mal? Estás igual a Martín que vive con nauseas y vómitos—enseguida abrió los ojos sorprendida—¡Claro! ¿Estás embarazada?


Dara miró a todos lados y afirmó con la cabeza —Si, pero guárdame el secreto, por favor, no quiero que vuelva conmigo porque estoy embarazada, sino porque me ame a mí.


—Mujer, aún dudas que ese hombre está loco por ti, si ese andaba melancólico triste, y tú tienes menos de un par de horas aquí y lo he visto sonriendo más en ese tiempo que en semanas.


—¿Crees eso? —interrogó Dara con esperanzas.


—No lo creo mujer, estoy segura, y yo tengo muy buen ojo—enfatizó mientras Dara la miraba emocionada.


"El amor al igual que la tos, no puede ocultarse". Ovidio.


CAPÍTULO 35. SEDUCCIÓN

 

Luego de la conversación con Karina, Dara empezó a ejecutar su plan, con la ayuda de su madre y de Karina, decidió preparar la comida preferida de Martín, un Carpaccio de pescado, realizado con pescado cortado en trozos crudo macerado con zumo de limón, aceite de oliva y queso parmesano. También preparó unos macarrones, consistente en una pasta elaborada con agua, harina de trigo y huevos, con forma de tubitos, los acompañó con una salsa de queso que elaboró. Con la ayuda de Karina preparó los envases de acuerdo a la cantidad de personas que se encontraban trabajando en el campo.  Elaboraron Tereré y lo colocaron en termos y pusieron las comidas en bolsas, al momento de llevarlos, Dara se preocupó porque no sabía montar a caballo y le daba cierto miedo que cayera y le produjera un daño a su bebé.

 

 —Karina, no podré ir, no puedo montar a caballo, no lo sé hacer—manifestó con preocupación.

 

—No te preocupes, iremos en el jeep—expresó la chica con tranquilidad, mientras guiaba a Dara hasta el auto para guardar las cosas. Karina manejó el jeep, por un camino de grava, luego de quince minutos de recorrido, llegaron a los terrenos que estaban preparando para la siembra.

 

Las mujeres sacaron la comida y caminaron donde estaban los trabajadores, comenzaron a repartir los envases, Martín se encontraba alejado, al ver el bullicio se acercó donde estaban los demás, vio con curiosidad los alimentos, olfateó el rico olor que emanaban y su boca se volvió agua al ver que se trataba de su plato preferido, se quedó viendo a Dara en espera que ella le diera su plato, pero ella lo ignoró, repartió todas las raciones y no le dejó ninguna a él.

 

—¿Y mi comida?  ¿A mí no me darás?—interrogó sorprendido.

 

—¿Por qué tendría que prepararle comida a usted señor Landaeta? Usted y yo no tenemos compromiso alguno—afirmó dándose la vuelta sin prestarle atención. Al ver su actitud Martín fue detrás de ella, hasta llegar al auto.

 

—Con ellos tampoco tienes y los atendiste. ¿Sabía que eres una demonia? Te atreviste a traerles mi comida favorita a todos y a mí me ignoraste intencionalmente y ¿Así pretendes que vuelva a aceptarte en mi vida? —indicó molesto.

Dara se ofendió que la llamara demonia, se le acercó desafiante con su mano izquierda en la cintura, y con su mano derecha levantada, la extendió en un puño y señalándolo con su dedo índice, expresó —Si soy una demonia. Tú eres… —hizo pausa buscando una palabra—¡Tú eres el diablo!, ¡Y no!, ¡Ya no te quiero en mi vida! —tomó una bolsa que contenía un envase más grande que los que había entregado a los demás y le dijo—¡Toma! Esto me pasa por estúpida—dio la vuelta al jeep se montó, lo encendió y arrancó, se frenó cuando Karina salió corriendo detrás de ella para que no la dejara y enseguida volvió a arrancar, picando caucho y levantando polvo en su partida y arrojándoselo encima.

 

—¡Dara! ¡Dara! —gritó Martín, esperando que se  detuviese, pero ella lo ignoró.

 

Se comenzó a sacudir el polvo, cuando Osmar se le acercó—Me imagino que ese pequeño torbellino de energía humano,  es Dara.

 

—Es ella, pero creo que se molestó demasiado—indicó Martín.

 

—Si, se sintió muy ofendida que la llamaras demonia, vas a tener que hacer mérito para que te perdone.

 

—¿Quién te dijo que quiero su perdón? Es ella quien debe pedírmelo a mí. Además no me interesa —espetó Martín, sin embargo, en el fondo era lo que ansiaba su corazón. Abrió su plato y el delicioso olor llenó sus sentidos, comenzó a comer con placer, pues tenía tiempo que no comía alimentos de su país, no supo si lo exquisito se debía a ese hecho o a que esa mujer era la mejor cocinera que había conocido, menos mal que su madre no sabía lo que pensaba, porque si no se armaría otra guerra en su vida, pensó con una sonrisa.

 

—Bueno si no quieres nada con ella, a mi me parece muy bella, parece un hermoso ángel, no me importaría tenerla en el cielo de mi vida—pronunció buscando molestar a Martín.

 

Martín lo miró con cara de pocos amigos y con una mano lo sostuvo del cuello—Mira Osmar, te voy advertir algo—enfatizó sumamente enfadado—a mi mujer la dejas en paz, ella es mía, ni siquiera se te ocurra acercártele.

 

 

Osmar soltó una carcajada —¿No y que no te interesa?

 

—Te la das de gracioso, te voy a enseñar a vivir siempre riéndote, de un manotazo que te voy a dar que te voy a romper los dientes—indicó alejándose para seguir disfrutando de su rico almuerzo.

—¡Vaya! El muerto tiene doliente aunque lo niegue—expresó Osmar, yéndose a donde estaba el resto a continuar trabajando, mientras se burlaba de los celos de Martín.

 

************************************************

 

Dara se bajó del auto muy molesta, discutiendo —¡Es un bruto! No sé porqué sigo colgada por él, me llamó ¡Demonia! A mí, que soy el ángel más hermoso del mundo—se quedó pensativa por un momento—bueno eso es lo que dice mi papá y mi hermano ¿Será que no cuenta? —se interrogó frunciendo el ceño.

 

Marino vio a su hermana rabiando y se le acercó —Dara por favor hermana, cálmate, eso te hace daño. Y todo por culpa tuya—dijo desafiante a Karina—No puedes entender que Martín es un hombre casado, debes metértelo por los ojos, no te enseñaron a respetar lo ajeno, pero claro que se va a esperar de alguien…

 

Karina molesta no lo dejó continuar y lo enfrentó —Mira carita bonito sin cerebro, porque si tuvieras dos dedos de frente sabrías que a mi Martín no me interesa…

 

Esta vez fue Marino que la interrumpió—¡Ah no! pero venías toda partida riéndote con él, como si fuese lo más placentero del mundo.

 

—Pues, me río con quien me dé la gana, eso no es problema tuyo, metiche, hay que ver que eres más salío que una gaveta—expresó con rabia, mientras se retiraba enojada.

 

—¿Quién carajo se cree ella para hablarme así? No es nadie en este fundo. Voy hacer que Martín la eche a la calle por atrevida—dijo Martín indignado.

—Déjala en paz Marino, Karina no es mi enemiga, es mi aliada para reconquistar a Martín, y aunque te ame mucho no permitiré que te metas con ella—enfatizó entrando a la casa en búsqueda de la chica.

 

Al dar con ella la encontró despotricando de Marino, pero se calló al verla.

 

—Los hombres son unos idiotas, pero el peor es el Martín es un malagradecido, mala sangre, estúpido, engreído.

 

—¡Dara ya! ¡Cálmate! —le pidió Karina—entiéndelo, cualquiera se hubiese molestado al ver que a todos le diste comida menos a él. ¿Qué esperabas? Además no puedes cesar en tu empeño de conquistarlo. ¿Cómo lo vas hacer si saltas como una fiera cuando te habla?

 

—¿Hablar? Eso no es hablar, me llamó ¡Demonia! —exclamó indignada.

 

—Dara así te comportaste cuando arrancaste el auto, seguro lo llenaste de polvo.

 

—Bien merecido que lo tiene, por atorrante—expresó decidida—además; ya no me importa.

 

—Bueno entonces si no te interesa, haré todo lo posible por conquistarlo, porque…—Dara no la dejó ni terminar.

 

—Mira Karina, si te parece un chiste eso, te cuento que es muy malo, ni se te ocurra acercártele a mi marido, porque allí si vas a ver lo demonia que puedo ser—espetó muy molesta, sin embargo, se puso roja cuando Karina frunció el ceño y con una carcajada.

 

—Pues, ¿No que no te importaba? ¡Decídete mujer!—se quedó en silencio por un momento— Fue una broma quería que reconocieras que te importa.

—Discúlpame, claro que me importa, pero me molesta su actitud de sobrado, es muy terco y no dará su brazo a torcer.

 

—Apenas tienes un día, te quedan dos semanas por delante. Planifiquemos el siguiente paso.

 

Así lo hicieron, una vez que llegó Martín y entró en el despacho, Dara se vistió con una ropa muy sexi, una falda corta y una blusa que le quedaba por encima del ombligo, se abrió los primeros botones dejando a la vista la parte superior de sus senos, los cuales estaban más voluptuoso de lo normal producto del embarazo. Tomó una bandeja con el Tereré que había hecho Karina y caminó hacia el despacho. Su hermano la vio y abrió sus ojos sorprendidos —Veo que esa reconquista va con todo, compadezco a mi amigo, si no muere infartado morirá con una gran ere….—Dara lo interrumpió.

 

—Por Dios Marino, guárdate ese pensamiento para ti mismo—expresó fingiendo molestia—aunque eso es lo que busco—dijo soltando una carcajada.

 

Dara entró a la oficina, pero Martín no levantó la vista hasta que vio la bandeja en su escritorio, al hacerlo vio a la demonia de ojos ámbar, mirándola con la sonrisa más espléndida que había visto en la vida y al bajar su mirada, vio que se había soltado varios botones de su blusa dejando a la vista lo terso de su piel y sus bien formados pechos.  Fue instantáneo sentir que su pantalón se empequeñeció, la muy atrevida le sonreía seductoramente, mientras se inclinaba dejándolo ver más de su cuerpo, sintió la boca seca y su corazón comenzó a palpitar desbocadamente, se levantó de su asiento, ella se enderezó mirándolo entreabriendo sus labios, su hermosa boca lo provocaba como unas cerezas dulces y rojas, se acercó a ella posó sus labios en los de ella, pero justo en ese momento entró Osmar sin tocar y se quedó sorprendido al verlos, mientras ellos se sintieron como si los hubiesen conseguido haciendo algo malo.

 

—¡Lo siento! Disculpen, no sabía…yo salí hace un momento a buscar estos documentos…—Martín lo interrumpió, se sonrió aliviado de que su amigo lo haya librado de caer en la tentación de la demonia de su esposa.

 

—Tranquilo amigo, nunca pudiste haber sido más oportuno. Gracias Dara, deja eso allí, puedes retirarte.

 

Dara lo miró molesta, sin decir palabra  y salió tirando la puerta con fuerza.

 

 

Al salir Dara, Martín se sentó en su escritorio aliviado y soltó una carcajada —Eso se llama salvado por la campana, tardabas un minuto más y caía en la trampa de su cuerpo.

 

 

—Martín tienes una de dos alternativas, dejas libre a Dara, somos muchos los caballeros que admiramos su belleza o segundo deja de una vez esa lucha entre ustedes, Dara está haciendo lo posible por cautivarte,  se nota que te ama profundamente.

 

—Primero se congela el infierno antes de permitir que otro toque a mi esposa y segundo estoy dolido, lo que Dara me dijo, me hizo una profunda herida. Y tengo miedo de ceder porque no soportaría una vez más su desprecio.

 

***************************************************

 

Dara entró a la cocina con semblante triste —Creo que no seguiré más en esto, él no quiere estar conmigo.

 

—¿Qué pasó? —preguntó Karina. De inmediato Dara le contó todo—No te desanimes, por lo que me has contado, está a punto de caer, no te desanimes. Ve a descansar, hoy ha sido un día muy ajetreado para ti. Comete algo y vete a dormir. Mañana se nos ocurrirá algo.

 

Está bien, aunque no tengo mucha hambre—respondió la chica.

—Pero debes alimentarte bien para que tu bebé se fortalezca—Dara se comió el caldo Ava que le sirvió Karina y aunque al principio estuvo extrañada, al saborear lo rico del plato, se levantó y se sirvió otro. Luego de comer se fue a dormir.

 

Llegó la hora de la cena, Martín se sentó en la mesa, estaba Tabata, Marino, Karina, por supuesto Osmar, pero no vio a Dara, vio a todos los lados para ver si la veía pero al no verla preguntó —¿Dónde está Dara?

 

—Está descansando—expresó Tabata.

 

—Ana, por favor llévale comida a Dara para que cene—indicó Martín con preocupación.

 

—No es necesario, no tienes de que preocuparte—enfatizó Tabata.

 

Sin embargo, Martín se quedó preocupado, múltiples preguntas surgieron en su mente ¿Por qué se acostó temprano? ¿Estaría bien? No pudo aguantar más y se levantó de la mesa disculpándose.

 

—Lo siento, pero no tengo apetito. Que tengan buenas noches—se despidió mientras se dirigía a su habitación, pero al llegar frente a la habitación de Dara, entró con sigilo, esperando que estuviera dormida.

 

Así fue, al entrar estaba profundamente dormida, se acercó a su lado, observó el cansancio de su rostro, se notaba que había estado sometida a insomnio, destacaban un par de sombras de color violeta oscuro debajo de sus ojos,  estaba un poco pálida, su conciencia le remordió por someterla a ese estrés.

 

—Lo siento pequeña, tengo tanto miedo de volver a empezar—confesó, llevó su mano izquierda a su rostro y acarició sus ojeras, bajó por su nariz, y se posó en sus labios. Su esposa muy hermosa, despertaba sus sentidos como nunca nadie lo había hecho, bajó su rostro para darle un pequeño beso, justamente estaba besándola con suavidad, cuando Dara, abrió los ojos y lo encontró infraganti inclinado sobre ellos, él abrió sus ojos, sus miradas se encontraron con una intensidad, que les hizo nublar sus sentidos, sintieron sus cuerpos vibrando del deseo, mientras sus respiraciones se entrecortaron como si hubiesen corrido un gran maratón que los dejó sin aire.

 

“Usted y yo tenemos una lluvia pendiente, no importa si es febrero o es mayo, se que ese día lloverá…yo le haré café y usted me hará la vida.” Isco Santi.

 


CAPÍTULO 36. CAPÍTULO FINAL


Ambos siguieron observándose, Dara le tomó el rostro y acercó su boca a la de Martín, él sintió que se sumergía en un oasis de deseo, pero enseguida vinieron a su mente las palabras de Dara “…Me violaste…”


—¡Noo! —expresó Martín levantándose de la cama y salió corriendo de la habitación de Dara.


Llegó a su habitación, pasó sus manos por el rostro, se sentía impotente, deseaba recuperar a su esposa, pero el miedo lo invadía neutralizándolo, entró al baño se duchó, sin dejar de pensar en lo que estaba pasando. Al salir, se tiró en la cama sin vestirse, no podía y tampoco quería seguir luchando en contra de sus sentimientos por esa mujer, pensó en que tal vez, era el momento de perdonar y olvidar, Dara era su vida, su amor, su pasión, su intensidad, lo era todo para él, con esos pensamientos, se quedó dormido, hasta que en la madrugada al abrir sus ojos, la vio al lado de su cama, hermosa, regia, con su cabello suelto, libre donde destacaban destellos dorados, su bata transparente, dejaba al descubierto su hermoso cuerpo, maduro, provocativo, despertaba intensamente sus sentidos.


—Se me dañó mi baño, quería que me prestaras el tuyo para orinar—le dijo con una suave voz.


Martín se sonrió —Eres una mentirosa, ¿No puedes usar una mejor excusa o mejor confesarme la verdad?—expresó levantándose hasta quedar muy cerca de ella—Dime Dara. Viniste porque quieres estar a mi lado, en mis brazos, unir tu piel con la mía y fundir nuestros cuerpos, que nuestro corazón lata al unísono. Confiesa que no puedes dejar de pensar en mí.


Ella lo miró con ojos de deseos —Es cierto, te amo profundamente, quiero pedirte perdón por haberte juzgado mal, sé que me equivoqué y te herí, pero te juro que mi intención nunca fue hacerte daño, en mi ignorancia creí que lo que mi mente me mostró era cierto, aunque en el fondo pensaba que no podía ser verdad, pero tenía miedo a lo que estaba sintiendo, a esas sensaciones que me controlan y me vuelven vulnerable ante ti. Temí sin saber a que me juzgaras mal, aunque mi memoria no lo recordara mi subconsciente si sabía, lo que había pasado.


—Te perdono amor y a la vez te pido perdón a ti, en verdad siento haberte hecho sufrir, pero con tus palabras sentí como picas hielo que se me enterraban en mi corazón, en mi alma, causándome las más cruentas heridas. Yo te amo, lo hago prácticamente desde el mismo momento en que vi tu rostro en la nieve, pero también tengo miedo que nos demos otra oportunidad y tú me hagas nuevamente a un lado, eso no podría soportarlo. También se que te juzgue mal, creo que ambos hemos cometidos errores y nos hemos hecho daño sin intención.


«No puedo vivir sin ti, pero tampoco quiero que el germen de la desconfianza inocule en nuestra relación acabando con esto bonito que sentimos.


—Martín te perdono, te prometo no tomar decisiones precipitadas y escuchar tus explicaciones, prometo no juzgarte sin oírte.


—Yo también prometo, no dejarme llevar por meras apariencias, prometo oírte, entenderte y darte oportunidad de expresarte. Te amo mi pequeña demonia. Y no quiero que vuelvas a enojarte conmigo.


Martín la haló hacia él, la tomó por sus mejillas y la besó con necesidad, como si no hubiese un mañana,  con todo el amor que fluía de lo más profundo de su ser —Te amo pequeña.


—Yo también te amo mi diablo—Dara estaba emocionada, el amor que sentía la inundaba como una luz en su interior, su corazón latía con tanta fuerza que daba la impresión que iba a salírsele de su pecho.


Allí estaba con él, su amor, su hombre, su esposo, su vida. Se fundieron entre besos y abrazos, se sumergieron en la pasión, uniendo sus cuerpos como un indivisible todo. Martín besó y saboreó cada parte de su piel, se deleitó con su sabor, con su placer, con sus gemidos.


Dara también lo besó, rozó su cuerpo, cató su cuerpo como si del mejor vino se tratara. Se deleitaron en el más sublime placer, con cada embiste Dara sentía que tocaba el cielo, se elevaba a la más alta cúspide la pasión, ambos enloquecieron, entregándose sin reservas, sin restricciones, sin secretos, para Martín el cuerpo de Dara era el infierno por lo calidez de su cuerpo, por ese goce que lo devoraba como un fuego descontrolado, pero era también el paraíso porque lo elevaba y producía las más excelsas emociones que solo podían ser producto del amor incondicional que se tenían.


Permanecía uno en brazos del otro, satisfechos, agotados sin querer moverse, se sentían cómodos entre ellos, Martín posaba su rostro entre sus senos, era el mejor lugar donde podía estar, su alma se deleitaba de placer, estaba feliz, la emoción que sentía nunca se la había imaginado, estaba con la mujer amada, la que lo complementaba y llenaba en todos los sentidos, por un rato durmió en esa posición, momentos después  se despertó y pudo observarla durmiendo, era tan bella, tan frágil, parecía un ángel, aunque era su demonia de ojos ámbar, sonrió satisfecho.


Escuchó los golpes en la puerta, tomó una de las sábanas de la cama y se cubrió con ella mientras fue abrir —Compañero, ¿Se te pegaron las sábanas? —preguntó Osmar.


—No, me reconcilié con Dara y no quiero moverme hoy de su lado—confesó con sinceridad y con una sonrisa realmente genuina.


—Tranquilo, te entiendo. Yo te cubro Disfruta de tu reconciliación, esa es la mejor parte de las disputas.


Martín regresó  a la cama, pero no encontró a Dara, por ello se fue a buscarla al baño y al entrar la vio de rodillas en el retrete vomitando. Los nervios lo invadieron, le daba terror que se enfermara y le pasara algo.


—Dara mi amor ¿Qué tienes? ¿Algo te cayó mal? —la interrogó mientras se arrodillaba en su lado y le apartaba el cabello para evitar se ensuciara.


Al dejar de vomitar ella negó con la cabeza —Estoy bien amor. Es normal que esté así—le dijo levantándose y enjuagándose la boca en el lavamano.


—Toma cepíllate con esto—indicó dándole un cepillo dental—¿Cómo es eso que es normal? —preguntó pero en ese momento sintió náuseas y debió ir también al inodoro a vomitar.


Se levantó, también se cepilló y se quedó viendo a su esposa, quien cargaba una bata muy sexi, le bajó los tiros de los hombros dejando sus senos expuestos. Martín los tocó y cubrió con sus manos, con solo sopesarlos se dio cuenta que tenían más tamaño que la última vez que los había tenido en sus manos.


Terminó de bajar la bata, mientras ella se mantenía en silencio sin quitar la vista de él, Martín bajo su mano a su vientre y lo tocó, lo tenía plano, levantó su mirada a su esposa y  así sin palabras la interrogó con su vista, su esposa movió afirmativamente la cabeza, en su rostro dibujó una radiante sonrisa, la acercó a él y comenzó a besarla, luego la levantó en brazos y la llevó a la habitación donde la recostó en la cama.


—Apenas llegaste debiste habérmelo dicho, te hice sufrir todo el día, haciéndote rabiar con mi actitud, eso podía haberte hecho daño.


—No soy tan frágil—manifestó mostrándole una hermosa sonrisa. De inmediato él la besó. Luego comenzó a observar su cuerpo, sus senos, su vientre, colocando su mano en él.


—¡Hola bebé!—pronunció hablándole a su vientre cantarinamente—soy papá, estoy tan feliz que estés allí, voy a cuidar de ti y de tú mami, para que nazcas fuerte, serás el bebé o la beba más hermosa del mundo. Te amo pequeñín—luego se inclinó a besar su vientre y un par de lágrimas humedecieron sus ojos.


—Aún está muy pequeñito—expresó Dara con una sonrisa.


—Si, pero le hablaré todos los días, tú debes cuidarte, no puedes andar caminando, ni yendo al campo, no vas a pasear sola, no puedes hacer fuerza, tampoco vayas a estar cocinando, ni montándote en escaleras, ni sillas, debes comer mucho…—Dara estaba sorprendida por la cantidad de prohibiciones impuestas por su esposo y sin dejarlo continuar lo increpó.


—No señor Landaeta, ese listado de prohibiciones está demás, estoy embarazada no enferma, debo caminar, pasear, tomar aire fresco, hacer lo que me agrada, porque eso me ayuda a relajarme, no puedes obligarme a estar echada sin hacer nada, todo lo contrario, debo estar activa—enfatizó Dara.


—Pues no cielito, no quiero que nada malo te pase, no quiero que estés sola, si te resbalas o golpeas, no Dara, no soportaría que lo que pasó con el otro bebé volviera a suceder o que te pasara algo a ti—insistió.


Dara no podía creer lo necio que se estaba comportando Martín, de repente se le ocurrió que le daría la razón para que se quedara quieto, y mientras él trabajaba, ella haría lo que quisiera.


—Está bien Martín tomaré previsiones respecto a las cosas que me estás diciendo—Martín se quedó viéndola y frunció el ceño, le había parecido muy fácil que Dara cediera y ella no era así. Aún cuando aceptó su palabra, no dejó de preocuparse por ella y el bebé.


Pasaron el resto del día juntos, Martín le atendió, la llevó en brazos a la mesa a comer, supervisó que la comida de ella estuviera baja de grasa y de sal. Apenas Dara le informó bajo información sobre el embarazo para leerlos en su momento libre, después la llevó a dar un paseo, a media tarde la llevó a la habitación para que realizara la siesta, pero antes le preparó unos sandwichs para merendar, luego ambos se acostaron. 


Llegó la hora de la cena y repitió el procedimiento, se acostaron, volvieron a entregarse plenamente, más que sus cuerpos fueron sus almas que se fundieron nuevamente como un todo, uniendo piel con piel, un baile acoplado, que los llenaba de placer, el golpeteo de las embestidas de Martín en el cuerpo de Dara, llenaba el silencio de la habitación, sus caderas meciéndose a un mismo son, ambos se entregaron a la ardiente pasión que los catapultó a lo más alto del éxtasis, quedando completamente exhausto uno en brazos del otro.


—Te amo esposo.


—Yo te amo más esposa.


Se quedaron dormidos, en horas de la madrugada Martín se levantó para realizar las labores en el fundo, lo hizo de manera silenciosa, para no despertarla, sin embargo, a penas Dara sintió que se le levantaba abrió los ojos.


—¿Para dónde vas tan de madrugada? —lo interrogó Dara.


—Amor, acá se empieza a trabajar a las cuatro de la mañana a ordeñar las vacas, se prepara queso, luego vamos a supervisar las hectáreas que se están sembrando, hoy debo entregar un ganado que vendí y recibir otro que compré—le explicó Martín.


—Yo quiero ir a ordeñar contigo—se ofreció Dara.


—Pequeña, estás embarazada es peligroso que andes en los corrales—le manifestó mientras salía a bañarse.


—Estaré contigo, no va a pasarme nada. Dime ¿Piensas quedarte acá o regresaremos a Italia? —preguntó Dara.


—Nena, me gusta Paraguay, aunque no descarto la posibilidad de volver algún día a Italia, me gusta este país, he descubierto lo satisfactorio de sembrar, de producir los productos que consumes y que los demás llevan a la mesa, sabes me encanta porque no hay frivolidad, todo es natural, sin poses. Pero claro, si tú quieres que nos vayamos, lo haremos, siempre buscaré complacerte en todo mi pequeña—expresó mientras salía de la ducha y tomaba su toalla para colocársela en la cintura mientras besaba a su esposa que había permanecido esperándola, sentada en el inodoro tapado.


—Mi hogar es, donde estemos juntos, si quieres que nos quedemos lo haremos, me gusta aquí, podemos viajar a Italia una vez al año, por dos meses,  y nuestros padres y hermanos también pueden venir a visitarnos una vez al año ¿Qué te parece?


—¡Perfecto amor! Estoy totalmente de acuerdo con tu propuesta—le dijo levantándola para llevarla nuevamente en la cama.


—Entonces visto, que este será mi hogar, debo aprender a realizar las labores como, sembrar, darle comida a los animales, ordeñar, hacer queso—mientras ella hablaba su esposo la miraba totalmente sorprendido en que ella había terminado a orillándolo para manipularlo.


—¡Stop! Dara Malika, ¿Estás intentando manipular la situación para salirte con la tuya? —la interrogó su esposo.


—¡No! ¿Cómo vas a creer eso? ¡Yo sería incapaz! —exclamó con inocencia. Él ya vestido se sentó en la cama.


—¿Por qué será que no te creo? —ella hizo un puchero muy provocativo, y Martín no pudo resistirse a besarla.


—No quiero quedarme sola aquí—pronunció triste.


—Estaráa con tu mamá.


—Ella va a recorrer el campo, Karina la enseñara a montar a caballo—se quedó un momento en silencio—bueno tal vez me voy con ellas…—no había terminado de hablar cuando Martín le dijo.


—No irás a montar a caballo, vendrás conmigo a ordeñar—cuando le dijo así se levantó contenta, le dio un beso y se fue corriendo a bañarse mientras él la seguía—eres una manipuladora.


—¡Claro que no! Eso se llama persuasión—respondió con tranquilidad.


—¿Ustedes las mujeres nacen así o alguien las enseña? —interrogó frunciendo el ceño.


—No sé las otras, pero yo aprendí de la mejor—enfatizó con orgullo mientras se cubría con la toalla.


—Así ¿De quién fue la brillante idea de convertir  a mi esposa en una manipuladora? La mujer que te enseñó debe ser la ama de la manipulación.


—¿En serio lo crees? —le dijo con una sonrisa misteriora.


—Sin lugar a dudas, ¿Quién fue para agradecerle?—interrogó sarcástico.


Ella soltó la risa—Mi madrina y suegra. Osea tú mamá—Martín quedó sorprendido ante la confesión de su esposa.


—¡Por Dios! Mi madre es la demonia mayor, pobre mi padre y pobre yo, por tener una mamá que pone a mi esposa en mi contra—pronunció en un lamento.


—Deja el drama. Ya esto lista para ordeñar a las vaquitas.


Así fueron ordeñar, el rostro de su esposa al realizar la tarea era un espectáculo, a tal punto que inundó  de risas y alegrías en el corral, todos encantados de su ánimo, de la energía que emanaba, Martín no dejaba de reír, jamás imaginó ser tan feliz.


Pasaron dos semanas, Dara terminó saliéndose con la suya, no sólo ordeñó, sino que también sembró, recogió huevos, pero todo con la compañía de Martín, Karina ó Tabata, quienes no la dejaban ni un momento a solas.


Las disputas entre Karina y Marino se profundizaron, de hecho ella debió viajar un par de días a La Asunción a buscar a su niña, una linda princesa de dos años llamada Katherine que estaba pasando las vacaciones con su familia, y él se había quedado molesto, que si ella se creía la mandamás que dejaba botado el trabajo, tenía tan cabreado a Martín que este le reclamó


—Ya deja en paz a Karina, pareces un párvulo, ella aquí no es una empleada cualquiera, ella es mi amiga y no sé cuál es tu empeño en atacarla, si te gusta búscala, enamórala, pero no creo que con esa actitud logres algo con ella—dijo mientras estaban sentados en el corredor de la casa, ellos junto con Dara y Tabata.


—¿Enamorarla? ¡Estás loco!, ella no me gusta para nada, no es mi tipo, a mi me gustan las mujeres de mundo, con dinero, experimentadas, no una mojigata como ella, todas mis mujeres han sido sofisticadas, usan perfume Chanel, Carolina Herrera, Versace, ropa de marca, a Karina le gusta andar entre el ganado, oliendo a caballo y con las manos llenas de barro— expuso Martín, en ese momento vio el rostro sorprendido de Dara y se volteó, allí estaba Karina, con una hermosa niña tomada de la mano y sus ojos marrones relampagueantes de furia.


—Pues Marino, ¡Tampoco eres mi tipo! eres demasiado metrosexual para mí, me gusta un verdadero hombre no un jejapo como tú, que sólo está pendiente de cómo huele y no ensuciar las suelas de sus zapatos, que ni siquiera deja que le crezca su barba de lo Narciso que es,  tiene manos de chica porque nunca ha hecho el mínimo esfuerzo de ganarse las cosas con el sudor de su frente. Tú serías el último hombre en quien me fijaría. Además soy una mujer casada—mintió porque se sintió herida de las palabras de Marino


Marino solo se quedó viéndola sin decir nada y entró a la casa, mientras Karina se quedó con Tabata, Martín y Dara, mientras la primera se quedó callada, la última esbozó una gran sonrisa y la aplaudió —¡Bravo! ¡Bravo! Esta chica es de las mías. Ya necesitaba un sacudón ese hermanito mío.


Karina no dijo nada y entró a la casa junto con su pequeña seguida de Tabata mientras Dara y Martín se quedaron juntos, él la tomó por el brazo y la sintió en sus piernas.


—Esposa ¿Qué tal si damos un paseo y nos bañamos en el riachuelo?


—Si quiero, Vamos—pronunció efusiva. Martín la tomó de la mano y juntos caminaron, cuando llegaron al riachuelo se desnudaron y se sumergieron en las tibias aguas del riachuelo.


Martín la abrazaba y besaba sumergidos en esas deliciosas sensaciones que podían sentir juntos. Él tocó su vientre donde se observaba un mínimo vientre.


—Te amo mi demonia—dijo sonriente.


—Yo también mi diablito—se quedó un momento pensativa—Martín, yo conozco a alguien más que el amor de su vida no era su tipo.


—Si yo sé, te refieres a mí, es que jamás pensé que una enana me atraparía y me robaría el corazón para nunca regresármelo.


—Tú tampoco eras el mío, un gruñón, aunque ya estás domesticado—pronunció sonriente— Sabes, a Marino le gusta Karina.


—Mi amor ese par vive como perros y gatos, se odian. —le respondió Martín—y ella no es el tipo de chica que le gustan a tu hermano, siempre ha tenido novias y mujeres modelos, con medidas perfectas, sin sentimientos  y sin cerebro, y Karina tiene demasiado de estos dos últimos.


—Mi vida, cuando el amor llega no sabes como lo hace, que camino toma, que síntomas manifiesta, ella puede ser la mujer perfecta para él, Amarantha se cansará de ser madre, porque lamentablemente eso no es para ella, es muy egoísta por lo que me han contado y lo que he visto.


«Mi hermano necesita una mujer en todo el sentido de la palabra, fuerte, que no sea una pusilánime, que no se deje imponer por él, de buen corazón que llegue a amar a Tara. Karina puede ser esa chica. Es linda por dentro y por fuera, cariñosa, trabajadora, no le teme a nada.


—Esposa ¿Quieres hacer el papel de Cupido?


—Mi hermano me ayudó a que te encontrara y volviera contigo que eres el amor de mi vida, debo ayudarlo ahora a él para que encuentre el verdadero amor, para ello necesito que no lo dejes ir. Pídele que se quede un mes más, invéntale cualquier cosa ¿Harías eso por mí?


—Por ti bajaría al mismo infierno o subiría al cielo, no hay nada que no haría por ti, cuenta con eso. Te  amo mi pequeña, a ti y a nuestro frijolito.


—¿Cómo que frijolito?


—A esta altura tiene forma de frijol. Debemos ir en un par de días para la consulta médica, estoy loco por saber si es ella o él.


—Amor, yo no quiero saber el sexo hasta que no nazca, por favor.


—¿Y cómo le compraremos sus cosas? —interrogó con preocupación.


—Compraremos ropa y juguetes para ambos sexos ¿Si?


—Está bien, como diga mi demonia—cuando la vio molesta, corrigió—que digo mi esposa—soltando una carcajada, mientras la tomaba para fundirse en un profundo beso.


FIN


La paciencia y perseverancia tienen un efecto mágico ante el que las dificultades desaparecen  y los obstáculos se desvanecen”. John Quincy Adams.


EPÍLOGO

MESES DESPUÉS


Martín despertó temprano, pero esa vez no iba a trabajar, sino que debía ir a La Asunción a buscar a la familia, llegaban sus padres, los padres biológicos y de crianza de Dara, también Marino y sus hermanos Marcos y Martina, por eso iba a buscarlos en una vans, eran aproximadamente quinientos sesenta y seis kilómetros, salía ese día temprano y se vendrían al día siguiente a primera hora.


A su esposa aún le faltaban dos semanas para dar a luz, por eso al despertarse luego de besarla y hablarle a su bebé, se fue a preparar para el viaje, no habían tenido buena noche, porque a Dara debido al tamaño de su vientre y las patadas incesantes del bebé, le costaba mucho encontrar una posición para conciliar el sueño. Estaba terminándose de vestir cuando su demonia de ojos ámbar abrió los ojos, tenía el sueño muy liviano desde su embarazo.


—Preciosa, lamento haberte despertado, traté de hacer el mínimo ruido.


—No fuiste tú mi vida, es este chipilín, me ha dado unas patadas tan fuertes, que estoy segura que será un futbolista o un ciclista.


Ambos se echaron a reír. Cuando el bebé en su vientre estaba inquieto, solo se calmaba con las caricias y voz de su padre —Mi amado campeón o campeona, debes estar calmado, papá buscará a los abuelos y a los tíos, no te vayas a portar mal, debes cuidar a mamá—besó el vientre de su esposa y el bebé dio una pequeña patada—¡Ese es mi bebé!


Después dirigió su mirada a su esposa, la tomó por el mentón y comenzó a darle pequeños besos, luego atrapó su labio inferior y lo succionó, después convirtió el beso en algo más profundo, lo que excitó a su esposa, que terminó dando unos pequeños gemidos.


—Eres una hechicera, demonia, bruja, que me enloqueces cada vez que te toco—concluyó abrazándola.


—¡Uf! ¿Por qué me dices esos calificativos tan feos? Sabes que no me gustan—expresó fingiendo molestia.


—Sabes que no te lo digo de mal, sino de cariño—comentó poniéndola de espaldas a él y besándole el cuello.


—Diablito mío, siempre has hecho eso, me dices hasta zorra y según es de cariño—dijo con un puchero.


—Y aún recuerdas eso, tienes memoria de elefante—mencionó sonriente.


—Ahora me dices elefante, es porque estoy redonda con esta barriga—fingió no entender.


—Amor me refiero a la memoria, no al cuerpo, deja de querer buscar un motivo para pelear, te amo mi vida, quiero te cuides, no hagas desarreglos por favor, mañana prometo estar contigo.


Los esposos se despidieron, Dara después que se fue Martín, se bañó y salió a desayunar, encontró a Karina y a la pequeña Katherine haciendo desayuno.


—Buen día nena, ¿Me puedo colear en el desayuno de ustedes? —preguntó, mientras besaba a la pequeña.


—Hola Dara, claro nena, siéntate mientras está listo—respondió Karina.


—Hola titi, quelo mucho—saludó la pequeña.


—Yo también te quiero preciosa ¿Dormiste bien? —la interrogó Dara.


—Mucho. Ete bebé mío, es mi novo—dijo la niña.


—Si mi amor es tuyo y cuando nazca me ayudarás a cuidarlo—dijo sonriendo por las ocurrencias de la niña.


Las tres comieron, luego Dara propuso caminar para hacer un picnic en una zona cercana al riachuelo.


—Iremos en el jeep para que no te canses y ya mando a preparar la comida.


Así lo hicieron, se llevaron una pelota para jugar, después de una amena charla, almorzaron colocando un mantel en el suelo debajo de un frondoso árbol. Luego jugaron pelota, pero al final de la tarde, Dara tuvo una pequeña molestia y se sentó, al principio Karina pensó que era por el cansancio pero cuando vio su expresión de dolor, se fue a verla.


— ¿Te pasa algo Dara? —preguntó con preocupación.


—Un pequeño dolor, creo que es una de esas falsas contracciones que a veces dan.


—Creo es mejor que vayamos a la casa—manifestó Karina, recogiendo todo.


—No quelo ime a casa—protestó la pequeña.


—Tú titi Dara tiene dolores, el bebé puede nacer.


—titi Dala, ¿Va a tene mi bebé? —interrogó a su madre.


—Si pequeña.


Llegaron a la casa, Dara comenzó a caminar de un lado a otro, mientras sentía que sus dolores se agudizaban, así pasó toda la noche y la madrugada sin dormir, no quiso comer, y sentía que el bebé no daba patadas, Karina luego de dormir a su pequeña, no la dejó sola, ni un solo momento.


—Karina, mi bebé no se mueve—afirmó preocupada.


—Tranquila Dara, normalmente cuando empieza el trabajo de parto, el bebé se mantiene sin moverse porque está preparado para salir. Amiga es mejor que nos vayamos al pueblo.


—No, vamos a esperar a Martín si salió a las cuatro de la mañana va a llegar de diez a once.


Karina estaba preocupada, sabía que si no se iban en ese momento tal vez el parto podía adelantarse, las primerizas siempre se adelantaban. Se quedó inquieta sin dejar de observar a Dara. Un par de horas después le pidió a Ana que cuidara a su niña porque llevaría a Dara a una clínica, si le llegaba a pasar algo, no es solo que no se lo perdonaría, si no que Martín sería capaz de matarla.


A las nueve de la mañana no aguantó más —Lo siento Dara, pero vamos al médico ya, no voy a esperar a Martín, por favor no insistas—fue a la habitación de Dara y de Martín, buscó la maleta donde ella había guardado sus cosas y la otra con la ropa del bebé o la beba, organizó todo en el Jeep y fue por ella, la subió en el asiento trasero y salió con destino a Filadelfia.


En el camino cuando faltaban aproximadamente como veinte kilómetros para llegar al pueblo, observó la camioneta tipo Vans que iba del lado contrario hacia el fundo, se detuvo al ver que el otro auto dejó de desplazarse y dio la vuelta, minutos después se bajó Martín.


—¿Qué pasó Karina?


—Llevo a Dara para la clínica, tiene dolores, el bebé se adelantó—cuando le dijo así el rostro de Martín se puso pálido.


—¡Oh por Dios! Viene el bebé. Ve al otro auto para que lo lleves a la clínica, yo me voy en este con Dara, dile a su mamá que baje.


Pero al mirar por el retrovisor no solo venía Tabata, también Greta y su mamá. Se le había olvidado que su esposa tenía dos madres. Tabata y María Martha se sentaron en el asiento trasero uno de cada lado de Dara y Greta en el puesto de copiloto.


Llegaron luego de diez minutos a la clínica, a Martín lo tenían estresados las tres mamás, cada una se sentía una autoridad en dar a luz, llegó a tal nivel de volverse loco con ese trío, que cuando estaba bajando a Dara les tuvo que gritar regañándolas para que se callaran.


—¡Ya callense las tres! Usted señora—le dijo a Greta —tiene casi cuarenta años que no pare, usted mamá tiene dieciocho años y usted Tabata tiene catorce años que no lo hace, así que cierren sus bocas, porque ninguna sabe nada.


Las mujeres se sorprendieron del arranque de Martín, quien tomó a su esposa y la llevó a emergencia. Estaba de guardia un doctor quien al recibirla ordenó a las enfermeras que desnudaran a Dara y le pusieran una bata de hospital. El doctor iba a ser un tacto vaginal, movió dos dedos para introducirlos en el canal vaginal  de Dara, cuando Martín lo vio lo frenó.


—¿Qué pretende hacer? ¡Usted no va a tocar a mi esposa! —exclamó en modo belicoso, el médico no pudo evitar reírse, mientras Dara se cubría el rostro de vergüenza.


—Señor es sómmmmmmmmmmmmmlo un tacto vaginal, necesario para poder determinar la dilatación del cuello uterino.


—¿Y por qué tiene que hacerlo usted? Si quiere yo me pongo los guantes y el exámen lo hago yo—expresó con seriedad.


—Señor usted no es médico sino se controla voy a tener que mandarlo a sacar con seguridad—afirmó el médico.


—Pues a mí no me va a sacar de aquí, no le voy a permitir que este tocando a mi esposa—muchas de las enfermeras que estaban presentes no dejaban de reírse, en ese momento entró Martina e interrogó por lo que estaba pasando.


—Yo soy el doctor de guardia, necesito hacerle un tacto vaginal a la señora y el señor aquí no me deja—explicó el doctor impaciente.


—Pero porque tiene que estar toqueteándola, ¡No estoy de acuerdo!—expresó molesto.


—Martín por Dios, no hagas avergonzarnos, no ves que es necesario hacercelo para que puedan atenderla, o no quieres que tu esposa y tu hijo se encuentren bien.


—¿No hay una doctora que lo haga? —peguntó como muchachito regañado.


—No, es un doctor—dijo su hermana.


—Porque no lo haces tú Martina, tu eres médico en Italia—confesó esperanzado.


—Tú lo has dicho hermano en Italia, no aquí, ahora compórtate como un hombre maduro y deja al doctor hacer su trabajo—lo regañó su hermana y él cedió.


El doctor hizo su trabajo y determinó—Vamos a llevarla a sala de parto, ya el bebé viene—llevaron la camilla al interior, el médico llamó al ginecobstetra y al pediatra, Martín iba a entrar y no lo dejaron.


—Señor no puede entrar debe esperar afuera.


—Ningún afuera, nadie me apartara de mi esposa y de mi hijo, en mi país se permite al padre y familiares estar con la mujer que está dando a luz y ustedes no me lo van a impedir—Martín armó un escándalo. Todos al darse cuenta que no cedería, lo dejaron entrar.


Allí comenzó a sufrir cuando veía a su esposa pujar, el médico la instaba a hacerlo, —Vamos señora, cuando yo le indique lo hace,  ¡Ahora! —Dara pujaba con todas sus fuerzas, pero luego de un momento se cansaba y daba un quejido y el trabajo que había hecho debía volver a empezarlo.


—Señora cuando puje no se queje, porque cuando lo hace el bebé vuelve a subir, vamos hacerlo, en tres pujos, haremos que este bebé nazca. Vamos señora, hágalo ya, puje con todas sus fuerzas—Dara así lo hizo pujó, apretando su quijada con fuerza—Vamos otro pujo, allí se ve la cabeza.


—Vamos mi pequeña, puja princesa, aprieta mi mano si te duele—le decía Martín preocupado por el sufrimiento de su esposa.


—¡Vamos señora Landaeta! el último pujo con toda la fuerza que tenga, ¡Vamos! —Así lo hizo pujó tan fuerte que se le reventaron los vasitos de su cuerpo y allí salió el bebé.


—¡Es un niño! —pronunció emocionado el médico tomaron una toalla, lo envolvieron y se lo pusieron a la madre en el pecho, ella le dio diez besos en su frente y Martín también, lo hizo, luego se lo quitaron y lo fueron a limpiar.


—Es perfecto Martín y se parece a ti.


—Si amor es perfecto—respondió él con ternura—pero no quiero que vuelvas a pasar por esto, no toleraría volverte a ver sufrir.


—Es el sufrimiento que más vale la pena, no cambiaría ninguno de los dolores, ese bebé es el regalo más hermoso y debe tener sus hermanitos—respondió ella con una sonrisa.


UN MES DESPUÉS


Se encontraban ambos padres sentados en uno de los corredores de la nueva casa, con su hermoso bebé, estaban felices, su pequeño iba creciendo hermoso y sano, se llamaba Martin Andrés. Él lo arrullaba mientras ella lo abrazaba por los hombros. En ese momento se quedaron viendo dos cosas, uno a Tabata sentada en un tronco conversando con una radiante sonrisa con Donatto, ambos parecían adolescentes.


Martín y Dara cruzaron miradas y luego ella preguntó —¿Tú crees que papá y mamá se gusten?


—Donde hubo fuego cenizas quedan—respondió Martín.


—Pero ambos son casados—respondió la chica.


—Pues, ninguno es feliz con su pareja, tú madre dejo a un marido maltratador y tu padre, no creo que ya le quede mucho cariño por la antipática de la Catalina, no sé si en algún momento ella llegó a ser risueña, siempre la recuerdo mal humorada.


—Bueno espero que mi padre no ilusione a mi madre por gusto y la haga sufrir—expresó con tristeza Dara.


—No te preocupes, te prometo hacérselo saber, no permitiré que agarre de bochinche a tu madre, demasiado ha sufrido ella en su vida para que él la agarre de amante o de su juguete particular—la tranquilizó Martín.


—Gracias por ser tan hermoso conmigo, te amo mi diablito.


—Yo te amo más mi demonita, gracias por todo lo que me has dado.


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—Hola hermosa, ¿Qué quieres princesita? —peguntó el hombre.


—Cárgame, toy cansada—respondió la chiquilla.


—Está bien pequeña, vamos a sostener con este brazo a Tara y con este a tí—hizo eso y cargó a ambas pequeñas.


—Gracias—dijo la niña.


—A propósito ¿Dónde está tu mamá? —interrogó a la pequeña


—Esta vando con novo—respondió la pequeñita con inocencia.


El cuerpo del hombre se tensó, la muy sinvergüenza se había ido a hablar con un novio mientras dejaba a la pequeña sin ningún cuidado, era una mala madre, si fuera el padre de esa niña no dudaría en quitarle la custodia a una mujer irresponsable, la rabia lo consumía, por ello, se fue caminando con las niñas hasta el riachuelo, se sentó con ellas debajo de un árbol mientras les contaba una historia, y a pesar de la poca edad que tenían ambas pequeñas, se deleitaban con la voz de barítono del hombre.


Karina estaba como loca buscando a su hija desde hacía una hora, había ido a lavarle una ropa al bebé y la dejó por un momento sentada en la silla con el seguro, y la muy tremenda se había escapado sin ella darse cuenta, comenzó a llamarla mientras la angustia la consumía.


—¡Katherine! ¡Katherine! —llamaba angustiada, hasta que vio que su niña veía en los brazos de Marino y se puso histérica.


—Eres un desgraciado, ¿Cómo te atreves a llevarte a mi hija sin decirme? ¿Sabes que puedo denunciarte por secuestro? Eres un desconsiderado, sinvergüenza, fresco, irresponsable.


En ese momento  Dara y Martín escucharon el escándalo y caminaron a donde se estaba desarrollando la disputa, también salieron los demás,  mientras todos observaban.


—¿Irresponsable yo? la irresponsable eres tú que dejas a tu hija sin supervisión para irte a encontrar con un novio para hablar, quien sabe que más harás y tratas de atacarme a mí.


—¿Qué yo qué? ¿De verdad que se te fundió ese cerebro? Hay que ver que—y allí comenzó a hablarle en guaraní— Mbo`opio nde jejapo ejuta ejecree k`ape tavy chõ (Donde pio vos te vas a venir a creer aquí tarado) —ante la mirada sorprendido del hombre y la risa de Martín, Dara y los demás que conocían el idioma.


—¿Qué coño me estás diciendo? No me hables indio háblame en español.


—Yo no soy india, soy indígena tavy (ignorante), y orgullosamente Guaraní, a mucha honra. ¡Imbécil! Y si quieres saber lo que te dije aprende indio—le dijo con sarcasmo, arrancándole a la niña de los brazos y dejándolo cabreado del enojo.


—Es una sinvergüenza, atrevida, se cree mucho aquí, ¿Será que en verdad piensa que es la mandamás?


—¡Ya! ¡Cálmate! Tú te lo buscaste. ¿Cómo se te ocurre llevarte a la niña sin permiso—le dijo Dara.


—Claro ustedes la defienden más a ella que a mí, claro Dara, ella es tu hermana, crees en ella más que en tu sangre—expresó molesto mientras caminaba enojado al interior de la casa.


—¡Tremendo escándalo! —exclamó Martín.


—¿Será que este par tendrán algún futuro? Son como agua y aceite—afirmó Dara.


—La esperanza es lo último que se pierde—concluyó Martín acercando a su esposa a su cuerpo para besarla, allí junto a él estaba la muestra fehaciente de que la esperanza tarde o temprano daba su fruto y que nunca es tarde cuando la dicha llega, ni siquiera en su imaginación pudo haber pensado que en la realidad sentiría tanta felicidad como estaba sintiendo en ese momento.



“…No tenían nada que ver, él analizaba demasiado todo, ella solo vivía.”



En los próximos días estaré publicando la historia de Marino, no pueden dejar de leerla.